Omega prisionero
Naruto Namikaze
tenía el cuerpo tenso y los brazos estirados a los lados mientras contemplaba
desde el porche de su casa cómo un vehículo todoterreno derrapaba sobre la
tierra polvorienta antes de detenerse. De este, salió un hombre alto, vestido
con unos simples vaqueros y una camiseta de manga larga. Tenía la piel clara y
llevaba el cabello corto y negro revuelto como si no se lo hubiera peinado. Sus
ojos oscuros gritaban peligro y sed de sangre.
Y no lo culpaba.
Hacía menos de una
hora, había recibido la llamada de Fugaku, líder del clan de las panteras
Uchiha. Este clan era originario de Japón, pero hacía varios días que sabía que
estaban en Estados Unidos para concertar una reunión con el resto de manadas
jaguares del país, incluida la suya propia, aunque no había sabido el motivo
hasta que le había llamado por teléfono para suplicarle su ayuda.
Su hijo Omega
había sido secuestrado.
Los cambiantes
eran muy diferentes a los humanos; mientras que ellos se dividían en hombres y
mujeres, ellos lo hacían en Alfas, Betas y Omegas. Sin embargo, entre aquellos
que poseían la mágica habilidad de cambiar de forma, existía una amplia
igualdad de sexos y estaba prohibido el maltrato y el desprecio a cualquiera
por su género, después de todo, los cambiantes eran muy pocos en comparación
con los hombres y debían mantenerse unidos para evitar su extinción, como había
ocurrido milenios atrás en una guerra contra los mortales.
El problema era
que su reproducción era complicada. Los Betas podían tener hijos entre sí, pero
pocos, tal vez un máximo de tres si eran afortunados, mientras que, entre dos
Alfas, la hembra solo llegaba a tener un cachorro, después de eso, sus órganos
internos quedaban seriamente dañados y era incapaz de tener más hijos. Por eso,
los Omegas eran su mejor baza, pero no eran numerosos. Por ahora, eso no era un
grave problema, no representaba una inminente extinción ya que los cambiantes podían
vivir muchos siglos, sin embargo, procuraban mantener muy protegidos y cuidados
a los que había, ya que ellos podían quedar en cinta durante mucho tiempo y
daban a luz camadas grandes de cachorros, algunos llegaban a tener hasta seis
crías por camada.
El motivo era que
los Omegas, para poder ser fértiles, debían haber sido marcados por un
compañero durante su primer celo, que se producía cuando cumplían los treinta
años. Según las leyes sagradas, estos debían ser reclamados por su Alfa
destinado, escogido por su diosa, la Gran Madre Tierra, puesto que el vínculo
entre ambos era muy fuerte incluso sin apenas conocerse, lo que garantizaba que
el Alfa protegería y cuidaría muy bien del Omega y, se decía, este estaría más
predispuesto a quedarse preñado. Por desgracia, a veces no se encontraba al
destinado antes del primer celo y este debía escoger a otro Alfa para poder
embarazarlo. Sin embargo, este vínculo nunca llegaba a ser tan poderoso y, a
veces, la infelicidad del Omega por no poder estar con su verdadero compañero
acababa por hacerle enfermar.
Naruto ahora
comprendía que Fugaku había llevado a su hijo hasta allí con la esperanza de
encontrar a su Alfa destinado, pero, antes de poder hacerlo, otros se habían
adelantado.
Siempre había
habido grupos de Alfas que creían estar por encima de los demás. Era verdad
que, por tradición, un Alfa era el líder de un clan, estaba en la naturaleza de
los cambiantes seguir a uno de ellos, pero eso no quería decir que debieran
menospreciar a los Betas o los Omegas, o que estos no tuvieran derecho a
ejercer los mismos trabajos que los Alfas, todo dependía del esfuerzo que
pusieran en ello. El propio Naruto jamás había impedido que un Beta hábil se
convirtiera en ejecutor, un guerrero que protegía el clan, o forzado a un Alfa
a ser uno de ellos si este prefería ser artista o desempeñar otras funciones
para su manada.
Ese tipo de Alfas
que habían llegado a gobernar su clan vulneraron los derechos de los suyos,
forzando al resto de Alfas a convertirse en asesinos, esclavizando a los Betas
mientras que los pobres Omegas fueron víctimas de abusos, maltratos y
violaciones, algunos incluso fueron marcados por sus crueles hombres delante de
sus propios destinados. Obviamente, duraron muy poco. Y el hijo de Fugaku no
sería la excepción si la manada de Naruto no les ayudaba.
Sabía que el líder
de los Uchiha no habría traído a todo su clan consigo, sino que habría ido él
mismo con su hijo y varios de sus ejecutores de confianza para protegerlo. Eran
muy pocos para dar con él y, además, estaban en un terreno desconocido. Por eso
mismo necesitaba su ayuda.
El hombre que
había salido del vehículo fue hacia él e inclinó la cabeza a modo de saludo.
—Alfa —lo saludó
respetuosamente.
Naruto le devolvió
el gesto, pero hizo una mueca.
—No es momento de
andarse con formalidades, solo dime cómo debo llamarte y lo que ha pasado.
El otro hombre
pareció de acuerdo.
—Soy Shisui, mi
compañero es el hermano mayor de Sasuke.
—¿Sasuke es el
nombre del Omega?
Shisui asintió.
—Fugaku y yo
fuimos a concretar los detalles de la reunión con el resto de clanes, queríamos
que fuera algo seguro para Sasuke y también rápido, por si su compañero
destinado estaba aquí, ya que falta poco para que entre en celo. Él se quedó en
su habitación con el resto de ejecutores, pero fueron emboscados. Usaron gas
lacrimógeno para nublar sus sentidos y los mataron con facilidad. Sasuke tuvo
más oportunidades de defenderse porque lo necesitaban vivo, es un Omega fuerte
y logró matar a dos, pero parece que había más cambiantes y lo cogieron.
Naruto soltó un
gruñido.
—No pueden ser más
de diez. Este tipo de Alfas suelen ser muy dominantes y acaban peleando entre
ellos si llevan mucho tiempo juntos. Serán menos ahora. —Casi se le escapa una
diminuta sonrisa al pensar que el Omega había podido con dos Alfas. Era un chico
duro, sin duda—. Eran otros jaguares, ¿verdad?
—Sí.
—¿Qué más habéis
averiguado?
—Había una
jeringuilla en el suelo, seguro que lo sedaron para poder llevárselo. Su coche
salía en las cámaras de seguridad y pudimos rastrear la matrícula hasta el
aeropuerto. Parece que esos cabrones tienen un jet privado.
—No son muy listos
para ocultarse —observó él.
—No, sabemos que
han volado hasta aquí y también tenemos la matrícula del coche que han cogido,
pero...
—Esto es Alaska
—gruñó Naruto, viendo por dónde iban los tiros—, hay bosques por todas partes y
muy pocas cámaras por estas zonas. Será muy difícil rastrearlos con esos
métodos.
El rostro de
Shisui palideció.
—¿No hay
posibilidades de encontrarlo?
Naruto le hizo un
gesto con la cabeza para que entrara en su casa. Allí, estaban casi todos sus
ejecutores, aquellos a los que había llamado para que le ayudaran con la
búsqueda del Omega. Ordenó a varios de los suyos que se pusieran en contacto
con los líderes de los otros clanes de cambiantes para que averiguaran si
habían visto a un grupo de jaguares Alfas extraños pasando cerca de su
territorio, además de pedir su colaboración. Después, se volvió hacia Shisui.
—Lo bueno de que
Alaska tenga tantos bosques es que es el lugar ideal para los cambiantes. Hay
muchos clanes por aquí y nos conocemos entre todos, si alguien ha visto algo
raro, nos lo dirán.
El Uchiha frunció
el ceño.
—¿Hay más clanes
de jaguares aquí? Creía que solo erais vosotros.
Naruto sacudió la
cabeza con un gruñido.
—No. Sobre todo
son osos y lobos, también hay unos pocos linces y una manada de pumas que, como
nosotros, no son originarios de aquí.
—¿Quieres decir
que... os relacionáis? —preguntó el otro Alfa con cierta sorpresa.
No es que él
pudiera reprochárselo. En situaciones normales, los cambiantes eran recelosos
entre distintas especies debido a sus costumbres y tradiciones, diferentes
entre sí. También había un fuerte componente territorial, pero, en Alaska, era
distinto.
Se le escapó un
suspiro.
—El clima de aquí
es complejo: inviernos muy duros, lluvias torrenciales, tormentas eléctricas,
incendios e inundaciones... Debemos ayudarnos los unos a los otros.
—¿Nos ayudarán a
encontrar a mi cuñado?
Naruto gruñó.
—Es un Omega. Esos
desgraciados morirán en cuanto los encontremos.
Shisui le agarró
un brazo con gesto suplicante.
—Tenemos que dar
con él. Por favor. Mi compañero está embarazado de su segunda camada y si le
pasa algo a Sasuke, es posible que él...
Lo comprendió al
instante. La ansiedad podría hacer que ese Omega perdiera a sus cachorros, un
aborto sería muy peligroso para él.
Podrían perder a
dos Omegas si la cosa salía muy mal.
Pero eso no
pasaría si él tenía algo que hacer al respecto.
Mientras sus
ejecutores trabajaban, él decidió tranquilizar a Shisui. No le sería de mucha
ayuda si se ponía nervioso a la hora de salir a buscar a Sasuke.
—¿Dónde está
Fugaku?
—Eliminando las
huellas de esos cambiantes en Nueva York —respondió Shisui con una mueca—. Lo
último que necesitamos es a los humanos metiendo las narices en nuestros
asuntos.
—¿Alguien sabía
que iríais allí? —Era habitual que, cuando un Omega viajaba a alguna parte
fuera de su clan, su ubicación se mantuviera en estricto secreto precisamente
para evitar estos secuestros—. ¿El clan estaba informado?
—Solo sabían que
nos llevaríamos a Sasuke a Estados Unidos, todo el mundo lo conoce y es
consciente de que su primer celo está cerca. También saben que no es el primer
viaje que hace para encontrar a su destinado, así que no tenía sentido tratar
de ocultarlo cuando lo habrían adivinado de todos modos, pero no le dijimos a
nadie que iríamos a Nueva York.
Naruto entrecerró
los ojos.
—Los sujetos como
ellos buscan Omegas constantemente, pero son conscientes de que no pueden
enfrentarse a un clan para llevárselos, puesto que tienden a estar en
inferioridad numérica, así que seguramente trabajarán en aeropuertos o rondarán
cerca de estos para aprovechar los viajes de los Omegas que buscan a su
compañero. Su seguridad siempre es menor que estar en su manada y en su
terreno, probablemente uno de ellos olería a Sasuke estando por allí y os
seguiría hasta el hotel.
—¡Mierda! —maldijo
Shisui.
—¿Tenéis fotos
suyas? Eso ayudaría mucho.
—No, siempre están
de espaldas a las cámaras o llevan algo que cubre la mitad inferior de su
rostro, pero no hay duda de que son jaguares. Los dos Alfas que mató Sasuke
llevaban el olor de nuestra especie.
A Naruto no le
extrañaba, los cambiantes solo podían criar entre los miembros de su propia
especie, las mezclas eran muy raras y solamente posibles si el Alfa y el Omega
eran compañeros destinados, de modo que sería estúpido que unos lobos
secuestraran a un jaguar a menos que hubieran establecido algún tipo de alianza
entre ambas especies, como, por ejemplo, si ellos conseguían un Omega jaguar,
estos les conseguirían a los lobos un Omega de su especie, pero era algo poco
común ya que, como decía Shisui, existía cierta desconfianza entre los
cambiantes de distintas razas.
En Alaska la cosa
cambiaba. Cuando ocurría algún desastre natural, siempre había un clan u otro
que había sufrido graves pérdidas, ya fueran sus casas, su territorio, víveres
e incluso seres queridos, de modo que el resto de manadas se ayudaban entre sí para
poder sobrevivir. Gracias a eso, ahora había fuertes vínculos de amistad entre
los clanes cambiantes de esa zona.
Tras echar un
vistazo rápido a sus hombres, que tenían los móviles pegados a la oreja,
decidió seguir conversando con Shisui para evitar su nerviosismo.
—Entonces, tú eres
el próximo líder del clan —intuyó.
El Alfa esbozó una
media sonrisa.
—Por tradición,
sí, pero será Itachi, mi compañero, quien lidere la manada. Es muy inteligente
y poderoso para ser un Omega.
—Estás orgulloso
de él —afirmó Naruto, sintiendo una punzada de envidia.
Shisui hinchó el
pecho.
—Por supuesto que
sí. Él y yo somos amigos de la infancia y, cuando llegamos a la pubertad,
descubrimos que éramos compañeros. Yo estaba muy feliz de que fuera él, siempre
había admirado a Itachi. Era más fuerte que los Alfas a pesar de ser más
delgado y esbelto, pero no por ello era presumido o vanidoso, solía decir que
lo importante era aprender de cada combate que libraba, eso solo me demostraba
lo sabio que era a pesar de ser tan joven. Yo sentía que no merecía tener a
alguien así a mi lado, pero él... Él me quería a pesar de todo —dicho esto, le
sonrió—. Estoy muy agradecido porque nuestra Gran Madre nos juntara tan rápido,
así tuvimos mucho tiempo para estar juntos como pareja antes de que lo reclamara.
El rubio le
devolvió la sonrisa con amargura.
—Fuisteis muy
afortunados.
Shisui lo miró un
instante con suspicacia.
—Sé por tu olor
que no estás acoplado. ¿Hace mucho que buscas a tu compañero?
Naruto iba a
responder cuando uno de sus ejecutores gritó:
—¡Tengo algo,
Alfa!
De inmediato, se
acercó a su hombre.
—¿Qué es?
—Uno de los lobos
de Kiba vio a unos jaguares Alfas en una gasolinera. Los recuerda porque no los
reconocía como de nuestro clan y porque tenían un leve olor a Omega, pensó que
lo estarían escoltando a nuestra manada para encontrar a su compañero.
—¿En qué zona fue?
Su ejecutor le dio
la dirección y Naruto pensó rápido: pidió a sus hombres que pasaran la
información al resto de clanes cambiantes y que por favor echaran un vistazo a
sus territorios por si captaban el olor de los jaguares y del Omega. Mientras
tanto, él, Shisui y dos de sus ejecutores irían a la gasolinera en busca de más
pistas.
Durante el camino,
no pudo evitar pensar en el funesto destino que le aguardaba a Sasuke si no
llegaban antes de que entrara en celo. En el peor de los casos, sería reclamado
por uno de esos animales y se lo llevarían a algún lugar recóndito donde lo mantendrían
prisionero hasta que se quedara embarazado. Y eso si antes no moría por los
maltratos y abusos. Sin embargo, no lo creía probable.
Shisui había dicho
que Sasuke había matado a dos de los Alfas, eso era un indicio muy claro de que
el Omega era fuerte y, dada la reputación de los Uchiha, no le cabía duda de
que tenía fuerza de voluntad, probablemente lograría sobrevivir a eso. Por
desgracia, eso significaba que esos bastardos podrían aprovecharse de él
durante mucho tiempo, puede que incluso arrebatarle muchos bebés y educarlos
por su cuenta para formar su propia manada. Si tenía cachorros Omegas, estaba
convencido de que esos desgraciados esperarían también a su primer celo para
acoplarlos.
Pero eso sería en
el peor de los casos.
Naruto estaba
convencido de que, con la ayuda del resto de clanes cambiantes, tenían una
oportunidad de evitar que eso ocurriera. En el caso de que no pudieran llegar a
tiempo, Sasuke sería reclamado, sí, pero esos Alfas no podrían cambiarlo de
sitio sin llamar la atención. Los Omegas en celo apenas podían pensar en otra
cosa que no fuera en alcanzar la satisfacción sexual y cualquier cambiante
olería a uno de ellos en semejante estado, era un olor muy fuerte. En el caso
de que se quedaran donde estaban, era cuestión de tiempo que los encontraran. Entonces,
tendrían que atrapar al cabrón que había marcado al Omega y lo mantendrían vivo
durante un año, tiempo suficiente para que pudieran matar a ese cabrón sin que
su compañero sufriera represalias por cortar el vínculo, el cual no sería muy
fuerte al haber sido forzado y no ser verdaderos compañeros. Puede que Sasuke
no pudiera tener cachorros después de eso, pero al menos podría ser feliz con
un Alfa al que quisiera, incluso tendría mucho más tiempo para encontrar a su
destinado.
Sin embargo,
Naruto estaba decidido a encontrarlo antes de que eso ocurriera.
—Alfa —lo llamó su
ejecutor, señalando sus manos.
Las miró y soltó
un gruñido al darse cuenta de que habían salido sus garras. Cerró los ojos y se
concentró para retractarlas lentamente.
—Daremos con el
Omega, Alfa. Ya lo verá.
Naruto sabía en
qué dirección iban los pensamientos de su ejecutor.
Su madre, su
padre. La muerte de ambos.
—Por supuesto
—gruñó.
Y cuando
encontrara a los animales que lo tenían preso, los mataría.
Tres días más
tarde, en los remotos bosques vírgenes de Denali, se alzaba una cabaña
solitaria de aspecto destartalado y viejo, con algunas placas de madera fuera
de su sitio, el tejado maltrecho y la pintura descolorida. Era como si nadie
hubiera vivido allí en décadas. Sin embargo, en el cobertizo había un orgulloso
Omega que asesinaba con su negra mirada a los cuatro Alfas que lo estaban
vigilando.
Sasuke Uchiha era
un bello ejemplar de pantera. Era alto pese a ser Omega, de metro ochenta, y
tenía un cuerpo atlético de músculos ondulados, delgado y ágil, fuerte y
esbelto a la vez, todo cubierto por una aparentemente delicada piel blanca que
resaltaba su cabello negro brillante con reflejos azules, el cual llevaba largo
por debajo de los hombros, y sus ojos oscuros como una noche sin luna, afilados
y fríos. Pese al tiempo que llevaba siendo un prisionero, mantenía la cabeza
alta con aire desafiante, importándole muy poco que esos Alfas lo hubieran dejado
desnudo sobre el frío suelo de madera, atándole los tobillos con cuerdas y las
muñecas con grilletes que rodeaban una viga, de forma que sus brazos
permanecieran en alto. Su cabello estaba desaliñado y enmarañado, su piel sucia
por el tiempo que llevaba allí y su cuerpo tenía varias marcas de mordiscos.
Sasuke no era la
clase de Omega que se doblegaba fácilmente a los demás, por lo que había
aprovechado cada ocasión para golpearlos y tratar de escapar, pero era en vano.
Esos Alfas le inyectaban algún tipo de droga que impedía que pudiera alterar la
química de su cuerpo, procurando así que fuera incapaz de cambiar a su forma
animal, ni siquiera podía sacar sus garras o colmillos. Era capaz de moverse
todo lo que le permitían sus ataduras, que era poco, sin embargo, su fuerza
física se había reducido a la mitad y sus golpes no eran suficientes para salir
de allí, por mucho que lo había intentado.
A los Alfas no les
había gustado su resistencia y el hombre que había decidido hacerlo suyo le
había dejado profundas marcas de colmillos. Eso no solo le había hecho daño
físico, también le había herido emocionalmente.
Sasuke era
consciente de su responsabilidad como Omega, sabía que era importante para su
clan y para su especie que se apareara durante su primer celo y lo había
aceptado. Ver cómo su hermano estaba felizmente acoplado con Shisui le hizo
desear encontrar a su propio compañero, por eso nunca se opuso cuando su padre
lo había llevado de viaje a distintos países para concertar reuniones con los
clanes de jaguares con la esperanza de hallar a su destinado, realmente quería aparearse
con este en vez de conformarse con otro Alfa al que probablemente jamás amaría.
Por eso mismo,
Sasuke había establecido unas normas en lo referente a sus amantes.
Sí, los Omegas que
no encontraban a su compañero tenían amantes, después de todo, los impulsos
sexuales aparecen durante la pubertad y para los cambiantes era completamente
natural satisfacer esas necesidades, a diferencia de algunos humanos que habían
obligado a sus congéneres a contenerse hasta el matrimonio. Sasuke era un Omega
hermoso y no era de extrañar que hubiera tenido unas cuantas aventuras, sin
embargo, había ciertas cosas que se había jurado a sí mismo que nunca haría si
no era con su destinado, jamás con otro que no fuera su Alfa.
Una de ellas era
que lo marcara con sus colmillos.
Que ese
desgraciado le hubiera mordido salvajemente hasta dejarle cicatriz le había
dolido mucho. Se suponía que su compañero debía ser el primero en marcarlo, un
Alfa que sería cuidadoso con él, que procuraría que disfrutara del momento de
su unión y que jamás le haría daño. En cambio, ese cabrón lo había tratado como
si fuera una mascota a la que castigar cuando hacía algo malo y solo por ser
Omega.
Pues si este Omega
pudiera transformarse, vería lo débil que podía ser… después de abrirlo en
canal y ahorcarlo con sus propios intestinos.
Ojalá pudiera
hacerlo, lo deseaba con todas sus fuerzas, pero ni siquiera podía tirarse un
pedo sin que esos cabrones se dieran cuenta. Siempre había uno o dos que tenían
sus ojos puestos en él, lujuriosos, ansiando poder hincarle algo más que los dientes…
como en ese instante.
Sasuke le lanzó un
gruñido al gilipollas que lo estaba devorando con los ojos.
—Deja de mirarme
tanto, puto pervertido.
El Alfa, cuyo
nombre había identificado como Kidomaru, le mostró una sonrisa de colmillos
afilados.
—No vuelvas a
insultarme, Omega, o te prometo que me divertiré con tu bonito culo.
Otro Alfa, de
cabello blanco largo hasta los hombros, llamado Kimimaro, le lanzó una mirada
de advertencia.
—Ya conoces las
normas, Kidomaru. No puedes tocarlo.
—Él me está
provocando con su sucia boca —replicó el otro hombre, mirando a Sasuke mientras
se relamía los labios—. Quiere que lo folle.
El Omega resopló:
—Antes jodería con
una cabra.
Kidomaru se
levantó de un salto, agarrándose la parte delantera del pantalón para
arrancársela mientras andaba hacia él, pero Kimimaro y otro Alfa lo detuvieron
y lo obligaron a sentarse de nuevo donde estaba.
—Estate quieto
—ordenó el primero con un gruñido.
—Este Omega es de
Orochimaru —comentó con firmeza la única hembra Alfa del grupo, Tayuya, que
tenía el cabello rosado muy largo—. Si lo quieres, tendrás que desafiarle.
Kidomaru miró con
ojos lujuriosos a Sasuke.
—No quiero
reclamarlo, pero sí follarlo. —Sus fosas nasales se abrieron—. Puedo oler que
su celo está cerca y me está volviendo loco, ¡quiero metérsela hasta que grite!
El Omega le lanzó
una sonrisa burlona.
—¡Pff! ¿Crees que
serías capaz de hacerme gritar? ¡Por favor! He visto tu polla y no es gran
cosa, en todo caso lloraría de decepción.
Kidomaru rugió y
se levantó de un salto, claramente para atacarlo, pero Kimimaro y el otro Alfa,
un tipo grande con el pelo muy corto de color zanahoria, Jirobo, lo contuvieron
y lo inmovilizaron en su asiento.
—¡Basta! —gritó
Kimimaro.
El jaguar se
detuvo, resoplando con fuerza.
—Solo deja que
folle su boca para que aprenda a estar en silencio, ya que Orochimaru es
incapaz de mantenerlo bajo control.
Sasuke esbozó una
amplia sonrisa.
—Eso me parece
genial.
Kidomaru imitó su
gesto e hizo amago de levantarse, pero Tayuya lo cogió por los hombros y lo
obligó a permanecer sentado.
—¿Eres idiota o
qué? Este Omega ha estado tres días jodiéndonos, ¿y ahora piensas que te hará
una mamada alegremente? ¡Quiere arrancarte la polla, imbécil!
El hombre le lanzó
una mirada envenenada a Sasuke, que lamentó no tener la oportunidad de castrar
a ese gilipollas.
—Pequeño hijo de…
—¿Qué está pasando
aquí?
Sasuke se
estremeció un poco al escuchar esa voz. El autor principal de su secuestro
apareció por las escaleras, un Alfa jaguar muy alto y larguirucho, de piel muy
blanca, casi enfermiza para su gusto, resaltando de un modo espeluznante su
largo cabello negro y sus siniestros ojos amarillos. Iba acompañado por dos
Alfas gemelos de cabello grisáceo y ojos oscuros que llevaban un montón de
bolsas, probablemente llenas de comida y otras provisiones.
Eso quería decir
que iban a forzar su unión allí mismo, pensó con horror. Había tenido la
esperanza de que lo trasladaran a otro lugar más cómodo para que él pasara su
celo, ya que sería su mejor oportunidad para tratar de escapar. Sin embargo, él
podía sentirlo, su cuerpo no estaba excitado, no podía estarlo en esa
situación, pero era consciente de que su temperatura corporal estaba aumentando
y empezaba a notar molestias en su entrada, estaba seguro de que le faltaban
pocos días para su celo.
Kimimaro se hizo a
un lado para hacerle una respetuosa inclinación.
—Alfa, Kidomaru
está un poco irritado.
Orochimaru levantó
una ceja hacia el susodicho.
—¿Cuál es el
problema?
Este se levantó y
señaló al Omega con un dedo.
—Tu gatito no sabe
cómo debe dirigirse a nosotros.
—No soy el gato de
nadie, rata mugrienta —masculló Sasuke, furioso.
Kidomaru le enseñó
los colmillos.
—¿Lo ves? Si
planeas hacerlo tuyo, más vale que aprenda modales pronto o tendré que hacerlo
yo.
Los escalofriantes
ojos amarillos del líder del grupo brillaron de un modo peligroso.
—¿Qué insinúas,
Kidomaru? —preguntó muy lentamente y con un tono de voz suave. Demasiado suave.
Este se encogió y,
sabiamente, agachó la mirada, evitando el desafío.
—Solo… Solo estoy
pidiendo que lo meta en cintura. El olor de su celo es cada vez más fuerte,
entre eso y su falta de respeto… Pues… Está siendo irritante… Alfa.
Su controlada
respuesta pareció apaciguar a Orochimaru, quien esbozó una cruel sonrisa antes
de posar sus ojos en Sasuke, que le enseñó los dientes en señal de amenaza.
—Ya entiendo, ¿eso
es lo que ocurre, Sasuke? ¿Necesitas que te toque?
—Lo que necesito
es que me sueltes ¡de una puta vez! —rugió antes de lanzarle una mirada
asesina—. Sabes que mi padre no dejará pasar esto, ¿verdad? Te despellejará
vivo y colgará tu piel en una de las paredes de su casa. Pero, si dejas que me
vaya, será más clemente contigo —añadió, tanteando a Orochimaru, esperando que
la amenaza de una muerte horrible a manos de su padre fuera suficiente para
salir de allí.
Sin embargo, el
Alfa solo sonrió.
—Oh, tu padre no
me preocupa.
—Es Fugaku Uchiha
—le recordó Sasuke—, ¿acaso no te suena el nombre de mi clan?
—Claro que lo
recuerdo, mi dulce Omega. —Le molestó muchísimo que lo llamara de esa forma, él
no era dulce ¡ni mucho menos suyo! Y, aunque lo reclamara durante su celo,
jamás lo vería como su Alfa—. Hace muchos años, tu padre te trajo al clan al
que pertenecía para ver si tu destinado estaba allí. Eras muy joven, una
preciosidad de doce años, pero yo supe al instante que eras mío —afirmó con
fiereza, mirándolo con un brillo psicótico en los ojos—. No me importaba que
fueras un crío, yo te habría aceptado, pero dijiste que no sentiste a tu
compañero. No me sentiste… —tras decir eso, sus facciones se endurecieron y su
rostro se volvió sombrío—. Hablé con tu padre, le supliqué que te trajera ante
mí para que me olieras, pensé que tal vez eras demasiado joven y que por eso no
te habías dado cuenta de que estaba allí, pero él se negó.
Sasuke no podía
creer lo que estaba oyendo. Joder… ese Alfa estaba como una puta cabra.
Orochimaru
continuó divagando:
—Me enfureció que
Fugaku me separara de ti y le exigí al líder de mi clan que lo enfrentara, pero
también se negó y tuve que matarlo.
El Omega no podía
dejar de mirarlo con los ojos como platos, horrorizado. Ese loco estaba tan
convencido de que era su compañero que hasta había asesinado a su propio líder.
—Mi manada me
persiguió por ello. No lo entendían, no comprendían que, por fin, después de seiscientos
años de búsqueda, había hallado a mi destinado y todos se negaban a dármelo. Por
eso tuve que buscar otros aliados —comentó, abriendo los brazos para señalar a
su reducido grupo—. Lo siento, mi querido Omega, sé que no es gran cosa, pero
tendrá que ser suficiente hasta que rehagamos nuestra propia manada.
Sasuke se inclinó
hacia adelante con fuerza, importándole muy poco que los grilletes se clavaran
en sus muñecas hasta hacerle sangrar o el calambrazo de dolor que le recorrió
los brazos.
—Yo no soy tu
compañero —gruñó.
Orochimaru apretó
los labios y se abalanzó sobre él. El Omega lo esperaba y estaba preparado;
flexionó las rodillas y, cuando lo tuvo encima, le golpeó en las pelotas con
todas sus fuerzas, haciendo que el Alfa se doblara por el dolor, brindándole
una preciosa oportunidad para darle un cabezazo en la nariz. Sonrió al escuchar
una especie de crujido, pero no se detuvo a regodearse, tenía que aprovechar
esos segundos de sorpresa para causar el mayor daño posible, así que, viendo
que Orochimaru se echaba hacia atrás con las manos en la cara, le propinó otra
patada, esta vez en el estómago, en el bajo vientre, provocando que el cuerpo
del Alfa volviera a echarse sobre él y, en esta ocasión, dejó que se acercara
lo suficiente como para poder morderle el cuello. No lo pensó dos veces, fue
directo a por la garganta y mordió con ferocidad. No sería tan efectivo como
sus colmillos, la droga todavía le estaba haciendo efecto y comprobó que su
cuerpo todavía no era capaz de cambiar, pero tal vez podía ejercer suficiente
presión como para…
De repente, unas
garras se clavaron en su costado, provocando que aullara de dolor y que soltara
a Orochimaru. Este sacó sus afiladas zarpas con brusquedad, rasgando su piel, y
agarró su cabello para golpear su cabeza contra la viga al mismo tiempo que clavaba
su rodilla en sus muslos, inmovilizándolo.
—¡Tú eres mío,
Omega! —rugió—. ¡Me perteneces! —dicho esto, hizo su cabeza a un lado y lo
mordió salvajemente en la base del cuello, en el punto donde se suponía que su
Alfa debía marcarlo. Sasuke rugió, retorciéndose, queriendo alejarse de sus
colmillos, pero Orochimaru lo tenía bajo su control absoluto, lo único que
estaba consiguiendo era hacerse más sangre en las muñecas de tanto tirar de los
grilletes y desgarrar la carne de su cuello.
¡BLAM!
Un estruendo
sorprendió a los Alfas restantes, que se habían quedado paralizados
contemplando el brutal castigo de su jefe al Omega. Para cuando se dieron la
vuelta para mirar la puerta del cobertizo, ya había jaguares saltando sobre
ellos con la clara intención de matarlos. Kimimaro y su grupo adoptaron
rápidamente su forma animal mientras se defendían como podían, pero no contaban
con que hubiera tantos ejecutores. Ni tampoco con los lobos.
Una puñetera
jauría de lobos. El caos se desató y la sangre corrió a borbotones cuando estos
se colocaron en posición para ayudar a los ejecutores a acorralar a cada uno de
los Alfas secuestradores, quienes trataban de mantenerse juntos, pero, poco a
poco, entre el acecho de los lobos y los asaltos de los jaguares, acabaron
separándose y siendo masacrados.
Pero mientras la
pelea se desarrollaba, Orochimaru se dio cuenta del ataque y adoptó rápidamente
su forma animal, la de una gran pantera, dispuesto a usar a Sasuke como rehén
para poder salir de allí con los pocos hombres que le quedaran.
Sin embargo, eso
no llegó a suceder.
Un potente rugido
hizo retumbar las paredes y, de repente, Sasuke vio a un enorme jaguar saltando
sobre Orochimaru. El gran animal aplastó al Alfa y lo mordió en el lomo,
haciéndole rugir de dolor, aunque eso no evitó que usara todo su cuerpo para
empujar hacia arriba, provocando que el otro jaguar perdiera el equilibrio por
un momento que aprovechó para sacudírselo de encima. El Alfa que había ido a
salvarlo, sin embargo, se recuperó a tiempo de saltar hacia atrás para evitar
el zarpazo de la pantera. Esta se acercó más a él para tratar de arañarlo, pero
el jaguar vio venir el ataque y se agazapó, esquivándolo, antes de saltar
contra su cuerpo para darle un placaje que finalmente la alejó de Sasuke, que
era su objetivo principal.
El Omega,
entonces, pudo ver bien a su salvador. Se sorprendió al ser plenamente
consciente de que era dos veces más grande que cualquier jaguar que hubiera
visto, un impresionante espécimen musculoso y robusto, de patas fuertes y
ágiles rematadas por afiladas garras negras, larga cola y cabeza maciza, con el
liso pelaje dorado moteado. Este se movió más cerca de él con la clara
intención de protegerlo mientras le enseñaba los enormes colmillos a
Orochimaru.
Entonces, lo
reconoció.
Por encima del
fuerte olor a cerrado del cobertizo y el más desagradable de la sangre que ya
manchaba la estancia, percibió el aroma del jaguar, una deliciosa mezcla de
tierra y bosque, una esencia varonil, fuerte y fresca a la vez.
Su cuerpo
reaccionó de inmediato, haciendo que un agradable hormigueo surcara su piel y
que una oleada de calor sexual invadiera sus entrañas, provocando que su
miembro se sacudiera y que su entrada se humedeciera.
Era su destinado.
Lo supo con tanta
seguridad como que el fuego quema.
Observó
hipnotizado cómo se acercaba más a él para cubrirlo. Se movía con la peligrosa
sensualidad propia de un depredador experimentado, con fluidez, flexionando los
fuertes músculos de sus patas y costados, ondulando el lomo, haciendo que su
excitación aumentara.
Entonces, su Alfa
lo miró.
Si no fuera porque
su boca ya estaba seca por los pocos sorbos de agua que le habían dado sus
secuestradores, se le habría secado al contemplar esos bellos ojos. Tan azules
como el cielo despejado de una soleada mañana de verano, con unas pupilas
afiladas que se ovalaron cuando lo observaron, algo habitual en los cambiantes
felinos. Su intensa mirada se clavó en la suya, en la cual vio un brillo de
reconocimiento seguido por una lujuria que le hizo tragar saliva, notando cómo
su vientre ardía y sus pezones se erizaban. Después, sus ojos se volvieron más
cálidos, mostrando una emoción profunda que le hizo palpitar el corazón.
Finalmente, su
compañero desvió sus hermosos ojos, centrándolos de nuevo en Orochimaru con
cautela, que se estaba recuperando. Sin perderlo de vista, inclinó su enorme
cabeza y le lamió el muslo a Sasuke, que tembló un poco por la suave caricia. Era
como si le estuviera haciendo saber que estaba ahí y que lo protegería,
insuflándole una ola de calma y ternura.
La pantera vio eso
y rugió de rabia, furiosa porque ese insignificante gato estuviera tocando tan
íntimamente a su Omega. Sin pensárselo dos veces, se abalanzó sobre él. El otro
jaguar no se contuvo y fue a su encuentro con un gruñido feroz.
Para Sasuke, esa
carrera en la que ambos felinos corrían el uno contra el otro sucedió a cámara
lenta. Fue como si todos los sonidos se apagaran a su alrededor hasta el punto
de que tan solo escuchaba las fuertes pisadas de su Alfa, su pesada respiración,
la sangre bombeando su corazón. Contempló fascinado cómo los músculos de su
compañero se tensaban y contraían con cada elegante y fluido movimiento, cómo
su cuerpo se estiraba y encogía con cada larga zancada. Un rayo de calor lo
atravesó al ser consciente de que la Gran Madre lo había bendecido con un
destinado sano y muy fuerte, una criatura tan bella y salvaje que le costaba
creer que realmente fuera suya.
Podría parecer
extraño que la lujuria lo estuviera invadiendo en una situación tan tensa, pero,
en realidad, no era tan raro dado que su primer celo estaba cerca. La conexión
entre los destinados era evidente por la poderosa atracción sexual que ejercía
el uno sobre el otro, superior a la de cualquier amante que pudiera haber
tenido ninguno de los dos, era un indicativo de que eran muy compatibles para
criar juntos. Si a eso había que sumarle el primer celo de Sasuke, la época
exacta en la que debía ser reclamado por su compañero, la lujuria era mucho más
fuerte, por lo que no era de extrañar que el Omega estuviera ardiendo por la
necesidad a pesar de ser consciente de que había una batalla a su alrededor.
Sin embargo, su
deseo se enfrío cuando su Alfa y Orochimaru se encontraron.
El temor lo
atenazó.
Ambos jaguares se
alzaron sobre sus dos patas y clavaron sus garras en los costados de su
contrincante en un intento de desequilibrar al otro mientras trataban de
morderse el uno al otro. Orochimaru golpeó el hocico del otro Alfa con los
colmillos, este gruñó y procuró mantener la cabeza alejada y clavar sus zarpas
en la piel de su rival, hundiendo sus afiladas uñas cerca de las costillas. La
pantera soltó un alarido y, furibunda, mordió brutalmente el hueco entre el
cuello y la pata del otro jaguar, manchando rápidamente su pecho de sangre.
Un rugido de dolor
sacudió la estancia, haciendo que Sasuke temblara.
No podía perder a
su compañero, no ahora que por fin había dado con él, ahora que tenían la
oportunidad de estar juntos.
Echó el cuerpo
hacia adelante y rugió con todas sus fuerzas, animando a su destinado.
Los ojos del Alfa
se abrieron de golpe y lanzó un veloz ataque contra el cuello de Orochimaru.
Esta vez fue su turno de chillar, soltando su agarre del jaguar en el acto,
momento que aprovechó este para sacudirlo hacia un lado, haciendo que por fin
perdiera el equilibrio y cayera al suelo. El jaguar se colocó rápidamente sobre
él, clavando una de sus patas delanteras en su lomo para mantenerlo contra los
duros tablones de madera, hundiendo sus afiladas uñas en él para reforzar la
presión, mientras la otra acabó sobre la cabeza de la pantera, también
extendiendo sus garras para que no se moviera.
Orochimaru
pataleó, pero el Alfa apoyó la parte trasera de su enorme cuerpo sobre el suyo,
dejándolo por fin totalmente indefenso ante él. Como último recurso, el cabrón
arañó profusamente una de sus patas traseras, pero el jaguar ni se inmutó.
En vez de eso,
levantó la cabeza, gruñendo fuertemente, antes de lanzarse a por la yugular de
su rival. Sus dientes desgarraron la vulnerable piel de esa zona, provocando
que un chorro de sangre saliera de su garganta y manchara el suelo rápidamente.
Aun así, Orochimaru seguía vivo, su pecho subía y bajaba con desesperación, sus
patas arañaban como podían la madera en un vano intento por alejarse.
Fue inútil. El
Alfa presionó con más firmeza su cuello y, luego, hizo un movimiento rápido que
acabó con la vida de la pantera en un horrendo crujido que resonó en la
estancia. Le había partido el cuello. Estaba muerto.
Sasuke suspiró de
alivio cuando su compañero soltó el cuerpo inerte de ese bastardo. Lo vio
observar con detenimiento su alrededor y él hizo lo mismo; los hombres de
Orochimaru estaban cayendo como moscas, los únicos que quedaban en pie aún eran
Kimimaro y Kidomaru y, a juzgar por la cantidad de ejecutores y lobos que los
rodeaban, no tardarían mucho en caer.
Satisfecho con la
situación, su Alfa soltó un gruñido suave y luego fue rápidamente hacia él. Por
un instante, su mirada recorrió su cuerpo y luego clavó sus hermosos ojos
azules en él, teñidos por la preocupación.
Sasuke supo de
inmediato lo que quería saber.
—Estoy bien.
El jaguar asintió
y se posicionó frente a sus piernas. Levantó una pata y sacó una de sus uñas
para cortar las cuerdas que le ataban los tobillos, que cedieron en poco
tiempo, permitiendo que Sasuke pudiera por fin estirarse, a pesar del dolor
muscular que le produjo hacerlo, pero era agradable tener más capacidad de
movimiento. Luego, su Alfa caminó por su lado hasta la viga de madera, gruñendo
enfadado al ver los grilletes. Al estar hechos de metal, eran más difíciles de
romper… pero no imposible para un cambiante tan grande como él.
Sin embargo,
Sasuke sabía que le dolería. Inspiró hondo y se preparó.
—Adelante. —Su
compañero lo miró con cierta duda—. Puedo soportarlo —prometió.
Su destinado
pareció aceptarlo y se colocó a dos patas frente a la viga, esta vez sacando
todas sus garras para poder romper la cadena. Sasuke echó la cabeza hacia atrás
para ver cómo sus negras uñas acariciaban el metal, como comprobando su
resistencia. Él sabía que podía romperlas, pero ni siquiera su compañero podría
evitar tirar hacia abajo, causándole un fuerte dolor en los brazos, ya que los
había tenido levantados durante tres días, inmóviles en esa postura, por lo que
cualquier otro movimiento distinto y medianamente brusco, le haría gritar de
dolor.
Pero merecería la
pena. Quería salir de ese lugar de una vez, no podía esperar a que encontraran
la llave de los grilletes.
Inspiró hondo y
apretó los dientes, dispuesto a aguantar. Después, asintió para darle la señal
a su destinado.
Este no vaciló ni
un instante, fue rápido y fuerte. Levantó las garras y golpeó el metal con la
parte más afilada de estas, haciendo que la cadena se resistiera por un
instante antes de ceder con un desagradable chasquido seguido por un breve
grito de Sasuke. Como los grilletes no se rompieron de inmediato, el golpe del
Alfa los había lanzado hacia abajo, haciendo que los brazos del Omega fueran
con ellos con brusquedad y le causaran un calambrazo de dolor. Sin embargo, la
joven pantera era fuerte y no tardó en ahogar su grito cerrando los labios con
fuerza, aunque eso no evitó que gimiera un poco y que se abrazara los brazos,
tratando de mitigar los calambres que recorrían sus músculos.
—Ya está, ya está…
De repente, unos
grandes brazos lo rodearon y lo atrajeron hacia un poderoso pecho. Sasuke
ronroneó al reconocer su olor y darse cuenta de que era su compañero, que había
adoptado forma humana. Sin pensárselo dos veces, frotó su rostro contra su
pecho como muestra de cariño y para aspirar su delicioso aroma, queriendo
impregnarse de él hasta oler como su destinado. Era normal en los cambiantes
acoplados que sus cuerpos tuvieran los olores de ambos, demostraba que ya
pertenecían a alguien.
El pecho de su
Alfa vibró, señal de que también ronroneaba, y empezó a acariciarle la espalda,
los hombros, la cabeza, las piernas. Sasuke tembló de puro gozo. Normalmente no
habría permitido que ningún Alfa lo consolara, él no era un Omega débil y podía
soportar tanto el dolor físico como la traumática experiencia de ser
secuestrado, pero ese jaguar era su compañero y anhelaba su toque, por eso lo
permitía.
Cuando se sintió
más tranquilo, levantó la vista, curioso por saber cómo era su destinado… y se
quedó con la boca abierta.
Los amantes de
Sasuke solían ser miembros de su clan, por lo que la mayoría tenían el pelo y
los ojos oscuros, era a lo que estaba acostumbrado, y por eso le sorprendió
tanto el exótico aspecto de su Alfa. Era el hombre más alto que había conocido
con sus buenos dos metros y no había una sola parte de su robusto cuerpo que no
fuera puro músculo. Sus espaldas eran muy anchas y el pecho amplio y acogedor,
adornado por fuertes pectorales que bajaban hacia los abdominales más sexys que
jamás había visto, que se encontraban enmarcados por una cintura más estrecha,
dándole a su Alfa un aspecto poderoso y ágil a la vez, como debía serlo el de
cualquier jaguar. Su piel era de un tono tostado delicioso, le daban ganas de
lamerlo de arriba abajo para averiguar si sabía tan bien como parecía; su
rostro era muy apuesto, de facciones duras y varoniles, pero conservaban un
aire juvenil que le hacía muy joven y agradable, el cual acentuaban unas
curiosas y adorables marquitas en las mejillas; el cabello rubio, dorado como los
ardientes rayos del sol, caía en revoltosos mechones hasta rozar sensualmente
sus hombros, y esos hermosos ojos azules lo contemplaban con una alegría y
felicidad que le llegaron hasta lo más hondo, derribando los fríos muros que
solía levantar para el resto del mundo.
Definitivamente,
era el hombre más caliente que había visto nunca y sus instintos animales
pronto lo animaron a derribarlo en el suelo y montarlo hasta que ninguno de los
dos pudiera mover un músculo.
Su Alfa esbozó una
pícara sonrisa, probablemente había olido su lujuria, y se inclinó sobre su
oído para susurrarle:
—Pronto, mi Omega.
Pronto me tendrás solo para ti.
Sasuke gimió,
sintiendo cómo su entrada volvía a mojarse ante esa voz tan profunda y
masculina que parecía estar prometiéndole hacer realidad hasta sus deseos más
salvajes. Se mordió el labio inferior, tratando de contener ese deseo primario
de sellar su unión con su compañero de un modo carnal y primitivo, pues era
consciente del fuerte aroma a deseo que exudaba en esos momentos, pero era
inevitable. La pantera que había dentro de él rugía de alegría por haber
encontrado al fin a su alma gemela y necesitaba sentir que la hacía suya.
Se lamió los
labios, intentando mantener un mínimo control sobre sí mismo, aunque este se
desvaneció cuando vio la mirada hambrienta que le lanzó su Alfa a su boca. La
lujuria también emanaba de su cuerpo, haciéndole saber que no era el único
ansioso por estar a solas y dejar que sus manos hicieran algo más que
acariciarlo.
—¿Cómo te llamas?
—logró preguntar, esperando que eso lograra distraerlo.
Los ojos del
jaguar se alzaron hacia los suyos y sonrió, travieso.
Mierda, otra
oleada de humedad inundó su palpitante sexo.
—Naruto —ronroneó,
rozándole esta vez los labios con los suyos, tentándolo a mordisquearlos—. No
sabes lo feliz que estoy de haberte encontrado por fin, llevo tanto tiempo
buscándote... —murmuró, mirándolo como si fuera la criatura más especial de la
faz de la Tierra—. Te prometo que seré un buen compañero, Sasuke. Daré lo mejor
de mí para hacerte feliz. Te protegeré y cuidaré de ti, y tú también puedes
cuidar de mí —dicho esto, esbozó una amplia sonrisa—. He visto la herida que
tenía ese cabrón en el cuello, se la has hecho tú, ¿verdad?
Sasuke asintió,
sonriendo con malicia.
—Vi mi oportunidad
y no la desperdicié.
Naruto gruñó,
complacido.
—Tu cuñado me ha
dicho que mataste a dos de ellos —comentó, mirándolo con una clara admiración—.
Eres un Omega fuerte y me siento honrado de ser tu compañero. Estoy orgulloso
de ti.
Escuchar esas
palabras hizo que Sasuke ronroneara, le gustaba que su Alfa se sintiera así
sobre él. Si bien era cierto que los Omegas tenían los mismos derechos que el
resto de sus congéneres, muchos Alfas en Japón preferían que estos, como
compañeros, fueran dulces, tímidos y más sumisos, les hacía sentirse más…
¿necesarios? ¿Fuertes? ¿Alfas? No estaba muy seguro de qué era lo que buscaban
en ese tipo de Omegas, pero él nunca había encajado en ese estereotipo, igual
que su hermano. Los dos eran hijos del líder de su clan y habían decidido ser
lo bastante fuertes para protegerlo, no les importaba mancharse las garras de
sangre por su gente. Por eso mismo era importante para él que su compañero lo
aceptara tal y como era.
—Entonces, ¿no
debo preocuparme porque vayas a tratarme como a un delicado Omega?
Naruto rio.
—Viendo lo que
eres capaz de hacer, no se me ocurriría menospreciarte —dicho esto, sus ojos
adoptaron un matiz de preocupación y tristeza y le acarició la mejilla con una
ternura que logró que se derritiera por dentro—. Sin embargo, estás malherido,
y probablemente también hambriento y cansado. Deja que esta vez sea yo quien se
ocupe de ti. Te haré una buena comida, nos bañaremos juntos y curaré tus
heridas.
Sasuke no pudo
evitar sonreír un poco. Jamás había permitido que ninguno de sus amantes
cocinara para él, o que le bañara, o cualquier otra cosa parecida, para él
habría sido simplemente ofensivo que creyeran que no era capaz de valerse solo.
Sin embargo, Naruto era su compañero, con él podía hacer una excepción siempre
y cuando él lo hiciera para compartir la intimidad propia de los destinados, no
porque pensara que necesitaba ayuda. Además… podía comprender su malestar. Estaba
herido, sucio, cansado y necesitaba con urgencia comida y agua. Seguro que
tendría un aspecto deplorable por haber estado tres días en cautiverio, era
perfectamente normal que quisiera cuidarlo.
Le dedicó una
pequeña sonrisa y apoyó la cabeza en su amplio pecho, frotándoselo con la
nariz.
—Solo por esta vez
y porque eres mi compañero.
Escuchó cómo su destinado
ronroneaba antes de estrecharlo con fuerza contra sí. Sasuke no se resistió,
cerró los ojos y disfrutó de estar encerrado entre sus brazos y de cómo sus
manos seguían acariciando su espalda para reconfortarlo. La verdad era que le
hacía sentirse muy seguro, protegido y querido. Era una sensación maravillosa.
—Gracias, Sasuke,
prometo no agobiarte. Te pondrás bien en unos días y podemos aprovechar ese
tiempo para conocernos mejor… y ocuparme de otras necesidades —añadió Naruto en
un gruñido bajo que hizo que el Omega se estremeciera, por no hablar de lo que
le provocó una de sus manos, que se había deslizado traviesa hasta su culo para
tantear una de sus nalgas.
Sasuke jadeó y se
arqueó contra su destinado. Tenía unas manos grandes y viriles, de una textura
ligeramente áspera que logró erizar su piel y sus pezones, con unos dedos
largos que seguro se sentirían increíbles si follaran su entrada, la cual, a
esas alturas, estaba tan mojada y palpitante que se sentía incómodo.
—Alfa… —gimió,
necesitado.
—¿Qué coño crees
que estás haciendo?
El Omega se giró
al reconocer la furiosa voz de Shisui. Su cuñado estaba a un par de metros de
ellos, desnudo, puesto que había estado luchando en su forma animal, y lleno de
sangre que no parecía ser suya. No le hizo ni pizca de gracia la manera en la que
asesinaba a su compañero con la mirada.
—Sasuke acaba de
pasar por una dura experiencia ¡y tú vas y te aprovechas de él!
Sasuke se dio
cuenta entonces de que Naruto y él estaban en una postura muy íntima, con él
entre sus brazos, desnudos y muy pegados el uno al otro, por no hablar de la
mano que tenía su Alfa en su trasero. Por supuesto, Shisui no era consciente de
que ambos eran compañeros, eso era algo que solo ellos dos sabían por el olor
que desprendían, mientras que él probablemente estaría aspirando el aroma a
lujuria que emanaba su destinado.
Este avanzó a
pasos furiosos hacia ellos con las garras extendidas y los colmillos asomando
entre sus labios.
—¡Apártate de él!
—rugió, agazapándose para abalanzarse sobre él.
Sin embargo,
Sasuke lo vio venir y todos sus instintos protectores se activaron. A pesar de
estar en pésimas condiciones y del terrible dolor que recorrió su cuerpo al
moverse, logró levantarse sobre las puntas de sus pies y envolver
protectoramente el cuello de Naruto con sus brazos, clavando los dedos en su
espalda con afán posesivo y girándolo de forma que Shisui tuviera que pasar por
encima de él para atacarlo. Sin dudarlo, le rugió a su cuñado como una clara
amenaza de muerte, dejándolo totalmente parado y confundido.
En otra situación,
el Omega jamás habría actuado así con Shisui, había formado parte de su vida
desde que Itachi y él eran niños y era un miembro de su familia desde que
descubrieron que era el compañero de su hermano. Pero, por desgracia para él,
acababa de encontrar a su destinado y su lado animal estaba muy cerca de la
superficie, opacando su raciocinio. Lo único que sabía era que no permitiría
que nadie hiciera daño a Naruto, antes tendrían que matarlo primero.
Shisui se quedó
con la boca abierta.
—Pero, Sasuke…
—No te acerques a
él —le advirtió sin dejar de gruñir—. ¡Es mío! —afirmó, clavando aún más sus
dedos en la espalda de Naruto, aferrándose a él ante la idea de que pudieran
separarlos.
Afortunadamente
para su cuñado, su Alfa empezó a ronronear y a acariciar su espalda con suma
suavidad a la vez que plantaba tiernos besos en su hombro y su cuello. La
sensación de tener sus labios calientes sobre su piel hizo que se estremeciera
con un gemido y que olvidara rápidamente todo lo demás, aflojando el agarre que
tenía sobre su compañero, y, esta vez, abrazándolo mientras hundía su rostro en
el hueco de su garganta para aspirar su delicioso aroma.
—Tranquilo, mi
Omega —lo arrulló Naruto sin dejar de besarlo—. Shisui no lo sabía y se ha
preocupado porque yo estuviera intentando tomarte aprovechando tu estado y que
estás muy cerca del celo.
Sasuke gruñó y le
lanzó una mirada feroz a su cuñado, a pesar de que sus palabras estaban
dirigidas a su destinado.
—Tú eres mi
compañero.
Shisui levantó las
manos en señal de rendición.
—¡Joder! ¿Y yo qué
sabía?
—No habría dejado
que un Alfa me tratara así a menos que fuera mi compañero —le gruñó, ofendido
porque creyera que él se dejaría manosear por cualquiera.
Naruto volvió a
distraerlo pasando la lengua por su oído, haciéndole gemir.
—Ya está, Sasuke
—susurró mientras jugaba con el lóbulo de la oreja—, Shisui solo estaba
preocupado, no pasa nada. Ahora necesito que te centres en mí y me escuches.
Pese a que el
Omega aún estaba un poco enfadado con su cuñado, asintió y se giró para mirar a
su Alfa. Su rostro ya no tenía ninguna muestra de picardía y estaba bastante
serio, de modo que él le prestó toda su atención.
—Dime, mi Alfa.
A Naruto se le
escapó una pequeña sonrisa por el apodo cariñoso, pero después la borró y
señaló su alrededor.
—Hemos dejado un
buen desastre aquí y también muchos cuerpos. Tengo que ayudar a mis ejecutores
y a los lobos a limpiar todo esto, mientras tanto, quiero que vayas con Shisui
al coche y descanses un poco.
—Puedo ayudar
—replicó Sasuke de inmediato, tratando de incorporarse, sin embargo, le falló
una pierna y se habría caído de no ser porque Naruto lo sostuvo entre sus
fuertes brazos.
—Mi Omega —lo
llamó cariñosamente con una sonrisa—, veo que eres orgulloso y te prometo que
la próxima vez dejaré que me ayudes a limpiar la sangre y a quemar los cuerpos
si te hace feliz, pero ahora mismo necesitas recuperarte de tus heridas. En el
coche hay agua y puedes dormir un poco. —Hizo una pausa en la que entrecerró
los ojos con un matiz de inquietud en ellos—. He visto las marcas que te ha
hecho ese cabrón, incluyendo la más reciente en tu cuello. Ya estoy bastante
preocupado por tu salud, no me lo hagas más difícil, por favor.
Sasuke se ablandó
al ver el dolor en sus bellos ojos azules. Realmente odiaba ver sufrir a su
compañero, supuso que tal vez se sentía culpable por no haber llegado antes de
que Orochimaru le hiciera tanto daño. Así que optó por dejar que hiciera su
trabajo, pese a que le molestaba alejarse de él.
—De acuerdo
—accedió, abrazándolo un poco más, resistiéndose a soltarlo—. No tardes.
—Descuida —le
prometió Naruto antes de besarlo en la frente y ayudarlo a ponerse en pie.
Luego, lo entregó a Shisui, que se aseguró de sostenerlo mientras se alejaban
de la masacre que había tenido lugar en el cobertizo.
Una vez fuera,
Sasuke tuvo que entrecerrar los ojos por la repentina claridad del día, pero se
sintió aliviado al estar por fin bajo los cálidos rayos del sol, percibir la
suave brisa meciendo sus cabellos y aspirar el aroma de los árboles. Era verdad
que necesitaba estar fuera de ese lugar donde había estado prisionero, le hacía
falta sentir el aire fresco sobre su piel y la hierba bajo sus pies.
Shisui lo llevó
hasta uno de los coches todoterreno que había aparcados unos metros más lejos,
donde probablemente los habían dejado para que Orochimaru y sus hombres no los
oyeran llegar. Una vez allí, lo metió en la parta trasera con una manta y le
tendió una botella de agua fría, que Sasuke agradeció con creces mientras se
acurrucaba en su asiento. Definitivamente, era mucho más cómodo que el duro
suelo de ese cobertizo.
—¿Cómo estás? —le
preguntó su cuñado.
—Mucho mejor ahora
que esos cabrones están muertos —dijo Sasuke cuando se terminó la botella—.
¿Cómo me encontrasteis?
—Tu padre y yo te
rastreamos hasta aquí, pero te perdimos la pista por la ausencia de cámaras y
tuvimos que pedirle ayuda al clan de Naruto.
Sasuke levantó una
ceja, sorprendido.
—Espera, ¿Naruto
es el líder de su manada?
—Sí, el más joven
de todos los clanes jaguares. Creo que tiene poco más de doscientos años.
Eso era raro.
Normalmente, los Alfas primogénitos se convertían en los líderes de la manada
cuando alcanzaban un mínimo de quinientos años, algunos incluso debían esperar
más tiempo, todo dependía de si su progenitor consideraba si estaban listos o
no para asumir su cargo.
—Al parecer,
Naruto se lleva muy bien con el resto de clanes que hay por aquí a pesar de ser
de otras especies y les pidió ayuda. Uno de los lobos vio a tus secuestradores
en una gasolinera y te olió en ellos, así que fuimos a investigar. No
encontramos nada, así que todas las manadas estuvieron rastreando sus territorios
y los alrededores por si te encontraban, pero Naruto insistió en poner a
alguien en esa gasolinera por si volvían. Resulta que lo hicieron y su ejecutor
los siguió hasta aquí, después nos informó y estuvimos investigando cuántos
Alfas eran para poder trazar un plan antes de sacarte.
Sasuke tuvo que
reconocer que estaba algo impresionado, no era habitual que los clanes se
relacionaran entre sí si pertenecían a razas diferentes, pero, con una alianza
así, era normal que le hubieran encontrado tan rápido.
—Entonces… —empezó
Shisui, que estaba terminando de vestirse—. ¿Naruto y tú?
Sasuke asintió.
—Créeme, yo
tampoco esperaba encontrármelo así —dicho esto, sonrió—, pero me alegro de que
haya dado conmigo.
—Tu padre estará
muy contento cuando lo sepa, aunque Bankotsu se sentirá decepcionado.
Él frunció el ceño
al oír el nombre de uno de los Alfas del clan.
—¿Por qué?
—Estaba convencido
de que no encontrarías a tu destinado y que le escogerías a él como compañero
para que pudierais criar juntos. Siempre ha estado detrás de ti.
—Solo hemos sido
amantes, le dejé muy claro que no buscaba una relación.
—Sin embargo, era
el Alfa al que más frecuentabas para tener sexo.
—Él sabía cómo
tratar conmigo, no esperaba que fuera un Omega sumiso y delicado.
—Precisamente por
eso le gustas tanto, por eso y por la posición que ocuparía en el clan si lo
convertías en tu compañero. Le gusta el estatus y le gusta tu culo. Tendrías
que haber visto cómo se puso Itachi cuando se enteró de cómo fanfarroneaba
acerca de que cuando volvieras de América sin un destinado irías corriendo a
proponerle un acoplamiento. Estará muy embarazado, pero daba un miedo terrible.
Sasuke gruñó.
—Yo no habría ido
corriendo a por él. Habría chasqueado los dedos y él habría venido a mí
moviendo el rabo. De todos modos, ya no tiene importancia porque he encontrado
a Naruto —dijo, profundamente aliviado por haber tenido la gran suerte de dar
con él antes de que entrara en celo. La idea de tener que conformarse con otro
Alfa lo había tenido preocupado. A esas alturas, había creído que ya no había
esperanzas de dar con su destinado, pero, por suerte, la Gran Madre había
decidido unirlos.
—Tu padre estará
feliz cuando se entere —coincidió Shisui con una sonrisa.
—¿Dónde está, por
cierto? —Le extrañaba que su padre no hubiera estado ahí para acabar con los
desgraciados que le habían secuestrado con sus propias garras.
—Esos malnacidos
dejaron un montón de pruebas de tu secuestro, no podíamos permitir que los
humanos se metieran en esto, habría sido muy peligroso. Fugaku se quedó en
Nueva York para borrar todas las huellas.
En ese momento,
Sasuke detectó el olor de Naruto a lo lejos y se irguió sobre su asiento,
ansioso por verlo. Había más aromas a su alrededor, sus jaguares iban con él y
también los cambiantes lobos, uno de ellos estaba muy cerca de él. Eso le hizo
sentirse un tanto receloso, ya que no estaba acostumbrado a la cercanía de una
especie distinta a la suya.
El Alfa no tardó
en aparecer acompañado por un hombre de piel morena, cabello castaño corto y
ojos negros y afilados. Los ejecutores lobos y jaguares iban detrás,
conversando entre ellos alegremente como si fueran amigos de toda la vida, algo
que a Sasuke se le antojaba extraño, aunque para ellos parecía ser lo más
natural del mundo. Notó que todavía olían a sangre, pero también a humo y
ceniza, indicativos de que habían estado limpiando la escena del crimen y
destruyendo los cuerpos.
Naruto y el otro
hombre, que Sasuke supuso que era el líder de los lobos, se quedaron hablando
un momento mientras el resto se despedía y se dirigía a sus vehículos. Su Alfa
le dedicó una inclinación de cabeza, parecía que a modo de agradecimiento, y el
lobo le sonrió y le palmeó la espalda, diciéndole unas últimas palabras antes
de alejarse. Después, Sasuke vio con el corazón acelerado cómo la mirada de
Naruto encontraba la suya e iba hacia ellos. Cerró los ojos cuando llegó hasta
él y le envolvió con sus fuertes brazos, frotando su mejilla contra la suya
para mostrarle afecto.
—¿Estás mejor? —le
preguntó Naruto con un susurro.
—Sí —respondió
Sasuke, sonriéndole.
Su Alfa le
devolvió el gesto y luego se separó un momento para coger una bolsa del
maletero que contenía su ropa, se vistió rápidamente y después entró en el
coche, colocándolo diestramente y sin esfuerzo sobre su regazo para abrazarlo.
Él no opuso resistencia y se pegó a su cuerpo, disfrutando de los duros
músculos de su torso y de su piel caliente.
—Bien —dicho esto,
miró un momento a Shisui, que ya se estaba colocando en el asiento del
conductor—. Vamos a ir a mi casa. Podrás comer, darte un baño y descansar. Te
sentirás mucho mejor después de eso.
—Y mañana
estaremos de vuelta en Nueva York, así que no te preocupes —comentó el Uchiha
mientras arrancaba el motor e iniciaba la marcha.
Tanto Sasuke como
Naruto se quedaron mirándolo.
—¿Qué?
—preguntaron al unísono.

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