Sweet trouble

 


Hacía frío. Mucho frío. Estaba helado. Temblaba tanto que no podía controlar su propio cuerpo, hecho un ovillo en esa oscuridad.

La ropa no lo ayudaba. Estaba empapada y pegada a él como una gélida segunda piel que clavaba sus zarpas de hielo en su sangre.

Tenía frío, mucho frío. Quería un lugar caliente, pero no podía moverse. Lo encontrarían. No era lo bastante fuerte para defenderse solo. Ni lo bastante lobo para huir por su cuenta. Por eso, tenía que esconderse, no podían dar con él. Si lo hacían, todos morirían. Lo harían para protegerlo.

No quería perder a nadie más.

Había usado el río, como había dicho papá. No lo olerían, no podrían seguir su rastro. Fuera de la oscuridad, había silencio. No podía escuchar la brisa, ni a los árboles ni los animales. Solo un profundo silencio, vacío.

Tenía que aguantar. Si aguantaba, todo iría bien. Mamá vencería a los lobos malos y papá lo encontraría. Solo tenía que esconderse, y aguantar. Aguantar el frío, los temblores, la humedad, la oscuridad, el silencio, el vacío, el dolor…

Algo rompió el silencio.

De repente, fue consciente. La brisa meciendo los árboles y el ulular de un ave nocturna.

Un ladrido. Garras arrancando la tierra.

Lo tenía detrás. Lo habían encontrado.

No podía huir. No podía moverse. Estaba helado. Estaba atrapado. Estaba muerto.

Toda su familia lo estaba.

—No tengas miedo.

De repente, unos brazos lo envolvían. Eran cálidos y olían a tierra y a bosque tras una fresca noche lluviosa.

Estaba a salvo.

 

 

Naruto abrió los ojos de golpe y miró el despertador. Aún faltaban diez minutos para las siete.

Suspiró y se levantó con una mano sobre su frente.

Otra vez ese sueño. Pensaba que lo había superado.

Se sentó con las piernas cruzadas e hizo las respiraciones profundas que la doctora Aguri le había enseñado de niño mientras se repetía en su cabeza las cosas buenas y positivas.

Su familia estaba bien. Tenían un nuevo hogar en una manada genial. Mamá disfrutaba con su trabajo como guardiana fronteriza y papá era muy feliz enseñando música y organizando festivales con Mikoto. Kurama se había convertido en ejecutor y Train se ocupaba del entrenamiento con piel para Alfas. Ambos esperaban con ilusión la llegada de su primer hijo.

Fye vivía feliz con Kurogane y sus trillizos, dos niñas y un niño. Los llamaron Yui, Elda y Freya.

Él había empezado el instituto. Sus sentidos ya eran como los de los cambiantes de su edad y sacaba garras y colmillos como ellos, aunque su olor fuera el de un mestizo. Tenía amigos maravillosos y a los que quería mucho.

Y tenía a Sasuke…

Se detuvo al pensar en él. Justo a tiempo para apagar el despertador que marcaba las siete. No sonó más de dos segundos.

Suspiró, sintiéndose un poco mejor, aunque todavía tenía clavada una espina de inquietud. No es como si fuera a solucionarla en la cama, por lo que se levantó de un salto y se cambió con calma.

A los cinco minutos, su padre entró en la habitación y parpadeó al verlo.

—Oh, estás despierto.

—Como un buen lobato —le sonrió Naruto.

—Mamá y yo te esperamos para desayunar.

Él frunció el ceño.

—¿Hoy no trabaja?

—Se ha cogido el día libre —respondió su padre antes de dar media vuelta y marcharse de la habitación.

Naruto reconoció el timbre más agudo de su voz y se asomó por la puerta para mirarlo, pero él ya estaba huyendo escaleras abajo.

Qué raro.

Preparó su mochila con rapidez y la dejó junto a la escalera al bajar. En la barra de la cocina, su madre estaba devorando su monstruosa ración habitual de beicon con huevos y zumo de frutas, perfecta para un día patrullando arriba y abajo por las montañas. Su padre y él, en cambio, preferían las tortitas.

A Naruto le gustaba su nueva vida en Japón, pero, admitámoslo, las tortitas eran mejor desayuno que el arroz y la sopa de miso.

—Buenos días —saludó, sentándose junto a su madre—. Papá dice que te has cogido el día libre.

—Sí —dijo su madre, relamiéndose los labios para quitar los restos de huevo—. Tenemos visita esta tarde.

—¿Quiénes vendrán?

—Los padres de Nagi —respondió Kushina, centrándose en el desayuno.

Al escuchar eso, Naruto se encogió de hombros y engulló el suyo como el fiel reflejo que era de su madre.

No era raro que los padres de sus amigos vinieran de visita. Desde que eran cachorros, se había convertido en algo habitual, aunque lo normal era que procuraran coincidir en horario para evitar coger días libres. Aun así, no le dio mucha importancia. Era posible que a su madre le sobrara algún día y decidiera aprovecharlo.

Sin embargo, no explicaba los extraños nervios de su padre, que revoloteaba por la cocina, debatiéndose entre tomar su desayuno o recoger un poco.

Levantó una ceja cuando lo vio dar una vuelta sobre sí mismo.

—Papá, ¿todo bien?

—Ah, ¿qué? —preguntó antes de ponerse rígido como el palo de una escoba—. ¡Ah, sí! ¡Sí! Todo bien, todo bien.

Su madre se rio por lo bajo.

—En dos semanas empieza el Hanami. Mikoto dice que van a venir a nuestras montañas gente importante y tu padre sigue preocupándose por si su concierto será lo bastante bueno.

Naruto soltó una carcajada.

—Papá, ya eres una atracción turística del pueblo. Llevas haciendo este concierto desde hace tres años.

Su padre se cogió el borde del delantal y lo retorció entre sus manos.

—No seáis crueles, yo era un músico humilde que tocaba en locales pequeños, no en festivales frente a una multitud…

—Cariño, no busques excusas —le sonrió Kushina con suficiencia—. El que vale, vale. Tienes talento, Mikoto solo lo explotó.

Naruto asintió, efusivo.

—Lo harás genial, papá, como el año pasado.

—Y el anterior —añadió la Alfa ensanchando su sonrisa.

—Y el otro —continuó Naruto, siguiendo el juego.

Minato dejó escapar un suspiro.

—Sois horribles.

Madre e hijo rieron a expensas del pobre Omega mientras terminaban de desayunar. Naruto apenas había engullido el último bocado cuando sonaron unos rápidos golpes en la puerta.

—¡Conejitooo! —lo llamó una impaciente Kira—. ¡Vamos, vamos, vamos! ¡Es la hora!

Naruto dejó corriendo el plato en la cocina y besó a sus padres antes de echarse la mochila al hombro.

—Me voy a clase. ¡Hasta luego! —se despidió.

Minato vio por la ventana cómo la joven Omega abrazaba a su hijo y le daba un rápido mordisco en la mejilla. Según ella, era una forma de mostrar su afecto, una vieja costumbre de la infancia a la que se negaba a renunciar.

—Cariño, se te ha visto el plumero.

Minato se estremeció al escuchar el tono bajo de reproche de su Alfa. Al mirarla, Kushina lo miraba con cara de pocos amigos. Retorció aún más el delantal entre sus manos.

—Eh… Lo siento —se disculpó rascándose la nuca—. Pero tú lo has hecho genial.

Kushina puso los ojos en blanco.

—Eres el único que está nervioso por esto.

—Entiéndeme —se quejó el Omega, acercándose para recoger los platos—. Me costó mucho hacerme a la idea de que Naruto y Sasuke estarán juntos algún día. Ahora estoy bien con eso y ya considero a Sasuke parte de la familia, pero lo de hoy… Me preocupa cómo va a reaccionar Naruto.

La Alfa lo detuvo agarrándolo por la cintura con suavidad. Lo pegó a ella y le dio un beso en la mejilla.

—Será impactante para él. Pero todo irá bien, no te preocupes. Como tú, solo tendrá que acostumbrarse. —Minato se giró hacia ella y la besó en los labios. Kushina sonrió y frotó su mejilla contra la suya—. Además, nos tiene a nosotros para ayudarle a entenderlo.

Su Omega se dejó mimar y suspiró.

—Por eso hemos planeado la visita de esta tarde, ¿no?

—A ti te ayudó.

Minato sonrió, recordando a la pareja de lobos. Verlos juntos le hizo mucho bien.

—Está bien —dijo, besando a su Alfa otra vez—. Tienes razón. Pase lo que pase, nosotros estaremos para él.

—Claro que sí, compañero —dijo Kushina con más seguridad. Estaba convencida de que todo saldría bien.

 

 

Kira frunció el ceño, molesta. Desde que habían empezado el instituto, Naruto estaba raro. Antes, siempre se reían juntos cuando ella se subía a caballito a su espalda de improviso, o se quejaba con una sonrisa cuando le mordía la mejilla en señal de afecto. Sabía que era un comportamiento muy de cachorros, pero Naruto había sido su mejor amigo desde hacía más de seis años y siempre sería su conejito, un Omega pequeñito y adorable, como el peluche con el que solía dormir de cachorra. Era especial para ella.

Por eso le molestaba. Ahora él la apartaba cuando hacía eso y le decía enfadado que no lo hiciera más. ¿Dónde estaba el problema? ¿Lo avergonzaba? ¿Solo porque ahora iban al instituto? ¿Era algún tipo de tontería de su parte humana?

Al pensar en la posibilidad, se detuvo en seco. Estaban a punto de entrar en la Cabaña de los Lobatos, como llamaban al edificio que usaban de instituto. Era una gran cabaña de dos pisos donde impartían las clases teóricas, ya que las prácticas y los deportes los hacían al aire libre y no necesitaban mucho espacio porque rara vez había demasiados lobatos de la misma edad como para no caber todos juntos en una clase. Estaba junto a otra edificación idéntica que era la escuela primaria, la Cabaña de los Cachorros, que sí contaba con unos jardines cercados para los más pequeños.

—¡Naruto! ¡Kira!

Vio que Subaru los saludaba alzando los brazos. Kamui, a su lado como siempre, levantó una mano y les sonrió mientras que Nagi se limitó a bostezar tras dedicarles un gesto rápido con el mentón.

Naruto los saludó fingiendo una sonrisa que hizo que Kira arrugara la nariz. Sin pensarlo dos veces, lo cogió por la mochila y tiró de él fuera del camino, hacia unos árboles. Subaru y los demás, al verla, se apresuraron a ir tras ella.

Kira lanzó a Naruto contra el árbol, que jadeó antes de fulminarla con la vista.

—¿De qué vas?

Ella golpeó el tronco con una mano junto a su cabeza.

—¡No! ¿De qué vas tú?

—¿Qué?

—¡Chicos! —Subaru los cogió a cada uno por un hombro. Kamui y Nagi se quedaron muy cerca, listos para separarlos si había una pelea—. No sé qué pasa, pero calmaos los dos.

—¡Ha empezado ella! —replicó Naruto.

—¡No! ¡Tú empezaste! —gritó Kira—. ¿Qué rayos te pasa? ¡Desde que hemos empezado el instituto estás rarísimo!

—¡No es verdad!

—¡Claro que sí!

Al ver que Kira y Naruto estaban adoptando posturas defensivas, Nagi saltó sobre Kira para arrastrarla lejos mientras que Kamui mantuvo inmovilizado a Naruto contra el tronco.

—¡Basta! —pidió Subaru con un lloriqueo—. No os peleéis, sois amigos, podéis solucionarlo hablando.

Los dos miraron al Omega, afectado por su discusión. Subaru siempre había sido el pacificador. Pese a que no era débil, odiaba los conflictos entre ellos, y, salvo Nagi, el resto tenía un carácter fuerte, aunque solían ser Kira y Naruto los más impulsivos del grupo. Así que era él quien se ocupaba de poner orden, mantenía la armonía entre los “intensitos”, como los llamaba Nagi.

Ambos Omegas se calmaron. Naruto dejó de luchar y Kira bajó la vista.

—Estás cambiado —dijo Kira por fin, llamando la atención del rubio—. Más callado y menos despreocupado. Sé que le estás dando vueltas a algo que te preocupa. —Apretó los puños—. Me recuerda a cuando llegaste aquí. Llorabas a menudo entonces, cuando creías que nadie te veía. Me preocupa que te pase algo y no nos lo digas.

Naruto se encogió y palideció un poco. Los demás se dieron cuenta.

—Es cierto que has estado actuando diferente —comentó Subaru.

—¿Te sigue preocupando lo de ser mestizo? —preguntó Nagi con el ceño fruncido—. Ahora eres como nosotros, es un poco pronto para preocuparse por lo de cambiar.

Kamui le dio un apretón en el hombro.

—Puedes decirnos lo que sea. Lo arreglaremos juntos.

Naruto los miró uno a uno y dejó escapar un suspiro tembloroso. Se sintió un poco mal por ellos. No había sido su intención hacerles daño, solo… no quería preocuparlos con algo que ni siquiera sabía lo que era. Tal vez no era nada, tal vez estaba un poco confundido, la pubertad y esas cosas.

Se dejó caer por el tronco hasta acabar sentado en el suelo, abrazando sus rodillas. Los demás se agacharon a su alrededor para poder escucharlo.

—Lo siento —susurró, escondiendo la cabeza.

Subaru le acarició el pelo.

—No has hecho nada malo.

—Le grité a Kira.

Ella resopló y cruzó los brazos.

—Siempre lo hacemos, tenemos carácter y somos muy cabezones —dicho esto, le tironeó de un mechón de pelo—. Vamos, conejito, no te escondas, no es tu estilo. Es como dice Kamui, sea lo que sea, lo arreglaremos, por las buenas o por las malas —añadió golpeando la palma de su mano con el puño.

Naruto por fin alzó la vista. Aún había duda en sus ojos.

—Es que… No sé cómo explicarlo.

—Solo suéltalo —dijo Nagi—. Nosotros preguntaremos.

Él asintió y cogió aire antes de soltarlo despacio, pensando en cómo decirlo.

—Últimamente, le he estado dando vueltas a algo y… no sé cómo sentirme al respecto. —Antes de que los demás pudieran preguntar, él lo soltó—. Es sobre Sasuke.

Todos parpadearon. No era lo que esperaban, en realidad, lo primero que habían pensado es que algún idiota se había metido con él por ser mestizo.

—¿Ha pasado algo? ¿Te ha regañado? —preguntó Subaru, pero Naruto sacudió la cabeza.

—No es eso. Es solo que he estado pensando que… Me siento diferente con él —dijo frunciendo el ceño—. Quiero decir, es mi amigo y lo aprecio mucho, pero no de la misma forma que a vosotros.

Subaru y Kamui se relajaron.

—Bueno, eso es normal —dijo el Alfa—. Es un adulto, esa amistad es diferente.

Kira se encogió de hombros.

—No veo dónde está el problema. ¿Es porque es raro tener amigos adultos? —Ella resopló—. A mí no me importa, me gusta pasar tiempo con él —dijo sonriendo—, nos enseña cosas geniales. Somos más avanzados en rastro y caza gracias a él.

—No, no —Naruto sacudió la mano mientras lo decía—, eso no me importa, no es el problema —dicho esto, volvió a abrazarse las rodillas—. Creo… que el problema es que me gusta demasiado pasar tiempo con él —admitió con cierta vergüenza—, hasta el punto de que… echo en falta su olor. —Ya está. Lo había dicho.

Sus amigos se miraron entre sí. Ahora empezaban a entenderlo.

—¿Hace mucho que te pasa? —le preguntó Subaru frotándose la barbilla con aire pensativo.

—Un par de semanas —respondió Naruto, llevándose las manos a la cara—. Fue como muy repentino, no sé por qué me pasa.

—¿Así sin más? —preguntó Kira.

Él asintió.

—Es muy vergonzoso —gimió mortificado.

Nagi le dio unos toquecitos en la cabeza.

—Bueno, la adolescencia tiene estas cosas, ¿no? —comentó como si fuera algo natural—. Sasuke es un Alfa desarrollado y tú un Omega en proceso. Puede que tu instinto lo perciba así.

Naruto hizo una mueca.

—¿No debería pasarme con otros Alfas?

—Sasuke es el único con el que te relacionas más.

—¿Qué pasa contigo y Kamui?

Nagi se encogió de hombros.

—Somos lobatos todavía.

—En teoría —añadió Kamui rascándose la nuca—, todavía no emitimos el tipo de hormonas que te atraerían de forma más… umm… íntima.

Subaru hizo un sonido exasperado.

—Pero eso no pasa de la noche a la mañana, y menos con tanta fuerza como para que eche de menos su olor —dicho esto, lo miró con un deje de inquietud—. ¿La necesidad es muy fuerte?

Naruto se sonrojó.

—Suelo estar bien cuando estoy distraído. En la escuela y con vosotros. Pero de noche… —soltó un suspiro exasperado—. Me cuesta un montón dormir, y, cuando lo hago, tengo pesadillas.

Al escuchar eso, Kira enderezó los hombros, prestando más atención.

—¿Pesadillas? ¿De qué tipo?

El rubio se tomó unos segundos para contestar.

—Como las que tenía de cachorro. De cuando hui de la manada.

Los ojos de Kira relucieron. Se acercó más a su amigo.

—¿Qué fue primero? ¿Lo del olor o las pesadillas?

Tras escuchar esa pregunta, Naruto lo pensó durante un momento. Frunció el ceño.

—Pues… No estoy seguro.

Kira dejó sus manos sobre sus rodillas.

—Recuerdo que, al poco de llegar aquí y conocernos, me contaste que usabas ropa de Sasuke para poder dormir. Tenías muchas pesadillas entonces.

—Sí —dijo el Omega—. Estuve muy asustado durante un tiempo y la doctora Aguri me lo recomendó. Me dijo que era porque Sasuke me había salvado y me sentía seguro con él, así que usaba su olor para poder estar tranquilo. —Frunció el ceño, tratando de recordar la explicación que le había dado—. Era algo como… una relación psicológica o algo así.

—¡Ja! —exclamó Subaru de repente con una sonrisa—. Asociaste el olor de Sasuke con la sensación de seguridad, por eso te ayudaba a dormir —dijo cruzándose de brazos y asintiendo para sí mismo—. Las pesadillas fueron lo primero, seguro. Por eso echas de menos su olor, es lo que te ayuda a dormir.

Naruto parpadeó.

—¿Tú crees?

—Suena lógico —comentó Kamui.

Sin embargo, eso generó una nueva duda en Naruto.

—Pero, entonces, ¿debería volver con la doctora Aguri? —se preguntó cabizbajo, haciendo que sus amigos lo miraran—. Si vuelvo a tener pesadillas… A sentir que necesito otra vez a Sasuke… ¿No he… acabado de superarlo? —preguntó desanimado.

Kira no lo pensó. Se lanzó a abrazarlo con fuerza.

—No pasa nada. Estamos contigo. Haremos lo que haga falta.

Subaru se unió a ellos y rozó la mejilla de Naruto con su nariz como nuestra de afecto.

—Te acompañaremos a hablarlo con tus padres, si quieres.

Kamui le revolvió el pelo. Su pecho hinchado denotaba confianza.

—Esta vez no será tan duro, ya lo verás.

—Y siempre puedes pedirle ropa a Sasuke —comentó Nagi—. Seguro que no le importa.

Ver el apoyo de sus amigos tranquilizó un poco a Naruto, así como descubrir el origen de su extraña nostalgia por el olor de Sasuke. Era algo que lo había tenido muy preocupado, temía estar entrando en algún tipo de adolescencia salvaje y arruinar su amistad.

Aunque debía admitir que descubrir que su subconsciente aún no superaba su pasado había sido un golpe duro. Estuvo yendo a terapia una vez a la semana durante los primeros dos años, y luego tuvo sesiones más espaciadas otros dos. Al quinto año, Aguri le dio el alta, pero le pidió que volviera sin dudarlo si necesitaba lo que fuera. De eso, hacía casi dos años.

Ahora recordaba que le dijo que era posible tener recaídas. Su padre lo había superado bien, pero su madre y su hermano las habían tenido. Todavía había veces en las que descubría a su madre durmiendo en el salón en forma de loba, como si estuviera vigilando la entrada, temiendo que alguien entrara como aquella vez.

Sin embargo, ahora se sentía más capaz de sobrellevarlo. Solo necesitaba hablar con la doctora Aguri y todo estaría bien.

 

 

A medida que se acercaba la hora de salida, Naruto se sentía más inquieto en clase. Lo de esa mañana le había ayudado a sentirse más tranquilo y ser consciente de la presencia de sus amigos cerca lo reconfortaba, pero, al mismo tiempo, estaba deseando volver a casa y hablar con sus padres sobre lo que le ocurría.

Y con Sasuke. Siempre se sentía seguro y a salvo con él, y siempre encontraba el modo de calmarlo y hacerle sentir mejor. Podía contarle cualquier cosa, cosas que no sabía cómo decirles a sus padres o que alguna vez le generaban inseguridad con sus amigos. Durante mucho tiempo, había pensado en él como otro hermano mayor, pero, últimamente, sentía que se movía más en un espectro de amistad diferente del de Kira y los demás.

Era su mejor confidente, acudía a él cuando no estaba seguro de a quién recurrir. Sus padres podían regañarlo o sentirse decepcionados, sus amigos podían darle de lado, la manada podía abandonarlo. Otros podían traicionarlo y atacarlo.

Pero Sasuke, no. Sasuke estaría ahí para él, siempre. Era una certeza que tenía desde que lo había salvado. Podía sonar infantil, alguna vez se había preguntado si no se alejaría de él conforme pasara el tiempo, una vez que estuviera acomodado en la manada.

Pero nunca había sucedido. A menos que fuera porque trabajaba o se encontraba lejos de la manada, también por su trabajo, jamás faltaba a visitarlo después de cenar. Las tardes de los sábados y algunos domingos las pasaba con él y sus amigos, ayudándolos a practicar rastreo, caza o lucha, o simplemente respondía sus preguntas sobre lo que fuera, pero, antes de dormir, Naruto podía contar con su presencia.

Nunca tuvo que pedirle que no dejara de hacerlo, él no dio ninguna señal de dejar de visitarlo, por lo que no tuvo la necesidad, y dudaba que sus padres o Kurama se lo hubieran pedido a sus espaldas, no era su estilo.

Así que Sasuke seguía viéndole porque quería… Pero ¿por qué Sasuke querría?

La repentina pregunta le dejó una nueva inquietud. Era cierto que Sasuke había formado parte de su historia, el héroe de su familia, el que los salvó de un destino horrible, pero eso significaba que su agradecimiento para con él duraría por siempre, no tenía nada que ver con Sasuke. Es decir, él no debería sentir que era su obligación cuidar de ellos una vez estuvieran a salvo, no debería sentir nada especial hacia ellos, solo había hecho lo que le dictaba su honor.

No podía dejar morir a un cachorro ni tampoco negarle su ayuda.

Naruto profundizó más en ese sentimiento, tratando de invertir los papeles. No es que fuera muy mayor, aún no había cumplido los trece, pero sabía que haría lo que fuera para salvar a un cachorro y ayudarlo si estaba en su mano. Después de eso, sí, habría querido que estuviera bien, que se sintiera cómodo en su manada y, por supuesto, lo habría saludado y hablado con él cuando se encontraran para saber cómo le iban las cosas.

Pero ¿habría ido todas las noches a visitarlo durante más de seis años?

Lo dudaba.

Sentía que había algo que se le estaba escapando.

El repentino ruido de las sillas arrastrándose lo sobresaltó y se puso en pie para recibir a su tutor. Era la última clase de la jornada, una nueva asignatura llamada Cambios de los Lobos relacionada con su comportamiento. A pesar de que aún faltaban unos años para que pudieran cambiar de forma, era ahora cuando se hacían patentes los rasgos propios de su animal interior: agresividad y territorialidad, dominación y sumisión, sexualidad y celo. Era una clase informativa para que pudieran entender los cambios de su personalidad y su cuerpo y que no los pillaran desprevenidos.

Lo que le faltaba ese día, que alguien le dijera que sus hormonas revolucionadas harían que quisiera olisquear el trasero de un Alfa. No, gracias.

Vio cómo Kakashi escribía en letras grandes una única palabra.

Destinados.

Naruto ladeó la cabeza. Vale, podía admitir que era un tema mucho más interesante que las supuestas hormonas calientes de un Alfa.

Sabía lo que eran porque lo había visto en sus padres y en su hermano, pero, a decir verdad, eso era todo. Un fenómeno natural en el que dos personas se reconocían como almas gemelas y siempre permanecían juntas desde el instante en el que se encontraban. Siempre serían fieles la una a la otra y siempre se amarían.

Muy bonito, pero ¿cómo lo sabían? Por el olor, sí, ya lo sabía, pero ¿qué olor? ¿A qué olía tu destinado? Las respuestas eran demasiado variadas, pero su madre, su hermano y Train aseguraban que estuvieron seguros en cuanto lo olieron. Después, la conexión sentimental era muy rápida, entre cambiantes, instantánea, pero a su padre le costó más reconocerla por ser humano y carecer de su sentido del olfato.

Y ¿cómo era esa conexión? ¿Qué se sentía?

De nuevo, las respuestas diferían las unas de las otras. Su madre encontró ternura y cariño en su padre, y él, confianza y protección, pero Kurama dio con un Omega a su altura, tan fuerte e independiente como él, mientras que Train aseguraba que su hermano era un Alfa que le daba su espacio y tenía fe en sus habilidades pese a ser un Omega, en definitiva, lo respetaba como a un igual.

No lo entendía, las experiencias eran muy diferentes unas de otras. Aunque, a decir verdad, tan solo se había atrevido a preguntarle a su familia sobre ello, no era como si fuera a hacer encuestas por toda la manada para saciar una pequeña curiosidad.

Pero, ahora, Kakashi podía aclarar todas esas dudas.

Su tutor empezó a pasearse entre los pupitres mientras comentaba que todos habían oído hablar de los destinados y lo que implicaban, se aseguró de que todos supieran qué eran exactamente. Por supuesto, muchos Omegas estaban interesados en el tema y ya estaban al tanto, pero algunos Alfas parecían tener solo curiosidad por el celo y no le daban la importancia necesaria, por lo que, para irritación de Naruto, tuvo que esperar a que se enteraran.

Solo entonces, vino la conversación de verdad.

—Habréis escuchado que los destinados se reconocen por el aroma —dijo pasando por el lado de Naruto, que escuchaba muy atento—. Sin embargo, no se trata de un olor específico, para cada uno huele de una forma diferente, pero lo que es seguro es que no hay nada que atraiga a un cambiante como el aroma de tu destinado.

Uno de los Alfas levantó la mano.

—¿Se refiere a algo sexual?

El grupo de Alfas idiotas se rio por lo bajo mientras que los Omegas lo fulminaban con la mirada.

Kakashi puso los ojos en blanco.

—Es posible, pero es mucho más que eso —dijo, llamando la atención de sus estudiantes—. Es un olor que, a pesar de ser la primera vez que lo hueles, te inspira seguridad y confianza. En cuanto lo respiras, sabes que estás a salvo.

Naruto se tensó con las manos agarrotadas sobre su pupitre, aferrándose a los bordes.

El recuerdo fue repentino y atravesó su cabeza como un rayo, pero también con la fuerza de un martillo.

Fue como estar allí de nuevo. Sentía el frío a través de su ropa empapada clavándose como garras debajo de su piel, la tierra húmeda manchando sus dedos helados, los temblores que sacudían su cuerpo sin control. Volvió a notar esa debilidad apoderándose de sus músculos, la imperiosa necesidad de cerrar los ojos, pese a que el terror lo obligó a estar alerta.

Hasta que escuchó esa voz, aquella que le rogaba que confiara en él. Hubo algo en ella que lo convenció, o eso o la desesperación y el miedo lo obligaron a aferrarse a la esperanza de que alguien iba a ayudarlo. Estaba tan cansado y asustado, sin escapatoria alguna, que no se había resistido.

Pero, en cuanto estuvo envuelto en aquellos brazos cálidos y aspiró su aroma, supo que estaba a salvo. No tuvo ninguna duda de ello.

La voz de Kakashi seguía llegando a sus oídos, sin embargo, la sentía lejana, como un eco que provenía de alguna otra parte.

—El vínculo entre destinados es tan fuerte que la conexión es instantánea. Confianza, seguridad y una sensación acogedora, de aceptación y calidez. Es un momento de comprensión en el que los dos se dan cuenta de que podrán contar el uno con el otro sin reservas, que no habrá prejuicios y que sus defectos serán aceptados por su compañero sin reservas.

Siempre había podido contar con él. Lo salvó y acudió en ayuda de su familia cuando se lo pidió. Jamás le había fallado, ni una sola vez. Cuando le prometía algo, lo cumplía.

Y nunca lo había despreciado por ser mestizo. No podía recordar cuántas veces le había jurado que no había nada de malo en su parte humana.

—Es un vínculo que permite un cuidado y atención exactos. Ambas partes están siempre pendientes de su pareja y de sus necesidades, nunca dejarán que les falte de nada, ya sea algo material, físico o emocional.

Naruto se sentía mareado, pero, aun así, disparó su brazo hacia arriba con tal fuerza que Kakashi se sobresaltó.

Aun así, su tutor lo observó con los ojos entrecerrados.

—¿Sí, Naruto?

—¿Es posible que dos destinados tengan una gran diferencia de edad?

Kakashi siguió mirándolo con intensidad y asintió con lentitud.

—No es nada extraño, en realidad.

Naruto tragó saliva.

—Y… ¿es posible que un destinado encuentre a su pareja cuando es un niño?

Hubo murmullos entre la clase, algunos acerca de que eso sería raro, otros enfermizo, pero Naruto no podía oírlos, solo estaba pendiente de Kakashi y su penetrante mirada.

Por eso, tampoco se dio cuenta de la mirada inquisitiva de Kira o de que Nagi había abandonado su postura perezosa sobre el pupitre para mirarlo. Tampoco fue consciente de que Kamui y Subaru se miraban el uno al otro perplejos.

Por fin, Kakashi asintió.

—Es más raro, pero sí, hay casos.

Naruto se estremeció y tragó saliva.

—¿Qué pasa con ellos?

El Alfa le dedicó una mirada amable.

—La conexión sigue estando ahí, aunque es diferente a los casos en los que ambos son adultos.

—¿Qué quiere decir? —se apresuró a preguntar Naruto.

De repente, había mucho silencio en el aula.

—La conexión entre dos adultos suele ser romántica de inmediato —continuó Kakashi con voz suave y tranquilizadora—, pero, en estos casos, es diferente. El niño percibe a su pareja como un refugio, un lugar seguro, y no tarda mucho en convertirse en una especie de hermano mayor. Según las parejas entrevistadas, las fases van de sentimientos de hermandad a amistad, y de amistad a amor, a medida que el niño va creciendo. En el caso del adulto es similar, siente genuino afecto por el niño, pero no hay nada romántico o sexual hasta que su pareja crece. El cambio es muy natural, surge solo…

Naruto se levantó de golpe y, sin molestarse en coger sus cosas, salió huyendo de la clase.

Tanto la respiración como su corazón ya estaban acelerados antes de empezar la carrera. Su mente era un caos, con miles de imágenes de su infancia corriendo ante sus ojos, avanzando en años y años hasta llegar a unas pocas semanas atrás.

Sabía que le pasaba algo raro. Que no era normal.

¿Él lo sabía? ¿Lo había sabido desde el principio? ¿Desde aquel día? ¿Eso en qué lo convertía? ¿Ya era su pareja? ¿No lo eran? ¿Por eso se sentía tan raro? ¿O eran las pesadillas? ¿O las dos cosas?

Si alguien lo vio correr como un animal desesperado hasta casa de Sasuke, no se dio cuenta, y, aunque lo hubiera hecho, no le habría importado. Necesitaba verlo y entender lo que le pasaba. Así que, en cuanto llegó a la puerta de su casa, la aporreó con fuerza.

Sasuke solo tardó cinco segundos en abrirle. Nada más ver la entrada, Naruto entró como un huracán y se paseó de un lado a otro.

—¿Tú lo sabías? —le preguntó directamente.

Sasuke cerró la puerta tras él y lo encaró. Estaba muy tranquilo.

—Sí.

Naruto se detuvo en seco y lo contempló. A pesar de que su rostro era serio, había amabilidad en sus ojos.

Tragó saliva.

—¿Sabes a lo que me refiero?

—Sí —respondió él con una leve sonrisa tranquilizadora—. La escuela me avisó de que hoy te hablarían del tema.

Naruto palideció.

—¿Cuánta gente lo sabe?

Al escuchar su pregunta, el rostro del Alfa se ensombreció y se sentó en el sofá. Le ofreció asiento, pero él sacudió la cabeza con nerviosismo. En ese momento, solo quería respuestas.

—Hace unos veinte años, estuve establecido con una Omega. —Naruto levantó las cejas, pero no dijo nada—. No voy a entrar en detalles, pero ella se acercó a mí para tenderle una trampa a nuestra manada. Tuve que enfrentarme a ella y yo mismo la ejecuté.

—Sasuke… —murmuró Naruto con un nudo en la garganta. Aun así, todavía no se acercó, apretó los puños en su lugar.

—No fue decisión de mi padre, sino mía. Nadie me forzó a hacerlo, pero la manada fue consciente de lo duro que tuvo que ser para mí. Por eso acabé siendo el ejecutor principal, a pesar de que Kurogane es mejor luchador que yo —dicho esto, le dedicó una sonrisa de disculpa—. Y, por eso, la noticia de que había encontrado a mi destinado se extendió tan rápido. Todo el mundo estaba feliz por mí.

El relato fue lo bastante escalofriante como para que la mente de Naruto se aclarara. Todavía tenía muchas dudas, pero centrarse en lo que Sasuke le decía le ayudó a mantenerse enfocado en algo más concreto y organizar sus pensamientos.

Al final, se sentó en el sillón. Aún estaba lejos de Sasuke, pero lo bastante cerca para mantener una conversación.

—No sé cómo sentirme —acabó diciendo—. Estoy muy confundido.

—Es normal que lo estés. Entiendo que haya sido impactante para ti. Para mí fue muy estresante, dadas las circunstancias.

Naruto se estremeció, recordando aquella noche.

—¿Lo supiste…?

—Cuando te encontré, sí. —Hizo una pausa en la que se miró las manos—. Estaba muy asustado por ti.

El Omega agachó la vista. Viéndolo desde su punto de vista, tuvo que ser aterrador descubrir a tu destinado en un cachorro a punto de morir de frío tras huir de su propia manada. Lo cierto era que no recordaba gran cosa de aquel trayecto, solo sensaciones, algunos sonidos y el olor de Sasuke.

De repente, pensando en ello, frunció el ceño y levantó la vista.

—¿Mis padres…?

—Se enteraron aquella noche —le sonrió con cierta diversión—. Digamos que Minato no estaba del todo de acuerdo.

Algunos recuerdos destellaron en su memoria. Sus ojos brillaron.

—¿Por eso no os llevabais bien al principio?

Sasuke se encogió de hombros.

—Viene del mundo humano y es tu padre. Es normal que se preocupe por ti.

Al oír eso, arrugó la nariz.

—Pero… Tú nunca me has visto así. ¿Verdad?

El Alfa hizo un extraño sonido, una especie de mezcla entre resoplido y risa.

—¿Acaso tú me ves de forma diferente ahora que lo sabes?

Naruto se detuvo a pensarlo un momento, observando a Sasuke. Era cierto que, ya desde niño, le resultaba atractivo, aunque ni mucho menos en un sentido romántico y menos sexual, simplemente, tenía un rostro agradable y, desde luego, no era tan ciego como para no darse cuenta de que era un hombre fuerte, aunque en forma de lobo era más evidente.

Pero eso era todo. Una simple opinión sobre su apariencia, no muy diferente a cómo percibía físicamente a sus padres o sus amigos. Su padre era hermoso y Kurama era intimidante, Kamui y Subaru también le parecían bastante guapos, de hecho, se había fijado en que algunas Omegas ya se fijaban en el primero, mientras que el grupo de Alfas idiotas ya le habían dicho alguna estupidez al pobre Subaru.

No. No sentía nada fuera de lo normal. A decir verdad, la idea de que lo cortejara lo incomodaba y le daba vergüenza. Por no hablar de los besos. Ugh, no, gracias.

Nada había cambiado… Salvo echar de menos su olor. Y las pesadillas.

¿Eso tenía algo que ver con su vínculo de destinados? ¿O realmente se trataba de que las pesadillas habían vuelto?

Antes de que se decidiera a preguntar, Sasuke le dijo con suavidad:

—Sé que esto puede haber cambiado tu forma de ver las cosas entre nosotros, pero, realmente, no ha cambiado gran cosa, Naruto —le sonrió con cariño—. Aunque seas un lobato, sigues siendo un cachorro para mí. Solo quiero que crezcas sano y feliz. Y ser testigo de esa parte de tu vida, si me dejas.

Tras escuchar eso, una parte de Naruto se sintió más tranquila, pero, aun así, seguía palideciendo en comparación con la inquietud que lo había atormentado esos días.

Y ese temor estaba ahogando todo lo demás.

Necesitaba espacio, pensar.

Se levantó del sillón como un resorte, aunque procuró evitar su mirada.

—¿Puedo… pensarlo? —logró preguntar con un nudo en la garganta.

Sasuke también se levantó, pero no se acercó.

—Todo el tiempo que necesites, cachorro.

Naruto se fue a paso rápido de allí con una fuerte pesadez en el pecho. Le escocían los ojos.

Mierda de vínculo de destinados. Solo quería estar bien, como antes. Antes de las pesadillas y de echar de menos su olor. No quería sentir que había sido cruel cuando Sasuke solo había sido paciente y amable con él, como si lo hubiera rechazado de algún modo.

¿Lo había rechazado siquiera? Es decir, ¡solo tenía doce años! Podía sentir curiosidad por el tema, pero no por ello preparado para salir con nadie, menos con un lobo adulto… Oh, mierda. Sasuke era el ejecutor principal, hijo pequeño del Primer Alfa y hermano menor de su sucesor.

Y él no era más que un cachorro mestizo extranjero.

—¡Naruto! ¡Naruto, espera!

Se detuvo en seco al escuchar la voz de Nagi cerca. Se giró y vio que llevaba la mochila que se había dejado en clase cargada al hombro junto a la suya.

El joven Alfa abrió mucho los ojos al verlo.

—¿Estás llorando? —preguntó alarmado, algo para nada habitual en él.

Él se tensó al darse cuenta de que tenía las mejillas húmedas. Se apresuró a limpiarse los ojos con las manos mientras Nagi se acercaba a él y le frotaba los hombros.

—Lo siento —sollozó, deseando no sentirse tan avergonzado—. Siento haberme ido así…

En un acto totalmente impropio de él, Nagi dejó las mochilas en el suelo y lo abrazó al mismo tiempo que frotaba su mejilla contra la suya.

—No pasa nada. Estoy aquí. Todo va a ir bien.

En otro momento, su torpe intento por consolarlo le habría hecho gracia, pero, ahora mismo, ver a su despreocupado e inmutable amigo hacer el esfuerzo, le llegó al alma. Así que le devolvió el abrazo y se aferró a él.

—Estoy muy confuso, Nagi. No sé qué hacer ni cómo sentirme.

El Alfa le dio unas palmaditas en la espalda.

—No te preocupes. Para eso estamos los amigos. Ven conmigo.

Lo cogió de la mano y lo alejó de las casas de la manada, en dirección al bosque. No podían adentrarse demasiado al no poder transformarse aún en lobos, pero Nagi lo llevó lo bastante lejos como para que pudieran hablar en privado.

Naruto olfateó el aire al darse cuenta de que estaban solos.

—¿Y Kira y los demás?

Nagi hizo una mueca mientras lo instaba a sentarse sobre una piedra.

—Bueno, resulta que Kamui y Subaru son destinados —dijo mientras se agachaba frente a él.

El Omega alzó las cejas, sorprendido.

—¿En serio?

—Sí.

—… ¿Están bien?

El Alfa se rascó la nuca.

—Un poco sorprendidos, pero sí. En realidad, tiene sentido. Siempre están juntos y son mejores amigos.

Sin saber qué decir, Naruto hizo un brusco asentimiento. Nagi entrecerró los ojos.

—Les irá bien. Igual que a ti con Sasuke.

Él se estremeció.

—¿Lo sabías?

—Era evidente por lo que preguntaste en clase. Kira también quería venir, pero, siendo como es, solo te habría alterado más. Subaru habría venido de no ser porque lo convencimos de que no debía huir de Kamui y que era mejor que lo afrontara de cara.

—A mí no me ha servido de mucho —gimió, apoyando el mentón en sus rodillas.

Nagi le respondió poniendo los ojos en blanco.

—Tu destinado es mayor que tú, ¿y qué?

—¿Cómo que y qué? ¡Lo cambia todo!

—Yo no lo veo así —dijo encogiéndose de hombros—. Él no es un pervertido y tú no tienes ninguna obsesión enfermiza con él. Deja que las cosas pasen cuando tengan que pasar y ya.

—¿Y cómo se supone que llamas tú a echar de menos su olor? —replicó Naruto, poniéndose en pie de un salto—. ¿Eso no es enfermizo?

—Si te hubieras quedado hasta el final de la clase, sabrías que no es un síntoma de destinados hasta que fueras más mayor —suspiró Nagi—, y, desde luego, no es lo que te provoca pesadillas.

Naruto arrugó la frente, cogiéndose el borde de la camiseta.

—¿Seguro?

El Alfa le dedicó una mirada triste.

—Tener un trauma no es algo malo, Naru. Entiendo que sea doloroso para ti volver al psicólogo y tener que repetir el proceso, pero no tiene que ver con Sasuke. Tampoco me sorprende que todo esto de los destinados con alguien mayor sea un poco raro para ti, pero no eres el único caso. Mis padres son un ejemplo.

Al oír eso, el Omega se sobresaltó.

—¿En serio?

—Mi padre Omega reconoció a mi padre Alfa cuando solo era un bebé.

—¿Y cómo…?

Nagi se puso en pie de un salto y le ofreció la mano.

—Los dos están en tu casa ahora. Ellos pueden resolver cualquier duda que tengas.

Naruto la tomó, y, de nuevo, dejó que el Alfa lo llevara hasta su casa. En la entrada, vieron a Minato, todavía con el delantal puesto y paseándose de un lado a otro mientras escribía algo en el móvil.

—Está aquí, señor Uzumaki —le dijo Nagi.

Minato pegó un salto al oír su voz, pero, de inmediato, trotó hacia su hijo, cogiéndolo por los hombros y con el rostro contraído.

—Hijo, ¿estás bien? Estabas tardando y me tenías preocupado.

Naruto no lo pensó dos veces y abrazó a su padre por la cintura con fuerza.

—Estoy un poco confundido, papá.

Su padre se agachó para devolverle el gesto y le acarició el pelo.

—No pasa nada, hijo. Es normal que te sientas así. Pero todo irá bien, ya lo verás.

—¿A pesar de lo que pensabas de Sasuke al principio? —le preguntó mirándolo a los ojos.

Minato le acarició la mejilla con una pequeña sonrisa.

—Sí. Pero me demostró con el tiempo que él solo quería que fueras feliz, igual que yo. ¿Tú crees que te haría daño de algún modo?

Naruto sacudió la cabeza. Era la única certeza que tenía.

—Eso es lo más importante para mí —dicho esto, le dio un beso en la frente y se levantó—. Además, hubo dos personas que me ayudaron a comprender un poco mejor cómo es esa relación.

Su padre se hizo a un lado, dejando ver a uno de los padres de Nagi en la puerta. Yoichi era un Omega hermoso, alto y atlético, de piel clara con el pelo oscuro, bastante típico entre los miembros de la manada Uchiha, aunque, al acercarse, destacaban sus ojos azul oscuro, grandes y de mirada amable.

Nagi fue con él, permitiendo que su padre le acariciara el cabello. Fue la primera vez que Naruto vio a su amigo frotar su cabeza contra él en una clara muestra de afecto. Nunca antes lo había visto hacer eso con sus padres, pero, dado que Yoichi no parecía sorprendido, supuso que era algo que guardaba para la intimidad.

—Dale buenos consejos, papá.

—Por supuesto —dicho esto, miró a Naruto con ternura—. Seguro que tienes muchas preguntas. Entra y mi Alfa y yo te responderemos encantados.

—¡No mordemos! —gritó el susodicho desde el interior.

Nagi arrugó la nariz y, mientras entraba, lo escuchó decir:

—Compórtate esta vez. Estás aquí para ayudar a mi amigo, no para escandalizarlo.

Naruto casi sonrió. No era la primera vez que veía a la familia Kunigami reunida y sabía que Rensuke podía ser… demasiado honesto, a veces. Sin embargo, Nagi rara vez reaccionaba, como si estuviera acostumbrado. En cierto modo, casi parecía protector con él y todo.

Debía de haberlo preocupado mucho como para que reaccionara así.

Tras inspirar hondo y coger la mano de su padre, lo siguió al interior de su casa, donde Rensuke lo esperaba sentado frente a Kushina. Era más alto que su madre y fornido, pero su rostro alegre y despreocupado lo hacían parecer amigable a primera vista. Tenía el pelo espeso y desordenado, de color zanahoria, y sus ojos ámbar le sonrieron con simpatía cuando se encontraron.

—Relájate, cachorro. No es el fin del mundo. Un poco impactante, cierto, pero verás como en unos días lo asimilas.

Naruto tragó saliva, sintiéndose mucho mejor al saber que había pasado por la misma experiencia.

—¿Cómo fue para ti? —preguntó a la vez que se sentaba entre sus padres. Su padre aún le cogía la mano y su madre se acercó para pasar un brazo por sus hombros. Le hizo sentirse protegido y a salvo y, poco a poco, pudo relajarse.

—Fue como una bomba, siendo sincero —respondió Rensuke al mismo tiempo que abrazaba a su Omega por la cintura con un gesto inconsciente—. Es decir, yo tenía trece años, que es cuando te dan toda esta charla, y, hasta el momento, Yoichi siempre había estado ahí…

Nagi lo interrumpió con un gruñido. Se había sentado en el suelo y apoyado los brazos y la cabeza en la mesa como si estuviera somnoliento, pese a que tenía los ojos vigilantes.

Yoichi le palmeó la mano.

—Necesita un poco de contexto, mi Alfa —dicho esto, se dirigió a Naruto—. Yo ya era adulto cuando Rensuke nació. Sus padres lo presentaron ante la manada y yo lo reconocí como mi destinado. Estaba bastante consternado.

—¿Qué hiciste? —preguntó Naruto.

—Fui corriendo a hablar con Fugaku y Mikoto. Los dos me conocían, yo ya llevaba unos años siendo pediatra y nunca había tenido quejas, por lo que sabían que yo no era ningún degenerado. Todos los que tenemos una edad hemos escuchado de casos así, pero experimentarlos por primera vez siempre asusta un poco.

—Así que somos casos raros —dijo el lobato con una mueca.

Yoichi se encogió de hombros.

—El porcentaje es menor, es cierto, pero no único. Fugaku y Mikoto hablaron con otras manadas y algunas parejas se ofrecieron a hablar conmigo y con los padres de Rensuke para calmar nuestros temores.

—Mis padres estaban encantados —añadió Rensuke, guiñándole un ojo a un sorprendido Naruto—. Mi Yoichi era muy querido por los niños y sus padres. Tiene un buen trabajo, es hermoso y amable. Pensaron que era un excelente partido.

Yoichi le dio un codazo amistoso, pero continuó:

—Sus padres me dieron permiso para interactuar con él. Al principio, también es extraño para los que somos mayores, ¿sabes? Pensar que alguien tan pequeño va a ser tu pareja algún día. Pero, con el tiempo, te haces a la idea. Yo disfruté mucho viéndolo crecer, fue una experiencia bonita ver cómo cambiaba con el tiempo, el Alfa en el que se estaba convirtiendo.

Rensuke lo besó en la cabeza con cariño y luego miró a Naruto con una gran sonrisa.

—Sé que ahora no te lo parece, pero somos muy afortunados. Mi Omega estuvo siempre conmigo para celebrar mis logros y en los peores momentos. Yo fui problemático durante mi adolescencia, mi lado animal era muy dominante y me hizo un poco agresivo. Es duro tener tan poco control sobre ti mismo, me culpé muchas veces por eso. Yoichi estuvo ahí para calmarme, repitiéndome una y otra vez que solo era una fase y que, cuando fuera más mayor, sería más fácil. Para mí fue un momento muy importante, comprendí que siempre estaría conmigo sin importar lo mal que pudiera estar, que estaría ahí para pararme los pies y para consolarme.

Naruto tragó saliva, un poco emocionado. Era cierto, Sasuke había estado a su lado desde que conocieron y jamás le importó que fuera un mestizo. Le recordaba constantemente que no había nada de malo en ello, a pesar de sus inseguridades. A pesar de su trauma.

Apretó la mano de su padre al pensar en ello. Era algo que tenía que decirles a sus padres, pero, antes, necesitaba cerrar el tema de los destinados. Había cosas que quería entender.

—Yo… Me asusta un poco lo de sentirme atraído por alguien más mayor que yo.

Rensuke, para su sorpresa, resopló.

—¡Uf! Pues imagínate lo raro que tiene que ser para los adultos. Es decir, nuestro celo llega a los dieciséis, aún nos estamos desarrollando, pero empiezan a notar la diferencia —dicho esto, hizo una mueca—. Yo quería pasar mi primer celo con Yoichi y marcarlo. Ya desde los quince tenía fantasías con él, pero sé que se sentía incómodo con la idea.

—No se permite hasta la mayoría de edad —le dijo su pareja con el ceño fruncido—. Y eras demasiado joven.

—¡Bah! —Rensuke hizo un gesto despectivo con la mano y miró a Naruto—. Mira, nosotros empezamos a tener impulsos sexuales antes, pero, para ellos, aún somos unos cachorrillos. No te preocupes por ti, te juro que, una vez asimiles que es tu compañero, todo será muy natural. Pasarás un par de años muy buenos de amistad, y, antes de darte cuenta, te empezará a molestar que otros vayan husmeando detrás de él, que lo toquen o que dejen su apestoso aroma encima suyo. Y ahí es cuando empiezan los sonrojos y las sonrisitas felices cada vez que te toca. No tengas miedo, las ganas de salir con tu pareja no aparecen de la noche a la mañana, no te pillará de sorpresa, ahora que sabes lo que te ocurre, solo déjate llevar y márcale el ritmo con el que te sientas más cómodo. Es tu destinado, no un imbécil Alfa cachondo, se moriría antes de hacer algo con lo que no estés a gusto.

—Eso último es importante —dijo Yoichi, mirando a Naruto con calidez—. Nunca te fuerces a hacer algo que no quieres porque te preocupe tu Alfa. Cuando sois más mayores, empezáis a inquietaros por nuestras necesidades adultas, el trabajo, los celos, las tareas de casa… Tú aún eres joven y tienes que vivir esa fase de tu vida, centrarte en tus estudios y pasar tiempo con tus amigos antes de trabajar en lo que decidas. No pierdas nada de eso por Sasuke, él se sentiría mucho peor si descubriera que has hecho sacrificios por él.

—En otras palabras —intervino Nagi con tono desganado y señalando a su padre Alfa—, no hagas como este idiota y obligues a Sasuke a aparearse contigo nada más cumplir los dieciocho.

Naruto levantó las cejas y miró asombrado a Rensuke, que se cruzó de brazos.

—Eso no fue por obligación. Ya era mayor de edad y no quería esperar más.

—Lo amenazaste con buscar otro Omega para el celo si no te dejaba marcarlo.

—Eso fue muy cruel, Alfa —dijo Yoichi con cara de pocos amigos.

Rensuke lo abrazó de nuevo y cubrió su mejilla de besos que hicieron reír a su pareja.

—No quería pasar otro celo solo cuando podía estar contigo. Ni ver a otros Alfas olfateando detrás de ti.

—No te faltaban Omegas, tampoco.

—Omegas estúpidas que dejaban su asqueroso aroma encima de mí —gruñó el Alfa, frotando su nariz contra la marca de su cuello.

Yoichi le acarició la cabeza y volvió a mirar a Naruto, que ahora los observaba con curiosidad.

—Como ves, en cuanto los dos sois adultos, todo fluye. Ver crecer a mi Alfa fue toda una experiencia de la que no me arrepiento, pero no lo echo de menos.

—Estar en igualdad de condiciones siempre te tranquiliza —le dijo Rensuke con una sonrisa—. Así que, sin agobios, cachorro. No le des vueltas, que todo llegará en su momento. Disfruta de tener un hermano mayor y no dudes en compartir con él cualquier cosa que necesites. Hará todo lo que esté en su mano para que tú estés bien, ¿sí?

Tras esas palabras, Nagi se giró hacia el Omega, que se había quedado muy callado al final.

—No es para tanto, ¿verdad que no?

—No —admitió el rubio, mirando a la pareja—. En realidad, no suena tan mal como parecía en mi cabeza.

—Eso es —dijo Rensuke—, tú solo vive el momento.

Naruto asintió con un suspiro en el que la pesadez en su pecho desapareció. Todo estaba bien con Sasuke, no debía preocuparse por cómo actuar con él o la relación que debían tener. El Alfa no esperaba nada de él, no tenía expectativas. Solo quería que estuviera bien.

Y, para eso, había un asunto que debía tratar.

Le lanzó una mirada significativa a Nagi, que comprendió el mensaje a la primera. Fue hasta él, sentándose en el suelo de frente y ofreciéndole las manos. Naruto las tomó con fuerza, agradeciendo que su amigo le devolviera el apretón, diciéndole sin palabras que estaba con él.

—Estoy bien con lo de Sasuke, no os preocupéis —les dijo a sus padres. El Omega lo besó en la cabeza y la Alfa le frotó la espalda—. Pero hay algo que quiero contaros.

 

 

Sasuke dejó escapar un suspiro frustrado mientras ayudaba a Izumi a poner la mesa.

—¿Todavía nada?

—No. Minato no ha respondido mis mensajes.

—Dale algo de tiempo —le dijo Itachi a la vez que enrollaba una tortilla con elegancia—. Se ha enterado hace unas horas, deja que lo asimile.

Lo sabía. Sabía que aquel día llegaría y que sería impactante para Naruto, tal vez incluso difícil. Cuando habían hablado, había tratado de estar lo más tranquilo posible para no asustarlo y creía que, más o menos, se las había arreglado bien. Había accedido a hablar con él y había escuchado lo que tenía que decir. Solo le había pedido algo de tiempo y no tenía problemas en dárselo, había sido una de las opciones que había contemplado.

Pero le mataba no saber si estaba bien.

Era consciente de que ahora Minato y Kushina estarían con él, tratando de ayudarlo… Pero le ponía nervioso no tener noticias.

—Solo quiero saber cómo está.

—Está con sus padres —le dijo Izumi con una sonrisa cálida—. Está sano y salvo y ellos no permitirán que le pase nada. Ni siquiera pasar el mal trago solo.

Él hizo una mueca solo de imaginarse a Naruto acurrucado en la cama, con esa mirada perdida y desesperada de esa tarde. Saber que sus padres estaban con él era lo único que le impedía correr a ver cómo estaba.

—Cuando vino a buscarme, parecía tan…

—¿Qué?

—No sé. Como si necesitara ayuda.

Itachi apareció a su espalda para colocar las tortillas en los platos. Le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

—Puedo pasarme después por su casa si Minato no contesta. Hablaré con ellos y te diré cómo está tu cachorro.

Sasuke soltó el aire despacio. Sí, era lo mejor. Naruto no necesitaba verlo ahora, debía darle su espacio.

—Gracias.

—Bien. Ahora siéntate y cena con nosotros.

Hizo amago de obedecer, pero la vibración del móvil lo detuvo. Sin pensarlo dos veces, lo cogió con un movimiento rápido y miró la pantalla. No esperaba el nombre que apareció en ella.

—Es Naruto —les dijo a su hermano y a Izumi. Le hicieron un gesto para que lo cogiera y se quedaron en silencio. Respondió con rapidez—. Cachorro, soy yo.

—Hola, Sasuke. —Tenía la voz rasgada. Había estado llorando.

Se le partió el corazón. Él no quería hacerle daño, nunca había sido su intención.

—Naruto, ¿estás bien?

Al escuchar su tono, Itachi e Izumi se acercaron de inmediato, tensos y alerta.

—Sí, sí, ahora mucho mejor, en realidad. Ah… Oye, siento lo de esta tarde.

Le sorprendió que se disculpara, y más por lo de ese día. Pensó que tardaría un tiempo en hablar de ello, es más, estaba seguro de que no querría hablar con él durante una temporada.

—Estaba muy confundido y un poco asustado —continuó Naruto—. Aunque tú habías dicho que las cosas no cambiarían entre nosotros, yo no lo tenía muy claro y no sabía qué hacer con eso ni cómo sentirme…

—Naruto, tranquilo. No necesitas disculparte y menos por esto. Entiendo tu reacción. Solo quiero que estés bien. ¿Lo estás?

Escuchó que soltaba un tembloroso suspiro al otro lado.

—Gracias. Me siento mejor.

Frunció el ceño. Eso no era un sí.

—Naruto, dime si estás bien.

—… Pues… Con lo nuestro, sí, por eso no te preocupes, todo está bien. Pero…

Hizo una pausa corta que a Sasuke se le hizo eterna. Mil posibilidades cruzaron su cabeza, desde que había habido un accidente y les había pasado algo a uno de sus amigos o que había descubierto que tenía algún tipo de enfermedad.

—… Las pesadillas han vuelto —le dijo al final. Parecía al borde del llanto.

Oh, no.

—Naruto, voy hacia tu casa, ¿vale? —Mientras lo decía, su hermano ya le había tendido la chaqueta e Izumi lo estaba empujando hacia la puerta.

—Vale —susurró el cachorro antes de colgar.

Sasuke corrió hacia allí con el teléfono aún en la mano.

No lo había olvidado. No había olvidado las noches que pasó al principio pegado a su cama hasta que se quedaba dormido. Todavía recordaba sus lágrimas cuando le decía que no quería quedarse dormido, que Genzo aún lo perseguía allí y que seguía viendo a sus ejecutores cayendo uno tras otro. A veces, incluso veía a su familia muerta. Veía cómo los mataban.

Sabía lo duro que había sido para él dar carpetazo a todo eso. Lidiar con la culpabilidad y aceptar que no había nada malo en ser mestizo. Puede que lo hubiera llevado mejor que Kushina y Kurama, pero no quitaba que hubiera sido duro para él pasar por todo eso.

No sabía que había estado teniendo pesadillas otra vez. ¿Y Kushina y Minato? No lo creía, se lo habrían dicho.

¿Por eso había tenido esa expresión esa tarde? ¿Las pesadillas lo habían tenido al borde y lo de ser destinados había sido la gota que colmaba el vaso?

No lo sabía, pero tampoco importaba.

Su cachorro lo necesitaba.

En cuanto vio la casa de Naruto, ralentizó el ritmo lo justo para no darse de bruces contra la puerta cuando saltara los escalones, pero no hizo falta. Su compañero la abrió y lo buscó con los ojos. Ojos rojos y hundidos de llanto y cansancio.

Sasuke se detuvo frente a él y, sin pensar en si sería bienvenido o no, lo abrazó con fuerza.

—Ya estoy aquí, cachorro.

Notó cómo este se aferraba a él.

—Gracias por venir —dijo enterrando la cara en su pecho.

—Siempre, Naruto. Siempre estaré aquí para ti, ¿me oyes? Lo que necesites, solo dímelo.

El pequeño Omega lo abrazó más fuerte.

—Quédate conmigo.

Sasuke lo apretó contra sí y dijo sin pensarlo dos veces:

—Te lo prometo.


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