Sweet heat

 


Sasuke encontró a Minato saliendo por una puerta y moviendo la cabeza como si buscara algo. Al verlo, cerró tras él e hizo amago de sonreírle con alivio, pero, entonces, reparó en el pelo de sus brazos y se pegó a la puerta en ademán protector.

—¿Pasa algo? ¿Nos están atacando?

Sasuke se maldijo a la vez que retraía el pelaje. Era el ejecutor principal, tenía fama de tener sangre fría, sin embargo, era mencionar a su compañero y sus emociones hervían sin control alguno.

—Perdona, Minato. Acabo de hacerme una idea de lo que ha pasado.

El Omega relajó los hombros y se acercó, hablando en voz baja.

—Estaba seguro de que Naruto no había empezado la pelea, pero no ha querido decirme nada y empezaba a estar preocupado. Pensé que hablaría contigo.

El Alfa le dio un apretón en los hombros.

—No te preocupes, no ha sido cosa suya. ¿Entras conmigo?

El rubio esbozó una media sonrisa.

—No. Ahora mismo, creo que se sentirá más cómodo si está contigo. Pero estaré aquí fuera si me necesitáis.

Sasuke asintió y le frotó los hombros antes de pasar a la estancia. Era una simple oficina llena de archivadores y con un pequeño escritorio con dos sillas. Naruto estaba sentado en una de ellas, cabizbajo y con los ojos achicados. Solo llevaba la ropa interior, por lo que vio las gasas que tenía sobre el pecho izquierdo, por debajo de la clavícula, y en el costado derecho. Unos vendajes cubrían su tobillo y muslo derechos, el codo izquierdo y, por supuesto, los nudillos de ambas manos. Por si fuera poco, tenía rasguños y moretones por todas partes, aunque fue su espalda lo que más le asustó, la tenía toda hinchada y rojiza.

No era nada que no se curaría, nada grave, eso le habían dicho todos… Pero ver a su pareja en semejante estado hizo que su lado animal saltara.

—Gran Madre…

Naruto se sobresaltó al oírlo y salió disparado de su silla, buscando precipitadamente su ropa.

—¡Sasuke! ¡Estoy desnudo! ¡No mires!

Por una vez, el Alfa no lo escuchó y llegó hasta él en dos pasos para examinarlo de cerca. Sus manos aún olían a sangre, su sangre.

Su pelaje brotó por todas partes.

—¿Sasuke?

Él gruñó en respuesta, incapaz de decir nada por estar a mitad de transformación.

Su compañero estaba herido. Sí, se pondría bien y solo estaba un poco peor que en los entrenamientos, pero… Seguía siendo su pareja. Esa mocosa de mierda y sus amigos le habían hecho todo eso para hacerle daño. Y no había hecho nada para protegerlo, como el año pasado.

Esos pequeños Alfas imbéciles se metieron con él creyendo que sería divertido demostrar su fuerza con alguien más débil, un mestizo que no podía cambiar. La cosa no llegó a tanto y, pese a que no le gustó lo que pasó, tuvo que aceptar que era algo con lo que su pareja tendría que lidiar, así que confió en que estaría bien. Cuando otros idiotas volvieron a por él, demostró que era lo bastante hábil e inteligente para resolverlo solo y eso lo calmó, le hizo pensar que no volvería a ocurrir.

Pero esto… No tendría que haber permitido que pasara.

En un acto instintivo, lo abrazó por la cintura, necesitando tenerlo cerca. Agradeció que Naruto no tratara de apartarlo, todo lo contrario, acurrucó la cabeza en su pecho y le acarició la espalda.

—Estoy bien, de verdad. Sé que estoy horrible, pero no es nada, lo prometo. Por favor, no te preocupes —barboteó, apretándolo más fuerte—. Lo siento, siento mucho que haya pasado esto. No quería asustaros, yo… Yo no quería que nada de esto pasara —su voz amenazó con convertirse en un sollozo.

Fue eso lo que motivó a Sasuke a calmarse. Su compañero ya tenía suficiente con lidiar con esa estúpida pelea como para preocuparse también por él o su familia.

No era más que un lobato, por lo que era su responsabilidad. Debía ser fuerte para él.

Con ese pensamiento, logró retraer el pelaje de nuevo, aunque un poco más despacio. Procuró hacer respiraciones lentas, pero poco profundas para que Naruto no se preocupara más de la cuenta y le acarició el cabello mientras lo hacía, dedicándole gruñidos suaves llenos de cariño. Esperaba que eso lo tranquilizara mientras él se replanteaba cómo dirigir la conversación. Todavía no tenía toda la información de lo que había pasado, pero sabía lo suficiente como para creer que su compañero se sentía herido y no quería empeorar las cosas.

Cuando se sintió preparado, se separó lo que Naruto le permitió. Sus bonitos ojos azules eran más brillantes que de costumbre, amenazando con lagrimear en cualquier momento. Le acarició el rostro y lo besó en la frente.

—No tienes que disculparte, Naruto. Tus padres, Kurama y yo estamos bien, sabemos que no te pelearías por cualquier cosa. No pasa nada, ¿de acuerdo? Lo resolveremos, ya lo verás —dicho esto, se quitó la camisa y le ayudó a ponérsela. No quería que se pusiera su ropa, estaría llena de sangre y desgarrada, pero entendía que se sintiera incómodo con su desnudez.

En cuanto terminó, lo tomó por la cintura con suavidad y lo sentó de nuevo en la silla. Se arrodilló frente a él para poder mirarlo a la cara.

—¿Quieres contarme qué ha pasado?

Naruto se frotó los ojos y asintió. Se lo contó todo, la aparición de esa lobata y sus amigos y su exigencia para que se mantuviera alejado. Su estúpida insinuación de que un mestizo no era lo bastante bueno para él, alguna gilipollez como que el no poder cambiar lo hacía débil. Pero cuando le dijo cómo llamó a sus padres… Todo tuvo sentido.

—Me enfadé tanto —dijo su pareja al borde de las lágrimas, la rabia era tan fuerte que hacía escocer su nariz—. Sé que fue un error provocarla para que empezara la pelea, pero… Mis padres… Ellos no tenían nada que ver. No tenía por qué decir nada malo de ellos. —Sorbió por la nariz y se limpió los ojos otra vez, mirándolo mortificado—. Pero no quería que Kira y Subaru acabaran así. Se suponía que Subaru tendría su primera vez con Kamui y que todo sería perfecto, y Kira… Ella se llevó la peor parte por mí…

Sasuke lo cogió por los hombros y los frotó para tratar de reconfortarlo.

—Naruto, no es culpa tuya. Son tus amigos, claro que lucharían por ti.

El Omega sacudió la cabeza.

—Lo sé, pero no tenía por qué pasar. Tal vez… Si no hubiera querido esconder nuestro vínculo…

—No, no hagas eso —le pidió, acariciándole ahora las mejillas—. Sé por qué querías hacerlo y te dije que estaba de acuerdo. Está bien querer saber quién te aprecia por ser tú y no por tu posición, y es noble no querer favores. Me gusta eso de ti y me sentí muy orgulloso cuando lo hablamos, así que no te preocupes por eso. Son ellos quienes no tenían ningún derecho a atacaros, yo decido mis amistades y ya sabes qué pienso del tema de los mestizos. No te calientes por eso, ¿vale?

Naruto dudó, pero acabó por hacer un asentimiento, pese a que la preocupación todavía era evidente en sus ojos. Estuvo a punto de decir algo más, pero, entonces, escuchó un aullido, rugidos y gritos, por lo que se abalanzó por la puerta, gritándole a Minato que se quedara con Naruto y precipitándose hacia la entrada.

Allí, vio a Fuuma sobre un furioso Kamui que rugía de ira y angustia, a mitad de transformación y tratando de escapar del ejecutor arrastrándose con sus garras. Seishiro, en cambio, retenía a Nagi con más facilidad, el lobato se había quedado quieto en el suelo, probablemente consciente de que no escaparía, pero su habitual rostro desganado y neutral había sido reemplazado por una mueca de disgusto.

Los padres también habían vuelto a gritarse entre ellos. El padre de Shiren discutía acaloradamente con la madre de Yoshi mientras que Adachi señalaba a Kamui y Nagi, despotricando no sé qué tontería sobre lobatos fuera de control mientras Yasha trataba de que mantuviera la calma, lo mismo que hacía Kurama con su madre y la de Kira.

Estuvo a punto de aullar para llamar la atención, pero un rugido, tan fuerte y feroz que podría haber pertenecido al sabueso de la propia muerte, los detuvo a todos menos a Kamui.

Mikoto Uchiha, pese a no ser la Omega más alta o musculosa de la manada, miró a todo el grupo con una superioridad y autoridad digna de la Gran Madre, como si la diosa en persona hubiera bajado a poner orden.

—¿Qué os he dicho antes? ¡Fuera todo el mundo de aquí menos los lobatos y mis ejecutores!

Adachi, con los puños apretados, hizo a un lado a Yasha y se encaró a la mujer.

—Mikoto, todo esto es injusto.

Sasuke sintió que su nuca se erizaba. Se quedó muy quieto en la entrada al pasillo, frente a la entrada, con el cuerpo relajado pero los músculos estirados. Se dio cuenta de que Kurama, Yasha y Seishiro también estaban atentos, mientras que Fuuma se centraba en seguir manteniendo a raya a Kamui.

Su madre le lanzó una mirada asesina al Alfa instructor.

—Adachi, te lo advierto, cierra la boca y sal ahora.

—¡Vamos, Mikoto! ¡Conoces a mi familia! ¡Sé razonable!

Mikoto respondió a la velocidad del rayo. Le brotó pelaje por todas partes, se le alargaron las orejas y de sus manos brotaron garras. Con una, agarró el cuello de la camisa de Adachi para obligarlo a bajar la cabeza a su altura, mientras que la otra la mantuvo alzada en actitud amenazadora.

—¿Te parezco más razonable ahora? —le gruñó, mostrando los colmillos—. Te he dado una orden, ¿me estás desafiando?

Como si fueran uno solo, Sasuke, Kurama y Yasha rodearon a Adachi. No estaban transformados, pero Adachi conocía bien su capacidad para cambiar en menos de un instante, aunque solo fuera de forma parcial.

—¿He oído bien?

Una voz grave y poderosa inundó la habitación, a pesar de que no tuvo que hablar alto para hacerse oír. Hasta Sasuke sintió un escalofrío subiendo por la columna.

Lo había dicho muchas veces, y, aun así, lo repetiría cuanto hiciera falta. Él era el ejecutor principal, pero nadie inspiraba el mismo pavor con su sola presencia que Kurogane.

El imponente Alfa avanzó hasta reunirse con ellos. Sasuke y los otros dos ejecutores retrocedieron para darle espacio. Adachi tragó saliva ante su mirada color sangre.

—Primera Omega —le dijo Kurogane a Mikoto con el mismo tono, duro, pero bajo e inalterable—, no ensucie sus manos con su sangre. Para eso estoy yo.

La Omega inspiró hondo, pero soltó a un paralizado a Adachi y recuperó su forma humana.

—Todo tuyo, Kuro.

El ejecutor se plantó frente a Adachi con sus impresionantes dos metros, cerniéndose como un ave rapaz sobre un conejo.

—Espero no haber entendido que estás desafiando a nuestra Primera Omega.

El otro Alfa agachó por fin la cabeza.

—En absoluto, Kurogane, solo…

—Entonces, ¿por qué no estás cumpliendo su puta orden? Ahora.

Adachi se estremeció, pero se giró y se apresuró a salir. Tras él fueron el resto de padres. Los únicos que se demoraron fueron Kurama y Yasha, que le preguntaron con la mirada a Mikoto si ellos, que eran tanto parientes como ejecutores, debían salir o no. Ella les indicó con un gesto de la cabeza que se fueran y obedecieron sin dudarlo.

Kurogane se acercó a Mikoto, mirándola con seriedad.

—¿Necesitas que aleccione a Adachi? No me ha gustado su tono.

La Omega suspiró, pero le restó importancia con un gesto.

—No lo creo. Él no suele ser así, pero su amor paternal le ciega —dicho esto, su atención se dirigió a un Kamui que, pese a que se estaba agotando por la presión de Fuuma, seguía luchando por liberarse—. Ahora tenemos que arreglar esto. Está entrando en celo y seguro que ha escuchado lo de Subaru.

Kamui aulló, furioso y angustiado a la vez. Sasuke tenía un férreo control de sí mismo, pero hasta él fallaba cuando se trataba de Naruto. Siendo un lobato en su primer celo, sus emociones eran un maldito remolino de caos que estaban nublando su cabeza, sacando a flote su lado más animal e instintivo. Solo entendía que su pareja estaba herida y que debía llegar hasta ella a cualquier precio.

—Yo me ocupo —le dijo a su madre.

Se arrodilló frente a Kamui y, sin pensarlo dos veces, lo agarró del pelo de la nuca con fuerza y lo obligó a mirarlo. Lo hizo con más fuerza de la necesaria, sabiendo que no atendería inmediatamente a razones, por lo que tenía que usar el dolor para incitar a su instinto a prestarle atención.

En efecto, Kamui desvió sus ojos hacia él y le enseñó los dientes. Bien, ahora estaba centrado en él.

—Tu compañero no te necesita.

Sus palabras tuvieron el efecto deseado. El lobato palideció y el miedo asomó a sus ojos.

—No así, Kamui. Piensa. Subaru está herido y enfadado por lo que ha pasado. Han hecho daño a sus amigos y lo más seguro es que esté pensando que no podrá pasar su primer celo contigo debido a sus heridas. Se culpará a sí mismo, creerá que pensarás que no te quiere tanto, que por dejarse llevar por sus emociones te hará daño o que no te ha tenido en consideración, ¿es eso lo que quieres?

—No —murmuró Kamui. Su pelaje retrocedió un poco, revelando mejor su rostro horrorizado—. Claro que no. No es su culpa y lo del celo puede esperar. No me importa. Solo quiero que esté bien.

—Se va a recuperar —le dijo con firmeza, tratando de transmitirle su seguridad—, pero no necesita que lo preocupes con tu ira, sino que lo consueles y tranquilices. ¿Lo entiendes?

El lobato inspiró hondo, tratando de terminar de calmarse, pero le costó trabajo, tanto que incluso se echó a temblar. Sasuke estuvo a punto de intervenir de nuevo, sin embargo, la mano de Nagi tocó el brazo de Kamui. Su solo contacto hizo que el pelaje de su amigo se retrajera del todo, aunque despacio.

Entonces, Fuuma lo soltó y le permitió levantarse, aunque se mantuvo cerca. Seishiro hizo lo mismo con Nagi, aunque este parecía mucho más calmado.

El lobato inspiró hondo una vez más y le dedicó una mirada agradecida a su amigo y a Sasuke, que ya lo había soltado. Después, se giró hacia Mikoto e inclinó la cabeza.

—Pido disculpas por mi comportamiento, Primera Omega. Espero no haber herido a nadie.

—Estás disculpado, Kamui —dijo la Omega con dulzura—. Eres joven y tu pareja está involucrada. Pero aprende de la experiencia.

Kamui le hizo otra reverencia antes de tragar saliva.

—¿Podría ver a Subaru?

Ella frunció el ceño.

—Pequeño, tu celo está empezando.

—Solo un momento, por favor. Puede acompañarme un ejecutor. Solo quiero que sepa que todo está bien.

Mikoto sonrió mirando a Sasuke, que estuvo a punto de curvar los labios, pero contuvo su orgullo.

—Acompáñalo, Fuuma.

El ejecutor soltó una risilla y le revolvió el pelo a Kamui.

—Vamos, fiera. A los Omegas les encantan las historias de Alfas volviéndose locos por su compañero. En cuanto podáis estar juntos, te recompensará, ya lo verás.

En cuanto se fueron, Mikoto les dio órdenes a Kurogane y Seishiro de echarles un vistazo a los padres y recordarles de paso por qué no debían agotar su paciencia. Mientras tanto, un sigiloso Nagi hizo amago de seguir a Kamui y el ejecutor, pero Sasuke lo detuvo de golpe cogiéndolo del brazo.

—No vas a ninguna parte, Nagi.

El lobato frunció el ceño.

—Yo no tengo compañero, estoy bien. Solo quiero ver cómo están.

Su tono era muy tranquilo, pese a que su rostro mostraba una leve molestia por ser detenido. Su olor corporal apenas delataba sus emociones, aunque el inicio de su celo se estaba manifestando.

Era impresionante.

—Tu sangre te delata, Nagi —dijo levantando su brazo, mostrando la palma roja por sus propias garras clavadas en la piel.

El joven Alfa masculló una maldición y su pelaje blanco brotó en su cara, revelando su verdadero estado. Sasuke no pudo ocultar una sonrisa de satisfacción.

—Escondes muy bien tu agresividad, a duras penas lo manifiestas en tu olor. Es increíble.

Nagi arrugó la nariz.

—No lo suficiente para engañar a un ejecutor.

—Pero sí a la Primera Omega.

Se giraron hacia Mikoto, que estaba con la boca abierta. Al ser el centro de atención, ella esbozó una sonrisa.

—Ni siquiera sé si Kuro sabe hacer eso —dicho esto, señaló el pasillo—. Voy a averiguar qué ha pasado mientras habláis.

Cuando ella se marchó, Sasuke se cruzó de brazos frente a Nagi, que, ante sus ojos, retrajo el pelaje con facilidad y ocultó sus uñas. Su rostro se volvió casi impasible de nuevo, pues una pequeña arruga en el puente de su nariz acentuaba la ligera rabia de sus ojos grises.

—¿Qué pretendías conseguir, Nagi? Te conozco y no actúas por impulso, así que pensabas que obtendrías algo de agredir a esos Omegas. ¿Qué era?

Nagi bajó la mirada y apretó los puños, esta vez sin ocultar su rabia y algo más. El aroma de su dolor lo sorprendió.

—Redención —respondió en voz baja.

Sasuke levantó las cejas.

—Nagi, nada de esto ha tenido que ver contigo.

El lobato alzó sus grandes ojos hacia él, mostrando su aflicción.

—Todos mis profesores dicen que tengo los mejores reflejos e instintos de cambiante que se han visto en las últimas generaciones, que sería un ejecutor al nivel de Kurogane o Kurama. Pero que soy demasiado despreocupado, vago, no tengo interés en nada. No es más que talento natural desaprovechado. —Tragó saliva y, por un instante, Sasuke juró ver brillar una lágrima—. “Nagi es demasiado perezoso para hacer nada”, eso es lo que piensan los otros lobatos. No importa lo fuerte que sea, ni siquiera me sirve para ayudar a mis amigos.

El ejecutor levantó las cejas un instante antes de que se le hundieran los hombros.

Nunca había creído que a Nagi no le importaran Naruto y los demás, simplemente, era menos expresivo. Y sí, era cierto que solía parecer despreocupado en extremo, sus profesores habían manifestado su preocupación respecto a su futuro en la manada en más de una ocasión y había escuchado que eran bastante insistentes en que se preparara para la instrucción de ejecutor en cuanto cumpliera la mayoría de edad e incluso que pasara más tiempo con sus miembros, pese a que sus padres estaban en contra. Defendieron a capa y espada que su hijo debía hacer lo que considerara mejor.

Hasta él tuvo que intervenir en la discusión cuando uno de los profesores acudió a su oficina con el caso, pero lo rechazó. A su escuadrón no le faltaba ningún miembro y siempre había lobatos jóvenes en la instrucción, no les faltaban candidatos. Además, tenían lobos veteranos como Yasha y Kurogane, por no hablar de que la entrada de Kurama los había hecho excepcionalmente fuertes.

No pensó que todo ese asunto hubiera afectado a Nagi, pero, al parecer, era un chico sensible en el fondo. Lo ocultaba muy bien.

Se arrodilló para que le fuera más fácil mirarlo y le frotó los brazos.

—Nagi, hacer daño ahora a esos Omegas no ayudará. Tal vez no vuelvan a molestar a tus amigos, pero te dará la imagen de un ser cruel y no lo eres. No quieres hacer esto.

—Pero tengo que hacer algo. Estoy harto de que vayan a por Naruto —su voz amenazó con romperse, pero aguantó—. Ya van tres veces en un año, Sasuke, ¡tres! Y en cada una de ellas, él sufre y empieza a dudar y las pesadillas vuelven. —Se llevó una mano al pelo, hundiendo los dedos con fuerza en su cuero cabelludo—. Él me ayudó cuando pensé en ser ejecutor para que dejaran en paz a mis padres… Y yo no he podido defenderlo ni una vez…

Sasuke esbozó una media sonrisa. Ahora entendía por qué unos meses atrás su Omega le preguntó sobre si le hacían falta ejecutores. Se preguntó entonces si es que habría sentido interés en convertirse en uno, pero ahora entendía sus intenciones.

—Naruto no querría que hicieras algo así por él, lo sabes, ¿verdad? —Nagi agachó la cabeza y él le bajó la mano para que no se hiciera daño en el pelo—. Además, tú lo ayudaste antes, es lo que hacen los amigos. Nadie tiene la culpa de esto excepto los responsables y estoy bastante seguro de que no volverá a ocurrir.

Un atisbo de temor apareció en los ojos de Nagi.

—¿Tan mal están?

—No, están bien y se curarán, pero han llegado más lejos de lo que nos gustaría. Habrá un castigo en cuanto termine el celo.

El lobato relajó su expresión, pero sus hombros cayeron.

—No iré a por esos idiotas. Tienes razón, Naruto ya estará lo bastante preocupado como para que yo empeore las cosas.

Sasuke entendía su impotencia. Él tampoco podía ir a por esos Omegas a pesar de que era lo que quería su lado más instintivo, y gran parte del racional. Pero, al final, eran lobatos, eran jóvenes y estaban entrando en celo, no pensaban bien lo que hacían o las tonterías que decían. Igual que aquellos Alfas que se metieron con Naruto. Aprenderían de la experiencia, crecerían y se darían cuenta de lo estúpidos que fueron. Si no, no tendrían un buen futuro en la manada. Sus padres no eran precisamente unos líderes suaves.

—Lo importante es que tus amigos estén tranquilos ahora. Con el celo en camino, cualquier emoción se amplifica y acaban de salir de una pelea. Debemos ayudarlos a que se calmen.

Nagi asintió, aunque todavía parecía un poco cabizbajo. Entonces, movió la nariz y sus ojos se encontraron.

—Sasuke…

—Ya lo sé —dijo, haciendo una mueca y poniéndose en pie.

Pensó que tendría más tiempo, todavía quería revisar a Naruto y asegurarse de que estaba tranquilo con todo lo que había pasado. Sin embargo, ya estaba aquí.

Su celo se había adelantado unas horas. Debía de ser por toda la agresividad e instintos contenidos.

Meditó un momento su estado, creyendo que, tal vez, era lo bastante fuerte como para mantener el control, pero no tardó en desechar la idea. Ya se sentía muy protector sin tener a su pareja delante; si volvía a verlo con todas esas heridas, querría tocarlo y, ahí, corría el riesgo de perderse.

Naruto no necesitaba eso de él, y menos ahora.

Se le escapó un gruñido de disgusto, pero lo aceptó.

—Nagi, ¿tú estás bien para ver a Naruto?

El lobato asintió.

—¿Tan malo es? Creía que los ejecutores tenían mejor control.

Sasuke suspiró.

—Un compañero es un compañero. A pesar de todo lo que te he dicho, yo también estoy frustrado y enfadado con esos Omegas. Ver a Naruto con esas heridas, aunque no sean graves, me ha afectado. Y, como le he dicho a Kamui, él no me necesita para empeorar la situación.

Los ojos de Nagi brillaron durante un instante y luego asintió.

—Iré a verlo y lo calmaré. ¿Quieres que le diga algo de tu parte?

—Que recuerde que esto no es culpa suya y que me haga saber que está bien. Yo también le escribiré en cuanto pueda —dicho esto, le dio las gracias revolviéndole el pelo y salió de la Casa de la Manada a paso rápido, antes de cambiar de opinión.

Afuera, se reunió un momento con Kushina y Kurama, que se preocuparon al ver sus prisas. Tras una breve explicación, les pidió que cuidaran de Naruto y que le hicieran saber el estado de sus heridas o si pasaba algo. Kushina le dijo que no se preocupara y Kurama le dedicó una sonrisa comprensiva.

Sasuke se marchó a paso rápido a su cabaña, sin estar satisfecho del todo. Sabía que Naruto no estaba grave, pero le molestaba no poder permanecer cerca, sobre todo para calmar sus miedos. Era consciente de que no parecía muy convencido a pesar de la conversación que habían tenido y no quería que le asaltaran esas dudas de las que hablaba Nagi. No quería que se ahogara con la culpa de lo ocurrido en su antigua manada, ni que las inseguridades por ser mestizo lo inquietaran otra vez.

Gruñó para sí mismo. Por primera vez, deseó que Naruto creciera rápido para poder tenerlo cerca y ahorrarle todo ese malestar.

 

 

Cuando llegó el quinto día del celo, el último de la época, Sasuke estaba que se subía por las paredes, y no por el calor y la excitación que sentía constantemente o la incomodidad de tener su miembro a punto para la acción en todo momento.

Lo que lo tenía inquieto era Naruto. Le escribió para decirle que se curaría rápido y que estaba bien, que se cuidara durante el celo.

En ese mensaje nada estaba bien, y lo corroboró cuando no contestó ningún otro mensaje. Intentó no preocuparse demasiado, ya que era el primer celo y, probablemente, ni siquiera estaría muy lúcido… Pero seguía preocupado. Odiaba cuando Naruto se sentía inferior por ser mestizo. Era consciente de que se debía a lo sucedido con la anterior manada, a pesar de que Kushina había insistido muchas veces en que Genzo habría ido a por ellos incluso si hubiera tenido todos los rasgos de los cambiantes. También sabía que esa culpa era algo con lo que cargaría de todos modos, con las muertes de los tres ejecutores que se mantuvieron fieles a su familia.

Sin embargo, no permitiría que su mestizaje fuera un problema. Hacía mucho tiempo que estaba probado que los mestizos podían tener más o menos rasgos cambiantes, dependía mucho de cada caso y muchos eran sorprendentes: mestizos muy humanos que olían igual que los lobos, otros que adoptaban la forma de un lobo humanoide, algunos olían completamente a humanos pero tenían los sentidos de los cambiantes… Había habido de todo. En su propia manada, tenían un caso muy singular.

Tampoco quería que se sintiera mal por esconder su vínculo. Había entendido sus razones y reafirmaba que le pareció una petición honorable e inteligente. Naruto era consciente de que tendría una posición alta en la manada por ser su pareja y no faltaría quien quisiera escalar aprovechándose de él. Por norma general, sus lobos eran buenos cambiantes y conocían su lugar, pero, con las nuevas generaciones, siempre había cambios; el que fueran buenos o malos dependía mucho de los líderes y de su círculo más cercano.

Sus padres no se andaban con tonterías, eran sabios y justos, pero severos cuando la situación lo requería. También sabían rodearse de ejecutores leales y con mucho control sobre sí mismos, por lo que el ascenso social no se conseguía con amiguismo en su manada, sino con esfuerzo, trabajo y voluntad de hierro.

Así, las nuevas generaciones aprendían rápido que no podrían cumplir sus ambiciones por un camino fácil, y mucho menos aspirar a arrebatarle el puesto a la familia Uchiha. Por eso, cuando Naruto le pidió aquello, se sintió orgulloso; había aprendido por sí mismo, o tal vez por las malas experiencias del pasado, que era mejor rodearse de unos pocos amigos leales antes que aspirar a la aprobación de las masas. Le confirmó que sería un excelente compañero para él.

Y, por eso mismo, estaba irritado y malhumorado. No quería que Naruto tuviera dudas por esas cosas solo porque unos Omegas envidiosos y estúpidos hubieran dicho cuatro gilipolleces.

Le consoló un poco saber que Yasha le daría un castigo ejemplar a su hija. Conocía bien cómo se sentía respecto a los mestizos y, probablemente, estaría decepcionado consigo mismo por no haber podido transmitirle a su hija sus sentimientos. Puede que ni siquiera conociera su propia ascendencia.

Gruñó mientras se paseaba como el animal enjaulado que era por el salón. Su celo estaba bastante controlado, pero sabía que no podía ir a ver a Naruto hasta que hubiera terminado. Además, no sabía si su Omega estaría lo bastante bien para recibirlo tampoco. Puede que, hasta el día siguiente, no pudiera verlo.

Gimió, llevándose las manos a la cara. Lo único que quería era que le respondiera, que le dijera cómo estaba de verdad. Aunque no pudiera ir a verlo, al menos, que lo llamara.

Como si la Gran Madre le hubiera escuchado, su móvil vibró en la mesa y Sasuke se abalanzó sobre él.

—¿Diga?

—Sasuke.

La voz ronca y gruñona al otro lado lo sorprendió.

—Kushina, ¿va todo bien?

—No lo sé. Hemos intentado ver a Naruto para saber cómo estaba, pero no quiere abrirnos la puerta.

—¿Qué? —Justo después de preguntarlo, fue directo hacia la entrada de su cabaña para ponerse las zapatillas—. ¿Por qué? ¿Qué ha dicho?

—¡No lo sé! ¡No lo entiendo! —La frustración y la inquietud se mezclaban en su voz—. No ha estado comiendo mucho, pero es normal durante el celo. Minato intentó verlo varias veces y Naruto lo rechazó, dijo que estaba bien, solo que no tenía mucha hambre. Estuvimos controlando que comía lo suficiente, y lo hacía, así que lo dejé pasar, pero ahora no quiere abrirnos la puerta. No huelo sangre, sus heridas deberían estar bien, pero sí su dolor. Algo le está haciendo daño y no me dice qué es.

—Estoy de camino —declaró Sasuke, abriendo la puerta sin abandonar la conversación.

—Sé que es algo relacionado con lo que dijeron esos Omegas —gruñó la Alfa, ahora con furia—. Si estuviera herido, nos lo diría de inmediato, pero nos ha gritado que lo dejemos en paz y su voz sonaba como si hubiera llorado —dicho esto, soltó un aullido que Sasuke escuchó desde donde estaba.

Corrió más deprisa.

—Kushina, mete a Minato en una habitación. Estaré ahí enseguida.

—¿Puedes controlar tu celo?

—Sí, ¿puedes controlar tu agresividad aunque vaya allí?

Dos Alfas en celo con un Omega que era el compañero de uno de ellos podía ser una catástrofe. Minato no lo tenía y Sasuke tenía un vínculo con Naruto, por lo que no debería tener problemas, pero Kushina podría volverse posesiva como el infierno y, a juzgar por su estado emocional, las cosas podían acabar muy mal.

La escuchó gruñir al otro lado.

—Minato no saldrá hasta que te vayas.

—¿Y Kurama?

—No lo he llamado todavía. Espero que no haga falta.

—Bien, estoy llegando —y colgó, acelerando.

Unos minutos más y ya estaba en el porche. Kushina apareció vestida, pero un poco despeinada, apestando a sexo y a Minato. Era evidente que aún estaba en celo y que había estado disfrutando de la intimidad con su compañero hasta hacía muy poco.

—Está en su habitación —gruñó, dejándolo pasar con cierta reticencia.

Sasuke no la culpó. La Alfa debía de sentirse muy territorial. Sin embargo, no tenía tiempo para tratar de ser más amable. Subió las escaleras con rapidez, directo al dormitorio de Naruto. Una vez frente a su puerta, llamó con más fuerza de la necesaria.

—¡Naruto! ¿Estás bien?

Hubo un instante de silencio antes de que el Omega gritara:

—¡¿Has llamado a Sasuke?!

Kushina gruñó a sus espaldas.

—¡Si mi cachorro está sufriendo y no quiere decírmelo, usaré cualquier recurso necesario!

—¡No me pasa nada! —rugió—. ¡Quiero estar solo, eso es todo!

—¡Y yo quiero saber que estás bien!

—¡Lo estoy!

—¡Pues déjame entrar!

—¡No!

La Alfa le lanzó una peligrosa mirada a la puerta, pero Sasuke la detuvo.

—Kushina, espera. Déjame hablar con él.

La mujer resopló, fulminando el trozo de madera como si fuera el culpable.

—Hazlo. Pero no tengo problemas en derribar esa puerta si hace falta. Así que, cachorro, habla con Sasuke o entraré ahí de una forma u otra —dicho esto, se alejó con pasos furiosos para ir a su habitación, probablemente en busca de Minato para calmarse.

En cuanto se marchó, Sasuke se pegó al marco y apoyó la cabeza para escuchar mejor.

—Naruto, ¿estás bien?

—¡Sí! ¿Qué os pasa a todos? ¿No puedo estar solo hasta que acabe el celo? —replicó el Omega, claramente molesto, aunque se dio cuenta de cómo se le rompió la voz al final.

El Alfa inspiró hondo, tratando de ser suave.

—Puedo oler tu dolor desde aquí, Naruto. Y también que no estás en celo.

Era lo primero que había notado al subir por las escaleras, junto a su sufrimiento. Por eso, había entendido rápido lo que ocurría. Kushina no se habría dado cuenta, ofuscada por su celo y preocupada por el dolor de su cachorro.

Sasuke lo había detectado enseguida porque quería estar listo para contenerse, pero no haría falta. Apoyó una mano en la puerta.

—Naruto, no pasa nada.

—¿Cómo puedes decir eso? —Esta vez, escuchó con claridad que su voz se convertía en llanto—. ¿Qué pasará cuando entres en celo? ¿Cómo se supone que voy a ayudarte? No tengo celo, no tengo Cambio y ni siquiera soy bueno en todo lo demás… Soy un desastre de compañero…

Al escuchar eso, Sasuke se tensó y frunció el ceño. Se separó de la puerta, analizándola.

—Abre la puerta o la echo abajo. Ahora.

—Por favor, Sasuke, no…

—Hablo en serio. Tienes cinco segundos. Abre o apártate.

Al principio, no escuchó nada, pero, después, los pasos apresurados de su Omega se acercaron. Por fin, abrió muy despacio, apenas asomando los ojos.

El aroma de su dolor lo golpeó. Lo había estado aguantando durante días. Con un gruñido, terminó de abrir la puerta, sin demasiada delicadeza, y entró en la habitación a la vez que Naruto retrocedía.

Verlo con los ojos rojos e hinchados no le hizo ningún bien. Se fijó en que sus moretones y arañazos habían desaparecido, al igual que las heridas que tuvo en los nudillos, pero seguía sin ser suficiente para calmarlo. Pensar en el daño que le habían hecho esos Omegas hizo que le brotara pelo en las mejillas, aunque lo retrajo con rapidez. Naruto era lo primero y no iba a dejar que se revolcara en sus inseguridades y traumas.

Sin pedirle permiso, lo cogió por debajo de las axilas y lo llevó a la cama.

—¡Sasuke, espera! Por favor, no…

—No, tú y yo vamos a tener una larga charla —dijo mientras se sentaba en la cama y lo ponía sobre su regazo, pero de cara a él.

En otro momento, su intenso sonrojo le habría parecido adorable, pero ahora no estaba de humor.

—Sasuke, estoy…

—Ahora no me importa, tendrías que haberme abierto desde el principio, así que esto es lo que hay —gruñó, con los colmillos fuera—. No volverás a poner una puerta entre nosotros, ¿me oyes? Sé que has visto mis mensajes y ahora me doy cuenta de que no me has respondido a propósito. ¿Crees que he pasado un buen rato solo porque estaba en celo? Llevo cinco días subiéndome por las paredes, convenciéndome de no ir a buscarte para evitar una pelea con tu madre por tu celo, pero resulta que no lo tenías y que me has ignorado. ¿Qué tengo que hacer para que entiendas que me preocupo por ti? Jamás me ha importado que seas un mestizo y no necesito que seas bueno en cualquier maldita cosa, lo único que he querido siempre ha sido estar contigo y formar parte de tu vida. Nada más.

En cuanto vio que los ojos de su Omega se llenaban de gruesas lágrimas, parte de su rabia se evaporó. Suspiró y lo atrajo hacia su pecho. Naruto le devolvió el abrazo con fuerza, hipando mientras lloraba.

—Lo siento, Naruto. No te lo tendría que haber dicho de esa manera —dijo besándolo en la cabeza y frotándole la espalda—. Pero me molesta. Esos Omegas son jóvenes e idiotas, no tienes que hacer caso de lo que dicen. Tú eres mejor que eso, lo sé.

—Pero… Tú eres… el ejecutor principal, y… Y yo… Yo no soy más que un crío. No… No soy tan fuerte como Train o Kurama, ni… Ni tengo talento para nada concreto y no sé… No sé cómo voy a serle útil a la manada. Puede que… A lo mejor mis cachorros son más humanos que lobos también…

—Alto ahí. Mírame.

Le levantó el rostro y le limpió los ojos y las mejillas con cariño. Luego, lo acomodó sobre su regazo y le acarició la cabeza.

—¿Todo eso es lo que te preocupa? —Naruto tragó saliva y asintió—. Bien. Ahora, escúchame. ¿Tú crees que mi madre es una buena luchadora?

Su Omega frunció el ceño.

—No lo sé.

—¿Y mi padre?

—Sí.

—¿Dirías que es más fuerte que Kurogane?

El rostro de Naruto se arrugó por la confusión.

—Pues… No sé. Siempre he oído que Kurogane es una bestia.

—Exacto. Los ejecutores somos los protectores de la manada, nuestra obligación es ser buenos guerreros, es un requisito para este puesto. Mi padre es un gran luchador, pero puedo decirte que tanto Kurogane como tu hermano son excepcionales. Sin embargo, aquí nadie los ha pedido como Primeros Alfas. ¿Sabes por qué?

Su Omega sacudió la cabeza. Tenía los ojos muy abiertos, le prestaba toda su atención.

—Porque la responsabilidad del Primer Alfa es gobernar. Tiene que ser bueno en eso de la misma forma que un ejecutor debe saber pelear. Mi madre es muy fiera y tiene conocimientos para defenderse, como todos en esta manada, pero lo más seguro es que un Alfa grande pueda tumbarla fácilmente. Sin embargo, nadie discute su posición porque es una diplomática excelente y cuida de los Omegas. —Le acarició las mejillas, enjugándole las lágrimas de nuevo—. ¿Crees que los Omegas apareados con ejecutores están todos relacionados con la lucha? La gran mayoría no son guardias ni se dedican a la instrucción en combate como Train, de hecho, tienen trabajos normales: maestros, artesanos, empresarios… La madre de Yuko se dedica a la repostería y es una loba pura. ¿Entiendes ahora lo estúpida que ha sido su hija al soltarte todas esas tonterías?

Su Omega parecía más tranquilo. Ya no lloraba, aunque todavía tenía los ojos húmedos y la duda se mecía en ellos.

—Yo… no sé lo que quiero ser.

Sasuke le sonrió con cariño.

—Tienes dieciséis años, claro que no lo sabes. Aún estás buscando tu camino y puede que no lo encuentres a la primera, ni a la segunda y tampoco a la tercera. Puede que tardes décadas en hacerlo, pero es lo mismo para todos. Solo piensa en lo que quieres hacer y descarta aquello que no quieras.

Naruto asintió despacio y bajó un momento los ojos antes de volver a mirar al Alfa.

—Me gustan las clases de lucha. Disfruto de los entrenamientos. Me encanta practicar con Train, contigo y con mis amigos… Pero no quiero ser ejecutor. Ni guardia. —Se mordió el labio inferior—. Ya… vi suficiente sangre y muerte. ¿Eso me hace débil?

—No. Seguir adelante a pesar de aquello es lo que te hace fuerte —dicho esto, lo besó en la frente—. No tienes que decidir ahora lo que vas a ser, pero es un buen comienzo. Date tiempo para encontrarte.

Su Omega suspiró y se acurrucó en su pecho, abrazándolo otra vez. Sasuke le devolvió el gesto con afecto, besando su cabello y pasando las manos por su espalda y la nuca.

—¿Qué te pasará cuando estés en celo? —le preguntó el rubio con un susurro.

—Que estaré muy cariñoso contigo todo el tiempo. Lo siento, tendrás que soportarme —dijo sonriendo.

—¿No sufrirás?

—Naruto, estoy en celo ahora mismo. Es el último día, pero lo sigo estando. ¿Te parece que me duela?

Notó su pequeño sobresalto. Sus labios se curvaron aún más al pensar que se le había olvidado.

—No, pero… Umm… Hueles un poco…

—Ignóralo. Es una reacción natural, sobre todo teniendo a mi compañero en brazos —dijo frotando su mejilla en su cabello.

Naruto correspondió a su gesto frotando la nariz en su pecho. Después, se apartó para mirarlo con una expresión culpable.

—Siento no haberte respondido, no era mi intención hacerte daño. Es que no sabía qué decirte y me sentía tan frustrado y dolido…

Sasuke asintió y le acarició el rostro.

—Lo entiendo.

—No volveré a hacerlo —dijo el rubio con rapidez—. Y te contaré cualquier duda o preocupación que tenga. Lo prometo.

Él sonrió.

—Con eso me basta.

Naruto regresó a sus brazos con tal expresión de alivio que no pudo evitar plantar besos en su cabeza y en acariciarlo una y otra vez. La forma en que se dejaba caer sobre él, con el cuerpo lánguido, le dijo que había estado muy tenso, cargando un peso enorme. Ahora debía de estar agotado, así que le masajeó un poco los hombros, la espalda y la cabeza para que terminara de relajarse.

Escuchó un crujido muy suave y alzó la mirada, encontrándose a Kushina asomada en el marco de la puerta. Tenía una temblorosa sonrisa y los ojos anegados de lágrimas. Sin emitir ni un sonido, le dio las gracias moviendo las manos y llevándose una mano al corazón. Sasuke le correspondió curvando los labios y ella los dejó solos de nuevo.

Ahora que la tormenta había pasado y que tenía a su pareja muy pegada a su cuerpo, no pudo evitar percibir las molestias del celo. Fue más consciente que nunca de las curvas que se estaban formando en el físico de su pareja y su lado animal gruñó encantado, sabiendo que disfrutaría de explorarlas a conciencia.

Pero aún quedaban dos años para eso, si a Naruto le parecía bien. Ya hablarían de ello cuando llegara el momento o su Omega se sintiera preparado. Igual que los cachorros.

Admitió para sí mismo que, una parte de él, se había emocionado cuando había mencionado a los hijos que podrían tener. Él quería niños, pero era una decisión que tendría que tomar con Naruto, de nuevo, cuando fuera más mayor. Aun así, le había gustado que pensara en ellos, aunque no le había hecho ninguna gracia su preocupación por su naturaleza.

El mestizaje nunca sería un problema en su manada, no mientras los Uchiha gobernaran. Sasuke sabía que amaría a sus cachorros desde el momento en que se enterara del embarazo y no dudaba de que serían los más mimados de sus familias.

Sin embargo, era un asunto que debía tratarse a su debido tiempo.

Calma. Lo primero era que Naruto volviera a confiar en sí mismo y en su vínculo. No iba a renunciar a él porque creyera que su linaje era superior al suyo, o su posición, o cualquier otra cosa. La Gran Madre les daba la pareja que necesitaban y Sasuke supo, desde el principio, que ese pequeño Omega era justo lo que necesitaba. Alguien capaz de desterrar la frialdad con la que lo apuñaló Kaguya, alguien que volviera a despertar su lado más cálido.

Y Naruto lo logró sin siquiera saberlo.

Lo abrazó con todo el cariño que tenía y se contentó con aspirar su aroma. Todavía quedaban remanentes de tristeza y dolor, pero se estaban disipando. Necesitaban abrir las ventanas para que ese olor se fuera.

—¿Te sientes mejor?

Naruto asintió.

—Siento haberte preocupado. Y a mis padres.

—Puedes disculparte con ellos en cuanto bajemos. Si quieres, puedo quedarme hasta la noche. Podemos hacer un maratón de películas.

Su Omega se separó y lo miró.

—Sé que lo he preguntado antes, pero tengo que volver a hacerlo. ¿Estarás bien con tu celo?

—Si puedes soportar que esté con muchos ánimos de tener tu olor encima y que lleves el mío, no es un problema para mí.

—¿Eso significa que habrá muchos mimos? —le preguntó el lobato con una pequeña sonrisa.

Eso estaba mucho mejor.

—Eres mi compañero, es el mejor comportamiento que puedo prometerte.

Sus palabras hicieron brillar sus ojos azules, ahora libre de lágrimas, aunque todavía un poco rojos por el llanto. Sasuke se los limpió otra vez después de que su futura pareja le dijera:

—Me gustaría mucho.

—Así me gusta —le dijo dándole otro beso en la frente.

Esta vez, Naruto sonrió de verdad mientras se dejaba hacer.

Poco después, los dos escucharon que llamaban a la puerta, pero no le dieron importancia hasta que Kushina subió a buscarlos. La duda que Sasuke vio en sus ojos lo alarmó.

—Sasuke, tienes visita. Es Yasha.

Al instante, se puso alerta y apartó a Naruto a un lado con cuidado.

—¿Ha pasado algo?

—Solo me ha dicho que te estaba buscando.

Le pidió a su Omega que no se alejara de Kushina por el momento. Podría no tener celo, pero seguía siendo su cachorro y estaba sin marcar, seguro que eso la ponía tan nerviosa ante la presencia de otro Alfa como dejar a su propio compañero al alcance de uno. Con él había hecho una excepción porque estaba muy preocupada por Naruto, y, además, era su compañero. Sabía que, de pasar algo, no sería con mala intención.

Pero Yasha era otra historia, sobre todo con la implicación de su hija. Sin embargo, Sasuke lo conocía y sabía que, si estaba allí, no era para causar más daño ni acusar a nadie.

Abrió el porche y se encontró al ejecutor esperando en una postura firme y con las manos entrelazadas a la espalda. Se notaba que era un ejecutor veterano, había una elegancia predadora incluso cuando estaba tranquilo.

Al verlo, lo saludó con una inclinación de mentón.

—Sasuke.

—Yasha —correspondió con el mismo gesto.

—He ido a buscarte a casa, pero, al no encontrarte, pregunté a tu hermano y tu padre. Me sorprendió que estuvieras aquí a pesar de que el celo no ha terminado —dicho esto, su frente se arrugó—. ¿Naruto se encuentra bien?

—Cosas de adolescentes —respondió más relajado. Si Yasha se estaba tomando las cosas con calma, era que todo iba bien en la manada. Se apoyó en el marco de la puerta—. ¿En qué puedo ayudarte?

La expresión del ejecutor se volvió más severa y decidida.

—Deseaba hablar contigo antes de presentarme ante los Uzumaki. Quería disculparme con Naruto y sus padres, pero no quería causar ningún malentendido con mi presencia y por eso te estaba buscando.

Sasuke frunció el ceño y se irguió de nuevo.

—Yasha, no eres tú quien debe disculparse.

—Sí debo. Soy el padre. Tengo parte de culpa.

Entonces, en sus ojos escarlata brillaron varias emociones. Frustración, impotencia, dolor. Sorprendió al Uchiha, pero le costó poco ver sus motivos.

—Dame un momento para que convenza a Kushina.

El otro Alfa asintió y Sasuke cerró la puerta antes de girarse hacia Kushina. Estaba en lo alto de las escaleras, abrazando a su hijo por los hombros. La expresión de su rostro era feroz. Por supuesto, había escuchado la conversación.

—¿No puede esperar a después del celo? Sé que está apareado, pero no es de la familia.

Sasuke miró un momento al Omega, que parecía un poco confundido. Después, le lanzó a Kushina una mirada significativa.

—Creo que a Naruto le vendría bien hablar con él ahora.

Ella captó el mensaje y, aunque gruñó disgustada, le dijo a su hijo que no se separara de Sasuke antes de regresar a la habitación con Minato.

Mientras Naruto bajaba las escaleras, Sasuke dejó pasar a Yasha, que, al detectar al Omega, lo miró con una amable sonrisa.

—Me alegro de verte, Naruto. ¿Cómo están tus heridas?

—Bien —respondió el lobato con cierta timidez y buscando la cercanía de Sasuke, colocándose casi a su espalda, como si quisiera ocultarse.

Pese a que el rubio no percibía ninguna actitud amenazadora, la verdad era que el ejecutor era imponente. Aunque no era un lobo robusto, sino más bien delgado y fibroso, tenía un aura poderosa. No era hostil o agresiva como la de Kurogane, pero sí antigua y fuerte, como una roca a la que le habían echado de todo y, aun así, permanecía inmutable.

—¿Cómo se encuentra Yuko?

—Ya está recuperada, gracias por preguntar —le respondió con un brillo cálido antes de inclinarse sobre una rodilla—. No tienes nada que temer. Como habrás escuchado, he venido a disculparme.

El Omega arrugó la frente.

—No creo que tengas que hacerlo. No tuviste nada que ver con nuestra pelea.

—Y, aun así, me considero en parte responsable. Como padre, soy el encargado de la educación de Yuko —dicho esto, hubo un atisbo de rabia en sus ojos—. El hecho de que te haya insultado por tu sangre mestiza es una gran vergüenza para mí.

—¿Por qué?

Sasuke le acarició la cabeza con una sonrisa divertida.

—Naruto, Yasha también es mestizo.

—En realidad, soy tres cuartos humano —dijo el Alfa con orgullo—. Madre Alfa mestiza y padre Omega humano.

El rubio abrió los ojos como platos, mirando al ejecutor y olfateando en su dirección. Olía totalmente a lobo y, por el tiempo que pasaba con los ejecutores debido a Sasuke y a su hermano, juraría que no había ningún ejecutor que no se transformara.

—Tienes todos los rasgos —dijo, sorprendido.

—No todos. Huéleme otra vez. ¿No notas algo extraño? —Naruto olisqueó de nuevo, pero no notó nada fuera de lo normal—. No entro en celo. Al igual que tú, por lo que parece.

El lobato abrió la boca, asombrado, pero la cerró enseguida y se sonrojó por la pregunta que cruzó por su cabeza. Aun así, Yasha debió de darse cuenta, porque soltó una risilla mientras decía:

—Mi compañera nunca ha tenido quejas.

—Te dije que no tenías de qué preocuparte —comentó Sasuke pasando un brazo por los hombros del más joven.

Sin embargo, el rostro de Naruto se frunció por la tristeza.

—¿Nunca se lo contaste a Yuko?

Al pronunciar su nombre, el rostro del ejecutor se contrajo y suspiró.

—No lo estaba ocultando porque me avergonzara. Todo lo contrario. Mi madre Alfa olía a humana y tampoco podía transformarse, pero sirvió a esta manada como espía aprovechando que podía pasarse por un humano sin despertar sospechas en otros cambiantes, y su padre antes que ella fue uno de los primeros mestizos ejecutores, a pesar de que solo podía cambiar de forma parcial. Ambos se unieron a humanos —dicho esto, esbozó una media sonrisa—. Yo soy el único que ha roto la tradición.

A Naruto se le escapó un asomo de sonrisa y dejó de ocultarse detrás de Sasuke, que lo abrazó por los hombros. Yasha, en cambio, hizo una pausa en la que arrugó el ceño de nuevo.

—La verdad es que no se lo conté a Yuko porque di por supuesto que sería consciente, ya que hablo mucho de mi padre. Mi madre murió cuando yo era joven y él me sacó adelante a pesar de ser humano. Yo lo adoraba, y cuando lo perdí por la vejez, fue muy duro. Pensaba que Yuko se habría dado cuenta por la cantidad de veces que lo mencioné que yo era mestizo, pero parece que nunca hablé de él como un humano delante de ella. Supongo que le di tan poca importancia a cuál fuera su especie que ni siquiera lo comenté, o puede que fuera tan de pasada que ella no se diera cuenta… No lo sé.

El Omega se sintió mal por el ejecutor, pero seguía sin entender sus disculpas.

—Sigue sin ser culpa tuya lo que pasó con Yuko.

Yasha resopló por la nariz y sacudió la cabeza. Su expresión era sombría.

—Es mi hija. Creía haberla educado mejor, sobre todo en este tema. El padre de Fugaku aceptó a mi bisabuelo en una época en la que aparearse con humanos no estaba bien visto y acogió a mi abuelo en la manada, hasta le dio un puesto de honor a su lado. Tuvieron un final feliz, pero no fue un camino de rosas. Muchos lobos no estaban de acuerdo con su inclusión en nuestra manada y no les pusieron las cosas fáciles, tuvieron que luchar por ganarse su sitio y contribuyeron a que nuestra sociedad aceptara a los humanos y los mestizos. Si mi hija puede tener una vida normal aquí a pesar de su ascendencia, de la sangre humana de tres generaciones consecutivas, ha sido gracias a ellos, y que te haya insultado como lo hizo… Me avergüenza profundamente. —Inclinó la cabeza ante Naruto—. Por ello, te pido disculpas por mi fracaso como padre y mestizo y te doy mi palabra de que la educaré de forma apropiada de ahora en adelante.

Naruto tenía el corazón acelerado cuando terminó de hablar. Miró a Sasuke entre emocionado y un poco abrumado por la intensidad de sus palabras. El Alfa le sonrió y le frotó los hombros, empujándolo un poco hacia Yasha para que se animara a decirle algo.

El lobato se irguió en un intento de parecer tan digno como el ejecutor le había hecho sentir. No es que se avergonzara de la sangre de su padre, pero, a veces, se sentía inferior al resto de cambiantes por no poder hacer lo mismo que ellos. Sin embargo, esta era la primera vez que se había sentido orgulloso de ser mestizo. Hubo otros antes que él que llegaron a ejecutores pese a no tener todos los rasgos, que tuvieron la confianza del Primer Alfa para permanecer a su lado, protegiéndolo, a su familia y su manada.

La madre de Yasha fue sobre todo humana y, aun así, fue espía. Y dio a luz a un mestizo con casi todos los rasgos de lobo.

No eran más débiles que los lobos puros. Al contrario, sus logros tenían más mérito.

Con la cabeza bien alta y el pecho henchido de orgullo, le dijo a Yasha:

—Sigo pensando que no tienes la culpa de lo que hizo Yuko, pero te perdono por cualquier cosa que creas haber hecho mal con ella.

Yasha le hizo una inclinación antes de levantarse y sonreírle. Naruto le devolvió el gesto, mucho más cómodo con el ejecutor ahora.

—Supongo que Yuko también vendrá a disculparse después del celo —comentó Sasuke. El rubio notó cierto desdén en su voz.

El otro ejecutor asintió y le dedicó una mirada de disculpa.

—Lamento que te hiciera sentir incómodo. Si te sirve de algo, no tuvo un buen primer día de celo. Entre que estaba dolorida por el calor y sus heridas y mis gritos furiosos, creo que tuvo un buen recordatorio de que no seré blando con ella solo porque sea mi cachorra.

Naruto le lanzó una mirada interrogante a su Alfa, pero este le indicó con un pequeño gesto de la cabeza que se lo contaría luego.

Yasha continuó, ahora más severo.

—Pero sí, vendrá tras un largo período de reflexión en el que podrá disfrutar de su castigo.

—¿Qué ha decidido mi madre?

—Los cuatro atenderán en la enfermería después de sus clases hasta que llegue el verano. Aprenderán a curar el mismo tipo de heridas que provocaron y el dolor que causaron. Kiyoshi también hizo una propuesta.

Sasuke levantó las cejas.

—¿El padre de Shiren? —Recordaba que el Alfa parecía disgustado con Adachi durante la discusión con su madre, pero no imaginaba que llegara a tanto.

—Trabaja a diario con los humanos. Conoce mejor sus problemas y dificultades y es cercano a algunos de ellos. No le gustó que su hijo se uniera a esta pelea y propuso que trabajaran en su empresa durante las vacaciones de verano, dejándolos bajo las órdenes de algunos humanos. Dijo que así aprenderían un poco de humildad. A la Primera Omega le pareció una buena idea.

El Uchiha asintió y se cruzó de brazos.

—Me parece razonable.

—Pero eso es casi medio año de castigo, ¿no? —preguntó Naruto con cierta duda en la voz—. ¿No es… un poco excesivo?

Sasuke le dedicó una mirada cariñosa y le acarició la cabeza.

—Eres demasiado amable, Naruto.

Este arrugó la frente.

—No se trata de eso. No me gusta lo que hicieron y estoy de acuerdo en que haya un castigo. Pero la pelea no fue a mayores. Nadie está herido de gravedad… ¿verdad?

La mirada del Alfa se endureció.

—Todos están recuperados, pero Kira tiene fracturas en las costillas y Subaru sufrió un par de hemorragias leves. No es nada que un cambiante no pueda soportar, pero, para ser una pelea de lobatos, fueron demasiado lejos. Si no damos ejemplo, la próxima vez podría ir a más.

—O peor —añadió Yasha con mala cara—, que los jóvenes empiecen a pensar que son mejores que los humanos y los mestizos. Aquí nadie quiere que vuelvan a repetirse las atrocidades del pasado.

Naruto tragó saliva, recordando algunas cosas que había mencionado Kakashi en la escuela. Se abrazó a Sasuke.

—No he dicho nada.

El Uchiha soltó una risilla, rodeando sus hombros con los brazos, mientras que Yasha le sonrió.

—Sin embargo, estaré encantado de hablarte de mi madre y mi abuelo, si tienes curiosidad por los mestizos de tu manada.

Los ojos de Naruto se iluminaron, mientras que Sasuke los puso en blanco.

—No, por favor. No quiero seguir escuchando cómo presumes de tu abuelo apalizando a dos puristas en pelaje que aspiraban al puesto de ejecutor.

De inmediato, Yasha hinchó el pecho con orgullo y cierta diversión en sus facciones.

—Pero lo hizo. A veces, la fuerza no es suficiente para ganar. Basta con ser el más listo.

—Ya no soy un lobato, no tienes que darme lecciones.

—Gracias a esas lecciones, de vez en cuando puedes batirte con Kurogane.

Naruto contuvo una sonrisa, tratando de no herir el orgullo de su futuro Alfa, pero permaneció abrazado a él, ahora sin vergüenza o timidez alguna pese a estar en presencia de otro ejecutor.

Por fin lo había entendido. No era más débil por ser mestizo, ni tenía que ser más de lo que ya era para estar a la altura de Sasuke. Solo necesitaba un poco más de confianza en sí mismo y en el vínculo con su pareja.

La próxima vez, lo haría mejor. Aún era joven y estaba aprendiendo, pero no quería volver a herir a su pareja como ese día. Quería ser su fuerza y su refugio como él lo había sido durante todos esos años.

Eso era todo. Estar el uno para el otro. Nada más ni nada menos.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Capítulo 40. Tormenta de llamas

Capítulo 41. Una ofrenda para los dioses

Mi lobo