Mi lobo
Naruto logró ingeniárselas para sostener todas las bolsas en un brazo mientras que con la mano libre metía la llave de su casa en la cerradura. Al escuchar un chasquido, envolvió las bolsas con ambos brazos, temiendo que fueran a caerse por su precario equilibrio, y empujó la puerta con la cadera.
—Vamos,
Sasuke, entra.
Su
compañero de piso, un enorme e imponente lobo negro con reflejos azules en su
hermoso y espeso pelaje, entró al trote y se detuvo junto a la puerta,
mirándolo con atención.
Probablemente
sea bastante raro tener a un lobo en casa, pero Naruto tenía una buena razón
para ello. Hace seis meses, cuando se dirigía hacia Kioto para mudarse de casa,
su coche atropelló a Sasuke, que salió corriendo del bosque cruzando la
carretera. Pese a que frenó nada más verlo, su vehículo lo golpeó con tal
fuerza que el pobre animal salió volando con un aullido de dolor. Naruto temía
haberlo matado, pero descubrió que todavía respiraba y decidió llevarlo
corriendo a un hospital para animales.
A
pesar de que era de noche y se hacía tarde, esperó en la consulta dos horas
hasta que el veterinario salió y le dijo que el lobo sobreviviría, pero que no
podría andar durante una temporada y que necesitaba que alguien cuidara de él y
le ayudara a rehabilitarse. No dudó en ofrecerse voluntario para ello, al fin y
al cabo, había sido culpa suya por atropellarlo y, aunque no hubiera sido por
él y lo hubiera encontrado herido en la carretera, simplemente no podía dejarlo
tirado, Naruto odiaba ver sufrir a un animal.
Así
que todos los días iba al hospital a hacerle compañía al lobo, a quien llamó
Sasuke por su carácter receloso y desconfiado, que le recordaba al protagonista
de unos cuentos sobre ninjas que le contaba su padre cuando era niño. Por
supuesto, este no parecía querer saber nada de él al principio, incluso se
negaba a comer por su cuenta o que le tocaran, pero Naruto no era de los que se
rendían fácilmente, así que siguió yendo un día tras otro a verlo y hablar con
él, tratando de que el muy cabezón comiera y le aceptara. Poco a poco, Sasuke
pareció empezar a confiar en él, por lo que solo a él le permitía tocarlo y
accedió incluso a comer de su mano. Para cuando transcurrió el mes y medio de
rehabilitación, el lobo lo trataba como si fuera un miembro de su manada y se
mostraba protector con él, ejemplo de ello era que le gruñía al veterinario
cada vez que tocaba a Naruto.
Al
ver que ya estaba bien, y a pesar de que el rubio le había cogido cariño,
decidió que era hora de volver a dejarlo en el bosque. Para su sorpresa, Sasuke
no puso pegas a la hora de subir al coche ni tampoco dio problemas durante todo
el trayecto, aunque cuando empezaron a acercarse a la zona donde Naruto lo
había atropellado, empezó a gemir, como si supiera que el momento de separarse
había llegado. Y, cuando los dos bajaron del vehículo y el rubio lo abrazó,
pudo jurar que el lobo lloraba igual que él.
Sin
embargo, Sasuke volvió al bosque. Fue duro para Naruto, pero jamás le habría
negado su libertad a un animal tan hermoso como él, no podía simplemente
alejarlo de su hogar y de su manada, sabía que los lobos vivían en grupo y
puede que Sasuke tuviera una bonita loba buscándolo y unos preciosos cachorros
esperándolo. Así que, cuando lo vio desaparecer entre los árboles, se limpió la
cara, subió a su coche y se marchó de allí, rezando porque su amigo peludo
tuviera una vida plena y que ningún estúpido cazador se cruzara en su camino.
Naruto odiaba a las personas que cazaban por diversión, sobre todo a criaturas
tan necesarias para los ecosistemas como los lobos, además de que no eran
precisamente animales que se comieran, y ya no le veía sentido cazarlos por su
piel, no cuando había cientos de empresas que fabricaban abrigos o piezas de
ropa con otro tipo de fibras.
Sí,
él era bastante amante de los animales, sobre todo en una época donde los
hombres ya habían puesto a un montón de especies en peligro de extinción con
fines egoístas, y era consciente de que había partes del mundo donde el lobo
estaba en peligro. No quería que Sasuke corriera esa suerte, merecía vivir
tanto como cualquier otro ser vivo.
Después
de aquello, pasó un mes haciendo su vida diaria, preguntándose todos los días
si su amigo estaría bien, si cazaría bastante comida, si estaría en un lugar
caliente para refugiarse de las lluvias otoñales y si alguna vez le echaría de
menos. A veces sentía la tentación de volver al lugar donde le dejó y buscarlo
para asegurarse de que estaba sano y salvo, pero le parecía una locura; Sasuke
podía estar en cualquier parte y, aunque diera con él, habría un montón de
lobos a su alrededor que lo verían como a un extraño y que, seguramente, le
atacarían.
Así
que trató de no pensar mucho en ello y solo rezó porque le fuera bien.
Pero,
al parecer, alguien de ahí arriba le escuchó, porque un día lluvioso en el que
regresaba de hacer la compra, se encontró a un Sasuke totalmente empapado
esperándole en la puerta. Dejó las bolsas tiradas en la acera y se lanzó a
abrazar a su amigo, que también corrió hacia él y le lamió entero. Interpretó
eso como que el lobo quería quedarse con él y, desde entonces, habían estado
juntos.
Sasuke
nunca intentaba escaparse, cuando lo sacaba para pasear o simplemente iban
juntos ni siquiera tenía que usar correa porque siempre iba a su lado; al
principio eso asustó a la gente, no era de extrañar ya que era un lobo enorme,
pero con el tiempo se acostumbraron a él puesto que nunca hacía daño a nadie...
aunque no le gustaban nada los varones, al menos aquellos que se acercaban
demasiado a Naruto para algo más que charlar. A él le encantaba ver cómo
palidecían cuando Sasuke les gruñía y les enseñaba los dientes, se sentía
protegido por su amigo.
El
rubio dejó las bolsas sobre la mesa, sabiendo que su compañero cerraría la
puerta. Al oír el chasquido, sonrió y miró a Sasuke.
—Buen
chico, ven aquí.
El
lobo trotó alegremente hacia él y aceptó encantado sus caricias. Después,
Naruto encendió el contestador para escuchar si había recibido algún mensaje
mientras guardaba la compra. Uno era de su amiga Sakura, que le sermoneó por no
ir a ver al grupo durante esos meses y le exigió que fuera a visitarlos por las
vacaciones, antes de que llegara Navidad, lo cual le hizo reír antes de decirle
a Sasuke:
—¿Qué
me dices, chico? ¿Te gustaría ver Tokio? No tiene tantos bosques como aquí,
pero no quiero dejarte solo.
El
lobo ladró y pegó su cabeza a él con un gemido. Eso era que quería ir con él.
A
lo mejor era una tontería, pero Naruto estaba convencido de que Sasuke entendía
prácticamente todo lo que le decía, si le pedía que le trajera algo o que
hiciera cualquier cosa, él simplemente iba y la hacía, era increíblemente
inteligente para ser un animal que hasta hacía poco había sido salvaje.
Otro
mensaje, este de su madre, lo sacó de sus pensamientos.
—Hola,
cariño, ¿cómo estás? —Su tono de voz era inquieto, lo cual provocó que dejara
lo que estaba haciendo y prestara mucha atención—. Escucha... Ya sabes que
todos los años nos reunimos toda la familia para la cena de Navidad y... Ah...
—Hubo una pausa larga en la que oyó de fondo cómo su madre maldecía—. No sé
cómo decirte esto de un modo delicado, pero quiero que sepas que Karin estará
allí y que traerá a Bankotsu. —Se le encogió el corazón al oír eso y cerró sus
manos en puños—. Naruto, no hace falta que vayas si no quieres, podemos ir tu
padre y yo a Kioto y celebrarlo nosotros tres, estoy segura de que tu primo
Gaara también preferirá quedarse contigo. Llámame y lo hablamos, ¿vale? Te
quiero.
Naruto
tragó saliva y cerró los ojos con fuerza, tapándose el rostro con las manos.
—Basta
—se dijo a sí mismo, tratando de retener las lágrimas—. No llores por él, no se
lo merece.
Un
largo gemido llamó su atención. Sasuke estaba a su lado, frotando su gran
cabeza contra sus piernas. Él siempre sabía cuándo le pasaba algo, había oído
que los animales eran más sensibles a los estados de ánimo, y su compañero
siempre estaba cerca cuando necesitaba consuelo. Se agachó y lo abrazó por el
cuello.
—Gracias,
amiguito. —Este le lamió donde pudo, haciendo reír a Naruto, aunque todavía
tenía los ojos brillantes por las lágrimas que se había negado a derramar—. Ya
lo sé. Sé que han pasado seis meses y que ya tendría que haber pasado página,
pero me sigue doliendo. —Una imagen de Karin gimiendo bajo el cuerpo del que
había sido su novio pasó por su mente, haciendo que se sintiera aún peor.
Estrechó a Sasuke con más fuerza y enterró la cara en su espeso pelaje—. ¿Qué
tengo de malo, Sasuke? Sé que no soy el doncel más sexy o hermoso del mundo,
pero no soy una mala persona. No merecía que me hiciera algo así.
De
repente, el lobo se retorció para que lo soltara, así que lo dejó ir adonde
quisiera y se limpió los ojos con la manga del jersey. Lo sabía, sabía que ese
cabrón no merecía que estuviera mal por su culpa, pero no dejaba de preguntarse
qué había hecho tan mal como para que terminara su relación de un modo tan
repugnante. Naruto era trabajador, escribía novelas de distintos géneros y las
publicaba por su cuenta, así no tenía que rendir cuentas a nadie y podía
escribir lo que le apeteciera ni tampoco tenía presión encima por terminar los
libros a tiempo, llegando a sacar tres o cuatro novelas por año de distintos
géneros, aunque era más conocido por las románticas de temática paranormal; no
había sido el joven más formal del mundo, pero nunca había hecho nada malo ni
daño a nadie; amaba a su familia y amigos y los trataba con todo el cariño del
mundo; era leal a los suyos, y, desde luego, NUNCA le habría hecho una putada
así a su pareja...
Sasuke
regresó llevando una bolsa llena de galletas con chocolate que dejó frente a
Naruto con las orejas levantadas, esperando algo. El rubio sonrió y le frotó la
cabeza con cariño.
—Tú
siempre sabes lo que necesito.
Sasuke
ladró y luego fue hacia la televisión, que encendió con el hocico antes de
olisquear entre las estanterías de un mueble buscando algo. Poco después,
regresó con el doncel llevando una película entre las fauces con cuidado que le
tendió a Naruto. Al ver la carátula, este soltó una carcajada, miró a su amigo
peludo y lo abrazó.
—Oh,
Sasuke, eres el mejor. ¿Sabes?, lo único que te hace falta para ser perfecto es
ser un hombre, serías el mejor novio del mundo.
Sus
palabras parecieron alegrar a Sasuke, ya que se puso a aullar y ladrar antes de
lanzarse sobre Naruto para darle lametones. Este jugó un rato con él,
rascándole detrás de las orejas y revolviéndole el pelaje en los costados, y
después ambos se pusieron en el sofá para ver Love
Actually; era la única comedia romántica que le gustaba a Naruto,
le parecía interesante las diferentes relaciones que mostraba, no solo entre
parejas, y además estaba enamorado de la banda sonora.
Mientras
empezaba, miró a Sasuke que, como siempre, había apoyado la cabeza sobre sus
piernas para ver la película, y le dijo:
—¿Sabes?,
es un poco triste, pero no me apetece pasar la Navidad con nadie. —Como si le
hubiera entendido, el lobo levantó las orejas y buscó sus ojos—. Sé que mi
familia tiene buena intención, pero van a mirarme con compasión por lo que ha
pasado con el imbécil de mi ex y no quiero estar aguantando eso, solo
conseguirá que me sienta peor. —Sasuke gimió y se frotó contra su estómago,
provocándole una tierna sonrisa—. Si te soy sincero, prefiero quedarme contigo.
Me pondría un pijama, me acurrucaría en la cama contigo y haríamos un maratón
de películas navideñas mientras comemos palomitas. ¿Te gustaría? —El lobo ladró
y movió la cola. Le acarició la cabeza en respuesta—. Creo que eso es un sí.
Sí,
para cualquiera habría sido una estampa bastante triste, pero la verdad era que
Naruto no se sentía solo desde que Sasuke estaba con él. De hecho, gracias a su
nuevo amigo había estado lo bastante distraído como para no pensar en el idiota
de su ex, y eso le había ayudado bastante... De acuerdo, seguía herido y
quemado por cómo habían terminado, pero por nada del mundo volvería con
Bankotsu, ni siquiera había hablado con él desde que lo pilló en la cama con
Karin; no había respondido a sus llamadas, había borrado todos sus mensajes sin
molestarse en oírlos y, aunque no se sentía orgulloso de eso, le pidió a Gaara
que recogiera sus cosas del piso que habían compartido.
No,
ni hablar, prefería volverse loco y llenar su nueva casa de Kioto de perros,
aunque por ahora le iba muy bien con Sasuke y dudaba que su posesivo compañero
permitiera que hubiera otro animal en su territorio. Lo que debía hacer era
dejar de pensar en esos dos, centrarse en su trabajo, ver a sus amigos, tal vez
hacer algún viaje en el que pudiera llevar a Sasuke y, con un poco de suerte,
para cuando llegara el siguiente año lo tendría totalmente superado.
La
tarde transcurrió de forma... relativamente tranquila. Tras ver la película,
Naruto decidió sacar toda la decoración navideña que hubiera podido rescatar
Gaara de su antiguo piso, la cual no era mucha, pero al menos pudo dejar el
salón medianamente decente, aunque le molestó mucho que Bankotsu se hubiera
quedado con su querido y enorme árbol, puesto que él siempre había sido el más
navideño de los dos. Pero, como de costumbre, Sasuke pareció notar su estado de
ánimo y logró distraerlo apoderándose de todo artículo decorativo que encontró,
desde bolas brillantes hasta los espumillones, obligando a Naruto a perseguirlo
entre risas por toda la casa. El momento que más gracia le hizo al doncel fue
cuando el lobo se las ingenió para colgarse una corona de flores alrededor del
cuello y se paseó por el salón con la cola bien alta, como si estuviera posando
para una sesión fotográfica.
No
fue de extrañar que, después de tanto perseguir a su ágil compañero, fuera
directo a la cama después de cenar en vez de escribir un rato mientras veía
alguna serie, solo para tener ruido de fondo. Se durmió enseguida, con Sasuke a
su lado, como ya era costumbre. Este siempre vigilaba que tuviera sueños
pacíficos, así como se aseguraba de que su revoltoso doncel no acabara
destapado por moverse demasiado. Por eso se metía en la cama con él, para darle
calor con su cuerpo y pelaje, así evitaba que cogiera frío y no enfermera.
En
cuanto estuvo seguro de que no se movería, se acomodó junto a él, prácticamente
acurrucándose a su lado, y cerró los ojos.
¡BLAM!
Naruto
se despertó de un salto, sobresaltado por algo, aunque no estaba seguro de qué.
Sasuke estaba agazapado sobre la cama y con las orejas en alto, atento a
cualquier sonido sospechoso, por lo que comprendió que no había tenido una
pesadilla, sino que realmente había escuchado algo inconscientemente y que por
eso su cuerpo estaba en estado de alerta.
Supo
que algo no iba bien cuando todo el pelaje del lobo se erizó y arrugó el morro,
como si estuviera a punto de mostrar los colmillos. Pero, curiosamente, no
gruñó ni ladró, sino que se quedó sobre la cama, totalmente tenso y agachado,
como si estuviera esperando a que alguien entrara para abalanzarse sobre él,
tendiendo una emboscada.
Había
alguien en la casa.
Con
el corazón acelerado por el miedo, cogió el móvil y llamó a emergencias
mientras se levantaba con el mayor sigilo posible y buscaba algo con qué
defenderse; en los cajones de su mesita de noche no había nada útil, y en su
armario no había más que ropa y perchas que no le servían para nada...
Entonces,
vio la lámpara de la mesita.
Más
vale eso que nada.
—¿Cuál
es su emergencia?
La
voz del teléfono le hizo pegar un salto en el aire y taparse la boca
instintivamente, sin querer hacer ruido. Sasuke lo miró un instante para
asegurarse de que estaba bien y, inmediatamente después, volvió a su postura de
ataque, con sus negros ojos clavados en la puerta de la habitación.
—¿Hay
alguien ahí? —preguntó la operadora con voz calmada—. Señor, ¿puede hablar?
—Estoy
aquí —susurró Naruto mientras desenchufaba la lámpara y la agarraba con fuerza.
—Señor,
¿se encuentra bien?
—Creo
que ha entrado alguien en mi casa.
—¿Está
usted a salvo? ¿Puede describirme su situación?
—Algo
me ha despertado —explicó él en voz baja, atento a si oía algo más fuera de la
habitación—. Mi perro está actuando como si estuviéramos en peligro, creo que
hay alguien en mi casa, ¿puede ayudarme?
—Por
supuesto, señor. Deme su nombre y su dirección, ¿está en un lugar seguro?
En
ese instante, escuchó algo rompiéndose. Se le escapó una suave exclamación que
acalló tapándose otra vez la boca y se pegó a la pared tanto como pudo. No
podía negar que tenía miedo, nunca se había visto en esa situación y era
consciente de que no era un doncel especialmente fuerte, sabía un poco de
autodefensa, pero como hubiera más de una persona allí fuera, lo tenía jodido.
Un
gruñido suave volvió a sobresaltarlo. Sasuke lo observaba con sus negros ojos,
que le insuflaron un poco de calma y seguridad. Era verdad, su compañero era un
lobo enorme y muy protector con él, no se enfrentaría solo a esa situación.
Inspiró hondo, aferró el mango de la lámpara con fuerza y volvió a ponerse al
teléfono; dio su nombre y su dirección entre susurros, y luego le dijo a la
operadora que estaba en su habitación. Ella le pidió que se encerrara y
esperara a que llegara la policía, que ya los había avisado y que estaban de
camino.
Lo
primero que escuchó fueron las voces; le puso nervioso descubrir que había más
de una persona en su casa, llegó a distinguir tres hombres, aparentemente
varones por el timbre de voz, haciéndole tragar saliva y agarrar su pésima arma
con ambas manos. Luego, vinieron los pasos; los escuchó pasando junto a su
habitación, pisadas pesadas que pertenecían a hombres grandes, o eso era lo que
le pareció, ya que sabía que la mente, a falta de información, podía jugarte
malas pasadas.
Entonces,
movieron el picaporte de su dormitorio. No pudieron entrar, pero Naruto cerró
los ojos con fuerza, sabiendo que le habían pillado. Sus sospechas se vieron
confirmadas cuando golpearon la puerta. Se mordió el labio inferior y respiró
hondo, haciendo acopio de todo el valor que tenía hasta que llegaran los
refuerzos. Sasuke se movió entonces, se medio incorporó sobre la cama y avanzó
hasta el borde de la misma, quedándose con el cuerpo inclinado hacia delante;
supo que estaba preparado para saltar sobre el primero que metiera un pie en
esa habitación. Una vez más, saber que estaba ahí para defenderlo le dio un
poco de seguridad y trató de pensar.
Era
seguro que Sasuke sería el primero en atacar, se abalanzaría sobre el primer
atracador, entonces, lo que él debía hacer...
Pese
a que le costó mucho, se alejó de la pared y se colocó junto a la puerta,
todavía con la lámpara en las manos y el corazón a punto de salir de su pecho.
Estaba convencido de que ninguno esperaría ver a un enorme lobo, por lo que
aprovecharía la sorpresa para golpear al idiota que se acercara a Sasuke para
apartarlo.
Otro
golpe lo sobresaltó, este era más fuerte.
Soltó
el aire despacio y se mentalizó para lo que estaba a punto de ocurrir. Ya no le
sorprendieron el resto de golpes, aunque se le encogió el corazón al ver que la
puerta se agrietaba. Ya faltaba poco.
Entonces,
la puerta cedió con un bramido, el caos se desató.
El
primer hombre ni siquiera tuvo tiempo de entrar, nada más abrirse la puerta,
Sasuke saltó con un gruñido tan feroz que a Naruto se le pusieron los pelos de
punta. Los gritos estallaron en la casa; primero de sorpresa, luego uno de
dolor y el resto fueron una amalgama de insultos y maldiciones.
Había
llegado el momento, era su turno de salir.
Pensando
únicamente en que Sasuke necesitaba su ayuda, saltó por la entrada y golpeó el
primer rostro desconocido que vio. Los gritos seguían; una nueva ronda de
maldiciones y los chillidos aterrorizados y de dolor del tío al que había
tumbado su lobo. Naruto no se paró a mirarlo, aprovechó la sorpresa para
golpear a otro tan fuerte como pudo, mandándolo al suelo, esperaba que
inconsciente, se había dado cuenta de que había un total de cinco hombres, y
dos de ellos aún estaban en pie.
Atacó
por tercera vez, pero el atracador lo vio venir esta vez y se apartó mientras
que su compañero fue por su espalda y lo agarró por la cintura. El miedo y la
rabia se mezclaron dentro de él y, sin pensárselo dos veces, lo golpeó como
pudo en la cabeza con la lámpara.
—¡AAAAAAAAHHH!
¡Joder! —maldijo el hombre antes de aplastarlo contra una pared.
Por
un instante, el impacto lo dejó sin aire en los pulmones, haciendo que soltara
la lámpara y aturdiéndole un instante. Lo siguiente que notó fue que lo
lanzaban, esta vez contra el suelo, y antes de que pudiera intentar
incorporarse, un cuerpo pesado le cayó encima y una mano enorme le agarró la
cabeza, presionándola contra el tatami. Se removió, tratando de forcejear, pero
era como intentar mover una tonelada de hormigón.
En
respuesta, el hombre le tiró del pelo y golpeó su cabeza contra el suelo,
haciéndole chillar de dolor.
—¡No
te muevas!, ¡¿me oyes?!
Naruto
gimoteó adolorido, pero sus sonidos quedaron amortiguados por un poderoso
gruñido.
Al
alzar la vista, vio a Sasuke sobre el cuerpo inmóvil de uno de los atracadores,
con el morro ensangrentado y los colmillos al descubierto. Con el pelaje
totalmente erizado y sus negros ojos mirando al hombre que lo tenía retenido
como si quisiera abrirle la garganta, daba un miedo terrible.
Dos
de los atracadores se interpusieron entre el animal y Naruto, uno de ellos era
al que le había golpeado con la lámpara, los otros dos estaban en el suelo,
fuera de combate.
—Joder,
tíos, ¿habéis visto qué animal?
—¿Qué
se supone que es? Parece un lobo.
—¡¿Y
qué más da?! Hay que deshacerse de él.
Al
oír eso, Naruto se tensó y miró a Sasuke. Este seguía gruñéndoles a los hombres
como una clara amenaza, estaba seguro de que no tardaría mucho en atacarles.
—¡Sasuke!
¡Corre! —le ordenó.
El
lobo le miró un segundo, pero inmediatamente sus ojos regresaron a los
atracadores y empezó a ladrarles con los dientes al descubierto.
No
se iba a ir, no sin él al menos. Eso lo conmovió, pero no quería que Sasuke se
enfrentara a tres hombres que podían hacerle mucho daño.
—Libraos
del chucho —ordenó el que estaba encima de él.
Sasuke
ladró una vez más y se lanzó a por el que tenía más cerca. El impacto fue tal
que lo tiró al suelo, sin embargo, en vez de morderlo, se giró y se abalanzó
contra las piernas del otro hombre, el cual se tropezó y se cayó torpemente al
suelo soltando una maldición. Entonces, los ojos del lobo se clavaron en el
hombre que tenía inmovilizado a su rubio. Le gruñó ferozmente y saltó sobre él,
lanzándolo a un lado y liberando a Naruto, que pateó a su agresor para que
acabara de apartarse de encima de él y luego se giró, a tiempo de ver cómo
Sasuke trataba de alcanzar con sus dientes a su nueva presa, que forcejeaba
desesperadamente con el animal.
Un
ruido a su izquierda llamó su atención. Se dio la vuelta y vio que uno de los
hombres que había tirado Sasuke antes se estaba incorporando con intención de
ayudar a su compañero.
Ah,
no, de eso ni hablar.
Como
pudo, Naruto se agazapó y se tiró contra este. Era el más delgado de los cinco,
así que le fue mucho más fácil usar todo su peso y fuerza para lanzarlo de
nuevo al suelo y darle de puñetazos hasta que este dejó de luchar contra él.
Entonces,
Sasuke chilló de dolor.
Alarmado,
se dio la vuelta a tiempo de ver cómo el hombre lo tiraba a un lado con un
taser en la mano, mientras que el lobo temblaba y se estremecía entre gemidos.
El muy hijo de puta le había lanzado una descarga eléctrica.
—¡Sasuke!
—gritó, levantándose y corriendo hacia él.
Pero
algo lo agarró por la cintura. Era el otro hombre que quedaba en pie.
Furioso
por lo que le habían hecho a su amigo, le clavó el codo y le pisó en el pie.
Este soltó un aullido de dolor y aflojó los brazos, instante que aprovechó para
soltarse y correr hacia Sasuke, pero el hombre que le había herido se interpuso
y su puño impactó contra su estómago, doblándolo en dos y postrándolo de
rodillas.
—¿Has
visto lo que has hecho, renacuajo?
Naruto
aspiró aire bruscamente, intentando recuperar el aliento.
—He...
llamado... a la policía... —logró decir, en un intento porque se fueran y él
tuviera la oportunidad de llevar a Sasuke a un veterinario.
El
otro hombre palideció.
—¿Qué?
Joder, vámonos, tío, no pienso ir a la cárcel por esta mierda.
—No.
—¿Cómo
que no? Se suponía que entrábamos y salíamos en cinco minutos, ¡pero ese lobo
nos ha hecho pedazos! ¡Larguémonos!
El
que parecía ser el líder del grupo le lanzó una mirada de pocos amigos.
—Es
un farol, no ha tenido tiempo de llamar a nadie. Y después de esto, no me voy
sin una compensación —dicho esto, volvió a aplastar a Naruto contra el suelo—.
Sujétale los brazos.
—Tío...
—¡Vamos!
El
otro hombre no parecía estar cómodo con esa situación, pero estaba lo bastante
asustado como para obedecer. Naruto trató de luchar, pero fue inútil, los dos
eran más grandes y más fuertes y, aunque forcejeó todo lo que pudo, acabó
inmovilizado por los brazos y las piernas, con ese bastardo enorme sobre su
cuerpo. El pánico se apoderó de él cuando notó que le rasgaban los pantalones,
dejando su trasero expuesto. Gritó y luchó una vez más, pero por mucho que lo
intentaba, no podía soltarse, estaba indefenso.
Chilló
cuando le azotaron el culo con fuerza.
—¡Quieto!
—¡Que
te jodan! —gritó Naruto, negándose a darle el placer de verlo sometido.
Recibió
otro azote, esta vez más fuerte. Dolió, pero se mordió el labio para evitar
chillar otra vez.
—¡Cállate!,
¡o te juro que te haré daño de verdad! —le ordenó. Escuchó el sonido de una
cremallera al bajarse y un miedo atroz lo invadió otra vez al saber lo que iba
a venir, pero lo peor era saber que no podía hacer nada para impedirlo, no era
tan fuerte para quitarse a esos dos de encima.
Se
le llenaron los ojos de lágrimas, pero las retuvo con rabia. Si iban a
violarlo, se aseguraría de que no lo disfrutaran, por lo que, cuando notó la
mano de ese cabrón en su culo, se dispuso a volver a pelear...
De
repente, un rugido bestial resonó en toda la casa.
Todos
miraron hacia el lobo, que, todavía temblando, había logrado incorporarse...
Pero
había algo diferente, algo que los dejó totalmente paralizados. Sasuke estaba
creciendo, se estaba haciendo más grande y musculoso a medida que su pelaje se
volvía mucho más corto, como si estuviera retrocediendo. Apoyó una pata en una
pared... solo que ya no era una zarpa, ahora tenía dedos largos terminados en
afiladas uñas, mientras que el resto de su extremidad se retorcía y crujía,
convirtiéndose poco a poco en un brazo. El resto de su cuerpo imitó su ejemplo,
hacía movimientos bruscos y extraños, adoptando una nueva forma que se
asemejaba cada vez más a un hombre.
Naruto
contempló temblando al nuevo Sasuke; un varón de metro noventa y puro músculo
recubierto de una ligera capa de vello oscuro, como si aún no hubiera acabado
de transformarse. Este levantó su rostro, enmarcado por mechones largos de
cabello oscuro, hacia los hombres que lo tenían inmovilizado y, cuando abrió la
boca, vio claramente unos gruesos y afilados colmillos.
—Soltadlo
—exigió con una voz ronca que no era del todo humana.
Nadie
pudo moverse, ni siquiera Naruto. Su mente era incapaz de asimilar lo que
acababa de ver... ni siquiera cuando Sasuke rugió:
—¡AHORA!
Todo
fue muy rápido. El que había sido un lobo se abalanzó sobre el hombre que había
intentado violarlo, lo cogió por el cuello del jersey y lo estampó contra la
pared antes de golpearlo furiosamente con un puño. El otro no se resistió hasta
que el primer golpe lo sacó de su aturdimiento, pataleó como un pez fuera del
agua mientras suplicaba que lo soltara, pero Sasuke no se detuvo hasta que le
destrozó la cara y le fallaron las piernas, momento en que lo dejó y se encaró
al último hombre que quedaba en pie para rugirle. Este pegó un salto y corrió
atropelladamente hacia la puerta de la casa, tropezando con todo lo que hubiera
de por medio, pero al final, se largó.
Sasuke
mantuvo sus negros ojos en la entrada, vigilando que no volviera. Al escuchar
que se alejaba cada vez más, se relajó y se dio la vuelta para mirar a Naruto.
Este
se tensó y sintió el impulso de retroceder. Estaba muerto de miedo; habían
entrado en su casa, le habían pegado, intentado violarlo, y había visto cómo un
lobo se transformaba en un hombre grande y fuerte que le había dado una paliza
a otro tío sin inmutarse... Pero, mientras pensaba en un modo de huir, vio sus
ojos. Y lo reconoció.
Eran
los ojos de su Sasuke, de su compañero, del que había estado viviendo con él
durante meses, que había permanecido a su lado y le había hecho reír en su peor
momento.
Entonces,
a este se le pusieron los ojos en blanco y cayó al suelo. Naruto se levantó de
un salto, trató de ponerse bien sus pantalones, pero ese malnacido se los había
roto y tuvo que dejarlos tirados en algún sitio, y fue corriendo en bóxers y su
camiseta larga de pijama al lado de Sasuke.
Justo
cuando iba a tocarlo, su cuerpo tembló violentamente una vez más, haciendo que
Naruto se quedara quieto, temiendo hacerle daño sin querer, y contempló
fascinado cómo el vello oscuro que lo recubría entero desaparecía, como si
estuviera retrocediendo dentro de su propia piel. Cuando no quedó nada, se
sonrojó al descubrir el magnífico hombre que había debajo: tenía la piel
pálida, lisa y dura, como si hubiera sido cincelado en mármol; tenía una
espalda amplia y hombros anchos que descendían hacia una cintura más estrecha,
creando una sexy curva en sus caderas; su torso estaba adornado por fuertes
pectorales y unos abdominales que harían babear a cualquier supermodelo; tenía
piernas de atleta y unos brazos musculoso que acababan en unas manos grandes y viriles,
de esas que parecían haber sido creadas para acariciar el cuerpo de su amante;
poseía un rostro muy apuesto, de facciones afiladas y varoniles, con una nariz
recta, pestañas largas y oscuras y unos labios que le encantaría mordisquear,
y... Naruto intentó no hacerlo, pero no pudo evitar notar que estaba... ejem...
bien dotado.
Supuso
que no tendría que haberle extrañado que, al cambiar de forma, Sasuke
apareciera totalmente desnudo... excepto por el collar que llevaba en su
cuello. Era uno de cuero marrón con una pequeña placa plateada donde había
grabado su nombre, se la había comprado a los pocos días de que este regresara
a su casa tras haberlo dejado en el bosque.
Sacudió
la cabeza, maldiciéndose a sí mismo por quedarse embobado mirándolo, y se
arrodilló a su lado para examinarlo. Lo único malo que vio fue el terrible
moretón que le había dejado el taser en el costado, se estremeció solo de
recordar cómo había aullado de dolor... y que lo había recibido para salvarlo
de esos cabrones.
Temiendo
por su bienestar, colocó su cabeza sobre sus rodillas y empezó a darle
toquecitos en la cara para despertarlo. Necesitaba saber que no era grave.
—¿Sasuke?
Sasuke, ¿me oyes? Por favor, abre los ojos.
Como
si le hubiera oído, Sasuke abrió un poco los párpados y centró sus orbes
oscuros en él.
—Naruto...
—Estoy
aquí, ¿estás bien?
—¿Y
tú?
El
rubio esbozó una media sonrisa. Se preocupaba por él antes que por sí mismo.
—Estoy
bien. —En ese instante, escuchó unas sirenas a lo lejos y palideció—. Oh,
mierda, la policía no puede verte así, ¿puedes levantarte? —Sin esperar a que
Sasuke respondiera, pasó un brazo por sus hombros y lo ayudó a ponerse en pie.
Agradeció enormemente que tuviera fuerzas para incorporarse porque,
sinceramente, jamás habría logrado mover a un varón de metro noventa y cien
quilos él solo.
Lo
llevó de vuelta a su habitación y lo ayudó a tumbarse en la cama. Después, fue
corriendo a su armario y buscó la ropa más grande que tenía, unos pantalones
holgados negros y una camiseta blanca de manga larga. Las sirenas estaban cada
vez más cerca, así que le arrojó las prendas a Sasuke y corrió a la puerta del
dormitorio.
—Vístete,
yo los entretengo —dicho esto, cerró la puerta y miró a su alrededor, pensando
en cómo diablos iba a explicar lo que había ocurrido...
—¡Policía!
—gritaron de repente.
Naruto
dio un salto y fue hacia el salón, donde vio a cuatro agentes con las pistolas
en alto. Cuando lo vieron, levantó las manos.
—Les
he llamado yo.
—¿Señor
Namikaze?
—Sí,
agente —respondió y señaló a los hombres que había tirados por el suelo—. Eran
cinco, a cuatro los dejamos fuera de combate, pero uno de ellos huyó.
—Lo
tengo —dijo uno de ellos mientras bajaba la pistola e informaba por radio. Los
otros dos revisaron la casa con rapidez antes examinar a los heridos. A Naruto
le sorprendió un poco descubrir que el primer hombre al que Sasuke había
atacado y que tenía la garganta llena de sangre aún vivía.
El
último policía se acercó a él despacio, como si temiera asustarlo.
—¿Está
bien? ¿Le han hecho daño?
Naruto
se puso rojo al darse cuenta de que no llevaba sus pantalones y bajó las manos
para cubrirse, aunque afortunadamente su camiseta de dormir era lo bastante
larga como para ocultar su ropa interior.
—Lo
intentaron, pero mi... —¿Y ahora qué decía? ¿Cómo podía explicar la presencia
de Sasuke en su habitación?— mi novio me defendió —dijo lo primero que se le
ocurrió.
—¿Dónde
está? ¿Se encuentra herido?
Recordó
de repente la herida del taser.
—Uno
de ellos llevaba un taser y le dio una descarga en un costado, ¿es muy grave?
El
policía guardó la pistola y le dedicó una sonrisa tranquilizadora.
—No
se preocupe, se pondrá bien en poco tiempo. Hay una ambulancia de camino, no
debería de tardar mucho en llegar —dicho esto, se acercó y frunció el ceño—.
También pediré asistencia para usted, ¿le han golpeado?
Naruto
procedió a explicárselo todo mientras un montón de policías invadían la casa
para llevarse a los atracadores y a revisar a Sasuke. Dijo que su perro y su
"novio" le habían protegido y que él había atacado con la lámpara,
pero que ordenó a su perro que huyera después de que le hubieran golpeado con
fuerza, alegando que tenía miedo de que le hicieran más daño, así no le
preguntarían dónde estaba.
Un
montón de ambulancias llegaron poco después, la mayoría para llevarse a los
detenidos y una para que dos enfermeros le atendieran a él y a Sasuke en el
salón. Cuando este salió, Naruto lo miró para asegurarse de que estaba bien;
parecía que ya podía andar bien... y se sonrojó al ver lo sexy que le quedaba
su camiseta, que a él le venía muy ajustada y no dejaba ni un solo músculo sin
definir.
Cuando
sus ojos negros lo encontraron y sintió su intensa mirada, notó cómo las
mejillas le ardían y tuvo que bajar la mirada. Estaba tan avergonzado porque le
hubiera pillado mirándolo de un modo muy poco inocente que decidió prestarle
atención al enfermero doncel que le atendía con cuidado. Tendría unos cuantos
moretones a causa de la pelea, pero el joven le dio una pomada y le pidió que
se la pusiera por las zonas heridas en cuanto estuviera a solas.
Después
de eso, la preocupación por Sasuke le pudo y decidió ir a ver si estaba bien.
Estaba un poco confundido por verlo como un hombre; es decir, estaba claro que
era un... un... hombre lobo (todavía le resultaba muy difícil asimilarlo), pero
durante seis meses lo había visto como a su compañero peludo, y ahora era el...
varón más caliente que jamás había visto. Le resultaba difícil aceptar cómo su
cuerpo reaccionaba a él.
Sin
embargo, cuando lo encontró en el sofá junto a una enfermera que le estaba
tocando el brazo de un modo muy poco profesional, se le hincharon los mofletes
de rabia y fue hacia ellos con cara de pocos amigos.
—¿Cómo
estás? —le preguntó a Sasuke.
Al
oír su voz, este se levantó de un salto y lo recorrió con la mirada mientras le
cogía delicadamente por las caderas.
—Nada
que no vaya a curarse, ¿qué hay de ti? ¿Te duelen los golpes? —Sus ojos se
oscurecieron con rabia al ver la marca roja que tenía en la mejilla, de cuando
ese cabrón había aplastado su cara contra el suelo.
A
Naruto le gustó demasiado que se hubiera apartado tan rápido de esa mujer, y no
pudo evitar sonreír un poco al detectar su preocupación por él. Cuando iba a
decirle que estaba bien, la enfermera apareció junto a Sasuke y se interpuso
entre ellos, haciendo que el rubio la fulminara con la mirada.
—No
estás bien, Sasuke. —¿Sasuke? ¿Por qué lo llamaba por su nombre? ¿A qué venía
tanta familiaridad?, se suponía que era una profesional y tenía que
llamarle señor y tratarle
de usted—. No debes moverte y hay que cambiarte la gasa cada pocas horas.
Sasuke
estrechó los ojos.
—Pff,
no es nada —replicó, cortante.
La
mujer se mordió el labio inferior, evidentemente seducida por su carácter de
tío duro, y volvió a pasar las manos por su pecho, haciendo que Naruto echara
humo por las orejas.
—Sasuke,
necesitas muchos cuidados profesionales. ¿Qué te parece... si vienes a mi
casa... y yo me ocupo de ti?
Naruto
sintió el irrefrenable impulso de tirarle del pelo para apartarla.
—Yo
puedo cuidar de él —soltó, sin pensar siquiera en si Sasuke tenía algo que
decir al respecto.
Sin
embargo, este esbozó una amplia sonrisa al escucharle.
—Sí,
Naruto se encargará de mí.
Pero
cuando hizo amago de ir hacia él, la enfermera se cogió de su brazo y pasó un
dedo por su amplio pecho, negándose a perderlo de vista.
—Sasuke,
querido, tu amigo no tiene los conocimientos necesarios para cuidarte... y yo
soy muy experimentada.
El
rubio tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no
estrangularla. Aparte de insinuar que ella era genial en la cama, acababa de
decir que él no valía para echar un buen polvo.
Pedazo
de zorra.
Pero
antes de que cediera a sus instintos asesinos, se dio cuenta de que Sasuke
estaba tenso. Al mirar su rostro, notó que tenía la nariz arrugada y los labios
apretados. En ese momento, recordó que a él nunca le había gustado que lo
tocara un desconocido, ni siquiera las mujeres, tan solo parecía sentirse
cómodo con las caricias que le daba él y los niños.
Eso
hizo que se enfadara aún más, ¿quién coño se creía esa puta para incomodarlo?
—Eh,
deja de manosearlo que es mi novio.
La
enfermera se quedó con la boca abierta mientras que Sasuke sonrió como un niño
a punto de abrir su regalo de Navidad. Sin embargo, la mujer le echó un vistazo
rápido y luego lo miró con una sonrisa despectiva.
—¿En
serio? Será en tus sueños, ¿no?
Eso
le sentó a Naruto como una bofetada. Bankotsu también le reprochaba que no
hiciera más ejercicio, no es que él estuviera gordo, al contrario, era delgado,
pero no tenía una figura más atlética y sus muslos no eran, digamos, solo
músculo.
Él
siempre había defendido que no necesitaba parecer uno de esos donceles que
salían en las revistas de moda para estar con un hombre pero, aun así, dolía
cuando insultaban su físico.
—¿Qué
has dicho?
La
voz profunda y amenazadora de Sasuke lo sacó de sus pensamientos. Este se había
soltado de las manos de la enfermera y ahora se interponía entre él y ella como
si quisiera protegerlo de sus crueles palabras.
Se
estiró en toda su altura y la asesinó con sus temibles ojos.
—¿Estás
insinuando que mi novio no es hermoso? —preguntó lentamente.
La
enfermera se encogió y los miró incrédulos.
—¿Quieres
decir...? ¿Tú...?
—Naruto
es el doncel más sexy, valiente, ingenioso y tierno que existe, y preferiría
meter mi polla en la madriguera de un oso hambriento antes que perder un solo
minuto de mi tiempo con una perra fría como tú. —La mujer y el rubio no fueron
los únicos que se quedaron con la boca abierta, los policías que había cerca y
que habían presenciado la escena hicieron una mueca de dolor por la respuesta
del apuesto varón. Este, por otro lado, envolvió la cintura del doncel con
cuidado y lo empujó hacia la salida—. Vámonos, cariño, dejaré que me pongas la
pomada en todos los sitios que consideres necesarios —añadió, guiñándole un ojo
y provocando un violento sonrojo en Naruto.
Puesto
que su casa era la escena de un atraco y la policía aún tenía que tomar fotos y
algunas pruebas, el jefe les recomendó pasar la noche con algún amigo o en un
hotel. Después de que Naruto se cambiara de ropa para poder salir fuera y coger
su cartera, un misterioso y elegante coche los recogió a él y a Sasuke y los
llevó a algún lugar. Cuando le preguntó a su acompañante, que todavía lo
envolvía de un modo muy íntimo con los brazos, este le aseguró que no tenía de
qué preocuparse y que lo dejara todo a su cargo.
Su
destino resultó ser uno de los mejores hoteles de la ciudad, dejando a Naruto
con la boca abierta cuando todos los empleados parecían conocer a Sasuke y
tratarlo como si fuera uno de los mejores clientes de allí, teoría que pareció
confirmarse cuando un doncel los acompañó en el ascensor hasta la última planta
y les abrió lo que era probablemente la suite más lujosa que Naruto vería en
toda su vida.
Sasuke
se quedó un momento en la puerta para despedirse del empleado.
—Gracias
por enviarme el coche.
El
doncel le sonrió afablemente.
—Es
un placer, señor Uchiha, más todavía al verlo acompañado. Que pasen una buena
noche.
En
cuanto se cerró la puerta, Naruto se sintió muy nervioso. Estaba a solas con un
hombre lobo, ¡un puñetero hombre lobo de verdad! Lo había visto transformarse
con sus propios ojos de un modo horrible, con crujidos de huesos y todo, como
si fuera una película de terror... ¿Cómo se suponía que iba a digerir eso?
—Naruto.
Pegó
un salto al escuchar la voz de Sasuke y retrocedió un poco al verlo acercarse.
Sin embargo, el hombre lobo lo contemplaba con dulzura cuando se arrodilló en
el suelo, dejando al rubio totalmente confundido... aunque se sintió un poco
mejor al verlo en esa postura, pero no sabía por qué.
—¿Qué...?
¿Qué haces?
Sasuke
esbozó una media sonrisa dubitativa.
—En
esta postura, soy más bajo que tú y no puedo agarrarte fácilmente, así te
sientes más seguro. —Naruto parpadeó, sorprendido. El hombre lobo inspiró y se
inclinó un poco hacia él, apoyando una mano en el suelo—. Naruto, puedes estar
tranquilo, en el fondo sabes que yo nunca te haría daño.
—Yo...
Yo no... —intentó decir algo, pero de repente se sentía perdido, era incapaz de
pensar con claridad lo que quería decir, solo sabía que estaba asustado y
ansioso y que quería esconderse en alguna parte.
Sasuke
siguió hablándole con su voz grave y profunda, pero en un tono muy suave.
—Acabas
de pasar por una experiencia traumática, Naruto. Han entrado en tu propia casa,
te han atacado y han intentado violarte —esto último lo dijo en un gruñido,
delatando su rabia por ese hecho—. Es comprensible que tengas la sensación de
que no estás seguro en ninguna parte si no lo has estado en tu propio hogar, no
debes sentirte débil o estúpido por eso, ¿de acuerdo? Encima me has visto
transformarme —añadió, haciendo una mueca y después dedicándole una leve
sonrisa—. No era así como tenía planeado decírtelo, ¿sabes? Se suponía que ibas
a conocerme mañana en tu cafetería favorita... como hombre, quiero decir —dicho
esto, frunció un momento el ceño y relajó un poco más su postura—. En el fondo
sabes que no te haré daño, porque si fuera así, no me habrías llevado a tu
habitación para esconderme de la policía, ni me habrías dejado tu ropa, ni
habrías mentido por mí... ni tampoco te habrías quedado a solas conmigo. Puede
que no supieras mi secreto, pero me conoces. He estado contigo seis meses y
nunca he hecho nada que pudiera herirte. Lo sabes, pero estás asustado por toda
la situación que has pasado.
Naruto
notó que se le anegaban los ojos de lágrimas. Todo lo que había dicho Sasuke
era cierto, desde que tenía miedo porque no se sentía seguro en ninguna parte
hasta que era consciente de que él no le haría daño. Habían vivido juntos
durante meses, y él nunca había hecho siquiera el amago de morderlo, tan solo
le había gruñido las primeras veces que se vieron, cuando él iba a cuidarlo a
la clínica veterinaria, pero después de eso, no había hecho otra cosa aparte de
ofrecerle su compañía y consuelo.
Con
un nudo en la garganta, fue hacia Sasuke, quien se levantó y lo estrechó entre
sus brazos con fuerza. Tembloroso, enterró el rostro en su pecho para que no
viera que estaba a punto de llorar.
—Tranquilo
—susurró contra su oído mientras le frotaba la espalda y le acariciaba el
cabello—. Desahógate, deja que salga todo.
Naruto
no quería hacerlo pero, al final, no pudo evitar que las lágrimas cayeran y,
una vez empezó, no pudo parar. Sasuke no dijo nada, solo lo levantó en brazos y
lo llevó a la enorme cama, donde se tumbaron y él continuó abrazándolo y
ofreciéndole su hombro para llorar.
No
estuvo seguro de cuánto tiempo estuvo así, pero teniendo en cuenta que empezaba
a dolerle la cabeza y que notaba los ojos hinchados, sabía que había sido
bastante. La verdad es que se sintió un poco mejor, ya no tenía tanto miedo y
sentía que estaba más despejado. Se limpió los ojos con la manga de la camiseta
y levantó la cabeza para mirar tímidamente a Sasuke. Este no parecía asustado
por el probable aspecto deplorable que tenía, sino que le sonrió con ternura y
le acarició el rostro.
—¿Mejor?
—Sí
—dicho esto, bajó la vista y se sonrojó un poco—, siento esto.
Sasuke
lo atrajo hacia su pecho y lo estrechó con fuerza y cariño.
—Naruto,
ha sido una mala experiencia, es normal que estés así ahora que lo has
asimilado —dicho esto, le besó en la cabeza—. Has sido muy valiente, no todo el
mundo se habría enfrentado a esos atracadores.
—No
me sentía muy valiente, estaba muerto de miedo —confesó el rubio.
—Lo
sé, olí tu miedo, pero eso no te detuvo. Luchaste hasta el final, estoy
orgulloso de ti.
Esas
palabras lo calentaron por dentro. Entonces, pensó en la descarga eléctrica que
había recibido Sasuke para salvarle y le miró preocupado.
—¿Te
duele mucho?
El
hombre lobo le sonrió y frotó su nariz contra la suya.
—No
te preocupes por mí, sanaré pronto —dicho esto, hizo una mueca y se retorció,
levantándose la camiseta que le había dado Naruto y arrancándose la gasa que le
había puesto la enfermera.
—¡Sasuke!
—lo regañó Naruto, inquieto porque se pudiera hacer más daño.
—Esto
no me sirve para nada y es muy incómodo —dicho esto, contempló el rostro
magullado del rubio y frunció el ceño—. En cambio, tú sí necesitas cuidados.
¿Has traído esa pomada que te ha dado el enfermero?
Naruto
parpadeó. No sabía que Sasuke hubiera oído su conversación.
—Sí,
está en la mochila. —El varón se levantó y fue a por ella—. ¿Cuándo has...?
—¿Creías
que no estaría pendiente de lo que te decía un médico? —preguntó este mientras
rebuscaba en la bolsa—, estaba concentrado en escucharlo por encima de la tonta
palabrería de esa puta enfermera. —Al ver que el rubio alzaba las cejas,
sorprendido, Sasuke esbozó una amplia sonrisa y señaló sus oídos—. Sentidos
agudizados, ventajas de ser un hombre lobo.
Se
estremeció un poco al escuchar esa palabra. No tenía miedo de Sasuke, tal y
como él le había dicho antes, pero... es que era difícil asimilar que fuera
real, que de verdad existieran criaturas como él. ¿Serían reales otros
cambiantes? Oh, mierda, ¿y si los vampiros existían también e iban por ahí
matando gente...?
—Sasuke,
sobre eso... —empezó a decir pero, de repente, Sasuke ya se había sentado
frente a él y había puesto un dedo en sus labios.
—Entiendo
que tienes muchas preguntas sobre mí... —dijo con suavidad mientras sus dedos
se deslizaban por sus labios, haciendo que Naruto se estremeciera ante la
caricia. Que Sasuke también contemplara su boca de un modo muy poco inocente no
le ayudó a calmar los acelerados latidos de su corazón— pero tendrán que
esperar. Han pasado muchas cosas esta noche y estás herido, necesitas
descansar. Voy a curarte y luego dormiremos, te prometo que mañana responderé a
todo. ¿Trato hecho?
Pese
a que el doncel quería saber algunas cosas, reconoció que estaba cansado y que
lo único que quería hacer era acurrucarse bajo las sábanas y dormir. Así que
accedió al plan de Sasuke con un asentimiento.
—Trato
hecho.
El
hombre lobo sonrió.
—Bien,
voy a ponerte la pomada.
—Puedo
hacerlo yo...
—Cuidaste
de mí durante más de un mes y medio y me has acogido en tu casa durante todo
este tiempo. Deja que ahora sea yo quien se encargue de ti —murmuró en un tono
bajo y seductor, que le puso la piel de gallina.
Incapaz
de decir nada, Naruto asintió con un fuerte rojo y permitió que Sasuke le
pusiera la pomada en la mejilla. Durante ese tiempo, no fue capaz de mirarlo,
estaba un poco avergonzado por cómo se sentía con él cuando era un hombre, no
era tan estúpido como para no darse cuenta de la atracción que ejercía sobre
él... Y sabía que no era solo por lo guapo que era, había conocido a varones
muy atractivos que habían resultado ser tan imbéciles que no habían despertado
absolutamente nada en él, pero Sasuke... su Sasuke, pese a ser distante y
desconfiado con los extraños, siempre había sido cariñoso con él, incluso ahora
se había dedicado a tranquilizarlo y consolarlo, hasta estaba cuidando de sus
heridas... y había peleado por él, para protegerlo, aunque resultara herido.
Era
un poco difícil no sentir nada por él, lo cual era curioso, porque apenas sabía
nada de él pero, al mismo tiempo, lo conocía bien. Era extraño.
Volvió
a la realidad cuando el hombre lobo retiró sus dedos de su rostro y le dijo:
—Ahora
quítate la camiseta.
Su
demanda hizo que Naruto pegara un saltito en la cama y se pusiera rojo como un
tomate.
—¿Qué?
Sasuke
esbozó una media sonrisa.
—Quítate
la camiseta, sé que tienes moretones ahí también.
El
rubio hizo amago de retroceder, pero se topó con la pared de la habitación. Al
ver los traviesos ojos de Sasuke, se sintió muy a su merced, y de un modo
tentador.
—Eh...
Si me dejas un momento a solas, yo me haré cargo.
—No
—dijo Sasuke alegremente e inclinándose sobre Naruto. La diversión estaba
presente en su mirada y en su sonrisa—. Ya lo hemos hablado, yo cuidaré de ti.
—Pero...
Para
entonces, el rostro de Sasuke estaba a escasos centímetros del suyo, por lo
que, cuando habló, sus labios rozaron su boca, como una erótica invitación para
que los probara.
—Naruto...
—murmuró en voz baja, ronca y grave—, por si no lo recuerdas, te he visto
muchas veces desnudo. En tu habitación cuando te cambiabas de ropa, en la ducha
mientras te lavabas... —aspiró aire abruptamente, como si ese recuerdo le
provocara una reacción salvaje y primitiva—. ¿En alguna de esas ocasiones me
transformé en hombre, te inmovilicé contra la pared y te follé hasta que me
pediste clemencia?
No,
no lo había hecho, pero empezó a desear que hubiera sido así.
Al
ver que no respondía, Sasuke se inclinó y le acarició el cuello con la nariz,
provocando que se estremeciera.
—Responde
—ordenó suavemente, aún con esa voz ronca tan sexy.
—N-No...
—contestó él con una mezcla entre susurro y gemido.
—No
—repitió Sasuke, inspirando hondo, como si tratara de controlarse—. Dame
entonces un voto de confianza, te prometo que seré buen chico —añadió en un
tono más burlón.
Pese
a que Naruto entendió la broma, eso no fue suficiente para quitarle el calentón
que tenía encima, aunque no se resistió cuando Sasuke le quitó fácilmente la
camiseta de manga larga, dejándolo desnudo de cintura hacia arriba y con las
mejillas ardiendo. Le sorprendía que toda su piel no estuviera sonrojada.
El
lobo gruñó suavemente al pasear la mirada por todo su torso.
—Mira
lo que le han hecho a tu hermoso cuerpo... —murmuró mientras su mano acariciaba
su cuello y bajaba por sus pectorales, rozándole tiernamente los pezones y
después descendiendo por su plano vientre. Naruto no pudo evitar arquearse para
alargar la caricia, logrando que Sasuke gruñera un poco más profundo—.
Cálmate...
—Lo
siento... —jadeó Naruto, abochornado por la ardiente reacción de su cuerpo.
Sasuke
esbozó una media sonrisa.
—Me
lo decía a mí mismo.
Muy
a pesar del rubio, el varón alejó su mano de él y le puso la pomada en las
zonas magulladas, allá donde había recibido los golpes de sus agresores. Los
dedos de Sasuke fueron amables y no le hicieron daño en ningún momento, por lo
que poco a poco pudo ir relajándose bajo sus tiernas caricias y, cuando le
pidió que se tumbara boca abajo para seguir tratando los moretones de la
espalda, obedeció sin pensarlo.
Ahí
Sasuke se demoró para hacerle un masaje en la columna, los hombros y el cuero
cabelludo que lo habría dejado dormido si no fuera por la suave caricia de sus
manos que descendía por toda su espalda, lanzando una descarga eléctrica por su
cuerpo que culminó cuando el lobo enganchó sus pantalones y los bóxers y los
tiró hacia abajo.
Sobresaltado,
Naruto giró la cabeza para enfrentarse a él.
—¡Sasuke!
Este
frunció el ceño.
—Esos
malnacidos azotaron tu trasero. Quiero ver cómo está.
—Está
bien, ¡déjalo! —No era del todo cierto. Ese cabrón le había golpeado muy fuerte
y aún le picaba, pero no quería que Sasuke lo viera desnudo.
Pero
el hombre lobo no se daba por vencido fácilmente.
—Naruto,
no te alteres, no es la primera vez que veo tu bonito culo.
¿Sasuke
creía que su culo era bonito? Espera, ¡¿qué demonios importaba eso ahora?!
—¡Pero
tú quieres tocar!
Sasuke
puso cara inocente, pero sus ojos lobunos lo delataban por completo.
—Solo
para curarte... —dicho esto, el varón se colocó sobre su cuerpo, apoyándose
sobre sus brazos y rodillas para no aplastarlo, y susurró en su oído con una
dulce voz varonil que parecía haber sido diseñada para seducirlo—. Te he
prometido que sería bueno. Confía en mí, deja que te cuide.
Naruto
no pudo resistirse a ese tono tan sexy y, siendo sincero consigo mismo, en el
fondo deseaba sentir sus manos en esa parte tan íntima de su cuerpo, a pesar de
que también temía cómo respondería a su tacto si dejaba que lo tocara.
De
modo que asintió y enterró la cara en la almohada, esperando que no fuera tan
malo como imaginaba. Tembló un poco cuando notó que Sasuke le quitaba los
pantalones del todo y que bajaba sus bóxers hasta sus rodillas. La maldición
que soltó hizo que su vergüenza disminuyera un poco.
—Mierda,
ese hijo de puta te pegó más fuerte de lo que creía —mientras decía eso,
acarició suavemente sus nalgas, haciendo que se sonrojara fuertemente. Aun así,
era muy agradable tener esas grandes manos varoniles sobre su trasero, tenían
una textura ligeramente áspera que lo excitó—. Tendría que haberlo matado por
atreverse a poner sus sucias zarpas sobre ti.
Sus
palabras lo sobresaltaron y apartó la cabeza de la almohada para mirarlo.
—¿Lo
habrías matado por mí?
Sasuke
lo miró con total seriedad.
—Mataría
a cualquiera con tal de protegerte y mantenerte a salvo. Mataría a cualquier
hombre que intentara tocarte —añadió, en un tono muy posesivo que pilló a
Naruto por sorpresa—. Pero a ti nunca te haría daño, no importa lo enfadado que
esté.
Después
de eso, Sasuke esparció la pomada por su trasero con delicadeza, frotando sus
nalgas con los dedos, haciéndole un masaje. Pero en esta ocasión, Naruto no se
relajó, solo podía ser consciente de las manos de Sasuke acariciándolo,
tocándolo de un modo que le hacía arder y que enterrara la cara en la almohada,
resistiendo por todos los medios las ganas de gemir. Lo peor de todo es que, en
algún momento, su entrada empezó a humedecerse.
Solo
esperaba que Sasuke no se diera cuenta. Se moriría de la vergüenza si lo
notaba.
De
repente, este soltó un profundo gruñido inhumano que le hizo estremecer. No
tenía ni idea de que eso pudiera sonar tan sexy.
—Será
mejor que me detenga —comentó Sasuke con la voz enronquecida. Sus manos
abandonaron su trasero para ascender por su espalda hasta que las apoyó a ambos
lados de sus hombros para inclinarse sobre su cuerpo. Tembló cuando sus labios
le rozaron la oreja—, porque si sigo tocándote así, acabaré rompiendo mi
promesa. Vamos a dormir.
Naruto
todavía estaba sonrojado cuando Sasuke le subió los bóxers y se apartó de la
cama. Un poco abochornado por toda la escena, se sentó de un salto y rebuscó
con rapidez su ropa entre las sábanas, deseando vestirse y dejar de sentirse
tan expuesto. Sin embargo, cuando iba a ponerse los pantalones, Sasuke le miró
con cara de pocos amigos y le señaló con un dedo.
—Tira
eso.
Naruto
lo miró sin comprender.
—¿Por
qué?
—No
voy a permitir que duermas con vaqueros, es incómodo. Toma esto. —Le lanzó un
enorme camiseta de algodón que a Naruto le vendría como si fuera un vestido.
Este se lo quedó mirando con los ojos como platos.
—Sasuke,
esto es por lo menos cuatro tallas más grande.
El
lobo le dedicó una media sonrisa.
—Póntelo,
dormirás bien con eso.
Al
final, el doncel no tuvo otro remedio que obedecer y, tal y como había
supuesto, la prenda le llegaba hasta por encima de los muslos, lo justo para
cubrir su ropa interior, tenía que remangarse para tener libres las manos y el
cuello de la camiseta dejaba al descubierto uno de sus hombros.
El
gruñido suave de Sasuke lo distrajo y lo miró. Sus mejillas se encendieron al
darse cuenta de que él también se había cambiado y se había puesto unos
elásticos pantalones cortos, dejando al descubierto su impresionante pecho.
—Te
queda bien —le dijo este.
Naruto
volvió a mirarse y frunció el ceño.
—Parezco
un niño con esto.
—Bobadas,
estás adorable —contradijo Sasuke, que volvió a subirse a la cama y se acercó
mucho al doncel, quien volvió a sentirse nervioso con su cercanía. El lobo alzó
una mano y le acarició el hombro desnudo mientras volvía a soltar ese suave
gruñido—. Siempre quise verte así.
—¿Así?
—preguntó Naruto, confundido.
Al
darse cuenta de lo que había dicho, Sasuke se sobresaltó y negó con la cabeza.
—Olvídalo.
Ahora a dormir.
En
un segundo, Naruto se vio tumbado en la cama, con Sasuke pegado a su espalda y
abrazándolo por la cintura. Cuando pasó una manta por encima de ellos, su
corazón se aceleró.
—Sasuke,
puedo dormir en otro sitio —se ofreció con timidez. Sabía que no era la primera
vez que dormían juntos, pero ahora que su lobo era un hombre que parecía haber
salido de sus más salvajes fantasías, pues... era bastante diferente.
En
respuesta, este pasó una pierna alrededor de las suyas, apresándolo, lo
estrechó con más fuerza contra él y enterró el rostro en el hueco de su cuello,
haciéndole jadear por sentir sus labios rozando esa zona tan sensible.
—No
—declinó su oferta con firmeza—. Duermes conmigo.
—Pero...
—Si
no quisiera dormir contigo, no te habría llevado a mi habitación ni te habría
dado mi ropa. Yo no soy humano, no hago todo esto por ser educado o amable, lo
hago porque te quiero justo donde estás ahora. —Hizo una pausa en la que cogió
su mano y le besó los dedos antes de entrelazarlos con los suyos—. Duerme
—añadió con más suavidad.
Tras
un segundo más de duda, Naruto aceptó que su compañero era más cabezota que él
y trató de relajarse. A decir verdad, era agradable tener a Sasuke contra él,
su cuerpo era caliente y grande, y sentir el modo en que lo tenía envuelto le
hizo sentirse seguro y protegido. Sin apenas ser consciente, se acurrucó un
poco más contra él y cerró los ojos, quedándose prácticamente dormido al
instante.
—Buenas
noches, Sasuke —bostezó.
—Buenas
noches, Naruto —susurró Sasuke, besándolo en el hombro.

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