Tercera cita. Diferentes (capítulo especial)
Inspiré hondo mientras me miraba en el espejo. Al fin,
había llegado el día de mi tercera cita con Naruto y, debo reconocerlo, estaba
un poco nervioso.
Esa semana, cuando me había visto con Naruto, había
ganado un nuevo privilegio: entrar en su dormitorio. Tras nuestra segunda cita,
el doncel me había permitido ir más lejos en nuestra relación física; ahora
podía acariciarlo por debajo de la ropa, por no decir que siempre acabábamos
desnudándonos hasta terminar en bóxers. Por un lado, ver a ese doncel quitarse
la ropa era una de las cosas más sensuales que había visto, pero por otra, me
resultaba… difícil no llegar hasta el final, aunque me consolaba que a Naruto
también le costara parar.
Sin embargo, hace dos días, cuando regresé a casa y
estuve fantaseando sobre lo que podría hacer por fin con él después de nuestra
cita, caí en la cuenta de algo que me preocupó; si bien era cierto que había
estado con muchas chicas, nunca había estado con un doncel por miedo a que mi
padre se enterara. Eso me había estresado un poco, ya que no sabía si el sexo
con un doncel era muy diferente al de una mujer o no, es decir, sé que, a
diferencia de los hombres, su entrada se humedece y dilata, pero también había
oído que eran más estrechos y prietos. ¿Y si le hacía daño sin querer?, lo
último que quería hacer era herir a Naruto de cualquier forma.
Sin saber muy bien qué hacer o a quién preguntar, ya
que no tenía amistad con ningún doncel, llamé a Hinata y nos vimos. Como
siempre, ella escuchó pacientemente lo que me ocurría (la noté nerviosa cuando
hablamos de sexo, pero tuvo el valor de superar su incomodidad con tal de
ayudarme; por eso era mi mejor amiga) y actuó con comprensión. Reconoció que,
como ella no era doncel, no estaba segura de si ellos lo sentían de forma
diferente a las mujeres, pero sí me dijo que la penetración no era dolorosa siempre
y cuando se les preparara antes, en ese aspecto sí se parecían a las chicas.
Aun así, me recomendó que le preguntara a Naruto sobre ello, especialmente si
hacía tiempo que él no tenía relaciones sexuales.
Así que ahí estaba, mirándome en el espejo y temblando
por dentro. Si hubiera oído a alguien farfullando que Sasuke Uchiha se ponía
nervioso antes del sexo, me habría reído con ganas y esbozado una sonrisa
arrogante, sabiendo que era bueno en eso, pero ahora… Mierda, quería hacerlo
bien para mi rubio, sobre todo sabiendo que desde su ex no había vuelto a
acostarse con nadie, y no quería decepcionarlo.
Le eché un vistazo a mi ropa: me había puesto unos
vaqueros grises, una camiseta blanca de manga corta y, por encima, una chaqueta
de entretiempo oscura a juego con los pantalones y mis deportivas. No es que
hiciera frío, pero por la noche podía refrescar.
—Qué guapo vas, hermanito.
Puse los ojos en blanco al oír la voz de Itachi detrás
de mí.
—Es de mala educación entrar sin llamar, Itachi. Tú
mismo me lo enseñaste cuando era pequeño.
Mi hermano puso las manos sobre mis hombros y me los
apretó con un poco más de fuerza de la necesaria. Me revolví un poco y me
quejé, sabiendo que lo hacía a propósito.
—¿Vas a ir con esa misteriosa amiga tuya? —me
preguntó. Le vi sonreír con malicia a través del espejo.
—No tengo ninguna misteriosa amiga y voy a ir al cine
con Hinata y Neji. Además, me quedaré a dormir en su casa —mentí. Quería pasar
la noche entera con Naruto, a pesar de mis nervios. Por eso dije que estaría
con Hinata, ella me cubriría si a alguien de mi familia se le ocurría
preguntar, aunque no creía que llegaran a tanto.
Itachi levantó las cejas.
—No te quedabas a dormir en su casa desde que erais
pequeños.
—Ya, pero la sesión termina tarde, ellos me ofrecieron
quedarme y yo accedí —dije, encogiéndome de hombros antes de coger mi cartera y
mi móvil y guardármelos en el bolsillo.
Antes de salir de la habitación, sin embargo, mi
hermano me detuvo.
—Sasuke —me llamó.
Le miré por encima del hombro, su expresión era
solemne.
—Sabes que puedes hablar conmigo, de lo que sea.
Comprendí el mensaje oculto en sus palabras. Itachi
era la persona que mejor me conocía en el mundo y sabía que estaba actuando de
manera diferente últimamente. Era evidente que se había dado cuenta de que yo
estaba en algún tipo de relación, pero aún no sabía que estaba con un doncel… y
no estoy seguro de si sospechaba hasta qué punto llegaban mis sentimientos por
él.
Pensé en ello después de despedirme de él y mi madre y
salir de casa. No era idiota, me había dado cuenta de que el afecto que sentía
por el rubio era distinto a todo cuanto había experimentado; todavía ni se me
pasaba por la cabeza que estuviera enamorado, pero era innegable que le quería
de una forma distinta a un amigo. No sentía la necesidad de ver a Hinata o
Shikamaru todo el tiempo, o de saber cómo estaban al menos una vez al día o qué
estaban haciendo, tampoco me hacían sonrojar o aceleraban mi corazón cuando
sonreían. También estaba esa extraña sensación, íntima y profunda, que tenía
cada vez que Naruto me tocaba; entendía que se debía a que él y yo nos
conocíamos y que teníamos un vínculo, cosa que nunca había tenido con las
mujeres con las que había estado, pero seguía sin comprender en qué sentido era
diferente a mis amigos, aparte de la atracción física.
Pese a mi confusión, no pensé ni por un momento en
alejarme de Naruto. Quería permanecer a su lado, se lo había prometido en la
playa; pasara lo que pasara, sería su amigo.
Mis nervios se calmaron un poco cuando vislumbré el
edificio donde vivía. Estar con él siempre me relajaba, como si hiciera las
cosas más fáciles. Sabía que cuando le dijera que era mi primer doncel se
burlaría un poco de mí en plan broma, puede que hasta le sorprendiera, pero
luego me diría con ternura que no me preocupara y que él se encargaría de
guiarme.
Se me escapó una sonrisa. Me parecía… lindo conocer
tan bien a Naruto.
Me acerqué al telefonillo y llamé a su timbre. Tenía
muchas ganas de decirle la sorpresa que tenía para él, estaba seguro de que se
volvería loco de alegría cuando le enseñara las entradas. Sin embargo, no fue
él quien me contestó, sino una dulce voz masculina, como de doncel.
—¿Quién es? —preguntó con cierta brusquedad. Me costó
poco darme cuenta de que la persona al otro lado de la línea estaba alterada.
—Ah… Me llamo Sasuke, busco a Naruto —dije con el ceño
fruncido. No me gustó que hubiera alguien más en su piso.
La otra persona suspiró aliviada y me habló con más
tranquilidad.
—¡Sasuke! Gracias a Dios que eres tú.
Me sobresalté al reconocer su voz.
—¿Iruka?
Iruka Umino era el vecino de Naruto y también su
casero, lo había conocido en una de mis visitas a su casa. Era un poco más bajo
que yo, de piel ligeramente morena, lo que armonizaba con su cabello castaño,
que llevaba siempre recogido en una coleta alta, y con sus ojos oscuros, de
mirada cálida, aunque lo que más llamaba la atención era una extraña cicatriz
que cruzaba el puente de su nariz.
Me caía bien, era un doncel muy agradable y amable,
aunque lo que más me gustó fue su actitud paternal hacia Naruto. Según me contó
él mismo un día en que salí del edificio después de ver al rubio, la primera
vez que vio a este fue cuando tenía casi trece años, poco después de que Naruto
se mudara a Tokio tras la muerte de sus padres. Por entonces, Iruka solo había
tenido contacto con su hermano mayor, quien le había alquilado el piso y era
quien pagaba las facturas, por lo que le sorprendió ver al pequeño doncel allí.
Al darse cuenta de que estaba solo debido al trabajo de su hermano y que sus
padres habían fallecido, tomó la decisión de cuidar de él. Así que era habitual
verlos juntos cuando estaban en el edificio, e incluso iban una vez a la semana
a cenar a un restaurante llamado Ichiraku, que curiosamente era el favorito de
ambos para comer ramen.
—Iruka, ¿qué ocurre? —le pregunté, inquieto por oírlo
tan alterado.
—Ahora te lo explico, sube, rápido —me dijo, abriendo
la puerta.
Subí las escaleras como nunca las había subido en mi
vida. Al llegar al tercer piso, vi a Iruka vestido con una camiseta y pantalón
cortos que usaba para dormir, unas zapatillas de ir por casa y, lo más extraño
de todo, con una sartén enorme en una mano. Estaba frente a la puerta de la
casa de Naruto, que estaba abierta, pero cuando me vio llegar, se acercó
corriendo a mí.
—¡Sasuke!, menos mal que has venido.
—¿Qué pasa? —pregunté, más nervioso que antes.
—Unos hombres han entrado en casa de Naruto.
Sentí cómo el color huía de mi rostro al comprender
todas las posibles cosas que podrían haber pasado. Tensé todos los músculos,
listo para atacar si era necesario, y cogí a Iruka de un brazo.
—¿Y Naruto? ¿Está bien? ¿Dónde está?
—Está en mi casa y se encuentra bien —me respondió
antes que nada para que me calmara. Y lo logró, el bienestar de Naruto era lo
único que me importaba—, pero le pillaron desprevenido y le golpearon la
cabeza. No es nada grave, se deshizo de dos de ellos sin problemas y al tercero
lo noqueé yo con esto —explicó, señalando la sartén—. Escuché golpes y gritos y
fui a ver qué ocurría. Ahora están atados en su casa y la policía y una
ambulancia vienen hacia aquí.
Mi sangre hirvió al saber que estaba herido, pero me
alivió el que no fuera nada grave. Aun así, tenía que verle y estar seguro de
que se encontraba bien.
—¿Puedes encargarte de esos tres hasta que llegue la
policía? Quiero ver cómo está.
Iruka asintió.
—Me sentiré más tranquilo sabiendo que estás con él.
No te preocupes por mí, esta maravilla es de hierro forjado y da gusto golpear
con ella —dijo, haciendo unos malabares con la sartén.
No perdí más tiempo y fui a la casa de Iruka. La
distribución de las habitaciones era muy parecida a la de Naruto, así que no me
costó mucho dar con él. Lo encontré en el dormitorio, sentado en la cama con la
espalda apoyada en la pared y las rodillas contra su pecho. Iruka debía de
haberle dejado ropa, ya que las mangas de la camiseta le venían un poco grandes
y los pantalones le estaban algo anchos. Fue un duro golpe para mí ver la
herida de su cabeza, que aún sangraba y que el doncel se tapaba con un trapo
que parecía contener hielo, y la expresión preocupada de sus ojos.
Entré en la estancia, fijándome entonces en que en la
otra mano llevaba un teléfono y que estaba hablando con alguien. Sin embargo,
al verme, Naruto se puso de rodillas e hizo amago de ir hacia mí. Antes de que
pudiera salir de la cama, fui hacia él, subiéndome a esta y quedándome sobre
mis rodillas para abrazarlo. El rubio se aferró a mí como si su vida dependiera
de ello; nunca lo había visto asustado, pensaba que alguien tan fuerte como él
no sentiría miedo de una situación como esta, pero estaba equivocado. Entre eso
y que parecía más pequeño con la ropa de Iruka, vulnerable, sentí una nueva
emoción en mi pecho, un instinto primario de protegerlo a toda costa. Lo
acomodé entre mis brazos y piernas de forma que pudiera envolverlo con mi
cuerpo, como si intentara convertirme en una especie de escudo protector.
Mientras tanto, Naruto siguió hablando por teléfono.
—De verdad que estoy bien, solo es una herida
superficial. —Desde donde estaba, no podía oír bien a su interlocutor, solo
capté que tenía una voz profunda y grave, muy varonil, pero hablaba muy rápido,
tal vez por los nervios—. No es necesario que adelantes tu viaje, en serio. —La
voz bajó el tono, tanto que apenas pude percibirla—. Pero… —Naruto hizo una
pausa, escuchando, y suspiró—. De acuerdo, aquí estaré. Sí, lo prometo,
cancelaré mi clase de mañana. Vale, adiós —dicho esto, dejó el teléfono en cualquier
parte y me abrazó con fuerza.
Lo estreché contra mí, haciéndole saber que estaba ahí
para él.
—¿Estás bien? —le pregunté. Necesitaba oír su
respuesta, saber en qué pensaba o cómo se sentía para poder ayudarle.
Él asintió.
—Solo estoy… un poco nervioso.
Me separé de él lo justo para poder examinar su
herida. La tenía en una sien, que tenía un poco hinchada y estaba adoptando un
color oscuro, signo de que iba a tener un moratón. En el centro, había una
especie de arañazo, de bordes anchos y sangrantes. No parecía muy grave, pero
me enfureció que alguien le hubiera golpeado.
Él esbozó una media sonrisa que no le llegó a los
ojos.
—No es para tanto. Solo duele un poco.
Inspiré hondo para tranquilizarme. Él no necesitaba mi
ira en estos momentos, lo que le hacía falta era apoyo y yo estaba dispuesto a
darle cualquier cosa que necesitara.
Cogí el trapo lleno de hielo que había dejado en la
cama al abrazarme y lo volví a poner con delicadeza en su cabeza. La mueca de
dolor que hizo cuando le rozó la piel encendió todavía más mi furia, pero traté
de mantenerla bajo control.
—¿Qué es lo que ha pasado? —pregunté, queriendo
detalles de lo sucedido.
—Me estaba duchando, por eso no les oí entrar. Cuando
salí, alguien me cogió del pelo y me golpeó contra la pared, dejándome
aturdido. Por eso no pude defenderme al principio, me inmovilizaron en el
suelo. Me… manosearon un poco… —admitió, haciendo una mueca de desagrado.
Sin embargo, yo no pude contenerme esta vez. Sentí mi
rostro arder de pura rabia al imaginarme a Naruto en el suelo con esos tres
hombres pasando las manos por su cuerpo.
—¿Te tocaron? —gruñí. Estaba a un paso de irme de allí
y buscar a esos cabrones para molerlos a palos por haberle puesto sus manos
encima a mi doncel.
Por fortuna para ellos, este me cogió los brazos,
aferrándome con fuerza suficiente para mantenerme en mi sitio.
—Por favor, Sasuke, te necesito aquí —me pidió en voz
baja y con ojos suplicantes.
No había forma humana de que yo me negara a hacer
cualquier cosa que me pidiera cuando me miraba de esa manera. Sin dejar de
presionar el hielo contra su cabeza, lo estreché un poco más contra mí,
necesitando tenerlo cerca.
—¿Qué te hicieron exactamente? —pregunté entre
dientes. Pese a que había decidido no separarme de Naruto, seguía furioso con
esos malnacidos.
—Solo me sobaron un poco el culo, estaban entretenidos
y pude deshacerme de uno y luego de otro. Para entonces, Iruka ya había llegado
y le dio con la sartén en la cabeza al último. —Se le escapó una sonrisa—. Eso
fue divertido.
Reconocía que la imagen de ese doncel gritando
mientras se lanzaba al ataque con un instrumento de cocina era divertida a más
no poder, pero estaba demasiado enfadado como para poder apreciarla.
—¿Cómo entraron en tu casa? —pregunté.
Esta vez, sentí que Naruto se estremecía.
—Eso es lo que me asusta, tenían llaves de mi casa.
—¿¡Qué!? —Eso también me asustó; si habían conseguido
sus llaves, eso significaba que su objetivo era Naruto, no lo habían elegido al
azar.
—Lo sé, por eso estoy así. Puedo enfrentarme a varios
hombres, pero no me gusta que tengan… acceso a mi casa de esa manera…
—Oye, Naruto —le llamé, queriendo que prestara mucha
atención, aunque esperaba que mis sospechas no fueran ciertas—, ¿crees que esto
tiene alguna relación con el trabajo de tu hermano?
El doncel negó con firmeza.
—No, acabo de hablar con mi hermano y él me ha
preguntado lo mismo. Si fuera alguien enviado para chantajearle a través de mí,
me habrían cogido sin problemas.
—Tú eres muy fuerte —repliqué.
Naruto puso los ojos en blanco.
—Agradezco tu fe en mí, Sasuke, pero si mi hermano
trabaja para el gobierno, sus enemigos serán mucho mejores que yo. Y esos tres
no eran gran cosa, ni siquiera me han inmovilizado bien.
De repente, oí unos gritos provenientes de al lado, de
casa de Naruto. Instintivamente, abracé al doncel con más fuerza en actitud
protectora.
—¡Tú a callar o te doy un sartenazo! —gritó Iruka.
—¡Que te den, viejo!
—¡Cuando venga la policía ya veremos si eres tan
gallito!
—¿Qué? ¿Policía? ¿Cómo que policía?
—Ya me has oído.
—¡Espera, espera! ¡Solo era una broma!, ¡no íbamos a
hacer daño a nadie!
¿Broma? ¿A qué coño venía eso?, pensé con rabia.
¡Naruto estaba herido y era por culpa de esos tres!
Se hizo un momento de silencio antes de que Iruka
chillara:
—¡Pues la bromita os ha salido cara, imbéciles! ¡Hay
un doncel herido por vuestra culpa y os aseguro que las autoridades os
castigarán con dureza por ello!, son muy protectores con los donceles.
—¡No, espera! ¡Naruto! ¡Naruto, soy Akane!, ¡ven, por
favor!
—¿Akane? —interrogó este, apartándose suavemente de mí
y levantándose. Yo le seguí sin dudarlo, no pensaba estar muy lejos de él esta
noche después de lo que había pasado.
—¿Lo conoces?
La expresión del rubio se volvió sombría.
—Espero que no sea quien creo.
Llegamos a su piso y entramos. Los tres hombres
estaban sentados en el suelo, espalda contra espalda debido a que sus manos
estaban atadas entre sí para que les fuera más difícil escapar. Iban vestidos
con ropa oscura y llevaban pasamontañas, de forma que no se viera su rostro.
Naruto avanzó hacia el que estaba consciente y le
quitó la prenda de un tirón para verle la cara. Entonces, me di cuenta por sus
facciones de que no era mucho más mayor que el doncel, de hecho, parecía más
joven que yo; tenía el cabello castaño rojizo bastante corto y ojos marrones, y
un feo moratón en el ojo y el labio partido.
El rubio se cruzó de brazos, mirándolo con furia.
—¿Me puedes explicar qué diablos creéis que estáis
haciendo? Porque imagino que los otros dos son Habashi y Zori.
Akane bajó la cabeza, un poco intimidado por el
doncel.
—Solo era una broma.
—¿Una broma? ¡Me habéis golpeado en la cabeza y sobado
el culo!, ¿qué tal si te hago lo mismo a ver si así estamos en paz?
—… Bueno… si solo me tocaras el culo…
Vi que Naruto se estaba poniendo rojo de rabia. Se
cubrió el rostro con una mano antes de pasársela por el pelo mientras
resoplaba, como si intentara calmarse.
—Está bien, él te sobará el culo en mi lugar y no será
nada delicado —dijo, señalándome.
Yo le fruncí el ceño, ignorando la expresión de horror
que puso Akane.
—La única razón por la que tocaría a este gilipollas
sería para darle una paliza.
—Por mí adelante —Naruto me dio luz verde encogiéndose
de hombros.
Akane, por otra parte, parecía querer estar lo más
lejos de los dos.
—¡No, no, no, no! ¡No quiero más golpes! ¡La culpa es
de Genji!
Un músculo empezó a latir en el cuello de Naruto al
escuchar ese nombre.
—¿Qué ha hecho Genji exactamente? —preguntó con mucha
lentitud.
—Nos dio las llaves de tu casa y nos dijo que te
diéramos un susto. Quería demostrarte que un doncel necesita a un hombre para
que le proteja.
En ese punto, empecé a sentir cómo el rubio exudaba
ira asesina por todos los poros de su cuerpo. Tenía los labios apretados, los
brazos estirados a ambos lados del cuerpo con las manos convertidas en puños y
sus músculos se flexionaban con tirantez, como si se estuvieran preparando para
atacar.
—Tengo que salir de aquí —dijo entre dientes, dando
media vuelta para marcharse. Fui tras él.
—¡Espera! —lo llamó Akane—. La policía no vendrá,
¿verdad? Solo ha sido una broma.
Naruto soltó una seca carcajada.
—Claro que vendrá, así aprenderéis a no cometer una
gilipollez como esta.
—¿Qué? ¡Vamos, no seas así!
El doncel se giró y lo fulminó con la mirada.
—¿Es que no te das cuenta de la tontería que acabáis
de hacer? ¡Encima de que no me habéis demostrado nada aparte de vuestra
estupidez, tal vez os fichen por esto!, ¡por una puñetera broma que implicaba
golpearme!, ¿os parece eso normal?
Eso me estaba preguntando yo. A decir verdad, no
estaba entendiendo nada de lo que estaba ocurriendo excepto que Naruto conocía
a esos tres, pero no le interrumpí, dejé que se desahogara del todo.
Akane lo miró con cara de pocos amigos.
—Si te hubieras portado como un doncel…
—¡Me portaré como me salga de los huevos que para eso
estoy en un país libre! Sé que no os gustaba eso y por eso rompí la relación
con todos vosotros, se suponía que cada uno iría por su lado, ¿por qué coño
teníais que acosarme?
—¡No te acosamos!
—¿Y a qué viene eso de manosearme?
El hombre esbozó una sonrisa cruel.
—Solo queríamos saber si Genji decía la verdad. Tenía
razón, lo único bueno que tienes es un culo prieto para follar.
Pude ver en los ojos de Naruto que eso le había
herido, profundamente. Si ya me estaba siendo difícil no acercarme a esos
imbéciles y darles su merecido por haberle golpeado, lo único que me faltaba
era observar cómo herían emocionalmente a mi rubio.
Sin pensármelo dos veces, fui hacia Akane, me agaché
frente a él y le di el puñetazo más fuerte que había dado en mi vida. Me hice
daño en la mano, pero estaba tan furioso que apenas lo sentía.
—¡Sasuke! —me llamó Naruto. Vi por el rabillo del ojo
que venía hacia mí, pero Iruka lo detuvo envolviendo un brazo alrededor de su
cintura—. Iruka…
—Déjalo, Naru.
—Pero…
—Él también lo está pasando mal con esta situación,
deja que se desahogue.
Bien, Iruka también pensaba que se lo merecían, así
que tenía vía libre. Me dirigí al gilipollas, dejando que mis ojos reflejaran
mi ira.
—Repítelo si tienes cojones.
Akane gimió por el dolor, pero me lanzó una mirada
asesina.
—Que te jodan.
Y, entonces, tuve una idea. Una idea cruel, muy cruel,
pero él había sido el primero en herir a Naruto, así que… Si íbamos a portarnos
como cabrones, yo sería el peor de todos.
—No eres mi tipo —comenté, sonriendo de forma
siniestra—, pero ya que has hablado de culos prietos, vamos a ver cómo es el
tuyo —dicho esto, tiré de sus piernas para que acabara lo más tumbado posible
en su posición, y luego enganché la cinturilla de su pantalón y la empujé hacia
abajo. Como llevaba cinturón, apenas logré bajarlo unos centímetros, pero
servía de sobra para mi propósito.
—¡Eh, eh! ¿Qué haces? —gritó Akane con el rostro
blanco como la cera.
—Solo quiero saber si tienes un buen culo para follar.
Si eres estrecho puede que te duela un poco, soy grande y me gusta hacerlo
duro.
La cara del chico fue un poema de terror. Bien, que se
joda.
—¡Noooooo! —aulló, meneando las piernas sin control,
me recordó a cómo se revolvía un pez fuera del agua—. ¡Por favor, por favor, no
me hagas daño!
Mi sonrisa desapareció y puse una expresión
amenazadora.
—Pídele disculpas a Naruto.
Akane ni lo dudó.
—¡Lo siento, lo siento, lo siento mucho! ¡Por favor,
quítamelo de encima! —le suplicó al rubio, que estaba mirando la situación un
poco asombrado.
—¡Eh!, mírame a mí —ordené. El capullo obedeció y me
observó con temor—. ¿Hay alguien más que tenga llaves de la casa de Naruto?
—Creo que no, Genji nos dio las suyas —respondió,
tragando saliva.
—Bien, me las quedaré —dicho esto, lo cogí por el
cuello y me cerní sobre él, dejando que sintiera toda el aura agresiva que
desprendía—. Si te vuelvo a ver a menos de diez metros de Naruto, si veo
siquiera que le echas un vistazo por el rabillo del ojo, iré a por ti y
terminaré lo que he empezado, solo que esa vez te meteré un bate de béisbol, y
ni se te ocurra preguntar cómo lo haré porque te aseguro que entrará aunque
tenga que destrozarte el culo, ¿me has entendido? —Akane asintió con
vehemencia. Conforme con su respuesta, le solté del cuello, pero le di un
último puñetazo en la mandíbula que lo dejó inconsciente—. Y eso por la herida
que le has hecho en la cabeza, mamón.
—¡Toma! —gritó Iruka. Al darse cuenta de lo que había
dicho, se sonrojó y carraspeó—. Quiero decir… ejem… con un puñetazo era
suficiente, Sasuke.
Traté de contener una sonrisa, pero no lo conseguí.
—Pues no te has esforzado mucho para detenerme, Iruka.
El doncel le quitó importancia con un gesto de la
mano.
—Yo ya estoy mayor para interponerme en peleas de
jóvenes.
Naruto, por primera vez desde que lo había visto hoy,
soltó una risilla.
—Pero no tenías problemas en darle a alguno con la
sartén, ¿eh? —dicho esto, se acercó a mí y me cogió la mano izquierda, con la
que había golpeado a ese imbécil. La observó, analizando el daño, y luego me
dedicó una pequeña sonrisa—. No era necesario.
Me encogí de hombros.
—Lo sé, pero quería pegarle de todos modos.
Él rio por lo bajo y luego me dio un corto beso en los
labios.
Apenas unos momentos más tarde, la policía y la
ambulancia llegaron. Mientras una paramédica nos examinaba a Naruto y a mí, un
agente le tomó declaración a él y a Iruka mientras que el resto se llevaba a
Akane y los demás a los coches. El rubio explicó lo que había ocurrido y por
qué habían actuado de esa forma.
—Entonces, ¿presentarás cargos? —preguntó el agente.
—¿Irán a la cárcel?
—No, pero pasarán un par de noches en el calabozo y se
les abrirá un expediente por agresión. Tendrían que habérselo pensado mejor
antes de atacar a un doncel, la ley os tiene muy protegidos en compensación por
las masacres de hace dos siglos.
—… ¿Podrían pasar unas noches en comisaría y
asustarlos un poco? Creo que con haberles pegado ya tienen suficiente castigo.
El policía enarcó las cejas.
—¿Has sido tú quien les ha golpeado?
—Sí.
El hombre sonrió con aprobación.
—Buen chico —dicho esto, se dirigió a mí—. ¿Y tú por
qué estás herido?
Antes de que pudiera decir nada, Naruto me cogió la
mano que tenía sana y respondió:
—Uno de ellos se despertó y Sasuke me defendió.
El agente se levantó la gorra.
—Como haría cualquier caballero.
Entonces, la paramédica nos interrumpió para darnos
indicaciones.
—Usted no tiene nada grave, solo se le ha desgarrado
un poco la piel de los nudillos al golpear. Se le cerrarán las heridas en pocos
días —me dijo, terminando de vendarme la mano. Naruto también tenía una venda
en la cabeza, al ser doncel y tener una herida en un lugar más peligroso, había
sido el primero en ser atendido. La mujer le sonrió con calidez—. En cuanto a
usted, tal vez experimente mareos y dolores de cabeza, tome estas pastillas
después de comer y cenar durante cinco días y luego vaya a que le revisen la
herida de nuevo, seguramente le dirán que ya está bien. Si tiene otros síntomas
no dude en ir inmediatamente a urgencias, le atenderán enseguida tras decirles
lo que le ha pasado.
—Muchas gracias —dijimos Naruto y yo al unísono.
—Es mi trabajo —respondió ella, sonriendo—. Por
cierto, son una linda pareja.
Tanto el doncel como yo nos sonrojamos, aunque tampoco
lo negamos.
Tras unos minutos más, la ambulancia y los policías se
marcharon. Iruka, Naruto y yo regresamos al piso del rubio, momento en que me
di cuenta de que el comedor estaba muy desordenado y con algunos muebles rotos,
probablemente por la pelea que había tenido lugar.
—Tal vez deberías quedarte esta noche en mi casa, Naru
—propuso Iruka, pero este negó con la cabeza.
—Estoy bien, de verdad. Además, Sasuke y yo vamos a
salir.
Le miré con el ceño fruncido. No había olvidado
nuestra cita, pero después de esto, era evidente que debíamos dejarla para otro
día.
—No, no vamos a salir.
Naruto se giró hacia mí. El dolor que vi en sus ojos
me sentó como si me hubieran golpeado en el estómago.
—¿No quieres?
—Claro que quiero, pero no voy a dejar que salgas de
casa con ese golpe.
El rubio hinchó los mofletes, molesto.
—No es nada.
—La paramédica dijo que podías tener mareos y dolores
de cabeza. No voy a dejar que salgas en ese estado.
—¿Pero qué estado?, solo es un golpe.
—Podrías desmayarte.
—Ella no dijo nada de desmayos.
—Un mareo puede causar desmayos.
—¡Eso te lo estás inventando!
—¡Chicos, basta! —interrumpió Iruka, interponiéndose
entre los dos. Sin embargo, fue a Naruto a quien miró con severidad—. Sasuke
tiene razón, no deberías salir a la calle, al menos no esta noche y mucho menos
sin alguien que te acompañe para asegurarse de que no te pase nada.
El rubio nos miró con mala cara, como si Iruka y yo
nos hubiéramos compinchado para conspirar contra él. Dejó caer los hombros con
un suspiro, rindiéndose, antes de que sus ojos se clavaran en los míos, tristes
y culpables.
—Lo siento, esto ha sido un desastre.
Verlo de esa forma hizo que se me encogiera el
corazón; no soportaba que estuviera así, con cualquier tipo de malestar, fuera
físico o emocional. Inconscientemente, me acerqué y lo abracé, estrechándolo
contra mí.
—No seas tonto, no ha sido culpa tuya.
Naruto rodeó mi cintura con los brazos y apoyó la
cabeza en mi pecho.
—Me apetecía mucho salir contigo esta noche, de
verdad.
… Ah… Juro que lo intenté con todas mis fuerzas, pero
era imposible resistirse a cumplir los deseos de ese doncel cuando ponía ese
tono de voz tan lastimero.
—¿Y si… tenemos la cita aquí? —propuse. El rubio se
separó para mirarme con esos preciosos ojos brillantes, ilusionado—. Así me
aseguro de que estás bien.
Mi respuesta llegó en forma de beso.
—Gracias, Sasuke.
—Pero lo haremos a mi manera —le advertí con cara de
pocos amigos.
Él me sonrió con picardía y me guiñó un ojo.
—Tú tienes las riendas esta noche.
… ¿Soy el único que piensa que se refería al sexo?
Sacudí la cabeza, despejándome, y puse mi mente en marcha. Lo primero era lo
primero, el bienestar y la comodidad de Naruto. Le señalé con un dedo.
—Ve a ducharte y ponte algo cómodo mientras yo me
encargo del resto.
Por una vez, el doncel obedeció sin rechistar y
desapareció en su dormitorio, donde tenía el cuarto de baño con una bañera
grande. Por otra parte, yo me reuní con Iruka, quien esbozaba una media
sonrisa.
—Es un bonito detalle lo que has hecho por él —me
dijo.
Yo sonreí un poco.
—Creo que esto le ha afectado más de lo que parece y
necesita distraerse. Al menos, si le pasa algo, estará en su casa y yo podré
tener un ojo en él.
—Eres una buena persona, Sasuke.
Incliné la cabeza, a modo de agradecimiento. Entonces,
tuve una idea; puede que una cita en casa de Naruto fuera un poco cutre, pero
haría lo que pudiera para darle un poco de encanto.
—Iruka, ¿puedo pedirte algo?
Le dije lo que necesitaba y él accedió a echarme una
mano. Mientras él iba a por lo que le había pedido, yo llamé a Choza, el padre
de Choji y jefe del asador donde tenía pensado cenar con Naruto; cancelé la
reserva que tenía y le pedí disculpas por las molestias, ya que el buen hombre
había prometido hacer sus mejores platos en cuanto supo que la cena era una
cita (no tuve otro remedio que decírselo, me habría visto de todos modos, pero
me prometió que no se lo contaría a su hijo ni al grupo si así yo me sentía más
cómodo).
—No me digas que te han plantado, chico —me dijo, un
poco incrédulo.
—No, señor, ha habido… un incidente y al final
celebraremos la cita en su casa.
—¿Estáis los dos bien?
—Nada que no se cure en unos días —aseguré para evitar
que se preocupara.
—… Está bien, voy a proponerte algo. —¿Eh? —. ¿Por qué
no dejas que envíe a alguien a su casa con vuestra comida?
¡Guau!, eso no lo esperaba, Choza nunca había hecho
comida para llevar excepto para Choji, Shikamaru e Ino.
—Pero usted nunca…
—No te preocupes, esto es una situación especial.
Yo sonreí. Siempre me había gustado el padre de Choji,
era un hombre amoroso y muy sabio.
—Se lo agradezco mucho, señor… —Entonces, se me
ocurrió algo más—. ¡Ah!, no es necesario que envíe a nadie, Hinata lo recogerá
por mí.
—¡Oído cocina! Mucha suerte con tu cita.
Le di las gracias y después llamé a Hinata. Le hice un
resumen de lo que había pasado y le pedí que recogiera la comida por mí y que
la trajera a casa de Naruto para poder darle las entradas. En principio, iban a
ser para él y para mí, pero puesto que él estaba herido y no iba a permitir que
saliera de casa esta noche, prefería que las disfrutaran ella y Neji. Mi amiga
se preocupó de inmediato por nuestro estado y accedió a ayudarme sin pensarlo.
Después, Iruka regresó con lo que le había pedido y me
ayudó a recoger un poco el comedor; los muebles rotos no tenían solución, pero
al menos la estancia estaría aseada para la cita. Finalmente, me ayudó a poner
lo que había traído por toda la habitación y después me pidió que cuidara de
Naruto.
En cuanto él salió por la puerta, oí la del baño
abrirse. El rubio salió con un albornoz que le llegaba hasta las rodillas,
secándose el pelo revuelto con la capucha del mismo.
—Oye, Sasuke, quería decirte… —se quedó callado cuando
vio cómo había quedado el comedor—. Pero… ¿qué es esto?
Pude notar que me ponía rojo hasta las orejas. Entre
Iruka y yo habíamos decorado el salón con todas las velas que había podido
encontrar en su casa y las habíamos encendido; la mayoría no eran especialmente
bonitas ni mucho menos iguales, pero al menos le daban un toque más íntimo.
—¿Te gusta? —pregunté, un poco preocupado. Era la
primera vez que hacía algo así y estaba un poco avergonzado y nervioso, no
quería meter la pata.
—Es… lo más bonito que me han hecho nunca —admitió
Naruto con una tierna sonrisa y un poco sonrojado.
Uf… Empezaba a creer que había hecho algún tipo de
cursilería imperdonable.
Entonces, la expresión del doncel cambió a una
preocupada, lo que causó a su vez que yo me inquietara. Fui hacia él y le cogí
una mano mientras que con la otra le acariciaba el rostro.
—¿Qué ocurre? —le pregunté, intuyendo que tenía algo
que ver con el incidente de antes.
Naruto se mordió el labio un momento.
—Quiero explicarte lo que ha pasado.
—No tienes por qué hacerlo —le dije, haciéndome una
idea de qué iba la cosa. Él ya había tenido suficiente con lo que había pasado
como para que sufriera más contándome algo que, evidentemente, era doloroso
para él. Y no quería que hiciera nada que pudiera causarle dolor.
Le oí suspirar.
—Pero quiero hacerlo. —Me arrastró hasta el sofá,
donde nos sentamos. Se quedó en silencio unos momentos con el ceño fruncido,
como si no supiera por dónde empezar. Finalmente, me miró—. Sasuke, tú eres
inteligente, ¿qué crees que ha pasado?
Me acerqué un poco más a él y le cogí la mano.
—Sé que Genji es tu ex. —Eso explicaba por qué tenía
llaves de su casa y lo que había dicho Akane sobre el comentario que hizo el
propio Genji sobre Naruto. Todavía me ponía furioso que ese imbécil pensara que
el doncel solo valía para follar, ojalá hubiera estado ahí para darle un
puñetazo a él también—. Así que esos tres deben de ser amigos suyos —continué
antes de fruncir el ceño—, pero no entiendo a qué venía eso de entrar en tu
casa y golpearte, ¿es algún tipo de venganza?
Naruto asintió y me apretó los dedos. Había cierta
tristeza en sus ojos.
—Nuestra relación fue buena, al principio. Pero, con
el tiempo, empecé a notar algunas cosas, bromas que hacía sobre mí; que si me
gustaría ir a ver una película de Jennifer Aniston, que si querría pintar mi
habitación de rosa, que si me dejaba el pelo largo o si alguna vez me daba por
ponerme ropa interior de chica —al decir esto último, arrugó la nariz y meneó
la cabeza—. Luego, la cosa fue un poco más lejos; quería pagar siempre la
cuenta, abrirme la puerta de los edificios o llevarme en brazos como si fuera
una muñeca. —Hizo una mueca—. No es que piense que eso está mal, pero a mí ese
rollo… simplemente no me va. Soy perfectamente capaz de caminar, abrir puertas
y de pagar mi maldita comida.
Yo asentí. Era muy consciente de que Naruto valoraba
mucho su capacidad para valerse por sí mismo y su independencia, era algo de lo
que se enorgullecía ya que prácticamente había estado solo tras la muerte de
sus padres. Si bien su hermano era quien realmente le mantenía, Naruto, para no
sentirse inútil, aprendió sobre los perros y empezó a trabajar como
adiestrador, así podría aportar algo a casa, no mucho, pero al menos era algo.
—La cosa no terminó ahí —adiviné.
Y tal y como sospechaba, el rubio movió la cabeza de
un lado a otro.
—Empezó a quejarse de cosas que hacía o me gustaban.
Él quería que saliera con sus amigas y amigos donceles para hacer cosas típicas
de “chicas”, pero yo no pintaba nada allí; odio ir de compras y nadie tiene que
decirme cómo vestirme o peinarme. Tampoco entendía por qué no tenía un montón
de novelas románticas en mis estanterías en vez de historias épicas de
fantasía, y sobre todo, odiaba que me encantaran las artes marciales y que las
practicara, decía que eso era cosa de hombres —resopló, dando a entender que la
idea le parecía absurda.
Porque lo era.
—¿Era machista? —me atreví a preguntar. No quería
pensar tan mal, pero Naruto me lo estaba dando a entender de esa forma.
Él frunció el ceño, pensativo.
—No, no creo que se tratara de machismo, creo que más
bien estaba… No sé cómo explicártelo, pero es algo así como que él se ha criado
con que determinadas cosas son más de chicos que de chicas y donceles. Por
ejemplo, cuando nace un niño, la gente se empeña en regalarle ropa azul, y si
es chica, en darle un vestido rosa. Es… como si él estuviera atrapado en un
estereotipo. O, al menos, la pareja ideal que él quería era el estereotipo de
doncel afeminado.
—Entiendo —asentí lentamente antes de mirarle—. Pero
tú no cedías, ¿verdad?
—No, yo no tengo por qué cambiar cómo soy por nadie.
Eso provocaba fuertes discusiones entre nosotros —dicho esto, bufó—. Él sería
el hombre, pero yo tenía más carácter y más huevos que él.
Sonreí. Eso no lo dudaba ni por un momento.
—Tú eras el que llevaba los pantalones —afirmé.
Naruto me devolvió la sonrisa, pero luego se apagó.
—Sí, y eso le molestaba, decía que le hacía sentir
poco masculino. Nunca fue mi intención hacerle sentir de esa manera, pero él
tenía que entender que yo tampoco quería ser como sus amigos donceles.
Simplemente… soy así y no creo que sea algo malo.
—Porque no lo es —dije con convicción, acercándome un
poco más y rodeándolo con mis brazos. Él me dedicó una pequeña sonrisa y se
apoyó en mi pecho—. Entonces, vuestra relación pendía de un hilo.
—Sí —suspiró Naruto—. Ninguno de los dos era feliz
pero, al mismo tiempo, era difícil romper. Para mí, Genji fue la primera
persona de la que me enamoré y, al mismo tiempo, yo me sentía muy solo desde
que mis amigos me abandonaron. Creo que aguanté tanto tiempo porque no quería
volver a estar solo, pero… Ahora pienso que lo mejor habría sido cortar antes
de que nos hubiéramos hecho tanto daño.
—¿Pasó algo más? —pregunté.
—Tuvimos un incidente; salimos a bailar con sus amigos
y unos hombres se fijaron en mí. Les hice saber que no estaba interesado y que
tenía novio, pero no me escucharon y siguieron insistiendo. Genji se interpuso
y empezaron a pelearse, el muy idiota dio el primer golpe pensando que podía
defenderme de tres hombres —dijo esto moviendo la cabeza de un lado a otro—. No
sé en qué estaba pensando, ni siquiera sabe dar un puñetazo decente.
—¿No interviniste?
—Al principio no, sabía que heriría su orgullo y que
se sentiría humillado. Me quedé mirando, esperando a que esos tres se cansaran,
que alguien más se interpusiera y le ayudara o a que ocurriera un milagro, no
sé, cualquier cosa que evitara que después tuviéramos una discusión.
—Pero no ocurrió.
La mirada de Naruto era de tristeza y enfado al mismo
tiempo.
—Le pegaron durante seis minutos y nadie movió un
dedo, todo el mundo quería saber si ese chico conservaría a su doncel. Pasado
ese tiempo, supe que si no hacía algo acabaría en el hospital y decidí que el
orgullo herido era mejor a que estuviera tirado en una camilla durante semanas.
Los tres hombres me duraron menos de un minuto, siete sencillos golpes. Todo el
mundo se quedó callado, mirándome como si fuera un bicho raro. —La expresión de
sus ojos me hizo saber que eso le había dolido—. Cogí a Genji y le llevé a
casa. No sé de dónde sacó fuerzas para discutir conmigo después, apenas lograba
tenerse en pie.
—Pero le salvaste —repliqué, molesto. Naruto le salvó
de una paliza que podría haberlo mandado al hospital, ¡lo último que merecía
era que le echara nada en cara!
—Lo sé, pero herí su orgullo y se sintió como si le
hubiera humillado públicamente, pese a que mis intenciones eran buenas. Ahí lo
soltó todo, aunque no me dijo nada que yo no supiera ya; él quería que
cambiara, que fuera más como sus amigos donceles, y que se avergonzaba de mí
por ser tan masculino. Entonces comprendí que lo nuestro no tenía solución y
que lo mejor era romper, ya que los dos queríamos cosas distintas; él un doncel
normal y yo ser aceptado tal y como soy. Lo hice en ese mismo momento, ya que
de todas formas no habría otro mejor… y él me dijo que nadie me querría, que
solo era un culo prieto que follar.
Palidecí al oír esas palabras, horrorizado. Yo nunca
he tenido novia ni nada parecido, así que no podía imaginar lo duro que era que
tu pareja, una persona que supuestamente sentía un mínimo cariño por ti, dijera
algo así. Pero tampoco me hacía falta para saber que dolía, mucho. Ahora
comprendía por qué Naruto parecía tan herido cuando Akane le había dicho eso.
—¿Quieres saber lo más triste? —me preguntó.
Bajé la vista y me encontré con unos ojos azules
húmedos, al borde del llanto. Sentí un fuerte dolor en el pecho, como si fuera
un reflejo de lo que sentía Naruto.
—Cuando los hombres me miran, eso es lo único que ven
en mí —me dijo, profundamente dolido—. Solo soy un polvo para ellos, una
persona a la que tiran a la basura en cuanto han conseguido lo que querían.
… Y, en ese momento, lo entendí.
Naruto era como yo, un pedazo de carne a ojos de los
demás. Las mujeres iban detrás de mí por mi físico, mi apellido, mi dinero. Los
hombres iban detrás de Naruto por sexo. Pero había una diferencia; a mí querían
incluirme en sus vidas, pero a él, le apartaban. Yo era como una obra de arte
hecha por alguien famoso, al dueño podía gustarle o no, pero me mantenía en su
casa, a la vista de todos, porque le convenía. Naruto, en cambio, era un
juguete para niños, cuando se cansaban, lo dejaban olvidado en un rincón.
Nuestros casos eran distintos pero parecidos al mismo
tiempo; nadie nos quería por quiénes éramos, solo lo hacían por interés.
Y dolía. Dolía mucho.
Pero eso también hizo que me sintiera mucho más unido
a Naruto, hizo que le apreciara mucho más de lo que ya lo hacía. Porque yo le
comprendía, y estoy seguro de que él también me entendería a mí, si se lo
explicaba.
Le levanté la cabeza para que me mirara y le limpié
los ojos.
—¿Quieres saber cómo me ven a mí las mujeres? —le
pregunté en voz baja antes de cerrar los ojos, igualmente herido por cómo me
veían—. El guapo y rico Sasuke Uchiha, heredero del imperio de los Uchiha. El
mejor partido que encontrarán en su vida.
Noté su mano acariciándome la mejilla y abrí los
párpados, encontrándome con su hermosa mirada azul llena de comprensión. Por
supuesto, él sabía lo que se sentía.
—Por eso dijiste que yo era diferente —comentó antes
de esbozar una pequeña sonrisa—, aunque sí me di cuenta de que eras muy guapo.
Yo me reí un poco.
—No eres ciego.
—Tú también eres diferente, ¿sabes? —me dijo, esta vez
sonriendo con ternura y acariciando los mechones de mi cabello—. Me viste
darles una paliza a tres hombres y, aun así, no me miraste como si fuera un
bicho raro. Tampoco te hiciste el gallito, incluso fingiste que me tenías
miedo.
—Eh, eh, eso es verdad —intenté decir con seriedad,
pero no podía, se me escapaba una sonrisa—. Vivo atemorizado por hacer algo que
te ofenda y me arranques las pelotas.
Naruto rio y me dio un golpe inofensivo en el pecho.
Verle alegre de nuevo fue un bálsamo para mi corazón; una vez más, me sentí
como si mis sentimientos fueran un fiel reflejo de los suyos, como si
estuviéramos íntimamente conectados por algo superior a nosotros mismos.
El doncel pasó los dedos por mi mejilla, llamando mi
atención, y me sonrió con cariño. Cómo me gustaba que me sonriera de esa
manera, era el indicativo de que lo que había entre nosotros no era algo
puramente físico.
—Saliste conmigo a pesar de que viste un atisbo de mí.
Mis labios se curvaron hacia arriba con calidez y me
incliné hasta juntar mi frente con la suya.
—Eso fue porque me gustó lo que vi —respondí y le di
un beso en la nariz—. Y, ¿sabes una cosa más?, Genji estaba equivocado. Hay
personas que te quieren.
Sus preciosos ojos brillaron de una forma especial, y
supe que mis palabras habían sido muy importantes para él. Me cogió por los
hombros y tiró de mí para besarme, a lo que accedí sin dudar. Nuestros labios
se acariciaron en un gesto de consuelo y cariño, una pequeña promesa de que
ninguno de los dos estaba solo en un mar de gente atrapada por su concepción de
pareja ideal.
Cuando nos separamos, acaricié su nariz con la mía y
le dije:
—¿Qué te parece… si nos olvidamos de lo que ha
pasado?, de Genji y los imbéciles de sus amigos, de los hombres, las mujeres y
los donceles que nos persiguen, ¿y nos limitamos a disfrutar de nuestra cita?
—Le sonreí—. La cena está de camino y he pensado que podríamos ver Shaolin.
El rostro de Naruto se iluminó al oír el nombre de la
película, sabía que era de sus favoritas.
—Me parece una idea genial.
—Pues ve a ponerte algo cómodo y yo pondré la mesa —le
dije mientras ambos nos levantábamos. Ahora que estaba más tranquilo, me había
dado cuenta de que el rubio solo llevaba puesto un albornoz, probablemente sin
nada o casi nada de ropa debajo… y, aunque había fantaseado infinidad de veces
sobre lo que haría con él en nuestra tercera cita, Naruto estaba herido y no
iba a tocarlo en ese estado… no mucho, espero.
Este fue al dormitorio y yo me dirigí a la cocina, que
estaba separada del comedor por una sencilla barra de bar. Sin embargo, antes
de que pudiera ir…
—Sasuke —me llamó Naruto.
Me giré, estremeciéndome al ver la sonrisa juguetona
en su rostro.
—¿Me ayudas a cambiarme? —me preguntó al mismo tiempo
que dejaba caer el albornoz, dejando que viera por primera vez su cuerpo
desnudo.
Me quedé con la boca abierta. Su piel era tersa y
tostada por todas partes, ni siquiera tenía la marca del bañador… lo que hizo
que me preguntara si por casualidad tomaría el sol desnudo, cosa que me puso
cachondo al instante. Ya conocía bien su esbelta y sensual espalda, que se
curvaba hacia dentro justo antes de llegar a su trasero, el más bonito que
había visto nunca, redondo, firme y, por Dios, parecía tan suave como el resto
de su piel.
El doncel me miró por encima del hombro con esos ojos
azules ardiendo de pasión.
—¿Vienes?
No es culpa mía que se me olvidara que estaba herido,
nadie que estuviera en mi situación podría haberse resistido. Hipnotizado por
su belleza y sensualidad, caminé casi inconscientemente hacia él, hasta
detenerme tras su espalda. Él aún me miraba, fogoso, y no se sobresaltó cuando
pasé los dedos por su espalda, de arriba abajo, siguiendo la línea de su
columna, hasta descender por sus nalgas.
Joder, sí que eran suaves, muy suaves. Las acaricié
con ansia al mismo tiempo que me inclinaba para lamerle el cuello; Naruto echó
la cabeza hacia un lado, dándome total acceso. Pasé la lengua por debajo de la
mandíbula, acercándome a su garganta, mientras él gemía suavemente y empezaba a
frotarse contra mi cuerpo. Sentir su culo desnudo contra el bulto de mis
pantalones fue, sencillamente, demasiado; agarré su pelo con una mano y tiré
hacia atrás, procurando no herirle, para que me diera sus labios. Me apoderé de
ellos y lo besé con voracidad, buscando su lengua para sentir su roce húmedo
contra la mía. Mi otro brazo, por otro lado, envolvió su cintura y lo estreché
contra mi cuerpo, queriéndolo más cerca para contonearme con más firmeza contra
su trasero. Mi rubio, lejos de estar intimidado, me correspondió con la misma
lujuria, jadeando contra mi boca y moviéndose a mi compás, ajustándose al ritmo
que yo necesitaba.
En algún momento, él se dio la vuelta para que
estuviéramos cara a cara, sin dejar de besarme ni de tocarme, tan solo para
poder quitarme la chaqueta y lanzarla a cualquier parte. Yo continué con una
mano hundida en su pelo y, la otra, explorando sus suaves y redondas nalgas,
hasta que deslicé un dedo entre las mismas y rocé su entrada. Naruto echó la
cabeza hacia atrás entre fuertes gemidos que yo coreé, ya que con solo tocarlo
un poco supe que estaba mojado y listo para mí. Sabiendo que ninguno de los dos
quería esperar más, lo arrastré hasta la cama y le empujé para que cayera sobre
ella. El rubio, lejos de estar asustado o incómodo, se acomodó entre las
sábanas y abrió los muslos con un gemido, dejando expuesta su entrada y sus
atributos.
Había oído que a los donceles no les crecía casi pelo
ahí abajo, y en el caso de Naruto, parecía que simplemente no tenía. Los
genitales eran un poco pequeños, adorables, diría yo, aunque quedaban
eclipsados por su miembro que, si bien no era tan grande como el mío, desde
luego ganaba a unos cuantos hombres con los que iba al gimnasio. Sin embargo,
lo que a mí me fascinaba era su entrada: rosada y húmeda, parecía que me
estuviera llamando.
Como si eso no fuera suficiente, el doncel estiró los
brazos hacia mí, invitándome a acercarme. No lo pensé dos veces; me coloqué
entre sus piernas y me tumbé sobre su cuerpo, entregándole mis labios y dejando
que me hiciera lo que quisiera. Su primera decisión fue quitarme la camiseta y
lanzarla a alguna parte antes de clavar los dedos en la piel de mi espalda,
recorriéndola ansioso mientras me besaba apasionadamente.
Me habría gustado hacerle el amor despacio, buscando y
encontrando todas y cada una de las cosas que le gustaban, pero estaba fuera de
control y Naruto no parecía querer andarse con muchos rodeos, me deseaba tanto
yo lo hacía, a juzgar por la forma en que se movía bajo mi cuerpo, golpeando
sensualmente sus caderas contra las mías. Esta vez, me quería dentro, y yo no
podía decirle que no.
Mi teoría cobró más fuerza cuando las manos del doncel
bajaron a mi vientre y de ahí fueron a mis pantalones; me desabrochó los
botones e intentó quitarme la prenda a base de tirones. Me aparté un poco para
ayudarle, separándome a regañadientes de sus ardientes besos, pero fue por un
bien mayor, ya que me quedé tan desnudo como él. Un segundo después, regresaba
a mi posición sobre su cuerpo para entregarme a sus caricias, sus labios, su
lengua y a cualquier otra cosa que quisiera hacer conmigo; del mismo modo, él
dio la bienvenida a mi boca y mis dedos, los cuales se habían vuelto adictos al
tacto y al sabor de su piel. Sin embargo, no hubo nada tan erótico como cuando
mi miembro rozó el suyo, haciendo que Naruto echara la cabeza hacia atrás,
gimiendo más fuerte, al mismo tiempo que se frotaba más duro contra mí.
—Sasuke, Sasuke, Sasuke… —me llamaba entre gemidos,
como si necesitara llegar al orgasmo—. Métela ya…
—Joder, Naruto… —No había forma humana de que pudiera
resistirme a eso, así que me reposicioné entre sus piernas, descendiendo un
poco para que mi pene hallara su húmeda entrada. Como atraído por un imán, la
encontró fácilmente y presioné la punta contra la carne tierna, penetrando un
poco para tantear el terreno.
Quien dijo que el paraíso no existe, fue porque no
había estado dentro de ese rubio; nunca había estado con nadie tan estrecho,
mojado y caliente, sus músculos abrazaron con fuerza mi miembro adolorido,
invitándome a ir más profundo. Y, mierda, yo quería follarlo hasta el fondo,
pero se sentía demasiado pequeño en comparación conmigo y temía hacerle daño si
me movía.
Naruto notó mi indecisión, ya que me lanzó un gruñido
de protesta y contoneó sus caderas, haciendo que me internara en él. Gemí de
puro gozo.
—Sasuke, no te pares —me ordenó.
—Eres muy prieto —repliqué con un jadeo; el rubio
seguía moviéndose, logrando así que la punta de mi polla entrara y saliera de
su cuerpo. Como siguiera haciendo eso, mandaría mi autocontrol al diablo.
Naruto sonrió mientras se mordía el labio.
—Y si llegas hasta el fondo es mucho mejor.
—Mierda, Naruto, no quiero hacerte daño.
—Afortunadamente para ti, yo no soy un doncel delicado
—me dijo mientras me cogía del pelo para acercar mi rostro al suyo. Sus ojos
llameaban de pasión y lujuria—. Antes has dicho que te gustaba duro —comentó,
sonriendo de esa forma tan traviesa que me ponía a mil—, a mí también, solo de
imaginarte follándome sin control me pongo mojado.
Yo sabía que me estaba provocando y, mierda, le
funcionaba muy bien. Empujé un poco más, perdiéndome en la sensación de su
húmedo y caliente cuerpo y en el profundo gemido que emitió, como música en mis
oídos. Yo también jadeé; me costaba cada vez más pensar pero todavía temía
hacerle daño, era como si a medida que entraba fuera aún más estrecho.
—¿Lo ves, Sasuke? —me dijo Naruto, obligándome a
mirarlo. Tenía la respiración entrecortada y las mejillas sonrojadas, era la
visión más sexy del mundo—, no me haces daño, puedo contigo. —Pasó las uñas por
mi espalda, haciendo que me estremeciera, al mismo tiempo que marcaba un ritmo
suave, hipnótico, invitándome a moverme con él. No fui capaz de resistirme,
acompañé su erótica danza casi instintivamente—. Eso es, déjate llevar —susurró
sensualmente contra mis labios, entornando los ojos—. Llevo toda la semana
fantaseando con esto, no querrás dejarme a medias, ¿verdad?
Eso sí que no. Por muy poco que me gustaran las
mujeres con las que pasaba la noche, tenía unos principios, y dejar
insatisfecha a una amante era una vergüenza para mí. Con Naruto, eso era mucho
más importante, él no se acostaba con cualquiera y yo tenía el privilegio de
ser el primero después de su ex; merecía la mejor noche de sexo de su vida, y
se la daría.
—Tú ganas —gruñí antes de dejar la mente totalmente en
blanco.
Impulsé mis caderas contra su culo, penetrándole hasta
el fondo, alcanzando un punto en el que él arqueó la espalda y chilló de
placer. Ese sonido me satisfizo casi tanto como estar profundamente enterrado
en su interior, era mucho mejor de lo que había imaginado y mi pene palpitaba
por la necesidad de moverme, de marcarlo como mío. Me retiré lentamente,
disfrutando de la sensación de mi piel deslizándose por su húmeda y caliente
entrada, dejando únicamente la punta dentro, antes de volver a empujar fuerte.
Sentí cómo Naruto se estremecía y clavaba las uñas en mi espalda, aunque lo que
me sorprendió agradablemente fue que envolviera las piernas alrededor de mi
cintura, clavando los talones en mi culo para animarme a seguir moviéndome.
No lo pensé dos veces y le di lo que quería. Nos
perdimos el uno en el otro, moviéndonos al compás de nuestro propio deseo,
desenfrenado y sincero, acariciándonos, besándonos, gimiendo y jadeando. Era
incapaz de formar un pensamiento coherente, solo podía sentirle y entregarme
tal y como Naruto hacía conmigo; esa entrega llegó a alguna parte en lo más
recóndito de mí mismo, despertó algo profundo, una emoción poderosa que hacía
que quisiera… No estaba seguro de cómo definirlo, solo quería que mi presencia,
mi compañía, le hiciera tan feliz como el estar con él me lo hacía a mí.
Aún no me había dado cuenta, pero yo ya le amaba. Y,
sin saberlo, le hice el amor anhelando que ese hermoso doncel que había
alcanzado mi corazón me perteneciera, en cuerpo y en alma.
Recuperé algo de conciencia cuando Naruto empezó a
llamarme entre agudos y fuertes gemidos, aferrándose a mí con el cuerpo
tembloroso.
—¡Sasuke! ¡Sasuke! ¡Voy a…!
—Córrete —le ordené con un gruñido y embistiéndole tan
fuerte como pude. Él gritó y se estremeció; sentí cómo su entrada se apretaba
alrededor de mi polla, dejándome casi sin aire. Se sentía tan bien que no me
contuve más y me corrí dentro de él con un grito ahogado. Yo ya lo imaginaba,
pero ahora podía confirmar que el sexo con Naruto era el mejor que había tenido
en mi vida; era intenso y apasionado, los sonidos que hacía mientras le follaba
me volvían loco, y en ningún momento había dejado de acariciarme o besarme.
Normalmente, después de echar un polvo con una chica no estaba tan afectado,
pero esta vez temblaba un poco y necesité tumbarme sobre él para poder
recuperarme un poco. Entonces, me di cuenta de que tenía algo húmedo y pegajoso
en el vientre.
—Lo siento —me dijo Naruto de repente. Tenía los
labios hinchados por mis besos, las mejillas rojas, el pelo revuelto y su pecho
subía y bajaba debido a su agitada respiración. Había un brillo satisfecho en
sus bonitos ojos azules, aunque su sonrisa era un poco avergonzada—. Te he
dejado hecho un desastre.
Al oírle, comprendí que me había manchado con su
semen. A decir verdad, no había pensado en que podía correrse por ahí también,
pero de todos modos no me importaba; me sentí como si me hubiera marcado como
suyo, tal y como yo había hecho con él. Eso me gustó.
—No me molesta —le aseguré antes de darle un beso en
los labios y sonreírle—. Seguro que yo te he dejado peor.
Él soltó una risilla y señaló el cajón de la mesita de
noche.
—Ahí hay toallitas húmedas y papel higiénico… entre
otras cosas.
Yo levanté una ceja.
—Lo tenías todo planeado, ¿eh, diablillo? ¿Y qué son
esas otras cosas?
Naruto se mordió el labio, sonriendo.
—Cosas pervertidas para cierto pervertido que conozco.
—¡Ese soy yo! Déjame ver…
Pero antes de que pudiera saciar mi curiosidad,
llamaron al timbre.
¡Mierda!, me había olvidado de la cena…
—Voy yo —le dije a Naruto, rompiendo muy a mi pesar la
conexión entre nuestros cuerpos. Me limpié a toda velocidad y me puse los
vaqueros y la camiseta mientras corría hacia la entrada, cosa que hizo reír al
doncel, ya que tropecé con mi propio pantalón y caí al suelo una vez. Sin
embargo, logré llegar hasta la puerta y la abrí, encontrándome con Hinata.
—Hola, Sasu… —empezó a saludarme con una de sus
escasas sonrisas alegres (era uno de los pocos privilegiados a los que se las
dedicaba), pero se calló de repente y se sonrojó, apartando la vista.
Yo fruncí el ceño.
—¿Qué pasa?
—Ah… No es nada…
—Hinata —dije en un tono firme, queriendo saber por
qué esa reacción.
Muerta de vergüenza, señaló mi pelo y luego se tocó la
nariz. Lo primero que noté fue el olor; básicamente, apestaba a sexo, y cuando
me toqué el pelo, me di cuenta de que lo tenía todo revuelto.
Oh, mierda.
—Lo siento, Hinata —me disculpé, un poco avergonzado.
Incluso antes de salir de casa de una amante, procuraba lavarme y estar
presentable para regresar a casa, y estaba seguro de que en esta situación me
habría arreglado un poco si no fuera porque, cuando se trataba de Naruto, me
costaba pensar.
Ella me dedicó una diminuta sonrisa.
—No te preocupes, haré como que no me he dado cuenta
—dicho esto, me miró preocupada—. ¿De verdad estáis bien? ¿Puedo ayudar en
algo?
—Estamos bien, tranquila, y ya estás ayudando —le
aseguré, señalando las bolsas que llevaba en las manos. Me ayudó a llevarlas
hasta el comedor, momento en que curioseó un poco, ilusionada. Creo que
esperaba ver a Naruto, pero este había cerrado la puerta del dormitorio para
lavarse y ponerse algo de ropa.
Tras rebuscar un poco en mis pantalones, encontré mi
cartera y saqué las entradas que iban a ser la sorpresa para Naruto; eran para
ir a ver la última película que había hecho Jackie Chan y que estrenaban esa
misma noche. Sabía que a él le habría hecho mucha ilusión y me daba un poco de
pena que no pudiéramos ir, pero después de todo lo que había pasado, creo que
era mejor que se quedara en casa. Las buena noticias eran que, al menos, no las
desperdiciaría.
Se las tendí a Hinata.
—Sé que a Neji le gusta más Bruce Lee, pero creo que
le pueden gustar. —Neji también practicaba artes marciales y era de los mejores
de su academia… aunque… sería interesante ver qué ocurría si se enfrentaba a
Naruto.
Mi amiga las cogió con mucha ilusión.
—Me encanta Jackie Chan, y no te preocupes por Neji,
él me acompañará si se lo pido —dicho esto, miró una vez a mis espaldas,
esperando ver en cualquier momento a Naruto—. Sasuke, ¿puedo conocerlo?
—Esta noche no —le dije, un poco apenado. Desde que
supe que el rubio había perdido a sus amigos, había estado barajando la
posibilidad de incluirlo en mi grupo. Sin embargo, era algo que quería hacer
poco a poco por la relación que tenía con él (no quería que nadie se hiciera
ilusiones). De hecho, la primera persona a la que había considerado presentarle
era Hinata, ella ya lo adoraba y sabía que se llevarían bien—. Han pasado
muchas cosas y creo que lo mejor es que esta noche estemos los dos solos y tranquilos.
—Entiendo —me dijo ella con comprensión. La acompañé a
la puerta, donde ella me abrazó con cariño y me dio un beso en la mejilla—. Si
necesitas cualquier otra cosa, no dudes en llamar.
—Lo sé.
—Y pídele salir en serio —me dijo de repente.
Fruncí un poco el ceño.
—¿A qué viene eso?
Ella me sonrió con ternura.
—Nunca he visto que te haya gustado nadie, y menos
tanto como Naruto. Intenta una relación seria con él, Sasuke.
Yo lo medité un momento. No es que la idea me
desagradara, es que…
—Nunca he sido el novio de nadie.
Hinata me cogió la mano que tenía sana y me dio un
suave apretón.
—Todos tenemos una primera vez. Ese doncel es especial
para ti, lo noto cuando me hablas de él. Puedo entender que no quisieras ir en
serio con todas esas mujeres, pero esta vez es diferente. ¿No crees que merece
la pena intentarlo con alguien que realmente te gusta?
Con lo tímida y vergonzosa que era, Hinata daba la
sensación de ser una persona con pocas luces, y sin embargo, en momentos como
ese, uno se daba cuenta de que en realidad era una persona muy comprensiva y
sabia.
Por supuesto que sé que Naruto merece la pena. Yo
mismo dije una vez que, si tuviera que ir en serio con alguien, sería con él.
Sin embargo, yo aún no estaba convencido del todo, me sentía un poco inseguro
al no haber sido nunca la pareja de nadie.
—Lo pensaré —dije finalmente.
Hinata pareció contentarse con eso y se fue.
No quise darle muchas vueltas a lo que me había dicho,
aunque debo reconocer que me emocionaba un poco la idea de ser el novio de
Naruto… Pero, por ahora, debía centrarme en nuestra cita y en cuidar de él. Me
dirigí a su dormitorio para avisarle de que ya estaba todo listo, abrí la
puerta… y me lo encontré arrodillado en el suelo, sosteniéndose la cabeza con
una mano.
Alarmado, corrí a su lado y le sostuve por los
hombros.
—¡Naruto! ¿Qué te pasa?
—Estoy un poco mareado…
Lo atraje hacia mis brazos sin que él opusiera ninguna
resistencia y lo dejé apoyarse en mi pecho. Pensé rápidamente y me acordé de
las pastillas que le había dado la mujer de la ambulancia.
—¿Te encuentras muy mal? —le pregunté, inquieto.
Él levantó un poco la cabeza para sonreírme.
—No, solo se me va un poco la cabeza, de verdad.
Asentí y tracé un plan.
—Vas a cenar, tomarte las pastillas de la paramédica y
luego te tumbarás en el sofá a ver la película, ¿de acuerdo? —Fui consciente de
que soné totalmente autoritario, pero la salud de mi rubio me la tomaba muy en
serio.
Este también se dio cuenta y puso los ojos en blanco.
—¡Sí, general Uchiha!
Rodé los ojos y le insté a rodear mi cuello con los
brazos y mi cintura con las piernas, él obedeció y después lo levanté y me lo
llevé al comedor.
—Espero que no me cortes nada por llevarte en brazos
—advertí, recordando que no hacía mucho me había dicho que odiaba eso.
—Puedo ser indulgente si estoy enfermo o herido
—respondió.
Lo dejé sobre el sofá, ya que cenaríamos en la mesita
de café (el piso era demasiado pequeño para poner una mesa grande, así que
Naruto solía comer ahí o en la barra de la cocina), y luego fui a poner la
película mientras él iba colocando la comida en los platos.
Si bien nuestra cita había empezado siendo un
desastre, creo que el resto fue un éxito: al rubio le encantó el cerdo asado
con salsa de Choza y todo lo que cocinó, vio una de sus películas favoritas, le
encantó el detalle de las velas y, según palabras suyas, mi compañía hizo que
todo fuera aún mejor (cosa que me hizo feliz a mí). Aun así, hubo un pequeño
momento de tensión cuando le dije cuál era mi sorpresa: el pobre pareció estar
a punto de llorar cuando supo que habría podido ir a ver la última película de
Jackie Chan si no fuera por el idiota de Genji y sus amigos… y juró vengarse,
algo que me dio un poco de miedo por la forma en que lo dijo.
Una vez cenados y después de que Naruto se tomara las
pastillas, nos tumbamos en el sofá a terminar de ver Shaolin… o al
menos lo intentamos, porque el doncel se quedó dormido en algún momento sobre
mi pecho. No pude evitar sonreír un poco; no había dejado de jurar y perjurar
que estaba bien, pero creo que la noche le había pasado factura: el susto que
le habían dado esos imbéciles, contarme su desastrosa relación con Genji y la
forma en que le veían los hombres, luego el sexo desenfrenado y nuestra cita… Eran
muchas cosas en unas horas, buenas y malas, pero me alegraba saber que, al
final, había logrado que tuviera una velada agradable.
Apagué la tele y, una vez más, lo cogí en brazos para
llevarlo al dormitorio. En la cama, me quité los vaqueros, quedándome en bóxers
y camiseta, y me metí bajo las sábanas con él, quien no tardó en buscar mi
pecho para acurrucarse. No tuve ningún inconveniente en dormir abrazado a él;
se sentía correcto y natural, como si hubieran moldeado mi cuerpo para él. Se
sentía como si ese fuera el lugar donde debía estar.
Me desperté muy poco a poco debido a la leve
luminosidad de la estancia. Al abrir un poco los párpados, me quedé un poco
desorientado; sin importar con quién pasara la noche, siempre acababa durmiendo
en mi casa, nunca había querido compartir algo tan íntimo como dormir con una
mujer a la que no conocía y que solo buscaba una cosa de mí. Sin embargo, al
ver una mata de revoltosos mechones dorados en mi pecho, recordé y sonreí,
relajándome de nuevo en la cama. Era la primera vez que dormía con un amante,
pero por mi rubio me quedaría tantas noches como me pidiera. Además, no había
dormido tan a gusto en años.
Este empezó a removerse entre mis brazos; le di un
poco de espacio para que se estirara, solo el necesario, ya que me negaba a
separarme mucho de él. Parpadeó un par de veces, somnoliento, permitiendo que
viera sus hermosos ojos azules, que en la mañana parecían más claros y
brillantes, y me sonrió.
—Buenos días —murmuró, remoloneando.
—Buenos días —contesté, acercándome para devolverlo a
mis brazos, que era el lugar donde debía estar. No opuso resistencia y envolvió
mi cintura con los suyos mientras me besaba. Ah… Si todas las mañanas fueran
como esta…
Entonces, el móvil de Naruto empezó a sonar. Intenté
que no se apartara de mí, pero él se alejó con una risilla, a lo que yo
respondí mirándole con cara de pocos amigos.
—Estamos ocupados, que llame más tarde.
—Podría ser alguien de la clase de adiestramiento que
pregunta por mí. Ayer la cancelé por mi hermano, ha adelantado su viaje por lo
que ha pasado y me ordenó —explicó, resaltando esa última palabra con los ojos
en blanco— que no me moviera de aquí hasta que llegara. Probablemente sea
Kakashi, que está preocupado.
Le dejé a regañadientes, pero aproveché para abrazarlo
por la cintura y lamerle la parte baja de la espalda. Naruto me miró por encima
del hombro y me sonrió, travieso.
—Pervertido.
—Siempre que estés delante.
—No hagas eso mientras hablo por teléfono, que me pone
nervioso.
Le di un último lametón mientras él cogía el móvil y
regresaba a mis brazos. Frunció el ceño al mirar el número.
—No lo conozco —comentó.
—¿No puede ser tu hermano?
—Siempre usa un número oculto, nunca pone los dígitos,
así si alguien me coge el móvil no pueden localizarlo por aquí. ¿Qué hago?,
¿contesto?
Me encogí de hombros.
—Sí, a lo mejor se han equivocado.
El doncel imitó mi gesto y respondió:
—¿Diga?
—¿¡Has enviado a Akane y a los demás a la cárcel!? —Oí
que alguien gritaba.
Al instante, Naruto apretó el teléfono contra las
sábanas y me miró con los ojos como platos.
—Es Genji —murmuró.
Hice una mueca de desagrado. ¿Qué coño quería ese
imbécil de mi rubio?
—Cuélgale.
—¡Y una mierda! Le voy a decir cuatro cosas sobre lo
de ayer, ¡y que me ha jodido la película de Jackie Chan! —declaró con los
mofletes hinchados y rojos y volvió a ponerse el móvil en la oreja. Vaya, sí
que se tomó mal lo de no poder ir al estreno—. ¡A mí no me grites, pedazo de
imbécil! ¿En qué coño estabas pensando al mandar a tus amigos a por mí? ¡Encima
de encerrados, apaleados! ¡Y no están en la cárcel, solo han pasado una noche
en la comisaría!
Guau, Naruto da mucho miedo cuando se enfada. Casi
prefería no tocarlo estando así, no fuera que en un ataque de rabia me
retorciera el brazo o algo. Sin embargo, mis ganas de escuchar la conversación
me podían, así que no me retiré (con ese gilipollas cerca de mi rubio no me
muevo ni loco).
Casi pude ver cómo Genji se encogía ante los gritos de
Naruto.
—Joder, Naru, no me grites.
—¡A mí no me llames así, idiota! ¡Por tu culpa tengo
una herida en la cabeza, los muebles destrozados y no he podido ir al estreno
de la peli de Jackie Chan!
… Nota mental: no interponerse entre esas películas y
Naruto, nunca.
—Solo era…
Los ojos del rubio brillaron de forma peligrosa.
—Como digas que era una broma, juro que tú acabarás
igual que ellos. En realidad, deberían estar agradecidos de que solo fueran
unos golpes, tendría que haberles hecho las pelotas papilla por manosearme.
—Espera, espera, espera, ¿te manosearon? —Sonó un poco
indignado—. ¿Cómo se atreven?
—No sé, a lo mejor tú les diste la idea —replicó
Naruto, todavía muy enfadado.
—¿Cómo voy a darles yo la idea? Eres mi…
—Ah, no, ni se te ocurra ir por ahí —le advirtió con
los dientes apretados—, no soy nada tuyo, para ti, como si yo estuviera muerto,
¿entiendes? —Antes de que Genji pudiera responder, el doncel prosiguió—. Y, por
cierto, no me hace gracia que vayas diciendo por ahí cómo es mi culo o lo que
hacíamos en la cama, eso es privado.
—Solo estaba…
—Presumiendo sobre mi culo prieto que solo sirve para
follar, sí, me acuerdo de eso.
—Yo no quería decirte eso, por favor, deja que me
explique.
—No, no quiero saberlo. De hecho, no quiero seguir
hablando contigo. Akane y los demás solo se quedarán un par de noches en la
comisaría y luego volverán a casa, pero si vuelves a hacer algo así, ten por
seguro que esa vez denunciaré y que ninguno os libraréis fácilmente. Y ahora,
si no te importa, estoy en una cita y la estás arruinando, adiós.
—¿Cita? ¿Cómo que una…? —Naruto colgó y lanzó su móvil
antes de cruzarse de brazos.
Nos quedamos unos segundos en silencio, ambos dejando
que el doncel se enfriara. Le toqué un brazo, queriendo saber si mi contacto
sería bienvenido, y él se acercó hasta apoyarse en mi pecho, dejando que lo
rodeara con mis brazos.
—Siento que hayas tenido que oír que eso —se disculpó,
suspirando.
Acaricié su cabeza, procurando evitar la zona herida.
—Tendrías que haberme dejado el teléfono para gritarle
también —comenté, con la esperanza de animarle un poco.
Sonreí cuando él soltó una risilla.
—Si hubiéramos hecho eso, se habría meado encima.
Me reí.
—Eso habría estado muy bien. —Y lo decía muy en serio.
No me había gustado en absoluto oír a ese gilipollas, sobre todo porque había
sonado en todo momento como si echara de menos a mi rubio. No quería pensar de
esa forma, pero… ¿y si había montado todo ese número con sus amigos para que
Naruto volviera con él? Gruñí de tan solo pensarlo.
—Sasuke, ¿estás bien? —me preguntó el doncel, poniendo
una mano en mi pecho. Mierda, me había oído gruñir.
Dudé un poco pero, al final, decidí ser sincero.
—Tu ex sonaba… como si quisiera reconciliarse contigo
—dije despacio, queriendo ver la reacción de Naruto.
Este frunció el ceño.
—¿Tú crees?
—Sí.
El doncel ladeó un poco la cabeza y luego arrugó la
nariz, como si la idea le asqueara. Eso me gustó, demasiado.
—Yo no lo tengo tan claro… pero si es así, me da
igual. No volveré con él.
—¿Ni aunque se disculpe?
—No.
—¿Ni siquiera si te promete que te aceptará tal y como
eres?
—No.
Levanté las cejas.
—Estás muy seguro.
Naruto me miró un momento y luego señaló el golpe de
su cabeza.
—¿Quién en su sano juicio sale con una persona que ha
organizado que te den un par de golpes para demostrarte que como eres un doncel
necesitas a alguien que te proteja?
Buen argumento. Tal vez yo estaba siendo un poco
paranoico… pero no correría riesgos; no consentiría que ese sexy rubio tuviera
la más mínima tentación de volver con ese capullo, y sabía cómo hacerlo.
Le di un beso en la cabeza y me levanté de la cama.
—¿Por qué no te vistes mientras yo preparo el
desayuno?
El doncel me observó estrechando los ojos.
—Sé que me burlo muchas veces sobre tu romanticismo,
pero con las velas de ayer y el desayuno de hoy estoy empezando a sentirme
inquieto… —Me contempló más detenidamente, como si pudiera verme por dentro.
Fue un poco desconcertante—. Mmm… Tú estás tramando algo.
… Tranquilo, Sasuke, haz como si nada.
Me encogí de hombros.
—Estás mareado y disgustado, déjame hacer esto por ti.
Él aún me miraba desconfiado, pero al final accedió.
Me puse rápidamente los vaqueros y fui a la cocina a preparar sus cereales. Yo
me tomé un zumo mientras pensaba en cómo iba a decírselo, nunca había hecho
algo así y no estaba seguro de cuál era la forma adecuada de pedírselo.
Un minuto más tarde, Naruto se reunió conmigo y se
sentó en un taburete frente a mí en la barra de la cocina. Sus ojos aún eran
cautelosos.
—¿Ya has pensado en tu estrategia? —me preguntó.
¿Cómo demonios lo sabía? Hice una mueca.
—No, la verdad es que no sé cómo decirte esto
—reconocí. Estaba un poco nervioso, era la primera vez que hacía esto y, por
una vez, tenía muchas posibilidades de ser rechazado.
Naruto se dio cuenta de mi estado y alargó su mano por
encima del banco para estrechar la mía; su mirada era ahora más suave.
—Sé que nos conocemos desde hace poco tiempo, pero
creo que tenemos la confianza suficiente para decirnos lo que sea. Prometo no
juzgarte o reírme.
Eso fue reconfortante, así que antes de que mi valor
se esfumara, se lo solté de golpe:
—Me gustaría ser tu novio.
El doncel pegó un salto en su asiento. Eso no se lo
había esperado.
—Ah… —empezó a decir, pero se quedó ahí. Sonreí un
poco.
—¿Te he dejado sin palabras?
Él sacudió la cabeza y apartó la vista, se le veía
inseguro.
—No creo que sea una buena idea, Sasuke.
—¿Por qué no?
—Tú mismo me dijiste que no eras una persona a la que
le fuera eso de ser pareja.
—También dije que si tuviera que salir en serio con
alguien, sería contigo.
Naruto se removió un poco en su asiento, dudando.
—No sé… No lo tengo claro.
Fruncí el ceño cuando una idea desagradable cruzó mi
mente.
—¿Es por Genji?
Él parpadeó.
—¿Qué?
—Yo no soy como él —declaré, un poco enfadado.
Esta vez, el rubio me miró con perspicacia.
—No, no eres como él, pero algo me dice que esto tiene
que ver con él —dicho esto, se cruzó de brazos—. ¿Te sientes amenazado por él?
Bufé.
—Claro que no. —Un poco, pero no podía admitirlo.
Los ojos de Naruto chispearon.
—Mientes, esto es algún tipo de rivalidad masculina.
Como crees que él me quiere, te estás adelantando.
—No es cierto.
—Sí lo es.
—¿Y acaso tú no me estás rechazando porque acabas de
hablar con él?
Vi en sus ojos que eso le había dolido. Arrepentido,
rodeé la barra y me dirigí a él, pero Naruto se levantó y se apartó. Que no me
quisiera cerca me dolió mucho.
—Naruto, lo siento, no quería hacerte daño.
Él me miró un momento, intentando averiguar si estaba
siendo sincero. Tras unos segundos de duda, regresó conmigo y me abrazó. Le
devolví el gesto con fuerza, queriendo retenerlo ahí tanto tiempo como me fuera
posible.
—Sasuke… Me gustas mucho, y eres mi mejor amigo. No
quiero perderte —confesó.
Yo asentí.
—Yo tampoco quiero eso.
Naruto se separó un poco y me miró con tristeza.
—Los dos estamos nerviosos por todo lo que está
pasando, sobre todo desde anoche. Creo que… lo mejor es que no nos veamos en un
tiempo. —Antes de que yo pudiera replicar, el rubio me detuvo—. Mi hermano va a
quedarse conmigo esta semana; no lo veo mucho y me gustaría estar con él.
Deberíamos tomarnos esos días para pensar en qué es lo que queremos el uno del
otro —dicho esto, me sonrió un poco—. No es un adiós para siempre, ya te he
dicho que quiero que formes parte de mi vida. Solo pienso que… tenemos que estar
seguros de qué relación queremos tener. No quiero volver a pasar por algo
parecido a lo de Genji.
Entrecerré los ojos, meditándolo un momento. Yo
todavía quería ser el novio de Naruto, pero también tenía que reconocer que
estaba siendo razonable, mucho más que yo. Pese a que ya me sentía muy cercano
a él, estaba yendo un poco rápido y, aunque no lo admitiría, era cierto que
Genji tenía un poco que ver en mi decisión. Además, puede que él necesitara un
poco de tiempo para saber si estaba preparado para empezar una nueva relación
con otra persona… y si yo era la adecuada. En esos momentos maldije el no haber
estado al menos una vez en una relación seria, así podría demostrarle que podía
ser un buen novio… o eso esperaba.
Fruncí un momento el ceño al pensar en ello. No me
gustaba nada la idea de no ver al rubio durante una semana, pero podía venirme
bien: como ya he dicho, nunca he salido en serio con nadie, y podía aprovechar
esos días para averiguar cómo ser una buena pareja. También le pediría consejo
a Hinata, ella se alegraría cuando se lo contara.
Tras tomar una decisión, miré a Naruto con solemnidad.
—Creo que es razonable… —empecé, haciendo que el
doncel suspirara aliviado—, pero tengo unas condiciones.
Este asintió, no parecía sorprendido.
—¿Cuáles?
—Quiero que me llames al menos una vez al día —dicho
esto, miré el vendaje de su cabeza—, quiero estar seguro de que estás bien.
Él sonrió un poco, como si mi preocupación lo
enterneciera.
—Está bien.
—Y quiero tener otra cita contigo.
Ahí le pillé un poco por sorpresa.
—¿Otra cita?
Asentí, muy serio. Quería que supiera que era sincero.
—Me gustas mucho, Naruto, y, si al final uno de los
dos no quiere que esto sea más formal, al menos me gustaría que siguiéramos
estando como ahora.
Naruto bajó un poco la vista, sonrojado.
—A mí también me gusta esto.
Eso me hizo sonreír.
—Entonces, ¿estamos de acuerdo?
—Sí.

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