Sweet home

 


Naruto contempló su habitación, ahora vacía.

La época de celo había terminado. Era la primera que había pasado con alguien en su vida, la primera que pasaría con Sasuke… Y, ahora, se daba cuenta de que había estado preocupándose por una nimiedad.

Si bien su compañero había sido un poco más agresivo durante sus relaciones, no le había hecho daño en ningún momento, exceptuando los momentos en que lo marcaba, reafirmando su vínculo, pero no era algo de lo que se quejara, ya que él también lo mordía muy a menudo. Aun así, lo que más había temido, el no ser capaz de complacerlo… Bueno, resultaba que al final no había sido ningún problema.

Tal y como había prometido, Sasuke se había adaptado a él, a lo que era capaz de aguantar. Solían hacerlo un varias veces al día, normalmente, una por la mañana y otra antes de irse a dormir; con eso, su Alfa parecía estar lo bastante satisfecho para aguantar todo el día, aunque no era raro que, si se duchaban juntos, la cosa acabara volviéndose caliente. Además, si Sasuke necesitaba un poco más de acción y Naruto no tenía ganas, se marchaba al baño durante un rato, aunque, de vez en cuando, el rubio lo había seguido movido por la curiosidad… y, por supuesto, esta mataba al gato.

El resto del tiempo en el que Sasuke estaba bien, tan solo se volvía mimoso y no paraba de frotarse contra su cuerpo y buscar sus caricias. Lo abrazaba a menudo y siempre quería estar cerca de él y que llevara su aroma encima. Y Naruto, como cabía esperar de un buen compañero, respondía el afecto de su pareja con cada roce y cada beso. Así como Sasuke se estaba esforzando por adaptarse al hecho de que no pudiera entrar en celo, él también quería corresponderle dándole las atenciones que necesitaba durante esos momentos tan duros.

El propio Sasuke le había dicho que era el mejor celo que había pasado. Era verdad que algunas veces había sido duro resistirse y que, otras, había sido algo incómodo, pero le aseguró que era muchísimo mejor que pasar el celo solo y, desde luego, que estar con un Omega que anduviera día y noche provocándole para que se estableciera con él, en busca de su posición. Además, habían tenido mucho tiempo para conocerse mejor, para hablar de todo y tratar de planificar un poco su vida juntos…

Eso había significado que Naruto había tenido que tomar una decisión. Sobre la manada.

Unos golpecitos en la puerta lo sobresaltaron y miró a Sasuke, que estaba en el umbral.

—¿Listo?

—Sí —asintió, levantándose despacio y reuniéndose con él, aunque se tomó un momento más para contemplar su habitación.

Sasuke puso las manos sobre sus hombros.

—¿Estás seguro de que quieres hacerlo?

Naruto suspiró y asintió, poniendo una mano sobre la suya.

—Sí. Aquí hay demasiados recuerdos dolorosos.

Su compañero lo abrazó y lo besó en la cabeza.

—Entonces, todo irá bien.

—Sí. Solo… estoy un poco nervioso —admitió, mirando las estanterías vacías—. Todo ha pasado muy rápido y… mi vida ha cambiado de repente.

Sasuke lo giró suavemente entre sus brazos y le sonrió.

—La mía también. A mejor. Y la tuya también, solo necesitas acostumbrarte. Yo te ayudaré.

Él le devolvió la sonrisa y tiró de su camiseta, un gesto que había adoptado para decirle cuándo quería un beso, ya que su Alfa era tan alto que eso de dar besos espontáneos, por desgracia, no era una opción para él. Sasuke se inclinó sin pensar y lo besó con cariño antes de frotar su nariz con la suya.

—Además, piensa que no vas a estar solo —le recordó.

Y, como si le hubiera oído, Kurama apareció repentinamente por las escaleras y alzó los brazos.

—¿Qué hacéis, tortolitos? ¿Pensando en echar el último en el lugar que os conocisteis?

Naruto arrugó la nariz mientras Sasuke se erguía con una risilla.

—Claro que no.

—¡Pues vamos! ¡Tenemos que coger un avión! —dicho esto, bajó los escalones a toda velocidad, saltando los tres últimos antes de salir disparado hacia la puerta.

No pudo evitar sonreír un poco.

—Al menos uno de los dos está emocionado.

—Creo que estaba deseando dejar de ser el Primer Alfa —comentó Sasuke, ofreciéndole la mano, que él cogió, entrelazando los dedos, y dejó que lo guiara al piso inferior.

Nada más terminar la época de celo, Kurama había reunido a toda la manada para hacer varios anuncios importantes. El primero fue decirles que Naruto se marchaba a Japón con Sasuke, y que, por tanto, renunciaba definitivamente a su derecho como Primer Omega. Muchos se habían decepcionado, pero no sorprendido, teniendo en cuenta la actitud que habían tenido con él a lo largo de los años, y tan solo pudieron desearle que fuera feliz junto a su pareja.

Sin embargo, el que más sorprendió fue el de Kurama, que también declaró que dejaba de ser el Primer Alfa para irse con su hermano menor. Al parecer, lo había hablado previamente con Itachi, que le había ofrecido un lugar entre los Uchiha y un puesto como ejecutor. El pelirrojo había aceptado su ofrecimiento, pero todavía no estaba seguro acerca de convertirse en uno de los protectores de la manada, en primer lugar, porque, a ojos de los Uchiha, sería un forastero, y, segundo, y más importante, Train estaba embarazado.

Se lo confesó a Naruto cuando terminó la reunión tras añadir que nombraba Primera Alfa a su ejecutora principal, Matatabi, para, así, evitar una guerra interna. Una pequeña muestra de perdón y agradecimiento por haber luchado por su familia en el momento en que lo necesitaban.

Kurama le contó a su hermano que hacía unas semanas que sabía que sería padre, pero que Train no se había atrevido a decírselo porque era consciente de la delicada situación en la que se encontraban, y que, por eso, y porque él se habría marchado con Sasuke al terminar la época de celo, había decidido atacar primero a los seguidores de su padre. Vio su oportunidad en cuanto supo quién era su compañero, sabiendo que lucharía por él y que su manada no lo dejaría solo. Por ello, le lanzó la indirecta a Train durante la cena, para hacerle saber que conocía su secreto.

También había reconocido que estaba cansado de ser el Primer Alfa, que era una posición por la que su padre había derramado sangre inocente y que no la quería para nada. Además, acabó confesándole que la manada fue cómplice de la muerte de sus padres, y que aquello seguía sin poder perdonarlo, al menos, a los que estuvieron allí; era consciente de que los lobos jóvenes no tuvieron nada que ver.

Naruto lo entendió… porque, al saberlo, él tampoco pudo perdonarlos. Pese a que entendía sus motivos, sabía que ya no podría mirarlos a la cara sin pensar que dejaron morir a sus padres… y que también lo habrían dejado morir a él. Comprendió que Kurama no quisiera que su hijo se criara con esos lobos, y que, como él, tuviera demasiados recuerdos dolorosos en aquel lugar.

Ambos necesitaban empezar de cero lejos de allí.

Una vez estuvieron fuera de la casa, se subieron a uno de los Jeep que los Uchiha habían alquilado para llegar hasta el pueblo de los Uzumaki. Las bolsas ya estaban cargadas en la parte trasera, y Train y Kurama estaban sentados en los asientos de atrás, mientras que él y Sasuke se subieron a los de delante, siendo su compañero quien conducía.

Eso le permitió echar un último vistazo atrás mientras el coche se ponía en marcha y se alejaban poco a poco del que había sido su hogar… O, al menos, el lugar en el que había nacido y se había criado. A decir verdad, nunca había sentido que perteneciera allí, pero, al mismo tiempo, era lo único que había conocido.

Kurama, desde atrás, le apretó un hombro. Al girarse para mirarlo, él le sonrió.

—Nos irá bien, no te preocupes.

En ese momento, Sasuke le tocó suavemente una pierna. Le acarició la mano un momento antes de permitir que volviera a ponerla al volante.

—Sí, lo sé —dijo, recostándose en el asiento y cerrando los ojos.

 

 

—Naruto, deja de hacer eso, estás perfecto —insistió Sasuke, cogiéndole las manos para que dejara de alisarse la camiseta.

Este hizo una mueca.

—¿Seguro? ¿No debería ir más formal?

Él puso los ojos en blanco.

—Vivimos en las montañas, Naruto, no merece la pena. Estaría bien para una celebración concreta, pero ahora mismo solo vas a conocerlos —dicho esto, le acarició el cabello con cariño—. Además, van a adorarte. Los dos estaban muy contentos cuando se enteraron de que había encontrado a mi pareja.

—¿Les dijiste que soy mestizo? —preguntó Naruto con los ojos muy abiertos.

Sasuke contuvo las ganas de gruñir.

Esa misma mañana habían llegado a su pueblo, una localidad perdida en las Montañas Akaishi, caracterizada por su pintoresco paisaje, formado por casas tradicionales en mitad del bosque, pero con senderos bien definidos y grandes cabañas que cumplían todas sus necesidades, ya que los Uchiha eran una manada antigua y habían ido haciendo algunas reformas con el paso de los siglos para adaptarse. De ahí que el pueblo fuera conocido entre los turistas que se dedicaban al senderismo, que se detenían en su hostal para descansar, y del cual, la manada obtenía buenos beneficios, aparte de lo que aportaban el resto de lobos que tenían sus propios negocios o empresas. Su madre Mikoto, de hecho, tenía su propia marca de ropa, y su padre, que tenía tiempo libre desde que Itachi se convirtió en el Primer Alfa, publicaba libros sobre la historia de Japón aprovechando que había vivido más de quinientos años.

Por desgracia, no había tenido tiempo de enseñarle nada a Naruto, ya que llegaron a las siete de la mañana y estaban agotados del viaje, por lo que solo había podido mostrarle su habitación, o, más concretamente, su futón, pues el pobre se había derrumbado sobre él nada más dejar las maletas en el suelo. Sin embargo, una vez se despertaron, al mediodía, le enseñó la casa que sería su hogar de ahora en adelante. Tuvo que admitir que le encantó el entusiasmo de su compañero por el estilo japonés tradicional, parecía que le fascinaban las puertas correderas y el pequeño jardín interior.

—¿Otra vez estás con eso? —masculló Kurama desde el sofá, en el que estaba recostado junto a Train. El hermano de su compañero y su pareja vivirían de momento con ellos, hasta que Itachi les encontrara una casa propia.

Antes de que Naruto pudiera replicar, Sasuke lo cogió por hombros y los masajeó, intentando que se calmara.

—Lo saben, y no les importa. Mis amigos también están deseando conocerte, y ya viste que a los Alfas de mi manada les gustas. —Tras ver el combate contra Karin, no hacían más que hablar del feroz Omega que la Gran Madre había escogido para él y de lo adecuado de su decisión, aparte de jurar que procurarían no molestarlo. No muy a menudo, al menos—. Así que deja de preocuparte por eso.

Naruto inspiró hondo y trató de relajar los hombros, aunque seguía notando cierta tensión en su cuerpo.

—Vale, lo intento. Es que estoy muy nervioso.

Sasuke sonrió mientras lo cogía de la mano para guiarlo a la puerta.

—Lo único que debería preocuparte es que mi madre empiece a revolotear a tu alrededor. En mi manada, a los mestizos y humanos de tu tamaño se les considera adorables.

Naruto levantó una ceja.

—¿Por eso te gusta que yo sea pequeño?

Él le dedicó una sonrisa culpable.

—Supongo que es algo cultural de aquí, sí.

Sin embargo, su rubio sonrió y lo abrazó por la cintura.

—Me alegro de que lo sea. Así te conquisté.

Sasuke rio y salieron de la casa tras despedirse de su cuñado y su pareja, que preferían conocer a su familia en otra ocasión, entendiendo que sus padres estarían deseosos de comer a Naruto. Fueron caminando por el pueblo cogidos de la mano, y, por suerte para el rubio, no se cruzaron con mucha gente ya que estaba anocheciendo y muchos estaban en sus casas haciendo la cena; aun así, con los pocos que se encontraron, solo le dedicaron una respetuosa inclinación de cabeza a Sasuke y le lanzaron una ligera mirada curiosa, pero no intercambiaron palabra. Sasuke le explicó que, entre las manadas de Japón, no estaba bien visto dirigirle la palabra al compañero de un lobo de alto estatus a menos que fuera un familiar o un amigo, sino que debía ser presentado formalmente ante toda la manada antes de poder interactuar con él. A Naruto le pareció un poco extraño, pero no era quién para cuestionar las tradiciones de allí y, además, se sintió un poco más seguro al no percibir hostilidad o desprecio por parte de los lobos Uchiha.

Al menos, hasta que estuvieron a pocos metros de la casa de los padres de Sasuke, donde un grupo de tres Omegas se interpusieron en su camino. El Alfa debía de conocerlas, ya que les gruñó y avanzó un paso, ocultando instintivamente a Naruto tras su cuerpo.

—Apartaos.

La que parecía ser la líder, una Omega alta y atlética, de cabello cobrizo y ojos oscuros, se cruzó de brazos.

—He oído que te has apareado. Espero que no sea ese renacuajo.

—No es de tu incumbencia, Kira.

—Lo es si va a tener algún cargo relevante en la manada. No pienso recibir órdenes de un conejito.

—¿Cómo has dicho? —preguntó Naruto en un tono gélido mientras salía de detrás de la espalda de Sasuke. Este lo detuvo por el hombro, conociéndolo lo suficiente como para saber lo que iba a ocurrir.

—Naruto, no. A mis padres no les importa que seas mestizo, pero sí que entres a su casa y lo manches todo de sangre.

Naruto lo miró solemne.

—Prometo que no derramaré ni una gota.

—Luego te quejarás porque has ensuciado tu ropa y tendremos que volver a casa para que te cambies. No hagamos esperar a mis padres, ya pelearás con ella en los entrenamientos que hace Izumi.

—Prefiero hacerlo ahora —intervino Kira, mirando al rubio con repentino interés—. Quiero ver cómo pelea el conejito.

Los ojos azules del Omega centellearon de rabia a la vez que se quitaba la mano de Sasuke de encima e iba hacia ella. El Alfa se llevó la mano a la frente.

—Mierda —maldijo, pensando en si debería adelantarse e ir a casa a por una muda para su compañero.

—Adelante —la desafió Naruto—, tal vez descubras que el conejito es un lobo disfrazado.

—Eso sí sería interesante —dicho esto, le lanzó un puñetazo… que Naruto esquivó girando hacia la izquierda, dándole la espalda a la vez que la cogía por la muñeca y le hacía una llave, tirándola al suelo.

Sasuke levantó las cejas. A lo mejor su compañero sí cumplía su promesa y no tenía que buscarle una muda para cambiarse.

Naruto retrocedió un paso y se cruzó de brazos.

—Primer error: subestimar a tu rival.

Kira, en el suelo, parpadeó, como si no acabara de creer que alguien tan pequeño tuviera la fuerza necesaria para derribarla. Sin embargo, se recuperó rápido de la sorpresa, y, con un gruñido, se levantó de un salto y se abalanzó sobre Naruto de nuevo. Este, sin inmutarse, se agazapó y le dio una fuerte patada en los pies que le hizo perder el equilibrio y acabar, de nuevo, en el suelo.

El rubio se levantó de nuevo y la miró con seriedad.

—Segundo error: atacar con ira. —Kira gruñó más fuerte e hizo amago de levantarse, pero Naruto la detuvo colocando un pie en su pecho y empujándola—. Quieta, sigues furiosa y así no podrás ganarle a nadie. Respira hondo, recupera la calma y piensa con frialdad antes de atacarme de nuevo.

A la Omega no le gustó obedecer, pero tuvo que admitir que tenía razón y que estaba haciendo el ridículo, por lo que hinchó sus pulmones y dejó salir el aire despacio, calmándose poco a poco.

—Estoy bien —dijo por fin—. No te atacaré.

Naruto la soltó y se apartó, regresando al lado de Sasuke. Kira cumplió su palabra y se limitó a levantarse y a quitarse la tierra que había manchado toda su ropa.

—Has despertado mi interés, conejito —admitió, observándolo con curiosidad—. Cuando acabes de instalarte ven a los entrenamientos de Izumi.

El rubio asintió.

—Lo haré.

—Procura ser puntual —le advirtió antes de dar media vuelta y alejarse a paso rápido, seguida por los dos Omegas que se habían quedado observando la pelea con los ojos como platos.

Sasuke sonrió.

—Mañana serás la comidilla de los Omegas.

—¿Debería preocuparme?

—La que debería preocuparse es Izumi si sus Omegas empiezan a pelearse contigo. Esta manada acabaría estando formado por Alfas por Betas.

Naruto soltó una risilla y lo abrazó por la cintura.

—Intentaré ser bueno con ellas.

—Eso espero.

Ambos se sobresaltaron al escuchar esa voz profunda y autoritaria.

Fugaku Uchiha estaba en el umbral de su casa con los brazos cruzados, observándolos con sus ojos oscuros y penetrantes. El rictus serio de sus labios no coincidía en absoluto con la expresión de su compañera, que estaba tras él con una sonrisa de oreja a oreja y un brillo ilusionado en los ojos.

Sasuke se apresuró en hacer una inclinación de cabeza.

—Disculpa, padre. No queríamos armar alboroto.

Este asintió.

—Lo sé, he visto lo que ha pasado —dijo mientras se acercaba a ellos—. Ya sabíamos que no todos los Omegas estarían contentos con tu pareja —dicho esto, se detuvo frente a ellos y miró a Naruto, que mantenía la cabeza gacha—. Lamento que en tu primer día tengas que poner en su sitio a algunos de ellos.

El rubio sacudió la cabeza.

—No tiene que disculparse, Alfa.

Por primera vez, Fugaku esbozó una leve sonrisa.

—Llámame Fugaku. Somos familia, después de todo.

Naruto alzó la cabeza y sonrió tímidamente. Entonces, Mikoto apareció de la nada y se plantó frente al Omega, pillándolo por sorpresa al cogerle de las manos.

—Y yo soy Mikoto —se presentó, con los ojos brillantes—. No sabes lo emocionada que estoy por conocerte por fin. Sasuke sonaba muy ilusionado cuando nos contó que se había apareado, y veo por qué —dicho esto, le lanzó una mirada amorosa a su hijo—. Es hermoso, cariño, y pequeño y achuchable…

—¡Mamá! —la reprendió el Alfa, cogiendo a Naruto por los hombros con un brazo para atraerlo hacia sí—. Me dijiste que te comportarías.

Mikoto se mordió el labio y, para la total y completa sorpresa del rubio, contempló cómo la Primera Omega de los Uchiha daba unos saltitos.

—Es que es tan mono… Y quedaría tan bien vestido con los últimos kimonos que he hecho…

Sasuke la miró con cara de pocos amigos.

—Mamá, nada de usar a mi compañero para tu trabajo.

Sin embargo, Naruto puso una mano en su pecho.

—No pasa nada, Sasuke —dicho esto, le sonrió a Mikoto—. Sería un honor ayudarla.

—¿Lo ves? A él no le importa —dijo la Omega mientras los cogía de las manos y tiraba de ellos hacia la casa—. Primero cenaremos y después veré qué color es el tuyo… Estoy entre el rojo y el dorado o el azul y el rosa, decoraciones de llamas y árboles de cerezo…

Mientras Mikoto seguía divagando en cómo le gustaría vestir al rubio, Sasuke le lanzó una mirada de socorro a su padre, que se limitó a responder encogiéndose de hombros, como diciéndole que ya conocía a su madre y que no había nada que hacer.

La cena transcurrió de forma relativamente tranquila, ya que, mientras los Alfas eran más callados y Fugaku formulaba alguna pregunta ocasional acerca de la vida de Naruto, Mikoto se dedicó a contarle a este todas las anécdotas que conocía de su cachorro, desde que a los cinco años juraba y perjuraba que no quería saber absolutamente nada de los Omegas y negándose en redondo a aparearse hasta cuando empezó a redecorar las habitaciones de su casa para que, cuando encontrara a su compañero, no se sintiera como si estuviera en una guarida para solteros, sino en un lugar que pudiera sentir como suyo.

Sasuke acabó avergonzado más de una vez, pero ver a su compañero riendo y que a menudo le acariciara la mano para reconfortarlo, le hizo sentirse más seguro, recordando que no había nada que pudiera hacer que Naruto lo abandonara. El temor a que su personalidad más distante pudiera alejarlo de él se había desvanecido después de aquella conversación que tuvo con su compañero, en la que le decía que se adaptarían el uno al otro, tal y como habían hecho durante el celo.

Por ahora, su mayor prioridad era que Naruto sintiera su hogar como si también fuera suyo. Sabía que para él no había sido fácil abandonar la manada, a pesar de que era lo que quería hacer. Pero, viendo lo a gusto que parecía estar con sus padres, y con la ayuda de su familia y amigos, sabía que podía conseguirlo. Sabía que su compañero sería feliz allí, que se sentiría aceptado y que tendría lazos de amor y amistad auténticos con su manada, que por fin sentiría que formaba parte de una.

Solo tenía que estar a su lado y ayudarlo. Y estaba más que preparado para hacerlo.

 

 

—¿Seguro que estás bien para dar un paseo? —preguntó Sasuke mientras rodeaba a su compañero por la cintura con un brazo.

Naruto resopló.

—Necesito moverme un rato o acabaré volviéndome loco.

El Alfa no se separó ni un centímetro de él mientras lo acompañaba a la puerta de su casa, adaptándose al lento ritmo de su pareja, que se sostenía el vientre hinchado con una mano.

Tras diez felices años apareados, por fin iban a tener su primer cachorro. Durante el segundo celo que pasaron juntos tuvieron que sentarse a hablar del tema para saber si estaban preparados para tener hijos o esperar unos años más. Tanto Sasuke como Naruto querían que este último acabara de asentarse y adaptarse a su nueva vida en la manada, así como querían pasar unos cuantos años solos, en primer lugar, para trabajar en su relación, aprender a convivir juntos, y, en segundo, para disfrutar como pareja antes de adquirir una responsabilidad tan grande como tener un cachorro.

La llegada de Naruto a la manada Uchiha fue un tanto escandalosa, ya que los Alfas que fueron a Alaska a pasar el celo con los Uzumaki contaron muy rápido cómo el compañero de su ejecutor principal, un mestizo que no podía adoptar forma de lobo, había dejado ciega a una Omega antes de matarla con una maldita espada. Aparte de eso, Kira, que era conocida por su carácter duro y rebelde, mostró un claro interés en Naruto que llamó la atención de mucha gente de la manada, por lo que no fue de extrañar que, el primer día en que Izumi se puso a entrenar a las Omegas, hubiera mucha gente presente.

Si bien Naruto no podía transformarse, demostró ser, junto a Train, otro Omega llamado Lee y su padre Alfa Gai, el mejor luchador en piel. Hasta hubo Alfas que lo desafiaron y cayeron a sus pies, ganándose la admiración de gran parte de la manada, Kira incluida, con quien Naruto acabó forjando una gran amistad, siendo la única a la que permitía llamarle conejito, que se convirtió en una especie de apelativo amistoso.

Izumi le acabó pidiendo que fuera el instructor de lucha con piel de los Omegas, mientras que ella los entrenaría en lucha con pelaje. Además, a Train se le ofreció el mismo puesto pero para el entrenamiento en piel de los Alfas, ya que Gai era el líder de los guardianes que vigilaban el territorio de la manada y Lee prefería enseñar a los niños. Naruto aceptó, encantado por haber sido reconocido rápidamente por los Uchiha, pero Train lo rechazó durante los primeros años, ya que prefirió dedicar tiempo a Lucy, su hija Alfa, y, más adelante, a su otra hija Alfa, Eve.

Por otro lado, Kurama empezaría trabajando con Gai como guardián, cargo que ocuparía también durante los primeros años para poder estar con su familia, pero, una vez llegaran a la edad adulta, aceptaría finalmente un puesto de ejecutor a las órdenes de Sasuke.

Naruto también seguía trabajando como hacker de vez en cuando para algunas empresas y para los ejecutores cambiantes cuando aparecía algún asesino de humanos que podía exponer su existencia. Aun así, era un trabajo ocasional y, más de una vez, dejó claro que le encantaba entrenar a los Omegas, que a menudo se quejaban de su duro instructor.

En lo referente a su vida en pareja, ambos eran felices. Ambos tenían un carácter fuerte y a veces llegaban a casa enfadados por algo que había ocurrido durante el día, pero Naruto aprendió que a Sasuke era mejor dejarlo solo y no agobiarlo hasta que se enfriara y estuviera lo bastante calmado para contarle después lo que había ocurrido y cómo podía ayudarlo, mientras que Sasuke se limitaba a escuchar los gritos de su rubio, asintiendo a todo, sin llevarle la contraria hasta que se hubiera desahogado y, luego, una vez hubiera sacado toda la rabia que tenía dentro, le contaba su opinión y su forma de solucionar el problema desde un punto de vista más objetivo. Exceptuando esos momentos, en los que tuvieron algunas peleas por no saber cómo tratar al otro al principio, el resto fue más sencillo.

Naruto era muy feliz por estar con alguien que lo apreciaba tal y como era, que le había dado la seguridad suficiente como para superar los defectos que creía haber tenido por ser mestizo, mientras que Sasuke descubrió, agradecido, que con su compañero no se sentía agobiado, que sentía que tenía su propio espacio, pues Naruto aprendió que su pareja a menudo salía dar paseos en solitario porque pensaba mejor en algunas cosas o porque necesitaba sentir su conexión con la Gran Madre Tierra, que no era porque lo estuviera desplazando ni mucho menos. Además, Sasuke lo llevaba muy a menudo con él, a correr por el bosque o a cazar, ambos aprendieron a luchar juntos llevando a Naruto sobre el lomo de su Alfa y era algo de lo que disfrutaban, no solo juntos, sino que, gracias a eso, el rubio por fin podía correr con la manada y divertirse con ellos a pesar de ser el único que no adoptara forma animal durante esos momentos.

Del mismo modo que Sasuke había hecho que Naruto ganara confianza en sí mismo, su Omega le hizo más afable y cariñoso, al menos, cuando él estaba cerca. Su lobo interior estaba encantado con compartir su guarida y en su presencia se sentía más relajado y cálido. Tal vez porque Naruto transmitía esa misma sensación; en contraposición a su fuerte carácter, tenía un lado bondadoso y amable, así como abierto y extrovertido que cautivó a los Uchiha como lo habían hecho con él.

Y, un año antes, ambos sintieron que ya estaban lo bastante establecidos como para empezar a formar una familia propia. Así, cuando llegó la época de celo, Naruto se quedó embarazado. Habían pasado siete meses desde entonces.

Sasuke ayudó a su pareja a cruzar el pueblo y llegar hasta el bosque, por el que estuvieron paseando apenas diez minutos. Naruto tuvo que detenerse a descansar, sujetándose el vientre mientras se sentaba en un tronco. Su Alfa lo rodeó con sus brazos para evitar que cogiera frío, pues ya había oscurecido y no quería que enfermera en esa etapa del embarazo.

—Esto no es justo —se quejó—. Necesito moverme y no puedo.

Sasuke lo besó en la cabeza.

—Debes tener paciencia. En unos meses darás a luz y estarás más activo, pero entiende que ahora tu cuerpo no puede aguantar mucha actividad.

—Lo entiendo, pero no me gusta.

El Alfa soltó una risilla.

—En vez de tener los antojos de comida que tienen los Omegas tú debías tenerlo de hacer ejercicio.

Naruto alzó la vista y lo miró con cara de pocos amigos.

—¿Algún problema con eso?

—Ninguno, mi Omega.

—Bien. Te recuerdo que me prometiste que tenías que aguantarme mientras estuviera embarazado e insoportable.

—No estás insoportable.

—Pero yo me siento así.

—Naruto, tu cuerpo está sufriendo muchos cambios, es normal que estés irritado, más aún siendo tan hiperactivo y sin poder moverte —dicho esto, le sonrió y le acarició el vientre—. Pero piensa que, dentro de poco, tendrás un cachorro al que perseguir por toda la casa. Lo dejarás tan agotado que seguro que no pasaremos muchas noches en vela.

Al escuchar eso, el rubio sonrió y se apretó contra su Alfa.

—Gracias, Sasuke. Gracias por convencerme de que nos apareáramos. Eres lo mejor que me ha pasado —dicho esto, su sonrisa se ensanchó con malicia—. Hasta que nazca nuestro cachorro.

—Auch, eso ha dolido —bromeó antes de cogerle la mano y ayudarle a levantarse—. ¿Por qué no volvemos a casa y me cantas algo para consolarme?

Naruto soltó una risilla y empezó a cantar Perfect mientras regresaban al pueblo. A casa.

 


  

Fin


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