Opinión de "La quinta estación" de N. K. Jemisin

 


Este fin de semana he terminado la primera novela de la trilogía La tierra fragmentada de N. K. Jemisin. Había leído muchos comentarios acerca de que si no eras capaz de pasar las cien primeras páginas, el libro no era para ti, y, ahora que lo he leído, lo entiendo perfectamente. La quinta estación requiere cierto esfuerzo y parece pensado para aquellos lectores a los que nos gusta comprender el mundo por nuestra cuenta y que no nos lo den mascadito (dicho esto, tenéis un apéndice con los términos nuevos).

Pese a que hubo un momento en que no me atrevía a seguir leyendo, seguí hasta el final y no sabéis cómo me alegro. A pesar de que es una novela que ha puesto a prueba mi capacidad emocional para soportar las cosas malas, es una novela de fantasía diferente a lo que había leído hasta ahora, con personajes complejos que lo tienen absolutamente todo en contra y pocas probabilidades de conseguir una vida normal, al menos, durante mucho tiempo.


La trama

Estamos en la Quietud, un nombre bastante irónico teniendo en cuenta que es un planeta caracterizado por ser sacudido cada cierto tiempo por una quinta estación, una auténtica catástrofe natural que pone a prueba la supervivencia de la humanidad.

Entre los humanos existen los orogenes, personas capaces de manipular la tierra en mayor o menor medida (dependiendo del individuo). La novela se centra en las historias de tres de ellas: Essun, que es testigo del inicio de una quinta estación durante la que pierde a su familia; Damaya, una niña recién descubierta como orogén y que nos muestra la iniciación en el Fulcro, la organización encargada de entrenar y vigilar a los orogenes; y Sienita, una orogén del Fulcro que, mientras busca ascender en la organización, acaba envuelta junto a su excéntrico mentor en extraños fenómenos relacionados con obeliscos, objetos pertenecientes a una olvidada civilización, y los misteriosos comepiedras.

Las tres historias cuentan la desgarradora realidad de los orogenes, necesarios para proteger el Imperio de un planeta que parece empeñado en acabar con la humanidad, pero temidos y despreciados al mismo tiempo por su poder. Controlados por los Guardianes, los orogenes viven por y para el Imperio sin capacidad de decidir su destino ni alejarse del Fulcro a riesgo de ser considerados una amenaza.


Los personajes

Una de las cosas que más me han gustado es cómo las tres historias muestran las fases de un orogén: con Damaya, vemos la inocencia de una niña romperse al darse cuenta de que su condición la lleva a convertirse de la noche a la mañana en un monstruo incluso para su propia familia y que la organización que dice acogerla junto a otros que son como ella tal vez no sea tan benévola como se la vende su Guardián. Sienita es ya una orogén del Fulcro, ha aceptado que no conseguirá una mejor vida que la que le ofrece la organización siempre que cumpla las reglas y no cuestione su autoridad, por ello, es muy interesante cuando empieza a descubrir ciertas cosas que traspasan la línea de lo que puede tolerar. Essun, en cambio, es una mujer adulta que conoce los trapos sucios de la organización y consiguió escapar de ella, aunque el precio fue un nuevo nombre y esconder lo que es, incluso de aquellos a quien más quiere; ya no sigue órdenes, pero sigue sin ser libre del todo.

Las tres, como orogenes, deben sobrevivir a como dé lugar con o sin quinta estación, por lo que no queda mucho lugar para las buenas intenciones o la confianza en otros. Esto da lugar a decisiones interesantes y algunas de ellas son muy duras de tomar, en especial en lo que concierne a los hijos.

Hablando de las fases de un orogén, Alabastro, el mentor de Sienita, es el personaje que escenifica mejor lo que implica ser uno de los más poderosos y también uno de los más mayores: tiene los privilegios necesarios y la edad para conocer el lado más oscuro y peligroso del Fulcro, así como lo que son capaces de hacer con su gente y, en especial, con sus seres queridos. Un hombre roto que aspira a una libertad casi imposible por la presencia de los Guardianes y una sociedad que lo rechaza. Pese a que nos muestran bastante sobre él, hay momentos en los que hace dudar a Sienita y, con ella, a nosotros como lectores, pero, teniendo en cuenta el final, espero averiguar más sobre este personaje en los próximos dos libros.

En definitiva, me ha gustado mucho cómo representa Jemisin las fases y situaciones que vive un orogén a través de varios personajes y lo dura que es su supervivencia, lo cierto es que, al final, acabas harto de todo el mundo excepto de los pobres orogenes y solo te queda preguntarte por qué no se unen todos de una vez para destruir el mundo y acabamos con tanto sufrimiento.


Ni un suspiro de felicidad

Pese a que no es una novela donde haya acción todo el tiempo, he tenido la sensación de que no me da un respiro, un momento de alivio que me dé fuerza para seguir. Había momentos en los que he acabado exhausta emocionalmente con el oscuro camino que siguen sus personajes, con la impensable crueldad que muestra la sociedad hacia los orogenes y los terribles actos que cometen contra ellos o que ellos mismos se ven obligados a cometer para evitar un destino peor.

De hecho, en el interludio, la autora explica que hubo un par de años en los que Sienita vivió un período estable y cercano a la felicidad, pero no se molesta en contárnoslo, en parte porque no ocurre nada relevante y porque ella misma afirma que no se le da bien contar las cosas buenas (os aseguro que las malas las cuenta... Uff, qué trauma, y dicen que las muertes de George R. R. Martin son crudas).

Debo añadir que todos los eventos más duros no están contados de una forma morbosa, regodeándose en los detalles, sino como siento que lo percibiría una persona real: la descripción de la escena tal cual es, sin tratar de ser literario, como un golpe que te sueltan de improviso en la cara. La propia protagonista no quiere verlo, necesita racionalizarlo para no sentir el horror, y, aun así, es duro y cuesta no prestar atención.

A pesar de aquellos días en los que me costaba empezar a leer, temiendo la próxima desgracia que encontraría, creo que esto es un acierto porque es una forma realista de mostrar la vida: no te da tregua, por mucho que la necesites, y, precisamente por eso, entiendes lo que hacen Sienita cuando se ve contra la espada y la pared o por qué Alabastro elige un camino moralmente muy cuestionable.


Narradores difíciles e interesantes

Probablemente es lo más llamativo de la novela y lo que más me ha gustado, todas las historias están narradas desde el punto de vista de las protagonistas en presente, pero, además, el de Essun está en segunda persona. Es decir, ella eres tú.

Este estilo es muy difícil de hacer ya que no todos nos sentiríamos identificados con una mujer de un mundo fantástico capaz de provocar terremotos o congelar su alrededor. Sin embargo, Jemisin nos ofrece un primer escenario crudo que, sí, hace que comprendamos perfectamente a Essun y que estemos de su lado durante todo el camino.

Sigo pensando que me habría gustado un montón ver los puntos de vista de Damaya y Sienita en pasado para que todo quedara más redondo, pero estoy muy satisfecha de ver narradores poco conocidos.


Conclusión

A pesar de que no me ha dado un respiro, me alegro un montón de haberlo leído: tiene narradores difíciles de escribir, personajes enfrentados a situaciones y contextos muy complicados de resolver y una trama social con la que algunos colectivos podrían sentirse identificados. Es una novela maravillosamente escrita y con un final que me dejó una macabra sonrisa y una sensación de anticipación por leer la siguiente.

Lectores de fantasía a los que os guste una novela poco común y que suponga un reto, la habéis encontrado.

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