Opinión de "El portal de los obeliscos"
Advertencia: Este post contiene spoilers de La quinta estación.
Otro de los libros que he podido terminar ha sido esta novela, "El portal de los obeliscos", la segunda parte de "La tierra fragmentada" de N. K. Jemisin. No voy a mentir, después de la primera parte, iba con miedo y expectación a partes iguales, pero, por suerte para mi sensibilidad, no ha sido tan duro como el primero, aunque me ha gustado mucho, había muchas cosas que no me esperaba (para bien y para mal) y sigue siendo muy interesante este género que se encuentra entre la fantasía y la ciencia ficción.
Sinopsis
Tras su viaje durante la Estación para encontrar a su hija, Essun se ha rencontrado con su mentor Alabastro en una comu formada por táticos y orogenes que conviven en un delicado equilibrio. Este tiene una misión para ella que podría cambiar el mundo para siempre, pero Essun ni está segura de ser capaz (o querer) hacerlo ni quiere abandonar a su hija, pese a que ella ya se encuentra tan lejos que rastrearla durante la Estación podría ser imposible.
Mientras tanto, Nassun, la hija de Essun, nos cuenta cómo ha sido su viaje desde la violenta muerte de su hermano y su travesía junto a su asesino y padre, Jija, que está convencido de poder quitarle su orogenia en una comu lejana dominada por Guardianes. Allí, Nassun se descubre a sí misma y sus poderes, pero también a un vivo Schaffa, el viejo Guardián de su madre y la última persona con la que querría que estuviera.
Tramas
Admito que al principio me quedé un poco decepcionada al descubrir que Schaffa no murió en Meov al final del primer libro, fue una de las cosas que me produjo cierta satisfacción a pesar del horrible final de Sienita y sentí que, ya que iba a perder de todos modos, bien podía llevarse a unos cuantos por el camino. Sin embargo, a medida que avanza la trama de Nassun, reconozco que fue un acierto mantenerlo con vida ya que crea una relación con ella que, de cara a lo que implica que sean Guardián y orogén y su pasado con Essun, se genera mucho interés y expectación por qué ocurriría si llegaran a encontrarse los tres.
Así, la trama de Nassun en Luna Hallada y sus relaciones con Schaffa y con su padre son un sendero que abre muchas posibilidades: es la construcción del personaje de Nassun la Orogén, se ve cómo una niña de diez años aprende a amar lo que es, pero también que la mayoría de la gente, y su padre incluido, la odia precisamente por ello aunque no haya hecho nada malo. De hecho, el rumbo que toma su relación con su padre se ve venir, y no lo digo en el mal sentido, es lo que hace a Jemisin una buena tejedora de tramas, ya que te deja pistas suficientes como para que puedas olerte el final. Pese a que admito que me habría gustado un rencuentro entre Jija y Essun, su final me deja bastante satisfecha, por no hablar de que convierte a Nassun en un personaje clave en el futuro de la Quietud al final del libro al escoger su propia facción.
Por otro lado, el camino de Essun se centra en su incorporación en una comu que ella misma cree que no tiene futuro: ya ha visto demasiadas veces cómo los táticos acaban matando tarde o temprano a los orogenes por muy útiles que puedan ser para ellos. Es bastante interesante porque muestra cómo le gustaría a Essun formar parte de algo sin ocultar que es una orogén, pero, al mismo tiempo, mirándose las espaldas y resistiéndose a ser parte de ellos.
Aun así, lo que más me gustó, por supuesto, son las revelaciones por parte de Alabastro y la guerra que se está librando desde hace miles de años y cómo hay distintos bandos entre Guardianes, comepiedras y humanos. Es la parte que más recuerda a una novela de ciencia ficción y la verdad que fue inesperado, pero todo estaba bastante bien hilado, por no decir que el final, que también acaba con Essun escogiendo facción, una diferente de su hija, por cierto (el salseo en el tercer libro está servido), y también sospechando cuál será su destino en la última entrega.
Personajes
Como en el libro anterior, es difícil considerar buenos o malos a los personajes. La mayoría de ellos no desean hacer daño, pero se ven metidos en un mundo sumergido en una Estación y con unas normas que no los favorecen y los convierten constantemente en el punto de mira del resto, en los monstruos, en armas en potencia que, sin el control adecuado, acabarán por imponerse al resto.
Es la realidad a la que se enfrenta Nassun y que afronta acertadamente con una rabia infantil propia de una niña de diez años. Me gusta porque es muy realista ver a través de sus ojos, sus reacciones ante lo que es justo y lo que es bueno, pero también cómo aprende que, para sobrevivir, tiene que obviar ciertos actos crueles o apegarse a alguien a quien odia, o, al menos fingir hacerlo. Siento que está hecha con mucho cuidado y que se comporta obedeciendo tanto a un instinto de supervivencia impuesto por un mundo hostil como a unas emociones que todavía no sabe regular.
Essun se mueve constantemente entre emociones contradictorias que bailan entre lo que le gustaría y la experiencia propia, así que en este libro es un personaje ya maduro que viene construido desde el primero. Esas contradicciones la hacen, irónicamente, más humana, y su relación con Alabastro sigue la línea anterior, compleja, una especie de tira y afloja entre el amor, el resentimiento y la admiración.
Ykka es tal vez el personaje más idealista. Es la jefa de Bajo-Castrima, la comu que reúne táticos (gente normal) y orogenes; y digo "idealista" solo porque cree que puede hacer funcionar una comunidad así sin que se maten entre ellos, porque debe tomar decisiones difíciles para mantener la convivencia y a menudo da la sensación de estar caminando sobre arenas movedizas. La incorporación de Essun, con su poderosa orogenia, acaban sacudiendo también las relaciones entre ambos bandos a partir de varios incidentes. Es un personaje bastante coherente con su objetivo y las decisiones que toma para conseguirlo, así que resulta interesante seguir sus interacciones y sus conversaciones con Essun, que está convencida de que algo así no puede durar.
El narrador
Si hay algo que me gusta de estas novelas es lo que Jemisin hace con el narrador. En el primer libro, combinaba una tercera persona para Damaya y Sienita, y una segunda para Essun. En esta entrega, la tercera persona es para Nassun, y la segunda se mantiene para Essun. Desde luego, era interesante porque no se ven narradores en segunda persona en la actualidad, pero no le di más importancia que esa, una simple decisión de la autora para darle algo de interés a la novela.
Pues me la ha jugado, y lo más gracioso es que tendría que haberlo visto venir. Cómo no, el narrador es un personaje de la novela, y, aunque no voy a revelar aquí quién es (es una sorpresa que os dejo que descubráis), resulta que es alguien con información. Mucha información, e información muy interesante.
Lo cierto es que el momento en el que lo descubres como lector es impactante, aunque siento de alguna manera que la autora ha hecho un poco de trampa por cómo el personaje se refiere a sí mismo (de tal forma que nos oculta quién es el narrador), por el momento estoy dispuesta a pasarlo por alto porque, insisto, es muy interesante y me apetece ver qué hará con él en la última entrega.
Conclusión
Si habéis leído el primer libro, recomiendo encarecidamente seguir la trilogía con el segundo, ya que huele a que es la preparación para el gran final, con personajes complejos y coherentes consigo mismos incluso en sus contradicciones y algunos giros de lo más interesantes.
Es de esos libros que huelen a un final prometedor.

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