Naruto logró ingeniárselas para sostener todas las bolsas en un brazo mientras que con la mano libre metía la llave de su casa en la cerradura. Al escuchar un chasquido, envolvió las bolsas con ambos brazos, temiendo que fueran a caerse por su precario equilibrio, y empujó la puerta con la cadera. —Vamos, Sasuke, entra. Su compañero de piso, un enorme e imponente lobo negro con reflejos azules en su hermoso y espeso pelaje, entró al trote y se detuvo junto a la puerta, mirándolo con atención. Probablemente sea bastante raro tener a un lobo en casa, pero Naruto tenía una buena razón para ello. Hace seis meses, cuando se dirigía hacia Kioto para mudarse de casa, su coche atropelló a Sasuke, que salió corriendo del bosque cruzando la carretera. Pese a que frenó nada más verlo, su vehículo lo golpeó con tal fuerza que el pobre animal salió volando con un aullido de dolor. Naruto temía haberlo matado, pero descubrió que todavía respiraba y decidió llevarlo corriendo a un hospita...
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