Mi promesa
Aquella mañana me desperté más tarde de lo habitual, las nubes cubrían la luz solar y anunciaban un día lluvioso. De haber sabido entonces lo que me esperaba, habría ido a la cama de Naruto y me habría acurrucado a su lado, aspirando su olor y memorizando el calor de su cuerpo para que me acompañara. Sin embargo, lo que hice fue desperezarme con calma, flexionando los músculos y estirando las patas una a una. Sí, las traseras también. Ya llevaba dos meses en casa de Naruto y me sentía prácticamente curado. Había estado corriendo los últimos días y, aunque todavía no estaba al cien por cien y había cierta torpeza en mis movimientos, las heridas de mis patas se habían cerrado y soportaban mi peso y la carga de una carrera. Necesitaría un poco más de tiempo para estar en plena forma, pero, al menos, ya era lo bastante funcional como para moverme por mi cuenta. Aparte de mi progreso físico, estaba… feliz, más o menos. No sabía bien cómo definir el sentimiento, aún sentía la tri...