Opinión de "Buena gente" de Isaac Sánchez
Buena gente es el último cómic de Isaac Sánchez, que, en esta ocasión, se aleja de las experiencias biográficas que tuvimos en el emotivo Baños Pleamar y las experiencias laborales, creativas y personales de El tío de la batamanta para transportarnos a un pequeño pueblo de la España de los años 60, en el que una muerte inesperada provoca una curiosa y trágica competición para ganar una fortuna: ser elegido la mejor persona del pueblo.
La trama
Ya desde el principio del cómic estás avisado de que una competición así no puede salir bien, especialmente porque nos presentan a los habitantes como una comunidad que no guardaba ningún aprecio por el difunto al que se le ha ocurrido este juego para escoger a alguien que herede su fortuna y porque habiendo dinero de por medio todas las acciones resultan más en "interés" que en ser "bondadosos".
Lo curioso es que, aun sabiéndolo, hay ciertos acontecimientos más macabros de lo que esperaba y giros que no los veía venir, y eso teniendo a uno de los protagonistas advirtiéndote a través de diálogos de que las cosas solo pueden empeorar. Los mejores forman parte precisamente de los protagonistas, los únicos con los que he empatizado a pesar de que también tienen sus cosas.
Por supuesto, el final, en el que se decide quién es la mejor persona del pueblo a través de un método que no es revelado hasta ese momento (tampoco los ciudadanos lo sabían hasta el día de la elección), es lo que esperaba en el sentido de que sabía que no podía ser una decisión que el difunto había dejado a algo tan complejo de definir como quién es la mejor persona (porque, ¿cómo puedes medir algo así?), pero es cierto que el método había estado ahí todo el tiempo y no lo había visto, sencillamente maravilloso.
Los personajes
En una historia sobre las falsas apariencias y el "buenismo", no podía faltar una comunidad repleta de hipócritas que se esfuerzan en mostrar su mejor cara al público y esconder los actos horribles que van cometiendo por la espalda. Cada uno sigue una estrategia diferente, pero conforme avanza la competición y observan al resto, se van dando cuenta de que no están seguros de tener la carta ganadora y eso deriva en una única estrategia evidente: entorpecer al resto.
Me gusta la elección de que el escenario sea un pueblo pequeño, ya que todo el mundo se conoce, todos saben quién es quién y me imagino a mí misma incapaz de pensar que el barbero de la esquina sería capaz de hacer una barbaridad para menguar tu popularidad o que el carnicero al que compro todas las semanas, en su desesperación por ser "bueno", recurra a ciertas medidas drásticas. Y, sin embargo, ocurre, y cada vez va a más hasta un punto insostenible.
Me hace gracia cómo los consejeros éticos del pueblo: el sacerdote, la profesora de filosofía y el jefe de policía, en principio defensores de la moral y la ley, resultan ser los más hipócritas de todos, y algunas de mis viñetas favoritas son precisamente cuando ellos dan discursos sobre la ética y la moral mientras los ciudadanos siguen haciendo barbaridades cada vez mayores.
Como he dicho antes, los protagonistas también tienen sus "defectos", pero es fácil empatizar con ellos porque, en primer lugar, son los únicos que no buscan la fortuna del difunto y puedes entender cómo su situación personal los ha conducido a ellos y a unos finales agridulces.
Conclusión
No debería sorprender que a estas alturas recomiende un cómic de Isaac Sánchez. Este no será mi favorito, pero sin duda es una lectura satisfactoria y que recuerda a la España profunda de la época, puede que con una violencia exagerada y extendida a toda una comunidad. Además, tiene un tema que, si bien no es original, últimamente no lo veo muy retratado y menos en este formato, así que se agradece el contenido y, por supuesto, el estilo artístico con su paleta de colores (esto ya es un gusto personal).
Si no habéis leído nada de este autor, esta podría ser una buena lectura para empezar.

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