Capítulo 7. Ventisca

 

—Sasuke, es la hora.

Contengo las ganas de inspirar hondo. En vez de eso, aparto un poco a Heiwa de mi pecho, donde ha estado abrazado a mí desde que hemos entrado en el juzgado, y le sonrío.

—Tranquilo, todo irá bien. En unos días, esto solo será un mal recuerdo, ¿de acuerdo?

El pequeño traga saliva, pero asiente de todos modos. La inquietud que veo en sus ojos hace que odie aún más a Fugaku.

Tener que explicarle que podían quitarme su custodia había sido una de las cosas más duras que he tenido que hacer, a pesar de que a lo largo de estos dos meses me he asegurado de repetirle que eso no sucedería, que sus padres me confiaron su cuidado y que todos los cargos de los que me acusaba Fugaku eran ridículos y que el juez lo vería.

Y, aun así, no había sido suficiente para que estuviera tranquilo, no del todo, al menos. Aunque hice mi mejor esfuerzo para aparentar que no me afectaba, igual que mi madre y Naruto, Heiwa ha estado inquieto. Como si no tuviera bastante con el luto por sus padres, Fugaku tenía que hacernos esto. He perdido la cuenta de cuántas veces he dormido con él porque estaba asustado o había tenido una pesadilla o la cantidad de veces que nos hemos quedado abrazados durante nuestro tiempo libre.

Naruto también me ha contado que en la escuela ha estado más distraído de lo habitual, pero insistió en que mantuviera la rutina, que era importante para que sintiera cierta normalidad; no lo calmaría del todo, pero ayudaría a que no se viniera abajo.

Di gracias por su presencia durante este tiempo, su actitud jovial y optimista había impedido que el ambiente en casa fuera depresivo y se había esforzado mucho por mantenernos distraídos. En cierto modo, el hecho de que haya llegado aquí de una pieza ha sido gracias a él.

También me ha convencido de que lo estoy haciendo bien, de que mis errores del pasado no afectan a mi presente. Puedo criar a Heiwa y darle una vida feliz, nuestro luto solo es una etapa que acabará pasando.

Me alegro de que haya sido tan pesado estos meses con eso, sé que Fugaku lo usará en mi contra y, pese a que me habría gustado hacer las cosas de otra forma, ahora puedo enfrentarlo sin mostrar debilidad.

Porque eso es lo que busca, debilidad. Quiere que me derrumbe, demostrar que no estoy en condiciones de cuidarlo.

Aún no he terminado de sanar, es cierto. El hielo sigue ahí, agazapado como un depredador, esperando a que baje la guardia para atenazar mi garganta. En otras circunstancias, tal vez podría conseguirlo; no sería la primera vez que la mención de mi hermano haría que mi corazón se encogiera, pero hoy es diferente.

Hoy estoy alerta y preparado, sé que va a por mí. Puede que no me convierta de la noche a la mañana en la mejor figura paterna para Heiwa, sé que tendré dudas y que cometeré errores, pero también estoy convencido de que Fugaku será nefasto, peor de lo que podría hacerlo yo nunca.

No podíamos perder este juicio. Bajo ningún concepto.

—Escucha a tu tío, Heiwa. —Sakura le dio un suave apretón a Heiwa en el hombro—. En un par de horas volveréis juntos a casa. Después de todo, tenemos a la mejor abogada del mundo.

Se me escapa una pequeña sonrisa mientras miro de reojo a Lucy. Está unos metros más atrás, revisando unos documentos de su carpeta, absorta en ellos. Pese a que estoy seguro de que se sabe toda la información de memoria, verla concentrada hasta el último segundo me tranquiliza.

Sé que las custodias no son el ámbito en el que más se movía, ella misma me lo dijo, pero tiene muchos años de experiencia en casos infantiles y no me cabe duda de que nadie se tomará más en serio este juicio que ella. Además, Lucy tiene talento y es brillante, ha nacido para ser un tiburón en la abogacía y, por muy inteligente que sea, dudo que Fugaku y su abogado puedan competir con ella. No tengo ni idea de qué argumentos piensa presentar para afirmar que no puedo cuidarlo, pero seguro que no se acerca a Lucy; ha rebuscado en mierda que a mí ni se me habría pasado por la cabeza, había cosas que ni siquiera sabía que sucedieron. Cosas que me han hecho pensar que, tal vez, era capaz de ir más lejos de lo que creía.

Sin embargo, podemos resolver las cosas aquí y ahora, de forma definitiva.

—Pórtate bien con Sakura —le digo, besándolo en la frente—. Te veré muy pronto, lo prometo.

Heiwa me abraza una vez más con fuerza antes de coger la mano de Sakura. Antes de salir del juzgado, ella me dedica una sonrisa confiada, cree sinceramente que su mujer nos sacará de esta.

Igual que yo.

Me yergo y enderezo mi traje antes de reunirme con Lucy. Naruto y mi madre están con ella, estarán presentes por si el juez necesita hacerles preguntas, aunque Lucy tiene todas las declaraciones que necesita.

—¿Estás listo? —me pregunta mientras deja su carpeta de documentos bajo el brazo.

Mi pecho se hincha en una respiración profunda y asiento.

—Acabemos con esto.

Mi madre me acaricia el brazo en un gesto reconfortante. Le sonrío con la esperanza de no parecer tan tenso. No es que me dé miedo enfrentarme a Fugaku o a un juicio, pero tampoco es una situación agradable y quiero estar alerta y atento a lo que sea que vaya a pasar en esa habitación.

Como si escuchara mis pensamientos, Naruto coge mi mano y me acaricia el dorso. Ahora que Heiwa ya no está, su sonrisa se ha desvanecido y su expresión se ha endurecido. No parece nervioso ni intranquilo, sino que sus rasgos parecen acentuados por una serena y feroz determinación que se refleja en sus ojos.

“Estoy aquí”, parece que me está diciendo. Y, como por arte de magia, eso y su contacto hace que me sienta un poco mejor, más confiado.

Lucy nos conduce hasta la sala con paso firme y cabeza alta. No es una habitación grande, solo hay unas cinco hileras de sillas con un pasillo en medio que conducen a tres mesas, la de la acusación y la defensa, donde ya nos esperan Fugaku y su abogado, y la del juez, enfrente, con un asistente y un transcriptor.

Fugaku apenas nos dirige una mirada cuando entramos, como si solo fuéramos una mosca que acaba de invadir el espacio que lo rodea. Su abogado, un hombre de mediana edad y pelo engominado, frunce el ceño al ver a Lucy, aunque ella no le dedica atención alguna.

El juez, un hombre mayor con gafas pequeñas y una barba gris muy cuidada, hace un gesto con la mano para que tomemos asiento. Lucy y yo nos sentamos a la mesa, Naruto y mi madre se quedan justo detrás, en las sillas.

—Bien, ahora que ambas partes están presentes, podemos comenzar. —Echa un vistazo a unos papeles que le muestra su asistente, una mujer joven que le señala unas líneas—. Estamos aquí por el caso de custodia de Heiwa Okami. Según la citación, su tutor y tío por parte paterna, Sasuke Okami, está acusado de negligencia grave e interferencia parental. —Dirige la vista hacia Fugaku y su abogado—. Pueden presentar sus argumentos.

El abogado se levanta con una energía que, por algún motivo, me resulta agresiva. Su tono mientras saca unos papeles que entrega a Lucy y al juez no ayuda a menguar la sensación.

—Señoría, este es un documento que demuestra que Heiwa posee una capacidad intelectual de 130, lo que lo convierte en alguien con altas capacidades. A pesar de las continuas advertencias de mi cliente, el señor Okami ha ignorado el potencial de Heiwa y lo mantiene en una escuela de prescolar que no posee los medios para desarrollar su intelecto. Mi cliente cree que lo mejor para su educación sería su ingreso en un centro especializado —dicho esto, regresa a su lugar en la mesa y apoya las manos en la superficie con una pose que me resulta casi predadora—. Aparte de eso, a mi cliente le preocupa que el estado emocional del señor Okami por el fallecimiento de su hermano le impida encargarse apropiadamente del bienestar general de Heiwa.

El juez asiente y entrelaza los dedos por encima de la mesa con un gesto grave. Me sorprende que se lo dirija al abogado nada más empezar.

—Comprendo las preocupaciones de su cliente, letrado, pero no la acusación de interferencia parental. Como ya le habrá explicado, la acusación solo es válida para los padres del menor.

El abogado se yergue.

—Es consciente, señoría. Sin embargo, ahora que los padres no están, cree que Heiwa debería tener todo el contacto posible con sus familiares. El señor Uchiha es su abuelo y tiene derecho a las visitas.

Ante el argumento, tengo que tragarme el gruñido de rabia que sube por mi garganta. Sí, claro, como si Fugaku pudiera sentir algo remotamente parecido a la empatía.

Por suerte para mí, el juez frunce profundamente el ceño.

—Trataremos el asunto, letrado, pero la acusación por interferencia no se aplica según la ley y, por tanto, queda sobreseída.

Un punto medio, tal y como Lucy había vaticinado. Pero es una buena señal, según ella, porque significa que nos ha tocado un juez con cabeza. No ignora la ley y se preocupa por el bien de Heiwa.

Menos mal. Si nos hubiera tocado alguien más emocional, podríamos haber tenido problemas. Las batallas sentimentales tienden a ser irracionales y, en nuestro caso, Lucy prefiere los juicios basados en acciones y hechos. Aunque, me advirtió, eso no significaba que no pudiera jugar a conmover el corazón del juez si era necesario.

El abogado se sienta dando las gracias, inmutable. También habrá predicho este resultado.

Ahora, es nuestro turno. Lucy se pone en pie a la señal del juez, que le indica que desarrolle su defensa.

—Señoría, mi cliente no solo tiene en cuenta las necesidades educativas de Heiwa —dice antes de sacar una pila de documentos, que extiende tanto al abogado como al juez—. Este es el plan de estudios que desarrolló el director de la escuela no solo con un colega especializado en niños con altas capacidades, sino también bajo la supervisión de Itachi Okami, el padre de Heiwa. Era su deseo que su hijo no solo creciera a nivel intelectual, sino que estaba preocupado por sus relaciones, ya que él tuvo dificultades durante su infancia y quería el bienestar emocional de su hijo. Con este programa, Heiwa puede estimular su inteligencia y aprender habilidades sociales que, como sabe, suelen ser una dificultad en niños con su coeficiente intelectual. —Me señala con una mano—. Mi cliente no solo respeta la opinión de su progenitor, sino que piensa del mismo modo. No se trata únicamente del éxito académico que pueda tener Heiwa, quiere evitarle los problemas de relaciones sociales que podría tener en el futuro y darle una buena infancia en un entorno con niños de su edad.

El juez observó los documentos con atención, igual que el abogado y Fugaku. No se me escapa la mueca de desprecio que hace; por supuesto, no es lo bastante bueno para él.

—Sería necesario una comprobación —determina el hombre mayor—, pero si está avalado por un especialista, me parece razonable.

El abogado salta de la silla.

—Señoría, con todo respeto, hay centros mejores y el señor Okami, pese a poder permitírselo, le niega la mejor educación a Heiwa.

El juez se inclina sobre su mesa con una mirada severa.

—Letrado, este no es el lugar para discutir qué centro es mejor para niños con altas capacidades. Si este programa ha sido elaborado por un experto en el área y el centro tiene los recursos para llevarlo a cabo, la decisión de dónde tiene lugar la educación del menor es del tutor. —Echa un breve vistazo a los documentos—. Y, por lo que veo aquí, Heiwa lleva matriculado desde antes del fallecimiento de sus padres. ¿Los señores Okami podían permitirse un centro más… costoso?

El abogado se tensó un poco.

—Sí, señoría —responde entre dientes, para mi satisfacción.

—En ese caso, este asunto queda cerrado.

Estoy relajando los hombros cuando Fugaku se levanta, pidiendo permiso para hablar con un tono firme y decidido. El juez se lo concede, haciendo que mis brazos se tensen de nuevo.

—No pongo en duda que mi hijo quisiera hacer feliz a Heiwa, pero, como alguien con altas capacidades, me gustaría señalar que se le está negando una gran oportunidad académica que estimularía su inteligencia. La infancia es una fase importante para asentar las bases del aprendizaje; yo no tuve la suerte de acudir a un centro donde me enseñaran a usar mis habilidades y tardé en encontrar un método que se aplicara a ellas, por eso sé lo que está perdiendo. Todo lo que pueda avanzar ahora, será también para evitar que sufra.

El hombre mayor se inclina hacia adelante.

—¿El programa que ofrece esta escuela no le parece suficiente?

El labio inferior de Fugaku tiembla por un momento. Me da la sensación de que se está conteniendo.

—Es muy básico para alguien de su intelecto. Heiwa podría estar ahora mismo estudiando el último curso de primaria.

Arrugo la nariz y aprieto los puños. Sí, Heiwa era lo bastante inteligente como para subir cursos rápidamente, pero ¿se había planteado cómo se sentiría entre gente más mayor que él? Es un niño tímido y sensible, le cuesta acercarse a hablar con desconocidos, incluso de su propia edad, así que, ¿cómo pretende Fugaku ayudarlo a superar esos obstáculos sociales? Ah, sí, lo olvidaba, no tiene intención de hacerlo porque, en su cabeza, tener un círculo de amistades o una relación afectiva de cualquier tipo es una pérdida de tiempo.

No me gusta que el juez se quede pensativo, como si considerara su comentario. Maldita sea, yo no le he negado nada a Heiwa, hago lo que creo que es mejor para él y…

De repente, el hombre se gira hacia mí.

—¿Cuál es su opinión al respecto, señor Okami?

Por un instante, me quedo paralizado, no esperaba que me dirigiera la palabra. Aun así, me recompongo en unos segundos y me levanto, aprovechando para inspirar hondo y mantener los nervios a raya.

“Responde con calma y sinceridad”, me había dicho Lucy, “el juez verá que te preocupas por Heiwa y que estás ejerciendo tu papel de tutor lo mejor posible. Nadie sabe cómo ser un buen padre, así que eso es lo único que le importará”.

Puedo hacerlo, lo haré. Por Heiwa.

—Señoría, no es mi intención negarle ninguna oportunidad a Heiwa. —Mi voz es tranquila y decidida, rozando el tono profesional que uso en el trabajo. Mantengo la cabeza en alto, mirándolo a los ojos, que sepa que no titubeo, que he pensado en esto antes—. Sin embargo, hay dos motivos por los que he decidido dejar a Heiwa en la escuela en la que estaba. El primero es porque comparto las inquietudes de mi hermano; él sí tuvo la oportunidad de acudir a un centro especializado y no tuvo una buena experiencia. Como a él, me preocupa que solo se priorice la inteligencia de mi sobrino y que no le den la oportunidad de enseñarle cómo relacionarse con otros.

El juez asiente con comprensión y me indica que continúe con un gesto de la mano.

—El segundo… —Hincho el pecho, respirando profundamente antes de hablar—. El segundo es por la muerte de sus padres. Heiwa aún está de luto y creo que lo más importante para él ahora mismo es que llore esa pérdida y la supere. No me pareció buena idea someterlo a un gran cambio justo después de perder a sus padres. —Hago una pausa para tomar otra respiración—. El año que viene empieza la primaria. No me opongo a que vaya a un centro especializado, señoría, y menos si a él le gusta el lugar, simplemente no quiero que deje de jugar y divertirse. Comprendo la importancia de una educación adecuada a sus capacidades, pero es un niño y quiero, como sus padres, que tenga una buena infancia más allá de los estudios.

El hombre se reclina en su asiento, mirándome. No sé descifrar su expresión.

—Usted también está de luto por su hermano.

Me doy cuenta de que no es una pregunta, pero, aun así, asiento.

—Sí, señoría.

—¿Cómo cree que lo está llevando?

Es una pregunta que no me gusta responder. Pensar que podría haberlo hecho mejor desde el principio me hace sentir culpable, indigno de la confianza de mi hermano e Izumi, pero, como me había señalado Naruto, llorar la pérdida de Itachi era natural y nadie esperaba que estuviera bien o siquiera preparado para ocuparme de repente de un niño, de ejercer de padre.

Nadie era perfecto, ni se esperaba que lo fuera, así que respondí:

—Al principio fue muy duro. No sabía cómo afrontarlo frente a Heiwa ni tampoco cómo ayudarlo… cómo acompañarlo en la pérdida. Tenía miedo de decir o hacer algo equivocado, nunca antes había tenido a un niño a mi cargo, no como tutor, al menos. Pero, al final, tuve ayuda y me dieron buenos consejos. Todavía es difícil, pero Heiwa y yo intentamos pasar página juntos; ahora ya nos hemos adaptado el uno al otro y estamos mejor, hay días buenos y divertidos, y otros en los que aún recordamos a sus padres, pero saber que estamos juntos para superarlo es reconfortante para ambos.

Una emoción brilla en los ojos del juez. No sé decir cuál es, pero imagino que ha encontrado en mi respuesta lo que quería saber. Se gira, aún con el rostro serio, hacia Fugaku.

—¿Y usted, señor Uchiha?

No me he dado cuenta de que me estaba mirando. A él sí puedo leerlo, tiene esa expresión de decepción que me lanzaba cuando era pequeño, cuando se dio cuenta de que no era un genio como mi hermano y lo demostraba cada vez que abría la boca, según él.

Se endereza en su silla, dirigiéndose al juez.

—Me encuentro bien, señoría. Mi estado no afectará a la educación de Heiwa.

Me parece que la boca del hombre se tuerce, pero el gesto es tan fugaz y pequeño que no puedo estar seguro. Fuera como fuera, alarga la mano hacia su asistente para señalarle unos papeles.

—Pedí una evaluación psicológica de los presentes y el menor. —Coge los documentos y les echa un vistazo rápido—. Según los resultados, tanto este como su tutor están, en efecto, en fase de luto, pero el psicólogo determinó que la evolución es especialmente positiva. —Deja los papeles sobre la mesa y le dedica una mirada seria a Fugaku y su abogado—. ¿Tienen alguna otra prueba o testimonio que quieran presentar?

Frunzo el ceño. Es algo vago ya que el juez no lo dice expresamente, pero tengo la sensación de que ha llegado a una conclusión y que no es nada favorable para Fugaku, por eso pide más pruebas.

No me gusta que el abogado se levante y entregue en silencio unos papeles a Lucy y el juez. Este arruga la frente.

—¿Qué es esto?

—El entorno en el que vive Heiwa a diario —dicho esto, señala de repente a Naruto—, con el director de una escuela que dejó morir a una niña.

Me envaro por puro instinto, estoy a punto de saltar para defender a Naruto cuando Lucy pone una mano en mi hombro y me lanza una mirada significativa. Tardo pocos segundos en comprender la jugada.

Hijo de puta. Lo ha hecho para provocarme, para que estalle. Incluso si no lo hago, la declaración es grave, soy consciente.

Me giro para ver cómo está mi pareja. Noto sus músculos tensos y la forma en la que asesina al abogado con la mirada, pero no pierde el control.

El abogado se aprovecha de ese instante de conmoción para presentar su historia.

—Mientras ejercía la psicología, este hombre dejó que una niña fuera asesinada mientras estaba bajo su cuidado. Abandonó su profesión tras el incidente y lo cambió por otro aparentemente más seguro, pese a que sigue estando a cargo de niños…

—¡Protesto! —ladró Lucy de repente, fulminando al abogado—. Señoría, solo presenta conjeturas y no hechos.

—La muerte de la niña es un hecho, y su caso estaba asignado al señor Namikaze…

—¡Orden! —gritó el juez, mirando a ambos abogados con rabia por primera vez—. Compórtense en mi sala o me veré obligado a retrasar el juicio, lo que sería un perjuicio al bienestar del menor, y no pienso permitirlo, ¿entendido? —Ambos asienten en silencio. El juez le lanza una mala mirada al abogado de Fugaku—. Letrado, no quiero hipótesis, ni teorías, ni dramatizaciones en mi sala, solo hechos consumados. ¿Tiene pruebas de que ese hombre es un peligro para Heiwa Okami? Y, antes de que replique, sabe que estos documentos solo prueban el caso de la muerte de la menor y no una resolución judicial que indique cualquier tipo de responsabilidad.

—Sí, señoría, pero, si me lo permite, este hombre forma parte de la vida diaria de Heiwa y es importante remarcar este suceso y la implicación del señor Namikaze en él.

El juez todavía tiene cara de malas pulgas, pese a que es evidente que está sopesando su solicitud.

Aprieto los puños, quemándome por dentro. Es muy injusto, entiendo que su trabajo es valorar la seguridad de Heiwa, pero no me parece bien que juzguen a Naruto sin tener en cuenta todo el caso…

—A la defensa le parece bien, señoría —suelta Lucy de repente.

¿Qué?

Veo que saca un par de carpetas de un dedo de grosor y les pasa, como siempre, una copia al juez y otra al abogado. Este la mira con los ojos muy abiertos, igual que yo. ¿De verdad se había anticipado a esto? Maldita sea, sé que es buena y minuciosa, pero no esperaba que llegara tan lejos.

—Aquí tengo la transcripción del juicio en el que se determina que el señor Namikaze no dispuso de sesiones suficientes para identificar a tiempo las señales de peligro y que lo eximen de cualquier responsabilidad. También verá que la Junta de Gobierno del Consejo General de Psicología dio su visto bueno tras un período de terapia y una evaluación para que siguiera ejerciendo el oficio. Si no lo hizo, fue por decisión propia, no por ningún tipo de negligencia —dicho esto, regresa a su asiento a mi lado y se cruza de brazos con la barbilla alta.

Joder, quiero aplaudirle.

 El juez ojea los documentos del final, seguramente donde se dicta la resolución, y asiente.

—Este asunto queda zanjado. ¿Hay alguna otra cuestión que se deba tratar?

Antes de que el abogado de Fugaku pueda abrir la boca, Lucy se abalanza como un tiburón sobre una presa aturdida.

—Señoría, a la defensa le gustaría presentar unos documentos para tratar la seguridad de Heiwa.

Una vez más, hace entrega de un fajo de documentos al abogado y al juez. Junto las manos y aprieto los dedos, sospechando lo que hace. ¿Va a golpear con todo ahora?

—Como puede ver, el señor Uchiha trató de visitar a Heiwa durante su horario escolar y sin previa citación ni justificante de su tutor legal usando un subterfugio. También tiene una declaración jurada por mi cliente de que el señor Uchiha no trató de comunicarse en modo alguno para obtener dicho permiso o programar visitas previamente en su domicilio.

—¡Señoría! —El abogado salta con tal ímpetu que por poco me sobresalto—. Mi cliente es un familiar próximo al menor, debería tener la libertad de visitar a su nieto cuando lo desee.

El juez estrecha los ojos sobre uno de los documentos antes de levantarlos de nuevo.

—¿Usando la excusa de estar visitando la escuela?

—Se trata de la declaración de una empleada del señor Namikaze, señoría, y somos conscientes de qué lado está.

—¿Hipótesis sin fundamento de nuevo, letrado? —pregunta muy despacio el hombre con un deje de impaciencia en el tono.

Casi sonrío. Creo que estamos ganando.

Antes de que el abogado pueda recurrir a una elaborada respuesta, Lucy le corta la salida a toda velocidad.

—El señor Namikaze tiene cámaras en su escuela por motivos de seguridad. Ha traído la copia del suceso en cuestión si desean hacer una comprobación.

El abogado palidece mientras el juez hace un gesto con la mano para recibir la prueba. Lucy entrega un pendrive, y, aunque la asistente tiene un ordenador, no parece que vayan a ver las grabaciones en el momento. Puede que lo haga después de este juicio, cuando sopese todas las pruebas y argumentos.

—¿Algo que añadir, letrado?

El hombre aprieta los labios, pero se sienta igualmente. Debe de ser consciente de que no puede luchar contra un vídeo.

—No, señoría.

Me doy cuenta de que Fugaku le lanza una mirada asesina, a él y a Lucy. Pero eso es todo, no les presta mucha más atención y se gira hacia delante con el ceño ligeramente arrugado. Está concentrado en algo que gira en su mente, supongo que urdiendo el siguiente paso. Me pregunto si algo de esto está saliendo como quería porque, de momento, tengo la impresión de que Lucy va por delante.

—¿Me explica estas transcripciones, letrada? —pregunta el juez, distrayéndome. Está señalando otra carpeta gruesa.

Siento un retortijón en el estómago.

—Es el proceso judicial que inició el señor Uchiha contra la madre de Heiwa por el supuesto secuestro de Itachi Uchiha hace diecinueve años, señoría.

Yo no lo sabía hasta hace unas semanas. Mi madre se enteró años después, Itachi no quería que usara el escaso dinero que ganaba en un abogado ni que a mí me afectara de cara a mis estudios, sabía que me estaba esforzando mucho para conseguir becas y reducir los gastos de forma que nuestra madre no trabajara de más.

Se las ingenió para contactar con los padres de Izumi y su abogado. Su testimonio y las pruebas que les dio fueron suficientes para poder salir de aquella macabra trampa de Fugaku para evitar que su hijo “perdiera el tiempo” con una relación amorosa. Fue la gota que colmó el vaso, lo que hizo que mi hermano se diera de cuenta de que no importaba cuánto tratara de satisfacer los deseos de nuestro padre, nunca le dejaría tener su propia vida.

El juez no es el único sorprendido, el abogado de Fugaku palidece y lo mira con los ojos muy abiertos antes de susurrarle algo. Sin embargo, me pierdo su reacción porque la voz del juez reclama mi atención.

—Explíquese, letrada.

Lucy se lleva las manos a la espalda con una postura firme.

—Los padres de Heiwa eran pareja entonces, como puede comprobar en la declaración de Itachi Okami. Este escapó de casa para irse de viaje con su novia a Nara, verá en las fotos que, claramente, era una escapada en pareja. Si bien es cierto que el señor Okami se marchó sin el permiso paterno, la señorita no tuvo ninguna implicación criminal reconocible, tal como indica la resolución judicial. —Hace una pausa, la justa para que calara la información pero lo suficiente breve para evitar darle demasiadas vueltas—. Señoría, sé que es un suceso de hace mucho tiempo, pero unido al reciente incidente en la escuela de Heiwa y su acusación a Sasuke Okami sin pruebas sólidas, mi cliente está preocupado. El propio Heiwa afirma no conocer a su abuelo, lo que indica o bien una ausencia por su parte o que sus padres se habían distanciado. —Otra pausa, pero más corta—. La defensa quiere creer que el señor Uchiha no supone una amenaza para Heiwa, de hecho, mi cliente no había tomado medidas judiciales hasta recibir la presente citación, sin embargo, esta situación ha terminado por generar muchas dudas al respecto.

—¡Protesto! —salta el abogado—. Señoría, habla con conjeturas.

El juez no parece prestarle atención, está mirando todas las carpetas y papeles que tiene sobre su mesa. Aun así, el abogado de Fugaku no se atreve a decir nada, y Lucy tampoco hace nada para defenderse; considera su argumento lo bastante sólido como para esperar el veredicto del hombre.

Este levanta la mirada al final para dirigirla a Fugaku. Veo que fulmina a Lucy con los ojos, juraría que está temblando de rabia.

—Señor Uchiha, ¿quiere decir algo al respecto?

—Sí. —Se levanta despacio, pero sin mirar al juez. Sus ojos se desvían hacia mi madre—. La gente no lo entiende. Mi hijo era un auténtico genio, podría haber llegado a resolver los problemas más complejos creados por el hombre y contribuir al avance científico en aplicaciones matemáticas… Pero tenías que malcriarlo. —Arruga la nariz, mirándola con un desprecio que hace que apriete los puños—. Lo distrajiste de lo que era realmente importante, igual que tú —me dice, clavándome una mirada helada—. Igual que esa mujer. Y ahora vais a cometer el mismo error con Heiwa. Tiene talento para hacer grandes cosas y vosotros vais a quitarle ese privilegio. Ninguno de vosotros tiene ni idea de lo brillante que puede llegar a ser, no lo entendisteis con Itachi y ahora estáis repitiendo el mismo error con mi nieto por un… arrebato de sentimentalismo inútil. Conmigo, Heiwa dejará de centrarse en los muertos en una semana y podrá concentrarse en convertirse en el genio que está destinado a ser. Pensad por un instante con lógica y veréis que lo más sensato es dejarlo a mi cargo.

El silencio inunda la sala después de su gélido arrebato.

Yo estaba esperando que algún tipo de dolor me atravesara; los recuerdos de mi hermano atrapado por mi padre, la decepción de Fugaku, su desprecio hacia mí y mi madre, la sensación de ser inferior, esas ráfagas heladas de pérdida azotándome en un cruel recordatorio de que Itachi ya no estaba aquí.

Pero no hay nada. Nada de nada. Excepto Heiwa.

En mi mente, siento la calidez de su abrazo, veo su sonrisa feliz cuando me llama para salir al parque y reunirnos con Naruto, sus lágrimas una noche que despertó tras una pesadilla y recordó que sus padres ya no están… La súplica en sus ojos para que no deje que me separen de él.

Antes de ser consciente de lo que estoy haciendo, me levanto y encaro a Fugaku.

—Tienes razón —suelto, casi ladrando y sobresaltándolo. Casi es satisfactorio ver esa expresión de desconcierto en su rostro—. Heiwa es brillante y, por eso mismo, hará grandes cosas en lo que sea que quiera hacer.

Fugaku aprieta los labios y, esta vez, disfruto viendo cómo se pone rojo de rabia. Le desafío con la mirada a que rebata mi argumento, pero Lucy me da un pequeño apretón en el brazo y me insta a sentarme. Entonces, me doy cuenta de que he hablado sin pedir permiso y que me he dejado llevar por mis emociones… tal como ha indicado Fugaku. Me da rabia, pero no me arrepiento de haberle dicho lo que pensaba.

Me giro para disculparme ante el juez, pero este levanta una mano y se pone en pie.

—Suficiente. Considero que ya hay material de sobra como para que tome una decisión. —El abogado de Fugaku abre la boca para hablar, pero el hombre lo interrumpe con cara de pocos amigos—. Piense bien qué va a presentarme y si merece la pena, letrado; he consentido algunos de sus argumentos para tener presente el mayor beneficio del menor, pero no crea por ello que podrá ganar esta custodia sin pruebas más sólidas.

Dejo escapar un suspiro cuando el abogado se sienta despacio. El otro hombre asiente.

—Daré mi veredicto en dos horas, después de la comida —sentencia.

Dos horas. En solo dos horas, Heiwa y yo podremos olvidar esta pesadilla y pasar página.

Porque hemos ganado. Estoy convencido. Hemos ganado.


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