Sweet blood

 


Sasuke y su grupo supieron de inmediato que habían llegado al territorio de la manada Uzumaki por el olor de sus marcas en los árboles, de modo que, nada más lo percibieron, redujeron la marcha y se deslizaron agazapados entre la vegetación, manteniéndose a favor del viento en cuanto se restregaron contra el musgo y la hierba para camuflar su olor todo lo posible.

No es como si quisieran infiltrarse y ofender a los Uzumaki o hacerles sentirse amenazados, pero no tenían ni idea de cuál era la situación de la manada y no se arriesgarían a ser atacados. Si querían ayudar a los padres del cachorro, necesitaban antes toda la información posible.

Sin embargo, a medida que iban avanzando, se dieron cuenta de que algo tenía que ir realmente mal, y eso que no escuchaban aullidos, ladridos ni sonidos que indicaran algún tipo de pelea. En realidad, había un silencio sepulcral impropio de una manada a punto de celebrar el celo. Solo podían oír el bosque.

De hecho, ni siquiera escuchaban a los guardias de los Uzumaki patrullando. El viento no les trajo ningún aroma cercano a lobo ni tampoco oían el roce de su cuerpo entre los arbustos, el trote de sus patas o su respiración agitada por la carrera.

No escucharon nada de nada hasta llegar al pueblo, y no es como si este les diera muchas pistas tampoco.

No había ni un alma en la calle. Todas las casas estaban cerradas, no solo las puertas, también las ventanas, aunque fuera con cortinas. Vieron que algunos se asomaban con disimulo, como si estuvieran esperando avistar algo, pero enseguida se escondían de nuevo.

¿Qué demonios estaba pasando?

Antes de entrar en el pueblo, todavía escondidos entre los árboles, Sasuke ordenó el regreso a su forma humana. Los cinco se pusieron ropa que habían encontrado cerca en una bolsa atada a un tronco, el mismo sistema que usaba la manada de Sven para cuando cambiaban de forma, y, solo entonces, se internaron en el pueblo, con Seishiro delante. Podrían pasar más desapercibidos como humanos que siendo cinco enormes lobos, y Seishiro era el mejor de sus ejecutores en cuanto a sigilo. Sabría por dónde debían moverse para no ser vistos.

Pese a que Sasuke tenía la sensación de que la vigilancia era nula, avanzó con mucho cuidado, sin querer llevarse ninguna sorpresa y desconfiando de la manada Uzumaki. ¿Estaba ocurriendo algo y se quedaban escondidos en sus casas? ¿Dónde estaban los guardias que patrullaban las fronteras de su territorio? No se le ocurría absolutamente nada que explicara aquello, pero le daba mala espina.

Cuando estaban cerca de la plaza principal, escucharon por fin algo. Eran sonidos amortiguados, y, aun así, fueron capaces de reconocerlos como gritos furiosos.

Seishiro les hizo avanzar con más cuidado, vigilando cada callejón y cada casa, pero, al final, los detuvo en la esquina de la Casa de la Manada, el edificio principal en el que se llevaban a cabo reuniones y recepciones. Le hizo un gesto a Sasuke para que se asomara y él se adelantó a cuatro patas para no molestar a su posición.

Frunció el ceño al ver que había cuatro Alfas custodiando una casa. Los gritos venían de allí, pero se habían callado de repente.

Sin embargo, podía sacar una conclusión. La casa del Primer Alfa solía estar cerca de la Casa de la Manada para cualquier emergencia. Así que los padres del cachorro tenían que estar ahí, pero, ¿y el hermano? Por lo que dijo su Omega, le dio la sensación de que no estaban en el mismo sitio. Además, si él estaba libre de aquella situación, y era el animal que decía Sven, sería muy útil.

Le lanzó una mirada significativa a Seishiro. Quería que fuera a echar un vistazo y obtuviera algo de información, lo que fuera para tener un punto desde el que partir.

Seishiro asintió e hizo amago de alejarse para buscar una ruta más segura, pero, en ese instante, un portazo los sobresaltó y vio salir a un hombre alto y delgado. Tenía el pelo castaño corto y su rostro habría sido hermoso de no ser por un feo labio partido. Por su olor, era un Omega, y estaba iracundo.

Señaló a uno de los guardias.

—Ve a ver si ya han cogido a la oveja. ¡Corre!

Al oír eso, Sasuke se giró y miró a Kurogane. Este se alejó con rapidez, pero sin hacer el menor ruido. Después, le hizo gestos a Seishiro y Fuuma para que se quedaran vigilando mientras él y Sai iban tras Kurogane. Si él hacía su parte, y la haría, ya tendrían una valiosa fuente de información.

Rodearon la casa y se quedaron pegados a una esquina al ver que Kurogane ya estaba al otro lado, esperando. Entonces, escucharon las pisadas veloces del guardia y Sasuke y Sai se tensaron, listos para moverse rápido y en silencio.

Sin embargo, no hizo falta porque, para desgracia del Alfa, pasó muy cerca de Kurogane. El ejecutor ni siquiera salió de la esquina, solo alargó el brazo para agarrar al infeliz por la garganta y llevarlo hacia su esquina. Con las garras extendidas amenazando su cuello, el lobo no hizo el menor sonido ni se resistió cuando Kurogane lo golpeó contra la pared.

—Un solo sonido y estás muerto —gruñó el ejecutor.

Sasuke y Sai vigilaron la calle antes de correr hacia su edificio. Una vez allí, Sasuke se acercó al Alfa con las garras extendidas y los colmillos asomando. Este, en cambio, parecía totalmente confundido.

—Tú, ¿qué está pasando aquí?

El lobo los miró uno a uno con el ceño fruncido.

—¿Quiénes sois? No pertenecéis a la manada.

Kurogane gruñó y golpeó su cabeza contra la pared, aunque no lo bastante fuerte como para dejarlo inconsciente.

—Responde a las preguntas, perro de mierda.

Sasuke enseñó los colmillos.

—Habla.

El Alfa palideció de repente.

—¿Venís de la manada de Sven?

Antes de que Sasuke pudiera exigir una respuesta, Sai lo detuvo con el brazo y le lanzó una mirada intensa. Sasuke retrocedió un paso y permitió que se ocupara.

—Somos de la manada Uchiha —dijo, haciendo que los ojos del Alfa se abrieran como platos—. Hemos venido a pasar el celo con Sven y los suyos —dicho esto, señaló a Sasuke con la cabeza—. Este es nuestro ejecutor principal, Sasuke Uchiha. Estoy seguro de que has oído hablar de él.

El Alfa se estremeció. Su piel era aún más blanca que antes.

Sai siguió hablando.

—Resulta que ha encontrado a su compañera en una Omega de allí. —Ni Sasuke ni Kurogane reaccionaron, enmascararon cualquier atisbo de sorpresa con cuidado—. Pero le guarda mucho rencor a los Uzumaki. Quedó tan malherida por vuestra guerra que ya no puede tener cachorros. Así que habíamos pensado en traerle la cabeza de la Primera Alfa para apaciguar su culpa por no poder darle una familia a nuestro segundo al mando. —Sai ladeó la cabeza, observando al sorprendido lobo, y estrechó los ojos—. Fíjate cuál ha sido nuestra sorpresa cuando nos hemos acercado en busca de información para preparar un ataque y hemos visto vuestra seguridad de mierda, toda ella centrada en la casa de la Primera Alfa. —Sai se cruzó de brazos y esbozó una media sonrisa—. ¿La estáis desafiando por el liderazgo?

El Alfa se relajó un poco e inclinó la cabeza ante Sasuke.

—Os diré todo lo que queráis saber. No somos enemigos.

Sasuke entrecerró los ojos, felicitando a Sai mentalmente por su astucia. Intercambió una breve mirada con Kurogane y asintió. Este lo soltó, pero no retrajo sus garras ni se alejó, sino que se mantuvo alerta por si el Alfa hacía cualquier movimiento extraño.

El lobo alzó la cabeza, pero sin mirar a Sasuke a los ojos como muestra de respeto, reconociendo su posición.

—La Primera Alfa estaba establecida con nuestro Omega más fuerte —les explicó—. Eran la pareja perfecta y engendraron un lobo Alfa increíble. Kurama es el sueño de cualquier manada que desee un líder fuerte. —De repente, endureció su expresión y apretó los puños—. Pero, hace siete años, nuestra Alfa encontró a su destinado en un ser humano. —Su cuerpo tembló por la rabia—. Ella lo trajo aquí y lo convirtió en el Primer Omega a pesar de que no puede defenderse solo. Y han tenido un niño mestizo que no muestra signos de tener nuestra genética.

Sasuke hizo su mejor esfuerzo para mantenerse inexpresivo, pero, si hablaba, estaba seguro de que su fachada se rompería.

—Entonces —intervino Sai, salvándolo—, ¿tú y los Alfas de la manada la estáis desafiando por la manada? ¿Por qué ahora?

El Alfa sacudió rápido la cabeza y miró a Sai con miedo en los ojos.

—Intentamos que entrara en razón nombrando a Kurama como su heredero, pero se negó. Ninguno de nosotros la desafiaría —dicho esto, se estremeció—. No podríamos con ella, y, aunque ocurriera un milagro y alguno la derrotara, tendríamos que hacer frente a la ira de Kurama.

Esta vez, Sasuke pudo hablar.

—¿Está del lado de su madre?

Su prisionero torció la boca en una mueca desagradable.

—Está muy apegado a su hermano y a su padre humano. Amenazó a su propio padre Omega con matarlo si alguna vez tocaba a la familia de su madre.

Por eso su cachorro le había pedido que buscara a su hermano, pensó Sasuke. Era de su confianza, sabía que estaría de su parte y que protegería a su familia.

—¿Dónde está él?

—En su casa, vinculándose con su Omega. Lo encontró durante su último viaje y no había tenido ocasión de reclamarlo hasta ahora.

Contuvo las ganas de darle un puñetazo. Bastardos traicioneros. Habían esperado a tenerlo entretenido para atacar a su familia. Si estaba con su compañero y a punto de entrar en celo, no saldría de esa casa a menos que necesitara comida urgente, y, estaba convencido, se habría abastecido bien antes de eso.

—Tenemos a alguien vigilando su casa —continuó el Alfa—. Cuatro de los nuestros fueron tras el humano y su cachorro.

Tanto Sasuke como Sai y Kurogane se sobresaltaron al escuchar eso.

—¿Cómo? ¿No están en la casa? —preguntó Sai. Ya sabían que el cachorro había conseguido huir, pero, ¿y el padre? ¿Huyó con él pero se separaron?

El Alfa soltó un gruñido frustrado.

—Kushina nos retrasó para ayudarlos a escapar junto a dos de sus ejecutores. —Sacudió la cabeza—. Es patético. Ella y los cuatro que le eran leales habrían podido con nosotros si no se hubieran dividido para salvar a esas ovejas, pero…

—Te estás desviando —gruñó Sasuke, haciendo que el lobo se callara al instante. Él inspiró hondo, procurando esconder su rabia y ansiedad—. La Alfa está en la casa, entonces. ¿Sigue viva?

—Sí.

Gracias a la Gran Madre.

—¿Y sus ejecutores?

—Muertos.

Sasuke asintió. Procuró no mostrarlo en su rostro, pero lamentó no haber llegado antes para ayudarlos. Sin embargo, se aseguraría de que su lealtad y sacrificio no fueran en vano.

—¿Se sabe algo del padre y el cachorro?

—Cuatro de los nuestros fueron tras ellos, pero aún no han regresado.

Él bajó un momento la vista, pensando a toda velocidad.

—¿Cuál es vuestro plan? Tal vez tengamos intereses comunes —dijo despacio, calculando cada palabra con cuidado—. Pensaba que tendría que atacar a toda la manada para conseguir la cabeza de la Primera Alfa, pero tal vez no sea necesario.

El lobo se relajó, notablemente aliviado.

—Estamos a las órdenes de Genzo, nuestro Primer Omega. Estamos reteniendo a Kushina hasta que encontremos a las dos ovejas que han escapado. Genzo quiere que vea cómo mueren para demostrarle lo frágiles que son y por qué tendría que haberlo elegido a él.

—¿Y Kurama?

—Queremos que nos gobierne junto a su padre.

Sasuke alzó las cejas.

—Después de lo que has dicho, ¿estará de acuerdo?

—Genzo cree que se enfadará con él, pero no lo matará. Es su padre, después de todo. Con el tiempo, verá que tenía razón y lo perdonará. Verá que era lo mejor para la manada.

Él asintió despacio.

—¿Dónde está su casa? ¿Seguro que está bien vigilada?

El lobo señaló a su derecha.

—En el límite de la frontera, casi entrando en el bosque. Le gusta la privacidad —dicho esto, inclinó la cabeza ante Sasuke—. Por favor, no ataquen a la manada. Estoy seguro de que Genzo y usted pueden llegar a un acuerdo.

Sasuke asintió. Sus ojos eran gélidos.

—Puedes estar tranquilo por tu manada. Solo vengo por la Primera Alfa —dicho esto, y después de que el Alfa se relajara tras un suspiro de alivio, Sasuke se giró hacia su ejecutor—. Kurogane.

En un instante, el lobo golpeó la cabeza del otro Alfa con tanta fuerza que la sangre manchó la pared tras él. Pese a que su prisionero cayó como un saco al suelo, inmóvil, Kurogane se le subió encima con las garras en alto.

—¿Lo remato?

—No —respondió Sasuke, contemplando el bosque a sus espaldas—. Vamos a evitar matar a nadie por ahora, a menos que sea totalmente necesario. —Se giró hacia Kurogane—. Átalo y ocúltalo hasta que volvamos. Luego, regresa con Seishiro y Fuuma. Hasta que yo regrese, estás a cargo de la situación, Kurogane. Si crees que la Primera Alfa corre peligro, intervén y mata a quien sea. Evita al padre Omega si puedes, preferiría no entrar en conflicto con el hermano de mi compañero, pero, si no tienes opción, ni lo dudes —dicho esto, miró a Sai—. Mi primo y yo vamos a buscarlo.

Kurogane asintió y levantó al Alfa con facilidad, cargándolo sobre su hombro, antes de marcharse en dirección al bosque. Sai y Sasuke lo siguieron hasta que regresaron de nuevo a la frontera y, después, se desviaron, separando sus caminos.

Ambos agradecieron estar en el bosque de nuevo. Eran más rápidos sabiendo que no había ningún tipo de vigilancia y que solo debían tener cuidado con el vigilante de Kurama.

—Yo me encargo de él —le dijo Sai en voz muy baja—. Tú solo ve a buscarlo y explícale esto rápido.

Sasuke asintió y ya no intercambiaron más palabras hasta encontrar la casa que buscaban. Dar con el vigilante fue tan fácil que no pudo evitar pensar en lo estúpida que era la manada como para estar tan centrada en su conflicto interno que habían dejado totalmente desprotegido el pueblo. ¿Y ese Primer Omega quería gobernar? Menudo inútil.

Bastardo.

Pedazo de mierda.

Podía entender que hubiera estado dolido con la Primera Alfa, pero, al menos, podría tener honor y desafiarla. Sin embargo, ¿esto? ¿Una especie de golpe de estado humano? Y eso que él parecía odiarlos, por cómo hablaba de su compañero y su padre. A pesar de eso, había actuado como ellos y había planeado una sucia traición rastrera a sus espaldas, implicando a los que no eran le eran leales.

Aun así… ¿Y la manada?

Por cómo estaban actuando, escondidos en sus casas como ratas, parecía evidente que sabían lo que estaba pasando.

No iban a mover un dedo por la familia de su compañero.

Sintió cómo le brotaba pelo por todas partes, pero lo retrajo. Al menos, podría contar con el hermano. Esperaba que su lealtad hacia su madre fuera mayor a la que le tenía a su padre y que su amenaza de matarlo fuera real.

La mano que Sai puso en su hombro llamó su atención. Este le dedicó una mirada interrogativa, probablemente porque su pelaje había salido. Le hizo un breve y rápido asentimiento para hacerle saber que estaba bien y le señaló al vigilante. Sai no perdió el tiempo y fue a por él.

Sasuke permaneció agazapado, esperando a saber al menos que su primo lo tenía controlado.

En cuanto vio cómo el vigilante caía de espaldas, supo que estaría bien y fue sin perder el tiempo hacia la casa. No se arriesgó a ir a la puerta principal; aunque el Alfa había dicho que solo había un vigilante, la manada Uzumaki se asomaba de vez en cuando a la calle, como si estuviera esperando una resolución al conflicto y, teniendo en cuenta que no estaban haciendo nada por la madre de su Omega, no apostaba en absoluto por su apoyo.

Por tanto, prefería pasar inadvertido, que nadie viera que alguien advertía a Kurama de lo que ocurría y avisara a Genzo. Ahora tenían la ventaja de la sorpresa, y eso era muy valioso estando en inferioridad numérica.

De modo que se deslizó entre la vegetación hasta la parte trasera de la casa, la que daba cara al bosque y, por tanto, estaba lejos de ojos indeseados. Llegó hasta esta y se acercó a una ventana, a la que llamó con fuerza antes de dar un paso atrás y alzar el rostro, para que pudiera ser identificado.

En menos de medio minuto, apareció un Alfa pelirrojo con unas marcas llamativas en las mejillas, el cuello ensangrentado y apestando a sexo. Era evidente lo que había estado haciendo.

Su rostro furioso se contrajo por la confusión al verlo.

—¿Quién coño eres?

—Sasuke Uchiha —respondió rápido—. Me envía tu hermano.

Kurama parpadeó y frunció el ceño, completamente perdido.

—¿Qué?

Sasuke miró a un lado y a otro. No había nadie, pero, aun así, no quería arriesgarse.

—¿Puedo entrar? No quieres tener esta conversación aquí.

El Alfa no parecía nada contento, pero debió de entender la gravedad de la situación porque también echó un vistazo furtivo a ambos lados antes de tenderle la mano para ayudarlo a entrar por la ventana. Sasuke notó de inmediato el olor de los fluidos de la pareja, pero lo ignoró y se encaró a un desnudo Kurama que lo observaba con gravedad.

—¿Qué está pasando?

Sasuke no se fue por las ramas.

—Tu padre retiene a tu madre y está persiguiendo a su compañero humano.

Kurama palideció.

—¿Qué?

—Le tendió una trampa junto a los Alfas que le son leales. Tu madre y dos de sus ejecutores se quedaron luchando mientras tu padre huía con tu hermano y otros dos ejecutores. —Hizo una pausa muy breve para coger aire—. No sé qué ha pasado con ellos, pero yo encontré a tu hermano cerca del río…

—¿Kurama?

Sasuke alzó la vista hacia el piso superior, por donde vio aparecer una cabeza de pelo castaño y unos ojos dorados fieros. El Omega parecía listo para saltar y arrancarle la cabeza.

Kurama, sin embargo, le hizo un gesto tranquilizador con la mano, pese a que su rostro aullaba que iban a rodar cabezas.

—Vístete, Train. Van a morir muchos cabrones esta noche —dicho esto, se volvió hacia Sasuke—. ¿Y mi hermano? ¿Está bien? ¿Dónde está?

—En la manada de Sven.

Al oír eso, a Kurama le brotó pelaje por todas partes.

—¡¿Qué?!

Sasuke alzó las manos para calmarlo.

—Está bajo la protección de mi manada. Dejé muy claro que arrasaría su pueblo como le hicieran daño. Mi gente lo está cuidando y protegiendo.

Eso pareció calmarlo lo suficiente, ya que retrajo el pelaje. Su mirada se suavizó, incluso parecía emocionada. Inclinó la cabeza ante él.

—Tienes mi gratitud, Uchiha. Tu reputación te precede —dicho esto, alzó la cabeza. Sus ojos, ardientes como brasas, tenían un brillo peligroso—. No te preocupes, yo me ocuparé de todo aquí. Sé que no tengo derecho, pero te pido que cuides de mi hermano hasta que esté todo arreglado.

Sasuke cruzó los brazos a la altura del pecho.

—Mis ejecutores y yo vamos a ayudarte.

Kurama abrió los ojos como platos. Por otro lado, los dos escucharon las pisadas rápidas de Train, que estaba bajando los escalones, pero lo ignoraron.

—No es tu guerra, Uchiha. Has hecho más que suficiente al salvar a mi hermano y avisarme.

Sasuke arrugó la nariz.

—Es mi guerra ahora. Tu hermano es mi compañero.

Escuchó que el Omega jadeaba, pero él solo estaba centrado en la reacción de Kurama.

Estaba petrificado. Simple y llanamente.

Sasuke no pudo contener un gruñido impaciente y dio un paso hacia él.

—Sé que es una sorpresa, yo tampoco esperaba conocerlo así, pero ahora no es el momento para esto. Tu familia nos necesita.

Kurama reaccionó. Gruñó y sacudió la cabeza. Se giró hacia Train, que le lanzó una muda de ropa. Él se la puso con rapidez mientras preguntaba:

—¿Has dicho que mi hermano está bien?

Sasuke cerró un instante los ojos, estremeciéndose al recordar su estado.

—Tiene hipotermia. —Al oír eso, Kurama se detuvo para mirarlo con horror—. Pero, cuando lo dejé, estaba mejorando. Tengo esperanzas de que se recupere.

Train dio un paso hacia él.

—¿Y has podido dejarlo para venir aquí? —preguntó, impresionado.

Sasuke lo miró con las manos convertidas en puños.

—Me pidió ayuda. Juré por la Gran Madre que lo llevaría con su familia.

De repente, Kurama estaba sobre él. Cogió su rostro entre sus manos y apoyó su frente en la suya. Sus ojos rojos tenían un brillo húmedo. Había tanta emoción en ellos que Sasuke se sintió sobrecogido.

—Desde hoy, te reconozco como sangre de mi sangre. Ahora eres mi hermano —dicho esto, se separó con una expresión feroz y le dio un golpe amistoso en el pecho—. Vamos. Tenemos culos que cazar.

Sasuke intentó de sacudirse de encima la sorpresa, aunque le costó unos instantes. Que Kurama lo hubiera aceptado como pareja de su hermano era todo un logro, sobre todo teniendo en cuenta su diferencia de edad. Significaba que contaba con su apoyo para interactuar con el cachorro, no le impediría formar parte de su vida hasta que cumpliera la mayoría de edad.

Eso era un gran gesto por su parte y, durante un instante, se permitió apreciarlo.

Solo por un instante.

Todavía tenían asuntos que resolver antes de pensar siquiera en su vínculo.

Kurama, ya preparado, apagó las luces en la planta de abajo mientras echaba un vistazo al exterior por las ventanas de forma disimulada.

—Train, deja encendida alguna luz arriba —ordenó antes de volverse hacia él. Su expresión era furibunda—. Teniendo en cuenta que has venido tú a avisarme, interpreto que mi manada ya ha escogido bando, ¿verdad?

Sasuke frunció el ceño.

—¿Lo sabías?

Kurama soltó un gruñido y apartó la vista.

—Mi hermano no ha presentado rasgos de lobo todavía. Eso preocupa a los míos y sé que muchos tenían esperanzas de que yo heredara el liderazgo de todos modos.

Sasuke ladeó la cabeza. Ya había escuchado eso de su compañero, pero…

—¿Seguro que no tiene al menos el olfato?

El pelirrojo estrechó los ojos.

—No que yo sepa. ¿Por qué?

—Me reconoció como un Alfa. Y te aseguro que no fue por la vista.

Kurama chasqueó la lengua.

—Sabía que solo teníamos que esperar un poco.

Train regresó y Kurama los guio hasta la ventana por la que había entrado Sasuke.

—¿Cuántos están en la casa?

—Había cuatro Alfas vigilando el exterior, pero cogimos a uno. No está muerto, pero no luchará. No sabemos nada del interior salvo que está tu padre.

—Y de Minato no sabemos nada, ¿cierto? —preguntó.

Sasuke sacudió la cabeza.

—Si te refieres al compañero de tu madre, no. Solo que fueron tras él. No sé qué pasó para que tu hermano se separara de él.

Kurama se estremeció y Train le frotó un hombro. Después, los tres salieron por la ventana.

—No tiene buena pinta —dijo el pelirrojo en voz baja—. Mi madre no dejaría a Minato solo, seguro que está con Fye, es el mejor. Pero si mi hermano acabó lejos de ellos, fue para salvarlo —dicho esto, cerró los ojos un momento, haciendo una mueca de dolor—. Probablemente están…

Sasuke lo agarró del brazo, recordando algo.

—El Alfa al que atrapamos dijo que lo quería vivo. —Sus palabras hicieron que Kurama abriera los ojos como platos—. Los dos ejecutores que lo acompañaban, no lo sé, pero a Minato lo llevarán con vida ante tu padre.

Al oír eso, el pelaje brotó de las mejillas de Kurama, ya erizado.

—Entonces, tenemos una oportunidad.

Justo después de eso, Sasuke vio a Sai entre la vegetación y se unió a ellos. Las presentaciones fueron muy breves y se marcharon directos a la Casa de la Manada. Allí se reunieron de nuevo con Kurogane, Seishiro y Fuuma. Los tres inclinaron la cabeza ante Kurama y Train para mostrar reconocimiento a su posición, pero no dijeron nada al respecto.

—Seishiro ha conseguido acercarse para ver qué se cuece dentro —dijo Fuuma.

Seishiro se les adelantó y susurró:

—Tres Alfas están en la casa aparte del Omega. Dos de ellos vigilan de cerca a la Primera Alfa, que está atada y la contienen con armas de electrochoque. El otro se mantiene cerca del Omega, supongo que para hacerle de apoyo si consigue escapar.

Kurama gruñó bajo. Sasuke intentó mantener la cabeza fría.

—¿Qué hay del humano? ¿Sabemos algo?

Kurogane movió la cabeza a un lado y a otro. Tenía la nariz arrugada y no parecía contento.

—Nada por ahora.

—¿Cómo procedemos entonces? —preguntó Fuuma—. ¿Va uno de nosotros a buscarlo?

—No —respondió Kurama con pesar. Sus ojos ardían de pura rabia—. No somos muchos y no contaremos con el apoyo de mi manada. Hay que acabar con mi padre y sus ejecutores aquí. Después, buscaremos a Minato.

—¿Cómo quieres dividirnos? —preguntó Sasuke.

Kurama estudió un instante a Kurogane estrechando los ojos.

—Eres jodidamente fuerte, ¿verdad?

El otro Alfa le gruñó con una media sonrisa.

—Puedes apostar tus huevos pelirrojos a que sí.

Kurama le devolvió la sonrisa antes de volverse hacia Sasuke.

—Tus ejecutores deberían poder con los tres guardias sin problemas. Tu primo y tú venid adentro con…

—¡Lo tenemos!

Sasuke sintió que perdía todo el color de la cara a la vez que Kurama. Se asomaron por la esquina a ver qué ocurría.

Era tal y como temía.

Dos Alfas ensangrentados regresaron con dos hombres sobre sus espaldas. Uno de ellos arrastraba un pie entre quejidos y tenía un brazo colgando balanceándose con cada movimiento, sin oponer resistencia. Llevaba sin duda alguna al humano sobre su hombro sano, un Omega pequeño rubio y magullado, cuyos ojos estaban llenos de lágrimas y apretaba los dientes mientras miraba al otro hombre que llevaba el Alfa.

Este último tenía un feo zarpazo en el costado izquierdo y un terrible mordisco en el muslo derecho. No cojeaba tanto como el otro, pero, aun así, era evidente que ya no estaba en condiciones de luchar. En su espalda, cargaba a un Alfa de cabello platino lleno de sangre, con múltiples heridas de arañazos y mordiscos. No estaba consciente.

El Alfa lo lanzó al suelo sin la menor consideración.

—¡FYE! —gritó el Omega. Sasuke supo de inmediato que ese debía de ser uno de los ejecutores leales a Kushina.

El tal Fye entreabrió un ojo entonces. Hizo amago de apoyarse sobre una mano para levantarse, pero temblaba tanto que apenas podía moverse.

—Mío.

Sasuke se sobresaltó al escuchar la voz de Kurogane. Se giró hacia él. Tenía los ojos muy abiertos y le estaba brotando pelaje por todas partes. Su cuerpo vibraba. Estaba conteniéndose.

Miró una vez más al rubio y vio que otro de los lobos guardianes se acercaba a él de forma peligrosa. El odio brillaba en sus rasgos.

Clavó sus dedos en la espalda de Kurogane.

Se les había acabado el tiempo.

—¡Ve, ya! —ordenó.

Kurogane salió disparado en forma de lobo, seguido al instante por Seishiro y Fuuma. Aunque los otros Alfas fueran cinco ahora, dos de ellos estaban tan malheridos que no eran una amenaza, por lo que era un tres contra tres.

Sasuke salió corriendo justo después tras Kurama y Train, seguido por Sai. Todos mantuvieron su forma humana y, en vez de ir directos hacia la casa, la rodearon para no ser vistos por los del interior y poder entrar por las ventanas en un segundo ataque sorpresa.

Así, pudo ver cómo Kurogane aterrizaba sobre el Alfa que iba a hacer daño al ejecutor de Minato. Lo aplastó con su pata, y, sin darle la más mínima oportunidad, le arrancó la cabeza de un mordisco, haciendo que la sangre estallara saltara por los aires.

Por otro lado, Seishiro había ido directo a por el Alfa herido que tenía al Omega humano. Lo derribó sin problemas y luego cogió al rubio por la ropa con sus dientes para alejarlo del combate antes de colocarse ante él de forma protectora. Fuuma lo cubrió del Alfa que fue tras él, ya convertido en lobo, pero el otro que quedaba libre se enzarzó con Seishiro.

Aun así, Sasuke no tuvo que preocuparse. Kurogane apareció de inmediato para llevárselo por delante con un placaje que, sin duda alguna, le habría roto por lo menos dos costillas.

Bien, el exterior estaba cubierto.

Solo faltaba el interior.

Kurama saltó sin pensárselo dos veces por una ventana, seguido de Train. Sasuke iba a seguir su ejemplo, pero Sai lo agarró de repente por el brazo y señaló la puerta delantera. Él lo entendió y fue corriendo junto a él, a tiempo de ver cómo un Alfa del interior la abría con las garras extendidas, listo para unirse al combate del exterior. Sin embargo, Sai llegó antes y, con un grito, le dio una patada que lo lanzó de espaldas al interior de la casa otra vez.

Sasuke entró justo detrás de él, viendo cómo Sai se enzarzaba en un combate con el hombre del suelo.

—¡Cuidado con las armas eléctricas! —gritó Train por encima del barullo.

Al echar un vistazo rápido, supo que Kurama y Train luchaban contra los dos Alfas que tenían a Kushina y esperaban un descuido para poder liberarla.

A él le tocaba hacer frente a Genzo.

Este no había perdido el tiempo, se abalanzó sobre él lanzando sus garras, pero Sasuke fue rápido y se agachó sobre manos y pies para esquivarlo. Sin embargo, la otra mano del Omega tenía un arma eléctrica.

De no haber estado advertido, Sasuke habría caído. Pero no sería el caso.

Dejando salir toda la rabia que llevaba conteniendo desde que salieron de la manada de Sven, se apoyó sobre sus manos y el pie derecho para lanzarle una patada al brazo al Omega que lo obligó a soltar el arma. Luego, giró sobre sí mismo con las garras desatadas y se lanzó sobre él. Genzo fue rápido y saltó hacia atrás, pero, aun así, Sasuke le hizo un arañazo en la cara que le atravesó el ojo derecho. No era un corte profundo, pero sí molesto.

Genzo le gruñó mostrando los colmillos.

—¿Quién coño eres? ¡Esto no es asunto tuyo!

Sasuke rugió en respuesta.

—¡Lo es desde que atacaste a mi compañero!

El Omega frunció el ceño, confundido. Pero Sasuke no perdería el tiempo en explicaciones.

Mataría al bastardo.

Una mano en su hombro lo detuvo. Sasuke estuvo a punto de lanzar un ataque hacia atrás, pero reconoció por el rabillo del ojo a Sai y paró en seco. Este se lo apretó y señaló con la barbilla hacia su derecha.

Al centrarse, se dio cuenta de que la batalla estaba ganada.

El Alfa de Kurama yacía desangrándose contra una pared. Todo su pecho estaba lleno de sangre, era como si lo hubiera abierto a base de zarpazos. Train había clavado dos dagas en su contrincante y ahora le estaba desgarrando la garganta con sus garras. Sai, por supuesto, había acabado ya con el suyo.

Solo faltaba Genzo. Y, además…

—Mírame.

Pese a que la orden, firme y fiera, no estaba dirigida a él, Sasuke lo hizo.

Kushina Uzumaki estaba ahora de pie, con las garras asomando en sus dedos y el pelaje brotando de sus brazos y mejillas. Kurama debía de haberla liberado en cuanto había acabado con su enemigo.

La Primera Alfa enseñó los dientes, clavando sus terribles ojos en su antigua pareja.

—Estás muerto, Genzo.

Sasuke inspiró hondo, tratando de calmarse un poco, y permitió que Sai lo alejara del Omega.

El cachorro era su compañero y tenía derecho a acabar con él, pero, en comparación, Kurama y su madre habían sido los más agraviados. Genzo había perseguido a toda su familia para asesinarla, se había apoderado de la manada a traición y, en vez de desafiarlos de forma limpia y honorable, los había atacado por la espalda.

Pese a que lado animal exigía sangre, podía conformarse con que la familia de su compañero acabara con esto.

Mientras tanto, Genzo alzó la mirada hacia Kushina. Tenía los ojos muy abiertos, la nariz arrugada y una mueca en la boca. Su ira era tan fuerte que podía paladear el picante en la lengua, y el rencor era evidente en sus rasgos, casi maníacos, como si estuviera al borde de la locura.

—No me das miedo, Kushina —le dijo.

Ella rugió y le dio un puñetazo tan fuerte que lo tiró al suelo. Pero, en vez de detenerse, o de seguir golpeándolo, lo cogió por el pelo y tiró de él hacia la salida con pasos decididos e ignorando los gemidos y maldiciones de Genzo.

Sasuke y Sai, que estaban en su camino, abrieron la puerta y salieron para dejarle paso. En silencio, acordaron que el Omega era asunto de la Primera Alfa y fueron a buscar a sus hombres para asegurarse de que estaban todos bien. Fuuma tenía algún arañazo, pero nada grave, mientras que Seishiro y Kurogane no parecían heridos.

Sin embargo, no era el caso del ejecutor que Kurogane tenía entre sus brazos.

—¿Cómo está? —le preguntó, dejando una mano en su hombro.

El lobo rubio estaba consciente. Tosió, pero le dedicó una sonrisa.

—Viviré.

—No hables —ordenó Kurogane.

Sasuke se fijó en el modo en que se aferraba a él y la inquietud en sus ojos. Podía identificarse tanto con él.

Le dio un apretón y se hizo a un lado.

—Llévalo con Sven.

Kurogane se sobresaltó y lo miró.

—Pero, señor, aún podríamos tener problemas.

Sasuke señaló hacia el bosque.

—Tu compañero parece malherido, llévalo a que lo curen y vuelve después —dicho esto, miró a Kushina, que arrastraba a Genzo fuera de la casa y en dirección a la plaza—. No estoy seguro de que vayamos a pelear, pero regresa por si acaso.

Kurogane lo miró un instante con ojos brillantes. Casi habría dicho que vio agradecimiento en ellos antes de que le hiciera una respetuosa inclinación.

—Espera —le dijo débilmente el ejecutor cuando se puso en pie.

Kurogane gruñó.

—No hables.

—Omega…

—Estoy aquí, Fye.

Minato apareció de detrás de Seishiro y fue corriendo hacia su ejecutor. Lo cogió de las manos.

—Haz caso a tu compañero —le pidió—. Deja que te ayuden. Yo estoy a salvo.

Fye le dio un suave apretón, pero asintió y dejó que Kurogane se lo llevara.

Por otro lado, Sasuke se acercó al Omega humano. Visto de cerca, su compañero era idéntico a él. Le hizo sonreír.

Este, por otro lado, lo miró dubitativo.

—Eh… ¿Somos… aliados?

Sasuke sonrió un poco más.

—Mi manada y la tuya aún no han tenido contacto. Descuida por el protocolo —dijo antes de borrar su sonrisa y señalar a Kushina—. Aún hay cosas que resolver.

Entonces, Kurama y Train salieron de la casa y se unieron a ellos. Minato fue corriendo a abrazar a su hijastro y comprobó que estuviera bien, igual que hizo Kurama.

Sasuke instó a los suyos a avanzar mientras los Uzumaki iban tras ellos, hablando en voz baja. Minato confirmó que cuatro Alfas de Genzo los persiguieron, pero que Fye y su otro ejecutor lograron acabar con dos de ellos, aunque su segundo ejecutor tuvo que sacrificarse. Minato avanzó entonces un tramo solo con su cachorro, al que dejó en el río con la esperanza de que no pudieran encontrarlo si él hacía de cebo.

—Dios mío, Naruto —dijo Minato, llevándose una mano a los labios. Agarró el brazo de Kurama—. Tenemos que encontrarlo.

El pelirrojo lo sujetó por los hombros.

—Naruto está en un lugar seguro —dijo señalando a Sasuke y sus hombres—. Los Uchiha lo encontraron y le dieron refugio.

Minato miró la espalda de Sasuke, que iba delante, escuchando la conversación sin intervenir.

Naruto.

Su compañero se llamaba Naruto.

Entonces, sintió que le tiraban del brazo y se giró. Minato estaba detrás de él con los ojos brillantes.

—Gracias por salvar a mi hijo.

Él inclinó la cabeza.

—No tiene que dármelas, Omega.

Minato le sonrió, aunque un ceño de inquietud no tardó en aparecer en su rostro.

—¿Él está bien? Hace frío y el río…

Un aullido airado los interrumpió. Todos aceleraron el ritmo hasta llegar a la plaza, donde Kushina había dejado tirado a Genzo en el suelo. Tenía un labio partido y una brecha en la cabeza, pero, aun así, el Omega se levantó y la enfrentó.

Sasuke no tardó en darse cuenta de que no estaban solos.

La manada Uzumaki, hasta ahora escondida en sus casas, empezaba a salir y a acercarse a la plaza con cautela. El horror y el miedo estaba presente en sus caras. La gran mayoría eran Alfas y Betas, aunque había algunos Omegas. Supuso que los que tenían cachorros se quedarían refugiados en sus casas.

Kurama le susurró algo a Train, que se quedó junto a Minato, mientras que el pelirrojo iba junto a su madre.

Sasuke permaneció donde estaba, protegiendo al padre de su compañero junto a sus ejecutores. Murmuró una orden y todos se reposicionaron entorno al humano. Después, se dedicó a permanecer alerta a cualquier ataque de la manada mientras contemplaba el castigo que estaba a punto de empezar.

Kushina aullaba fuera de sí:

—¡Salid todos, ratas cobardes! ¡Traidores! ¡Si tenéis huevos para atacarme por la espalda, tenedlos ahora para ver las putas consecuencias!

Un Alfa se atrevió a acercarse trotando.

—Alfa, ¿qué ocurre?

Kushina le rugió, haciendo que retrocediera de inmediato con la cabeza gacha.

—No me vengáis con gilipolleces. Aullé pidiendo ayuda. Y no acudisteis. Habéis elegido un bando.

El Alfa tragó saliva e hincó la rodilla, bajando la frente.

—Te juro mi lealtad.

—Tu lealtad no vale una mierda —replicó ella antes de clavar sus ojos en el resto de los lobos, que no se atrevían a mirarla—. ¡Ninguno de vosotros lo vale! —rugió, alejándose del Alfa y caminando en círculos alrededor de Genzo, procurando que no escapara—. ¡Yo os traje hasta aquí! ¡Cuando bombardearon Japón, yo os saqué de allí! ¡Salvé a esta mierda de manada! ¡¿Y para qué?! —Los señaló con un dedo—. ¡Mi compañero! ¡Mi cachorro! ¡Habríais dejado que los mataran a sangre fría! ¡ASESINOS!

Kushina se detuvo, jadeando. Kurama la observó en silencio, pese a que tenía el corazón en un puño y los nudillos blancos.

Sasuke tragó saliva, pero no se movió. Siguió en su posición, escuchando que Minato sollozaba en un murmullo. Sin embargo, no era solo dolor lo que olía en él, también había rabia y, cuando le echó un vistazo, su rostro era la viva imagen de la impotencia.

Al fin, Kushina soltó un suspiro cansado. Cerró los ojos un momento, y, cuando los abrió, se centró en una única persona.

Genzo.

Echó a andar hacia él a paso rápido desatando las garras. El pelaje de sus brazos no había retrocedido.

—Tú harás de ejemplo —gruñó.

Genzo retrocedió y alzó una mano.

—¡No puedes hacerlo!

—¡Mira cómo puedo! —gritó antes de darle una patada en la cara que lo lanzó hacia atrás.

Ella gruñó y saltó sobre él, clavando sus garras en sus antebrazos para que no pudiera contratacar. Genzo aulló de dolor.

—¡¿Te duele, bastardo?!

—¡Para, perra!

Ella movió las garras hacia abajo, abriendo más carne. Genzo sacudió las piernas, desesperado por salir de debajo de ella, pero Kushina no se lo permitió. Sus ojos brillaban y una macabra sonrisa apareció en su rostro cuando el pelaje empezó a brotar del cuerpo del Omega.

—¿Lucha con pelaje? —se burló—. Adelante, necesitaré un nuevo felpudo allá adonde vaya. Y tú tienes mucho pelo.

Genzo dudó y detuvo la transformación, fulminándola con la vista.

—No puedes matarme, Kushina.

Kushina ensanchó su sonrisa.

—¿Ah, no? Comprobémoslo, entonces. Veamos si desangrándote hasta dejarte seco mueres o no.

El Omega le enseñó los dientes.

—Sigo siendo el padre de tu hijo. ¿De verdad vas a hacerle esto? —preguntó, sonriendo—. ¿Lo obligarás a ver cómo su madre asesina a su padre? No eres diferente a mí, después de todo.

Sasuke maldijo por lo bajo, viendo cómo Kushina se quedaba quieta de repente. Apretó los puños al ver que se apartaba de Genzo despacio y daba dos pasos hacia atrás, respirando profundamente en un intento de contenerse.

La Alfa se giró hacia Kurama.

—Si fuera por mí, lo mataría. Pero no te haré esto.

El pelirrojo gruñó y echó a andar hacia ellos a zancadas furiosas. Mientras tanto, Genzo se había puesto en pie. Sasuke inclinó el cuerpo, listo para cazarlo si intentaba escapar, aunque no parecía ser su intención.

El Omega abrió los brazos a su hijo.

—Kurama, sé que esto no era lo que querías, pero…

Antes de que nadie se diera cuenta, la sangre ya manchaba la plaza.

Las garras de Kurama estaban clavadas en el muslo de su padre. Pero aún no estaba conforme. Con la otra mano, arañó su gemelo de arriba abajo, haciendo que Genzo aullara de dolor. El Omega intentó alejarse, pero, al hacerlo, gritó por las garras que Kurama aún tenía clavadas en su muslo.

—No —gruñó Kurama—. Tienes razón, esto no era lo que yo quería —dicho esto, sacó las garras con un movimiento brusco que hizo caer a Genzo al suelo.

Kurama se levantó y lo miró desde toda su abrumadora altura. No había un atisbo de piedad en sus ojos.

Sasuke se relajó un poco. No tendría necesidad de matar él mismo al Omega. Genzo moriría esa noche.

Este se agarraba la pierna herida entre gritos. Kurama se cernió de nuevo sobre él y le pisó el tobillo con fuerza. Genzo aulló.

—¡Kurama!

El Alfa ladeó la cabeza.

—¿Te duele, padre? —escupió—. Espero que te duela tanto como a mí.

Genzo hizo amago de apartar la pierna de su hijo, pero, en cuanto extendió los brazos, Kurama los arañó, obligándole a apartarlos.

Dolorido, su padre alzó la vista hacia él.

—¿Por qué? ¡Todo esto es por ti!

Kurama rugió y le arañó de nuevo, esta vez en el pecho. Genzo rugió en respuesta, pero Kurama no retrocedió.

—¡Yo nunca te he importado! —gritó, con los ojos llenos de lágrimas, aunque no se sabría decir si eran de rabia, dolor o tristeza—. ¡Todo esto es por tu puta ambición! —Abrió los brazos, esbozando una desdeñosa sonrisa—. Nunca has sentido nada por Kushina, te acercaste a ella por su posición. Y me tuviste solo para retenerla.

Genzo aulló:

—¡Tú eres lo mejor que he hecho!

—¡Sí! ¡Tu puta obra de arte! —gritó Kurama de vuelta—. ¡Tu Alfa perfecto! ¡Una jodida máquina de pelear! ¡Eso soy para ti!

—¡Eres mi hijo!

Kurama sacudió la cabeza, mirándolo con tristeza.

—Soy tu herramienta. Solo te importaba mi utilidad —dicho esto, sus rasgos se transformaron de nuevo, convirtiéndose en rabia—. Lo único que hiciste por mí fue entrenarme. Ni una sola vez me mostraste afecto a menos que mi madre estuviera delante.

Sasuke vio por el rabillo del ojo cómo Kushina agachaba la vista con expresión dolida. Tuvo la sensación de que era algo que de lo que no se había percatado hasta mucho tiempo después y la culpa aún la carcomía.

Genzo le enseñó los dientes.

—Te hice fuerte —dijo, mirándolo de arriba abajo con ojos brillantes—. Mírate ahora. Eres más poderoso y feroz que Kushina. Ya de joven podías postrar en el suelo a nuestros ejecutores, tenías el respeto de toda nuestra manada —dicho esto, señaló a Train con la cabeza—. Hasta te apareaste con un Omega digno de ti.

Kurama rugió y le aplastó el tobillo con tanta fuerza que Genzo soltó un terrible alarido. Entonces, ya fuera por puro instinto o a propósito, desató sus garras y trató de arañar la pierna de Kurama, pero él lo vio venir y se apartó de un salto, aterrizando sobre manos y piernas. Le brotaba pelaje de las mejillas.

—Mi compañero no es de tu jodida incumbencia —gruñó Kurama—. Te lo advertí el día que lo traje.

Genzo gimió por el dolor, pero, aun así, intentó ponerse en pie sobre su pierna buena. Sus ojos, dos brasas ardientes como los de su hijo, brillaban, llenos de malicia. Esbozó una horrible sonrisa satisfecha.

—Saliste más a mí, después de todo.

Al oír eso, el pelaje de Kurama se erizó y, con un grito que se transformó en aullido, cambió a su forma de lobo y se abalanzó sobre su padre.

La manada estalló en chillidos horrorizados, muchos apartaron la mirada cuando Genzo profirió unos terribles gritos llenos de dolor y la más absoluta desesperación. La visión de un hijo arrancándole una pierna a su padre con sus propios dientes no era agradable, y menos del modo en el que Kurama lo hacía. Había tirado a su padre al suelo y sujetaba su cuerpo con una de sus garras, clavándolas profundamente en su pecho y vientre, mientras que con la mandíbula había cogido su pierna casi por debajo de la ingle y la estaba sacudiendo con fuerza, arrancando carne con cada mordisco, despedazándolo poco a poco.

Sasuke echó un vistazo a Minato para asegurarse de que no contemplaba el espectáculo. Los humanos no estaban acostumbrados a la violencia de su mundo y el padre de su compañero no tenía por qué ver eso. Por suerte, Train ya lo había atraído hacia él en un fuerte abrazo, procurando que su cabeza quedara apoyada sobre su hombro, sujetándola con una mano de modo que no pudiera girarla.

Después, miró a Kushina. Tenía las manos convertidas en puños y su cuerpo temblaba. Muchas emociones giraban en sus ojos; furia, sed de sangre, culpa, inquietud, tristeza.

No debía de ser una situación fácil para ella, ni para Kurama. A pesar de que este último lanzó por los aires la pierna que acababa de arrancarle a su padre.

Genzo todavía aullaba de agonía.

—¡AAAAAH! ¡¿QUÉ HAS HECHO, KURAMA?! ¡SOY TU PADRE! ¿POR QUÉEE?

Sasuke no estuvo seguro de qué fue lo que vio en los ojos del lobo, pero lo inquietó.

Fue como ver una lucha interna. Tenía los ojos muy abiertos, como si estuviera estupefacto de su propia violencia, incluso horrorizado por lo que le había hecho a su propio padre. Sin embargo, al mismo tiempo, sus irises rojos estaban pintados de algún tipo de locura asesina, casi cegados por la rabia, el dolor, un trauma del pasado, o todo junto. Era como si no quisiera hacer lo que estaba haciendo, pero, aun así, era incapaz de detenerse.

Sasuke sintió que se le erizaba el vello de la nuca. Fue como si su cuerpo se paralizara de repente.

Jamás había sentido algo así.

Por eso, y a pesar de que sentía que lo que estaba pasando se estaba saliendo de control, no pudo moverse cuando Kurama se abalanzó de nuevo sobre su padre, clavándole otra vez las garras en el vientre y agarrando esta vez uno de sus brazos con los dientes.

En serio iba a despedazarlo. A su propio padre.

—¡Kurama!

De repente, Kushina saltó hacia él en forma de loba y lo agarró por el pescuezo, sacudiéndolo y tirando de él hacia atrás. Kurama se sobresaltó con un gruñido, soltó el brazo de Genzo y se giró hacia ella con un rugido, colocándose en posición de ataque. Sin embargo, al reconocerla, se irguió de inmediato y agachó la cabeza, bajando las orejas.

Kushina se acercó, lamiéndole el hocico entre gemidos antes de regresar a su forma humana. Ella tomó su enorme cabeza entre sus manos y lágrimas en los ojos.

—No te hagas esto, hijo. Si va a destruirte por dentro, no lo hagas.

Kurama gimió con fuerza y a Sasuke se le encogió el corazón al ver cómo apretaba su cabeza contra el cuerpo de su madre en busca de consuelo.

—¡Omega, no!

La voz de Train no fue suficiente para hacerle reaccionar lo bastante rápido. Minato pasó corriendo por delante suya hacia la plaza.

Si su corazón ya estaba encogido, no sabía cómo definir lo que sucedió con él cuando el humano, que no tenía lazos de sangre con Kurama y ni siquiera eran de la misma especie, se lanzó a abrazarlo por el cuello. Vio cómo acariciaba su pelaje entre lágrimas, susurrándole palabras de consuelo y cariño, diciéndole que era un gran hombre y tenía un buen corazón, uno que no quería que arriesgara por él, que prefería que su hijo mayor siguiera a su lado sano y salvo.

Miró hacia atrás, viendo que Train también estaba al borde del llanto, con una mano agarrándose el pecho.

Sasuke inspiró hondo. Una imagen del cuerpo gélido y tembloroso de su pequeño cachorro pasó por su cabeza. Cómo se aferró a él y le suplicó ayuda. Suspiró.

Basta.

Era suficiente.

Esta familia ya había sufrido demasiado.

Sasuke le susurró a Sai que siguieran vigilando a la manada antes de avanzar hacia los Uzumaki.

—No es necesario que derraméis más sangre —dijo.

Los tres se giraron hacia él. Kushina frunció el ceño.

—Uchiha…

Sasuke se llevó una mano al pecho, mirándola con seriedad.

—Teniendo en cuenta lo que ha ocurrido, no puedo permitirme dejar a Genzo con vida. —Hizo una pausa breve para hinchar sus pulmones, calmando los acelerados latidos de su corazón. Esa familia necesitaba tranquilidad antes de que el dolor los rompiera—. Pero creo que sería demasiado cruel pediros que lo hicierais vosotros. Así que me ofrezco a ejecutarlo yo mismo —dicho esto, se giró hacia Kurama, ahora con la seguridad de que era la decisión correcta—. Será rápido. Tienes mi palabra.

El lobo rojo gimoteó antes de regresar a su forma humana. Como hombre, a pesar de su tamaño y su musculatura, parecía hecho polvo. Tenía profundas ojeras y, aunque no lloraba, su mirada denotaba su profundo cansancio.

—¿Harías eso por mí?

Sasuke asintió.

—Naruto aún necesita a su hermano mayor. —Hizo un gesto con la cabeza hacia el bosque—. Ve con tu familia. Sai os acompañará. Yo iré justo detrás de vosotros.

Kurama cogió aire de forma temblorosa y se permitió apoyarse en su madre antes de ir hacia Sasuke y darle un abrazo con fuerza.

El Uchiha no era una persona cariñosa. No con los extraños, al menos. Pero, aun así, le devolvió el gesto con la misma intensidad. No fue porque fuera el hermano de su compañero. Simplemente, no pudo negárselo, no después de todo lo que había presenciado.

—Gracias, hermano —susurró Kurama antes de retroceder y dejar que su madre lo sostuviera de nuevo.

Ella aún tenía el rostro surcado de lágrimas cuando le cogió la mano para darle un fuerte apretón y le dedicó una mirada de puro agradecimiento. Minato, tras ellos, le dio las gracias de forma sincera, tocándole el brazo, antes de seguir a su familia.

Sasuke soltó el aire despacio, intentando despejarse de tantas emociones. Se sintió bien. Esto era lo correcto.

Alzó la vista hacia su primo, intercambiando una mirada significativa. Él asintió y siguió a los Uzumaki. Por otro lado, Fuuma y Seishiro se le acercaron.

—¿Terminamos nosotros con el traidor? —preguntó Seishiro con un tono que delataba su desprecio.

—Yo me ocupo —dijo Sasuke—. Fuuma, consigue ropa para Kurama y Kushina cuanto antes, por favor. No necesitamos que se enfermen después de esto. —El ejecutor asintió con aire sombrío y se fue corriendo. Sasuke se giró hacia Seishiro—. No creo que la manada haga nada, pero cúbreme. Será rápido.

—Yo también te cubro.

Sasuke se sobresaltó y se giró con un salto.

Kurogane había regresado. Eso lo alivió.

—Tu…

—Se están ocupando de él. Estoy bien —le dijo con un firme asentimiento.

Le devolvió el gesto y se volvió hacia Genzo. El muy maldito estaba intentando arrastrarse en dirección a Kurama.

El muy maldito.

—Acabemos con esto de una vez —gruñó.

Avanzó con zancadas largas hasta el Omega. Su aspecto era peor que deplorable. Le habría inspirado lástima de no ser por todo el dolor que les había causado a los Uzumaki. Con una pierna arrancada, solo le quedaba una pierna inservible llena de zarpazos, un brazo que aún seguía unido a su cuerpo por el hueso y unos pocos músculos y tendones y el otro brazo, lo único que habría estado intacto de no ser por los desgarros de las uñas de Kushina y el arañazo de Kurama.

Sasuke lo cogió por la ropa de su espalda sin esfuerzo y le dio la vuelta sin el menor cuidado. Genzo gimió de forma lastimera por el dolor. El brazo que estaba a medio arrancar quedó atrapado bajo su cuerpo en una horrible postura, haciendo que su gemido se convirtiera en una maldición ladrada que estuvo a punto de convertirse en un llanto de frustración.

No le importó.

No había un ápice de compasión en él ni cuando lo enfrentó. Regueros de sangre corrían por su cuerpo desde su pecho y su vientre, allá donde Kurama le había clavado las garras. Un zarpazo cruzaba su torso de derecha a izquierda y arriba abajo. Tenía otro en la cara, el que le había hecho Sasuke en la casa, y que le atravesaba el ojo derecho.

Pero, a pesar de su estado, Genzo resopló cuando lo vio.

—Vete a la mierda.

Sasuke se inclinó sobre él, apoyando una rodilla sobre su pecho. Genzo contuvo un alarido de dolor, pero lo asesinó con los ojos. Aun así, no intentó defenderse. Sabía que estaba muerto.

Sasuke lo miró a los ojos, alzando sus garras.

—Quiero que sepas que hago esto por los Uzumaki, incluido mi compañero. Para que no vuelvas a hacerles daño.

Genzo hizo una mueca de desprecio.

—¿De qué mierda hablas? Todos ya tienen compañero.

Sasuke le enseñó los colmillos.

—Hablo del cachorro indefenso que ordenaste asesinar. —Esta vez, los ojos de Genzo se abrieron, llenos de comprensión. Fue satisfactorio ver el miedo en ellos—. Él tendrá una vida larga y feliz, y tú… —gruñó, bajando los ojos hacia su cuello—. Tú morirás solo.

—¡Kura…!

El movimiento fue rápido, el ataque, profundo y preciso.

La garganta de Genzo se abrió de lado a lado y la sangre saltó de forma desagradable mientras su cuerpo se sacudía. Intentó cubrirla con la mano, pero no había nada que hacer. La sangre se escurría sin control por todas partes, manchando su pecho y el frío suelo de piedra.

Sasuke no se movió hasta que los desagradables ruidos que recordaban a la asfixia se detuvieron y sus ojos se vaciaron de cualquier emoción. Comprobó su respiración, pulso y corazón, solo para asegurarse.

Genzo ya no era una amenaza.

Se levantó sin dedicarle una mirada más y fue con sus dos ejecutores.

—Vamos con los Uzumaki.

Los tres trotaron en silencio siguieron el aroma de Sai. No estaban muy lejos, así que no tardaron mucho en alcanzarlos, aunque, antes de hacerlo, Fuuma le dio a Sasuke un jersey nuevo. Le dijo en tono bajo que era para que los Uzumaki no vieran la sangre de Genzo. A Sasuke le pareció bien, aun sabiendo que no podría quitarse el olor de su sangre hasta que se duchara.

Una vez se reunieron todos, Kurama intercambió una breve mirada con él. Sasuke le dedicó un asentimiento y el pelirrojo se estremeció, aunque tuvo la sensación de que el alivio inundó sus ojos mientras se dejaba caer sobre su compañero, que lo sostenía por la espalda.

Kushina, en cambio, iba abrazada a Minato y tan solo esbozó una sonrisa cansada y agradecida cuando se miraron.

Ninguno dijo una palabra, pero Sasuke se adelantó para guiar a los Uzumaki con su cachorro mientras que Sai y los demás volvían a adoptar posiciones defensivas rodeándolos. Ninguno creía que la manada haría nada contra ellos, no si no habían intervenido antes para apoyar a Genzo, pero, a esas alturas, no cometerían errores.

—¡Alfa, espera!

Sasuke y sus ejecutores se pusieron en alerta de inmediato.

Algunos Alfas y Betas les habían seguido, pero no tenían intención de luchar.

Solo miraban a Kushina y Kurama con desesperación.

—¿Cuándo…? —el Alfa que había hablado tragó saliva, con los ojos muy abiertos por el miedo—. ¿Cuándo volverás?

Kushina no deshizo el abrazo de su compañero, que se tensó a su lado. Ella, en cambio, no reaccionó. Tan solo los miró arrugando la nariz.

—Que os jodan —soltó.

El Alfa se estremeció de arriba abajo. Un Beta saltó hacia adelante, pero no se acercó lo suficiente como para que Seishiro o Kurogane lo consideraran una amenaza. Su rostro estaba demudado por el terror.

—¡No puedes irte! ¿Qué vamos a hacer sin un Primer Alfa?

Kushina respondió con desgana:

—Mataos entre vosotros por el liderazgo. Eso o someteos a otra manada, no me importa.

—¿Vas a abandonarnos a nuestra suerte? —gritó un Alfa a lo lejos.

—¡Sven y las otras manadas nos destrozarán sin ti!

—¡Moriremos todos! ¡Nos exterminarán!

—¿Y los cachorros? —preguntó a gritos una Beta enfadada—. ¡Puede que nosotros seamos basura, pero ellos no son culpables! ¿Has pensado en nuestros cachorros?

La Alfa miró a la Beta. Todavía tenía la nariz arrugada. Un destello de puro odio apareció en sus ojos.

—¿Vosotros pensasteis en el mío? —dicho esto, dio media vuelta y siguió andando.

Sasuke y los suyos retomaron la marcha. A sus espaldas, se hizo el silencio.

Nadie los siguió de nuevo.


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