Waking the Demon

 


Sakura sonreía bobalicona mientras caminaba cogida del brazo de Sasuke. Como cada día desde hacía una semana, la acompañaba hasta su clase y se despedía de ella con una pequeña sonrisa.

Se agarró más a su brazo con las mejillas sonrojadas al sentir miradas envidiosas que taladraban su espalda. No podía evitarlo, le encantaba que, de entre todos los pretendientes de Sasuke, hombres y mujeres, fuera a ella a quien hubiera escogido. Era cierto que fue algo repentino y que nadie esperaba, ni siquiera ella, pero no le importaba.

Sasuke había cambiado mucho desde que volvió de las vacaciones de verano. Lo conocía desde que iban juntos a prescolar y, incluso de niño, había sido muy serio y hasta taciturno. Se relacionaba muy poco con los demás y le daba la sensación de que seleccionaba con mucho cuidado a sus amistades. Era distante y frío con el resto.

En el que ella había estado incluida.

Pese a que de niña había ido siempre detrás de él, Sasuke la había ignorado. No importaba lo que hiciera o las dos veces que se le confesó, su presencia parecía serle indiferente o molesta.

Pensó que las cosas cambiarían en el instituto, que se interesaría más por las chicas y que ella se desarrollaría mejor, lo bastante como para llamar su atención. Sin embargo, no había sucedido.

Ella ingresó en el instituto el año anterior y Sasuke era un año más mayor. En esos dos años que llevaba allí, sabía de buena tinta que jamás había mostrado interés en nadie.

Pero, cuando volvieron de las vacaciones de verano, la primera vez que vio a Sasuke había estado sonriente mientras hablaba con sus amigos. Más que eso, parecía entusiasmado y feliz.

Y, encima, casi tres meses más tarde, le había pedido salir. A ella, cuando ya había perdido toda esperanza de llamar su atención, convencida de que debía de ser asexual, pues rechazaba con desdén a cualquiera que se le confesara, fuera hombre o mujer.

De repente, su piel se erizó. La burbuja de felicidad en la que flotaba estalló, dejando paso a un extraño nudo en el estómago.

Arrugó la nariz al ver pasar por su lado al chico nuevo. Era tan alto como Sasuke, pero, a diferencia de él, era desgarbado y flaco; el uniforme le iba un poco amplio, llevaba la camisa por fuera de los pantalones y los primeros botones del cuello desabrochado, dándole un aire descuidado. Que llevara el pelo largo y rubio hasta los hombros y desordenado no ayudaba a mejorar su aspecto. A Sakura le recordaba a los fans del heavy metal, solo le faltaba llevar una camiseta de Seikima-II.

Sin embargo, había algo a su alrededor que no le gustaba. Tenía una especie de aura alrededor que la repelía, era como si ese chico no quisiera que se le acercara nadie.

Además, estaban esos ojos. Azules y fríos, feroces y desafiantes.

No le gustaban. Había cierta diversión y arrogancia en ellos que odiaba con todas sus fuerzas, como si se burlara en secreto de los demás.

—Buenos días, Naruto.

Sakura jadeó cuando Sasuke se separó de ella con facilidad para ir a saludarlo. Una gran sonrisa iluminaba su rostro y el chico nuevo pareció responder a ella, pues sus rasgos se relajaron y cierta calidez apareció en su mirada.

—Sasuke —lo saludó el chico, acariciando y envolviendo su nombre con la voz.

Sakura apretó los labios y caminó decidida hacia ellos. Se enganchó de nuevo del brazo de Sasuke y apretó su mejilla contra su bíceps, ya que no llegaba a su hombro.

—Démonos prisa, Sasuke, o no llegaremos a nuestras clases.

Sasuke le dedicó al chico una sonrisa de disculpa.

—Te veo después, Naruto.

—Claro —susurró el nuevo con los ojos entrecerrados centrados en Sakura.

Ella se apresuró a llevarse a Sasuke escaleras arriba, donde estaba su clase. Mientras andaban, procuró ocultar los dientes apretados. Odiaba cuando ese bicho raro la miraba. Como si fuera una cosa insignificante, un insecto en su camino.

Una vez en clase, Sasuke la despidió con una pequeña sonrisa, como era su costumbre, y se fue.

Sakura fue directa a su pupitre, sin dirigirle la palabra a Ino o ni a las otras cuatro chicas que estaban con ella. Antes, solía llamarlas “amigas”. Se habían enfadado porque había aceptado salir con Sasuke, sabiendo que a todas les gustaba. Ella les había dicho que habrían hecho lo mismo si él les hubiera pedido salir y habían discutido. Ahora, ya no hablaban. No es que importara. Tenía a Sasuke.

En cuanto terminó de preparar sus cosas y el profesor entró en clase, trató de prestar atención, pero sus pensamientos regresaron sin querer al chico nuevo.

A Sasuke parecía agradarle. No sabía por qué. Él siempre había tenido mucho cuidado al escoger sus amistades, pero a ese bicho raro lo había aceptado en su grupo nada más llegar.

Recordó cuando los había visto juntos la primera vez, el modo en que le sonreía, la forma en la que se le iluminaba la cara. Igual que había ocurrido antes, en el pasillo. Sasuke no le sonreía así a nadie más, ni a ella ni a ninguno de sus amigos.

Solo a ese mocoso.

Se había sentido muy celosa entonces y se lo había contado a sus amigas. Cuando lo vieron con sus propios ojos, también habían estado indignadas. ¿Qué hacía ese bicho raro con alguien como Sasuke? No pegaba nada en su grupo, además, era dos años más pequeño, no entendían por qué los mayores lo toleraban. Aunque, en realidad, hasta los amigos de Sasuke parecían encantados con su presencia.

Era inaceptable. Ese novato no llevaba ni un día y ya formaba parte de la exclusiva y selecta pandilla de Sasuke Uchiha. Ellas, en cambio, estudiantes modelo, no podían acercársele sin que las mirara con cara de pocos amigos.

Fue muy humillante, así que actuaron. Mientras él estaba distraído hablando con Sasuke y sus amigos en el pasillo, ellas cogieron su mochila y la metieron con todas sus cosas en el váter de los chicos: libros, libretas, la cartera y hasta unos cascos y varios CD que había traído. Luego, le dejaron una nota en el casillero de sus zapatos diciéndole dónde estaba junto a una advertencia.

Que se alejara de Sasuke.

Arrugó la nariz al pensar que eso no había ocurrido. Había transcurrido poco más de una semana desde entonces y el bicho raro seguía a su bola, como si nada hubiera pasado. Tal vez no le importaban demasiado sus cosas; si estaba en su instituto, probablemente sus padres podían permitirse comprarle todo lo que se le había estropeado, aunque era raro. En una de sus libretas, encontró pentagramas y esbozos de composiciones musicales. Las letras que había encontrado parecían demasiado personales como para no lamentar que se hubieran ahogado en un váter.

Se sobresaltó cuando la campana anunció el fin de la clase. Se maldijo a sí misma por haber estado dándole vueltas a ese idiota y se preparó para ir a Economía Doméstica. Las cocinas estaban abajo, así que recogió sus cosas y atravesó la estancia sin vacilar, ignorando las malas miradas de sus examigas y la mezcla de emociones que detectó en los ojos de Ino. Su corazón se encogió al reconocer cierta tristeza en mitad del rencor, pero se obligó a seguir adelante. Ella no habría tomado una decisión diferente a la suya, de ninguna manera. Habría saltado a los brazos de Sasuke sin pensárselo dos veces.

Hipócritas. No las necesitaba.

Por fin estaba con Sasuke.

Ese pensamiento la alegró hasta que, al bajar las escaleras, un movimiento por el rabillo del ojo la alertó.

Se le erizó el vello de la nuca y, por alguna razón, se escondió tras la esquina de la escalera.

Ahí estaba. El bicho raro.

Se asomó un poco. Los de su clase estaban de camino al gimnasio, a juzgar por la dirección en la que iban. Ese mocoso iba distraído con el móvil, respondiendo un mensaje con una estúpida sonrisa en el rostro.

Le molestó.

Debería haber captado su advertencia a la primera.

Sin pensar demasiado en lo que hacía, estiró la pierna hacia la derecha. Una sonrisa se le escapó cuando el muy idiota tropezó y cayó al suelo.

Ella salió de forma casual de su escondite y lo miró por encima del hombro sin dejar de sonreír.

—Ten más cuidado, ¿quieres?

El mocoso la fulminó con la mirada.

Que se joda.

Siempre la observaba como si fuera un ser superior cuando no era más que un novato recién llegado al instituto. Ella, en cambio, estaba entre los tres mejores estudiantes de su instituto y, además, era la novia de Sasuke Uchiha, el chico más popular de Konoha, genial en los estudios e imbatible en deportes. Hasta los de tercero lo habían tratado con respeto en su primer año y el Consejo Estudiantil agachaba la cabeza en su presencia.

Ese mocoso también debería agachar la cabeza.

Se alejó de allí contoneando las caderas y dando largas zancadas, como si de una marcha triunfal se tratara.

Naruto, por otro lado, apretó los puños y cerró los ojos antes de respirar profundamente tres veces. Cuando terminó, dejó escapar un largo suspiro y recogió sus cosas despacio, tomándose su tiempo. Luego, antes de ir al gimnasio, pasó por el casillero de sus zapatos con un lápiz en la mano. Abrió la portezuela, tras la cual había un pequeño calendario.

Miró el día que había redondeado y, después, desvió los ojos hacia el día actual.

Una sonrisa apareció en sus labios.

Tachó el día con una gran cruz.

 

 

Pasado el fin de semana, Sakura iba hacia el instituto con la nariz fruncida. Sabía que estaba siendo infantil, pero la molestaba. Había querido pasar un fin de semana de citas con Sasuke, pero había tenido que irse con su familia a visitar a sus abuelos. Había dicho que era para presentar a un nuevo miembro en su familia; supuso que tal vez algún pariente habría tenido un bebé o tal vez se trataba de la pareja de alguien cercano.

Sacudió la cabeza y se dijo a sí misma que no pasaba nada, que ya tendrían otra oportunidad. Después de todo, a ella también le llegaría el momento en que sería introducida en su familia.

Se sonrojó al imaginar la escena y una sonrisa asomó a sus labios. Su paso se aligeró mientras atravesaba la entrada de la escuela y visualizaba la escena. Había oído que los padres de Sasuke eran un matrimonio educado y elegante; sus padres le habían contado embelesados lo hermosa, dulce y amable que era su madre, quien hacía más acto de presencia en la escuela. El padre, en cambio, parecía acudir solo a eventos importantes y se rumoreaba que era un hombre serio e intimidante, aunque jamás había escuchado una mala palabra sobre él.

Sabía que tenían otro hijo, mayor que Sasuke, pero creía que nadie lo había visto y ella tampoco le había preguntado por él. Ya tendría ocasión de hacerlo, antes de que la presentara.

Casi trotó hacia la puerta, riendo por lo bajo, imaginando el encuentro, hasta que una carcajada la sobresaltó.

Su sonrisa murió al ver a Sasuke junto a Naruto. Tenía un brazo pasado por sus hombros mientras reía. El rubio solo esbozaba una media sonrisa, casi insegura pero su postura era relajada y su cuerpo rozaba el de Sasuke.

Apretó los labios, pero borró esa expresión de inmediato antes de correr hacia Sasuke y engancharse de su brazo.

—¡Sasuke! ¡Buenos días!

Él se sobresaltó un poco, pero se relajó enseguida.

—Hola, Sakura. ¿Cómo ha ido el fin de semana?

—Un poco aburrido. Te he echado de menos.

Sasuke la miró con un asomo de pena.

—Lo siento. Lo de este fin de semana era importante para mi familia.

—Lo sé. ¿Fue bien?

La sonrisa de su novio se ensanchó de repente. Sus ojos brillaban.

—Fue genial. Todos estaban felices, yo el primero —dicho esto, miró a Naruto.

Este, sin embargo, la observaba a ella. Sakura no habría sabido decir si parecía asqueado o aburrido.

—Uzumaki —lo saludó en voz baja y a regañadientes en su fuero interno.

—Haruno. —Él, en cambio, no se molestó en fingir amabilidad.

Además, estaba otra vez esa mirada. Como si ella fuera un insecto.

Apartó los ojos de él y levantó la cabeza hacia Sasuke.

—¿Me acompañas a clase?

Él se desenredó de su abrazo y le frotó la espalda.

—Adelántate hoy. Tengo un asunto pendiente con Naruto.

Por un instante, se quedó congelada en el sitio.

¿Eh?

¿Qué había sido eso?

Pese a su confusión, reaccionó rápido. No quería molestarlo ni ser pesada insistiendo.

—Ah… Vale.

Antes de darse la vuelta, vio el rostro del rubio. Le sonreía abiertamente con la barbilla en alto.

Maldito.

Apretó los puños mientras se dirigía a clase, maldiciendo a ese mocoso de todas las formas que se le ocurrieron. ¿Cuál era su problema? Parecía disfrutar de que Sasuke hubiera roto su rutina de acompañarla por él. ¿Qué demonios creía que era esto? ¿Una especie de competición? Sasuke era su novio, todo el mundo lo sabía. Era evidente que ella era más importante.

Y, sin embargo, había preferido quedarse con él.

Intentó no darle importancia. Por algún motivo inexplicable, ese bicho raro era su amigo y no se le ocurriría exigirle a Sasuke que rompiera su amistad. Preferiría que el muy idiota hubiera captado el mensaje de que se mantuviera alejado de él.

No, quería que se fuera. Lejos, muy lejos. Que los dejara tranquilos con su idílico amor.

Para cuando se sentó en su pupitre, se mordía el labio y tenía el ceño fruncido. De forma inconsciente, empezó a dar golpecitos con el dedo índice a la mesa.

Cuantas más vueltas le daba a la escena, peor tenía el estómago. Ahí había algo que apestaba. Ese mocoso tenía algo malo.

Debía conseguir alejarlo de Sasuke antes de que pasara algo, aunque aún no sabía bien qué.

 

 

—¿Cómo puedes comerte eso?

Naruto alzó la mirada para encontrarse a Sakura con los brazos cruzados y la nariz arrugada. Miraba el trozo de carne que tenía en los palillos.

—¿No te gusta el cerdo?

Ella contempló las gotas de lo que creía que era sangre que se habían acumulado en su lonchera.

—No si está crudo.

—No está crudo.

—Tampoco está hecho.

Naruto se llevó el trozo a la boca despacio y se lo metió de lleno. Se relamió la sangre de los labios con una gran sonrisa, haciendo que Sakura frunciera los labios.

—Qué asco.

—Para los de tu clase.

Sakura arrugó la frente.

—¿Qué significa eso?

El rubio le sonrió de un modo extraño antes de centrarse en su tortilla.

—¿Qué quieres, Haruno? Aparte de criticar lo que como. ¿Qué eres, mi madre?

Ella bajó los brazos y apretó los puños.

—Sé educado y usa honoríficos.

—Solo uso un honorífico y no es para ti. Pasa de mí si no te gusta. De hecho, es lo mejor que harás —dijo antes de comerse la tortilla de un bocado.

Sakura enrojeció.

—¿Y por qué no pasas tú de Sasuke?

El mocoso la miró por el rabillo del ojo.

—No quiero.

—Tú no pegas con él.

—¿Qué sabrás tú? ¿Acaso me conoces? ¿Lo conoces a él siquiera?

—¡Claro que lo hago! Por si no lo sabías, es mi novio.

El muy cabrón tuvo el descaro de soltar una carcajada. Sakura apoyó una mano sobre su pupitre y lo miró desde arriba.

—Te lo advierto. Aléjate de él.

El bicho raro levantó una ceja.

—¿O qué? ¿Vas a pegarme? —Sus ojos la miraron de arriba abajo—. ¿Con tu metro sesenta y tus brazos flacuchos? —dicho esto, frunció el ceño—. Ni siquiera tienes tetas. ¿Es que a ti no te llega la pubertad o qué?

Sakura enrojeció a la vez que se cubría los pechos con los brazos.

—¡Eres un imbécil!

—Y tú una idiota, pero aún no te has dado cuenta —dijo como si fuera evidente antes de remover los palillos en busca de otro trozo de cerdo—. Si es todo lo que querías decirme, lárgate. A menos que quieras darme de comer —acarició esas palabras con una divertida sonrisa.

Un estremecimiento recorrió su espinazo. Sin pensarlo demasiado, dio media vuelta y salió de la clase a toda prisa. Maldijo a ese niñato en su fuero interno, apretando los dientes y agarrándose las manos con fuerza.

Le temblaban.

 

 

—¿Eh? ¿Qué clase de pregunta es esa?

—Contéstala, por favor —pidió Sakura con firmeza.

Sasuke la miró con el ceño ligeramente fruncido antes de encogerse de hombros y llevarse un trozo de cerdo a la boca. Mientras masticaba, se le escapó una sonrisa.

—Naruto es exactamente el tipo de persona que me gusta.

Sakura torció el gesto.

—¿Por qué?

La sonrisa de Sasuke se ensanchó.

—Tiene buen corazón, a pesar de todo lo que le ha pasado.

Ella arrugó la frente.

—¿Qué quieres decir?

El rostro de Sasuke se ensombreció.

—Sus padres fueron asesinados. —Sakura se sobresaltó en su asiento—. Las personas que lo acogieron de niño lo maltrataron después. —Sasuke había dejado la lonchera sobre la mesa y tenía la mirada baja, perdida en un recuerdo lejano—. Sin embargo, él es bueno con los demás. Le gusta cuidar a los que no pueden defenderse. Es… tierno —dicho esto, esbozó una sonrisa divertida—, pero no por ello permite que los demás se aprovechen de él. Puede ser algo torpe y tontorrón —dijo con un tono cálido que a pilló a Sakura desprevenida—, pero se esfuerza mucho en todo lo que hace, sea lo que sea. Me gusta eso.

Ella agachó la mirada.

—¿Tanto lo conoces?

De repente, Sasuke sonrió.

—Probablemente, mejor que nadie. Estamos muy unidos.

—Pero solo os conocéis desde hace un mes, ¿no?

—Lo conocí en verano.

Sakura se estremeció, pero mantuvo la vista baja y removió su comida.

—Parece poco tiempo.

Los ojos de Sasuke centellearon.

—A veces, las personas no necesitan mucho tiempo para estar bien juntas. Como tú y yo, ¿no crees?

Ella se sobresaltó, pero se sonrojó y sonrió.

—Es verdad.

Sasuke apoyó la cabeza en una mano, mirándola fijamente.

—¿No te gusta Naruto?

Ella frunció el ceño.

—No lo sé.

—¿Y por qué ese interés en él?

Sakura lo miró en silencio un momento. Después, su frente se arrugó.

—No parece el típico chico de tu grupo de amigos.

—¿Por qué?

—Todos tus amigos son altos y fuertes. Atractivos, la gran mayoría. Destacan mucho en deportes y algunos también en los estudios. Además, todos tenéis un aura… No sé. Inspiráis respeto.

Sasuke esbozó una media sonrisa.

—No todos siempre fueron así. Es algo que se adquiere con la edad. ¿Crees que la gente se amilanaba delante de Kiba? En la escuela media lo tenían por un perdedor escandaloso que no seguía las normas. ¿Y Lee? Es el mejor en los deportes ahora, pero antes era un pringado flacucho que no daba pie con bola.

—Pero tú siempre has sido genial.

Sasuke resopló, sonriendo de una forma que no le llegó a los ojos.

—Era inflexible y cerrado. Tozudo, cabezón y le gruñía a todo el mundo. Mis padres lo pasaron mal, creían que la pájara adolescente me duraría hasta la edad adulta.

Sakura se sonrojó.

—Yo siempre he pensado que eras increíble.

Sasuke la miró durante unos instantes fijamente. Por un instante, a Sakura le pareció ver de nuevo en sus ojos al viejo Sasuke, frío y distante, con mirada de pedernal, afilada como un cuchillo. Sin embargo, fue tan rápido que creyó haberlo imaginado. Ahora mismo, había calidez en sus ojos.

—Gracias. Pero yo prefiero al Sasuke de ahora —dicho esto, apoyó el mentó entre sus manos—. Bueno, ¿y cuál es el problema con Naruto, entonces?

El sonrojo de Sakura se desvaneció y ladeó la cabeza, arrugando el puente de la nariz.

—Hay algo… raro en él.

Sasuke movió la cabeza a un lado. La observaba con atención.

—¿Raro cómo?

Ella hizo una mueca.

—No sabría explicarlo. Pero no me gusta. Es como si…

—¿Qué? —preguntó Sasuke con un repentino interés.

Sakura torció el labio.

—Como si fuera algo antinatural.

De nuevo, tuvo la sensación de que la mirada de Sasuke cambiaba. Centelleó por un momento, pero, de inmediato, sonrió de nuevo.

—Bueno, ser raro no significa que sea malo. Y no todo el mundo puede llevarse bien a la primera. Desde luego, Naruto era muy desconfiado cuando lo conocí. Es por todo lo que ha pasado. Tal vez por eso no congeniáis. Necesitará tiempo para acostumbrarse a ti.

Sakura se recostó contra el respaldo de la silla, tratando de que no se notara su consternación.

¿Cómo que acostumbrarse a ella? ¿Sasuke quería que Naruto y ella se llevaran bien?

No. ¡No! Lo sentía por él, lamentaba la horrible infancia que probablemente había tenido, pero eso no quitaba ese nudo en el estómago que se le formaba cada vez que lo tenía cerca.

Ahora lo comprendía. Entendía que fuera un bicho raro, lo borde que era con los demás y que le fueran indiferentes todas las advertencias que le había hecho sobre Sasuke. Nada debía de poder compararse a su infancia.

No podía dejar que alguien como él estuviera cerca de Sasuke, no era bueno. Ni para él, ni para nadie. Lo había visto en documentales, cómo las experiencias de la infancia influyen en una persona. Alguien que se había criado con violencia de niño podía ser violento de adulto, y Naruto no parecía ni mucho menos estar por el buen camino; no con esas pintas y esa actitud.

Debía alejarlo de Sasuke. Fuera como fuera.

 

 

Dos días más tarde, Sakura sonreía colgada del brazo de Sasuke mientras la acompañaba a la salida de la escuela.

—Hoy pareces especialmente contenta —dijo su novio.

Sakura soltó una risilla y se apretó contra su costado.

—Como no he podido verte este fin de semana, estos pequeños momentos que estamos juntos me animan mucho.

Sasuke esbozó una media sonrisa.

—No sabía que te había afectado tanto.

Ella se sonrojó.

—Bueno, acabamos de empezar a salir. Es lo normal, ¿no? Querer estar todo el tiempo con esa persona especial.

La expresión de Sasuke se ablandó.

—Es verdad —dicho esto, su rostro se iluminó—. Oye, ¿por qué no quedamos para estudiar mañana? Sé que no es exactamente una cita, pero se acercan los exámenes y, al menos, estaremos un rato juntos.

Sakura se sobresaltó y lo miró con los ojos muy abiertos. Su rostro estaba rojo.

—¿Q-quieres decir en tu casa?

Sasuke hizo una mueca.

—No es posible. Mis padres tienen preparativos importantes que hacer en casa para este viernes y no puedo llevar a nadie —dijo rascándose la nuca—. ¿Podría ser en la tuya?

Sasuke Uchiha en su habitación. En su dormitorio.

Una fantasía hecha realidad.

—¡C-claro! ¡No hay problema!

Sasuke esbozó una de sus escasas sonrisas, pero, de repente, su rostro palideció y se giró hacia la salida. En un instante, su expresión pasó del horror a la rabia.

La soltó con cierta brusquedad y echó a andar de vuelta a la escuela.

—¡Sasuke! ¿Qué…?

Cerró la boca al ver que se dirigía a cuatro chicos de tercero que se reían.

Nada más ver al furibundo Sasuke, todos callaron y agacharon la mirada.

—¿Qué habéis hecho?

—Nada, Uchiha —respondió en voz baja el que parecía ser el cabecilla del grupo.

Sasuke aspiró aire con fuerza, apretando los puños.

—¿Y esos nudillos llenos de sangre?

El chico se los miró sobresaltado y los ocultó en sus bolsillos, pese a que Sasuke ya los había visto.

—Fue él quien se metió primero con nosotros —masculló, aunque no levantó la vista.

—Nos llamó maricones —dijo el que tenía al lado.

—Dijo que jodíamos entre nosotros —se quejó el tercero—. ¡No es verdad!

Sasuke los silenció con un gruñido breve.

—Me importa una mierda. ¿Dónde está?

—En el baño de chicos de la primera planta.

Él gruñó otra vez y los pasó de largo golpeándole el hombro al cabecilla con un empujón.

—No os acerquéis otra vez a él —ordenó.

—No, señor —dijeron antes de apresurarse hacia la salida.

El cabecilla redujo un momento la marcha antes de taladrar a Sakura con la mirada y salir. Ella, en cambio, lo ignoró y fue corriendo tras Sasuke. Para cuando entró en el instituto, él ya había desaparecido. Maldijo su velocidad, pero ella sabía dónde encontrarlo. Así que fue escaleras arriba y buscó los baños.

Cuando llegó, entró en el de chicos llamando a Sasuke, pero no le hizo falta llegar muy lejos.

Se sobresaltó y se llevó una mano a la boca.

Sasuke se percató entonces de su presencia. La fulminó con la mirada.

—¡Fuera de aquí! ¡No mires!

Ella se alejó sin pensárselo dos veces y se apoyó en la pared del pasillo, dejándose caer hasta el suelo y encogiéndose sobre sí misma.

Naruto estaba lleno de sangre. No parecía consciente y no se movía. Estaba desnudo y tenía la cabeza mojada.

¿Qué habían hecho? ¿Cómo habían podido llegar tan lejos?

Entonces, escuchó susurros. Reconoció la voz de Sasuke y otra más leve.

Suspiró de alivio y dejó caer la cabeza entre sus rodillas, abrazándolas.

 

 

Sakura sabía que merecía que Uzumaki la mirara de esa forma. Lo sabía y, aun así, odió el modo en que sus manos temblaban a su espalda.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó con brusquedad.

Ella se encogió ante su tono.

—Solo quería saber cómo estabas.

Uzumaki gruñó y apartó la vista. Sakura lo miró de reojo. Para la paliza que le dieron el día anterior, no parecía estar muy malherido. Tenía algunos moretones, pero ya estaban amarillentos y no eran demasiado grandes. La impresionó, ayer tenía muy mal aspecto.

—¿Ahora te preocupas? ¿A estas alturas?

Sakura se estremeció.

—¿Qué quieres decir?

Uzumaki la asesinó con sus gélidos ojos.

—Sé que fuiste tú la que les dijo a esos cabrones que yo iba por ahí diciendo que les gustaba meterse mano entre ellos —dicho esto, resopló—. Como si a mí me importara una mierda la sexualidad de los demás.

Ella abrió la boca para negarlo, pero la cerró. Apretó las manos con fuerza.

—Te pido perdón. No quería que las cosas llegaran a ese punto.

Uzumaki parpadeó. Luego, frunció el ceño y entrecerró los ojos.

—¿Cuál es tu problema conmigo? Sé que no te gusta que esté cerca de Sasuke, pero dame una buena razón para eso.

Sakura alzó la vista y apretó los labios.

—Hay algo malo en ti.

Uzumaki estrechó aún más los ojos.

—¿Por qué malo?

—No lo sé. Es una sensación.

Él la observó durante un minuto entero, sin hablar. Sakura miró a su alrededor, arrepintiéndose de haberse apartado de la entrada principal.

—¿Me tienes miedo?

Sakura apretó las manos entrelazadas a su espalda.

—Creo que eres peligroso.

Uzumaki arrugó la nariz.

—¿Crees que le haría daño a Sasuke?

—Sé que no eres bueno para él.

—Tú eres la que no sabe lo que necesita. No lo conoces.

Ella enrojeció y bajó las manos a los lados, convirtiéndolas en puños.

—¡Lo conozco desde que éramos niños! ¡Tú solo lo conoces desde este verano!

El chico ladeó la cabeza, mirándola otra vez de esa forma que tanto odiaba. Como si ella fuera algo insignificante.

—Él solo juega contigo.

¿Qué?

—No es verdad.

—Como un marionetista con una muñeca que cree moverse por voluntad propia. —Uzumaki movió la cabeza a un lado y a otro—. Lo siento por ti. Tendrías que haberte metido en tus propios asuntos y dejarme en paz.

Sakura retrocedió un paso.

—¿De qué hablas?

Él puso los ojos en blanco.

—No soy idiota. Tus amigas y tú metisteis mi mochila en aquel váter.

Ella retrocedió otro paso.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque apesta. Y porque eres la única que ha mostrado tanta aversión hacia mí.

Sakura se llevó las manos al pecho.

—¿Vas a decírselo a Sasuke?

Naruto resopló y pasó por su lado mientras hablaba.

—No hace falta. Ya te darás cuenta de tu error, aunque ya es demasiado tarde —dicho esto, la dejó atrás y se fue hacia el casillero de sus zapatos para cambiarse antes de entrar en la escuela.

Al ver el calendario en la portezuela, sacó un momento su lápiz y tachó el día anterior y el actual.

El día marcado era mañana. Sonrió.

—Casi me da pena. Solo casi.

 

 

Esa tarde, Sakura era como un flan mientras trataba de poner en orden sus ideas.

A ver, Sasuke Uchiha, su novio, estaba en su dormitorio. Con ella. A solas.

Sus padres le habían dicho que volverían por la noche. Su madre tenía un menor al que reasignar en una nueva familia y su padre había refunfuñado algo sobre comprobar a los Inuzuka. Parecía que Kiba y sus hermanos habían vuelto a hacer alguna de sus travesuras en los terrenos boscosos de Asakusa y alguien se había quejado. Por lo tanto, tenían la casa para ellos solos.

Solos.

Cada vez que esa palabra surcaba su mente, se estremecía de arriba abajo. Quería actuar, quería aprovechar la oportunidad, pero, ¿qué podía hacer? Hasta ahora, ella no había hecho más que ir de su brazo o darle algún abrazo, pero nunca había ido de la mano y mucho menos lo había besado.

En sus fantasías era fácil llegar hasta el final, sin embargo, la realidad era más difícil. No era una chica sexy, era consciente y que Uzumaki se lo hubiera remarcado cuando hizo aquel comentario sobre sus pechos acabó por hundirla.

Pero ella le gustaba a Sasuke. Seguro que no la rechazaría. Puede que hubieran quedado para estudiar, pero los dos eran de los mejores estudiantes del instituto y tampoco es como si fuera a bajar su media si ese día se lo tomaban libre…

¿No?

Tragó la saliva cuando la imagen de Uzumaki atravesó su mente. Cómo Sasuke le sonreía. Cómo había rechazado acompañarla para seguir hablando con él. Cómo amenazó a esos cuatro chicos para protegerlo.

Aún le sentaba como un puñetazo en el bajo vientre. Cuando los había visto salir del baño, Sasuke le había lavado la sangre y la cabeza como había podido y le había prestado su ropa de deporte. Lo ayudó a andar hasta la salida poniendo un brazo sobre sus hombros y, cuando no pudo caminar por su cuenta, lo cargó en su espalda hasta el coche de los Uchiha que solía recogerlo.

Sakura había intentado ayudar, pero él solo le dijo que no se preocupara y que fuera a casa, que él se encargaría de cuidarlo.

Sasuke nunca había sido así con ella. Era cierto que era amable y educado, nada que ver con el Sasuke que la evadía cada vez que se acercaba, pero, de algún modo, era diferente con Uzumaki.

Por mucho que le doliera admitirlo, veía el vínculo entre ellos. Algo fuerte. Y, si lo comparaba con ella… Por algún motivo, sentía que estaba perdiendo. Sentía que Uzumaki tenía lo que ella quería. Pese a no haber hecho ningún movimiento íntimo hacia Sasuke, tenía la sensación de que él se había ganado ya su afecto de algún modo.

Por eso estaba aún más indecisa. No quería hacer nada que molestara a Sasuke, pero, al mismo tiempo, necesitaba una confirmación.

Él solo juega contigo.

No podía quitárselo de la cabeza. Sasuke no era de esos, jamás había mostrado interés en ninguna chica hasta que le pidió salir a ella, pero ¿y si no lo conocía tanto como creía? ¿Y si, al final, Uzumaki tenía razón y él estaba ocultando algo?

—Sakura.

Ella se sobresaltó al escuchar su nombre y se encontró con los ojos confusos de su supuesto novio.

—¿Estás bien? Pareces muy distraída.

Sakura lo miró. Era tan guapo, incluso cuando había tenido aquella expresión ceñuda y malhumorada de antes del verano. Siempre había querido estar con él, que la quisiera como ella lo había querido desde niña. Había creído que haría lo que fuera con tal de que la aceptara, pero, al parecer, se había equivocado. Después de todo, tenía un límite.

—Me gustas, Sasuke. Muchísimo.

Él relajó su postura.

—Y tú a mí, Sakura.

Ella se estremeció y estuvo a punto de sonrojarse.

Tenía que hacerlo, necesitaba una prueba.

—Entonces, ¿me darías un beso?

Sasuke se sobresaltó y echó el torso hacia atrás, apartando la vista al mismo tiempo. Su cuerpo estaba tenso. No hubo ni siquiera un asomo de sonrojo en las mejillas o las orejas. Más que avergonzado, parecía incómodo.

—Eso es un poco forzado, ¿no crees?

Sakura sintió cómo se tambaleaba todo en su interior.

—¿Por qué?

Él la miró con el ceño fruncido.

—Parece que me estés poniendo a prueba. No me gusta eso. Estas cosas deberían surgir de forma natural.

Sakura apretó los puños y se levantó de un salto.

—Estoy harta de esperar a que esa naturalidad brote de ti.

Sasuke parpadeó.

—¿Qué?

—Desde que empezamos a salir, apenas hemos estado juntos como una pareja. Decimos que somos novios, pero no hemos tenido ni siquiera una cita.

—Solo llevamos poco más de una semana —replicó Sasuke—. Y ya te dije por qué este fin de semana no podía estar contigo.

—Pero nunca me has cogido de la mano.

—Te dejo abrazarme y que estés siempre colgada de mi brazo.

—¿Por qué lo dices como si eso te molestara? ¿Como si tuvieras que tolerarme?

Sasuke también se levantó y la enfrentó.

—Porque, por si no lo has notado, odio que la gente me toque. Creía que me conocías, que sabías cómo era. ¿Cómo puedes dudar de mis sentimientos?

—¡Porque a lo mejor te gustan los chicos! —estalló Sakura. Las lágrimas amenazaron con saltar de sus ojos mientras Sasuke la miraba con los ojos como platos—. Y me estás usando como tapadera para ocultarlo.

Sasuke tardó unos segundos en reaccionar. Arrugó la frente y sacudió la cabeza, como si tratara de espabilarse.

—¿De dónde demonios sacas esa conclusión?

—Por la forma en que tratas a Uzumaki.

—Espera, ¿estás celosa de Naruto? —preguntó Sasuke levantando la voz, incrédulo.

Sakura cruzó los brazos sobre su pecho y apartó la vista.

—Eres diferente con él. Más cálido.

Sasuke la observó un momento y suspiró.

—Ya te dije que Naruto lo había pasado muy mal. Soy diferente con él porque es diferente a todos los demás. Necesita un trato especial y yo quiero ayudarlo.

Ella dio un pisotón en el suelo.

—¡Y yo soy tu novia! Se supone que te gusto, ¡debería ser especial!

Sasuke se masajeó el puente de la nariz.

—A ver, Sakura, me estás confundiendo.

—¡La confundida soy yo!

Él alzó las manos en son de paz.

—Escucha. En primer lugar, yo no necesito una tapadera para ocultar que me gustan los chicos.

Sakura frunció el ceño.

—¿Ah, no?

Sasuke resopló, casi riéndose.

—¿En qué siglo crees que estamos? Me importa una mierda lo que piensen los demás de mis gustos y, si tienen un problema con eso, pueden venir y decírmelo a la cara. Si se atreven —dijo sonriendo.

—¿Y tus padres? Tu familia es importante.

Él se encogió de hombros.

—Mis padres me dejaron bien claro que les daba igual con quién estuviera, siempre y cuando me hiciera feliz —dicho esto, se acercó a ella y, por primera vez, la cogió de las manos. Ella se sonrojó hasta las orejas. Era la primera vez que hacía algo así—. Mira, me conoces. Si yo quisiera estar con alguien, no habría nada que me lo impidiera. No sé por qué has pensado que me gustan los chicos, pero, si fuera así, te aseguro que no estaría saliendo con una chica.

Sakura se relajó un poco. Parecía muy lógico, era cierto que la homosexualidad estaba permitida en su país, pese a que no fuera legal el matrimonio entre personas del mismo sexo. Sin embargo, no era un crimen y la mayor parte de la sociedad aceptaba esas relaciones.

Aun así…

—¿Y por qué nosotros no parecemos una pareja?

Sasuke frunció un poco el ceño.

—Creía que las chicas preferíais ir despacio.

Sakura se sobresaltó y lo miró con los ojos muy abiertos.

—¿Qué?

Él se rascó la nuca.

—Ya sabes, todo eso de ser caballeroso. Se empieza acompañándola a clases, a la escuela, esas cosas. Luego la invitas fuera a tomar algo y más tarde empiezas a cogerla de la mano. Solo llevamos una semana y poco más, no quería precipitarme y que pensaras que me estaba aprovechando.

Por fin, Sakura se relajó del todo.

—¿Era eso?

Sasuke hizo una mueca.

—Lo siento si no te hice sentir especial. Solo quería ir despacio.

Ella se rio de repente y corrió a abrazarlo.

—Yo jamás pensaría algo así de ti, Sasuke. Te quiero. No me importa el ritmo al que vayamos siempre que sea contigo.

Sasuke se separó y le dedicó una media sonrisa.

—Aun así, me siento un poco culpable.

Ella sacudió la cabeza a un lado y a otro.

—No, no pasa nada. Ahora lo entiendo todo. Gracias por decírmelo.

Él se rascó el mentón.

—De todos modos, quiero compensarte. ¿Por qué no tenemos una cita de verdad?

Los ojos de Sakura brillaron.

—¿En serio?

Él esbozó una gran sonrisa.

—Mañana por la noche, en el Santuario de Asakusa. Te llevaré a cenar.

—¿De verdad? —Sakura casi chilló de emoción.

—Ya verás, lo pasaremos bien.

—¡Sí!

Sakura lo abrazó de nuevo con las mejillas sonrosadas.

Todo estaba bien, solo era un malentendido. Sasuke la quería y solo había estado siendo considerado con ella.

Uzumaki no era más que un idiota. La había estado liando porque le guardaba rencor por las cosas que le había hecho. No importaba. Ya no se interpondría entre ellos, no dejaría que siguiera jugando con ella. Lo ignoraría a partir de ahora, y, al final, Sasuke acabaría alejándose de él. Después de todo, el año siguiente iría a la universidad y Naruto seguiría yendo al instituto. Tarde o temprano, se distanciarían mientras que ella se esforzaría por estar con él tanto tiempo como pudiera.

Sí, todo iría bien a partir de ahora.

 

 

Al día siguiente, Sakura rezumaba felicidad por cada poro del cuerpo. Se podría decir que casi iba trotando por los pasillos cuando la campana anunció el final de las clases. Ella sonreía y de vez en cuando se le escapaba alguna risita. Los demás estudiantes debían de estar pensando que estaba loca, pero no le importaba.

Había llegado al final de la escalera cuando escuchó que alguien hacía un sonido de asco. Al girarse, vio a Uzumaki tapándose la nariz y la boca y mirándola con una ceja torcida.

—¿Qué pasa?

—No sé qué llevas puesto, pero es fuertísimo. Podría encontrarte a tres kilómetros por lo menos.

Ella se olió disimuladamente. No olía mal. Era cierto que llevaba perfume y tal vez fuera un aroma más notable que el que usaba de costumbre, pero no era muy fuerte. Sasuke no se había quejado esa mañana.

—Serás sensible a los olores.

—Bastante —afirmó el rubio, manteniendo la distancia con ella. Hizo una mueca—. ¿Qué pasa? ¿Por fin vas a joder con Sasuke?

Sakura se puso roja hasta las orejas y apretó los puños.

—¿Tienes que usar un lenguaje tan vulgar?

Uzumaki puso los ojos en blanco.

—Vale —resopló—. ¿Vas a hacer manitas con él?

Sakura relajó un poco su postura. No le gustaba esa expresión, pero era mejor que la otra palabra.

—Tenemos una cita.

—¿En su casa?

—¡Claro que no! —masculló y cruzó los brazos sobre el pecho—. Hemos quedado en el templo de Asakusa. Iremos a cenar.

Uzumaki alzó las cejas.

—Pocas manitas veo ahí.

Ella le lanzó una mirada de pocos amigos.

—¿A ti qué te importa?

De repente, sonrió.

—Me divierte hacerte enfadar.

Sakura bajó los brazos y trató de relajarse un poco.

—¿Sabes? Quiero pensar que en el fondo no eres malo. Que Sasuke tiene razón y eres un buen chico. Pero no me lo pones fácil.

Uzumaki le respondió con una mirada fría.

—Es un poco difícil ser amable con la persona que hizo que me dieran una paliza.

Ella retrocedió un paso, como si le hubiera dado un golpe.

—Ya te pedí perdón.

—¿Y la zancadilla? ¿Y lo que tú y tus amigas les hicisteis a mis cosas?

—Lo siento por todo, ¿vale?

Él arrugó la nariz.

—Cuánta sinceridad en esa disculpa. —Sakura abrió los labios para replicar, pero Uzumaki se le adelantó—. Admitiré que fuiste sincera con lo de la paliza, pero no con lo demás. Sigues pensando que no soy bueno para Sasuke, ¿no es así?

Ella apretó los labios, sin responder.

Eso no había cambiado. Lamentaba de verdad las experiencias de ese chico y era cierto que quería pensar que tenía buen fondo. Pero, cada vez que estaba cerca de él, y más en esa última semana, sentía que algo no iba bien. Pese a que Uzumaki no tenía un físico amenazante, tenía un aura… No sabría describirlo. Es que no tenía sentido, porque, lo que más le venía a la mente cuando pensaba en ese chico, era…

—Eres como una bestia salvaje —dijo al final.

De repente, el cuerpo de Uzumaki se tensó. Sus ojos relampaguearon.

—¿Qué?

Ella lo miró a los ojos.

—Me recuerdas a un animal enjaulado. Como si estuvieras esperando tu momento para salir y arrollarlo todo.

Uzumaki no dijo nada durante un instante, pero, después, se relajó. Poco a poco, esbozó una enorme y ancha sonrisa.

—Ya veo —dicho esto, pasó por su lado sin mirarla, aún sonriendo—. Te deseo una grandiosa noche, Haruno.

Su voz, profunda de repente, la envolvió y la acarició. No fue agradable. Por alguna razón, fue como si unas garras rozaran su ropa, tanteando para ver cuánta resistencia ofrecía.

Dio un salto hacia atrás y se abrazó el pecho mientras giraba.

Uzumaki ya no estaba.

Se estremeció de la cabeza a los pies.

¿Qué demonios había sido eso?

 

 

Naruto todavía sonreía cuando fue a su casillero. Abrió la portezuela y clavó los ojos en el día marcado de su calendario. Lo tachó mientras sus labios subían impacientes en un extraño gesto entre sonrisa y contención.

—Tranquilo —murmuró para sí mismo, agarrándose la mano que sostenía el lápiz. Le temblaba tanto que le costaba sostenerlo—. Ya falta poco. Ya falta poco. Acabemos con esto de una vez.

 

 

Sakura maldijo haber salido tan temprano de casa. Estaban a finales de noviembre y hacía bastante frío de noche. No tendría que haber sido tan impaciente y salir cuando aún quedaba una hora, pero había estado preocupada por no llegar a tiempo en metro.

Al menos, estaba lo suficiente abrigada. Había pensado en resguardarse en un local cercano, tal vez una cafetería, pero no quería tener problemas para encontrar a Sasuke después. Quería estar con él tanto tiempo como fuera posible. Era su primera cita de verdad y quería tener la oportunidad de conseguir un beso.

Se sonrojó mientras pensaba en ello. Sería su primer beso, el de los dos. Se le escapó una sonrisa y se llevó las manos a la cara. Tenía mariposas en el estómago, pero también muchas ganas de estar con él esa noche.

De repente, algo impactó contra su espalda. Fue ligero, pero saltó del susto y se le escapó un gritito.

Unas carcajadas le indicaron dónde estaba el culpable. Se giró y abrió los ojos como platos al ver a Uzumaki doblado en dos de la risa. En la mano, tenía una huevera de media docena.

Palideció y maldijo en voz baja mientras se quitaba el abrigo rojo y miraba la zona de la espalda. Jadeó al ver la mancha brillante.

—¡Uzumaki! —rugió.

Un segundo impacto fue directo a su pierna derecha, en el gemelo. Ella giró sobre sus pies y lo asesinó con los ojos. Él le sonreía mientras le enseñaba un huevo.

—¿Qué? ¿Te diviertes?

Ella levantó una mano en su dirección.

—¡No, ni se te ocurra!

Uzumaki le lanzó el huevo. Sakura estaba preparada y lo esquivó, pero él ya le había lanzado el cuarto, que impactó contra la rodilla izquierda. Ella levantó la cabeza para gritarle, pero la alcanzó otra vez en el hombro. El último, le dio de lleno en el pecho, haciendo que Uzumaki se echara a reír.

Sakura temblaba mientras lo taladraba con los ojos. Maldito mocoso…

—¡Tú, imbécil!

Él alzó las manos en señal de paz.

—Considéralo mi venganza por lo que hiciste con mis cosas.

Ella se puso el abrigo de nuevo y fue hacia él con largas y rápidas zancadas.

—¡Te has pasado! ¡Hoy tenía una cita importante!

Uzumaki retrocedió al mismo tiempo que ella avanzaba. La sonrisa divertida no abandonaba su rostro.

—Lo que había en mi mochila también era importante y a ti te dio igual.

—¡No como esto! —rugió ella. Aceleró el paso, casi trotando, al ver que no lo alcanzaba.

—¿El qué? —preguntó él con una risotada. También empezó a correr hacia atrás, alejándose del Santuario—. ¿Tus no manitas con Sasuke?

Ella gritó de rabia, haciéndole reír más fuerte, y corrió hacia él.

Uzumaki huyó hacia los terrenos boscosos que había junto al templo y se internó entre los árboles. Sakura lo maldijo a gritos, gritándole que no fuera un cobarde y que diera la cara.

Y ella se había sentido mal por la paliza. Ese mocoso era un bastardo sin empatía. Habría engañado a Sasuke con su triste historia sobre sus padres muertos, pero a ella, no. Era malo, no sabía si por naturaleza o precisamente por su infancia, pero nada bueno saldría de él, jamás.

Con sus botas largas, corrió como pudo entre la maleza, agradeciendo en su cabeza la luz de la luna, redonda y brillante, que le permitía ver bastante bien a pesar de la oscuridad. Que ese capullo llevara una sudadera naranja brillante también ayudaba a perseguirlo.

Por fin, el muy imbécil se cansó y se detuvo en un claro. Apoyó las manos en sus rodillas, jadeando con pesadez. Ella dejó de correr, pero no se detuvo. Fue directa hacia él.

—¿Qué? ¿Vas a ofrecerme una disculpa? Porque quiero que sepas que…

Se detuvo en seco porque, de repente, su golpeó el suelo. No sabía cómo, pero Uzumaki le había dado una patada baja en los pies que la había lanzado contra la tierra fría.

—Deberías tener más cuidado, Haruno —dijo. Su voz sonaba más profunda que antes y hablaba entre jadeos. Casi parecía que le costaba controlar la voz—. Ahora estamos casi en paz.

Ella gruñó de rabia y se incorporó sobre sus manos antes de dar media vuelta.

—¿Casi en paz? ¿De qué…?

Enmudeció.

Uzumaki estaba a tres pasos, agazapado sobre sus manos y pies.

Sus ojos eran rojos y brillantes.

El miedo la atravesó. La dejó clavada en el suelo.

Él sonrió.

—Te dije que tendrías que haberme dejado en paz. Y que sería demasiado tarde.

De repente, gritó de dolor y su cuerpo se convulsionó, crujiendo y retorciéndose.

Sakura se arrastró hacia atrás, alejándose de la forma alargada y ancha que se estaba formando, hasta que, cuando vio de nuevo esos horribles ojos rojos fijos en ella, reaccionó por fin. Se levantó a trompicones, casi echándose a correr a gatas, y huyó.

Huyó entre llantos y gritos, tratando de darle sentido a lo que acababa de ver y, al mismo tiempo, de escapar de lo que sea que fuera eso.

Sabía que algo no estaba bien. Lo sabía. Lo sabía, lo sabía, lo sabía. Lo sabía y cuánto lamentaba tener razón, aunque seguía sin comprenderlo del todo.

Corrió entre los arbustos hasta que las piernas le fallaron de repente, cayendo de bruces al suelo. Entre gemidos y sollozos, gateó hasta detrás de un árbol y se tapó la boca, cerrando los ojos.

No podía ser real. Explicaba algunas cosas, pero no era real, no podía serlo. No podía serlo, pero lo había visto.

Era malo. Peor que malo, era horrible.

No estaba a salvo. Debía alejarse. Y Sasuke. Oh, por Dios, esa cosa había estado todo ese tiempo cerca de Sasuke.

Tenía que huir y avisar a su padre. Él movilizaría a la policía y lo atraparían. Usarían trampas, sí, eso es. Podían cazarlo en cuanto supieran lo que era. Tenían armas, podrían acabar con él.

Pero, antes, tenía que salir de allí, volver a la civilización. Él no la seguiría donde hubiera gente, ¿verdad? No se expondría, no lo había hecho antes, así que no tenía sentido que lo hiciera ahora. Pero, ¿podía controlarlo? ¿O era como un animal ahora mismo?

No importaba. Solo tenía que volver adonde había gente. Sí, eso es. Si la seguía, las personas al menos lo verían y no podrían acusarla de estar loca o algo así. Además, la ayudarían. O, al menos, habría lugares donde refugiarse.

El plan la calmó lo suficiente como para actuar. Los sollozos cesaron, pese a que solo quería esconderse en algún agujero y llorar. Y, aunque las manos le temblaban, las apoyó en el árbol para levantarse.

Un resoplido sonó a su espalda. Se quedó paralizada, sin moverse ni un centímetro.

Unos grandes ojos rojos aparecieron a su lado. Resopló otra vez, arrugando el hocico que estaba junto a su cabeza y enseñando los dientes.

Se llevó las manos a la garganta. Oh, no.

Era demasiado tarde. Uzumaki se lo dijo.

Un aullido resonó entre los árboles mientras un arco rojo manchaba la tierra húmeda, reluciente bajo la luna.

 

 

Naruto bostezó mientras dejaba los zapatos en el casillero. Aún tenía sueño. Y le dolía todo. Menos mal que aún quedaba una semana antes de los exámenes. Así podría recuperarse y…

—¿Cuándo fue la última vez que la viste?

Él frunció el ceño y se giró con desgana.

Yamanaka estaba tras él, mirándolo con cara de pocos amigos. ¿Qué demonios quería?

—¿A quién?

—A Sakura.

—Hace dos semanas. Era el último viernes del mes, creo —respondió encogiéndose de hombros.

—¿Cuándo?

—Antes de salir de clase.

—¿Y de qué hablasteis? —insistió.

Naruto puso los ojos en blanco.

—De su perfume. Apestaba en un radio de tres kilómetros.

La joven lo asesinó con la vista.

—¿En serio? ¿Eso es todo?

Él se encogió de hombros.

—Sí, supongo.

Ella apretó los labios.

—¿Me estás diciendo que solo os parasteis a hablar de cómo olía y ya está?

—Oye, pasó por mi lado, yo reaccioné mal a cómo olía y eso fue todo.

—¿No sabías que iba a estar en Asakusa por la tarde?

—No somos amigos, así que, ¿por qué tendría que saberlo?

Yamanaka seguía fulminándolo con los ojos.

—Porque eres amigo de Sasuke.

Naruto le devolvió la mirada. Qué pesada. ¿Ella también iba a ser un problema?

—¡Ino! Te estaba buscando.

Su cuerpo se relajó al escuchar la voz de Sasuke. Se acercó a la joven y, de inmediato, ocupó toda su atención. Naruto se hizo a un lado, permitiéndolo.

Ella parecía un poco confusa.

—¿Qué ocurre, Sasuke?

Él le dedicó una mirada apenada.

—Vengo a disculparme por lo de Sakura. Había quedado con ella. Tendría que haberla recogido para ir juntos.

Yamanaka dio un paso más cerca de él.

—No, Sasuke, no es culpa tuya.

—Era mi responsabilidad.

Ella puso una mano sobre su brazo.

—La encontrarán. Ya lo verás.

Sasuke la miró con tristeza.

—Ella te apreciaba mucho, ¿lo sabías? Te echaba de menos.

La joven tragó saliva. Sus ojos eran brillantes.

—¿De verdad?

—Sentía mucho que vuestra amistad se hubiera roto. Yo la animé a que hiciera las paces contigo, pero estaba muy avergonzada.

Yamanaka bajó la vista.

—Tampoco fue culpa suya. La entiendo.

Sasuke se acercó un poco más.

—¿Quieres que hablemos?

Ella le sonrió y caminó a su lado, diciendo algo sobre que ella no tendría que haberse alejado.

Naruto los siguió con la vista. Sasuke se giró para mirarlo y le sonrió ampliamente. Sus ojos centellearon con un fulgor rojo.

Él le devolvió la sonrisa y luego miró el calendario.

Marcó un nuevo día del mes.



Fin

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