Sweet mate and son
Al
llegar a la manada de Sven, Sasuke se tensó de nuevo. No tenía ni idea de cuál
iba a ser su reacción, pero eso no cambiaba la amenaza que hizo cuando
intentaron evitar que salvara a su compañero.
Ahora,
los Uzumaki eran parte de su familia. Habían rechazado a los suyos, por tanto,
eran, desde ese día, miembros de su manada. Atacarlos a ellos era atacar a su
gente, y los Uchiha tomarían partido.
Escuchó
el trote de una pareja de Alfas que patrullaban. Bien, era el momento de
prepararse.
—Kurogane
y Fuuma, os quiero en pelaje.
Los
dos obedecieron. Solo Kurogane debía de ser más que suficiente para persuadir a
cualquiera de entrar en combate con él, sobre todo si sabían que su compañero
estaba herido.
Seishiro
y Sai permanecieron en forma humana, pero estaban preparados para atacar de ser
necesario, igual que Sasuke.
Los
Uzumaki, al comprender de repente la situación, se tensaron. Kushina abrazó con
ademán protector a Minato, mientras que Train ayudaba a Kurama a enderezarse.
Pese a que no estaba herido, todavía parecía hecho polvo.
—Tranquilos
—les dijo—. Dejad que nosotros nos ocupemos de esto.
Kushina
siseó.
—¿Crees
que Sven nos permitirá entrar en su territorio?
Sasuke
ni se inmutó.
—Has
rechazado a tu manada. Ya no tienen nada contra ti.
La
Alfa no estaba muy convencida, pero no pudo volver a hablar. Los guardias de la
frontera llegaron hasta ellos con el morro arrugado, aunque no iban agazapados
ni tenían el pelaje erizado. Vieron a los Uzumaki, pero se concentraron en
Sasuke. Sven debía de haberles informado.
Sasuke
dio un paso hacia ellos.
—Me
hago responsable de los actos de los Uzumaki aquí —dijo sin pensárselo dos
veces, haciendo que Kushina abriera los ojos como platos.
Eso
significa que, si ellos incumplían alguna norma de Sven, no serían los únicos
en recibir un castigo. Sasuke lo sufriría a su lado.
Era
un gran voto de confianza, y, aunque lo único que quería Kushina era recuperar
a su cachorro y marcharse en paz, le costaba creer que Sasuke tuviera una fe
tan ciega en ellos. Después de todo, no se conocían, ni siquiera habían
coincidido, a pesar de que la fama del Uchiha había llegado más allá del
océano.
Los
lobos gruñeron, disgustados. Seguían resistiéndose a permitirles la entrada a
sus viejos enemigos, pese a que no querían quedar en malos términos con el
Uchiha.
Este,
al ver sus dudas, dijo con un tono firme:
—Kushina
ha renunciado como Primera Alfa. Ya no forma parte de la manada, ni ella ni su
familia.
Al
oír eso, los guardias echaron las cabezas hacia atrás y abrieron los ojos como
platos.
Sasuke
no les dio tiempo a pensar mucho más.
—Sven
os dará después los detalles, pero esta familia se encuentra bajo mi protección
ahora. ¿Soy claro? —gruñó. Se le estaba agotando la paciencia, solo quería
llegar y saber si su cachorro estaba sano y salvo. Había sido muy duro estar
lejos de él conociendo su crítico estado y también tener que vivir el drama
familiar de los Uzumaki en primera fila.
Todavía
que enfrentar a los padres de su compañero, pero, al menos, quería hacerlo
teniendo la seguridad de que no debía preocuparse por la manada de Sven.
Los
guardias echaron un último vistazo sorprendido a la familia, fijándose en toda
la sangre que tenían encima. Después, inclinaron la cabeza ante Sasuke,
reconociendo su autoridad, y se hicieron a un lado.
Solo
cuando se alejaron lo suficiente de los guardias, Kushina dejó a Minato en los
brazos de Kurama y se acercó a Sasuke, permaneciendo a su espalda.
—Uchiha,
no es que no aprecie todo lo que has hecho por mi familia, pero, ¿no es un poco
excesivo? —le preguntó—. ¿Por qué haces tanto por nosotros?
Sasuke
la miró por encima del hombro.
—Hablaremos
de eso después. Ahora, lo más importante es tu cachorro.
Kushina
sintió que se le encogía el corazón, así que asintió.
Cuando
Kurama la estaba liberando, le hizo un muy breve resumen de lo que había
sucedido. El Uchiha había encontrado a Naruto en el río, con hipotermia, y la
manada de Sven lo estaba curando por orden suya. Naruto le había pedido ayuda
al Uchiha y, el resto, era tal y como había sucedido en su pueblo.
Su
antiguo hogar. Ahora, estarían solos. Necesitaba remediar eso, no sobrevivirían
sin una manada, por muy fuertes que fueran Kurama, Train y ella. Sin embargo,
pensaría en eso después, antes, tenía que comprobar el estado de su cachorro.
Kurama no había podido asegurarle que estaba a salvo.
Al
vislumbrar el pueblo de Sven, Kushina retrocedió y abrazó a Minato de nuevo.
Por ahora, tenían que hacer frente a un viejo enemigo. Si bien habían firmado
la paz, Kushina era consciente de que aún había rencor entre ambas manadas.
Sasuke
no aminoró el paso cuando entró en el territorio de Sven. Ya era muy tarde y
muchos se habían ido a dormir, pero estaba seguro de que aún habría algunos deambulando
por la enfermería.
Cuando
llegó allí, no se equivocó. Los miembros de su manada seguían estando frente al
edificio, protegiendo a su cachorro, mientras tomaban algo caliente. Fue una
agradable sorpresa ver que algunos lobos de Sven, Omegas en su mayoría, unos
pocos Betas y unos cuantos Alfas que debían de ser los ejecutores de Sven, les
estaban ofreciendo mantas o mantenían una conversación. Sin embargo, detectó
enseguida a aquellos que habían sido hostiles antes, pues estaban más
apartados, pero vigilando.
A
pesar de eso, y a pesar de ver cómo estos se erguían al identificar a los
Uzumaki, Sasuke no aminoró la marcha. Los ejecutores de Sven parecían más
sorprendidos que otra cosa, uno de ellos fue al interior de la enfermería. Dos
de ellos, en cambio, se movieron hacia ellos.
Sasuke
se fijó en que su manada se ponía en pie, mientras que los lobos que habían
estado siendo amistosos con ellos retrocedieron un poco al reconocer a Kushina.
Ya sabía que no sería lo mismo acoger a un cachorro herido que a la Primera
Alfa de una manada rival, pero seguía decidido a mantener seguro a su compañero
y su familia.
—Señor
—lo saludaron los dos ejecutores con una inclinación rápida antes de mirar
nerviosos a Kushina y Kurama—, no sabemos si Sven…
—¿No
teníais un tratado de paz? —preguntó Sasuke.
—Cierto
—dijo la Alfa de pelo castaño y ojos azules—, pero sabes cómo se siente nuestra
manada. Esto podría ocasionar un conflicto interno.
—Kushina
ya no es la Primera Alfa —declaró con fuerza, esperando que lo escucharan
todos.
Vio
por el rabillo del ojo que los lobos de Sven jadeaban sorprendidos o abrían
mucho los ojos.
—¿Qué?
Sasuke
se sintió mejor al reconocer la voz del Alfa. Fue trotando hacia ellos y, antes
de nada, lo saludó con un movimiento de barbilla antes de inclinarse ante
Kushina. Ese gesto le dio esperanzas. Significaba que, pese a su antigua
enemistad, reconocía el rango de Kushina.
—Alfa
—la saludó.
Ella
resopló.
—Ya
no lo soy, Sven —dicho esto, inclinó la cabeza—. Ahora solo soy una loba más.
Este
parpadeó, conmocionado.
—Me
cuesta mucho creer que alguien haya podido derrotarte, o a Kurama —dicho esto,
los observó con detenimiento, buscando sin duda heridas.
—No
ha sido un desafío —intervino Sasuke—, su manada la ha traicionado.
Sven
palideció un momento antes de apretar los puños.
—No
puede ser. Después de todo lo que hiciste por ellos… Después de tantas luchas…
Kushina
esbozó una sonrisa amarga.
—Ya
lo ves, Sven. La vida no es justa —dicho esto, se separó de Minato, dejándolo a
su espalda, para encararse a Sven—. Escucha, no he venido a causar problemas.
Puedes tomar mi antigua manada si quieres, no voy a pedirte piedad por ellos.
Solo quiero que mi cachorro esté bien y marcharme de aquí.
—¿Cómo
se encuentra el cachorro? —preguntó Sasuke con un nudo en la garganta.
Sven
se giró hacia él y, gracias a la Gran Madre, le sonrió. Le apretó un hombro.
—Vivirá.
Su temperatura aún es un poco baja, pero ya no corre peligro. Ahora está durmiendo
y Shin lo está vigilando. Algunos de mis Omegas se han ofrecido a hacer turnos
para cuidarlo si los enfermeros necesitan descansar —dicho esto, se atrevió a
dedicarle una media sonrisa a Kushina—. Tu cachorro se ha vuelto muy popular
aquí, Kushina.
Ella
tenía los ojos llenos de lágrimas y había vuelto a abrazar a Minato, al que se
le escapó un sollozo de alivio. Kurama, a su lado, estrechó a un sonriente
Train contra sí.
Sasuke
también sintió como si se le quitara un peso de encima, dejándolo con una
sensación liviana en el cuerpo, aunque lo notaba un poco entumecido. Sai se
acercó para rodear su espalda con un brazo y darle un apretón fuerte, musitando
que lo habían logrado.
Sven
contempló a la familia con un asomo de lástima. No parecían gravemente heridos,
pero sí hechos pedazos. Kushina y él lucharon cara a cara múltiples veces en el
pasado y verla llena de horribles marcas de electricidad hizo que le hirviera
la sangre. Podría no haberle gustado que tomara parte de su territorio, pero
tampoco la culpaba por ello, hizo lo que tenía que hacer como Primera Alfa,
darle a su gente un nuevo hogar y protegerlos. Siempre la había respetado por
ello y por no buscar nada más que tener un lugar para los suyos, solo peleó por
ese motivo, nunca para apoderarse de otras manadas, a pesar de que podría
haberlo hecho cuando Kurama fue lo bastante fuerte para pelear.
En
cuanto a este, no detectó heridas visibles, pero estaba claramente afectado, lo
veía en sus ojos cansados y podía olerlo en el aire. Dolor, rabia y tristeza.
Una mala mezcla, sin embargo, se mantenía tranquilo.
En
cuanto al Omega humano, ni siquiera quería pensar en su estado. Debía de haber
sido la noche más horrible de toda su vida, a merced de lobos, incapaz de
defenderse por sí mismo ni proteger a su familia.
Inspiró
hondo y soltó el aire despacio. La situación era clara.
Miró
a sus ejecutores a su espalda y se dio cuenta de que su gente también estaba
cerca. Bien, lo dejaría claro para todos.
—Kushina
Uzumaki ha rechazado a su manada —dijo alto y claro, abriendo los brazos—.
Teníamos un tratado de paz con ella antes que no ha sido roto a pesar de las
tensiones entre nosotros. Ya no lo tenemos con la manada que ha dejado atrás,
pero ni ella ni su familia son nuestros enemigos, sino nuestros invitados
—dicho esto, miró a Sasuke—, como los Uchiha. Están bajo su protección, de modo
que se aplicarán los castigos pertinentes como sufran cualquier daño,
cualquiera de ellos. Permanecerán aquí durante la época de celo y, por
supuesto, hasta que su cachorro esté recuperado.
Sasuke
desinfló el pecho al escuchar aquello y, sobre todo, al ver que la gente de
Sven parecía mucho más tranquila, hasta los lobos que eran hostiles parecieron
satisfechos con la decisión y se fueron a sus casas.
Después
de eso, Sven los acompañó hasta la enfermería, ofreciéndose a llevarlos con
Naruto.
Sasuke
se detuvo un momento junto a Kurogane, que regresó a su forma humana.
—Estás
fuera de servicio. Ve con tu compañero.
Kurogane
asintió y le dio un apretón.
—Gracias.
Y me alegro por tu cachorro, mocoso.
Sasuke
sonrió y vio cómo se marchaba. Mientras tanto, Sai fue al interior para ver a
su pareja y Seishiro y Fuuma se reunieron con los demás miembros de la manada
para explicarles lo que había pasado.
Por
otro lado, se extrañó al ver que Kurama y Train se habían quedado cerca de él.
Frunció el ceño.
—Deberías
ir con tu hermano.
Kurama
dio un paso hacia él y le tendió la mano.
—Ven
con nosotros —dijo con voz suave y una mirada brillante en los ojos—. Sé que te
mueres por verlo.
Sasuke
apreció el gesto, pero sacudió la cabeza.
—Este
momento es para la familia.
—Eres
nuestra familia ahora.
—Pero
Kushina y Minato no lo saben aún, ¿no?
Kurama
frunció el ceño.
—Eso
no importa. Eres su compañero, los dos sabemos cómo acabará.
Sasuke
esbozó una pequeña sonrisa.
—Lo
aprecio, pero es mejor así, por ahora. —Kurama abrió la boca para replicar,
pero no lo dejó continuar—. Deja que primero se calmen un poco. Visitad a
Naruto, mirad que esté bien, relajaos un poco y sentíos seguros. Después de
eso, hablaremos.
Kurama
lo meditó un poco antes de asentir. Intercambió una breve mirada con Train y se
fue. Sasuke lo miró con la cabeza ladeada.
—¿No
vas con ellos?
Él
le sonrió.
—Puedo
acompañarte después.
Sasuke
asintió y se miró a sí mismo. Suspiró.
—De
momento, voy a tomar una ducha. Apesto a sangre.
Train
lo acompañó al interior del edificio, donde preguntaron dónde podía darse una
ducha. El Omega se fue por su lado a buscar a Fye para saber cómo estaba
mientras que Sasuke fue a las duchas. Le habían dado una muda caliente y unos
calcetines gordos para poder ir descalzo por el edificio de suelo amaderado.
En
cuanto se adentró en el agua caliente, soltó un gruñido y apoyó la cabeza
contra los fríos azulejos.
Naruto
estaba bien, iba a recuperarse. Su familia estaba a salvo bajo su protección y
la de Sven.
Sus
prioridades de supervivencia estaban en orden, así que solo faltaba abordar el
tema de los compañeros.
Ni
siquiera había podido pararse a pensar en cómo se sentía sobre Naruto. Había
estado tan preocupado y estresado que no se había detenido a analizarlo.
Pensó
en su pequeño cuerpo, intentando imaginarlo en un buen estado y no a punto de
morir.
No
le inspiró otra cosa que no fuera ternura. La idea de tenerlo en brazos era
agradable, pero no iba más allá. No se sentía impaciente por reclamarlo, solo
deseaba que estuviera sano y que fuera feliz. Quería que tuviera una vida
normal con sus padres y hermano, y, de ser posible, le gustaría formar parte de
ella. Tan solo quería visitarlo, hablar con él y conocerlo, nada más.
La
Gran Madre era sabia, su vínculo se desarrollaría y cambiaría con el tiempo.
Las cosas sucederían cuando llegara el momento apropiado.
Hasta
entonces, él esperaría. La idea de no encontrar a su compañero lo había
atormentado mucho más que la de tener que esperarlo. Además, solo serían poco
más de diez años, para un hombre lobo no era demasiado.
Ah,
mierda, crecería tan rápido…
—¿Preocupado,
mocoso?
Se
sobresaltó al escuchar la profunda voz de Kurogane. Se dio la vuelta y lo
encontró desnudo, listo para darse una ducha también.
—Kurogane
—lo saludó antes de sonreírle un poco—. Tu compañero está bien, supongo.
Fue
impresionante cómo su rostro se suavizó al mencionarlo. Nunca lo había visto
así.
—Se
pondrá bien, pero tardará en recuperarse. Sven dejará que se quede aquí hasta
entonces.
Sasuke
ladeó la cabeza.
—¿Me
estás pidiendo permiso para quedarte con él? Adelante, los compañeros son lo
primero.
Esta
vez, Kurogane frunció el ceño.
—Preferiría
que terminara de recuperarse en Japón. Sven es un buen Alfa, pero Fye fue el
ejecutor principal de Kushina y mató a muchos lobos de aquí. Me sentiré mejor
si lo llevo con nosotros.
Sasuke
asintió.
—Puedo
preguntarle a mi padre si nos podemos permitir un jet privado. Iría mucho más
cómodo.
Kurogane
inclinó la cabeza.
—Lo
aprecio.
El
Uchiha le devolvió el gesto y empezó a enjabonarse con fuerza. Quería quitarse
todo el olor a sangre que fuera posible, sobre todo teniendo en cuenta a quién
pertenecía. Los Uzumaki no necesitaban más dolor del que ya acarreaban.
—¿Estás
preocupado? —le preguntó Kurogane, que se estaba duchando a su lado.
Sasuke
supo a lo que se refería. Suspiró.
—Después
de lo que ha pasado, no sé cómo se lo tomarán.
Kurogane
resopló por la nariz.
—Les
has salvado el culo. Deberían darte mérito por eso.
—Kurama
me ha aceptado —dijo con la mirada gacha—, pero los padres son los que tienen
la última palabra.
Kurogane
gruñó:
—Aun
así, precisamente por lo que ha pasado, no deberían separarte de él.
Sasuke
se frotó la piel con agua mientras fruncía el ceño.
—Me
gustaría formar parte de su vida, pero tampoco quiero ponerle las cosas
difíciles.
Se
sobresaltó cuando Kurogane le dio un golpe en el brazo. Fue suave, pero lo
bastante rápido como para asustarlo. Lo miraba con el ceño fruncido.
—Mocoso,
los dos sabemos en qué situación están los Uzumaki. Incluso si sus padres
quieren mantenerlo lejos de ti, en algún momento te verá, y, sin importar la
edad que tenga, se acercará a ti. Y, si descubre que sus padres te han
prohibido acercarte a él siendo su compañero, los resentirá. En cuanto cumpla
la mayoría de edad, se irá contigo y entonces serán ellos los que no podrán
acercarse a él. La diferencia es que tú solo estarás alejado unos años y, ellos,
el resto de sus vidas. Eso es ponerle las cosas difíciles.
Sasuke
se quedó un poco sorprendido, pero tuvo que darle la razón. Si los padres de
Naruto le ponían las cosas difíciles, sería su compañero el que acabaría
sufriendo.
—¿Crees
que debo luchar para permanecer cerca de él? —le preguntó a su ejecutor.
Kurogane
asintió sin dudar.
—Es
lo mejor para tu cachorro. Te tendrá a ti y a su familia.
—¿Qué
pasará cuando crezca lo bastante como para saber quién soy?
Él
se encogió de hombros.
—Será
impactante, pero lo superará. Incluso si quiere alejarse, no tardará mucho en
volver contigo. Sabes cómo funciona el vínculo, mocoso. Ahora que os habéis
encontrado, es inevitable. Solo hay una cosa que podría separaros.
Sasuke
se estremeció. Esa cosa ya había pasado muy cerca de Naruto y no quería que
volviera a suceder.
—Si
el pelirrojo te ha aceptado —añadió el otro lobo—, deja que te apoye. Sus
padres lo escucharán y valorarán su opinión.
Él
inspiró hondo y dejó escapar el aire despacio.
La
noche ya había sido larga de por sí, pero ahora iba a parecer interminable.
Kurogane
le palmeó la espalda.
—Vamos,
mocoso. Ya has peleado por tu compañero, puedes hacerlo un poco más.
Él
esbozó una media sonrisa mientras salía de la ducha.
—Gracias,
Kurogane.
—No
hay de qué —dijo él como si no fuera gran cosa—. Y, si al final te impiden
verlo, ese cachorro tendrá que moverse por nuestro pueblo de todos modos. Sería
muy fácil que más pronto que tarde se acabe topando contigo.
Sasuke
bufó, divertido.
—¿Me
estás diciendo que intervendrás, Kurogane?
Este
se encogió de hombros.
—Es
lo mejor para él y, por su bien, espero que sus padres se den cuenta de ello.
—…
Te lo agradezco —dijo, sonriéndole un poco antes de ponerse serio—. Intentaré
que lo vean desde mi punto de vista.
Kurogane
asintió y le hizo un gesto con la mano para que se marchara.
—Suerte,
mocoso. Cuéntamelo después, sabes dónde encontrarme.
Sasuke
dio media vuelta para salir de las duchas. Se puso la ropa y salió para
regresar a la zona de espera. Allí, vio a Sai junto a Shin.
—No
queríamos irnos sin despedirnos —le dijo su primo con la frente arrugada—, a
menos que me necesites aquí.
Sasuke
sacudió la cabeza.
—No.
Id a descansar.
—¿Estás
seguro?
Él
asintió. Sabía por qué Sai estaba preocupado.
—Me
ocuparé junto a Kurama. No te preocupes —dicho esto, se giró hacia su compañero
y le dedicó una inclinación de cabeza—. Muchas gracias por salvar a Naruto.
Estoy en deuda contigo.
Shin,
en cambio, le sonrió y le frotó los hombros.
—No
por esto. Es un cachorro, no podía abandonarlo. Y es familia mía ahora.
Sasuke
colocó su mano sobre la suya y le dio un apretón antes de dejar que se marchara
con Sai.
Él
se sentó en una de las sillas de madera, intentando mantenerse tranquilo para
la discusión que estaba a punto de desatarse. Sin embargo, no tuvo mucho
tiempo, ya que escuchó las voces de los Uzumaki acercándose. Con un suspiro, se
puso en pie de nuevo y se preparó para recibirlos.
Kushina
y Minato estaban abrazados y se les veía aliviados y felices. Kurama, por otro
lado, tenía mucho mejor aspecto que antes, ya no parecía tan cansado y parecía
haber superado, u olvidado por el momento, el trauma de la batalla con su
padre, incluso tenía una pequeña sonrisa.
Al
verlo, su rostro se iluminó y fue a paso rápido junto a él.
—Está
bien, Sasuke. Dormido como un tronco —dijo, ensanchando su sonrisa en un gesto
tierno—. Ni con todo el escándalo que hemos armado los tres se ha despertado.
Sasuke
se relajó un poco. Su lado animal lo arañó, queriendo ir de inmediato con él
para asegurarse de que estaba bien, para borrar la horrible imagen que guardaba
en su cabeza de cuando lo había sacado de aquel árbol. Sin embargo, se contuvo.
Era importante hacer las cosas bien con los padres de Naruto.
Kurama
debió de notar su inquietud, porque borró su sonrisa y se giró hacia sus
padres. Ellos se dirigían hacia Sasuke con miradas llenas de gratitud.
—Tengo
una gran deuda contigo, Uchiha —le dijo Kushina, inclinando la cabeza.
Sasuke
sacudió la cabeza.
—Para
nada.
Minato,
a su lado, lo miraba con ojos brillantes y atormentados.
—Claro
que sí. Yo le dije que se metiera en el río. Los lobos de Genzo nos encontraron
y no se me ocurrió qué más hacer para protegerlo que eso. —Apretó los puños—.
Sabía que era peligroso, pero era el único modo de borrar su aroma, para que no
lo siguieran. Le dije que saliera en cuanto se hubiera alejado un poco… —dicho
esto, bajó la vista—. Aunque tendría que haberlo pensado mejor. —Alzó los ojos
hacia él. Su mirada era puro alivio—. De no ser por ti, no sé si ahora…
Sasuke
alzó una mano. No quería escucharlo. No podía, teniendo la imagen de su
compañero al borde de la muerte en sus brazos.
Además,
no podía culpar a Minato. Usar el río para borrar el rastro de su cachorro fue
ingenioso, aunque, desde luego, no una opción segura teniendo en cuenta las
bajas temperaturas y que Naruto no tenía ningún otro apoyo. Sin embargo,
tampoco tenía muchas otras alternativas, no estando en inferioridad numérica.
—Lo
importante es que Naruto está sano y salvo y vosotros estáis con él. Lo demás
ya es irrelevante.
Kushina
abrazó a su compañero y lo besó en la cabeza antes de mirar a Sasuke con
interés.
—Ahora
que mi cachorro está bien, siento mucha curiosidad por ti, Uchiha. —Ladeó la
cabeza y frunció un poco el ceño—. Puedo comprender que protegieras a Naruto,
sé que tu clan es honorable y no aprecia a aquellos que matan a criaturas
indefensas, pero, ¿luchar a nuestro lado? No tenías por qué tomar cartas en el
asunto. —Parpadeó y miró a su hijo mayor—. Podría entender que te incomodara
dejar a mi cachorro huérfano sin más, pero habría bastado con avisar a Kurama y
mantenerte al margen. No era necesario poner tu vida y la de tus ejecutores en
riesgo.
Sasuke
hinchó el pecho, respirando hondo.
Era
el momento.
—No
tenía otra opción. Yo…
Entonces,
Kurama se interpuso entre él y su familia.
—Yo
me ocupo —susurró, echándolo un poco hacia atrás con su brazo.
Kushina
frunció el ceño, evidentemente confundida por su ademán protector. Minato
también entendió que estaba pasando algo más.
Sasuke
se tensó un poco, listo para el conflicto, aunque apreció, más que nunca, tener
a Kurama de su parte.
Este
miró fijamente a su madre mientras decía:
—Sasuke
es el compañero de Naruto.
De
haber estado más atento, Sasuke se habría dado cuenta de que la mayor reacción
que obtuvo de Kushina fue que abriera los ojos como platos y formara una perfecta
“o” con los labios.
Sin
embargo, fue Minato quien atrajo toda su atención. Había palidecido en un
instante y todo el brillo en sus ojos se había desvanecido. Ahora, ya no
contemplaba a Sasuke con agradecimiento o alivio, sino con horror.
Despacio,
se deshizo del abrazo de Kushina. Kurama se tensó un poco y Sasuke se preparó
para retroceder. De ningún modo le pondría la mano encima al padre de su
compañero, menos aún siendo un humano.
—¿Cómo
que compañero? —preguntó en un tono amenazador.
Kurama
alzó una mano hacia él.
—Minato,
escúchame, no es lo que piensas.
—¿Ah,
no? —masculló el humano, dando un paso hacia ellos—. Entonces, ¿qué demonios
significa? Porque, cuando conocí a Kushina, ella fue muy explícita.
—Esto
es diferente —dijo Kurama con cuidado.
El
rostro de Minato se deformó por la ira y señaló a Sasuke con un dedo.
—¡Pues
claro que es diferente! ¡Naruto es solo un niño!
Pese
a que no quería hacerlo, Sasuke no pudo contener un gruñido.
—No
soy ningún depravado.
—¡Eso
es lo que dicen todos! —rugió Minato antes de lanzarse a por él.
Kurama
se preparó para detenerlo, pero Kushina intervino cogiendo a su compañero por
la cintura y levantándolo del suelo.
—Minato,
sé que es difícil para ti, pero cálmate.
Él
jadeó y la miró horrorizado.
—¿Lo
aceptas? ¡No!
Ella
lo estrechó contra sí.
—Cariño,
no funciona como piensas.
—¡Y
una mierda! ¡No lo permitiré! ¡Ese bastardo no le pondrá las garras encima a mi
hijo!
—Somos
lobos, no humanos, Minato —replicó la Alfa—. Su vínculo no puede deshacerse y
te repito que no es lo que crees.
—¡No
me importa! —gritó el Omega humano—. ¡Me da igual que sea alguna mierda lobuna,
Naruto es un niño! ¿Qué esperas que haga? ¿Que se lo entregue en bandeja a este
degenerado para que lo viole? ¡No! ¡Antes lo mataré!
Sasuke
arrugó la nariz y apretó los puños. Esta vez, pudo tragarse su gruñido, pese a
que le molestaban los insultos. La sola idea de hacer daño a Naruto de ese modo
lo asqueaba.
—No
tienes que entregármelo y no voy a tocarlo —declaró con una voz potente para
hacerse oír.
Minato
lo hizo, porque dejó de luchar contra su pareja. Aun así, Kushina no lo dejó en
el suelo todavía.
—¿Qué?
—preguntó, confundido.
Sasuke
suspiró mientras Kurama respondía:
—Sasuke
no quiere aparearse con Naruto. El vínculo de compañeros está ahí, pero no es
algo romántico. No todavía, al menos.
Minato
sacudió la cabeza y Kushina, esta vez, permitió que sus pies tocaran el suelo,
aunque siguió sin soltarlo. En vez de eso, lo estrechó contra sí.
—El
vínculo de compañeros es algo más que sexo, querido, ya lo sabes —le dijo la
mujer—. Es una pareja que estará siempre a tu lado, pase lo que pase, y que
solo pensará en tu bienestar, seguridad y felicidad —explicó antes de soltar un
suspiro y lanzarle a Sasuke una mirada de simpatía—. Sasuke preferiría morir
antes que causarle cualquier tipo de dolor a nuestro hijo. ¿No es así?
Este
se sintió un poco más tranquilo al ver que los ánimos se estaban rebajando.
Agradeció mentalmente que Kushina fuera comprensiva con la situación. Así que
volvió a inspirar hondo y escogió con cuidado sus palabras, esperando que
fueran lo bastante suaves como para tranquilizar los miedos del Omega humano.
—Solo
quiero que Naruto sea feliz. Eso significa que necesita a sus padres y tener
una infancia normal con ellos y con su hermano —dijo echándole un vistazo
rápido a Kurama, que sonrió con aprobación—. Irá a la escuela, aprenderá con
los demás cachorros y hará amigos. No voy a apartarlo de eso ni nada parecido.
Solo… —Hizo una pausa. Era una parte dura, pero tenía que hacérselo saber. Miró
a Kushina a los ojos, esperando que viera que era sincero—. Quiero formar parte
de su vida. Quiero hablar con él y conocerlo, saber cómo es. Nada más. No
necesito que me dejéis a solas con él, podéis supervisar mis visitas si eso os
hace sentir más cómodos y seguros —dijo esto mirando a Minato, que parpadeó.
Estaba seguro de que no esperaba eso.
Aun
así, apretó los labios y apartó la vista. Todavía parecía disgustado, aunque,
por otro lado, tampoco había dicho que no.
Kushina,
en cambio, le dedicó una media sonrisa a Sasuke.
—Dame
unos minutos para hablar con mi compañero sobre esto. ¿Por qué no vas a ver a
Naruto mientras tanto? —Al oír eso, Minato se tensó, pero Kushina lo retuvo—.
Kurama te acompañará.
El
pelirrojo sonrió y cogió a Sasuke de la muñeca, tirando de él para llevarlo
junto a Naruto. Aun así, el Uchiha se sentía inquieto, no estaba seguro de si
había logrado convencer al Omega… Pero, por otro lado, la idea de poder ver a
su compañero hizo que su animal interior respingara de alegría.
En
el pasillo, se encontraron con Train, que les sonrió.
—No
ha ido tan mal —comentó mientras avanzaban hacia la habitación de Naruto.
—¿No?
—Sasuke no lo tenía muy claro.
Kurama
lo soltó y resopló satisfecho.
—Mi
madre te ha aceptado.
—Pero
Minato, no.
El
pelirrojo no parecía preocupado.
—Es
humano, hay cosas que todavía no sabe de nosotros, pero aceptó a mi madre a
pesar de saber lo que era —le dijo poniendo una mano en su hombro—. Dale un
poco de tiempo para que asimile todo esto. Ahora está pensando como los
humanos, sin comprender lo que implica el vínculo de compañeros para Naruto y
lo bueno que vas a ser para él.
Sasuke
casi sonríe.
—Aprecio
vuestro apoyo. De verdad.
El
otro Alfa suspiró.
—Naruto
es afortunado. No tendrá que buscar a su compañero durante años y no tendrá
relaciones sentimentales fallidas —dicho esto, frunció el ceño—. Él no pasará
por lo que pasó mi madre.
—Ni
yo —murmuró Sasuke antes de pensar en lo que decía realmente.
Kurama
se detuvo en seco y lo miró con un atisbo de tristeza en los ojos. Train
también parecía apenado.
—Las
noticias llegaron incluso aquí. Lamento que te vieras obligado a hacer eso.
Sasuke
se encogió de hombros.
—Aquellos
que tenemos grandes posiciones corremos altos riesgos.
Kurama
asintió con la mirada baja y reemprendió la marcha.
—Cierto.
Al menos, no llegaste a tener cachorros —añadió en un tono de voz tan bajo que
casi fue inaudible.
El
Uchiha se estremeció, pero decidió no decir nada al respecto. Sospechaba que
las heridas de Kurama todavía eran recientes, aunque no conocía toda su
historia. Sin embargo, se hacía una idea de qué iba.
Kushina
era una Primera Alfa poderosa, era normal que los Omegas hubieran estado detrás
de ella, ser su pareja conllevaba ciertos privilegios y mucha autoridad. Por
supuesto, siempre se corría el riesgo de que apareciera el destinado, bien el
de la Alfa o el del propio Omega, pero era un riesgo bien sabido y muchos lo
aceptaban.
Sin
embargo, era menos habitual que una pareja establecida concibiera cachorros
precisamente por eso. La separación sería dura para ellos y una de las dos
partes podía acabar muy herida. No era tan extraño que dos lobos que habían
perdido a sus compañeros se establecieran y tuvieran cachorros en un intento
por seguir adelante, pero sin ese factor, era más raro.
Teniendo
en cuenta las palabras que Kurama le dijo a Genzo, le dio la sensación de que
este concibió a propósito, probablemente para retener a Kushina y aferrarse a
su posición.
Aun
así, no le salió bien la jugada. El riesgo de los establecimientos se cumplió,
Kushina encontró a su compañero y dejó de lado a Genzo. Además, Kurama apoyó a
su madre y a Minato. No estaba seguro de qué lo llevó a ponerse de su lado,
pero sospechaba que Genzo veía a su hijo como una baza más en su plan
estratégico que como si fuera su cachorro. De lo contrario, no veía modo de que
el pelirrojo hubiera sido capaz de atacar a su padre de una forma tan violenta.
Y,
sin embargo… ¿En qué pensaba Kushina?
No
estaba en contra de que un humano ocupara el lugar de Primer Omega de la
manada, pero, en esa situación, Kushina tendría que haber visto que habría
problemas. No parecía que fuera una Alfa ingenua y, si Genzo era tan buen actor
como para haberla engañado, al menos Kurama la habría advertido. ¿Acaso
consideraron que Genzo no era bueno para la manada? ¿O pretendía que esta
tuviera una mayor aceptación para los humanos y, para ello, decretaron a Minato
como Primer Omega y a Naruto como heredero?
Suspiró.
Le estaba dando demasiadas vueltas. En el liderazgo de una manada había
demasiados factores a tener en cuenta como para hacer suposiciones. Además, no
es que importara mucho ahora.
El
resultado era que los Uzumaki estaban con ellos y que Naruto estaba a salvo.
Kurama
se detuvo frente a una puerta y la abrió con cuidado antes de dejarle paso con
una sonrisa. El brillo había vuelto a sus ojos y vio amor en ellos.
—Adelante.
No tienes que cortarte por mí, sé que eres de fiar.
El
alivio lo inundó y se adentró en la estancia a paso rápido, buscando a Naruto
con la mirada.
Su
compañero estaba en una cama, arropado hasta el cuello. Su piel había
recuperado color, un cálido tono canela, y su respiración era suave y
tranquila. A su lado, había una Omega sentada en la cama que le acariciaba el
cabello rubio. Al verlos, les sonrió.
—Su
temperatura ya es estable. Se pondrá bien con mucho reposo.
Sasuke
suspiró aliviado y se arrodilló junto a la cama. La Omega les dijo que si
necesitaban algo la llamaran y los dejó a solas. El Uchiha notó por el rabillo
del ojo que Kurama se apoyaba en la pared frente a él y Train se sentó a los
pies del cachorro.
Pese
a las palabras de la enfermera, puso una mano en su frente. Sus labios se
curvaron en una sonrisa al sentir que ya no temblaba y que su piel ya no era
gélida. Profundamente agradecido, pasó los dedos por su cabello y apoyó la
frente en el colchón.
—Gracias,
Gran Madre —susurró.
—Es
un cachorro fuerte —dijo Train. Había cariño en su tono—. Como su hermano.
Kurama
resopló:
—Obvio
—dicho esto, su rostro se suavizó—. Tengo ganas de que despierte. Quiero que
sepa que estamos todos bien.
Sasuke
levantó la cabeza y siguió acariciando su cabello.
—El
pobre temblaba tanto cuando lo traje aquí que apenas pudo decirme lo que estaba
pasando. Solo me dijo que sus padres necesitaban ayuda y que te buscara.
Train
arrugó la frente y lo miró con un asomo de compasión.
—Tuvo
que ser muy duro para ti verlo en ese estado.
Sasuke
sintió un escalofrío, pero se obligó a apartar las horribles imágenes
centrándose en el rostro dormido y relajado de su compañero. El sonido de su
respiración lo calmó.
—Incluso
si no fuera mi compañero, es algo horrible de ver —admitió—. El olor de su
miedo era tan fuerte que pude notarlo a pesar de que estaba empapado y del olor
a tierra. —Tragó saliva—. Ahora entiendo lo asustado que estaba.
Kurama
se alejó de la pared para arrodillarse también junto a la cama, por el lado
opuesto al de Sasuke. El aroma de su rabia y tristeza le llenó la nariz.
—Ojalá
hubiera considerado que esto pasaría.
—Mi
Alfa —le dijo Train, acariciando su mejilla—, no te culpes. Éramos tú, yo y
Kushina contra él.
El
Alfa esbozó una media sonrisa amarga.
—Ese
fue nuestro error, ¿verdad? Fuimos arrogantes.
Sasuke
alzó la mirada hacia él.
—Kurama,
ya no importa. Todos estáis bien.
El
pelirrojo agachó la vista.
—No
todos.
Train
apretó el hombro de su compañero.
—Siento
lo de tus ejecutores.
Kurama
tomó su mano.
—Yo
también.
Sasuke
lamentó sus muertes en silencio, pero, al menos, no fueron en vano.
—Sé
que esto no te consolará —dijo—, pero nuestro deber como ejecutores es proteger
al Primer Alfa y a su familia, aun a costa de nuestras vidas. No es un simple
trabajo, es vocación. Si fuera yo, no lo lamentaría. Solo lo haría si no
pudiera cumplir con mi deber.
El
Alfa lo contempló durante un largo rato, mientras que Train tan solo sonrió
mientras acariciaba a su compañero. Al final, el pelirrojo esbozó una media
sonrisa.
—Eres
un buen tipo, Sasuke.
Él
respondió encogiéndose de hombros. No creía que fuera para tanto, solo había
dicho lo que creía. Eso era lo que pensaba decir cuando escuchó que Naruto
soltaba un gemido suave.
Al
instante, se giró hacia él, atento a si necesitaba cualquier cosa. Sin embargo,
solo movía la cabeza de un lado a otro mientras abría poco a poco los párpados.
—Mira
quién se está despertando —dijo Train con un sobresalto, aunque sonreía.
Naruto
movió de forma graciosa su nariz y se giró hacia Sasuke. Sus ojitos azules
brillaban.
—¿Alfa?
Este
sonrió sin dejar de tocar su cabello.
—Hola,
cachorro —lo saludó—. Mira quién está aquí.
Entonces,
Naruto movió la cabeza otra vez. Sus labios se curvaron en una enorme sonrisa
al reconocer a Kurama y Train.
—Hermano…
—dijo con una voz rasposa, pero muy emocionada. Sus ojos se llenaron de
lágrimas.
—Aquí
estoy, pequeñajo —dijo inclinándose sobre él para besarlo en la cabeza—. Papá y
mamá también están aquí, no te preocupes. —Lo abrazó mientras hundía la cara en
su cabello—. Lo has hecho muy bien. Muy bien, Naruto.
El
pequeño dejó escapar un pequeño sollozo a la vez que se acurrucaba en el pecho
de su hermano.
—Tenía…
Tenía mucho miedo, Kurama.
—Lo
sé. No pasa nada. Todo ha acabado y estamos juntos. Vamos a estar bien, ya lo
verás.
Sasuke
vio cómo Train le dedicaba unas palabras tranquilizadoras al cachorro al mismo
tiempo que frotaba la espalda de su compañero. Durante los siguientes minutos,
se dedicaron a calmar al cachorro y asegurarle que estaban bien y no tenían
heridas. Al escuchar eso, Naruto se giró hacia Sasuke y lo recorrió de arriba
abajo con sus cansados ojitos.
—¿Estás
herido, Alfa? —le preguntó.
Él
sonrió.
—Estoy
bien, no te preocupes por mí.
Aun
así, Naruto se escapó de los brazos de Kurama para acercarse a Sasuke y, para
su sorpresa, lo olfateó de nuevo soltando un suspiro antes de abrazarlo por el
cuello.
—Me
alegro —dijo cerrando los ojos, como si disfrutara de su tacto y aroma.
Probablemente
fuera así. Sasuke no había investigado en profundidad casos como el suyo, pero
sí sabía que el cachorro debía de sentir la misma necesidad que él de
permanecer cerca el uno del otro. Creía haber leído también que, a esa edad, lo
percibiría como un miembro más de su familia y que era normal que se mostrara
cariñoso con él.
Una
oleada de calidez lo invadió. La idea de ser parte de su vida lo llenaba de
expectativas. Se le hacía un poco tierno imaginar cómo sería verlo crecer,
aprender y evolucionar, poder ayudarlo en las etapas más difíciles y ver cómo
construía su carácter poco a poco.
En
cierto modo, le parecía una experiencia bonita. Todavía se le hacía un poco
extraño pensar que, en poco más de una década, todo ese cariño y ternura que
sentía en ese momento se convertiría en otra cosa, pero, por el momento, quería
disfrutar de esa etapa de su vida.
Solo
esperaba que sus padres le permitieran eso.
—Sigue
sin gustarme esto, Kushina —maldijo Minato, pasándose las manos por el pelo
mientras andaba de un lado a otro.
Kushina
se había apoyado en la pared junto al pasillo, solo para evitar que su
compañero fuera tras Sasuke. Sabía que el Alfa no le haría daño, pero quería
evitar la confrontación de todos modos.
—Sé
que no es fácil de entender para ti.
Minato
se detuvo y la miró con mala cara.
—En
mi mundo, los adultos que sienten atracción por los niños están mejor
encerrados.
Ella
se encogió de hombros.
—En
el nuestro, les arrancamos las pelotas antes de cortarles la cabeza.
El
Omega hizo una mueca y bajó los brazos, dejándolos a los lados con los puños
apretados.
—¿Y
por qué ese… lobo es diferente? ¿Es que ser un compañero le da derecho a
saltarse las normas?
—En
absoluto —dijo la Alfa encogiéndose de hombros—. Si tuviera la más mínima
impresión de que Sasuke fuera a hacer algo así, no estaría respirando.
—¿Y
por qué confías tanto en él?
Kushina
apretó los labios un segundo mientras lo contemplaba con aire sombrío.
—Minato,
si Sasuke tuviera malas intenciones, no estaríamos vivos.
Él
parpadeó.
—¿Qué?
—Sasuke
es el compañero de Naruto. Aunque sea un niño y no lo haya reclamado aún, tiene
derechos sobre él, se le considera la familia más cercana aparte de nosotros.
Eso significa que, si quisiera hacerle algo malo, lo único que tenía que hacer
era dejar que Genzo nos matara. —Su ceño se acentuó—. Solo tendría que haber
ido a casa de Kurama y matarlo a él y a Train, para asegurarse de que es su
única familia a ojos de la ley. Habría sido fácil, Minato. ¿Eres consciente de
lo cerca que hemos estado de morir? ¿Todos nosotros?
Minato
tragó saliva y bajó los ojos. El aroma de su tristeza empezó a inundar la
estancia, Kushina se dio cuenta y se apartó de la pared para abrazarlo.
—Ha
arriesgado su vida y la de los suyos por nosotros. Porque Naruto le importa más
de lo que te imaginas. Tanto como tú te preocupas por mí. ¿Lo entiendes?
Él
suspiró.
—Entonces,
¿no intentará tocarlo? ¿Nunca?
Kushina
sonrió.
—Será
su hermano mayor, su compañero de travesuras, su amigo, su protector, su
confidente y todo lo que Naruto necesite que sea para él.
—Su
amante también —gruñó.
La
Alfa se echó a reír.
—Vamos,
compañero, no eres tan ingenuo para pensar que Naruto será siempre un niño. En
algún momento, crecerá y querrá tener sexo.
Minato
se separó de ella con una mueca.
—¿Y
tiene que ser con él? ¿No puede…? No sé. Incluso así, es demasiado mayor para
él.
La
loba levantó una ceja.
—¿En
serio, Minato? ¿Tengo que recordarte cuántos años de diferencia nos llevamos tú
y yo?
—¡No
es lo mismo! —replicó con un sonrojo—. Tú y yo éramos adultos. Naruto debería…
Debería hacer estas cosas con gente de su edad.
Kushina
cruzó los brazos a la altura del pecho.
—¿De
veras? ¿Crees que eso es mejor para Naruto?
Minato
frunció el ceño.
—¿A
qué te refieres?
La
mujer ladeó la cabeza.
—No
sé cómo fue tu adolescencia, pero te cuento cómo es la de los lobos. Amores
adolescentes que no duran mucho tiempo porque no tienen la menor idea de lo que
están haciendo y lo que conlleva tener una pareja estable. Imbéciles que te
rompen el corazón porque querían joderte antes de darte una patada en el culo.
Parejas esporádicas con las que pasas el celo antes de que desaparezcan de tu
vida. Estar deseoso de encontrar a tu compañero para poder por fin tener una
relación estable y, sin embargo, pasar años sin encontrarlo. Tener miedo de
establecerte con alguien que te gusta porque temes encontrar un día a tu
compañero y hacerle daño. O establecerte con esa persona y vivir con miedo a
encontrar a tu destinado, o a dejarla embarazada y tener a tus cachorros en
mitad de ese desagradable conflicto. O existir durante siglos anhelando
encontrar a tu compañero sin poder tener una maldita relación normal que dure
más de unos meses porque, Minato, los hombres lobo queremos a nuestro
compañero. Las relaciones románticas no funcionan bien con nosotros porque
sabemos que algún día aparecerá nuestro destinado y todo lo demás no tendrá ni
punto de comparación con eso, nosotros no podemos elegir con quién estar, no
existe otra opción que no sea nuestro compañero. ¿Para qué hacer sufrir a
terceros en vano? —Kushina lo miró con tristeza—. Mira todo lo que ha pasado
por mi culpa. Yo me cansé de esperar a mi destinado y acabé formando una
familia. Nos hemos salvado por los pelos, pero no ha evitado que haya sido
doloroso para todos. Genzo era un cabrón avaricioso, pero Kurama no merecía
pasar por todo aquello, pese a que siempre haya dicho que estaba feliz por
nosotros.
Minato
no dijo nada durante un minuto entero después de eso, pero se limpió los ojos
húmedos con el brazo.
—Naruto
no tendría por qué pasar por lo mismo que tú —murmuró al final.
Kushina
sonrió.
—No,
porque tiene a Sasuke. Él no le romperá el corazón, ni lo abandonará después de
un celo, ni tendrá que enfrentarse al dilema de establecerse con un Alfa o
esperar a su destinado porque ya estará con él. Tampoco tendrá que preocuparse
por su primera vez o sus celos, Sasuke será delicado con él y hará todo lo
posible por darle buenas experiencias. Puede ser raro para ti porque eres
humano, Minato, pero para mí, es un alivio. Mi cachorro tiene parte de su vida
solucionada porque ha encontrado a su destinado.
El
Omega inspiró hondo y suspiró.
—Entonces,
¿cómo se supone que funciona a partir de ahora?
La
Alfa sonrió, sabiendo que había ganado un poco de terreno.
—Naruto
vivirá con nosotros y tendrá una infancia normal. Sasuke solo quiere verlo de
vez en cuando y, como ha dicho él, si te hace estar más tranquilo, podemos
supervisarlo.
Al
oír eso, Minato por fin relajó un poco su postura.
—Sí,
eso hace que me sienta mejor.
Kushina
puso los ojos en blanco.
—Somos
salvajes, pero no tanto como para permitir la pederastia. Tenemos leyes para
estos casos. Hasta que sea mayor de edad, Naruto vivirá con nosotros y su
compañero no tiene derecho a llevárselo salvo circunstancias excepcionales.
—¿Qué
circunstancias son esas? —preguntó Minato, a la defensiva de nuevo.
Sin
embargo, la Alfa seguía tranquila.
—Maltrato
por parte de los progenitores, violación, asesinato, esas cosas. Algo que
demuestre que los padres son un peligro para el cachorro, y, aun así, este
pasaría al cuidado de sus parientes más cercanos. Solo se quedaría con su
compañero si no hubiera nadie más.
El
Omega volvió a calmarse y asintió.
—¿Y
cuando sea mayor de edad?
—Será
decisión de Naruto, compañero. Puede ir a vivir con Sasuke o puede quedarse con
nosotros unos años, o tener un período de transición en el que estaría en ambos
hogares. Lo que sea que le haga sentirse más cómodo.
Minato
se pasó una mano por el pelo. Todavía parecía un poco preocupado, pero, al
menos, su ira se había desvanecido.
—Aunque
sea su compañero, no dejarías…
Kushina
gruñó de un modo que hizo que saltara.
—Me
ofende que pienses que permitiría que le hicieran daño de ese modo a mi
cachorro —dicho esto, suspiró y se acercó a su compañero para abrazarlo—, pero
lo dejaré pasar porque sé que esto es difícil para ti.
Minato
le devolvió el gesto con fuerza.
—Solo
quiero que esté a salvo. Y es verdad. Esta… situación es dura para mí.
Kushina
lo besó en la cabeza.
—Lo
sé, y aprecio mucho todo el esfuerzo que has hecho siempre por adaptarte a mi
mundo. Ahora es jodido, lo entiendo, pero sé que te sentirás mejor tras un
tiempo supervisando las visitas. Te doy mi palabra de que Sasuke no estará
nunca solo con él, siempre estarás tú, yo, Kurama o Train. ¿Te parece bien?
Minato
la miró, todavía con un asomo de duda en los ojos.
—¿Es
lo mejor para Naruto?
Kushina
esbozó una media sonrisa.
—Ahora
que lo conoce, querrá estar con él. Eso te lo puedo asegurar.
El
Omega cerró los ojos con fuerza y la abrazó de nuevo. Ella sintió cómo dejaba
escapar el aire despacio.
—Entonces,
con supervisión. Siempre.
Ella
sonrió y lo estrechó contra sí.
—Ya
verás que, con el tiempo, esto es lo mejor para nuestro cachorro.
—Eso espero, compañera. Eso espero.

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