Vínculo inquebrantable (especial)
—Ya está. Las heridas están curando bastante bien —dijo
Sakura guiñándole un ojo—. Parece que nuestro Alfa se toma muy en serio tu
recuperación.
Sasuke enrojeció al escuchar eso, pero le lanzó una
mirada de pocos amigos a la Beta. Ella rio.
—En realidad, sigue furioso —admitió haciendo una mueca.
La sonrisa de Sakura se desvaneció y su rostro se
ensombreció.
—Esas Alfas jugaron sucio. Es normal que haya estado
tenso —dicho esto, tiró los vendajes sucios a la basura y empezó a recoger su
botiquín—. Por suerte, ya no volverán por aquí. Las trasladaban hoy, ¿no es
así?
Él asintió.
—Se ha ido esta mañana con algunos ejecutores.
—Pero ha dejado a mi compañera y a Fye contigo —dijo
Sakura con una expresión inquieta—. Deja a sus mejores luchadores aquí. ¿Cree
que alguien más pueda atacarte?
Sasuke entrecerró los ojos.
—Naruto dio un castigo muy ejemplar —respondió despacio,
recordando cómo había marcado a esas Alfas con sus garras una y otra vez. Sus
espaldas quedaron tan desfiguradas que algunos miembros del clan tuvieron que
apartar la mirada. Incluso a él le resultó desagradable, pero tuvo que darle la
razón a Naruto esta vez. Fue una emboscada premeditada y lo habrían matado de
no ser porque Fye siempre andaba cerca de él en ausencia de Naruto—. No creo
que a nadie se le ocurra volver a intentarlo, sobre todo con mis ejecutores
cerca —suspiró.
Sakura esbozó una media sonrisa poco alegre.
—Mi Lucy da miedo y Fye es un guerrero excelente —dicho
esto, sus labios se curvaron hacia abajo—. Pero lamento que pases por esto.
Naruto nunca las tocó para evitar estos problemas y, aun así, los habéis
tenido.
Él se encogió de hombros.
—Hay cosas que escapan a nuestro control, no culpo a
Naruto por ello. —Se le escapó una pequeña sonrisa—. Me parece muy dulce que no
tomara ninguna amante en el clan por mí —dicho esto, suspiró—. Supongo que si
hubiera sido un Alfa normal no habría tenido tantos problemas con ellas.
—No sé qué decirte, él es muy guapo —sonrió Sakura.
Sasuke le gruñó y ella rio.
—Tranquilo, yo ya tengo a mi compañera.
Él respondió con un resoplido. Entonces, alguien llamó
suavemente a la puerta de la cabaña de la Beta y entró. La cabeza rubia de Fye
apareció y lo miró frunciendo el ceño.
—Sasuke, tus padres están llegando.
Sasuke igualó su ceño.
—¿Ahora? ¿Estás seguro?
—Nuestros centinelas lo han confirmado.
Él se puso en pie y se puso la camiseta.
—Gracias por tus cuidados, Sakura.
—No hay de qué. Intenta no transformarte. Puedes entrenar
suave por ahora, pero déjales a Fye y a Lucy las peleas. A Naruto no le gustará
que te hagas más daño, ya se siente bastante mortificado.
Sasuke asintió y se marchó con Fye para recibir a sus
padres. Se suponía que no llegarían hasta dentro de dos días, por eso Naruto se
había marchado esa mañana para el traslado de las Alfas.
Su corazón se encogió un poco al pensar en él. Desde el
ataque, había estado tenso y un tanto sobreprotector. No podía culparlo, él
siempre había permitido que librara sus propias batallas cuando había sido
desafiado por otra Alfa, pero, esta vez, le habían atacado en grupo y a
traición. Podía entender que no quisiera dejarlo solo y que hubiera siempre
ejecutores a su alrededor. Solo esperaba que esa vez fuera la última y que,
ahora que esas Alfas se habían ido, se sintiera más tranquilo.
—No esté preocupado —le dijo Fye de repente,
interrumpiendo sus preocupaciones.
Sasuke suspiró.
—Preferiría que no hubieran llegado hoy. Se suponía que
debían conocer a Naruto.
—No tardará mucho en estar de vuelta, solo es un
traslado, después de todo.
—No me refería a eso —dijo haciendo una mueca y tocándose
las vendas del cuello.
Fye frunció el ceño.
—Comprendo su preocupación, pero estoy seguro de que sus
padres entienden que a veces las peleas ocurren.
—Ya —suspiró, esperando que fuera cierto—, pero me verán
herido y sin Naruto. No quiero que piensen que no cuida de mí.
—Él sabía que estaría a salvo con nosotros —dijo una voz
femenina aterciopelada y profunda.
Sasuke por poco dio un salto al darse cuenta de que Lucy
flanqueaba su lado derecho. La compañera de Sakura era esbelta y atlética, con
el pelo de una brillante tonalidad roja, como las hojas de los árboles en
otoño, que armonizaban con sus extraños ojos, cuyo color parecía vacilar entre
un fuerte castaño oscuro y el escarlata. Pese a que sospechaba que la luz
ambiente hacía que se vieran de un tono u otro, a menudo tenía la sensación de
que cambiaban por su estado de ánimo.
—¿De dónde sales? —preguntó sobresaltado.
Ella respondió sin inmutarse:
—He estado a su lado desde que salió de casa de mi
compañera.
Fye rio entre dientes.
—No le dé demasiadas vueltas. Lucy es de las Alfas más
antiguas de la manada, está a otro nivel.
La pelirroja lo miró por el rabillo del ojo.
—Tú estás más cerca de los mil años y soy más fuerte que
tú. Tienes que entrenar más.
El hombre se rascó la cabeza, avergonzado.
—Tú eres la luchadora y yo debo ejercer de consejero —se
excusó.
Parte de la tensión de Sasuke se alivió al ver el pequeño
pique entre ambos. Al parecer, los dos eran de los miembros más antiguos del
clan; por lo poco que sabía, Lucy había huido con Kushina cuando ella se marchó
con Minato, mientras que el propio Fye había sido ejecutor y consejero del
padre de este. Los dos llevaban mucho tiempo sirviendo a los Alfas de sus clanes
y Sasuke agradecía tener a dos ejecutores tan leales a Naruto. Pese a que solo
llevaba medio año allí, pondría su vida en sus manos sin dudarlo dos veces.
—Recuerda, Lucy, no te abalances sobre los padres de
nuestro Omega aunque critiquen a Naruto.
Espera, ¿qué?
Sasuke se giró hacia Lucy, que arrugó ligeramente la
nariz.
—Es nuestro Alfa y no toleraré que le falten al respeto.
—¡Lucy! No estarás pensando en atacarles en serio,
¿verdad? —le preguntó Sasuke, inquieto de repente. Él era fuerte, pero Lucy era
una maldita máquina de matar. El día que las Alfas lo emboscaron, cuando ella
llegó, mató a cuatro en menos de dos minutos sin despeinarse.
Ella frunció el ceño.
—Kushina me pidió que no hiciera daño a sus padres y por
poco no salimos de su clan. No dejaré que lo alejen de nuestro Alfa porque
tengan pensamientos estúpidos.
Sasuke se relajó un poco al escuchar su explicación. Al
parecer, ella aún recordaba esos tiempos. Puede que pensara que había tomado
una mala decisión al no intervenir de un modo más agresivo.
Fye acudió al rescate con una sonrisa afable.
—Creo que sus padres serán comprensivos. Ellos criaron a
nuestro Omega, saben que se defiende bien solo. No será necesario recurrir a
medidas violentas.
Lucy lo pensó un momento y asintió con brusquedad,
deteniéndose frente a la entrada de su pueblo con los brazos cruzados.
—Eso espero.
El sonido de los todoterrenos llamó la atención de Sasuke
y se irguió.
Todo iría bien. Había hablado con sus padres a lo largo
de esos meses y sabían que era feliz con Naruto, que lo trataba con amor y
respeto, que lo consideraba su segundo al mando en la manada y que había
cuidado de él tras el incidente de Orochimaru. Seguro que entenderían que había
habido ciertas luchas por la jerarquía.
Dos todoterrenos aparecieron entre la espesura del bosque
y se dirigieron a la entrada. Antes de que el que iba delante se detuviera, una
de las puertas se abrió y su madre saltó con una elegancia felina al suelo.
Sasuke rio cuando ella lo detectó y fue corriendo hacia él.
—¡Cariño! —gritó alegre, lanzándose a sus brazos. Sasuke
la estrechó contra su cuerpo—. ¡Me alegro tanto de verte! Encontraste a tu
compañero tan de repente que ni siquiera tuve la oportunidad de despedirme…
Él la abrazó con cariño.
—Ni que no fuéramos a vernos nunca más —dicho esto, ella
se separó e hinchó los mofletes, haciéndole sonreír.
—No es lo mismo. Antes podía verte cuando quisiera y
ahora tengo que tomar un avión.
—Sabías que este día llegaría, mi Omega —dijo su padre,
que apareció tras ella.
Sasuke fue a abrazarlo.
—Padre.
—Hola, hijo —lo saludó el Alfa, devolviéndole el gesto—.
¿Qué te ha pasado en el cuello? ¿Estás herido?
Él hizo una mueca.
—Peleas de jerarquía.
Su madre frunció el ceño.
—Odio que estas cosas pasen.
—Pero nuestro hijo es fuerte y seguro que les dio su
merecido —aseguró Fugaku con una nota de orgullo en la voz.
Sasuke se separó de él y suspiró.
—Lo cierto es que la última vez fue una emboscada. —Sus
padres abrieron los ojos como platos, horrorizados—. No pasó nada, no estoy
grave. Tenía a mis ejecutores cerca y me ayudaron —dijo señalando a Fye y a
Lucy.
El rubio fue el primero en presentarse con una
inclinación de cabeza.
—Es un honor recibirles en nuestro clan. Soy Fye Flourite
y ella es Lucy Elfen.
Lucy parecía haberse relajado al ver que los Uchiha no
criticaban a su Alfa e inclinó la cabeza en señal de respeto. Para entonces,
los ejecutores de los Uchiha también estaban bajando de los vehículos y se
aproximaban a sus líderes.
Sasuke esbozó una media sonrisa al ver a Kurogane. Tenía
la misma edad que su padre y habían sido amigos desde la infancia. Era el ejecutor
principal y el encargado de entrenarlos a Itachi y a él.
Sus ojos rojizos se detuvieron en su cuello con la nariz
arrugada.
—¿Cuántos eran, mocoso? —le preguntó.
Como siempre, era un encanto.
Iba a responder cuando escuchó un jadeo a su izquierda.
Se giró y vio que Fye miraba fijamente a Kurogane. Este le devolvió la mirada
y, entonces, sus ojos se agrandaron. Sasuke podía jurar que jamás, nunca, ni
siquiera en una situación de vida o muerte, había visto al más letal de los
ejecutores de su padre asombrado.
El hombre caminó a paso firme hasta llegar a Fye, que era
solo unos centímetros más bajo, aunque, en comparación con Kurogane, que era
anchos de hombros y poseía un torso fuerte, parecía más pequeño. Nadie se movió
mientras el Alfa de pelo negro se inclinaba sobre él para olfatearle el
cabello. Fye, en cambio, agachó la cabeza con un sonrojo en las mejillas.
Cuando Kurogane terminó de olfatearlo, lo miró con un
brillo en los ojos que Sasuke no supo definir y, de repente, huyó al bosque a
toda velocidad. Entonces, Fugaku se echó a reír.
—¡Esto es más de lo que esperaba!
Mikoto, por otro lado, se acercó a un confuso Fye y le
tomó las manos con dulzura.
—Es un placer conocerte, Fye. Hacía tiempo que Kurogane
había perdido la esperanza, pero solo estabas un poco más lejos.
Al comprenderlo, Sasuke frunció el ceño.
—¿Por qué ha salido corriendo? —preguntó antes de poder
morderse la lengua. Fye apartó la mirada, aunque no antes de que él viera el
dolor en sus ojos. Mierda.
Sin embargo, Mikoto le frotó las manos con cariño.
—Querido, te aseguro que no te está rechazando. Es solo
que… tiene… un modo muy particular de mostrar afecto —dijo intentando contener
la risa. Fugaku, por otro lado, soltó una carcajada aún más fuerte.
Sasuke no tenía ni
idea de por qué era tan gracioso, pero le encantaría ver el desenlace de eso.
Sí, Kurogane tenía una forma muy concreta de mostrar sus emociones, en general,
nula. Había que conocerle muy bien para identificar por su mirada y su manera
de hablar quién le gustaba y quién no. El primer grupo era muy reducido.
Le tocó el brazo a Fye y le sonrió.
—No te preocupes, volverá —dicho esto, frunció el ceño—.
De hecho, me preocupa más que hable contigo. ¿Ese Alfa sabe siquiera cómo
cortejar a su compañero?
Fugaku estalló de risa otra vez. Sus carcajadas eran tan
fuertes que acabó agarrándose el estómago. Sasuke lo miró con el ceño fruncido.
—No entiendo dónde ves la gracia. Sabiendo cómo es,
tardará un siglo en conseguir que Fye le permita marcarlo.
El hombre se limpió las lágrimas y trató de recuperar la
compostura con poco éxito.
—Disculpadme —dijo, mirando a Fye, que cada vez estaba
más confundido—. Siempre le he dicho que algún día te encontraría, pero perdió
la esperanza hace siglos. Desde entonces me preguntaba cómo reaccionaría.
Fye frunció el ceño, pero, después, sacudió la cabeza y
carraspeó.
—Como sea, estamos aquí por su llegada —dijo el ejecutor,
tratando de recuperarse de la impresión. Lucy lo miró con mala cara, pero él
movió la cabeza a un lado y a otro y señaló a Sasuke. Ella arrugó la nariz,
aunque no dijo nada—. Permítannos acompañarlos al hostal.
El rubio dio media vuelta y avanzó con paso firme hacia
el pueblo, como si también estuviera huyendo. Lucy hizo una mueca y miró a los
padres de Sasuke.
—Os pido disculpas en su nombre, ni siquiera ha dejado
que presentéis a vuestros ejecutores. No suele ser así.
Mikoto le quitó importancia con un gesto de la mano.
—Ha sido bastante impactante. No te preocupes, habrá
tiempo para eso luego.
Sasuke se giró para saludarlos. Kamui le dedicó una
respetuosa inclinación de cabeza y su compañero Omega Subaru lo abrazó sin
tapujos. Sasuke lo había admirado siempre por ser un ejecutor pese a ser Omega,
eran muy pocos los que se atrevían a ejercer ese cargo debido a que podían ser
víctimas de secuestro como lo fue él. Sin embargo, Kamui supo desde que nació
que era su compañero, así que, en cuanto lo marcó, permitió que entrenara con
él para trabajar codo con codo.
Fuuma lo saludó alegremente y Seishiro tan solo le dedicó
una sonrisa amable seguida de una inclinación de cabeza.
Sin embargo, cuando apareció el último ejecutor, el resto
se quedó un tanto tenso, hasta Seishiro borró todo rastro amigable en su rostro
y Subaru se removió inquieto contra su compañero, que arrugó la nariz. A Sasuke
le costó poco averiguar por qué.
—¿No vas a saludarme? —le preguntó con cara de pocos
amigos.
Él solo le gruñó enseñando los colmillos y dio media
vuelta, siguiendo a sus ejecutores y a sus padres, que ya se habían alejado
unos metros. Aun así, escuchó que Fuuma decía alegremente:
—Te dije que estaría enfadado.
Escuchó sus pasos a sus espaldas y volvió a gruñir, más
fuerte.
—¿No captas la indirecta o tengo que morderte?
—No me importaría que lo hicieras.
Sasuke dio media vuelta y rugió con fuerza, sacando las
garras.
—No me provoques o pelearemos, Bankotsu.
Su antiguo amante alzó las manos en señal de rendición.
Tenía el ceño fruncido.
—Una mala broma. Lo siento.
—Tengo compañero —le recordó Sasuke, todavía gruñendo.
Subaru y los demás se habían apresurado a seguirlos, aunque les habían dado
cierto espacio. Pese a que sabía que podían oírlos, agradeció que les dieran
cierta intimidad.
Bankotsu entrecerró los ojos.
—No lo veo por aquí. ¿Dónde está?
—Atendiendo asuntos de la manada —respondió con
brusquedad.
El Alfa cruzó los brazos.
—¿No se supone que tendría que estar contigo?
—Vosotros no tendríais que haber llegado ahora.
La otra pantera bufó, pero dejó caer los brazos y trató
de relajar su postura. Sus ojos vagaron durante un instante por su cuello.
—Estás herido.
Sasuke notó que enrojecía de rabia.
—¿Y qué?
Bankotsu le devolvió la mirada con la misma ira.
—Ya lo sabes.
—No me habría dejado si no supiera que estaría bien. Lo
estoy. —Antes de que dijera algo más, le gruñó otra vez—. ¿Por qué demonios
estamos teniendo esta conversación? Es mi compañero, le quiero y soy feliz con
él. No tengo por qué darte explicaciones —dicho esto, dio media vuelta,
dispuesto a irse. Sin embargo, lo cogió del brazo.
Sasuke no lo pensó dos veces. Se giró con rapidez y le
dio un zarpazo. Pese a que salpicó la sangre, fue un corte superficial, una
advertencia. Bankotsu lo entendió y retrocedió de un salto, cubriéndose la
herida. Aun así, sus ojos seguían llenos de determinación.
—¡No lo hagas, Bankotsu! —le gritó Subaru.
—Deja de actuar como un idiota —dijo la gélida voz de
Kamui.
Sin embargo, el Alfa parecía decidido a hacerse escuchar
porque dio un paso enfrente. Pero, de repente, una sombra rojiza pasó a toda
velocidad por el lado de Sasuke y se abalanzó sobre el Alfa. Antes de que nadie
se diera cuenta, Lucy ya lo tenía aplastado contra el suelo. Su mano apretaba
su cuello con fuerza.
—¿Está bien, Omega? —le preguntó a Sasuke.
Bankotsu sacó las garras e hizo amago de arañar a Lucy,
pero ella apartó el brazo a tiempo y, con el otro, le dio un certero puñetazo
que lo dejó aturdido para, inmediatamente después, apresar su cuello otra vez.
Sasuke hizo una mueca. Bankotsu, junto a Subaru, era el
ejecutor más joven del grupo. No tenía la más mínima posibilidad contra Lucy.
—Suéltalo, Lucy. Se comportará de ahora en adelante, ¿no
es así?
—Lo hará —dijo una voz profunda acompañada de un gruñido
grave.
Fugaku Uchiha apareció frente a ellos con los brazos
cruzados. Mikoto, aunque menos imponente, se detuvo a su lado con los ojos
entrecerrados. Tenía una mirada peligrosa.
Lucy obedeció la orden de Sasuke y regresó junto a él.
Fye lo flanqueó por el otro lado, mirando con mala cara al ejecutor. Bankotsu
se incorporó, pero mantuvo la cabeza gacha.
—Pido disculpas, Alfa.
Fugaku gruñó y señaló a Sasuke.
—Pídeselas a mi hijo. Sé lo que hubo entre vosotros, pero
ahora él tiene un compañero y tú vas a respetarlo.
Bankotsu miró al Omega, que le enseñó los colmillos. Los
dos se fulminaron con los ojos.
—Estoy esperando —gruñó con más fuerza Fugaku.
—Lo siento —masculló Bankotsu con cara de pocos amigos.
Sasuke le respondió con un resoplido y dio media vuelta,
seguido por Fye y Lucy.
Mikoto se apresuró en intentar aligerar el ambiente al
abalanzarse sobre Sasuke y pedirle que le hablara de su compañero. Él pudo
sentir la mirada asesina de Bankotsu en su espalda, pero decidió ignorarlo. No
entendía cuál era su problema cuando era él quien debía estar furioso (y lo
estaba) después de que Shisui le contara los rumores que había hecho correr
sobre ellos.
Que si no encontraba a su compañero iría a rogarle que se
estableciera con él.
¡Chorradas!
Como amante, había sido el que mejor había respetado sus
reglas y limitaciones, pero, como compañero…
Mejor se centraba en responderle a su madre. Hablar de
Naruto lo distraería.
Solo esperaba que regresara pronto.
Las plegarias de Sasuke no fueron respondidas hasta horas
más tarde. Para entonces, Sasuke había ayudado a sus padres y a sus ejecutores
(salvo Kurogane, que estaba en paradero desconocido) a instalarse en el hostal
de la manada y, después, les había enseñado su casa y les había preparado un
tentempié.
Fye y Lucy no se alejaron de él en ningún momento, de
hecho, la pelirroja estuvo vigilante en todo momento y no dejó de lanzarle
malas miradas a Bankotsu, mientras que el rubio, aunque amable, estuvo más
callado de lo normal y, en alguna ocasión, sus ojos azules volaron hacia el
mismo ejecutor.
Por suerte, sus padres, Subaru y Fuuma se encargaron de
que estuviera demasiado ocupado como para prestar atención al único Alfa al que
no quería allí. Le contaron que Itachi había dado a luz sin problemas una
camada de dos cachorros, ambos Omegas, una gran noticia ya que sus otros tres
hijos eran todos Alfas. Le mostraron fotos y un vídeo donde Itachi le decía que
él sería el próximo en hacerle una visita junto a todos sus sobrinos y que no
iba a librarse de presentarle a su compañero.
Eso le levantó el ánimo hasta que escuchó el sonido de
una puerta cerrarse. Sin pensarlo dos veces, saltó de la silla y fue corriendo
a buscar a su compañero. Naruto le dedicó una enorme sonrisa y abrió los
brazos, estrechándolo contra su pecho cuando lo abrazó con fuerza. Ronroneó y
frotó su mejilla contra su torso, encantado de que su compañero le acariciara
la espalda y lo besara en la cabeza.
—Ya estoy en casa —susurró contra su pelo.
—Bienvenido —dijo sin separarse de él.
—He oído que nuestros invitados han llegado antes de
tiempo.
Sasuke se apartó lo justo para mirarlo a los ojos.
—Sí, pero ya están instalados y les he invitado a comer
algo —dicho esto, esbozó una media sonrisa—. Me gustaría que mis padres se
quedaran a cenar para que prueben alguna de tus especialidades.
Los ojos de Naruto brillaron.
—Mis hamburguesas de alce causan sensación en todo
paladar. —Al ver que Sasuke solo esbozaba una diminuta sonrisa, Naruto frunció
el ceño y bajó la voz hasta que fue casi inaudible—. ¿Qué pasa?
—Hay un problema —respondió en el mismo tono de voz.
Naruto frunció el ceño.
—¿Cuál?
Antes de que Sasuke pudiera hablar, Mikoto apareció de
repente seguida de su compañero.
—¡Naruto, querido! ¡Hacía siglos que no te veía!
El rubio alzó la cabeza y le sonrió de inmediato. Aun
así, abrazó a Sasuke por los hombros y lo mantuvo cerca de él.
—Hola, Mikoto. Lamento la tardanza, no esperaba que
vinierais hoy.
—Culpa mía —respondió la mujer, tomando su mano para
estrecharla con dulzura—. He sido un poco impaciente, pero Fugaku ya me ha
regañado bastante.
—¡Es tan alto como Kurogane! —exclamó Subaru al verlo. Se
había asomado para echarle un vistazo junto a Fuuma y Bankotsu.
Sasuke se tensó al ver la nariz arrugada de este último y
la mirada que le echaba a su compañero. Tensó los músculos y los ensanchó de
forma inconsciente, tratando de parecer más grande. Naruto lo notó y reaccionó
de la misma manera, buscando el peligro. No le costó mucho encontrarlo.
—¿Qué está pasando? —preguntó con una voz profunda.
Sasuke no fue el único que lo vio venir. Fuuma lanzó su
mano contra su cuello, pero Bankotsu parecía ser consciente de que todos
estaban esperando sus movimientos y se echó al suelo, rodando hacia un lado.
Entonces, se transformó mientras se erguía y lanzó a Subaru contra Kamui para
que no pudiera detenerlo. Seishiro trató de alcanzarlo, pero era el que estaba
más lejos.
Sasuke no lo pensó dos veces, se puso en medio para
impedir que llegara hasta su compañero. Sin embargo, algo lo empujó contra
Lucy, que lo agarró al vuelo. Al darse la vuelta, vio cómo Naruto esperaba al
último momento para agacharse y cogerlo del cuello. Incluso en forma humana,
tenía tal fuerza que pudo estrellarlo contra el suelo. La sangre salió
disparada de la boca de Bankotsu.
Naruto retrocedió y gruñó:
—No te levantes o lucharemos a muerte.
Bankotsu se estremeció mientras trataba de incorporarse
sobre sus patas. Temblaba tanto a causa del golpe que le fallaron y acabó
tiritando en el suelo.
El rubio se giró hacia el resto, que se había quedado
mudo. Sasuke ya lo había visto sometiendo a Alfas en su forma humana, pero sus
padres y sus ejecutores probablemente no habían visto nada igual.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó con cierta brusquedad.
Fugaku y Mikoto se miraron, sin saber muy bien qué
responder.
—Fue uno de mis amantes —respondió Sasuke con mala cara.
Una emoción oscureció los ojos de Naruto, pero no dijo nada—. Parece que no le
gustas.
El rubio le gruñó a su víctima.
—El sentimiento es mutuo. ¿Quieres luchar por él?
—No va a hacerlo —gruñó Sasuke. Todos lo miraron cuando
él soltó un suspiro cansado—. Lucy, llévalo con Sakura y que trate sus heridas.
Después, encerradlo —dicho esto, caminó hasta Bankotsu y lo asesinó con sus
negros ojos—. No sé qué coño te pasa, pero no vuelvas a atacar a mi compañero.
La próxima vez él no podrá impedir que te haga pedazos, ¿me oyes?
Bankotsu gimió, mirándolo con lo que parecía ser dolor en
los ojos. Sasuke no se ablandó. En realidad, le estaba costando mantener sus
manos humanas. Quería desgarrarle el cuello por haber intentado matar a Naruto
a traición.
Fye y Lucy fueron los que se encargaron de llevarse al
Alfa. La pelirroja lo agarró del pescuezo con una sola mano y sin el menor
cuidado y se lo llevó de camino a la entrada. Fye la ayudó cogiéndolo por el
lomo, pero, al alzar la mirada hacia la puerta, lo soltó, deteniéndose.
Un desnudo Kurogane estaba en el umbral con cara de estar
a punto de cometer una masacre.
—¿Qué ha hecho este idiota? —preguntó. Su voz era
profunda y envió escalofríos por la espalda de Sasuke. Aún recordaba sus
entrenamientos.
Fugaku respondió mientras Fye agachaba la cabeza como si
quisiera hacerse invisible.
—Ha atacado al compañero de Sasuke.
—¿Ah, sí? —Kurogane avanzó hasta Lucy y se agachó para
mirar el rostro animal de Bankotsu. Él no se atrevió a mirarlo hasta que, de
repente, el otro Alfa lo cogió sin miramientos por los bigotes y tiró de ellos
hacia arriba, exponiendo su garganta—. ¿Y por qué aún respira? ¿Quieres que nos
ocupemos nosotros mismos, mocoso?
Naruto parpadeó al escuchar el apodo y miró a su
compañero. Sasuke tenía las mejillas rojas de rabia.
—¡Ya no soy un niño! —se quejó, haciendo que el rubio se
tapara la boca para ocultar una sonrisa. Por suerte, Sasuke estaba enfrascado
en su discusión con Kurogane—. Voy a darle la oportunidad de dejar de ser un
gilipollas porque mi compañero no está herido y porque fuimos de la misma
manada. Si después mi padre o tú consideráis que debe morir, es decisión
vuestra —dicho esto, miró a Naruto con el ceño fruncido—. ¿Te parece bien?
Naruto esbozó una media sonrisa y levantó las manos.
—No quiero empezar mal mi relación con los Uchiha. Su
ejecutor, su decisión.
Kurogane le echó un vistazo a Fugaku, que asintió. Soltó
un suspiro exasperado y dejó ir a Bankotsu con Lucy. Cuando Fye pasaba por su
lado con la cabeza gacha, como si tratara de ser invisible, lo detuvo poniendo
una mano en su hombro.
—Espera —ordenó.
El otro Alfa pegó un salto y lo miró. Cuando se encontró
con sus ojos rojizos, sus mejillas enrojecieron y apartó la vista.
—Pero…
—Yo me ocupo, Fye —dijo Lucy, arrastrando a Bankotsu tras
ella sin ninguna dificultad. Sasuke trató de ocultar una sonrisa mientras que
Naruto frunció el ceño al ver la reacción tan inusual de su ejecutor.
Kurogane miró a Fugaku y le gruñó:
—Te dije que no debíamos traerlo.
El Alfa arrugó la nariz.
—Ya me he dado cuenta.
—Nunca me escuchas.
—Sasuke encontró a su compañero. No pensaba que fuera a
reaccionar así.
La pantera lanzó un gruñido disgustado, pero desvió la
atención de su Alfa para centrarse en Fye. Había una mirada decidida en sus
ojos.
—Ven conmigo —y dicho esto, dio media vuelta y atravesó
la puerta.
El pobre rubio miró a Sasuke como si buscara ayuda. Él
respondió moviendo los brazos hacia la puerta.
—Si no vas, será peor.
Naruto frunció el ceño.
—¿Qué pasa?
—Ahora lo verás —dijo Fugaku, que ya estaba tratando de
sofocar sus risas.
Fye inspiró hondo y salió al exterior. Sasuke fue tras él
junto a Naruto, sus padres y los ejecutores. Su compañero se hizo a un lado en
el porche para que Fugaku y Mikoto pudieran ver lo que ocurría.
Bajando las escaleras, Kurogane había adoptado forma
animal de nuevo y estaba situado detrás de un enorme oso grizzly y un caribú
recién cazados. Sasuke parpadeó y se quedó con la boca abierta mientras que
Naruto levantaba una ceja.
Fye se quedó muy quieto cuando la pantera agarró el
pescuezo del caribú y se lo ofreció.
Mikoto se llevó una mano al pecho, emocionada, mientras
que Fugaku asentía con aprobación. En los tiempos antiguos y hasta la Edad
Media, había sido tradición que el Alfa cortejara a su compañero mediante la
caza. Eran aceptables tanto las presas que se comían como aquellas cuya piel se
usara para la ropa. El Alfa mostraba cuánto apreciaba a su pareja en función
del tipo de animal que cazaba: cuanto más jugosa fuera la carne o mejor el
pelaje, más valoraba a su compañero, sobre todo si, además, eran difíciles de
cazar.
Kurogane no solo había traído una presa, sino dos. Una
para alimentar a su compañero y otra para abrigarlo. El caribú estaba en plena
migración y era difícil de encontrar, mientras que el oso grizzly era el animal
más peligroso de Alaska.
Para él, Fye tenía un valor incalculable.
Al ver que el rubio se quedaba quieto mientras la pantera
seguía con la cabeza inclinada, mirándolo de reojo para saber si aceptaba sus
obsequios o no, Naruto se acercó un paso y le dio un empujón. Fye lo miró con
los ojos muy abiertos, con cierta duda en ellos. Sin embargo, cuando su Alfa
asintió con una sonrisa, relajó los hombros e inspiró hondo antes de
transformarse.
Los Uchiha abrieron los ojos como platos al ver su forma
albina.
—¡Es blanco! —exclamó Subaru, maravillado. Kamui, a su
lado, rodeó sus hombros con un brazo y susurró que guardara silencio.
Fye descendió por las escaleras despacio y se detuvo
frente al caribú. Kurogane lo observó de reojo. El jaguar blanco miró a ambas
presas y, después, a su compañero. Tras ronronear con suavidad, saltó por
encima de los animales, aterrizando junto a Kurogane, y empezó a frotar su
cabeza contra su cuello. La pantera se puso en pie y correspondió su gesto,
lamiéndole las orejas.
Mikoto soltó un grito de alegría que fue coreado por
Subaru y el estruendoso rugido eufórico de Fuuma. Sasuke sonrió mientras
buscaba el abrazo de su compañero, que lo estrechó contra sí y lo besó en el
pelo.
—Me alegro de que Fye haya encontrado a su pareja.
Sasuke se apoyó en su pecho.
—Y yo de que Kurogane no haya hecho ninguna tontería —dicho
esto, miró con atención a Fye y ladeó la cabeza—. Es la primera vez que veo un
jaguar blanco. No son muy comunes.
—Fye es tan raro como yo —confesó Naruto.
El Omega frunció el ceño y lo miró. Mientras tanto,
Fugaku había bajado de un salto y estaba abrazando a Kurogane mientras lo
felicitaba entre fuertes carcajadas, burlándose un poco por haberlo cortejado a
la antigua en vez de intentar aprender cómo se hacía ahora.
—¿Fye también es un Alfa puro? —preguntó—. No parece tan
fuerte como tú.
Naruto soltó una risilla y sacudió la cabeza.
—No. Es un Delta.
Sasuke se quedó con la boca abierta. Si en un clan de
cambiantes nacía un Omega por cada veinte Alfas, los Deltas aparecían una vez
entre cien. Era difícil diferenciarlos de los Alfas, solían ser tan altos y
fuertes como ellos, y, además, olían del mismo modo. Sin embargo, su anatomía
interna era idéntica a la de los Omegas, en otras palabras, podían quedarse
embarazados y, de hecho, eran tan fértiles como ellos. Además, solo su
compañero destinado podía olerlo como un Omega, lo que los protegía de Alfas
como Orochimaru, y, por si fuera poco, ellos no estaban obligados a ser
marcados durante su primer celo para poder tener hijos, podían esperar el
tiempo que fuera necesario.
Esas ventajas habían hecho que Sasuke los envidiara un
poco.
—¿Crees que por eso tiene ese pelaje?
Naruto movió la cabeza a un lado y a otro.
—No, mi abuelo paterno era blanco también y era un Alfa.
Eso es solo una feliz coincidencia —dicho esto, hinchó el pecho con orgullo—. Esto
es motivo de celebración. Mañana haremos una gran fiesta para celebrar la
llegada de tus padres y también que mi ejecutor principal haya encontrado a su
pareja. Todo el mundo quiere a Fye, seguro que se entusiasman.
Sasuke miró a Kurogane, que había adoptado forma humana y
trataba de alejar a su padre con cara de pocos amigos. Sin embargo, sus brazos
no abandonaron a un alegre Fye de mejillas sonrojadas.
Sonrió y abrazó a Naruto por la cintura. Él también tuvo
sus dudas respecto a encontrar a su compañero destinado, así que podía entender
la felicidad que estaban experimentando ambos. Estarían bien ahora que por fin
estaban juntos.
Fuera de su celda, se escuchaba música, risas y gente
cantando.
Él no debería estar encerrado en ese lugar oscuro, con la
cabeza vendada y maldiciendo a ese jodido jaguar americano. Tendría que estar
en la cama con Sasuke, marcándolo como suyo. Él no tendría que haber aparecido.
No tendría que haber permitido que el Omega fuera en busca de su compañero.
La puerta de metal se abrió de repente. Gruñó cuando la
luz artificial del exterior lo cegó un momento, pero no tardó mucho en
reconocer a la figura que se quedó apoyada en el marco.
—Sasuke.
—¿Ya te sientes menos gilipollas?
Bankotsu apretó los labios.
—No es necesario insultarme.
—Lo siento si todavía sigo un poco sensible porque
atacaras a mi compañero. —Él gruñó y apartó la vista. Sasuke frunció el ceño—.
En serio, ¿qué coño pasa contigo? ¿A qué vino eso?
—No deberías haberte apareado con él —gruñó Bankotsu,
mirándolo con un atisbo de rabia y dolor en sus ojos—. Tendrías que haberte
quedado conmigo en el clan.
El ceño del Omega se acentuó.
—¿Desde cuándo eres un celoso?
—Creía que no encontrarías a tu compañero. Entonces,
podría aparearme contigo.
—Bankotsu, aunque no hubiera encontrado a Naruto, no te
habría escogido a ti. —Él resopló y Sasuke lo fulminó con la mirada—. ¿No me
crees? ¿Por eso estuviste diciéndole a todo el mundo que iría a rogarte que
fueras mi pareja?
Bankotsu tuvo la decencia de sonrojarse.
—No lo dije así.
—Sería lo bastante parecido como para que mi hermano
quisiera arrancarte las pelotas —gruñó Sasuke, irguiéndose y curvando los dedos
en forma de garra—. Y lo he dicho en serio. Tú no habrías estado entre los
cinco a los que podría haber escogido para ser mi compañero.
—Siempre estabas conmigo —masculló Bankotsu, lanzándole
una mirada iracunda—. Al menos admite que habrías sido mío.
—No —dijo el Omega con voz firme—. Fuiste un buen amante
para mí, no me agobiabas y respetabas mi espacio, no intentabas compartir mi
intimidad ni me tratabas como si fuera un delicado Omega. Apreciaba eso y por
eso eras al que más veía. Pero no era lo que buscaba en un compañero.
Bankotsu frunció el ceño.
—¿Desde cuándo necesitas que alguien cuide de ti?
—Todos lo necesitamos a veces —respondió Sasuke,
inspirando hondo—. Yo lo necesité cuando esos Alfas me secuestraron. Naruto no
me trató como si fuera a romperme, solo se encargó de mis heridas y me dio
cariño y consuelo. Si ayer me dejó solo y al cargo del clan es porque sabía que
estaba bien y confía en mí. Sabe que yo le habría pedido que se quedara si
realmente lo necesitaba.
El Alfa arrugó la nariz.
—No sabía que tenías un lado blando.
Sasuke le enseñó los colmillos.
—Y yo no sabía que tuvieras tanto interés en ser mi
compañero. ¿Tanto te importaba tu posición en el clan? Si me conocieras un poco
sabrías que no por eso habrías sido el ejecutor principal.
Bankotsu apartó la vista con brusquedad.
—Nunca se trató de la posición, Sasuke.
Este relajó un poco su postura, aunque parecía
confundido.
—Si estás diciendo que estabas enamorado de mí, tienes
una forma muy extraña de demostrarlo. Jamás se me habría pasado por la cabeza.
El rostro del Alfa se crispó.
—Si te hubieras quedado, te lo habría mostrado —dicho
esto, apretó la mandíbula—. Pero has encontrado a tu destinado. ¿Ha merecido la
pena?
Sasuke respondió sin dudar:
—Sería capaz de esperar mil años si al final hubiera
podido quedarme con Naruto. —Bankotsu cerró los ojos y se giró, dándole la
espalda—. Cuando encuentres a tu destinado, lo entenderás.
—Vete —soltó el Alfa con brusquedad.
—Está bien. Pero te advierto que, si sales de aquí antes
de tiempo y atacas de nuevo a Naruto, te mataré sin dudarlo.
—Ya me ha quedado claro que es a ese jaguar al que
quieres en tu cama, ¡largo! —bramó.
Sasuke arrugó la nariz, pero había percibido cierto dolor
en su tono furioso, así que decidió marcharse. Estaban celebrando el compromiso
de Kurogane y Fye y no iba a permitir que Bankotsu lo arruinara. Lamentaba no
haberse dado cuenta de que tenía sentimientos hacia él, pero no era culpa suya
que se hubiera hecho falsas ilusiones.
Siempre tuvo claro que quería a su destinado. No se
habría conformado con menos salvo que no hubiera tenido otro remedio. Por
suerte, Naruto lo encontró y ahora estaban unidos para siempre. Y nada, salvo
la muerte, podría romper ese vínculo.
Regresó de nuevo a la fiesta, relajando poco a poco su
postura. La plaza frente al hostal y la cabaña de reuniones estaba decorada con
farolillos que su gente había estado colgando esa mañana y el olor a barbacoa,
trucha y salmón impregnaba el aire. Todo el mundo estaba contento por Fye y
habían dado el cien por cien para que su fiesta fuera un éxito.
Mientras buscaba a su compañero y sus padres, lo vio
riendo en brazos de Kurogane. Su antiguo mentor tenía una sonrisa feliz en el
rostro y sus ojos brillaban de ternura cuando miraba a su pareja.
Ambos habían esperado casi mil años para encontrarse, y,
viéndolos, estaba seguro de que ahora sabían que había merecido la pena.
—¡Te pillé! —dijo la juguetona voz de su compañero
mientras lo abrazaba por la cintura.
Sasuke sonrió y giró la cabeza para encontrarse con los
ojos azules de Naruto. Había un brillo feliz en ellos.
—Estaba distraído —se defendió esbozando una sonrisa
torcida.
—Has bajado la guardia, así que esto cuenta.
El Omega puso los ojos en blanco, pero accedió. Como si
fuera un cachorro, el rubio rio alegre y lo estrechó entre sus brazos. Sasuke
no pudo evitar sonreír. Era tan fácil hacerle feliz.
—¿Ha ido todo bien? —le preguntó entonces con un tono
casual. Intentaba no darle importancia, por si acaso él quería dejar correr el
tema.
Él se encogió de hombros.
—Al parecer, tenía sentimientos por mí. Nunca me di
cuenta.
Naruto frunció el ceño.
—¿Estás bien?
—Sí, no me siento culpable —dijo Sasuke con una mueca—.
Siempre dejé muy claros los límites y nunca me he negado a ir con mi padre a
buscar a mi compañero. Todo el mundo lo sabe. Debió imaginar que si encontraba
a mi destinado no lo rechazaría —dicho esto, suspiró—. Supongo que se siente
herido, pero se le pasará. Ya lo entenderá cuando encuentre a su pareja.
Su compañero frotó su mejilla contra la suya en una
muestra de cariño. Sasuke ronroneó y le devolvió el gesto.
—Encontrar a tu destinado es algo maravilloso.
Sasuke le sonrió.
—Lo es.
Naruto le devolvió el gesto y tiró de su mano,
arrastrándolo a la pista de baile.
—Ven a bailar. Tenemos un compromiso que celebrar.
—Sabes que se me da de pena. —Pese a sus palabras, dejó
que su rubio lo llevara.
—Y sabes que para eso estoy yo —dijo, guiñándole un ojo.
Era cierto, Naruto estaba ahí para él. Para cualquier
cosa que necesitara, para cubrir cualquiera de sus carencias, para cuidarlo y
protegerlo, para acompañarlo a lo largo de su vida y compartir su vida. Del
mismo modo, él siempre estaría a su lado para lo que fuera. Nada ni nadie
podría impedir eso.
Era un lazo que no se podía cortar. E incluso si la
muerte los separaba, no sería por mucho tiempo. Si había una verdad universal
que conocían los cambiantes, era que, una vez vinculados, los destinados
siempre permanecían juntos.
Y Sasuke y Naruto, por fortuna, no fueron la excepción.
Fin

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