Capítulo 7. Ventisca
—Sasuke,
es la hora.
Contengo
las ganas de inspirar hondo. En vez de eso, aparto un poco a Heiwa de mi pecho,
donde ha estado abrazado a mí desde que hemos entrado en el juzgado, y le
sonrío.
—Tranquilo,
todo irá bien. En unos días, esto solo será un mal recuerdo, ¿de acuerdo?
El
pequeño traga saliva, pero asiente de todos modos. La inquietud que veo en sus
ojos hace que odie aún más a Fugaku.
Tener
que explicarle que podían quitarme su custodia había sido una de las cosas más
duras que he tenido que hacer, a pesar de que a lo largo de estos dos meses me
he asegurado de repetirle que eso no sucedería, que sus padres me confiaron su
cuidado y que todos los cargos de los que me acusaba Fugaku eran ridículos y
que el juez lo vería.
Y,
aun así, no había sido suficiente para que estuviera tranquilo, no del todo, al
menos. Aunque hice mi mejor esfuerzo para aparentar que no me afectaba, igual
que mi madre y Naruto, Heiwa ha estado inquieto. Como si no tuviera bastante
con el luto por sus padres, Fugaku tenía que hacernos esto. He perdido la
cuenta de cuántas veces he dormido con él porque estaba asustado o había tenido
una pesadilla o la cantidad de veces que nos hemos quedado abrazados durante
nuestro tiempo libre.
Naruto
también me ha contado que en la escuela ha estado más distraído de lo habitual,
pero insistió en que mantuviera la rutina, que era importante para que sintiera
cierta normalidad; no lo calmaría del todo, pero ayudaría a que no se viniera
abajo.
Di
gracias por su presencia durante este tiempo, su actitud jovial y optimista
había impedido que el ambiente en casa fuera depresivo y se había esforzado
mucho por mantenernos distraídos. En cierto modo, el hecho de que haya llegado
aquí de una pieza ha sido gracias a él.
También
me ha convencido de que lo estoy haciendo bien, de que mis errores del pasado
no afectan a mi presente. Puedo criar a Heiwa y darle una vida feliz, nuestro
luto solo es una etapa que acabará pasando.
Me
alegro de que haya sido tan pesado estos meses con eso, sé que Fugaku lo usará
en mi contra y, pese a que me habría gustado hacer las cosas de otra forma,
ahora puedo enfrentarlo sin mostrar debilidad.
Porque
eso es lo que busca, debilidad. Quiere que me derrumbe, demostrar que no estoy
en condiciones de cuidarlo.
Aún
no he terminado de sanar, es cierto. El hielo sigue ahí, agazapado como un
depredador, esperando a que baje la guardia para atenazar mi garganta. En otras
circunstancias, tal vez podría conseguirlo; no sería la primera vez que la
mención de mi hermano haría que mi corazón se encogiera, pero hoy es diferente.
Hoy
estoy alerta y preparado, sé que va a por mí. Puede que no me convierta de la
noche a la mañana en la mejor figura paterna para Heiwa, sé que tendré dudas y
que cometeré errores, pero también estoy convencido de que Fugaku será nefasto,
peor de lo que podría hacerlo yo nunca.
No
podíamos perder este juicio. Bajo ningún concepto.
—Escucha
a tu tío, Heiwa. —Sakura le dio un suave apretón a Heiwa en el hombro—. En un
par de horas volveréis juntos a casa. Después de todo, tenemos a la mejor
abogada del mundo.
Se
me escapa una pequeña sonrisa mientras miro de reojo a Lucy. Está unos metros
más atrás, revisando unos documentos de su carpeta, absorta en ellos. Pese a
que estoy seguro de que se sabe toda la información de memoria, verla
concentrada hasta el último segundo me tranquiliza.
Sé
que las custodias no son el ámbito en el que más se movía, ella misma me lo
dijo, pero tiene muchos años de experiencia en casos infantiles y no me cabe
duda de que nadie se tomará más en serio este juicio que ella. Además, Lucy
tiene talento y es brillante, ha nacido para ser un tiburón en la abogacía y,
por muy inteligente que sea, dudo que Fugaku y su abogado puedan competir con
ella. No tengo ni idea de qué argumentos piensa presentar para afirmar que no
puedo cuidarlo, pero seguro que no se acerca a Lucy; ha rebuscado en mierda que
a mí ni se me habría pasado por la cabeza, había cosas que ni siquiera sabía
que sucedieron. Cosas que me han hecho pensar que, tal vez, era capaz de ir más
lejos de lo que creía.
Sin
embargo, podemos resolver las cosas aquí y ahora, de forma definitiva.
—Pórtate
bien con Sakura —le digo, besándolo en la frente—. Te veré muy pronto, lo
prometo.
Heiwa
me abraza una vez más con fuerza antes de coger la mano de Sakura. Antes de
salir del juzgado, ella me dedica una sonrisa confiada, cree sinceramente que
su mujer nos sacará de esta.
Igual
que yo.
Me
yergo y enderezo mi traje antes de reunirme con Lucy. Naruto y mi madre están
con ella, estarán presentes por si el juez necesita hacerles preguntas, aunque
Lucy tiene todas las declaraciones que necesita.
—¿Estás
listo? —me pregunta mientras deja su carpeta de documentos bajo el brazo.
Mi
pecho se hincha en una respiración profunda y asiento.
—Acabemos
con esto.
Mi
madre me acaricia el brazo en un gesto reconfortante. Le sonrío con la
esperanza de no parecer tan tenso. No es que me dé miedo enfrentarme a Fugaku o
a un juicio, pero tampoco es una situación agradable y quiero estar alerta y
atento a lo que sea que vaya a pasar en esa habitación.
Como
si escuchara mis pensamientos, Naruto coge mi mano y me acaricia el dorso.
Ahora que Heiwa ya no está, su sonrisa se ha desvanecido y su expresión se ha
endurecido. No parece nervioso ni intranquilo, sino que sus rasgos parecen
acentuados por una serena y feroz determinación que se refleja en sus ojos.
“Estoy
aquí”, parece que me está diciendo. Y, como por arte de magia, eso y su
contacto hace que me sienta un poco mejor, más confiado.
Lucy
nos conduce hasta la sala con paso firme y cabeza alta. No es una habitación
grande, solo hay unas cinco hileras de sillas con un pasillo en medio que
conducen a tres mesas, la de la acusación y la defensa, donde ya nos esperan
Fugaku y su abogado, y la del juez, enfrente, con un asistente y un
transcriptor.
Fugaku
apenas nos dirige una mirada cuando entramos, como si solo fuéramos una mosca
que acaba de invadir el espacio que lo rodea. Su abogado, un hombre de mediana
edad y pelo engominado, frunce el ceño al ver a Lucy, aunque ella no le dedica
atención alguna.
El
juez, un hombre mayor con gafas pequeñas y una barba gris muy cuidada, hace un
gesto con la mano para que tomemos asiento. Lucy y yo nos sentamos a la mesa,
Naruto y mi madre se quedan justo detrás, en las sillas.
—Bien,
ahora que ambas partes están presentes, podemos comenzar. —Echa un vistazo a
unos papeles que le muestra su asistente, una mujer joven que le señala unas
líneas—. Estamos aquí por el caso de custodia de Heiwa Okami. Según la
citación, su tutor y tío por parte paterna, Sasuke Okami, está acusado de negligencia
grave e interferencia parental. —Dirige la vista hacia Fugaku y su abogado—.
Pueden presentar sus argumentos.
El
abogado se levanta con una energía que, por algún motivo, me resulta agresiva.
Su tono mientras saca unos papeles que entrega a Lucy y al juez no ayuda a
menguar la sensación.
—Señoría,
este es un documento que demuestra que Heiwa posee una capacidad intelectual de
130, lo que lo convierte en alguien con altas capacidades. A pesar de las
continuas advertencias de mi cliente, el señor Okami ha ignorado el potencial
de Heiwa y lo mantiene en una escuela de prescolar que no posee los medios para
desarrollar su intelecto. Mi cliente cree que lo mejor para su educación sería
su ingreso en un centro especializado —dicho esto, regresa a su lugar en la
mesa y apoya las manos en la superficie con una pose que me resulta casi
predadora—. Aparte de eso, a mi cliente le preocupa que el estado emocional del
señor Okami por el fallecimiento de su hermano le impida encargarse
apropiadamente del bienestar general de Heiwa.
El
juez asiente y entrelaza los dedos por encima de la mesa con un gesto grave. Me
sorprende que se lo dirija al abogado nada más empezar.
—Comprendo
las preocupaciones de su cliente, letrado, pero no la acusación de
interferencia parental. Como ya le habrá explicado, la acusación solo es válida
para los padres del menor.
El
abogado se yergue.
—Es
consciente, señoría. Sin embargo, ahora que los padres no están, cree que Heiwa
debería tener todo el contacto posible con sus familiares. El señor Uchiha es
su abuelo y tiene derecho a las visitas.
Ante
el argumento, tengo que tragarme el gruñido de rabia que sube por mi garganta.
Sí, claro, como si Fugaku pudiera sentir algo remotamente parecido a la
empatía.
Por
suerte para mí, el juez frunce profundamente el ceño.
—Trataremos
el asunto, letrado, pero la acusación por interferencia no se aplica según la
ley y, por tanto, queda sobreseída.
Un
punto medio, tal y como Lucy había vaticinado. Pero es una buena señal, según
ella, porque significa que nos ha tocado un juez con cabeza. No ignora la ley y
se preocupa por el bien de Heiwa.
Menos
mal. Si nos hubiera tocado alguien más emocional, podríamos haber tenido
problemas. Las batallas sentimentales tienden a ser irracionales y, en nuestro
caso, Lucy prefiere los juicios basados en acciones y hechos. Aunque, me
advirtió, eso no significaba que no pudiera jugar a conmover el corazón del
juez si era necesario.
El
abogado se sienta dando las gracias, inmutable. También habrá predicho este
resultado.
Ahora,
es nuestro turno. Lucy se pone en pie a la señal del juez, que le indica que
desarrolle su defensa.
—Señoría,
mi cliente no solo tiene en cuenta las necesidades educativas de Heiwa —dice
antes de sacar una pila de documentos, que extiende tanto al abogado como al
juez—. Este es el plan de estudios que desarrolló el director de la escuela no
solo con un colega especializado en niños con altas capacidades, sino también
bajo la supervisión de Itachi Okami, el padre de Heiwa. Era su deseo que su
hijo no solo creciera a nivel intelectual, sino que estaba preocupado por sus
relaciones, ya que él tuvo dificultades durante su infancia y quería el
bienestar emocional de su hijo. Con este programa, Heiwa puede estimular su
inteligencia y aprender habilidades sociales que, como sabe, suelen ser una
dificultad en niños con su coeficiente intelectual. —Me señala con una mano—.
Mi cliente no solo respeta la opinión de su progenitor, sino que piensa del
mismo modo. No se trata únicamente del éxito académico que pueda tener Heiwa,
quiere evitarle los problemas de relaciones sociales que podría tener en el
futuro y darle una buena infancia en un entorno con niños de su edad.
El
juez observó los documentos con atención, igual que el abogado y Fugaku. No se
me escapa la mueca de desprecio que hace; por supuesto, no es lo bastante bueno
para él.
—Sería
necesario una comprobación —determina el hombre mayor—, pero si está avalado
por un especialista, me parece razonable.
El
abogado salta de la silla.
—Señoría,
con todo respeto, hay centros mejores y el señor Okami, pese a poder
permitírselo, le niega la mejor educación a Heiwa.
El
juez se inclina sobre su mesa con una mirada severa.
—Letrado,
este no es el lugar para discutir qué centro es mejor para niños con altas
capacidades. Si este programa ha sido elaborado por un experto en el área y el
centro tiene los recursos para llevarlo a cabo, la decisión de dónde tiene
lugar la educación del menor es del tutor. —Echa un breve vistazo a los
documentos—. Y, por lo que veo aquí, Heiwa lleva matriculado desde antes del
fallecimiento de sus padres. ¿Los señores Okami podían permitirse un centro más…
costoso?
El
abogado se tensó un poco.
—Sí,
señoría —responde entre dientes, para mi satisfacción.
—En
ese caso, este asunto queda cerrado.
Estoy
relajando los hombros cuando Fugaku se levanta, pidiendo permiso para hablar
con un tono firme y decidido. El juez se lo concede, haciendo que mis brazos se
tensen de nuevo.
—No
pongo en duda que mi hijo quisiera hacer feliz a Heiwa, pero, como alguien con
altas capacidades, me gustaría señalar que se le está negando una gran
oportunidad académica que estimularía su inteligencia. La infancia es una fase
importante para asentar las bases del aprendizaje; yo no tuve la suerte de
acudir a un centro donde me enseñaran a usar mis habilidades y tardé en
encontrar un método que se aplicara a ellas, por eso sé lo que está perdiendo.
Todo lo que pueda avanzar ahora, será también para evitar que sufra.
El
hombre mayor se inclina hacia adelante.
—¿El
programa que ofrece esta escuela no le parece suficiente?
El
labio inferior de Fugaku tiembla por un momento. Me da la sensación de que se
está conteniendo.
—Es
muy básico para alguien de su intelecto. Heiwa podría estar ahora mismo
estudiando el último curso de primaria.
Arrugo
la nariz y aprieto los puños. Sí, Heiwa era lo bastante inteligente como para
subir cursos rápidamente, pero ¿se había planteado cómo se sentiría entre gente
más mayor que él? Es un niño tímido y sensible, le cuesta acercarse a hablar
con desconocidos, incluso de su propia edad, así que, ¿cómo pretende Fugaku
ayudarlo a superar esos obstáculos sociales? Ah, sí, lo olvidaba, no tiene
intención de hacerlo porque, en su cabeza, tener un círculo de amistades o una
relación afectiva de cualquier tipo es una pérdida de tiempo.
No
me gusta que el juez se quede pensativo, como si considerara su comentario.
Maldita sea, yo no le he negado nada a Heiwa, hago lo que creo que es mejor
para él y…
De
repente, el hombre se gira hacia mí.
—¿Cuál
es su opinión al respecto, señor Okami?
Por
un instante, me quedo paralizado, no esperaba que me dirigiera la palabra. Aun
así, me recompongo en unos segundos y me levanto, aprovechando para inspirar
hondo y mantener los nervios a raya.
“Responde
con calma y sinceridad”, me había dicho Lucy, “el juez verá que te preocupas
por Heiwa y que estás ejerciendo tu papel de tutor lo mejor posible. Nadie sabe
cómo ser un buen padre, así que eso es lo único que le importará”.
Puedo
hacerlo, lo haré. Por Heiwa.
—Señoría,
no es mi intención negarle ninguna oportunidad a Heiwa. —Mi voz es tranquila y
decidida, rozando el tono profesional que uso en el trabajo. Mantengo la cabeza
en alto, mirándolo a los ojos, que sepa que no titubeo, que he pensado en esto
antes—. Sin embargo, hay dos motivos por los que he decidido dejar a Heiwa en
la escuela en la que estaba. El primero es porque comparto las inquietudes de
mi hermano; él sí tuvo la oportunidad de acudir a un centro especializado y no
tuvo una buena experiencia. Como a él, me preocupa que solo se priorice la
inteligencia de mi sobrino y que no le den la oportunidad de enseñarle cómo
relacionarse con otros.
El
juez asiente con comprensión y me indica que continúe con un gesto de la mano.
—El
segundo… —Hincho el pecho, respirando profundamente antes de hablar—. El
segundo es por la muerte de sus padres. Heiwa aún está de luto y creo que lo
más importante para él ahora mismo es que llore esa pérdida y la supere. No me
pareció buena idea someterlo a un gran cambio justo después de perder a sus
padres. —Hago una pausa para tomar otra respiración—. El año que viene empieza
la primaria. No me opongo a que vaya a un centro especializado, señoría, y
menos si a él le gusta el lugar, simplemente no quiero que deje de jugar y
divertirse. Comprendo la importancia de una educación adecuada a sus
capacidades, pero es un niño y quiero, como sus padres, que tenga una buena
infancia más allá de los estudios.
El
hombre se reclina en su asiento, mirándome. No sé descifrar su expresión.
—Usted
también está de luto por su hermano.
Me
doy cuenta de que no es una pregunta, pero, aun así, asiento.
—Sí,
señoría.
—¿Cómo
cree que lo está llevando?
Es
una pregunta que no me gusta responder. Pensar que podría haberlo hecho mejor
desde el principio me hace sentir culpable, indigno de la confianza de mi
hermano e Izumi, pero, como me había señalado Naruto, llorar la pérdida de
Itachi era natural y nadie esperaba que estuviera bien o siquiera preparado
para ocuparme de repente de un niño, de ejercer de padre.
Nadie
era perfecto, ni se esperaba que lo fuera, así que respondí:
—Al
principio fue muy duro. No sabía cómo afrontarlo frente a Heiwa ni tampoco cómo
ayudarlo… cómo acompañarlo en la pérdida. Tenía miedo de decir o hacer algo
equivocado, nunca antes había tenido a un niño a mi cargo, no como tutor, al
menos. Pero, al final, tuve ayuda y me dieron buenos consejos. Todavía es
difícil, pero Heiwa y yo intentamos pasar página juntos; ahora ya nos hemos
adaptado el uno al otro y estamos mejor, hay días buenos y divertidos, y otros
en los que aún recordamos a sus padres, pero saber que estamos juntos para
superarlo es reconfortante para ambos.
Una
emoción brilla en los ojos del juez. No sé decir cuál es, pero imagino que ha
encontrado en mi respuesta lo que quería saber. Se gira, aún con el rostro
serio, hacia Fugaku.
—¿Y
usted, señor Uchiha?
No
me he dado cuenta de que me estaba mirando. A él sí puedo leerlo, tiene esa
expresión de decepción que me lanzaba cuando era pequeño, cuando se dio cuenta
de que no era un genio como mi hermano y lo demostraba cada vez que abría la
boca, según él.
Se
endereza en su silla, dirigiéndose al juez.
—Me
encuentro bien, señoría. Mi estado no afectará a la educación de Heiwa.
Me
parece que la boca del hombre se tuerce, pero el gesto es tan fugaz y pequeño
que no puedo estar seguro. Fuera como fuera, alarga la mano hacia su asistente
para señalarle unos papeles.
—Pedí
una evaluación psicológica de los presentes y el menor. —Coge los documentos y
les echa un vistazo rápido—. Según los resultados, tanto este como su tutor
están, en efecto, en fase de luto, pero el psicólogo determinó que la evolución
es especialmente positiva. —Deja los papeles sobre la mesa y le dedica una
mirada seria a Fugaku y su abogado—. ¿Tienen alguna otra prueba o testimonio
que quieran presentar?
Frunzo
el ceño. Es algo vago ya que el juez no lo dice expresamente, pero tengo la
sensación de que ha llegado a una conclusión y que no es nada favorable para
Fugaku, por eso pide más pruebas.
No
me gusta que el abogado se levante y entregue en silencio unos papeles a Lucy y
el juez. Este arruga la frente.
—¿Qué
es esto?
—El
entorno en el que vive Heiwa a diario —dicho esto, señala de repente a Naruto—,
con el director de una escuela que dejó morir a una niña.
Me
envaro por puro instinto, estoy a punto de saltar para defender a Naruto cuando
Lucy pone una mano en mi hombro y me lanza una mirada significativa. Tardo
pocos segundos en comprender la jugada.
Hijo
de puta. Lo ha hecho para provocarme, para que estalle. Incluso si no lo hago,
la declaración es grave, soy consciente.
Me
giro para ver cómo está mi pareja. Noto sus músculos tensos y la forma en la
que asesina al abogado con la mirada, pero no pierde el control.
El
abogado se aprovecha de ese instante de conmoción para presentar su historia.
—Mientras
ejercía la psicología, este hombre dejó que una niña fuera asesinada mientras
estaba bajo su cuidado. Abandonó su profesión tras el incidente y lo cambió por
otro aparentemente más seguro, pese a que sigue estando a cargo de niños…
—¡Protesto!
—ladró Lucy de repente, fulminando al abogado—. Señoría, solo presenta
conjeturas y no hechos.
—La
muerte de la niña es un hecho, y su caso estaba asignado al señor Namikaze…
—¡Orden!
—gritó el juez, mirando a ambos abogados con rabia por primera vez—.
Compórtense en mi sala o me veré obligado a retrasar el juicio, lo que sería un
perjuicio al bienestar del menor, y no pienso permitirlo, ¿entendido? —Ambos
asienten en silencio. El juez le lanza una mala mirada al abogado de Fugaku—.
Letrado, no quiero hipótesis, ni teorías, ni dramatizaciones en mi sala, solo
hechos consumados. ¿Tiene pruebas de que ese hombre es un peligro para Heiwa
Okami? Y, antes de que replique, sabe que estos documentos solo prueban el caso
de la muerte de la menor y no una resolución judicial que indique cualquier
tipo de responsabilidad.
—Sí,
señoría, pero, si me lo permite, este hombre forma parte de la vida diaria de
Heiwa y es importante remarcar este suceso y la implicación del señor Namikaze
en él.
El
juez todavía tiene cara de malas pulgas, pese a que es evidente que está
sopesando su solicitud.
Aprieto
los puños, quemándome por dentro. Es muy injusto, entiendo que su trabajo es
valorar la seguridad de Heiwa, pero no me parece bien que juzguen a Naruto sin
tener en cuenta todo el caso…
—A
la defensa le parece bien, señoría —suelta Lucy de repente.
¿Qué?
Veo
que saca un par de carpetas de un dedo de grosor y les pasa, como siempre, una
copia al juez y otra al abogado. Este la mira con los ojos muy abiertos, igual
que yo. ¿De verdad se había anticipado a esto? Maldita sea, sé que es buena y
minuciosa, pero no esperaba que llegara tan lejos.
—Aquí
tengo la transcripción del juicio en el que se determina que el señor Namikaze
no dispuso de sesiones suficientes para identificar a tiempo las señales de
peligro y que lo eximen de cualquier responsabilidad. También verá que la Junta
de Gobierno del Consejo General de Psicología dio su visto bueno tras un
período de terapia y una evaluación para que siguiera ejerciendo el oficio. Si
no lo hizo, fue por decisión propia, no por ningún tipo de negligencia —dicho
esto, regresa a su asiento a mi lado y se cruza de brazos con la barbilla alta.
Joder,
quiero aplaudirle.
El juez ojea los documentos del final,
seguramente donde se dicta la resolución, y asiente.
—Este
asunto queda zanjado. ¿Hay alguna otra cuestión que se deba tratar?
Antes
de que el abogado de Fugaku pueda abrir la boca, Lucy se abalanza como un
tiburón sobre una presa aturdida.
—Señoría,
a la defensa le gustaría presentar unos documentos para tratar la seguridad de
Heiwa.
Una
vez más, hace entrega de un fajo de documentos al abogado y al juez. Junto las
manos y aprieto los dedos, sospechando lo que hace. ¿Va a golpear con todo
ahora?
—Como
puede ver, el señor Uchiha trató de visitar a Heiwa durante su horario escolar
y sin previa citación ni justificante de su tutor legal usando un subterfugio.
También tiene una declaración jurada por mi cliente de que el señor Uchiha no
trató de comunicarse en modo alguno para obtener dicho permiso o programar
visitas previamente en su domicilio.
—¡Señoría!
—El abogado salta con tal ímpetu que por poco me sobresalto—. Mi cliente es un
familiar próximo al menor, debería tener la libertad de visitar a su nieto
cuando lo desee.
El
juez estrecha los ojos sobre uno de los documentos antes de levantarlos de
nuevo.
—¿Usando
la excusa de estar visitando la escuela?
—Se
trata de la declaración de una empleada del señor Namikaze, señoría, y somos
conscientes de qué lado está.
—¿Hipótesis
sin fundamento de nuevo, letrado? —pregunta muy despacio el hombre con un deje
de impaciencia en el tono.
Casi
sonrío. Creo que estamos ganando.
Antes
de que el abogado pueda recurrir a una elaborada respuesta, Lucy le corta la
salida a toda velocidad.
—El
señor Namikaze tiene cámaras en su escuela por motivos de seguridad. Ha traído
la copia del suceso en cuestión si desean hacer una comprobación.
El
abogado palidece mientras el juez hace un gesto con la mano para recibir la
prueba. Lucy entrega un pendrive, y, aunque la asistente tiene un ordenador, no
parece que vayan a ver las grabaciones en el momento. Puede que lo haga después
de este juicio, cuando sopese todas las pruebas y argumentos.
—¿Algo
que añadir, letrado?
El
hombre aprieta los labios, pero se sienta igualmente. Debe de ser consciente de
que no puede luchar contra un vídeo.
—No,
señoría.
Me
doy cuenta de que Fugaku le lanza una mirada asesina, a él y a Lucy. Pero eso
es todo, no les presta mucha más atención y se gira hacia delante con el ceño
ligeramente arrugado. Está concentrado en algo que gira en su mente, supongo
que urdiendo el siguiente paso. Me pregunto si algo de esto está saliendo como
quería porque, de momento, tengo la impresión de que Lucy va por delante.
—¿Me
explica estas transcripciones, letrada? —pregunta el juez, distrayéndome. Está
señalando otra carpeta gruesa.
Siento
un retortijón en el estómago.
—Es
el proceso judicial que inició el señor Uchiha contra la madre de Heiwa por el
supuesto secuestro de Itachi Uchiha hace diecinueve años, señoría.
Yo
no lo sabía hasta hace unas semanas. Mi madre se enteró años después, Itachi no
quería que usara el escaso dinero que ganaba en un abogado ni que a mí me
afectara de cara a mis estudios, sabía que me estaba esforzando mucho para
conseguir becas y reducir los gastos de forma que nuestra madre no trabajara de
más.
Se
las ingenió para contactar con los padres de Izumi y su abogado. Su testimonio
y las pruebas que les dio fueron suficientes para poder salir de aquella
macabra trampa de Fugaku para evitar que su hijo “perdiera el tiempo” con una
relación amorosa. Fue la gota que colmó el vaso, lo que hizo que mi hermano se
diera de cuenta de que no importaba cuánto tratara de satisfacer los deseos de
nuestro padre, nunca le dejaría tener su propia vida.
El
juez no es el único sorprendido, el abogado de Fugaku palidece y lo mira con
los ojos muy abiertos antes de susurrarle algo. Sin embargo, me pierdo su
reacción porque la voz del juez reclama mi atención.
—Explíquese,
letrada.
Lucy
se lleva las manos a la espalda con una postura firme.
—Los
padres de Heiwa eran pareja entonces, como puede comprobar en la declaración de
Itachi Okami. Este escapó de casa para irse de viaje con su novia a Nara, verá
en las fotos que, claramente, era una escapada en pareja. Si bien es cierto que
el señor Okami se marchó sin el permiso paterno, la señorita no tuvo ninguna
implicación criminal reconocible, tal como indica la resolución judicial. —Hace
una pausa, la justa para que calara la información pero lo suficiente breve
para evitar darle demasiadas vueltas—. Señoría, sé que es un suceso de hace
mucho tiempo, pero unido al reciente incidente en la escuela de Heiwa y su
acusación a Sasuke Okami sin pruebas sólidas, mi cliente está preocupado. El
propio Heiwa afirma no conocer a su abuelo, lo que indica o bien una ausencia
por su parte o que sus padres se habían distanciado. —Otra pausa, pero más
corta—. La defensa quiere creer que el señor Uchiha no supone una amenaza para
Heiwa, de hecho, mi cliente no había tomado medidas judiciales hasta recibir la
presente citación, sin embargo, esta situación ha terminado por generar muchas
dudas al respecto.
—¡Protesto!
—salta el abogado—. Señoría, habla con conjeturas.
El
juez no parece prestarle atención, está mirando todas las carpetas y papeles
que tiene sobre su mesa. Aun así, el abogado de Fugaku no se atreve a decir
nada, y Lucy tampoco hace nada para defenderse; considera su argumento lo
bastante sólido como para esperar el veredicto del hombre.
Este
levanta la mirada al final para dirigirla a Fugaku. Veo que fulmina a Lucy con
los ojos, juraría que está temblando de rabia.
—Señor
Uchiha, ¿quiere decir algo al respecto?
—Sí.
—Se levanta despacio, pero sin mirar al juez. Sus ojos se desvían hacia mi
madre—. La gente no lo entiende. Mi hijo era un auténtico genio, podría haber
llegado a resolver los problemas más complejos creados por el hombre y
contribuir al avance científico en aplicaciones matemáticas… Pero tenías que
malcriarlo. —Arruga la nariz, mirándola con un desprecio que hace que apriete
los puños—. Lo distrajiste de lo que era realmente importante, igual que tú —me
dice, clavándome una mirada helada—. Igual que esa mujer. Y ahora vais a
cometer el mismo error con Heiwa. Tiene talento para hacer grandes cosas y
vosotros vais a quitarle ese privilegio. Ninguno de vosotros tiene ni idea de
lo brillante que puede llegar a ser, no lo entendisteis con Itachi y ahora estáis
repitiendo el mismo error con mi nieto por un… arrebato de sentimentalismo inútil.
Conmigo, Heiwa dejará de centrarse en los muertos en una semana y podrá concentrarse
en convertirse en el genio que está destinado a ser. Pensad por un instante con
lógica y veréis que lo más sensato es dejarlo a mi cargo.
El
silencio inunda la sala después de su gélido arrebato.
Yo
estaba esperando que algún tipo de dolor me atravesara; los recuerdos de mi
hermano atrapado por mi padre, la decepción de Fugaku, su desprecio hacia mí y
mi madre, la sensación de ser inferior, esas ráfagas heladas de pérdida
azotándome en un cruel recordatorio de que Itachi ya no estaba aquí.
Pero
no hay nada. Nada de nada. Excepto Heiwa.
En
mi mente, siento la calidez de su abrazo, veo su sonrisa feliz cuando me llama
para salir al parque y reunirnos con Naruto, sus lágrimas una noche que
despertó tras una pesadilla y recordó que sus padres ya no están… La súplica en
sus ojos para que no deje que me separen de él.
Antes
de ser consciente de lo que estoy haciendo, me levanto y encaro a Fugaku.
—Tienes
razón —suelto, casi ladrando y sobresaltándolo. Casi es satisfactorio ver esa
expresión de desconcierto en su rostro—. Heiwa es brillante y, por eso mismo,
hará grandes cosas en lo que sea que quiera hacer.
Fugaku
aprieta los labios y, esta vez, disfruto viendo cómo se pone rojo de rabia. Le
desafío con la mirada a que rebata mi argumento, pero Lucy me da un pequeño
apretón en el brazo y me insta a sentarme. Entonces, me doy cuenta de que he
hablado sin pedir permiso y que me he dejado llevar por mis emociones… tal como
ha indicado Fugaku. Me da rabia, pero no me arrepiento de haberle dicho lo que
pensaba.
Me
giro para disculparme ante el juez, pero este levanta una mano y se pone en
pie.
—Suficiente.
Considero que ya hay material de sobra como para que tome una decisión. —El abogado
de Fugaku abre la boca para hablar, pero el hombre lo interrumpe con cara de
pocos amigos—. Piense bien qué va a presentarme y si merece la pena, letrado; he
consentido algunos de sus argumentos para tener presente el mayor beneficio del
menor, pero no crea por ello que podrá ganar esta custodia sin pruebas más
sólidas.
Dejo
escapar un suspiro cuando el abogado se sienta despacio. El otro hombre
asiente.
—Daré
mi veredicto en dos horas, después de la comida —sentencia.
Dos
horas. En solo dos horas, Heiwa y yo podremos olvidar esta pesadilla y pasar
página.
Porque
hemos ganado. Estoy convencido. Hemos ganado.

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