Promesa helada
Me despierto sobresaltado al escuchar la alarma del despertador. Por un momento, todo está bien. Todo va bien. Entonces, recuerdo que ya no está. Me hielo por dentro. Pese a que ha pasado más de un mes, sigo sintiendo el mismo frío que cuando me dieron la noticia. Por mucho que lo intento, no logro alejar esa sensación, es tan intensa como entonces. Aunque, debo reconocer, ahora soy más funcional que los días posteriores a su funeral. Supongo que, simplemente, me he acostumbrado a la sensación de frialdad que me invade por dentro. Me levanto con desgana e intento concentrarme en el día que tengo por delante. Primero tengo que hacer el desayuno para Heiwa. Me estremezco al pensar en él. Ya es bastante difícil alejar su recuerdo de mi mente como para enfrentarme a su rostro todos los días. Lo veo y me acuerdo de él. De nuestra vida juntos, los momentos buenos y malos. Sobre todo, recuerdo el peor de todos. Y recuerdo que ya no volverá a estar ahí. Desayuno. Prepáralo. M...