Sweet soulmate
Sasuke soltó un
gruñido animal cuando por fin saboreó los labios de su Omega. Eran los más
suaves que había probado nunca, y lo besaban con una pasión y ternura a la vez
que lo habrían postrado de rodillas si no fuera porque ya lo estaba.
Cuando Naruto se
había lanzado a sus brazos, no había dudado ni un instante en envolverlo con
los suyos, estrechándolo contra su pecho, anhelando sentir cada curva de su
cuerpo sobre el suyo, tal como sentía sus dedos enredados en su pelo,
acariciándolo, provocando que su lobo interior ronroneara de gusto. Y cuando lo
había besado, dándole así su permiso para marcarlo como compañero, cualquier
pensamiento coherente había desaparecido de su mente. Solo sabía que su Omega
lo quería y él estaba más que preparado para darle todo cuanto deseara. De esa
forma, la manta que le había prestado había tardado poco en caer de sus
hombros, dejándola tirada en el suelo, mientras que él se había centrado
exclusivamente en poner a su compañero sobre su regazo, dejando que sintiera lo
duro que estaba por él. Naruto había respondido gimiendo de un modo muy poco
inocente y se había frotado contra él, permitiendo que supiera que su pequeño
miembro también estaba listo para ser acariciado.
Ahora estaban en
el suelo, abrazados y devorándose el uno al otro. Naruto se aferraba con fuerza
a uno de sus hombros con una mano mientras que con la otra acariciaba su nuca,
sus piernas estaban envueltas alrededor de su cintura, atrapándolo de tal forma
que no pudiera separarse, aunque tampoco es que lo deseara. Él, por otro lado,
lo sujetaba con un brazo por debajo de los hombros y el otro por la cintura.
Sin embargo, cuando su compañero le mordisqueó el labio inferior antes de
lamerlo, haciendo que gruñera con fuerza y que su polla doliera, no dudó en
deslizar la mano por sus nalgas, apretándolas con deseo.
Ahora fue el turno
de su Omega para echar la cabeza atrás y gruñir fieramente. Sasuke aprovechó
para pasar su lengua por su garganta y tocar su entrada con los dedos. Naruto
aulló con fuerza y le clavó las uñas en la espalda; no llegó a sangrar, pero sí
le hizo saber su necesidad.
—¡Aah! ¡Alfa!
—gimoteó.
Sasuke no lo pensó
dos veces, apartó la mano de su trasero, a su pesar, para coger la manta y
extenderla de un tirón detrás de su compañero. Después, lo cogió por la cintura
y los tumbó a ambos sobre ella, frente a la chimenea.
—Mío —gruñó,
mirándolo a los ojos. Quería que supiera que estaba preparado para unirse a él.
Los bonitos ojos
azules de Naruto centellearon a la vez que cogía su rostro entre sus manos y lo
atraía hacia él.
—Tuyo —le dijo
antes de besarlo. Su lengua buscó la suya y él se la concedió, ambos gruñendo y
gimiendo mientras estas bailaban a un ritmo frenético y caótico, sin control
alguno, dejándose llevar por sus instintos más primitivos. Tal era su pasión
que los dos ya tenían los caninos fuera, listos para ser hundidos en la piel
del otro, para sellar su unión.
Sasuke, ansioso
por reclamar a su destinado, se apoyó mejor sobre las rodillas y usó las manos
para quitarle la sudadera a Naruto, dejando a la vista una camiseta interior
blanca de tirantes. Así, con solo eso puesto, los brazos estirados hacia
arriba, las mejillas ardiendo y los labios enrojecidos por sus besos, era lo
más erótico que había visto en su larga vida.
—¿Tienes idea de
lo sexy que estás ahora mismo? —murmuró mientras le levantaba la camiseta,
revelando un vientre plano y suave que acarició con los dedos. Cuando Naruto se
tensó un poco, a causa del tacto áspero de sus yemas, su piel se contrajo,
creando pequeños y angulosos montículos en forma de abdominales. Sasuke gruñó
al verlos, complacido—. Sabía que eras fuerte.
Naruto ronroneó en
respuesta, mirándolo como si fuera lo más bonito que podría haberle dicho. Eso
le hizo preguntarse, de forma pasajera, qué diablos pasaba en su manada como
para que lo tuvieran por un debilucho, cuando era evidente que tenía rasgos animales.
Sin embargo, la pregunta se quedó ahí, porque su compañero tiró de él para que
volviera a colocarse sobre su cuerpo y, así, poder pasar sus pequeñas manos por
su pecho, delineando sus pectorales y después bajando hasta su vientre. Eso,
aparte de hacer que se le escapara un sonoro gruñido, lo animó a apoyar ambas
manos junto a la cabeza de su compañero e inclinar su cuerpo hacia delante,
dándole acceso a todo su cuerpo.
—Tú también
—murmuró mientras le mordisqueaba el mentón.
La garganta de
Sasuke vibró cuando sus dedos fueron más abajo, explorando su piel por debajo
de los abdominales, cubierta de una ligera capa de vello oscuro.
—¿Te refieres a
fuerte o sexy?
—A los dos
—declaró sin dudar. Sus dientes se cerraron sobre su labio inferior, que
acarició con la punta de la lengua. Él respondió buscando ávidamente su boca,
dándole un beso húmedo que hizo gemir a ambos.
Pero, de nuevo,
Naruto lo volvió a pillar por sorpresa envolviendo sus dedos alrededor de su
polla. Jadeó por la sorpresa, rompiendo el beso, y soltando un brusco rugido
cuando los deslizó arriba y abajo. Él tuvo el descaro de sonreírle.
—Veo que te gusta.
—Ríete ahora
—gruñó, a pesar de que estaba disfrutando como nunca. Las manos de Naruto eran
suaves en comparación a la de otros Omegas, supuso que porque, al no cambiar de
forma, sus manos no estaban tan en contacto con la tierra como el resto de
hombres lobo, por lo que no tenía las mismas asperezas que ellos. Eso no hacía
más que acrecentar el placer, se sentían increíbles sobre su piel sensible—.
Luego… veremos si te ríes… ¡Ah! —gimió, ya que su compañero había acelerado el
ritmo.
—Me parece un buen
trato —ronroneó este, rozándole la garganta con los colmillos y la lengua,
haciendo que su lado animal aullara de anhelo, deseando que hundiera sus
caninos en él y lo marcara como suyo. La mano libre del rubio también se movió,
acariciando su cadera y dejándola en la zona baja de su espalda, sobre la que hizo
círculos con las yemas de sus dedos—. Sube un poco, quiero probar una cosa.
Sasuke obedeció
sin rechistar. Normalmente no haría algo así, los Omegas solían buscar Alfas
que fueran más dominantes en sus relaciones sexuales, la mayoría creía que era
un rasgo identificativo de aquellos que poseían características animales más
fuertes. Un Alfa más pasivo no era el más popular a la hora de escoger una
pareja para pasar el celo.
Sin embargo, Naruto
era su destinado. Quería complacerlo, tanto el lobo como el hombre que era
deseaba darle todo cuanto necesitara y deseara, y si lo que quería era
experimentar con su cuerpo… él accedería encantado. A lo que fuera.
Naruto le dio un
apretón en la espalda cuando hubo subido lo suficiente. Después, su mano bajó
hasta su nalga, donde le clavó los dedos y lo animó a moverse de arriba abajo,
acompasándose al ritmo de su otra mano, que seguía acariciando su polla.
Él soltó un grave
gruñido. Era como simular que lo estaba follando.
Por si fuera poco,
su rubio levantó la cabeza y pasó la lengua por su pezón.
—¡Aaah! ¡Sí!
—gruñó a la vez que empezaba a sacudir las caderas contra su mano, frotándose
contra sus dedos, que apretaron lo justo para incrementar el placer—. Joder,
Naruto… —gimió, deseando con todo su ser estar dentro de él y, al mismo tiempo,
incapaz de detenerse para arrancarle los pantalones y penetrarlo.
—Eso es, Sasuke
—susurró su compañero, besando su pecho—, muéstrame cómo quieres joderme.
Sasuke rugió otra
vez y siguió moviéndose, desesperado por encontrar alivio, pese a que esa no
era la forma en la que quería acabar. Lo que deseaba era correrse dentro de su
compañero, plantar su semilla dentro de él. Nunca había sentido ese instinto
antes, la paternidad no era algo en lo que hubiera pensado seriamente hasta ese
momento. Por supuesto, jugar con sus sobrinos le había hecho desear tener
cachorros una vez encontrara a su compañero, pero su lobo jamás había mostrado
interés.
Hasta ahora.
Quería ver el vientre de Naruto hinchado por sus cachorros.
El anhelo de
aparearlo lo asaltó con tal fuerza que le dolieron las encías. Quería morderlo,
perderse en su pequeño y ardiente cuerpo y marcarlo, saborear su sangre
mientras lo follaba rápido y duro, oír sus aullidos de placer y sentir sus
caninos hundiéndose en su piel.
Como si Naruto
hubiera oído sus pensamientos, las puntas de sus colmillos arañaron su pezón.
Todo su cuerpo reaccionó, haciendo que su pelaje saliera fuera y que notara
cómo sus huesos se ensanchaban, como si estuviera a punto de transformarse. Por
puro instinto, se apartó con rapidez, quitando la mano que Naruto tenía sobre
su polla y quedándose sentado sobre sus rodillas. Aspiró aire por la boca,
aunque no servía de mucho, ya que el aire estaba cargado con la fragancia de su
lujuria, pero que su compañero no lo tocara lo ayudó a controlarse.
Su rubio se apoyó
sobre los codos, mirándolo con preocupación.
—¿Te he hecho
daño?
—No —su voz no
sonó humana.
Naruto se sentó y
alargó una mano para tocarle el pelaje del pecho. Ronroneó, aunque tuvo que
masajearse el miembro para aliviar el dolor. Le palpitaba por la necesidad y
las caricias que le había dado su compañero.
—Intenso, ¿eh? —le
dijo, sonriéndole.
Sasuke soltó el
aire despacio.
—Siento haberte
asustado. Dame un momento para que me calme.
Su rubio posó
ambas manos sobre su rostro y lo atrajo hacia sí, apoyando su frente en la suya
al mismo tiempo que pasaba los dedos por sus mejillas, acariciando los mechones
de pelo oscuro.
—No me importa el
pelaje. Es agradable.
Él gruñó
suavemente y buscó su boca para besarlo. Esta vez, el roce de sus labios fue
más dulce y tierno, le ayudó a calmar su sangre hirviendo y los atronadores
latidos de su corazón. Poco a poco, retrajo de nuevo el pelaje y colocó sus
manos sobre los hombros de Naruto, instándolo a tumbarse de nuevo sobre la
manta. Su compañero obedeció dócilmente y, cuando se separaron, frotó su nariz
contra la suya como gesto de cariño.
—Eso es un bonito
detalle, pero me preocupaba más transformarme sin querer. Seguro que eso no lo
habrías disfrutado —añadió con una sonrisa avergonzada.
—Ugh, no —soltó su
Omega que, al instante, se puso rojo como un tomate. Eso le hizo reír—. Es
decir, no te ofendas, Sasuke, pero el sexo con tu forma animal no es una
opción.
—Tranquilo, no es lo
mío —murmuró, besándole el mentón y después deslizando los labios por su
cuello. Lo escuchó suspirar cuando pasó la lengua por la garganta y, sin poder
resistirse, dejó que sus colmillos acariciaran el hueco de su cuello,
provocando que su piel se erizara y su cuerpo se arqueara contra él.
—¡Ah, Sasuke!
—gimió su rubio, aferrándose de nuevo a sus hombros.
—Tu turno —gruñó
él, subiéndole la camiseta hasta pasarla por encima de sus brazos, dejando al
descubierto unos pezones rosados y erectos que parecían estar llamándolo. No se
lo pensó dos veces y fue hacia abajo entre besos húmedos que fue repartiendo
por el torso de su Omega, cuyos dedos sintió en la espalda, explorándola a
conciencia.
Cuando le rozó la
punta de un pezón y lo oyó jadear, sonrió y, incapaz de contenerse, lo atrapó
con sus dientes y lo chupó, frotándolo al mismo tiempo con la lengua.
—¡Aaaah! —exclamó
su compañero, clavando los dedos en su piel, haciéndole gruñir y seguir
chupando la zona sensible a la vez que usaba una mano para bajarle los
pantalones. Naruto le ayudó como pudo, aunque a menudo y, para su deleite, se
sacudía instintivamente a causa del placer al mismo tiempo que gimoteaba. Para
cuando fue a atormentar el otro pezón, ya estaba acariciando sus caderas y
pasando la mano por sus muslos calientes, llenos de carne tierna que quería
aferrar mientras golpeaba su dulce y suave trasero con fuerza. Podía oler su
humedad y sabía que estaba preparado para recibirlo, seguro que podía entrar en
él de una sola embestida.
Tentado por la
erótica escena, permitió que sus dedos se pasearan por una de sus nalgas,
redonda y firme, pudo apreciar su fuerza cuando su compañero la tensó,
expectante. No pudo evitar imaginarse cómo sería hacerle el amor sobre sus
manos y rodillas, observar su espalda arqueada y su culo en alto, aferrándolo
con fuerza entre sus manos a la vez que lo penetraba ferozmente, y eso antes de
marcarlo con sus colmillos. Gruñó, ansioso y deseoso de sellar su unión y, sin
previo aviso, frotó su pulgar contra su entrada.
Naruto se sacudió
y aulló. Todo su cuerpo tembló, sus uñas arañaron su piel, haciendo que soltara
un breve pero fuerte rugido. Sin esperar más, y consciente de que su entrada,
mojada y ardiente, estaba lista para él, le metió un dedo hasta el fondo.
Su compañero aulló
otra vez… pero él se quedó paralizado.
Se irguió parar
mirarlo a la cara, con los ojos muy abiertos, apoyándose en la otra mano.
—¿Eres virgen?
—preguntó, incrédulo.
Todos los músculos
de Naruto se estiraron y su rostro enrojeció un poco. Sasuke retiró el dedo de
su interior despacio, procurando no hacerle daño, y se inclinó sobre él,
mirándolo con el ceño fruncido, esperando una respuesta.
—… Sí —dijo
finalmente su rubio.
… Eso no tenía
sentido para él.
—¿Por qué?
Su Omega le lanzó
una mirada de pocos amigos.
—¿Cómo que por
qué? No todos tenemos una intensa vida sexual. Por si no te acuerdas, yo no
entro en celo.
—Eso no tiene nada
que ver con que seas virgen —comentó él, ladeando la cabeza—. ¿Ningún Alfa te
ha llamado nunca la atención? —A pesar de que la idea hacía profundamente feliz
a su animal, Sasuke intentó ser racional. Naruto habría empezado a tener esa clase
de necesidades durante la pubertad, como todo el mundo, y le costaba creer que
no hubiera sentido atracción por nadie…
—Claro que sí
—respondió en voz baja y apartando la mirada—. Simplemente, no llegó a ocurrir.
Ya está.
Sasuke se maldijo
a sí mismo. Si es que no podía ser más idiota.
Apesadumbrado, le
levantó el mentón para que lo mirara a los ojos.
—Lo siento,
estábamos disfrutando de un momento íntimo y lo he estropeado.
Naruto se apresuró
a sacudir la cabeza y a acariciarle los brazos.
—No, es normal que
te haya sorprendido. Tendría que haberte avisado.
—Eso habría estado
bien —admitió, sentándose sobre sus rodillas y mirando a su alrededor con el
ceño fruncido—. De haberlo sabido, no te habría tirado al suelo como un animal.
Eso descolocó por
completo a Naruto.
—¿Eh?
—Vamos.
De repente, Sasuke
tiró de él para ayudarle a levantarlo y, entonces, golpeó su hombro contra su
cadera antes de ponerse en pie.
—¿Qué haces?
—preguntó. Un segundo después, sus mejillas enrojecieron de rabia—. Y no me
cargues como si fuera un saco de patatas, hombre de las cavernas.
—Lo siento —dijo
su Alfa antes de echar el cuerpo hacia delante y acomodarlo entre sus brazos.
Naruto pasó los suyos alrededor de su cuello para sujetarse—. ¿Mejor así?
—Ligeramente
—refunfuñó—, sería genial si añadieras una explicación a esto.
Sasuke lo miró con
cara de pocos amigos.
—No voy a permitir
que tu primera vez sea en el suelo. Te mereces todas las atenciones que pueda
ofrecerte y, por suerte para los dos, una de ellas es comodidad —dicho esto,
miró hacia arriba—. Tu habitación está en el segundo piso, ¿verdad? —Y, sin
esperar respuesta, empezó a subir las escaleras.
A decir verdad,
Naruto no había esperado eso y, un poco enternecido por su gesto, lo besó en el
cuello y lo abrazó.
—Gracias, Sasuke.
—No tienes que
darlas, mi Omega —dijo él, estrechándolo contra sí—. Eres mi compañero, siempre
intentaré hacer lo mejor para ti.
Naruto sonrió,
sonrojado, y se apretó un poco más contra él, ronroneando y frotando su mejilla
contra el hueco de su cuello, queriendo dejar su olor en su piel. Era algo
instintivo, otra forma de marcar a su pareja; su aroma indicaba a otros que su
Alfa no estaba disponible para otros Omegas. Sasuke debió de notarlo, porque su
pecho vibró como si estuviera muy a gusto.
Poco después,
escuchó la puerta de su habitación abrirse y, a los pocos segundos, su
destinado ya lo estaba depositando sobre la cama con suavidad a la vez que se
colocaba sobre su cuerpo. Esta vez, sonreía con un brillo malicioso en los
ojos.
—Como es tu
primera vez… me toca a mí darte placer.
Naruto abrió la
boca para decirle que no era necesario, que se suponía que esa noche debían
disfrutar los dos… Sin embargo, Sasuke aprovechó para apoderarse de sus labios,
besándolo con fervor. Al final, él no pudo hacer otra cosa aparte de cerrar los
ojos y rendirse a sus caricias.
Su Alfa no fue
directo a sus zonas íntimas, como creía, sino que se tomó su tiempo para
abrazarlo y acariciar su cuerpo de arriba abajo, desde delinear la curva de sus
hombros y pasar sus grandes y cálidas manos por su espalda hasta rozar sus
nalgas con el dorso de los dedos y deslizarlos por sus muslos, invitándolo a
abrir las piernas…
Un gemido suave se
escapó de sus labios cuando, con mucha delicadeza, cogió su miembro. Su mano se
movió arriba y abajo, despacio, incitándolo. Su respiración tardó poco en
acelerarse, al igual que las tiernas caricias que había estado dedicando a su
maravilloso y varonil cuerpo se convirtieron poco a poco en uñas rastrillando
su piel. Sus músculos empezaron a estirarse, presa de la tensión previa al
orgasmo, y su boca jadeó contra la de Sasuke, haciéndole saber lo mucho que le
gustaba que lo tocara de ese modo.
—Sasuke… —susurró,
tembloroso.
Sus ojos negros
tenían una mirada profunda e intensa cuando capturó los suyos.
—Eso es, gime para
mí… —ronroneó antes de descender por su garganta, plantando, muy despacio,
besos húmedos que le hicieron arder, como si su sangre estuviera hirviendo bajo
su piel. A medida que bajaba por su cuello, buscando los puntos más sensibles,
su mano se movía cada vez más rápido, frotándole de vez en cuando la punta con
el pulgar, haciendo que un pequeño grito huyera de sus labios y que le salieran
las garras, que no dudó en hundir en la cama para evitar hacer daño a su Alfa.
Entonces, este,
sin previo aviso, lo mordió en el hueco del cuello. No le clavó los colmillos,
pero sí hizo suficiente presión como para volver loco a su animal interior, que
aulló de placer, alegría y necesidad, todo mezclado en una vorágine efervescente
que hizo que echara la cabeza hacia atrás y rugiera con tal fuerza que le dolió
la garganta.
Sasuke le dedicó
un gruñido ronco, haciéndole saber su deseo mientras soltaba su pene y lo
besaba en el pecho. Naruto solo atinó a gimotear, sensible como estaba tras el
inesperado estallido de placer.
—Alfa… —lo llamó,
anhelando sentirlo en su interior.
—Intenso, ¿eh? —le
dijo con esa voz grave y retumbante que le provocó un estremecimiento. Podía
oler su lujuria en el aire, estaba mezclada con la suya y era tan espesa que se
podía paladear en la lengua. Ligeramente dulce y picante, le embotaba los
sentidos, y se le hacía difícil pensar. Ahora su parte humana estaba totalmente
opacada por el lobo, solo sabía que Sasuke era su destinado y que tenía que
marcarlo, nada más importaba—. Imagínate cómo se sentirá cuando nos unamos.
—Tómame —gimió,
alzando las caderas.
Su Alfa gruñó
complacido, pero lo cogió por la cintura y la bajó al colchón, manteniéndola
ahí. Luego, le sonrió.
—Todavía no he
acabado de darte placer —dicho esto, le levantó las piernas y agachó su cuerpo,
apoyando los muslos en sus hombros. Entonces, ante la mirada estupefacta de
Naruto, abrió la boca y lamió su miembro.
—Aah… Aah… —jadeó,
echando de nuevo la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos.
Nadie le había
hecho eso nunca, y se sentía increíble. Aún estaba sensible por el orgasmo y
que Sasuke lo lamiera justo después solo incrementó la sensación de calor y
placer. Se rindió a él, sin intentar controlar ninguna de las caóticas y
primitivas emociones que lo invadían, lo único que quería era sentir y dejarse
hacer.
Las cosas
mejoraron cuando su compañero decidió que su lengua no era suficiente para
complacerlo y usó la boca para chuparlo. Estuvo a punto de sentarse de un
salto, pero su compañero le lanzó un profundo gruñido de advertencia y lo
empujó del pecho para que volviera a tumbarse. Justo después, sintió cómo le
metía un dedo.
—¡Aaaah! ¡Sasuke!
—gritó, hundiendo las garras en la almohada, detrás de su cabeza, mientras se
retorcía, incapaz de estarse quieto. Lo penetró despacio primero, poco a poco,
comprobando hasta dónde podía llegar, sumiéndolo en una deliciosa tortura que
lo instó a gimotear y a pedir por más. Su compañero obedeció, sin dejar de
lamer de arriba abajo su pene y embistiéndolo, cada vez un poco más fuerte, un
poco más duro.
Su lobo ronroneó
cuando sintió que estaba llegando a la cima, que por fin encontraría alivio a
ese dulce tormento. Y este llegó, pero no de la forma que creía. De nuevo,
Sasuke lo sorprendió introduciendo un segundo dedo. Notó una pequeña molestia,
pero tan nimia e insignificante en comparación al deseo que lo consumía que
apenas sí fue consciente de ella. En vez de eso, se centró en la repentina ola
de fuego que lo sacudió, haciendo que rugiera y que tratara de mover las
caderas, ansioso por correrse.
—Alfa, por favor…
—suplicó, sin dejar de retorcerse, buscando esos dedos que le negaban el placer
que deseaba—. Por favor, por favor, estoy preparado, estoy listo. ¡Márcame!
—exigió con un gruñido totalmente animal. Ya no era Naruto, era el lobo. Y el
lobo exigía su unión, no estaría satisfecho hasta ser marcado por su Alfa.
Sasuke lo miró.
Sus ojos negros tenían una mirada peligrosa y hambrienta cuando lo soltó y se
lanzó sobre él con un gruñido feroz, mostrándole los colmillos en señal de
dominio. Naruto, obedeciendo su lado animal, mantuvo abiertas las piernas y
levantó las caderas, atrayendo a su Alfa, que colocó la punta de su miembro en
su entrada, ya húmeda y palpitante.
La primera
embestida fue lenta y suave, e hizo gemir a ambos. El Alfa comprobó que su
Omega estaba listo para recibirlo, ronroneando complacido al sentir su estrecho
interior, que envolvía su polla en un fuerte y ardiente abrazo. Empujó un poco
más, queriendo ir más profundo, haciendo que su compañero jadeara y pasara las
uñas por sus brazos. Sentir su necesidad en su piel lo animó a seguir un poco
más, hasta que encontró una resistencia.
Recordar que su
destinado era virgen, que ningún otro Alfa lo había tocado, hizo que su lobo
interior gruñera orgulloso y posesivo. Su Omega solo conocería el placer en sus
brazos, solo él le haría aullar y rugir, solo a él le exigiría que lo
complaciera.
Su compañero solo
conocería el amor con él. Y le correspondería. Haría todo lo que estuviera en
su poder para estar a la altura, para cumplir cualquiera de sus necesidades y
hacerle feliz. Porque él tampoco conocería otra felicidad que no fuera la de
estar a su lado.
Se inclinó y lo
besó suavemente en los labios. Su compañero rodeó sus hombros con los brazos y
le devolvió el gesto con esa dulzura que no había esperado encontrar en su
pareja, pero que ahí estaba, ofreciéndosela sin reparos.
Sasuke se separó
un momento para mirarlo a los ojos. Su lado animal había retrocedido un poco,
cediéndole algo de control para evitar hacer su daño a su pareja mientras se
apareaban. Naruto tenía la respiración acelerada, pero sus ojos revelaban que
su lobo interior estaba ligeramente más tranquilo ahora que su unión era
inevitable. Él le sonrió con cariño.
—Estoy preparado.
Soy tuyo —lo tranquilizó, besándolo.
—Y yo tuyo
—murmuró contra sus labios al mismo tiempo que lo embestía, despacio, pero con
firmeza.
Naruto gimió
largamente, aferrándose a él. Sasuke jadeó, disfrutando de lo caliente y mojado
que estaba su compañero. Lo abrazó con fuerza, sin moverse, a pesar de que
deseaba con todas sus fuerzas empujar contra esa dulce entrada hasta enloquecer
de placer. Quería estar seguro de que estaba bien y que se acostumbraba a él
antes de ceder por completo a la pasión.
Tuvo la señal que
deseaba cuando su Omega se removió. Se separó, dándole espacio, y lo miró. El
rostro de Naruto era la pura expresión del placer con las mejillas enrojecidas,
los labios entreabiertos mientras jadeaba y los ojos brillantes. Este tomó su
rostro entre sus manos y lo besó con pasión a la vez que rodeaba su cintura con
las piernas. Sentir sus muslos cálidos y suaves contra su piel y esos labios
poseyendo los suyos hizo que gruñera a la vez que separaba sus caderas del
trasero de Naruto antes de volver a empujar. Ambos gimieron en la boca del
otro, y, sin detenerse, Sasuke imitó el mismo movimiento, cada vez un poco más
fuerte, probando a su pareja, viendo hasta dónde podía aguantar.
Con cada nuevo
envite, ambos se sumieron de nuevo en sus instintos más primitivos, dejando,
sin apenas saberlo, a sus lobos fuera. Tomaron las riendas de sus cuerpos y se
unieron sin restricciones ni control; Sasuke acabó rugiendo mientras golpeaba
la dulce entrada de su Omega con las caderas, mientras que Naruto gemía y se
envolvía alrededor de su Alfa con fervor, consumido por una lujuria totalmente
extraña para él, y que, al mismo tiempo, la sintió como lo más natural, lo más
puro que debería sentir al yacer con su destinado. Uno que lo aceptaba tal y
como era, que no había huido de él a pesar de conocer sus flaquezas, que no lo
había rechazado por algo que era incapaz de cambiar o controlar.
Embargado por
tantas emociones, y a punto de correrse, mordió a su compañero, reclamándolo
como suyo. Sasuke aulló y, sin pensarlo dos veces, clavó los colmillos en su
piel a la vez que lo embestía con más fuerza, catapultándolo al éxtasis.
Incluso cuando su
Alfa derramó su semilla dentro de él, no se apartó inmediatamente, sino que se
quedaron abrazados durante un minuto entero. Naruto fue el primero en extraer
con cuidado los dientes y en lamer la herida que le había hecho a su pareja. En
su interior, su lobo ronroneaba de pura felicidad, sintiéndose pleno y completo
al estar unido a su destinado.
Sasuke no tardó
mucho en imitar su ejemplo y, cuando terminó, le besó la marca una, dos, tres
veces antes de seguir su recorrido por su cuello hasta su mejilla, haciéndole
reír y que lo abrazara con fuerza.
—Mi Alfa —dijo,
sonriendo.
Su compañero buscó
sus ojos y le devolvió la sonrisa. En sus irises, oscuros como el abismo,
brillaba la más intensa de las alegrías.
—Mi Omega.
Kurama frunció el
ceño al comprobar que la puerta de la cabaña de su hermano no estaba cerrada
con llave. Era raro, Naruto siempre dejaba puesto el pestillo para escuchar si
alguien intentaba entrar en su casa; no es que eso pudiera detener a un hombre
lobo, pero al menos este tendría que hacer más ruido para entrar.
Eso lo habría
inquietado aún más si no fuera porque su nariz recogió un olor, el olor de un
Alfa, y uno conocido. Sasuke Uchiha.
Sus ojos salieron
disparados por la estancia, encontrando con rapidez el móvil de su hermano,
sobre la mesita que había frente al sofá. Su ausencia en la estancia y ver una
manta tirada en el suelo con ropa tirada le dio una grata sorpresa, haciéndole
sonreír ampliamente.
¡Y él que estaba
preocupado! Le había dejado un mensaje a las diez para recordarle que le había
prometido una comida con los Uchiha y, a las once, al ver que no había
contestado, había salido a buscarlo. Además, por el camino, se había encontrado
con Itachi Uchiha, que lo había detenido para preguntarle por su hermano, ya
que no había regresado a su habitación anoche y era raro que no se hubiera
puesto en contacto con él todavía. Kurama le dijo que lo vio ir hacia el
bosque, lo que relajó un poco al Primer Alfa de los Uchiha, alegando que a
veces le gustaba dormir allí. Aun así, al no verlo del todo convencido, le
prometió que, si no se presentaba a la comida, saldrían a buscarlo para
asegurarse de que estaba bien.
Vaya si lo estaba.
Qué pillín… y qué feliz era en esos momentos por aquello.
Sin hacer ruido,
se quitó las botas de nieve y fue hasta las escaleras, subiéndolas con mucho
cuidado a cuatro patas. Ya desde ahí, pudo notar el aroma a sexo, lo cual le
hizo sonreír ampliamente. Por una vez, Naruto no había sido tonto y había
aprovechado la oportunidad, ¡por fin, coño! Y a Sasuke no parecía haberle
importado que su hermano fuera mitad humano, puede que así ganara autoestima y
más confianza en su capacidad para atraer a un Alfa. Que en la manada lo
hubieran etiquetado no quería decir que tuviera que renunciar a los Alfas de
fuera.
En cuanto subió el
último peldaño, se puso en pie con cuidado y fue de puntillas a la puerta de la
habitación, que habían dejado abierta. Se asomó un poco, curvando alegremente
los labios hacia arriba al ver que ambos dormían a pierna suelta, con las
mantas cubriéndolos. El pequeño cuerpo de su hermano estaba acurrucado en el
pecho del Alfa, que lo tenía abrazado, a juzgar por la forma de las mantas, y
con el mentón apoyado sobre su cabeza.
En ese momento,
Naruto ronroneó y se removió un poco para dar la vuelta. La manta se deslizó
por su hombro, revelando algo que hizo que Kurama abriera los ojos como platos.
Una marca. Una
media luna azul en el hueco del cuello.
¡Su hermano estaba
apareado!
Apretó los labios
con fuerza, reteniendo las ganas de echarse a saltar de felicidad. ¡Lo sabía!
¡Es que lo sabía! ¡Su instinto era el puto amo de los apareamientos!
Pese a que quería
abalanzarse sobre Naruto y soltarle el siempre tan satisfactorio “te lo dije”,
sabía que lo mejor que podía hacer era marcharse y dejarlos descansar.
Probablemente habrían estado toda la noche apareándose, el lobo que llevaban
dentro saltaba una vez encontraba a su destinado y no te dejaba en paz hasta
que tuviera lo que quería, al fin y al cabo, era su naturaleza. Y, por mucho
que Naruto no pudiera cambiar, era más animal de lo que creía. Él y Train lo
habían visto a medida que crecía. Sencillamente, la manada no le había dado la
oportunidad de enseñárselo.
Pero ahora que
estaba con Sasuke, las cosas irían a mejor para él, seguro. Además, era muy
posible que se fuera con los Uchiha, de hecho, iba a recomendárselo. Era una
buena oportunidad para empezar de cero, para reconciliarse consigo mismo y
aceptar por fin quién era, con todo lo que conllevaba.
Feliz por cómo
habían salido las cosas, volvió a bajar las escaleras despacio y fue a la
cocina, donde le dejó una nota breve a su hermano y, de paso, a Sasuke, para
que no se preocuparan por la comida, que él avisaría al resto de invitados.
Después, salió de la cabaña, cerrando con llave esta vez (él tenía una copia),
y luego salió corriendo hacia su casa. Estaba deseando contarle a Train lo que
había pasado.
Naruto se despertó
poco a poco, perezosamente, sin ganas de abrir los ojos. Aun así, terminó por
hacerlo. Parpadeó varias veces, tomando conciencia, con bastante lentitud, de
dónde estaba. Reconoció con facilidad el mullido colchón de su enorme cama,
demasiado grande para alguien de su tamaño. Sin embargo, él tendía a moverse
mucho por la noche, a dar vueltas de un lado a otro, y prefería tener un
terreno decente por el que deambular dormido a caerse de la cama.
Además, debía
alegrarse por su decisión de comprar aquel monstruoso colchón, ya que, de lo
contrario, su Alfa no habría podido dormir con él.
Una sonrisa asomó
a sus labios y se dio la vuelta, contemplando el bello rostro dormido de
Sasuke.
Aún no se lo podía
creer. Su destinado era el lobo más sexy que había visto y, lo más importante,
le quería. A pesar de ser mestizo.
Feliz por haber
cumplido un sueño que el día anterior parecía inalcanzable, lo abrazó por la
cintura y empezó a plantar besos suaves en su torso. Sasuke ronroneó y lo
estrechó entre sus brazos, enterrando la nariz en su pelo. Lo oyó aspirar
profundamente.
—Naruto… —dijo en
un tono muy tierno. Lo derritió.
—Buenos días, mi
Alfa.
Sasuke se apartó
un poco y deslizó su cuerpo hacia abajo para que pudieran mirarse cara a cara.
Llevaba el pelo totalmente despeinado, dándole un toque algo cómico, pero lo
que realmente lo deslumbró fue la sonrisa de pura alegría que le llegó a los
ojos.
—Buenos días, mi
Omega —lo saludó antes de besarlo en los labios.
Naruto le devolvió
el beso, seguido de otro, y otro más, y uno que le dio en la mejilla, el
cuello, la marca de su cuello… De repente, Sasuke empezó a besuquear toda la
piel que había a su alcance, haciéndole reír y que lo abrazara con más fuerza,
hasta que, en un momento dado, le dio por hacerle una pedorreta que le hizo
soltar una fuerte carcajada y empujarlo por los hombros, pues empezaba a
hacerle cosquillas.
—Noooo, paraaaaa
—pidió entre risas.
Su Alfa se detuvo,
mirándolo con ojos brillantes.
—Me gusta verte
así. Pareces feliz.
Naruto dejó de
reír y le sonrió con calidez, acariciándole una mejilla con cariño.
—Lo soy. Ahora
tengo un compañero.
Sasuke ronroneó y
se inclinó para frotar su mejilla contra su pecho. El rubio lo abrazó de nuevo
y lo besó en la cabeza. Le gustaba estar así, era una escena con la que había
fantaseado muchas veces; tener a su Alfa entre sus brazos, dedicándole
abiertamente muestras de cariño que él estaba más que feliz de devolver. En su
momento, pensó que pedía muy poco. Con el paso de los años, y el cúmulo de rechazos
por parte de los Alfas, esa escena había pasado a convertirse en algo con lo
que fantasear de vez en cuando.
Pero, gracias a la
Gran Madre, estaba equivocado. Kurama y Train siempre habían tenido razón.
—¿Cómo te
encuentras? —le preguntó Sasuke de repente, alzando la cabeza para mirarlo—.
¿Estás dolorido?
Al entender a lo
que se refería, Naruto frunció el ceño y movió la cadera de un lado a otro,
probando diferentes posiciones. Su compañero se apoyó sobre sus brazos para
darle espacio y más libertad de movimientos. Cuando terminó, torció el labio.
—Es un poco
molesto, pero soportable —dijo finalmente, sonriéndole a su Alfa—. Estoy bien,
esto no es nada.
Sasuke le devolvió
la sonrisa y le dio un beso esquimal.
—No esperaba menos
de mi fuerte y duro compañero —dicho esto, le dedicó una mirada cálida a la vez
que le acariciaba algunos mechones de cabello—. Eres hermoso a plena luz del
día, mi Omega. Tu cabello parece aún más brillante. —Sin embargo, algo que había
dicho se quedó atascado en su mente, porque se quedó paralizado un momento.
Después, maldijo—. Mierda, ¿qué hora es?
Naruto miró hacia
su izquierda, buscando su móvil en la mesita de noche… que no estaba.
—Pues no…
—Mientras respondía, él también palideció—. Oh, no. Le prometí a mi hermano que
comería con él —dijo, apartando las mantas y saltando de la cama.
Sasuke lo imitó.
—Yo también tenía
que comer con mi manada y el Primer Alfa de la tuya… —explicó mientras salían
de la habitación. Una vez fuera, sin embargo, ambos se pararon en seco y
olfatearon el aire. Sasuke frunció el ceño con mala cara—. ¿Estoy oliendo a
Kurama Uzumaki?
—Mierda, debe ser
tardísimo y habrá venido a buscarme —maldijo Naruto, bajando las escaleras con
rapidez.
Sasuke parpadeó.
Espera, ¿qué?
—¿También venías a
la comida? —le preguntó, siguiéndolo.
Naruto se detuvo
un segundo antes de entrar a la cocina, que estaba a la derecha de las
escaleras y separada del comedor por una sencilla barra de bar, dándole a la
estancia una apariencia mucho más amplia. Estaba decorada con tonos blancos y
burdeos, estos últimos combinaban bastante bien con los tonos castaños y
rojizos de los muebles del salón.
—Oh, cierto,
Kurama es mi hermano mayor.
El Alfa se quedó
con la boca abierta unos segundos, haciendo que el rubio soltara una risilla.
Aun así, no tardó mucho en recomponerse y observarlo con atención.
—Ahora que lo
dices… os parecéis —admitió, a pesar de que su expresión era de absoluta
confusión.
Naruto le sonrió
con comprensión.
—No te cuadra,
¿verdad?
Sasuke hizo una
mueca.
—Lo siento, no
quería ser indiscreto.
—No te preocupes
—le quitó importancia con facilidad. A todo el mundo le descolocaba cuando se
enteraban, dado que Kurama olía como un lobo puro y él no—. Los dos siempre
decimos que somos hermanos, pero, en realidad, la palabra exacta sería hermanastros
—explicó, encogiéndose de hombros—. Mi padre Omega era humano, el suyo, lobo.
Su compañero alzó
las cejas.
—Oh.
—Mi madre se
estableció con el padre de Kurama, pero muchos años después, encontró a mi
padre, que era su destinado, y se unieron.
—Ya veo… —comentó
Sasuke, pensativo.
Naruto suspiró,
intuyendo hacia dónde iban sus pensamientos.
—Supongo que has
oído los rumores.
Su pareja se tensó
un poco.
—No necesito
saberlo.
—Está bien, tarde
o temprano tendrás que saberlo… —empezó, sabiendo que en algún momento tendrían
que hablar de ello. Sin embargo, Sasuke lo cogió por los hombros e inclinó la
cabeza para mirarlo a los ojos.
—Acabamos de
aparearnos, no es necesario que tengamos esa conversación ahora. Además
—añadió, dedicándole una sonrisa de disculpa—, tenemos una comida pendiente.
Al escucharle,
Naruto se llevó una mano a la frente.
—¡Es verdad!
—dicho esto, voló a la cocina, encontrando lo que ya sospechaba, una nota de su
hermano. La leyó entera y, al instante, se relajó—. Nos felicita por nuestro
apareamiento.
—Habrá visto
nuestras marcas —comentó Sasuke, que lo abrazó por detrás y apoyó el mentón en
su cabeza—. ¿Dice algo más?
—Que no nos
preocupemos por la comida, que él nos cubre las espaldas. También dice que tu
hermano ha preguntado por ti y que parecía preocupado, pero que él se ocupa de
decirle que estás bien.
—Aun así, debería
ir a hablar con él —dicho esto, inclinó la cabeza a un lado para olerse el
hombro e hizo una mueca—. Debería darme una ducha antes. Su compañera estará
con él y apestar a sexo no es una buena forma de anunciar mi apareamiento.
—Yo también
—comentó Naruto, tocándose el trasero con cuidado.
Sasuke se dio
cuenta de ello y le frotó el hombro.
—¿Te duele?
—Un poco. Creo que
me he movido demasiado rápido.
—Entonces nos
daremos un baño, te sentará bien… Si tienes bañera, claro —añadió con el ceño
fruncido.
Naruto sacó pecho
con una sonrisa orgullosa.
—¿Por quién me
tomas? Soy un Omega muy cómodo. —Sasuke soltó una risilla y el rubio señaló
hacia arriba—. Es la puerta contigua a mi habitación. Aquí abajo solo tengo
ducha.
—Perfecto —dijo
antes de cogerlo en brazos y llevarlo de vuelta a las escaleras.
El rubio no se
resistió, pero lo miró con la cabeza ladeada.
—Sabes que puedo
andar, ¿no?
Sasuke se detuvo
en seco y maldijo.
—Perdón, ha sido instintivo.
No quería insinuar que no pudieras —dijo. Sabía que su compañero era sensible
respecto a ser medio humano, y que lo habían etiquetado de débil por ello. No
quería que pensara que él creía lo mismo.
Naruto le frotó el
pecho, tranquilizándolo.
—Acabamos de
aparearnos, es normal que tu lobo esté más protector. Puedo entenderlo —dicho
esto, le sonrió y se acurrucó en sus brazos—. Yo me siento especialmente
cariñoso, así que puedes llevarme en brazos esta vez.
Él sonrió
ampliamente y lo besó en la cabeza mientras seguía su camino hacia las
escaleras.
—Gracias, no
quiero que pienses que te subestimo por ser medio humano.
—No me preocupa
—dijo, dedicándole una maliciosa sonrisa—. Cuando entrenes conmigo, aprenderás
por qué no debes hacerlo.
Sasuke soltó una
risilla.
—¿Tu madre te
enseñó a pelear? —preguntó, curioso.
—No, murió cuando
era niño.
Volvió a
detenerse, en el último escalón, y lo miró apesadumbrado.
—Lo siento.
—Pasó hace mucho
tiempo, no pasa nada —le dijo Naruto con una sonrisa sincera, que, de repente,
se convirtió en una expresión de alivio—. Además, gracias a ti, me he dado
cuenta de algo de lo que siempre había dudado.
—¿Puedo preguntar
qué es? —preguntó en un tono más bajo, intentando ser suave.
Naruto asintió.
—Mi padre abandonó
su vida humana por mi madre. Aceptó nuestra existencia con facilidad y se fue
con ella sin pensarlo dos veces. Siempre me preguntó si… Si alguna vez se
arrepintió de hacerlo, al ver que llegaba su final —dicho esto, lo miró con una
gran sonrisa—. Ahora me doy cuenta de que no lo hizo. De que nos quiso a mi
madre y a mí hasta el último momento.
Sasuke sonrió y lo
estrechó entre sus brazos con fuerza. Una parte de él deseaba saber si la
muerte de sus padres tenía algo que ver con los rumores de Kurama, pero era
consciente de que no era el mejor momento para hablar de ello.
Así que, al mirar
de nuevo al frente cambió de tema.
—Por cierto,
siento curiosidad por algo. Anoche no pude preguntarte.
—¿Qué es?
—¿Qué es
exactamente esta especie de despacho?
La segunda planta
de la cabaña de Naruto estaba dividida en dos partes: una estaba tapada por
paredes de madera, su habitación y supuso que el cuarto de baño contiguo, al
que se accedía por la puerta de su cuarto, probablemente. La otra estaba
abierta, así que, anoche, nada más subir las escaleras, se encontró con lo que
parecía ser el despacho de un guardia de máxima seguridad, ya que, en el
rincón, tenía una larga mesa en forma de ele y, colgados en las paredes, seis
monitores que se conectaban a al menos dos ordenadores grandes, habiendo uno
pequeño en medio.
Naruto, al verlo,
soltó una risilla.
—Sí, supongo que
da un poco de miedo encontrarse con algo así. —Hizo una pequeña pausa al mismo
tiempo que le pedía que lo bajara. Él obedeció—. Soy hacker. Como de niño no
tenía clases de transformación, pude aprovechar el tiempo en otra cosa. Me
gustaban los videojuegos, la idea era convertirme en programador, así que
estudié informática. Una vez tuvimos un problema con la policía humana, uno de
nuestros adolescentes que iba por primera vez a la ciudad se cabreó con otro
chaval en una discoteca y, al golpearle, le salió un poco de pelo. Quedó
grabado en las cámaras del local, que enviaron a la policía. Yo logré meterme
en sus ordenadores y borrar las grabaciones. Desde entonces, me contratan
algunas empresas en las que trabaja nuestra gente cuando hay algún problema de
este tipo o necesitan otra cosa. Borro su rastro si hace falta o encuentro a
alguien a quien buscan —dicho esto, señaló los monitores—. También me ocupo de
la seguridad de nuestro territorio cuando no tengo encargos.
Sasuke alzó las
cejas.
—Impresionante.
—Gracias —dijo su
compañero antes de suspirar—. Me habría gustado ser al menos guardia en la
manada, ya que nadie querría que fuera ejecutor, pero les preocupa que salga
herido si entra un intruso. Por eso trabajo desde aquí.
Ese comentario le
hizo fruncir el ceño.
—Cada vez me gusta
menos tu manada.
Naruto se
sobresaltó un poco y lo miró con los ojos bien abiertos.
—Oh, no pienses
que me han acosado por ser mestizo, ni que me han maltratado ni nada de eso. Es
verdad que a algunos no les gusta que el hermano del líder sea medio humano,
creen que debilita al Primer Alfa porque no podría defenderme tan bien como un
lobo puro… Pero la mayoría solo creen que soy demasiado frágil para hacer
algunas cosas.
—¿Como emparejarte
con un lobo puro? —preguntó Sasuke, cruzándose de brazos—. No me gustó oler tu
miedo cuando creías que no me aparearía contigo.
Naruto bajó la
vista.
—Ya, bueno.
Tampoco me sorprende. Todos los Alfas se creen tan fuertes que podrían hacerme
daño si tienen relaciones conmigo. No les gusta la idea de tener que
controlarse durante el sexo, menos durante el celo.
Esta vez, Sasuke
suavizó sus rasgos y se inclinó un poco para que pudieran mirarse de frente. Le
sonrió con picardía.
—Pues no es como
si yo me controlara mucho anoche —dijo, haciendo que Naruto se sonrojara,
aunque le devolvió la sonrisa—, y soy un Alfa bastante grande. Será gracioso
ver sus caras cuando se enteren de que te has apareado conmigo.
Naruto soltó una
risilla y lo cogió de la mano, llevándolo a su habitación.
—No te negaré que
voy a disfrutar con eso, será divertido. —Hizo una pausa mientras cruzaban su
dormitorio para ir al cuarto de baño—. Pero lo primero es lo primero, un baño
rápido, que me estoy muriendo de hambre —dicho esto, empezó a preparar la
bañera, dejando que saliera el agua caliente y poniendo el tapón—. Por cierto,
¿qué te gusta comer?
Los ojos de Sasuke
brillaron.
—¿Vas a cocinar
para mí?
—Bueno, es mi
casa, debería cocinar yo —nada más decir esto, su rostro se iluminó—. ¡Ya sé!
Como ni hemos desayunado ni comido, ¿qué te parece si preparo un brunch?
Sasuke ladeó la
cabeza.
—¿Es eso que
hacéis los americanos entre el desayuno y la comida?
—Y entre la comida
y la merienda también, así pruebas lo que te espera cuando vivamos juntos —dijo
al mismo tiempo que comprobaba el agua. Al ver que la bañera empezaba a
llenarse, se metió dentro y le hizo un gesto para que entrara con él.
Lo hizo y se quedó
recostado en el extremo opuesto al de Naruto. Como era tan alto, sus pies
tocaban la pared en la que se apoyaba su destinado, el cual, le acarició las
piernas. Fue agradable.
—Hablando de eso
—comentó. Se imaginaba la respuesta, pero tenía que preguntar de todos modos—.
Voy a quedarme aquí hasta que pase la época de celo. ¿Te parecería bien que me
trasladara a tu casa?
Su Omega sonrió
ampliamente.
—Claro que sí.
Ahora somos compañeros, mi casa es tuya —dicho esto, se quedó pensativo y cruzó
los brazos sobre el pecho—. Supongo que también debería ir pensando en la
mudanza, ¿no?
Sasuke alzó las
cejas.
—¿Estarías
dispuesto a vivir en mi manada?
Naruto se encogió
de hombros.
—Eres el ejecutor
principal de la tuya, te necesitan. Yo aquí no soy gran cosa… y puede que sea
bueno para mí —comentó, frunciendo un poco el ceño—. Aquí siempre he sido el
mestizo, siempre me mirarán como si fuera el debilucho de la manada, aunque no
sea con mala intención. Estoy cansado de eso. Quiero una oportunidad para
demostrar que soy algo más, y, a estas alturas, aquí no la tengo.
Sasuke estiró los
brazos hacia él, deseando abrazarlo. A pesar de que Naruto parecía haberse
resignado a cómo lo veían los demás, a él le partía el corazón. Puede que su
compañero los comprendiera, o que perdonara su actitud, pero a él lo enervaba.
No le gustaban esas personas, y, a decir verdad, era un alivio que su rubio
quisiera irse a su manada. Los Uchiha eran una manada antigua bastante amplia,
por lo que había más mestizos y humanos entre ellos, así que su pareja no
sufriría rechazado ni sería menospreciada por ello. Era bastante probable que
su fuerza fuera cuestionada por su pequeño tamaño, eso no lo negaba, pero
dudaba de que nadie se negara a entrenar con él solo por eso. Naruto tendría su
oportunidad de demostrar que era más fuerte de lo que todos podían pensar.
Este gateó hacia
sus brazos y se acurrucó en su pecho. Sasuke le acarició la cabeza con cariño,
humedeciendo su cabello.
—Todo irá bien, mi
Omega. Todo el mundo querrá conocerte y tendrás cientos de ocasiones de
demostrar lo que vales. Además —añadió, sonriendo—, tú y yo tenemos pendiente
una sesión de entrenamiento. Sigo teniendo mucha curiosidad por verte pelear.
Los ojos de su
compañero relucieron.
—Yo también.
Espero que se te dé bien luchar con piel.
—No te voy a
mentir, soy mejor peleando con pelaje —comentó al mismo tiempo que echaba agua
sobre su cabello—. Paso mucho tiempo en forma animal y en el bosque, me gusta y
me he acostumbrado bastante a ello. Creo que te dije que soy horrible con armas
de fuego.
Naruto soltó una
risilla, colocándose a horcajadas en su regazo y frotándole el pecho con el
agua caliente. Eso le gustó, le parecía un gesto muy propio de parejas y,
además, era algo que nunca había hecho con ningún Omega. Era cierto que se
había duchado y bañado con sus amantes, pero con fines sexuales, nunca había
lavado a ninguno de ellos. Hacerlo con su compañero le produjo una sensación de
calidez muy agradable, se sintió mimado y cuidado por su pareja.
—Sí, será
divertido enseñarte. No te preocupes por pelear mejor con pelaje, he oído que
para la mayoría de los hombres lobo es más natural pelear transformado. Solo
unos pocos son mejores con piel, Train, por ejemplo.
Sasuke alzó una
ceja.
—¿Fue él quien te
enseñó a pelear?
Naruto asintió,
animado.
—Como Kurama se
convirtió en el líder de la manada, tenía menos tiempo para mí de niño. Train
cuidaba de mí y me entrenaba, me enseñó todo lo que sé. —Se le escapó una
pequeña sonrisa al mencionarlo—. En realidad, él y Kurama prácticamente fueron
mis padres en esa época.
Sasuke le acarició
la mejilla.
—Los quieres
mucho.
—Sí —afirmó antes
de suspirar—. Los echaré de menos cuando me vaya.
Él lo abrazó con
cariño.
—No te preocupes,
vendremos a verlos siempre que podamos. Como soy el ejecutor principal, puede
viajar más que mi hermano.
Naruto le sonrió y
le acarició la nariz con la suya, un gesto de aprecio.
—Gracias. Y no te
preocupes, estaré bien, me acabaré acostumbrando a no verlos todos los días
—dijo antes de bajar la mirada—. Oye, sobre Kurama…
Sasuke negó con la
cabeza.
—No necesito
saberlo, de verdad.
—Pero…
—Eh —lo llamó,
tomando su rostro entre sus manos—, tú le quieres. Eso significa que no es una
mala persona. Si lo hizo, tendría sus motivos. Es lo único que necesito saber
—dicho esto, lo besó en la frente y, esta vez, fue su turno de agachar los
ojos—. Además, ni que fuera el primer Alfa en matar a un Omega. Yo también lo
hice.
Naruto se
sorprendió un poco, pero no tardó en mirarlo con inquietud y acariciarle el
rostro.
—¿Quieres hablar
de ello?
Sasuke se encogió
de hombros.
—Todo el mundo lo
sabe. O lo sabía. Fue hace treinta años, por eso tú no conoces la historia.
—Hizo una pausa, pensando en cómo empezar. La verdad era que no le gustaba
hablar de ese tema, pero, al mismo tiempo, era importante para él que Naruto
conociera ese episodio de su vida, porque tenía mucho que ver con las
inseguridades que lo habían atormentado acerca de tener un compañero. Él anoche
le contó las suyas, y antes de aparearse. Merecía saber al menos a lo que se
enfrentaba estando a su lado—. Me establecí con una Omega llamada Kagura. Era
de una manada vecina, nos veíamos bastante y pasamos unos cuantos celos
seguidos juntos. Era fuerte y un poco solitaria, como yo. Me gustaba y pensé
que podíamos probar a tener una relación. Ella vino a mi manada y todo fue
bien, al principio. —Mantuvo la vista baja, pensando en cuando empezó a
fallar—. Luego me agobié. Ella quería estar todo el tiempo conmigo, ya
estuviera solo o con mis amigos. Sentí… No sé, era como si de repente me
hubiera robado mi espacio. Ella lo ocupaba todo en mi vida y eso empezó a
causar discusiones. Kagura me acusó de que tal vez me había cansado de ella y
que quería ver a otros Omegas, o que había empezado a buscar a mi compañero sin
decirle nada. Causó un distanciamiento entre nosotros. Yo no quería romper la
relación, sabía que era mi problema por mi forma de ser, pero tampoco me
hicieron gracia sus acusaciones. —Suspiró—. Pero fue después cuando me enteré
de lo peor.
—¿Qué pasó?
—preguntó Naruto, que lo observaba con tristeza.
—Ella y yo
llegamos a un consenso, acordamos que me daría mi espacio. Aunque eso no evitó
que yo me diera cuenta de que se sentía desplazada. Intenté cambiar mi
comportamiento, acostumbrarme a estar más con ella, pero no me servía de nada e
iba a menudo al bosque a reflexionar o a pedir consejo a mi hermano y a mis
amigos. Todos me decían lo mismo: que hasta las parejas más unidas necesitan
tener tiempo para sus cosas, era algo que debían respetar ambas partes. A esas
alturas, yo no sabía qué hacer, no estaba seguro de que fuera del todo cierto y
que el problema era yo… Pero, un día que volvía de ver a mi hermano, me
encontré con una de mis compañeras ejecutoras, Lucy. Me dijo que teníamos que
hablar y fui a su casa, donde encontré a su pareja y una de mis amigas Omegas,
Sakura, postrada en la cama, con la cara ensangrentada y varias costillas
rotas. Me enteré entonces de que Kagura había estado siendo autoritaria con el
resto de Omegas.
Naruto frunció el
ceño.
—¿Autoritaria?
—Aprovechó su
posición como pareja del hermano del líder para intimidar a los otros Omegas.
Ella era fuerte, Naruto, una buena luchadora, y no dudaba en hacérselo ver a
los demás. También había estado dándoles órdenes absurdas y metiéndose en
decisiones que no le incumbían, como prohibir a algunos Omegas ir detrás de
Alfas de mi manada y, en cambio, intentar que se enlazaran con otros de la
suya. A Sakura, que es nuestra médico jefe, la instó a que cancelara un pedido
de medicamentos importante para realizar operaciones. Normalmente no ocurre
nada tan grave en nuestra manada, pero a ella le gusta estar preparada para las
emergencias, especialmente porque hay humanos y mestizos y ya sabes que ellos
son más propensos a las enfermedades que los lobos puros. Ella se negó varias
veces, a pesar de las amenazas, y la apalizó.
—Gran Madre
—susurró Naruto, horrorizado—, ¿por qué estaba haciendo todo eso? No tiene
sentido.
El rostro de
Sasuke se ensombreció.
—Porque todo era
una trampa. Su manada quería empezar una guerra con la nuestra y enviaron a
Kagura para hacer los preparativos. Lo de Sakura fue para aumentar el número de
muertes al no tener medicamentos con los que recuperarnos en mitad de la
batalla, y lo de los Omegas para asegurarse rehenes, así sus familias no
querrían luchar a nuestro lado por miedo a que les pasara algo. Cuando me
enfrenté a Kagura, ella intentó matarme.
—Sasuke… —Naruto
lo abrazó con fuerza, incapaz de imaginar cómo se habría sentido su pareja al
darse cuenta de toda la verdad—. Lo siento mucho.
Él le devolvió el
abrazo, enterrando el rostro en su cuello.
—¿Sabes? Ella me
amaba. Dijo que renunció a los planes de su manada por mí… Pero que, cuando las
cosas empezaron a ir mal entre nosotros, supo que yo no llegaría a quererla,
que no tardaría mucho en abandonarla por otro Omega. Dijo que, antes que eso,
prefería matarme con sus propias manos.
Naruto lo estrechó
contra sí.
—Si dijo eso, es
porque no te amaba de verdad.
—Mi madre dijo lo
mismo —admitió su Alfa, separándose un poco, aunque siguió manteniendo la
cabeza gacha—. La maté delante de mi manada. Mi padre se ofreció a hacerlo en
mi lugar, sabía que yo estaba sufriendo por su traición.
—Pero lo hiciste
tú al final.
Él asintió.
—Tenía que hacerlo
yo. Mi familia lidera nuestra manada desde los tiempos de los samuráis. Debía
demostrar que era capaz de matar a quien fuera con tal de proteger a nuestra
gente. Después de eso, fui ascendido a ejecutor principal —dicho esto, lo miró
con inquietud—. También empecé a buscarte. No quería establecerme otra vez
después de lo de Kagura ni tener más relaciones largas, sabía que, al final,
acabaría dudando. Además, muchos Omegas fueron detrás de mí por mi posición,
eso solo me generó más desconfianza… —Volvió a bajar la mirada—. También pensé
mucho en cómo fui con Kagura, en que no la hice feliz. Hizo que me preguntara
si… Si yo era apto para tener un compañero.
—Sasuke, no puedes
pensar así —le dijo Naruto, acariciándole el cabello.
—Pero es verdad.
Tú anoche me contaste tus inseguridades, no quisiste aparearte conmigo hasta
que yo supiera algo que tú creías que era malo. Yo no hice lo mismo por ti.
—Levantó la cabeza, mirándolo de nuevo—. No me arrepiento de haberme apareado
contigo. Ayer fue el día más feliz de mi vida, por encontrarte y por ser
bendecido con un compañero que superaba todas mis expectativas. Pero yo fui
egoísta y no te conté que…
—¿Eres gruñón,
antisocial y un poco distante? —le preguntó el rubio, sobresaltándolo. Este
sonrió y pasó las manos por su rostro—. Sasuke, cada uno tiene su forma de ser,
y no hay nadie perfecto. Dices que yo supero todas tus expectativas, pero la
verdad es que soy impulsivo, cabezota y orgulloso. Habrá veces en las que me
equivocaré al hacer las cosas y me empecinaré en que tengo la razón, y otras en
las que actuaré sin pensar o diré cosas que no quiero decir en realidad porque
estoy enfadado. Aun así, ¿sabes qué? —Le sonrió—. Lo nuestro funcionará.
¿Recuerdas cuando te dije que no podía entrar en celo y tú respondiste que te
adaptarías a mis necesidades? —Sasuke asintió—. Pues esto es lo mismo. Yo me
adaptaré a tu forma de ser, y tú a la mía. Aprenderemos con el tiempo, solo
necesitamos conocernos mejor —dicho esto, su sonrisa se ensanchó—. Además, ya
estamos apareados, no hay vuelta atrás.
Sasuke le sonrió y
lo abrazó.
—Y doy gracias por
ello —dicho esto, lo besó en la sien—. Te quiero, Naruto. —Al darse cuenta de
lo que acababa de decir, se sonrojó y se apartó, mirándolo con las mejillas al
rojo vivo. Vale que era su compañero y que el amor nacía naturalmente entre ellos,
pero solo llevaban un día juntos y tal vez no fuera el momento más apropiado…—.
O sea, quiero decir…
Sin pensárselo dos
veces, Naruto lo interrumpió dándole un beso en los labios.
—Y yo a ti,
Sasuke.
Él le devolvió el
beso, feliz porque la Gran Madre le hubiera emparejado con Naruto. Era mucho
más de lo que había esperado en su destinado, y, tras escuchar sus palabras,
tenía la esperanza de que todo iría bien entre ellos. Solo necesitaban pasar
más tiempo juntos y aprender el uno del otro. Y él, desde luego, estaba
deseando empezar esa nueva vida con su Omega.
—¿Seguro que no
quieres que te ayude? —le preguntó Sasuke.
Naruto le sonrió.
Tras un largo baño en el que Sasuke le había hablado extensamente sobre su
familia, su manada, y el pueblo en el que vivían en mitad de las Montañas
Akaishi, ambos habían bajado a la cocina, donde le había propuesto que fuera a
hablar con su hermano y su cuñada mientras él preparaba la comida. Sasuke se
había ofrecido a ayudarle, pero él pensaba que era mejor tranquilizar primero a
su familia y, así, de paso, aprovechaba para coger su ropa y ya trasladarse a
su casa.
—Muy seguro. Me
encanta verte desnudo, pero si te manchas con la comida, tendrás que lavarte
otra vez. Además, no tengo ropa de tu talla aquí.
Sasuke, vestido
como el día en que vino al mundo, se cruzó de brazos y frunció el ceño. Pese a
que su Alfa era una mole de casi metro noventa con una espalda ancha, brazos
musculosos y torso fuerte, no podía tomarlo en serio en esa pose y sin nada de
ropa.
—Es nuestro primer
día como compañeros, debería ayudarte en la cocina.
Naruto se rio y
alzó una mano a modo de juramento.
—Juro por la Gran
Madre no enfadarme. No creo que Kurama le haya dicho a tu hermano que te has
apareado, dejará que le des tú la noticia, así que estará preguntándose qué te
pasó anoche. Ve a verlo, dale la noticia y coge ropa. Así ya pasamos el resto
del día juntos, sin interrupciones.
Sasuke dudó al
escuchar la última propuesta, lo vio en sus ojos. Sonrió y presionó un poco
más.
—Podemos tener una
cita en casa. Comemos, vemos una peli y… lo que surja después.
Un destello
apareció en los oscuros ojos de su Alfa.
—¿Me estás
manipulando con sexo?
Naruto parpadeó.
—¿Con qué?
Su compañero
sonrió y sacudió la cabeza.
—El primer día y
ya estoy cediendo a tus exigencias.
—Eso es porque
eres un buen compañero.
Finalmente, Sasuke
relajó su postura y le dio un beso en la mejilla.
—No tardaré, lo
prometo.
—Está bien,
tardaré una media hora en prepararlo todo. No te preocupes.
Su pareja frotó su
mejilla contra la suya un instante y después salió de la casa. Incluso desde la
cocina, Naruto lo escuchó correr en forma de lobo, alejándose de la casa con
rapidez. Sonrió. Tendría que usar la artimaña del sexo más a menudo.
Mientras tarareaba
Shape of You, empezó a prepararlo todo: huevos rotos, beicon, salchichas
y patatas. Agradeció que ayer hiciera el pastel de veinticuatro capas de
chocolate, ya que le sobraba un montón y podía utilizarlo como la parte dulce
del brunch… También podría darles a Kurama y a Train, dudaba de que
entre Sasuke y él pudieran con todo y era una lástima que se desperdiciara.
Ahora que lo
pensaba, debería hablar con su hermano. Ya pasaban de las dos y probablemente
habría terminado la comida con los Uchiha.
Tras echar un
vistazo rápido por el salón, encontró su móvil en la mesita frente a la
televisión, y también vio la ropa y la manta que dejaron tirados anoche. Con
una sonrisa, marcó el número de Kurama mientras recogía lo demás. Su hermano
respondió al primer tono.
—¡Mira quién es!
—exclamó en un tono tan alto que tuvo que apartar la oreja del teléfono—. Mi
hermano recién apareado. Vaya… ¿Quién lo habría adivinado? —preguntó con
retintín.
Naruto puso los
ojos en blanco.
—Tú, Kurama.
—¡Sí! ¡Yo! ¡Yo y
mi presentimiento! ¡Te lo dije!
—Eso es verdad
—admitió, plegando en un momento la ropa y dejándola en el sofá para subirla
luego.
—¿Cómo estás?
¿Cómo ha sido? Cuéntame todos los detalles, no te dejes nada —siguió su
hermano.
—¿Es Naruto?
—preguntó de lejos la voz de Train.
—¡Sí! ¡Va a
contarme lo que pasó anoche!
—¿Hago palomitas?
—Ni se os ocurra
—advirtió él, con las mejillas ardiendo—. No va a ser tan largo.
—¿Cómo que no?
—replicó Kurama—. Me lo debes, ¡soy yo quien ha acertado!
—Tranquilo,
Naruto, era una broma —dijo Train, que ya sonaba más cerca—. ¿Fue todo bien?
Esta vez, sonrió.
—Sí, estamos muy
bien.
—¿Le contaste todo
lo que te preocupaba? —preguntó Kurama.
—Sí, antes de
aparearnos.
—Guau, pasaríais
un mal rato.
—Un poco —admitió,
guardando la manta en el baúl—. Pero para mí era importante. —Hizo una pequeña
pausa—. Tú tenías razón, Train, dijo que se adaptaría a mí.
—Te lo dije
—comentó con calma.
—A ver, aquí nos
estamos saltando lo importante —interrumpió Kurama—. Primero, ¿cómo os
conocisteis? Vi a Sasuke ir hacia el bosque, pero tú te ibas a quedar en casa.
¿Cambiaste de opinión y venías a la fiesta al final?
—No… Me escuchó
cantar —respondió despacio.
—… Oh —musitó
Kurama—. Ya veo… Interesante.
—Lo sé —sonrió. Su
madre también conoció a su padre porque lo escuchó tocando la guitarra y
cantando. Se sintió atraída por la música y así lo encontró.
—Los caminos de la
Gran Madre son realmente curiosos.
—Y que lo digas.
—¿Hablasteis de
algo más? —preguntó Train con cuidado. Naruto supo enseguida lo que quería
saber.
—Ha oído los
rumores de Kurama, como todos, pero no hemos hablado de ello. Sabe que tenemos
una buena relación y con eso le basta. Cree que es buena persona.
—No me importa que
sepa lo que pasó —comentó este. Pese a que no podía verlo, supo que se había
encogido de hombros—. De hecho, tendrías que habérselo contado. Nunca viene mal
que tu cuñado sepa lo que eres capaz de hacer por tu hermano pequeño.
—Supongo que tarde
o temprano lo haré. Él me contó que mató a una Omega con la que se estableció…
—Ah, la puta de
Kagura —gruñó Kurama—. Sí, un asunto feo. Menos mal que los Uchiha lo manejaron
con elegancia.
Naruto frunció el
ceño.
—Me habló de su
relación, pero no me dijo cómo terminó la guerra entre sus manadas. Vi que era
un tema que le afectaba y lo dejé pasar. Sé que ganaron los Uchiha, pero no
cómo.
—Bueno, cuando la
puta confesó, los ejecutores Uchiha planearon una emboscada contra su líder.
Acudieron al lugar donde debían reunirse con Kagura y lo mataron a él y a sus
seguidores. El resto de la manada no quería una guerra y firmaron la paz con
los Uchiha. Ellos no tuvieron ninguna muerte. Fue una gran victoria y no se
derramó sangre inocente. Todo muy noble, como cabía esperar de ellos.
—Eso es bueno
—dijo el rubio, aliviado. Sasuke se habría sentido aún peor si hubiera muerto
alguien, se habría echado la culpa por confiar en Kagura o algo parecido.
—Bueno, ¿y qué
planes tenéis para hoy? —preguntó Kurama con alegría—. Supongo que pasaré unos
días sin verte, querréis fortalecer vuestra unión.
—En realidad, me
sobra un pastel enorme de chocolate y he pensado que podríais pasaros un
momento para llevároslo. No creo que Sasuke y yo podamos con todo.
—Sí, sí, sí, sí
—dijo Kurama con rapidez—. Así aprovecho y nos conocemos más íntimamente.
—He dicho un
momento. Hola, coge el pastel y adiós.
—Yo me ocupo de
que cumpla con eso —se ofreció Train.
—Gracias, Train.
—Oye, que soy
capaz de hacerlo.
—Ya, pero de ti no
me fío —replicó Naruto sin miramientos—. ¿Os pasáis después de cenar? Sasuke y
yo necesitamos…
—Tiempo a solas
—terminó Kurama—. Que sí, sabemos cómo funciona, y no te preocupes, me
comportaré. Lo hago de vez en cuando.
—Gracias.
—De nada. Nos
vemos luego, ¡y disfruta tu apareamiento!
Después de
despedirse, regresó a la cocina y se puso manos a la obra. Tal y como había
calculado, tardó una media hora en prepararlo todo; colocó los platos en la
mesita del salón, entre el sofá y la tele, puso los cubiertos y sacó unos
refrescos. Después, tapó la comida para mantenerla caliente hasta que Sasuke
volviera.
Unos golpes
sonaron en la puerta.
Vaya, justo a
tiempo.
Fue trotando hasta
esta y la abrió con una sonrisa, la cual, al ver quién estaba allí, murió al
instante.
—Hola, Naruto.
—¿Ban?
¿Qué demonios
hacía allí?

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