Capítulo 8. División

 


Tyler sonreía mientras observaba el partido de Zane en el que participaban 363 y los nuevos felinos. Esta vez, los humanos se habían mantenido al margen para que pudieran jugar más tranquilos, pese a que Zane ejercía de árbitro y les había explicado las reglas una vez más, por lo que, al menos, habían tenido un poco de interacción humana.

Aun así, tenía esperanzas. Desde la charla en el gimnasio, 332 y 334 parecían un poco más cómodos con él y habían preguntado si ellos podrían hacer escalada como lo hacía su madre, a lo que había respondido que, en cuanto estuvieran recuperados físicamente y tuvieran un lugar adecuado para el deporte, él les enseñaría.

Pero, por ahora, los partidos tendrían que bastar. Trust y Brass se habían unido a ellos para que cogieran un poco de confianza, mientras que Fury y Midnight se habían quedado con Rick, Norm, Ellie y él en la terraza de la cafetería para verlos. El médico y la enfermera estaban bastante animados hablando en la mesa junto a sus compañeros, mientras que Rick y él se habían sentado en los escalones de la terraza.

—Esto tiene buena pinta.

—Sí. Lo cierto es que me siento aliviado.

Rick le dio una palmada en la espalda, un poco más fuerte de lo que esperaba que casi le tira el café.

—Sabíamos que los therians necesitarían tiempo. Algunos solo necesitan más que otros, es todo. Podemos manejarlo. —Le dio un sorbo a su cerveza—. De todos modos, sigue siendo mejor que toda la mierda que pasamos en la instalación.

Tuvo que darle la razón. Al menos, ya no tenían que ocultarse ni fingir.

—Eso es verdad. Solo espero que las cosas no lleguen a mayores.

Rick hizo una pausa, echando un vistazo a la vasta zona nevada en la que jugaban los therians.

—Hoy no he visto al grupito —dijo en voz baja. Tyler sospechó que no quería que Ellie y Norm los escucharan, estaban de buen humor y esperanzados tras los eventos del día anterior.

—Yo tampoco.

—¿Qué piensas?

Se encogió de hombros.

—Ayer salieron perdiendo. Varios de los suyos decidieron darnos una oportunidad. Hacer lo mismo tendría el mismo resultado después de cómo Vane manejó la situación. O esa es la lógica. —Hizo una mueca—. Tal y como están ahora, sabes que son…

—Impredecibles —asintió Rick—. No piensan como nosotros.

—Un humano esperaría y elaboraría otro plan. Si fuera el caso, sería bueno para nosotros porque daría tiempo a 396 para despertar. Demostraríamos que no es un engaño para 305 y los úrsidos dudarían.

—Sería un punto a nuestro favor, sí. Si fuera el caso.

Tyler suspiró, echando vaho frío al aire, y apretó las manos alrededor de su taza caliente.

—De todos modos, no están por aquí y anochecerá en unas horas. Tal vez tengamos un día de margen.

—Si no vienen esta noche a por nuestros cuellos en busca de venganza.

Buena observación. No sería la primera vez que 377 los buscaba de noche y el día anterior estaba furioso. Su plan era bastante bueno, y complejo para ser alguien que había pasado toda su vida encerrado, pero fracasó por completo: ningún humano resultó herido de gravedad, los therians que confiaban en los humanos no se unieron a él y, en cambio, perdió la confianza de algunos de los suyos.

No le habría sorprendido que hubiera lanzado un ataque directo, pero Tyler creía que, de haber sido esa su reacción, lo habría hecho la noche anterior en vez de esperar un día entero. Tampoco era tan optimista como para pensar que dedicaría tiempo a elaborar un plan, que les daría más tiempo para que los nuevos felinos confiaran en ellos.

El hecho de que hoy no hubiera visto a nadie de su grupo le daba mala espina, pero no podía hacer nada al respecto. No podían restringirlos ni actuar como guardias a su alrededor si querían su confianza, así que solo podían reaccionar a cualquier cosa que hicieran.

Por ahora, lo mejor que podían hacer era justo lo que estaban haciendo, ayudar a 363 y sus amigos a integrarse.

—Richard.

Miró de reojo a Rick cuando respondió una llamada. No le habría dado mucha importancia si no fuera porque su ceño se arrugó de repente.

—Sí, enseguida. —Cortó la llamada y se giró hacia la mesa—. Terminad lo que estéis tomando y preparaos. Tenemos una reunión con Vane.

Fury y Midnight se tensaron mientras que Norm palidecía y Ellie abría los ojos como platos.

—¿Ha pasado algo? —preguntó ella.

—No lo sé, pero lo averiguaremos allí. Llamo a Brass y a Trust y nos vamos.

Norm puso mala cara y Tyler maldijo en su fuero interno. Ya sabía que algo le daba mala espina, pero había querido pensar de verdad que tendrían al menos un día de margen.

No iba a ser el caso, lo olía.

 

 

Trust no necesitó cruzar el vestíbulo para entender que Vane los llamaba porque había habido un ataque. Se detuvo en seco, igual que hizo Brass sin necesidad de que le dijera nada. Fury abrazó a Ellie y Midnight se colocó frente a Norm en ademán protector.

—¿Oléis lo mismo que yo? —preguntó esta.

—Es la sangre de Tiger —dijo Trust con un estremecimiento.

—¿Qué? —soltó Tyler—. ¿De Tiger? ¿Por qué la suya?

Todos avanzaron con paso cauteloso. No fue el único olor que percibió a medida que se acercaba al pasadizo que conducía al despacho de Vane, tardó poco en detectar la sangre de 377, aunque no había mucha, y el olor del terror de Zandy y la furia de Night.

La visión que encontraron les confirmó lo que sospechaban. La mesa de Zandy estaba tirada junto a su portátil y una montaña de papeles estaba esparcida por el suelo, con la silla tumbada hacia atrás. La alfombra roja con motivos geométricos estaba llena de surcos, como si alguien se hubiera revolcado, y en ella se confundían las gotas de sangre.

377 había peleado ahí con Tiger. Sin embargo, los únicos que estaban presentes en ese momento eran Night y Vane, que los esperaban de pie.

—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó Rick con gravedad.

Vane les devolvió la mirada. Tenía la mandíbula apretada.

—377 ha atacado a Zandy.

Trust gruñó junto a los otros caninos, pese a que Midnight fue a la que más se escuchó.

—¿A una hembra humana? —Los ojos de Brass tenían un brillo peligroso—. Es pequeña e inofensiva, no supone ninguna amenaza, ¿por qué ella?

—No huelo su sangre —dijo Midnight, olfateando—. ¿Está bien?

Night apretó los puños, tenía la nariz arrugada y enseñaba los dientes.

—377 la cogió por el cuello. Se pondrá bien, pero tendrá moretones un tiempo.

—Parece que quería asustarla lo suficiente como para hacerle confesar cuáles eran mis planes —dijo Vane mientras se masajeaba una sien—. Tiger pasaba por aquí y la defendió, pero 377 era más fuerte. Le ha roto un par de costillas y tiene mordiscos y arañazos. Solo detuvieron la pelea porque Night los escuchó y 377 huyó al ver el dos contra uno. Todos están en la enfermería excepto 377.

—¿Habría que ir tras él? —preguntó Rick con cara de pocos amigos.

—¡Rick! —exclamó Norm—. No podemos hacer eso. Ahora que hemos conseguido que parte de su grupo confíe en nosotros…

El exmilitar se enfrentó a él.

—¿Es que no ves la sangre? A Tiger, un felino de dos metros y puro músculo, le ha roto dos costillas, ¿qué crees que le habría pasado a Zandy? ¿Y si Tiger no llega a estar ahí? ¡Podría haberla asfixiado con una mano!

El rostro de Norm se volvió blanco y agachó la mirada. Midnight lo estrechó contra sí.

—Vayamos a por él —dijo ella con ferocidad—. Atacar a alguien más débil demuestra que no es de fiar.

Trust, Fury y Brass estuvieron de acuerdo con un asentimiento seguido de un gruñido. Zandy era demasiado pequeña y frágil como para haber podido defenderse siquiera, 377 tenía que ser consciente y, aun así, le había hecho daño. Ya no estaba restringido ni debilitado por las drogas, las pruebas y la falta de comida, estaba en una posición claramente superior. Además, Zandy no tuvo nada que ver con Mercile; podía llegar a entender que persiguiera a Tyler y los demás, aunque no estuviera de acuerdo, pero ella jamás había puesto un pie en la instalación ni había dañado a uno de los suyos.

Breeze y las hembras lo perseguirían con saña por esto, si los machos no lo encontraban antes. No quedaría mucho de él entonces.

—¿Tú qué opinas, Vane?

La voz de Tyler lo sacó de su furia. Tenía una expresión sombría y emanaba un aroma que mezclaba ira y dolor. Vio cierta duda en sus ojos.

El otro humano suspiró, masajeándose todavía la sien. Night se acercó más a su compañero, preparado para ofrecerle apoyo si lo necesitaba.

—Este cambio de estrategia es un problema.

Los demás fruncieron el ceño.

—¿Qué significa eso? —preguntó Rick.

—Antes, no había duda de que vosotros erais el objetivo por haber estado en la instalación. Sabíamos a dónde apuntaban y, por eso, poneros protección era fácil. —Pasó una mano por su nuca—. Pero Zandy no trabajó para Mercile, eso quiere decir que podrían atacar a cualquiera… y no hay therians que puedan protegerlos a todos. Significa que ahora estamos ciegos y que el ataque puede venir de cualquier parte.

—Entonces, deberíamos ir a por 377 —insistió Fury—. Es un peligro.

—Si lo confinamos, será como darle la razón —suspiró Vane—, los felinos que abandonaron su grupo volverían y puede que algunos de los vuestros desconfíen. Es como empezar una pelea entre vosotros, así solo hará que los dos bandos acaben más igualados en número, y eso, ahora mismo, sería una pérdida para nosotros.

—Pero esta situación es peligrosa también —dijo Rick con el ceño fruncido—. Zandy ha tenido suerte esta vez, pero otra persona podría no tenerla. Como has dicho, no hay therians para todos, eso significa…

—Guardias y seguridad —terminó Vane, pinzándose el puente de la nariz—. Ah… Esperaba no tener que llegar a eso. No es un buen recuerdo para los therians y les hará sentir intranquilos. Maldita sea, no veo una forma de salir de esta sin que nosotros salgamos perdiendo de un modo u otro.

Esta vez, ninguno de los therians pudo decir nada, ni Rick o Tyler tampoco. Trust sintió cómo se evaporaba toda su rabia. ¿Cómo había podido suceder? El día anterior parecía que, a pesar de la pelea en el partido, habían conseguido que más felinos se integraran con ellos y les dieran una oportunidad a los humanos. ¿Cómo era posible que en unos minutos se hubiera acabado? Peor, que no hubiera una forma de mantener a su gente unida, de que estuviera a punto de haber una brecha entre ellos.

Trust apretó los dientes. No quería pelear con su propia gente, pero le debía mucho a los humanos de Vane y no iba a separarse de Tyler ahora que le estaba demostrando que podían ser compañeros. 377 no podía quitarle eso, se negaba a aceptarlo.

—Yo hablaré con mi gente.

Trust alzó la cabeza al escuchar a Night. Aún emanaba cierta rabia, pero estaba más diluida y parecía más decidido que furioso.

Vane se giró hacia él.

—¿Qué propones?

—Les explicaré lo que ha sucedido aquí. Los míos deberían comprender que queráis estar seguros y que responderéis en defensa propia si somos agresivos, no es muy diferente de lo que haríamos nosotros si fuera al revés.

Su compañero frunció el ceño.

—Sabes que eso no funcionará con 377, los úrsidos y los felinos que se quedaron con ellos.

—Pero podría servir para mantener las cosas como están. Ni nosotros tendríamos que luchar con los nuestros ni tú tendrías que usar guardias para proteger a los humanos. No buscamos ganar esta batalla, sino defender nuestra posición.

Trust no entendía lo último, pero le gustaba la idea que había propuesto. Estuvo a punto de sonreír, orgulloso de que fuera Night a quien seguían los caninos, pese a que tampoco era una sorpresa. Podría haber otros más fuertes, pero era su amigo quien mejor había manejado a los humanos en la instalación, el que mejor había visto a través de ellos, y, al final, quien los había liberado.

No debía de ser el único que se sentía así, ya que Vane esbozó una media sonrisa y estuvo convencido de que la emoción que brillaba en sus ojos era el mismo orgullo.

—Aprendes rápido.

Night le devolvió el gesto.

—Mi compañero es un buen maestro.

Trust vio el amor que le dedicó Vane con la mirada mientras le acariciaba el brazo y sintió una punzada de envidia. Le recordó que tenía que convencer a Tyler de que fuera su compañero, y rápido.

—Cancelaré la primera clase de mañana para que podáis reuniros todos y discutir este tema. El resto, descansad bien y pensad si hay algo que queráis decir. —Los miró—. Y no bajéis la guardia. Nada les impide seguir tras vosotros, no dejéis que un ataque aleatorio os distraiga.

Todos asintieron y se marcharon. Trust no pudo evitar sentirse inquieto cuando salió del edificio y tomó a Tyler de la mano.

—¿Nos siguen? —preguntó este en voz muy baja.

—No, pero no me gusta lo que ha pasado ni lo que puede pasar.

—Ya, no es muy alentador.

Su suspiro le llamó la atención, pero decidió dejar la conversación de lado mientras caminaban de regreso a la cabaña. Estaba anocheciendo y la temperatura bajaba; se estremeció ante el cambio y observó el cielo, aún no hacía tanto frío como para que le afectara, pero se daba cuenta de que su cuerpo reaccionaba a veces, como si lo anticipara.

Apartó el pensamiento para concentrarse en el trayecto, no le gustaba nada la idea de que 377 pudiera aprovechar para atacarlos de nuevo, así que se mantuvo atento a los olores que llegaban a su nariz y dejó que sus ojos vagaran de un lado a otro en busca de movimientos sospechosos.

Por suerte, nada los frenó hasta llegar a la cabaña, donde solo se sintió a salvo cuando Tyler dejó todo cerrado con llave. Era consciente de que, si uno de los suyos quería entrar, no le costaría mucho, pero, al menos, tendría que hacer mucho ruido.

Después, fueron a la cocina, donde su macho empezó a sacar unas cajas con olor a comida sobre la encimera.

—Pedí nuestra cena en la cafetería. Había pensado que podríamos ver una película después en el sofá. —Le dedicó una sonrisa que no le llegó a los ojos—. Es algo que suelen hacer las parejas, habrá abrazos implicados.

Trust ladeó la cabeza con interés, aunque no dejó que lo distrajera del todo… para su pesar. Tyler y él tendrían que estar profundizando su vínculo y, cuando los liberaron, pensó que podría hacerlo sin preocuparse de nada más excepto que de hacer feliz a su compañero. Sin embargo, el temor a un ataque y a la situación que había desencadenado 377 lo tenía inquieto, y a Tyler también.

—Me encantaría —dijo avanzando hacia él—, pero, antes, quiero que me cuentes cómo te sientes con todo esto.

Antes de darle tiempo a responder, se tocó la nariz, haciéndole saber que podía oler lo que sentía. Sabía que su pareja aún cargaba con cierta culpa por haber colaborado con Mercile y quería recordarle que no era como si hubiera tenido oportunidad de elegir.

Tampoco era culpable de lo que estaba pasando, de la tensión entre su gente.

Tyler se pasó una mano por el pelo mientras Trust dejaba las manos en sus caderas. Quería estar cerca por si necesitaba consuelo. Su compañero apoyó las manos en sus brazos y los frotó, como si le estuviera diciendo que no tenía que preocuparse.

—Puedes estar tranquilo. Sigo sintiéndome en parte responsable, pero eso no nos ayudará a hacer frente a esto. —Hizo una pausa, frunciendo el ceño. Trust le dio tiempo a que organizara sus sentimientos y que se expresara—. Estoy… frustrado. No es como si pensara después de lo de ayer que todo se solucionaría, pero, de alguna manera, se ha torcido más de lo que esperaba. No me gusta el conflicto al que nos enfrenta 377, ni a vosotros ni a nosotros.

—Lo entiendo. Tampoco me gusta esto —dijo arrugando la nariz—, tendría que ser sencillo. 377 ha hecho daño a una hembra inocente y ha herido al macho que la defendía, ya viste que eso sería suficiente para que nosotros fuéramos tras él para castigarlo —gruñó, enfadado—. Pero entiendo lo que ha dicho Vane. Quiero seguir viviendo contigo y con los humanos que nos salvaron y hacer eso no ayudaría. Es… complicado.

Tyler le dedicó una media sonrisa, pero fue triste.

—Me temo que el mundo es así. —Le acarició los brazos—. Llegará el día, cuando aprendáis lo suficiente, en que tendréis que hacer vuestras propias normas y tendréis que tomar estas decisiones.

—¿Y vosotros? ¿No formaréis parte?

—La idea es que seáis independientes. Podemos daros consejos, pero el objetivo de todo esto es precisamente que tengáis la libertad de elegir cómo vivir. Solo estaríamos implicados en la parte de la convivencia con vosotros… si todo esto sale bien.

Trust dio un paso más hacia él y lo abrazó, enterrando la nariz en su pelo. Gruñó con suavidad cuando Tyler le devolvió el gesto y acarició su espalda, le encantaba sentir sus manos, lo tranquilizaban y le transmitían afecto de una forma que no había sentido antes. Su gente disfrutaba ahora del contacto físico entre ellos, pero, para Trust, nada podía compararse al tacto de Tyler. Esas manos lo habían protegido durante mucho tiempo, lo habían curado y le habían dado un consuelo y una esperanza que nunca había conocido estando encerrado.

Lo estrechó un poco más contra sí, pensando en la reunión de mañana.

—Saldrá bien. Nadie va a separarme de ti, no me importa lo que pase.

Tyler se separó para contemplarlo unos segundos antes de dedicarle una pequeña sonrisa.

—Pareces muy decidido.

—Lo estoy. Soy tuyo y tú eres mío, nada va a cambiar eso. Te doy tiempo por tus preocupaciones humanas —dijo apretándolo contra su pecho—, pero no voy a dejarte ir.

—Sigo diciendo que son preocupaciones lógicas.

—Puede que no entienda muchas cosas de tu mundo, pero sé lo que siento y cómo hueles. —Aprovechó para inclinarse sobre su cuello y rozarlo con los labios. Notó cómo la piel de su pareja se erizaba y su aroma se especiaba, dulzón. Tuvo que contener el impulso de lamerlo—. Esto es fácil. Tenemos sentimientos fuertes, yo no querré a otro macho… ni tú tampoco. Me aseguraré.

—¿Cómo estás tan seguro de…? ¡Ah!

Trust lo interrumpió lamiendo la curva de su cuello hasta su garganta, la zona en la que sentía la necesidad de morderlo, de marcarlo como suyo. Sintió cómo su compañero se estremecía ante su toque con un jadeo, apretando los dedos sobre sus brazos, aunque no le hizo daño en ningún momento. Sabía que fue una reacción al deseo, que llenaba sus fosas nasales. El olor lo puso duro enseguida y gruñó complacido antes de dejar más lametones en su cuello, haciendo que Tyler se aferrara a él con un gemido y arqueara la espalda, como si fuera una invitación a montarlo.

Era suficiente. Se separó lo justo para poder mirar a Tyler a los ojos. Tenías las mejillas enrojecidas y su respiración se había acelerado. El aroma de su excitación aún flotaba entre ellos.

—¿Lo ves? Tu cuerpo no deseará a nadie más.

Su compañero frunció el ceño.

—Eso es jugar sucio —se quejó.

Trust ladeó la cabeza, confundido.

—No lo entiendo. No estábamos hablando del partido.

—Me refiero a que haces trampas.

El canino inclinó la cabeza hacia el otro lado.

—¿Se puede hacer trampas con esto?

—Seducirme para que me sienta tentado a aceptar ser tu compañero es eso.

Al comprenderlo, esbozó una amplia sonrisa.

—Pero funciona.

Tyler soltó una risilla, haciendo que la calidez inundara su pecho. Después, su pareja le acarició una mejilla. Él se dejó hacer sin dejar de mirarlo, gruñendo de gusto.

—Sabes lo que siento por ti, ese no es el problema.

—Tienes miedo de que me aleje de ti por otro macho. —La idea seguía siendo absurda en su cabeza, pero Night ya le había advertido que era un rasgo humano. Contuvo un suspiro y, en su lugar, le acarició la espalda—. Necesitas tiempo para que te demuestre que eso no ocurrirá. Mientras te quedes conmigo, me parece bien.

—Gracias, Trust.

Él lo mantuvo cerca y frotó su cara contra su mano.

—Después de cenar veremos esa película y nos abrazaremos.

—Me parece un buen plan —dijo Tyler, dándole una última caricia antes de apartarse para preparar los platos.

Trust lo dejó ir a regañadientes, aunque satisfecho al mismo tiempo. Había distraído a Tyler de sus problemas y tenía la sensación de que había fortalecido un poco su vínculo.

Además, lo de hacer trampas era interesante. Estaba impaciente por probarlo.

 

 

Aquel día habría estado de muy buen humor si no fuera por la reunión. El aroma de Tyler se adhería a su cuerpo a pesar de que se había cambiado de ropa y, probablemente, era lo único que impediría que persiguiera a 377 por lo que les había hecho a Tiger y Zandy.

Le gustó la experiencia de estar abrazado a su compañero, abrazarlo e intercambiar caricias, pese a que fueron por encima de la ropa. Aun así, su olor no dejó ninguna duda de que la atracción era mutua y tan intensa como el primer día. Tyler tenía sentimientos fuertes por él, era una lástima que no tuviera el olfato de su gente para que supiera que los suyos tampoco habían cambiado y que eran sólidos. Tal vez ese fuera el problema de los humanos, que no podían percibir las emociones y, por ello, no podía estar seguros de lo que sentían los demás.

Era una idea que le habría gustado comentar con Night y Slade, pero, a medida que se acercaba a la sala de conferencias y notaba el ambiente de tensión entre los suyos, tuvo la sensación de que no habría tiempo para tener una charla amistosa.

No le gustaba nada esa especie de aire enrarecido que dominaba el lugar.

Algunos aromas conocidos lo distrajeron y se giró hacia uno en concreto. Levantó las cejas.

—¿Tú también, 305?

El úrsido se abrió paso con facilidad entre caninos y felinos para acercarse.

—Tyler me ha hecho un resumen rápido de lo que ha pasado —gruñó—. También me ha confirmado que 396 está reaccionando bien a la retirada de las dosis y sé que estará bien con él y Baird para cuidarlo. Creo que debería estar aquí para dar mi opinión, aunque los míos están siendo unos idiotas cabezones.

Pese a sus palabras, Trust se sintió un poco mejor al tenerlo en la reunión para hablar a favor de los humanos. Puede que los úrsidos no lo estuvieran escuchando, pero seguía siendo importante entre su gente y tal vez sus palabras tranquilizarían a los felinos.

Dentro de la sala de conferencias, todos se situaron en los asientos sin sentarse, permaneciendo de pie o apoyándose sobre los respaldos, mirando hacia el pasillo central, donde Night esperaba a que se reunieran con los brazos cruzados y el rostro grave. No detectó furia en él, pero lo conocía lo suficiente como para saber que su enfado no se habría esfumado tan fácilmente, sino que se limitaba a tenerlo bajo control. Así era como podía pensar para hacer lo mejor, lo correcto. Trust esperaba que entre él y 305 pudieran mantener las cosas como estaban, al menos, hasta que 396 pudiera despertar. Entonces, los úrsidos tendrían que aceptar que los humanos lo habían salvado y que no era ningún truco contra su amigo.

Reconoció a algunos de sus amigos en la sala, cerca del pasillo, como si estuvieran listos para actuar a la menor señal de tensión: Brass, Midnight, Slade, incluso Justice y Breeze. Estos dos no parecían muy contentos, puede que ya supieron lo que había pasado.

Al ver que el movimiento en la sala se detenía, Night echó un vistazo rápido a los reunidos y comenzó:

—Os he llamado para contaros que ayer hubo un incidente —dijo proyectando su voz con fuerza para ser escuchado—. Zandy, la humana pelirroja que habréis visto por aquí alguna vez, fue atacada ayer por uno de los nuestros. —Hubo algunos jadeos y susurros, pero el canino continuó—. Tiger estaba presente y luchó para protegerla. Los dos están heridos, pero se pondrán bien.

—¡Fue 377! —gruñó Breeze con rabia, adelantándose para entrar al pasillo. Su iracunda mirada fue directa hacia el grupo, que permanecía al fondo de la sala—. ¿Cómo has podido hacer algo así? ¡Otra vez! Dejé pasar lo de Ellie porque podía entender tu resentimiento hacia los técnicos, a pesar de que ella no era de verdad uno de ellos, pero Zandy… Ella ni siquiera estuvo allí, y, aun así, ¡la atacaste sin ningún motivo!

El felino avanzó con aire tranquilo, balanceando la cola tras él. Trust apretó los puños al no ver ni rastro de culpa o… algo, lo que fuera que pudiera decirle que sabía que había hecho mal o que se arrepentía. Permaneció inmutable mientras explicaba:

—Esa humana es cercana al que dirige todo esto. Intentaba sacarle información, saber qué planes tenía para nosotros.

—¿Y era necesario que pelearas con Tiger? —preguntó Justice en esta ocasión, también avanzando al pasillo. Tenía una mirada peligrosa que Trust no había visto en él durante el tiempo que llevaban libres—. ¿Para qué? ¿Él también tenía información?

Esta vez, las facciones de 377 se contrajeron.

—Enloqueció cuando me vio, solo me defendí.

—Le has roto varias costillas —gruñó Justice convirtiendo sus manos en garras.

—No paró por mucho que traté de decirle lo que estaba haciendo.

Justice se inclinó hacia delante, a punto de agazaparse. Trust temió que hubiera otra pelea, pero Night intervino:

—¿Y? ¿Qué planes son esos?

377 resopló.

—No tuve tiempo de sacarle nada.

—¿Ah, no? ¿No te habló de las clases y para qué son los partidos? ¿No te invitó a probarlos?

—Intentó que cayera en el truco, tal como esperaba —dijo con una mueca de desprecio.

—¿Has intentado siquiera probar nada de lo que dijo?

—¿Has intentado ir más allá de los muros?

Night dejó escapar un suspiro.

—Ya hemos hablado de esto, pero sí, te recuerdo que la primera vez que estuve fuera de la instalación, no estuve aquí, sino en otra parte.

—En otra parte con humanos que afirmas que no son de fiar.

—No saben lo que somos y se asustarían de nosotros, podrían considerarnos una amenaza para ellos. También lo hemos hablado.

—Y nos harían daño. Nos encerrarían de nuevo, nos matarían…

—Por eso estamos aquí. Este lugar es seguro.

Los ojos de 377 relucieron.

—A menos que nos consideren una amenaza.

Trust sintió un desagradable escalofrío, pese a que su cabeza tardó un poco en comprender a dónde quería llegar el felino. Night, en cambio, fue más rápido y arrugó la nariz.

—Una situación que tú estás provocando. Ya has atacado a muchos humanos, 377.

—¿Y qué van a hacer al respecto? ¿Van a matarme? ¿Encerrarme?

—Ninguna de las dos cosas. Entienden que sea difícil para algunos de nosotros confiar en ellos, pero quieren darnos esa oportunidad. —Dio un paso hacia 377—. Y tú no lo estás poniendo fácil. Empiezan a estar preocupados por su seguridad.

—Así que atacarán —377 resopló—. Igual que en la instalación. Si obedecemos y hacemos sus pruebas, nos dan comida y no hay castigos, pero si no…

—Nadie va a atacar a nadie —dijo Night.

—Deberías preocuparte más de que te atacara yo —gruñó Breeze—. Si fuera una de nosotras, no seguirías respirando, te lo aseguro.

Las hembras mostraron su acuerdo junto con algunos machos. Sin embargo, 377 no parecía preocupado por su amenaza. En cambio, asintió lentamente.

—Así que esto es lo que quieren. Dividirnos.

El silencio que se hizo tras esas palabras fue devastador. Trust apretó los dientes, incapaz de entender cómo lo hacía 377 para retorcer cualquier cosa que dijeran.

—El único que está haciendo eso eres tú, 377 —lo acusó Night.

El felino se encogió de hombros.

—No es la primera vez que lo hacen los humanos.

—Alto.

Trust se giró para mirar a 305, que pasó por delante de él para salir al pasillo y enfrentar a 377. Tras este, los úrsidos se movieron para acercarse, mirando esperanzados al úrsido. Sin embargo, 305 los fulminaba con la mirada.

—Veo a dónde quieres ir con esto y más te vale que tengas cuidado. Lo que nos hicieron a los úrsidos no tiene nada que ver con lo que está pasando aquí. Incluso entonces, estábamos en jaulas y de ningún modo nos dejaban andar por donde quisiéramos, siempre había guardias y siempre nos trasladaban sedados.

377 se encogió de hombros.

—No funcionó entonces, así que prueban algo nuevo.

—¿En serio? —masculló Slade, lanzándole una mala mirada—. Estamos todos sueltos y sin drogas en nuestros cuerpos, es demasiado arriesgado hasta para ellos.

—Fingen vulnerabilidad para que nos sintamos fuertes, solo es otro de sus trucos. Estoy seguro de que tienen formas de contenernos.

—¿Qué necesidad había entonces de salvar a los que estaban más heridos? —le preguntó Justice—. Algunos de los nuestros siguen vivos gracias a estos humanos. ¿Para qué tomarse la molestia si aumenta nuestro número? No tiene sentido.

—Otra forma de ganarse nuestra confianza —replicó 377—, y, de todos modos, todavía hay uno al que no han salvado.

305 apretó los puños.

—396 sigue vivo gracias a ellos.

—Y te mantienen apartado de tu gente —dijo uno de los úrsidos con tono suplicante.

—¡Nadie me obligó a quedarme allí! —bramó 305—. Me dejaron claro que podía ir a mi apartamento, juntarme con los demás, ir a clases y visitar a 396 cuando quisiera. Nadie me retiene, yo decidí quedarme con él para que no estuviera solo. ¿Vais a decirme también que mi elección ha sido una manipulación de los humanos?

—Conocen tu punto débil —comentó 377 con los ojos entrecerrados—. Lo han hecho con todos nosotros cientos de veces. Cogen a alguien a quien apreciamos y lo retienen para mantenernos a su merced. Aquí solo están siendo más sutiles, te hacen creer que es decisión tuya y que 396 vivirá, pero en realidad está muerto.

De repente, 305 ocupó todo el pasillo y convirtió sus manos en garras. Le mostró los colmillos a 377.

—No te atrevas. Yo he estado en esa sala con él, he visto sus heridas, he sentido su respiración y su corazón. Veo cómo se recupera día tras día. —Asesinó a los úrsidos con la vista—. ¿Alguno de vosotros lo ha visto? Claro que no, no os importa. No le habéis perdonado lo que hizo, creéis que está roto y que es mejor que muera. Peor, pensáis que lo merece.

Su acusación provocó otra ola de silencio que, esta vez, hizo que los úrsidos agacharan la cabeza. Trust se estremeció; era cierto que estaba enfadado con ese grupo y que creía que 377 merecía un castigo por lo que les había hecho a Zandy y Tiger, pero… Desearle la muerte a uno de los suyos por cosas que habían sucedido en la instalación, por las mentiras que habían provocado los humanos, era… No estaba bien. No conocía en persona a 396, pero 305, sí. Lo conocía tan bien como él a Night y le creía cuando decía que no era un mal macho.

El úrsido soltó un gruñido profundo y extendió y cerró los dedos.

—Así que no os atreváis a decir que se está muriendo si ni siquiera os habéis preocupado por ir vosotros mismos a comprobar su estado. El próximo que lo haga, peleará conmigo.

Los úrsidos retrocedieron un poco, pero 377 permaneció donde estaba, observándolo.

—¿Lo veis? A él ya lo han controlado.

305 rugió e hizo amago de abalanzarse sobre el felino, pero Trust lo agarró por la cintura mientras que Night y Slade lo detuvieron por los hombros. Aun así, necesitaron que Fury y Brass se unieran para impedir que siguiera acercándose al otro grupo. Era monstruosamente fuerte.

—305, no —le pidió Trust en voz baja—. Esto no nos ayuda.

—Te está provocando —susurró Night, tan bajo que costaba un poco oírlo—. Lo hace para demostrar sus palabras. No caigas en su juego.

305 soltó un gruñido frustrado, pero dejó de resistirse y permitió que lo llevaran atrás. Aun así, no impidió que siguiera mirando a 377 como si quisiera hacerlo pedazos.

—Eres un desgraciado —escupió.

En esta ocasión, la expresión del felino se volvió triste.

—No es mi intención hacerte daño, 305, solo trato de que entiendas lo que hacen. Incluso si 396 sigue con vida, no deja de ser una forma de controlarte. —Abrió los brazos, señalando la sala—. Todo esto, la comida, esas habitaciones, la ropa, esas clases y partidos, no son más que una distracción de lo que realmente hacen. Seguimos estando en una gran jaula repleta de guardias y técnicos, algunos de ellos ya estaban en la instalación, y siguen haciendo lo mismo que han hecho siempre, engañarnos. Nos dan la mano para conseguir lo que quieren y hacernos daño después. Lo hicieron cuando éramos jóvenes y lo siguieron haciendo con nuestros amigos y compañeros.

—Claro, y lo hacen solo con 305 —dijo Night estrechando los ojos—. Es más fuerte que la mayoría de nosotros, pero no lo suficiente como para enfrentarse a todos.

377 aún parecía triste mientras se dirigía a Night.

—Pero contigo han ganado a todos los caninos, ¿no es así?

Trust se tensó. Maldito sea, más le valía no seguir por ese camino.

Pero 377 continuó hablando:

—Te has unido a un humano, igual que han hecho otros de los que están aquí —dijo señalando con el mentón a Midnight y Fury. Después, miró directamente a Trust y Slade con la nariz arrugada—. Otros parecen estar siguiendo ese mismo camino con humanos. ¿No os resulta familiar? Sobre todo a ti, 322.

—Me llamo Fury —replicó el canino enseñando los colmillos— y no sabes una mierda. Ellie no tiene nada que ver con María.

—No fuiste el único macho al que engañó, pero sí de los pocos que ha sobrevivido a su crueldad. Sería una verdadera lástima que esa humana te apuñalara por la espalda después de lo que has sufrido.

Slade rodeó el pecho de su amigo con un brazo antes de que pudiera moverse siquiera. Fury no se resistió, pero el aroma de su ira manaba con tal fuerza que era imposible no percibirlo.

—Deja de jugar con los compañeros, 377 —le advirtió Night con dureza—. No haces más que provocarnos para demostrar que estamos bajo un supuesto control, pero no es cierto. Cualquiera de los nuestros protegería a su compañero.

—Y por eso han conseguido dividirnos y que luchemos entre nosotros —soltó 377 con exasperación—. ¿No lo veis? Toda esta farsa ha sido para ganarse nuestra confianza y que nos sintamos unidos a ellos para controlarnos. Las otras veces fracasaron y lo han perfeccionado, como hacen con las pruebas. Ahora hay unos pocos compañeros humanos, pero todos sabemos que algunos de vosotros ya están marcando a más. —Se señaló la nariz, mirando de nuevo a Tyler y Slade con rabia—. Y Tiger protegió a la humana, ¿cuánto tardará en unirse también a ella? ¿Y los demás? ¿Cuántos tendrán que estar unidos antes de que eliminen al resto por considerarlos una amenaza?

—Esto es estúpido —masculló Slade—. No haces más que repetir lo mismo una y otra vez, pero no puedes demostrarlo.

377 ladeó la cabeza.

—¿Estás dispuesto a traer a tu médico aquí?

Slade soltó un profundo gruñido. Esta vez, fue el turno de Fury de mantenerlo quieto cogiéndolo del hombro.

—Aléjate de Trisha, bastardo.

—Creo que ya es evidente que habría una pelea entre varios de nosotros. Solo es cuestión de tiempo que afecte a más de los nuestros.

—Y sigues siendo tú el que la provoca —le recordó Trust con cara de pocos amigos—. Hasta ahora, eres tú quien no deja de atacar.

El felino le devolvió el gesto.

—Alguien tiene que poner resistencia y demostrar lo que ocurre aquí de verdad.

—Si estás tan seguro, ¿por qué no esperas a ver si despierta 396? —lo retó. No había olvidado por qué estaban en esa reunión, ni 377 ni ellos ganarían nada hablando, no había ningún acto que pudiera convencer a toda su gente de una cosa u otra… excepto 396—. Se supone que lo retienen para controlar a 305, ¿no es así? Lo usan de la misma forma que usan a Night para controlar a los caninos, eso es lo que das a entender.

377 inclinó la cabeza con desconfianza, pero Trust sabía que era cierto. Era evidente que los úrsidos deseaban que 305 regresara con ellos, aunque no tuvieran el mismo vínculo y necesidad de los caninos de seguir a uno de los suyos, lo respetaban y apreciaban demasiado como para perderlo por cómo los había unido con los felinos y los caninos. Aunque no les gustara su confianza hacia los humanos, tampoco deseaban enfrentarse a él, no directamente, al menos.

Siguiendo esa lógica, no era diferente de Night. En ese caso…

—305 no está unido a un humano, pero sí a 396, así que no tendría sentido curarlo, sino tenerlo bajo control. Eso significa que no les conviene que despierte. —Trust hinchó el pecho y atacó—. ¿Tanto te costaría dejar de hacernos daño durante unos días para ver qué pasa?

377 apretó los puños y tensó la mandíbula. Trust supo que había golpeado un punto delicado. Y, sin embargo…

—No. No esperaré —respondió, mirándolo con desdén—. Recuerdo lo que dijo ese humano al que estás apegado… y que era uno de los técnicos. Precisamente porque lo dijo él, no voy a darle ese tiempo. Haré lo que tenga que hacer para demostrar la verdad.

Dio media vuelta para irse, como si pudiera dar el tema por zanjado. Como si tuviera la razón.

Lo peor era que el ambiente en la sala seguía siendo tenso. A diferencia del día anterior, había inquietud entre los felinos e incluso Trust pudo ver cierta preocupación en los caninos. Estaban dudando, a pesar de que 377 no había dicho nada nuevo o que pudiera demostrar, solo había usado el miedo.

Un miedo nacido de cientos de engaños, eso era cierto. Resultaba difícil ignorar aquello, incluso con todo lo que ofrecían los humanos.

—Estás roto —dijo 305 de repente. Su rabia flotaba en el aire, pero permaneció donde estaba, apretando los puños—. Acabarás haciendo más daño que bien a los nuestros.

377 se detuvo y lo miró por encima del hombro.

—Es verdad. Estoy roto, como todos. Pero yo no he olvidado quiénes me rompieron —y, dicho esto, se fue.

Su grupo de felinos fue tras él, seguido por los úrsidos, que se demoraron un poco mientras le pedían a 305 con la mirada que fuera con ellos. Sin embargo, el imponente macho se quedó donde estaba, para nada dispuesto a ceder.

Pero los miedos de Trust se confirmaron cuando algunos felinos se marcharon con ellos. La mayoría pertenecían al grupo del día anterior que se habían unido a 363, pero unos pocos eran machos que ya llevaban un tiempo asistiendo a las clases y los partidos, que se suponía que ya se estaban adaptando a su libertad y a los humanos.

—¿En serio vais a ir con él? ¿Creéis lo que dice? —les preguntó Justice. Había cierta decepción en su tono.

Uno de los felinos le dedicó una mirada culpable.

—Lo siento, Justice. No es eso, pero… —Hizo una pausa y sus hombros cayeron—. Antes, al menos, no peleábamos entre nosotros. Y no me gusta que lo hagamos ahora por unos humanos.

Trust los vio marcharse sintiéndose impotente. No fueron muchos, pero sabía que habían fallado en su objetivo. No habían podido mantener el equilibrio ni conseguir más tiempo, lo único que tenían para demostrar que los humanos que estaban allí eran dignos de confianza.

Además, 377 no iba a dejar de atacar. Todos estaban en peligro, así que Vane tendría que poner seguridad, y eso llevaría a más desconfianza.

—Esto es un problema —susurró Night a su lado.

Trust asintió decaído.

—Acabaremos luchando, ¿no es así?

—Sí, pero lo peor es que 377 controla ahora la situación. Ya no podemos anticiparnos a sus movimientos. —Night lo miró con tristeza—. No te separes de Tyler. La próxima vez, no lo veremos venir y alguien acabará herido.

Apretó los puños y cerró los ojos.

No quería luchar contra su propia gente. Podía enfrentarse a 377 y a cualquiera de su grupo porque sabía que estaban equivocados, pero ahora, viendo adonde conducía todo, a una pelea grande entre todos, donde iban a pelear en serio… Era horrible. Podría haber muertos, si los muy malditos no mataban antes a un humano, o a varios.

Un escalofrío le recorrió la columna al imaginar a Zandy muerta. Personas como ella o Ellie eran muy fáciles de matar para alguien como él, bastaba un golpe lo bastante fuerte en la cabeza o romperles el cuello. Norm también era bastante inofensivo, no aguantaría mucho. Hombres como Rick, Vane y Zane, todavía podían luchar… pero sabía que ninguno quería llegar a eso. No los habían salvado para esto.

Y Tyler… Ya cargaba con su propia culpa. A pesar de todo lo que había sacrificado por ellos, a pesar de todos aquellos a los que había salvado, incluso a los que estaban reunidos en esa sala.

No era justo, pensó con un gruñido. Ahora que era libre y Tyler tenía la oportunidad de sanar, todo parecía a punto de desmoronarse otra vez y no tenía ni idea de cómo detenerlo.


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