Sweet heat
Sasuke
encontró a Minato saliendo por una puerta y moviendo la cabeza como si buscara
algo. Al verlo, cerró tras él e hizo amago de sonreírle con alivio, pero,
entonces, reparó en el pelo de sus brazos y se pegó a la puerta en ademán
protector.
—¿Pasa
algo? ¿Nos están atacando?
Sasuke
se maldijo a la vez que retraía el pelaje. Era el ejecutor principal, tenía
fama de tener sangre fría, sin embargo, era mencionar a su compañero y sus
emociones hervían sin control alguno.
—Perdona,
Minato. Acabo de hacerme una idea de lo que ha pasado.
El
Omega relajó los hombros y se acercó, hablando en voz baja.
—Estaba
seguro de que Naruto no había empezado la pelea, pero no ha querido decirme
nada y empezaba a estar preocupado. Pensé que hablaría contigo.
El
Alfa le dio un apretón en los hombros.
—No
te preocupes, no ha sido cosa suya. ¿Entras conmigo?
El
rubio esbozó una media sonrisa.
—No.
Ahora mismo, creo que se sentirá más cómodo si está contigo. Pero estaré aquí
fuera si me necesitáis.
Sasuke
asintió y le frotó los hombros antes de pasar a la estancia. Era una simple
oficina llena de archivadores y con un pequeño escritorio con dos sillas.
Naruto estaba sentado en una de ellas, cabizbajo y con los ojos achicados. Solo
llevaba la ropa interior, por lo que vio las gasas que tenía sobre el pecho
izquierdo, por debajo de la clavícula, y en el costado derecho. Unos vendajes
cubrían su tobillo y muslo derechos, el codo izquierdo y, por supuesto, los
nudillos de ambas manos. Por si fuera poco, tenía rasguños y moretones por
todas partes, aunque fue su espalda lo que más le asustó, la tenía toda
hinchada y rojiza.
No
era nada que no se curaría, nada grave, eso le habían dicho todos… Pero ver a
su pareja en semejante estado hizo que su lado animal saltara.
—Gran
Madre…
Naruto
se sobresaltó al oírlo y salió disparado de su silla, buscando precipitadamente
su ropa.
—¡Sasuke!
¡Estoy desnudo! ¡No mires!
Por
una vez, el Alfa no lo escuchó y llegó hasta él en dos pasos para examinarlo de
cerca. Sus manos aún olían a sangre, su sangre.
Su
pelaje brotó por todas partes.
—¿Sasuke?
Él
gruñó en respuesta, incapaz de decir nada por estar a mitad de transformación.
Su
compañero estaba herido. Sí, se pondría bien y solo estaba un poco peor que en
los entrenamientos, pero… Seguía siendo su pareja. Esa mocosa de mierda y sus
amigos le habían hecho todo eso para hacerle daño. Y no había hecho nada para
protegerlo, como el año pasado.
Esos
pequeños Alfas imbéciles se metieron con él creyendo que sería divertido
demostrar su fuerza con alguien más débil, un mestizo que no podía cambiar. La
cosa no llegó a tanto y, pese a que no le gustó lo que pasó, tuvo que aceptar
que era algo con lo que su pareja tendría que lidiar, así que confió en que
estaría bien. Cuando otros idiotas volvieron a por él, demostró que era lo
bastante hábil e inteligente para resolverlo solo y eso lo calmó, le hizo
pensar que no volvería a ocurrir.
Pero
esto… No tendría que haber permitido que pasara.
En
un acto instintivo, lo abrazó por la cintura, necesitando tenerlo cerca.
Agradeció que Naruto no tratara de apartarlo, todo lo contrario, acurrucó la
cabeza en su pecho y le acarició la espalda.
—Estoy
bien, de verdad. Sé que estoy horrible, pero no es nada, lo prometo. Por favor,
no te preocupes —barboteó, apretándolo más fuerte—. Lo siento, siento mucho que
haya pasado esto. No quería asustaros, yo… Yo no quería que nada de esto pasara
—su voz amenazó con convertirse en un sollozo.
Fue
eso lo que motivó a Sasuke a calmarse. Su compañero ya tenía suficiente con
lidiar con esa estúpida pelea como para preocuparse también por él o su
familia.
No
era más que un lobato, por lo que era su responsabilidad. Debía ser fuerte para
él.
Con
ese pensamiento, logró retraer el pelaje de nuevo, aunque un poco más despacio.
Procuró hacer respiraciones lentas, pero poco profundas para que Naruto no se
preocupara más de la cuenta y le acarició el cabello mientras lo hacía,
dedicándole gruñidos suaves llenos de cariño. Esperaba que eso lo tranquilizara
mientras él se replanteaba cómo dirigir la conversación. Todavía no tenía toda
la información de lo que había pasado, pero sabía lo suficiente como para creer
que su compañero se sentía herido y no quería empeorar las cosas.
Cuando
se sintió preparado, se separó lo que Naruto le permitió. Sus bonitos ojos
azules eran más brillantes que de costumbre, amenazando con lagrimear en
cualquier momento. Le acarició el rostro y lo besó en la frente.
—No
tienes que disculparte, Naruto. Tus padres, Kurama y yo estamos bien, sabemos
que no te pelearías por cualquier cosa. No pasa nada, ¿de acuerdo? Lo
resolveremos, ya lo verás —dicho esto, se quitó la camisa y le ayudó a
ponérsela. No quería que se pusiera su ropa, estaría llena de sangre y
desgarrada, pero entendía que se sintiera incómodo con su desnudez.
En
cuanto terminó, lo tomó por la cintura con suavidad y lo sentó de nuevo en la
silla. Se arrodilló frente a él para poder mirarlo a la cara.
—¿Quieres
contarme qué ha pasado?
Naruto
se frotó los ojos y asintió. Se lo contó todo, la aparición de esa lobata y sus
amigos y su exigencia para que se mantuviera alejado. Su estúpida insinuación
de que un mestizo no era lo bastante bueno para él, alguna gilipollez como que
el no poder cambiar lo hacía débil. Pero cuando le dijo cómo llamó a sus
padres… Todo tuvo sentido.
—Me
enfadé tanto —dijo su pareja al borde de las lágrimas, la rabia era tan fuerte
que hacía escocer su nariz—. Sé que fue un error provocarla para que empezara
la pelea, pero… Mis padres… Ellos no tenían nada que ver. No tenía por qué
decir nada malo de ellos. —Sorbió por la nariz y se limpió los ojos otra vez,
mirándolo mortificado—. Pero no quería que Kira y Subaru acabaran así. Se
suponía que Subaru tendría su primera vez con Kamui y que todo sería perfecto,
y Kira… Ella se llevó la peor parte por mí…
Sasuke
lo cogió por los hombros y los frotó para tratar de reconfortarlo.
—Naruto,
no es culpa tuya. Son tus amigos, claro que lucharían por ti.
El
Omega sacudió la cabeza.
—Lo
sé, pero no tenía por qué pasar. Tal vez… Si no hubiera querido esconder nuestro
vínculo…
—No,
no hagas eso —le pidió, acariciándole ahora las mejillas—. Sé por qué querías
hacerlo y te dije que estaba de acuerdo. Está bien querer saber quién te
aprecia por ser tú y no por tu posición, y es noble no querer favores. Me gusta
eso de ti y me sentí muy orgulloso cuando lo hablamos, así que no te preocupes
por eso. Son ellos quienes no tenían ningún derecho a atacaros, yo decido mis
amistades y ya sabes qué pienso del tema de los mestizos. No te calientes por
eso, ¿vale?
Naruto
dudó, pero acabó por hacer un asentimiento, pese a que la preocupación todavía
era evidente en sus ojos. Estuvo a punto de decir algo más, pero, entonces,
escuchó un aullido, rugidos y gritos, por lo que se abalanzó por la puerta,
gritándole a Minato que se quedara con Naruto y precipitándose hacia la
entrada.
Allí,
vio a Fuuma sobre un furioso Kamui que rugía de ira y angustia, a mitad de
transformación y tratando de escapar del ejecutor arrastrándose con sus garras.
Seishiro, en cambio, retenía a Nagi con más facilidad, el lobato se había
quedado quieto en el suelo, probablemente consciente de que no escaparía, pero
su habitual rostro desganado y neutral había sido reemplazado por una mueca de
disgusto.
Los
padres también habían vuelto a gritarse entre ellos. El padre de Shiren
discutía acaloradamente con la madre de Yoshi mientras que Adachi señalaba a
Kamui y Nagi, despotricando no sé qué tontería sobre lobatos fuera de control
mientras Yasha trataba de que mantuviera la calma, lo mismo que hacía Kurama
con su madre y la de Kira.
Estuvo
a punto de aullar para llamar la atención, pero un rugido, tan fuerte y feroz
que podría haber pertenecido al sabueso de la propia muerte, los detuvo a todos
menos a Kamui.
Mikoto
Uchiha, pese a no ser la Omega más alta o musculosa de la manada, miró a todo
el grupo con una superioridad y autoridad digna de la Gran Madre, como si la
diosa en persona hubiera bajado a poner orden.
—¿Qué
os he dicho antes? ¡Fuera todo el mundo de aquí menos los lobatos y mis
ejecutores!
Adachi,
con los puños apretados, hizo a un lado a Yasha y se encaró a la mujer.
—Mikoto,
todo esto es injusto.
Sasuke
sintió que su nuca se erizaba. Se quedó muy quieto en la entrada al pasillo,
frente a la entrada, con el cuerpo relajado pero los músculos estirados. Se dio
cuenta de que Kurama, Yasha y Seishiro también estaban atentos, mientras que
Fuuma se centraba en seguir manteniendo a raya a Kamui.
Su
madre le lanzó una mirada asesina al Alfa instructor.
—Adachi,
te lo advierto, cierra la boca y sal ahora.
—¡Vamos,
Mikoto! ¡Conoces a mi familia! ¡Sé razonable!
Mikoto
respondió a la velocidad del rayo. Le brotó pelaje por todas partes, se le
alargaron las orejas y de sus manos brotaron garras. Con una, agarró el cuello
de la camisa de Adachi para obligarlo a bajar la cabeza a su altura, mientras
que la otra la mantuvo alzada en actitud amenazadora.
—¿Te
parezco más razonable ahora? —le gruñó, mostrando los colmillos—. Te he dado
una orden, ¿me estás desafiando?
Como
si fueran uno solo, Sasuke, Kurama y Yasha rodearon a Adachi. No estaban
transformados, pero Adachi conocía bien su capacidad para cambiar en menos de
un instante, aunque solo fuera de forma parcial.
—¿He
oído bien?
Una
voz grave y poderosa inundó la habitación, a pesar de que no tuvo que hablar
alto para hacerse oír. Hasta Sasuke sintió un escalofrío subiendo por la
columna.
Lo
había dicho muchas veces, y, aun así, lo repetiría cuanto hiciera falta. Él era
el ejecutor principal, pero nadie inspiraba el mismo pavor con su sola
presencia que Kurogane.
El
imponente Alfa avanzó hasta reunirse con ellos. Sasuke y los otros dos
ejecutores retrocedieron para darle espacio. Adachi tragó saliva ante su mirada
color sangre.
—Primera
Omega —le dijo Kurogane a Mikoto con el mismo tono, duro, pero bajo e
inalterable—, no ensucie sus manos con su sangre. Para eso estoy yo.
La
Omega inspiró hondo, pero soltó a un paralizado a Adachi y recuperó su forma
humana.
—Todo
tuyo, Kuro.
El
ejecutor se plantó frente a Adachi con sus impresionantes dos metros,
cerniéndose como un ave rapaz sobre un conejo.
—Espero
no haber entendido que estás desafiando a nuestra Primera Omega.
El
otro Alfa agachó por fin la cabeza.
—En
absoluto, Kurogane, solo…
—Entonces,
¿por qué no estás cumpliendo su puta orden? Ahora.
Adachi
se estremeció, pero se giró y se apresuró a salir. Tras él fueron el resto de
padres. Los únicos que se demoraron fueron Kurama y Yasha, que le preguntaron
con la mirada a Mikoto si ellos, que eran tanto parientes como ejecutores,
debían salir o no. Ella les indicó con un gesto de la cabeza que se fueran y
obedecieron sin dudarlo.
Kurogane
se acercó a Mikoto, mirándola con seriedad.
—¿Necesitas
que aleccione a Adachi? No me ha gustado su tono.
La
Omega suspiró, pero le restó importancia con un gesto.
—No
lo creo. Él no suele ser así, pero su amor paternal le ciega —dicho esto, su
atención se dirigió a un Kamui que, pese a que se estaba agotando por la
presión de Fuuma, seguía luchando por liberarse—. Ahora tenemos que arreglar
esto. Está entrando en celo y seguro que ha escuchado lo de Subaru.
Kamui
aulló, furioso y angustiado a la vez. Sasuke tenía un férreo control de sí
mismo, pero hasta él fallaba cuando se trataba de Naruto. Siendo un lobato en
su primer celo, sus emociones eran un maldito remolino de caos que estaban
nublando su cabeza, sacando a flote su lado más animal e instintivo. Solo
entendía que su pareja estaba herida y que debía llegar hasta ella a cualquier
precio.
—Yo
me ocupo —le dijo a su madre.
Se
arrodilló frente a Kamui y, sin pensarlo dos veces, lo agarró del pelo de la
nuca con fuerza y lo obligó a mirarlo. Lo hizo con más fuerza de la necesaria,
sabiendo que no atendería inmediatamente a razones, por lo que tenía que usar
el dolor para incitar a su instinto a prestarle atención.
En
efecto, Kamui desvió sus ojos hacia él y le enseñó los dientes. Bien, ahora
estaba centrado en él.
—Tu
compañero no te necesita.
Sus
palabras tuvieron el efecto deseado. El lobato palideció y el miedo asomó a sus
ojos.
—No
así, Kamui. Piensa. Subaru está herido y enfadado por lo que ha pasado. Han
hecho daño a sus amigos y lo más seguro es que esté pensando que no podrá pasar
su primer celo contigo debido a sus heridas. Se culpará a sí mismo, creerá que
pensarás que no te quiere tanto, que por dejarse llevar por sus emociones te
hará daño o que no te ha tenido en consideración, ¿es eso lo que quieres?
—No
—murmuró Kamui. Su pelaje retrocedió un poco, revelando mejor su rostro
horrorizado—. Claro que no. No es su culpa y lo del celo puede esperar. No me
importa. Solo quiero que esté bien.
—Se
va a recuperar —le dijo con firmeza, tratando de transmitirle su seguridad—,
pero no necesita que lo preocupes con tu ira, sino que lo consueles y
tranquilices. ¿Lo entiendes?
El
lobato inspiró hondo, tratando de terminar de calmarse, pero le costó trabajo,
tanto que incluso se echó a temblar. Sasuke estuvo a punto de intervenir de
nuevo, sin embargo, la mano de Nagi tocó el brazo de Kamui. Su solo contacto hizo
que el pelaje de su amigo se retrajera del todo, aunque despacio.
Entonces,
Fuuma lo soltó y le permitió levantarse, aunque se mantuvo cerca. Seishiro hizo
lo mismo con Nagi, aunque este parecía mucho más calmado.
El
lobato inspiró hondo una vez más y le dedicó una mirada agradecida a su amigo y
a Sasuke, que ya lo había soltado. Después, se giró hacia Mikoto e inclinó la
cabeza.
—Pido
disculpas por mi comportamiento, Primera Omega. Espero no haber herido a nadie.
—Estás
disculpado, Kamui —dijo la Omega con dulzura—. Eres joven y tu pareja está
involucrada. Pero aprende de la experiencia.
Kamui
le hizo otra reverencia antes de tragar saliva.
—¿Podría
ver a Subaru?
Ella
frunció el ceño.
—Pequeño,
tu celo está empezando.
—Solo
un momento, por favor. Puede acompañarme un ejecutor. Solo quiero que sepa que
todo está bien.
Mikoto
sonrió mirando a Sasuke, que estuvo a punto de curvar los labios, pero contuvo
su orgullo.
—Acompáñalo,
Fuuma.
El
ejecutor soltó una risilla y le revolvió el pelo a Kamui.
—Vamos,
fiera. A los Omegas les encantan las historias de Alfas volviéndose locos por
su compañero. En cuanto podáis estar juntos, te recompensará, ya lo verás.
En
cuanto se fueron, Mikoto les dio órdenes a Kurogane y Seishiro de echarles un
vistazo a los padres y recordarles de paso por qué no debían agotar su
paciencia. Mientras tanto, un sigiloso Nagi hizo amago de seguir a Kamui y el
ejecutor, pero Sasuke lo detuvo de golpe cogiéndolo del brazo.
—No
vas a ninguna parte, Nagi.
El
lobato frunció el ceño.
—Yo
no tengo compañero, estoy bien. Solo quiero ver cómo están.
Su
tono era muy tranquilo, pese a que su rostro mostraba una leve molestia por ser
detenido. Su olor corporal apenas delataba sus emociones, aunque el inicio de
su celo se estaba manifestando.
Era
impresionante.
—Tu
sangre te delata, Nagi —dijo levantando su brazo, mostrando la palma roja por
sus propias garras clavadas en la piel.
El
joven Alfa masculló una maldición y su pelaje blanco brotó en su cara, revelando
su verdadero estado. Sasuke no pudo ocultar una sonrisa de satisfacción.
—Escondes
muy bien tu agresividad, a duras penas lo manifiestas en tu olor. Es increíble.
Nagi
arrugó la nariz.
—No
lo suficiente para engañar a un ejecutor.
—Pero
sí a la Primera Omega.
Se
giraron hacia Mikoto, que estaba con la boca abierta. Al ser el centro de
atención, ella esbozó una sonrisa.
—Ni
siquiera sé si Kuro sabe hacer eso —dicho esto, señaló el pasillo—. Voy a
averiguar qué ha pasado mientras habláis.
Cuando
ella se marchó, Sasuke se cruzó de brazos frente a Nagi, que, ante sus ojos,
retrajo el pelaje con facilidad y ocultó sus uñas. Su rostro se volvió casi
impasible de nuevo, pues una pequeña arruga en el puente de su nariz acentuaba
la ligera rabia de sus ojos grises.
—¿Qué
pretendías conseguir, Nagi? Te conozco y no actúas por impulso, así que
pensabas que obtendrías algo de agredir a esos Omegas. ¿Qué era?
Nagi
bajó la mirada y apretó los puños, esta vez sin ocultar su rabia y algo más. El
aroma de su dolor lo sorprendió.
—Redención
—respondió en voz baja.
Sasuke
levantó las cejas.
—Nagi,
nada de esto ha tenido que ver contigo.
El
lobato alzó sus grandes ojos hacia él, mostrando su aflicción.
—Todos
mis profesores dicen que tengo los mejores reflejos e instintos de cambiante
que se han visto en las últimas generaciones, que sería un ejecutor al nivel de
Kurogane o Kurama. Pero que soy demasiado despreocupado, vago, no tengo interés
en nada. No es más que talento natural desaprovechado. —Tragó saliva y, por un
instante, Sasuke juró ver brillar una lágrima—. “Nagi es demasiado perezoso
para hacer nada”, eso es lo que piensan los otros lobatos. No importa lo fuerte
que sea, ni siquiera me sirve para ayudar a mis amigos.
El
ejecutor levantó las cejas un instante antes de que se le hundieran los
hombros.
Nunca
había creído que a Nagi no le importaran Naruto y los demás, simplemente, era
menos expresivo. Y sí, era cierto que solía parecer despreocupado en extremo,
sus profesores habían manifestado su preocupación respecto a su futuro en la
manada en más de una ocasión y había escuchado que eran bastante insistentes en
que se preparara para la instrucción de ejecutor en cuanto cumpliera la mayoría
de edad e incluso que pasara más tiempo con sus miembros, pese a que sus padres
estaban en contra. Defendieron a capa y espada que su hijo debía hacer lo que
considerara mejor.
Hasta
él tuvo que intervenir en la discusión cuando uno de los profesores acudió a su
oficina con el caso, pero lo rechazó. A su escuadrón no le faltaba ningún
miembro y siempre había lobatos jóvenes en la instrucción, no les faltaban
candidatos. Además, tenían lobos veteranos como Yasha y Kurogane, por no hablar
de que la entrada de Kurama los había hecho excepcionalmente fuertes.
No
pensó que todo ese asunto hubiera afectado a Nagi, pero, al parecer, era un
chico sensible en el fondo. Lo ocultaba muy bien.
Se
arrodilló para que le fuera más fácil mirarlo y le frotó los brazos.
—Nagi,
hacer daño ahora a esos Omegas no ayudará. Tal vez no vuelvan a molestar a tus
amigos, pero te dará la imagen de un ser cruel y no lo eres. No quieres hacer
esto.
—Pero
tengo que hacer algo. Estoy harto de que vayan a por Naruto —su voz amenazó con
romperse, pero aguantó—. Ya van tres veces en un año, Sasuke, ¡tres! Y en cada
una de ellas, él sufre y empieza a dudar y las pesadillas vuelven. —Se llevó
una mano al pelo, hundiendo los dedos con fuerza en su cuero cabelludo—. Él me
ayudó cuando pensé en ser ejecutor para que dejaran en paz a mis padres… Y yo
no he podido defenderlo ni una vez…
Sasuke
esbozó una media sonrisa. Ahora entendía por qué unos meses atrás su Omega le
preguntó sobre si le hacían falta ejecutores. Se preguntó entonces si es que
habría sentido interés en convertirse en uno, pero ahora entendía sus
intenciones.
—Naruto
no querría que hicieras algo así por él, lo sabes, ¿verdad? —Nagi agachó la
cabeza y él le bajó la mano para que no se hiciera daño en el pelo—. Además, tú
lo ayudaste antes, es lo que hacen los amigos. Nadie tiene la culpa de esto
excepto los responsables y estoy bastante seguro de que no volverá a ocurrir.
Un
atisbo de temor apareció en los ojos de Nagi.
—¿Tan
mal están?
—No,
están bien y se curarán, pero han llegado más lejos de lo que nos gustaría.
Habrá un castigo en cuanto termine el celo.
El
lobato relajó su expresión, pero sus hombros cayeron.
—No
iré a por esos idiotas. Tienes razón, Naruto ya estará lo bastante preocupado
como para que yo empeore las cosas.
Sasuke
entendía su impotencia. Él tampoco podía ir a por esos Omegas a pesar de que
era lo que quería su lado más instintivo, y gran parte del racional. Pero, al
final, eran lobatos, eran jóvenes y estaban entrando en celo, no pensaban bien
lo que hacían o las tonterías que decían. Igual que aquellos Alfas que se
metieron con Naruto. Aprenderían de la experiencia, crecerían y se darían
cuenta de lo estúpidos que fueron. Si no, no tendrían un buen futuro en la
manada. Sus padres no eran precisamente unos líderes suaves.
—Lo
importante es que tus amigos estén tranquilos ahora. Con el celo en camino,
cualquier emoción se amplifica y acaban de salir de una pelea. Debemos
ayudarlos a que se calmen.
Nagi
asintió, aunque todavía parecía un poco cabizbajo. Entonces, movió la nariz y
sus ojos se encontraron.
—Sasuke…
—Ya
lo sé —dijo, haciendo una mueca y poniéndose en pie.
Pensó
que tendría más tiempo, todavía quería revisar a Naruto y asegurarse de que
estaba tranquilo con todo lo que había pasado. Sin embargo, ya estaba aquí.
Su
celo se había adelantado unas horas. Debía de ser por toda la agresividad e
instintos contenidos.
Meditó
un momento su estado, creyendo que, tal vez, era lo bastante fuerte como para
mantener el control, pero no tardó en desechar la idea. Ya se sentía muy
protector sin tener a su pareja delante; si volvía a verlo con todas esas
heridas, querría tocarlo y, ahí, corría el riesgo de perderse.
Naruto
no necesitaba eso de él, y menos ahora.
Se
le escapó un gruñido de disgusto, pero lo aceptó.
—Nagi,
¿tú estás bien para ver a Naruto?
El
lobato asintió.
—¿Tan
malo es? Creía que los ejecutores tenían mejor control.
Sasuke
suspiró.
—Un
compañero es un compañero. A pesar de todo lo que te he dicho, yo también estoy
frustrado y enfadado con esos Omegas. Ver a Naruto con esas heridas, aunque no
sean graves, me ha afectado. Y, como le he dicho a Kamui, él no me necesita
para empeorar la situación.
Los
ojos de Nagi brillaron durante un instante y luego asintió.
—Iré
a verlo y lo calmaré. ¿Quieres que le diga algo de tu parte?
—Que
recuerde que esto no es culpa suya y que me haga saber que está bien. Yo
también le escribiré en cuanto pueda —dicho esto, le dio las gracias
revolviéndole el pelo y salió de la Casa de la Manada a paso rápido, antes de
cambiar de opinión.
Afuera,
se reunió un momento con Kushina y Kurama, que se preocuparon al ver sus
prisas. Tras una breve explicación, les pidió que cuidaran de Naruto y que le
hicieran saber el estado de sus heridas o si pasaba algo. Kushina le dijo que
no se preocupara y Kurama le dedicó una sonrisa comprensiva.
Sasuke
se marchó a paso rápido a su cabaña, sin estar satisfecho del todo. Sabía que
Naruto no estaba grave, pero le molestaba no poder permanecer cerca, sobre todo
para calmar sus miedos. Era consciente de que no parecía muy convencido a pesar
de la conversación que habían tenido y no quería que le asaltaran esas dudas de
las que hablaba Nagi. No quería que se ahogara con la culpa de lo ocurrido en
su antigua manada, ni que las inseguridades por ser mestizo lo inquietaran otra
vez.
Gruñó
para sí mismo. Por primera vez, deseó que Naruto creciera rápido para poder
tenerlo cerca y ahorrarle todo ese malestar.
Cuando
llegó el quinto día del celo, el último de la época, Sasuke estaba que se subía
por las paredes, y no por el calor y la excitación que sentía constantemente o
la incomodidad de tener su miembro a punto para la acción en todo momento.
Lo
que lo tenía inquieto era Naruto. Le escribió para decirle que se curaría
rápido y que estaba bien, que se cuidara durante el celo.
En
ese mensaje nada estaba bien, y lo corroboró cuando no contestó ningún otro
mensaje. Intentó no preocuparse demasiado, ya que era el primer celo y,
probablemente, ni siquiera estaría muy lúcido… Pero seguía preocupado. Odiaba
cuando Naruto se sentía inferior por ser mestizo. Era consciente de que se
debía a lo sucedido con la anterior manada, a pesar de que Kushina había
insistido muchas veces en que Genzo habría ido a por ellos incluso si hubiera
tenido todos los rasgos de los cambiantes. También sabía que esa culpa era algo
con lo que cargaría de todos modos, con las muertes de los tres ejecutores que
se mantuvieron fieles a su familia.
Sin
embargo, no permitiría que su mestizaje fuera un problema. Hacía mucho tiempo
que estaba probado que los mestizos podían tener más o menos rasgos cambiantes,
dependía mucho de cada caso y muchos eran sorprendentes: mestizos muy humanos
que olían igual que los lobos, otros que adoptaban la forma de un lobo
humanoide, algunos olían completamente a humanos pero tenían los sentidos de
los cambiantes… Había habido de todo. En su propia manada, tenían un caso muy
singular.
Tampoco
quería que se sintiera mal por esconder su vínculo. Había entendido sus razones
y reafirmaba que le pareció una petición honorable e inteligente. Naruto era
consciente de que tendría una posición alta en la manada por ser su pareja y no
faltaría quien quisiera escalar aprovechándose de él. Por norma general, sus
lobos eran buenos cambiantes y conocían su lugar, pero, con las nuevas
generaciones, siempre había cambios; el que fueran buenos o malos dependía
mucho de los líderes y de su círculo más cercano.
Sus
padres no se andaban con tonterías, eran sabios y justos, pero severos cuando
la situación lo requería. También sabían rodearse de ejecutores leales y con
mucho control sobre sí mismos, por lo que el ascenso social no se conseguía con
amiguismo en su manada, sino con esfuerzo, trabajo y voluntad de hierro.
Así,
las nuevas generaciones aprendían rápido que no podrían cumplir sus ambiciones
por un camino fácil, y mucho menos aspirar a arrebatarle el puesto a la familia
Uchiha. Por eso, cuando Naruto le pidió aquello, se sintió orgulloso; había
aprendido por sí mismo, o tal vez por las malas experiencias del pasado, que
era mejor rodearse de unos pocos amigos leales antes que aspirar a la
aprobación de las masas. Le confirmó que sería un excelente compañero para él.
Y,
por eso mismo, estaba irritado y malhumorado. No quería que Naruto tuviera
dudas por esas cosas solo porque unos Omegas envidiosos y estúpidos hubieran
dicho cuatro gilipolleces.
Le
consoló un poco saber que Yasha le daría un castigo ejemplar a su hija. Conocía
bien cómo se sentía respecto a los mestizos y, probablemente, estaría
decepcionado consigo mismo por no haber podido transmitirle a su hija sus
sentimientos. Puede que ni siquiera conociera su propia ascendencia.
Gruñó
mientras se paseaba como el animal enjaulado que era por el salón. Su celo
estaba bastante controlado, pero sabía que no podía ir a ver a Naruto hasta que
hubiera terminado. Además, no sabía si su Omega estaría lo bastante bien para
recibirlo tampoco. Puede que, hasta el día siguiente, no pudiera verlo.
Gimió,
llevándose las manos a la cara. Lo único que quería era que le respondiera, que
le dijera cómo estaba de verdad. Aunque no pudiera ir a verlo, al menos, que lo
llamara.
Como
si la Gran Madre le hubiera escuchado, su móvil vibró en la mesa y Sasuke se
abalanzó sobre él.
—¿Diga?
—Sasuke.
La
voz ronca y gruñona al otro lado lo sorprendió.
—Kushina,
¿va todo bien?
—No
lo sé. Hemos intentado ver a Naruto para saber cómo estaba, pero no quiere
abrirnos la puerta.
—¿Qué?
—Justo después de preguntarlo, fue directo hacia la entrada de su cabaña para
ponerse las zapatillas—. ¿Por qué? ¿Qué ha dicho?
—¡No
lo sé! ¡No lo entiendo! —La frustración y la inquietud se mezclaban en su voz—.
No ha estado comiendo mucho, pero es normal durante el celo. Minato intentó
verlo varias veces y Naruto lo rechazó, dijo que estaba bien, solo que no tenía
mucha hambre. Estuvimos controlando que comía lo suficiente, y lo hacía, así
que lo dejé pasar, pero ahora no quiere abrirnos la puerta. No huelo sangre,
sus heridas deberían estar bien, pero sí su dolor. Algo le está haciendo daño y
no me dice qué es.
—Estoy
de camino —declaró Sasuke, abriendo la puerta sin abandonar la conversación.
—Sé
que es algo relacionado con lo que dijeron esos Omegas —gruñó la Alfa, ahora
con furia—. Si estuviera herido, nos lo diría de inmediato, pero nos ha gritado
que lo dejemos en paz y su voz sonaba como si hubiera llorado —dicho esto,
soltó un aullido que Sasuke escuchó desde donde estaba.
Corrió
más deprisa.
—Kushina,
mete a Minato en una habitación. Estaré ahí enseguida.
—¿Puedes
controlar tu celo?
—Sí,
¿puedes controlar tu agresividad aunque vaya allí?
Dos
Alfas en celo con un Omega que era el compañero de uno de ellos podía ser una
catástrofe. Minato no lo tenía y Sasuke tenía un vínculo con Naruto, por lo que
no debería tener problemas, pero Kushina podría volverse posesiva como el
infierno y, a juzgar por su estado emocional, las cosas podían acabar muy mal.
La
escuchó gruñir al otro lado.
—Minato
no saldrá hasta que te vayas.
—¿Y
Kurama?
—No
lo he llamado todavía. Espero que no haga falta.
—Bien,
estoy llegando —y colgó, acelerando.
Unos
minutos más y ya estaba en el porche. Kushina apareció vestida, pero un poco
despeinada, apestando a sexo y a Minato. Era evidente que aún estaba en celo y
que había estado disfrutando de la intimidad con su compañero hasta hacía muy
poco.
—Está
en su habitación —gruñó, dejándolo pasar con cierta reticencia.
Sasuke
no la culpó. La Alfa debía de sentirse muy territorial. Sin embargo, no tenía
tiempo para tratar de ser más amable. Subió las escaleras con rapidez, directo
al dormitorio de Naruto. Una vez frente a su puerta, llamó con más fuerza de la
necesaria.
—¡Naruto!
¿Estás bien?
Hubo
un instante de silencio antes de que el Omega gritara:
—¡¿Has
llamado a Sasuke?!
Kushina
gruñó a sus espaldas.
—¡Si
mi cachorro está sufriendo y no quiere decírmelo, usaré cualquier recurso
necesario!
—¡No
me pasa nada! —rugió—. ¡Quiero estar solo, eso es todo!
—¡Y
yo quiero saber que estás bien!
—¡Lo
estoy!
—¡Pues
déjame entrar!
—¡No!
La
Alfa le lanzó una peligrosa mirada a la puerta, pero Sasuke la detuvo.
—Kushina,
espera. Déjame hablar con él.
La
mujer resopló, fulminando el trozo de madera como si fuera el culpable.
—Hazlo.
Pero no tengo problemas en derribar esa puerta si hace falta. Así que,
cachorro, habla con Sasuke o entraré ahí de una forma u otra —dicho esto, se
alejó con pasos furiosos para ir a su habitación, probablemente en busca de
Minato para calmarse.
En
cuanto se marchó, Sasuke se pegó al marco y apoyó la cabeza para escuchar
mejor.
—Naruto,
¿estás bien?
—¡Sí!
¿Qué os pasa a todos? ¿No puedo estar solo hasta que acabe el celo? —replicó el
Omega, claramente molesto, aunque se dio cuenta de cómo se le rompió la voz al
final.
El
Alfa inspiró hondo, tratando de ser suave.
—Puedo
oler tu dolor desde aquí, Naruto. Y también que no estás en celo.
Era
lo primero que había notado al subir por las escaleras, junto a su sufrimiento.
Por eso, había entendido rápido lo que ocurría. Kushina no se habría dado
cuenta, ofuscada por su celo y preocupada por el dolor de su cachorro.
Sasuke
lo había detectado enseguida porque quería estar listo para contenerse, pero no
haría falta. Apoyó una mano en la puerta.
—Naruto,
no pasa nada.
—¿Cómo
puedes decir eso? —Esta vez, escuchó con claridad que su voz se convertía en
llanto—. ¿Qué pasará cuando entres en celo? ¿Cómo se supone que voy a ayudarte?
No tengo celo, no tengo Cambio y ni siquiera soy bueno en todo lo demás… Soy un
desastre de compañero…
Al
escuchar eso, Sasuke se tensó y frunció el ceño. Se separó de la puerta,
analizándola.
—Abre
la puerta o la echo abajo. Ahora.
—Por
favor, Sasuke, no…
—Hablo
en serio. Tienes cinco segundos. Abre o apártate.
Al
principio, no escuchó nada, pero, después, los pasos apresurados de su Omega se
acercaron. Por fin, abrió muy despacio, apenas asomando los ojos.
El
aroma de su dolor lo golpeó. Lo había estado aguantando durante días. Con un
gruñido, terminó de abrir la puerta, sin demasiada delicadeza, y entró en la
habitación a la vez que Naruto retrocedía.
Verlo
con los ojos rojos e hinchados no le hizo ningún bien. Se fijó en que sus
moretones y arañazos habían desaparecido, al igual que las heridas que tuvo en
los nudillos, pero seguía sin ser suficiente para calmarlo. Pensar en el daño
que le habían hecho esos Omegas hizo que le brotara pelo en las mejillas,
aunque lo retrajo con rapidez. Naruto era lo primero y no iba a dejar que se
revolcara en sus inseguridades y traumas.
Sin
pedirle permiso, lo cogió por debajo de las axilas y lo llevó a la cama.
—¡Sasuke,
espera! Por favor, no…
—No,
tú y yo vamos a tener una larga charla —dijo mientras se sentaba en la cama y
lo ponía sobre su regazo, pero de cara a él.
En
otro momento, su intenso sonrojo le habría parecido adorable, pero ahora no
estaba de humor.
—Sasuke,
estoy…
—Ahora
no me importa, tendrías que haberme abierto desde el principio, así que esto es
lo que hay —gruñó, con los colmillos fuera—. No volverás a poner una puerta
entre nosotros, ¿me oyes? Sé que has visto mis mensajes y ahora me doy cuenta
de que no me has respondido a propósito. ¿Crees que he pasado un buen rato solo
porque estaba en celo? Llevo cinco días subiéndome por las paredes,
convenciéndome de no ir a buscarte para evitar una pelea con tu madre por tu
celo, pero resulta que no lo tenías y que me has ignorado. ¿Qué tengo que hacer
para que entiendas que me preocupo por ti? Jamás me ha importado que seas un
mestizo y no necesito que seas bueno en cualquier maldita cosa, lo único que he
querido siempre ha sido estar contigo y formar parte de tu vida. Nada más.
En
cuanto vio que los ojos de su Omega se llenaban de gruesas lágrimas, parte de
su rabia se evaporó. Suspiró y lo atrajo hacia su pecho. Naruto le devolvió el
abrazo con fuerza, hipando mientras lloraba.
—Lo
siento, Naruto. No te lo tendría que haber dicho de esa manera —dijo besándolo
en la cabeza y frotándole la espalda—. Pero me molesta. Esos Omegas son jóvenes
e idiotas, no tienes que hacer caso de lo que dicen. Tú eres mejor que eso, lo
sé.
—Pero…
Tú eres… el ejecutor principal, y… Y yo… Yo no soy más que un crío. No… No soy
tan fuerte como Train o Kurama, ni… Ni tengo talento para nada concreto y no
sé… No sé cómo voy a serle útil a la manada. Puede que… A lo mejor mis
cachorros son más humanos que lobos también…
—Alto
ahí. Mírame.
Le
levantó el rostro y le limpió los ojos y las mejillas con cariño. Luego, lo
acomodó sobre su regazo y le acarició la cabeza.
—¿Todo
eso es lo que te preocupa? —Naruto tragó saliva y asintió—. Bien. Ahora,
escúchame. ¿Tú crees que mi madre es una buena luchadora?
Su
Omega frunció el ceño.
—No
lo sé.
—¿Y
mi padre?
—Sí.
—¿Dirías
que es más fuerte que Kurogane?
El
rostro de Naruto se arrugó por la confusión.
—Pues…
No sé. Siempre he oído que Kurogane es una bestia.
—Exacto.
Los ejecutores somos los protectores de la manada, nuestra obligación es ser
buenos guerreros, es un requisito para este puesto. Mi padre es un gran
luchador, pero puedo decirte que tanto Kurogane como tu hermano son
excepcionales. Sin embargo, aquí nadie los ha pedido como Primeros Alfas.
¿Sabes por qué?
Su
Omega sacudió la cabeza. Tenía los ojos muy abiertos, le prestaba toda su
atención.
—Porque
la responsabilidad del Primer Alfa es gobernar. Tiene que ser bueno en eso de
la misma forma que un ejecutor debe saber pelear. Mi madre es muy fiera y tiene
conocimientos para defenderse, como todos en esta manada, pero lo más seguro es
que un Alfa grande pueda tumbarla fácilmente. Sin embargo, nadie discute su
posición porque es una diplomática excelente y cuida de los Omegas. —Le
acarició las mejillas, enjugándole las lágrimas de nuevo—. ¿Crees que los
Omegas apareados con ejecutores están todos relacionados con la lucha? La gran
mayoría no son guardias ni se dedican a la instrucción en combate como Train,
de hecho, tienen trabajos normales: maestros, artesanos, empresarios… La madre
de Yuko se dedica a la repostería y es una loba pura. ¿Entiendes ahora lo
estúpida que ha sido su hija al soltarte todas esas tonterías?
Su
Omega parecía más tranquilo. Ya no lloraba, aunque todavía tenía los ojos
húmedos y la duda se mecía en ellos.
—Yo…
no sé lo que quiero ser.
Sasuke
le sonrió con cariño.
—Tienes
dieciséis años, claro que no lo sabes. Aún estás buscando tu camino y puede que
no lo encuentres a la primera, ni a la segunda y tampoco a la tercera. Puede
que tardes décadas en hacerlo, pero es lo mismo para todos. Solo piensa en lo
que quieres hacer y descarta aquello que no quieras.
Naruto
asintió despacio y bajó un momento los ojos antes de volver a mirar al Alfa.
—Me
gustan las clases de lucha. Disfruto de los entrenamientos. Me encanta
practicar con Train, contigo y con mis amigos… Pero no quiero ser ejecutor. Ni
guardia. —Se mordió el labio inferior—. Ya… vi suficiente sangre y muerte. ¿Eso
me hace débil?
—No.
Seguir adelante a pesar de aquello es lo que te hace fuerte —dicho esto, lo
besó en la frente—. No tienes que decidir ahora lo que vas a ser, pero es un buen
comienzo. Date tiempo para encontrarte.
Su
Omega suspiró y se acurrucó en su pecho, abrazándolo otra vez. Sasuke le
devolvió el gesto con afecto, besando su cabello y pasando las manos por su
espalda y la nuca.
—¿Qué
te pasará cuando estés en celo? —le preguntó el rubio con un susurro.
—Que
estaré muy cariñoso contigo todo el tiempo. Lo siento, tendrás que soportarme
—dijo sonriendo.
—¿No
sufrirás?
—Naruto,
estoy en celo ahora mismo. Es el último día, pero lo sigo estando. ¿Te parece
que me duela?
Notó
su pequeño sobresalto. Sus labios se curvaron aún más al pensar que se le había
olvidado.
—No,
pero… Umm… Hueles un poco…
—Ignóralo.
Es una reacción natural, sobre todo teniendo a mi compañero en brazos —dijo
frotando su mejilla en su cabello.
Naruto
correspondió a su gesto frotando la nariz en su pecho. Después, se apartó para
mirarlo con una expresión culpable.
—Siento
no haberte respondido, no era mi intención hacerte daño. Es que no sabía qué
decirte y me sentía tan frustrado y dolido…
Sasuke
asintió y le acarició el rostro.
—Lo
entiendo.
—No
volveré a hacerlo —dijo el rubio con rapidez—. Y te contaré cualquier duda o
preocupación que tenga. Lo prometo.
Él
sonrió.
—Con
eso me basta.
Naruto
regresó a sus brazos con tal expresión de alivio que no pudo evitar plantar
besos en su cabeza y en acariciarlo una y otra vez. La forma en que se dejaba
caer sobre él, con el cuerpo lánguido, le dijo que había estado muy tenso,
cargando un peso enorme. Ahora debía de estar agotado, así que le masajeó un
poco los hombros, la espalda y la cabeza para que terminara de relajarse.
Escuchó
un crujido muy suave y alzó la mirada, encontrándose a Kushina asomada en el
marco de la puerta. Tenía una temblorosa sonrisa y los ojos anegados de
lágrimas. Sin emitir ni un sonido, le dio las gracias moviendo las manos y
llevándose una mano al corazón. Sasuke le correspondió curvando los labios y
ella los dejó solos de nuevo.
Ahora
que la tormenta había pasado y que tenía a su pareja muy pegada a su cuerpo, no
pudo evitar percibir las molestias del celo. Fue más consciente que nunca de
las curvas que se estaban formando en el físico de su pareja y su lado animal
gruñó encantado, sabiendo que disfrutaría de explorarlas a conciencia.
Pero
aún quedaban dos años para eso, si a Naruto le parecía bien. Ya hablarían de
ello cuando llegara el momento o su Omega se sintiera preparado. Igual que los
cachorros.
Admitió
para sí mismo que, una parte de él, se había emocionado cuando había mencionado
a los hijos que podrían tener. Él quería niños, pero era una decisión que
tendría que tomar con Naruto, de nuevo, cuando fuera más mayor. Aun así, le
había gustado que pensara en ellos, aunque no le había hecho ninguna gracia su
preocupación por su naturaleza.
El
mestizaje nunca sería un problema en su manada, no mientras los Uchiha
gobernaran. Sasuke sabía que amaría a sus cachorros desde el momento en que se
enterara del embarazo y no dudaba de que serían los más mimados de sus
familias.
Sin
embargo, era un asunto que debía tratarse a su debido tiempo.
Calma.
Lo primero era que Naruto volviera a confiar en sí mismo y en su vínculo. No
iba a renunciar a él porque creyera que su linaje era superior al suyo, o su
posición, o cualquier otra cosa. La Gran Madre les daba la pareja que
necesitaban y Sasuke supo, desde el principio, que ese pequeño Omega era justo
lo que necesitaba. Alguien capaz de desterrar la frialdad con la que lo apuñaló
Kaguya, alguien que volviera a despertar su lado más cálido.
Y
Naruto lo logró sin siquiera saberlo.
Lo
abrazó con todo el cariño que tenía y se contentó con aspirar su aroma. Todavía
quedaban remanentes de tristeza y dolor, pero se estaban disipando. Necesitaban
abrir las ventanas para que ese olor se fuera.
—¿Te
sientes mejor?
Naruto
asintió.
—Siento
haberte preocupado. Y a mis padres.
—Puedes
disculparte con ellos en cuanto bajemos. Si quieres, puedo quedarme hasta la
noche. Podemos hacer un maratón de películas.
Su
Omega se separó y lo miró.
—Sé
que lo he preguntado antes, pero tengo que volver a hacerlo. ¿Estarás bien con
tu celo?
—Si
puedes soportar que esté con muchos ánimos de tener tu olor encima y que lleves
el mío, no es un problema para mí.
—¿Eso
significa que habrá muchos mimos? —le preguntó el lobato con una pequeña
sonrisa.
Eso
estaba mucho mejor.
—Eres
mi compañero, es el mejor comportamiento que puedo prometerte.
Sus
palabras hicieron brillar sus ojos azules, ahora libre de lágrimas, aunque
todavía un poco rojos por el llanto. Sasuke se los limpió otra vez después de
que su futura pareja le dijera:
—Me
gustaría mucho.
—Así
me gusta —le dijo dándole otro beso en la frente.
Esta
vez, Naruto sonrió de verdad mientras se dejaba hacer.
Poco
después, los dos escucharon que llamaban a la puerta, pero no le dieron
importancia hasta que Kushina subió a buscarlos. La duda que Sasuke vio en sus
ojos lo alarmó.
—Sasuke,
tienes visita. Es Yasha.
Al
instante, se puso alerta y apartó a Naruto a un lado con cuidado.
—¿Ha
pasado algo?
—Solo
me ha dicho que te estaba buscando.
Le
pidió a su Omega que no se alejara de Kushina por el momento. Podría no tener
celo, pero seguía siendo su cachorro y estaba sin marcar, seguro que eso la
ponía tan nerviosa ante la presencia de otro Alfa como dejar a su propio
compañero al alcance de uno. Con él había hecho una excepción porque estaba muy
preocupada por Naruto, y, además, era su compañero. Sabía que, de pasar algo,
no sería con mala intención.
Pero
Yasha era otra historia, sobre todo con la implicación de su hija. Sin embargo,
Sasuke lo conocía y sabía que, si estaba allí, no era para causar más daño ni
acusar a nadie.
Abrió
el porche y se encontró al ejecutor esperando en una postura firme y con las
manos entrelazadas a la espalda. Se notaba que era un ejecutor veterano, había
una elegancia predadora incluso cuando estaba tranquilo.
Al
verlo, lo saludó con una inclinación de mentón.
—Sasuke.
—Yasha
—correspondió con el mismo gesto.
—He
ido a buscarte a casa, pero, al no encontrarte, pregunté a tu hermano y tu
padre. Me sorprendió que estuvieras aquí a pesar de que el celo no ha terminado
—dicho esto, su frente se arrugó—. ¿Naruto se encuentra bien?
—Cosas
de adolescentes —respondió más relajado. Si Yasha se estaba tomando las cosas
con calma, era que todo iba bien en la manada. Se apoyó en el marco de la
puerta—. ¿En qué puedo ayudarte?
La
expresión del ejecutor se volvió más severa y decidida.
—Deseaba
hablar contigo antes de presentarme ante los Uzumaki. Quería disculparme con
Naruto y sus padres, pero no quería causar ningún malentendido con mi presencia
y por eso te estaba buscando.
Sasuke
frunció el ceño y se irguió de nuevo.
—Yasha,
no eres tú quien debe disculparse.
—Sí
debo. Soy el padre. Tengo parte de culpa.
Entonces,
en sus ojos escarlata brillaron varias emociones. Frustración, impotencia,
dolor. Sorprendió al Uchiha, pero le costó poco ver sus motivos.
—Dame
un momento para que convenza a Kushina.
El
otro Alfa asintió y Sasuke cerró la puerta antes de girarse hacia Kushina.
Estaba en lo alto de las escaleras, abrazando a su hijo por los hombros. La
expresión de su rostro era feroz. Por supuesto, había escuchado la
conversación.
—¿No
puede esperar a después del celo? Sé que está apareado, pero no es de la
familia.
Sasuke
miró un momento al Omega, que parecía un poco confundido. Después, le lanzó a
Kushina una mirada significativa.
—Creo
que a Naruto le vendría bien hablar con él ahora.
Ella
captó el mensaje y, aunque gruñó disgustada, le dijo a su hijo que no se
separara de Sasuke antes de regresar a la habitación con Minato.
Mientras
Naruto bajaba las escaleras, Sasuke dejó pasar a Yasha, que, al detectar al
Omega, lo miró con una amable sonrisa.
—Me
alegro de verte, Naruto. ¿Cómo están tus heridas?
—Bien
—respondió el lobato con cierta timidez y buscando la cercanía de Sasuke,
colocándose casi a su espalda, como si quisiera ocultarse.
Pese
a que el rubio no percibía ninguna actitud amenazadora, la verdad era que el
ejecutor era imponente. Aunque no era un lobo robusto, sino más bien delgado y
fibroso, tenía un aura poderosa. No era hostil o agresiva como la de Kurogane,
pero sí antigua y fuerte, como una roca a la que le habían echado de todo y,
aun así, permanecía inmutable.
—¿Cómo
se encuentra Yuko?
—Ya
está recuperada, gracias por preguntar —le respondió con un brillo cálido antes
de inclinarse sobre una rodilla—. No tienes nada que temer. Como habrás
escuchado, he venido a disculparme.
El
Omega arrugó la frente.
—No
creo que tengas que hacerlo. No tuviste nada que ver con nuestra pelea.
—Y,
aun así, me considero en parte responsable. Como padre, soy el encargado de la
educación de Yuko —dicho esto, hubo un atisbo de rabia en sus ojos—. El hecho
de que te haya insultado por tu sangre mestiza es una gran vergüenza para mí.
—¿Por
qué?
Sasuke
le acarició la cabeza con una sonrisa divertida.
—Naruto,
Yasha también es mestizo.
—En
realidad, soy tres cuartos humano —dijo el Alfa con orgullo—. Madre Alfa
mestiza y padre Omega humano.
El
rubio abrió los ojos como platos, mirando al ejecutor y olfateando en su
dirección. Olía totalmente a lobo y, por el tiempo que pasaba con los
ejecutores debido a Sasuke y a su hermano, juraría que no había ningún ejecutor
que no se transformara.
—Tienes
todos los rasgos —dijo, sorprendido.
—No
todos. Huéleme otra vez. ¿No notas algo extraño? —Naruto olisqueó de nuevo,
pero no notó nada fuera de lo normal—. No entro en celo. Al igual que tú, por
lo que parece.
El
lobato abrió la boca, asombrado, pero la cerró enseguida y se sonrojó por la
pregunta que cruzó por su cabeza. Aun así, Yasha debió de darse cuenta, porque
soltó una risilla mientras decía:
—Mi
compañera nunca ha tenido quejas.
—Te
dije que no tenías de qué preocuparte —comentó Sasuke pasando un brazo por los
hombros del más joven.
Sin
embargo, el rostro de Naruto se frunció por la tristeza.
—¿Nunca
se lo contaste a Yuko?
Al
pronunciar su nombre, el rostro del ejecutor se contrajo y suspiró.
—No
lo estaba ocultando porque me avergonzara. Todo lo contrario. Mi madre Alfa
olía a humana y tampoco podía transformarse, pero sirvió a esta manada como
espía aprovechando que podía pasarse por un humano sin despertar sospechas en
otros cambiantes, y su padre antes que ella fue uno de los primeros mestizos
ejecutores, a pesar de que solo podía cambiar de forma parcial. Ambos se
unieron a humanos —dicho esto, esbozó una media sonrisa—. Yo soy el único que
ha roto la tradición.
A
Naruto se le escapó un asomo de sonrisa y dejó de ocultarse detrás de Sasuke,
que lo abrazó por los hombros. Yasha, en cambio, hizo una pausa en la que
arrugó el ceño de nuevo.
—La
verdad es que no se lo conté a Yuko porque di por supuesto que sería
consciente, ya que hablo mucho de mi padre. Mi madre murió cuando yo era joven
y él me sacó adelante a pesar de ser humano. Yo lo adoraba, y cuando lo perdí
por la vejez, fue muy duro. Pensaba que Yuko se habría dado cuenta por la
cantidad de veces que lo mencioné que yo era mestizo, pero parece que nunca
hablé de él como un humano delante de ella. Supongo que le di tan poca
importancia a cuál fuera su especie que ni siquiera lo comenté, o puede que
fuera tan de pasada que ella no se diera cuenta… No lo sé.
El
Omega se sintió mal por el ejecutor, pero seguía sin entender sus disculpas.
—Sigue
sin ser culpa tuya lo que pasó con Yuko.
Yasha
resopló por la nariz y sacudió la cabeza. Su expresión era sombría.
—Es
mi hija. Creía haberla educado mejor, sobre todo en este tema. El padre de
Fugaku aceptó a mi bisabuelo en una época en la que aparearse con humanos no
estaba bien visto y acogió a mi abuelo en la manada, hasta le dio un puesto de
honor a su lado. Tuvieron un final feliz, pero no fue un camino de rosas.
Muchos lobos no estaban de acuerdo con su inclusión en nuestra manada y no les
pusieron las cosas fáciles, tuvieron que luchar por ganarse su sitio y
contribuyeron a que nuestra sociedad aceptara a los humanos y los mestizos. Si
mi hija puede tener una vida normal aquí a pesar de su ascendencia, de la
sangre humana de tres generaciones consecutivas, ha sido gracias a ellos, y que
te haya insultado como lo hizo… Me avergüenza profundamente. —Inclinó la cabeza
ante Naruto—. Por ello, te pido disculpas por mi fracaso como padre y mestizo y
te doy mi palabra de que la educaré de forma apropiada de ahora en adelante.
Naruto
tenía el corazón acelerado cuando terminó de hablar. Miró a Sasuke entre
emocionado y un poco abrumado por la intensidad de sus palabras. El Alfa le
sonrió y le frotó los hombros, empujándolo un poco hacia Yasha para que se
animara a decirle algo.
El
lobato se irguió en un intento de parecer tan digno como el ejecutor le había
hecho sentir. No es que se avergonzara de la sangre de su padre, pero, a veces,
se sentía inferior al resto de cambiantes por no poder hacer lo mismo que
ellos. Sin embargo, esta era la primera vez que se había sentido orgulloso de
ser mestizo. Hubo otros antes que él que llegaron a ejecutores pese a no tener
todos los rasgos, que tuvieron la confianza del Primer Alfa para permanecer a
su lado, protegiéndolo, a su familia y su manada.
La
madre de Yasha fue sobre todo humana y, aun así, fue espía. Y dio a luz a un
mestizo con casi todos los rasgos de lobo.
No
eran más débiles que los lobos puros. Al contrario, sus logros tenían más
mérito.
Con
la cabeza bien alta y el pecho henchido de orgullo, le dijo a Yasha:
—Sigo
pensando que no tienes la culpa de lo que hizo Yuko, pero te perdono por
cualquier cosa que creas haber hecho mal con ella.
Yasha
le hizo una inclinación antes de levantarse y sonreírle. Naruto le devolvió el
gesto, mucho más cómodo con el ejecutor ahora.
—Supongo
que Yuko también vendrá a disculparse después del celo —comentó Sasuke. El rubio
notó cierto desdén en su voz.
El
otro ejecutor asintió y le dedicó una mirada de disculpa.
—Lamento
que te hiciera sentir incómodo. Si te sirve de algo, no tuvo un buen primer día
de celo. Entre que estaba dolorida por el calor y sus heridas y mis gritos
furiosos, creo que tuvo un buen recordatorio de que no seré blando con ella
solo porque sea mi cachorra.
Naruto
le lanzó una mirada interrogante a su Alfa, pero este le indicó con un pequeño gesto
de la cabeza que se lo contaría luego.
Yasha
continuó, ahora más severo.
—Pero
sí, vendrá tras un largo período de reflexión en el que podrá disfrutar de su
castigo.
—¿Qué
ha decidido mi madre?
—Los
cuatro atenderán en la enfermería después de sus clases hasta que llegue el
verano. Aprenderán a curar el mismo tipo de heridas que provocaron y el dolor
que causaron. Kiyoshi también hizo una propuesta.
Sasuke
levantó las cejas.
—¿El
padre de Shiren? —Recordaba que el Alfa parecía disgustado con Adachi durante
la discusión con su madre, pero no imaginaba que llegara a tanto.
—Trabaja
a diario con los humanos. Conoce mejor sus problemas y dificultades y es
cercano a algunos de ellos. No le gustó que su hijo se uniera a esta pelea y
propuso que trabajaran en su empresa durante las vacaciones de verano,
dejándolos bajo las órdenes de algunos humanos. Dijo que así aprenderían un
poco de humildad. A la Primera Omega le pareció una buena idea.
El
Uchiha asintió y se cruzó de brazos.
—Me
parece razonable.
—Pero
eso es casi medio año de castigo, ¿no? —preguntó Naruto con cierta duda en la
voz—. ¿No es… un poco excesivo?
Sasuke
le dedicó una mirada cariñosa y le acarició la cabeza.
—Eres
demasiado amable, Naruto.
Este
arrugó la frente.
—No
se trata de eso. No me gusta lo que hicieron y estoy de acuerdo en que haya un
castigo. Pero la pelea no fue a mayores. Nadie está herido de gravedad…
¿verdad?
La
mirada del Alfa se endureció.
—Todos
están recuperados, pero Kira tiene fracturas en las costillas y Subaru sufrió
un par de hemorragias leves. No es nada que un cambiante no pueda soportar,
pero, para ser una pelea de lobatos, fueron demasiado lejos. Si no damos
ejemplo, la próxima vez podría ir a más.
—O
peor —añadió Yasha con mala cara—, que los jóvenes empiecen a pensar que son
mejores que los humanos y los mestizos. Aquí nadie quiere que vuelvan a
repetirse las atrocidades del pasado.
Naruto
tragó saliva, recordando algunas cosas que había mencionado Kakashi en la
escuela. Se abrazó a Sasuke.
—No
he dicho nada.
El
Uchiha soltó una risilla, rodeando sus hombros con los brazos, mientras que
Yasha le sonrió.
—Sin
embargo, estaré encantado de hablarte de mi madre y mi abuelo, si tienes
curiosidad por los mestizos de tu manada.
Los
ojos de Naruto se iluminaron, mientras que Sasuke los puso en blanco.
—No,
por favor. No quiero seguir escuchando cómo presumes de tu abuelo apalizando a
dos puristas en pelaje que aspiraban al puesto de ejecutor.
De
inmediato, Yasha hinchó el pecho con orgullo y cierta diversión en sus
facciones.
—Pero
lo hizo. A veces, la fuerza no es suficiente para ganar. Basta con ser el más
listo.
—Ya
no soy un lobato, no tienes que darme lecciones.
—Gracias
a esas lecciones, de vez en cuando puedes batirte con Kurogane.
Naruto
contuvo una sonrisa, tratando de no herir el orgullo de su futuro Alfa, pero
permaneció abrazado a él, ahora sin vergüenza o timidez alguna pese a estar en
presencia de otro ejecutor.
Por
fin lo había entendido. No era más débil por ser mestizo, ni tenía que ser más de
lo que ya era para estar a la altura de Sasuke. Solo necesitaba un poco más de
confianza en sí mismo y en el vínculo con su pareja.
La
próxima vez, lo haría mejor. Aún era joven y estaba aprendiendo, pero no quería
volver a herir a su pareja como ese día. Quería ser su fuerza y su refugio como
él lo había sido durante todos esos años.
Eso
era todo. Estar el uno para el otro. Nada más ni nada menos.

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