Sweet mate and son

 


Al llegar a la manada de Sven, Sasuke se tensó de nuevo. No tenía ni idea de cuál iba a ser su reacción, pero eso no cambiaba la amenaza que hizo cuando intentaron evitar que salvara a su compañero.

Ahora, los Uzumaki eran parte de su familia. Habían rechazado a los suyos, por tanto, eran, desde ese día, miembros de su manada. Atacarlos a ellos era atacar a su gente, y los Uchiha tomarían partido.

Escuchó el trote de una pareja de Alfas que patrullaban. Bien, era el momento de prepararse.

—Kurogane y Fuuma, os quiero en pelaje.

Los dos obedecieron. Solo Kurogane debía de ser más que suficiente para persuadir a cualquiera de entrar en combate con él, sobre todo si sabían que su compañero estaba herido.

Seishiro y Sai permanecieron en forma humana, pero estaban preparados para atacar de ser necesario, igual que Sasuke.

Los Uzumaki, al comprender de repente la situación, se tensaron. Kushina abrazó con ademán protector a Minato, mientras que Train ayudaba a Kurama a enderezarse. Pese a que no estaba herido, todavía parecía hecho polvo.

—Tranquilos —les dijo—. Dejad que nosotros nos ocupemos de esto.

Kushina siseó.

—¿Crees que Sven nos permitirá entrar en su territorio?

Sasuke ni se inmutó.

—Has rechazado a tu manada. Ya no tienen nada contra ti.

La Alfa no estaba muy convencida, pero no pudo volver a hablar. Los guardias de la frontera llegaron hasta ellos con el morro arrugado, aunque no iban agazapados ni tenían el pelaje erizado. Vieron a los Uzumaki, pero se concentraron en Sasuke. Sven debía de haberles informado.

Sasuke dio un paso hacia ellos.

—Me hago responsable de los actos de los Uzumaki aquí —dijo sin pensárselo dos veces, haciendo que Kushina abriera los ojos como platos.

Eso significa que, si ellos incumplían alguna norma de Sven, no serían los únicos en recibir un castigo. Sasuke lo sufriría a su lado.

Era un gran voto de confianza, y, aunque lo único que quería Kushina era recuperar a su cachorro y marcharse en paz, le costaba creer que Sasuke tuviera una fe tan ciega en ellos. Después de todo, no se conocían, ni siquiera habían coincidido, a pesar de que la fama del Uchiha había llegado más allá del océano.

Los lobos gruñeron, disgustados. Seguían resistiéndose a permitirles la entrada a sus viejos enemigos, pese a que no querían quedar en malos términos con el Uchiha.

Este, al ver sus dudas, dijo con un tono firme:

—Kushina ha renunciado como Primera Alfa. Ya no forma parte de la manada, ni ella ni su familia.

Al oír eso, los guardias echaron las cabezas hacia atrás y abrieron los ojos como platos.

Sasuke no les dio tiempo a pensar mucho más.

—Sven os dará después los detalles, pero esta familia se encuentra bajo mi protección ahora. ¿Soy claro? —gruñó. Se le estaba agotando la paciencia, solo quería llegar y saber si su cachorro estaba sano y salvo. Había sido muy duro estar lejos de él conociendo su crítico estado y también tener que vivir el drama familiar de los Uzumaki en primera fila.

Todavía que enfrentar a los padres de su compañero, pero, al menos, quería hacerlo teniendo la seguridad de que no debía preocuparse por la manada de Sven.

Los guardias echaron un último vistazo sorprendido a la familia, fijándose en toda la sangre que tenían encima. Después, inclinaron la cabeza ante Sasuke, reconociendo su autoridad, y se hicieron a un lado.

Solo cuando se alejaron lo suficiente de los guardias, Kushina dejó a Minato en los brazos de Kurama y se acercó a Sasuke, permaneciendo a su espalda.

—Uchiha, no es que no aprecie todo lo que has hecho por mi familia, pero, ¿no es un poco excesivo? —le preguntó—. ¿Por qué haces tanto por nosotros?

Sasuke la miró por encima del hombro.

—Hablaremos de eso después. Ahora, lo más importante es tu cachorro.

Kushina sintió que se le encogía el corazón, así que asintió.

Cuando Kurama la estaba liberando, le hizo un muy breve resumen de lo que había sucedido. El Uchiha había encontrado a Naruto en el río, con hipotermia, y la manada de Sven lo estaba curando por orden suya. Naruto le había pedido ayuda al Uchiha y, el resto, era tal y como había sucedido en su pueblo.

Su antiguo hogar. Ahora, estarían solos. Necesitaba remediar eso, no sobrevivirían sin una manada, por muy fuertes que fueran Kurama, Train y ella. Sin embargo, pensaría en eso después, antes, tenía que comprobar el estado de su cachorro. Kurama no había podido asegurarle que estaba a salvo.

Al vislumbrar el pueblo de Sven, Kushina retrocedió y abrazó a Minato de nuevo. Por ahora, tenían que hacer frente a un viejo enemigo. Si bien habían firmado la paz, Kushina era consciente de que aún había rencor entre ambas manadas.

Sasuke no aminoró el paso cuando entró en el territorio de Sven. Ya era muy tarde y muchos se habían ido a dormir, pero estaba seguro de que aún habría algunos deambulando por la enfermería.

Cuando llegó allí, no se equivocó. Los miembros de su manada seguían estando frente al edificio, protegiendo a su cachorro, mientras tomaban algo caliente. Fue una agradable sorpresa ver que algunos lobos de Sven, Omegas en su mayoría, unos pocos Betas y unos cuantos Alfas que debían de ser los ejecutores de Sven, les estaban ofreciendo mantas o mantenían una conversación. Sin embargo, detectó enseguida a aquellos que habían sido hostiles antes, pues estaban más apartados, pero vigilando.

A pesar de eso, y a pesar de ver cómo estos se erguían al identificar a los Uzumaki, Sasuke no aminoró la marcha. Los ejecutores de Sven parecían más sorprendidos que otra cosa, uno de ellos fue al interior de la enfermería. Dos de ellos, en cambio, se movieron hacia ellos.

Sasuke se fijó en que su manada se ponía en pie, mientras que los lobos que habían estado siendo amistosos con ellos retrocedieron un poco al reconocer a Kushina. Ya sabía que no sería lo mismo acoger a un cachorro herido que a la Primera Alfa de una manada rival, pero seguía decidido a mantener seguro a su compañero y su familia.

—Señor —lo saludaron los dos ejecutores con una inclinación rápida antes de mirar nerviosos a Kushina y Kurama—, no sabemos si Sven…

—¿No teníais un tratado de paz? —preguntó Sasuke.

—Cierto —dijo la Alfa de pelo castaño y ojos azules—, pero sabes cómo se siente nuestra manada. Esto podría ocasionar un conflicto interno.

—Kushina ya no es la Primera Alfa —declaró con fuerza, esperando que lo escucharan todos.

Vio por el rabillo del ojo que los lobos de Sven jadeaban sorprendidos o abrían mucho los ojos.

—¿Qué?

Sasuke se sintió mejor al reconocer la voz del Alfa. Fue trotando hacia ellos y, antes de nada, lo saludó con un movimiento de barbilla antes de inclinarse ante Kushina. Ese gesto le dio esperanzas. Significaba que, pese a su antigua enemistad, reconocía el rango de Kushina.

—Alfa —la saludó.

Ella resopló.

—Ya no lo soy, Sven —dicho esto, inclinó la cabeza—. Ahora solo soy una loba más.

Este parpadeó, conmocionado.

—Me cuesta mucho creer que alguien haya podido derrotarte, o a Kurama —dicho esto, los observó con detenimiento, buscando sin duda heridas.

—No ha sido un desafío —intervino Sasuke—, su manada la ha traicionado.

Sven palideció un momento antes de apretar los puños.

—No puede ser. Después de todo lo que hiciste por ellos… Después de tantas luchas…

Kushina esbozó una sonrisa amarga.

—Ya lo ves, Sven. La vida no es justa —dicho esto, se separó de Minato, dejándolo a su espalda, para encararse a Sven—. Escucha, no he venido a causar problemas. Puedes tomar mi antigua manada si quieres, no voy a pedirte piedad por ellos. Solo quiero que mi cachorro esté bien y marcharme de aquí.

—¿Cómo se encuentra el cachorro? —preguntó Sasuke con un nudo en la garganta.

Sven se giró hacia él y, gracias a la Gran Madre, le sonrió. Le apretó un hombro.

—Vivirá. Su temperatura aún es un poco baja, pero ya no corre peligro. Ahora está durmiendo y Shin lo está vigilando. Algunos de mis Omegas se han ofrecido a hacer turnos para cuidarlo si los enfermeros necesitan descansar —dicho esto, se atrevió a dedicarle una media sonrisa a Kushina—. Tu cachorro se ha vuelto muy popular aquí, Kushina.

Ella tenía los ojos llenos de lágrimas y había vuelto a abrazar a Minato, al que se le escapó un sollozo de alivio. Kurama, a su lado, estrechó a un sonriente Train contra sí.

Sasuke también sintió como si se le quitara un peso de encima, dejándolo con una sensación liviana en el cuerpo, aunque lo notaba un poco entumecido. Sai se acercó para rodear su espalda con un brazo y darle un apretón fuerte, musitando que lo habían logrado.

Sven contempló a la familia con un asomo de lástima. No parecían gravemente heridos, pero sí hechos pedazos. Kushina y él lucharon cara a cara múltiples veces en el pasado y verla llena de horribles marcas de electricidad hizo que le hirviera la sangre. Podría no haberle gustado que tomara parte de su territorio, pero tampoco la culpaba por ello, hizo lo que tenía que hacer como Primera Alfa, darle a su gente un nuevo hogar y protegerlos. Siempre la había respetado por ello y por no buscar nada más que tener un lugar para los suyos, solo peleó por ese motivo, nunca para apoderarse de otras manadas, a pesar de que podría haberlo hecho cuando Kurama fue lo bastante fuerte para pelear.

En cuanto a este, no detectó heridas visibles, pero estaba claramente afectado, lo veía en sus ojos cansados y podía olerlo en el aire. Dolor, rabia y tristeza. Una mala mezcla, sin embargo, se mantenía tranquilo.

En cuanto al Omega humano, ni siquiera quería pensar en su estado. Debía de haber sido la noche más horrible de toda su vida, a merced de lobos, incapaz de defenderse por sí mismo ni proteger a su familia.

Inspiró hondo y soltó el aire despacio. La situación era clara.

Miró a sus ejecutores a su espalda y se dio cuenta de que su gente también estaba cerca. Bien, lo dejaría claro para todos.

—Kushina Uzumaki ha rechazado a su manada —dijo alto y claro, abriendo los brazos—. Teníamos un tratado de paz con ella antes que no ha sido roto a pesar de las tensiones entre nosotros. Ya no lo tenemos con la manada que ha dejado atrás, pero ni ella ni su familia son nuestros enemigos, sino nuestros invitados —dicho esto, miró a Sasuke—, como los Uchiha. Están bajo su protección, de modo que se aplicarán los castigos pertinentes como sufran cualquier daño, cualquiera de ellos. Permanecerán aquí durante la época de celo y, por supuesto, hasta que su cachorro esté recuperado.

Sasuke desinfló el pecho al escuchar aquello y, sobre todo, al ver que la gente de Sven parecía mucho más tranquila, hasta los lobos que eran hostiles parecieron satisfechos con la decisión y se fueron a sus casas.

Después de eso, Sven los acompañó hasta la enfermería, ofreciéndose a llevarlos con Naruto.

Sasuke se detuvo un momento junto a Kurogane, que regresó a su forma humana.

—Estás fuera de servicio. Ve con tu compañero.

Kurogane asintió y le dio un apretón.

—Gracias. Y me alegro por tu cachorro, mocoso.

Sasuke sonrió y vio cómo se marchaba. Mientras tanto, Sai fue al interior para ver a su pareja y Seishiro y Fuuma se reunieron con los demás miembros de la manada para explicarles lo que había pasado.

Por otro lado, se extrañó al ver que Kurama y Train se habían quedado cerca de él. Frunció el ceño.

—Deberías ir con tu hermano.

Kurama dio un paso hacia él y le tendió la mano.

—Ven con nosotros —dijo con voz suave y una mirada brillante en los ojos—. Sé que te mueres por verlo.

Sasuke apreció el gesto, pero sacudió la cabeza.

—Este momento es para la familia.

—Eres nuestra familia ahora.

—Pero Kushina y Minato no lo saben aún, ¿no?

Kurama frunció el ceño.

—Eso no importa. Eres su compañero, los dos sabemos cómo acabará.

Sasuke esbozó una pequeña sonrisa.

—Lo aprecio, pero es mejor así, por ahora. —Kurama abrió la boca para replicar, pero no lo dejó continuar—. Deja que primero se calmen un poco. Visitad a Naruto, mirad que esté bien, relajaos un poco y sentíos seguros. Después de eso, hablaremos.

Kurama lo meditó un poco antes de asentir. Intercambió una breve mirada con Train y se fue. Sasuke lo miró con la cabeza ladeada.

—¿No vas con ellos?

Él le sonrió.

—Puedo acompañarte después.

Sasuke asintió y se miró a sí mismo. Suspiró.

—De momento, voy a tomar una ducha. Apesto a sangre.

Train lo acompañó al interior del edificio, donde preguntaron dónde podía darse una ducha. El Omega se fue por su lado a buscar a Fye para saber cómo estaba mientras que Sasuke fue a las duchas. Le habían dado una muda caliente y unos calcetines gordos para poder ir descalzo por el edificio de suelo amaderado.

En cuanto se adentró en el agua caliente, soltó un gruñido y apoyó la cabeza contra los fríos azulejos.

Naruto estaba bien, iba a recuperarse. Su familia estaba a salvo bajo su protección y la de Sven.

Sus prioridades de supervivencia estaban en orden, así que solo faltaba abordar el tema de los compañeros.

Ni siquiera había podido pararse a pensar en cómo se sentía sobre Naruto. Había estado tan preocupado y estresado que no se había detenido a analizarlo.

Pensó en su pequeño cuerpo, intentando imaginarlo en un buen estado y no a punto de morir.

No le inspiró otra cosa que no fuera ternura. La idea de tenerlo en brazos era agradable, pero no iba más allá. No se sentía impaciente por reclamarlo, solo deseaba que estuviera sano y que fuera feliz. Quería que tuviera una vida normal con sus padres y hermano, y, de ser posible, le gustaría formar parte de ella. Tan solo quería visitarlo, hablar con él y conocerlo, nada más.

La Gran Madre era sabia, su vínculo se desarrollaría y cambiaría con el tiempo. Las cosas sucederían cuando llegara el momento apropiado.

Hasta entonces, él esperaría. La idea de no encontrar a su compañero lo había atormentado mucho más que la de tener que esperarlo. Además, solo serían poco más de diez años, para un hombre lobo no era demasiado.

Ah, mierda, crecería tan rápido…

—¿Preocupado, mocoso?

Se sobresaltó al escuchar la profunda voz de Kurogane. Se dio la vuelta y lo encontró desnudo, listo para darse una ducha también.

—Kurogane —lo saludó antes de sonreírle un poco—. Tu compañero está bien, supongo.

Fue impresionante cómo su rostro se suavizó al mencionarlo. Nunca lo había visto así.

—Se pondrá bien, pero tardará en recuperarse. Sven dejará que se quede aquí hasta entonces.

Sasuke ladeó la cabeza.

—¿Me estás pidiendo permiso para quedarte con él? Adelante, los compañeros son lo primero.

Esta vez, Kurogane frunció el ceño.

—Preferiría que terminara de recuperarse en Japón. Sven es un buen Alfa, pero Fye fue el ejecutor principal de Kushina y mató a muchos lobos de aquí. Me sentiré mejor si lo llevo con nosotros.

Sasuke asintió.

—Puedo preguntarle a mi padre si nos podemos permitir un jet privado. Iría mucho más cómodo.

Kurogane inclinó la cabeza.

—Lo aprecio.

El Uchiha le devolvió el gesto y empezó a enjabonarse con fuerza. Quería quitarse todo el olor a sangre que fuera posible, sobre todo teniendo en cuenta a quién pertenecía. Los Uzumaki no necesitaban más dolor del que ya acarreaban.

—¿Estás preocupado? —le preguntó Kurogane, que se estaba duchando a su lado.

Sasuke supo a lo que se refería. Suspiró.

—Después de lo que ha pasado, no sé cómo se lo tomarán.

Kurogane resopló por la nariz.

—Les has salvado el culo. Deberían darte mérito por eso.

—Kurama me ha aceptado —dijo con la mirada gacha—, pero los padres son los que tienen la última palabra.

Kurogane gruñó:

—Aun así, precisamente por lo que ha pasado, no deberían separarte de él.

Sasuke se frotó la piel con agua mientras fruncía el ceño.

—Me gustaría formar parte de su vida, pero tampoco quiero ponerle las cosas difíciles.

Se sobresaltó cuando Kurogane le dio un golpe en el brazo. Fue suave, pero lo bastante rápido como para asustarlo. Lo miraba con el ceño fruncido.

—Mocoso, los dos sabemos en qué situación están los Uzumaki. Incluso si sus padres quieren mantenerlo lejos de ti, en algún momento te verá, y, sin importar la edad que tenga, se acercará a ti. Y, si descubre que sus padres te han prohibido acercarte a él siendo su compañero, los resentirá. En cuanto cumpla la mayoría de edad, se irá contigo y entonces serán ellos los que no podrán acercarse a él. La diferencia es que tú solo estarás alejado unos años y, ellos, el resto de sus vidas. Eso es ponerle las cosas difíciles.

Sasuke se quedó un poco sorprendido, pero tuvo que darle la razón. Si los padres de Naruto le ponían las cosas difíciles, sería su compañero el que acabaría sufriendo.

—¿Crees que debo luchar para permanecer cerca de él? —le preguntó a su ejecutor.

Kurogane asintió sin dudar.

—Es lo mejor para tu cachorro. Te tendrá a ti y a su familia.

—¿Qué pasará cuando crezca lo bastante como para saber quién soy?

Él se encogió de hombros.

—Será impactante, pero lo superará. Incluso si quiere alejarse, no tardará mucho en volver contigo. Sabes cómo funciona el vínculo, mocoso. Ahora que os habéis encontrado, es inevitable. Solo hay una cosa que podría separaros.

Sasuke se estremeció. Esa cosa ya había pasado muy cerca de Naruto y no quería que volviera a suceder.

—Si el pelirrojo te ha aceptado —añadió el otro lobo—, deja que te apoye. Sus padres lo escucharán y valorarán su opinión.

Él inspiró hondo y dejó escapar el aire despacio.

La noche ya había sido larga de por sí, pero ahora iba a parecer interminable.

Kurogane le palmeó la espalda.

—Vamos, mocoso. Ya has peleado por tu compañero, puedes hacerlo un poco más.

Él esbozó una media sonrisa mientras salía de la ducha.

—Gracias, Kurogane.

—No hay de qué —dijo él como si no fuera gran cosa—. Y, si al final te impiden verlo, ese cachorro tendrá que moverse por nuestro pueblo de todos modos. Sería muy fácil que más pronto que tarde se acabe topando contigo.

Sasuke bufó, divertido.

—¿Me estás diciendo que intervendrás, Kurogane?

Este se encogió de hombros.

—Es lo mejor para él y, por su bien, espero que sus padres se den cuenta de ello.

—… Te lo agradezco —dijo, sonriéndole un poco antes de ponerse serio—. Intentaré que lo vean desde mi punto de vista.

Kurogane asintió y le hizo un gesto con la mano para que se marchara.

—Suerte, mocoso. Cuéntamelo después, sabes dónde encontrarme.

Sasuke dio media vuelta para salir de las duchas. Se puso la ropa y salió para regresar a la zona de espera. Allí, vio a Sai junto a Shin.

—No queríamos irnos sin despedirnos —le dijo su primo con la frente arrugada—, a menos que me necesites aquí.

Sasuke sacudió la cabeza.

—No. Id a descansar.

—¿Estás seguro?

Él asintió. Sabía por qué Sai estaba preocupado.

—Me ocuparé junto a Kurama. No te preocupes —dicho esto, se giró hacia su compañero y le dedicó una inclinación de cabeza—. Muchas gracias por salvar a Naruto. Estoy en deuda contigo.

Shin, en cambio, le sonrió y le frotó los hombros.

—No por esto. Es un cachorro, no podía abandonarlo. Y es familia mía ahora.

Sasuke colocó su mano sobre la suya y le dio un apretón antes de dejar que se marchara con Sai.

Él se sentó en una de las sillas de madera, intentando mantenerse tranquilo para la discusión que estaba a punto de desatarse. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo, ya que escuchó las voces de los Uzumaki acercándose. Con un suspiro, se puso en pie de nuevo y se preparó para recibirlos.

Kushina y Minato estaban abrazados y se les veía aliviados y felices. Kurama, por otro lado, tenía mucho mejor aspecto que antes, ya no parecía tan cansado y parecía haber superado, u olvidado por el momento, el trauma de la batalla con su padre, incluso tenía una pequeña sonrisa.

Al verlo, su rostro se iluminó y fue a paso rápido junto a él.

—Está bien, Sasuke. Dormido como un tronco —dijo, ensanchando su sonrisa en un gesto tierno—. Ni con todo el escándalo que hemos armado los tres se ha despertado.

Sasuke se relajó un poco. Su lado animal lo arañó, queriendo ir de inmediato con él para asegurarse de que estaba bien, para borrar la horrible imagen que guardaba en su cabeza de cuando lo había sacado de aquel árbol. Sin embargo, se contuvo. Era importante hacer las cosas bien con los padres de Naruto.

Kurama debió de notar su inquietud, porque borró su sonrisa y se giró hacia sus padres. Ellos se dirigían hacia Sasuke con miradas llenas de gratitud.

—Tengo una gran deuda contigo, Uchiha —le dijo Kushina, inclinando la cabeza.

Sasuke sacudió la cabeza.

—Para nada.

Minato, a su lado, lo miraba con ojos brillantes y atormentados.

—Claro que sí. Yo le dije que se metiera en el río. Los lobos de Genzo nos encontraron y no se me ocurrió qué más hacer para protegerlo que eso. —Apretó los puños—. Sabía que era peligroso, pero era el único modo de borrar su aroma, para que no lo siguieran. Le dije que saliera en cuanto se hubiera alejado un poco… —dicho esto, bajó la vista—. Aunque tendría que haberlo pensado mejor. —Alzó los ojos hacia él. Su mirada era puro alivio—. De no ser por ti, no sé si ahora…

Sasuke alzó una mano. No quería escucharlo. No podía, teniendo la imagen de su compañero al borde de la muerte en sus brazos.

Además, no podía culpar a Minato. Usar el río para borrar el rastro de su cachorro fue ingenioso, aunque, desde luego, no una opción segura teniendo en cuenta las bajas temperaturas y que Naruto no tenía ningún otro apoyo. Sin embargo, tampoco tenía muchas otras alternativas, no estando en inferioridad numérica.

—Lo importante es que Naruto está sano y salvo y vosotros estáis con él. Lo demás ya es irrelevante.

Kushina abrazó a su compañero y lo besó en la cabeza antes de mirar a Sasuke con interés.

—Ahora que mi cachorro está bien, siento mucha curiosidad por ti, Uchiha. —Ladeó la cabeza y frunció un poco el ceño—. Puedo comprender que protegieras a Naruto, sé que tu clan es honorable y no aprecia a aquellos que matan a criaturas indefensas, pero, ¿luchar a nuestro lado? No tenías por qué tomar cartas en el asunto. —Parpadeó y miró a su hijo mayor—. Podría entender que te incomodara dejar a mi cachorro huérfano sin más, pero habría bastado con avisar a Kurama y mantenerte al margen. No era necesario poner tu vida y la de tus ejecutores en riesgo.

Sasuke hinchó el pecho, respirando hondo.

Era el momento.

—No tenía otra opción. Yo…

Entonces, Kurama se interpuso entre él y su familia.

—Yo me ocupo —susurró, echándolo un poco hacia atrás con su brazo.

Kushina frunció el ceño, evidentemente confundida por su ademán protector. Minato también entendió que estaba pasando algo más.

Sasuke se tensó un poco, listo para el conflicto, aunque apreció, más que nunca, tener a Kurama de su parte.

Este miró fijamente a su madre mientras decía:

—Sasuke es el compañero de Naruto.

De haber estado más atento, Sasuke se habría dado cuenta de que la mayor reacción que obtuvo de Kushina fue que abriera los ojos como platos y formara una perfecta “o” con los labios.

Sin embargo, fue Minato quien atrajo toda su atención. Había palidecido en un instante y todo el brillo en sus ojos se había desvanecido. Ahora, ya no contemplaba a Sasuke con agradecimiento o alivio, sino con horror.

Despacio, se deshizo del abrazo de Kushina. Kurama se tensó un poco y Sasuke se preparó para retroceder. De ningún modo le pondría la mano encima al padre de su compañero, menos aún siendo un humano.

—¿Cómo que compañero? —preguntó en un tono amenazador.

Kurama alzó una mano hacia él.

—Minato, escúchame, no es lo que piensas.

—¿Ah, no? —masculló el humano, dando un paso hacia ellos—. Entonces, ¿qué demonios significa? Porque, cuando conocí a Kushina, ella fue muy explícita.

—Esto es diferente —dijo Kurama con cuidado.

El rostro de Minato se deformó por la ira y señaló a Sasuke con un dedo.

—¡Pues claro que es diferente! ¡Naruto es solo un niño!

Pese a que no quería hacerlo, Sasuke no pudo contener un gruñido.

—No soy ningún depravado.

—¡Eso es lo que dicen todos! —rugió Minato antes de lanzarse a por él.

Kurama se preparó para detenerlo, pero Kushina intervino cogiendo a su compañero por la cintura y levantándolo del suelo.

—Minato, sé que es difícil para ti, pero cálmate.

Él jadeó y la miró horrorizado.

—¿Lo aceptas? ¡No!

Ella lo estrechó contra sí.

—Cariño, no funciona como piensas.

—¡Y una mierda! ¡No lo permitiré! ¡Ese bastardo no le pondrá las garras encima a mi hijo!

—Somos lobos, no humanos, Minato —replicó la Alfa—. Su vínculo no puede deshacerse y te repito que no es lo que crees.

—¡No me importa! —gritó el Omega humano—. ¡Me da igual que sea alguna mierda lobuna, Naruto es un niño! ¿Qué esperas que haga? ¿Que se lo entregue en bandeja a este degenerado para que lo viole? ¡No! ¡Antes lo mataré!

Sasuke arrugó la nariz y apretó los puños. Esta vez, pudo tragarse su gruñido, pese a que le molestaban los insultos. La sola idea de hacer daño a Naruto de ese modo lo asqueaba.

—No tienes que entregármelo y no voy a tocarlo —declaró con una voz potente para hacerse oír.

Minato lo hizo, porque dejó de luchar contra su pareja. Aun así, Kushina no lo dejó en el suelo todavía.

—¿Qué? —preguntó, confundido.

Sasuke suspiró mientras Kurama respondía:

—Sasuke no quiere aparearse con Naruto. El vínculo de compañeros está ahí, pero no es algo romántico. No todavía, al menos.

Minato sacudió la cabeza y Kushina, esta vez, permitió que sus pies tocaran el suelo, aunque siguió sin soltarlo. En vez de eso, lo estrechó contra sí.

—El vínculo de compañeros es algo más que sexo, querido, ya lo sabes —le dijo la mujer—. Es una pareja que estará siempre a tu lado, pase lo que pase, y que solo pensará en tu bienestar, seguridad y felicidad —explicó antes de soltar un suspiro y lanzarle a Sasuke una mirada de simpatía—. Sasuke preferiría morir antes que causarle cualquier tipo de dolor a nuestro hijo. ¿No es así?

Este se sintió un poco más tranquilo al ver que los ánimos se estaban rebajando. Agradeció mentalmente que Kushina fuera comprensiva con la situación. Así que volvió a inspirar hondo y escogió con cuidado sus palabras, esperando que fueran lo bastante suaves como para tranquilizar los miedos del Omega humano.

—Solo quiero que Naruto sea feliz. Eso significa que necesita a sus padres y tener una infancia normal con ellos y con su hermano —dijo echándole un vistazo rápido a Kurama, que sonrió con aprobación—. Irá a la escuela, aprenderá con los demás cachorros y hará amigos. No voy a apartarlo de eso ni nada parecido. Solo… —Hizo una pausa. Era una parte dura, pero tenía que hacérselo saber. Miró a Kushina a los ojos, esperando que viera que era sincero—. Quiero formar parte de su vida. Quiero hablar con él y conocerlo, saber cómo es. Nada más. No necesito que me dejéis a solas con él, podéis supervisar mis visitas si eso os hace sentir más cómodos y seguros —dijo esto mirando a Minato, que parpadeó. Estaba seguro de que no esperaba eso.

Aun así, apretó los labios y apartó la vista. Todavía parecía disgustado, aunque, por otro lado, tampoco había dicho que no.

Kushina, en cambio, le dedicó una media sonrisa a Sasuke.

—Dame unos minutos para hablar con mi compañero sobre esto. ¿Por qué no vas a ver a Naruto mientras tanto? —Al oír eso, Minato se tensó, pero Kushina lo retuvo—. Kurama te acompañará.

El pelirrojo sonrió y cogió a Sasuke de la muñeca, tirando de él para llevarlo junto a Naruto. Aun así, el Uchiha se sentía inquieto, no estaba seguro de si había logrado convencer al Omega… Pero, por otro lado, la idea de poder ver a su compañero hizo que su animal interior respingara de alegría.

En el pasillo, se encontraron con Train, que les sonrió.

—No ha ido tan mal —comentó mientras avanzaban hacia la habitación de Naruto.

—¿No? —Sasuke no lo tenía muy claro.

Kurama lo soltó y resopló satisfecho.

—Mi madre te ha aceptado.

—Pero Minato, no.

El pelirrojo no parecía preocupado.

—Es humano, hay cosas que todavía no sabe de nosotros, pero aceptó a mi madre a pesar de saber lo que era —le dijo poniendo una mano en su hombro—. Dale un poco de tiempo para que asimile todo esto. Ahora está pensando como los humanos, sin comprender lo que implica el vínculo de compañeros para Naruto y lo bueno que vas a ser para él.

Sasuke casi sonríe.

—Aprecio vuestro apoyo. De verdad.

El otro Alfa suspiró.

—Naruto es afortunado. No tendrá que buscar a su compañero durante años y no tendrá relaciones sentimentales fallidas —dicho esto, frunció el ceño—. Él no pasará por lo que pasó mi madre.

—Ni yo —murmuró Sasuke antes de pensar en lo que decía realmente.

Kurama se detuvo en seco y lo miró con un atisbo de tristeza en los ojos. Train también parecía apenado.

—Las noticias llegaron incluso aquí. Lamento que te vieras obligado a hacer eso.

Sasuke se encogió de hombros.

—Aquellos que tenemos grandes posiciones corremos altos riesgos.

Kurama asintió con la mirada baja y reemprendió la marcha.

—Cierto. Al menos, no llegaste a tener cachorros —añadió en un tono de voz tan bajo que casi fue inaudible.

El Uchiha se estremeció, pero decidió no decir nada al respecto. Sospechaba que las heridas de Kurama todavía eran recientes, aunque no conocía toda su historia. Sin embargo, se hacía una idea de qué iba.

Kushina era una Primera Alfa poderosa, era normal que los Omegas hubieran estado detrás de ella, ser su pareja conllevaba ciertos privilegios y mucha autoridad. Por supuesto, siempre se corría el riesgo de que apareciera el destinado, bien el de la Alfa o el del propio Omega, pero era un riesgo bien sabido y muchos lo aceptaban.

Sin embargo, era menos habitual que una pareja establecida concibiera cachorros precisamente por eso. La separación sería dura para ellos y una de las dos partes podía acabar muy herida. No era tan extraño que dos lobos que habían perdido a sus compañeros se establecieran y tuvieran cachorros en un intento por seguir adelante, pero sin ese factor, era más raro.

Teniendo en cuenta las palabras que Kurama le dijo a Genzo, le dio la sensación de que este concibió a propósito, probablemente para retener a Kushina y aferrarse a su posición.

Aun así, no le salió bien la jugada. El riesgo de los establecimientos se cumplió, Kushina encontró a su compañero y dejó de lado a Genzo. Además, Kurama apoyó a su madre y a Minato. No estaba seguro de qué lo llevó a ponerse de su lado, pero sospechaba que Genzo veía a su hijo como una baza más en su plan estratégico que como si fuera su cachorro. De lo contrario, no veía modo de que el pelirrojo hubiera sido capaz de atacar a su padre de una forma tan violenta.

Y, sin embargo… ¿En qué pensaba Kushina?

No estaba en contra de que un humano ocupara el lugar de Primer Omega de la manada, pero, en esa situación, Kushina tendría que haber visto que habría problemas. No parecía que fuera una Alfa ingenua y, si Genzo era tan buen actor como para haberla engañado, al menos Kurama la habría advertido. ¿Acaso consideraron que Genzo no era bueno para la manada? ¿O pretendía que esta tuviera una mayor aceptación para los humanos y, para ello, decretaron a Minato como Primer Omega y a Naruto como heredero?

Suspiró. Le estaba dando demasiadas vueltas. En el liderazgo de una manada había demasiados factores a tener en cuenta como para hacer suposiciones. Además, no es que importara mucho ahora.

El resultado era que los Uzumaki estaban con ellos y que Naruto estaba a salvo.

Kurama se detuvo frente a una puerta y la abrió con cuidado antes de dejarle paso con una sonrisa. El brillo había vuelto a sus ojos y vio amor en ellos.

—Adelante. No tienes que cortarte por mí, sé que eres de fiar.

El alivio lo inundó y se adentró en la estancia a paso rápido, buscando a Naruto con la mirada.

Su compañero estaba en una cama, arropado hasta el cuello. Su piel había recuperado color, un cálido tono canela, y su respiración era suave y tranquila. A su lado, había una Omega sentada en la cama que le acariciaba el cabello rubio. Al verlos, les sonrió.

—Su temperatura ya es estable. Se pondrá bien con mucho reposo.

Sasuke suspiró aliviado y se arrodilló junto a la cama. La Omega les dijo que si necesitaban algo la llamaran y los dejó a solas. El Uchiha notó por el rabillo del ojo que Kurama se apoyaba en la pared frente a él y Train se sentó a los pies del cachorro.

Pese a las palabras de la enfermera, puso una mano en su frente. Sus labios se curvaron en una sonrisa al sentir que ya no temblaba y que su piel ya no era gélida. Profundamente agradecido, pasó los dedos por su cabello y apoyó la frente en el colchón.

—Gracias, Gran Madre —susurró.

—Es un cachorro fuerte —dijo Train. Había cariño en su tono—. Como su hermano.

Kurama resopló:

—Obvio —dicho esto, su rostro se suavizó—. Tengo ganas de que despierte. Quiero que sepa que estamos todos bien.

Sasuke levantó la cabeza y siguió acariciando su cabello.

—El pobre temblaba tanto cuando lo traje aquí que apenas pudo decirme lo que estaba pasando. Solo me dijo que sus padres necesitaban ayuda y que te buscara.

Train arrugó la frente y lo miró con un asomo de compasión.

—Tuvo que ser muy duro para ti verlo en ese estado.

Sasuke sintió un escalofrío, pero se obligó a apartar las horribles imágenes centrándose en el rostro dormido y relajado de su compañero. El sonido de su respiración lo calmó.

—Incluso si no fuera mi compañero, es algo horrible de ver —admitió—. El olor de su miedo era tan fuerte que pude notarlo a pesar de que estaba empapado y del olor a tierra. —Tragó saliva—. Ahora entiendo lo asustado que estaba.

Kurama se alejó de la pared para arrodillarse también junto a la cama, por el lado opuesto al de Sasuke. El aroma de su rabia y tristeza le llenó la nariz.

—Ojalá hubiera considerado que esto pasaría.

—Mi Alfa —le dijo Train, acariciando su mejilla—, no te culpes. Éramos tú, yo y Kushina contra él.

El Alfa esbozó una media sonrisa amarga.

—Ese fue nuestro error, ¿verdad? Fuimos arrogantes.

Sasuke alzó la mirada hacia él.

—Kurama, ya no importa. Todos estáis bien.

El pelirrojo agachó la vista.

—No todos.

Train apretó el hombro de su compañero.

—Siento lo de tus ejecutores.

Kurama tomó su mano.

—Yo también.

Sasuke lamentó sus muertes en silencio, pero, al menos, no fueron en vano.

—Sé que esto no te consolará —dijo—, pero nuestro deber como ejecutores es proteger al Primer Alfa y a su familia, aun a costa de nuestras vidas. No es un simple trabajo, es vocación. Si fuera yo, no lo lamentaría. Solo lo haría si no pudiera cumplir con mi deber.

El Alfa lo contempló durante un largo rato, mientras que Train tan solo sonrió mientras acariciaba a su compañero. Al final, el pelirrojo esbozó una media sonrisa.

—Eres un buen tipo, Sasuke.

Él respondió encogiéndose de hombros. No creía que fuera para tanto, solo había dicho lo que creía. Eso era lo que pensaba decir cuando escuchó que Naruto soltaba un gemido suave.

Al instante, se giró hacia él, atento a si necesitaba cualquier cosa. Sin embargo, solo movía la cabeza de un lado a otro mientras abría poco a poco los párpados.

—Mira quién se está despertando —dijo Train con un sobresalto, aunque sonreía.

Naruto movió de forma graciosa su nariz y se giró hacia Sasuke. Sus ojitos azules brillaban.

—¿Alfa?

Este sonrió sin dejar de tocar su cabello.

—Hola, cachorro —lo saludó—. Mira quién está aquí.

Entonces, Naruto movió la cabeza otra vez. Sus labios se curvaron en una enorme sonrisa al reconocer a Kurama y Train.

—Hermano… —dijo con una voz rasposa, pero muy emocionada. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Aquí estoy, pequeñajo —dijo inclinándose sobre él para besarlo en la cabeza—. Papá y mamá también están aquí, no te preocupes. —Lo abrazó mientras hundía la cara en su cabello—. Lo has hecho muy bien. Muy bien, Naruto.

El pequeño dejó escapar un pequeño sollozo a la vez que se acurrucaba en el pecho de su hermano.

—Tenía… Tenía mucho miedo, Kurama.

—Lo sé. No pasa nada. Todo ha acabado y estamos juntos. Vamos a estar bien, ya lo verás.

Sasuke vio cómo Train le dedicaba unas palabras tranquilizadoras al cachorro al mismo tiempo que frotaba la espalda de su compañero. Durante los siguientes minutos, se dedicaron a calmar al cachorro y asegurarle que estaban bien y no tenían heridas. Al escuchar eso, Naruto se giró hacia Sasuke y lo recorrió de arriba abajo con sus cansados ojitos.

—¿Estás herido, Alfa? —le preguntó.

Él sonrió.

—Estoy bien, no te preocupes por mí.

Aun así, Naruto se escapó de los brazos de Kurama para acercarse a Sasuke y, para su sorpresa, lo olfateó de nuevo soltando un suspiro antes de abrazarlo por el cuello.

—Me alegro —dijo cerrando los ojos, como si disfrutara de su tacto y aroma.

Probablemente fuera así. Sasuke no había investigado en profundidad casos como el suyo, pero sí sabía que el cachorro debía de sentir la misma necesidad que él de permanecer cerca el uno del otro. Creía haber leído también que, a esa edad, lo percibiría como un miembro más de su familia y que era normal que se mostrara cariñoso con él.

Una oleada de calidez lo invadió. La idea de ser parte de su vida lo llenaba de expectativas. Se le hacía un poco tierno imaginar cómo sería verlo crecer, aprender y evolucionar, poder ayudarlo en las etapas más difíciles y ver cómo construía su carácter poco a poco.

En cierto modo, le parecía una experiencia bonita. Todavía se le hacía un poco extraño pensar que, en poco más de una década, todo ese cariño y ternura que sentía en ese momento se convertiría en otra cosa, pero, por el momento, quería disfrutar de esa etapa de su vida.

Solo esperaba que sus padres le permitieran eso.

 

 

—Sigue sin gustarme esto, Kushina —maldijo Minato, pasándose las manos por el pelo mientras andaba de un lado a otro.

Kushina se había apoyado en la pared junto al pasillo, solo para evitar que su compañero fuera tras Sasuke. Sabía que el Alfa no le haría daño, pero quería evitar la confrontación de todos modos.

—Sé que no es fácil de entender para ti.

Minato se detuvo y la miró con mala cara.

—En mi mundo, los adultos que sienten atracción por los niños están mejor encerrados.

Ella se encogió de hombros.

—En el nuestro, les arrancamos las pelotas antes de cortarles la cabeza.

El Omega hizo una mueca y bajó los brazos, dejándolos a los lados con los puños apretados.

—¿Y por qué ese… lobo es diferente? ¿Es que ser un compañero le da derecho a saltarse las normas?

—En absoluto —dijo la Alfa encogiéndose de hombros—. Si tuviera la más mínima impresión de que Sasuke fuera a hacer algo así, no estaría respirando.

—¿Y por qué confías tanto en él?

Kushina apretó los labios un segundo mientras lo contemplaba con aire sombrío.

—Minato, si Sasuke tuviera malas intenciones, no estaríamos vivos.

Él parpadeó.

—¿Qué?

—Sasuke es el compañero de Naruto. Aunque sea un niño y no lo haya reclamado aún, tiene derechos sobre él, se le considera la familia más cercana aparte de nosotros. Eso significa que, si quisiera hacerle algo malo, lo único que tenía que hacer era dejar que Genzo nos matara. —Su ceño se acentuó—. Solo tendría que haber ido a casa de Kurama y matarlo a él y a Train, para asegurarse de que es su única familia a ojos de la ley. Habría sido fácil, Minato. ¿Eres consciente de lo cerca que hemos estado de morir? ¿Todos nosotros?

Minato tragó saliva y bajó los ojos. El aroma de su tristeza empezó a inundar la estancia, Kushina se dio cuenta y se apartó de la pared para abrazarlo.

—Ha arriesgado su vida y la de los suyos por nosotros. Porque Naruto le importa más de lo que te imaginas. Tanto como tú te preocupas por mí. ¿Lo entiendes?

Él suspiró.

—Entonces, ¿no intentará tocarlo? ¿Nunca?

Kushina sonrió.

—Será su hermano mayor, su compañero de travesuras, su amigo, su protector, su confidente y todo lo que Naruto necesite que sea para él.

—Su amante también —gruñó.

La Alfa se echó a reír.

—Vamos, compañero, no eres tan ingenuo para pensar que Naruto será siempre un niño. En algún momento, crecerá y querrá tener sexo.

Minato se separó de ella con una mueca.

—¿Y tiene que ser con él? ¿No puede…? No sé. Incluso así, es demasiado mayor para él.

La loba levantó una ceja.

—¿En serio, Minato? ¿Tengo que recordarte cuántos años de diferencia nos llevamos tú y yo?

—¡No es lo mismo! —replicó con un sonrojo—. Tú y yo éramos adultos. Naruto debería… Debería hacer estas cosas con gente de su edad.

Kushina cruzó los brazos a la altura del pecho.

—¿De veras? ¿Crees que eso es mejor para Naruto?

Minato frunció el ceño.

—¿A qué te refieres?

La mujer ladeó la cabeza.

—No sé cómo fue tu adolescencia, pero te cuento cómo es la de los lobos. Amores adolescentes que no duran mucho tiempo porque no tienen la menor idea de lo que están haciendo y lo que conlleva tener una pareja estable. Imbéciles que te rompen el corazón porque querían joderte antes de darte una patada en el culo. Parejas esporádicas con las que pasas el celo antes de que desaparezcan de tu vida. Estar deseoso de encontrar a tu compañero para poder por fin tener una relación estable y, sin embargo, pasar años sin encontrarlo. Tener miedo de establecerte con alguien que te gusta porque temes encontrar un día a tu compañero y hacerle daño. O establecerte con esa persona y vivir con miedo a encontrar a tu destinado, o a dejarla embarazada y tener a tus cachorros en mitad de ese desagradable conflicto. O existir durante siglos anhelando encontrar a tu compañero sin poder tener una maldita relación normal que dure más de unos meses porque, Minato, los hombres lobo queremos a nuestro compañero. Las relaciones románticas no funcionan bien con nosotros porque sabemos que algún día aparecerá nuestro destinado y todo lo demás no tendrá ni punto de comparación con eso, nosotros no podemos elegir con quién estar, no existe otra opción que no sea nuestro compañero. ¿Para qué hacer sufrir a terceros en vano? —Kushina lo miró con tristeza—. Mira todo lo que ha pasado por mi culpa. Yo me cansé de esperar a mi destinado y acabé formando una familia. Nos hemos salvado por los pelos, pero no ha evitado que haya sido doloroso para todos. Genzo era un cabrón avaricioso, pero Kurama no merecía pasar por todo aquello, pese a que siempre haya dicho que estaba feliz por nosotros.

Minato no dijo nada durante un minuto entero después de eso, pero se limpió los ojos húmedos con el brazo.

—Naruto no tendría por qué pasar por lo mismo que tú —murmuró al final.

Kushina sonrió.

—No, porque tiene a Sasuke. Él no le romperá el corazón, ni lo abandonará después de un celo, ni tendrá que enfrentarse al dilema de establecerse con un Alfa o esperar a su destinado porque ya estará con él. Tampoco tendrá que preocuparse por su primera vez o sus celos, Sasuke será delicado con él y hará todo lo posible por darle buenas experiencias. Puede ser raro para ti porque eres humano, Minato, pero para mí, es un alivio. Mi cachorro tiene parte de su vida solucionada porque ha encontrado a su destinado.

El Omega inspiró hondo y suspiró.

—Entonces, ¿cómo se supone que funciona a partir de ahora?

La Alfa sonrió, sabiendo que había ganado un poco de terreno.

—Naruto vivirá con nosotros y tendrá una infancia normal. Sasuke solo quiere verlo de vez en cuando y, como ha dicho él, si te hace estar más tranquilo, podemos supervisarlo.

Al oír eso, Minato por fin relajó un poco su postura.

—Sí, eso hace que me sienta mejor.

Kushina puso los ojos en blanco.

—Somos salvajes, pero no tanto como para permitir la pederastia. Tenemos leyes para estos casos. Hasta que sea mayor de edad, Naruto vivirá con nosotros y su compañero no tiene derecho a llevárselo salvo circunstancias excepcionales.

—¿Qué circunstancias son esas? —preguntó Minato, a la defensiva de nuevo.

Sin embargo, la Alfa seguía tranquila.

—Maltrato por parte de los progenitores, violación, asesinato, esas cosas. Algo que demuestre que los padres son un peligro para el cachorro, y, aun así, este pasaría al cuidado de sus parientes más cercanos. Solo se quedaría con su compañero si no hubiera nadie más.

El Omega volvió a calmarse y asintió.

—¿Y cuando sea mayor de edad?

—Será decisión de Naruto, compañero. Puede ir a vivir con Sasuke o puede quedarse con nosotros unos años, o tener un período de transición en el que estaría en ambos hogares. Lo que sea que le haga sentirse más cómodo.

Minato se pasó una mano por el pelo. Todavía parecía un poco preocupado, pero, al menos, su ira se había desvanecido.

—Aunque sea su compañero, no dejarías…

Kushina gruñó de un modo que hizo que saltara.

—Me ofende que pienses que permitiría que le hicieran daño de ese modo a mi cachorro —dicho esto, suspiró y se acercó a su compañero para abrazarlo—, pero lo dejaré pasar porque sé que esto es difícil para ti.

Minato le devolvió el gesto con fuerza.

—Solo quiero que esté a salvo. Y es verdad. Esta… situación es dura para mí.

Kushina lo besó en la cabeza.

—Lo sé, y aprecio mucho todo el esfuerzo que has hecho siempre por adaptarte a mi mundo. Ahora es jodido, lo entiendo, pero sé que te sentirás mejor tras un tiempo supervisando las visitas. Te doy mi palabra de que Sasuke no estará nunca solo con él, siempre estarás tú, yo, Kurama o Train. ¿Te parece bien?

Minato la miró, todavía con un asomo de duda en los ojos.

—¿Es lo mejor para Naruto?

Kushina esbozó una media sonrisa.

—Ahora que lo conoce, querrá estar con él. Eso te lo puedo asegurar.

El Omega cerró los ojos con fuerza y la abrazó de nuevo. Ella sintió cómo dejaba escapar el aire despacio.

—Entonces, con supervisión. Siempre.

Ella sonrió y lo estrechó contra sí.

—Ya verás que, con el tiempo, esto es lo mejor para nuestro cachorro.

—Eso espero, compañera. Eso espero.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Capítulo 40. Tormenta de llamas

Capítulo 41. Una ofrenda para los dioses

Mi lobo