Sweet soulmate

 


Sasuke soltó un gruñido animal cuando por fin saboreó los labios de su Omega. Eran los más suaves que había probado nunca, y lo besaban con una pasión y ternura a la vez que lo habrían postrado de rodillas si no fuera porque ya lo estaba.

Cuando Naruto se había lanzado a sus brazos, no había dudado ni un instante en envolverlo con los suyos, estrechándolo contra su pecho, anhelando sentir cada curva de su cuerpo sobre el suyo, tal como sentía sus dedos enredados en su pelo, acariciándolo, provocando que su lobo interior ronroneara de gusto. Y cuando lo había besado, dándole así su permiso para marcarlo como compañero, cualquier pensamiento coherente había desaparecido de su mente. Solo sabía que su Omega lo quería y él estaba más que preparado para darle todo cuanto deseara. De esa forma, la manta que le había prestado había tardado poco en caer de sus hombros, dejándola tirada en el suelo, mientras que él se había centrado exclusivamente en poner a su compañero sobre su regazo, dejando que sintiera lo duro que estaba por él. Naruto había respondido gimiendo de un modo muy poco inocente y se había frotado contra él, permitiendo que supiera que su pequeño miembro también estaba listo para ser acariciado.

Ahora estaban en el suelo, abrazados y devorándose el uno al otro. Naruto se aferraba con fuerza a uno de sus hombros con una mano mientras que con la otra acariciaba su nuca, sus piernas estaban envueltas alrededor de su cintura, atrapándolo de tal forma que no pudiera separarse, aunque tampoco es que lo deseara. Él, por otro lado, lo sujetaba con un brazo por debajo de los hombros y el otro por la cintura. Sin embargo, cuando su compañero le mordisqueó el labio inferior antes de lamerlo, haciendo que gruñera con fuerza y que su polla doliera, no dudó en deslizar la mano por sus nalgas, apretándolas con deseo.

Ahora fue el turno de su Omega para echar la cabeza atrás y gruñir fieramente. Sasuke aprovechó para pasar su lengua por su garganta y tocar su entrada con los dedos. Naruto aulló con fuerza y le clavó las uñas en la espalda; no llegó a sangrar, pero sí le hizo saber su necesidad.

—¡Aah! ¡Alfa! —gimoteó.

Sasuke no lo pensó dos veces, apartó la mano de su trasero, a su pesar, para coger la manta y extenderla de un tirón detrás de su compañero. Después, lo cogió por la cintura y los tumbó a ambos sobre ella, frente a la chimenea.

—Mío —gruñó, mirándolo a los ojos. Quería que supiera que estaba preparado para unirse a él.

Los bonitos ojos azules de Naruto centellearon a la vez que cogía su rostro entre sus manos y lo atraía hacia él.

—Tuyo —le dijo antes de besarlo. Su lengua buscó la suya y él se la concedió, ambos gruñendo y gimiendo mientras estas bailaban a un ritmo frenético y caótico, sin control alguno, dejándose llevar por sus instintos más primitivos. Tal era su pasión que los dos ya tenían los caninos fuera, listos para ser hundidos en la piel del otro, para sellar su unión.

Sasuke, ansioso por reclamar a su destinado, se apoyó mejor sobre las rodillas y usó las manos para quitarle la sudadera a Naruto, dejando a la vista una camiseta interior blanca de tirantes. Así, con solo eso puesto, los brazos estirados hacia arriba, las mejillas ardiendo y los labios enrojecidos por sus besos, era lo más erótico que había visto en su larga vida.

—¿Tienes idea de lo sexy que estás ahora mismo? —murmuró mientras le levantaba la camiseta, revelando un vientre plano y suave que acarició con los dedos. Cuando Naruto se tensó un poco, a causa del tacto áspero de sus yemas, su piel se contrajo, creando pequeños y angulosos montículos en forma de abdominales. Sasuke gruñó al verlos, complacido—. Sabía que eras fuerte.

Naruto ronroneó en respuesta, mirándolo como si fuera lo más bonito que podría haberle dicho. Eso le hizo preguntarse, de forma pasajera, qué diablos pasaba en su manada como para que lo tuvieran por un debilucho, cuando era evidente que tenía rasgos animales. Sin embargo, la pregunta se quedó ahí, porque su compañero tiró de él para que volviera a colocarse sobre su cuerpo y, así, poder pasar sus pequeñas manos por su pecho, delineando sus pectorales y después bajando hasta su vientre. Eso, aparte de hacer que se le escapara un sonoro gruñido, lo animó a apoyar ambas manos junto a la cabeza de su compañero e inclinar su cuerpo hacia delante, dándole acceso a todo su cuerpo.

—Tú también —murmuró mientras le mordisqueaba el mentón.

La garganta de Sasuke vibró cuando sus dedos fueron más abajo, explorando su piel por debajo de los abdominales, cubierta de una ligera capa de vello oscuro.

—¿Te refieres a fuerte o sexy?

—A los dos —declaró sin dudar. Sus dientes se cerraron sobre su labio inferior, que acarició con la punta de la lengua. Él respondió buscando ávidamente su boca, dándole un beso húmedo que hizo gemir a ambos.

Pero, de nuevo, Naruto lo volvió a pillar por sorpresa envolviendo sus dedos alrededor de su polla. Jadeó por la sorpresa, rompiendo el beso, y soltando un brusco rugido cuando los deslizó arriba y abajo. Él tuvo el descaro de sonreírle.

—Veo que te gusta.

—Ríete ahora —gruñó, a pesar de que estaba disfrutando como nunca. Las manos de Naruto eran suaves en comparación a la de otros Omegas, supuso que porque, al no cambiar de forma, sus manos no estaban tan en contacto con la tierra como el resto de hombres lobo, por lo que no tenía las mismas asperezas que ellos. Eso no hacía más que acrecentar el placer, se sentían increíbles sobre su piel sensible—. Luego… veremos si te ríes… ¡Ah! —gimió, ya que su compañero había acelerado el ritmo.

—Me parece un buen trato —ronroneó este, rozándole la garganta con los colmillos y la lengua, haciendo que su lado animal aullara de anhelo, deseando que hundiera sus caninos en él y lo marcara como suyo. La mano libre del rubio también se movió, acariciando su cadera y dejándola en la zona baja de su espalda, sobre la que hizo círculos con las yemas de sus dedos—. Sube un poco, quiero probar una cosa.

Sasuke obedeció sin rechistar. Normalmente no haría algo así, los Omegas solían buscar Alfas que fueran más dominantes en sus relaciones sexuales, la mayoría creía que era un rasgo identificativo de aquellos que poseían características animales más fuertes. Un Alfa más pasivo no era el más popular a la hora de escoger una pareja para pasar el celo.

Sin embargo, Naruto era su destinado. Quería complacerlo, tanto el lobo como el hombre que era deseaba darle todo cuanto necesitara y deseara, y si lo que quería era experimentar con su cuerpo… él accedería encantado. A lo que fuera.

Naruto le dio un apretón en la espalda cuando hubo subido lo suficiente. Después, su mano bajó hasta su nalga, donde le clavó los dedos y lo animó a moverse de arriba abajo, acompasándose al ritmo de su otra mano, que seguía acariciando su polla.

Él soltó un grave gruñido. Era como simular que lo estaba follando.

Por si fuera poco, su rubio levantó la cabeza y pasó la lengua por su pezón.

—¡Aaah! ¡Sí! —gruñó a la vez que empezaba a sacudir las caderas contra su mano, frotándose contra sus dedos, que apretaron lo justo para incrementar el placer—. Joder, Naruto… —gimió, deseando con todo su ser estar dentro de él y, al mismo tiempo, incapaz de detenerse para arrancarle los pantalones y penetrarlo.

—Eso es, Sasuke —susurró su compañero, besando su pecho—, muéstrame cómo quieres joderme.

Sasuke rugió otra vez y siguió moviéndose, desesperado por encontrar alivio, pese a que esa no era la forma en la que quería acabar. Lo que deseaba era correrse dentro de su compañero, plantar su semilla dentro de él. Nunca había sentido ese instinto antes, la paternidad no era algo en lo que hubiera pensado seriamente hasta ese momento. Por supuesto, jugar con sus sobrinos le había hecho desear tener cachorros una vez encontrara a su compañero, pero su lobo jamás había mostrado interés.

Hasta ahora. Quería ver el vientre de Naruto hinchado por sus cachorros.

El anhelo de aparearlo lo asaltó con tal fuerza que le dolieron las encías. Quería morderlo, perderse en su pequeño y ardiente cuerpo y marcarlo, saborear su sangre mientras lo follaba rápido y duro, oír sus aullidos de placer y sentir sus caninos hundiéndose en su piel.

Como si Naruto hubiera oído sus pensamientos, las puntas de sus colmillos arañaron su pezón. Todo su cuerpo reaccionó, haciendo que su pelaje saliera fuera y que notara cómo sus huesos se ensanchaban, como si estuviera a punto de transformarse. Por puro instinto, se apartó con rapidez, quitando la mano que Naruto tenía sobre su polla y quedándose sentado sobre sus rodillas. Aspiró aire por la boca, aunque no servía de mucho, ya que el aire estaba cargado con la fragancia de su lujuria, pero que su compañero no lo tocara lo ayudó a controlarse.

Su rubio se apoyó sobre los codos, mirándolo con preocupación.

—¿Te he hecho daño?

—No —su voz no sonó humana.

Naruto se sentó y alargó una mano para tocarle el pelaje del pecho. Ronroneó, aunque tuvo que masajearse el miembro para aliviar el dolor. Le palpitaba por la necesidad y las caricias que le había dado su compañero.

—Intenso, ¿eh? —le dijo, sonriéndole.

Sasuke soltó el aire despacio.

—Siento haberte asustado. Dame un momento para que me calme.

Su rubio posó ambas manos sobre su rostro y lo atrajo hacia sí, apoyando su frente en la suya al mismo tiempo que pasaba los dedos por sus mejillas, acariciando los mechones de pelo oscuro.

—No me importa el pelaje. Es agradable.

Él gruñó suavemente y buscó su boca para besarlo. Esta vez, el roce de sus labios fue más dulce y tierno, le ayudó a calmar su sangre hirviendo y los atronadores latidos de su corazón. Poco a poco, retrajo de nuevo el pelaje y colocó sus manos sobre los hombros de Naruto, instándolo a tumbarse de nuevo sobre la manta. Su compañero obedeció dócilmente y, cuando se separaron, frotó su nariz contra la suya como gesto de cariño.

—Eso es un bonito detalle, pero me preocupaba más transformarme sin querer. Seguro que eso no lo habrías disfrutado —añadió con una sonrisa avergonzada.

—Ugh, no —soltó su Omega que, al instante, se puso rojo como un tomate. Eso le hizo reír—. Es decir, no te ofendas, Sasuke, pero el sexo con tu forma animal no es una opción.

—Tranquilo, no es lo mío —murmuró, besándole el mentón y después deslizando los labios por su cuello. Lo escuchó suspirar cuando pasó la lengua por la garganta y, sin poder resistirse, dejó que sus colmillos acariciaran el hueco de su cuello, provocando que su piel se erizara y su cuerpo se arqueara contra él.

—¡Ah, Sasuke! —gimió su rubio, aferrándose de nuevo a sus hombros.

—Tu turno —gruñó él, subiéndole la camiseta hasta pasarla por encima de sus brazos, dejando al descubierto unos pezones rosados y erectos que parecían estar llamándolo. No se lo pensó dos veces y fue hacia abajo entre besos húmedos que fue repartiendo por el torso de su Omega, cuyos dedos sintió en la espalda, explorándola a conciencia.

Cuando le rozó la punta de un pezón y lo oyó jadear, sonrió y, incapaz de contenerse, lo atrapó con sus dientes y lo chupó, frotándolo al mismo tiempo con la lengua.

—¡Aaaah! —exclamó su compañero, clavando los dedos en su piel, haciéndole gruñir y seguir chupando la zona sensible a la vez que usaba una mano para bajarle los pantalones. Naruto le ayudó como pudo, aunque a menudo y, para su deleite, se sacudía instintivamente a causa del placer al mismo tiempo que gimoteaba. Para cuando fue a atormentar el otro pezón, ya estaba acariciando sus caderas y pasando la mano por sus muslos calientes, llenos de carne tierna que quería aferrar mientras golpeaba su dulce y suave trasero con fuerza. Podía oler su humedad y sabía que estaba preparado para recibirlo, seguro que podía entrar en él de una sola embestida.

Tentado por la erótica escena, permitió que sus dedos se pasearan por una de sus nalgas, redonda y firme, pudo apreciar su fuerza cuando su compañero la tensó, expectante. No pudo evitar imaginarse cómo sería hacerle el amor sobre sus manos y rodillas, observar su espalda arqueada y su culo en alto, aferrándolo con fuerza entre sus manos a la vez que lo penetraba ferozmente, y eso antes de marcarlo con sus colmillos. Gruñó, ansioso y deseoso de sellar su unión y, sin previo aviso, frotó su pulgar contra su entrada.

Naruto se sacudió y aulló. Todo su cuerpo tembló, sus uñas arañaron su piel, haciendo que soltara un breve pero fuerte rugido. Sin esperar más, y consciente de que su entrada, mojada y ardiente, estaba lista para él, le metió un dedo hasta el fondo.

Su compañero aulló otra vez… pero él se quedó paralizado.

Se irguió parar mirarlo a la cara, con los ojos muy abiertos, apoyándose en la otra mano.

—¿Eres virgen? —preguntó, incrédulo.

Todos los músculos de Naruto se estiraron y su rostro enrojeció un poco. Sasuke retiró el dedo de su interior despacio, procurando no hacerle daño, y se inclinó sobre él, mirándolo con el ceño fruncido, esperando una respuesta.

—… Sí —dijo finalmente su rubio.

… Eso no tenía sentido para él.

—¿Por qué?

Su Omega le lanzó una mirada de pocos amigos.

—¿Cómo que por qué? No todos tenemos una intensa vida sexual. Por si no te acuerdas, yo no entro en celo.

—Eso no tiene nada que ver con que seas virgen —comentó él, ladeando la cabeza—. ¿Ningún Alfa te ha llamado nunca la atención? —A pesar de que la idea hacía profundamente feliz a su animal, Sasuke intentó ser racional. Naruto habría empezado a tener esa clase de necesidades durante la pubertad, como todo el mundo, y le costaba creer que no hubiera sentido atracción por nadie…

—Claro que sí —respondió en voz baja y apartando la mirada—. Simplemente, no llegó a ocurrir. Ya está.

Sasuke se maldijo a sí mismo. Si es que no podía ser más idiota.

Apesadumbrado, le levantó el mentón para que lo mirara a los ojos.

—Lo siento, estábamos disfrutando de un momento íntimo y lo he estropeado.

Naruto se apresuró a sacudir la cabeza y a acariciarle los brazos.

—No, es normal que te haya sorprendido. Tendría que haberte avisado.

—Eso habría estado bien —admitió, sentándose sobre sus rodillas y mirando a su alrededor con el ceño fruncido—. De haberlo sabido, no te habría tirado al suelo como un animal.

Eso descolocó por completo a Naruto.

—¿Eh?

—Vamos.

De repente, Sasuke tiró de él para ayudarle a levantarlo y, entonces, golpeó su hombro contra su cadera antes de ponerse en pie.

—¿Qué haces? —preguntó. Un segundo después, sus mejillas enrojecieron de rabia—. Y no me cargues como si fuera un saco de patatas, hombre de las cavernas.

—Lo siento —dijo su Alfa antes de echar el cuerpo hacia delante y acomodarlo entre sus brazos. Naruto pasó los suyos alrededor de su cuello para sujetarse—. ¿Mejor así?

—Ligeramente —refunfuñó—, sería genial si añadieras una explicación a esto.

Sasuke lo miró con cara de pocos amigos.

—No voy a permitir que tu primera vez sea en el suelo. Te mereces todas las atenciones que pueda ofrecerte y, por suerte para los dos, una de ellas es comodidad —dicho esto, miró hacia arriba—. Tu habitación está en el segundo piso, ¿verdad? —Y, sin esperar respuesta, empezó a subir las escaleras.

A decir verdad, Naruto no había esperado eso y, un poco enternecido por su gesto, lo besó en el cuello y lo abrazó.

—Gracias, Sasuke.

—No tienes que darlas, mi Omega —dijo él, estrechándolo contra sí—. Eres mi compañero, siempre intentaré hacer lo mejor para ti.

Naruto sonrió, sonrojado, y se apretó un poco más contra él, ronroneando y frotando su mejilla contra el hueco de su cuello, queriendo dejar su olor en su piel. Era algo instintivo, otra forma de marcar a su pareja; su aroma indicaba a otros que su Alfa no estaba disponible para otros Omegas. Sasuke debió de notarlo, porque su pecho vibró como si estuviera muy a gusto.

Poco después, escuchó la puerta de su habitación abrirse y, a los pocos segundos, su destinado ya lo estaba depositando sobre la cama con suavidad a la vez que se colocaba sobre su cuerpo. Esta vez, sonreía con un brillo malicioso en los ojos.

—Como es tu primera vez… me toca a mí darte placer.

Naruto abrió la boca para decirle que no era necesario, que se suponía que esa noche debían disfrutar los dos… Sin embargo, Sasuke aprovechó para apoderarse de sus labios, besándolo con fervor. Al final, él no pudo hacer otra cosa aparte de cerrar los ojos y rendirse a sus caricias.

Su Alfa no fue directo a sus zonas íntimas, como creía, sino que se tomó su tiempo para abrazarlo y acariciar su cuerpo de arriba abajo, desde delinear la curva de sus hombros y pasar sus grandes y cálidas manos por su espalda hasta rozar sus nalgas con el dorso de los dedos y deslizarlos por sus muslos, invitándolo a abrir las piernas…

Un gemido suave se escapó de sus labios cuando, con mucha delicadeza, cogió su miembro. Su mano se movió arriba y abajo, despacio, incitándolo. Su respiración tardó poco en acelerarse, al igual que las tiernas caricias que había estado dedicando a su maravilloso y varonil cuerpo se convirtieron poco a poco en uñas rastrillando su piel. Sus músculos empezaron a estirarse, presa de la tensión previa al orgasmo, y su boca jadeó contra la de Sasuke, haciéndole saber lo mucho que le gustaba que lo tocara de ese modo.

—Sasuke… —susurró, tembloroso.

Sus ojos negros tenían una mirada profunda e intensa cuando capturó los suyos.

—Eso es, gime para mí… —ronroneó antes de descender por su garganta, plantando, muy despacio, besos húmedos que le hicieron arder, como si su sangre estuviera hirviendo bajo su piel. A medida que bajaba por su cuello, buscando los puntos más sensibles, su mano se movía cada vez más rápido, frotándole de vez en cuando la punta con el pulgar, haciendo que un pequeño grito huyera de sus labios y que le salieran las garras, que no dudó en hundir en la cama para evitar hacer daño a su Alfa.

Entonces, este, sin previo aviso, lo mordió en el hueco del cuello. No le clavó los colmillos, pero sí hizo suficiente presión como para volver loco a su animal interior, que aulló de placer, alegría y necesidad, todo mezclado en una vorágine efervescente que hizo que echara la cabeza hacia atrás y rugiera con tal fuerza que le dolió la garganta.

Sasuke le dedicó un gruñido ronco, haciéndole saber su deseo mientras soltaba su pene y lo besaba en el pecho. Naruto solo atinó a gimotear, sensible como estaba tras el inesperado estallido de placer.

—Alfa… —lo llamó, anhelando sentirlo en su interior.

—Intenso, ¿eh? —le dijo con esa voz grave y retumbante que le provocó un estremecimiento. Podía oler su lujuria en el aire, estaba mezclada con la suya y era tan espesa que se podía paladear en la lengua. Ligeramente dulce y picante, le embotaba los sentidos, y se le hacía difícil pensar. Ahora su parte humana estaba totalmente opacada por el lobo, solo sabía que Sasuke era su destinado y que tenía que marcarlo, nada más importaba—. Imagínate cómo se sentirá cuando nos unamos.

—Tómame —gimió, alzando las caderas.

Su Alfa gruñó complacido, pero lo cogió por la cintura y la bajó al colchón, manteniéndola ahí. Luego, le sonrió.

—Todavía no he acabado de darte placer —dicho esto, le levantó las piernas y agachó su cuerpo, apoyando los muslos en sus hombros. Entonces, ante la mirada estupefacta de Naruto, abrió la boca y lamió su miembro.

—Aah… Aah… —jadeó, echando de nuevo la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos.

Nadie le había hecho eso nunca, y se sentía increíble. Aún estaba sensible por el orgasmo y que Sasuke lo lamiera justo después solo incrementó la sensación de calor y placer. Se rindió a él, sin intentar controlar ninguna de las caóticas y primitivas emociones que lo invadían, lo único que quería era sentir y dejarse hacer.

Las cosas mejoraron cuando su compañero decidió que su lengua no era suficiente para complacerlo y usó la boca para chuparlo. Estuvo a punto de sentarse de un salto, pero su compañero le lanzó un profundo gruñido de advertencia y lo empujó del pecho para que volviera a tumbarse. Justo después, sintió cómo le metía un dedo.

—¡Aaaah! ¡Sasuke! —gritó, hundiendo las garras en la almohada, detrás de su cabeza, mientras se retorcía, incapaz de estarse quieto. Lo penetró despacio primero, poco a poco, comprobando hasta dónde podía llegar, sumiéndolo en una deliciosa tortura que lo instó a gimotear y a pedir por más. Su compañero obedeció, sin dejar de lamer de arriba abajo su pene y embistiéndolo, cada vez un poco más fuerte, un poco más duro.

Su lobo ronroneó cuando sintió que estaba llegando a la cima, que por fin encontraría alivio a ese dulce tormento. Y este llegó, pero no de la forma que creía. De nuevo, Sasuke lo sorprendió introduciendo un segundo dedo. Notó una pequeña molestia, pero tan nimia e insignificante en comparación al deseo que lo consumía que apenas sí fue consciente de ella. En vez de eso, se centró en la repentina ola de fuego que lo sacudió, haciendo que rugiera y que tratara de mover las caderas, ansioso por correrse.

—Alfa, por favor… —suplicó, sin dejar de retorcerse, buscando esos dedos que le negaban el placer que deseaba—. Por favor, por favor, estoy preparado, estoy listo. ¡Márcame! —exigió con un gruñido totalmente animal. Ya no era Naruto, era el lobo. Y el lobo exigía su unión, no estaría satisfecho hasta ser marcado por su Alfa.

Sasuke lo miró. Sus ojos negros tenían una mirada peligrosa y hambrienta cuando lo soltó y se lanzó sobre él con un gruñido feroz, mostrándole los colmillos en señal de dominio. Naruto, obedeciendo su lado animal, mantuvo abiertas las piernas y levantó las caderas, atrayendo a su Alfa, que colocó la punta de su miembro en su entrada, ya húmeda y palpitante.

La primera embestida fue lenta y suave, e hizo gemir a ambos. El Alfa comprobó que su Omega estaba listo para recibirlo, ronroneando complacido al sentir su estrecho interior, que envolvía su polla en un fuerte y ardiente abrazo. Empujó un poco más, queriendo ir más profundo, haciendo que su compañero jadeara y pasara las uñas por sus brazos. Sentir su necesidad en su piel lo animó a seguir un poco más, hasta que encontró una resistencia.

Recordar que su destinado era virgen, que ningún otro Alfa lo había tocado, hizo que su lobo interior gruñera orgulloso y posesivo. Su Omega solo conocería el placer en sus brazos, solo él le haría aullar y rugir, solo a él le exigiría que lo complaciera.

Su compañero solo conocería el amor con él. Y le correspondería. Haría todo lo que estuviera en su poder para estar a la altura, para cumplir cualquiera de sus necesidades y hacerle feliz. Porque él tampoco conocería otra felicidad que no fuera la de estar a su lado.

Se inclinó y lo besó suavemente en los labios. Su compañero rodeó sus hombros con los brazos y le devolvió el gesto con esa dulzura que no había esperado encontrar en su pareja, pero que ahí estaba, ofreciéndosela sin reparos.

Sasuke se separó un momento para mirarlo a los ojos. Su lado animal había retrocedido un poco, cediéndole algo de control para evitar hacer su daño a su pareja mientras se apareaban. Naruto tenía la respiración acelerada, pero sus ojos revelaban que su lobo interior estaba ligeramente más tranquilo ahora que su unión era inevitable. Él le sonrió con cariño.

—Estoy preparado. Soy tuyo —lo tranquilizó, besándolo.

—Y yo tuyo —murmuró contra sus labios al mismo tiempo que lo embestía, despacio, pero con firmeza.

Naruto gimió largamente, aferrándose a él. Sasuke jadeó, disfrutando de lo caliente y mojado que estaba su compañero. Lo abrazó con fuerza, sin moverse, a pesar de que deseaba con todas sus fuerzas empujar contra esa dulce entrada hasta enloquecer de placer. Quería estar seguro de que estaba bien y que se acostumbraba a él antes de ceder por completo a la pasión.

Tuvo la señal que deseaba cuando su Omega se removió. Se separó, dándole espacio, y lo miró. El rostro de Naruto era la pura expresión del placer con las mejillas enrojecidas, los labios entreabiertos mientras jadeaba y los ojos brillantes. Este tomó su rostro entre sus manos y lo besó con pasión a la vez que rodeaba su cintura con las piernas. Sentir sus muslos cálidos y suaves contra su piel y esos labios poseyendo los suyos hizo que gruñera a la vez que separaba sus caderas del trasero de Naruto antes de volver a empujar. Ambos gimieron en la boca del otro, y, sin detenerse, Sasuke imitó el mismo movimiento, cada vez un poco más fuerte, probando a su pareja, viendo hasta dónde podía aguantar.

Con cada nuevo envite, ambos se sumieron de nuevo en sus instintos más primitivos, dejando, sin apenas saberlo, a sus lobos fuera. Tomaron las riendas de sus cuerpos y se unieron sin restricciones ni control; Sasuke acabó rugiendo mientras golpeaba la dulce entrada de su Omega con las caderas, mientras que Naruto gemía y se envolvía alrededor de su Alfa con fervor, consumido por una lujuria totalmente extraña para él, y que, al mismo tiempo, la sintió como lo más natural, lo más puro que debería sentir al yacer con su destinado. Uno que lo aceptaba tal y como era, que no había huido de él a pesar de conocer sus flaquezas, que no lo había rechazado por algo que era incapaz de cambiar o controlar.

Embargado por tantas emociones, y a punto de correrse, mordió a su compañero, reclamándolo como suyo. Sasuke aulló y, sin pensarlo dos veces, clavó los colmillos en su piel a la vez que lo embestía con más fuerza, catapultándolo al éxtasis.

Incluso cuando su Alfa derramó su semilla dentro de él, no se apartó inmediatamente, sino que se quedaron abrazados durante un minuto entero. Naruto fue el primero en extraer con cuidado los dientes y en lamer la herida que le había hecho a su pareja. En su interior, su lobo ronroneaba de pura felicidad, sintiéndose pleno y completo al estar unido a su destinado.

Sasuke no tardó mucho en imitar su ejemplo y, cuando terminó, le besó la marca una, dos, tres veces antes de seguir su recorrido por su cuello hasta su mejilla, haciéndole reír y que lo abrazara con fuerza.

—Mi Alfa —dijo, sonriendo.

Su compañero buscó sus ojos y le devolvió la sonrisa. En sus irises, oscuros como el abismo, brillaba la más intensa de las alegrías.

—Mi Omega.

 

 

Kurama frunció el ceño al comprobar que la puerta de la cabaña de su hermano no estaba cerrada con llave. Era raro, Naruto siempre dejaba puesto el pestillo para escuchar si alguien intentaba entrar en su casa; no es que eso pudiera detener a un hombre lobo, pero al menos este tendría que hacer más ruido para entrar.

Eso lo habría inquietado aún más si no fuera porque su nariz recogió un olor, el olor de un Alfa, y uno conocido. Sasuke Uchiha.

Sus ojos salieron disparados por la estancia, encontrando con rapidez el móvil de su hermano, sobre la mesita que había frente al sofá. Su ausencia en la estancia y ver una manta tirada en el suelo con ropa tirada le dio una grata sorpresa, haciéndole sonreír ampliamente.

¡Y él que estaba preocupado! Le había dejado un mensaje a las diez para recordarle que le había prometido una comida con los Uchiha y, a las once, al ver que no había contestado, había salido a buscarlo. Además, por el camino, se había encontrado con Itachi Uchiha, que lo había detenido para preguntarle por su hermano, ya que no había regresado a su habitación anoche y era raro que no se hubiera puesto en contacto con él todavía. Kurama le dijo que lo vio ir hacia el bosque, lo que relajó un poco al Primer Alfa de los Uchiha, alegando que a veces le gustaba dormir allí. Aun así, al no verlo del todo convencido, le prometió que, si no se presentaba a la comida, saldrían a buscarlo para asegurarse de que estaba bien.

Vaya si lo estaba. Qué pillín… y qué feliz era en esos momentos por aquello.

Sin hacer ruido, se quitó las botas de nieve y fue hasta las escaleras, subiéndolas con mucho cuidado a cuatro patas. Ya desde ahí, pudo notar el aroma a sexo, lo cual le hizo sonreír ampliamente. Por una vez, Naruto no había sido tonto y había aprovechado la oportunidad, ¡por fin, coño! Y a Sasuke no parecía haberle importado que su hermano fuera mitad humano, puede que así ganara autoestima y más confianza en su capacidad para atraer a un Alfa. Que en la manada lo hubieran etiquetado no quería decir que tuviera que renunciar a los Alfas de fuera.

En cuanto subió el último peldaño, se puso en pie con cuidado y fue de puntillas a la puerta de la habitación, que habían dejado abierta. Se asomó un poco, curvando alegremente los labios hacia arriba al ver que ambos dormían a pierna suelta, con las mantas cubriéndolos. El pequeño cuerpo de su hermano estaba acurrucado en el pecho del Alfa, que lo tenía abrazado, a juzgar por la forma de las mantas, y con el mentón apoyado sobre su cabeza.

En ese momento, Naruto ronroneó y se removió un poco para dar la vuelta. La manta se deslizó por su hombro, revelando algo que hizo que Kurama abriera los ojos como platos.

Una marca. Una media luna azul en el hueco del cuello.

¡Su hermano estaba apareado!

Apretó los labios con fuerza, reteniendo las ganas de echarse a saltar de felicidad. ¡Lo sabía! ¡Es que lo sabía! ¡Su instinto era el puto amo de los apareamientos!

Pese a que quería abalanzarse sobre Naruto y soltarle el siempre tan satisfactorio “te lo dije”, sabía que lo mejor que podía hacer era marcharse y dejarlos descansar. Probablemente habrían estado toda la noche apareándose, el lobo que llevaban dentro saltaba una vez encontraba a su destinado y no te dejaba en paz hasta que tuviera lo que quería, al fin y al cabo, era su naturaleza. Y, por mucho que Naruto no pudiera cambiar, era más animal de lo que creía. Él y Train lo habían visto a medida que crecía. Sencillamente, la manada no le había dado la oportunidad de enseñárselo.

Pero ahora que estaba con Sasuke, las cosas irían a mejor para él, seguro. Además, era muy posible que se fuera con los Uchiha, de hecho, iba a recomendárselo. Era una buena oportunidad para empezar de cero, para reconciliarse consigo mismo y aceptar por fin quién era, con todo lo que conllevaba.

Feliz por cómo habían salido las cosas, volvió a bajar las escaleras despacio y fue a la cocina, donde le dejó una nota breve a su hermano y, de paso, a Sasuke, para que no se preocuparan por la comida, que él avisaría al resto de invitados. Después, salió de la cabaña, cerrando con llave esta vez (él tenía una copia), y luego salió corriendo hacia su casa. Estaba deseando contarle a Train lo que había pasado.

 

 

Naruto se despertó poco a poco, perezosamente, sin ganas de abrir los ojos. Aun así, terminó por hacerlo. Parpadeó varias veces, tomando conciencia, con bastante lentitud, de dónde estaba. Reconoció con facilidad el mullido colchón de su enorme cama, demasiado grande para alguien de su tamaño. Sin embargo, él tendía a moverse mucho por la noche, a dar vueltas de un lado a otro, y prefería tener un terreno decente por el que deambular dormido a caerse de la cama.

Además, debía alegrarse por su decisión de comprar aquel monstruoso colchón, ya que, de lo contrario, su Alfa no habría podido dormir con él.

Una sonrisa asomó a sus labios y se dio la vuelta, contemplando el bello rostro dormido de Sasuke.

Aún no se lo podía creer. Su destinado era el lobo más sexy que había visto y, lo más importante, le quería. A pesar de ser mestizo.

Feliz por haber cumplido un sueño que el día anterior parecía inalcanzable, lo abrazó por la cintura y empezó a plantar besos suaves en su torso. Sasuke ronroneó y lo estrechó entre sus brazos, enterrando la nariz en su pelo. Lo oyó aspirar profundamente.

—Naruto… —dijo en un tono muy tierno. Lo derritió.

—Buenos días, mi Alfa.

Sasuke se apartó un poco y deslizó su cuerpo hacia abajo para que pudieran mirarse cara a cara. Llevaba el pelo totalmente despeinado, dándole un toque algo cómico, pero lo que realmente lo deslumbró fue la sonrisa de pura alegría que le llegó a los ojos.

—Buenos días, mi Omega —lo saludó antes de besarlo en los labios.

Naruto le devolvió el beso, seguido de otro, y otro más, y uno que le dio en la mejilla, el cuello, la marca de su cuello… De repente, Sasuke empezó a besuquear toda la piel que había a su alcance, haciéndole reír y que lo abrazara con más fuerza, hasta que, en un momento dado, le dio por hacerle una pedorreta que le hizo soltar una fuerte carcajada y empujarlo por los hombros, pues empezaba a hacerle cosquillas.

—Noooo, paraaaaa —pidió entre risas.

Su Alfa se detuvo, mirándolo con ojos brillantes.

—Me gusta verte así. Pareces feliz.

Naruto dejó de reír y le sonrió con calidez, acariciándole una mejilla con cariño.

—Lo soy. Ahora tengo un compañero.

Sasuke ronroneó y se inclinó para frotar su mejilla contra su pecho. El rubio lo abrazó de nuevo y lo besó en la cabeza. Le gustaba estar así, era una escena con la que había fantaseado muchas veces; tener a su Alfa entre sus brazos, dedicándole abiertamente muestras de cariño que él estaba más que feliz de devolver. En su momento, pensó que pedía muy poco. Con el paso de los años, y el cúmulo de rechazos por parte de los Alfas, esa escena había pasado a convertirse en algo con lo que fantasear de vez en cuando.

Pero, gracias a la Gran Madre, estaba equivocado. Kurama y Train siempre habían tenido razón.

—¿Cómo te encuentras? —le preguntó Sasuke de repente, alzando la cabeza para mirarlo—. ¿Estás dolorido?

Al entender a lo que se refería, Naruto frunció el ceño y movió la cadera de un lado a otro, probando diferentes posiciones. Su compañero se apoyó sobre sus brazos para darle espacio y más libertad de movimientos. Cuando terminó, torció el labio.

—Es un poco molesto, pero soportable —dijo finalmente, sonriéndole a su Alfa—. Estoy bien, esto no es nada.

Sasuke le devolvió la sonrisa y le dio un beso esquimal.

—No esperaba menos de mi fuerte y duro compañero —dicho esto, le dedicó una mirada cálida a la vez que le acariciaba algunos mechones de cabello—. Eres hermoso a plena luz del día, mi Omega. Tu cabello parece aún más brillante. —Sin embargo, algo que había dicho se quedó atascado en su mente, porque se quedó paralizado un momento. Después, maldijo—. Mierda, ¿qué hora es?

Naruto miró hacia su izquierda, buscando su móvil en la mesita de noche… que no estaba.

—Pues no… —Mientras respondía, él también palideció—. Oh, no. Le prometí a mi hermano que comería con él —dijo, apartando las mantas y saltando de la cama.

Sasuke lo imitó.

—Yo también tenía que comer con mi manada y el Primer Alfa de la tuya… —explicó mientras salían de la habitación. Una vez fuera, sin embargo, ambos se pararon en seco y olfatearon el aire. Sasuke frunció el ceño con mala cara—. ¿Estoy oliendo a Kurama Uzumaki?

—Mierda, debe ser tardísimo y habrá venido a buscarme —maldijo Naruto, bajando las escaleras con rapidez.

Sasuke parpadeó. Espera, ¿qué?

—¿También venías a la comida? —le preguntó, siguiéndolo.

Naruto se detuvo un segundo antes de entrar a la cocina, que estaba a la derecha de las escaleras y separada del comedor por una sencilla barra de bar, dándole a la estancia una apariencia mucho más amplia. Estaba decorada con tonos blancos y burdeos, estos últimos combinaban bastante bien con los tonos castaños y rojizos de los muebles del salón.

—Oh, cierto, Kurama es mi hermano mayor.

El Alfa se quedó con la boca abierta unos segundos, haciendo que el rubio soltara una risilla. Aun así, no tardó mucho en recomponerse y observarlo con atención.

—Ahora que lo dices… os parecéis —admitió, a pesar de que su expresión era de absoluta confusión.

Naruto le sonrió con comprensión.

—No te cuadra, ¿verdad?

Sasuke hizo una mueca.

—Lo siento, no quería ser indiscreto.

—No te preocupes —le quitó importancia con facilidad. A todo el mundo le descolocaba cuando se enteraban, dado que Kurama olía como un lobo puro y él no—. Los dos siempre decimos que somos hermanos, pero, en realidad, la palabra exacta sería hermanastros —explicó, encogiéndose de hombros—. Mi padre Omega era humano, el suyo, lobo.

Su compañero alzó las cejas.

—Oh.

—Mi madre se estableció con el padre de Kurama, pero muchos años después, encontró a mi padre, que era su destinado, y se unieron.

—Ya veo… —comentó Sasuke, pensativo.

Naruto suspiró, intuyendo hacia dónde iban sus pensamientos.

—Supongo que has oído los rumores.

Su pareja se tensó un poco.

—No necesito saberlo.

—Está bien, tarde o temprano tendrás que saberlo… —empezó, sabiendo que en algún momento tendrían que hablar de ello. Sin embargo, Sasuke lo cogió por los hombros e inclinó la cabeza para mirarlo a los ojos.

—Acabamos de aparearnos, no es necesario que tengamos esa conversación ahora. Además —añadió, dedicándole una sonrisa de disculpa—, tenemos una comida pendiente.

Al escucharle, Naruto se llevó una mano a la frente.

—¡Es verdad! —dicho esto, voló a la cocina, encontrando lo que ya sospechaba, una nota de su hermano. La leyó entera y, al instante, se relajó—. Nos felicita por nuestro apareamiento.

—Habrá visto nuestras marcas —comentó Sasuke, que lo abrazó por detrás y apoyó el mentón en su cabeza—. ¿Dice algo más?

—Que no nos preocupemos por la comida, que él nos cubre las espaldas. También dice que tu hermano ha preguntado por ti y que parecía preocupado, pero que él se ocupa de decirle que estás bien.

—Aun así, debería ir a hablar con él —dicho esto, inclinó la cabeza a un lado para olerse el hombro e hizo una mueca—. Debería darme una ducha antes. Su compañera estará con él y apestar a sexo no es una buena forma de anunciar mi apareamiento.

—Yo también —comentó Naruto, tocándose el trasero con cuidado.

Sasuke se dio cuenta de ello y le frotó el hombro.

—¿Te duele?

—Un poco. Creo que me he movido demasiado rápido.

—Entonces nos daremos un baño, te sentará bien… Si tienes bañera, claro —añadió con el ceño fruncido.

Naruto sacó pecho con una sonrisa orgullosa.

—¿Por quién me tomas? Soy un Omega muy cómodo. —Sasuke soltó una risilla y el rubio señaló hacia arriba—. Es la puerta contigua a mi habitación. Aquí abajo solo tengo ducha.

—Perfecto —dijo antes de cogerlo en brazos y llevarlo de vuelta a las escaleras.

El rubio no se resistió, pero lo miró con la cabeza ladeada.

—Sabes que puedo andar, ¿no?

Sasuke se detuvo en seco y maldijo.

—Perdón, ha sido instintivo. No quería insinuar que no pudieras —dijo. Sabía que su compañero era sensible respecto a ser medio humano, y que lo habían etiquetado de débil por ello. No quería que pensara que él creía lo mismo.

Naruto le frotó el pecho, tranquilizándolo.

—Acabamos de aparearnos, es normal que tu lobo esté más protector. Puedo entenderlo —dicho esto, le sonrió y se acurrucó en sus brazos—. Yo me siento especialmente cariñoso, así que puedes llevarme en brazos esta vez.

Él sonrió ampliamente y lo besó en la cabeza mientras seguía su camino hacia las escaleras.

—Gracias, no quiero que pienses que te subestimo por ser medio humano.

—No me preocupa —dijo, dedicándole una maliciosa sonrisa—. Cuando entrenes conmigo, aprenderás por qué no debes hacerlo.

Sasuke soltó una risilla.

—¿Tu madre te enseñó a pelear? —preguntó, curioso.

—No, murió cuando era niño.

Volvió a detenerse, en el último escalón, y lo miró apesadumbrado.

—Lo siento.

—Pasó hace mucho tiempo, no pasa nada —le dijo Naruto con una sonrisa sincera, que, de repente, se convirtió en una expresión de alivio—. Además, gracias a ti, me he dado cuenta de algo de lo que siempre había dudado.

—¿Puedo preguntar qué es? —preguntó en un tono más bajo, intentando ser suave.

Naruto asintió.

—Mi padre abandonó su vida humana por mi madre. Aceptó nuestra existencia con facilidad y se fue con ella sin pensarlo dos veces. Siempre me preguntó si… Si alguna vez se arrepintió de hacerlo, al ver que llegaba su final —dicho esto, lo miró con una gran sonrisa—. Ahora me doy cuenta de que no lo hizo. De que nos quiso a mi madre y a mí hasta el último momento.

Sasuke sonrió y lo estrechó entre sus brazos con fuerza. Una parte de él deseaba saber si la muerte de sus padres tenía algo que ver con los rumores de Kurama, pero era consciente de que no era el mejor momento para hablar de ello.

Así que, al mirar de nuevo al frente cambió de tema.

—Por cierto, siento curiosidad por algo. Anoche no pude preguntarte.

—¿Qué es?

—¿Qué es exactamente esta especie de despacho?

La segunda planta de la cabaña de Naruto estaba dividida en dos partes: una estaba tapada por paredes de madera, su habitación y supuso que el cuarto de baño contiguo, al que se accedía por la puerta de su cuarto, probablemente. La otra estaba abierta, así que, anoche, nada más subir las escaleras, se encontró con lo que parecía ser el despacho de un guardia de máxima seguridad, ya que, en el rincón, tenía una larga mesa en forma de ele y, colgados en las paredes, seis monitores que se conectaban a al menos dos ordenadores grandes, habiendo uno pequeño en medio.

Naruto, al verlo, soltó una risilla.

—Sí, supongo que da un poco de miedo encontrarse con algo así. —Hizo una pequeña pausa al mismo tiempo que le pedía que lo bajara. Él obedeció—. Soy hacker. Como de niño no tenía clases de transformación, pude aprovechar el tiempo en otra cosa. Me gustaban los videojuegos, la idea era convertirme en programador, así que estudié informática. Una vez tuvimos un problema con la policía humana, uno de nuestros adolescentes que iba por primera vez a la ciudad se cabreó con otro chaval en una discoteca y, al golpearle, le salió un poco de pelo. Quedó grabado en las cámaras del local, que enviaron a la policía. Yo logré meterme en sus ordenadores y borrar las grabaciones. Desde entonces, me contratan algunas empresas en las que trabaja nuestra gente cuando hay algún problema de este tipo o necesitan otra cosa. Borro su rastro si hace falta o encuentro a alguien a quien buscan —dicho esto, señaló los monitores—. También me ocupo de la seguridad de nuestro territorio cuando no tengo encargos.

Sasuke alzó las cejas.

—Impresionante.

—Gracias —dijo su compañero antes de suspirar—. Me habría gustado ser al menos guardia en la manada, ya que nadie querría que fuera ejecutor, pero les preocupa que salga herido si entra un intruso. Por eso trabajo desde aquí.

Ese comentario le hizo fruncir el ceño.

—Cada vez me gusta menos tu manada.

Naruto se sobresaltó un poco y lo miró con los ojos bien abiertos.

—Oh, no pienses que me han acosado por ser mestizo, ni que me han maltratado ni nada de eso. Es verdad que a algunos no les gusta que el hermano del líder sea medio humano, creen que debilita al Primer Alfa porque no podría defenderme tan bien como un lobo puro… Pero la mayoría solo creen que soy demasiado frágil para hacer algunas cosas.

—¿Como emparejarte con un lobo puro? —preguntó Sasuke, cruzándose de brazos—. No me gustó oler tu miedo cuando creías que no me aparearía contigo.

Naruto bajó la vista.

—Ya, bueno. Tampoco me sorprende. Todos los Alfas se creen tan fuertes que podrían hacerme daño si tienen relaciones conmigo. No les gusta la idea de tener que controlarse durante el sexo, menos durante el celo.

Esta vez, Sasuke suavizó sus rasgos y se inclinó un poco para que pudieran mirarse de frente. Le sonrió con picardía.

—Pues no es como si yo me controlara mucho anoche —dijo, haciendo que Naruto se sonrojara, aunque le devolvió la sonrisa—, y soy un Alfa bastante grande. Será gracioso ver sus caras cuando se enteren de que te has apareado conmigo.

Naruto soltó una risilla y lo cogió de la mano, llevándolo a su habitación.

—No te negaré que voy a disfrutar con eso, será divertido. —Hizo una pausa mientras cruzaban su dormitorio para ir al cuarto de baño—. Pero lo primero es lo primero, un baño rápido, que me estoy muriendo de hambre —dicho esto, empezó a preparar la bañera, dejando que saliera el agua caliente y poniendo el tapón—. Por cierto, ¿qué te gusta comer?

Los ojos de Sasuke brillaron.

—¿Vas a cocinar para mí?

—Bueno, es mi casa, debería cocinar yo —nada más decir esto, su rostro se iluminó—. ¡Ya sé! Como ni hemos desayunado ni comido, ¿qué te parece si preparo un brunch?

Sasuke ladeó la cabeza.

—¿Es eso que hacéis los americanos entre el desayuno y la comida?

—Y entre la comida y la merienda también, así pruebas lo que te espera cuando vivamos juntos —dijo al mismo tiempo que comprobaba el agua. Al ver que la bañera empezaba a llenarse, se metió dentro y le hizo un gesto para que entrara con él.

Lo hizo y se quedó recostado en el extremo opuesto al de Naruto. Como era tan alto, sus pies tocaban la pared en la que se apoyaba su destinado, el cual, le acarició las piernas. Fue agradable.

—Hablando de eso —comentó. Se imaginaba la respuesta, pero tenía que preguntar de todos modos—. Voy a quedarme aquí hasta que pase la época de celo. ¿Te parecería bien que me trasladara a tu casa?

Su Omega sonrió ampliamente.

—Claro que sí. Ahora somos compañeros, mi casa es tuya —dicho esto, se quedó pensativo y cruzó los brazos sobre el pecho—. Supongo que también debería ir pensando en la mudanza, ¿no?

Sasuke alzó las cejas.

—¿Estarías dispuesto a vivir en mi manada?

Naruto se encogió de hombros.

—Eres el ejecutor principal de la tuya, te necesitan. Yo aquí no soy gran cosa… y puede que sea bueno para mí —comentó, frunciendo un poco el ceño—. Aquí siempre he sido el mestizo, siempre me mirarán como si fuera el debilucho de la manada, aunque no sea con mala intención. Estoy cansado de eso. Quiero una oportunidad para demostrar que soy algo más, y, a estas alturas, aquí no la tengo.

Sasuke estiró los brazos hacia él, deseando abrazarlo. A pesar de que Naruto parecía haberse resignado a cómo lo veían los demás, a él le partía el corazón. Puede que su compañero los comprendiera, o que perdonara su actitud, pero a él lo enervaba. No le gustaban esas personas, y, a decir verdad, era un alivio que su rubio quisiera irse a su manada. Los Uchiha eran una manada antigua bastante amplia, por lo que había más mestizos y humanos entre ellos, así que su pareja no sufriría rechazado ni sería menospreciada por ello. Era bastante probable que su fuerza fuera cuestionada por su pequeño tamaño, eso no lo negaba, pero dudaba de que nadie se negara a entrenar con él solo por eso. Naruto tendría su oportunidad de demostrar que era más fuerte de lo que todos podían pensar.

Este gateó hacia sus brazos y se acurrucó en su pecho. Sasuke le acarició la cabeza con cariño, humedeciendo su cabello.

—Todo irá bien, mi Omega. Todo el mundo querrá conocerte y tendrás cientos de ocasiones de demostrar lo que vales. Además —añadió, sonriendo—, tú y yo tenemos pendiente una sesión de entrenamiento. Sigo teniendo mucha curiosidad por verte pelear.

Los ojos de su compañero relucieron.

—Yo también. Espero que se te dé bien luchar con piel.

—No te voy a mentir, soy mejor peleando con pelaje —comentó al mismo tiempo que echaba agua sobre su cabello—. Paso mucho tiempo en forma animal y en el bosque, me gusta y me he acostumbrado bastante a ello. Creo que te dije que soy horrible con armas de fuego.

Naruto soltó una risilla, colocándose a horcajadas en su regazo y frotándole el pecho con el agua caliente. Eso le gustó, le parecía un gesto muy propio de parejas y, además, era algo que nunca había hecho con ningún Omega. Era cierto que se había duchado y bañado con sus amantes, pero con fines sexuales, nunca había lavado a ninguno de ellos. Hacerlo con su compañero le produjo una sensación de calidez muy agradable, se sintió mimado y cuidado por su pareja.

—Sí, será divertido enseñarte. No te preocupes por pelear mejor con pelaje, he oído que para la mayoría de los hombres lobo es más natural pelear transformado. Solo unos pocos son mejores con piel, Train, por ejemplo.

Sasuke alzó una ceja.

—¿Fue él quien te enseñó a pelear?

Naruto asintió, animado.

—Como Kurama se convirtió en el líder de la manada, tenía menos tiempo para mí de niño. Train cuidaba de mí y me entrenaba, me enseñó todo lo que sé. —Se le escapó una pequeña sonrisa al mencionarlo—. En realidad, él y Kurama prácticamente fueron mis padres en esa época.

Sasuke le acarició la mejilla.

—Los quieres mucho.

—Sí —afirmó antes de suspirar—. Los echaré de menos cuando me vaya.

Él lo abrazó con cariño.

—No te preocupes, vendremos a verlos siempre que podamos. Como soy el ejecutor principal, puede viajar más que mi hermano.

Naruto le sonrió y le acarició la nariz con la suya, un gesto de aprecio.

—Gracias. Y no te preocupes, estaré bien, me acabaré acostumbrando a no verlos todos los días —dijo antes de bajar la mirada—. Oye, sobre Kurama…

Sasuke negó con la cabeza.

—No necesito saberlo, de verdad.

—Pero…

—Eh —lo llamó, tomando su rostro entre sus manos—, tú le quieres. Eso significa que no es una mala persona. Si lo hizo, tendría sus motivos. Es lo único que necesito saber —dicho esto, lo besó en la frente y, esta vez, fue su turno de agachar los ojos—. Además, ni que fuera el primer Alfa en matar a un Omega. Yo también lo hice.

Naruto se sorprendió un poco, pero no tardó en mirarlo con inquietud y acariciarle el rostro.

—¿Quieres hablar de ello?

Sasuke se encogió de hombros.

—Todo el mundo lo sabe. O lo sabía. Fue hace treinta años, por eso tú no conoces la historia. —Hizo una pausa, pensando en cómo empezar. La verdad era que no le gustaba hablar de ese tema, pero, al mismo tiempo, era importante para él que Naruto conociera ese episodio de su vida, porque tenía mucho que ver con las inseguridades que lo habían atormentado acerca de tener un compañero. Él anoche le contó las suyas, y antes de aparearse. Merecía saber al menos a lo que se enfrentaba estando a su lado—. Me establecí con una Omega llamada Kagura. Era de una manada vecina, nos veíamos bastante y pasamos unos cuantos celos seguidos juntos. Era fuerte y un poco solitaria, como yo. Me gustaba y pensé que podíamos probar a tener una relación. Ella vino a mi manada y todo fue bien, al principio. —Mantuvo la vista baja, pensando en cuando empezó a fallar—. Luego me agobié. Ella quería estar todo el tiempo conmigo, ya estuviera solo o con mis amigos. Sentí… No sé, era como si de repente me hubiera robado mi espacio. Ella lo ocupaba todo en mi vida y eso empezó a causar discusiones. Kagura me acusó de que tal vez me había cansado de ella y que quería ver a otros Omegas, o que había empezado a buscar a mi compañero sin decirle nada. Causó un distanciamiento entre nosotros. Yo no quería romper la relación, sabía que era mi problema por mi forma de ser, pero tampoco me hicieron gracia sus acusaciones. —Suspiró—. Pero fue después cuando me enteré de lo peor.

—¿Qué pasó? —preguntó Naruto, que lo observaba con tristeza.

—Ella y yo llegamos a un consenso, acordamos que me daría mi espacio. Aunque eso no evitó que yo me diera cuenta de que se sentía desplazada. Intenté cambiar mi comportamiento, acostumbrarme a estar más con ella, pero no me servía de nada e iba a menudo al bosque a reflexionar o a pedir consejo a mi hermano y a mis amigos. Todos me decían lo mismo: que hasta las parejas más unidas necesitan tener tiempo para sus cosas, era algo que debían respetar ambas partes. A esas alturas, yo no sabía qué hacer, no estaba seguro de que fuera del todo cierto y que el problema era yo… Pero, un día que volvía de ver a mi hermano, me encontré con una de mis compañeras ejecutoras, Lucy. Me dijo que teníamos que hablar y fui a su casa, donde encontré a su pareja y una de mis amigas Omegas, Sakura, postrada en la cama, con la cara ensangrentada y varias costillas rotas. Me enteré entonces de que Kagura había estado siendo autoritaria con el resto de Omegas.

Naruto frunció el ceño.

—¿Autoritaria?

—Aprovechó su posición como pareja del hermano del líder para intimidar a los otros Omegas. Ella era fuerte, Naruto, una buena luchadora, y no dudaba en hacérselo ver a los demás. También había estado dándoles órdenes absurdas y metiéndose en decisiones que no le incumbían, como prohibir a algunos Omegas ir detrás de Alfas de mi manada y, en cambio, intentar que se enlazaran con otros de la suya. A Sakura, que es nuestra médico jefe, la instó a que cancelara un pedido de medicamentos importante para realizar operaciones. Normalmente no ocurre nada tan grave en nuestra manada, pero a ella le gusta estar preparada para las emergencias, especialmente porque hay humanos y mestizos y ya sabes que ellos son más propensos a las enfermedades que los lobos puros. Ella se negó varias veces, a pesar de las amenazas, y la apalizó.

—Gran Madre —susurró Naruto, horrorizado—, ¿por qué estaba haciendo todo eso? No tiene sentido.

El rostro de Sasuke se ensombreció.

—Porque todo era una trampa. Su manada quería empezar una guerra con la nuestra y enviaron a Kagura para hacer los preparativos. Lo de Sakura fue para aumentar el número de muertes al no tener medicamentos con los que recuperarnos en mitad de la batalla, y lo de los Omegas para asegurarse rehenes, así sus familias no querrían luchar a nuestro lado por miedo a que les pasara algo. Cuando me enfrenté a Kagura, ella intentó matarme.

—Sasuke… —Naruto lo abrazó con fuerza, incapaz de imaginar cómo se habría sentido su pareja al darse cuenta de toda la verdad—. Lo siento mucho.

Él le devolvió el abrazo, enterrando el rostro en su cuello.

—¿Sabes? Ella me amaba. Dijo que renunció a los planes de su manada por mí… Pero que, cuando las cosas empezaron a ir mal entre nosotros, supo que yo no llegaría a quererla, que no tardaría mucho en abandonarla por otro Omega. Dijo que, antes que eso, prefería matarme con sus propias manos.

Naruto lo estrechó contra sí.

—Si dijo eso, es porque no te amaba de verdad.

—Mi madre dijo lo mismo —admitió su Alfa, separándose un poco, aunque siguió manteniendo la cabeza gacha—. La maté delante de mi manada. Mi padre se ofreció a hacerlo en mi lugar, sabía que yo estaba sufriendo por su traición.

—Pero lo hiciste tú al final.

Él asintió.

—Tenía que hacerlo yo. Mi familia lidera nuestra manada desde los tiempos de los samuráis. Debía demostrar que era capaz de matar a quien fuera con tal de proteger a nuestra gente. Después de eso, fui ascendido a ejecutor principal —dicho esto, lo miró con inquietud—. También empecé a buscarte. No quería establecerme otra vez después de lo de Kagura ni tener más relaciones largas, sabía que, al final, acabaría dudando. Además, muchos Omegas fueron detrás de mí por mi posición, eso solo me generó más desconfianza… —Volvió a bajar la mirada—. También pensé mucho en cómo fui con Kagura, en que no la hice feliz. Hizo que me preguntara si… Si yo era apto para tener un compañero.

—Sasuke, no puedes pensar así —le dijo Naruto, acariciándole el cabello.

—Pero es verdad. Tú anoche me contaste tus inseguridades, no quisiste aparearte conmigo hasta que yo supiera algo que tú creías que era malo. Yo no hice lo mismo por ti. —Levantó la cabeza, mirándolo de nuevo—. No me arrepiento de haberme apareado contigo. Ayer fue el día más feliz de mi vida, por encontrarte y por ser bendecido con un compañero que superaba todas mis expectativas. Pero yo fui egoísta y no te conté que…

—¿Eres gruñón, antisocial y un poco distante? —le preguntó el rubio, sobresaltándolo. Este sonrió y pasó las manos por su rostro—. Sasuke, cada uno tiene su forma de ser, y no hay nadie perfecto. Dices que yo supero todas tus expectativas, pero la verdad es que soy impulsivo, cabezota y orgulloso. Habrá veces en las que me equivocaré al hacer las cosas y me empecinaré en que tengo la razón, y otras en las que actuaré sin pensar o diré cosas que no quiero decir en realidad porque estoy enfadado. Aun así, ¿sabes qué? —Le sonrió—. Lo nuestro funcionará. ¿Recuerdas cuando te dije que no podía entrar en celo y tú respondiste que te adaptarías a mis necesidades? —Sasuke asintió—. Pues esto es lo mismo. Yo me adaptaré a tu forma de ser, y tú a la mía. Aprenderemos con el tiempo, solo necesitamos conocernos mejor —dicho esto, su sonrisa se ensanchó—. Además, ya estamos apareados, no hay vuelta atrás.

Sasuke le sonrió y lo abrazó.

—Y doy gracias por ello —dicho esto, lo besó en la sien—. Te quiero, Naruto. —Al darse cuenta de lo que acababa de decir, se sonrojó y se apartó, mirándolo con las mejillas al rojo vivo. Vale que era su compañero y que el amor nacía naturalmente entre ellos, pero solo llevaban un día juntos y tal vez no fuera el momento más apropiado…—. O sea, quiero decir…

Sin pensárselo dos veces, Naruto lo interrumpió dándole un beso en los labios.

—Y yo a ti, Sasuke.

Él le devolvió el beso, feliz porque la Gran Madre le hubiera emparejado con Naruto. Era mucho más de lo que había esperado en su destinado, y, tras escuchar sus palabras, tenía la esperanza de que todo iría bien entre ellos. Solo necesitaban pasar más tiempo juntos y aprender el uno del otro. Y él, desde luego, estaba deseando empezar esa nueva vida con su Omega.

 

 

—¿Seguro que no quieres que te ayude? —le preguntó Sasuke.

Naruto le sonrió. Tras un largo baño en el que Sasuke le había hablado extensamente sobre su familia, su manada, y el pueblo en el que vivían en mitad de las Montañas Akaishi, ambos habían bajado a la cocina, donde le había propuesto que fuera a hablar con su hermano y su cuñada mientras él preparaba la comida. Sasuke se había ofrecido a ayudarle, pero él pensaba que era mejor tranquilizar primero a su familia y, así, de paso, aprovechaba para coger su ropa y ya trasladarse a su casa.

—Muy seguro. Me encanta verte desnudo, pero si te manchas con la comida, tendrás que lavarte otra vez. Además, no tengo ropa de tu talla aquí.

Sasuke, vestido como el día en que vino al mundo, se cruzó de brazos y frunció el ceño. Pese a que su Alfa era una mole de casi metro noventa con una espalda ancha, brazos musculosos y torso fuerte, no podía tomarlo en serio en esa pose y sin nada de ropa.

—Es nuestro primer día como compañeros, debería ayudarte en la cocina.

Naruto se rio y alzó una mano a modo de juramento.

—Juro por la Gran Madre no enfadarme. No creo que Kurama le haya dicho a tu hermano que te has apareado, dejará que le des tú la noticia, así que estará preguntándose qué te pasó anoche. Ve a verlo, dale la noticia y coge ropa. Así ya pasamos el resto del día juntos, sin interrupciones.

Sasuke dudó al escuchar la última propuesta, lo vio en sus ojos. Sonrió y presionó un poco más.

—Podemos tener una cita en casa. Comemos, vemos una peli y… lo que surja después.

Un destello apareció en los oscuros ojos de su Alfa.

—¿Me estás manipulando con sexo?

Naruto parpadeó.

—¿Con qué?

Su compañero sonrió y sacudió la cabeza.

—El primer día y ya estoy cediendo a tus exigencias.

—Eso es porque eres un buen compañero.

Finalmente, Sasuke relajó su postura y le dio un beso en la mejilla.

—No tardaré, lo prometo.

—Está bien, tardaré una media hora en prepararlo todo. No te preocupes.

Su pareja frotó su mejilla contra la suya un instante y después salió de la casa. Incluso desde la cocina, Naruto lo escuchó correr en forma de lobo, alejándose de la casa con rapidez. Sonrió. Tendría que usar la artimaña del sexo más a menudo.

Mientras tarareaba Shape of You, empezó a prepararlo todo: huevos rotos, beicon, salchichas y patatas. Agradeció que ayer hiciera el pastel de veinticuatro capas de chocolate, ya que le sobraba un montón y podía utilizarlo como la parte dulce del brunch… También podría darles a Kurama y a Train, dudaba de que entre Sasuke y él pudieran con todo y era una lástima que se desperdiciara.

Ahora que lo pensaba, debería hablar con su hermano. Ya pasaban de las dos y probablemente habría terminado la comida con los Uchiha.

Tras echar un vistazo rápido por el salón, encontró su móvil en la mesita frente a la televisión, y también vio la ropa y la manta que dejaron tirados anoche. Con una sonrisa, marcó el número de Kurama mientras recogía lo demás. Su hermano respondió al primer tono.

—¡Mira quién es! —exclamó en un tono tan alto que tuvo que apartar la oreja del teléfono—. Mi hermano recién apareado. Vaya… ¿Quién lo habría adivinado? —preguntó con retintín.

Naruto puso los ojos en blanco.

—Tú, Kurama.

—¡Sí! ¡Yo! ¡Yo y mi presentimiento! ¡Te lo dije!

—Eso es verdad —admitió, plegando en un momento la ropa y dejándola en el sofá para subirla luego.

—¿Cómo estás? ¿Cómo ha sido? Cuéntame todos los detalles, no te dejes nada —siguió su hermano.

—¿Es Naruto? —preguntó de lejos la voz de Train.

—¡Sí! ¡Va a contarme lo que pasó anoche!

—¿Hago palomitas?

—Ni se os ocurra —advirtió él, con las mejillas ardiendo—. No va a ser tan largo.

—¿Cómo que no? —replicó Kurama—. Me lo debes, ¡soy yo quien ha acertado!

—Tranquilo, Naruto, era una broma —dijo Train, que ya sonaba más cerca—. ¿Fue todo bien?

Esta vez, sonrió.

—Sí, estamos muy bien.

—¿Le contaste todo lo que te preocupaba? —preguntó Kurama.

—Sí, antes de aparearnos.

—Guau, pasaríais un mal rato.

—Un poco —admitió, guardando la manta en el baúl—. Pero para mí era importante. —Hizo una pequeña pausa—. Tú tenías razón, Train, dijo que se adaptaría a mí.

—Te lo dije —comentó con calma.

—A ver, aquí nos estamos saltando lo importante —interrumpió Kurama—. Primero, ¿cómo os conocisteis? Vi a Sasuke ir hacia el bosque, pero tú te ibas a quedar en casa. ¿Cambiaste de opinión y venías a la fiesta al final?

—No… Me escuchó cantar —respondió despacio.

—… Oh —musitó Kurama—. Ya veo… Interesante.

—Lo sé —sonrió. Su madre también conoció a su padre porque lo escuchó tocando la guitarra y cantando. Se sintió atraída por la música y así lo encontró.

—Los caminos de la Gran Madre son realmente curiosos.

—Y que lo digas.

—¿Hablasteis de algo más? —preguntó Train con cuidado. Naruto supo enseguida lo que quería saber.

—Ha oído los rumores de Kurama, como todos, pero no hemos hablado de ello. Sabe que tenemos una buena relación y con eso le basta. Cree que es buena persona.

—No me importa que sepa lo que pasó —comentó este. Pese a que no podía verlo, supo que se había encogido de hombros—. De hecho, tendrías que habérselo contado. Nunca viene mal que tu cuñado sepa lo que eres capaz de hacer por tu hermano pequeño.

—Supongo que tarde o temprano lo haré. Él me contó que mató a una Omega con la que se estableció…

—Ah, la puta de Kagura —gruñó Kurama—. Sí, un asunto feo. Menos mal que los Uchiha lo manejaron con elegancia.

Naruto frunció el ceño.

—Me habló de su relación, pero no me dijo cómo terminó la guerra entre sus manadas. Vi que era un tema que le afectaba y lo dejé pasar. Sé que ganaron los Uchiha, pero no cómo.

—Bueno, cuando la puta confesó, los ejecutores Uchiha planearon una emboscada contra su líder. Acudieron al lugar donde debían reunirse con Kagura y lo mataron a él y a sus seguidores. El resto de la manada no quería una guerra y firmaron la paz con los Uchiha. Ellos no tuvieron ninguna muerte. Fue una gran victoria y no se derramó sangre inocente. Todo muy noble, como cabía esperar de ellos.

—Eso es bueno —dijo el rubio, aliviado. Sasuke se habría sentido aún peor si hubiera muerto alguien, se habría echado la culpa por confiar en Kagura o algo parecido.

—Bueno, ¿y qué planes tenéis para hoy? —preguntó Kurama con alegría—. Supongo que pasaré unos días sin verte, querréis fortalecer vuestra unión.

—En realidad, me sobra un pastel enorme de chocolate y he pensado que podríais pasaros un momento para llevároslo. No creo que Sasuke y yo podamos con todo.

—Sí, sí, sí, sí —dijo Kurama con rapidez—. Así aprovecho y nos conocemos más íntimamente.

—He dicho un momento. Hola, coge el pastel y adiós.

—Yo me ocupo de que cumpla con eso —se ofreció Train.

—Gracias, Train.

—Oye, que soy capaz de hacerlo.

—Ya, pero de ti no me fío —replicó Naruto sin miramientos—. ¿Os pasáis después de cenar? Sasuke y yo necesitamos…

—Tiempo a solas —terminó Kurama—. Que sí, sabemos cómo funciona, y no te preocupes, me comportaré. Lo hago de vez en cuando.

—Gracias.

—De nada. Nos vemos luego, ¡y disfruta tu apareamiento!

Después de despedirse, regresó a la cocina y se puso manos a la obra. Tal y como había calculado, tardó una media hora en prepararlo todo; colocó los platos en la mesita del salón, entre el sofá y la tele, puso los cubiertos y sacó unos refrescos. Después, tapó la comida para mantenerla caliente hasta que Sasuke volviera.

Unos golpes sonaron en la puerta.

Vaya, justo a tiempo.

Fue trotando hasta esta y la abrió con una sonrisa, la cual, al ver quién estaba allí, murió al instante.

—Hola, Naruto.

—¿Ban?

¿Qué demonios hacía allí?


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