Sweet smell
El
bosque cantaba para él. La brisa nocturna mecía las ramas de los pinos,
emitiendo sonidos suaves de roces, dándole al río la voz cantante principal,
fuerte pero parsimoniosa. No era extraño escuchar el repiqueteo de las patas de
los roedores sobre las piedras o algún chillido ocasional, provocado sin duda
alguna por los búhos durante una caza exitosa, y cuyo vuelo sigiloso ni
siquiera él podía oír.
El
olor a musgo y a pino era el predominante, pero las ráfagas ligeras de viento
le traían el aroma de piceas, abedules y el más dulzón de los álamos. A veces,
le llegaba incluso el aroma de los abetos de las zonas más altas. También olía
el río y podía sentir su fría presencia desde su posición. El de los roedores
era abundante, y se mezclaba con los rastros de zorros, lobos y algún puma
ocasional. La brisa trajo consigo algún leve aroma a oso, pero venía de lejos y
tenía entendido que esos animales rara vez se acercaban al territorio de la
manada.
Era
una noche tranquila y silenciosa, lo que más le gustaba en días como ese.
—No
me puedo creer que lo hayas hecho.
Gruñó
al mismo tiempo que agachaba las orejas al escuchar la molesta voz de su primo.
Abrió
un ojo para verlo parado junto a un árbol, cogiendo ropa de una bolsa que había
atada al tronco junto a unas botas colgadas de la cuerda. Se puso un jersey,
pantalones abrigados y las botas para ir hacia donde estaba. Había cogido una
muda para él.
Le
gruñó otra vez, mostrando los dientes.
Sai
puso los ojos en blanco.
—Oh,
¡vamos! Así no podemos hablar —dicho esto, le tendió la ropa—. ¿Por favor?
Prometo dejarte en paz después.
Resopló
por el hocico, pero accedió. Se transformó en humano con un gruñido molesto,
aunque aceptó la ropa. Aún no caía la nieve, pero hacía bastante frío y solo le
faltaba pasar el celo estando enfermo.
Una
vez vestido, se sentó sobre la piedra en la que había estado tumbado cuando era
un lobo. Sai fue a su lado y le golpeó el costado en un gesto amistoso.
—No
te enfades, hombre.
—Deberías
estar vinculándote con tu compañero.
Sai
esbozó una amplia sonrisa.
—Eso
he estado haciendo toda la mañana y toda la tarde. Necesitaba un descanso y
bañarse, así que lo he dejado un momento para saber si los nuestros estaban
bien. —Hizo una pausa para poner los ojos en blanco—. Entonces, me he
encontrado con Kurogane y me ha dicho que te estabas escondiendo en el bosque.
—Yo
no me escondo —gruñó.
—Claro
que no. Por eso has estado evitando a todos los Omegas como si fueran la peste.
—Ninguno
es mi destinado —dijo, pasando la mano por el musgo de la roca como si fuera
mucho más interesante que la conversación.
Sai
dejó escapar un suspiro.
—Sasuke,
puedes pasar el celo con un Omega que no sea tu destinado. —Su primo le lanzó
una mirada asesina—. Quiero decir, es solo para pasar esta época del año. Es
una mierda sin tener pareja.
—No
me interesa —dijo Sasuke, tajante.
Sai
puso una mano sobre su hombro. Su expresión se había vuelto triste.
—Han
pasado doce años desde lo de Kaguya. Y no es como si fuera a volver a pasar
algo parecido. Sé que has descartado la idea de establecerte con ningún Omega.
Sasuke
siguió con la mirada clavada en el musgo. Aun así, suspiró.
—Lo
sé.
Su
primo le palmeó el hombro.
—Entonces
no te preocupes tanto, no creo que muerdas a un Omega por accidente.
Al
fin, Sasuke alzó los ojos para mirarlo. A primera vista, su rostro parecía
inmutable, pero Sai detectó cierta frustración en el modo que apretaba
ligeramente los labios.
—Se
me acercan por ser el ejecutor principal y hermano del futuro Primer Alfa de la
manada.
Sai
se encogió de hombros.
—A
ti y a todos nuestros ejecutores. Sabes que es un cargo atractivo para los de
fuera.
Sasuke
hizo una mueca.
—No
quiero pasar mi celo encerrado con alguien que solo está interesado en mi
posición y parentesco. Para follar está bien, pero, el resto… Sabes que tengo
un carácter difícil.
—Pasarás
la mayor parte del tiempo follando, primo.
Este
apartó la vista.
—Pero
se vuelve incómodo después. —Sacudió la cabeza y sus dedos se cerraron sobre el
musgo—. Me evitan cuando necesitamos descansar por el celo y yo no estoy a
gusto compartiendo mi espacio con ellos.
Sai
le dedicó una mirada triste.
—No
lo sabía. ¿Ha sido así últimamente?
—La
mayoría de los últimos años, sí —admitió, soltando el musgo y apoyando el
mentón sobre sus rodillas, que abrazó con ambos brazos.
El
otro Alfa pasó un brazo por sus hombros.
—Siento
escuchar eso. ¿No había nadie agradable que te llamara la atención?
—Los
únicos Omegas que han sido amables conmigo en esta manada ya tienen compañero.
Sai
hizo una mueca.
—Joder,
lo siento.
Sasuke
se encogió de hombros.
—Ahora
entiendo más a Kurogane. Creía que no se acercaba a los Omegas porque estaba
amargado, pero ahora veo el problema —dicho esto, miró a su primo—. ¿Sabes si
ha tenido alguna mala experiencia?
—¿Acaso
crees que la compartiría conmigo? —resopló Sai—. Si alguien sabe eso, tiene que
ser tu padre.
Sasuke
arrugó la nariz.
—Ahora
me siento mal por haberme metido con él por eso.
—Bueno,
tal vez podáis compartir vuestro espacio durante el celo. —Sasuke lo miró como
si se hubiera vuelto loco y Sai soltó una carcajada—. ¡Venga! Sería divertido.
Tú y Kurogane, dos Alfas dominantes, batiéndoos en un duelo territorial
ofuscados por la frustración sexual del celo.
Sasuke
le enseñó los dientes.
—Prefiero
morir. Yo seré el ejecutor principal, pero Kurogane es una jodida bestia. Ni de
coña.
—Yo
creo que la propuesta le parecería interesante —dijo sacudiendo los hombros del
otro lobo. Entonces, profundizó su tono de voz—. Oye, mocoso, esa hamburguesa
de alce era mía. La iba a usar para fines sexuales.
En
contra de su voluntad, Sasuke sonrió, aunque arrugó la nariz.
—Eso
es asqueroso, Sai.
Este
rio con ganas.
—Lleva
tropecientos años sin perseguir un Omega. La desesperación es terrible —dicho
esto, alzó los brazos mientras se encogía de hombros—. Por eso estoy aquí,
intentando evitar que cometas el mismo error y acabes mendigando hamburguesas.
Sasuke
sofocó una carcajada, pero Sai lo vio y le dio un golpe amistoso en el costado.
—Genial,
por tu culpa ahora creo que pasar el celo luchando con Kurogane no es tan malo
—maldijo Sasuke, haciendo reír a Sai.
—Lo
sé, soy un maldito genio —dicho esto, se levantó y puso los brazos en jarra—.
Oye, sea lo que sea lo que quieras hacer durante el celo, está bien. Pero al
menos ve a cenar con los nuestros. —De repente, se puso serio—. Me sentiré
realmente mal si me entero de que te pasas todo el tiempo aquí.
Sasuke
se puso en pie despacio.
—Sabes
que me gusta el bosque.
—Ya.
Si no fueras un lobo, creo que te habrías convertido en un ermitaño.
Sasuke
le lanzó una media sonrisa divertida.
—No
me tientes —dicho esto, suspiró—. Iré a cenar con los demás, no te preocupes
por mí. No quiero causarte problemas con tu compañero ahora que lo has
encontrado.
Sai
iba a abrir la boca cuando unos sonoros chapoteos llamaron su atención. Sasuke se
giró en dirección al río.
—¿Has
oído eso? —preguntó Sai.
Sasuke
frunció el ceño.
—Sonaba
muy grande para ser un pez.
—¿Una
pareja jugando en el río, tal vez? —Pese a su pregunta, no parecía muy
convencido.
Sasuke
se quitó el jersey con rapidez.
—Vamos
a averiguarlo.
Ambos
se transformaron y corrieron hacia el río. Este estaba a las afueras del
territorio de la manada de Sven, donde se encontraban, por lo que los guardias
que patrullaban las fronteras no se hallaban cerca. Sasuke y Sai temían que se
tratara de algún tipo de ataque por parte de otros cambiantes o incluso de otra
manada de hombres lobo. Habían escuchado que había una más arriba con la que no
tenían una buena relación debido a problemas territoriales en el pasado, aunque
ahora estaban en paz.
Al
llegar, tal como temían, no encontraron a una juguetona pareja adolescente que
se había alejado del territorio para darse un baño nocturno, ni vieron signos
de presencia alguna.
Los
dos se miraron un momento antes de que Sasuke olfateara ruidosamente. Sin
embargo, y como sospechaba, no detectó nada con el olfato. Si algo había venido
por el río, el agua había eliminado su rastro de forma temporal, y, si era un
enemigo, sería lo bastante inteligente para camuflar su olor restregándose
contra la tierra y la vegetación.
Por
eso, Sasuke y Sai se separaron para buscar huellas y rastros en la hierba y el
musgo de que alguien había pasado por allí.
Hubo
dos sorpresas.
La
primera, que no tardaron mucho en encontrar unas huellas.
La
segunda, que eran muy pequeñas. Demasiado para pertenecer a un adulto.
Sasuke
y su primo se miraron con los ojos muy abiertos, asustados. ¿Qué hacía un
cachorro solo a esas horas de la noche y fuera del territorio?
Sai
ladró y se separó corriendo de Sasuke, en busca de otros signos que le
confirmaran que el cachorro estaba realmente solo y que sus padres o hermanos
no habrían llegado a otro tramo del río.
Sasuke,
por otro lado, siguió las huellas con desesperación. El pequeño se había
arrastrado por el suelo desde el río hasta internarse en el bosque, vio las
marcas de sus dedos y de sus zapatos hundidas en el suelo y un claro rastro de
hierbas aplastadas por un cuerpo. Su preocupación incrementó al ver su tamaño;
el cachorro era muy pequeño, no debía de tener ni diez años. Si había salido
del río a esas horas y con esas temperaturas, estaría muy débil. Debía
encontrarlo cuanto antes y llevarlo corriendo a la manada para darle atención
médica.
Se
sintió afortunado de que su rastro fuera tan fácil de seguir y de que no
hubiera llegado muy lejos. Encontró las últimas señales de él debajo de una
frondosa picea cuyas ramas más bajas cubrían el suelo, incluyendo un hueco que
se había formado bajo las raíces.
Sasuke
arrancó tres ramas que le obstaculizaban el camino y ladró en el agujero,
olfateándolo. El rastro conducía hasta allí, pero no podía localizar al
cachorro con su hocico, eso lo ponía nervioso.
Un
jadeo muy débil hizo que alzara las orejas. Eso era todo lo que necesitaba.
Sin
pensarlo dos veces, empezó a escarbar como un loco. Ni de broma cabía ahí
dentro, incluso como humano era demasiado grande, así que no tenía otra que
usar sus garras tan rápido como fuera posible.
Cuando
lo hizo más grande, se detuvo una vez, se inclinó y metió la cabeza. Estaba tan
oscuro que no podía ver nada, pero ladró dos veces, esperando obtener
respuesta. Escuchó un pequeño gemido.
La
buena noticia era que el agujero no era muy profundo. Si escarbaba un poco más,
podría meterse y sacarlo.
La
mala era que, pese a que el olor del cachorro estaba camuflado por el río,
detectó un aroma agridulce.
Estaba
tan muerto de miedo que no podía ocultarlo.
Sus
músculos se tensaron por un instante, dejándolo paralizado, pero se recuperó
rápido y se alejó para poder seguir escarbando.
El
ruido de las ramas siendo sacudidas con violencia y dos ladridos hicieron que
alzara las orejas, sin embargo, no detuvo su tarea. Sai llegó solo, sin llevar
a nadie sobre su lomo o con la boca, por lo que supuso que el cachorro no
estaba acompañado o, en el peor de los casos, sus parientes estarían muertos en
el río o habrían ido demasiado abajo o más arriba. Fuera como fuera, tenía que
priorizarlo a él, ya en la manada pediría una búsqueda más concienzuda.
Sai
se unió a él con rapidez, comprendiendo la situación tras echar un vistazo
rápido a su alrededor. Entre los dos, hicieron un hoyo más profundo en un par
de minutos y Sasuke se transformó rápidamente otra vez para meterse dentro.
—Vamos,
cachorro, ven —pidió mientras se arrastraba.
Escuchó
otro gemido y el olor agridulce penetró en su nariz con tanta fuerza que la
arrugó. Aun así, no desistió.
—Por
favor, no tengas miedo. No voy a hacerte daño, estás a salvo conmigo.
Sus
dedos rozaron tela mojada. El cachorro ni siquiera hizo amago de apartarse, a
pesar del miedo. Temblaba tanto que probablemente no podía coordinar sus
movimientos.
Sasuke
maldijo en su fuero interno, su lobo lo arañó desde dentro, apremiándolo. El
pequeño estaba muy mal.
—Te
juro por la Gran Madre —lo intentó de nuevo, arrastrándose con fuerza,
cogiéndolo por un muslo. El pobre hizo un sonido que era una mezcla de gemido y
sollozo. Le partió el corazón— que jamás te haría daño. No sé lo que te ha
pasado, pero te prometo por la vida de mi manada que estás seguro conmigo,
estás bajo mi protección y la de los míos. Te juro que no te pasará nada malo y
que haré que vuelvas con tus padres, tienes mi palabra de ejecutor.
Entonces,
una manita gélida y temblorosa tocó la suya. Sus dedos presionaron contra él y
el olor agridulce remitió.
Sasuke
habría suspirado de alivio si no fuera porque el tiempo corría en su contra.
Con todo el cuidado del que era capaz, tiró del muslo del pequeño hacia él y lo
llevó al exterior tan rápido como pudo permitirse sin hacerle daño. Una vez lo
sacó del árbol, pudo verlo a la tenue luz de la luna.
Como
ejecutor, había visto cosas horribles, pero los cachorros siempre serían una
debilidad para cualquier lobo que tuviera un corazón. El pobre cachorro debía
de tener entre cinco y ocho años, su ropa mojada estaba adherida a su piel como
una dolorosa segunda piel que lo mantenía atrapado en la frialdad del río y
tenía la piel erizada. Estaba tan pálido que podría haberse hecho pasar por un
cadáver y sus dedos y labios estaban adquiriendo un ligero tono azulado muy
alarmante. Todo él temblaba y sus ojos claros estaban entrecerrados, mirándolo.
Sasuke
lo tomó en sus brazos y lo apretó contra sí. Siseó por el frío, pero, aun así,
lo estrechó con fuerza, esperando poder darle algo de calor. Sai había
desaparecido un instante, sabía por qué, pero le puso nervioso no poder
moverse; no creía poder transportar al cachorro sobre su lomo o con sus
dientes, era tan frágil y estaba tan débil que una mala caída si no era
cuidadoso podía ser fatal.
Escuchó
cómo el pequeño lo olfateaba durante unos momentos. Entonces, no supo cómo, se
las ingenió para apretar las manitas contra su pecho y enterrar la cara en el
hueco de su cuello.
Pese
a lo helado que estaba, apretó la mejilla contra su cabello empapado, esperando
que eso lo ayudara, ya fuera con calor o como consuelo.
Pero,
en ese instante, notó algo. Era algo que no debería notar, ya que el agua había
enmascarado su olor, sin embargo, solo él podría haberlo notado.
Y,
aunque el olor fue tan ligero como el roce de una pluma, fue suficiente. Su
lobo lo reconoció.
Su
destinado. El cachorro era su compañero.
El
impacto hizo que cada músculo de su cuerpo se tensara. En ese momento, no pudo
pensar en que su Omega solo era un niño, o todas las dificultades que podrían
tener en un futuro.
Su
destinado se estaba muriendo. Estaba muriendo en sus brazos.
Estaba
a punto de levantarse para salir corriendo cuando oyó a Sai. Al girarse, este
ya había saltado unos arbustos para quedarse a su lado y le lanzó parte de la
ropa que llevaba en el morro antes de convertirse en humano.
—Tú
vístete y yo lo cubro —le dijo con los brazos tendidos hacia él para que le
diera al cachorro.
En
otra situación, Sasuke no se lo habría entregado, pero sabía lo que tenía que
hacer para salvarlo, solo había una manera.
Mientras
le tendía al pequeño, le dijo en voz baja y todavía incrédula:
—Es
mi destinado.
El
cuerpo de Sai se sacudió por la sorpresa y alzó los ojos hacia él.
—¿Qué?
—Es
mi Omega —susurró con los ojos húmedos.
Sai
soltó una maldición ininteligible y le ladró:
—¡No
va a morir! ¿Me oyes? —Dejó al cachorro en el suelo y le arrancó la ropa húmeda
antes de coger una camiseta y secarlo tanto como pudo con ella—. ¡Vístete, ya!
¡Tu compañero te necesita!
Para
cuando Sai terminó de decir esas palabras, a Sasuke solo le faltaba ponerse una
sudadera. No es que se hubiera rendido con su destinado, no estaba al borde de
las lágrimas por eso, solo era la tensión, el sentir que tenía la cabeza
nublada por el miedo, la sensación de que esa situación podía superarlo y, por
culpa de ello, perderlo.
Jamás
se había sentido tan agradecido por tener a Sai a su lado. Sabía que él podía
manejarlo, solo tenía que seguirlo.
En
cuanto terminó de vestirse, se apresuró en ayudar a Sai a cubrir al cachorro.
Toda la ropa era grande, pero era mejor que nada. Dio gracias a quien hubiera
metido una camiseta de manga larga térmica, y luego le pusieron un jersey
encima y una sudadera. Todo cubría sus brazos y piernas, por lo que el cachorro
no podría moverse, aunque, de todos modos, los temblores tampoco se lo
permitían.
Sai
le entregó de nuevo al cachorro y Sasuke lo apretó contra sí con desesperación.
—Pediré
ayuda, pero no me detendré hasta llegar a la enfermería, ¿entendido? —Antes de
recibir ninguna respuesta, ya se había transformado y le ofrecía a Sasuke su
lomo.
Saltó
sobre él sin pensarlo y se aferró a su pelaje con una mano mientras que con el
otro brazo sujetaba a su destinado y lo apretaba contra su cuerpo para darle
calor y protegerlo de cualquier impacto fuerte durante la carrera.
Sai
voló por el bosque, saltando obstáculos con la gracilidad de una liebre y
pateando el suelo con la fuerza de un oso. Hacía mucho que no lo veía correr
así, pero agradeció que siguiera en buena forma.
—A…
Sasuke
se sobresaltó al escuchar la voz del cachorro. Inclinó la cabeza para poder
oírlo mejor.
—Te
tengo, pequeño. Vas a estar bien, aguanta —intentó que su voz sonara confiada,
pese a que por dentro estaba tan muerto de miedo que su propio olor se habría
vuelto agridulce.
—Al…
fa… —susurró con apenas un hilo de voz.
Sasuke
juró que su corazón se detuvo en ese instante. El cachorro era muy pequeño para
entender lo que eran el uno para el otro, pero, de algún modo, se sintió como
si lo hubiera reconocido.
Aparte
del miedo, no estaba seguro de qué emoción se trataba, pero, fuera cual fuera,
se le atoró en la garganta. Sin embargo, luchó por no dejarse llevar y se
concentró en la respiración del cachorro. Se había vuelto rápida y superficial,
pero aún respiraba. Su cuerpo temblaba de forma violenta, pero aún se movía.
Seguía
vivo y eso era lo único que importaba ahora.
De
repente, Sai aulló. Sasuke sintió un atisbo de esperanza al ver las luces
cálidas de las cabañas de la manada de Sven entre los árboles.
—Cachorro,
¿me oyes? —susurró en su oído—. Estamos en casa, vas a estar bien.
Antes
incluso de llegar al pueblo, Sasuke vio a Kurogane corriendo hacia ellos en
forma de lobo. Sus ojos rojos detectaron el bulto que tenía en el brazo y giró
rápidamente, abriéndole el camino a Sai y ahuyentando a todo el mundo entre
gruñidos bestiales que habrían hecho que hasta el mismísimo Diablo se cagara
encima del susto.
Cuando
llegaron a la enfermería, Sasuke se bajó de un salto y fue directo a las
puertas. Fuera, ya esperaban dos Omegas vestidos de enfermeros. Notó que Sai y
Kurogane iban tras él en forma humana, pero no les prestó atención.
—Necesita
ayuda —suplicó.
Ambos
Omegas se fijaron entonces en el cachorro y palidecieron. Uno de ellos corrió
hacia él mientras que el otro gritaba dentro del edificio que tenían una
urgencia.
Pero,
de repente, Kurogane rugió.
Sasuke
envolvió sus brazos alrededor del cachorro para protegerlo de la amenaza y
saltó hacia atrás. Sai ya estaba delante de él, cubriéndolo y asegurándose de
que nada llegara hasta ellos. Aun así, abrió los ojos como platos al ver que un
Alfa le plantaba cara a Kurogane. Los dos todavía estaban en forma humana, pero
el pelo les brotaba por toda la espalda y los brazos.
—¿Qué
mierda haces? —La voz de su ejecutor era tan profunda que no era humana.
El
Alfa señaló de repente al cachorro. Todos los instintos protectores de Sasuke
se activaron. No se transformó porque sostenía al pequeño, pero le brotó pelaje
hasta en las mejillas por la intensidad de la rabia.
—Ese
cachorro es de los Uzumaki.
—¿Y
qué? —soltó Sai, tan enfadado que también empezaba a salirle pelo por los
hombros—. No tenemos tiempo para tonterías, ¡necesita ayuda ya!
—¿Qué
está pasando?
Sasuke
se giró al reconocer la voz de Shin. Venía corriendo junto a otros miembros de
su manada y algunos de la Uchiha, ya que habían escuchado el aullido de Sai y
los gruñidos de Kurogane. Entre ellos, estaban Seishiro y Fuuma, otros dos de
sus ejecutores, que, al verlos amenazados, corrieron a tomar posiciones en los
flancos de Sasuke.
Sai
miró a su compañero de reojo, pero no se apartó de Sasuke ni dejó de vigilar su
alrededor.
—Hemos
encontrado a un cachorro que necesita ayuda médica —explicó con rapidez.
—¿Qué?
—Shin miró un instante el bulto de Sasuke y, luego, corrió hacia él—. ¡Yo me
ocupo!
El
Alfa que estaba frente a Kurogane aulló de rabia.
—¡Ni
se te ocurra, Shin! ¡Es un jodido Uzumaki!
Sai
le rugió de vuelta.
—¡No
amenaces a mi compañero!
—¡Me
da igual! —le gritó Shin al Alfa, llegando hasta Sasuke, que permitió que lo
examinara. Estaba tenso, pero sus facciones no revelaron alarma—. Está bien,
aún tenemos tiempo. ¡Vamos!
Sin
embargo, algunos miembros de la manada de Sven, en su gran mayoría Alfas,
empezaron a rodearlos.
—¿Qué
coño pasa aquí? —masculló Sai.
Sasuke
soltó un gruñido inhumano y cargado de rabia. Su compañero seguía temblando, su
respiración sonaba artificial y era más rápida que antes.
Pero
había tiempo. Confiaba en el compañero de Sai, ahora eran familia.
Pese
a que todo su cuerpo se revelaba, le entregó el cachorro a Shin con cuidado.
—Sai
—lo llamó con firmeza—, te confío su vida. —Su primo se sobresaltó y lo miró.
Sasuke arrugó la nariz y mostró los colmillos—. Ningún chucho de mierda llegará
hasta vosotros. Llevadlo a la enfermería y salvadlo por mí.
Los
ojos de Sai brillaron y se hizo a un lado para cederle su posición a Sasuke.
Este saltó hacia delante mientras que su primo tomaba a Shin y lo llevaba
corriendo a la enfermería. Un Alfa y un Beta que estaban cerca intentaron
cerrarles el paso, pero Sasuke derribó al Alfa colocándose encima y golpeando
su cabeza contra el suelo con tanta fuerza que lo dejó aturdido.
El
Beta, en cambio, se quedó paralizado cuando Fuuma apareció ante él con una
sonrisa que dejaba expuestos sus largos colmillos.
—¿Seguro
que quieres intentarlo? —le preguntó.
El
Beta retrocedió trastabillando.
Seishiro
y Kurogane se reposicionaron cerca de Sasuke. No fueron los únicos. Todos los
miembros de la manada Uchiha que habían llegado, Alfas que no eran ejecutores,
Betas e incluso los Omegas, se interpusieron entre la enfermería y la manada
anfitriona.
—¿Qué
mierda les pasa a estos lobos? —se preguntó Fuuma tras ahuyentar al Beta
mientras vigilaba su lado.
Sasuke
no tenía ni puta idea ni podía importarle menos.
Levantó
la voz lo suficiente como para que sus ejecutores lo oyeran:
—Escuchad,
ese cachorro es mi destinado.
Seishiro
y Fuuma lo miraron sorprendidos. Kurogane no se giró, pero vio cómo su cuerpo
temblaba ligeramente.
—Nada
vivo llegará hasta este edificio —declaró con voz potente.
—Joder,
cuenta conmigo —Sasuke reconoció la voz de Kiba. El Alfa no era ejecutor, pero
era un guardia de su manada y peleaba bastante bien—. Si es tuyo, es de los
nuestros.
—Y
aunque no lo fuera —declaró Shikamaru, un Beta. No era el mejor luchador, pero
apreció que, con lo perezoso que era, se hubiera unido a la pelea—, sigue
siendo un cachorro. Mierda, ni siquiera yo puedo mirar a otra parte.
Hubo
otras declaraciones y gruñidos de apoyo por parte de los miembros de su manada.
Sasuke lo agradeció. Sabía lo que significaba entrar en combate con otra
manada, más aún siendo los invitados. Inferioridad numérica, pocos ejecutores
de su lado. Defender la enfermería sería un maldito infierno si toda la manada
se ponía en su contra.
La
observó con atención. Los Omegas no parecían tener intención de participar, la
mayoría de ellos parecían asustados o arrugaban la nariz, como si no aprobaran
los actos de su propia manada. Casi todos los Betas se hicieron a un lado del
conflicto y parecían preocupados, pero hubo algunos que estaban muy enfadados y,
o bien animaban a los Alfas, o se habían unido a ellos en la refriega.
Los
Alfas eran harina de otro costal. Muchos estaban listos para pelear, aunque
unos pocos permanecieron al margen, visiblemente incómodos y murmurando entre
ellos.
—¿Dónde
está Sven? —preguntó Seishiro.
Sasuke
no lo sabía, pero, hasta que llegara, tenía que lidiar con la situación.
—Kurogane,
a mi lado —ordenó.
Sasuke
avanzó hasta su posición, confiando en que Kiba protegiera su flanco en su
lugar. Este lo hizo en completo silencio, atento y vigilante.
Kurogane
lo siguió hasta que estuvo al frente de sus anfitriones y futuros enemigos si
tenían los huevos necesarios para hacerle enfadar un poco más. Se sentía al
límite de su paciencia y estaba seguro de que todos podían paladear su ira en
el aire, pero se contuvo por el bien de su compañero.
Aunque
deseaba arrancarles la garganta uno a uno, lo primero era su Omega. Necesitaba
que estuviera a salvo y no lo estaría si aquello se convertía en una jodida
guerra.
Así
que inspiró hondo y dijo en voz alta y fuerte, aunque pausada para que todos lo
entendieran con claridad:
—El
cachorro es mi destinado —declaró, provocando exclamaciones de sorpresa entre
la multitud. Muchos de los Alfas que se habían adelantado para luchar
palidecieron—. Me importa una mierda de dónde sea o los problemas que tengáis
con su familia o su manada. Es mío y juro por la Gran Madre que, si muere aquí,
yo os destruiré, a todos y cada uno de vosotros, a vuestras familias, vuestra
manada y este puto pueblo —gruñó enseñando los dientes y dejando que su pelaje
se extendiera por su cuerpo, al borde de la transformación—. Podéis intentar
matarme si queréis, pero no viviríais mucho. Los Uchiha irán a por vosotros
después y borrarán cualquier rastro de vuestra existencia. Será como si nunca
hubierais nacido.
Su
discurso tuvo el efecto deseado. Los Alfas o bien retrocedieron o se detuvieron
para mirarse entre ellos, claramente inquietos. Aun así, Sasuke no bajó la
guardia. No se arriesgaría estando la vida de su destinado en juego.
Antes
de que los Alfas pudieran tomar una decisión, una voz fuerte se alzó entre
todos:
—Nadie
le pondrá una mano encima al cachorro.
Sasuke
se estremeció, refrenando su rabia al escuchar a Sven. Lo buscó con la mirada,
sintiéndose esperanzado al ver el modo rabioso en que clavaba los ojos en su
propia manada. Los Alfas y los pocos Betas que se habían unido relajaron su
postura, agachando la cabeza, aunque hubo algunos que fruncieron el ceño. Su
lenguaje corporal no mostraba agresividad ni indicios de desafío, pero tampoco
parecían contentos.
—Pero,
Alfa, el cachorro es… —dijo el que había confrontado a Kurogane.
—Un
Uzumaki, eso he oído —gruñó Sven caminando directamente hacia ellos—. En esta
manada no dejamos morir a los cachorros, vengan de donde vengan. ¿He sido
claro? —preguntó en un tono más alto, deteniéndose en seco y girándose hacia
sus lobos.
Todos
agacharon la cabeza. Incluso los Alfas que no parecían contentos acabaron
obedeciendo.
Sasuke
buscó a Kurogane con el rabillo del ojo. Había retraído su pelaje y se había
erguido, por lo que no presentía una amenaza inmediata.
Él
imitó su gesto, pero no fue capaz de relajarse del todo. Casi todo su pelaje
desapareció, aunque pudo notar que el de su espalda se resistía a esconderse de
nuevo.
Cuando
Sven llegó hasta él, sus facciones ya no mostraban la rabia de antes, al
contrario, parecía apenado.
—Lamento
mucho esta situación. Disculpa a mi gente.
Sasuke
gruñó:
—Mi
destinado está siendo atendido por algunos de los tuyos. Lo dejaré pasar si no
vuelven a interponerse.
Sven
asintió y les hizo un gesto a su manada para que se dispersara, no queriendo
que los Uchiha se sintieran amenazados en modo alguno. Su gente se fue, pero el
resto permanecieron. Shikamaru ya estaba organizando a los suyos para hacer
turnos y cocinar la cena mientras que el resto se quedaría en el edificio por
si el compañero de Sasuke necesitaba cualquier cosa y podían ayudar de algún
modo.
De
repente, Kurogane se situó tras este y posó una mano sobre su hombro.
—Ve
con tu cachorro —le dijo en un tono bajo y más suave del habitual—. Yo me ocupo
de los nuestros en tu ausencia. Preocúpate solo por él.
Sasuke
lo miró con el corazón en un puño. En sus ojos escarlata, aparte de su dureza
habitual, vio un atisbo de comprensión y de alguna emoción más cálida que no
supo cómo definir.
Se
giró hacia él y le dio un apretón en el brazo antes de dar media vuelta,
dirigiéndose a la enfermería seguido de Sven. Nada más entrar, vio a Sai, ya
totalmente vestido, que tensó un instante todo su cuerpo antes de relajarse.
—¿Todo
bien?
Sasuke
hizo un brusco asentimiento.
—¿Y
mi Omega? —preguntó con un nudo en la garganta.
Sai
lo cogió por los hombros con fuerza.
—Está
en segunda fase de hipotermia, pero no pinta mal, primo —le dijo antes de que a
Sasuke le fallaran las piernas. Sai lo apretó más fuerte—. Tienen una sala
preparada para casos como el suyo. Le han puesto una manta y la calefacción
está a tope. Debería mejorar en un rato.
Sasuke
dejó escapar el aire de sus pulmones, aliviado hasta tal punto que se tambaleó
un poco sobre sus propios pies. Sai y Sven lo ayudaron a sostenerse.
—Gracias.
De verdad.
Sai
esbozó una diminuta sonrisa.
—Ni
se te ocurra. Somos familia. Ese pequeñajo también.
El
golpe de una puerta los sobresaltó. Sasuke se irguió nada más ver a Shin. Tenía
clavados sus ojos en él.
—¿Todo
bajo control ahí fuera? —preguntó.
Sven
respondió por él:
—No
te preocupes por eso. ¿Va todo bien?
Sin
responder, les hizo un gesto para que lo siguieran y dio media vuelta,
caminando rápido. Los tres lo siguieron sin vacilar.
—¿Qué
le pasa? —preguntó Sasuke mientras pasaban las habitaciones.
Shin
sacudió la cabeza.
—Sin
cambios. Solo queremos usar todo lo que tengamos a mano para ayudarlo a
mejorar.
—¿Qué
necesitas? —preguntó Sai.
El
Omega abrió una puerta y les hizo un gesto para que entraran.
—Rápido,
no quiero que se vaya nada del calor.
Sasuke
casi se abalanzó sobre la puerta. Sus ojos se clavaron de inmediato en la
pequeña figura envuelta en una manta en mitad de una camilla. Todavía temblaba
y tenía la respiración agitada, pero se sintió mejor al darse cuenta de que ya
no era superficial.
—Cachorro
—lo llamó sin ser apenas consciente, sentándose a su lado para tocar su frente.
Seguía frío, pero estaba seguro de que su temperatura había ascendido un par de
grados. Se estremeció de alivio y miró a Shin y a los dos Omegas que estaban en
la sala, vigilando al cachorro—. Muchas gracias.
Shin
se colocó al otro lado de la cama.
—Abrázalo,
que note tu aroma —ordenó.
Sasuke
obedeció sin pensarlo dos veces mientras que el Omega arremolinaba bien la
manta alrededor del cachorro para que no se destapara con el movimiento. Sasuke
lo puso en su regazo y lo acunó contra su pecho.
—¿Esto
lo ayudará? —preguntó.
—Queremos
darle todo el calor pasivo posible —explicó antes de señalarlo con un dedo—. No
frotes su piel, eso lo empeorará. Su cuerpo debe calentarse por sí mismo, un
cambio de temperatura drástico sería fatal para él ahora. —Miró la sala como si
comprobara que todo estaba en orden—. Le hemos secado a fondo y cambiado la
ropa. La que le pusisteis ya estaba un poco húmeda. Entre esta sala y la manta
debería mejorar, pero pensamos que el calor y el olor de su compañero lo
ayudarían.
Sai
frunció el ceño.
—¿El
cachorro lo sabe? No estoy al día sobre cómo va el tema en estos casos, pero estoy
bastante seguro de que hasta que no llegamos a la pubertad no nos damos cuenta.
Uno
de los Omegas que estaba en la habitación, comprobando la temperatura de la
calefacción, sacudió la cabeza.
—No
entiende que es su destinado, pero el vínculo está ahí de todos modos —dicho
esto, sonrió, mirando a Sasuke—. ¿Lo ves? Ya lo está buscando a pesar de que no
lo conoce.
Sasuke
se sorprendió cuando sintió cómo su naricita se movía en su dirección. Pese a
que tenía los ojos cerrados, sabía que estaba despierto. Su cabeza, apoyada en
su pecho, se frotó contra él, como si buscara de forma inconsciente el calor de
su cuerpo.
El
Alfa lo agarró un poco mejor con un solo brazo y acarició su cabello rubio con
la mano libre.
—Hola,
cachorro.
Lentamente,
el pequeño alzó la cabeza, revelando unos cansados pero bonitos ojitos azules.
No parecían capaces de enfocarse del todo en él.
—¿Alfa?
—Su voz también sonaba un poco mejor. Gracias a la Gran Madre.
—Estoy
aquí —susurró Sasuke, inclinándose para frotar su nariz con la suya—. Lo estás
haciendo muy bien.
El
pequeño emitió un ruido suave y tembloroso, como si fuera un intento de ronroneo.
Luego, inclinó la cabeza y la enterró en su pecho. Sasuke escuchó cómo aspiraba
su olor y soltaba un suspiro entrecortado.
Su
animal interior se sintió feliz porque su aroma pudiera reconfortarlo. Lo
apretó contra sí y frotó su mejilla en su pelo.
—Vas
a estar bien.
Entonces,
el pequeño se sobresaltó y volvió a mirarlo. Esta vez, tenía los ojos llenos de
lágrimas.
—Alfa…
—jadeó, intentando hablar a pesar de los temblores—. Mi mamá… y papá… Por
favor… Ayuda…
Sasuke
sacudió la cabeza, sorprendido.
—¿Qué?
¿Están en peligro? ¿Dónde?
El
cachorro intentó explicarse, pero entre los temblores y los sollozos, no pudo
expresarse. Al final, solo pudieron entender lo siguiente:
—Busca…
mi hermano…
El
Alfa buscó con la mirada a Sven, que tenía los ojos como platos. Sasuke gruñó
con fuerza.
—Espero
que tu manada no esté metida en esto, Sven.
Él
retrocedió un paso y levantó las manos.
—Mi
manada y los Uzumaki tenemos un tratado de paz. No nos llevamos bien, pero de
ninguna manera provocaría una guerra con ellos, y menos ahora.
—¿Por
qué? —preguntó Sai, que se había quedado junto a su compañero.
Sven
hizo una mueca.
—Este
Omega es el segundo hijo de Kushina, la Primera Alfa. Es poderosa, nos puso en
jaque a mí y a otras manadas cuando quiso instalarse aquí. —Miró al cachorro
con cierta inquietud—. Pero tiene otro hijo, su primogénito. Es una verdadera
bestia.
—¿Más
que Kurogane? —preguntó Sai con las cejas alzadas.
Sven
se balanceó sobre sus pies, dudando.
—Sinceramente,
no sabría por quién de los dos apostar —dicho esto, suspiró—. Mi manada no es
la más fuerte de Alaska, pero tampoco es débil y, aun así, de ninguna manera
quiero una guerra contra esos dos Alfas.
—¿Dónde
está su manada? —preguntó Sasuke sin andarse por las ramas.
—Río
arriba, al otro lado de la orilla. Son los primeros que verás —dicho esto,
frunció el ceño—. ¿Piensas ir?
Él
arrugó la nariz.
—¿Debo
preocuparme porque tu manada le haga daño a mi compañero mientras no estoy?
Sven
lo miró con gravedad, a punto de enseñar los colmillos.
—Mi
relación con Kushina es tensa, no lo niego —dijo antes de mirar al cachorro.
Sus facciones se suavizaron y sus ojos se ablandaron—, pero el cachorro no es
culpable. Jamás le haría daño. Y mataré a cualquiera de mi manada que se atreva
a ponerle una zarpa encima.
—¿Tus
ejecutores son leales? —le preguntó Sai. Tenía los hombros tensos.
Sven
asintió con brusquedad.
—Leales
y con honor. Morirán antes que permitir que el cachorro sufra daño alguno.
—Miró tanto a Sasuke como a Sai—. Tenéis mi palabra.
Sasuke
cogió aire despacio. Quería creer en Sven, pero, hasta hace media hora, había
confiado en su manada para ayudar a su destinado y habían sido atacados.
—Confiad
en Sven —dijo Shin de repente. Había cogido a Sai de la mano y miraba a Sasuke
con decisión—. Ninguno de nuestros ejecutores es un desalmado.
—¿Dónde
estaban cuando nos atacaron? —preguntó Sasuke, mordaz.
—Cinco
están apareados y pasando el tiempo con sus compañeros —dijo Sven—, a los otros
tres que tenía libres los envié a diferentes zonas para liderar las guardias en
las fronteras en una última comprobación antes de que empiece el celo, por si
alguien se siente tentado a atacarnos. Los otros dos han ido al lago que hay
abajo a varios kilómetros. —Hizo una mueca—. Nuestros jóvenes más rebeldes van
allí a cortejar a sus parejas y a veces se pasan de la raya luchando entre
ellos. Los he enviado a supervisar.
Sasuke
cerró los ojos un instante antes de observar a su compañero. Tenía los párpados
cerrados ahora, pero se apretaba contra él pese a que temblaba.
—Primo
—le dijo Sai con suavidad—, sé lo que te pide tu instinto, pero son sus padres.
—Al oír eso, Sasuke alzó la vista. Los ojos de su primo eran tristes—. Aunque
sea tuyo, es un cachorro. Necesita a su familia.
Inspiró
hondo otra vez y dejó escapar el aire despacio. Después, se giró hacia Shin.
—Por
favor, cuídalo por mí.
Shin
estiró los brazos para coger al cachorro.
—Con
mi vida —dijo con firmeza—. Tienes mi palabra.
Sasuke
apretó un momento a su pequeño compañero y le susurró:
—Voy
a por tus padres y tu hermano. Aguanta por mí, ¿vale?
Cuando
el Omega hizo un tembloroso asentimiento, lo besó en la cabeza y se lo entregó
a Shin. Uno de los enfermeros lo ayudó de inmediato a acomodar la manta a su
alrededor de forma correcta.
Sasuke,
por otro lado, se irguió en toda su altura y le lanzó una dura mirada a Sven.
—Llama
a tus ejecutores apareados. Confiaré en ti, Sven —dijo despacio, para que no se
le escapara ni una sola palabra—, pero quiero que sepas que lo que he dicho
antes es en serio. Uno de los tuyos le hace daño y arraso este lugar.
Sven
asintió y giró sobre sí mismo.
—Estoy
con las llamadas.
Conforme
con eso, Sasuke intercambió una mirada con Sai. Este, sabiendo lo que iba a
pasar, le dio un beso rápido a su pareja y fue tras él.
—Vamos
con los nuestros, ¿no?
—No
tenemos muchos ejecutores aquí —gruñó Sasuke—, así que los necesito a los tres.
Por eso recelaba de dejar a mi cachorro solo. Los nuestros saben luchar, pero
no tan bien como nosotros.
—Pero
si vamos a por sus padres sin nuestros ejecutores, estaremos jodidos también
—maldijo Sai antes de suspirar—. Entiendo tu dilema. Pero confío en Sven, y,
sobre todo, en mi Shin.
Sasuke
asintió. Él confiaba también en el Omega, y en los otros dos que estaban con
él. Pese a que habían reconocido a su compañero, no habían dudado en ir a
salvarlo.
Al
salir del edificio, todos los miembros de su manada allí reunidos se
levantaron. Kurogane, Seishiro y Fuuma se acercaron al instante.
—¿Cómo
está? —preguntó este último. Parecía el más acongojado de los tres.
—Está
resistiendo —dijo Sasuke en voz baja.
—¿Hay
algo que podamos hacer? —preguntó Seishiro con una voz más suave que la
habitual.
Él
clavó los ojos en los tres.
—Necesito
vuestra ayuda.
Kurogane
cruzó los brazos a la altura del pecho.
—Solo
dilo, mocoso.
—La
familia de mi compañero está en peligro —explicó. Fuuma y Seishiro se tensaron,
mientras que Kurogane solo arrugó la nariz y entrecerró los ojos—. No tengo ni
idea de lo que pasa realmente, el pobre apenas puede hablar, pero me ha rogado
que los salve. No puedo ignorarlo.
—¿Y
qué pasa con su protección? —preguntó Fuuma.
Sasuke
dios dos pasos a un lado y gritó:
—¡Kiba!
En
tres segundos, el Alfa ya estaba parado a su lado. Por su cara, parecía más que
listo para patearle el culo a quien fuera.
Bien,
justo lo que necesitaba.
—¿Qué
pasa? ¿El cachorro está bien? ¿Qué necesitas?
—Aguanta
por ahora —dicho esto, se acercó a su oído y bajó la voz—. Algo les ha pasado a
sus padres y debo ocuparme. Sven dice que se encargará de la protección de mi
compañero. Creo que es de fiar, pero sigo intranquilo. Me sentiría mejor si los
nuestros permanecen cerca, ¿me entiendes?
Kiba
se separó con un brillo en los ojos.
—Perfectamente
—respondió, poniendo una mano en su hombro—. Ve tranquilo. Lo cuidaré como si
fuera de mi propia camada. —Echó un vistazo hacia el resto de los lobos Uchiha
que aún estaban allí, mirándolo acongojados, a la espera de buenas noticias—.
Todos lo haremos.
Sasuke
le dio un apretón en el brazo, profundamente agradecido y conmovido. Kiba le
dijo que no se preocupara por nada y que él le explicaría la situación a su
manada, que fuera a hacer lo que tenía que hacer. Después de eso, Sasuke empezó
a correr hacia el bosque mientras se quitaba la ropa, seguido de cerca por Sai,
Fuuma, Seishiro y Kurogane.
No
tenía ni idea de a lo que iban a enfrentarse, pero había jurado por la Gran
Madre que llevaría a su cachorro con sus padres y, entre sus ejecutores, lobos
experimentados y de su total confianza, su primo, sangre de su sangre, y la
rabia que hervía dentro de él, estaba convencido de que no había nada que
pudiera impedirle cumplir su promesa.

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