Sweet trouble
Hacía
frío. Mucho frío. Estaba helado. Temblaba tanto que no podía controlar su
propio cuerpo, hecho un ovillo en esa oscuridad.
La
ropa no lo ayudaba. Estaba empapada y pegada a él como una gélida segunda piel
que clavaba sus zarpas de hielo en su sangre.
Tenía
frío, mucho frío. Quería un lugar caliente, pero no podía moverse. Lo
encontrarían. No era lo bastante fuerte para defenderse solo. Ni lo bastante
lobo para huir por su cuenta. Por eso, tenía que esconderse, no podían dar con
él. Si lo hacían, todos morirían. Lo harían para protegerlo.
No
quería perder a nadie más.
Había
usado el río, como había dicho papá. No lo olerían, no podrían seguir su
rastro. Fuera de la oscuridad, había silencio. No podía escuchar la brisa, ni a
los árboles ni los animales. Solo un profundo silencio, vacío.
Tenía
que aguantar. Si aguantaba, todo iría bien. Mamá vencería a los lobos malos y
papá lo encontraría. Solo tenía que esconderse, y aguantar. Aguantar el frío,
los temblores, la humedad, la oscuridad, el silencio, el vacío, el dolor…
Algo
rompió el silencio.
De
repente, fue consciente. La brisa meciendo los árboles y el ulular de un ave
nocturna.
Un
ladrido. Garras arrancando la tierra.
Lo
tenía detrás. Lo habían encontrado.
No
podía huir. No podía moverse. Estaba helado. Estaba atrapado. Estaba muerto.
Toda
su familia lo estaba.
—No
tengas miedo.
De
repente, unos brazos lo envolvían. Eran cálidos y olían a tierra y a bosque
tras una fresca noche lluviosa.
Estaba
a salvo.
Naruto
abrió los ojos de golpe y miró el despertador. Aún faltaban diez minutos para
las siete.
Suspiró
y se levantó con una mano sobre su frente.
Otra
vez ese sueño. Pensaba que lo había superado.
Se
sentó con las piernas cruzadas e hizo las respiraciones profundas que la
doctora Aguri le había enseñado de niño mientras se repetía en su cabeza las
cosas buenas y positivas.
Su
familia estaba bien. Tenían un nuevo hogar en una manada genial. Mamá disfrutaba
con su trabajo como guardiana fronteriza y papá era muy feliz enseñando música
y organizando festivales con Mikoto. Kurama se había convertido en ejecutor y
Train se ocupaba del entrenamiento con piel para Alfas. Ambos esperaban con
ilusión la llegada de su primer hijo.
Fye
vivía feliz con Kurogane y sus trillizos, dos niñas y un niño. Los llamaron
Yui, Elda y Freya.
Él
había empezado el instituto. Sus sentidos ya eran como los de los cambiantes de
su edad y sacaba garras y colmillos como ellos, aunque su olor fuera el de un
mestizo. Tenía amigos maravillosos y a los que quería mucho.
Y
tenía a Sasuke…
Se
detuvo al pensar en él. Justo a tiempo para apagar el despertador que marcaba
las siete. No sonó más de dos segundos.
Suspiró,
sintiéndose un poco mejor, aunque todavía tenía clavada una espina de
inquietud. No es como si fuera a solucionarla en la cama, por lo que se levantó
de un salto y se cambió con calma.
A
los cinco minutos, su padre entró en la habitación y parpadeó al verlo.
—Oh,
estás despierto.
—Como
un buen lobato —le sonrió Naruto.
—Mamá
y yo te esperamos para desayunar.
Él
frunció el ceño.
—¿Hoy
no trabaja?
—Se
ha cogido el día libre —respondió su padre antes de dar media vuelta y
marcharse de la habitación.
Naruto
reconoció el timbre más agudo de su voz y se asomó por la puerta para mirarlo,
pero él ya estaba huyendo escaleras abajo.
Qué
raro.
Preparó
su mochila con rapidez y la dejó junto a la escalera al bajar. En la barra de
la cocina, su madre estaba devorando su monstruosa ración habitual de beicon
con huevos y zumo de frutas, perfecta para un día patrullando arriba y abajo
por las montañas. Su padre y él, en cambio, preferían las tortitas.
A
Naruto le gustaba su nueva vida en Japón, pero, admitámoslo, las tortitas eran
mejor desayuno que el arroz y la sopa de miso.
—Buenos
días —saludó, sentándose junto a su madre—. Papá dice que te has cogido el día
libre.
—Sí
—dijo su madre, relamiéndose los labios para quitar los restos de huevo—.
Tenemos visita esta tarde.
—¿Quiénes
vendrán?
—Los
padres de Nagi —respondió Kushina, centrándose en el desayuno.
Al
escuchar eso, Naruto se encogió de hombros y engulló el suyo como el fiel
reflejo que era de su madre.
No
era raro que los padres de sus amigos vinieran de visita. Desde que eran
cachorros, se había convertido en algo habitual, aunque lo normal era que
procuraran coincidir en horario para evitar coger días libres. Aun así, no le
dio mucha importancia. Era posible que a su madre le sobrara algún día y
decidiera aprovecharlo.
Sin
embargo, no explicaba los extraños nervios de su padre, que revoloteaba por la
cocina, debatiéndose entre tomar su desayuno o recoger un poco.
Levantó
una ceja cuando lo vio dar una vuelta sobre sí mismo.
—Papá,
¿todo bien?
—Ah,
¿qué? —preguntó antes de ponerse rígido como el palo de una escoba—. ¡Ah, sí!
¡Sí! Todo bien, todo bien.
Su
madre se rio por lo bajo.
—En
dos semanas empieza el Hanami. Mikoto dice que van a venir a nuestras montañas
gente importante y tu padre sigue preocupándose por si su concierto será lo
bastante bueno.
Naruto
soltó una carcajada.
—Papá,
ya eres una atracción turística del pueblo. Llevas haciendo este concierto
desde hace tres años.
Su
padre se cogió el borde del delantal y lo retorció entre sus manos.
—No
seáis crueles, yo era un músico humilde que tocaba en locales pequeños, no en
festivales frente a una multitud…
—Cariño,
no busques excusas —le sonrió Kushina con suficiencia—. El que vale, vale.
Tienes talento, Mikoto solo lo explotó.
Naruto
asintió, efusivo.
—Lo
harás genial, papá, como el año pasado.
—Y
el anterior —añadió la Alfa ensanchando su sonrisa.
—Y
el otro —continuó Naruto, siguiendo el juego.
Minato
dejó escapar un suspiro.
—Sois
horribles.
Madre
e hijo rieron a expensas del pobre Omega mientras terminaban de desayunar.
Naruto apenas había engullido el último bocado cuando sonaron unos rápidos
golpes en la puerta.
—¡Conejitooo!
—lo llamó una impaciente Kira—. ¡Vamos, vamos, vamos! ¡Es la hora!
Naruto
dejó corriendo el plato en la cocina y besó a sus padres antes de echarse la
mochila al hombro.
—Me
voy a clase. ¡Hasta luego! —se despidió.
Minato
vio por la ventana cómo la joven Omega abrazaba a su hijo y le daba un rápido
mordisco en la mejilla. Según ella, era una forma de mostrar su afecto, una
vieja costumbre de la infancia a la que se negaba a renunciar.
—Cariño,
se te ha visto el plumero.
Minato
se estremeció al escuchar el tono bajo de reproche de su Alfa. Al mirarla,
Kushina lo miraba con cara de pocos amigos. Retorció aún más el delantal entre
sus manos.
—Eh…
Lo siento —se disculpó rascándose la nuca—. Pero tú lo has hecho genial.
Kushina
puso los ojos en blanco.
—Eres
el único que está nervioso por esto.
—Entiéndeme
—se quejó el Omega, acercándose para recoger los platos—. Me costó mucho
hacerme a la idea de que Naruto y Sasuke estarán juntos algún día. Ahora estoy
bien con eso y ya considero a Sasuke parte de la familia, pero lo de hoy… Me
preocupa cómo va a reaccionar Naruto.
La
Alfa lo detuvo agarrándolo por la cintura con suavidad. Lo pegó a ella y le dio
un beso en la mejilla.
—Será
impactante para él. Pero todo irá bien, no te preocupes. Como tú, solo tendrá
que acostumbrarse. —Minato se giró hacia ella y la besó en los labios. Kushina
sonrió y frotó su mejilla contra la suya—. Además, nos tiene a nosotros para
ayudarle a entenderlo.
Su
Omega se dejó mimar y suspiró.
—Por
eso hemos planeado la visita de esta tarde, ¿no?
—A
ti te ayudó.
Minato
sonrió, recordando a la pareja de lobos. Verlos juntos le hizo mucho bien.
—Está
bien —dijo, besando a su Alfa otra vez—. Tienes razón. Pase lo que pase,
nosotros estaremos para él.
—Claro
que sí, compañero —dijo Kushina con más seguridad. Estaba convencida de que
todo saldría bien.
Kira
frunció el ceño, molesta. Desde que habían empezado el instituto, Naruto estaba
raro. Antes, siempre se reían juntos cuando ella se subía a caballito a su
espalda de improviso, o se quejaba con una sonrisa cuando le mordía la mejilla
en señal de afecto. Sabía que era un comportamiento muy de cachorros, pero
Naruto había sido su mejor amigo desde hacía más de seis años y siempre sería
su conejito, un Omega pequeñito y adorable, como el peluche con el que solía
dormir de cachorra. Era especial para ella.
Por
eso le molestaba. Ahora él la apartaba cuando hacía eso y le decía enfadado que
no lo hiciera más. ¿Dónde estaba el problema? ¿Lo avergonzaba? ¿Solo porque
ahora iban al instituto? ¿Era algún tipo de tontería de su parte humana?
Al
pensar en la posibilidad, se detuvo en seco. Estaban a punto de entrar en la
Cabaña de los Lobatos, como llamaban al edificio que usaban de instituto. Era
una gran cabaña de dos pisos donde impartían las clases teóricas, ya que las
prácticas y los deportes los hacían al aire libre y no necesitaban mucho
espacio porque rara vez había demasiados lobatos de la misma edad como para no
caber todos juntos en una clase. Estaba junto a otra edificación idéntica que
era la escuela primaria, la Cabaña de los Cachorros, que sí contaba con unos
jardines cercados para los más pequeños.
—¡Naruto!
¡Kira!
Vio
que Subaru los saludaba alzando los brazos. Kamui, a su lado como siempre,
levantó una mano y les sonrió mientras que Nagi se limitó a bostezar tras
dedicarles un gesto rápido con el mentón.
Naruto
los saludó fingiendo una sonrisa que hizo que Kira arrugara la nariz. Sin
pensarlo dos veces, lo cogió por la mochila y tiró de él fuera del camino,
hacia unos árboles. Subaru y los demás, al verla, se apresuraron a ir tras
ella.
Kira
lanzó a Naruto contra el árbol, que jadeó antes de fulminarla con la vista.
—¿De
qué vas?
Ella
golpeó el tronco con una mano junto a su cabeza.
—¡No!
¿De qué vas tú?
—¿Qué?
—¡Chicos!
—Subaru los cogió a cada uno por un hombro. Kamui y Nagi se quedaron muy cerca,
listos para separarlos si había una pelea—. No sé qué pasa, pero calmaos los
dos.
—¡Ha
empezado ella! —replicó Naruto.
—¡No!
¡Tú empezaste! —gritó Kira—. ¿Qué rayos te pasa? ¡Desde que hemos empezado el
instituto estás rarísimo!
—¡No
es verdad!
—¡Claro
que sí!
Al
ver que Kira y Naruto estaban adoptando posturas defensivas, Nagi saltó sobre
Kira para arrastrarla lejos mientras que Kamui mantuvo inmovilizado a Naruto
contra el tronco.
—¡Basta!
—pidió Subaru con un lloriqueo—. No os peleéis, sois amigos, podéis
solucionarlo hablando.
Los
dos miraron al Omega, afectado por su discusión. Subaru siempre había sido el
pacificador. Pese a que no era débil, odiaba los conflictos entre ellos, y,
salvo Nagi, el resto tenía un carácter fuerte, aunque solían ser Kira y Naruto
los más impulsivos del grupo. Así que era él quien se ocupaba de poner orden,
mantenía la armonía entre los “intensitos”, como los llamaba Nagi.
Ambos
Omegas se calmaron. Naruto dejó de luchar y Kira bajó la vista.
—Estás
cambiado —dijo Kira por fin, llamando la atención del rubio—. Más callado y
menos despreocupado. Sé que le estás dando vueltas a algo que te preocupa.
—Apretó los puños—. Me recuerda a cuando llegaste aquí. Llorabas a menudo
entonces, cuando creías que nadie te veía. Me preocupa que te pase algo y no
nos lo digas.
Naruto
se encogió y palideció un poco. Los demás se dieron cuenta.
—Es
cierto que has estado actuando diferente —comentó Subaru.
—¿Te
sigue preocupando lo de ser mestizo? —preguntó Nagi con el ceño fruncido—.
Ahora eres como nosotros, es un poco pronto para preocuparse por lo de cambiar.
Kamui
le dio un apretón en el hombro.
—Puedes
decirnos lo que sea. Lo arreglaremos juntos.
Naruto
los miró uno a uno y dejó escapar un suspiro tembloroso. Se sintió un poco mal
por ellos. No había sido su intención hacerles daño, solo… no quería
preocuparlos con algo que ni siquiera sabía lo que era. Tal vez no era nada,
tal vez estaba un poco confundido, la pubertad y esas cosas.
Se
dejó caer por el tronco hasta acabar sentado en el suelo, abrazando sus
rodillas. Los demás se agacharon a su alrededor para poder escucharlo.
—Lo
siento —susurró, escondiendo la cabeza.
Subaru
le acarició el pelo.
—No
has hecho nada malo.
—Le
grité a Kira.
Ella
resopló y cruzó los brazos.
—Siempre
lo hacemos, tenemos carácter y somos muy cabezones —dicho esto, le tironeó de
un mechón de pelo—. Vamos, conejito, no te escondas, no es tu estilo. Es como
dice Kamui, sea lo que sea, lo arreglaremos, por las buenas o por las malas
—añadió golpeando la palma de su mano con el puño.
Naruto
por fin alzó la vista. Aún había duda en sus ojos.
—Es
que… No sé cómo explicarlo.
—Solo
suéltalo —dijo Nagi—. Nosotros preguntaremos.
Él
asintió y cogió aire antes de soltarlo despacio, pensando en cómo decirlo.
—Últimamente,
le he estado dando vueltas a algo y… no sé cómo sentirme al respecto. —Antes de
que los demás pudieran preguntar, él lo soltó—. Es sobre Sasuke.
Todos
parpadearon. No era lo que esperaban, en realidad, lo primero que habían
pensado es que algún idiota se había metido con él por ser mestizo.
—¿Ha
pasado algo? ¿Te ha regañado? —preguntó Subaru, pero Naruto sacudió la cabeza.
—No
es eso. Es solo que he estado pensando que… Me siento diferente con él —dijo
frunciendo el ceño—. Quiero decir, es mi amigo y lo aprecio mucho, pero no de
la misma forma que a vosotros.
Subaru
y Kamui se relajaron.
—Bueno,
eso es normal —dijo el Alfa—. Es un adulto, esa amistad es diferente.
Kira
se encogió de hombros.
—No
veo dónde está el problema. ¿Es porque es raro tener amigos adultos? —Ella
resopló—. A mí no me importa, me gusta pasar tiempo con él —dijo sonriendo—,
nos enseña cosas geniales. Somos más avanzados en rastro y caza gracias a él.
—No,
no —Naruto sacudió la mano mientras lo decía—, eso no me importa, no es el
problema —dicho esto, volvió a abrazarse las rodillas—. Creo… que el problema
es que me gusta demasiado pasar tiempo con él —admitió con cierta vergüenza—,
hasta el punto de que… echo en falta su olor. —Ya está. Lo había dicho.
Sus
amigos se miraron entre sí. Ahora empezaban a entenderlo.
—¿Hace
mucho que te pasa? —le preguntó Subaru frotándose la barbilla con aire
pensativo.
—Un
par de semanas —respondió Naruto, llevándose las manos a la cara—. Fue como muy
repentino, no sé por qué me pasa.
—¿Así
sin más? —preguntó Kira.
Él
asintió.
—Es
muy vergonzoso —gimió mortificado.
Nagi
le dio unos toquecitos en la cabeza.
—Bueno,
la adolescencia tiene estas cosas, ¿no? —comentó como si fuera algo natural—.
Sasuke es un Alfa desarrollado y tú un Omega en proceso. Puede que tu instinto
lo perciba así.
Naruto
hizo una mueca.
—¿No
debería pasarme con otros Alfas?
—Sasuke
es el único con el que te relacionas más.
—¿Qué
pasa contigo y Kamui?
Nagi
se encogió de hombros.
—Somos
lobatos todavía.
—En
teoría —añadió Kamui rascándose la nuca—, todavía no emitimos el tipo de
hormonas que te atraerían de forma más… umm… íntima.
Subaru
hizo un sonido exasperado.
—Pero
eso no pasa de la noche a la mañana, y menos con tanta fuerza como para que
eche de menos su olor —dicho esto, lo miró con un deje de inquietud—. ¿La
necesidad es muy fuerte?
Naruto
se sonrojó.
—Suelo
estar bien cuando estoy distraído. En la escuela y con vosotros. Pero de noche…
—soltó un suspiro exasperado—. Me cuesta un montón dormir, y, cuando lo hago,
tengo pesadillas.
Al
escuchar eso, Kira enderezó los hombros, prestando más atención.
—¿Pesadillas?
¿De qué tipo?
El
rubio se tomó unos segundos para contestar.
—Como
las que tenía de cachorro. De cuando hui de la manada.
Los
ojos de Kira relucieron. Se acercó más a su amigo.
—¿Qué
fue primero? ¿Lo del olor o las pesadillas?
Tras
escuchar esa pregunta, Naruto lo pensó durante un momento. Frunció el ceño.
—Pues…
No estoy seguro.
Kira
dejó sus manos sobre sus rodillas.
—Recuerdo
que, al poco de llegar aquí y conocernos, me contaste que usabas ropa de Sasuke
para poder dormir. Tenías muchas pesadillas entonces.
—Sí
—dijo el Omega—. Estuve muy asustado durante un tiempo y la doctora Aguri me lo
recomendó. Me dijo que era porque Sasuke me había salvado y me sentía seguro
con él, así que usaba su olor para poder estar tranquilo. —Frunció el ceño,
tratando de recordar la explicación que le había dado—. Era algo como… una
relación psicológica o algo así.
—¡Ja!
—exclamó Subaru de repente con una sonrisa—. Asociaste el olor de Sasuke con la
sensación de seguridad, por eso te ayudaba a dormir —dijo cruzándose de brazos
y asintiendo para sí mismo—. Las pesadillas fueron lo primero, seguro. Por eso
echas de menos su olor, es lo que te ayuda a dormir.
Naruto
parpadeó.
—¿Tú
crees?
—Suena
lógico —comentó Kamui.
Sin
embargo, eso generó una nueva duda en Naruto.
—Pero,
entonces, ¿debería volver con la doctora Aguri? —se preguntó cabizbajo,
haciendo que sus amigos lo miraran—. Si vuelvo a tener pesadillas… A sentir que
necesito otra vez a Sasuke… ¿No he… acabado de superarlo? —preguntó desanimado.
Kira
no lo pensó. Se lanzó a abrazarlo con fuerza.
—No
pasa nada. Estamos contigo. Haremos lo que haga falta.
Subaru
se unió a ellos y rozó la mejilla de Naruto con su nariz como nuestra de
afecto.
—Te
acompañaremos a hablarlo con tus padres, si quieres.
Kamui
le revolvió el pelo. Su pecho hinchado denotaba confianza.
—Esta
vez no será tan duro, ya lo verás.
—Y
siempre puedes pedirle ropa a Sasuke —comentó Nagi—. Seguro que no le importa.
Ver
el apoyo de sus amigos tranquilizó un poco a Naruto, así como descubrir el
origen de su extraña nostalgia por el olor de Sasuke. Era algo que lo había
tenido muy preocupado, temía estar entrando en algún tipo de adolescencia
salvaje y arruinar su amistad.
Aunque
debía admitir que descubrir que su subconsciente aún no superaba su pasado
había sido un golpe duro. Estuvo yendo a terapia una vez a la semana durante
los primeros dos años, y luego tuvo sesiones más espaciadas otros dos. Al
quinto año, Aguri le dio el alta, pero le pidió que volviera sin dudarlo si
necesitaba lo que fuera. De eso, hacía casi dos años.
Ahora
recordaba que le dijo que era posible tener recaídas. Su padre lo había
superado bien, pero su madre y su hermano las habían tenido. Todavía había
veces en las que descubría a su madre durmiendo en el salón en forma de loba,
como si estuviera vigilando la entrada, temiendo que alguien entrara como
aquella vez.
Sin
embargo, ahora se sentía más capaz de sobrellevarlo. Solo necesitaba hablar con
la doctora Aguri y todo estaría bien.
A
medida que se acercaba la hora de salida, Naruto se sentía más inquieto en
clase. Lo de esa mañana le había ayudado a sentirse más tranquilo y ser
consciente de la presencia de sus amigos cerca lo reconfortaba, pero, al mismo
tiempo, estaba deseando volver a casa y hablar con sus padres sobre lo que le
ocurría.
Y
con Sasuke. Siempre se sentía seguro y a salvo con él, y siempre encontraba el
modo de calmarlo y hacerle sentir mejor. Podía contarle cualquier cosa, cosas
que no sabía cómo decirles a sus padres o que alguna vez le generaban
inseguridad con sus amigos. Durante mucho tiempo, había pensado en él como otro
hermano mayor, pero, últimamente, sentía que se movía más en un espectro de
amistad diferente del de Kira y los demás.
Era
su mejor confidente, acudía a él cuando no estaba seguro de a quién recurrir.
Sus padres podían regañarlo o sentirse decepcionados, sus amigos podían darle
de lado, la manada podía abandonarlo. Otros podían traicionarlo y atacarlo.
Pero
Sasuke, no. Sasuke estaría ahí para él, siempre. Era una certeza que tenía
desde que lo había salvado. Podía sonar infantil, alguna vez se había
preguntado si no se alejaría de él conforme pasara el tiempo, una vez que
estuviera acomodado en la manada.
Pero
nunca había sucedido. A menos que fuera porque trabajaba o se encontraba lejos
de la manada, también por su trabajo, jamás faltaba a visitarlo después de
cenar. Las tardes de los sábados y algunos domingos las pasaba con él y sus
amigos, ayudándolos a practicar rastreo, caza o lucha, o simplemente respondía
sus preguntas sobre lo que fuera, pero, antes de dormir, Naruto podía contar
con su presencia.
Nunca
tuvo que pedirle que no dejara de hacerlo, él no dio ninguna señal de dejar de
visitarlo, por lo que no tuvo la necesidad, y dudaba que sus padres o Kurama se
lo hubieran pedido a sus espaldas, no era su estilo.
Así
que Sasuke seguía viéndole porque quería… Pero ¿por qué Sasuke querría?
La
repentina pregunta le dejó una nueva inquietud. Era cierto que Sasuke había
formado parte de su historia, el héroe de su familia, el que los salvó de un
destino horrible, pero eso significaba que su agradecimiento para con él
duraría por siempre, no tenía nada que ver con Sasuke. Es decir, él no debería
sentir que era su obligación cuidar de ellos una vez estuvieran a salvo, no
debería sentir nada especial hacia ellos, solo había hecho lo que le dictaba su
honor.
No
podía dejar morir a un cachorro ni tampoco negarle su ayuda.
Naruto
profundizó más en ese sentimiento, tratando de invertir los papeles. No es que
fuera muy mayor, aún no había cumplido los trece, pero sabía que haría lo que
fuera para salvar a un cachorro y ayudarlo si estaba en su mano. Después de
eso, sí, habría querido que estuviera bien, que se sintiera cómodo en su manada
y, por supuesto, lo habría saludado y hablado con él cuando se encontraran para
saber cómo le iban las cosas.
Pero
¿habría ido todas las noches a visitarlo durante más de seis años?
Lo
dudaba.
Sentía
que había algo que se le estaba escapando.
El
repentino ruido de las sillas arrastrándose lo sobresaltó y se puso en pie para
recibir a su tutor. Era la última clase de la jornada, una nueva asignatura
llamada Cambios de los Lobos relacionada con su comportamiento. A pesar de que
aún faltaban unos años para que pudieran cambiar de forma, era ahora cuando se
hacían patentes los rasgos propios de su animal interior: agresividad y
territorialidad, dominación y sumisión, sexualidad y celo. Era una clase
informativa para que pudieran entender los cambios de su personalidad y su
cuerpo y que no los pillaran desprevenidos.
Lo
que le faltaba ese día, que alguien le dijera que sus hormonas revolucionadas
harían que quisiera olisquear el trasero de un Alfa. No, gracias.
Vio
cómo Kakashi escribía en letras grandes una única palabra.
Destinados.
Naruto
ladeó la cabeza. Vale, podía admitir que era un tema mucho más interesante que
las supuestas hormonas calientes de un Alfa.
Sabía
lo que eran porque lo había visto en sus padres y en su hermano, pero, a decir
verdad, eso era todo. Un fenómeno natural en el que dos personas se reconocían
como almas gemelas y siempre permanecían juntas desde el instante en el que se
encontraban. Siempre serían fieles la una a la otra y siempre se amarían.
Muy
bonito, pero ¿cómo lo sabían? Por el olor, sí, ya lo sabía, pero ¿qué olor? ¿A
qué olía tu destinado? Las respuestas eran demasiado variadas, pero su madre,
su hermano y Train aseguraban que estuvieron seguros en cuanto lo olieron.
Después, la conexión sentimental era muy rápida, entre cambiantes, instantánea,
pero a su padre le costó más reconocerla por ser humano y carecer de su sentido
del olfato.
Y
¿cómo era esa conexión? ¿Qué se sentía?
De
nuevo, las respuestas diferían las unas de las otras. Su madre encontró ternura
y cariño en su padre, y él, confianza y protección, pero Kurama dio con un
Omega a su altura, tan fuerte e independiente como él, mientras que Train
aseguraba que su hermano era un Alfa que le daba su espacio y tenía fe en sus
habilidades pese a ser un Omega, en definitiva, lo respetaba como a un igual.
No
lo entendía, las experiencias eran muy diferentes unas de otras. Aunque, a
decir verdad, tan solo se había atrevido a preguntarle a su familia sobre ello,
no era como si fuera a hacer encuestas por toda la manada para saciar una
pequeña curiosidad.
Pero,
ahora, Kakashi podía aclarar todas esas dudas.
Su
tutor empezó a pasearse entre los pupitres mientras comentaba que todos habían
oído hablar de los destinados y lo que implicaban, se aseguró de que todos
supieran qué eran exactamente. Por supuesto, muchos Omegas estaban interesados
en el tema y ya estaban al tanto, pero algunos Alfas parecían tener solo
curiosidad por el celo y no le daban la importancia necesaria, por lo que, para
irritación de Naruto, tuvo que esperar a que se enteraran.
Solo
entonces, vino la conversación de verdad.
—Habréis
escuchado que los destinados se reconocen por el aroma —dijo pasando por el
lado de Naruto, que escuchaba muy atento—. Sin embargo, no se trata de un olor
específico, para cada uno huele de una forma diferente, pero lo que es seguro
es que no hay nada que atraiga a un cambiante como el aroma de tu destinado.
Uno
de los Alfas levantó la mano.
—¿Se
refiere a algo sexual?
El
grupo de Alfas idiotas se rio por lo bajo mientras que los Omegas lo fulminaban
con la mirada.
Kakashi
puso los ojos en blanco.
—Es
posible, pero es mucho más que eso —dijo, llamando la atención de sus
estudiantes—. Es un olor que, a pesar de ser la primera vez que lo hueles, te
inspira seguridad y confianza. En cuanto lo respiras, sabes que estás a salvo.
Naruto
se tensó con las manos agarrotadas sobre su pupitre, aferrándose a los bordes.
El
recuerdo fue repentino y atravesó su cabeza como un rayo, pero también con la
fuerza de un martillo.
Fue
como estar allí de nuevo. Sentía el frío a través de su ropa empapada
clavándose como garras debajo de su piel, la tierra húmeda manchando sus dedos
helados, los temblores que sacudían su cuerpo sin control. Volvió a notar esa
debilidad apoderándose de sus músculos, la imperiosa necesidad de cerrar los
ojos, pese a que el terror lo obligó a estar alerta.
Hasta
que escuchó esa voz, aquella que le rogaba que confiara en él. Hubo algo en
ella que lo convenció, o eso o la desesperación y el miedo lo obligaron a
aferrarse a la esperanza de que alguien iba a ayudarlo. Estaba tan cansado y
asustado, sin escapatoria alguna, que no se había resistido.
Pero,
en cuanto estuvo envuelto en aquellos brazos cálidos y aspiró su aroma, supo
que estaba a salvo. No tuvo ninguna duda de ello.
La
voz de Kakashi seguía llegando a sus oídos, sin embargo, la sentía lejana, como
un eco que provenía de alguna otra parte.
—El
vínculo entre destinados es tan fuerte que la conexión es instantánea.
Confianza, seguridad y una sensación acogedora, de aceptación y calidez. Es un
momento de comprensión en el que los dos se dan cuenta de que podrán contar el
uno con el otro sin reservas, que no habrá prejuicios y que sus defectos serán
aceptados por su compañero sin reservas.
Siempre
había podido contar con él. Lo salvó y acudió en ayuda de su familia cuando se
lo pidió. Jamás le había fallado, ni una sola vez. Cuando le prometía algo, lo
cumplía.
Y
nunca lo había despreciado por ser mestizo. No podía recordar cuántas veces le
había jurado que no había nada de malo en su parte humana.
—Es
un vínculo que permite un cuidado y atención exactos. Ambas partes están
siempre pendientes de su pareja y de sus necesidades, nunca dejarán que les
falte de nada, ya sea algo material, físico o emocional.
Naruto
se sentía mareado, pero, aun así, disparó su brazo hacia arriba con tal fuerza
que Kakashi se sobresaltó.
Aun
así, su tutor lo observó con los ojos entrecerrados.
—¿Sí,
Naruto?
—¿Es
posible que dos destinados tengan una gran diferencia de edad?
Kakashi
siguió mirándolo con intensidad y asintió con lentitud.
—No
es nada extraño, en realidad.
Naruto
tragó saliva.
—Y…
¿es posible que un destinado encuentre a su pareja cuando es un niño?
Hubo
murmullos entre la clase, algunos acerca de que eso sería raro, otros
enfermizo, pero Naruto no podía oírlos, solo estaba pendiente de Kakashi y su
penetrante mirada.
Por
eso, tampoco se dio cuenta de la mirada inquisitiva de Kira o de que Nagi había
abandonado su postura perezosa sobre el pupitre para mirarlo. Tampoco fue
consciente de que Kamui y Subaru se miraban el uno al otro perplejos.
Por
fin, Kakashi asintió.
—Es
más raro, pero sí, hay casos.
Naruto
se estremeció y tragó saliva.
—¿Qué
pasa con ellos?
El
Alfa le dedicó una mirada amable.
—La
conexión sigue estando ahí, aunque es diferente a los casos en los que ambos
son adultos.
—¿Qué
quiere decir? —se apresuró a preguntar Naruto.
De
repente, había mucho silencio en el aula.
—La
conexión entre dos adultos suele ser romántica de inmediato —continuó Kakashi
con voz suave y tranquilizadora—, pero, en estos casos, es diferente. El niño
percibe a su pareja como un refugio, un lugar seguro, y no tarda mucho en
convertirse en una especie de hermano mayor. Según las parejas entrevistadas,
las fases van de sentimientos de hermandad a amistad, y de amistad a amor, a
medida que el niño va creciendo. En el caso del adulto es similar, siente
genuino afecto por el niño, pero no hay nada romántico o sexual hasta que su
pareja crece. El cambio es muy natural, surge solo…
Naruto
se levantó de golpe y, sin molestarse en coger sus cosas, salió huyendo de la
clase.
Tanto
la respiración como su corazón ya estaban acelerados antes de empezar la
carrera. Su mente era un caos, con miles de imágenes de su infancia corriendo
ante sus ojos, avanzando en años y años hasta llegar a unas pocas semanas
atrás.
Sabía
que le pasaba algo raro. Que no era normal.
¿Él
lo sabía? ¿Lo había sabido desde el principio? ¿Desde aquel día? ¿Eso en qué lo
convertía? ¿Ya era su pareja? ¿No lo eran? ¿Por eso se sentía tan raro? ¿O eran
las pesadillas? ¿O las dos cosas?
Si
alguien lo vio correr como un animal desesperado hasta casa de Sasuke, no se
dio cuenta, y, aunque lo hubiera hecho, no le habría importado. Necesitaba
verlo y entender lo que le pasaba. Así que, en cuanto llegó a la puerta de su
casa, la aporreó con fuerza.
Sasuke
solo tardó cinco segundos en abrirle. Nada más ver la entrada, Naruto entró
como un huracán y se paseó de un lado a otro.
—¿Tú
lo sabías? —le preguntó directamente.
Sasuke
cerró la puerta tras él y lo encaró. Estaba muy tranquilo.
—Sí.
Naruto
se detuvo en seco y lo contempló. A pesar de que su rostro era serio, había
amabilidad en sus ojos.
Tragó
saliva.
—¿Sabes
a lo que me refiero?
—Sí
—respondió él con una leve sonrisa tranquilizadora—. La escuela me avisó de que
hoy te hablarían del tema.
Naruto
palideció.
—¿Cuánta
gente lo sabe?
Al
escuchar su pregunta, el rostro del Alfa se ensombreció y se sentó en el sofá.
Le ofreció asiento, pero él sacudió la cabeza con nerviosismo. En ese momento,
solo quería respuestas.
—Hace
unos veinte años, estuve establecido con una Omega. —Naruto levantó las cejas,
pero no dijo nada—. No voy a entrar en detalles, pero ella se acercó a mí para
tenderle una trampa a nuestra manada. Tuve que enfrentarme a ella y yo mismo la
ejecuté.
—Sasuke…
—murmuró Naruto con un nudo en la garganta. Aun así, todavía no se acercó,
apretó los puños en su lugar.
—No
fue decisión de mi padre, sino mía. Nadie me forzó a hacerlo, pero la manada
fue consciente de lo duro que tuvo que ser para mí. Por eso acabé siendo el
ejecutor principal, a pesar de que Kurogane es mejor luchador que yo —dicho
esto, le dedicó una sonrisa de disculpa—. Y, por eso, la noticia de que había
encontrado a mi destinado se extendió tan rápido. Todo el mundo estaba feliz
por mí.
El
relato fue lo bastante escalofriante como para que la mente de Naruto se
aclarara. Todavía tenía muchas dudas, pero centrarse en lo que Sasuke le decía
le ayudó a mantenerse enfocado en algo más concreto y organizar sus
pensamientos.
Al
final, se sentó en el sillón. Aún estaba lejos de Sasuke, pero lo bastante
cerca para mantener una conversación.
—No
sé cómo sentirme —acabó diciendo—. Estoy muy confundido.
—Es
normal que lo estés. Entiendo que haya sido impactante para ti. Para mí fue muy
estresante, dadas las circunstancias.
Naruto
se estremeció, recordando aquella noche.
—¿Lo
supiste…?
—Cuando
te encontré, sí. —Hizo una pausa en la que se miró las manos—. Estaba muy
asustado por ti.
El
Omega agachó la vista. Viéndolo desde su punto de vista, tuvo que ser aterrador
descubrir a tu destinado en un cachorro a punto de morir de frío tras huir de
su propia manada. Lo cierto era que no recordaba gran cosa de aquel trayecto,
solo sensaciones, algunos sonidos y el olor de Sasuke.
De
repente, pensando en ello, frunció el ceño y levantó la vista.
—¿Mis
padres…?
—Se
enteraron aquella noche —le sonrió con cierta diversión—. Digamos que Minato no
estaba del todo de acuerdo.
Algunos
recuerdos destellaron en su memoria. Sus ojos brillaron.
—¿Por
eso no os llevabais bien al principio?
Sasuke
se encogió de hombros.
—Viene
del mundo humano y es tu padre. Es normal que se preocupe por ti.
Al
oír eso, arrugó la nariz.
—Pero…
Tú nunca me has visto así. ¿Verdad?
El
Alfa hizo un extraño sonido, una especie de mezcla entre resoplido y risa.
—¿Acaso
tú me ves de forma diferente ahora que lo sabes?
Naruto
se detuvo a pensarlo un momento, observando a Sasuke. Era cierto que, ya desde
niño, le resultaba atractivo, aunque ni mucho menos en un sentido romántico y
menos sexual, simplemente, tenía un rostro agradable y, desde luego, no era tan
ciego como para no darse cuenta de que era un hombre fuerte, aunque en forma de
lobo era más evidente.
Pero
eso era todo. Una simple opinión sobre su apariencia, no muy diferente a cómo
percibía físicamente a sus padres o sus amigos. Su padre era hermoso y Kurama
era intimidante, Kamui y Subaru también le parecían bastante guapos, de hecho,
se había fijado en que algunas Omegas ya se fijaban en el primero, mientras que
el grupo de Alfas idiotas ya le habían dicho alguna estupidez al pobre Subaru.
No.
No sentía nada fuera de lo normal. A decir verdad, la idea de que lo cortejara
lo incomodaba y le daba vergüenza. Por no hablar de los besos. Ugh, no,
gracias.
Nada
había cambiado… Salvo echar de menos su olor. Y las pesadillas.
¿Eso
tenía algo que ver con su vínculo de destinados? ¿O realmente se trataba de que
las pesadillas habían vuelto?
Antes
de que se decidiera a preguntar, Sasuke le dijo con suavidad:
—Sé
que esto puede haber cambiado tu forma de ver las cosas entre nosotros, pero,
realmente, no ha cambiado gran cosa, Naruto —le sonrió con cariño—. Aunque seas
un lobato, sigues siendo un cachorro para mí. Solo quiero que crezcas sano y
feliz. Y ser testigo de esa parte de tu vida, si me dejas.
Tras
escuchar eso, una parte de Naruto se sintió más tranquila, pero, aun así,
seguía palideciendo en comparación con la inquietud que lo había atormentado
esos días.
Y
ese temor estaba ahogando todo lo demás.
Necesitaba
espacio, pensar.
Se
levantó del sillón como un resorte, aunque procuró evitar su mirada.
—¿Puedo…
pensarlo? —logró preguntar con un nudo en la garganta.
Sasuke
también se levantó, pero no se acercó.
—Todo
el tiempo que necesites, cachorro.
Naruto
se fue a paso rápido de allí con una fuerte pesadez en el pecho. Le escocían
los ojos.
Mierda
de vínculo de destinados. Solo quería estar bien, como antes. Antes de las
pesadillas y de echar de menos su olor. No quería sentir que había sido cruel
cuando Sasuke solo había sido paciente y amable con él, como si lo hubiera
rechazado de algún modo.
¿Lo
había rechazado siquiera? Es decir, ¡solo tenía doce años! Podía sentir
curiosidad por el tema, pero no por ello preparado para salir con nadie, menos
con un lobo adulto… Oh, mierda. Sasuke era el ejecutor principal, hijo pequeño
del Primer Alfa y hermano menor de su sucesor.
Y
él no era más que un cachorro mestizo extranjero.
—¡Naruto!
¡Naruto, espera!
Se
detuvo en seco al escuchar la voz de Nagi cerca. Se giró y vio que llevaba la
mochila que se había dejado en clase cargada al hombro junto a la suya.
El
joven Alfa abrió mucho los ojos al verlo.
—¿Estás
llorando? —preguntó alarmado, algo para nada habitual en él.
Él
se tensó al darse cuenta de que tenía las mejillas húmedas. Se apresuró a
limpiarse los ojos con las manos mientras Nagi se acercaba a él y le frotaba
los hombros.
—Lo
siento —sollozó, deseando no sentirse tan avergonzado—. Siento haberme ido así…
En
un acto totalmente impropio de él, Nagi dejó las mochilas en el suelo y lo
abrazó al mismo tiempo que frotaba su mejilla contra la suya.
—No
pasa nada. Estoy aquí. Todo va a ir bien.
En
otro momento, su torpe intento por consolarlo le habría hecho gracia, pero,
ahora mismo, ver a su despreocupado e inmutable amigo hacer el esfuerzo, le
llegó al alma. Así que le devolvió el abrazo y se aferró a él.
—Estoy
muy confuso, Nagi. No sé qué hacer ni cómo sentirme.
El
Alfa le dio unas palmaditas en la espalda.
—No
te preocupes. Para eso estamos los amigos. Ven conmigo.
Lo
cogió de la mano y lo alejó de las casas de la manada, en dirección al bosque.
No podían adentrarse demasiado al no poder transformarse aún en lobos, pero
Nagi lo llevó lo bastante lejos como para que pudieran hablar en privado.
Naruto
olfateó el aire al darse cuenta de que estaban solos.
—¿Y
Kira y los demás?
Nagi
hizo una mueca mientras lo instaba a sentarse sobre una piedra.
—Bueno,
resulta que Kamui y Subaru son destinados —dijo mientras se agachaba frente a
él.
El
Omega alzó las cejas, sorprendido.
—¿En
serio?
—Sí.
—…
¿Están bien?
El
Alfa se rascó la nuca.
—Un
poco sorprendidos, pero sí. En realidad, tiene sentido. Siempre están juntos y
son mejores amigos.
Sin
saber qué decir, Naruto hizo un brusco asentimiento. Nagi entrecerró los ojos.
—Les
irá bien. Igual que a ti con Sasuke.
Él
se estremeció.
—¿Lo
sabías?
—Era
evidente por lo que preguntaste en clase. Kira también quería venir, pero,
siendo como es, solo te habría alterado más. Subaru habría venido de no ser
porque lo convencimos de que no debía huir de Kamui y que era mejor que lo
afrontara de cara.
—A
mí no me ha servido de mucho —gimió, apoyando el mentón en sus rodillas.
Nagi
le respondió poniendo los ojos en blanco.
—Tu
destinado es mayor que tú, ¿y qué?
—¿Cómo
que y qué? ¡Lo cambia todo!
—Yo
no lo veo así —dijo encogiéndose de hombros—. Él no es un pervertido y tú no
tienes ninguna obsesión enfermiza con él. Deja que las cosas pasen cuando
tengan que pasar y ya.
—¿Y
cómo se supone que llamas tú a echar de menos su olor? —replicó Naruto,
poniéndose en pie de un salto—. ¿Eso no es enfermizo?
—Si
te hubieras quedado hasta el final de la clase, sabrías que no es un síntoma de
destinados hasta que fueras más mayor —suspiró Nagi—, y, desde luego, no es lo
que te provoca pesadillas.
Naruto
arrugó la frente, cogiéndose el borde de la camiseta.
—¿Seguro?
El
Alfa le dedicó una mirada triste.
—Tener
un trauma no es algo malo, Naru. Entiendo que sea doloroso para ti volver al
psicólogo y tener que repetir el proceso, pero no tiene que ver con Sasuke.
Tampoco me sorprende que todo esto de los destinados con alguien mayor sea un
poco raro para ti, pero no eres el único caso. Mis padres son un ejemplo.
Al
oír eso, el Omega se sobresaltó.
—¿En
serio?
—Mi
padre Omega reconoció a mi padre Alfa cuando solo era un bebé.
—¿Y
cómo…?
Nagi
se puso en pie de un salto y le ofreció la mano.
—Los
dos están en tu casa ahora. Ellos pueden resolver cualquier duda que tengas.
Naruto
la tomó, y, de nuevo, dejó que el Alfa lo llevara hasta su casa. En la entrada,
vieron a Minato, todavía con el delantal puesto y paseándose de un lado a otro
mientras escribía algo en el móvil.
—Está
aquí, señor Uzumaki —le dijo Nagi.
Minato
pegó un salto al oír su voz, pero, de inmediato, trotó hacia su hijo,
cogiéndolo por los hombros y con el rostro contraído.
—Hijo,
¿estás bien? Estabas tardando y me tenías preocupado.
Naruto
no lo pensó dos veces y abrazó a su padre por la cintura con fuerza.
—Estoy
un poco confundido, papá.
Su
padre se agachó para devolverle el gesto y le acarició el pelo.
—No
pasa nada, hijo. Es normal que te sientas así. Pero todo irá bien, ya lo verás.
—¿A
pesar de lo que pensabas de Sasuke al principio? —le preguntó mirándolo a los
ojos.
Minato
le acarició la mejilla con una pequeña sonrisa.
—Sí.
Pero me demostró con el tiempo que él solo quería que fueras feliz, igual que
yo. ¿Tú crees que te haría daño de algún modo?
Naruto
sacudió la cabeza. Era la única certeza que tenía.
—Eso
es lo más importante para mí —dicho esto, le dio un beso en la frente y se
levantó—. Además, hubo dos personas que me ayudaron a comprender un poco mejor
cómo es esa relación.
Su
padre se hizo a un lado, dejando ver a uno de los padres de Nagi en la puerta.
Yoichi era un Omega hermoso, alto y atlético, de piel clara con el pelo oscuro,
bastante típico entre los miembros de la manada Uchiha, aunque, al acercarse,
destacaban sus ojos azul oscuro, grandes y de mirada amable.
Nagi
fue con él, permitiendo que su padre le acariciara el cabello. Fue la primera
vez que Naruto vio a su amigo frotar su cabeza contra él en una clara muestra
de afecto. Nunca antes lo había visto hacer eso con sus padres, pero, dado que
Yoichi no parecía sorprendido, supuso que era algo que guardaba para la
intimidad.
—Dale
buenos consejos, papá.
—Por
supuesto —dicho esto, miró a Naruto con ternura—. Seguro que tienes muchas
preguntas. Entra y mi Alfa y yo te responderemos encantados.
—¡No
mordemos! —gritó el susodicho desde el interior.
Nagi
arrugó la nariz y, mientras entraba, lo escuchó decir:
—Compórtate
esta vez. Estás aquí para ayudar a mi amigo, no para escandalizarlo.
Naruto
casi sonrió. No era la primera vez que veía a la familia Kunigami reunida y
sabía que Rensuke podía ser… demasiado honesto, a veces. Sin embargo, Nagi rara
vez reaccionaba, como si estuviera acostumbrado. En cierto modo, casi parecía
protector con él y todo.
Debía
de haberlo preocupado mucho como para que reaccionara así.
Tras
inspirar hondo y coger la mano de su padre, lo siguió al interior de su casa,
donde Rensuke lo esperaba sentado frente a Kushina. Era más alto que su madre y
fornido, pero su rostro alegre y despreocupado lo hacían parecer amigable a
primera vista. Tenía el pelo espeso y desordenado, de color zanahoria, y sus
ojos ámbar le sonrieron con simpatía cuando se encontraron.
—Relájate,
cachorro. No es el fin del mundo. Un poco impactante, cierto, pero verás como
en unos días lo asimilas.
Naruto
tragó saliva, sintiéndose mucho mejor al saber que había pasado por la misma
experiencia.
—¿Cómo
fue para ti? —preguntó a la vez que se sentaba entre sus padres. Su padre aún
le cogía la mano y su madre se acercó para pasar un brazo por sus hombros. Le
hizo sentirse protegido y a salvo y, poco a poco, pudo relajarse.
—Fue
como una bomba, siendo sincero —respondió Rensuke al mismo tiempo que abrazaba
a su Omega por la cintura con un gesto inconsciente—. Es decir, yo tenía trece
años, que es cuando te dan toda esta charla, y, hasta el momento, Yoichi
siempre había estado ahí…
Nagi
lo interrumpió con un gruñido. Se había sentado en el suelo y apoyado los
brazos y la cabeza en la mesa como si estuviera somnoliento, pese a que tenía
los ojos vigilantes.
Yoichi
le palmeó la mano.
—Necesita
un poco de contexto, mi Alfa —dicho esto, se dirigió a Naruto—. Yo ya era
adulto cuando Rensuke nació. Sus padres lo presentaron ante la manada y yo lo
reconocí como mi destinado. Estaba bastante consternado.
—¿Qué
hiciste? —preguntó Naruto.
—Fui
corriendo a hablar con Fugaku y Mikoto. Los dos me conocían, yo ya llevaba unos
años siendo pediatra y nunca había tenido quejas, por lo que sabían que yo no
era ningún degenerado. Todos los que tenemos una edad hemos escuchado de casos
así, pero experimentarlos por primera vez siempre asusta un poco.
—Así
que somos casos raros —dijo el lobato con una mueca.
Yoichi
se encogió de hombros.
—El
porcentaje es menor, es cierto, pero no único. Fugaku y Mikoto hablaron con
otras manadas y algunas parejas se ofrecieron a hablar conmigo y con los padres
de Rensuke para calmar nuestros temores.
—Mis
padres estaban encantados —añadió Rensuke, guiñándole un ojo a un sorprendido Naruto—.
Mi Yoichi era muy querido por los niños y sus padres. Tiene un buen trabajo, es
hermoso y amable. Pensaron que era un excelente partido.
Yoichi
le dio un codazo amistoso, pero continuó:
—Sus
padres me dieron permiso para interactuar con él. Al principio, también es
extraño para los que somos mayores, ¿sabes? Pensar que alguien tan pequeño va a
ser tu pareja algún día. Pero, con el tiempo, te haces a la idea. Yo disfruté
mucho viéndolo crecer, fue una experiencia bonita ver cómo cambiaba con el
tiempo, el Alfa en el que se estaba convirtiendo.
Rensuke
lo besó en la cabeza con cariño y luego miró a Naruto con una gran sonrisa.
—Sé
que ahora no te lo parece, pero somos muy afortunados. Mi Omega estuvo siempre
conmigo para celebrar mis logros y en los peores momentos. Yo fui problemático
durante mi adolescencia, mi lado animal era muy dominante y me hizo un poco
agresivo. Es duro tener tan poco control sobre ti mismo, me culpé muchas veces
por eso. Yoichi estuvo ahí para calmarme, repitiéndome una y otra vez que solo
era una fase y que, cuando fuera más mayor, sería más fácil. Para mí fue un
momento muy importante, comprendí que siempre estaría conmigo sin importar lo
mal que pudiera estar, que estaría ahí para pararme los pies y para consolarme.
Naruto
tragó saliva, un poco emocionado. Era cierto, Sasuke había estado a su lado
desde que conocieron y jamás le importó que fuera un mestizo. Le recordaba
constantemente que no había nada de malo en ello, a pesar de sus inseguridades.
A pesar de su trauma.
Apretó
la mano de su padre al pensar en ello. Era algo que tenía que decirles a sus
padres, pero, antes, necesitaba cerrar el tema de los destinados. Había cosas
que quería entender.
—Yo…
Me asusta un poco lo de sentirme atraído por alguien más mayor que yo.
Rensuke,
para su sorpresa, resopló.
—¡Uf!
Pues imagínate lo raro que tiene que ser para los adultos. Es decir, nuestro
celo llega a los dieciséis, aún nos estamos desarrollando, pero empiezan a
notar la diferencia —dicho esto, hizo una mueca—. Yo quería pasar mi primer
celo con Yoichi y marcarlo. Ya desde los quince tenía fantasías con él, pero sé
que se sentía incómodo con la idea.
—No
se permite hasta la mayoría de edad —le dijo su pareja con el ceño fruncido—. Y
eras demasiado joven.
—¡Bah!
—Rensuke hizo un gesto despectivo con la mano y miró a Naruto—. Mira, nosotros
empezamos a tener impulsos sexuales antes, pero, para ellos, aún somos unos
cachorrillos. No te preocupes por ti, te juro que, una vez asimiles que es tu
compañero, todo será muy natural. Pasarás un par de años muy buenos de amistad,
y, antes de darte cuenta, te empezará a molestar que otros vayan husmeando
detrás de él, que lo toquen o que dejen su apestoso aroma encima suyo. Y ahí es
cuando empiezan los sonrojos y las sonrisitas felices cada vez que te toca. No
tengas miedo, las ganas de salir con tu pareja no aparecen de la noche a la
mañana, no te pillará de sorpresa, ahora que sabes lo que te ocurre, solo
déjate llevar y márcale el ritmo con el que te sientas más cómodo. Es tu
destinado, no un imbécil Alfa cachondo, se moriría antes de hacer algo con lo
que no estés a gusto.
—Eso
último es importante —dijo Yoichi, mirando a Naruto con calidez—. Nunca te
fuerces a hacer algo que no quieres porque te preocupe tu Alfa. Cuando sois más
mayores, empezáis a inquietaros por nuestras necesidades adultas, el trabajo,
los celos, las tareas de casa… Tú aún eres joven y tienes que vivir esa fase de
tu vida, centrarte en tus estudios y pasar tiempo con tus amigos antes de
trabajar en lo que decidas. No pierdas nada de eso por Sasuke, él se sentiría
mucho peor si descubriera que has hecho sacrificios por él.
—En
otras palabras —intervino Nagi con tono desganado y señalando a su padre Alfa—,
no hagas como este idiota y obligues a Sasuke a aparearse contigo nada más
cumplir los dieciocho.
Naruto
levantó las cejas y miró asombrado a Rensuke, que se cruzó de brazos.
—Eso
no fue por obligación. Ya era mayor de edad y no quería esperar más.
—Lo
amenazaste con buscar otro Omega para el celo si no te dejaba marcarlo.
—Eso
fue muy cruel, Alfa —dijo Yoichi con cara de pocos amigos.
Rensuke
lo abrazó de nuevo y cubrió su mejilla de besos que hicieron reír a su pareja.
—No
quería pasar otro celo solo cuando podía estar contigo. Ni ver a otros Alfas
olfateando detrás de ti.
—No
te faltaban Omegas, tampoco.
—Omegas
estúpidas que dejaban su asqueroso aroma encima de mí —gruñó el Alfa, frotando
su nariz contra la marca de su cuello.
Yoichi
le acarició la cabeza y volvió a mirar a Naruto, que ahora los observaba con
curiosidad.
—Como
ves, en cuanto los dos sois adultos, todo fluye. Ver crecer a mi Alfa fue toda
una experiencia de la que no me arrepiento, pero no lo echo de menos.
—Estar
en igualdad de condiciones siempre te tranquiliza —le dijo Rensuke con una
sonrisa—. Así que, sin agobios, cachorro. No le des vueltas, que todo llegará
en su momento. Disfruta de tener un hermano mayor y no dudes en compartir con
él cualquier cosa que necesites. Hará todo lo que esté en su mano para que tú
estés bien, ¿sí?
Tras
esas palabras, Nagi se giró hacia el Omega, que se había quedado muy callado al
final.
—No
es para tanto, ¿verdad que no?
—No
—admitió el rubio, mirando a la pareja—. En realidad, no suena tan mal como
parecía en mi cabeza.
—Eso
es —dijo Rensuke—, tú solo vive el momento.
Naruto
asintió con un suspiro en el que la pesadez en su pecho desapareció. Todo
estaba bien con Sasuke, no debía preocuparse por cómo actuar con él o la
relación que debían tener. El Alfa no esperaba nada de él, no tenía
expectativas. Solo quería que estuviera bien.
Y,
para eso, había un asunto que debía tratar.
Le
lanzó una mirada significativa a Nagi, que comprendió el mensaje a la primera.
Fue hasta él, sentándose en el suelo de frente y ofreciéndole las manos. Naruto
las tomó con fuerza, agradeciendo que su amigo le devolviera el apretón,
diciéndole sin palabras que estaba con él.
—Estoy
bien con lo de Sasuke, no os preocupéis —les dijo a sus padres. El Omega lo
besó en la cabeza y la Alfa le frotó la espalda—. Pero hay algo que quiero
contaros.
Sasuke
dejó escapar un suspiro frustrado mientras ayudaba a Izumi a poner la mesa.
—¿Todavía
nada?
—No.
Minato no ha respondido mis mensajes.
—Dale
algo de tiempo —le dijo Itachi a la vez que enrollaba una tortilla con
elegancia—. Se ha enterado hace unas horas, deja que lo asimile.
Lo
sabía. Sabía que aquel día llegaría y que sería impactante para Naruto, tal vez
incluso difícil. Cuando habían hablado, había tratado de estar lo más tranquilo
posible para no asustarlo y creía que, más o menos, se las había arreglado
bien. Había accedido a hablar con él y había escuchado lo que tenía que decir.
Solo le había pedido algo de tiempo y no tenía problemas en dárselo, había sido
una de las opciones que había contemplado.
Pero
le mataba no saber si estaba bien.
Era
consciente de que ahora Minato y Kushina estarían con él, tratando de ayudarlo…
Pero le ponía nervioso no tener noticias.
—Solo
quiero saber cómo está.
—Está
con sus padres —le dijo Izumi con una sonrisa cálida—. Está sano y salvo y
ellos no permitirán que le pase nada. Ni siquiera pasar el mal trago solo.
Él
hizo una mueca solo de imaginarse a Naruto acurrucado en la cama, con esa
mirada perdida y desesperada de esa tarde. Saber que sus padres estaban con él
era lo único que le impedía correr a ver cómo estaba.
—Cuando
vino a buscarme, parecía tan…
—¿Qué?
—No
sé. Como si necesitara ayuda.
Itachi
apareció a su espalda para colocar las tortillas en los platos. Le dedicó una
sonrisa tranquilizadora.
—Puedo
pasarme después por su casa si Minato no contesta. Hablaré con ellos y te diré
cómo está tu cachorro.
Sasuke
soltó el aire despacio. Sí, era lo mejor. Naruto no necesitaba verlo ahora,
debía darle su espacio.
—Gracias.
—Bien.
Ahora siéntate y cena con nosotros.
Hizo
amago de obedecer, pero la vibración del móvil lo detuvo. Sin pensarlo dos
veces, lo cogió con un movimiento rápido y miró la pantalla. No esperaba el
nombre que apareció en ella.
—Es
Naruto —les dijo a su hermano y a Izumi. Le hicieron un gesto para que lo
cogiera y se quedaron en silencio. Respondió con rapidez—. Cachorro, soy yo.
—Hola,
Sasuke. —Tenía la voz rasgada. Había estado llorando.
Se
le partió el corazón. Él no quería hacerle daño, nunca había sido su intención.
—Naruto,
¿estás bien?
Al
escuchar su tono, Itachi e Izumi se acercaron de inmediato, tensos y alerta.
—Sí,
sí, ahora mucho mejor, en realidad. Ah… Oye, siento lo de esta tarde.
Le
sorprendió que se disculpara, y más por lo de ese día. Pensó que tardaría un
tiempo en hablar de ello, es más, estaba seguro de que no querría hablar con él
durante una temporada.
—Estaba
muy confundido y un poco asustado —continuó Naruto—. Aunque tú habías dicho que
las cosas no cambiarían entre nosotros, yo no lo tenía muy claro y no sabía qué
hacer con eso ni cómo sentirme…
—Naruto,
tranquilo. No necesitas disculparte y menos por esto. Entiendo tu reacción.
Solo quiero que estés bien. ¿Lo estás?
Escuchó
que soltaba un tembloroso suspiro al otro lado.
—Gracias.
Me siento mejor.
Frunció
el ceño. Eso no era un sí.
—Naruto,
dime si estás bien.
—…
Pues… Con lo nuestro, sí, por eso no te preocupes, todo está bien. Pero…
Hizo
una pausa corta que a Sasuke se le hizo eterna. Mil posibilidades cruzaron su
cabeza, desde que había habido un accidente y les había pasado algo a uno de
sus amigos o que había descubierto que tenía algún tipo de enfermedad.
—…
Las pesadillas han vuelto —le dijo al final. Parecía al borde del llanto.
Oh,
no.
—Naruto,
voy hacia tu casa, ¿vale? —Mientras lo decía, su hermano ya le había tendido la
chaqueta e Izumi lo estaba empujando hacia la puerta.
—Vale
—susurró el cachorro antes de colgar.
Sasuke
corrió hacia allí con el teléfono aún en la mano.
No
lo había olvidado. No había olvidado las noches que pasó al principio pegado a
su cama hasta que se quedaba dormido. Todavía recordaba sus lágrimas cuando le
decía que no quería quedarse dormido, que Genzo aún lo perseguía allí y que
seguía viendo a sus ejecutores cayendo uno tras otro. A veces, incluso veía a
su familia muerta. Veía cómo los mataban.
Sabía
lo duro que había sido para él dar carpetazo a todo eso. Lidiar con la
culpabilidad y aceptar que no había nada malo en ser mestizo. Puede que lo
hubiera llevado mejor que Kushina y Kurama, pero no quitaba que hubiera sido
duro para él pasar por todo eso.
No
sabía que había estado teniendo pesadillas otra vez. ¿Y Kushina y Minato? No lo
creía, se lo habrían dicho.
¿Por
eso había tenido esa expresión esa tarde? ¿Las pesadillas lo habían tenido al
borde y lo de ser destinados había sido la gota que colmaba el vaso?
No
lo sabía, pero tampoco importaba.
Su
cachorro lo necesitaba.
En
cuanto vio la casa de Naruto, ralentizó el ritmo lo justo para no darse de
bruces contra la puerta cuando saltara los escalones, pero no hizo falta. Su
compañero la abrió y lo buscó con los ojos. Ojos rojos y hundidos de llanto y
cansancio.
Sasuke
se detuvo frente a él y, sin pensar en si sería bienvenido o no, lo abrazó con
fuerza.
—Ya
estoy aquí, cachorro.
Notó
cómo este se aferraba a él.
—Gracias
por venir —dijo enterrando la cara en su pecho.
—Siempre,
Naruto. Siempre estaré aquí para ti, ¿me oyes? Lo que necesites, solo dímelo.
El
pequeño Omega lo abrazó más fuerte.
—Quédate
conmigo.
Sasuke
lo apretó contra sí y dijo sin pensarlo dos veces:
—Te
lo prometo.

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