Sweet and strong
—¿Estás conforme,
Karin? —le preguntó Kurama a la pelirroja, que sonrió con altanería.
—Lo estoy —dijo en
un tono de voz que recordaba a un gato relamiéndose. Antes de dar media vuelta
para marcharse, le echó un último vistazo a Sasuke y le guiñó un ojo—. Hasta
pronto, mi Alfa.
Este le lanzó un
gruñido profundo y amenazador.
—Vuelve a llamarme
así antes del combate y seré yo quien ponga fin a tu vida.
Karin no pareció
muy afectada. En vez de eso, se giró y fue hacia la salida, haciendo un gesto
despectivo de despedida.
—Hasta mañana,
Naruto. Te aconsejo que dediques la noche a resolver todos tus asuntos.
El rubio no le
hizo el más mínimo caso, sino que, en cuanto se marchó, fue directo hacia
Sasuke para abrazarlo con fuerza.
—Gracias. Gracias
por darme esta oportunidad.
Sasuke gruñó de
nuevo, pero envolvió los brazos alrededor de su pareja.
—Más te vale
ganar, Naruto. No me gusta darle a alguien permiso para que desafíe a mi
compañero a muerte.
—Yo que tú no me
preocuparía demasiado —comentó Kurama con una sonrisa maligna—. Karin es una
pésima luchadora. Ha caído en su propia trampa.
—Aun así
—intervino Itachi con cara de pocos amigos—, ceder el derecho a desafiar a una
pareja destinada es un peligroso precedente, Kurama. No se había hecho desde
finales del siglo XIX. Si corre la voz, habrá lobos muy interesados en que se
vuelva a permitir esta ley.
Kurama se encogió
de hombros.
—No me preocupa,
sé cómo va a terminar ese combate, y será uno que mi manada jamás olvidará. De
hecho… —comentó, pensativo, mirando a Naruto antes de dirigirse a su pareja—.
Train, ¿puedes llevarte a Naruto para prepararlo? Cuando vuelva, terminaremos
los preparativos.
Los ojos dorados
de su Omega centellearon, como si hubiera descubierto un significado oculto en
sus palabras. Naruto, por otro lado, se separó de Sasuke para mirarlo a los
ojos y darle un apretón cariñoso en las manos que pretendía tranquilizarlo.
—Todo irá bien.
Confía en mí.
Sasuke suspiró y
le devolvió el gesto.
—Lo hago. Pero soy
tu compañero, sabes lo que me pide mi instinto.
—Lo sé —dijo
Naruto con los ojos brillantes—, por eso aprecio mucho lo que estás haciendo
por mí.
En ese momento,
Train se colocó junto al rubio y pasó un brazo por sus hombros para llevárselo.
Sasuke se resistió un poco a dejarlo ir, pero, al final, lo hizo. No quería
interferir en nada que pudiera ayudarlo a ganar el combate de mañana. Confiaba
en que Kurama tenía razón y que Karin no era una buena luchadora, así como en
que Naruto había estado entrenando toda la vida para ese único combate, esa
última oportunidad que tenía de mostrar ante todos el lobo que era.
En cuanto ambos
Omegas se fueron, Kurama dejó escapar un suspiro.
—Comprendo que
estéis preocupados. Pero esta no es vuestra manada, no la conocéis. Yo sí. Y
necesitan ver lo que va a ocurrir mañana.
Todos los Uchiha
se giraron para observarlo. Los ojos rojizos de Kurama eran sombríos.
—¿Y qué va a
ocurrir? —preguntó Izumi con desconfianza.
El pelirrojo les
devolvió la mirada con intensidad.
—Que verán que Naruto
también lleva la sangre de mi madre. La del hijo de una Primera Alfa, la del
heredero de la manada —dicho esto, arrugó la nariz con desprecio—. Mañana, mi
hermano recibirá el respeto que merece como hijo legítimo del líder de la
manada, como sangre de mi sangre, en vez de ser tratado con esa asquerosa
condescendencia en la que se regodean.
Sasuke frunció el
ceño, sin acabar de entender bien a qué se refería.
—¿Qué quieres
decir?
Los irises de
Kurama ardían cuando respondió:
—Que esta manada
confunde su “amabilidad” para con Naruto con la dulce sensación de sentir que
es mejor que alguien perteneciente a la familia del Primer Alfa. Y esa es una
sensación peligrosa que suele acabar en traición.
Tanto Sasuke como
Itachi se sobresaltaron y se miraron con los ojos como platos. Izumi, por otro
lado, no dudó en expresar el pensamiento que había pasado por la mente de
todos.
—¿Tu propia manada
planea algo contra ti?
Kurama dejó
escapar un gruñido bajo.
—Todavía no, pero
ahora que Naruto se enfrentará a Karin, es buen momento para hacerlo.
—Entonces, ¿por
qué has accedido al combate? —preguntó Sasuke con la mandíbula apretada.
El Alfa lo miró
fijamente.
—Porque te has
apareado con Naruto. Él se habría ido contigo y yo habría sido más vulnerable
por su ausencia, ellos lo saben —dicho esto, se derrumbó en la silla con un
suspiro, echando la cabeza hacia atrás y cubriendo su frente con una mano—. Y
Train y yo no podremos solos contra los seguidores de mi padre. Así que
prefiero atacar yo primero.
—Espera, espera
—intervino Izumi, levantando las manos—, ¿los seguidores de tu padre?
Kurama alzó
abruptamente la cabeza con los ojos muy abiertos, como si estuviera
sorprendido, a pesar de que su tono dejó entrever todo lo contrario.
—¿No lo sabéis?
Oh, claro que no. Habéis escuchado, sin duda alguna, los escalofriantes rumores
que corren acerca de cómo Kurama Uzumaki mató a sangre fría a su pobre e
indefenso padre Omega… —dicho esto, su rostro se convirtió en una mueca de puro
odio—. Pero nadie ha querido hablar de por qué.
Sasuke se
estremeció un poco. Por un lado, no estaba muy seguro de estar preparado para
esa conversación y, al mismo tiempo, no podía ignorar la amenaza que se cernía
sobre el hermano de su compañero. Además… Además, su intuición ya había
adivinado cuál fue el origen del conflicto.
—Tu madre encontró
a su destinado en el padre de Naruto —dijo con tristeza—. Tu padre los mató.
El pelirrojo ladeó
la cabeza con interés.
—Parece que al
menos los Uchiha se toman la molestia de pensar antes de acusar —comentó con
una carcajada amarga—. Todas las manadas podrían ser como vosotros.
Izumi se llevó la
mano al pecho y se sentó frente al Alfa, al otro lado de la mesa.
—Lo siento mucho.
Kurama alzó los
ojos hacia ella. Su mirada era dura y gélida como el metal.
—Yo que tú no lo
haría. Si me preguntaras qué haría si pudiera volver atrás en el tiempo, te
diría que le daría a mi padre una muerte aún más dolorosa y horrible que la que
tuvo. —Hizo una pausa en la que se reclinó en el respaldo de la silla—. Sí, los
rumores son ciertos, y, al mismo tiempo, se quedan cortos. Me aseguré de que
ese hijo de puta se retorciera y gimiera de tal forma que esa imagen y esos
gritos no se borraran de la memoria de la manada. Quería que recordaran lo que
le hice a mi propio padre, y que no dudaran, ni por un instante, de que les
haría exactamente lo mismo como intentaran tocar un solo pelo de la cabeza de
mi hermano.
—¿Naruto? —exclamó
Sasuke, inquieto de repente—. ¿Estuvo en peligro?
El otro Alfa lo
miró directo a los ojos mientras respondía.
—Al principio, no.
Yo ya era un lobo adulto cuando mi madre encontró a Minato. Era fuerte, feroz y
decidido. Pese a ser más joven que otros ejecutores, yo ya podía postrarlos en
el suelo. Mi padre estaba muy orgulloso de ello —añadió con desprecio, haciendo
una mueca mientras contemplaba algún punto fijo en la mesa—. Supongo que por
eso me pidió que me rebelara y matara a mi propia madre —bufó con amargura—, y
justo después, que me cargara a Minato. Lo justificó diciendo que el lugar de
Primer Alfa me pertenecía, que no podía dejar que los cachorros mestizos de mi
madre heredaran esa posición, que ninguno de ellos sería un Alfa tan perfecto
como yo. —Su rostro se deformó por una rabia que bien podría haber sido la
manifestación de la propia cólera de la Gran Madre—. Como si a mí me importara
una mierda dirigir a un atajo de perros cobardes. No solo me negué a cometer
semejante atrocidad, sino que desafié a cualquiera que tratara de hacerles
daño. Mi padre me golpeó por ello, y yo le devolví el golpe. Todos lo vieron.
Sabían que mi madre y yo juntos éramos un infierno de fuerza bruta y sed de
sangre. Minato no tenía ninguna oportunidad de luchar, pero nosotros podíamos
protegerlo. —Su tono bajó un poco y sus facciones dejaron de tensarse—. Además,
muchos en la manada no estaban cómodos ante la idea de volverse contra mi
madre. Así fue como mantuvimos a salvo a Naruto. Durante unos años, al menos
—dijo, con la voz más baja.
—¿Qué ocurrió
entonces? —preguntó Sasuke, acongojado. Se sentó junto a Izumi para escuchar a
Kurama de más de cerca. Ahora, el imponente Alfa parecía derrotado, y sus ojos
estaban nublados por el dolor cuando alzó la vista hacia ellos.
—Que Train
apareció.
Los Uchiha
palidecieron.
—No pudieron ser
tan ruines… —empezó Itachi, pero Kurama lo cortó.
—Lo fueron —afirmó
con fuerza, levantándose de la silla con lentitud y el tono de voz cada vez más
fuerte, más alto, lleno de traición—. Aprovecharon que me estaba apareando con
él para ir a por mi madre. Los ejecutores que estaban a favor de mi padre mataron
a los pocos que estaban de su lado y fueron a por ella. ¿Y qué hizo la manada?
¡NADA! —bramó, con la respiración acelerada y el rostro contraído por la
rabia—. ¡Podrían haber luchado por ella! ¡Podrían haber venido a buscarme!
¡Pero no lo hicieron! ¡Decidieron que mi madre, la persona que salvó esta
manada de la Segunda Puta Guerra Mundial, que les encontró un hogar en Alaska
por el que luchó contra otros lobos y que les hizo prosperar, no era lo
bastante fuerte para seguir dirigiéndolos porque tenía un compañero que la
hacía DÉBIL! ¡PREFIRIERON DEJAR QUE LA MATARAN! ¡A ELLA Y A TODA SU FAMILIA!
¡INCLUIDO UN CACHORRO! —aulló, golpeando la mesa con tal fuerza que la madera
se convirtió en astillas.
Los Uchiha
guardaron silencio, horrorizados. Ninguno podía entender por qué la manada
entera permitió semejante atrocidad… ¿Cuál era exactamente el problema?
¿Realmente pensaban que tener un compañero humano hacía al Primer Alfa débil?
¿Que era una vergüenza tener un heredero mestizo? Porque, tal y como había
dicho Kurama antes, Naruto, siendo hijo legítimo de Kushina y su compañero
destinado, era el verdadero líder de la manada. En él y en su pareja recaía el
deber de dirigirla; sin embargo, todos habían supuesto que, al ser el Omega muy
joven, Kurama había asumido el liderazgo a la espera de que su hermano fuera lo
bastante mayor como para dirigirla a su lado o hasta que se apareara.
Sasuke había
sospechado que Naruto hacía tiempo que había renunciado a ese derecho por todas
sus inseguridades, probablemente pensando que, al ser mestizo, nadie lo
respetaría lo suficiente. Y lo cierto era que su decisión de irse con él a
Japón, con su familia, le había aliviado, porque eso significaba que no tendría
que tratar con una manada que había menospreciado a su compañero, y que, por
tanto, ya se había ganado su rencor. Además, creía que su Omega tenía razón y
que estaba en su derecho empezar de cero en otra parte, curar las heridas que
le habían hecho los demás.
Por eso no le
había preguntado nada acerca de qué ocurriría con su liderazgo. Su máxima
prioridad era el bienestar de su pareja y quedarse para dirigir juntos una
manada de idiotas no le habría hecho ningún bien.
Pero ahora que se
enteraba de esto…
—¿Fue por Naruto?
—preguntó después de tragar saliva. Tenía miedo de preguntar.
Kurama suspiró.
—Mi padre era un
Omega fuerte, digno de establecerse con una Primera Alfa como mi madre. Todos
sabían que él la cubriría en una pelea por la manada y que sería perfectamente
capaz de controlar a otros lobos. Minato era humano y, por tanto, no podía
hacer frente físicamente a alguien de nuestra especie si se descontrolaba,
tenía que ir protegido por dos ejecutores constantemente para resolver los
problemas de los Omegas y Betas. Y si Minato moría, mi madre también, y si ella
moría, esta manada se quedaba sin líder.
—Y generaría una
guerra interna por el liderazgo entre Alfas —prosiguió Itachi, moviendo la
cabeza con desaprobación—. Una guerra en la que muchos de ellos habrían muerto.
—Menos Alfas
significa menos protección —comentó Izumi con el ceño fruncido—, y menos Omegas
apareados, menos cachorros.
—Y, por tanto, la
manada cae en decadencia, se debilita y se convierte en presa fácil para otros
depredadores —finalizó Kurama, inspirando hondo—. Ver a mi madre luchando sola
contra los ejecutores de mi padre determinó el resultado final, y la manada
escogió bando. Supongo que la traición es mejor que la expectativa de una
tediosa guerra interna que, de todas formas, acabaría con todos ellos —dijo con
desprecio.
—Pero Naruto se
salvó —intervino Sasuke—. Tu padre fracasó.
Kurama gruñó.
—No del todo. La
manada ya había visto cómo Minato le fallaba a mi madre al ser incapaz de
escapar de los ejecutores que lo persiguieron. Creen que, de haber sido un
lobo, no lo habrían cogido tan fácilmente. Que Naruto fuera un mestizo, y que,
con el paso de los años, mostrara que no fuera capaz de cambiar, fue una
victoria para los que creen que mi padre tenía razón y que habría sido mejor
que él gobernara… junto a mí.
—¿De verdad pensó
eso? —soltó Izumi con los labios apretados.
El pelirrojo se
rio con amargura.
—Creía que no
sería capaz ni de hacerle un arañazo —dijo, mirándolos con una media sonrisa
que no le llegó a los ojos—. Después de matar a Minato delante de mi madre y de
provocarle una muerte lenta y dolorosa a lo largo de tres meses, después de que
yo encontrara a mi pequeño hermano acurrucado bajo las raíces de un árbol en
plena noche, a punto de morir de hipotermia después de que su padre lo hubiera
llevado al río para que los ejecutores no encontraran su rastro, sacrificándose
a sí mismo para ser perseguido en su lugar… —Su rostro se contrajo, en parte
por el horror, y en parte por la rabia—. Pensó, el muy iluso, que no lo ataría
a un poste y le marcaría toda la cara. Pensó que no le apalizaría y después le
arrancaría los dedos uno a uno, y luego las manos y los pies, y al final los
brazos y las piernas. Pensó que no le abriría el pecho a mordiscos y que no lo
dejaría morir desangrado —murmuró, apretando los puños—. Recuerdo que me dijo
que le había traicionado. Que todo lo que había hecho había sido por mí, para
que yo fuera el Primer Alfa. Pero yo nunca lo pedí.
—Kurama… —susurró
Sasuke, a punto de expresar su pesar por él. Sin embargo, el Alfa alzó una
mano, deteniéndole.
—Ya no importa. Mi
padre está muerto y pude salvar a Naruto. Era lo único que quería.
Itachi avanzó un
paso con el ceño fruncido.
—Si no querías ser
el Primer Alfa, ¿por qué ahora diriges a la manada? ¿A la misma que traicionó a
tu familia?
El pelirrojo
suspiró.
—Naruto era
demasiado pequeño para desertar conmigo y con Train. No habría sido seguro para
él criarlo solo entre nosotros dos, sin una manada que nos respaldara de
enemigos externos. La manada de Train no contaba, su Alfa quería comprometerlo
con otro y renegó de él cuando decidió aparearse conmigo.
—Y dejaste que se
criara con los mismos que dejaron morir a sus padres —replicó Sasuke con una
mueca de enfado—. Supongo que él no sabe nada, ¿verdad?
Kurama movió la
cabeza de un lado a otro.
—No tenía muchas
más opciones. Naruto también necesitaba criarse con otros lobos, en el mundo
humano siempre se corre el riesgo de que un mestizo demasiado joven revele
nuestra identidad, por si tiene los mismos rasgos que nosotros. Además, pensé
que tal vez la manada cambiaría con el tiempo, que aceptaría a Naruto, sobre
todo los más jóvenes. Que yo no pueda perdonarlos no quiere decir que mi
hermano no pueda tener su propia manada. Yo tenía toda la intención de darle el
liderazgo cuando fuera lo bastante mayor…
—Pero él lo ha
rechazado, ¿verdad?
—Es su derecho, y
lo entiendo y lo respeto —declaró Kurama, hinchando el pecho—. Lo único que he
querido siempre es que sea feliz. Y me alegro de que haya tomado la decisión de
marcharse de aquí. Me quedo más tranquilo, si he de ser sincero.
Sasuke inclinó la
cabeza. No acababa de gustarle que no le hubiera dicho nada a Naruto, pero, al
mismo tiempo, entendía los peligros de criar un cachorro sin tener una manada.
Incluso aunque su rubio hubiera sido un lobo puro, habría sido un problema en el
mundo humano en el momento en el que hubiera entrado en la pubertad, donde más
cambios se producía en el cuerpo de un cambiante… y más incontrolables eran.
Por otro lado,
sospechaba que el apellido Uzumaki no gozaba de demasiada popularidad en esa
zona, no después de que Kushina llegara y les arrebatara una parte importante
del territorio. Muchos estarían deseando terminar con su linaje y ¿qué mejor
momento para hacerlo que justo después de abandonar a su propia manada? Desde
luego, no era jugada inteligente.
A su pesar, Kurama
había actuado con la frialdad suficiente para mantener a salvo a Naruto y darle
una vida normal.
Y le estaba
agradecido por ello. De no haber sido así, probablemente jamás habría
encontrado a su destinado.
—En ese caso
—intervino Itachi, interrumpiendo sus pensamientos. Se había acercado otro paso
con los brazos cruzados sobre el pecho—, solo queda ocuparse de los seguidores
que quedan de tu padre, ¿me equivoco?
Kurama asintió,
notablemente más relajado.
—Así es. Naruto
derrotará a Karin con facilidad y entonces se nos echarán encima. Probablemente
alguien intente algo durante el combate si ven que mi hermano no tiene muchos
problemas para devolverle los golpes. Pero Train y yo podemos ocuparnos de
esos.
—Pero no de todos
los que os harán frente —adivinó Sasuke con un gruñido y apretando los puños—.
Quiero participar.
El pelirrojo no
pareció sorprendido por su declaración y se limitó a asentir.
—No dudaba de que
defenderías a tu compañero.
—¡Nosotros tampoco
nos quedaremos de brazos cruzados! —saltó Izumi, mirando a Itachi—. ¿Verdad que
no?
Itachi gruñó.
—Claro que no.
Ahora son parte de la familia —dicho esto, contempló a Kurama—. Admito que no
me acaba de gustar que, para llegar a esto, haya que permitir un desafío a una
pareja destinada. Pero teniendo en cuenta que no tienes mucha fe en ser protegido
por tus ejecutores, entiendo que no te ocuparas de los seguidores de tu padre
antes y que esta es la mejor oportunidad que tendrás de acabar con ellos.
Kurama suspiró.
—No es que mis
ejecutores no me sean leales… Pero, a estas alturas, desconfío de lo que pueda
ocurrir si hay una batalla interna. Sé que a muchos no les hacía gracia la idea
de nombrar a Naruto como líder y que eso no les deja una buena impresión de mí
como Primer Alfa. Confiaría en ellos si se tratara de combatir una amenaza
externa…
—Pero no crees que
luchen por ti si atacaran a tu familia.
—Triste, pero
cierto.
Itachi lo observó
fijamente un minuto entero, como si viera algo que había captado su atención.
—Como he dicho
antes, somos familia —dijo despacio, sin desviar sus ojos de los suyos—. Tanto
yo como mis Alfas sí lucharemos si esos lobos juegan sucio tras el combate.
Entiendo que no debemos intervenir hasta que acabe, ¿verdad?
—Exacto. Dejemos
que piensen que estamos en inferioridad numérica para que muestren todas sus
cartas y quiénes son los involucrados, aunque me hago una idea bastante
precisa. Los que quieran intervenir durante el combate, son cosa mía y de
Train.
—Entiendo —dicho
esto, volvió a mirar a Kurama con intensidad—. Si hay algo más que pueda hacer
por ti, solo tienes que pedirlo.
Por primera vez,
Kurama se sobresaltó y agachó la cabeza, como si acabara de descubrir algo que
no entraba en sus planes.
Sin embargo, antes
de poder decir nada, si es que era su intención, la puerta de la cabaña se
abrió y Train y Naruto entraron. Al verlo, Sasuke fue rápidamente con él y lo
abrazó con fuerza. Su Omega le devolvió el gesto y le frotó la espalda.
—Tranquilo. Todo
irá bien —le prometió.
El Alfa asintió.
—Lo sé. —No lo
abrazaba porque no confiara en que no derrotaría a Karin. Después de lo que
Kurama había comentado acerca de sus dotes para la lucha, y siendo consciente
de lo que era capaz de hacer por su hermano pequeño, Sasuke no dudaba de que el
Alfa jamás haría nada que pudiera ponerlo en peligro.
No, lo abrazaba
por el relato acerca de sus padres, imaginaba cómo Kushina, con toda seguridad,
habría luchado ferozmente contra los ejecutores mientras Minato, de algún modo,
tal vez usando algún truco para camuflar su aroma, habría salido de la casa con
Naruto y lo habría llevado al río para que sus asesinos no encontraran ni su
olor, ni sus huellas, ni ningún rastro. Pensaba en cómo su padre lo había
protegido, aun sabiendo que, al hacerlo, estaba condenado a morir. Y a llevarse
a Kushina con él. Lo doloroso que tuvo que ser para ambos hacer ese sacrificio.
Y para Naruto. Por
saber lo que sus padres hicieron por él, y luego ver cómo su madre agonizaba
por perder a su compañero.
Imaginar a un
pequeño Naruto sollozando sobre su cuerpo inerte, no mucho después de haber
perdido a su padre, y de haber estado a punto de morir helado tras salir del
río y ocultarse bajo un árbol, sin salir, por miedo a que los ejecutores lo
encontraran, lo destrozaba por dentro. Que luego hubiera tenido que vivir
menospreciado por su tamaño, por su sangre, por los estúpidos prejuicios de una
manada que había considerado débil a su Primera Alfa, que los había salvado de
una época terrible, lo empeoraba todo.
—Sasuke, ¿estás
bien? —preguntó Naruto, separándose un poco para tomar su rostro entre sus
manos, buscando sus ojos—. Huelo tu dolor.
Él tragó saliva y
miró a su alrededor. Todos captaron el mensaje a la primera.
—Nosotros nos
vamos —anunció Kurama, que intercambió una mirada significativa con Itachi.
Train, en cambio,
esperó un momento más antes de marcharse para decirle al rubio:
—Procura descansar
esta noche. Mañana será un día duro.
La expresión de
Naruto se endureció.
—Lo sé.
Su cuñado asintió
y se fue tras Kurama y la pareja Uchiha. En cuanto cerraron la puerta, Naruto
desvió rápidamente su atención a Sasuke, cogiéndolo de las manos.
—¿Qué es lo que
ocurre?
Él lo miró con
cierta seriedad.
—Kurama nos ha
dicho lo de los seguidores de su padre.
Las facciones de
Naruto se tensaron, sus labios se apretaron.
—Train me lo ha
contado también —dijo, con los ojos refulgiendo de ira—. No me puedo creer que
no me lo dijeran antes. Se supone que me marcho contigo cuando termine la época
de celo, ¿qué habría pasado entonces? Él y Train se habrían quedado solos contra
esos… —No terminó la frase, no pudo. Hinchó el pecho, cogiendo aire
profundamente, y luego lo soltó—. Yo sabía que había algunos que no estaban
contentos conmigo, ni con Kurama por haberme acogido, pero no pensé que serían
capaces de tramar nada contra él después de que…
—¿Matara a su
padre? —terminó por él.
Naruto se
sobresaltó y lo miró con los ojos muy abiertos. Sasuke le apretó los dedos para
calmarlo, aunque sus ojos oscuros reflejaron un asomo de dolor.
—Kurama nos ha
contado lo que pasó. Lo siento mucho.
Su compañero no
reaccionó como esperaba. Sus facciones no se contrajeron ni las lágrimas se
asomaron en su mirada azul, en cambio, frunció el ceño y puso una mano en su
pecho.
—¿Y por qué huelo
tu dolor?
Sasuke tragó
saliva.
—Porque te imagino
de niño, pienso en lo que pasaste entonces y… me duele.
Esta vez, la
expresión de Naruto denotó tristeza, pero, curiosamente, fue él quien lo abrazó
como si necesitara consuelo y no al revés. Le devolvió el gesto con fuerza,
deseando haber estado allí para protegerlo, para salvar a sus padres, para que
no tuviera que vivir con una manada que lo había traicionado.
Pensó en
decírselo… Pero solo lo pensó. Mañana habría una guerra, y su Omega necesitaba
estar preparado, física y mentalmente.
Mejor no
desenterrar más el pasado.
—Perdona —dijo,
separándose—, tendrías que estar descansando y yo estoy sacando un tema
doloroso.
Naruto le sonrió y
tiró de él para que se inclinara. Lo hizo y su rubio, sin previo aviso, lo besó
en los labios.
—Ahora estoy bien.
Ahora comprendo lo que hicieron mis padres, y que, cuando llegó el final, no se
arrepintieron de nada. —Tomó su rostro entre sus manos y pegó su frente a la
suya—. Y es gracias a ti. Nunca he estado tan bien como ahora. Así que gracias.
Gracias por todo, Sasuke.
Este cerró los
ojos con un gruñido suave y frotó su nariz con la suya. Después, volvió a
arrastrar al Omega hacia sus brazos y lo levantó, llevándolo por las escaleras
hasta la habitación. Sasuke durmió esa noche acurrucado contra la espalda de su
compañero, estrechándolo contra su cuerpo como si, incluso en sueños, deseara
protegerlo.
Naruto tardó más
en dormirse. Estuvo con los ojos abiertos, contemplando una foto que tenía en
la mesita de noche. En ella, él era pequeño y su hermano lo sostenía entre sus
brazos. De fondo, se podía ver que estaban en el bosque y que había una manada
de ciervos tras ellos. Train se la había hecho un par de años después de la
muerte de sus padres. Kurama se empeñó en enseñarle a rastrear para sacarlo del
estado de profunda depresión en el que se había sumergido después de ver morir
a su madre tras varios meses en los que estuvo agonizando.
En aquel entonces,
había creído que todo lo que había pasado había sido por su culpa. Sentir el
rechazo de otros por su sangre mestiza no lo ayudó a disminuir esa sensación, a
menudo pensaba en que tendría que ser él quien hubiera muerto.
Pero Kurama no lo
dejó hundirse más. Se encabezonó en que aprendiera a seguir el rastro de otros
animales hasta que lo consiguió, demostrándole que era mucho más animal de lo
que creía.
Ese día localizó
con éxito un grupo de ciervos. Y, desde entonces, creyó en sí mismo, en que era
más de lo que todos decían, y se juró que algún día lo demostraría.
Mañana no solo era
el momento que había estado esperando durante tantos años, sino que era la hora
de devolverle el favor a Kurama. Su hermano lo había dado todo por él, había
hecho lo que había sido necesario para protegerlo, incluso matar a su propio padre
de un modo horrible.
Mañana sería él
quien lo protegería. No permitiría que nadie le hiciera ningún daño.
Mañana, mataría
por él.
Sasuke hizo una
mueca mientras observaba cómo Kurama ponía orden entre los miembros de su
manada. Esa mañana, al llegar media hora antes del combate a la plaza del
pueblo donde dos noches atrás se había celebrado una fiesta, se habían
encontrado con un montón de lobos que habían corrido, por una parte, hacia el
Primer Alfa para suplicarle que no permitiera que Naruto luchara con Karin, y,
la otra, se había abalanzado sobre su compañero para espetarle en qué estaba
pensando cuando aceptó el desafío de Karin. Su Omega les lanzó un gruñido tan
animal que más de uno retrocedió, sorprendido, como si hubieran olvidado que
Naruto era mestizo, no un humano del todo. Su pareja les había dicho que no se
metieran donde nadie les había llamado y los había pasado de largo con
decisión, sentándose en un extremo de la plaza con las piernas cruzadas y las
manos sobre las rodillas. Después, había cerrado los ojos y no había dicho
palabra.
Sasuke y Train
estaban a su lado, vigilando que nadie volviera a molestarlo. Más de uno lo
intentó, pero Train era un Primer Omega bastante intimidante y no hubo nadie
que quisiera hacerle frente. Por otro lado, Itachi e Izumi estaban junto a
Kurama, mientras que los Alfas de los Uchiha se hallaban repartidos por toda la
plaza, tal y como había ordenado su líder.
—¡Basta! —rugió
Kurama, resoplando por la nariz. Los lobos de su alrededor retrocedieron—. Esto
ya está decidido. Si no queréis ver el combate podéis idos a vuestras casas
—dicho esto, se dirigió al centro de la plaza y miró a ambos lados, a Naruto en
uno, y a Karin en el opuesto, que charlaba con sus amigos con una enorme
sonrisa en la cara, como si no pasara nada. El pelirrojo soltó un gruñido
grave, que retumbó en su pecho, haciéndolo lo bastante sonoro como para llamar
la atención de todo el mundo y que la manada guardara silencio—. Que se
acerquen los que vayan a luchar.
Naruto abrió los
ojos de golpe y se levantó de un salto. Intercambió una mirada decidida con
Sasuke, que asintió con seriedad.
—Destrózala
—susurró.
Su pareja le
devolvió el gesto y luego se acercó solemne a su hermano. Karin, por otro lado,
caminó como si nada, mirándose las garras. Se podía ver, incluso en la ropa,
cómo se tomaba cada uno aquel combate. La mujer llevaba unos leggins negros que
se ajustaban a sus piernas y una camisa larga violeta que le llegaba hasta la
mitad del trasero y que llevaba sujeta por una cadenita plateada. Sus mangas
anchas revelaban sus muñecas y sus largas uñas.
Naruto, por otro
lado, llevaba pantalones holgados, que le permitían la máxima capacidad de
movimiento, y una camiseta sin mangas ajustada de cuello alto, que no
molestaría en absoluto sus brazos. Eso sí, ambos iban descalzos sobre la nieve.
Sasuke apretó la
mandíbula y convirtió sus manos en puños mientras Kurama recitaba cómo se había
producido el desafío y cuál sería el estilo de combate, con piel, y las normas,
entre las cuales Karin no tenía permitido adoptar forma animal ni Naruto usar
armas. Todo su ser le pedía que corriera a por la Omega y le arrancara la
cabeza de un buen mordisco. Tal era su necesidad de proteger a su compañero que
empezó a temblar.
De repente, una
fragancia suave y dulce inundó sus fosas nasales y tranquilizó a su bestia
interior. Miró a su lado, hacia Train, que no apartaba sus ojos de Naruto.
—Sé lo que dice tu
instinto. El mío también me lo pide —dicho esto, esta vez sí, lo miró con
decisión—. Pero mi cachorro es mucho más fuerte de lo que puede aparentar. Ten
fe en él.
Sasuke inspiró
profundamente, dejando que las hormonas del Omega lo calmaran, y volvió a
centrarse en su compañero. Kurama había terminado de hablar y se estaba
apartando, dejando espacio a los contrincantes.
Karin esbozó una
sonrisa maliciosa y fue andando hacia Naruto con las garras extendidas.
—En fin, mestizo,
esto se acabó. ¿Quieres decir algo antes de morir? —dicho esto, le lanzó un
zarpazo… que el rubio esquivó sin dificultad. Se agachó hacia su izquierda,
quedando junto al costado desprotegido de Karin, que golpeó con un puño,
haciendo que chillara de dolor.
En vez de
detenerse o apartarse, aprovechó su postura para erguirse, bloqueando su brazo
izquierdo con el derecho y clavando su garra izquierda en la zona baja de su
espalda para sujetarla mientras le daba un rodillazo en el vientre que la hizo
doblarse en dos mientras aullaba de dolor. Sin detenerse, sin darle descanso,
giró sobre sí mismo hacia la izquierda, aprovechando la fuerza del impulso para
arañarle la espalda con las garras que ya tenía clavadas en su piel.
La sangre salió
disparada con tal fuerza que salpicó un radio de un metro de terreno alrededor
de ambos rivales. Karin cayó de rodillas al suelo, gimoteando y agarrándose el
costado. La manada, en cambio, no hizo ni el más mínimo sonido. Todos
observaban fijamente la mano ensangrentada de Naruto con el rostro pálido,
demudado por el horror y la incredulidad.
Este también la
miró con cierta curiosidad. Era la primera vez que hacía sangrar a otro hombre
lobo en un combate en igualdad de condiciones.
Tras unos
segundos, la bajó despacio y contempló a Karin.
—Sí hay algo que
quiero decir —dijo, sonriendo con crueldad—. Que voy a disfrutar matándote.
Entre el público,
Sasuke soltó un aullido que fue coreado por Train, Izumi y muchos de los Alfas
Uchiha, que ya comentaban entre ellos que el compañero de su ejecutor principal
parecía un lobo duro de roer, alabando la velocidad de sus movimientos.
Eso pareció hacer
reaccionar a Karin, que se levantó con el rostro deformado por la rabia. Con un
rugido furioso, saltó sobre Naruto con las garras extendidas, pero este se
agazapó y avanzó un paso, suficiente para agarrarla por el brazo y hacerla
girar en el aire de tal forma que lanzó su espalda contra el suelo. Sin soltar
su brazo, le dio un pisotón certero en la mandíbula, haciendo que escupiera
sangre. Karin reaccionó con un gruñido y giró sobre su costado, tratando de
arañar con la mano libre al rubio, que vio venir el ataque y la soltó, dando un
salto hacia atrás y aterrizando a cuatro patas. Karin imitó su postura y le
gruñó:
—Vas a pagar por
esto.
—Perra ladradora,
poco mordedora —replicó el Omega, enseñándole los colmillos.
Karin se abalanzó
de nuevo contra él y, esta vez, el rubio la enfrentó de cara. Ella lo atacó con
su garra izquierda, que bloqueó golpeándola con el brazo derecho, y, cuando
trató de alcanzarlo con la otra mano, la agarró de la muñeca y la retorció con
fuerza, inmovilizándola. Karin abrió la boca, dejando a la vista sus colmillos,
que lanzó sobre su rostro. Pero, en vez de apartarse, Naruto le golpeó el
mentón con la cabeza con tal fuerza que se tambaleó hacia atrás. Solo entonces,
el Omega le soltó la mano y le dio un puñetazo en el estómago que la dobló
sobre sí mismo. La baja posición de su cabeza le dio la oportunidad de darle
otro golpe en el mentón, y, sin detenerse, atacó directamente su nariz, con tal
atino que la rompió a la primera, haciendo que sangrara profusamente.
La pelirroja cayó
al suelo, aturdida y jadeando, pero Naruto aún no había acabado. La agarró del
pelo y la levantó para darle otro puñetazo en la nariz. Ella aulló de dolor, y
el rubio le dio otro golpe, y otro, y otro. Cuando toda la parte inferior de su
cara y su cuello estuvo cubierto de rojo, la arrojó sobre la nieve y la miró
con expresión aburrida.
—Parece que el
mestizo es más fuerte que una perra de sangre pura.
Karin tosió un par
de veces, la sangre resbaló por su boca. Aun así, encontró la fuerza para alzar
la cabeza y asesinarlo con la mirada.
—Vuelve a llamarme
perra… y juro por la Gran Madre que te destrozaré.
Naruto se cruzó de
brazos y sonrió.
—Una loba muerde
más. Y tú aún no has conseguido morderme, perra.
La pelirroja aulló
mientras el pelaje recubría toda su piel y sus músculos se estiraban y crecían,
transformándose en una gran loba castaña con reflejos rojizos bajo la luz del
sol. El animal enseñó sus largos colmillos y afianzó con fuerza sus patas sobre
la nieve, preparado para lanzarse sobre Naruto, que ni siquiera pestañeó.
Sin embargo,
Sasuke, al ver que Karin cambiaba de forma, estuvo a punto de interponerse,
pero Train lo agarró del brazo con firmeza.
—Espera.
El Alfa se volvió
hacia él con el rostro compungido por el miedo.
—Se suponía que
era un combate con piel, no con pelaje.
—Así es —respondió
el Omega con calma—. Karin no juega limpio, pero ya contábamos con ello —dicho
esto, se quitó del hombro una mochila que había llevado consigo. Sasuke la
había visto antes, pero no le había prestado mucha atención, nervioso como
estaba por el combate.
—¿Qué es eso?
—Si Karin hace
trampas, nosotros también. Cuando llegue el momento.
—¿Y cuándo será
eso?
Antes de que Train
tuviera tiempo siquiera de responder, escucharon el grito de la manada entera
cuando Karin se lanzó a por Naruto. Este, sin perder la sangre fría, corrió
hacia ella. Muchos lobos suplicaron que Kurama detuviera el combate, que estaba
siendo injusto, que matarían al pequeño Omega.
Pero el pequeño
Omega llevaba muchos años entrenando para ese momento, y sabía cómo ganar ese desafío.
En vez de lanzar un golpe directo, mientras Karin abría sus fauces para darle
un mordisco, Naruto se dejó caer al suelo y se deslizó sobre la nieve, bajo el
cuerpo de la loba que avanzaba en dirección opuesta. Nada más pasar sus patas
traseras de largo, giró con rapidez y se puso en pie, corriendo hacia su
espalda a la vez que ella, al ver que había fallado el golpe, trataba de
detenerse.
No fue lo bastante
rápida. Naruto saltó sobre sus omóplatos, y, antes de que ella pudiera asimilar
lo que estaba haciendo, alzó las garras y se inclinó con fuerza sobre su
cabeza, clavándoselas en los ojos.
El aullido de
Karin fue tan estridente que resonó entre los árboles. Muchos de los allí
presentes se habrían tapado los oídos si no fuera porque eran incapaces de
apartar la vista de lo que estaba sucediendo. La loba se irguió sobre sus patas
y se sacudió, lanzando a Naruto contra la nieve, pero no pareció hacerse mucho
daño ya que, al segundo siguiente, ya se había colocado a cuatro patas, mirando
a su contrincante con precaución.
—Ahora —dijo Train
de repente, sobresaltando a Sasuke, que solo tuvo tiempo de ver cómo lanzaba
algo al aire—. ¡Naruto!
No se lo pudo
creer cuando una espada corta aterrizó en las manos de su compañero. El mango
era de cuero oscuro y la empuñadura de bronce, cuyo extremo simulaba la punta
de una lanza. La base de la hoja era recta, curvándose hacia dentro para
después ensancharse a lo largo del metal, finalizando en una punta afilada.
Naruto la empuñó
con una mano con fuerza y clavó sus ojos en Karin, que chillaba dando vueltas
sobre sí misma, confusa y ciega. Sasuke supo que era el momento de darle el
golpe de gracia y tensó los músculos con anticipación, sabiendo que, en cuanto
acabara con ella, empezaría la verdadera batalla.
Pero, de repente,
un Alfa de la manada se transformó y se abalanzó sobre Naruto por detrás.
Sasuke hizo amago de ir hacia él al mismo tiempo que su pelaje lo cubría, sin
embargo, Train fue más veloz. Corrió hacia el enorme animal y se impulsó hacia
arriba, transformándose en pleno salto y aterrizando con las fauces abiertas
sobre el otro lobo. Lo mordió en el pellejo de la nuca con tal fuerza que la
bestia chilló, sacudiéndose para tratar de quitárselo de encima. Train, sin
embargo, saltó antes al suelo, manteniendo en todo momento el control de su
cuerpo, y se abalanzó inmediatamente después sobre el costado del cuello de su
rival, cuya sangre salpicó la nieve con violencia, haciendo saber al resto que
había logrado alcanzar su objetivo a pesar de las capas de pelaje. El Omega no
se contentó con esa herida y lo soltó, a tiempo de evitar un zarpazo por parte
del Alfa, y, sin pensárselo dos veces, le devolvió el golpe, arañándole la
cara. Eso le dio tiempo para atacar su pata trasera, apretando los dientes con
fuerza y después tirando hacia atrás, desequilibrando así a su enemigo y
tirándolo al suelo.
Ahora, Train
llevaba ventaja, y no la desaprovechó. Sus fauces fueron directas a la yugular,
que arrancó con un horrendo chasquido seguido de un chorro de sangre que creó
un arco en el aire cuando el Omega retrocedió, alejándose del cuerpo sin vida
del lobo con un trozo de carne entre las fauces que escupió a un lado. Después,
se dio la vuelta y gruñó a todos los presentes.
Por si no había
quedado claro, Kurama anunció en voz alta:
—Esto es un
combate singular. Nadie puede intervenir.
—¡La ha dejado
ciega! —rugió otro Alfa—. ¡No pelean en igualdad de condiciones!
Antes de que el
pelirrojo pudiera responder, Bankotsu, para la sorpresa de Sasuke, intervino:
—¡Ella está
luchando con pelaje cuando el combate era con piel!
Muchos de la
manada se pusieron de su lado y empezaron a discutir con un reducido grupo de
Alfas, Omegas y Betas. Sasuke contó alrededor de treinta, más de los que había
creído, e intercambió una mirada inquieta con Itachi. Con sus Alfas, sería una
pelea más o menos igualada. Su gente eran buenos luchadores y estaba claro que
Naruto, Train y, muy probablemente, Kurama sabían pelear, y no tenía dudas
respecto a que ganarían… Pero habría bajas. Algunos morirían.
La triste mirada
que le devolvió su hermano le dijo que también lo sabía, pero ya era
inevitable. No podían dejar que su rubio luchara solo con su familia, sería una
muerte segura.
De repente, algo
llamó la atención de Itachi, ya que su rostro palideció. Cuando Sasuke se giró,
comprendió lo que ocurría y su corazón se aceleró.
Toda la manada
debió de ver lo mismo, ya que enmudeció de golpe. Karin parecía haberse
recuperado del shock de haber perdido la vista y ahora corría enfurecida hacia
Naruto, guiada por el olfato. El Omega, empuñando la espada con una mano, con
la hoja mirando hacia atrás, también se lanzó a por ella. La pelirroja parecía
haber aprendido la lección porque ahora iba agazapada y con las patas más
juntas, para que Naruto no volviera a esquivarla pasando por debajo, aunque eso
la hacía ir más lenta.
De repente, Naruto
soltó un grito, sobresaltando a Sasuke. ¡No! Ella estaba ciega, ¡lo último que
debía hacer era indicarle por el sonido a qué distancia estaba!
Pero fue demasiado
tarde para hacer nada. Karin se abalanzó con las fauces abiertas sobre Naruto.
Sin embargo, nada
más lanzar el grito, el rubio saltó al aire, dejando que la cabeza de la Omega
se posicionara bajo sus piernas recogidas… para después estirarlas y golpearla
con ellas. Esta chocó contra el suelo al estar agazapada y Naruto aterrizó con
los pies a ambos lados de su hocico, demasiado cerca de sus dientes. Pero,
antes de que Karin pudiera recuperarse, el rubio, que ahora empuñaba con ambas
manos la espada, con la punta mirando hacia abajo, la hundió con fuerza en su
nuca, atravesando su yugular.
El silencio se
extendió por la plaza mientras el cuerpo de la loba se convulsionaba entre
agónicos intentos por respirar. Naruto retiró su arma haciendo un giro con la
hoja, para dañar todavía más sus músculos internos y asegurar su muerte, que
quedó más que garantizada cuando su pelaje se retrajo dentro de su piel y
volvió a su forma humana.
Desnuda y
ensangrentada, sus ojos aterrorizados contemplaron a un Naruto impasible, que
la miraba a su vez como si fuera poco más que un insecto. Así, sola y entre
violentos temblores, con la garganta inundada de su propia sangre, incapaz de
respirar, su vida se apagó, yaciendo sobre la roja nieve.
El Omega hinchó el
pecho, aspirando aire para después dejarlo salir.
—Se acabó
—murmuró.
—Sí, se acabó
—dijo Kurama, que alzó un brazo—. ¡La victoria es de Naruto!
La manada estalló
en júbilo, aplaudiendo y aullando, coreados por los Uchiha e Izumi. Sin
embargo, tanto Sasuke como su hermano, Train, Kurama y el propio Naruto tenían
los ojos puestos en el grupo que antes se había quejado de trampas, que
permanecían en silencio, mirando al rubio con la ira refulgiendo en sus ojos.
El rubio apretó la empuñadura un segundo y, después, la tomó entre sus manos y
la colocó junto a su cabeza, apuntando con la hoja hacia los lobos en posición
de ataque. Sabía lo que estaba a punto de pasar.
Cuando los
cambiantes empezaron a transformarse, Sasuke, que había estado esperando ese
momento, también dejó salir al animal que llevaba dentro y se colocó junto a
Naruto en ademán protector, enseñando los colmillos.
Un Omega fue el
primero en cargar contra ellos… pero, para la sorpresa de todos, no fue uno de
los Uchiha quien lo detuvo, sino Bankotsu.
En su forma
animal, placó al Omega y lo amenazó con un gruñido potente. El resto del grupo
trató de abalanzarse sobre él, pero la manada Uzumaki, todos convertidos en
lobos, también atacó.
Sasuke miró a
Kurama y a Train, que parecían tan sorprendidos como ellos.
—¿Vamos allá?
—preguntó Naruto, que le tocó una pata.
Él asintió, aunque
aún estaba impresionado por cómo los Uzumaki, esta vez, sí parecían haber
escogido un bando. Fuera como fuera, eso les daba una preciosa ventaja que no
debían desperdiciar, así que se inclinó y permitió que Naruto subiera a su lomo
antes de lanzarse al combate junto a Kurama, Train, su hermano, Izumi y el
resto de Alfas de su clan.
La batalla no duró
mucho. Entre el caos que se desató, de lobos chocando y enzarzándose entre sí,
de dentelladas y zarpazos, pelajes de todos los colores salpicados de sangre,
nieve removida, aullidos, gruñidos y gemidos, los Uzumaki eran los que más
destacaban al acorralar a los traidores, separándolos poco a poco del pequeño
grupo y cogiéndolos uno a uno, permitiendo que los Uchiha los remataran. Itachi
e Izumi cubrían a sus Alfas como buenos líderes y se movían de un lugar a otro,
buscando dónde eran más necesarios; Kurama y Train echaron una mano a su manada
con su increíble fuerza, siendo el primero quien solía placar al contrincante y
el segundo quien lo remataba o lo inmovilizaba con ayuda de los otros lobos,
mientras que Sasuke corría entre los diferentes grupos que se formaron, dejando
que Naruto lanzara estocadas contra los enemigos que más se resistían,
distrayéndolos y dando tiempo a su bando para contenerlos y acabar con ellos.
Al tener la
superioridad numérica con la manada Uzumaki al completo de su lado, no tardaron
más de quince minutos en terminar. Todos los traidores murieron y no hubo
ninguna muerte entre los Uchiha y los Uzumaki, solo algunos heridos que se
pondrían bien después de ser atendidos.
—Entonces ya está
—dijo Naruto, acariciando el costado de Sasuke, que le lamió la cara repetidas
veces, limpiando la sangre. Este sonrió un poco, pero lo apartó—. Me ducharé en
casa, no tienes que quitarme la sangre de los demás.
—Sí, por fin ha
acabado —suspiró Kurama, mirando los cadáveres de sus enemigos con una
expresión que estaba entre el cansancio y el alivio—. Habrá que quemar los
cuerpos y limpiar todo esto antes de que la época de celo nos alcance. Quedan
pocos días.
—Aún tenemos
tiempo si… —Naruto se interrumpió cuando vio a una de las ejecutoras de Kurama
ir hacia ellos, todavía en su forma animal.
Este frunció el
ceño.
—¿Todo bien,
Matatabi? ¿Alguien está grave?
Ella negó con la
cabeza y, después se volvió hacia Naruto. Le dedicó un gruñido suave y, para la
sorpresa de ambos, se inclinó sobre sus patas delanteras y agachó la cabeza. Uno
a uno, el resto de ejecutores se acercaron e imitaron el gesto, seguidos por el
resto de la manada Uzumaki.
Sasuke sonrió con
orgullo al ver cómo todos le hacían una reverencia a su compañero,
reconociéndolo, al fin, como su líder legítimo. Buscó sus ojos… pero no vio lo
que esperaba encontrar.
Naruto aún jadeaba
por el combate, por lo que su pecho subía y bajaba repetidamente. Su expresión
denotaba su cansancio… y también confusión e indecisión.
Toda una vida
siendo menospreciado por su propia manada, y, ahora que había demostrado lo que
valía, parecía que por fin se había ganado el respeto que merecía no solo como
hombre lobo, sino también como Primer Omega, como el heredero de su madre.
Pero… ¿Era eso lo
que quería? Había aprendido a renunciar a ese derecho después de creer que
jamás sería aceptado como tal… Ahora, sin embargo, tenía una nueva oportunidad.
¿Qué debería
hacer? ¿Aceptar la responsabilidad que había heredado de su familia? ¿O darle
la espalda a su manada e irse con Sasuke?
Tragó saliva,
observando a todos esos lobos que se inclinaban ante él… sin saber qué hacer.

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