Sweet new life

 


Habían pasado tres meses desde que los Uzumaki habían llegado al hogar de los Uchiha y, poco a poco, se estaban integrando en su nueva manada.

Kushina, Kurama y Train empezaron asistiendo a los entrenamientos para comprobar su capacidad de lucha. No tardó mucho en ser evidente que los tres eran mejores que la media, hasta Train parecía estar por encima de los Alfas peleando con piel. Así, Kushina y Kurama fueron ascendidos para patrullar el territorio. Ambos parecían genuinamente felices con la tarea, para el alivio de Fugaku. Los dos habían ocupado puestos muy importantes en sus manadas y muchos podrían haberse sentido humillados al bajar de rango a simples guardianes, sin embargo, ellos parecían encantados.

El Primer Alfa e Itachi, su sucesor, pensaron que tal vez la experiencia en su manada los había dejado demasiado marcados y, más que una humillación, los dos estaban contentos de no tener que asumir tantas responsabilidades ni tener tanta presión. A su forma de verlo, ambos corrían en forma de lobos como si llevaran un siglo encadenados y ahora, por fin, podían correr libres.

Train, por otro lado, pidió quedarse un tiempo más en los entrenamientos. Pese a su gran habilidad luchando, parecía disfrutar de sus sesiones con el resto de Alfas, Betas y Omegas. Itachi pensaba que podría ser un gran maestro para pelear con piel y Fugaku estaba considerando ofrecerle ese puesto en cuanto pasara un poco más de tiempo, solo para que el Omega probara otras opciones si lo deseaba.

En cuanto a Minato, por primera vez desde que se apareó con Kushina, estaba contento con su nueva vida en la manada. Para su sorpresa, los Uchiha valoraban mucho a los artistas; tal vez fuera porque eran japoneses y veían el arte como algo más trascendental que los occidentales, o puede que tuviera que ver con el interés turístico que despertaba su pueblo, pero, fuera como fuera, nadie lo repudió por ser humano e incluso conoció a otros compañeros como él e incluso a mestizos. Eso le dio mucha seguridad, eso y que no hubiera un solo lobo que no lo tratara con normalidad.

Cuando Mikoto presentó a su familia a la manada, decidió que Minato debía tocar durante ese momento, por lo que le prestó un piano y él accedió a interpretar una hermosa pieza nostálgica y triste que había compuesto, acorde con los últimos eventos que su familia había sufrido.

Y sí, la manada era consciente de los horribles acontecimientos que llevaron a los Uzumaki hasta su hogar. Kiba y los lobos que estuvieron con Sasuke y Sai durante la época de celo contaron, a su vuelta, lo que había ocurrido. Por eso, y por cómo Minato interpretó aquella canción, todos se sintieron conmovidos y dispuestos a ayudar a la familia a adaptarse y a recuperarse. De hecho, los Uzumaki se sorprendieron cuando sus nuevos vecinos aparecieron los primeros días en su nueva casa para darles regalos, la gran mayoría comida, pero hubo artesanos que les hicieron muebles, mantas de pieles y figuritas de madera, algunos hasta hicieron juguetes para Naruto.

Ante la cálida bienvenida, fue un poco más fácil sentir que estaban construyendo un nuevo hogar, a pesar de las complicaciones emocionales.

Toda la familia fue a la psicóloga de la manada, una humana Beta que, como Minato, había abandonado su mundo para seguir a su compañero lobo. Aguri tardó poco en darle el alta a Train, que era el menos afectado y tan solo sufría por cómo todo lo sucedido había afectado a su compañero y su nueva familia. En cuanto a Minato, necesitó más tiempo para recuperarse, pero la aceptación de la manada lo ayudó mucho a superar, al menos, su complejo de inferioridad por ser humano. La culpa por todo lo sucedido tardaría más en desvanecerse, pero su avance era admirable, en especial por cómo estaba llevando ahora el vínculo entre su hijo y Sasuke, que poco a poco estaba aceptando.

Kushina y Kurama, en cambio… Era más complicado.

El cambio de aires les había venido bien, empezar de cero y reconstruir su familia les daba algo que los impulsase hacia delante, pero ellos tenían mucho que contarle a Aguri.

Kushina era tan antigua como Fugaku, pero, a diferencia de él, tardó mucho en encontrar a su compañero. La Segunda Guerra Mundial diezmó a los suyos y asesinó a toda la familia de su Primer Alfa, dejando a unos pocos Alfas de su manada, la mayoría sin ser grandes luchadores, por lo que ella se vio obligada a tomar el mando y buscar un lugar seguro para ellos en otra parte.

Durante su viaje a Estados Unidos, se le unieron otros Alfas, Betas y Omegas desperdigados aquí y allá que buscaban un refugio, y ella los aceptó. Su manada, aunque débil, creció y, para cuando llegaron a Alaska, no había nadie que no la reconociera como su Primera Alfa.

No era un cargo que ella quisiera, se lo admitió a Aguri, pero había sido ejecutora en su manada original y sintió que era su obligación cuidar de lo que quedaba de ella, así que siguió adelante.

Sobre todo, porque empezaron las guerras por el territorio con las manadas colindantes, entre ellas, las de Sven.

Ella tenía intención de hablar con ellos, pedir que les permitieran quedarse para recuperarse al menos de la horrible travesía, pero fueron atacados antes de hacerlo.

Ni ella misma se creyó que pudieran sobrevivir tanto tiempo, pero fue así cómo su nombre pasó a ser reconocido como el de una de las Alfas más fuertes. Sin embargo, tardó décadas en conseguir los tratados de paz, y, mientras tanto, los ataques continuaron a la vez que su manada iba creciendo y construyendo un pueblo.

Pero, mientras tanto, Kushina se sintió terriblemente sola. Sola en el cargo de Primera Alfa, la máxima encargada de procurar el bienestar de los suyos, quienes, en poco tiempo, la vieron como su salvadora, una loba de fuerza excepcional, capaz de salvarlos y sacarlos adelante de lo que fuera. Sí, tuvo la suerte de haber acogido por el camino a ejecutores excepcionales, como los gemelos Yui y Fye, y Elda y Freya, cuyas manadas también habían sido masacradas durante la guerra, pero, al final, todo el mundo achacaba su supervivencia a ella.

Ella y solo ella. Podían seguir adelante porque Kushina estaba a cargo, Kushina podía con todo.

Kushina sentía una enorme presión sobre ella. Y, durante todas esas décadas, tanto ella como los suyos estuvieron recluidos en su territorio, sin poder salir, siempre alerta, atentos al siguiente ataque, reforzando sus defensas, haciendo lo que fuera necesario para subsistir.

Por tanto, su compañero siguió sin aparecer. Ella empezó a pensar que ya lo habría perdido en la guerra.

Y entonces, pocos años antes de firmar el tratado de paz, Genzo entró en su vida. No sabía gran cosa de él, se había unido a ellos cuando olió a su manada en el barco en el que se había refugiado para ir a Estados Unidos. Era también un Omega antiguo y viajaba solo. Más adelante, le confesó que había huido de su propia manada después de que el Alfa asesinara a su compañero delante de él para poder aparearlo él mismo. Genzo aprovechó la confusión de la guerra para escapar.

En aquel momento, creyó que decía la verdad. Ahora, no podía asegurar que su pasado no fuera más retorcido, pero lo descubriría años más tarde, cuando la antigua manada de Genzo fuera de visita a presentar sus respetos a Itachi e Izumi por haber ascendido como Primer Alfa y Primera Omega.

Ese día, se enterarían de que Genzo fue un joven Omega talentoso, con fuerte carácter, pero de naturaleza gentil y amable, que aspiraba a convertirse en ejecutor principal para proteger a su compañero, el futuro Primer Alfa de la manada.

Sin embargo, un accidente de caza se lo arrebataría cuando todavía no tenían edad para aparearse. Aun así, la pérdida fue terrible.

Genzo no volvió a ser el mismo. Pasó semanas encerrado en su habitación, llorando y gritando. Solo el hermano pequeño de su compañero logró sacarlo de su profunda depresión, o eso pensaron todos. Dejó de ser el Omega risueño, ya casi nunca sonreía y la tristeza y el rencor hacia los humanos hizo mella en sus facciones. Todos pensaron que nunca se recuperó del todo, pero, al menos, pareció encontrar en el hermano pequeño de su compañero, el nuevo futuro Primer Alfa, cierto consuelo, algo que lo empujara a seguir adelante.

Eso fue lo que pensaron, pero la realidad fue mucho peor.

La realidad fue que Genzo no lo superó. Solo se aferró a lo único que le quedaba en la vida de su compañero muerto.

Nadie se dio cuenta hasta que su Primer Alfa encontró una compañera. Una linda Omega humana que desapareció sin dejar rastro una semana después de ser presentada a la manada.

Y nadie sospechó de Genzo hasta que se delató a sí mismo. Se ofreció al Primer Alfa para establecerse, para consolarse el uno al otro por la pérdida de sus compañeros. Este casi se lo creyó, estuvo a punto de caer en la trampa, hasta que Genzo hizo un comentario despectivo de su compañera por el simple hecho de ser humana.

Y, entonces, la sospecha hizo estallar al Primer Alfa, que se abalanzó furioso sobre un Genzo que le dijo, con una sonrisa macabra en la cara, que no habría permitido que una sucia humana asesina le hiciera lo mismo que le hizo a su compañero y que, después de todo, él habría sido el Primer Omega de no haber sido por su muerte. Solo lo estaba protegiendo, como ejecutor que era, y solo estaba reclamando lo que debería haber sido suyo.

Toda la manada fue tras él después de aquello. Y, así, fue cómo llegó hasta Kushina, huyendo.

Así fue como repitió su engaño, pero habiendo aprendido de sus errores.

Se acercó a ella para consolarla solo cuando vio que la presión amenazaba con aplastarla. Le contó su triste historia y se ofreció para hacerle compañía. Empezó a participar en sus planes para contratacar y siempre luchó a su lado desde entonces, como buen ejecutor que había sido.

Establecerse fue fácil en ese momento, pero cuando Kushina logró por fin el tratado de paz, Genzo no perdió el tiempo. Si la manada ya no estaba en guerra y Sven y los otros Primeros Alfas demostraban ser fieles a su palabra, era cuestión de tiempo que ella saliera del territorio y diera por casualidad con su compañero, en el caso de que estuviera vivo o por nacer. Así que, antes de permitirle reflexionar siquiera sobre el tipo de relación que deseaba ahora que había paz, se aprovechó de la euforia del momento y se quedó preñado.

Y ahí entraban los traumas de Kurama. Si bien Genzo interpretó un papel perfecto como Omega cariñoso con su Alfa y padre amoroso, con su hijo no tuvo piedad.

Fue el pegamento que lo mantuvo unido a Kushina y no dudó en usarlo en su contra cada vez que sospechó que ella deseaba una relación más sólida que simplemente estar establecida con un Omega. Mientras tanto, interpretó el amor de su hijo como una debilidad, siempre detrás de él, ansioso por un abrazo o una muestra de afecto.

Kurama era su hijo y no toleraría que otro cualquiera le arrebatara su futura posición, la de Primer Alfa, por una nimiedad. Él tendría que haber sido el Primer Omega en su manada y se lo negaron, ahora que había conseguido el puesto, a pesar de haber perdido a su propio compañero, no permitiría que se lo quitaran a su descendencia. Así que alejó a Kurama y le enseñó disciplina, a ser duro, a ser más fuerte que nadie, a observar a los demás para ver sus debilidades, y a desconfiar de cualquiera que tuviera buenas intenciones.

Así fue cómo Kurama se dio cuenta de que algo olía mal en la relación entre sus padres, pero no se dio cuenta hasta que se hizo más mayor. De niño, hizo todo lo que su padre le pidió, desesperado por ganarse su amor.

Pero, cuando se hizo mayor de edad, la sospecha dejó su huella. Se dio cuenta de que su madre no salía en busca de su compañero durante las épocas de celo y, cuando le preguntó si es que este había fallecido, ella le dijo que simplemente no lo había encontrado, pero que era feliz con la vida que tenía.

Comprendió entonces que solo había sido una herramienta de su padre para mantener a Kushina a su lado. Por ello, en cuanto le fue posible, se independizó para alejarse, para que su madre pudiera tener una oportunidad de ser feliz con alguien más, pero tampoco se atrevió a decirle lo cruel que fue Genzo, ya que, muy a su pesar, era consciente de la gran carga que llevaba su madre sobre los hombros y que le venía más grande de lo que muchos pensaban.

Lo sabía porque él era joven cuando tuvo que soportar esa carga también. Gracias a la dureza de su padre, se había vuelto muy fuerte en poco tiempo y los rumores sobre su capacidad de combate no tardaron en correr entre las manadas como un río. Era hijo de Kushina y Genzo, después de todo, solo sus cachorros podían ser tan fuertes, ambos eran lobos muy duros y talentosos, decían.

Kurama será un Primer Alfa fantástico, igual que su madre. Esperamos mucho de él, con los dos en la manada, todo irá bien, nadie se atreverá a atacarnos nunca más y podremos vivir tranquilos.

Era una responsabilidad que Kurama no quería, pero que, como su madre, se sentía obligado a aceptar, por todos los lobos que dependían de ellos.

Por eso, no dijo nada. No quiso destruir la unidad familiar, sabiendo que Genzo, pese a ser un padre cruel, había sido un gran apoyo para su madre y una fuente de consuelo. Tuvo miedo de que ella se viniera abajo si conocía la verdad.

No sabía que esa unidad ya se estaba tambaleando, solo por su fricción con su padre.

Pese a sus intentos por fingir que todo iba bien, fue cuestión de tiempo que su padre y él chocaran, y que su madre se hiciera preguntas sobre qué había ocurrido entre ellos. Fue cuestión de tiempo que la presión acabara ahogando a Kurama.

Pero, antes de que estallara, su madre regresó de un viaje de negocios a la ciudad con Minato.

Y ahí estalló la bomba.

Genzo reveló una parte de su verdadera naturaleza rechazando furiosamente a Minato, pese a los intentos de Kushina por calmarlo, por hacerle saber que él había sido muy importante para ella y que le agradecía todos los años y el hijo que habían tenido juntos. Diablos, hasta quería que siguiera siendo el Primer Omega.

Pero Kurama no pudo callarse. Si lo hubiera hecho, tal vez su padre se habría sentido más apaciguado al mantener su posición… O tal vez no. Minato seguía siendo un humano, formaba parte de esa raza que había dado muerte a su compañero. Tal vez, Genzo habría cedido a su locura de todos modos.

Fuera como fuera, Kurama se enfrentó a su padre ese día al proteger a su madre y su compañero y reveló sus trapos sucios. Al enterarse de eso, Kushina se sintió profundamente traicionada. Ella no había querido en ningún momento hacer daño a Genzo, por eso había evitado ir a otras manadas durante el celo, para seguir haciéndole compañía, para estar con él como él había estado con ella en sus peores momentos. Renunció a encontrar a su compañero porque lo había querido mucho y la idea de hacerle daño era como un cuchillo en su corazón. De hecho, se sintió muy dividida cuando reconoció a Minato, pero, al final, no pudo evitar ir tras él.

Se había sentido culpable todo el camino hasta su manada, había temido su reacción.

Por eso, enterarse de repente de que todo había sido un circo, una fachada, y que su propio hijo había estado años sufriendo durante el proceso…

Le quitó su rango y lo mandó a la casa más alejada de la suya. Lo habría expulsado de la manada de no ser porque muchos lobos se mostraron agresivos ante su orden y parecían compartir las ideas de Genzo, que un ser humano no era adecuado como pareja de la Primera Alfa y que no podría estar a su altura.

En un ataque de rabia e impulsividad, Kushina le dio a Minato su puesto como Primer Omega.

Ahora se daba cuenta de que no fue una buena idea. Como tampoco lo fue nombrar a su hijo Naruto como su sucesor.

Kurama se culpó por ello, ya que fue idea suya. Le contó a su madre que no quería saber nada sobre ser el Primer Alfa, que rechazaba todo lo que su padre había querido y no iba a formar parte nunca más de sus planes retorcidos. Por eso, cuando nació Naruto, vio su oportunidad y la tomó, sin pensar en cómo iba a afectar a su hermano, o a su familia.

Todas esas malas decisiones se unieron a la locura de Genzo, en el que solo quedaba un profundo vacío que no había sabido llenar de otra manera que cogiendo lo que creía que habría sido suyo si el Alfa al que amaba hubiera seguido con él.

Y, así, fue cuestión de tiempo que los eventos de tres meses atrás ocurrieran.

En la consulta de Aguri, Kushina y Kurama tenían que lidiar con la culpa. La Alfa debía hacer frente también a sus inseguridades, a manejar la presión y el estrés, a aprender a delegar responsabilidades en otros. Su hijo, en cambio, tenía que aprender a perdonar al cachorro hambriento de amor paternal que había sido.

Y al final de todo eso, estaba Naruto.

Aunque ya no tenía tanto miedo como antes y las visitas de Sasuke le ayudaron mucho a sentirse más seguro en la manada, todavía tenía complejos por tener pocos rasgos de lobo. Su olfato, visión y oído habían mejorado, pero aún no presentaba garras, colmillos o pelaje.

Aguri siguió insistiéndole en que, primero, aún era muy joven y todavía podían aparecer más características animales, y, en segundo lugar, no pasaba nada por ser más humano. Sin embargo, al cachorro le costaba asimilarlo. Todavía tenía pesadillas con lo ocurrido y aún sentía cierta culpa a pesar de que todo el mundo le había explicado que Genzo no se habría detenido por ser más lobo. Las muertes de los ejecutores que habían protegido a su familia con sus vidas aún le dolían.

Aun así, Aguri era muy positiva respecto al cachorro. Sus traumas no desaparecerían de la noche a la mañana, y, sin embargo, de todos los Uzumaki, Naruto fue quien se adaptó más fácilmente a su nuevo hogar durante esos tres meses.

Tras un mes asentándose y recuperándose, empezó a ir a la escuela y no tardó en hacer nuevos amigos. En su antigua manada, no había tenido la oportunidad de crear lazos fuertes debido a que era un mestizo y los padres habían querido a sus hijos lejos de él, pero, allí, los miembros de la manada Uchiha querían ayudar a los Uzumaki y los adultos alentaron a sus cachorros a acercarse a Naruto.

En una semana, ya había cautivado a su clase con su alegre personalidad y, aunque se llevaba bien con todo el mundo, era más cercano a cuatro cachorros: Kira, una Omega pelirroja que se había convertido en su mejor amiga; Kamui, un tranquilo Alfa con fuertes rasgos de lobo; Subaru, un Omega muy dulce que siempre iba pegado a Kamui, y Nagi, el Alfa más perezoso y dormilón que había conocido, pero con un talento excepcional para usar sus sentidos agudos y su físico.

Los cuatro se centraron en ayudarlo a ponerse al día con la clase y, al saber que quería parecerse más a un lobo, no dudaron en ayudarlo. Kira se ofreció de inmediato a practicar defensa con él, mientras que Kamui y Subaru le echaron una mano con los estudios (al igual que a Kira y a Nagi, la primera porque odiaba hincar los codos y el segundo porque siempre terminaba dormido) y con las actividades caza y rastreo. Nagi… Bueno, hacía lo que podía. Como él usaba sus sentidos de forma instintiva y sus movimientos eran naturales, le resultaba muy difícil explicarle a Naruto cómo lo hacía, aunque el resto intentaba ayudarlo.

No era extraño que pasaran todas las tardes juntos en casa de uno u otro para hacer los deberes, practicar y jugar. Gracias a eso, Minato se sintió mucho más tranquilo en lo que se refería a la relación de su hijo con Sasuke.

Aunque no por ello el ejecutor principal faltaba a su visita diaria a Naruto. Entre semana, solía ser más breve, Sasuke aparecía en casa de los Uzumaki después de cenar para arropar a Naruto mientras este le contaba cómo le había ido el día o le preguntaba por el suyo. Los fines de semana, en cambio, si Sasuke no tenía trabajo, solía quedarse a pasar la tarde con Naruto y su grupo de amigos, encantados de que la mismísima mano derecha del Primer Alfa estuviera con ellos ya fuera para enseñarles trucos para sus diferentes actividades al aire libre o para jugar.

Sí, la vida era buena, por fin. Naruto y su familia todavía tenían pedazos rotos que reparar, pero, al menos, empezaban a sentir a la manada de Sasuke y a aquellas montañas como un verdadero hogar.

 

 

—No, Naruto, es tu hora de dormir —dijo Sasuke con cara de pocos amigos.

El cachorro hizo un puchero.

—Por faaaa. Solo una vez más.

—No —gruñó Sasuke antes de cogerlo por las axilas y cargarlo sobre su hombro. Se asomó un momento a la cocina—. Minato, Kushina, lo llevo a dormir.

La Alfa lo miró por encima del hombro con una sonrisa.

—Gracias, Sasuke.

Minato también le sonrió con un asomo de duda, pero no dijo nada. Para Sasuke, fue suficiente.

Después de aquella cena de presentación, en la que su madre tuvo que intervenir por el bien de Naruto, el Omega se sentó a hablar con él. Sasuke había estado entre los humanos a veces, pero rara vez mucho tiempo y, desde luego, no el suficiente como para intimar con ellos, al menos, no con los que desconocían el mundo de los cambiantes.

Por eso, hablar con Minato fue revelador.

Ellos carecían de sus sentidos, por lo que eran incapaces de encontrar a su destinado. De hecho, el propio concepto era un mito para ellos, algo que estaba bien para las novelas románticas, pero no creían que existiera realmente. Pensaban que las parejas necesitaban su tiempo para entenderse y aprender a estar juntas.

Además, el tiempo de vida de los humanos era efímero, así que podía entender que ellos no tuvieran muchas más opciones que conformarse con un establecimiento que, encima, tenía un alto porcentaje de acabar en divorcio, lo cual parecía ser cada vez más habitual entre su especie.

Para el propio Minato fue un shock conocer a Kushina porque se sintió muy atraído por ella desde que la vio. Para él, no era normal sentir tanto por alguien a quien acababa de conocer, y, además, descubrir que los hombres lobo eran reales, que vivían escondidos entre los humanos y que tenían sus propias reglas… No fue fácil de asimilar. Tampoco que su sociedad fuera más violenta y muy dura con sus leyes.

Los cambiantes no tomaban prisioneros. Tenían pena de muerte y no les asustaba aplicarla.

Precisamente porque eran seres más instintivos y más propensos a la agresividad, necesitaban algo que los motivara a mantener el control de su lado animal. El miedo no era un mal aliciente, siempre y cuando fuera en su justa medida.

A pesar de todo, le hizo frente a su mundo, y lo hizo por Kushina, porque quería que lo que había entre ellos funcionara. No es que eso hiciera las cosas más fáciles, pero tenía la fortaleza suficiente para afrontar lo que fuera.

Con lo que ocurría entre Sasuke y Naruto era lo mismo. Minato venía de un mundo que le había enseñado que un adulto atraído por un niño era un jodido enfermo.

Sasuke lo comprendía. Era menos habitual entre los cambiantes, pero había sucedido. Y podían darse por muertos de un modo horrible.

Aun así, Minato estaba haciendo de nuevo un esfuerzo, porque amaba a su hijo y sabía que lo que había entre Kushina y él era algo único y maravilloso. Pero eso no quería decir que fuera más fácil para él.

De modo que los dos, en un pacto silencioso, se trataban con cordialidad, pero con el Omega trazando una línea que Sasuke respetaba. No necesitaba que fueran mejores amigos, solo que su relación no afectara al bienestar y la felicidad de Naruto. Si aún no se sentía del todo cómodo con él, estaba bien, aún tenían mucho tiempo hasta que el cachorro creciera.

Además, hasta cierto punto, confiaba en él, y eso era mucho más importante. Después de todo, le permitía llevar solo a Naruto hasta su habitación, sin que él o Kushina estuvieran detrás. Sabía que, cuando terminaran, irían tras él, pero, hasta entonces, le dejaban estar a solas con su cachorro.

Era un gran gesto y lo apreciaba.

Incluso cuando su cachorro se ponía difícil.

Sasuke le gruñó:

—Naruto, más te vale no darme puñetazos en la espalda, que nos conocemos.

Lo escuchó soltar un quejido.

—¿Por quéeeeee? Solo quería intentarlo otra vez.

—No vas a desarrollar un superolfato en un día. Los lobos como Nagi salen una vez por generación.

—¡Por eso tengo que practicar más!

—Hemos estado dos horas diferenciando pelo de animal, es más que bueno en tres meses, Naruto. Cuando llegaste, apenas acababas de desarrollar tu olfato. Tienes mejor vista y oído desde entonces, ¿no? Eso es enorme.

Él resopló.

—No es suficiente.

Sasuke no pudo evitar sonreír. Le recordó un poco a él cuando era cachorro, Itachi siempre había sido mucho más talentoso que él de pequeño y a Sasuke le irritaba no ser capaz de hacer lo mismo que él a su edad.

Cuando llegaron a su habitación, Sasuke lo dejó caer sobre la cama, haciendo que rebotara un poco. Naruto hinchó los mofletes, tratando de fulminarlo con la mirada, pero solo parecía un conejito enfadado.

Él cruzó los brazos a la altura del pecho y sonrió.

—Si pretendes asustarme, necesitarías siglos para lograrlo. —Probablemente, no tanto, teniendo en cuenta que sería su compañero en menos tiempo, pero no hacía falta que lo supiera ahora.

Naruto se sentó de un salto y le enseñó los dientes.

—Cuando me salgan garras y colmillos, te vas a enterar.

Sasuke levantó una ceja sin dejar de sonreír.

—¿Desafías al ejecutor principal? ¿Quieres que lo resolvamos aquí y ahora?

Al oír eso, el cachorro se sobresaltó y corrió a esconderse bajo las mantas. Asomó los ojitos por una pequeña abertura.

—No, cosquillas, no. No seas malo.

Él soltó una risilla y se sentó en la cama, acomodando las mantas para que Naruto dejara salir la cabeza y apretándolas a su alrededor.

—No seas impaciente, Naruto. Cada uno tiene su ritmo para desarrollar sus habilidades. Yo puedo parecerle impresionante a tus amigos porque ahora soy el ejecutor principal, pero de cachorro no tenía tanta habilidad natural como Nagi.

Naruto se acurrucó bajo las mantas, dejando que Sasuke lo arropara mientras lo miraba.

—¿Eras normal?

Sasuke rio con un resoplido.

—Destacaba. Era el mejor de mi clase, pero no algo excepcional. Mi hermano sobresalió mucho más cuando era un cachorro.

Hubo algo en ese comentario que hizo que el cachorro arrugara la frente y que sacara la manita para tocar la mano de Sasuke.

—Yo creo que tú eres genial, Sasuke.

Este sonrió, sintiendo una oleada de calidez en el pecho. Últimamente, eran bastante frecuentes.

En la manada, todos conocían el carácter de Sasuke. Era un tanto solitario para ser un lobo y tenía un carácter similar al de Kurogane, aunque no tan aterrador, por lo que muchos respetaban su espacio y la distancia que ponía entre el resto. Sin embargo, no había nadie que no dudara de su feroz lealtad a la manada y que lucharía para defenderlos de cualquier amenaza, después de todo, él mismo mató a la Omega con la que se había establecido por haber tratado de traicionarlos y llevar al enemigo a su hogar.

Tampoco se dudaba de su profundo amor hacia su familia. Si alguna vez se le veía sonreír, era porque su hermano o sus padres estaban cerca, a veces lo hacía con sus amigos también.

Sin embargo, desde que Naruto llegó, era cada vez más habitual verlo de mejor humor, más relajado y un poco más amable de la habitual, al menos, con los cachorros. Muchos decían que el haber encontrado a su compañero estaba despertando su lado más afable, y se alegraban mucho por él. Después de lo que le hizo Kaguya, la noticia de que su ejecutor principal había encontrado por fin a su destinado alivió sus corazones.

Sasuke también era consciente de su cambio, pero no podía importarle menos. De hecho, una de sus preocupaciones había sido que su carácter le impidiera mantener una buena relación con su propio compañero, pero, tal y como le habían dicho sus amigos y familia, era algo que surgía de forma muy natural.

Se alegraba de poder ser cariñoso con Naruto. No sentía ninguna vergüenza por ello y no le importaba si alguien creía que lo había domado o alguna estupidez parecida. Siempre podía comprobar por sí mismo si se había vuelto manso con una buena pelea que no iba a dejarle ganar. Después de todo, un ejecutor principal debía mantener su reputación.

Con una sonrisa, acarició la cabecita rubia del cachorro.

—Gracias, cachorro. Tú también lo serás, incluso si no tienes un superolfato o una gran habilidad física. Sabes que no todos los lobos son grandes luchadores, ¿verdad? Tenemos que enseñar a todo el mundo por seguridad en caso de un ataque sorpresa, pero somos los ejecutores y los guardianes los que necesitamos ser más hábiles. Los demás contribuyen a la manada de otras formas.

Naruto asintió, pero apartó la vista sin decir nada. Sasuke estrechó los ojos.

—Todavía te preocupa, ¿no es así?

El cachorro se tapó con las mantas hasta la mitad de la cara, todavía sin mirarlo.

—Sé que todos me decís que no pasa nada, pero…

Sasuke se inclinó un poco más para que lo mirara a los ojos.

—Aquí nadie se ha metido contigo por eso, ¿verdad?

Naruto sacudió la cabeza.

—No.

—¿Seguro? Me lo dirías si alguien lo hiciera, ¿no?

—Sí —dijo bajito.

El Alfa dejó escapar un suspiro suave y volvió a acariciarle la cabeza.

—¿Qué piensas de los mestizos, Naruto?

Este frunció el ceño.

—No entiendo la pregunta.

—¿Crees que no deberíamos aceptarlos en la manada?

Él arrugó la frente y bajó las mantas, mostrándole su expresión enfadada.

—Claro que sí.

—¿Y los humanos? ¿Te parece mal que estén aquí?

—¡No!

Sasuke aligeró su expresión.

—¿Crees que tu padre es menos genial que cualquier lobo?

Al oír eso, Naruto se sentó de un salto y le dio un manotazo, asesinándolo con la mirada.

—Mi padre es impresionante. Es bueno, valiente y hermoso, y su música es increíble. No hay lobos tan impresionantes como él.

El lobo no pudo evitar sonreír. Era la primera vez que Naruto se mostraba desafiante con él. Hasta el momento, había visto su faceta asustada, cuando lo conoció, y su lado más alegre y cariñoso durante esos meses, también sus inseguridades y preocupaciones. Pero no lo había visto plantando cara de verdad, no había visto esa ferocidad.

Aunque estuviera siendo un poco agresivo con él, le gustó ver una nueva parte de su personalidad, ser testigo de cómo se formaba su carácter. Y, por supuesto, le gustó que fuera fuerte y leal a su padre.

Aun así, no entraba en sus planes hacerlo enfadar demasiado, de modo que le acarició la cabeza otra vez y adoptó un tono más suave.

—¿Lo ves? Es humano, pero eso no quita que sea impresionante. —Al escuchar eso, Naruto parpadeó y su expresión pasó a ser una de completa atención. Sasuke sonrió—. Así que no importa si eres más o menos lobo, Naruto. Tú puedes ser tan impresionante como él.

El cachorro parpadeó otra vez, asimilando con cuidado las palabras, y, cuando lo hizo, esbozó una enorme sonrisa y abrazó a Sasuke.

—Seré impresionante —declaró—. Y menos impaciente.

El lobo le devolvió el gesto con un brazo y le frotó la espalda.

—No lo dudo, cachorro.

—Pero mañana me seguirás ayudando con el olfato.

Sasuke soltó una carcajada.

—Por supuesto.

Mientras tanto, junto a la puerta de la habitación, Minato se tapaba la boca con los ojos húmedos bajo la sonrisa de suficiencia de Kushina.

Antes de venirse abajo, bajó al piso inferior y regresó a la cocina, donde se limpió los ojos a la vez que sorbía por la nariz, tratando de calmarse. Su compañera lo abrazó por la cintura y le plantó un beso en la mejilla.

—¿Puedo decir que ya te lo dije? Porque te lo dije.

—Oh, cállate.

Ella rio y lo estrechó con más fuerza.

—Te dije que sería bueno para Naruto.

—Y yo que no lo repitieras.

Kushina rio con más fuerza y le dio la vuelta para tomar su rostro entre sus manos y besarlo en la frente.

—Vamos, no te hagas el duro. He visto cómo se ha ablandado la muralla de tu corazón y le has dejado entrar en él.

Minato resopló, aunque no acababa de ser muy creíble con las lágrimas amenazando sus ojos.

—… Es un buen hombre. Eso es todo.

La Alfa levantó las cejas.

—Ah, oigo cierta aprobación en tu voz. Ya lo estás aceptando.

Esta vez, el Omega soltó una risilla.

—Tal vez. Solo un poco.

Kushina rio y lo levantó en brazos, dándole esta vez un efusivo beso en los labios. Por primera vez desde hacía más de un siglo, estaba rebosante de felicidad. Su familia había iniciado una nueva vida, todos estaban sanos y salvos y por fin podían vivir sin miedo y preocupados por los demás.

Minato y ella podían tener por fin una relación de compañeros libres de estrés, Kurama se había mudado con Train a una nueva casa y empezaba también a convivir con su compañero, y Naruto tenía por fin una infancia normal y feliz, con amigos y un destinado que lo cuidaría siempre.

Que su compañero hubiera aceptado a Sasuke era la guinda del pastel. Las cosas no podían ser mejores.

Por eso…

—Mi Omega, sabes que él puede oír lo que dices desde aquí, ¿verdad?

Minato la miró con horror.

—¡No! ¡Mi imagen de Omega protector a la porra!

Las carcajadas de Kushina fueron atronadoras.


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