Sweet "I love you"
Naruto
nunca había sido el Omega más preocupado por su vestuario. Siendo sincero
consigo mismo, la moda no le interesaba mucho y siempre había optado por algo
colorido, cómodo y sencillo. Nunca antes le había preocupado qué ponerse.
Pero
ahí estaba, fulminando con la mirada su armario.
—Naruto,
tranquilo, no es horrible —dijo Subaru a través del altavoz de su móvil.
¿Que
no era horrible? ¡No tenía nada decente para el fin de semana!
—No
se me ocurre nada menos sexy que el naranja —replicó Naruto, maldiciendo lo
mucho que le gustaba el color. Ahora mismo, no le servía.
—No
entiendo cuál es el problema —comentó Kira con tono despreocupado—. Estamos
hablando de tu compañero, solo tienes que desnudarte y lo tendrás lamiendo tus
pies.
La
cara de Naruto enrojeció.
Él.
Desnudo. Delante de Sasuke. Con las piernas abiertas. Lamiendo.
No
lo pensó dos veces y golpeó la puerta del armario con la cabeza. Fue más fuerte
de lo que pretendía y dolió un poco, pero la imagen desapareció. Bien.
—¿Pero
qué haces? —preguntó un alarmado Subaru.
—¡Mierda,
Naruto, contrólate!
¿Cómo
esperaba que lo hiciera? Sí, vale, de acuerdo, había cumplido la mayoría de
edad hacía más de seis meses, pero ¿y qué? No era como si al tener dieciocho fuera
a abalanzarse sobre su Alfa para exigirle que lo manoseara mientras lo montaba
salvajemente. No es que le disgustara la idea, era tentadora, tenía curiosidad
y, oh, Gran Madre, se preguntaba qué cara pondría Sasuke si hiciera eso…
No,
no se trataba de si quería, ya hacía un año que fantaseaba con ese momento y,
últimamente, se sentía muy atraído por su compañero. Había leído sobre el tema
y le había preguntado a Subaru cómo se había sentido, aun sabiendo que,
tratándose de Sasuke, preferiría sufrir de abstinencia a hacerle daño,
incomodarlo o forzarlo de cualquier manera. Sabía que, si se lo pedía,
esperaría años.
No
era el caso. Como regalo de su último cumpleaños, Naruto le había pedido un
beso. No uno con lengua ni mucho menos intenso, pero se habían besado. Fue
tierno, dulce y lo habían repetido otras veces, en privado. También había
habido algunas caricias por su parte, siempre por encima de la ropa y nunca de
cintura para abajo. Sasuke no había ido tan lejos, probablemente porque sus
mejillas todavía ardían cuando lo tocaba.
Él
quería. Claro que quería, su vínculo estaba más a flor de piel que nunca y la
parte más instintiva de su ser le exigía que se apresurara en marcarlo. Sin
embargo, la vergüenza a veces lo retenía. Eso y un ligero temor a no hacerlo
bien, preocupado porque no le gustara a Sasuke, aunque sabía que eso era una
tontería. Su compañero le diría que era normal estar nervioso y que se ocuparía
de todo. Sabía que le daría una primera vez maravillosa, pero, aun así, quería
que él también disfrutara de la experiencia.
Se
lo diría más tarde. La etapa en la que se callaba las cosas que lo preocupaban
había pasado. No volvería a preocupar a su pareja como hace dos años.
—No
todo el mundo es tan lanzado como tú, Kira —gruñó, más por el dolor que otra
cosa.
—Pero
resolvería tu problema. ¡Es sencillo! Ni siquiera tienes que decir nada, solo
quitarte la ropa.
—No
es tan fácil, Kira —lo defendió Subaru.
—Claro
que sí, hay un vínculo, no le dirá que no.
—No
se trata de eso. El problema es…
—La
extraña vergüenza de Naruto, sí, por eso digo que desnudarse es la mejor
opción.
—¡Basta!
—dijo una nueva voz a través del altavoz—. Naruto, no la escuches. Pon la
cámara y enséñame tu armario.
—Gracias,
Yuko —soltó Naruto, aliviado y cogiendo el móvil.
Sorprendentemente,
o tal vez no tanto después de la bronca que le echó su padre, la loba fue a
disculparse humildemente con él. Le dijo que, tras saber todo el esfuerzo y
sacrificio que hizo la familia de su padre para que gente como ella pudiera
tener una vida normal, pensó mucho acerca de lo ocurrido y se sintió muy mal
por cómo lo había tratado, también por lo que dijo de sus padres, aun
conociendo su historia.
Naruto
pensó que estaba realmente arrepentida y la perdonó. Después de aquello, Yuko
había intentado ayudarlo cada vez que había tenido la ocasión, tal vez porque
aún sentía que tenía que compensarlo. No llegó a ser nunca parte de su grupo de
amigos, pero los dos acabaron por llevarse bien.
Así
que, teniendo en cuenta la naturaleza de su problema, sí, la había llamado a
ella también. Yuko tenía un gusto impecable para la moda y aspiraba a abrir su
propia firma algún día.
—Mira,
coge la camiseta blanca de cuello de pico, los vaqueros claros y la camisa a
cuadros rojas. Es informal, te queda bien y no grita tus intenciones a los
cuatro vientos.
—Eso
no lo ayudará a follar esta noche —comentó Kira. Naruto casi podía ver cómo
hinchaba los mofletes.
—Deja
que lo haga a su manera —replicó Yuko—. Son compañeros, sabrán apañarse entre
ellos. Espera, Naruto, esa camiseta de tirantes para cuando salgáis a correr.
—¿La
amarilla con llamas? —Hizo una mueca.
—Esa
se te ceñía a la cintura y el pecho, estarás muy sexy para él. Y coge el pijama
del gato y la luna.
—¿En
serio? —Echó un vistazo a la camiseta corta de color azul y los pantalones blancos
cortos con forma de media luna y estrellas negras.
—Es
tan sensual como mis bragas de menstruación —soltó Kira.
—No
todo se trata de sexualidad —gruñó Yuko antes de suavizar su tono—. Estoy
segura de que ese conjunto le hace adorable, Sasuke no podrá resistirse si
Naruto le pide un poco de atención que podría derivar en otra cosa.
—Es
una buena estrategia —aprobó Subaru—, y es verdad que eres una monada con ese
pijama.
Él
aún no estaba muy convencido, pero se encogió de hombros y lo guardó en la
mochila. Teniendo en cuenta que todo su armario le parecía horrible en ese
momento, se fiaría de la experta.
—Gracias,
Yuko.
—Puede
que no esté de acuerdo con Kira, pero tiene razón en que tu compañero no te
rechazará. Eres un Omega atractivo, Naruto, ten más confianza en ti mismo.
Yuko
podía ser dulce cuando quería.
—Lo
intentaré.
—Todo
irá bien, Naruto, ya lo verás —le dijo Subaru con calidez.
—No
te calientes y a por él, lobo —lo animó Kira con diversión.
Les
dio las gracias a los tres y terminó de preparar su mochila para el fin de
semana. No era el primero que pasaba a solas con Sasuke, pero sí desde que
había cumplido la mayoría de edad, lo que significaba que su compañero ya tenía
permiso para marcarlo… entre otras cosas.
Lo
había pospuesto hasta que sintió que estaba preparado, sin embargo, no quitaba
que estuviera un poco nervioso. Y emocionado. Y ansioso. Y que tuviera un nido
de inquietas mariposas en la boca del estómago que no dejaban de revolotear,
las muy malditas.
No
pasaba nada, estaba preparado, seguro. Subaru le prometió que todo saldría de
forma natural, que solo tenía que esperar a estar relajado con Sasuke y,
después, le nacería de dentro, que se dejara llevar entonces.
Sí,
una vez estuviera con Sasuke, estaría más tranquilo.
Se
echó la mochila a los hombros y bajó las escaleras. Por supuesto, sus padres lo
esperaban abajo. No rechistó cuando su padre lo abrazó y su madre le acarició
la cabeza.
—Estoy
bien, de verdad.
—Lo
sabemos, hijo —dijo Kushina—, pero sé que estás un poco nervioso. No tienes que
preocuparte, todo irá como la seda.
—Cierto,
tu madre nunca me ha mordido salvo para marcarme.
La
loba chasqueó los dientes juguetona, haciendo reír a Minato. Naruto se apartó
de ellos despacio.
—Uh,
creo que no quiero saber más.
Su
madre se rio con fuerza mientras su padre lo acompañaba hasta la puerta de
casa. Naruto sonrió cuando le revolvió el pelo con cariño, le encantaba esa
muestra de afecto.
—Todos
hemos estado nerviosos la primera vez —le dijo en voz baja—, pero esto es lo
bueno de tener un compañero, hará que sea genial para ti… y se cortaría las
pelotas antes que hacerte daño.
—Papá,
no me digas que todavía le tienes manía.
Minato
rio entre dientes y le dedicó una cálida sonrisa.
—En
absoluto. Me costó un tiempo, pero ahora entiendo lo que me dijo tu madre
cuando supimos que erais compañeros y tenía toda la razón. Me siento aliviado
de que sea él y no un imbécil que vaya a partirte el corazón o hacerte daño.
Eso sí me habría dolido, verte así. —De repente, el dolor ensombreció su
expresión.
Naruto
se imaginó a qué se debía esa expresión. Sabía que su madre estuvo sola durante
mucho tiempo, sin encontrar a su padre, saltando tal vez de una relación a otra
hasta que la necesidad de afecto hizo que se estableciera con… con Genzo.
Incluso
después de tanto tiempo, todavía era difícil pensar en él. De vez en cuando,
aún tenía pesadillas, pero ya se había convertido en un hecho extraño más que
en una recaída. Y siempre tenía a Sasuke, sus padres o sus amigos para ayudarlo
si lo necesitaba.
Sin
pensarlo dos veces, abrazó a su padre con fuerza. No quería que pensara en eso.
—Gracias,
papá. Y no te preocupes por mí, es como decís los dos, un poco de nervios.
—Ya
verás que, cuando llegue el momento, será algo natural, nacerá de ti. Al menos,
así fue como lo sentí con tu madre —dicho esto, lo besó en la cabeza y se
apartó—. Solo disfruta de tu tiempo con él y se te olvidarán los nervios.
Naruto
asintió, dejó que le acariciara una mejilla y, después, se marchó a casa de
Sasuke. Mientras andaba, no pudo evitar sonreír un poco, a pesar de las
mariposas que todavía anidaban en su estómago. Tenía muchas ganas de ese fin de
semana, lo había pospuesto tanto tiempo, temiendo no estar preparado para ese
momento, que había olvidado lo mucho que le gustaba ir a casa de su Alfa cuando
tenía un par de días libres: noche de películas, cocinar juntos, jugar algún
videojuego e incluso Sasuke le permitía montar sobre él.
Era
como decía su padre, siempre había sido muy natural estar con él, en todas sus
etapas, a pesar de la vergüenza que había tenido últimamente y los nervios que
sentía ahora. Nervios que disminuyeron en cuanto vio a Sasuke esperándolo en la
entrada de su casa. Le hizo sonreír, ¿tantas ganas tenía de ese fin de semana
que no lo había esperado dentro?
En
cuanto lo vio, su Alfa bajó las escaleras para recibirlo y Naruto se dejó
abrazar felizmente. Notó cómo lo besaba en la cabeza.
—Alguien
se alegra de verme.
—Siempre,
Naruto, pero eso ya lo sabías.
—Y
siempre me gusta oírlo.
Se
quejó cuando le pellizcó la mejilla.
—Te
tengo demasiado mimado.
—Eres
mi Alfa, es tu trabajo.
Sasuke
se apartó con una gran sonrisa, como cada vez que lo reconocía como su
compañero. Últimamente se había esforzado en hacerlo, a pesar de su timidez,
para ir acostumbrándose. Ya no era tan difícil, pero todavía se sonrojaba. Era
curioso cómo algo tan pequeño podía hacer tan feliz a su pareja.
—Y
yo lo cumplo encantado —dijo envolviendo sus hombros con un brazo para guiarlo
a casa—. Por eso, las películas ya están preparadas y las palomitas esperándote.
—Deberían
estar hechas —fingió indignación.
Los
ojos de Sasuke chispearon.
—Entonces
te habrías quejado porque se habrían quedado frías si llegabas tarde.
Naruto
le lanzó una mirada acusadora cuando entraron en la casa que le hizo reír.
Mientras
Sasuke reparaba su falta haciendo las palomitas, él fue a su habitación a dejar
la mochila y ordenar sus cosas. Al ir directo allí, frunció el ceño. Ahora que
lo pensaba, nunca había dormido en la habitación de su compañero; se había
quedado dormido en su regazo un millón de veces de niño y alguna vez mientras
veían una película, pero, realmente, nunca habían dormido juntos.
Teniendo
en cuenta lo que pretendía hacer esa noche… ¿Qué debería hacer? ¿Se iba a la
habitación de Sasuke? ¿Sería demasiado descarado? ¿Dejaba las cosas en su
habitación por si acaso? Pero, ¿y si se acobardaba? Él quería marcar y ser
marcado, su instinto se lo pedía a gritos y había estado muy ansioso el último
mes, desde que terminó la última época de celo. Su cuerpo estaba preparado
también, había tenido suficientes sueños húmedos como para estar seguro de que
era el momento.
Es
solo que no había hecho eso nunca y no tenía ni idea de cómo hacerlo. No era
como Kira, no podía simplemente lanzarse aun sabiendo que Sasuke no lo
rechazaría. Todavía… le daba cierta vergüenza.
—¿Todo
bien?
Se
sobresaltó cuando escuchó a Sasuke a su espalda. Se le cayó la camiseta de
pijama que había estado retorciendo sin darse cuenta, aunque el Alfa la cogió
al vuelo.
—No
te he oído —dijo, rojo como un tomate.
Sasuke
le sonrió y dejó la camiseta sobre la cama antes de frotarle los hombros.
—Estabas
muy concentrado en preocuparte por algo. ¿Quieres que hablemos?
Naruto
asintió y se sentó en el borde con su Alfa a su lado. Le costó un poco empezar,
pero, al final, suspiró y lo soltó:
—Sabes
que he estado pensando mucho en la marca.
—Sí.
—Sasuke le frotó la espalda—. Sé lo que planeabas para esta noche.
Su
cuerpo se tensó y lo miró con los ojos muy abiertos. El Alfa rodó los ojos.
—No
has venido a pasar un fin de semana conmigo desde que cumpliste la mayoría de
edad. Sé leer entre líneas.
En
cierto modo, fue un alivio que lo hubiera adivinado. Por supuesto, aún
sabiéndolo, Sasuke no le había impedido que fuera o lo había lanzado directo al
sofá para exigir su unión inmediata, como siempre, dejaba que llevara su ritmo
y lo quería de corazón por eso.
El
problema era que a él ya no le gustaba ese ritmo. Necesitaba otro y le costaba
ponerlo en práctica.
—Estoy
nervioso —admitió. Al ver que Sasuke abría la boca, lo detuvo con un gesto de
la mano. Él obedeció—. Lo sé, sé que no tengo que forzar las cosas y que puedo echarme
atrás si quiero, sé que… Tú esperarías el tiempo que sea necesario. Pero no se
trata de eso. —Bajó la vista—. La última época de celo fue mala.
Sasuke
frunció el ceño.
—¿Qué
pasó? Sabes que no busco otros Omegas.
—Lo
sé. Fue cosa mía, estuve… —Sacudió la cabeza, sin saber muy bien cómo
expresarlo—. Yo no tengo celo, pero quería ir a buscarte. Sentía que me
necesitabas y, aun así, no fui capaz de ir a buscarte. Me molestó. —Lo miró—.
Siento que estoy preparado y no me gusta que haya una especie de barrera que me
impida estar contigo.
Su
compañero parecía sorprendido por su declaración, pero, al instante, le sonrió
con cariño y lo atrajo hacia él. Naruto apoyó la cabeza en su pecho y rodeó su
cintura.
—Sé
que ya hemos hablado de esto, pero te lo repetiré las veces que haga falta. No
tiene nada de malo que te sientas tímido respecto a esto. Es algo nuevo y no
sabes cómo te vas a sentir, por mucho que lo hayas visto en películas, libros y
te lo hayan contado otros. —Lo besó otra vez en la cabeza—. ¿Quieres un
consejo? Este no te lo había dado aún, esperaba a que te sintieras preparado.
—Por
favor.
Sasuke
lo giró con suavidad para que estuvieran cara a cara. Le acarició la mejilla.
—Olvídalo.
…
¿Qué?
—¿Qué?
—preguntó frunciendo el ceño.
—Olvida
lo que quiera que habías planeado para que te marcara. Solo relájate y pasa tiempo
conmigo, igual que antes. Hacía más de medio año que no te quedabas aquí un fin
de semana, disfrutémoslo.
Naruto
seguía sin entenderlo.
—No
quiero dudar de ti, pero… ¿de verdad eso ayudará?
Su
compañero asintió.
—El
vínculo es instintivo. Tienes una barrera porque le das demasiadas vueltas. No
lo hagas, te presionas a ti mismo sin darte cuenta. Lo único que hay que hacer
es seguir como siempre, olvídate de que has cumplido la mayoría de edad, no hay
un límite de tiempo para que te marque, así que no tenemos prisa. Considera
estos dos días como una especie de cita larga, una oportunidad para ver cómo
nos sentimos ahora que nuestras emociones han cambiado.
El
Omega alzó las cejas, pero, antes de que pudiera preguntar, Sasuke sonrió.
—¿Qué?
Tu cuerpo ha cambiado mucho estos años, y no toco a otros Omegas, pero por
supuesto que me fijo en ti. ¿Quieres que te dé detalles de mi último celo?
Naruto
enrojeció, sin embargo, se echó a reír mientras se pasaba una mano por el pelo.
—Está
bien, lo he entendido. Así que, sin presión.
—Ninguna.
—Se removió un poco, mirando a otro lado—. Lo cierto es que echaba de menos
esto. Pasar tiempo a solas contigo. Eres mi compañero, no una pareja sexual. A
pesar de lo que he dicho sobre mi celo, el simple hecho de que estés aquí es
suficiente para mí, y últimamente he sentido que… me evitabas un poco.
Eso
no le gustó al rubio. ¿Lo había estado evitando? Era cierto que había pospuesto
un fin de semana como ese, pero… Ahora que lo pensaba… Era cierto que apenas
habían estado a solas durante los últimos meses. ¿Lo había hecho de forma
inconsciente?
Se
arrodilló sobre la cama y rodeó el cuello de su Alfa.
—Siento
haberte hecho sentir así. No era mi intención.
—Lo
sé, Naruto —dijo devolviéndole el abrazo.
El
Omega lo estrechó contra sí.
—Creo
que estaba un poco preocupado. Llevas mucho tiempo esperándome, siendo paciente
conmigo, siguiendo mi ritmo. Y ahora que estaba preparado quería darte lo que pensaba
que necesitabas lo antes posible.
Sasuke
enterró una mano en su cabello y lo acarició con cariño.
—Me
has dado lo que necesitaba, Naruto, desde el principio. Tras lo de Kaguya,
dudaba de si podría ser un buen compañero, pero apareciste tú… y eras solo un
cachorro que había pasado por algo terrible. Me necesitabas, me obligaste a ser
lo que quería ser para ti. Me hiciste mejor. —Lo besó en la mejilla—. Te he
visto crecer y eres más de lo que podía pedir. Estoy orgulloso y agradecido de ser
tuyo.
Naruto
tragó saliva, conteniendo la emoción. Despacio, deshizo el abrazo, solo lo
suficiente para tomar el rostro de Sasuke entre sus manos y darle un beso en
los labios.
Era
la primera vez que él tomaba la iniciativa, y lo hizo de corazón. Y se sintió
bien, puro, sincero. Igual que Sasuke. Le devolvió el beso con el mismo amor y
delicadeza.
Ah.
Pues claro.
Era
esto lo que estaba buscando y no conseguía. Todo porque le daba demasiadas
vueltas.
Cuando
se separaron, Naruto acarició su rostro y le sonrió.
—Te
quiero, Sasuke.
Este
parpadeó, pero, entonces, se le escapó una carcajada, la más feliz que le había
escuchado, y le dio un efusivo beso que lo dejó medio mareado antes de
abrazarlo.
—Y
yo a ti, Naruto. Más que a nada en este mundo.
Uf,
si eso era lo que se sentía cada vez que lo besaba en serio, puede que quisiera
más antes de lo que esperaba. De hecho…
—¿Eso
significa que puedo dormir contigo?
—Todas
las noches que quieras.
Sonaba
bien. Muy bien. ¿Y si…?
—¿Y
me darás los detalles de tu celo?
Sasuke
se alejó y enarcó una ceja. Naruto era consciente de su sonrojo, pero, siendo
sincero consigo mismo, se moría de curiosidad.
Su
compañero rio.
—¿Lo
ves? Ya te estás soltando.
Sí,
porque se había quitado un peso de encima que no sabía que tenía. Todo iba
bien, no tenía por qué apresurarse, solo disfrutar de su compañero y de todas
las cosas nuevas que sentía ahora.

Aaaa que lindos 🥰
ResponderEliminarUn capítulo muy lindo ~♡
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