Sweet new life
Habían
pasado tres meses desde que los Uzumaki habían llegado al hogar de los Uchiha
y, poco a poco, se estaban integrando en su nueva manada.
Kushina,
Kurama y Train empezaron asistiendo a los entrenamientos para comprobar su
capacidad de lucha. No tardó mucho en ser evidente que los tres eran mejores
que la media, hasta Train parecía estar por encima de los Alfas peleando con
piel. Así, Kushina y Kurama fueron ascendidos para patrullar el territorio.
Ambos parecían genuinamente felices con la tarea, para el alivio de Fugaku. Los
dos habían ocupado puestos muy importantes en sus manadas y muchos podrían
haberse sentido humillados al bajar de rango a simples guardianes, sin embargo,
ellos parecían encantados.
El
Primer Alfa e Itachi, su sucesor, pensaron que tal vez la experiencia en su
manada los había dejado demasiado marcados y, más que una humillación, los dos
estaban contentos de no tener que asumir tantas responsabilidades ni tener
tanta presión. A su forma de verlo, ambos corrían en forma de lobos como si
llevaran un siglo encadenados y ahora, por fin, podían correr libres.
Train,
por otro lado, pidió quedarse un tiempo más en los entrenamientos. Pese a su
gran habilidad luchando, parecía disfrutar de sus sesiones con el resto de
Alfas, Betas y Omegas. Itachi pensaba que podría ser un gran maestro para
pelear con piel y Fugaku estaba considerando ofrecerle ese puesto en cuanto
pasara un poco más de tiempo, solo para que el Omega probara otras opciones si
lo deseaba.
En
cuanto a Minato, por primera vez desde que se apareó con Kushina, estaba
contento con su nueva vida en la manada. Para su sorpresa, los Uchiha valoraban
mucho a los artistas; tal vez fuera porque eran japoneses y veían el arte como
algo más trascendental que los occidentales, o puede que tuviera que ver con el
interés turístico que despertaba su pueblo, pero, fuera como fuera, nadie lo
repudió por ser humano e incluso conoció a otros compañeros como él e incluso a
mestizos. Eso le dio mucha seguridad, eso y que no hubiera un solo lobo que no
lo tratara con normalidad.
Cuando
Mikoto presentó a su familia a la manada, decidió que Minato debía tocar
durante ese momento, por lo que le prestó un piano y él accedió a interpretar
una hermosa pieza nostálgica y triste que había compuesto, acorde con los
últimos eventos que su familia había sufrido.
Y
sí, la manada era consciente de los horribles acontecimientos que llevaron a
los Uzumaki hasta su hogar. Kiba y los lobos que estuvieron con Sasuke y Sai
durante la época de celo contaron, a su vuelta, lo que había ocurrido. Por eso,
y por cómo Minato interpretó aquella canción, todos se sintieron conmovidos y
dispuestos a ayudar a la familia a adaptarse y a recuperarse. De hecho, los
Uzumaki se sorprendieron cuando sus nuevos vecinos aparecieron los primeros
días en su nueva casa para darles regalos, la gran mayoría comida, pero hubo
artesanos que les hicieron muebles, mantas de pieles y figuritas de madera,
algunos hasta hicieron juguetes para Naruto.
Ante
la cálida bienvenida, fue un poco más fácil sentir que estaban construyendo un
nuevo hogar, a pesar de las complicaciones emocionales.
Toda
la familia fue a la psicóloga de la manada, una humana Beta que, como Minato,
había abandonado su mundo para seguir a su compañero lobo. Aguri tardó poco en
darle el alta a Train, que era el menos afectado y tan solo sufría por cómo
todo lo sucedido había afectado a su compañero y su nueva familia. En cuanto a
Minato, necesitó más tiempo para recuperarse, pero la aceptación de la manada
lo ayudó mucho a superar, al menos, su complejo de inferioridad por ser humano.
La culpa por todo lo sucedido tardaría más en desvanecerse, pero su avance era
admirable, en especial por cómo estaba llevando ahora el vínculo entre su hijo
y Sasuke, que poco a poco estaba aceptando.
Kushina
y Kurama, en cambio… Era más complicado.
El
cambio de aires les había venido bien, empezar de cero y reconstruir su familia
les daba algo que los impulsase hacia delante, pero ellos tenían mucho que
contarle a Aguri.
Kushina
era tan antigua como Fugaku, pero, a diferencia de él, tardó mucho en encontrar
a su compañero. La Segunda Guerra Mundial diezmó a los suyos y asesinó a toda
la familia de su Primer Alfa, dejando a unos pocos Alfas de su manada, la
mayoría sin ser grandes luchadores, por lo que ella se vio obligada a tomar el
mando y buscar un lugar seguro para ellos en otra parte.
Durante
su viaje a Estados Unidos, se le unieron otros Alfas, Betas y Omegas
desperdigados aquí y allá que buscaban un refugio, y ella los aceptó. Su
manada, aunque débil, creció y, para cuando llegaron a Alaska, no había nadie
que no la reconociera como su Primera Alfa.
No
era un cargo que ella quisiera, se lo admitió a Aguri, pero había sido
ejecutora en su manada original y sintió que era su obligación cuidar de lo que
quedaba de ella, así que siguió adelante.
Sobre
todo, porque empezaron las guerras por el territorio con las manadas
colindantes, entre ellas, las de Sven.
Ella
tenía intención de hablar con ellos, pedir que les permitieran quedarse para
recuperarse al menos de la horrible travesía, pero fueron atacados antes de
hacerlo.
Ni
ella misma se creyó que pudieran sobrevivir tanto tiempo, pero fue así cómo su
nombre pasó a ser reconocido como el de una de las Alfas más fuertes. Sin
embargo, tardó décadas en conseguir los tratados de paz, y, mientras tanto, los
ataques continuaron a la vez que su manada iba creciendo y construyendo un
pueblo.
Pero,
mientras tanto, Kushina se sintió terriblemente sola. Sola en el cargo de
Primera Alfa, la máxima encargada de procurar el bienestar de los suyos,
quienes, en poco tiempo, la vieron como su salvadora, una loba de fuerza
excepcional, capaz de salvarlos y sacarlos adelante de lo que fuera. Sí, tuvo
la suerte de haber acogido por el camino a ejecutores excepcionales, como los
gemelos Yui y Fye, y Elda y Freya, cuyas manadas también habían sido masacradas
durante la guerra, pero, al final, todo el mundo achacaba su supervivencia a
ella.
Ella
y solo ella. Podían seguir adelante porque Kushina estaba a cargo, Kushina
podía con todo.
Kushina
sentía una enorme presión sobre ella. Y, durante todas esas décadas, tanto ella
como los suyos estuvieron recluidos en su territorio, sin poder salir, siempre
alerta, atentos al siguiente ataque, reforzando sus defensas, haciendo lo que
fuera necesario para subsistir.
Por
tanto, su compañero siguió sin aparecer. Ella empezó a pensar que ya lo habría
perdido en la guerra.
Y
entonces, pocos años antes de firmar el tratado de paz, Genzo entró en su vida.
No sabía gran cosa de él, se había unido a ellos cuando olió a su manada en el
barco en el que se había refugiado para ir a Estados Unidos. Era también un
Omega antiguo y viajaba solo. Más adelante, le confesó que había huido de su
propia manada después de que el Alfa asesinara a su compañero delante de él
para poder aparearlo él mismo. Genzo aprovechó la confusión de la guerra para
escapar.
En
aquel momento, creyó que decía la verdad. Ahora, no podía asegurar que su
pasado no fuera más retorcido, pero lo descubriría años más tarde, cuando la
antigua manada de Genzo fuera de visita a presentar sus respetos a Itachi e
Izumi por haber ascendido como Primer Alfa y Primera Omega.
Ese
día, se enterarían de que Genzo fue un joven Omega talentoso, con fuerte
carácter, pero de naturaleza gentil y amable, que aspiraba a convertirse en
ejecutor principal para proteger a su compañero, el futuro Primer Alfa de la
manada.
Sin
embargo, un accidente de caza se lo arrebataría cuando todavía no tenían edad
para aparearse. Aun así, la pérdida fue terrible.
Genzo
no volvió a ser el mismo. Pasó semanas encerrado en su habitación, llorando y
gritando. Solo el hermano pequeño de su compañero logró sacarlo de su profunda
depresión, o eso pensaron todos. Dejó de ser el Omega risueño, ya casi nunca
sonreía y la tristeza y el rencor hacia los humanos hizo mella en sus
facciones. Todos pensaron que nunca se recuperó del todo, pero, al menos,
pareció encontrar en el hermano pequeño de su compañero, el nuevo futuro Primer
Alfa, cierto consuelo, algo que lo empujara a seguir adelante.
Eso
fue lo que pensaron, pero la realidad fue mucho peor.
La
realidad fue que Genzo no lo superó. Solo se aferró a lo único que le quedaba
en la vida de su compañero muerto.
Nadie
se dio cuenta hasta que su Primer Alfa encontró una compañera. Una linda Omega
humana que desapareció sin dejar rastro una semana después de ser presentada a
la manada.
Y
nadie sospechó de Genzo hasta que se delató a sí mismo. Se ofreció al Primer
Alfa para establecerse, para consolarse el uno al otro por la pérdida de sus
compañeros. Este casi se lo creyó, estuvo a punto de caer en la trampa, hasta
que Genzo hizo un comentario despectivo de su compañera por el simple hecho de
ser humana.
Y,
entonces, la sospecha hizo estallar al Primer Alfa, que se abalanzó furioso
sobre un Genzo que le dijo, con una sonrisa macabra en la cara, que no habría
permitido que una sucia humana asesina le hiciera lo mismo que le hizo a su
compañero y que, después de todo, él habría sido el Primer Omega de no haber
sido por su muerte. Solo lo estaba protegiendo, como ejecutor que era, y solo
estaba reclamando lo que debería haber sido suyo.
Toda
la manada fue tras él después de aquello. Y, así, fue cómo llegó hasta Kushina,
huyendo.
Así
fue como repitió su engaño, pero habiendo aprendido de sus errores.
Se
acercó a ella para consolarla solo cuando vio que la presión amenazaba con
aplastarla. Le contó su triste historia y se ofreció para hacerle compañía.
Empezó a participar en sus planes para contratacar y siempre luchó a su lado
desde entonces, como buen ejecutor que había sido.
Establecerse
fue fácil en ese momento, pero cuando Kushina logró por fin el tratado de paz,
Genzo no perdió el tiempo. Si la manada ya no estaba en guerra y Sven y los
otros Primeros Alfas demostraban ser fieles a su palabra, era cuestión de
tiempo que ella saliera del territorio y diera por casualidad con su compañero,
en el caso de que estuviera vivo o por nacer. Así que, antes de permitirle
reflexionar siquiera sobre el tipo de relación que deseaba ahora que había paz,
se aprovechó de la euforia del momento y se quedó preñado.
Y
ahí entraban los traumas de Kurama. Si bien Genzo interpretó un papel perfecto
como Omega cariñoso con su Alfa y padre amoroso, con su hijo no tuvo piedad.
Fue
el pegamento que lo mantuvo unido a Kushina y no dudó en usarlo en su contra
cada vez que sospechó que ella deseaba una relación más sólida que simplemente
estar establecida con un Omega. Mientras tanto, interpretó el amor de su hijo
como una debilidad, siempre detrás de él, ansioso por un abrazo o una muestra
de afecto.
Kurama
era su hijo y no toleraría que otro cualquiera le arrebatara su futura
posición, la de Primer Alfa, por una nimiedad. Él tendría que haber sido el
Primer Omega en su manada y se lo negaron, ahora que había conseguido el
puesto, a pesar de haber perdido a su propio compañero, no permitiría que se lo
quitaran a su descendencia. Así que alejó a Kurama y le enseñó disciplina, a
ser duro, a ser más fuerte que nadie, a observar a los demás para ver sus
debilidades, y a desconfiar de cualquiera que tuviera buenas intenciones.
Así
fue cómo Kurama se dio cuenta de que algo olía mal en la relación entre sus
padres, pero no se dio cuenta hasta que se hizo más mayor. De niño, hizo todo
lo que su padre le pidió, desesperado por ganarse su amor.
Pero,
cuando se hizo mayor de edad, la sospecha dejó su huella. Se dio cuenta de que
su madre no salía en busca de su compañero durante las épocas de celo y, cuando
le preguntó si es que este había fallecido, ella le dijo que simplemente no lo
había encontrado, pero que era feliz con la vida que tenía.
Comprendió
entonces que solo había sido una herramienta de su padre para mantener a
Kushina a su lado. Por ello, en cuanto le fue posible, se independizó para
alejarse, para que su madre pudiera tener una oportunidad de ser feliz con
alguien más, pero tampoco se atrevió a decirle lo cruel que fue Genzo, ya que,
muy a su pesar, era consciente de la gran carga que llevaba su madre sobre los
hombros y que le venía más grande de lo que muchos pensaban.
Lo
sabía porque él era joven cuando tuvo que soportar esa carga también. Gracias a
la dureza de su padre, se había vuelto muy fuerte en poco tiempo y los rumores
sobre su capacidad de combate no tardaron en correr entre las manadas como un
río. Era hijo de Kushina y Genzo, después de todo, solo sus cachorros podían
ser tan fuertes, ambos eran lobos muy duros y talentosos, decían.
Kurama
será un Primer Alfa fantástico, igual que su madre. Esperamos mucho de él, con
los dos en la manada, todo irá bien, nadie se atreverá a atacarnos nunca más y
podremos vivir tranquilos.
Era
una responsabilidad que Kurama no quería, pero que, como su madre, se sentía
obligado a aceptar, por todos los lobos que dependían de ellos.
Por
eso, no dijo nada. No quiso destruir la unidad familiar, sabiendo que Genzo,
pese a ser un padre cruel, había sido un gran apoyo para su madre y una fuente
de consuelo. Tuvo miedo de que ella se viniera abajo si conocía la verdad.
No
sabía que esa unidad ya se estaba tambaleando, solo por su fricción con su
padre.
Pese
a sus intentos por fingir que todo iba bien, fue cuestión de tiempo que su
padre y él chocaran, y que su madre se hiciera preguntas sobre qué había
ocurrido entre ellos. Fue cuestión de tiempo que la presión acabara ahogando a
Kurama.
Pero,
antes de que estallara, su madre regresó de un viaje de negocios a la ciudad
con Minato.
Y
ahí estalló la bomba.
Genzo
reveló una parte de su verdadera naturaleza rechazando furiosamente a Minato,
pese a los intentos de Kushina por calmarlo, por hacerle saber que él había
sido muy importante para ella y que le agradecía todos los años y el hijo que
habían tenido juntos. Diablos, hasta quería que siguiera siendo el Primer
Omega.
Pero
Kurama no pudo callarse. Si lo hubiera hecho, tal vez su padre se habría
sentido más apaciguado al mantener su posición… O tal vez no. Minato seguía
siendo un humano, formaba parte de esa raza que había dado muerte a su
compañero. Tal vez, Genzo habría cedido a su locura de todos modos.
Fuera
como fuera, Kurama se enfrentó a su padre ese día al proteger a su madre y su
compañero y reveló sus trapos sucios. Al enterarse de eso, Kushina se sintió
profundamente traicionada. Ella no había querido en ningún momento hacer daño a
Genzo, por eso había evitado ir a otras manadas durante el celo, para seguir
haciéndole compañía, para estar con él como él había estado con ella en sus
peores momentos. Renunció a encontrar a su compañero porque lo había querido
mucho y la idea de hacerle daño era como un cuchillo en su corazón. De hecho,
se sintió muy dividida cuando reconoció a Minato, pero, al final, no pudo
evitar ir tras él.
Se
había sentido culpable todo el camino hasta su manada, había temido su
reacción.
Por
eso, enterarse de repente de que todo había sido un circo, una fachada, y que
su propio hijo había estado años sufriendo durante el proceso…
Le
quitó su rango y lo mandó a la casa más alejada de la suya. Lo habría expulsado
de la manada de no ser porque muchos lobos se mostraron agresivos ante su orden
y parecían compartir las ideas de Genzo, que un ser humano no era adecuado como
pareja de la Primera Alfa y que no podría estar a su altura.
En
un ataque de rabia e impulsividad, Kushina le dio a Minato su puesto como
Primer Omega.
Ahora
se daba cuenta de que no fue una buena idea. Como tampoco lo fue nombrar a su
hijo Naruto como su sucesor.
Kurama
se culpó por ello, ya que fue idea suya. Le contó a su madre que no quería
saber nada sobre ser el Primer Alfa, que rechazaba todo lo que su padre había
querido y no iba a formar parte nunca más de sus planes retorcidos. Por eso,
cuando nació Naruto, vio su oportunidad y la tomó, sin pensar en cómo iba a
afectar a su hermano, o a su familia.
Todas
esas malas decisiones se unieron a la locura de Genzo, en el que solo quedaba
un profundo vacío que no había sabido llenar de otra manera que cogiendo lo que
creía que habría sido suyo si el Alfa al que amaba hubiera seguido con él.
Y,
así, fue cuestión de tiempo que los eventos de tres meses atrás ocurrieran.
En
la consulta de Aguri, Kushina y Kurama tenían que lidiar con la culpa. La Alfa
debía hacer frente también a sus inseguridades, a manejar la presión y el
estrés, a aprender a delegar responsabilidades en otros. Su hijo, en cambio,
tenía que aprender a perdonar al cachorro hambriento de amor paternal que había
sido.
Y
al final de todo eso, estaba Naruto.
Aunque
ya no tenía tanto miedo como antes y las visitas de Sasuke le ayudaron mucho a
sentirse más seguro en la manada, todavía tenía complejos por tener pocos
rasgos de lobo. Su olfato, visión y oído habían mejorado, pero aún no
presentaba garras, colmillos o pelaje.
Aguri
siguió insistiéndole en que, primero, aún era muy joven y todavía podían
aparecer más características animales, y, en segundo lugar, no pasaba nada por
ser más humano. Sin embargo, al cachorro le costaba asimilarlo. Todavía tenía
pesadillas con lo ocurrido y aún sentía cierta culpa a pesar de que todo el
mundo le había explicado que Genzo no se habría detenido por ser más lobo. Las
muertes de los ejecutores que habían protegido a su familia con sus vidas aún
le dolían.
Aun
así, Aguri era muy positiva respecto al cachorro. Sus traumas no desaparecerían
de la noche a la mañana, y, sin embargo, de todos los Uzumaki, Naruto fue quien
se adaptó más fácilmente a su nuevo hogar durante esos tres meses.
Tras
un mes asentándose y recuperándose, empezó a ir a la escuela y no tardó en
hacer nuevos amigos. En su antigua manada, no había tenido la oportunidad de
crear lazos fuertes debido a que era un mestizo y los padres habían querido a
sus hijos lejos de él, pero, allí, los miembros de la manada Uchiha querían
ayudar a los Uzumaki y los adultos alentaron a sus cachorros a acercarse a
Naruto.
En
una semana, ya había cautivado a su clase con su alegre personalidad y, aunque
se llevaba bien con todo el mundo, era más cercano a cuatro cachorros: Kira,
una Omega pelirroja que se había convertido en su mejor amiga; Kamui, un
tranquilo Alfa con fuertes rasgos de lobo; Subaru, un Omega muy dulce que
siempre iba pegado a Kamui, y Nagi, el Alfa más perezoso y dormilón que había
conocido, pero con un talento excepcional para usar sus sentidos agudos y su
físico.
Los
cuatro se centraron en ayudarlo a ponerse al día con la clase y, al saber que
quería parecerse más a un lobo, no dudaron en ayudarlo. Kira se ofreció de
inmediato a practicar defensa con él, mientras que Kamui y Subaru le echaron
una mano con los estudios (al igual que a Kira y a Nagi, la primera porque
odiaba hincar los codos y el segundo porque siempre terminaba dormido) y con
las actividades caza y rastreo. Nagi… Bueno, hacía lo que podía. Como él usaba
sus sentidos de forma instintiva y sus movimientos eran naturales, le resultaba
muy difícil explicarle a Naruto cómo lo hacía, aunque el resto intentaba
ayudarlo.
No
era extraño que pasaran todas las tardes juntos en casa de uno u otro para
hacer los deberes, practicar y jugar. Gracias a eso, Minato se sintió mucho más
tranquilo en lo que se refería a la relación de su hijo con Sasuke.
Aunque
no por ello el ejecutor principal faltaba a su visita diaria a Naruto. Entre
semana, solía ser más breve, Sasuke aparecía en casa de los Uzumaki después de
cenar para arropar a Naruto mientras este le contaba cómo le había ido el día o
le preguntaba por el suyo. Los fines de semana, en cambio, si Sasuke no tenía
trabajo, solía quedarse a pasar la tarde con Naruto y su grupo de amigos,
encantados de que la mismísima mano derecha del Primer Alfa estuviera con ellos
ya fuera para enseñarles trucos para sus diferentes actividades al aire libre o
para jugar.
Sí,
la vida era buena, por fin. Naruto y su familia todavía tenían pedazos rotos
que reparar, pero, al menos, empezaban a sentir a la manada de Sasuke y a
aquellas montañas como un verdadero hogar.
—No,
Naruto, es tu hora de dormir —dijo Sasuke con cara de pocos amigos.
El
cachorro hizo un puchero.
—Por
faaaa. Solo una vez más.
—No
—gruñó Sasuke antes de cogerlo por las axilas y cargarlo sobre su hombro. Se
asomó un momento a la cocina—. Minato, Kushina, lo llevo a dormir.
La
Alfa lo miró por encima del hombro con una sonrisa.
—Gracias,
Sasuke.
Minato
también le sonrió con un asomo de duda, pero no dijo nada. Para Sasuke, fue
suficiente.
Después
de aquella cena de presentación, en la que su madre tuvo que intervenir por el
bien de Naruto, el Omega se sentó a hablar con él. Sasuke había estado entre
los humanos a veces, pero rara vez mucho tiempo y, desde luego, no el
suficiente como para intimar con ellos, al menos, no con los que desconocían el
mundo de los cambiantes.
Por
eso, hablar con Minato fue revelador.
Ellos
carecían de sus sentidos, por lo que eran incapaces de encontrar a su
destinado. De hecho, el propio concepto era un mito para ellos, algo que estaba
bien para las novelas románticas, pero no creían que existiera realmente.
Pensaban que las parejas necesitaban su tiempo para entenderse y aprender a
estar juntas.
Además,
el tiempo de vida de los humanos era efímero, así que podía entender que ellos
no tuvieran muchas más opciones que conformarse con un establecimiento que,
encima, tenía un alto porcentaje de acabar en divorcio, lo cual parecía ser
cada vez más habitual entre su especie.
Para
el propio Minato fue un shock conocer a Kushina porque se sintió muy atraído
por ella desde que la vio. Para él, no era normal sentir tanto por alguien a
quien acababa de conocer, y, además, descubrir que los hombres lobo eran
reales, que vivían escondidos entre los humanos y que tenían sus propias
reglas… No fue fácil de asimilar. Tampoco que su sociedad fuera más violenta y
muy dura con sus leyes.
Los
cambiantes no tomaban prisioneros. Tenían pena de muerte y no les asustaba
aplicarla.
Precisamente
porque eran seres más instintivos y más propensos a la agresividad, necesitaban
algo que los motivara a mantener el control de su lado animal. El miedo no era
un mal aliciente, siempre y cuando fuera en su justa medida.
A
pesar de todo, le hizo frente a su mundo, y lo hizo por Kushina, porque quería
que lo que había entre ellos funcionara. No es que eso hiciera las cosas más
fáciles, pero tenía la fortaleza suficiente para afrontar lo que fuera.
Con
lo que ocurría entre Sasuke y Naruto era lo mismo. Minato venía de un mundo que
le había enseñado que un adulto atraído por un niño era un jodido enfermo.
Sasuke
lo comprendía. Era menos habitual entre los cambiantes, pero había sucedido. Y
podían darse por muertos de un modo horrible.
Aun
así, Minato estaba haciendo de nuevo un esfuerzo, porque amaba a su hijo y
sabía que lo que había entre Kushina y él era algo único y maravilloso. Pero
eso no quería decir que fuera más fácil para él.
De
modo que los dos, en un pacto silencioso, se trataban con cordialidad, pero con
el Omega trazando una línea que Sasuke respetaba. No necesitaba que fueran
mejores amigos, solo que su relación no afectara al bienestar y la felicidad de
Naruto. Si aún no se sentía del todo cómodo con él, estaba bien, aún tenían
mucho tiempo hasta que el cachorro creciera.
Además,
hasta cierto punto, confiaba en él, y eso era mucho más importante. Después de
todo, le permitía llevar solo a Naruto hasta su habitación, sin que él o
Kushina estuvieran detrás. Sabía que, cuando terminaran, irían tras él, pero,
hasta entonces, le dejaban estar a solas con su cachorro.
Era
un gran gesto y lo apreciaba.
Incluso
cuando su cachorro se ponía difícil.
Sasuke
le gruñó:
—Naruto,
más te vale no darme puñetazos en la espalda, que nos conocemos.
Lo
escuchó soltar un quejido.
—¿Por
quéeeeee? Solo quería intentarlo otra vez.
—No
vas a desarrollar un superolfato en un día. Los lobos como Nagi salen una vez
por generación.
—¡Por
eso tengo que practicar más!
—Hemos
estado dos horas diferenciando pelo de animal, es más que bueno en tres meses,
Naruto. Cuando llegaste, apenas acababas de desarrollar tu olfato. Tienes mejor
vista y oído desde entonces, ¿no? Eso es enorme.
Él
resopló.
—No
es suficiente.
Sasuke
no pudo evitar sonreír. Le recordó un poco a él cuando era cachorro, Itachi
siempre había sido mucho más talentoso que él de pequeño y a Sasuke le irritaba
no ser capaz de hacer lo mismo que él a su edad.
Cuando
llegaron a su habitación, Sasuke lo dejó caer sobre la cama, haciendo que
rebotara un poco. Naruto hinchó los mofletes, tratando de fulminarlo con la
mirada, pero solo parecía un conejito enfadado.
Él
cruzó los brazos a la altura del pecho y sonrió.
—Si
pretendes asustarme, necesitarías siglos para lograrlo. —Probablemente, no
tanto, teniendo en cuenta que sería su compañero en menos tiempo, pero no hacía
falta que lo supiera ahora.
Naruto
se sentó de un salto y le enseñó los dientes.
—Cuando
me salgan garras y colmillos, te vas a enterar.
Sasuke
levantó una ceja sin dejar de sonreír.
—¿Desafías
al ejecutor principal? ¿Quieres que lo resolvamos aquí y ahora?
Al
oír eso, el cachorro se sobresaltó y corrió a esconderse bajo las mantas. Asomó
los ojitos por una pequeña abertura.
—No,
cosquillas, no. No seas malo.
Él
soltó una risilla y se sentó en la cama, acomodando las mantas para que Naruto
dejara salir la cabeza y apretándolas a su alrededor.
—No
seas impaciente, Naruto. Cada uno tiene su ritmo para desarrollar sus
habilidades. Yo puedo parecerle impresionante a tus amigos porque ahora soy el
ejecutor principal, pero de cachorro no tenía tanta habilidad natural como
Nagi.
Naruto
se acurrucó bajo las mantas, dejando que Sasuke lo arropara mientras lo miraba.
—¿Eras
normal?
Sasuke
rio con un resoplido.
—Destacaba.
Era el mejor de mi clase, pero no algo excepcional. Mi hermano sobresalió mucho
más cuando era un cachorro.
Hubo
algo en ese comentario que hizo que el cachorro arrugara la frente y que sacara
la manita para tocar la mano de Sasuke.
—Yo
creo que tú eres genial, Sasuke.
Este
sonrió, sintiendo una oleada de calidez en el pecho. Últimamente, eran bastante
frecuentes.
En
la manada, todos conocían el carácter de Sasuke. Era un tanto solitario para
ser un lobo y tenía un carácter similar al de Kurogane, aunque no tan
aterrador, por lo que muchos respetaban su espacio y la distancia que ponía
entre el resto. Sin embargo, no había nadie que no dudara de su feroz lealtad a
la manada y que lucharía para defenderlos de cualquier amenaza, después de
todo, él mismo mató a la Omega con la que se había establecido por haber
tratado de traicionarlos y llevar al enemigo a su hogar.
Tampoco
se dudaba de su profundo amor hacia su familia. Si alguna vez se le veía
sonreír, era porque su hermano o sus padres estaban cerca, a veces lo hacía con
sus amigos también.
Sin
embargo, desde que Naruto llegó, era cada vez más habitual verlo de mejor
humor, más relajado y un poco más amable de la habitual, al menos, con los
cachorros. Muchos decían que el haber encontrado a su compañero estaba
despertando su lado más afable, y se alegraban mucho por él. Después de lo que
le hizo Kaguya, la noticia de que su ejecutor principal había encontrado por
fin a su destinado alivió sus corazones.
Sasuke
también era consciente de su cambio, pero no podía importarle menos. De hecho,
una de sus preocupaciones había sido que su carácter le impidiera mantener una
buena relación con su propio compañero, pero, tal y como le habían dicho sus
amigos y familia, era algo que surgía de forma muy natural.
Se
alegraba de poder ser cariñoso con Naruto. No sentía ninguna vergüenza por ello
y no le importaba si alguien creía que lo había domado o alguna estupidez
parecida. Siempre podía comprobar por sí mismo si se había vuelto manso con una
buena pelea que no iba a dejarle ganar. Después de todo, un ejecutor principal
debía mantener su reputación.
Con
una sonrisa, acarició la cabecita rubia del cachorro.
—Gracias,
cachorro. Tú también lo serás, incluso si no tienes un superolfato o una gran
habilidad física. Sabes que no todos los lobos son grandes luchadores, ¿verdad?
Tenemos que enseñar a todo el mundo por seguridad en caso de un ataque
sorpresa, pero somos los ejecutores y los guardianes los que necesitamos ser
más hábiles. Los demás contribuyen a la manada de otras formas.
Naruto
asintió, pero apartó la vista sin decir nada. Sasuke estrechó los ojos.
—Todavía
te preocupa, ¿no es así?
El
cachorro se tapó con las mantas hasta la mitad de la cara, todavía sin mirarlo.
—Sé
que todos me decís que no pasa nada, pero…
Sasuke
se inclinó un poco más para que lo mirara a los ojos.
—Aquí
nadie se ha metido contigo por eso, ¿verdad?
Naruto
sacudió la cabeza.
—No.
—¿Seguro?
Me lo dirías si alguien lo hiciera, ¿no?
—Sí
—dijo bajito.
El
Alfa dejó escapar un suspiro suave y volvió a acariciarle la cabeza.
—¿Qué
piensas de los mestizos, Naruto?
Este
frunció el ceño.
—No
entiendo la pregunta.
—¿Crees
que no deberíamos aceptarlos en la manada?
Él
arrugó la frente y bajó las mantas, mostrándole su expresión enfadada.
—Claro
que sí.
—¿Y
los humanos? ¿Te parece mal que estén aquí?
—¡No!
Sasuke
aligeró su expresión.
—¿Crees
que tu padre es menos genial que cualquier lobo?
Al
oír eso, Naruto se sentó de un salto y le dio un manotazo, asesinándolo con la
mirada.
—Mi
padre es impresionante. Es bueno, valiente y hermoso, y su música es increíble.
No hay lobos tan impresionantes como él.
El
lobo no pudo evitar sonreír. Era la primera vez que Naruto se mostraba
desafiante con él. Hasta el momento, había visto su faceta asustada, cuando lo
conoció, y su lado más alegre y cariñoso durante esos meses, también sus
inseguridades y preocupaciones. Pero no lo había visto plantando cara de
verdad, no había visto esa ferocidad.
Aunque
estuviera siendo un poco agresivo con él, le gustó ver una nueva parte de su
personalidad, ser testigo de cómo se formaba su carácter. Y, por supuesto, le
gustó que fuera fuerte y leal a su padre.
Aun
así, no entraba en sus planes hacerlo enfadar demasiado, de modo que le
acarició la cabeza otra vez y adoptó un tono más suave.
—¿Lo
ves? Es humano, pero eso no quita que sea impresionante. —Al escuchar eso,
Naruto parpadeó y su expresión pasó a ser una de completa atención. Sasuke
sonrió—. Así que no importa si eres más o menos lobo, Naruto. Tú puedes ser tan
impresionante como él.
El
cachorro parpadeó otra vez, asimilando con cuidado las palabras, y, cuando lo
hizo, esbozó una enorme sonrisa y abrazó a Sasuke.
—Seré
impresionante —declaró—. Y menos impaciente.
El
lobo le devolvió el gesto con un brazo y le frotó la espalda.
—No
lo dudo, cachorro.
—Pero
mañana me seguirás ayudando con el olfato.
Sasuke
soltó una carcajada.
—Por
supuesto.
Mientras
tanto, junto a la puerta de la habitación, Minato se tapaba la boca con los
ojos húmedos bajo la sonrisa de suficiencia de Kushina.
Antes
de venirse abajo, bajó al piso inferior y regresó a la cocina, donde se limpió
los ojos a la vez que sorbía por la nariz, tratando de calmarse. Su compañera
lo abrazó por la cintura y le plantó un beso en la mejilla.
—¿Puedo
decir que ya te lo dije? Porque te lo dije.
—Oh,
cállate.
Ella
rio y lo estrechó con más fuerza.
—Te
dije que sería bueno para Naruto.
—Y
yo que no lo repitieras.
Kushina
rio con más fuerza y le dio la vuelta para tomar su rostro entre sus manos y
besarlo en la frente.
—Vamos,
no te hagas el duro. He visto cómo se ha ablandado la muralla de tu corazón y
le has dejado entrar en él.
Minato
resopló, aunque no acababa de ser muy creíble con las lágrimas amenazando sus
ojos.
—…
Es un buen hombre. Eso es todo.
La
Alfa levantó las cejas.
—Ah,
oigo cierta aprobación en tu voz. Ya lo estás aceptando.
Esta
vez, el Omega soltó una risilla.
—Tal
vez. Solo un poco.
Kushina
rio y lo levantó en brazos, dándole esta vez un efusivo beso en los labios. Por
primera vez desde hacía más de un siglo, estaba rebosante de felicidad. Su
familia había iniciado una nueva vida, todos estaban sanos y salvos y por fin
podían vivir sin miedo y preocupados por los demás.
Minato
y ella podían tener por fin una relación de compañeros libres de estrés, Kurama
se había mudado con Train a una nueva casa y empezaba también a convivir con su
compañero, y Naruto tenía por fin una infancia normal y feliz, con amigos y un
destinado que lo cuidaría siempre.
Que
su compañero hubiera aceptado a Sasuke era la guinda del pastel. Las cosas no
podían ser mejores.
Por
eso…
—Mi
Omega, sabes que él puede oír lo que dices desde aquí, ¿verdad?
Minato
la miró con horror.
—¡No!
¡Mi imagen de Omega protector a la porra!
Las
carcajadas de Kushina fueron atronadoras.

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