Sweet jealousy

 


—Mirad, está aquí otra vez.

Naruto ladeó la cabeza, curioso, al escuchar a un grupo de Omegas cuchicheando a la salida de la Cabaña de Lobatos.

Le bastó un vistazo en la dirección a la que miraban para que le escocieran las puntas de los dedos y le dolieran las encías. Sabía que ahora sus manos eran garras y que sus colmillos probablemente serían visibles.

No es que le importara en ese momento. Esos cabrones estaban devorando a su Sasuke con los ojos.

Una parte de él quería sacárselos allí mismos, pero, la otra, aún se resistía a hacer público su vínculo. Es decir, sí, aquellos que vivieron la traición de Kaguya y fueron testigos de cómo Sasuke se convirtió en su ejecutor principal lo sabían, pero no los más jóvenes y, menos todavía, los lobatos que asistían con él a clase.

Naruto se lo pidió a Sasuke. No quería a nadie detrás de él pidiendo favores por ser su futuro compañero o que le lamieran el culo por ello, sobre todo teniendo en cuenta que pasaría a formar parte de la familia del Primer Alfa.

Quería una adolescencia normal y, por lo general, estaba satisfecho.

Las pesadillas habían remitido de nuevo. Sus amigos tenían razón, volver a terapia fue un golpe duro, pero no le resultó tan complicado entender por qué las tenía. La experiencia fue traumática y vio morir de una forma horrible a gente a la que quería para proteger a su familia, era algo con lo que tendría que vivir, igual que su madre y su hermano con las decisiones que tomaron. Aquel recuerdo y el dolor que conllevaba lo acompañarían por el resto de su existencia, así que debía aprender a convivir con eso y acabar de perdonarse a sí mismo.

Ahora podía pasar mucho tiempo hasta volver a tener la misma pesadilla y había aprendido que, los días en que le asaltaban esos recuerdos, podía pedirle a Sasuke ropa con su aroma para prevenirlos. Incluso después de tanto tiempo, el sistema aún funcionaba y ya hacía un año que dormía tranquilo.

 Su familia estaba perfecta. Sus padres vivían su sueño de ser una pareja normal y su hermano y Train estaban felizmente ajetreados entre sus trabajos y cuidar de su hija Eve, que a menudo se juntaba con los trillizos de Kurogane y Fye, el cual acababa de tener a su cuarto cachorro.

Sus amigos no habían cambiado demasiado en esos tres años… Bueno, tal vez un poco. Kira demostró ser una Omega dominante cuando su agresividad se disparó el año pasado. No era tan fuerte como en los Alfas, pero la diferencia era notable y se volvió un poco territorial respecto a estos, rara vez permitiéndoles acercarse a ella o Naruto, incluso a Subaru si Kamui no andaba cerca.

Kamui y Subaru hacía un año que salían juntos de forma oficial. Al ser destinados de la misma edad, estaba permitido y era normal que les hubiera llegado el momento de experimentar su fase romántica, lo que había provocado ciertos cambios. El más notable era que Kamui no soportaba que otros Alfas tocaran a Subaru, incluso hubo un momento tenso con Nagi, con el que estuvo a punto de llegar a las garras solo porque este le ayudó a levantarse cogiéndolo de la mano. Por otro lado, Subaru estaba más tranquilo en ese aspecto, pero tanto Naruto como Kira notaban su incomodidad cuando estaban demasiado cerca de su Alfa.

Cosas de compañeros en pleno florecimiento adolescente. A veces, Naruto llegó a agradecer que Sasuke fuera más mayor por cosas así.

En cuanto a Nagi… Nagi seguía en su línea. Perezoso, pero prodigioso. Todos sus profesores relacionados con actividades físicas, de lucha y el Cambio decían que tenía potencial para ser un ejecutor tan bueno como Kurogane. Lástima que Nagi no tuviera el más mínimo interés.

Luego, estaba Sasuke. Tenerlo a su lado durante las nuevas sesiones de terapia y volver a dormir con su aroma terminó de tranquilizarlo con el tema de los destinados. Su relación no cambió, tal y como prometió, solo evolucionó con el paso de los años.

Desde el año pasado, empezó a sentirse más tímido con él. Fue más consciente de su atractivo físico y hubo algunos roces que le hicieron cosquillas en la piel, besos inocentes en la frente que calentaban sus mejillas y algunas miradas cálidas que aceleraban su corazón.

Los padres de Nagi tenían razón, saber lo que le pasaba le ahorró dolores de cabeza y se permitió tener un poco de cuidado a la hora de tocarlo de ciertas formas o en ciertos lugares para evitar sentirse incómodo por la nueva atracción que experimentaba, pero nunca le hizo ascos a los abrazos y siempre permitió que lo consolara durante las pesadillas.

Era una fase que le hacía sentirse raro. Le gustaba su cercanía y contacto, pero, al mismo tiempo, le provocaba cierta vergüenza. A veces, le resultaba exasperante, sobre todo siendo consciente de que Sasuke le correspondería con cariño y que el único que estaba dándole vueltas al tema era él.

Dicho esto, lo que sí sabía seguro era que no le gustaba que otros Omegas miraran a su Alfa como si quisieran comérselo.

No podían. Era suyo. No de forma oficial, pero le importaba una mierda. La Gran Madre los marcó y no había nada más que decir, así que podían de dejar de mirarlo como si fuera carne de venado rebañado en salsa…

—Naruto, estás gruñendo.

Ignoró la voz Subaru.

—No lo bastante fuerte, al parecer —dijo fulminando con la mirada a los Omegas que soltaron unas risitas cuando Sasuke miró en su dirección.

Lo estaba buscando, por supuesto.

—¿Qué creéis que hace aquí? —escuchó que se preguntaban.

—¿Estará buscando algún Omega para el celo?

—¡Oh, Diosa! ¿Le gustarán las jóvenes? ¿Creéis que tengo posibilidades?

Naruto tembló, al borde del derramamiento más que justificado de sangre.

—Ni la más mínima, pedazo de…

—¿Vamos a por ellas? —preguntó Kira, de repente a su lado, con una sonrisa de expectación.

Subaru los detuvo a los dos envolviendo sus brazos alrededor de la cintura de cada uno.

—Chicos, no. Naruto, no preocupes a tu compañero, sabes que él no la mirará dos veces. Kira, no necesitas más peleas en tu expediente.

Kira respondió con un gruñido disgustado, aunque permaneció quieta.

—No estoy de acuerdo. Pelear por el compañero de Naru me parece necesario.

Naruto asintió, haciendo que Subaru lo abrazara con más fuerza. Sin embargo, cuando susurró en su oído, había una sonrisa calculadora en su voz.

—¿Por qué pelear cuando puedes restregarles en la cara que Sasuke te prefiere a ti? Ve con tu Alfa y házselo ver.

Al escuchar eso, Naruto sonrió de repente, retrayendo sus garras y colmillos a la vez que Subaru lo soltaba con una risilla.

Cuando vio que la Omega, Yuko, una preciosa lobata de figura esbelta y pelo negro con un par de mechones rojos, inició su marcha hacia Sasuke con pasos elegantes, no lo pensó dos veces y corrió pasándola de largo.

Él no era hermoso ni refinado, no tenía unos andares delicados ni una forma de moverse que cautivaría a los Alfas de alrededor. No tenía las mejores notas, ni unos reflejos e instintos geniales como Nagi.

No podía siquiera cambiar.

Pero, aun así, Sasuke siempre lo elegiría a él.

Y lo vio en su rostro. Vio cómo se transformó en una expresión de alegría y cariño en cuanto sus ojos oscuros dieron con él. Se dio cuenta de lo que quería hacer y levantó los brazos con una sonrisa, recibiéndolo con un abrazo cuando se abalanzó sobre él, rodeándole el cuello entre risas. Sasuke giró con él, permitiendo que viera la expresión furibunda de Yuko y cómo los otros Omegas echaban humo de la envidia.

Esbozó una amplia sonrisa y frotó su mejilla contra la del Alfa para mostrar su afecto, que fue correspondido con un suave gruñido. La mirada asesina que le lanzaron los Omegas no tenía precio, y Kira debía de estar de acuerdo a juzgar por sus estruendosas carcajadas.

Buena jugada, Subaru. Debía admitir que esto era mucho más divertido que pelearse.

—¿Vamos a casa? —le preguntó Sasuke mientras lo dejaba en el suelo, aunque mantuvo las manos en su cintura.

En esos momentos, a Naruto le gustó que no rompiera el contacto. En vez de apartarse, lo cogió de las manos y tiró de él. No pudo ver la reacción de los Omegas, pero la estridente risa de Kira hizo que su sonrisa se ensanchara.

—Sí. ¿Cómo ha ido el día?

—Bastante tranquilo. Este año me quedaré durante el celo.

El rostro de Naruto se iluminó. Pese a que Sasuke y él eran destinados, como ejecutor principal, era su trabajo acompañar a los Alfas que aún no tenían compañeros a otras manadas con la esperanza de que se produjeran nuevos apareamientos que fortalecían las alianzas.

Lo cierto era que a Naruto nunca le había importado eso antes, pero, desde que comprendía que Sasuke era suyo, una parte de él estaba incómoda cada vez que se marchaba durante la época de celo. El año pasado fue especialmente desagradable y estuvo triste e irritado hasta que regresó y se aseguró de que no llevaba el olor de ningún Omega encima.

—¿De verdad?

Él le sonrió.

—Es tu primer celo. Itachi sabía que quería estar aquí para ti.

Naruto lo abrazó en un impulso que fue correspondido de inmediato por su Alfa. Gruñó suave cuando sintió una mano sobre su cabello, enredando los dedos en sus revoltosos mechones.

—Naruto, si te preocupaba eso, tendrías que habérmelo dicho.

Hizo una mueca mientras se separaba para mirarlo. Parecía preocupado.

—Eres el ejecutor principal, sé que es tu responsabilidad.

Sasuke frunció el ceño y le acarició la mejilla.

—Puedes decirme cualquier cosa que te preocupe.

Sin embargo, Naruto sacudió la cabeza.

—No es justo.

Su respuesta no le gustó al Alfa, que apretó los labios y lo cogió de la mano para llevarlo a su casa a paso rápido.

El Omega arrugó la frente, consciente de que a Sasuke no le gustaba que le ocultara sus inquietudes, pero, de verdad, esta vez creía que no era justo para él sus preocupaciones. Estaban destinados, pero todavía no se habían vinculado, no estaba permitido que el Alfa lo reclamara hasta que fuera mayor de edad y, de todos modos, Naruto aún no se sentía preparado para llevar su relación más lejos.

Eso significaba que, en realidad, si Sasuke viera a otros Omegas, él no tenía derecho a…

Al llegar a la casa, el Alfa lo cerró todo. No era así como había esperado terminar el día. La época de celo se acercaba, así que se suponía que hoy hablarían sobre ello teniendo en cuenta que era la primera vez para Naruto.

Lo que no esperaba era tener que hablar de “eso”.

Sasuke terminó de echar las cortinas y luego se reunió con él en el sofá. Su mirada era firme.

—Eres mi compañero, aunque no te haya marcado aún, eso significa que eres mi prioridad. Siempre. Podemos tener una organización en la manada con sus protocolos, pero no podemos negar nuestra naturaleza, y eso implica que tú vas primero. —Le cogió las manos y le dio un apretón—. No me gusta que haya algo que te preocupe y no me lo cuentes. Como tu compañero, mi deber es calmarte y estar aquí para ti.

—Pero no es justo —se quejó Naruto, evitando su mirada.

No quería preocuparlo ni hacerle sentir que le estaba fallando como pareja. Desde que se conocieron, Sasuke había sido más que bueno con él, había sido maravilloso. Sabía que podía contar con él para lo que fuera y que lo protegería a cualquier coste.

Por eso, no había querido decirle cómo se sentía cuando se iba durante las épocas de celo. También le había pedido a sus padres que no le dijeran nada y, aunque su madre no había estado muy convencida, su padre medió para que aceptara su decisión.

Sasuke le levantó el mentón para que lo mirara.

—Si no me dices qué ocurre, no puedo saber si es justo o no.

Y ahí estaba, esa mirada inquieta, como si se preguntara si había hecho algo malo sin darse cuenta. A veces, tenía la sensación de que se preocupaba demasiado por su relación, de si la estaba llevando a un ritmo adecuado, si se estaba propasando o si iba con tanto cuidado que le hacía sentir que no tenía interés en él.

Naruto lo entendía. Estaban en un momento delicado. Ya no era un cachorro, pero tampoco un adulto. Su cuerpo había empezado a desarrollarse de cara a la madurez sexual y él mismo sentía sus cambios: las caderas más redondeadas, facciones más suaves y una figura más estilizada que la de los Alfas. Puede que él no se sintiera del todo a gusto con su cuerpo, se veía muy delgado y desgarbado, poco proporcionado, y desde luego carecía de la belleza y gracilidad de Yuko. Sin embargo, tal vez Sasuke, al igual que él, también estaba experimentando los primeros cambios en sus sentimientos, pasando de la amistad a algo más.

Pero, a diferencia de él, Sasuke no era un adolescente, era ya un lobo adulto que tal vez se sentía incómodo ante la idea de sentir cierta atracción hacia un lobato de dieciséis años.

Podía entender esa indecisión y, por eso, acabó cediendo con un suspiro.

—No me gusta que… te vayas durante las épocas de celo —admitió, aunque le costó un poco.

El ceño de Sasuke se arrugó durante un momento y, luego, sus ojos se agrandaron por la comprensión.

—¿Te preocupan los otros Omegas? —preguntó. Una sonrisa amenazaba con curvar sus labios.

Sin pensárselo dos veces, Naruto le dio un manotazo en el brazo.

—Ni se te ocurra reírte.

—Lo siento, no me estoy burlando, de verdad. Me siento halagado —le dijo con una mirada cálida.

—¿Por qué? —gruñó Naruto, no muy convencido.

Sasuke se mordió el labio, todavía intentando contener su sonrisa.

—Me gusta que mi compañero se sienta posesivo conmigo. No me malinterpretes, no quiero que estés celoso, pero… —Se detuvo un momento con el ceño fruncido, buscando la palabra correcta. Al final, desistió con un suspiro—. Me gusta saber que empiezas a sentir algo por mí, aunque aún seas joven. Es importante para mí.

Naruto igualó su ceño, sin gustarle demasiado la forma en la que el rostro de su Alfa se contrajo. No estaba seguro de por qué, pero Kaguya le vino a la mente. Ahora que era más mayor, conocía más detalles sobre su historia con Sasuke y no podía imaginarse lo duro que tuvo que ser su establecimiento con ella.

Tampoco quería pensar en las consecuencias de esa relación, el daño que le hizo a su compañero y si eso les afectaría.

Así que se acercó un poco más al Alfa, y, con las mejillas sonrojadas y la cabeza gacha, admitió:

—La verdad es… que… Siento algo desde el año pasado —soltó despacio y muerto de vergüenza.

No debería resultarle tan difícil decirlo. Es decir, eran compañeros, era evidente que acabaría teniendo sentimientos en algún momento. Sentirse atraído por él era natural, sobre todo ahora, con el celo al caer, pero, aun así, la timidez hacía acto de presencia en situaciones como aquella.

Por otro lado, Sasuke no parecía tener problemas con eso. Sus ojos se iluminaron y por fin sonrió, aliviando un poco al Omega.

—¿Por eso has estado evitando que te toque? Creía que era una fase adolescente.

El rostro de Naruto ardió y apartó la vista con rapidez, frotándose la nuca.

—Sé que es una tontería porque somos compañeros y eso, pero… Es que… ¡No sé! Es complicado.

Lejos de regañarlo, Sasuke le acarició la cabeza.

—Está bien, Naruto. Es natural a esta edad, no le des vueltas. Solo hazme saber los límites para que esto te sea más fácil.

El Omega lo miró por fin con los ojos muy abiertos y, de repente, se lanzó sobre él para abrazarlo. Sasuke se sobresaltó, pero no se apartó, solo levantó los brazos como acto reflejo, aunque se detuvo antes de tocarlo.

Como si Naruto escuchara sus pensamientos, le dijo:

—Los abrazos son siempre bienvenidos. Y me encanta que me toques el pelo, me relaja. Y… Puedes darme un beso en la frente antes de dormir —murmuró, enterrando el rostro en su hombro.

Sasuke sonrió y lo abrazó, usando una mano para acariciarle los mechones rubios.

—Lo tendré en cuenta. Gracias por decírmelo —dicho esto, su sonrisa se ensanchó—. Ah, y, por cierto, no tienes que preocuparte por otros Omegas. No he estado con ninguno desde que te conocí.

Naruto se apartó casi con brusquedad y los ojos muy abiertos.

—¿Qué?

—No he tenido relaciones con otros Omegas desde que te encontré.

A pesar de que una parte del rubio se sintió aliviada, no pudo evitar fruncir el ceño.

—Pero, ¿por qué? Es verdad que no me gusta mucho la idea, pero lo habría entendido. Tienes necesidades y yo era demasiado pequeño, aún lo soy. No te lo habría echado en cara, Sasuke.

—Lo aprecio, Naruto, pero no tiene que ver contigo, o no del todo. —Su sonrisa desapareció y bajó los ojos—. ¿Recuerdas que te hablé de Kaguya?

Con esa simple frase, Naruto lo entendió.

—¿Tienes miedo de que otro Omega te utilice?

—No lo habría permitido —dijo Sasuke arrugando la nariz. Sin embargo, no tardó en suavizar su gesto y en soltar un suspiro—. Ya después de aquello, no tenía ganas de tener cerca a otros Omegas y, cuando te encontré fue más de lo mismo. —Se encogió de hombros—. Ya tenía a mi compañero, así que no vi necesidad de pasar mi celo con nadie. La verdad es que tampoco me gusta viajar fuera.

—¿En serio?

—Claro, tú estabas aquí y yo me estaba perdiendo tus experiencias —dicho esto, esbozó una media sonrisa—. Los cachorros crecéis y aprendéis muy rápido. Puede que para ti diez años suene a mucho tiempo, pero para mí han sido un suspiro.

—Así que, ¿me sigues viendo como un cachorro? —preguntó con la cabeza ladeada.

No había una doble intención ni tampoco pretendía coquetear con Sasuke. Aún no llegaba a ese punto, pese a que sus sentimientos estaban tomando un rumbo más romántico y, sin duda alguna, posesivo.

Sasuke no respondió de inmediato, sino que lo miró fijamente con el ceño fruncido durante unos minutos, como si necesitara procesar lo que él mismo sentía. Al final, su frente se alisó y sus ojos oscuros se llenaron de calidez.

—Soy más que consciente de que estás creciendo, Naruto. Pero no, todavía no te veo de esa manera, aunque tampoco eres un cachorro para mí, sino un lobato. —De repente, sonrió con diversión—. Así que estoy atento a un repentino ataque de rebeldía por tu parte.

El Omega hizo un mohín.

—Soy un lobo perfectamente responsable.

—Seguro.

Le gruñó y se cruzó de brazos.

—Al menos yo no voy husmeando detrás de Alfas adultos como si estuviera en celo todo el tiempo…

—¿Quién hace eso?

Naruto lo miró con el ceño fruncido.

—¿No te diste cuenta en la escuela?

—No. ¿Qué ha pasado?

—…

La verdad era que estaba un poco reticente a responder. De nuevo, la timidez que le provocaban sus sentimientos y que se reflejó en sus mejillas coloreadas.

Sasuke debió de darse cuenta, porque su rostro se iluminó y se inclinó para observarlo de cerca.

—¿Es posible que algunos compañeros tuyos me hayan estado mirando más de la cuenta?

Naruto lo asesinó con los ojos. Puede que fuera su futuro compañero, pero, a veces, la tentación de pegarle era muy grande.

—¡No lo disfrutes! —le ladró al mismo tiempo que trataba de darle un manotazo que, cómo no, el Alfa esquivó con facilidad. Pues claro, ¿cómo iba a acertarle al ejecutor principal? Si antes le había dado, era porque lo había permitido.

Sasuke soltó una risilla.

—¿Por eso te has lanzado sobre mí así?

—¡Como si fuera a permitir que pusieran sus garras sobre ti!

—Oooh, mi Omega defendiendo mi honor —dijo tratando de abrazarlo, pero Naruto se levantó de un salto y lo esquivó.

—¡No! ¡Ahora no me vengas con esas! ¡No te burles de mí y luego busques abracitos y cariñitos!

Pese a sus palabras, Sasuke esbozó una malvada sonrisa mientras apoyaba ambas manos en el sofá. Naruto no se perdió la forma en la que los músculos de su espalda y hombros se flexionaron.

Oh, oh.

—¿Crees que puedes escapar de mí, cachorro? Todavía tenemos que hablar de tu celo.

Naruto no lo pensó dos veces, salió corriendo buscando llegar a las escaleras. De ninguna manera iba a dejar que ese Alfa prepotente que tenía por futura pareja le hiciera cosquillas como si tuviera ocho años otra vez.

Pero, claro, fue en vano. Solo logró llegar al cuarto escalón para cuando el ejecutor lo levantó del suelo y lo colocó sobre su hombro como si fuera un saco de patatas mientras reía. El muy maldito.

Cuando fueran compañeros, se vengaría.

 

 

—Entonces, ¿estás preparado?

Naruto sonrió con simpatía cuando Subaru se sonrojó. Ah, algún día, él también estaría así de nervioso.

El celo empezaba al día siguiente y Kira, Subaru y él habían tenido una salida de Omegas al bosque para hablar del tema. Naruto lo pasaría solo, por supuesto, pero Subaru y Kamui habían decidido estar juntos y todos pensaban que era más que probable que ambos acabaran apareados de forma oficial antes de que terminara la época.

—Sí, pero estoy un poco nervioso —admitió Subaru, enterrando la cara entre sus manos.

Kira le palmeó la espalda con más fuerza de la necesaria.

—¡No te preocupes! Los dos estaréis tan calientes que ni siquiera pensaréis en eso.

—¡Kira! —la reprendió Subaru, rojo hasta las orejas.

Naruto le dedicó una mirada comprensiva.

—Pero tiene razón. Por las charlas que nos han dado, nuestros primeros celos serán bastante intensos, así que no tienes de qué preocuparte.

—Estarás más atento a otras cosas —se burló Kira alzando las cejas.

Subaru la fulminó con los ojos.

—¿Qué hay de ti?

—¡Bah! No hay Alfa con las pelotas suficientes para pasar el celo conmigo.

—O sea, que nadie te lo ha pedido.

Ella puso los ojos en blanco.

—Ni lo necesito. No me gusta nadie de aquí, de todos modos —dicho esto, sonrió y pasó un brazo por los hombros de Naruto—. Así que me solidarizaré con mi conejito y compararemos experiencias después.

Naruto soltó una risilla.

—¿En serio quieres compartir detalles sucios?

—No sé para qué somos amigos si no podemos hacer eso.

Los tres rieron, sabiendo que, cuando el celo pasara, se reunirían para hacer exactamente eso. Sobre todo, el rubio sentía mucha curiosidad por el apareamiento y le gustaría que Subaru le contara cómo era la experiencia.

De repente, Kira se levantó de un salto y se giró con un gruñido. Subaru y él reaccionaron y se colocaron en posición defensiva, solo por si acaso.

—Mierda, tiene buen oído —dijo una voz femenina.

Naruto estrechó los ojos al encontrarse con Yuko y su grupo de Omegas. Aomi era una lobata de cabello espeso y salvaje que llevaba largo hasta la cintura, de color azul oscuro y ojos dorados como los de un gato. Su agresividad era equiparable a la de Kira, con la que había tenido algún encontronazo antes. Los otros dos eran Yoshi, un vanidoso Omega de cabello castaño recogido en una coleta y delgaducho que se creía el epítome de la elegancia, y Shiren, pálido de piel, pelo y ojos, callado e inexpresivo, pero seguía a Yuko como un perrito faldero.

Subaru, a su lado, se tensó al ver la forma en la que Aomi le mostraba los dientes a Kira. Su amiga soltó un fuerte gruñido a la vez que sacaba las garras.

—Kira, no —le susurró.

Naruto no perdió de vista a ninguno de los cuatro. Algo no iba bien. Aunque fueran compañeros de clase, no eran cercanos, en especial después de que el capullo de Yoshi le coqueteara a Kamui. Como era de esperar, su amigo Alfa lo amenazó con sus colmillos, odiando que otro Omega tratara de captarlo con su olor. Aomi lo interpretó entonces como que un macho Alfa estaba amenazando a su amigo y lo atacó, lo que provocó a su vez que Kira se abalanzara sobre ella. Desde entonces, había una fuerte enemistad entre ambas, tal vez porque eran dominantes, y, por supuesto, sus grupos procuraban mantenerse separados.

El hecho de que hubieran ido hasta ellos cuando no habían hecho más que evitarse durante un año entero parecía implicar que buscaban pelea. Por no hablar de la forma en que Yuko observaba a Naruto, con la nariz arrugada.

—¿Qué queréis? —preguntó el rubio, colocándose delante de Kira y Subaru. Su amiga todavía gruñía con el cuerpo tenso, listo para la pelea, mientras que Subaru trataba de calmarla. Algo imposible mientras Aomi no dejara de provocarla con esa maldita sonrisa arrogante.

Yuko cruzó los brazos mientras apoyaba su peso en una pierna. Hasta para parecer imponente tenía que ir de señorita elegante.

—Quería hablar contigo.

El ceño de Naruto se profundizó.

—¿De qué? —No había hecho nada, solo mantener las distancias con su grupo, como siempre hacía. ¿A qué venía esto de repente?

—No he podido evitar fijarme en que nuestro ejecutor principal viene a buscarte últimamente a la escuela.

A Naruto no le gustó que se hubiera dado cuenta.

Después de su charla sobre el celo hacía unos días, Sasuke había estado acompañándolo a su casa o la de sus amigos. No estaba seguro de si era una especie de compensación por haberse divertido a su costa por lo posesivo que se sentía con él o porque había querido demostrarle que no les prestaría atención a sus compañeros de clase Omegas, pero, fuera como fuera, había estado más cariñoso de lo normal y, Gran Madre, Naruto aún se sentía demasiado tímido para admitir que le encantaba su atención extra y sus abrazos constantes.

Tampoco es como si hubieran querido ocultar que Sasuke lo recogía de la escuela a menudo, pero había creído que a nadie le parecería raro ya que era algo que hacía desde que era un cachorro. Así que, ¿por qué a Yuko le molestaba ahora?

Le respondió con un encogimiento de hombros.

—Lo ha hecho desde que era un cachorro, ¿qué más da?

Ella le lanzó una mirada sospechosa.

—¿Por qué nuestro ejecutor principal haría eso contigo?

—Me salvó la vida hace tiempo —replicó Naruto, tensando cada músculo de su cuerpo y sacando los colmillos. Si ella no conocía la historia de cómo su familia llegó a la manada, seguro como la mierda de que él no iba a compartirla.

—Aun así, pareces muy apegado a él —siguió Yuko, bajando los brazos a ambos lados del cuerpo. Lo fulminaba con la mirada—. No creas que tienes algún derecho sobre él solo porque te presta un poco de atención.

—¿Qué? —soltó.

—¿Qué ha dicho esa perra? —ladró Kira a su espalda.

Aomi rugió e hizo amago de abalanzarse, pero Shiren la contuvo. Yuko le hizo un gesto para que estuviera quieta, a pesar de que sus ojos nunca abandonaron a Naruto.

—Me has oído. Te salvó la vida y te hace un poco más de caso que a los demás, vale, ¿y qué? Seguro que solo lo hace porque está preocupado. Después de todo, eres un mestizo inútil.

Naruto sintió que su piel erizaba. Sus garras salieron de forma involuntaria.

—Yuko, retira eso. —La voz de Subaru fue inusualmente agresiva. Kira lo acompañó con un gruñido.

Pero Yuko ignoró la advertencia.

—No puedes cambiar, así que no puedes correr con la manada ni cazar.

—Teniendo en cuenta que acierto a un ciervo a más de veinte metros con un arco, yo diría que sí puedo —dijo el rubio con los dientes apretados, tratando de contener su ira—. No necesito transformarme, a diferencia de otros.

La Omega apretó los puños.

—Nuestro ejecutor principal pertenece a la familia de los Primeros Alfas, jamás elegiría a un mestizo para crear una descendencia débil.

—¿Débil? Atrévete a decírmelo con un arma en la mano.

—A eso me refiero. Necesitas armas para pelear, sin ellas, no vales nada —dijo Yuko con suficiencia.

—¿Por qué no lo averiguamos, perra? —le preguntó Kira con una sonrisa en la voz.

Naruto estaba de acuerdo y, a juzgar por el repentino silencio de Subaru, él tampoco parecía tener nada en contra, algo que lo habría sorprendido de no ser porque estaba demasiado concentrado en retener las ganas de liarse a darle de puñetazos en su linda cara.

“Nunca empieces una pelea, termínala. Si tienen que echarle la culpa a alguien, que sea al gilipollas que se ha metido contigo. Si además de darle una paliza, lo regañan por empezarla, es una victoria doble para ti”, fue lo que le dijo su madre el año pasado cuando algunos lobatos se metieron con él por no poder cambiar. Y era cierto, tuvo la oportunidad de comprobarlo cuando esos Alfas idiotas se llevaron el sermón más aterrador de todos por parte de Kakashi, seguido por los gruñidos amenazadores de Sasuke cada vez que los tenía cerca. Su Alfa todavía les guardaba cierto rencor.

Por tanto, Naruto aguantó, aguantó sabiendo que Yuko acabaría reventando. Solo tenía que presionar los botones adecuados.

—Kira tiene razón. Todavía no me ganas en una pelea con piel.

La sonrisa arrogante de la Omega desapareció.

—No tendrías oportunidad contra mí si me transformo.

—¿En qué? ¿En una pequeña lobita? ¿Por qué no esperas a crecer un poco? —se burló—. Incluso si lo haces, Sasuke ni te miraría dos veces.

Casi fue gracioso cómo ella dio un pisotón en el suelo, como una cachorra en mitad de una rabieta.

—Soy diez veces mejor que el debilucho hijo mestizo de una Alfa sin manada y un patético humano.

Por un instante, menos de un segundo, Naruto se quedó paralizado. Su mente viajó a aquella noche. Escuchó los aullidos feroces de Freya y Elda, vio la sangre de Yui y Fye saltar por los aires para protegerlos a él y a su padre, recordó la desesperación de su madre y el miedo en el pálido rostro de su padre.

¿Quién se creía que era esa perra para insultarlos?

—¡Sasuke es mi destinado! —gritó. ¡A la mierda! Le daría donde más dolía—. ¡Yo voy a ser su compañero!

Habría sido muy gratificante la expresión de asombro y horror de Yuko y su grupo de perros falderos de no ser porque estaba furioso.

—¡Retíralo! —aulló Yuko, sacando las garras.

Naruto le lanzó una sonrisa desdeñosa.

—Nunca tuviste una oportunidad, siempre ha sido mío.

Ella rugió y se abalanzó sobre él.

 

 

Sasuke entró de un portazo en la Casa de la Manada con el corazón acelerado y repleto de una mezcla muy peligrosa de emociones. Rabia y preocupación golpeaban su pecho, impulsados por la impaciencia.

En la entrada, había un auténtico escándalo. Aparte de Kushina y Kurama, reconoció a los padres de Kira, Subaru y de otros lobatos. Todos estaban gritándose mientras su madre trataba de poner orden.

—¡Basta, he dicho! —gritó Mikoto antes de lanzarles un feroz gruñido al bando de Kushina y al otro—. No llamaré a mis ejecutores porque entiendo que son vuestros cachorros y que estáis preocupados, pero nadie dirá una palabra más sin mi maldito permiso, ¿entendido?

—Pero, Primera Omega…

Mikoto le lanzó una mirada gélida a una de las madres.

—¿Decías algo? —La Omega de pelo castaño lacio agachó la cabeza—. Eso me parecía.

—Madre —la llamó Sasuke acercándose—, ¿dónde está Naruto? ¿Qué ha pasado?

Ella suspiró al verlo y se llevó una mano a la sien.

—Se encuentra bien, hijo, como el resto. De momento, solo sabemos que ha habido una pelea.

—Sí, provocada por esa salvaje —gruñó Adachi, un Alfa de pelo oscuro con reflejos azules que trabajaba instruyendo a los futuros ejecutores. Miraba a la madre de Kira con rabia.

La Alfa y compañera de patrulla de Kushina, Yuna, le gruñó:

—Mira quién fue a hablar…

—No me obliguéis a repetirme —masculló Mikoto con firmeza y una nota agresiva en la voz.

Los demás permanecieron callados, pero no evitó que siguieran lanzándose cuchillos con la mirada.

Sasuke los ignoró.

—¿Están todos atendidos?

—Sí.

—¿Quieres que me ocupe de averiguar qué ha pasado?

—Kurogane está en ello —le dijo su madre mirándolo con los ojos entrecerrados.

Supo que le estaba lanzando una mirada de advertencia, por sutil que fuera. Después de todo, su compañero estaba involucrado y nadie quería que hubiera favoritismos.

Era lo correcto, lo sabía, a pesar de que su instinto le pidiera buscar a los pequeños idiotas que se habían atrevido a ponerle la mano encima a su pareja. Eran lobatos, jóvenes y estúpidos, así que no les haría daño… Bastaba con un buen susto. Kurogane podía hacer que hasta un ejecutor rival se cagara en los pantalones, pero él no se quedaba lejos.

Sin embargo, se comportaría, por el bien de Naruto. Le juró a Minato en su día que su vínculo no impediría que su hijo tuviera una vida normal, a pesar de que eso incluyera experiencias desagradables como esta. Además, también le prometió a su Omega que mantendría su futuro apareamiento en secreto hasta que fuera mayor de edad o él le dijera lo contrario, dependiendo de cómo se sintiera al respecto.

Kurama fue a su lado y le dio un apretón en el hombro.

—Tranquilo, Minato está con él —le susurró.

Sasuke relajó su postura, apenas consciente de que tenía los músculos como piedras. Después, se acercó a una impaciente Kushina, que se abrazaba a sí misma como si tratara de retener el impulso de ir a buscar a su cachorro.

—Kushina, estará bien. Tu compañero está a su lado y sé lo feroz que es cuando se trata de protegerlo —le dijo con una pequeña sonrisa.

La Alfa le devolvió el gesto, aunque solo duró un instante y fue muy pequeño. Luego, bajó los ojos con la nariz arrugada.

—¿Crees que se han metido otra vez con él? —preguntó con un tono apenas audible, de forma que solo él y Kurama pudieran oírlo.

Sasuke echó un vistazo por encima de su hombro, prestándole más atención al grupo de padres. Yuna hablaba entre gruñidos con el angustiado padre Omega de Subaru. Adachi, el padre Alfa de Aomi, despotricaba algo junto a la Omega castaña, la madre de Yoshi, sospechó por su parecido, y un Alfa alto y de rasgos pálidos que sin duda era el padre de Shiren. Le llamó la atención su nariz arrugada y la ira con la que miraba a Adachi, no parecía muy amistoso con él.

Sin embargo, había otro Alfa que se mantenía al margen de las discusiones, Yasha, uno de los ejecutores más cercanos a su padre. No le sorprendió que no tomara un bando, Yasha era un lobo bastante razonable y esperaría a establecer los hechos antes de llegar a ninguna conclusión. Y, por supuesto, no se atrevería a alzar una palabra en contra de su madre.

Cuando sus miradas se cruzaron, Yasha inclinó la cabeza en señal de respeto y Sasuke le devolvió el gesto. Era un alivio no tener que preocuparse por él, ya que estaba bajo sus órdenes y la situación podría volverse tensa.

Precisamente por eso estaba confundido. Yuko era su hija y, pese a que estaba al tanto de que Naruto y sus amigos evitaban a su grupo por un incidente pasado, sabía que no era el tipo de lobata que armaría un escándalo y, de hecho, le sorprendería que se metiera con su Omega por ser mestizo, teniendo en cuenta la ascendencia de Yasha.

Adachi tampoco tenía prejuicios por los mestizos y, de hecho, supervisó la prueba de ejecutor de Kurama, dándole el visto bueno sin problemas. Incluso fue halagador en su informe y reafirmó que un Alfa como él era una gran aportación a la manada. De lo único de lo que podía tacharlo era de ser demasiado apasionado en la defensa de su hija.

Respecto a los padres de Yoshi y Shiren… Era difícil. Los del primero eran artesanos textiles que colaboraban a menudo con su madre, por lo que suponía que nunca habían hecho nada que hiciera sospechar a sus padres de que tenían algún problema con los humanos. Además, sabía que viajaban a algunas ciudades para comprar ellos mismos los materiales que necesitaban.

En cuanto a los padres de Shiren, su padre Omega tenía una tienda de tecnología en la manada mientras que el Alfa poseía una empresa en la ciudad, lo que quería decir que se relacionaba con humanos de forma habitual.

Sería raro que los hijos de cualquiera tuvieran prejuicios, pero no lo descartaría. El año pasado, cuando descubrieron que Naruto no podía cambiar, hubo algunos idiotas que se metieron con él por ello, a pesar de que Sasuke no tenía constancia de que hubiera nadie en su manada que odiara a los humanos o a los mestizos. La creencia de que daban una descendencia débil era algo que había quedado en el pasado.

Pero no significaba que los lobatos no pudieran ser crueles y usar cualquier excusa para presumir su fuerza.

—No lo sé, Kushina. Puede que sí o puede que hubiera otro motivo. Mañana empieza el celo y ya sabes cómo son los lobatos en esta época.

Ella frunció el ceño y asintió. Era otra fase desagradable por la que Naruto tenía que pasar solo, al menos, hasta que fuera mayor de edad, y la Alfa era consciente.

Era habitual que los niveles de agresividad entre los jóvenes se elevaran durante la época de celo, sobre todo en los Alfas. Los Omegas tenían tendencia al nerviosismo y la inquietud, podían volverse huidizos y provocar la persecución de un Alfa sin experiencia, otros eran más sumisos y se mostraban más cariñosos que de costumbre, pero tampoco faltaban los que se ponían violentos.

Sin embargo, Sasuke no creía que fuera el caso de Naruto y sus amigos. Su compañero había estado tranquilo los últimos días, desde que hablaron sobre su inexistente relación con otros Omegas, y le habría contado si estaba preocupado por sus amigos, pero no le dijo nada fuera de lo normal.

Mientras barajaba en silencio lo que podría haber ocurrido, Kurogane apareció con cara de malas pulgas. Los murmullos se cortaron en seco y la mayoría agachó la cabeza, hasta Adachi reconocía la autoridad de su ejecutor más fuerte. Solo Yasha, Kurama y él le dedicaron una rápida inclinación de mentón en señal de reconocimiento. Kushina sí bajó la cabeza, pero fue una muestra de respeto que Kurogane le devolvió. A pesar de que ahora la jerarquía había cambiado, Fye seguía considerando a Kushina como su superior y alguien por quien daría la vida, y, por supuesto, Kurogane la valoraba.

El ejecutor fue directo hacia Sasuke.

—Minato ha pedido que vayas.

Él levantó una ceja, extrañado. ¿Él? ¿No Kushina o Kurama?

Kurogane le respondió con un imperceptible asentimiento y dio media vuelta para guiarlo, sabiendo que lo seguiría. Sasuke les lanzó una mirada tranquilizadora a Kurama y Kushina antes de ir tras él.

No iba a negarlo, tenía los nervios de punta, de hecho, su pelaje amenazaba con salir de su espalda y sus brazos, pero lo mantuvo a raya. No era más que una pelea de lobatos, una pelea de lobatos… Naruto estaba bien, ni siquiera estaba inconsciente u hospitalizado, nada que su genética cambiante no curaría en unos días…

Eso decía su lado racional. El animal que era quería cazar a esos pequeños perros y chasquear los dientes en su cara.

—Relájate —lo regañó Kurogane—. Puedo oler tu ira.

—Mira quién fue a hablar —se burló él.

Su mentor le respondió con un gruñido.

—Mi compañero acaba de tener un cachorro, ni siquiera debería estar aquí, pero vi a tu lobato y sus amigos peleándose con la cachorra de Yasha y tuve que intervenir.

—¿Sabes qué ha pasado?

—A juzgar por lo cabreado que estaba Subaru, diría que empezaron los otros.

Las cejas de Sasuke se elevaron. Subaru era la voz de la razón en el grupo de Naruto, así que, fuera lo que fuera lo que había pasado, era grave.

—¿Cómo de heridos están?

No le gustó la forma en que los ojos rojizos del ejecutor se estrecharon.

—Nada que no se cure… Pero hay algunos mordiscos y arañazos más profundos de lo que me gustaría. Es algo serio.

Fue capaz de contener su pelaje, pero no el gruñido que escapó de sus labios. Kurogane le dio un codazo.

—Compórtate, los lobatos están en estas habitaciones.

—Haré que se caguen encima —juró entre dientes, con la voz tan distorsionada que solo el otro lobo pudo entenderlo.

Para su sorpresa, esbozó una amplia sonrisa.

—Lo entiendo. Yo también lo haría.

Entonces, una puerta se abrió de golpe y un grito los detuvo:

—¡Señor Sasuke!

Él se giró, encontrándose con Yuko. Le sorprendió ver su cara hinchada y amoratada por certeros golpes. Supo que fue cosa de Naruto, solo él era tan preciso con los puños. Tenía el labio partido y le habían recolocado la nariz hacía poco.

Una parte de él, animal e instintiva, se sintió orgullosa de su compañero por haberse defendido, pero la más racional se inquietó. No era normal que su Omega fuera tan violento. ¿Qué demonios le habría hecho?

Estaba a punto de averiguarlo, ya que Yuko se detuvo frente a él y agachó la cabeza. Solo llevaba puesta una chaqueta sobre los hombros y unos calcetines altos, mientras que el resto de su cuerpo estaba expuesto.

Era cierto que los cambiantes estaban acostumbrados a la desnudez, no era algo que les exaltara, sin embargo, en Japón, las manadas todavía tenían ciertas reglas de recato. Por norma general, no iban desnudos por la calle, mantenían su forma humana o animal hasta llegar a sus casas. Por supuesto, en situaciones donde el cambio era constante, como en las patrullas, las carreras, los entrenamientos y algunos deportes, no se inmutaban, tampoco cuando era una situación de emergencia.

Pero, en ese momento… Sasuke no pensó que tuviera segundas intenciones, pero, aun así, se sintió incómodo y procuró no mirarla.

Kurogane, en cambio, no fue tan discreto.

—Cúbrete, cachorra —ordenó con un gruñido.

El rostro de Yuko se coloreó y se puso la chaqueta con rapidez.

—Discúlpeme, señor.

—¿Qué es tan urgente? —preguntó cruzando los brazos.

Yuko se mordió el labio inferior, se colocó un mechón de pelo tras la oreja y miró a Sasuke de reojo, sin atreverse a alzar la mirada.

—Quería preguntarle algo al señor Sasuke en privado.

—No puedes. Nos estás retrasando, hazlo rápido ahora o espera a después del celo.

La lobata se tensó, pero, esta vez, levantó los ojos.

—¿Pasaría el celo conmigo?

La frente de Sasuke se arrugó en profundidad durante un instante antes de agrandar los ojos.

No, no podía ir en serio. ¿Yuko era uno de los Omegas que lo estuvo mirando más de la cuenta unos días atrás? ¿Fue la que hizo que Naruto se sintiera celoso? ¿Habría sido el motivo de la pelea?

Esperaba que no.

—De ninguna manera —rezongó Kurogane por él al ver que se había quedado paralizado, dándole tiempo para reponerse—. Eres menor, conoces las reglas.

Yuko frunció el ceño y enderezó los hombros.

—Con el consentimiento paterno, estaría permitido.

—¿Esperas que crea que Yasha te lo ha dado?

—Sasuke es nuestro ejecutor principal, sé que él…

—No.

La negativa de Sasuke sonó como si le estuvieran rasgando la garganta debido a un profundo gruñido. Sus ojos negros fulminaban a Yuko, que se tensó por puro instinto antes de agachar la cabeza.

—No me importa si tienes consentimiento o no, no voy a tocarte —declaró, hinchando el pecho al respirar hondo, tratando de calmarse.

Más le valía a esa mocosa que no hubiera estado diciendo tonterías por ahí, algo como que la había aceptado como amante para el celo o alguna gilipollez parecida. Podría haber enfurecido a Naruto y no quería que se metiera en problemas por ello. O, peor aún, que se sintiera herido de algún modo.

Tenía que ir con él.

—Vamos, Kurogane —le urgió.

—Vuelve a tu habitación —le ordenó el otro a la joven—. Ya tienes bastantes problemas.

Yuko tembló, pero no fue de miedo. Cuando los dos lobos estaban dando la vuelta, ella cogió a Sasuke de la muñeca. Este se volvió con brusquedad, listo para enseñarle los dientes, pero, de repente, ella gritó:

—¡La culpa es de ese mestizo inútil! ¡Mintió! ¡Dijo que eras suyo!

La expresión del Uchiha se volvió incrédula.

—¿Qué? —fue lo único que alcanzó a decir.

—¡Dijo que eras su compañero! —Su tono estaba entre un sollozo y la rabia—. Es su patética forma de llamar la atención, va por ahí dando lástima por ser un maldito mes…

—Silencio —ordenó Sasuke con tal frialdad que cortó en seco a la lobata.

Sin embargo, fue el pelaje negro que cubría su brazo lo que hizo que Yuko se diera cuenta de que había traspasado una línea que no sabía que existía. Se exigía que los ejecutores tuvieran un buen dominio de sus emociones para poder actuar de forma objetiva y justa en la manada, y Sasuke Uchiha era el vivo retrato de uno.

Después de todo, mató a la Omega con la que se había establecido con sus propias garras en cuanto supo que había traicionado a la manada. Así que el hecho de que le estuviera brotando pelo no era una buena señal.

Yuko lo soltó despacio y retrocedió unos pasos, bajando la vista y apretando los labios.

—Kurogane, asegúrate de que vuelva a la habitación y habla con Yasha. —La voz del ejecutor principal seguía siendo gélida—. Estoy seguro de que querrá tener una larga charla con ella.

Dicho esto, se alejó a paso rápido, buscando la habitación en la que estaba Naruto.

Qué asco de día. Había tenido la esperanza de que la entrada al celo de su compañero fuera lo más apacible posible, se había esforzado esos días para mantenerlo tranquilo y que se sintiera seguro y preparado.

Y ahora esto. ¿Por qué? Puta mierda, ¿por qué?

No se suponía que sería así. Solo esperaba estar a tiempo de arreglarlo.


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