Nevada

 


Lo primero que siento, incluso antes de abrir los ojos, es calidez. Acostumbrado como estaba al frío hasta ahora, es confuso, al principio, el cambio de temperatura, pero no por ello menos bienvenido.

Me acurruco en busca del calor, dejando que me envolviera. Ah, eso está mejor, mucho mejor.

—Sasuke —dice una voz en mi oído.

—Mmm…

Ahora no, no molestes. Esto es genial, no me lo quites.

Escucho una risita, pero la ignoro olímpicamente.

—Sasuke, lo siento, pero llegarás tarde si no te levantas.

Oh, no. No me digas que tengo que trabajar.

Pese a que quiero seguir remoloneando unos cinco minutos más, noto unos dientes jugando con mi cuello que me obligan a abrir los ojos de golpe. Me giro y ahí está. El muy cabrón de Naruto mirándome con esa sonrisilla de suficiencia.

—Jódete —le digo antes de cubrirme con la manta hasta la cabeza.

Ahora ya no siento calidez, sino un volcán de rabia, cuando escucho su explosiva carcajada.

—No imaginaba que tendrías un despertar de mil demonios. Te hacía por alguien muy diligente.

Le lanzo un gruñido entre irritado y desganado.

—Naruto, lo de anoche fue muy bien, no lo estropees.

—Creo que lo estropearé de verdad a menos que te recuerde que hoy es la inauguración de tu exposición.

Al oír esas palabras, salto de la cama, haciendo que Naruto explote de risa de nuevo. Quiero decirle que es un cabrón, pero, maldita sea, le debo una por habérmelo recordado.

—¿Cómo de tarde es? —pregunto, mientras me cambio a toda prisa.

Naruto se sienta en la cama y se pasa una mano por el pelo desordenado. Me demoro un instante para observarlo. Lo cierto es que, con esa sonrisa perezosa y el cabello hecho un auténtico desastre, está entre adorable y sexy. Aunque no lo admitiré en voz alta. Y menos después de que me lance una mirada juguetona, como si estuviera satisfecho.

—Relájate, son las siete todavía. Te da tiempo a cambiarte y desayunar tranquilamente.

Suelto el aire que no sabía que estaba conteniendo y me detengo un momento. Él se levanta con una sonrisa más amable y me abraza.

La calidez me envuelve de nuevo. Se siente muy bien.

Cierro los ojos y le devuelvo el gesto, dejándole hacer. Total, no es como si después de lo de anoche pudiera fingir que no me gustaba tenerlo cerca.

—Sé que aún es temprano, pero creo que es mejor si te lo tomas con calma. Has estado estresado este último mes.

Suelto un breve gruñido, todavía sin separarme de él.

—La culpa es de los de Shaanxi.

Naruto suelta una risita.

—Pero, al final, te han dado las piezas que querías.

—Solo porque tus estrategias psicológicas dan miedo —dicho esto, me separo lo justo para mirarlo con el ceño fruncido—. En serio, ¿cómo sabías que eso iba a funcionar?

El rubio se encoge de hombros, aunque tiene una sonrisa tan amplia como maliciosa.

—Por lo que me contaste, se creen mejores que tu museo. Solo necesitabas herir un poco su ego y amenazar con ir a la competencia y ¡magia!

Hago una mueca.

—Sigue pareciéndome muy infantil.

Naruto me acaricia una mejilla, mirándome con cariño.

—A nadie le gusta que ataquen su orgullo, ya seas un niño o un adulto. No falla —dicho esto, me da un beso en la frente y se separa de mí—. Yo me ocupo del desayuno. Tú cámbiate tranquilo.

Me siento un poco aliviado porque se esté tomando tantas molestias por mí, desde recordarme la exposición hasta echarme una mano esta mañana, incluso iba a recoger a Heiwa de casa de mi madre para traerlo a la exposición. Tendré que darle las gracias.

Además, todavía me ofusca un poco el haberme olvidado de que hoy era la inauguración. No había sido buena idea invitarlo a dormir anoche, pero las cosas habían ido tan bien… Agh, ¿cómo había podido caer rendido ante él en solo un mes?

Aun así, se me escapa una sonrisa mientras me miro en el espejo.

Es cierto, todo está yendo a mejor. Heiwa y yo ya nos comunicamos con normalidad y pasamos por el duelo juntos. Todavía tenemos momentos duros con ello, él a veces tiene sueños con sus padres que hace que se despierte llorando y yo todavía siento cierto frío en el pecho. Ya no son zarpas afiladas que me arañan desde dentro, sino más bien una especie de dolor sordo que perdura. Además, desde que había empezado a salir con Naruto, me sentía más cálido por dentro.

Al final, Heiwa tenía razón. No evitar lo que me hacía sentir bien era lo correcto, de algún modo, era dar un paso adelante. Y, para ser sincero, hacía mucho que no conocía a alguien como Naruto.

Desde siempre, hombres y mujeres se han acercado a mí por mi físico. Fue bastante desagradable durante mi época de estudiante, tanto en el instituto como en la universidad. Yo no quería ser como mi padre, siempre pensé que solo se casó con mi madre porque sus padres lo obligaron, por tradición o algún tipo de presión social. Supuse que solo lo hizo para que lo dejaran en paz y poder seguir con sus estudios.

De modo que yo siempre quise una relación estable, pero era evidente, en la mayoría de los casos, que mis pretendientes se acercaban a mí por ser ese chico guapo e inaccesible tan popular. Eso siempre me dio asco. El instituto fue una etapa de mierda para mí por ello. Yo no pedí ser atractivo ni mucho menos popular, podrían haberme dejado en paz al darse cuenta de lo que yo quería.

Aun así, hubo veces en las que lo intenté con la esperanza de encontrar a alguien. En el instituto, salí con una chica, pero, al darse cuenta de que yo no era el príncipe azul de un drama de instituto, sino mas bien gruñón y con poca paciencia para las chorradas, se volvió quejica y la dejé, sabiendo que ninguno de los dos éramos lo que el otro buscaba. En la universidad, conocí a un joven que me gustaba mucho, era alegre y extrovertido, fue divertido hacer algunas locuras con él, pero, por desgracia para mí, era un espíritu libre que salía con quien quería cuando quería. No era del tipo que se comprometía en una relación seria y yo me di cuenta demasiado tarde.

Probablemente ese fue el detonante de que, en la edad adulta, quisiera tomarme las cosas con más calma. No empezaba a salir en serio con alguien hasta que lo conocía durante un tiempo; hubo una restauradora que se aburrió de mí porque iba muy lento y una pintora que ni siquiera se dio cuenta de que llevábamos un año entero hablando y quedando con ese fin. Me pareció que estaba demasiado centrada en su arte como para querer algo duradero y dejé de hablarle. Nunca me envió un mensaje para preguntarme por qué, fue como si no le importara que desapareciera.

Un académico fue la mejor relación que tuve y la más larga. Los dos éramos tranquilos y teníamos muchas cosas en común, llegamos a vivir un par de años juntos. Sin embargo, acabé dándome cuenta de que lo que compartíamos era más afecto que amor. Ambos estábamos solos y queríamos compañía, nos llevábamos bien y funcionábamos como compañeros de convivencia. Eso era todo. Nunca sentí un entusiasmo con nuestra relación que fuera más allá de tener la sensación de que estábamos bien, no hubo momentos de exaltación o siquiera peleas. De algún modo, éramos tan estables y tan parecidos en cuanto a gustos que resultaba incluso aburrido.

Dejarlo solo sirvió para confirmar mis sospechas. Me dijo que no quería estar solo otra vez. Darme cuenta de que no era más que un parche para su soledad fue doloroso, pero no tanto como ser consciente de que yo había hecho lo mismo que él. Fue bastante patético por mi parte, y lamento que esa relación se vea empañada por ese recuerdo.

Por eso, me alegro mucho de haber conocido a Naruto. Él ha roto todos mis patrones; no está embelesado por mi físico, no pertenece al mundo del arte ni tenemos muchas cosas en común, ya sea en gustos o carácter. Pero es el motivo por el que me he divertido tanto este mes con él. Descubro cosas nuevas y veo las cosas desde otras perspectivas, y, a diferencia de mi expareja, ese maldito sabe cómo jugar con mi corazón para acelerarlo cuando le conviene.

Ha hecho que vuelva a tener ilusión por las citas. Después de Sojiro, no había tenido grandes expectativas y, con la muerte de mi hermano, había renunciado del todo a las relaciones para poder centrarme en Heiwa.

Tendría que darle las gracias a mi sobrino por su consejo.

Inspiro hondo mientras me aseguro de que el traje esté bien puesto en el espejo. Las inauguraciones de exhibiciones siempre me ponen nervioso por ser el primer día, aunque no dudo de la efectividad de Sakura ni de Ino, y ya había comprobado que las obras estaban en perfecto estado gracias a Gaara.

Una vez listo, salgo a la cocina, donde encuentro a Naruto tarareando la música de su móvil mientras termina de poner las tortillas en un plato. Con el pelo revuelto y un pijama puesto, está definitivamente adorable.

Me acerco para darle un beso en la mejilla.

—Gracias por el desayuno. Y por recordarme lo de la exhibición —dicho esto, frunzo el ceño—. No me puedo creer que lo haya olvidado. Eres una mala influencia.

Él suelta una carcajada y pasa un brazo por mi cintura para mantenerme cerca.

—¿Eso que oigo es bipolaridad?

Le gruño en respuesta, haciendo que se ría con más fuerza. Aun así, dejo que me dé un beso en los labios.

—Solo bromeo. Estabas muy dormido, no te exijas demasiado.

—Si no hubieras estado ahí, se me habría olvidado.

—Si no hubieras salido conmigo anoche, no se te habría olvidado. Cúlpame a mí —dice antes de darme otro beso en la mejilla y sonreírme juguetón—. Tú eres el serio y yo, puro caos andante.

No puedo evitar sonreír y apretarlo un instante contra mí antes de coger mi plato y sentarme en la mesa.

—Habría estado bien que nuestro primer desayuno juntos fuera más tranquilo —comento mientras mezclo la tortilla con el arroz.

—La próxima vez te traeré el desayuno a la cama —me promete con una sonrisa, dejando la sopa de miso a mi lado.

Frunzo el ceño al ver que se sienta sin el desayuno.

—¿Y tu comida?

Él apoya los brazos cruzados sobre la mesa y deja caer el mentón en ellos. Tiene una sonrisita de suficiencia.

—Tu madre me ha dejado un mensaje. Me ha invitado a desayunar cuando pase a por Heiwa. Espero que no te importe, he pensado que así me daba tiempo a hacerte un desayuno apropiado.

Yo hago una mueca.

—Está demasiado entusiasmada con esto.

—Puede que tenga sus motivos —dice despacio y mirándome con intensidad.

Suelto un suspiro y estiro el brazo, buscando su mano. Él me la da de inmediato.

—¿Tan mal me veía?

Naruto me da un apretón afectuoso, aunque sus ojos parecían tristes.

—La primera vez que te vi, parecías destrozado y perdido, Sasuke. Me preocupó, por el bien de Heiwa —dicho esto, me sonrió—. Pero también te vi dispuesto a hacer lo que fuera por él. Ahora estás mucho mejor.

Bajo la mirada.

—A veces, todavía me preocupa no hacer las cosas bien con él.

Para mi sorpresa, él suelta una risita.

—Bienvenido al mundo de la paternidad —me dice con ojos brillantes, haciendo que sonría.

—Lo dice el que no tiene niños.

—Disculpa, pero tengo muchos niños y, a diferencia de Heiwa, los míos siempre tendrán menos de seis años —se burla mientras se levanta y me da un beso en la cabeza antes de abrazarme—. Disfruta del momento. Ya habéis pasado por la peor parte, ahora solo queda que las heridas terminen de cicatrizar.

Le acaricio los brazos y le doy un beso en la mejilla, agradecido por su apoyo, incluso antes de que empezáramos a salir.

—Estoy en ello.

—Bien —dicho esto, me revuelvo el pelo y se aleja mientras se arremanga—. Termina de desayunar, hoy tienes un día duro por delante. Yo lavo los platos.

Levanto una ceja.

—¿Será posible que no me dejes hacer nada en mi propia casa?

Él me mira por encima del hombro y me guiña un ojo.

—Ya me lo compensarás en nuestra próxima cita.

Sacudo la cabeza como si no tuviera remedio, aunque mi cabeza ya está planeando nuestro próximo encuentro.

 

 

Es mediodía cuando por fin tengo un descanso de la inauguración. Pese a que estamos a principios de diciembre, tengo calor. Me dan ganas de aflojarme la corbata, pero todavía hay gente en la recepción y, como director, tengo que mantener mi imagen.

Sakura, a mi lado, me da un toquecito en el brazo.

—Vamos, Sasuke, todo ha salido bien.

—Lo sé. Te estoy muy agradecido.

Ella apoya su mano en la cintura y levanta el mentón.

—Por algo soy tu mano derecha.

—Sigue así y acabarás dirigiendo tu propio museo.

Sakura hace un gesto de indiferencia con la mano.

—Nah, me gusta mi posición. Tú tienes que tragarte a los idiotas de Shaanxi —dice con una sonrisa socarrona.

Pongo los ojos en blanco, aunque tuerzo los labios hacia arriba.

—Ah, conque el problema es comerse los marrones.

—Es lo que tiene ser el director —dicho esto, se pone frente a mí y me arregla la corbata, que se me había torcido un poco—. Además, te pega el cargo. Eres mandón y cascarrabias. Nadie nos tomará el pelo ni se saldrá con la suya.

—Todavía me sorprende cómo eres capaz de insultarme y halagarme al mismo tiempo.

Ella se ríe y da un paso hacia atrás, mirándome. Me sorprende ver la calidez en sus ojos.

—¿Qué pasa?

—Nada. Solo estoy feliz.

Ladeo la cabeza, sin estar seguro de a qué se refiere. Sakura se muerde el labio y se remueve, como si no tuviera que haber dicho nada.

—Solo suéltalo.

Ella hace una mueca.

—Es que… No habías sido tú mismo últimamente, lo que es comprensible y no estoy diciendo que sea algo malo, todo lo contrario. —Hace una pausa, como pensando en lo que quiere decir, y luego me dedica una pequeña sonrisa—. Quiero decir que te veo mejor y que eso me alivia.

… Ah, mierda. Había estado preocupando a todo el mundo, ¿verdad?

Incapaz de contenerme, le doy un abrazo.

—Gracias por todo —le digo de corazón.

Ella me devuelve el gesto con fuerza.

—¿Para qué están los amigos?

—¡Oh, por Dios! Quita las manos de mi mujer, Sasuke.

Río al escuchar la socarrona voz de Lucy. Al alzar la vista, encuentro a la pelirroja sonriéndome detrás de Sakura.

—Lucy, cuánto tiempo —digo, separándome de Sakura.

Ella le da un beso rápido a mi amiga antes de rodearme con los brazos.

—Tienes suerte de que ella te tenga en alta estima o habría presentado cargos contra ti.

—¿No te bastó con estar a punto de romperme el brazo cuando nos conocimos?

Lucy rio y se apartó de mí. Me miró de arriba abajo y puso los brazos en jarra, parecía satisfecha. Supongo que también la preocupé, aunque no me dijo nada al respecto.

—Creo que ya te pedí perdón por eso, pero, si me guardas resentimiento, puedo invitarte a comer.

—Fingiré que te lo guardo, entonces —respondo.

Sakura nos coge de los brazos a los dos y nos guía con entusiasmo a la cafetería. Ya había reservado esa mañana para nosotros, así que, mientras ellas dos hablaban sobre qué iban a pedir, yo le mandé un mensaje a Naruto para avisarle de que ya estaba aquí. Esta mañana me había avisado de que Heiwa y él ya estaban en la exposición, pero ahora me daba cuenta de que había mandado fotos.

Sonreí. Heiwa se veía muy feliz mientras que el idiota de mi novio solo hacía el tonto.

—¿Tu madre y Heiwa se unirán a nosotros? —me preguntó Lucy cuando vio que dejaba el teléfono a un lado.

—No, mi pareja lo acompaña.

—Espera, espera, espera —se sobresalta Sakura, inclinándose sobre la mesa—. ¿Me estás diciendo que voy a conocer al famoso director?

Lucy levantó las cejas, pero sonrió.

—Me alegro mucho por ti. Cuando se lo dijiste a Sakura, se emocionó mucho. Ha estado chismeando tanto que hasta yo tengo curiosidad.

La miro estrechando los ojos.

—Espero que no creas que no puedo conocer a nadie por mi cuenta.

Ella me sonríe.

—En realidad, creo que eres del tipo exigente, como yo.

Eso suena bien. No había nada de malo en ser exigente, por mi experiencia, mejor eso que ser conformista.

Estoy a punto de mirar qué pedir, cuando veo por el rabillo del ojo a Naruto. Lleva a un animado Heiwa de la mano, mientras que en el otro brazo tiene su abrigo y el del pequeño. Este es el primero en verme, dando unos graciosos saltitos de emoción y con los ojos brillantes. Naruto, al darse cuenta, se ríe y después lo suelta para corra hacia mí, observándonos con una calidez que parece contagiarme.

—¡Tío Sasuke! —grita Heiwa, saltando a mis brazos.

Lo cojo al vuelo y lo sostengo entre mis brazos. Dios, solo habíamos estado separados desde ayer por la tarde, pero la alegría que calienta mi pecho cuando me abraza es indescriptible.

—¿Cómo estás? —le pregunto tras besarlo en la cabeza—. ¿Lo has pasado bien en la exposición?

—¡Sí! —exclama, separándose para mirarme. Sus ojos están muy emocionados—. Naruto me ha dicho que todo esto lo has preparado tú, tío Sasuke. ¿Cómo es? ¿También has hecho los paneles explicativos? ¡Me encantan! Aún no he podido leerlos todos porque hay muchas piezas, pero quiero saber todo lo que hay en el museo.

Sonrío mientras ajusto mi agarre sobre él.

—Te dejaré un par de libros míos.

Los ojos de Heiwa se agrandaron.

—¿Los has escrito tú?

—Claro que sí. No seré un genio como tu padre, pero me considero bastante inteligente —dicho esto, miro a Naruto y le dedico una sonrisa agradecida. Él me la devuelve con cariño.

Siento cómo mi pecho se hace aún más cálido.

—Ejem.

Contengo las ganas de poner los ojos en blanco al escuchar a Sakura a mis espaldas.

—Naruto, esta mi amiga y subdirectora del museo, Sakura Haruno.

Antes de que pueda terminar de presentarlos, ella se adelanta para tomar la mano de Naruto.

—Tú, en cambio, no necesitas presentación. Sasuke me ha hablado mucho de ti —dice con demasiado entusiasmo para mi gusto.

Sin embargo, Naruto solo sonríe, animado.

—Me siento halagado, entonces —dice, guiñándome un ojo. Yo aparto la vista, aun sabiendo que puede ver mi sonrojo.

Escucho que Sakura suelta una risilla.

—Lucy, ven, acércate para que os… ¿Cariño?

Alzo la vista y me encuentro con que ella parecía muy sorprendida. Me giro hacia Naruto, que tiene la misma expresión. Sin embargo, acaba esbozando una sonrisa, aunque no es muy alegre.

—Cuánto tiempo, abogada.

Al fin, Lucy parece salir de su asombro y se acerca a él. Ambos se dan un fuerte apretón de manos.

—Doctor Namikaze.

Naruto sacude la cabeza.

—No me llame así, ya no ejerzo.

—Lo escuché —dice Lucy. Es la primera vez que la veo poner una cara tan triste—. Me dolió mucho saberlo, aunque no puedo culparlo.

Antes de que pueda abrir la boca, Sakura interviene por mí.

—¿Os conocéis?

Lucy le responde con una pequeña sonrisa que no acaba de llegar a sus ojos.

—Trabajamos juntos en un caso hace años.

—Oh —Sakura borró su sonrisa, como si supiera lo que estaba pasando.

Lo cierto es que yo no solía preguntar por los casos de Lucy. Sakura me pidió no hablar de su trabajo cuando estuviéramos los tres juntos para que su pareja pudiera despejarse y pensar en otra cosa. Siempre supuse que debían de ser casos difíciles.

Miro a Naruto, un tanto preocupado, pero él parece haberse recuperado de la impresión y ahora sonríe de verdad.

—Me alegro de haberla visto de nuevo en unas circunstancias más alegres.

Entonces, Lucy se relaja y asiente, esta vez, con una sonrisa pequeña, aunque sincera.

—Yo también.

 

 

Después de eso, todos nos sentamos a la mesa y comimos juntos. Tanto Naruto como Lucy evitaron hablar de cómo se conocieron, aunque ella no dudó en preguntarle por su nuevo trabajo y mi novio habló con evidente entusiasmo de su escuela y de sus niños. Heiwa, como si hubiera leído el ambiente, refrenó su curiosidad y nos siguió la corriente, exigiéndonos a Sakura y a mí responder a todas sus preguntas sobre el museo.

Cuando terminamos, Sakura y yo debemos volver al trabajo, por lo que Lucy se ofrece a hacerle compañía a Naruto y Heiwa, que van a terminar de ver las exposiciones.

Yo me despido de mi sobrino acariciándole la carita.

—No te pases. Aunque hoy estés de vacaciones, tienes que descansar bien. Si quieres ver a tus amigos el fin de semana, no puedes ponerte enfermo, así que, cuando estés cansado, vete con Naruto, ¿entendido?

Él asiente, sonriendo.

—No te preocupes, tío Sasuke, me cuidaré —me promete.

—Bien. —Me levanto para acércame a Naruto y darle un beso en la mejilla. Él me rodea con un brazo para darme un breve abrazo—. Mantén un ojo sobre él por mí.

—Siempre lo hago —me dice con una sonrisa que, de repente, se borra para dejar paso a una expresión de sobresalto. Baja la cabeza—. ¿Heiwa? ¿Qué pasa?

Agachó los ojos para ver a mi sobrino abrazado a la pierna de Naruto que, hasta hace un momento, le estaba sosteniendo una mano. Tiene la nariz arrugada y una mirada cautelosa.

—El abuelo está aquí —dice señalando en una dirección.

Me giro de inmediato, a tiempo de ver cómo una cabellera gris desaparece por una esquina. No necesito más para reconocerlo.

—Naruto, quédate con él —digo antes de salir corriendo tras él.

Escucho a Heiwa gritar mi nombre, pero también a Naruto tranquilizándolo. Eso me permite acelerar para ir tras Fugaku.

Había estado muy tranquilo, tal y como dijo Naruto. Había esperado a que bajáramos la guardia para poder acercarse de nuevo a Heiwa. Mierda, ¿por qué no se me ocurrió hablar con la seguridad del museo? Tendría que haberlo hecho por si acaso.

—¡Sasuke!

Giro la cabeza un instante, encontrándome con Sakura. Tiene una cara de pocos amigos y, maldita sea, ¿cómo demonios puede correr así con tacones?

—Vuelve, Sakura.

—Ni hablar —me dice, poniéndose a mi altura.

Abro la boca para decirle que ese asunto era familiar, pero ella me interrumpe:

—Soy tu amiga y tu mano derecha aquí. Ese bastardo no se mete en mi museo para llevarse a un niño, y menos el tuyo —dice con una mirada fiera en los ojos que daba miedo.

Mierda, pienso con una sonrisa. Me alegro mucho de tenerla de mi lado en estos momentos.

Cuando giro la esquina, miro de un lado a otro, maldiciendo al ver que hemos entrado en un recibidor que conduce a diferentes salas. Así no había forma de saber dónde se había metido.

—Sasuke —me llama Sakura, poniendo una mano en el hombro. Al mirarla, tiene el intercomunicador en la mano—, hablemos con Seguridad. Deja que Kiba se ocupe de esto y que Shino los dirija con las cámaras. Será más rápido.

Joder, es un buen plan. ¿Por qué no se me ha ocurrido desde el principio?

—Hazte cargo —le pido, llevándome una mano a la cabeza—. Me cuesta pensar.

Ella me aprieta el hombro.

—Yo me ocupo. Vuelve con Heiwa.

Asiento y decido hacerle caso.

De camino adonde los había dejado, me encuentro con un par de empleados de Seguridad que se acercan a preguntarme si iba todo bien y si necesitaba algo, pero solo les pido que estén atentos a las órdenes de Sakura.

Al girar la esquina de nuevo, veo que mi sobrino está sano y salvo en los brazos de Naruto, que tiene una expresión bastante tranquila para la situación. Al verme, noto que hay cierto cambio en sus ojos, algo sombrío, antes de lanzarme una mirada significativa.

Comprendo lo que quiere decirme e inspiro hondo mientras trato de tranquilizarme. Era cierto, Heiwa necesitaba verme calmado para sentirse seguro y protegido. Lo primero era él, su bienestar, y, aunque no me hacía ni pizca de gracia la presencia de Fugaku aquí, podía fingir que no era una amenaza por ahora.

—Eh, ya estoy aquí —digo con la voz más casual que consigo.

Mi sobrino se gira y me observa. No intento sonreír, Heiwa era listo y sabría que no era sincero. En vez de eso, estira los brazos y Naruto lo entrega al instante.

—¿Y el abuelo? —me pregunta, abrazándome. Noto cómo mueve la cabeza de un lado a otro. Más que asustado, parece alerta.

—Ya no está aquí, no te preocupes —le digo, besándolo en la cabeza.

Miro a Naruto, consultándole sin mediar palabra. Él asiente, sabiendo que lo que quiero. Abrazo un poco más fuerte a Heiwa.

—Escucha, Heiwa. —Me separo de él para mirarlo—. Sé que tenías ganas de seguir viendo el museo, pero ahora lo mejor es que vayas a casa de la abuela con Naruto.

Heiwa frunce el ceño. Sé que intenta leer mi expresión, pero, al parecer, estoy teniendo éxito en ocultar mis emociones.

—¿Es peligroso? —me pregunta, inseguro.

Yo sacudo la cabeza.

—No, pero… Necesito que ahora estés en un lugar donde sepa que vas a estar bien. —Hago una pausa muy breve, escogiendo mis palabras con cuidado—. Quiero arreglar esto con tu abuelo cuanto antes y, para eso, necesito saber que estás bien.

Los ojos de Heiwa brillan de repente, como si hubiera entendido mucho más de lo que le estaba diciendo. Aun así, no parecía estar asustado ni tampoco nervioso. En vez de eso, me toca la cara con sus manitas y me sonríe.

—Está bien, tío Sasuke, no te preocupes por mí —dicho esto, se gira hacia Naruto—. Podemos irnos.

Bajo a mi sobrino, que coge de la mano a Naruto. Me acerco de todos modos a él y lo abrazo. Él me envuelve la espalda con un brazo.

—Yo me ocupo de Heiwa —me dice al oído con una voz profunda que no había escuchado antes. Pese a que parecía estar tranquilo, ahora me doy cuenta de que está en modo protector—. Tú haz lo que tengas que hacer aquí.

Asiento, agradeciendo en silencio a mi hermano por haber escogido la escuela de Naruto. No podía imaginar mejor guardián para Heiwa; sabía que no le quitaría la vista de encima ni dejaría que se separa de él hasta llevarlo a casa.

Cuando me separo, Lucy se acerca.

—Yo los acompañaré.

Eso hace que me sienta mejor. Cuatro ojos siempre son mejores que dos, y Lucy no es de las que se andan con tonterías.

Aun así, cuando veo que Naruto coge en brazos a Heiwa y usa uno de ellos para cubrir su pequeño cuerpo, me relajo un poco. Sé que tendrían que arrancarle los brazos a mi hombre para separarlo del pequeño.

—Gracias —le digo antes de acompañarlos hasta la entrada.

Mientras veo cómo se alejan por el gran jardín que precede al museo, cojo mi intercomunicador y marco a Sakura.

—Sakura, ¿tienes algo?

Ella me responde al instante con un gruñido.

—Estamos en ello.

Inspiro hondo. Debo estar tranquilo. Heiwa estaba totalmente a salvo; Naruto estaba con él y Lucy era una abogada increíble, seguro que ya se estaba dirigiendo al medio de transporte más seguro para los tres y el que condujera a la ruta más rápida hacia casa de su madre.

No quiero pensar que Fugaku sea tan radical como para contratar a terceros y secuestrar a Heiwa. Por muy inteligente que sea, Naruto tiene razón, el secuestro de un niño movilizaría a absolutamente todo el mundo. No importaba cómo de planeado lo tuviera, no había forma de que pudiera llevarse lejos a Heiwa sin ninguna dificultad.

No, no creo que esas sean sus intenciones. Un hombre como él, calculador, controlador y que se cree por encima de los demás, haría otra cosa. No estoy muy seguro de qué, pero un secuestro parece demasiado desesperado para él. Aun así, prefiero pecar de paranoico y que Heiwa esté por hoy en un lugar seguro. Fugaku no se atrevería de ningún modo a pisar la casa de mi madre, ella lo echaría aunque fuera a la fuerza, y, en una confrontación física, apostaba por ella sin ninguna duda, solo por el bonus extra de rabia y resentimiento.

Por otro lado, Sakura tiene cubierto el museo y mi equipo de seguridad no es para tomárselo a broma. No tendré a la guardia del presidente, pero bastará para mantener a raya a Fugaku.

Suspiro. Todo está bien, lo tengo controlado.

 

 

Cuando la inauguración termina por fin, me siento exhausto.

Todo ha ido bien. Heiwa llegó sano y salvo a casa de mi madre con Naruto y Lucy. Recibir su mensaje veinte minutos después de que se fueran hizo que toda la tensión se desvaneciera y yo pudiera respirar tranquilo.

Por desgracia, Kiba y Shino no dieron con Fugaku. Al parecer, se marchó nada más darse cuenta de que había sido descubierto, por lo que no pude hacer nada aparte de esperar que no hubiera llegado a los extremos que mi paranoia me mostraba. Por suerte, no había sido el caso. Desapareció igual que apareció, por lo que pude centrarme en mi trabajo, a pesar de que lo único que quería hacer en aquel momento era asegurarme de que Heiwa estaba bien. Sin embargo, de la inauguración no podría librarme, ni siquiera con Sakura cubriéndome.

Cuando llego a casa de mi madre, no puedo evitar a ambos lados. Sí, me siento paranoico, pero no puedo evitarlo. Ya van dos veces. En esta ocasión, Fugaku no había estado ni cerca de Heiwa, lo que agradecía profundamente… pero ya me mosqueaba.

¿Debería ir a confrontarlo? No sé dónde vive, pero seguro que no era difícil encontrarlo.

Abro la puerta con las llaves de casa de mi madre y me adentro en el pequeño recibidor. Apenas estoy terminando de quitarme los zapatos cuando escucho unos pasos apresurados. Alzo la cabeza y me encuentro a Naruto saliendo de la esquina que conduce a las habitaciones.

—Naruto… —empiezo a decir mientras él avanza hacia mí.

—Heiwa está bien, se ha dormido hace nada —dice antes de darme un fuerte abrazo—. ¿Cómo estás tú?

Le devuelvo el gesto con fuerza.

—Intranquilo —admito, hundiendo la cara en el hueco de su cuello.

—Cariño —escucho la voz de mi madre. Al alzar la vista, está saliendo de la cocina.

Naruto se aparta y deja que me abrace también.

—Ya me ha dicho Naruto que no has podido llegar hasta Fugaku.

—No —digo separándome y soltando un suspiro—. Estoy pensando en simplemente confrontarlo.

Mi novio me observa con una expresión sombría mientras que mi madre sacude la cabeza.

—Me temo que no serviría de nada, cariño —me dice con una expresión que vacila entre la preocupación y el enfado—. Tu hermano y tú erais cabezones, pero la tozudez de vuestro padre no tiene nombre.

—Tampoco quiero quedarme de brazos cruzados —afirmo con los puños apretados.

Mi madre me observa mientras que Naruto me coge la mano y me acaricia el dorso.

—Sasuke —me llama—, si haces eso, no vayas solo.

—No creo que sea buena idea —dice mi madre con un suspiro—, pero hablemos de esto en el salón, no aquí plantados. Iré a terminar el té.

Dejo que Naruto me conduzca hasta allí y que me siente en el sofá. Yo me dejo caer contra el respaldo. Estoy más hecho polvo de lo que pensaba.

—Sasuke, descansa el fin de semana —me pide Naruto, tomándome de las manos—. Has estado muy estresado últimamente. Si quieres enfrentarte a tu padre, no es el momento, y menos siendo él como es.

Lo miro, deseando replicar, pero, joder, tiene razón. Si voy a por Fugaku, debo estar fresco. No me veo capaz de mantener una conversación civilizada con él a menos que esté en plena forma y, incluso así, dudo que vaya a ser fácil.

—No serviría de nada, hijo —dice mi madre, que acaba de entrar al salón con una bandeja con té. Naruto se levanta para ayudarla—. No importa lo que le digas, no le quitarás la idea de conseguir a Heiwa.

Yo la miro preocupado.

—¿Crees que sería capaz de secuestrarlo?

Para mi alivio, ella sacude la cabeza.

—Estoy segura de que ni se lo plantea. —Eso me reconforta tanto que me hundo en el sofá—. Está demasiado pagado de sí mismo y piensa que nosotros somos idiotas en comparación.

—Tú lo conoces bien —dice Naruto. Ha estrechado los ojos y tiene la frente fruncida, como si estuviera muy concentrado—. ¿Qué crees que intenta?

Mi madre nos sirve el té y se sienta en un sillón a nuestro lado.

—Lo mismo que con Itachi, convencerlo de que su educación es la más lógica para un niño como Heiwa.

Naruto frunce el ceño.

—Espera, ¿qué? ¿Convencer? ¿A quién?

—A Heiwa, por supuesto —responde mi madre con la taza de té en sus manos—. Ni se le pasaría por la cabeza pensar que unos seres de mente mediocre como nosotros podríamos entender lo que es mejor para alguien como él. —Toma un sorbo despacio. Sus ojos parecen perdidos en algo lejano—. A tu hermano también intentó decirle cómo debía criarlo.

Al oír eso, me incorporo recto en el sofá.

—¿Fugaku fue a ver a Itachi? ¿Cuándo?

—Cuando se enteró de que Heiwa era igual que ellos. No me preguntes cómo se enteró, aunque apuesto a que estaría pendiente solo por saber si su nieto también era un genio.

Frunzo el ceño y agacho la vista.

—Heiwa me contó que los escuchó discutir una vez. Supongo que ese era el motivo.

Mi madre me mira con gravedad.

—No fue solo una vez. Fugaku abordaba a Itachi cada vez que podía, aunque la primera vez que se presentó en su casa, tu hermano lo echó de malas maneras. —Hace una pausa para soltar un suspiro—. Sin embargo, la gota que colmó el vaso fue cuando Fugaku se encontró con Izumi a solas. Él dijo que fue casualidad, pero no sé si me lo creo —dice con la nariz arrugada—. Le gritó que había arruinado el futuro de su hijo y que iba a hacer lo mismo con Heiwa. Yo estaba con tu hermano cuando Izumi llegó a casa muy afectada. Itachi se fue a buscar a tu padre y lo golpeó. —Al decir esto, se lleva una mano a la cabeza—. Nunca lo había visto tan furioso. Izumi y yo evitamos que le diera un segundo golpe, pero amenazó a Fugaku. Le dijo que no se acercara otra vez a su familia y que no viviría para conseguir lo que quería.

—¿Sabes qué era? —pregunta Naruto de repente. Estaba tan atento al relato de mi madre que había olvidado su presencia.

Por desgracia, mi madre se encoge de hombros.

—Siempre ha estado obsesionado con ese dichoso problema matemático, pero no veo cómo Itachi podría influir en eso.

Naruto se lleva una mano al mentón.

—Lástima. Tal vez podríamos haber usado algo de eso contra él para convencerlo de que deje en paz a Heiwa.

—No sé si sirve de algo —intervengo—, pero también se obsesionó mucho con controlar la vida de Itachi, y quiero decir cada minuto del día.

Mi madre suspira.

—Fugaku decía que Itachi era más brillante que él. Creía que él resolvería el problema.

—Supongo que no lo logró —comenta Naruto.

—En cuanto mi hermano cumplió la mayoría de edad, vino con nosotros —digo con una pequeña sonrisa.

—Ese cumpleaños lo celebramos a lo grande —ríe mi madre.

Miro a Naruto, un poco más serio.

—Abandonó la carrera de matemáticas y se puso a estudiar animación y arte digital al mismo tiempo que trabajaba a tiempo parcial para ayudar a mi madre con los gastos. Cuando terminó, trabajó en una empresa como diseñador de arte de videojuegos.

Mi pareja esbozo una media sonrisa.

—Ja, se rebeló por completo contra su padre. Punto para tu hermano. —Sin embargo, tras decir esto, se lleva una mano a la nuca—. Por desgracia, veo por qué este hombre parece tan empeñado en ir a por Heiwa. Según lo que hablé con Itachi, Heiwa no es tan inteligente como él, pero supongo que debe de acercarse lo suficiente como para que Fugaku piense que puede resolver ese problema.

—Solo tiene cinco años —se queja mi madre.

—No se puede saber si puede o no solo con eso, ¿verdad? —le pregunto a Naruto.

Él se encoge de hombros.

—No es seguro, ni mucho menos, solo hay probabilidades —responde, cogiendo su taza de té y dándole un sorbo mientras mantiene la mirada perdida en algo. Casi puedo escuchar cómo trabaja su cabeza, como si revisara algún tipo de información mental—. Desde luego, son más altas que para el resto de nosotros, pero nada lo asegura. Supongo que con el entrenamiento adecuado tal vez sea posible, pero se sigue quedando en eso, probabilidad. No es como si no hubiese habido gente tan brillante o más que tu hermano y, aun así, no lo haya conseguido.

Yo aprieto los puños, recordando el llanto de Itachi a través de la ventana de nuestra vieja casa. Cómo se escapaba para poder vernos. Sus lágrimas desconsoladas cuando me contaba lo horrible que era su vida con nuestro padre. Su impotencia cuando se vio obligado a ir a la universidad tan joven. Su rabia cuando Fugaku intentó romper su relación con Izumi de un modo u otro. Su impaciencia y las ansias por cumplir la mayoría de edad y ser libre por fin.

—¿Mi hermano tuvo que soportar tanto dolor solo por una probabilidad? —mascullo—. No lo entiendo.

—Yo tampoco —dice mi madre con un suspiro—. Para ser tan inteligente, tu padre era un idiota cuando se trataba de entender los sentimientos de los demás.

Muevo la cabeza de un lado a otro.

¿Por ese maldito problema era tan importante? No lo entiendo. Mi hermano debía de comprender su importancia mejor que nadie, y, aun así, eligió a su familia antes que obedecer a mi padre. Nunca me dio la impresión de que quisiera volver a esa vida, o que se arrepintiera y, por las palabras de mi madre, debió de ser así.

De repente, una idea me viene a la mente, pero me hace fruncir el ceño. No me gusta nada.

—¿Crees que esto acabaría si le dejara hablar con Heiwa? —le pregunto a mi madre.

Ella abre los ojos como platos.

—¿Qué? Sasuke, ¡no! De ninguna manera.

Me giro hacia Naruto. Tiene la frente arrugada.

—Me dijiste que los niños no debían ser tratados como estúpidos solo por su edad. Detesto esta idea, pero odio todavía más esta situación. Sé que Heiwa no se iría con él, no me preocupa eso. Pero de ningún modo haré nada que pueda hacer daño a Heiwa. Tú entiendes de esto, dime qué opinas.

Naruto estrecha los ojos, pensativo. Sin embargo, mi madre me toma de las manos.

—Hijo, no. Tu padre tiene la sensibilidad de un ladrillo. Acabará haciéndole daño.

—Desde luego, ahora no es el mejor momento —interviene Naruto. Está más serio que de costumbre, aunque hay cierto brillo en sus ojos, como si hubiera encontrado algo—. Heiwa está mejorando, pero aún está en fase de duelo. No necesita enfrentamientos hostiles ahora mismo y creo que eso es lo que ocurrirá con tu padre si permitimos esa situación ahora.

—Pero piensas que es factible, ¿verdad? Que puede ser una solución y que Heiwa podría manejarlo.

Naruto coge aire y lo contiene un instante antes de soltarlo.

—Creo que podría hacerlo con algo de tiempo para superar el duelo y preparación. Me gustaría advertirle de las cosas que tu padre podría decirle para convencerlo, para que no le pille de sorpresa y poder responder sin que se ponga nervioso. Heiwa es un niño sensible y creo que, si tu padre se da cuenta de que podría reaccionar igual que tu hermano cuando cumplió la mayoría de edad, podría considerar que educar a Heiwa del mismo modo podría ser una pérdida de tiempo.

Mi madre se irguió y, por primera vez, relajó los hombros.

—Así podría rendirse y olvidarse de Heiwa.

Naruto se rasca la nuca.

—Por lo que me habéis contado, creo que podría ocurrir. Aunque tampoco me entusiasma la idea —admite con una mueca—. Heiwa no debería tener que pasar por esa conversación. También podríamos intentar convencer al señor Uchiha de que espere a que Heiwa cumpla la mayoría de edad para que escoja su propio camino, pero sospecho que dirá algo como que será demasiado tarde y que habrá perdido años clave en su educación o algo por estilo.

Yo también lo creo. De ningún modo Fugaku permitiría que desperdiciase tantos años, si no lo consintió con mi hermano.

Y tiene razón. Heiwa no debería pasar por esa conversación, pero, poniéndolo en una balanza, era mejor a que Fugaku tratara de llegar hasta él mientras yo no estaba, dejaría de asustarlo.

—Sasuke —me habla Naruto. Su expresión es de disgusto y resignación—, habría que hablar de esto con Heiwa en algún momento. Y también con tu padre.

Mi madre arruga la nariz.

—Habrá que convencerlo de que le dé tiempo a Heiwa de recuperarse —dicho esto, echa los hombros hacia atrás—. Yo me ocuparé.

—¿Mamá?

—Lo conozco desde hace más tiempo —dice con un suspiro—. Tú no podrás hablar con él, cariño. Los dos sabemos cómo acabaría.

Yo cierro la boca, dándole razón. La verdad es que aún le guardo mucho resentimiento, y podía guardármelo, por el bien de Heiwa, pero, ¿por cuánto tiempo?

—Está bien —accedo.

Naruto me pasa un brazo por los hombros y me aprieta contra sí. Dejo caer la cabeza en su hombro, agradecido por su apoyo.

—Sé que esto es una mierda, pero no se me ocurre nada más a menos que queráis imponer una orden de alejamiento. Y sabéis lo que eso implica.

Yo sacudo la cabeza.

—El proceso sería demasiado largo y nada nos asegura que nos la den, ¿verdad?

Naruto asiente.

—El incidente de mi escuela ayudaría, pero no sabría decirte si sería suficiente. Además, si acabamos en un juicio, podrían llamar a Heiwa a declarar.

Mi madre palidece.

—No, de ninguna manera.

Mi pareja la mira con tristeza.

—En estos casos, los jueces evitan siempre que pueden que los niños se vean en esa situación, pero no es imposible.

Cierro los ojos con fuerza. Pensaba que no podría odiar a mi padre más de lo que ya lo había hecho, sobre todo en mi adolescencia.

Estaba equivocado. Creo que nunca había odiado a nadie con tanta intensidad.

Me quemaba por dentro.

—Entonces, supongo que esta es la opción menos mala de todas.

Naruto asiente contra mi pelo.

—Eso me temo.

 

 

Gracias a Dios, Heiwa no se vio tan afectado como la primera vez que se encontró a Fugaku. Durante el fin de semana, estuvo más cauteloso al salir a la calle, pero no asustado. Eso nos alivió a Naruto y a mí, que tal vez éramos los que estábamos peor, aunque hicimos nuestro mejor esfuerzo para que no se notara.

Ninguno de los dos estaba entusiasmado por la solución que se nos había ocurrido a la situación con Fugaku, pero tampoco podíamos pensar nada más. Yo no quería que Heiwa siguiera pasando por sustos así, ni yo tampoco. Y mi madre tenía razón, si iba a hablar con él, la conversación acabaría en golpes y no quería darle motivos a Fugaku para quitarme la custodia, además, él no me escucharía de todos modos, jamás entendió por qué mi hermano siempre se rebeló contra él y lo abandonó a pesar de “todo lo que hizo por él”.

Así que mi madre iba a ir hoy a hablar con él. Estaba tan nervioso por esa conversación que hoy había dado asco en el trabajo. Menos mal que Sakura estaba ahí para cubrirme siempre. Me aseguraría de que su paga extra de Navidad fuera sustanciosa este año.

Hoy no hacía falta que fuera a recoger a Heiwa, ya que Naruto solía traerlo a casa después de la escuela, pero me apetecía ir a buscarlo de todos modos. ¿Por intranquilidad? Seguro. Aún me dura la paranoia del otro día.

Pese a que tengo la mente algo espesa por mis preocupaciones, no me impide reconocer el tono potente y tenso de mi novio.

Alzo la vista con el cuerpo en tensión, temiendo la escena que podría tener delante.

Lo era. Tal y como temía.

Fugaku estaba en la escuela frente a un Naruto imponente con sus brazos cruzados y mirada dura.

—Sin el permiso de su tutor, no puede verlo. Son normas de la escuela —dice con claridad.

—Pensaba que esa regla tan solo se aplicaba a recoger un niño, no a hacerle una visita —replica una voz áspera y profunda.

Me estremezco. Era tan horrible como la recordaba.

—Las visitas se hacen en una casa, no en una escuela —dice Naruto con el mentón en alto.

Una parte de mí, pequeña, la que no estaba asfixiada por el miedo y la ansiedad, se siente muy orgullosa de cómo le planta cara.

—Solo quería hacerle un par de preguntas. Puede estar presente si quiere.

—Eso es cosa mía —digo yo al mismo tiempo que me acerco a él a grandes zancadas.

Noto que Naruto me mira por el rabillo del ojo. No veo ningún cambio en su cuerpo, sigue con los músculos tensos y, joder, parece más grande de lo que es realmente, como si fuera un animal intentando intimidar a un depredador.

No es como si eso fuera a funcionar con mi padre, pero, de algún modo, me tranquiliza. Y necesito estar tranquilo para enfrentarme a él.

Así que me quedo a poco más de un metro de distancia. Solo para evitar la peor situación posible.

Le lanzo una breve mirada a Naruto. Él baja un instante el mentón. Bien, contaba con él para controlarme. Podía hacer esto.

Cruzo los brazos y le dedico una mirada fría a mi padre.

—Cuánto tiempo —digo de mala gana.

Los ojos de Fugaku me miran con algo que está entre el aburrimiento y el desprecio. Como de costumbre. Por suerte para mí, eso ya no me molesta como antes, ahora hay algo más importante que requiere de toda mi concentración.

Heiwa.

No se iría con él, de ningún modo. No dejaría que pasara por lo mismo que Itachi.

—Bien, esperaba encontrarte aquí —dice al fin mi padre, ignorando mi gélido saludo. Se acerca y me tiende una carta—. Toma, la citación.

¿Qué? ¿Citación?

Veo por el rabillo del ojo que Naruto se ha tensado aún más y que mira los papeles con los ojos más abiertos de lo normal.

Mierda, ¿qué coño ha hecho ese bastardo?

Abro la carta y la leo con cuidado.

… No. No puede ser.

Levanto la mirada hacia Fugaku.

—No sé en qué estás pensando, pero esto no te va a salir bien.

—Yo sé lo que es mejor para Heiwa.

Arrugo el papel que tengo en la mano, convirtiéndola en un puño.

—Y por eso Itachi vino corriendo con nosotros en cuanto pudo.

Fugaku arruga la nariz.

—Contaminasteis a Itachi con vuestra sensiblería inútil, por eso no pudo concentrarse como debía en su trabajo —dicho esto, se alisa el traje—. Quería hablar con Heiwa, pero supongo que no me dejarás, ¿verdad?

Mantengo los brazos pegados a los lados. Estoy temblando.

—Largo de aquí —suelto con los dientes apretados.

Él me mira con indiferencia.

—Nos veremos en el juicio, entonces.

Incluso cuando se aleja, sigo temblando. Naruto, por otro lado, lo vigila hasta que ya no puede verlo y, después, me arrebata el papel de las manos y lo lee con detenimiento. Sus dedos lo acaban arrugando de nuevo.

—Esto es una gilipollez. No puede demostrar nada de esto.

Yo resoplo, aún temblando. Al ver mi estado, el rostro de Naruto se ablanda y me abraza con fuerza.

—No te preocupes. Todo saldrá bien.

Yo le devuelvo el abrazo con la misma fuerza. Los ojos me escuecen por las lágrimas.

—Naruto —le digo, con la voz temblorosa—, ¿puedes ocuparte de Heiwa por mí durante diez minutos? Necesito calmarme primero. No puede verme así.

Él me besa en la cabeza antes de separarse de mí.

—Claro —dicho esto, me aprieta los hombros con fuerza y me mira con decisión—. Y tranquilo. Eres un buen padre, Sasuke. No hay forma de que pueda conseguir su custodia. Ya lo verás.

Cuando se marcha, me aferro a sus palabras con todo lo que tengo, pero el hielo me atenaza de nuevo. Había aprovechado mi momento de debilidad y siento sus gélidas garras atravesarme de lado a lado.

No estuve para Heiwa al principio, fui un desastre con él y le hice daño, susurraba una voz fría en mi cabeza.

Lo estaba pasando mal por la muerte de mi hermano, me digo a mí mismo.

¿Eso es excusa?

No lo es.

Entonces, fallé.

Soy humano, puedo tener momentos de debilidad.

¿Y si uno de esos momentos llega a perjudicar a Heiwa?

Eso no había pasado, ¡no había pasado!

Mierda, me cuesta respirar, creo que tengo un ataque de pánico. Me apoyo en la pared y me dejo caer hasta el suelo, concentrándome en mi respiración, solo en mi respiración.

Inspira, expira, suave, lento. Una vez, otra, y otra.

Concéntrate. Heiwa te necesita más que nunca. Los errores o no que cometí al principio con él ya no importan. Él no estaría mejor con Fugaku, acabaría como mi hermano. Le haría muchísimo más daño del que yo podía hacerle.

Las garras vacilan, retroceden despacio. Eso es, yo era su única opción. Lo estaba haciendo bien, Heiwa estaba mejorando conmigo, está superando el duelo a mi lado. Puede que tuviéramos días malos, pero, juntos, éramos felices.

No podía quitármelo. De ningún modo.

¿Quieres guerra, Fugaku? Bien. Si tenía que sacar todos los trapos sucios de la familia, los sacaría.

Resoplo con fuerza, sintiéndome más liviano al respirar. Yo podía hacer esto, tenía que hacerlo.

Por Heiwa.

Saco el móvil del bolsillo y marco un número. Me respondo al segundo tono.

—¡Hola, Sasuke! ¿Ya estás más tranquilo?

—Sakura —le digo, apretando el teléfono—, necesito tu ayuda.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Capítulo 40. Tormenta de llamas

Capítulo 41. Una ofrenda para los dioses

Mi lobo