Unión destinada
Sasuke se sentía
muy perezoso cuando notó que un rayo de sol impactó en su rostro. Abrió un ojo,
sintiéndose desorientado por un momento al no reconocer dónde estaba, pero, en
ese momento, un enorme brazo lo estrechó contra sí y sonrió al reconocer su
fuerte aroma a bosque, tierra y hombre.
Se dio la vuelta y
contempló el tranquilo rostro de su compañero, todavía dormido. ¿Cómo era
posible que siguiera sobando después de pasar gran parte de la tarde y toda la
noche en la cama? Tonto dormilón… Aunque era muy guapo cuando estaba así, con
las facciones tan relajadas y los mechones más largos cubriendo sus ojos y sus
mejillas.
Alzó una mano y le
apartó el cabello, encontrándose con unos grandes ojos azules que brillaron
felices al verlo.
—Buenos días,
dormilón —lo saludó.
—Mmm… —respondió
este, atrapándolo entre sus brazos y piernas.
Sasuke rio.
—¿Cómo puedes
tener sueño? ¿Qué clase de Alfa eres que te quedas remoloneando en la cama?
—Uno muy enamorado
de su Omega —dijo, dejando a Sasuke totalmente desarmado y rojo hasta las
orejas. Por eso no pudo hacer nada cuando Naruto lo besó en los labios, con
suavidad pero profundamente, introduciendo su lengua en su boca como si le
hiciera el amor. Gimió y rodeó su cuello con los brazos, arqueando la espalda,
entregándose a su Alfa.
Sin embargo, el
sonido de los golpes en la puerta los interrumpió. Naruto gruñó malhumorado y
se apartó de él.
—Vuelvo enseguida
—dijo, dándole un beso rápido antes de sonreírle y guiñarle un ojo—. No te
muevas y no te vistas —dicho esto, se puso unos pantalones a toda velocidad y
se fue de la habitación.
Sasuke negó con la
cabeza, pero no podía evitar sonreír, un tanto divertido por la actitud de su
compañero. Entonces, recordó que había dicho que estaba enamorado de él y
volvió a sonrosarse. No debería estar tan sorprendido, el vínculo entre
destinados era poderoso, así lo había decidido la Gran Madre, pero apenas se
conocían de un día y… Y, aun así, Naruto ya le quería.
Y él también lo
hacía.
Pese a saber que
eso ocurriría, que cuando encontrara a su compañero todo sería muy rápido entre
ellos, no pudo evitar estar sorprendido. No era precisamente la persona más
sociable del mundo y le costaba conectar con los demás a nivel emocional, en
ese sentido era más parecido a su lado animal, una pantera solitaria, que
necesitaba su propio espacio, pero, con Naruto, no se sentía… agobiado. Su
destinado parecía haber aceptado su carácter más orgulloso y fuerte que el de
un Omega normal, ya que no lo trataba como si se fuera a romper en cualquier
momento.
Además, no podía
negar que su personalidad también ayudaba a que se sintiera muy atraído por él;
era cálido y cariñoso, le había hecho sentirse muy acogido y bienvenido a
formar parte de su vida. También era divertido y detallista, ninguno de sus
amantes se habría puesto a chapotear en el agua o se habría preocupado por ser
un poco más romántico, simplemente habría asumido su papel de compañero dando
por supuesto que él lo aceptaría sin más. No es que eso fuera malo, es solo que
en Japón tenían esa forma de ser más seria y tradicional, y, hasta el momento,
lo había aceptado, creyendo que era eso lo que quería… Pero, al parecer,
conocer a Naruto le había dado una nueva perspectiva, una que le gustaba mucho.
Escuchó los pasos
apresurados de su destinado y su corazón se aceleró. Verlo solo con el pantalón
puesto, con su poderoso torso al descubierto, provocó que su vientre ardiera y
su entrada empezara a humedecerse.
Naruto se
arrodilló frente a la cama y le acarició el cabello.
—Tengo que irme un
momento con mis ejecutores, ¿de acuerdo?
—¿Va todo bien?
—preguntó, inquieto y haciendo amago de incorporarse, pero su compañero lo
instó a tumbarse de nuevo y le dedicó una sonrisa tranquilizadora.
—Sí. Es solo que
ayer estaba tan centrado en ti que no tuve tiempo de organizar a mis hombres
para que se hicieran cargo de todo mientras paso el celo contigo. No podré
separarme de ti en ese tiempo, así que tengo que darles algunas instrucciones y
dejar a alguien dirigiendo a la manada en mi ausencia.
Sasuke se relajó y
le acarició el pecho con cariño.
—¿Necesitas ayuda?
Su Alfa soltó una
risilla.
—Llevas solo un
día aquí y ya quieres asumir parte de mis responsabilidades. Eres tenaz, mi
Omega.
—¿Eso te molesta?
—preguntó, levantando una ceja.
Naruto le sonrió
con ternura.
—No, me
enorgullece. Serás un gran líder. —Sus palabras hicieron que a Sasuke se le
hinchara el pecho, contento porque, una vez más, su compañero le estaba
reconociendo como un igual y no simplemente como su consorte. Cerró los ojos
cuando su Alfa se inclinó para besarlo en la cabeza y aceptó las tiernas
caricias que le dio en la cara—. Pero aún estás débil y pronto entrarás en
celo, necesitas recuperar todas tus fuerzas para ese momento —dicho esto, le
guiñó un ojo—, sobre todo porque no creo que pueda quitarte las manos de
encima.
Sasuke le dedicó
una sensual sonrisa.
—Esperaba que
dijeras eso.
Su Alfa soltó una
risilla y le dio un beso rápido en los labios.
—Volveré en poco
tiempo, no me llevará mucho organizarlo todo. Mi casa es tu casa ahora, Sasuke,
entra donde quieras y siéntete libre de usar la cocina si tienes hambre. —Hizo
una pausa en la que dudó—. Estás bien para moverte, ¿verdad? ¿O necesitas que
yo te…?
El Omega lo detuvo
poniendo un dedo en sus labios antes de acariciarlos.
—No te preocupes,
me siento bien. De verdad. —Naruto le sonrió, al parecer contento por la
respuesta, y lo besó de nuevo, esta vez más profundamente y rodeando su cintura
con sus brazos, haciendo que Sasuke sonriera, divertido por la poca
predisposición de su destinado a apartarse de él—. Naruto, tus hombres te están
esperando, sé un Alfa como la Diosa manda y ve con ellos. Cuanto antes
termines, antes podrás volver conmigo.
Finalmente, su
compañero le dio un último beso y se marchó. Por otro lado, Sasuke se estiró
sobre la cama y decidió levantarse, puesto que el día anterior ya había dormido
demasiado. Todavía tenía los músculos doloridos por haber pasado tres días en
la misma postura incómoda, pero, al menos, los efectos de las drogas parecían
haber desaparecido, ya que se sentía más fuerte y ágil. Aun así, y aunque era
tentador, no adoptó su forma animal, era consciente de que el proceso podía ser
perjudicial en esos momentos para su recuperación y que, probablemente, sería
muy doloroso con su actual condición física, pero le consoló ver que era capaz
de sacar sus garras y colmillos.
Satisfecho consigo
mismo, se puso de pie y se dio cuenta de que no tenía ropa que ponerse;
Orochimaru destrozó la suya cuando lo desnudó y Shisui solo le trajo una manta
el día anterior, por lo que no había nada suyo. Sin tener muchas opciones, fue
al armario de Naruto, bastante seguro de que no le importaría que usara su ropa,
y se puso unos calzoncillos que le llegaban por encima de las rodillas y una
camiseta de manga corta que le venía algo ancha, ya que su Alfa era más grande
que él y tenía unos pectorales muy tonificados… Era indudablemente sexy.
Agarró el cuello
de la camiseta e inspiró profundamente, ronroneando al reconocer su aroma. No
podía evitarlo, los compañeros destinados que acababan de encontrarse eran muy
dependientes el uno del otro al principio, más todavía si aún no se habían
reclamado. La necesidad de sus animales interiores por estar juntos era muy
fuerte, de ahí que Naruto no hubiera querido alejarse de él antes a pesar de
que sería por poco tiempo y que Sasuke no pudiera evitar hundir la nariz en su
ropa para aspirar su esencia. Con el tiempo, cuando su vínculo fuera más fuerte
y llevaran más tiempo juntos, podrían permanecer separados más tiempo, como
Fugaku y Shisui en esos momentos, pero, por ahora, no era el caso de Sasuke, que
ya estaba ansioso porque su Alfa regresara para poder estar en sus brazos.
Se le hacía un
poco gracioso sentirse tan cursi, pero lo dejó estar al pensar en su padre y
decidió llamarlo para asegurarle que estaba bien, aunque estaba seguro de que
Shisui ya le habría informado de su estado. Puesto que también estaba
hambriento, bajó a la planta baja y cogió el teléfono del salón para marcar el
número del móvil de su padre mientras se dirigía a la cocina para ver qué podía
desayunar. Ver un montón de filetes de beicon le hizo la boca agua y no dudó en
coger un paquete y un par de huevos, necesitaba las proteínas que no había
podido consumir en ese tiempo.
—¿Diga? —contestó
la profunda voz de Fugaku.
—Hola, padre.
—¡Sasuke! ¿Cómo
estás? ¿Estás herido? Shisui me dijo que parecías estar bien, pero quiero que
me lo digas tú.
No pudo evitar
sonreír un poco. Su padre era un hombre bastante serio excepto en la intimidad
de su hogar, sobre todo si su madre andaba cerca o cuando él e Itachi no eran
más que unos cachorros. Nadie imaginaría al imponente Alfa persiguiendo a sus
crías con afán juguetón en su forma animal.
—Solo estoy un
poco dolorido, pero me encuentro muy bien —lo tranquilizó antes de morderse el labio
inferior. Suponía que Shisui le habría hablado de Naruto, pero, teniendo en
cuenta cómo se había metido con él, dudaba que lo hubiera halagado ante su
padre y temía un poco su opinión sobre él, aunque eso no cambiaría nada,
pensaba quedarse en Alaska con su compañero y consumar su unión—. Padre, ¿Shisui
te ha dicho lo de Naruto?
Fugaku pareció un
poco confundido por el cambio de tema, pero se recuperó con rapidez.
—Sí, por supuesto —dicho
esto, su tono se aligeró—. No sabes lo aliviado que me siento de que hayas
encontrado a tu compañero, hijo, sobre todo después de lo que ha pasado.
Vaya, no era la
reacción que esperaba, aunque se sintió reconfortado al saber que no le
guardaba rencor a Naruto por haberse negado a entregarlo a su familia.
—¿Shisui no te ha
contado la discusión que tuvimos ayer? —preguntó con cuidado.
—Oh, sí, claro que
lo ha hecho —respondió Fugaku como si nada, sorprendiéndolo.
—¿Y no estás
enfadado?
—… Hijo, si yo
hubiera sido tu compañero, le habría arrancado la cabeza por querer apartar a
tu madre de mí. —Hizo una pausa en la que soltó un suspiro—. Shisui es un buen
hombre y comprendo sus motivos para proponer que volvieras a Nueva York, pero
ha tenido la gran suerte de encontrar muy temprano a su destinado y por eso no
entiende a los que hemos tenido que buscar a nuestras parejas, como tú y yo.
Sasuke dejó
escapar el aire, aliviado.
—Gracias por
entenderlo.
—¿Tú estás bien
con él? ¿Te trata bien?
Sasuke se sonrojó.
—Es genial, padre.
Es distinto a la gente de nuestro clan, pero me gusta.
—Si te hace feliz,
a mí me basta, Sasuke. No negaré que me apena que tengas que estar tan lejos de
tu familia, pero nunca me interpondría en eso. Ya sabes lo que me pasó con tu
madre.
Sí, todo el clan
conocía la historia. En los tiempos de sus padres, las manadas de cambiantes de
Japón estipulaban que, si un Omega no había encontrado a su verdadero compañero
un año antes del celo, dicho año se utilizaba para encontrar un Alfa aceptable
para él. Ese fue el caso de su madre, pero ella se negó a aparearse con el Alfa
que habían escogido para ella y huyó de su clan pocos días antes de que
empezara su celo, pues no deseaba acoplarse a otra persona que no fuera su
destinado. Estuvo escondida en una cueva hasta que entró en calor, instante en
el que su olor se intensificó, atrayendo a Fugaku, que la reconoció al instante
como su compañera.
Ambos se aparearon
durante el primer acto sexual, a pesar de que no sabían ni sus nombres. No les
importaba, Fugaku era mucho más mayor que ella con más de quinientos años a sus
espaldas, llevaba mucho tiempo buscándola y, cuando dio con ella, no le importó
no conocerla, era suya y él le pertenecía también. En cuanto a Mikoto, el único
deseo que había tenido en su vida era encontrar a su pareja, la única que
podría hacerla feliz de verdad. De modo que pasaron el celo juntos en una
mísera cueva, sin cama, ni casa, ni comodidades, comían lo que Fugaku cazaba
cuando la Omega descansaba de los múltiples apareamientos y dormían en sus
formas animales. Y, aun así, cada vez que uno de los dos contaba esa historia,
lo hacían con una enorme sonrisa en el rostro, como si hubiera sido el momento
más hermoso de sus vidas, demostrando que lo único que habían necesitado era
tenerse el uno al otro y nada más.
Sin embargo, esta
unión no hizo muy feliz a la manada de su madre. En Japón era importante el
protocolo social, incluso en la actualidad, aunque ahora ya no era tan
estricto, y la familia de Mikoto se mostró indignada con su apareamiento con
Fugaku, ya que no lo conocían en profundidad, por no hablar del Alfa que quería
a la Omega como su compañera, que desafió a Fugaku para poder tenerla.
En esas
situaciones, el combate era a muerte, ya que era la única forma de deshacer un
acoplamiento y, como este era muy reciente, no mataría a Mikoto, aunque sí la
harían sufrir muchísimo. Sin embargo, Fugaku venció y se llevó a su compañera
con él, amenazando a la familia y a su manada con matarlos a todos si
intentaban separarlos de nuevo.
—Lo sé, padre,
gracias —dijo Sasuke, sonriendo—. Me gustaría que lo conocierais, creo que os
caería muy bien.
—Solo he
interactuado un poco con Naruto, pero parece un buen líder a pesar de su
juventud. Además, te ha salvado la vida, hijo, incluso antes de saber que eras
su pareja. Eso dice mucho de él, así que no tienes que preocuparte por mi
opinión.
Tras esas
palabras, Sasuke se relajó del todo.
—Eso es un alivio.
Me preocupaba lo que pudieras pensar tras hablar con Shisui, sé que no le sentó
bien que Naruto quisiera que me quedara con él.
—Su reacción fue
totalmente comprensible, los Alfas sentimos la necesidad de cuidar y proteger a
los Omegas, sobre todo si son nuestros compañeros, así que no me sorprendió que
actuara un tanto agresivo. No te preocupes, no le guardaré rencor por eso, menos
aún si tú decidiste quedarte con él, solo espero que te dé el mejor cuidado
posible, Sasuke. Después de todo, eres mi hijo y me preocupo por ti.
Él esbozó una
sonrisa, tocándose la camiseta.
—Pues no tienes
que preocuparte. Naruto cuida muy bien de mí, pero no me agobia, no es…
sobreprotector. Entiende que no soy un delicado Omega y sabe hasta dónde puede
llegar conmigo, eso lo aprecio.
—Bien, siempre me
preocupó que acabaras con algún Alfa imbécil que te tratara como a un gato
doméstico —gruñó, ofendido—. Serás un Omega, pero eres mi hijo y te he educado
para que protejas a nuestra manada, no para que simplemente te quedes en casa a
cuidar tu manicura.
Sasuke soltó una
carcajada por lo impensable que era eso. Puesto que pasaba mucho tiempo cazando
y corriendo en su forma animal, sus uñas se desgastaban por la tierra y apenas
necesitaban cuidados, el simple hecho de marcar su territorio con las garras y
aferrarse con ellas a los árboles y al suelo hacía que se mantuvieran fuertes y
cortas de forma adecuada y saludable, por lo que la manicura no era una
preocupación para él.
—Descuida, no creo
que Naruto espere eso de mí. Esta misma mañana me ha dicho que… —Se sonrojó al
recordar el orgullo en sus ojos, le gustaba que lo mirara de esa manera.
—¿Qué? —lo animó a
seguir su padre con un tono divertido, como si supiera que se había puesto
rojo.
—Me ha dicho que
seré un gran líder. Creo que no le importa que le ayude a dirigir su manada.
Fugaku dejó
escapar un suave gruñido.
—Por supuesto que
sí, hijo. Estoy muy orgulloso de ti y me alegro de que hayas encontrado a tu
compañero y un nuevo hogar a su lado. —Hizo una pausa en la que soltó un
suspiro satisfecho—. Creo que con esto ya he cumplido con mis deberes
paternales, ahora solo tengo que esperar a que me des un montón de nietos.
Aunque, con tu celo tan cerca, creo que no tendré que esperar mucho —dicho
esto, empezó a reír a pierna suelta, haciendo que Sasuke se pusiera rojo, pero,
esta vez, de vergüenza.
—¡Padre!
—¿Qué? Vas a ser
muy receptivo al embarazo una vez estés acoplado. Si este año no te quedas
embarazado, será el próximo.
El Omega decidió
que era un buen momento para cortar la conversación; no le hacía mucha gracia
tener esa clase de conversación con él, sobre todo porque, cuando entró en la
pubertad y los Alfas empezaron a comérselo con los ojos, a su padre no le hizo
ni pizca de gracia, ni tampoco enterarse de que empezó a tener amantes a una
edad relativamente temprana, con unos dieciséis años.
Por supuesto,
Fugaku era consciente de que era algo normal a su edad, pero, aun así, seguía
siendo su hijo y aquellos niñatos no eran su pareja destinada, no los veía lo
suficientemente dignos como para tocar a su cría. Sin embargo, con Naruto era
distinto porque la Gran Madre había dictaminado que él era el Alfa indicado
para Sasuke, confiaba en el vínculo que los unía para que este cuidara y
protegiera a su hijo con su vida tal y como él había hecho siempre con Mikoto.
Una vez se
despidieron, no sin que antes Fugaku le hiciera prometer que lo llamaría si
necesitaba cualquier cosa, Sasuke colgó el teléfono y se hizo el desayuno. Hizo
todo el beicon y huevos revueltos y se comió la mitad, dejando la otra para
Naruto. El muy tonto no había tomado nada y su instinto lo movía a cuidarlo,
quería que supiera que él también estaba implicado en la relación y que se
esforzaría por ser tan buen compañero como lo había sido él el día anterior.
Estaba fregando su
plato cuando escuchó un portazo. Frunció el ceño, ya que eso había sonado un
poco rabioso y no creía que fuera Naruto. Un olor extraño le dijo que no era él
segundos antes de que una mujer entrara a zancadas furiosas en la cocina. No
tuvo ninguna duda de que era una Alfa por su aroma y su altura, apenas unos
centímetros más alta que él, además de su figura atlética y curvilínea,
cubierta de piel bronceada que contrastaba con su intenso cabello rojo y sus
ojos azul oscuros, que lo fulminaban con la mirada.
Un gruñido
amenazador salió de sus labios, revelando sus colmillos.
—¿Eres tú?
Sasuke dejó de
inmediato el plato en la pila y la enfrentó, tensando los músculos y sacando
las garras y los colmillos, solo por si acaso.
—No sé de qué me
hablas —dijo lentamente, devolviéndole una mirada gélida. Si creía que podía
asustarlo por ser una Alfa, podía esperar sentada.
Ella lo miró de
arriba abajo con una mueca.
—¿Eres el
destinado de Naruto?
—Sí.
La mujer rugió de
rabia y golpeó una pared con tal fuerza que se escuchó un crujido. Eso hizo
gruñir a Sasuke.
—Eh, cuidado con
lo que haces, que es mi casa.
La Alfa lo asesinó
con los ojos y le enseñó los colmillos.
—Es la casa de
Naruto y tú no deberías estar en ella, ¡ni llevar su ropa!
Sasuke se cruzó de
brazos.
—Es mi compañero,
así que también es mi casa, y dudo que le importe si me pongo su ropa.
Ella gruñó más
fuerte, furiosa.
—Tú no tendrías
que haber aparecido. No entiendes lo importante que es para la manada que
Naruto se aparee con una Alfa.
Él comprendió
ahora lo que estaba pasando. Seguramente, esa mujer era una de esas Alfas de
las que le había advertido Fye, una que quería a Naruto como compañero para
poder dar a luz a un Alfa puro que dirigiera la manada, a pesar de que el
ejecutor estaba bastante convencido de que eso no podía ocurrir a menos que los
dos Alfas fueran destinados.
—Deberías irte y
volver con tu clan —rezongó la mujer, acercándose un poco a él, mirándolo con
desprecio—. No necesitamos a un extranjero para dirigirnos, menos todavía a un
delicado Omega. Renuncia a Naruto y encuentra a otro Alfa que esté a tu medida,
eres muy poca cosa para él.
Sasuke volvió a
colocar los brazos a ambos lados de su cuerpo, con las garras a punto para el
combate. Su comentario lo había enfurecido. Él era muchas cosas, pero delicado
no se acercaba ni por asomo a su persona, ¿y qué era eso de que no era digno de
Naruto? Puede que él hubiera pensado que la Gran Madre le había hecho un regalo
al escogerlo como su Alfa, pero ni por un momento se le había pasado por la
cabeza que era menos que él. Era un Omega fuerte y decidido, estaba dispuesto a
ayudar a Naruto con su manada, sabía que podía hacerlo en cuanto aprendiera
cómo funcionaban las cosas allí, y también a ser un buen compañero para él, era
tan capaz de cuidarlo y protegerlo como había hecho él al salvarlo de
Orochimaru.
Y, ahora, venía
esa gata celosa a echarlo.
¡Ja! Qué graciosa.
—Pues parece que
Naruto no piensa lo mismo que tú —la pinchó, esbozando una sonrisa que dejó al
descubierto sus colmillos—. Quiere quedarse conmigo, me dijo que llevaba mucho
tiempo esperándome y que estaba ansioso por reclamarme. Por eso nunca se ha acostado
contigo, ¿verdad? No quería que me sintiera mal por tener que ver a sus amantes
todos los días.
La mujer se tensó
y supo que había tocado una fibra sensible. Bien.
—He dado en el
clavo, ¿a que sí? —se burló—. Nunca te ha tocado como lo ha hecho conmigo, y
eso que no llevo ni un día aquí. Nunca te ha puesto la mano encima, mientras
que a mí me ha dejado recorrer su cuerpo de arriba abajo, me dijo que podía
hacer lo que quisiera con él y le hice rugir de placer —dicho esto, soltó un
gemido suave—. ¿Y sabes qué hizo luego? Me folló con sus dedos y su lengua
hasta que no pude tenerme en pie.
La Alfa se agazapó
con un rugido y saltó hacia él con las garras al descubierto, pasando por
encima de la mesa. Sin embargo, Sasuke la esperaba y se hizo a un lado,
poniéndose a cuatro patas para salir corriendo de la cocina, ya que era un
espacio reducido y no podría pelear libremente ahí. Nada más llegar al salón,
ya tenía a la pelirroja encima. Se agachó, esquivando el ataque, pero esta era
una Alfa entrenada para el combate y se puso en pie rápidamente, girándose para
arañar a su contrincante. El Omega se cubrió la cara con un brazo, bloqueándola
a la altura de la muñeca para que no le rasgara la piel y le dio una certera
patada alta que impactó en su barbilla, haciéndola caer de espaldas contra el
suelo.
La mujer se tocó
la zona herida con una mueca de dolor antes de fulminarlo con los ojos. Sasuke
se sentía adolorido por forzar sus músculos, aún debilitados por el cautiverio,
pero su orgullo le impedía dejarla ir sin más cuando había manifestado interés
en su Alfa, eso lo enfurecía. Así que abrió la boca, enseñando los colmillos, y
le lanzó un bufido que manifestaba una clara amenaza, provocándola a seguir
peleando.
La gata se le
lanzó encima, otro movimiento que el Omega vio venir, por lo que se hizo a un
lado, agarrándola de un brazo para golpearla con el codo en la espalda,
haciendo que rugiera de dolor. Sin embargo, se recuperó rápido y, ahora que
estaba apoyada sobre sus piernas, le hizo un placaje con todo su cuerpo que
lanzó a Sasuke contra la pared, dejándolo casi inmovilizado contra esta. Aun
así, no dudó en darle un rodillazo en el estómago, seguido por su mano, que la
agarró del pelo con fuerza para echar su cabeza hacia atrás, dándole así un
puñetazo que la tiró al suelo.
A esas alturas, la
mujer estaba tan furiosa que adoptó su forma animal, la de un jaguar dorado
moteado con reflejos rojizos, que se abalanzó sin pensárselo dos veces contra
el Omega. Este trató de transformarse… pero sus músculos se resintieron
brutalmente, haciendo que un intenso calambrazo de dolor lo recorriera,
postrándolo de rodillas en el suelo entre temblores y gemidos, a merced de la
Alfa.
Estaba a punto de
alcanzarlo cuando algo golpeó con fuerza su costado, lanzándola a un lado.
Sasuke miró sorprendido al gigantesco jaguar que había atrapado a su atacante
entre sus fuertes y enormes patas, mordiéndola sin vacilar en el cuello. Un
chorro de sangre manchó la madera al mismo tiempo que la Alfa pataleaba
aterrorizada, soltando pequeños chillidos de súplica y dolor.
—¡Alfa!
Sasuke vio cómo
entraba un asustado Fye seguido de tres ejecutores más. Entonces, se dio cuenta
de que el felino que lo había salvado era su compañero, no había podido
reconocer su aroma porque este estaba prácticamente ofuscado por el picante
olor de la rabia que flotaba en el aire.
Fye se acercó a
los dos jaguares con las manos alzadas.
—Naruto, sé que
estás furioso, y lo entiendo, lo comprendo perfectamente, pero eres nuestro
líder y tienes que pensar. No puedes matarla así como así, lo sabes.
El enorme animal
resopló con rabia y buscó con los ojos a Sasuke. Este supo que estaba
analizando su estado y que, dependiendo del daño que le hubiera hecho, la
mataría o no. Pese a que odiaba a esa puta gata, sabía que no era razón
suficiente para acabar con su vida y que eso también podría arruinar la imagen
que se había formado Naruto como líder, y no lo consentiría. No permitiría que
su compañero tuviera que volver a lidiar con desafíos por el control de su clan,
no después de todo lo que se había esforzado, de modo que ocultó su dolor tan
bien como pudo y asintió, haciéndole saber que estaba bien.
Naruto resopló una
vez más y soltó a la hembra con brusquedad antes de regresar a su forma humana.
Incluso como hombre, y a pesar de estar desnudo, el Alfa era imponente con sus
grandes músculos flexionados, el pelo revuelto de un modo salvaje y la boca llena
de sangre, respirando fuertemente, como si le costara mantener el control.
Resultaba un poco aterrador, no para Sasuke, era consciente de que su compañero
jamás le haría daño, pero podía comprender el temor en los ojos felinos de la
mujer que lo había atacado. No pudo evitar sentirse impresionado cuando la
agarró por el lomo y la arrastró lejos de él, sin duda alguna para mantenerlo
alejado del peligro, aunque lo sorprendente era que incluso en forma humana
pudiera manejar tan fácilmente a un cambiante transformado.
En cuanto
consideró que Sasuke estaba a salvo, Naruto soltó sin miramientos a la Alfa y
la asesinó con los ojos.
—Cambia de forma
—ordenó con voz áspera, haciendo que la jaguar se encogiera. Eso le hizo
enfurecer y se inclinó para clavar las zarpas en su lomo una vez más—.
¡TRANSFÓRMATE! —rugió.
Ella gimoteó,
aterrada.
Sasuke, viendo que
su Alfa estaba al borde de su autocontrol, trató de arrastrarse hacia él. No
tendría que haber intentado cambiar, su cuerpo aún no estaba preparado y había
pagado las consecuencias con los calambres que seguían recorriéndolo, por lo que
apenas podía moverse, tan solo lograba empujar torpemente sus rodillas y arañar
el suelo para impulsar el resto de su cuerpo.
Naruto, que no
había dejado de vigilar a su Omega por el rabillo del ojo, se olvidó
rápidamente de la mujer al verlo ir hacia él. Era evidente que estaba muy mal
si no era capaz de ponerse en pie.
—¡Sasuke! —lo
llamó, yendo hacia él de inmediato y envolviéndolo con cuidado con sus brazos
para examinarlo—. ¿Estás bien? ¿Dónde te ha herido? —preguntó, buscando el
origen de su dolor con desesperación.
Él puso una mano
en su rostro.
—Estoy bien, no ha
llegado a tocarme.
—¿Y por qué estás
temblando? —le preguntó. Sus ojos, todavía idénticos a los de un jaguar, señal
de que sus emociones estaban fuera de control, lo recorrieron asustados.
—He intentado
transformarme, pero no estoy lo bastante bien para hacerlo todavía. Por favor,
cálmate. Entiendo que acabamos de encontrarnos y que tu animal interior está a
flor de piel, pero tú eres un buen líder y sabes que no merece morir por una
trifulca amorosa.
Naruto gruñó.
—Toda mi manada
sabe que eres el Omega al que secuestraron. Ella sabía que estabas débil, ¡fue
premeditado! —rugió.
Sasuke cogió su
rostro entre sus manos e hizo algo que no creyó que llegara a hacer nunca. Siempre
había creído que era lo bastante fuerte, pese a ser un Omega, como para
resolver cualquier problema peleando… pero no con su compañero. Él era la única
persona en el mundo con la que usaría ese truco; puede que estuviera demasiado
débil para adoptar su forma animal, pero no lo suficiente como para controlar
las hormonas de su cuerpo, de modo que se concentró y alteró su química
celular, despidiendo un aroma fuerte y dulzón que inundó rápidamente la
estancia.
Naruto no pudo
resistir. Incluso si el jaguar que llevaba dentro estaba furioso porque su
pareja había sido agredida en su ausencia, era incapaz de no desear
salvajemente a su Omega cuando desprendía ese olor. La Gran Madre les había
concedido esa habilidad como una defensa ante depredadores y también para
seducir a sus Alfas en caso de que quisieran concebir. Para un cambiante que
acababa de encontrarse con su destinado, cuya bestia estaba tan sensible a las
emociones en ese momento, fue como si le hubieran echado un fuerte sedante
repleto de afrodisíacos.
Para reforzar el
efecto, Sasuke empezó a ronronear.
—Tranquilo, mi
Alfa, tranquilo —musitó en voz baja y sensual, haciendo que Naruto gimiera y
enterrara la nariz en su cuello, lamiendo su piel. Ya está, lo tenía bajo su
control.
—Mi Omega —gruñó,
excitado y rozando su piel con los colmillos, provocando que el propio Sasuke
se mordiera el labio inferior al sentir cómo todo su cuerpo se estremecía, a
pesar del dolor que todavía tenía en los músculos.
Sin embargo, no
era momento para dejarse llevar por la lujuria. Tenían que resolver lo de esa
gata celosa.
—Mi Alfa —lo llamó
con suavidad—, no creo que ella tuviera intención de matarme —le dijo. Naruto
se tensó de nuevo, pero él continuó exudando sus hormonas para mantenerlo
calmado al mismo tiempo que ronroneaba y frotaba su mejilla contra su hombro—.
Escúchame, solo estaba celosa de mí. Parece que tú la has rechazado varias
veces y de repente aparezco yo y me instalo en tu casa, aun siendo un
extranjero y sin conocerme apenas. Se sentía herida y acabamos discutiendo y
peleando, pero no iba a matarme, solo quería demostrar su fuerza y que sería
mejor compañera que yo. —Su destinado volvió a gruñir, esta vez con más
brusquedad, como si eso lo hubiera ofendido. Sasuke lo besó en el cuello y se
acurrucó contra su cuerpo, induciéndolo a abrazarlo para evitar que volviera a
cargar contra ella—. Solo ha sido un desafío por ti, sabes que eso está
permitido.
—No mientras estés
herido, no ha sido una pelea justa —dijo el Alfa entre gruñidos, su voz apenas
sonaba humana—. Además, tú eres mi destinado. En mi manada está prohibido hacer
daño a los compañeros verdaderos.
—Y ella ha pagado
las consecuencias; está herida y puedo oler su miedo desde aquí. Por favor,
Naruto, eres un buen líder, sabes que no merece ser ejecutada por esto.
El pecho del Alfa
retumbó, pero finalmente cerró los ojos y permitió que su Omega terminara de
calmarlo. Al abrir los párpados, ya no había tanta ira en ellos y sus pupilas
volvían a ser redondas, era una buena señal.
—Muy bien, le
perdonaré la vida, pero solo porque no has salido herido —advirtió en voz alta,
seguramente para que la mujer lo oyera.
Sasuke esbozó una
pequeña sonrisa y lo besó en los labios.
—Gracias, mi Alfa.
Naruto asintió y
lo dejó con cuidado contra una pared. Intercambió una mirada rápida con Fye, que
fue de inmediato junto a Sasuke para vigilar su estado. Este no protestó a
pesar de que estaba seguro de que no tenía nada grave, sobre todo porque sabía
que su compañero estaría más tranquilo si su ejecutor lo cuidaba, no quería
alterarlo más de lo que ya estaba, bastante habría tenido con volver a casa y
ver que estaba siendo atacado por una gata loca.
El rubio caminó
hasta la jaguar, quien, bajo la intensa y aún rabiosa mirada del Alfa, adoptó
su forma humana, la de una despampanante mujer desnuda, aunque la sangre que
tenía en el cuello y el terror que deformaba su rostro arruinaba la sensualidad
de su figura. El hombre se cruzó de brazos, clavando los dedos en su piel para
contener las ganas de rematar el trabajo que había empezado.
—¿En qué coño
estabas pensando, Kira?
Los otros
ejecutores flanquearon a Naruto. No creían que la mujer fuera a atacar a su
líder, después de todo, lo idolatraba, pero no estaban tan seguros respecto a
su compañero Omega y decidieron cubrir los espacios disponibles por si ella
trataba de llegar hasta el joven.
Sin embargo, Kira
estaba demasiado asustada para intentar nada, ni siquiera podía mirar a Naruto
a los ojos.
—En que nuestra
manada no necesita a un Omega debilucho —logró decir. Temía la reacción del
jaguar, pero también deseaba convencerlo para que no sellara la unión con él.
Lo curioso fue que
Naruto, en vez de enfadarse, levantó una ceja, sorprendido.
—¿Debilucho? Ha
estado prisionero tres días y, a juzgar por los rugidos de pelea que he oído y
que él no tiene ni un rasguño, diría que ha presentado bastante batalla. Una
Alfa en perfectas condiciones y fuerte como tú se ha visto obligada a adoptar
forma animal para vencer a un Omega que no se encuentra al cien por cien de su
capacidad física. Yo diría que la única debilucha aquí eres tú.
Sasuke no pudo
evitar sonreír, un tanto orgulloso porque su Alfa reconociera sus habilidades
físicas. Por otra parte, Kira soltó un gruñido bajo.
—Es un extranjero.
—No sería el
primero. Ya he aceptado a muchos Alfas, Omegas y Betas en nuestra manada por
ser compañeros destinados, incluso alguna vez solo lo he hecho porque no tenían
otro lugar al que ir ni manada a la que volver, y nunca hemos tenido problemas
por eso, ¿verdad?
Finalmente, Kira
alzó la vista y lo miró con ardiente ira.
—Yo puedo darte un
Alfa puro, Naruto.
—Y Sasuke puede
darme camadas grandes de cachorros —dijo este con calma.
—¡Un Alfa puro es
lo mejor para nuestra manada! ¡Será el más fuerte de todos!
—No sabía que para
dirigir un clan había que ser un Alfa puro —comentó el rubio con seriedad—, que yo sepa,
soy de los pocos que hay en el mundo, por no decir el único entre los jaguares.
El resto solo son Alfas como tú, mis padres también lo eran y fueron grandes
líderes. No tengo ningún problema con un hijo mío liderando la manada siendo un
Alfa normal, ni siquiera lo tendría si fuera un Omega, de hecho, será una
bendición para nosotros si Sasuke me da una camada entera de crías Omegas, eso
significará que nuestro clan crecerá todavía más. ¿Alguna otra queja?
Kira lo miró
herida y enfadada.
—¿Por qué escoges
a un extraño por encima de mí? Me conoces de toda la vida.
—Él es mi
compañero —respondió con sencillez.
—¡No lo conoces!
—¡No me hace
falta! —gritó Naruto, cansado de la conversación—. Ya sabes cómo funciona
nuestra Gran Madre Tierra, Kira, ella nos conoce mejor que nosotros mismos,
sabe lo que necesitamos, por eso crea el vínculo entre dos destinados. ¿No ves
la gran suerte que tenemos? Los humanos se pasan décadas buscando entre ellos a
su pareja perfecta porque son incapaces de sentirla, acaban heridos con sus
múltiples relaciones, mientras que nuestra diosa nos ha bendecido con el don de
reconocerla por el olor. Lo nuestro jamás habría funcionado porque tú no eres
lo que necesito, ni yo soy lo que te hace falta en la vida.
—Y, aun así,
siempre te negaste a tocarme —replicó ella, gruñendo.
Naruto tensó los
músculos y su pecho retumbó. Sasuke se dio cuenta de que era una amenaza,
aunque no estaba seguro de a qué venía tanta molestia de repente.
—¿Todo esto es
porque nunca me he acostado contigo? —preguntó el rubio despacio.
—Pudiste haberme
tenido durante años, en vez de tener que conformarte con esas perras del clan
de Kiba.
El Omega no pudo
evitar quedarse con la boca abierta. ¿Naruto había tenido relaciones con
cambiantes de otras especies?
Este le lanzó un
breve rugido.
—Ten mucho cuidado
con lo que dices, Kira. Los lobos son nuestros aliados y amigos, no permitiré
que insultes a sus mujeres.
—Pudiste haber
follado con otras jaguares como haría un cambiante normal, pero no, tú
preferías joder con perras.
Esta vez, Naruto
rugió con fuerza, haciéndola callar y bajar la vista.
—Ya te lo dije en
su momento, no iba a joder con nadie del clan para que mi Omega no tuviera que
lidiar con antiguas amantes, aunque parece que no me ha servido de nada puesto
que tú estás aquí, creyendo que tienes algún derecho a reclamarme o juzgar siquiera
con quién me acuesto. —Dio un paso más hacia ella y le enseñó los colmillos
como advertencia—. Tú y yo nunca tuvimos nada, Kira, así que guárdate tu puta
opinión sobre mí. Y, teniendo en cuenta lo que piensas de mis otras relaciones,
¿por qué cojones siempre estás abriéndote de piernas para mí?
Ella lo miró de
arriba abajo con descaro, haciendo que Sasuke gruñera e hiciera amago de
levantarse, pero Fye lo mantuvo quieto en su sitio y le susurró que no
distrajera a Naruto.
—Eres un Alfa
puro, te quiero como compañero. A tus padres les fue bien dirigiendo la manada.
—Mis padres
estaban destinados.
—Hay Alfas que se
han acoplado sin serlo.
—La mayoría de
ellos se cansaron de esperar a encontrar a su pareja, o bien esta murió o se
acopló con otra persona. Yo he encontrado a Sasuke y me da igual todo lo que
quieras ofrecerme, voy a reclamarlo en pocos días, y, si tienes un problema con
eso, puedes desafiarme —añadió, dejando los brazos flexionados a los lados y
sacando las garras.
Kira apretó los
labios y agachó la cabeza, siendo consciente de que no era rival para su líder.
Sin embargo, era
muy duro aceptar que había perdido cualquier oportunidad con él. Había estado
enamorada de Naruto desde que era una adolescente y él la había rechazado una y
otra vez, todo porque ella no era su compañera y él no quería que su destinado
se sintiera mal por tener a algunas de sus amantes a su alrededor. Ella deseaba
una pareja así, había creído que, con el tiempo, el Alfa se cansaría de esperar
y al final aceptaría llevarla a su cama, pensó que si le daba la oportunidad de
mantener relaciones sexuales con ella podría retenerlo a su lado.
Pero, en vez de
eso, tuvo que ir al clan de Kiba y joder con las lobas. Y lo peor era que ellas
parecían gustarle, en sus visitas a la manada las muy perras coqueteaban con él
y él las trataba con cariño, como si fueran de su propio clan, mientras que a
ella la había hecho a un lado, la había menospreciado al elegir a esas lobas
por encima de alguien de su misma especie.
Aun así, mantuvo
la esperanza de poder acercarse a él cuando su destinado no apareciera, algunos
Alfas tenían que esperar siglos para encontrarlo, otros no llegaban a tiempo,
pensó que sería cuestión de esperar y, entonces, esa mañana, se enteraba de que
Naruto había encontrado a su destinado, un maldito Omega extranjero. La rabia
se había apoderado de ella y había ido a buscarlo con la intención de
intimidarlo y que abandonara al rubio, así ella tendría vía libre para
consolarlo, pero el muy cabrón había resultado ser más fuerte de lo que pensaba
y, después, cuando por fin lo tenía a su merced, Naruto había aparecido para
defenderlo.
Por supuesto, la
había sometido con facilidad. Era un Alfa puro, después de todo, siempre había
mostrado ser más habilidoso que el resto de los jaguares, era otra de las
razones por las que lo había admirado.
Por desgracia,
ahora no tenía las de ganar.
Naruto, viendo que
no parecía tener intención de pelear, ocultó sus zarpas de nuevo y gruñó
suavemente.
—Tienes suerte de
que mi Omega me haya calmado antes de que te matara, porque eso es lo que
quería hacer. Y lo que haré si esto se vuelve a repetir. Si tú o cualquier otra
gata intenta algo contra Sasuke, no habrá ni juicio ni mierdas, os despellejaré
vivas y colgaré vuestras pieles como recordatorio de lo que pasa cuando alguien
hace daño a un destinado, ¿entendido?
Kira se
estremeció.
—Sí.
—Bien. Y ahora
largo.
Ella se incorporó
tan rápido como pudo, ya que le dolía la herida del cuello, y se fue de allí.
Naruto se tomó unos momentos para inspirar hondo y acabar de calmarse, mientras
que Fye le palmeó un hombro a Sasuke y lo felicitó:
—Lo has hecho muy
bien.
Él sonrió un poco,
orgulloso de sí mismo y de su compañero por haber podido controlar la situación…
y feliz porque lo hubiera escogido a él por encima de todo. Ni siquiera lo
había dudado a la hora de darle la patada en el culo a esa zorra.
A los pocos
minutos, Naruto regresó a su lado y despidió a sus ejecutores tras darles un
par de órdenes más. En cuanto se quedaron solos, lo primero que hizo fue
examinarlo a fondo en busca de heridas.
—¿De verdad no te
ha hecho daño?
Sasuke frotó su
cara contra su pecho.
—En serio,
simplemente no tendría que haber intentado cambiar de forma.
Naruto asintió,
confiando en su compañero.
—¿Puedes
levantarte?
—Creo que sí. —A
pesar de sus palabras, dejó que su Alfa lo ayudara a incorporarse, ya que
sentía sus músculos adoloridos—. Por cierto, te he hecho el desayuno.
Los ojos de su
destinado brillaron.
—Ya decía yo que
olía a beicon y huevos. Gracias, mi Omega.
Fueron a la cocina
y Naruto sentó a Sasuke en su regazo mientras comía. Este se dejó hacer, le
gustaba compartir esa intimidad con su destinado y más aún ver que disfrutaba
con lo que había cocinado para él, era algo que nunca había hecho con ninguno
de sus amantes y estaba agradecido de que apreciara su esfuerzo.
Una vez hubo
dejado el plato limpio, lo dejó en la pila y lo llevó a la habitación. Sus
piernas se echaron a temblar a la hora de subir las escaleras, por lo que tuvo
que dejar que su Alfa lo cogiera en brazos. Le resultó un poco humillante al
principio, pero se olvidó de ello cuando Naruto, en vez de burlarse, se mostró
preocupado y estuvo a punto de volver a examinarlo si no fuera porque Sasuke le
aseguró que solo necesitaba descansar un poco.
En cuanto los dos
estuvieron tumbados en la cama, el rubio tironeó de su camiseta.
—Veo que te gusta
mi ropa —comentó con una sonrisilla.
—¿Te molesta? —No
lo creía, pero quería estar seguro.
Tal y como
sospechaba, Naruto negó con la cabeza.
—No, pero habrá
que conseguirte ropa, aquí no tengo nada de tu talla.
—Cuando pase el
celo —dijo Sasuke. No tenía nada de ganas de moverse hasta un centro comercial,
menos todavía en su estado y sin la compañía de Naruto, ya que este no podía
dejar la manada a menos que fuera un asunto importante.
Como si este
leyera sus pensamientos, soltó una risilla y frotó su nariz contra su mejilla.
—Sasuke, nuestro
territorio está muy lejos de cualquier parte, nosotros pedimos la ropa y
algunos suministros por internet y los llevan hasta una gasolinera donde unos
Betas lo recogen todo para traerlo hasta aquí. Solo necesitas un ordenador.
Aun así, se sentía
demasiado perezoso como para ponerse a mirar ropa, de modo que se acurrucó en
el cuerpo desnudo de su Alfa, feliz de sentirse envuelto por su piel caliente y
su intenso aroma, le resultaba embriagador.
—En otro momento.
Naruto no insistió
y se limitó a abrazarlo e intercambiar caricias con él. Sasuke estaba tan a
gusto que se le habrían cerrado los ojos si no fuera porque su compañero dijo:
—Lamento lo
ocurrido con Kira. No tendría que haber descargado su ira contra ti.
Levantó la vista
para clavarla en los tristes ojos de su Alfa. Dolido al ver su culpa, le
acarició el rostro con cariño.
—No es culpa tuya,
Naruto. Ella tendría que haber respetado tu decisión y haberte dejado en paz.
—Hizo una pausa, dudando de si debía preguntar—. ¿Lleva mucho tiempo detrás de
ti?
Naruto gruñó un
poco. Era evidente que era un tema que lo estresaba.
—Desde que éramos
adolescentes. No es una mala persona, pero no quiso entender mi punto de vista.
Desde niño supe que quería una relación como la de mis padres y que solo podría
obtenerla con mi destinado, así que enfoqué todos mis esfuerzos en hacer que tu
vida aquí fuera lo más sencilla posible.
—Por eso nunca te
has acostado con nadie de la manada —terminó diciendo Sasuke, recordando que
Fye se lo había mencionado el día anterior y que el propio Naruto se lo había
dicho a Kira.
—Exacto.
—… ¿Ni siquiera
con una única persona? —No pudo evitar preguntarlo.
Su compañero le
sonrió, divertido.
—Ni una.
Sasuke se sintió
un poco mejor tras saber eso, a pesar de que era consciente de que no era
justo, ya que él no había tenido la misma consideración y se había acostado con
Alfas de su manada sin pensar en cómo podría sentarle eso a su destinado. Le
hizo sentirse un poco culpable.
—Eso es un gran
detalle por tu parte. Gracias.
—No hay de qué, mi
Omega.
—Ahora me siento
horrible por no haber hecho lo mismo —admitió—. Si no fueras el líder de tu
clan, habrías tenido que venir conmigo, ya que soy hijo de uno y hermano del
próximo.
Para su sorpresa,
Naruto no se mostró ofendido, solo se encogió de hombros.
—Sasuke, la
mayoría de los nuestros hacen como tú, no tienes que sentirte mal por eso. Aunque
reconozco que me siento aliviado por no tener que tratar con tus amantes. Si
alguno me provocara o te mirara dos veces, le arrancaría el cuello.
El Omega se mordió
el labio inferior, contento porque su compañero se sintiera tan posesivo con él
como su propio animal interior. No le había hecho ni puta gracia que Kira se
hubiera presentado en su ahora casa para reclamar a su destinado, no negaría que
se había sentido tentado a matarla, a pesar de que al final había sido incapaz
por culpa de su estado.
—No estés celoso
—le dijo, besándolo en el pecho—. Hay muchas cosas que no he hecho con mis
amantes y que a ti te permito hacer. A ninguno le dejé nunca que me llevara en
brazos o que me diera de comer y me bañara.
—¿Reservaste tu
intimidad para mí? —le preguntó con sus hermosos ojos llenos de ilusión.
Él asintió,
ganándose un tierno beso en los labios y que lo estrechara un poco más contra
sí.
—Eso es muy
importante para mí, Sasuke, sobre todo viendo lo orgulloso que eres. Gracias
por permitir que cuide de ti.
Sasuke ronroneó y
se frotó amorosamente contra su Alfa, mostrándole su afecto. Le encantaba ese
lado tan cariñoso de Naruto y que fuera agradecido porque le tuviera como
compañero, no estaba seguro de si siempre era así entre dos destinados, pero
habría jurado que, si le hubiera tocado al imbécil de Bankotsu, probablemente
habría tenido alguna queja sobre su fuerte deseo de ser independiente. Era
cierto que este parecía haber aceptado mejor que otros de sus amantes esa
faceta de su carácter, pero no se le había escapado las muecas que hacía cuando
se había negado a dejar que cazara para él o que compartieran la cama para
dormir, Sasuke siempre se había negado a ese tipo de cosas ya que era algo que
únicamente había querido hacer con su compañero.
Mientras seguían
acariciándose el uno al otro, una duda lo asaltó y levantó la cabeza para
buscar los ojos de Naruto.
—¿Te puedo hacer
una pregunta personal?
—Claro —contestó
su Alfa sin dudar.
—Es sobre las
lobas con las que has estado. —Al ver la expresión seria de Naruto, que lo
contemplaba como si lo estuviera analizando con atención, Sasuke intuyó a dónde
iban sus pensamientos—. No me parece mal, ¿sabes? Mi clan nunca ha tenido una
relación próxima a otros cambiantes, pero no por eso odio a otras especies o
estoy en contra de interactuar con ellas, es solo que me parece curioso.
Notó que su
compañero se relajaba y volvió a acariciar su cuerpo con aire distraído.
—Bueno, como ya
sabes, yo no quería tener relaciones con nadie de mi manada. —Sasuke asintió—.
Eso significa que debía esperar a las reuniones con otras manadas de jaguares,
que se celebran anualmente, a veces ni eso por culpa del clima, así que
comprenderás que, a menudo, me sentía frustrado.
El Omega se sintió
un poco mal por su compañero. No le hacía gracia imaginarlo con otras parejas,
pero entendía que tuviera necesidades como las había tenido él y que fuera
difícil tener que contenerse, después de todo, los cambiantes eran sexualmente
más activos que un ser humano.
—En aquella época,
Kiba y yo éramos amigos y él me pidió un favor. Había una loba Omega en su
manada que tuvo su primera experiencia sexual con un imbécil que le hizo daño.
—Dudó un momento antes de contarle el problema—. El muy idiota la mordió como
si fuera a reclamarla.
—¡¿Qué?! —exclamó
Sasuke, horrorizado—. ¿Cómo demonios se le ocurre? ¡No puede hacer tal cosa si
no está en celo!
—Al parecer, en
los lobos es más fuerte el instinto de querer acoplarse a una pareja, por eso
algunos muerden durante el sexo, pero está mal visto que claven los dientes en
la zona destinada a un compañero. Parece que ese lobo no pudo contener el
instinto y su animal quiso acoplarla a pesar de que aún no tenía la edad ni
eran destinados. Para ella fue horrible, al morderla en esa zona, la tuvo
inmovilizada mientras seguían teniendo sexo. La pobre estaba aterrorizada
después de eso y se negó a volver a tocar a ningún lobo. Cuando faltaba una
década para su celo, se negó a viajar para encontrar a su pareja, dijo que no
quería tener compañero.
Sasuke sintió
lástima por ella. Era comprensible que tuviera miedo después de que el muy
cabrón le hiciera algo así, pero le pareció aún más doloroso tener que
renunciar a su destinado por eso.
—Lo siento por
ella.
—Yo también lo
hice.
—Pero ¿qué tenías
tú que ver en eso?
—A Kiba se le
ocurrió algo; ella era una loba y yo un jaguar, así que éramos incompatibles
para ser pareja, por lo que yo no sentiría ningún impulso de acoplarme con ella
ni necesidad de morderla. Esa Omega lo sabría y puede que se sintiera más
segura si mantenía una relación conmigo, Kiba sabía que yo no le haría daño y
que sería muy cuidadoso.
—¿Ella aceptó?
—No
inmediatamente. Al principio solo salíamos juntos a pasear y a correr, quería
que hubiera cierta confianza entre nosotros para demostrarle que no le haría
daño. Luego fui poco a poco hasta que llegamos al final. Ella se recuperó tras
pasar algún tiempo conmigo y volvió a confiar en los lobos, acabó encontrando a
su compañero.
Curiosamente,
Sasuke no se sintió celoso por esa relación, al contrario, le pareció hermoso
lo que había hecho por esa Omega.
—Me alegro mucho
por ella.
—Yo también.
—Y me enorgullece
lo que hiciste. —Naruto lo miró y sus ojos resplandecieron. Parecía feliz
porque no le importara que hubiera tenido una especie de relación con una
loba—. Entonces, a partir de eso, ¿has tenido más relaciones con otras lobas?
—Muchas eran
amigas de esa Omega y me estaban agradecidas, también sintieron curiosidad por
mí. Además, sabían que yo estaba buscando a mi compañero y que no quería que se
sintiera incómodo si vivía en mi clan junto a mis amantes, eso les gustó y creo
que quisieron ayudarme.
Sasuke ladeó la
cabeza con curiosidad.
—¿Cómo es hacerlo
con un lobo?
—Son muy
cariñosos, no hay amor en la relación sexual, pero sí afecto. Los felinos
normalmente te dan una patada en el culo nada más terminar de follar. No es que
yo quisiera una relación a largo plazo con otra jaguar, pero nunca me gustó que
fueran tan frías conmigo. Los lobos intercambian caricias e incluso duermen con
sus amantes. Ellos necesitan tener más contacto físico, dar muestras de afecto
tras el sexo para mostrar que no has sido solo un objeto de placer, para mis
amantes habría sido muy ofensivo si yo simplemente me hubiera largado sin más.
—¿Dormías a menudo
con ellas?
—Solo con la
primera Omega, éramos amigos y yo me sentía protector con ella tras saber lo
que le había ocurrido. Con las otras me quedaba un rato para hablar, eran
bastante agradables y al menos no me miraban como si fuera imperdonable que yo
quisiera que mi Omega se sintiera cómodo en mi manada.
Sasuke frunció el
ceño.
—¿Las jaguares te
despreciaban por ello?
—Se sintieron
insultadas, ya que no es algo habitual, pero fue peor cuando empecé a visitar a
las lobas con frecuencia. —Se quedó callado un momento, contemplándolo con
cierta inquietud—. ¿Te molesta que me viera con ellas?
El Omega negó con
la cabeza y lo besó con ternura en la mejilla.
—No te negaré que
me sentiré un poco celoso si las veo alguna vez, pero no, no me molesta, y
entiendo que prefirieras estar con ellas antes que con alguien como Kira.
Además —añadió, sonriendo con picardía—, me gusta que no tocaras a nadie de la
manada por mí. Es muy dulce.
Naruto le devolvió
la sonrisa con altanería.
—Así que, a pesar
de todo, mi plan para conquistarte está dando frutos.
Sasuke rio.
—Está bien para
empezar, pero no te lo pondré tan fácil.
—Esperaba que
dijeras eso —sonrió el Alfa antes de apoderarse de sus labios.
Pasaron varios
días en los que Sasuke permaneció en casa de su Alfa, terminando de recuperarse
del tiempo que había estado prisionero. Shisui, viendo que allí no tenía nada
que hacer, terminó regresando a Nueva York para reunirse con Fugaku y volver a
Japón, ya que Itachi estaba a punto de dar a luz y que su hermano estaba sano y
salvo en casa de Naruto, por no decir que no podrían verlos de nuevo hasta que
la época de celo hubiera pasado. Ninguno de los dos estaría en condiciones de
recibirlos en ese tiempo, ya que el Omega dependería mucho de su compañero para
atender todas sus necesidades.
Por otro lado, la
manada de Naruto se tomó con alegría la noticia de que al fin había encontrado
a su pareja, todos sabían lo mucho que este había ansiado hallar a su
destinado. Hubo un par de hembras Alfas disgustadas por la presencia del Omega,
ya que pensaban que sería mejor tener otro Alfa puro como líder, por no
mencionar la posición que ocuparían dentro del clan y que encontraban al rubio
atractivo.
Sin embargo, no
intentaron nada después de lo ocurrido con Kira. Los rugidos de su pelea con
Sasuke fueron escuchados por mucha gente, además de que otros vieron a Naruto
entrar corriendo en su casa en su forma animal y luego a la pelirroja salir de
allí con sangre resbalando por su cuello, no había que ser muy inteligente para
intuir lo que había ocurrido. De modo que las pocas que estaban decepcionadas
por la aparición del Omega se mantuvieron alejadas de este por miedo a lo que
Naruto haría con ellas.
En cambio, la
pareja disfrutaba de su tiempo a solas mientras Sasuke recuperaba sus fuerzas.
Su vínculo crecía con cada día que pasaba, ambos parecían compenetrarse a la
perfección a pesar de que sus personalidades diferían bastante la una de la
otra, pero era precisamente por eso que mejoraban como individuo al
influenciarse el uno al otro. El Omega hacía que su Alfa fuera más tranquilo,
calmaba esa hiperactividad que siempre lo había caracterizado y evitaba que sus
emociones saltaran a la más mínima provocación. En otras palabras, le hicieron
ser más equilibrado.
Naruto, por otro
lado, lograba que Sasuke se soltara más en un ambiente íntimo, le hacía reír y
jugar como si fuera un cachorro, también despertaba su lado más cariñoso y le
hacía ser más abierto y empático.
En lo referente al
plano físico, Sasuke estaba cada vez más caliente y necesitaba que Naruto le
hiciera correrse varias veces a lo largo del día… y con eso quería decir que le
provocaba muchos orgasmos en cada encuentro sexual; por la mañana, después de
comer, por la tarde y por las noches se tomaba mucho tiempo para dejarlo tan
exhausto que luego solo quería acurrucarse en el cuerpo de su Alfa y dormir.
Naruto no llegó a hacerle el amor del todo, temía dejar sus músculos más
adoloridos de lo que ya estaban y quería que conservara todas sus fuerzas para
cuando entrara en celo. Al principio, Sasuke se quejó un poco, pero comprendió
que su compañero solo estaba preocupado por su salud y, por eso, no forzó el
asunto. Además, una vez entrara en celo, Naruto no podría resistirse a él, su
olor lo volvería tan loco que lo follaría hasta que ninguno de los dos pudiera
moverse.
Tuvo que reconocer
que apreciaba que lo cuidara, que estuviera tan pendiente de él, tan
sincronizado con sus necesidades. En realidad, no creía que hubiera una sola
cosa de Naruto que no le gustara, era un buen Alfa que dirigía sabiamente a su
manada, a pesar de que a veces era impulsivo, pero, por suerte, sabía escuchar
a sus ejecutores y siempre pensaba en lo que era mejor para su clan.
Además, respetaba
su espacio y su independencia, nunca trataba de sobreprotegerlo, más bien sabía
hasta dónde podía llegar con él y actuaba en consecuencia, lo veía como a un
igual, y no podía negar que se sentía totalmente atraído por su personalidad,
tan alegre y espontáneo, tan divertido y cariñoso… tan rematadamente sexy y
encantador. Normalmente no sucumbiría tan fácil a un Alfa, pero la Gran Madre
había dado en el clavo al emparejarlo con Naruto, porque ya estaba locamente
enamorado de él.
En eso pensaba una
noche mientras lo contemplaba. Ambos estaban en la cama, desnudos bajo las
sábanas, como ya era costumbre. Naruto estaba profundamente dormido a su lado,
abrazándolo por la cintura mientras que él apartaba su rebelde melena rubia de
su rostro para poder apreciar sus apuestos rasgos. Le gustaba verlo tan
tranquilo y pacífico, solía ser un hervidero de actividad y energía, pero
cuando estaba en la cama se volvía tan relajado y apacible… Aunque, claro,
desde el primer día supo que era un dormilón sin remedio, hasta por las mañanas
se despertaba él antes y el muy perezoso remoloneaba en la cama junto a él,
negándose a levantarse, pero sospechaba que solo lo hacía para poder tenerlo en
brazos un poco más.
Y sí, a él también
le encantaba que hiciera eso.
Estaba acariciando
sus labios cuando, de repente, un rayo de fuego lo atravesó. Jadeó,
sorprendido, notando cómo sus sentidos del olfato y el tacto se agudizaban al
máximo, incluso más de lo que lo había logrado nunca, haciendo que sus fosas
nasales se llenaran del intenso y deliciosa aroma de su compañero y que su piel
se erizara ante el contacto de su cuerpo desnudo contra el suyo. La sangre
empezó a hervir bajo su piel caliente, los pezones se le pusieron duros y notó
un intenso calor en el bajo vientre que provocó que su entrada se mojara con
rapidez.
Supo
instintivamente que había entrado en celo.
—Naruto —lo llamó,
embargado por una oleada de lujuria que le hizo pegarse a su Alfa para frotarse
contra él. Cada roce con sus fuertes músculos le hacía gemir en voz alta.
El rubio abrió los
ojos de inmediato, alerta. Sin embargo, antes de poner incorporarse para buscar
el peligró, detectó un olor dulzón que impregnaba la habitación, haciendo que
fuera consciente entonces de cómo su Omega se restregaba sensualmente contra él,
aferrándose a sus hombros y rodeando su cadera con sus piernas mientras lo
llamaba entre deliciosos gemidos.
Sus pupilas se
estrecharon, revelando al animal que llevaba dentro y que reconoció con un
rugido de alegría cómo su compañero al fin estaba preparado para aparearse con
él.
—Sasuke —gruñó,
excitado.
—Estoy listo, mi
Alfa.
Naruto no perdió
el tiempo. Giró en la cama, de forma que Sasuke estuviera bajo su cuerpo,
tumbado de espaldas, y le abrió las piernas con las rodillas. Al hacer eso, el
Omega gimió más fuerte, levantando las caderas y exponiendo su húmeda entrada,
ofreciéndose para que lo follara. No pudo evitar soltar otro gruñido lascivo,
había estado varios días conteniéndose porque temía herir a su destinado sin
querer mientras él aún estaba recuperándose, pero ahora ya estaba en celo y
sabía que sería muy doloroso para él si no consumaba su unión.
Ahora podría
hacerlo suyo. La expectativa de poder follarlo a placer durante días le hizo la
boca agua y que su polla doliera.
Sin dudarlo, cogió
sus muslos y lo instó a subirlos; Sasuke obedeció dócilmente y puso sus
tobillos sobre sus hombros antes de inclinarse sobre él, estirando sus piernas
y manteniendo su culo completamente expuesto a su firme erección. Sabía que,
durante el celo, los Omegas no necesitaban demasiados juegos previos, lo único
que podía aliviarlos era una penetración constante.
Aun así, aprovechó
su postura para meterle un dedo.
—¡Aaaaaah! —gritó
Sasuke, clavando las uñas en los hombros de Naruto, sintiéndose al borde del
orgasmo, y eso que solo era el primer toque. Su Alfa gruñó profundamente, de
ese modo tan sexy que lo puso aún más mojado.
—Joder, Sasuke,
estás empapado.
—Por favor, mi
Alfa, por favor —suplicó él. No podía soportarlo, su cuerpo ardía con tal
intensidad que era doloroso, su único alivio había sido cuando Naruto le había
metido el dedo con firmeza. Aún lo sentía dentro de él, trazando pequeños
círculos en su interior, sin duda alguna comprobando que estuviera realmente
listo para ser embestido, y, por la Diosa, vaya si lo estaba, lo único que
quería era tener su polla golpeando dentro de él.
Naruto volvió a
gruñir, esta vez más fuerte, delatando su necesidad de hacerlo suyo, y retiró
su dedo. Gimoteó cuando el calor volvió a invadir sus entrañas, arrasándolo
todo, sumiéndolo en una delirante necesidad de alcanzar el clímax.
—Las manos arriba
—le ordenó su Alfa con la voz ronca.
Él obedeció y no
se resistió cuando el rubio le agarró las muñecas con ambas manos. En cualquier
otra situación, Sasuke no habría permitido que un Alfa lo restringiera de esa
manera, era demasiado orgulloso y desafiante para ponérselo fácil, pero,
estando en celo, su lado humano era sustituido por su animal Omega, uno que
ansiaba ser dominado por un poderoso Alfa, del mismo modo que este deseaba
someterlo a su férrea voluntad. Tal vez la pantera que llevaba dentro no
hubiera sido tan dócil si no fuera porque Naruto era su destinado, la otra
mitad de su alma, y por la acuciante necesidad que sentía de unirse a él.
En cuanto el
jaguar lo tuvo bien cogido, posicionó su miembro entre sus nalgas y empujó
suavemente. Sasuke arqueó la espalda y chilló fuerte, disfrutando de cómo cada
centímetro de su polla se introducía en él, gruesa y dura, palpitante,
llenándolo. El hecho de estar restringido solo logró incrementar el placer; era
su Alfa quien lo follaba, quien tenía todo el control, quien se encargaba de
todo, quien lo cuidaba. Lo único que tenía que hacer él era dejarse llevar,
limitarse a sentir su lánguida embestida, torturándolo y seduciéndolo al mismo
tiempo.
—Aaaaah… Alfa…
Más, mi Alfa, más —gimoteó. Pese a que era increíblemente placentero, no podía
evitar desear el orgasmo, uno poderoso y explosivo.
Naruto ronroneó
para él.
—Lo sé, mi Omega,
lo sé. Tú también te sientes genial alrededor de mi polla, pero necesito que
aguantes un momento, necesito saber cómo de profundo eres, no quiero hacerte
daño.
Sasuke se deshizo
de su agarre y pasó las uñas por el pecho de su Alfa, haciendo que este gruñera
fuerte cuando le arañó suavemente los pezones. Amaba sentir sus duros músculos
flexionándose bajo sus manos, eran tan sexys y calientes, sobre todo sus
abdominales, en esos días no se había cansado de tocarlos y lamerlos.
—No me harás daño…
—gimió, demasiado ansioso para esperar—. Puedo tomarte, solo… solo… ¡Aaaah!
—gritó al notar que su miembro estaba entrando más profundo, ya casi había
alcanzado su punto más sensible, por lo que olvidó lo que iba a decir e intentó
mover las caderas para animarlo a embestirlo hasta el fondo, pero era
imposible. Su Alfa lo cogió de nuevo por las muñecas y mantuvo sus tobillos
sobre sus hombros, impidiendo que lo pudiera mover a los lados ya que sus
brazos los bloqueaban. Se sintió más mojado al darse cuenta de que su compañero
lo sometía y echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos para disfrutarlo—.
Ahí… —gimió, mordiéndose el labio inferior. Ya estaba cerca, muy cerca—. Más
hondo, mi Alfa, más profundo…
—¿Así? —preguntó
Naruto antes de penetrarlo completamente.
Sasuke lanzó una
mezcla entre gemido y grito al notar cómo presionaba el punto más sensible de
su cuerpo. No había llegado a correrse, pero había estado tan cerca…
—¡Sí! ¡Sí, Alfa,
sí!
Naruto le
respondió con un feroz gruñido de deseo.
—Joder, Omega,
eres más profundo de lo que creía… y estrecho… —mientras decía esto, se retiró
suavemente de su interior, dejando que su polla se deslizara, y luego volvió a
metérsela, más fuerte, haciéndole jadear con desesperación— y caliente… y tan
malditamente húmedo…
—Aaaah… ¡Aaaaah!
¡Naruto, por favor! —gritó, a punto de correrse.
El Alfa obedeció y
se dejó de juegos ahora que sabía que podía tomarlo. Sus caderas golpearon con
fuerza el trasero de Sasuke, embistiéndolo hasta el fondo de una sola vez,
haciendo que este rugiera de placer y dejara su mente totalmente en blanco,
rindiéndose a las abrasadoras olas de calor que lo consumían con cada firme
penetración. Naruto lo folló a un ritmo frenético y salvaje, sin permitir en
ningún momento que Sasuke escapara de su dominio, procurando que se mantuviera
quieto y que lo único que pudiera sentir fuera a él haciéndole suyo.
Bastaron unas
pocas embestidas fuertes para que el Omega se corriera con fuerza, encontrando
un instante de alivio, pero su compañero sabía que eso no sería suficiente y,
implacable, continuó galopando con fuerza sobre él, alargando su orgasmo al
mismo tiempo que construía uno nuevo, dejándolo, por un instante, en una
deliciosa agonía antes de que volviera a alcanzar el clímax.
Sasuke no supo
cuánto tiempo estuvo así, corriéndose una y otra vez entre gritos, pero pareció
que había pasado al menos una hora cuando, por fin, tras un último orgasmo, su
Alfa alcanzó el clímax con un rugido de pasión. Tembló un poco, sintiéndose
lleno y completo al sentir cómo derramaba su semilla dentro de él, y ronroneó
suavemente para su compañero, haciéndole saber que se sentía bien y feliz.
Naruto liberó
finalmente sus muñecas y apartó sus piernas con delicadeza, dejándolas de nuevo
sobre la cama. Sasuke las sentía un poco doloridas, pero lo olvidó cuando el
rubio le masajeó los muslos, relajando la tensión de sus músculos.
—¿Estás bien? —le
preguntó con la voz áspera, probablemente de tanto gruñir.
—Sí —respondió
Sasuke, estirando sus entumecidos brazos hacia él, invitándolo a reunirse con
él.
Su Alfa se tumbó
sobre su cuerpo, apoyando su peso en los codos para no aplastarlo, y lo besó en
los labios. Gimió suavemente, disfrutando de las tiernas caricias de su lengua
mientras lo abrazaba por el cuello, se sentía muy cariñoso después de hacer el
amor con él.
Cuando se
separaron, Naruto frotó su nariz contra la suya.
—¿No te he hecho
daño?
—No. Ha sido
increíble —reconoció con una sonrisa que su destinado le devolvió.
—Me alegro, porque
vamos a hacerlo muchas veces mientras estés así de caliente —le dijo antes de
inclinarse para mordisquearle el cuello, justo la piel sensible donde debía
dejar su marca.
Sasuke jadeó
cuando otro rayo de fuego lo atacó. Ahora que se había corrido varias veces, no
era tan doloroso como la primera vez, pero seguía siendo intenso y quería que
Naruto se la metiera de nuevo y que lo reclamara. Sentía un extraño ardor donde
lo estaba besando, ansiaba que hundiera sus colmillos en él y lo acoplara.
—Naruto…
—Me necesitas otra
vez —gruñó su Alfa, complacido, y lo besó una vez más en los labios antes de
mirarlo a los ojos—. Quédate tumbado y déjame a mí.
Él obedeció,
cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás, permitiendo que su rubio
lamiera, chupara y mordiera su cuello al mismo tiempo que su cuerpo se movía
sensualmente sobre el suyo, provocando que se estremeciera por sentir su
ardiente piel, erizando sus pezones. De hecho, estos no tardaron en estar en su
punto de mira cuando su boca besó la línea de su clavícula antes de ir más
abajo. Sus labios capturaron uno de sus pezones mientras que sus traviesos
dedos jugaban con el otro, rozándolo y apretándolo, haciendo que volviera a
estar mojado, aunque no podía negar que disfrutaba con eso.
—Mmm… Sasuke,
estás húmedo otra vez —le dijo Naruto, sonriendo.
—Pues ya sabes lo
que tienes que hacer —respondió Sasuke, entrecerrando los ojos.
Su Alfa ensanchó
su sonrisa, mostrándole los colmillos.
—Sí, me hago una
idea —dicho esto, le chupó el otro pezón, pero, esta vez, su mano no se
entretuvo con el otro, sino que le acarició el vientre con suavidad,
descendiendo hasta sus muslos, donde encontró su miembro erecto y lo envolvió
con cuidado.
Sasuke hundió las
uñas en la almohada cuando empezó a masturbarlo. Se le escaparon tiernos
gemidos de su boca al mismo tiempo que contoneaba las caderas, animando a
Naruto a tocarlo más rápido, pero este parecía empeñado en hacerle disfrutar de
cada lenta caricia, frotando su punta con el pulgar para acentuar el placer.
—Aaah… Aaaah… Sí…
¡Mmm!
El rubio se apartó
de su pezón y lo observó con deseo.
—No tienes ni idea
de lo erótico que estás en este momento, Sasuke. Tengo ganas de ver cómo te
corres.
—Pues hazlo…
—gimió, sintiendo incomodidad entre sus piernas.
Su súplica no fue
en vano, ya que su Alfa lo acarició más rápido mientras su boca bajaba lamiendo
y besando su vientre, como si le estuviera advirtiendo de lo que venía a
continuación. No le importaba, todo lo que quisiera hacerle era bienvenido
siempre y cuando hiciera que su pasión estallara, y lo hizo justo cuando la
punta de su lengua lamió su miembro erecto, no pudo soportar su húmeda y
erótica caricia y acabó teniendo un orgasmo antes de que Naruto pudiera
chuparlo.
Al mirar a su
compañero, vio que este sonreía con malicia, como si acabara de hacer una
travesura. Su orgullo quedó un tanto ofendido al darse cuenta de que este
estaba disfrutando viendo la facilidad con la que su cuerpo reaccionaba a su
toque, pero debía admitir que era un tanto sexy ver esa cara de pícaro.
—Te estás
divirtiendo con esto —lo acusó, aún jadeando.
Naruto ronroneó,
sin dejar de sonreír.
—Y tú también,
Sasuke, ¿o vas decirme que esto no te gusta?
Él se mordió el
labio, poco dispuesto a reconocer que su Alfa le provocaba los mejores orgasmos
de su vida y que era el sexo más caliente que había tenido nunca. Aun así,
abrió más las piernas, puesto que todavía necesitaba y quería que lo follara.
El rubio gruñó
suavemente al ver su entrada mojada, encantado por la invitación.
—¿Lo ves? Me
quieres jodiendo tu dulce culo —murmuró, acariciándolo entre las nalgas con un
dedo, haciendo que Sasuke volviera a aferrarse a las sábanas con un fuerte
jadeo—. ¿Qué quieres esta vez, mi Omega? ¿Mi boca o mis dedos? ¿O ambas cosas?
Sasuke abrió los
ojos como platos.
—¡¿Ambas cosas?!
—exclamó, sorprendido.
Naruto le guiñó un
ojo.
—Con que ambas
cosas, ¿eh? Eres un avaricioso, Sasuke.
Antes de que este
pudiera decir nada, a favor o en contra, no estaba seguro porque jamás le
habían hecho eso, el rubio acogió su miembro todavía erecto en su boca y lo
penetró al mismo tiempo con dos dedos. Se le escapó un grito al sentirse
abrumado por el placer, su Alfa se la estaba chupando con avidez, ansioso por
probarlo, al mismo tiempo que lo embestía sin inhibiciones, con firmeza,
rozando ese punto erógeno dentro de él que le hacía arder en llamas. No fue
consciente de que, inmerso en esa vorágine de lujuria, sus garras salieron y
desgarraron la sábana, aunque tampoco importaba, solo quería que Naruto
siguiera haciéndole eso.
—¡Aaaah! ¡Más
rápido, Alfa! —chilló cuando supo que estaba a punto, que lo único que
necesitaba era un empujón más.
Su destinado
obedeció, lo chupó con más fuerza y sus dedos lo penetraron una última vez
hasta el fondo, provocándole un fuerte orgasmo que lo dejó tiritando y más
caliente que antes. Joder, acababa de correrse y ya estaba deseando que lo
hiciera de nuevo.
—Naruto… —suspiró,
en parte aliviado y en parte deseoso por volver a sentirlo en su interior.
El rubio se apartó
de su miembro tras lamerlo para limpiar los pocos restos de su orgasmo, ya que
los Omegas se corrían con más fuerza por su entrada que por su pene, pero, aun
así, sí se les escapaba un poco de humedad. El Alfa contempló a su compañero con
hambre, sus ojos de pupilas ovaladas revelaban lo cerca que estaba su animal de
la superficie. Sasuke se removió ante su mirada posesiva, pues sabía lo que su
destinado quería de él y, sin pensárselo dos veces, giró en la cama, tumbándose
boca abajo, y se colocó sobre sus manos y rodillas, abriendo los muslos para
que tuviera una perfecta visión de sus nalgas y su entrada, más dispuesta que
nunca.
Se estremeció
excitado cuando lo escuchó rugir de deseo. No le sorprendió sentir sus manos
agarrando su trasero, hundiendo los dedos en su piel para mantenerlo quieto, de
todas formas, él no tenía intención de oponer resistencia; la base de su cuello
quemaba, estaba preparado para que su Alfa lo reclamara.
Cerró los ojos y
gritó cuando Naruto pasó la lengua entre sus nalgas, probando su esencia. Amaba
que lo follara con su lengua, era húmeda y tenía una ligera textura rasposa que
incrementaba el placer hasta tal punto que dolía si no se corría, por no decir
que, cada vez que gruñía o ronroneaba, la hacía vibrar de tal forma que lo
catapultaba al orgasmo. A lo largo de esos días lo había hecho muchas veces, su
compañero era consciente de lo mucho que le gustaba y, además, a él le
encantaba lamerlo, le había asegurado que se había vuelto adicto a su sabor.
Sin embargo, a
diferencia de otros días, esta vez no fue suave ni se dedicó a torturarlo hasta
que suplicara que le hiciera correrse, sino que fue duro y firme, su lengua lo
golpeó tan profundo como le era posible, girando dentro de él para acariciar
las paredes húmedas de su sexo y dejarlo delirante de deseo. Lo único que era
capaz de hacer él era gemir y gritar, animando a Naruto a que siguiera
follándolo, sabía que lo estaba preparando para lo que iba a ocurrir después.
Alcanzó la cima
con un rugido animal y salvaje, que Naruto le devolvió con pasión. Eso se había
sentido muy fuerte y le temblaban un poco los brazos y las piernas, le costaba
sostenerse sobre sí mismo, pero la expectativa de lo que venía ahora le hizo quedarse
en su sitio, sobre todo cuando su compañero ascendió por su cuerpo, frotando su
esculpido torso contra su espalda, haciendo que la piel le hormigueara y se
sintiera más caliente por las zonas donde se rozaban. En cuando estuvo encima
de él, prácticamente cubriéndolo, adoptando la postura de un Alfa que reclamaba
a su pareja, sintió cómo otro rayo de fuego volvía a atravesarlo, esta vez con
más fuerza.
Naruto le apartó
el cabello hacia un lado, dejando expuesta la base del cuello. Ya no quedaban
marcas de Orochimaru, su piel era lisa y estaba lista para ser marcada por
siempre.
—¿Estás listo, mi
Omega? —le preguntó el Alfa con una voz ronca y profunda, que sonó más a
exigencia que a otra cosa. Aun así, Sasuke no estaba asustado, sabía que su
rubio jamás le haría daño ni que se movería hasta que le diera su
consentimiento.
Asintió sin dudar
y ladeó la cabeza para ofrecerle su cuello.
—Por favor, mi
Alfa.
Escuchó el gruñido
bestial de Naruto un segundo antes de ser embestido con dureza. No dolió, pero
gritó al sentirse lleno de nuevo por su compañero. De nuevo, este se dejó de
juegos y se limitó a follarlo a un ritmo salvaje para consumar su unión,
poseyendo su cuerpo frenéticamente, penetrándolo hasta lo más profundo,
golpeando una y otra vez su punto más sensible. Sasuke se dejó llevar por las
sensaciones; por las oleadas de calor que invadían cada recoveco de su ser, por
el roce de los duros y sexys músculos de su pecho sobre su espalda, por sus
caderas chocando con firmeza contra sus nalgas, por la lengua que lamió
estratégicamente la base de su cuello, preparándolo para marcarlo.
Era demasiado, el
calor lo sofocaba y su animal lo arañaba desde su interior, gimiendo suplicante
por consumar su tan anhelada unión con aquel Alfa que lo poseía sin vacilar.
—¡Muérdeme,
Naruto! —gritó, al borde del orgasmo.
Su orden activó al
jaguar que el rubio llevaba dentro y clavó sus colmillos en la piel caliente de
Sasuke. Este sintió la penetración de sus caninos como una oleada de placer
sexual que llegó hasta su entrada, mojándola tanto que Naruto pudo acelerar todavía
más el ritmo de sus embestidas, follándolo más rápido y duro, provocándole un
poderoso orgasmo que fue seguido de otro, y otro, haciéndole gritar y rugir de
placer cuando la polla de su ahora compañero se hinchó hasta quedarse bloqueada
dentro de él, corriéndose con fuerza y derramando su caliente semilla en su
interior.
Lo que acababa de
pasar con el miembro de Naruto solo era posible en los Alfas acoplados, de ese
modo, se aseguraban de que su semen permaneciera dentro del Omega para dejarlo
preñado. A partir de ahora, ocurriría siempre que hicieran el amor.
Finalmente, a
Sasuke le fallaron las piernas y los brazos y se derrumbó sobre la cama,
jadeando, con las mejillas totalmente rojas y la piel brillando por el sudor.
Todo su cuerpo temblaba mientras los últimos espasmos de placer desaparecían, que
se alargaron ya que Naruto seguía con sus colmillos clavados en su cuello y su
polla dentro de él, su hinchazón no bajaría hasta que pasaran varios minutos,
durante los cuales no podría separarse del Omega sin hacerle daño.
Mientras Sasuke se
recuperaba, Naruto, que tampoco era inmune a la intensidad del acoplamiento,
tomó una de sus manos y entrelazó los dedos con los suyos al mismo tiempo que
su pulgar acariciaba su torso, haciéndole saber que estaba con él y que todo
había ido bien. En cuanto estuvo seguro de que el vínculo estaba hecho, soltó
con mucho cuidado el cuello de Sasuke, que gimió un poco, en parte de dolor y
en parte de decepción, y empezó a lamer la zona herida. Para acoplarse, había
tenido que hundir sus dientes profundamente y le había hecho sangre, por lo que
ahora lo estaba curando.
En cuanto
consideró que la herida cicatrizaría bien, lo abrazó por la cintura y los tumbó
de lado, procurando que su polla siguiera dentro del Omega para evitar hacerle
daño, ya que todavía no había bajado la hinchazón. Sasuke todavía estaba
recuperándose de la unión, mientras que Naruto, aún afectado por la intensidad
de esta, respiraba agitadamente, aunque su necesidad de cuidar de su compañero
le hacía abrazarlo y acariciarlo, frotando su mejilla contra su hombro.
—Ya está, mi
Sasuke. Ya eres mío —dijo, curvando los labios hacia arriba.
Sasuke giró un
poco la cabeza y le dedicó una cansada pero feliz sonrisa. Naruto le habría
dado un beso si no fuera porque no podía moverse todavía para no hacerle daño.
—Y tú mío.
Él ronroneó y lo
estrechó contra su cuerpo, besándolo en la marca que acaba de hacerle.
—Por supuesto
—dicho esto, le acarició el rostro con una mano—. ¿Cómo estás?
—Agotado, pero
feliz.
—Yo también. —Lo
besó una vez más y lo acomodó un poco mejor en su cuerpo—. Vamos a descansar un
poco, antes de que tu celo te haga entrar en necesidad de nuevo. —Se quedó un
instante en silencio, dudando entre si debía decir lo que sentía o callarse por
el momento. Al final, no pudo reprimirse, no después de aparearse con su
destinado—. Te quiero, Sasuke.
Su Omega entrelazó
los dedos con los suyos y se llevó su mano a los labios para darle un beso
antes de acurrucarse de espaldas en su pecho.
—Y yo a ti,
Naruto.
Este parpadeó, un
poco sorprendido, pero luego sonrió y enterró el rostro en el cuello de su
Omega para poder aspirar su olor. A los pocos minutos, notó que su Sasuke se
quedaba dormido y, tras asegurarse de que su sueño era pacífico, cerró los
ojos.
Sasuke ronroneaba
satisfecho sobre el cuerpo de su Alfa, disfrutando de las suaves caricias que
le regalaba a su espalda y de la mano que mantenía sobre su trasero, al que
había estado muy pegado durante más de cuatro horas de sexo.
Tras dos semanas
de caótica y ardiente de lujuria, su celo por fin había llegado a su fin y su
unión con Naruto estaba más que consumada. Habían sido días tan intensos como
agotadores, apenas había podido pensar en otra cosa que no fuera en que su
compañero lo estuviera follando cada dos por tres, y eso que este le había
estado montando una y otra vez durante extensas sesiones que abarcaban
prácticamente todo el día, tan solo deteniéndose para hacer sus necesidades
básicas.
Sin embargo, ahora
comprendía por qué en esa etapa los Omegas necesitaban a alguien que los
cuidara; para cuando su celo le daba un descanso, lo único que quería hacer era
dormir, no tenía fuerzas para nada más, por lo que había sido su sexy y tierno
Alfa quien se había encargado de darle de comer, bañarlo y que durmiera lo
suficiente como para que se recuperara para la siguiente ronda. A veces, por
supuesto, era imposible esperar y en más de una ocasión el calor lo había
atacado en mitad de una comida o durante el baño, por lo que se podría decir
que no había un rincón de la casa que no hubieran probado ya. Joder, Sasuke no
podía olvidar cómo Naruto lo había follado contra el banco de la cocina, o
sobre la mesa del comedor, o en las escaleras…
Un apretón a su
nalga desnuda le hizo regresar al momento presente y levantar la vista hacia su
rubio. Este le sonreía con cariño, sin dejar de acariciarlo.
—El olor de tu
celo está remitiendo, ¿te sientes mejor?
Sasuke volvió a
apoyar la cabeza sobre su pecho dejando escapar un suspiro.
—Sí, por fin.
—Ha sido intenso y
agotador para ti —coincidió su Alfa.
Él levantó una
ceja y lo miró otra vez.
—Oye, que tú
también dormías muy a gusto cuando terminábamos.
Naruto le guiñó un
ojo.
—Merecía la pena.
Además, eres muy sexy cuando estás tan caliente y mojado.
Se mordió el labio
inferior, mentiría si dijera que no le gustaba que su compañero estuviera tan
pendiente de sus necesidades sexuales, le volvía un poco loco lo salvaje y
dominante que se ponía en la cama… o en el sofá.
—Gracias por
cuidarme estas semanas —le dijo, besándolo en el pecho y frotando su mejilla
contra su piel para mostrarle afecto. Su destinado respondió con un ronroneo y
abrazándolo.
—Ha sido un
verdadero placer —bromeó él, besándole en la cabeza antes de soltar una
risilla—. Si no te dejo embarazado después de este celo, no sabré qué pensar de
mí mismo.
Sasuke se tensó un
poco al pensar en ello. En teoría, él, al ser un Omega, era muy fértil, sobre
todo en época de celo, y, pese a que sus médicos siempre le habían dicho que
estaba sano en ese sentido, tuvo miedo de no poder quedarse preñado esa primera
vez. No era por él, no tenía prisa por formar una familia, aunque tampoco le
importaría saber que ya estaba en cinta, pero había oído que algunos Alfas
rechazaban a sus compañeros si no les daban hijos enseguida. ¿Y si él no se
quedaba embarazado? ¿Y si Naruto se resentía con él por ello?
—Eh, eh, ¿qué
ocurre? —preguntó este, alarmado al detectar un leve aroma a miedo en su
pareja.
Sasuke lo miró
inquieto, preparado para analizar su reacción.
—¿Y si no estoy
embarazado?
Naruto parpadeó,
perplejo.
—¿Tú quieres
estarlo?
—… ¿Y tú? —preguntó,
queriendo saber primero lo que pensaba el Alfa.
Este, sin embargo,
no era estúpido e intuyó a dónde se dirigían sus pensamientos. Con una sonrisa
tierna, besó a Sasuke en la frente y lo estrechó contra sí.
—Sasuke, no me
importa si no te he dejado en cinta, solo estaba haciendo una broma.
—¿De verdad?
—preguntó, todavía dudoso.
—De verdad —dicho
esto, miró su habitación con aire pensativo—. Cuando construí esta casa, la
hice pensando en que tendría un compañero y una familia, intenté pensar en las
cosas que necesitarías para que te sintieras cómodo aquí. También hice una
madriguera en el sótano, para cuando tuviéramos cachorros. No está preparada
para eso, pero la hice de todos modos para el futuro. Lo que quiero decir es
que sí, por supuesto que sería muy feliz si me dieras una camada, pero no tiene
por qué ser ahora. Si ocurre, está bien, y si no, también. Ya te dejaré
embarazado cuando sea el momento.
—¿Y qué pasa si no
puedo tener cachorros?
Naruto sonrió,
como si ya hubiera pensado en eso.
—No importa,
sigues siendo mi destinado.
—Pero…
—Ey —lo
interrumpió su Alfa, tumbándolo en la cama boca arriba y colocándose encima
para juntar su frente a la suya y tomar su rostro entre sus manos—, eres mío y
yo soy tuyo. El vínculo está sellado y solo la muerte lo romperá. No pienses ni
por un instante que renunciaré a ti, mi Sasuke.
Lo besó y el Omega
dejó que lo calmara. Maldita sea, le había tocado la lotería con Naruto, nunca
pensó que podría tener un compañero tan dulce como él, podía entender que
hubiera un montón de hembras Alfas celosas porque le hubiera encontrado.
Que se jodan. Ese
rubio era suyo.
Cuando se
separaron, él apartó los mechones de su rostro y lo acarició con cariño.
—Te amo, Naruto.
Sus hermosos ojos
azules brillaron de pura felicidad, como cada vez que se lo decía.
—Y yo a ti. —Le
dio un beso esquimal y luego le sonrió con ternura—. No sé si te habré dejado
embarazado o no, pero ¿qué te parece si, por ahora, nos limitamos a disfrutar
el uno del otro?
Sasuke sonrió y
rodeó el cuerpo de Naruto con sus brazos y piernas.
—Me parece
estupendo.
Tres años después.
Naruto llegó a su
casa soltando un suspiro hastiado. Le gustaba ser el líder de su clan y cuidar
a su gente, pero ese el último año estaba siendo un fiasco.
No es que pasara
nada malo: tras acoplarse con Sasuke años atrás, hubo algunas hembras Alfas que
mostraron su desacuerdo, la mayoría porque ansiaban la posición de consorte del
líder (o lo que es lo mismo, ser el segundo al mando de la manada) y porque
pensaban que podían dar a luz un Alfa puro como él. Puesto que su unión con su
Omega ya se había consumado, estaba prohibido desafiar a Sasuke, ya que su
muerte podría provocar que él mismo muriera, pero a unas pocas no les importó y
lo atacaron días después de presentarlo a su clan como su pareja. Para
entonces, su compañero había recuperado fuerzas e hizo frente a las Alfas con
una ferocidad que le hizo sentirse orgulloso de él, saliendo victorioso,
además. El único altercado fuerte que hubo fue cuando un grupo de hembras trató
de atacarlo por la espalda, pero, por suerte, Naruto no andaba lejos y él y sus
ejecutores fueron en su ayuda, sometiéndolas.
No tuvo más
remedio que expulsarlas de la manada. Una cosa era un desafío individual, no es
que fuera legal puesto que ya se había acoplado a Sasuke, pero, aun así, la
penalización por esa clase de cosas era un castigo físico que no tuvo problemas
en aplicar. Sin embargo, atacar en grupo ya era otra cosa, eso implicaba más
premeditación, casi un intento de homicidio.
Naruto ya no
confiaba en esas Alfas para que permanecieran en su clan y, tras consultarlo
con sus ejecutores, que compartían su misma opinión, las echó de allí. No las
tachó como criminales que tuvieran que ser perseguidas, dejó que buscaran otra
manada a la que unirse sin percances, pero no las quería cerca de Sasuke. Pese
a que este pudo mantenerse con vida mientras luchaba contra ellas, no habría
durado mucho tiempo al estar en inferioridad numérica. Pensar en lo que podría
haber ocurrido si no hubiera estado cerca de él lo llenaba de rabia.
Además, su Omega
ya tuvo suficiente con los Alfas que lo secuestraron como para que, encima, no
se sintiera seguro en su propio hogar.
Por suerte, Sasuke
era fuerte y se recuperó rápido del susto. El resto de la manada estaba
contenta con él, sobre todo tras demostrar lo poderoso que era en combate tras
vencer a las otras hembras Alfas que lo habían desafiado, les gustaba tenerlo
como líder al ver su fortaleza y percatarse de su carácter reflexivo,
inteligente y calculador. Era una gran incorporación a su manada, además de
que, como Omega, pronto les daría una gran camada de cachorros.
Sasuke no se quedó
embarazado la primera vez que tuvo el celo, pero eso les permitió tener más
tiempo para que este se adaptara a su nuevo hogar, para que conociera su nueva
familia, para aceptar sus responsabilidades y para que ambos pudieran tener
tiempo juntos como pareja, fue muy bueno para ellos.
Y, durante el
segundo celo, se quedó en cinta. Ambos estaban muy felices por formar una
familia y la manada entera, como cada vez que una camada grande venía en
camino, se puso como loca y celebraron el acontecimiento. Cuál fue la sorpresa
de todos cuando supieron que Sasuke estaba esperando ni más que menos que seis
cachorros.
Seis cachorros.
Era lo máximo que
podía dar a luz un cambiante Omega y extremadamente raro en los felinos, que
solían tener como mucho cuatro crías. Como cuando nació Naruto tantos años
atrás, el clan lo consideró una señal divina, un mensaje de la propia Gran
Madre de que la manada seguiría siendo próspera.
Pero ahí empezó el
problema de su líder. Los deberes y responsabilidades de este se repartieron
entre sus ejecutores para que pudiera pasar más tiempo con Sasuke, para que
estuviera bien atendido, sobre todo durante los últimos meses de embarazo, que
era cuando necesitaba más ayuda, pero, aun así, el jaguar que Naruto llevaba
dentro parecía empeñado en querer pasar todo su tiempo junto a su Omega.
Él sabía que
Sasuke no era débil, de hecho, los primeros meses que estuvo en cinta los pasó
sin problemas ayudándolo en sus labores para con la manada, pero, después, a
medida que su vientre se iba hinchando, más crecía su necesidad por tenerlo
cerca, por asegurarse de que estaba sano y salvo, a pesar de que su cabeza
sabía que no le ocurriría nada malo.
El parto fue
largo, muy, muy largo, pero su compañero lo sobrellevó tan dignamente como
cabía esperar de él, dándole seis hermosas crías: cinco Alfas fuertes, cuatro
varones y una chica, y, gracias a la Gran Madre, un pequeño y lindo Omega. Los
primeros se llamaban Menma, Kurama, Narumi, Arashi y Miko, y al último lo
llamaron Saki. Naruto no podía estar más orgulloso de su compañero y de los
hijos que le había regalado.
Por supuesto, tras
su nacimiento, empezaba la etapa más dura para los padres. Cuando una camada de
cachorros nacía, los cambiantes Omegas eran prácticamente dominados por sus
instintos animales, haciendo que su instinto maternal los impulsara a permanecer
cerca de ellos todo el tiempo y evitando que otros ajenos a la familia tocaran
a sus crías. Era el momento en el que los Omegas eran más peligrosos, se
volvían muy territoriales y apenas se separaban de sus hijos, ya que, al ser
recién nacidos, eran más vulnerables.
Por esa razón,
todos los cambiantes reservaban el sótano de sus casas para convertirlo en lo
que ellos llamaban "madriguera". En realidad, era una habitación muy
amplia, cuyo suelo lo cubrían de mullidas alfombras y, en un rincón, creaban
una especie de nido con colchones, que era donde se colocaba el Omega con sus
crías. Toda la familia, el Alfa incluido, viviría en esa estancia subterránea
durante los primeros años de los cachorros para tenerlos vigilados y protegidos
hasta que aprendieran a andar, entonces, ya los dejarían merodear por la casa y,
posteriormente, les mostrarían el mundo exterior, aunque la madriguera seguiría
siendo su habitación hasta que alcanzaran la pubertad.
Ese era el motivo
por el que Naruto estaba tan estresado últimamente. Era consciente de sus
responsabilidades como líder, pero como jaguar solo quería estar pendiente de
su familia y cuidarla. Además, puesto que Sasuke no se separaría de sus
cachorros por el momento, era él quien cazaba para todos y se encargaba de
mantener la casa. No era una queja, en realidad, no le importaba hacerlo puesto
que era su territorio y, como Alfa, estaba en su naturaleza mantener su hogar
habitable para su familia y darles de comer mientras su Omega cumplía el
importante deber de proteger a los cachorros. Sin embargo, le irritaba tener
que ocuparse de algunas cosas del clan cuando lo que quería era estar en la
madriguera mimando a su compañero y contemplando a sus hijos.
Cerró la puerta de
su casa con llave y se desvistió allí mismo, dejando su ropa en el suelo con
rapidez antes de dirigirse a la puerta que conducía al sótano. También le echó
la llave, si alguien quería algo o había una emergencia, tenían un móvil abajo por
si acaso, pero esperaba fervientemente que no lo molestaran en todo el día.
Adoptó forma
animal y bajó elegantemente las escaleras. Al llegar a la esquina que giraba a
la izquierda, lo primero que oyó fue un suave gruñido de advertencia antes de
alzar los ojos con tranquilidad y contemplar el nido donde yacía su pareja con
sus hijos.
Sasuke, como era
habitual, estaba transformado en una hermosa pantera de brillante y liso pelaje
negro con reflejos azules, esbelta y atlética, ligeramente más pequeña que un
Alfa, pero no lo suficiente como para no intimidar a un ser humano. Este tenía los
flexibles músculos tensos, sus garras blancas se hundían en el colchón sin
llegar a romperlo y le estaba enseñando los afilados colmillos, pero se relajó
al reconocerlo y le lanzó un suave ronroneo, dándole la bienvenida.
Naruto se lo
devolvió y saltó los escalones que le faltaban, aterrizando con elegancia en el
suelo antes de trotar hacia el nido de su Omega. Antes que nada, localizó a sus
crías, que estaban desperdigadas por los colchones, la gran mayoría bastante
cerca de Sasuke, para no pisarlas por accidente. Después, se acercó a su
compañero para acariciar su cabeza con la suya a modo de saludo, y luego volvió
a buscar a sus hijos para lamerlos a todos como muestra de afecto mientras
ronroneaba, feliz de estar con ellos y ver que, como siempre, estaban sanos y
salvos.
Una vez hecho, fue
junto a su pareja y se recostó a su lado para pasar la lengua por su cabeza con
cariño. Esta hizo lo mismo durante un rato, claramente contenta de que hubiera
regresado y, una vez estuvieron satisfechos, adoptaron forma humana. La mayor
parte del tiempo, ambos eran jaguares para proteger mejor a sus hijos en caso
de que los pillaran por sorpresa, pero había ratos en los que eran hombres para
poder hablar y acariciarse.
—¿Qué tal tu día?
—le preguntó Sasuke, acariciándole la mejilla.
Él resopló.
—Descentrado. No
he dejado de pensar en vosotros —respondió, sincero, antes de que sus ojos
vagaran hacia Saki, que estaba hecho una bolita contra el vientre de Sasuke, el
cual lo envolvía con un brazo. Acarició su cabecita cubierta de pelaje oscuro y
soltó un suspiro—. Esta mañana he estado a punto de correr cuatro veces hacia
aquí. Mis ejecutores me han regañado por no prestar atención, acabarán
matándome si sigo así.
Su Omega le
sonrió, comprensivo.
—Entienden que es
tu jaguar el que te provoca para venir aquí, es normal —dicho esto, él también
suspiró—. Yo me siento muy poco humano últimamente. No hago más que querer
morder a cualquiera que no seas tú o nuestros hijos.
Naruto parpadeó,
fingiendo estar sorprendido.
—¿De veras? —dicho
esto, cogió en brazos a Narumi, que estaba cerca de él, y lo acunó contra su
pecho mientras lo miraba con un brillo travieso en los ojos—. No sé, yo creo
que este chiquitín está deseando que le den un bocado. ¡Roar! —bromeó antes de
inclinarse sobre su cachorro para hacerle pedorretas en la tripa, haciendo que
el pequeño cachorro soltara un pequeño chillido y tratara de apartar a su padre
con sus patitas.
Sasuke no pudo
contener una sonrisa cariñosa al ver la escena. ¿Quién iba a decirlo? La fría y
solitaria pantera Sasuke Uchiha se convertía en un idiota embobado cuando
contemplaba a sus preciosos hijos o veía cómo el payaso de su padre jugaba con
ellos, recordándole por qué estaba locamente enamorado de él. Desde que lo
conoció, supo que Naruto sería un padre fantástico, era cariñoso, divertido y
juguetón, sus cachorros apenas tenían unos pocos meses, pero ya lo adoraban.
Igual que él desde hacía tres felices años.
Realmente había
sido muy afortunado. A veces le costaba creer que, de un día en el que fue
secuestrado por unos Alfas retorcidos, uno en el que creyó que no sobreviviría,
había pasado a encontrarse con el que era, sin lugar a dudas, el amor de su
vida, la mitad de su alma, y que le había dado una hermosa camada de seis
cachorros por los que mataría a quien fuera necesario.
Naruto lo vio
mirándolo y, como si fuera capaz de leer sus pensamientos, dejó con cuidado a
Narumi en el colchón y lo abrazó para besarlo dulcemente, diciéndole sin
palabras que él también lo amaba. Sasuke lo dejó hacer, aspirando su delicioso
aroma a árboles y tierra, el mismo que le había dicho el primer día que lo vio
que ese sexy, tierno, juguetón y salvaje jaguar le pertenecía.
FIN

Comentarios
Publicar un comentario