Capítulo 6. Desde ese día

 


ADVERTENCIA: Este capítulo contiene una escena de violación.

Tyler supo que estaba pasando algo cuando Richard Miller se acercó a él en la cafetería. Adam lo había reclutado hacía poco, cuando se acercó a Norm, consciente de que estaba retenido contra su voluntad, ofreciéndole su ayuda para sacar a los therians a cualquier coste.

Era guardia de seguridad, y él, un técnico. No había motivos para que entablaran una conversación casual en la cafetería y, por las armas del cinto, todavía parecía que estaba de servicio.

Aun así, no se movió. Siguió comiendo su insípida ensalada a pesar de que quería levantarse de un salto y correr hacia él. Del mismo modo, Richard caminó sin prisa, como si solo tuviera que informarle de algo.

—Doctor Cooper, lo reclaman en el laboratorio. —Y su tono fue pura enunciación, una gran actuación a pesar de sus ojos intensos, que claramente querían decir otra cosa.

Era urgente. Pese a eso, no podían correr ni parecer preocupados, así que Tyler, en contra de su voluntad, soltó un suspiro y recogió con desgana sus cosas antes de seguir a Richard fuera de la cafetería. Solo en los pasillos de los trabajadores pudieron permitirse un ritmo más rápido.

—¿Qué pasa? —preguntó en voz baja y apenas moviendo los labios, por si las cámaras lo captaban.

—Es uno de tus caninos. Esa técnica lo tiene.

Tyler necesitó cada gota de autocontrol para controlar su expresión y no acelerar la marcha.

Thorton había vuelto a por 345. Esa hija de puta.

—¿Cómo? Se suponía que solo se encargaría de hembras a partir de ahora. ¿Qué hace en este sector?

—Ha hecho un trato —respondió Richard con los labios apretados. La rabia era visible en sus ojos—. Ha entregado una felina a unos guardias a cambio de unas horas a solas con tu canino.

—Joder —maldijo—, ¿está viva?

—Sí, pero tiene mala pinta. Spencer se está ocupando de ella y yo he venido a buscarte en cuanto me he enterado.

—¿Qué coño está haciendo? Polanitis ya le advirtió. Está acabada, ella y esos hombres.

Tanto 345 como esa hembra eran prototipos de fertilización. Sí, el muy cabrón de Polanitis permitía los abusos, pero procuraba que hubiera un cierto control y, desde luego, que no hubiera nada que pudiera afectar a los experimentos.

—¿Importa? —musitó Richard—. Una cabrona menos de la que tendremos que preocuparnos.

Cierto. 345 estaría a salvo de ella por fin. No podía detener sus pruebas, no todavía, pero, al menos, no volverían a hacerle daño de esa manera.

Ambos se apresuraron todo lo que pudieron en llegar a las instalaciones de fertilización, donde estaba Thorton. Las cámaras de seguridad y los técnicos con los que se cruzaban les impidieron ir más rápido, y, aun así, Tyler agradeció que fuera la hora de comer y que la mayoría estuviera en la cafetería o haciendo un descanso en su despacho. Tuvieron unos pocos tramos en los que no había vigilancia y donde pudieron correr un poco, aunque no tanto como les habría gustado.

Las instalaciones de fertilización también estaban vacías y no había cámaras en los pasillos, por lo que ahí sí que apretaron el paso. Solo se escucharon unos rugidos agónicos que a Tyler ya le eran familiares y que le encogieron el corazón por un instante.

Habían estado intentando que 378 aceptara a otra hembra después de perder a su compañera hacía ya un mes, pero era imposible. Nadie podía acercarse, humanos o hembras de su especie. Incluso había dejado de hablarles a los machos con los que había compartido celda.

Thorton fue la culpable. No conocía los detalles, pero Ellie le dijo que intentó manipular a 378 a través de su compañera, pero que ella se negó a permitirlo. En venganza, y para que el resto de machos aprendieran la lección, usó un estimulador electroconvulsivo con ella… y se pasó de la maldita raya. No pudieron curar su cerebro.

Y, puesto que iba a morir, a Thorton le pareció una gran idea dejar a la pobre mujer moribunda en la celda de su compañero para que la viera morir.

Tyler no conocía suficientes insultos que abarcaran lo que sintió por ella cuando Ellie se lo contó, ni tampoco una muerte lo bastante dolorosa, pero tendría que conformarse con el castigo de Polanitis.

Richard lo condujo a una estancia de observación, que contenía dos salas, separadas por una puerta y un cristal protector. La primera estaba vacía y a oscuras, sin ningún aparato electrónico encendido, por lo que no se estaba grabando lo que sucedía ahí dentro.

345 estaba sobre una camilla, atado por las muñecas, los tobillos y el torso, y estaba amordazado. Sobre sus caderas, Thorton lo montaba entre jadeos suaves y dedicándole una sonrisa de placer y superioridad al furioso canino, que sudaba y resoplaba.

Tyler no lo pensó dos veces. Entró en la segunda sala como un huracán mientras Richard cerraba la puerta tras ellos. Ya no tenía que fingir, el personaje de Cooper que había creado para ese lugar tenía motivos para estar enfadado.

—¿Qué crees que estás haciendo, Thorton?

Ella se sobresaltó y se giró para mirarlo. 345 también levantó la cabeza, buscándolo. Tyler se fijó en que tenía las pupilas dilatadas.

La mujer se cubrió las nalgas con la camisa.

—¿Qué crees que haces, pervertido?

—Eso estoy preguntando yo. Apártate del sujeto de inmediato.

Ella resopló.

—¿Te importa mirar a otro lado?

—Hazlo ahora o te ayudaré yo o el guardia —le advirtió Tyler sin tapujos.

Richard entró en la habitación y cruzó los brazos a la altura del pecho. Sus ojos eran acerados.

Thorton soltó una maldición y se apartó de 345, que gruñó de dolor.

—Te vas a arrepentir de esto —le dijo a Tyler mientras se ponía los pantalones—. Voy a acabar contigo.

—Eres tú la que está acabada. Polanitis te lo advirtió.

Ella se rio.

—Polanitis no moverá un dedo contra mí. Ya intentó quitarme de en medio cuando maté a aquella gata y sigo aquí.

Tyler se quedó blanco. 345, desde la camilla, gruñó furioso desde lo más profundo de su pecho.

—¿Qué?

—Mi hermano es uno de los inversores de este proyecto. Polanitis no dejará a su niñita sin trabajo por unos pocos deslices —dicho esto, se apartó el pelo del hombro y le lanzó una sonrisa a 345, que la miraba como si quisiera matarla—. He decidido quedármelo. Mi hermano pidió una perra para él y yo quiero el mío. Y este es mi favorito, solo tengo que domesticarlo.

Mierda. Si era cierto, estaban jodidos. Podría llevarse a 345 antes de que ellos estuvieran preparados para sacarlos.

Y no quería que ocurriera. No a 345. En el último mes, desde que se había hecho cargo de él, era el único canino que no le gruñía, se limitaba a observarlo, tratando de descifrar qué era lo que lo hacía diferente de los otros técnicos. Le había dado su confianza pese a no tener motivos para ello.

Quería ser merecedor de ella. Quería tener la oportunidad de salvarlo.

Thorton siguió pavoneándose mientras acariciaba el muslo de 345, que seguía gruñéndole a pesar de tener el pene erecto.

—Ahora que sabéis que no podéis tocarme, marchaos. La droga todavía durará un poco más…

Tyler se movió antes de que pudiera terminar de hablar. La agarró del brazo y le inyectó una dosis de sedante que los técnicos llevaban siempre encima por precaución. Había calculado muchas veces cuál sería la cantidad adecuada para un humano, por si tenía que usarlo contra uno alguna vez. No esperaba que esta fuera la ocasión, pero estaba decidido a salvar a 345.

Thorton lo miró con los ojos muy abiertos.

—¿Pero qué ha…? —Se desmayó antes de poder terminar.

Tyler la cargó en brazos hasta la otra sala ante los ojos consternados de Rick.

—¿Qué estás haciendo? ¿Te has vuelto loco?

—No me importa. Miller, vete.

El hombre sacudió la cabeza y se agachó a su lado, deteniéndolo por el hombro.

—Cooper, te matarán por esto. Tienes que salir de aquí como sea.

—No. No se saldrá con la suya. No con 345.

—¿No me has oído? ¡Van a matarte!

Tyler soltó a Thorton en el suelo y se enfrentó a Richard.

—Por eso tienes que irte. El doctor no puede perder a dos de nosotros. Tú sabes luchar, sabes empuñar un arma, Norm y Ellie, no. Te necesitan.

—Cooper, nos necesitan a los dos. No es como si tuviéramos mucha ayuda en este lugar.

Él apretó la mandíbula.

—Tengo una idea. Pero, si no sale bien, la responsabilidad tiene que ser mía. Por eso te pido que te vayas.

Richard sacudió la cabeza.

—Si tienes una idea, te ayudo. No eres el único que le tiene ganas a esta puta.

Tyler clavó sus ojos en los suyos y supo que se quedaría dijera lo que dijera. Joder.

—Quédate con ella por ahora. Voy a comprobar a 345.

Se fue corriendo a la otra sala, donde 345 estaba luchando en vano contra sus ataduras. Dejó de hacerlo en cuanto lo vio.

—345, necesito que te quedes quieto un momento, déjame ver que estás bien —dijo olvidando por completo su personaje. No es como si importara mucho. Ya lo había visto sedando a Thorton de todos modos.

El canino obedeció. Tyler examinó sus ojos y su pulso cardíaco. Pupilas dilatadas, pero sin enrojecimiento. Pulso acelerado, tal y como esperaba si le habían dado un afrodisíaco, sudores y músculos tensos. Pudo notar en su expresión que estaba sufriendo por la sobreexcitación.

—Te pondrás bien. Van a llevarte con Brower, ¿de acuerdo?

345 intentó decir algo a través de la mordaza con una mirada suplicante. Tyler se la quitó con cuidado, temiendo que le ocurriera algo más que no estaba viendo a simple vista.

—¿Qué ocurre? ¿Qué sientes?

—Dolor —jadeó con el rostro crispado—. Me quemo. Me arde todo el cuerpo.

Tyler frunció el ceño. ¿Thorton se habría pasado con la dosis? Improbable. Era evidente que la había usado varias veces y había dicho que quería quedarse a 345, dudaba que le hubiera dado una más alta o se le hubiera ido la mano.

—Es el efecto de la droga. No te preocupes —dijo a la vez que dejaba una mano en su pecho y lo acariciaba para calmarlo—, estarás bien, te lo prometo.

345 bajó la mirada a su mano y gruñó con suavidad, cerrando los ojos. Las caricias parecían funcionar. Su pulso seguía estando por las nubes, pero su respiración se acompasó a medida que Tyler pasaba su mano por sus pectorales, evitando los pezones para no aumentar los efectos del afrodisíaco.

—¿Esto te ayuda? —preguntó en voz baja.

El canino asintió y abrió los ojos. Tenía los irises más increíbles que Tyler había visto nunca, a pesar de que muchos caninos los tenían del mismo color. Sin embargo, los de 345 eran más brillantes, como si el sol del atardecer se negara a apagarse. Y, aun así, su mirada era muy suave.

—Me has salvado —dijo.

Tras decir eso, se dio cuenta de que no podría seguir engañando a 345.

—Aún estoy en ello —admitió.

—¿Y Thorton?

Su rostro se endureció.

—Esta vez, ya no volverás a verla. Tienes mi palabra.

De repente, 345 sonrió.

—Eres un buen humano.

Por un momento, Tyler no pudo reaccionar. Era la primera vez que le sonreía uno de ellos.

Hasta ahora, había tenido que ser el malo de la historia, y, durante algún tiempo, tendría que seguir haciendo ese papel, hasta que pudieran sacarlos a todos. No saber cómo ni cuándo era algo que lo atormentaba; cuanto más tiempo pasaba, más de ellos morían sin que ellos pudieran evitarlo. Podían salvar a uno o dos, aquellos que tenían a su alcance, pero no a los otros. Tyler había empezado a trabajar en un medicamento que acelerara su curación, sin embargo, era todo lo que podía hacer. No podía aspirar siquiera a un enfrentamiento directo o a asesinar a Polanitis en silencio, como había sido su intención al principio.

Pero, ahora, al menos 345 sabía la verdad. Sabía que luchaba por él. Ver su sonrisa le dio una dosis de fuerza que no sabía que necesitaba.

Con total confianza, puso su mano sobre su rostro. 345 no se movió.

—Hazme un favor. Aguanta. Pase lo que pase.

El canino asintió y presionó su mejilla contra su palma. Tyler lo acarició una vez más antes de apartarse.

—Miller, lleva a 345 con Brower. Yo me ocupo de Thorton —dijo mientras iba hacia la otra sala para cargar con la mujer.

El hombre se levantó de un salto con las cejas fruncidas.

—¿Seguro que no me necesitas?

—De ella puedo ocuparme, pero quiero que inspeccionen a 345. Creo que está bien, pero que se aseguren.

Le pareció ver un asomo de sonrisa en el guardia, pero fue tan rápido que no estuvo seguro. Richard tuvo que amordazar de nuevo a 345 antes de salir juntos de allí. Él le confirmó que no había nadie antes de que se separaran, no sin que Tyler le asegurara, una vez más, que podía hacerse cargo de Thorton solo.

Porque, por desgracia, el trabajo sucio lo haría otro. Si ese era su deseo.

La llevó a paso rápido, con los sentidos alerta, hasta la sala de la que provenían unos rugidos agónicos. Era igual a la que habían estado antes, por lo que dejó a Thorton en el suelo, no sin revisar antes sus pantalones. Encontró su busca, pero también la jeringuilla y el frasco que contenía el afrodisíaco, lo que necesitaba para preparar una escena del crimen. Y, aun así, le costó cogerlos y guardárselos en los bolsillos.

Después, se aseguró de que Thorton seguía sedada y se dirigió a la puerta que conducía a la siguiente sala. Se detuvo frente a ella un momento, cerrando los ojos con fuerza. Sin embargo, no se le ocurría otra manera.

Al final, entró en la habitación donde 378 yacía retenido en una camilla, con el doble de restricciones que había tenido 345. Tuvo que taparse los oídos por la intensidad de sus rugidos.

Por supuesto, el felino lo vio enseguida. Sus ojos de pupilas rasgadas lo fulminaron y le enseñó los colmillos.

—¡Te arrancaré el cuello, humano! ¡No tocaré a ninguna hembra! ¡A ninguna! ¡Quiero a mi compañera! —Lanzó un grito desgarrador, de furia y dolor, aunque no apartó sus ojos de los suyos—. ¡Devuélvemela, humano! ¡Devuélvemela o acércate para que te mate!

Tyler se quedó junto a la puerta, sin interpretar ya a Cooper. No era necesario.

—Puedo entregarte a la mujer que la mató.

—¡Mientes! —bramó—. ¡Asesinos! ¡Cobardes! ¡Suéltame para que pueda matarte!

Se dio la vuelta para regresar a la habitación y cogió a Thorton para arrastrarla al interior de la habitación. 378 enmudeció de repente. No lo estaba mirando, pero sabía que lo estaba siguiendo con los ojos. Llevó a la técnica a la esquina más alejada de la puerta y regresó junto al felino. Ahora lo miraba fijamente, con los ojos como platos.

—No hay truco —le dijo con el rostro contraído por el dolor—. Te soltaré y te dejaré con ella. Mátala como quieras, hazle daño antes, que sufra. Pero te matarán después de esto. Es lo que hay.

378 frunció el ceño y olisqueó el aire. Las arrugas de su frente se profundizaron.

—Huelo dolor y rabia en ti. ¿Qué te ha hecho esta hembra?

Tyler tragó saliva y respondió mirándolo a los ojos, sin ocultar su expresión.

—Ha hecho daño a un canino, 345. ¿Lo conoces?

El felino sacudió la cabeza y ladeó la cabeza.

—¿Sufres por alguien de mi especie?

—Sufro por vosotros, aunque no lo creas. No necesito que lo hagas. —Señaló a Thorton—. Esto es todo lo que puedo ofrecerte ahora. Pero te matarán como castigo. Quiero que seas consciente.

378 lo olfateó de nuevo y estrechó los ojos.

—¿De verdad podré matarla?

—Sí.

—¿Y después moriré?

—Lo más seguro. Te daré la oportunidad de defenderte, tal vez puedas matar a alguien más, pero al final te abatirán.

El felino arrugó la nariz.

—Eres humano. Tiene que ser uno de vuestros juegos.

Tyler sabía que se estaba arriesgando, pero cogió la correa que tenía en la muñeca y se la aflojó, igual que hizo con la que lo mantenía sujeto por la articulación del codo. Con su fuerza y sus ganas de matar, se soltaría con facilidad.

Entonces, escuchó un quejido a su espalda y se giró para acercarse a Thorton. Balbuceaba algo ininteligible. No estaba despierta todavía, pero le faltaba poco. Tyler se había asegurado de reducir la dosis del sedante para que no fuera mucho tiempo, sin embargo, estaba recuperando la conciencia antes de lo que había previsto. Esperaba tener un poco más de tiempo, así que, por si acaso, cogió la jeringuilla y el frasco y los dejó caer a su lado.

El chasquido de las retenciones hizo que se girara. El felino ya estaba haciendo cortes en las del pecho para arrancarlo después. Los técnicos procuraban cortarles las uñas a los felinos, pero, igualmente, ellos las mantenían afiladas usando los barrotes de sus celdas. 378 no podría cortar las correas con facilidad, pero sí debilitarlas lo suficiente para partirlas con su fuerza después.

Tyler no lo detuvo cuando hizo lo mismo con el otro brazo, liberándose de torso hacia arriba. Una vez estuvo casi libre, lo miró otra vez con los ojos muy abiertos.

—No me detienes.

—No. Te dije que no era un truco.

La nuez de 378 subió y bajó. De repente, sus ojos se humedecieron.

—Cuando muera, ¿me reuniré con mi compañera?

Él también tragó saliva, tratando de controlar el dolor que le atenazó el pecho.

—Nunca he estado muerto, así que no lo sé. Pero creo que eso es lo que sucede cuando morimos. Nos reunimos con aquellos a los que queremos.

El felino parpadeó las lágrimas y apretó los labios como si contuviera el llanto. En ese instante, Tyler escuchó maldecir a Thorton entre dientes y se giró de nuevo. La mujer se estaba sujetando la cabeza.

—Maldito hijo de puta…

Tyler se agachó frente a ella.

—Esa serías tú —dijo, ya sin esconder el veneno en su voz.

La técnica abrió los ojos. Pura ira ardió en ellos.

—¿Te has atrevido a sedarme? Te vas a enterar cuando se lo diga a…

—No vas a hacer nada. No voy a dejarte. Tampoco volverás a hacer daño a 345.

Ella se apoyó en la pared y se tambaleó mientras se ponía en pie.

—Es mío. Ha sido mi perrito desde el principio y, ahora que está maduro, lo quiero para mí.

Tyler gruñó a la vez que se erguía, tenso y con las manos cerradas en puños. ¿Cuánto tiempo habría estado abusando de 345? ¿Desde que trabajaba allí? ¿Cuánto tiempo habría sido eso? ¿Cuántos años? ¿Cómo de joven era 345?

La necesidad de golpearla era terriblemente fuerte.

—No volverás a tocar a nadie de los míos.

El rostro de Thorton se volvió blanco. Sus ojos estaban enfocados en su espalda. Una parte de Tyler era consciente del peligro, pero la rabia le impedía moverse.

Entonces, una mano grande y fuerte se apoyó en su hombro.

378 se había liberado del todo.

—Me la prometiste, humano. Dámela. Te doy mi palabra de que sufrirá.

Tyler resopló de ira, pero se hizo a un lado. Thorton lo miró de reojo un par de veces, pero de inmediato volvía a centrarse en 378.

—¿Qué…? ¿Qué está…? ¿Qué has…?

El felino tenía los ojos brillantes y una sonrisa feroz.

—¿Te acuerdas de mí, humana?

—No. ¡No! ¡Cooper, por favor!

Tyler la fulminó con los ojos.

—No todos somos unos desalmados como Polanitis y tú —dicho esto, giró sobre sus talones y fue directo a la puerta. No pensaba interponerse en la venganza personal de 378. Merecía tener eso, al menos.

—Gracias, humano.

Al escuchar eso, Tyler se detuvo un momento para mirarlo, pero el felino ya estaba ocupado cubriendo la boca de Thorton con su enorme mano. Ella le arañó el brazo, pataleando en un intento vano y desesperado por liberarse.

Estaba hecho. Se fue por la puerta, ignorando los gritos apagados de Thorton.

Cuando salió, procuró hacerlo por la salida que daba a las escaleras, que no tenían cámara, y que conducían al laboratorio. Sabía que las imágenes revelarían que Richard y él habían entrado en esa zona y que también verían al guardia salir con 345, pero eso no era algo extraño, más de una vez los guardias tenían que ayudar a los técnicos a llevar a las víctimas debido a su tamaño. Sin embargo, no quería que lo situaran a él al mismo tiempo que Thorton, por eso iba hacia el laboratorio. No podrían decir desde cuándo estaba allí, pero tanto Richard como él coincidirían en su versión de que, tras pedirle que se llevara al canino, había ido a comparar unas muestras al laboratorio y luego se había quedado trabajando durante el ataque de 378.

Mientras se marchaba, avisó por su busca a Richard, Ellie, Norm y Adam de que no fueran a las instalaciones de fertilización. Después, se metió en su laboratorio y se dejó caer en la silla, llevándose las manos a la cara.

Había salvado a 345… pero a costa de la vida de 378.

Cuando los demás se enteraron, ninguno lo culpó. Adam le aseguró que ese pobre felino había anhelado la muerte desde que su compañera murió y que habría encontrado un modo de reunirse con ella por su cuenta, si él no hubiera aparecido. Al menos, había obtenido su venganza.

Norm dijo que era una zorra que se lo merecía. Ellie lamentó el destino de 378, pero también estaba segura de que no habría vivido mucho tiempo sin su compañera. Richard habría preferido que le dejara esa parte a él si iba a sentirse mal con su plan.

Sin embargo, era su plan, y, por tanto, habría sido responsable de forma directa o indirecta. Richard no tenía por qué compartir esa culpa.

Ese día, 378 asesinó a Thorton. Richard le dijo que la habitación tenía sangre por todas partes, pero se ahorró los detalles del estado de su cadáver. No los necesitaba, ya se hacía una idea de cómo habría muerto.

Cuando dieron la voz de alarma e intentaron detenerlo, 378 aún pudo matar a tres guardias y herir de gravedad a otros dos antes de caer abatido por seis balas. Murió rápido y, por fin, pudo reunirse con su compañera.

 

 

Tyler tenía la cabeza gacha cuando terminó de contarle a Trust lo que hizo para salvarlo.

No se arrepentía, pero a menudo pensaba que la muerte de 378 no era necesaria. Se preguntaba si no podría haber acabado con ella de otra forma sin ser descubierto; no se trataba de que no habría sacrificado su vida, sino de que los demás therians necesitaban su ayuda para salir de allí, como había dicho Rick entonces, no es como si tuvieran mucha. Y, al final, el Aclepsis había servido para que más therians sobrevivieran.

Pero, ¿a qué precio? Más de cien vidas era un buen número, era cierto, y, aun así…

—Tyler, mírame.

La voz de Trust era suave mientras le levantaba la cara con las manos. Sus ojos dorados eran cálidos y amables.

—Creo que ahora entiendo mejor cómo te sientes —dijo con emoción—. No sabía que 378 estuvo involucrado en lo que pasó, pero tú no provocaste su muerte. Al contrario, le diste lo mejor que podías regalarle a uno de los míos, aparte de la libertad.

—¿Qué quieres decir?

Un asomo de tristeza cruzó los ojos del canino.

—Mi gente no tenía esperanzas de ser libre. Procurábamos no hablar de ello, aunque hubo algunos que lo intentaron y murieron. Hicieron de ellos un ejemplo para los demás. Así que lo único que teníamos, lo máximo a lo que podíamos aspirar, era la venganza. Médicos, guardias y técnicos, mata a uno y habrás vengado a muchos de los míos. —Le sonrió, acariciando su rostro—. Muchos queríamos el cuello de Thorton, pero me alegro de que fuera 378 quien acabara con ella. No hay nada más doloroso para nosotros que perder a un compañero, hace que perdamos las ganas de luchar y de vivir. 378 pudo vengarse de la humana que se lo quitó todo y después morir en paz. Sé que para ti es duro, pero para él fue lo mejor que podrías haberle dado.

—Sé que tu especie tiene vínculos muy profundos con los compañeros, pero, ¿no crees que habría preferido ser libre?

—Esa posibilidad nunca pasó por su cabeza. Y, aunque así fuera, algunos de los míos estaban furiosos o dolidos por haber perdido amigos antes del rescate. No se sentían dignos de haberlos sobrevivido. Fue duro, pero algunos lo han aceptado y otros han acabado con 377. —Sus labios se curvaron hacia abajo—. 378 perdió a su compañera. No estoy seguro de si el sentimiento de culpa hubiera sido demasiado grande como para soportarlo.

Tyler asintió lentamente y suspiró. Seguía sin gustarle la decisión que tomó, pero era verdad que 378 le dio las gracias antes de que se separaran. Si eso pudo darle un poco de paz… Lo consolaría.

—Gracias, Trust.

El canino esbozó una pequeña sonrisa y se acercó para envolverlo en sus brazos.

—Eres un buen humano, Tyler. Sé que hiciste cosas que no te gustaban, pero tampoco estabas en una situación fácil. Lo entiendo. No te preocupes por 377, acabará dándose cuenta, igual que 363 y los otros felinos. No lo escuches. Cien vidas sigue siendo un buen número.

A Tyler se le escapó una sonrisa y dejó que Trust lo abrazara.

—Espero que recapacite.

—Hay que darle un poco de tiempo. Es todo lo que podemos hacer ahora —dicho esto, lo estrechó entre sus brazos—. Gracias por salvarme aquella vez, Tyler. En aquel momento, no entendí todo lo que dijo Thorton, pero sí que me llevaría a otra parte. La idea de estar aislado me aterraba.

Notó la forma en que el canino se estremeció y le frotó los brazos. Los caninos fueron los que peor llevaron las pruebas de aislamiento, un experimento que se llevó a cabo mientras aún eran jóvenes, por lo que Tyler no estuvo allí para verlo, pero Adam aseguró que fue uno de los peores. Los caninos enloquecían y los felinos se volvieron más irritables y violentos. Tuvieron que ponerlos en celdas con otros de su especie de nuevo.

Los úrsidos fueron los que lo soportaron mejor, pero también volvieron a ponerlos en grupos. Salvo a 396.

—No me gustó tener que involucrar a 378 —admitió—, pero nunca me he arrepentido de llegar a tiempo de ayudarte.

Trust se separó para sonreírle.

—Ese día supe que tenía razón. Eres un buen humano.

—Confiaste demasiado en mí.

—Creo que la confianza es lo que nos ha permitido ser libres. Por eso, mi nombre —dijo con orgullo.

Tyler esbozó una media sonrisa.

—Es un gran nombre.

Trust gruñó con suavidad y se inclinó para frotar su mejilla contra la suya. Se sonrojó por el gesto, pero se dejó hacer. Sabía que era una forma de expresar afecto para los therians, pero, aun así, estaba demasiado cerca. Y se sentía muy íntimo.

—¿Sabes que hueles mucho mejor ahora que cuando estábamos en las instalaciones? —le dijo Trust de repente—. Ya no tienes ese olor tan fuerte a químicos.

—Ya… no paso tanto tiempo en el laboratorio —logró decir, maldiciendo en su fuero interno la forma en que su piel se estaba erizando.

El canino hizo un ruido suave con la garganta y sus labios rozaron por accidente la curva de su mandíbula.

Tyler saltó del sofá.

—Perdona. Tengo que ir al baño —dijo atropelladamente, rojo de vergüenza y con la esperanza de escapar antes de que el agudo olfato de Trust se diera cuenta.

Se estaba girando cuando el canino lo detuvo por la muñeca.

—No te vayas. Estamos pasando un rato agradable juntos —le dijo con una sonrisa y los ojos brillantes—. No seas un coñazo y vuelve.

Tyler frunció el ceño.

—Voy a matar a Zane por enseñarte eso.

—Son palabras divertidas —dijo con una risita—. No te vayas ahora. Me gusta tenerte en brazos y quiero seguir oliéndote.

¡Eso era precisamente lo que no quería! Que se diera cuenta de que… Espera.

—¿Qué? —preguntó, perplejo—. ¿Acabas de decir que… te gusta abrazarme?

Trust asintió con una sonrisa triunfal.

—Mucho. Desde ese día he querido tocarte. ¿Por qué te sorprende?

Tyler boqueó, sin saber muy bien qué responder. Al canino no pareció gustarle su reacción, ya que frunció el ceño.

—¿Lo has olvidado? Prometí perseguirte, y tú que me esperarías —dicho esto, su expresión se suavizó—. Te huelo, aún me deseas.

Él enrojeció. Primero, porque tendría que haber sabido que no podría huir de su olfato, y, segundo… ¿Aún se acordaba de eso?

—Pensaba que…

—¿Qué? —Trust se acercó más, hasta que sus cuerpos casi se tocaban. Su mano aún abrazaba su muñeca.

Tyler se rascó la nuca con la mano libre.

—Bueno, es que, como no supe nada de ti después del rescate…

—Pensaste que ya no sentía nada por ti —replicó Trust, esta vez, molesto—. ¿Crees que mis sentimientos por ti son tan pequeños?

—Trust, te estabas adaptando y, por primera vez, estabas con toda tu gente. Ibas a conocerlos y a convivir con todos. No me pareció extraño que, bueno…

—¿Que conociera a alguien de mi especie que podría ser mi compañero?

Tyler se sobresaltó.

—¿Cómo…?

—Night me advirtió de que podrías pensar eso —suspiró y lo miró con firmeza—. Después del rescate, fui a buscarte, pero me dijeron que estabas muy ocupado con los heridos y con 396. Yo tenía muchas ganas de verte y hablar contigo, pero sabía que lo que estabas haciendo era importante y no quería molestarte. Pensé que, mientras tanto, podía ir a clases y aprender todo lo que pudiera sobre el mundo para no ser una carga para ti, para ser un buen compañero. Tú prometiste esperarme, así que confié en ti —dicho esto, sonrió de nuevo—. Sé que no has estado con otro macho y ahora sé que sigues estando atraído por mí. Yo nunca he dejado de tener sentimientos profundos por ti. Estamos viviendo juntos, es un buen momento para fortalecer nuestro vínculo.

—¿Qué?

Antes de que Tyler pudiera reaccionar, Trust ya le había rodeado la cintura con los brazos y lo llevaba de vuelta al sofá.

—Espera, Trust. Deberías intentar conocer…

—No quiero conocer a otros machos. Night también me advirtió que podrías decir eso. No me interesan —dicho esto, lo lanzó con cuidado al sofá y se puso encima. Tenía una expresión decidida en el rostro—. Desde ese día, he querido conocerte, entender por qué eras bueno con nosotros. No he olvidado la forma en que me acariciaste el pecho para calmarme. Lo tiernas que se sentían tus manos sobre mí. Su recuerdo me ha tranquilizado muchas veces. Yo quería volver a sentirlas.

Su expresión cambió a una más suave, casi lo miraba con anhelo, y Tyler no pudo resistirse a eso. Alzó una mano y la apoyó en su pecho. De inmediato, Trust lo extendió, como si le diera permiso para tocarlo como quisiera. Aun así, sus dedos lo acariciaron despacio sobre el jersey, tanteando, esperando a que lo rechazara.

Sin embargo, el canino cerró los ojos y su pecho vibró con un gruñido bajo y de puro gusto. Eso reavivó su esperanza y le dio la confianza suficiente como para pasar la otra mano por su vientre, sintiendo cómo se contraían los músculos, aunque Trust siguió sin apartarse, al contrario, su gruñido se intensificó.

Tyler tragó saliva y, al final, admitió:

—Me enamoré de ti ese día, ¿sabes?

Trust abrió los ojos para mirarlo, pero no dijo nada. Esperó a que continuara. Tyler se lamió los labios antes de seguir.

—Ninguno de los que estuvimos allí lo pasamos bien haciendo lo que hacíamos, ya lo sabes. Cuando pasó lo de Thorton… Creo que yo estaba al límite y, por eso, fui a por ella. Cuando me sonreíste… —Parpadeó, conteniendo las emociones que se arremolinaban en sus ojos—. Me diste una fuerza que no sabía que necesitaba. Salvarte me hizo pensar que podía salvar a los demás. Y verte aguantar todos los días, a pesar de todo, me hizo creer que yo también podría.

El canino gruñó otra vez y se inclinó para frotar de nuevo su mejilla, abrazándolo. Tyler lo rodeó también con los brazos y le acarició el pelo.

—Sal conmigo, Tyler —le dijo Trust entonces, sin dejar de tocarlo—. Me han dicho que los humanos tienen citas antes de saber si quieren a una persona como compañero. Déjame demostrarte que mis sentimientos son fuertes.

Tyler lo meditó un momento. Todavía tenía sus dudas sobre si no sería mejor que Trust estuviera con alguien de su especie, pero, al final, ahora era libre para decidir por sí mismo qué quería hacer y con quién quería estar. Si él había estado esperando una oportunidad para acercarse, no iba a negársela. También había tenido muchas ganas de estar con él.

—Está bien —accedió, incapaz de no sentirse feliz por ello.


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