Sweet... Not anymore

 


Sasuke le dedicó una sonrisa de disculpa a su hermano cuando le abrió la puerta de su habitación. Antes de pasar por el hostal, había ido a buscar la ropa que dejó anoche en el árbol y recuperado su teléfono móvil para avisarle de que estaba bien y que se dirigía hacia allí.

—Siento no haberte llamado —se disculpó.

Itachi le respondió con un gruñido malhumorado y se hizo a un lado, invitándolo a pasar. Nada más hacerlo, se encontró con Izumi estirada sobre la cama, con un libro entre las manos y vestida con unos vaqueros y un jersey de cuello alto morado. Ella le sonrió.

—Tranquilo, nos imaginábamos que estabas bien, pero nos pareció raro que no estuvieras en tu habitación cuando quedaba una hora para comer con Kurama Uzumaki y sus ejecutores.

—Dijo que había una muy buena razón —añadió Itachi, cruzándose de brazos—, pero pasar la noche con un Omega no me lo parece —dijo, rascándose la nariz—. ¿Qué eres? ¿Un adolescente?

Sasuke abrió la boca para replicar, pero Izumi se le adelantó.

—Ay, Itachi, déjalo. El pobre lleva tiempo sin encontrar a nadie que le interese, deja que se desfogue una noche. Además, al Alfa no pareció molestarle su ausencia.

Intentó intervenir para explicar el aroma de Naruto en su cuerpo, pero, de nuevo, Itachi habló antes.

—Claro que no, si Sasuke decide establecerse con uno de sus Omegas, será una alianza política muy beneficiosa para él.

—En realidad… —empezó. Bueno, de nuevo, lo intentó.

—A mí no me ha parecido un Alfa muy interesado en la política —admitió Izumi, pensativa—, sino más bien de los de la vieja usanza. Si me jodes, te muerdo y esas cosas.

—No te dejes engañar, es más listo de lo que quiere aparentar.

—¡¿Me queréis dejar hablar?! —preguntó en voz alta.

Itachi e Izumi se giraron a mirarlo. El primero suspiró y la Omega se sentó con las piernas cruzadas.

—Claro, Sasuke, dinos.

—Gracias —resopló, alzando un instante las cejas—. Resulta que sí vamos a tener una alianza política con Kurama.

Los dos se quedaron con la boca abierta. Literalmente.

—¡¿Qué?! —exclamó su hermano.

—Sí que estabas necesitado… —musitó Izumi con mala cara.

Sasuke la miró con el ceño fruncido.

—No se trata de eso.

—Sasuke, espera —le pidió Itachi, poniendo una mano en su hombro y la otra en su pecho, como si quisiera detenerlo físicamente—. Si esto tiene que ver con que no encuentras a tu destinado, no te precipites. Sé que han pasado tres décadas y que estás preparado para sentar cabeza pero piénsalo bien, solo conoces a ese Omega desde anoche y no creo que…

Viendo que ninguno de los dos parecía haber captado la indirecta, puso los ojos en blanco y tiró del cuello de su jersey, dejando a la vista la marca del sol anaranjado que llevaba en el hueco del cuello.

De repente, Itachi dejó de hablar e Izumi se llevó las manos a la boca. Sasuke sonrió.

—¿Qué? ¿No me felicitáis?

Su hermano abrió la boca, como queriendo decir algo, pero se quedó en blanco. Su compañera, por otro lado, pareció acabar de asimilar la información y lanzó un grito, abalanzándose sobre él para abrazarlo con fuerza.

—¡Aaaah! ¡No me lo puedo creer! ¡Estás apareado! —chilló, dándole un beso en la mejilla para, justo después, olfatearle el cuello—. ¡Déjame olerlo! —pidió, enterrando la nariz en su piel y aspirando el aroma de Naruto—. Mmm… Huele a lilas y a frutos silvestres… Me dan ganas de comérmelo.

Sasuke rio por lo bajo. Sabía que a su cuñada le encantaría.

—Y más que vas a querer.

Izumi parpadeó.

—¿Cómo? ¿Por qué?

—Es mestizo. Es pequeño como un Omega humano.

… A decir verdad, le dio un poco de miedo el modo en que sus ojos relucieron.

—¿Me estás diciendo que tengo por cuñado un lobito chiquitín y achuchable? —dijo con un tono de voz cada vez más agudo.

—Creo que si te digo que sí, me quitarás a mi compañero —nada más decir eso, su lobo se revolvió en su interior con un gruñido—. Es mío —declaró con firmeza.

—Tranquilo, hermano, nadie tiene intención de quitártelo —le dijo Itachi, ahora sí, con una gran sonrisa, antes de tirar de él para abrazarlo—. Mi más sincera enhorabuena.

—Gracias —respondió Sasuke, devolviéndole el gesto con fuerza, feliz de poder darle al fin esa noticia—. Te va a encantar, Itachi —dijo cuando se separaron—. No vino a por mí sabiendo que era el ejecutor principal, ni siquiera sabía quién era yo.

—Oh, ¿cómo es eso? —preguntó Izumi, gratamente sorprendida.

—No iba a asistir a la fiesta de anoche y estuvo en casa todo el día. Lo encontré cuando me dirigía al bosque. Lo escuché cantando —admitió con una tierna sonrisa.

—Gran Madre, Itachi, ¿estoy sintiendo un halo de calidez proveniente de tu hermano? —preguntó Izumi con las manos en las mejillas y los ojos brillantes—. No sé si podré soportar tanto amor…

Itachi se rio entre dientes.

—Tuvo que gustarte mucho como para evitar que fueras al bosque.

—Era hermoso —suspiró—. Cantó para mí.

—No, olvídalo, no puedo —dijo Izumi, llevando una mano teatralmente a su frente y dejándose caer en la cama—. Muero de amor…

—¿Vas a estar burlándote de mí mucho rato? —preguntó Sasuke, lanzándole una mirada de pocos amigos.

Izumi se sentó de nuevo de un salto y le dedicó una sonrisa maliciosa.

—Yo y todo el mundo, cuñado. No es habitual verte tan relajado y… enamorado.

Sasuke se cruzó de brazos.

—No me importa lo que digan de mí, pero ni se os ocurra hacerlo delante de Naruto.

—Con que ese es su nombre —comentó Izumi, sonriendo—. Me gusta, es bonito.

Sin embargo, Itachi frunció el ceño.

—¿Ocurre algo malo, Sasuke? Te has puesto tenso.

Él hizo una mueca.

—Naruto es sensible respecto a su condición de mestizo. No quiero que piense que os burláis de mí porque me he apareado con un medio humano.

Esta vez, Izumi se puso seria.

—¿Qué hay de malo en eso? Vale que hubo una época en la que estábamos enfrentados con los humanos y era un problema aparearse con uno, pero ha llovido mucho desde entonces.

—Parece que no puede transformarse ni tampoco entra en celo. No me lo ha dicho directamente, pero creo que ha tenido problemas en su manada por ello. Le consideran débil.

—¿Débil? —repitió Izumi, levantando las cejas.

Itachi cruzó los brazos a la altura del pecho.

—Es verdad que los humanos normales no podrían hacer frente a uno de los nuestros, pero un militar bien entrenado es harina de otro costal. Por eso nos escondemos, no queremos a los ejércitos humanos invadiendo nuestros pueblos.

—En esta manada parece que no piensan igual, pero aún no estoy seguro de por qué —admitió Sasuke, rascándose la nuca—. Naruto insiste en que no lo hacen con mala intención, sin embargo, eso no evita que esa actitud le haga daño. Anoche no nos apareamos de inmediato porque estaba muerto de miedo.

—¿Cómo que muerto de miedo? —preguntó Izumi con los ojos como platos.

—Pensaba que iba a rechazarlo por no ser un lobo puro —respondió con un gruñido—. No sé todavía lo que le ha pasado aquí, pero no quiero que tenga una mala experiencia en nuestra manada.

—Por supuesto que no —declaró Itachi con el ceño fruncido—. Hablaremos con nuestros padres sobre ello. No creo que haya problemas con nuestra gente, pero podemos comentarlo por si se nos ocurre un modo de que tu compañero esté más a gusto con nosotros.

—No les digáis nada todavía —pidió—. Quiero contárselo yo, cuando acabe la época de celo. Que entre eso y los cachorros…

—Y que mamá es capaz de llamarte todos los días para preguntarte por tu compañero… —añadió Itachi con una sonrisa.

Sasuke se la devolvió.

—Sí, eso también.

—Bien —dijo Izumi, poniéndose en pie y curvando los labios hacia arriba—, ahora que lo tenemos claro, ¿cuándo conoceré a mi cuñado?

 

 

Naruto cerró la puerta de su casa tras él y tensó los músculos de su cuerpo, listos para alejar a Ban de su territorio si era necesario. Sabía que era irracional, pero tampoco podía evitarlo. Durante los primeros días de apareamiento era normal que los Omegas se sintieran recelosos en presencia de otros Alfas que no fueran su compañero, su familia o, en última instancia, otro Alfa apareado. Era una reacción natural que evitaba que, incluso consumidos por la lujuria del apareamiento, ni el Alfa ni el Omega destinados pudieran tener relaciones con un tercero que tratara de aprovecharse de la situación. En ese tiempo, se sentían más territoriales y agresivos respecto al sexo opuesto. Por lo tanto, Naruto estaba deseoso de echar a Ban de allí.

Este olfateó en su dirección y frunció el ceño.

—¿Huelo a un Alfa en ti? —Se inclinó un poco para olerlo de más de cerca—. ¿Es uno de los Uchiha? No conozco su aroma.

Naruto gruñó profundamente y, colocando la mano en forma de garra, lo golpeó en el pecho.

—¡Au!

—No tan cerca —le advirtió Naruto, enseñando los dientes—. Y el olor del Alfa no es asunto tuyo.

Ban se frotó el pecho.

—No hace falta ser violentos, y solo era curiosidad.

—El que debería tener curiosidad soy yo, ¿a qué has venido?

El Alfa hizo una mueca y apartó la vista mientras se rascaba la cabeza.

—Eh… Me fijé en que anoche… no viniste a la fiesta.

Naruto estrechó los ojos.

—Sí, ¿y qué?

—Pues que… Aaaah —suspiró, exasperado—, me supo mal, joder. No quiero que dejes de ir por mi culpa.

—¿Perdón? —masculló, parpadeando—. ¿Crees que eso tiene algo que ver contigo? Han pasado ocho malditos años, Ban, te envié a la mierda hace mucho tiempo.

—Lo sé, lo sé —se apresuró a decir, alzando las manos—. No quiero decir que no me hayas superado, me lo dejaste bastante claro. Pero… No puedo evitar pensar que… No fuiste porque has decidido dejar de intentar tener una relación o algo así.

Naruto se llevó la mano a la frente.

—No me puedo creer que estemos teniendo esta conversación.

—Me preocupo por ti, y no soy el único. Muchos nos dimos cuenta de que no fuiste y todo el mundo sabe que… Bueno, ya sabes.

—Que en cuanto un Alfa se entera de que no puedo entrar en celo sale huyendo, sí, lo sé —replicó él con brusquedad—. Mira, no es asunto tuyo ni de nadie. Si decidí no ir por el motivo que sea, es cosa mía. No tienes que venir a decirme tus inquietudes respecto a mi vida sexual, de hecho, tú eres el menos indicado para hacerlo.

Ban frunció el ceño.

—Tendrías que haber aceptado a los mestizos y humanos que fueron a ti.

—Ninguno me llamó la atención, y, además, odio a la gente que piensa que por ser mestizo debería estar con otro como yo, o con un humano. Debería poder estar con quien quisiera sin importar mi sangre.

—Claro que puedes, es solo que sería más fácil para ti si…

—¡Mierda, Ban, ya lo sé! —gritó, enfurecido—. ¡Soy muy consciente de que no entro en celo y que a los Alfas os jode que su pareja no esté igual de caliente! ¡No necesito que me lo recuerdes cada dos por tres, joder!

El Alfa agachó la cabeza.

—Lo siento. Lo siento mucho. No quería…

—¿Qué está pasando aquí?

Los dos se sobresaltaron al escuchar esa voz grave y profunda que exudaba peligro en cada sílaba. Naruto se sintió un poco mejor al ver a Sasuke, vestido con un jersey de cuello vuelto negro, unos pantalones de pana de color marrón oscuro y unas botas. En el hombro izquierdo llevaba colgada una bolsa de deporte.

Ban se apresuró a inclinar la cabeza. Era evidente que sabía quién era y la posición que ocupaba en el clan.

—Nada, Alfa, una discusión tonta.

Sasuke ni le dedicó una mirada, fue directo hacia Naruto, subiendo las escaleras del porche y dejando tirada la bolsa sobre el piso de madera para tocarle un hombro.

—¿Estás bien?

Él le sonrió y colocó su mano sobre la suya, acariciando su dorso para tranquilizarlo.

—Sí, no tiene importancia.

Sin embargo, Ban se fijó en ese gesto y, en ese instante, se dio cuenta de que el olor a Alfa que había percibido antes en Naruto pertenecía a Sasuke. Cuando, además, echó un vistazo rápido a la bolsa de Sasuke, empezó a hilar cabos y abrió los ojos como platos.

—¡¿Te estás viendo con él?! —casi chilló.

Naruto le respondió con un gruñido.

—No es de tu incumbencia.

—Joder, Naruto, es el doble de grande que tú —masculló sin pensar.

Sasuke también soltó un gruñido.

—¿Y qué problema hay?

Ban se encogió y se sonrojó.

—Bueno, es que… En fin, Naruto es muy pequeño.

—Sigo sin ver dónde está el problema —replicó el Alfa, cruzándose de brazos.

El otro hombre tragó saliva.

—No quiero meterme donde no me llaman…

—Entonces cállate —le advirtió el rubio.

Sin embargo, Ban continuó hablando.

—Naruto es mestizo y no es tan resistente como nosotros. Podrías… Es decir, no creo que tu intención sea hacerle daño, pero podrías herirlo sin querer, sobre todo ahora que viene la época de celo…

—Discrepo —interrumpió Sasuke, guiñándole un ojo a Naruto—, anoche fue perfectamente capaz de aguantarme.

Al ver que el Omega sonreía y se sonrojaba un poco, Ban se sobresaltó.

—¡¿Ya te lo has tirado?!

Al instante, Naruto le plantó cara.

—¡Y dale! ¡No es de tu puta incumbencia!

—Lo es si puede herirte, ¿le has dicho ya lo de tu celo?

A esas alturas, el Omega se estaba planteando seriamente si darle una patada en el culo y echarlo de su casa sin dar más explicaciones, porque la parte de intentar ser razonable y hablar las cosas no parecía estar funcionando. Afortunadamente para el imbécil de Bankotsu, Sasuke intervino con cara de pocos amigos.

—Lo de su celo, que no puede transformarse y que es un mestizo. ¿Tienes algún problema con todo eso?

Bankotsu frunció el ceño por primera vez.

—Lo tengo, ya que no pareces ser consciente de su situación.

Al escuchar esa palabra, Naruto tensó todos y cada uno de los músculos de su cuerpo.

—¿Mi situación? —preguntó muy despacio y asesinándolo con la mirada. O intentándolo, al menos, ya que presentía que iba a desear hacerlo en breve—. ¿Qué quieres decir con MI situación?

El hombre le frunció el ceño.

—Ya deberías saberlo. Un Alfa en celo puede ser agresivo si no recibe las atenciones que necesita. Tú no entras en celo y eres demasiado pequeño para defenderte de uno, ¡podría hacerte mucho daño! —añadió, señalando a Sasuke.

Hacerle daño. Su compañero. Su Alfa haciéndole daño.

Apretando los labios y, esta vez, sin pensárselo dos veces, saltó y le dio una patada alta a Bankotsu, golpeándolo en el pecho con tal fuerza que lo tiró del porche. Acabó cayendo de espaldas en la nieve con una mueca de dolor y tocándose la zona entre los dos pectorales. Sin embargo, Naruto, en absoluto satisfecho, sino más bien refulgiendo de ira, bajó los escalones y se dirigió hacia su víctima.

—¡LARGO DE AQUÍ! —rugió.

Bankotsu, al verlo venir, retrocedió rápidamente, intentando ponerse en pie.

—Naruto, escúchame…

—¡No! ¡Ya estoy harto de tus gilipolleces! ¡Fuera o te juro que te demostraré el daño que puedo hacerle YO a un Alfa!

El hombre se levantó y siguió retrocediendo con las manos en alto.

—Mierda, Naruto, entiendo que te sientes solo pero no puedes…

—¡No! ¡Eres tú el que no entiende nada! —gritó, parándose en seco y apartando el cuello de su camiseta para dejar a la vista su marca de apareamiento—. ¡Sasuke es mi compañero! ¡Es la última persona que me haría daño!

—Joder… —se le escapó a Bankotsu. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para asimilarlo, porque Naruto volvió a avanzar hacia él con una cara de mala leche que lo obligó a replantearse su situación y, esta vez, sabiamente, optó por huir.

El Omega permitió que lo hiciera. No le ayudó a enfirar su malhumor, pero sabía que perseguirlo para darle una paliza no tenía sentido. Por muy fuerte que fuera, si Bankotsu adoptaba su forma animal, no lo alcanzaría nunca.

Resignado a aplacar su rabia de otra forma, dio media vuelta y regresó al porche, donde Sasuke lo esperaba una ceja levantada.

—Buena patada.

Naruto se detuvo a mitad de las escaleras, sorprendido por el repentino halago. Lo cierto es que eso sí ayudó a apaciguarlo.

—Gracias.

Sasuke le sonrió y le ofreció la mano, que aceptó sin pensar. Subió los dos peldaños que los separaban y se acurrucó en su pecho mientras lo abrazaba. Su aroma lo tranquilizó.

—Admito que no esperaba que lo golpearas, pero me ha gustado.

Naruto no pudo evitar soltar una risilla.

—Me alegro de que al menos tú lo estuvieras disfrutando.

Entonces, su Alfa se separó y le levantó el mentón para mirarlo. Sus ojos mostraban inquietud.

—¿Estás bien?

Él suspiró.

—Sí. Es un imbécil, eso es todo.

—¿Puedo preguntar qué ha pasado exactamente o prefieres no hablar de ello?

Naruto se encogió de hombros, quitándole importancia.

—No es tan importante. Ese al que acabas de conocer es Bankotsu, mi ex.

El brusco gruñido que soltó Sasuke lo pilló un poco por sorpresa, al igual que el pelaje que acababa de brotar de sus mejillas y el cuello.

—¿Quería volver contigo? —preguntó con la voz enronquecida por la rabia y una mirada peligrosa en sus negros ojos.

El rubio se apresuró en frotarle el pecho para calmarlo.

—No, no tenía nada que ver con eso. Estuvimos juntos hace ocho años y la cosa no acabó bien. No te preocupes, nadie quiere separarme de ti.

Al escuchar esas palabras, Sasuke retrajo su pelaje y relajó un poco su postura, aunque seguía un poco tenso.

—Bien. Entonces no mataré a nadie hoy.

Naruto sonrió un poco.

—Es bueno saberlo —dicho esto, tiró de él hacia la puerta de casa—. Ven, hace poco que he terminado de hacer la comida.

Sasuke le siguió tras recoger la bolsa de la entrada. Una vez dentro, lo ayudó a llevar los platos a rebosar de huevos, beicon, salchichas y patatas a la mesita del comedor.

—Con que ocho años, ¿eh? —aventuró, todavía molesto por su presencia en casa de Naruto. Sabía que era irracional sentir celos, pero acababa de aparearse y la mera presencia de otro Alfa cerca de su compañero hacía que su animal se sintiera territorial y posesivo. La idea de que su Omega pudiera estar en el punto de mira de otro Alfa lo enfurecía.

Su pareja gruñó.

—Sí, tenía dieciséis, fue el primer año en el que se suponía que iba a entrar en celo —dicho esto, se quedó un momento callado y lo miró con cautela—. Tal vez no deberíamos hablar de esto ahora.

—No me enfadaré —prometió Sasuke, poniéndose serio—. Eres mi destinado, nada de lo que sintieras por ese Alfa puede compararse a lo que tenemos nosotros. Además —añadió con una media sonrisa de suficiencia—, yo siempre seré el único Alfa con el que has estado.

Naruto le sonrió.

—Eso es verdad —dijo antes de servirse en su plato salchichas y patatas. Durante esos momentos, pareció meditar la mejor forma de hablarle de su ex, ya que su sonrisa desapareció y frunció un poco el ceño—. Él fue el primer Alfa en fijarse en mí, a pesar de ser pequeño y mestizo. Supongo que por eso creí enamorarme de él —soltó una carcajada amarga—. Lo cierto es que cuando todo terminó la ruptura no fue lo que más me dolió. Supongo que estaba harto de ser el único que no podía tener una vida normal, todos a mi alrededor ya estaban experimentando sus primeras relaciones y yo estaba solo, de nuevo, por ser mestizo. No podía ir a correr ni a entrenar con ellos cuando se transformaban, y en ese momento parecía que tampoco iba a poder estar con un lobo. Bankotsu fue el único que aceptó estar conmigo y yo, como un idiota, me conformé con eso.

Sasuke apartó sus manos de la comida y se las cogió con delicadeza.

—Todos hemos sido adolescentes y hemos hecho tonterías, pero es normal que las hagamos. No sabemos lo que queremos de una relación ni cómo comportarnos en una. —Le acarició el rostro con cariño—. No te mortifiques por eso.

Naruto le dedicó una sonrisa agradecida y le besó en la palma de la mano.

—Gracias. —Hizo una pequeña pausa antes de continuar—. El caso es que queríamos que nuestra primera vez fuera durante el celo. En resumidas cuentas, este llegó… pero a mí no me afectó —dicho esto, bajó la mirada—. Bankotsu no quiso tomarme a menos que lo tuviera, le costaba controlarse y tenía miedo de ser demasiado agresivo y hacerme daño. Yo intenté persuadirlo, pero él se negó. —Otra pausa en la que dejó escapar un suspiro—. El tercer día no lo encontré en la cabaña al despertarme y seguí su rastro. Había ido en busca de otra loba que se había ofrecido a pasar el celo con él antes de que empezara la época. Los encontré en plena acción.

—Gilipollas —gruñó Sasuke.

—Lo fue, pero tenía razón en una cosa; todos estos años, sin excepción, cuando un Alfa se entera de que no entro en celo, pierde interés en mí. No sé si es porque tienen miedo de ponerse demasiado agresivos conmigo o porque no les pone que un Omega no se vuelva tan loco como ellos, o ambas cosas —añadió con la cabeza gacha.

Sasuke tiró de él para colocarlo en su regazo y abrazarlo.

—La verdad es que la época de celo es el peor momento para buscar una relación, Naruto. Nadie está buscando a alguien con quien poder intentar algo serio, sino aliviar una necesidad. Para los Alfas es más duro porque el celo nos vuelve agresivos, por eso el famoso dicho: “Si no puedes follar, puedes pelear”. Los adolescentes son todavía peores porque no saben controlarse.

Naruto se acurrucó en su pecho.

—Soy consciente, pero no me gustaba nadie de mi manada aparte de Bankotsu, y, de todas formas, todos huían de mí. Solo hubo algún Beta que se me acercó, pero no me sentí atraído por ninguno. Así que mi única opción era buscar fuera de la manada.

—Y solo vienen Alfas cuando empieza la época de celo —continuó Sasuke, suspirando—. Entiendo. Lo siento por ti.

—Gracias, pero eso no fue lo peor.

Al Alfa no le gustó nada cómo sonó eso.

—¿No? —preguntó en un tono bajo, apretándolo contra sí.

Naruto enterró su rostro en su cuello.

—No. Tres años más tarde, vino la parte humillante.

—¿Tengo que matar a alguien?

—No, ya me hice cargo yo, pero no me sentí mejor después.

—Cuéntame.

—La chica con la que Bankotsu me engañó, Karin, no me soporta. —Sasuke frunció el ceño. El nombre le resultaba familiar, pero lo olvidó cuando Naruto prosiguió—. Es de las que creen que soy una debilidad para mi hermano por ser mestizo.

—Si te soy sincero, no acabo de entender muy bien eso —intervino. No veía por qué creían que un mestizo, o al menos Naruto en concreto, no podría defenderse bien.

El rubio se removió, incómodo.

—Tiene… que ver con la muerte de mis padres.

—Está bien —dijo Sasuke, consciente de que no era el momento de hablar de eso—. Continúa.

—Ella les contaba a todos los Alfas que venían que yo no podía entrar en celo. Hasta que, un día, uno se me acercó y se ofreció a salir conmigo para esa época. Yo acepté… —se detuvo de repente, con el cuerpo tenso.

Sasuke lo besó en la cabeza y le frotó la espalda.

—No pasa nada. Sea lo que sea lo que te hizo, morirá por ello.

La amenaza, curiosamente, pareció relajarlo. Le habría resultado un poco gracioso de no ser porque sabía que su compañero no estaba pasando un buen momento contándole aquello.

—Básicamente, fue una jugarreta de Karin. Ese Alfa y yo hicimos algunas cosas, pero, cuando llegó el momento del celo, él se fue con ella. —Tragó saliva y apartó la cabeza para mirarlo a los ojos. Había dolor en sus bonitos irises azules—. ¿Sabes qué fue lo que dijo? Que un mestizo que no entra en celo está bien para un par de mamadas, pero no para follar.

El pelaje estalló en la cara de Sasuke, así como sus colmillos crecieron y sus garras salieron. Tuvo que apartar un poco los dedos de la piel de Naruto para evitar clavárselas.

—Está muerto —juró con la voz rasgada, prácticamente inhumana.

Su Omega le frotó el pecho, aunque suspiró.

—La cosa no acaba ahí.

Sasuke gruñó con fuerza.

—Si seguimos así, acabaré transformándome.

—Quizá no debería hablar de esto —comentó su compañero.

—No. Termina, por favor. Quiero entender por qué estabas tan asustado cuando me encontraste. Quiero saber qué demonios le pasa a esta manada para haberte tratado como lo ha hecho.

Naruto se mordió el labio inferior y bajó la mirada.

—Yo le desafié a un combate por haberme utilizado e insultado. Kurama lo permitió. Yo estaba furioso, pero también creía que era mi oportunidad para que todos vieran que, aunque fuera pequeño y mestizo, no era ningún debilucho. ¿Y qué pasó? —Sus hombros cayeron—. Que ni siquiera se defendió. Se negó a devolverme los golpes. Yo lo apalicé, me aseguré de que no pudiera pasar el celo de otra forma que no fuera postrado en una cama, pero, al final, no me sirvió de nada. Al dejarse golpear dejó claro que ni siquiera me consideraba una amenaza seria. No obtuve ninguna satisfacción de ese combate, solo realzar mi figura como el eslabón más débil de la manada.

Sasuke retrajo su pelaje, contemplando a su pareja muy serio. Ahora lo entendía, comprendía todos los miedos que tuvo Naruto cuando lo vio y supo quién era.

No le extrañaba que tuviera tantas inseguridades… pero, con él, eran innecesarias. Él no era ningún imbécil que se dejaba engañar por el tamaño, la sangre o algo tan nimio como no entrar en celo. A él no le faltaban ninguna de las cosas de las que carecía Naruto, pero no por ello no había dudado de su capacidad para tener un compañero, a pesar de tener todos los requisitos para ser un buen partido.

Todos teníamos nuestros defectos… y su compañero, por desgracia, se había centrado en lo menos importante.

Pero para eso estaba él, para ayudarle a superar lo que lo acongojara. Era lo que hacían los buenos compañeros. Así que lo estrechó con fuerza contra sí y acercó los labios a su oído.

—Ahora ya no tienes que preocuparte por nada. Yo creo en ti, en tu fuerza y ferocidad, me lo has demostrado con ese ex imbécil tuyo. —Su Omega hizo un ruido con la garganta, como si estuviera conteniendo la risa—. Que no entres en celo no es para tanto, no soy un adolescente incapaz de pensar por tenerla dura. —Esta vez, Naruto soltó una carcajada sincera, haciéndole sonreír—. Además, que no puedas cambiar no es ningún problema. Podrías ir subido a mi lomo.

Al escucharlo, el rubio se separó y lo miró con los ojos como platos.

—¡¿Qué?!

—Piénsalo. Podríamos cazar e ir a correr juntos. Bueno, yo correría, pero seguro que sería divertido para ti, como montar a caballo, ¿no?

Naruto seguía mirándolo como si estuviera loco por siquiera sugerirlo.

—¡Eres el ejecutor principal! ¡No puedes llevarme en tu espalda!, ¡quedarías en ridículo!

Sasuke negó con la cabeza y tomó su rostro entre sus manos.

—Deja de pensar eso. Eres mi compañero, a nadie le va a sorprender que quiera llevarte conmigo a todas partes. Nadie va a poner en duda mi posición porque estés en mi espalda, o seas mestizo, o por cualquier otra cosa. Saben lo que he hecho para conseguir esa posición, lo que hice no es algo que se olvide con tanta facilidad y todos son conscientes de lo ilusionado que estaba por tener un compañero —declaró con firmeza antes de sonreírle—. Así que olvida cómo te ven en esta manada. Olvida todas las razones por las que crees que vas a ser rechazado o menospreciado. Conmigo, empiezas de cero. ¿Te parece bien?

Naruto tenía los ojos brillantes cuando asintió. El dolor parecía haber desaparecido en ellos, siendo sustituido por lo que él creyó que era una mezcla entre agradecimiento, esperanza e ilusión.

—Me parece perfecto.

—Bien —dicho esto, le dio un beso en los labios y lo acomodó entre sus brazos—. Ahora, ¿qué te parece si comemos? No puedo permitir que se enfríe la comida que has hecho para mí.

Naruto lo besó con cariño en la mejilla y se inclinó para coger su plato y ofrecerle un trozo de beicon. Ambos comieron con tranquilidad, haciéndose preguntas acerca de sus gustos, entre los cuales el rubio descubrió que a Sasuke no le gustaba el dulce, lo que, en parte, lo alegró, porque significaba más comida para él, comentario que hizo gracia al Alfa. Sin embargo, le tuvo que confesar que tendría que invitar a Kurama y Train al postre de la cena para que se llevaran una tarta enorme de chocolate que había hecho. Sasuke, al saber que tendrían compañía y que su hermano e Izumi estaban deseando conocer a Naruto, propuso llamarlos también para que se pasaran y cogieran un trozo, creyendo que solo se quedarían unos minutos…

 

 

Sasuke le lanzó una mirada de pocos amigos a Kurama, que, a su vez, le dedicó una sonrisa burlona.

Por supuesto, ni el hermano de Naruto ni el suyo propio habían sido capaces de refrenarse y, en cambio, se habían quedado a tomar el postre con ellos… que se había alargado más de lo que la pareja creía. El rubio pensaba que Train lo ayudaría con Kurama, pero, en cambio, parecía decidido a “medir” a Sasuke. Y, entre eso, que Izumi estaba muy entusiasmada con él y que Itachi era incapaz de decirle que no a su compañera, llevaban ya alrededor de media hora hablando. Gran parte de la conversación había girado en torno al parentesco de Kurama y Naruto; tanto Itachi como Izumi no tenían ni idea de que Kurama tuviera un hermano y, como Sasuke, se habían quedado confundidos al ver que el pelirrojo olía totalmente a lobo puro y, Naruto, en cambio, era mestizo, así que estos le habían contado la historia e Itachi, por supuesto, no había querido preguntar nada acerca de los rumores de Kurama asesinando a su padre Omega. Tanto él como Sasuke se hacían una idea de por dónde iban los tiros y no era una discusión agradable.

—De modo que, básicamente, habéis ejercido de padres de Naruto —comentó Izumi mientras ladeaba la cabeza—. ¿Lo sentisteis como si fuera vuestro propio cachorro o como es hermano de Kurama es diferente?

El pelirrojo señaló a su compañero.

—Para mí era mi hermano pequeño, pero creo que Train sí estuvo un poco paternal.

Este se encogió de hombros.

—Yo me quedé huérfano bastante joven y no tuve la mejor figura paternal. Me crie con el Primer Alfa de la manada y no tenía mucho tiempo para mí. No quería que Naruto viviera como yo —dijo, mirándolo con cariño, como si en realidad fuera el rubio quien le hubiera hecho un gran favor y no al revés. Train no era muy expresivo, pero cuando daba señales de emoción, su atractivo se realzaba. Además, a los Uchiha se les hizo tierna la forma en que Naruto se acercó al otro Omega para frotar su mejilla contra la suya, gesto que Train correspondió con un ronroneo. A todos les recordó a la actitud propia de un padre afectuoso con su cachorro.

A Sasuke, en especial, le alegró saber que, pese a que Naruto parecía haber vivido con cierta soledad por la discriminación (no malintencionada, pero discriminación al fin y al cabo) de la manada, sí tenía personas que lo querían de verdad y que creían en él, en su fuerza. Después de todo, Train lo había entrenado y, por el modo en que los ejecutores de los Uzumaki se dirigían a él, sospechaba que le tenían casi tanto pavor como a Kurama.

Este dejó escapar un suspiro y, por primera vez desde que había liado a todo el mundo para quedarse un rato con la pareja, dejó de sonreír.

—Te echaremos de menos cuando te vayas. Este lugar no será lo mismo sin ti.

Naruto lo miró con tristeza y algo más que Sasuke no pudo identificar. Fuera lo que fuera, el Omega fue a abrazar a su hermano, que, al estar sentado, apoyó la cabeza en su pecho y le rodeó la cintura con los brazos. El rubio le acarició el cabello con una sonrisa que no le llegó a los ojos.

—Somos familia, siempre tendrás un lugar a mi lado —tras decir esto, la alegría, esta vez, sí inundó sus irises—. Además, ahora que Train y tú no tenéis que estar preocupados por mí, podréis formar vuestra propia familia.

Kurama parpadeó, como si no hubiera pensado en ello, y miró a su Omega, que se sonrojó.

—La verdad es que tal vez vaya siendo hora —sonrió el Alfa—. ¿Tú qué crees, Train?

Este, para sorpresa de todos, balbuceó algo que no llegaron a entender pero, antes de que pudieran pedirle que lo repitiera, la puerta de la cabaña se abrió de un portazo, sobresaltándolos a todos. La tensión fue palpable en el ambiente cuando vieron a una mujer Omega pelirroja que apestaba a rabia y que iba directa hacia ellos. Naruto, que era quien estaba de pie, se apartó de su hermano con un gruñido de advertencia y se enfrentó a ella.

—Karin, no puedes entrar así en mi casa —dijo, sacando las garras en un acto instintivo de pura territorialidad.

Ella hizo lo mismo.

—¿Es verdad lo que dicen? ¿Que te has apareado con Sasuke Uchiha?

Naruto se detuvo y puso los ojos en blanco.

—Bankotsu habla demasiado.

Karin rugió y se abalanzó sobre él. El rubio reaccionó con rapidez y se agachó al mismo tiempo que se hacía a un lado y, al instante siguiente, golpeó su costado, tirándola al suelo con facilidad. No dudó en enseñarle los colmillos.

—No vuelvas a atacarme en mi propia casa o la próxima vez te mataré. Sabes que va contra la ley.

Karin se levantó de un salto, dispuesta a volver a por él, pero se lo pensó mejor cuando los Uchiha y Train se levantaron de sus asientos con una postura que decía a todas luces que estaban listos para ayudar a Naruto. Kurama, en cambio, se limitó a observarla con intensidad, esperando.

La Omega torció el labio y asesinó al rubio con la mirada.

—Soy yo la que va a matarte —dijo, señalándolo con un dedo—. ¡Te desafío, Naruto, por la marca de Sasuke! No tienes derecho a unirte a alguien como él —añadió, escupiendo en el suelo para mostrar su desprecio.

—¡¿Qué?! —bramó Itachi.

Izumi tardó poco en saltar y colocarse junto a Naruto con una expresión feroz.

—Perra envidiosa, desafiar a una pareja destinada está prohibido.

Karin sacó pecho y miró a Kurama, que seguía en la misma posición, callado y expectante.

—¿No dices siempre que tu hermano no supone ninguna debilidad para la manada? Pues ahora es el momento de que lo demuestre. Déjame luchar contra él.

Sasuke se giró hacia el pelirrojo, observando cómo, sin desviar la mirada de Karin, realizaba un sonido bajo y profundo. Finalmente, ladeó la cabeza con un brillo en los ojos, como si algo hubiera captado su interés.

—Muy bien. Te concedo el desafío. —Antes de que Itachi e Izumi pudieran protestar, y que Karin pudiera celebrar su victoria, Kurama alzó un dedo—. Con una condición.

Ella reaccionó retrocediendo un poco y observándolo con abierta desconfianza.

—¿Cuál?

—Si matas a Naruto, Sasuke tiene derecho a asesinarte por matar a su compañero.

Esta lo miró con los ojos muy abiertos, a lo que el Alfa respondió enseñándole los colmillos con un gruñido que prometía arrancarle la yugular con toda su fuerza. De inmediato, Karin regresó su atención a Kurama.

—Solo si me da un período de vida de un mes. Para hacerle cambiar de idea —dijo, sonriéndole a Sasuke—. Le demostraré que soy una compañera adecuada para él.

El más joven de los Uchiha esbozó una sonrisa perversa.

—Créeme, lo único que te jodería tras ese mes serían los gusanos que devorarían tu cadáver.

—Así que aceptas —comentó Karin, ensanchando su sonrisa.

Sasuke, en vez de responder, buscó con la mirada a Naruto. Su compañero se la devolvió con intensidad.

Lo que vio en sus ojos no le gustó. Determinación, ferocidad, ansias de luchar. De demostrar ante toda la manada lo que vale.

No quería acceder a ese desafío, todos sus instintos deseaban arrancar la cabeza de Karin y clavarla en una pica ante la cabaña como advertencia para otros Omegas agilipollados que creen que él, por algún disparate, los preferiría antes que a su propio destinado. Uno al que quería proteger por encima de todo. Su lobo solo pensaba en encerrarlo entre sus brazos y morder a cualquiera que se le acercara.

Y, aun así, no iba a hacerlo. Pese a que sabía que era una mala idea darle una oportunidad a esa perra, no podía negarle a su compañero la oportunidad que había estado esperando.

Además, una parte de él lo sintió. Naruto era, en esos momentos, un animal enjaulado que ansiaba la libertad para mostrar su lado más salvaje e instintivo. Que no pudiera transformarse no quería decir que no llevara también un lobo dentro, y ese animal, lo veía en sus ojos, estaba desesperado por salir.

—Acepto —dijo finalmente, mirando solo a Naruto. Un destello voraz iluminó sus irises azules por un instante.

—¿Qué? —masculló Izumi, que miró confundida a Itachi.

Kurama, sin embargo, se limitó a asentir y a levantarse del asiento.

—De acuerdo. El combate será mañana a las diez, ¿te parece bien, Naruto?

Este sonrió lentamente.

—Perfecto.


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