Nuestros cachorros
La
Navidad estaba a la vuelta de la esquina y el centro comercial de Kioto estaba
a rebosar de luces y adornos navideños, sumiendo a los que entraban a hacer las
compras de última hora en un ambiente alegre y familiar, provocando que todo el
mundo estuviera de buen humor.
Bueno,
casi todos.
Bankotsu
suspiraba un tanto deprimido mientras buscaba un regalo para sus sobrinos. No
es que la vida le fuera mal exactamente, era bueno en su trabajo y le iba
bastante bien, tenía amigos que le apreciaban y una familia formada por sus
padres y sus hermanos, los cuales ya estaban felizmente casados y con hijos...
pero él... él no tenía buena suerte. Había tenido un par de relaciones en los
últimos años, pero no habían funcionado. No hacía mucho que su última novia
había roto con él, no es que llevaran mucho tiempo, pero era frustrante estar
solo la mayor parte del tiempo.
Ahora
que lo pensaba, la mejor relación que había tenido nunca fue con...
—¿Naruto?
—exclamó, parpadeando al ver a un doncel rubio en los estantes de los juguetes.
Estaba
hermoso. Se había dejado el cabello largo y lo llevaba recogido en una trenza
de la que se habían soltado algunos mechones que ahora enmarcaban su feliz
rostro de facciones dulces y sus preciosos ojos azules. Llevaba unas botas
marrones que parecían de piel, unos vaqueros que se ajustaban a sus bonitas
piernas y a su sexy trasero... y le llamó la atención que el jersey rojo oscuro
delineara su redonda barriguita, al parecer, tantos gofres habían dado por fin
sus resultados. Si es que se lo dijo...
Pero,
tal vez, el hecho de que se hubieran encontrado allí fuera cosa del destino.
Tal vez podría acercarse... hablar con él... pedirle una segunda oportunidad...
—¡Paaaapiiiiiiiiiiii!
Bankotsu
se quedó con la boca abierta al ver cómo tres niños se abalanzaban sobre el
doncel entre gritos de alegría. Eran trillizos y parecían ser todos varones a
primera vista; cada uno de ellos tenía el pelo de un color distinto, negro,
rubio y rojizo; pero todos tenían la piel de un tierno tono tostado claro, casi
color crema, y unos ojos azules como el cielo despejado. También tenían unas
marquitas en las mejillas que terminaron por confirmarle lo que ya había
supuesto por el parecido... que eran los hijos de Naruto.
El
corazón le dolió un poco al ver la alegría con la que los niños se abrazaban a
sus piernas entre risas, mientras que el rubio sonreía cálidamente y les
revolvía el cabello con ternura mientras les decía algo que no llegó a oír. De
inmediato, los pequeños se apartaron un poco, intercambiaron un par de palabras
más y luego echaron a corretear por el pasillo, haciendo que Naruto los
contemplara con un brillo feliz en los ojos.
En
ese momento, vio que aparecía Kushina con otro niño en brazos que tendría unos
tres años. Su piel rosada hacía resaltar su intenso cabello negro con reflejos
azules, y sus facciones delicadas le hicieron sospechar que era un doncel. La
mujer se detuvo un momento para intercambiar un par de palabras con su hijo, el
cual parecía un poco arrepentido por algo, pero Kushina le quitó importancia
con un gesto de la mano antes de perseguir a los tres revoltosos niños.
El
siguiente al que vio fue a Minato... seguido por alguien a quien no esperaba
volver a ver: Sasuke Uchiha. Sintió una punzada de envidia al ver que, a pesar
de que habían pasado ocho años, seguía siendo lo suficientemente guapo como
para protagonizar las portadas de las revistas: alto, musculoso, con el cabello
lustroso y largo hasta los hombros, parecía una puñetera estrella de cine. Lo
peor de todo era que llevaba en brazos una niña que parecía ser la gemela del
pequeño que llevaba Kushina, y que era un minicopia suya... y, a juzgar por el
amoroso beso que le dio Naruto en la frente, parecía ser la hija de ambos.
La
cabeza empezó a darle vueltas. Aún recordaba lo unidos que parecían estar esos
dos en aquella maldita cena navideña que fue un completo desastre para él, pero
jamás imaginó que el rubio seguiría estando para entonces con ese millonario,
se suponía que los tipos como él acababan casados con modelos súper sexys, no
con alguien tan... normal. Además, ¡¿cinco hijos?! ¿Qué clase de playboy rico
tenía cinco hijos? ¡Era una locura! Siempre supo que Naruto quería tener un
montón de niños, era uno de los motivos por los que su relación se había
tambaleado, a él le agobiaba la idea, pero ese Uchiha... parecía también muy
feliz mientras sostenía a su hija en brazos.
En
ese momento, Sasuke dejó a la pequeña con Minato, quien la acunó cariñosamente
en su pecho antes de dejar a la pareja a solas y reunirse con su mujer y sus
otros cuatro nietos. Entonces, el varón cogió al doncel por la cintura mientras
le sonreía cálidamente y hablaban de algo que no podía oír, pero Naruto parecía
muy ilusionado, supuso que sería por algo relacionado con las fiestas.
Después,
y para su más absoluta sorpresa, Sasuke acarició suavemente el vientre del
doncel, contemplándolo con adoración. A Bankotsu se le cayó el mundo encima al
entender que Naruto no estaba gordo, sino embarazado... otra vez.
Para
terminar de cavar su foso, el hombre abrazó al rubio y lo besó. Vio con
desolación cómo Naruto aceptaba encantado el beso y se lo devolvía con dulzura
mientras tomaba su rostro entre sus manos, como si lo quisiera más cerca.
De
repente, se sintió como un idiota. Si no se lo hubiera creído tanto y no
hubiera cedido a los encantos de Karin, ahora podría estar con Naruto,
probablemente casados... o tal vez no. Esos dos parecían muy felices con su
ejército de niños, pero él no estaba nada cómodo con la idea de ser padre, y
probablemente el rubio no habría seguido con él al darse cuenta de que no
cambiaría de opinión.
Impotente,
observó cómo los trillizos regresaban con sus padres, los cuales les sonrieron
y les acariciaron el pelo como muestra de afecto. Después, Sasuke cogió al
rubio por las axilas y lo levantó por encima de su cabeza, sentándolo sobre sus
anchos hombros, mientras que los otros dos cogieron de las manos a Naruto y lo
guiaron con sus abuelos, que los esperaban en una esquina para seguir mirando
juguetes y adornos.
Bankotsu
los observó hasta que desaparecieron, lamentándose porque, tal y como le dijo
el Uchiha años atrás, había perdido una maravillosa oportunidad para estar con
el rubio.
—Mmm...
Se siente genial... —gimió Naruto mientras cerraba los ojos y echaba la cabeza
hacia atrás sobre la almohada.
Sasuke
sonrió mientras seguía masajeándole los pies. A su embarazado esposo se le
habían hinchado los tobillos por pasar toda la tarde en el centro comercial y
ahora estaba tumbado en su cama, vestido solo con unos cómodos calzoncillos que
no le apretaran la barriguita donde descansaba su hijo y una de sus grandes
camisetas, que Naruto aún utilizaba para dejar su aroma en ella.
Aún
le costaba creer que no hubiera muerto para reunirse con su familia y, que en
vez de eso, hubiera encontrado un compañero y formado su propia camada.
Todavía
recordaba el día en que Naruto le dijo que esperaba un cachorro suyo. Para
entonces, llevaban dos años juntos viviendo en Kioto, en una cabaña que
construyó él con ayuda de otra manada de lobos que había sido amiga de la suya
y que incluso le ofreció un hueco para él si lo deseaba, pero lo rechazó porque
en ese entonces ya había conocido a su rubio y solo quería estar a su lado. Él
había pegado papeles por toda la casa a modo de juego, diciéndole que tenía una
buena noticia, y él había buscado las pistas hasta encontrar un sobre donde
había una ecografía; era oscura y apenas se veía nada, pero supo lo que
significaba. Entonces, Naruto apareció junto a él y le sonrió mientras se
tocaba el estómago y le decía que sí, que iba a ser padre.
Su
lado animal aulló de alegría mientras que él cogía a su compañero en brazos y
lo besaba con pasión mientras lo llevaba al dormitorio. Para un hombre lobo no
había mayor felicidad que formar su propia manada, una compuesta por su
compañero y sus cachorros. No le sorprendió mucho descubrir que serían
trillizos, eran normal que entre los de su especie nacieran de una vez cuatro o
cinco crías, pero siendo Naruto humano, su cuerpo no soportaría tantos niños en
su interior y por eso tuvo tres.
A
él no le importó. Amaba a su compañero por el sacrificio de llevar a sus hijos
lobos en su vientre, a pesar de saber que el embarazo sería un poco más duro
para él. Él ya sabía que los bebés tendrían su genética, había oído de gente de
su especie que se emparejaba con humanos y, al parecer, los genes de los
cambiantes siempre eran predominantes, por lo que ya sabían seguro que tendrían
unos preciosos cachorritos. A Naruto solo le asustó si nacían en su forma
animal, tenía miedo de que el médico viera a sus lobitos saliendo de su cuerpo,
pero Sasuke lo tranquilizó diciendo que nacerían humanos, aunque le emocionó
saber que, si sus hijos fueran animales, él los amaría igualmente y les daría a
luz. Además, sus niños serían incapaces de cambiar de forma hasta que llegaran
a la pubertad, pero mostrarían rasgos de lobo, como los sentidos más agudos,
mejor condición física y algún comportamiento similar de su especie.
Por
eso mismo, decidieron que era el momento de decirles la verdad a Minato y
Kushina. Por supuesto, ambos se lo tomaron a broma... hasta que Sasuke se
transformó delante de ellos. La pelirroja, del susto, no dudó en atacarlo con
el bolso, que era lo que tenía más a mano, aunque Naruto supo que le habría
gustado tener una escoba o algo, mientras que Sasuke solo se limitó a
esquivarla y huir de ella, jamás le haría daño a la madre de su compañero, por
no decir que entendía perfectamente su reacción.
Minato
se lo tomó con mucha más calma... una vez hubo asimilado lo que había visto,
que su hijo no parecía en absoluto aterrado o sorprendido y que, además, estaba
perfectamente bien. Así que se encargó de tranquilizar a su mujer, diciéndole
que si Naruto ya lo sabía y no había huido, era porque no pasaba nada, además
de que conocían a Sasuke, era una buena persona que quería mucho a su hijo.
Pese a que le costó un poco, más por la impresión y la sorpresa que por
rechazo, finalmente aceptó a Sasuke, algo alucinada todavía, pero se le pasó
del todo cuando Naruto anunció que estaba esperando a sus nietos, lo que la
volvió loca de alegría y hasta besó efusivamente al hombre a pesar de que lo
acababa de ver convertido en un enorme lobo.
El
parto fue difícil para Naruto, y muy largo, pero aguantó hasta el final, Sasuke
se sintió muy orgulloso de él. Tuvieron tres preciosos varones que eran
idénticos a su padre doncel en rasgos, pero dos de ellos tenían el pelo
distinto, uno de color negro como el de su otro padre, al que llamaron Menma, y
el segundo era pelirrojo como su abuela, al cual le pusieron Kurama. El
tercero, que era rubio como su papi, le dieron de nombre Narumi. Eran un poco
revoltosos y traviesos pero, debido a sus genética, estaba en su naturaleza
seguir las órdenes de un alfa, por lo que eran muy obedientes con Sasuke, al
que respetaban y admiraban y, también debido a su naturaleza animal, sentían
mucho cariño hacia su padre doncel, por el que se preocupaban ya que percibían que
él era diferente a ellos y también más frágil, pero lo amaban con locura y,
cuando fueran más mayores, sentirían el instinto primario de protegerlo.
Dos
años después, vinieron los gemelos Saki y Miko, que eran la viva imagen de su
padre lobo, pero eran un doncel y una niña. Ellos eran más tranquilos que sus
hermanos mayores, los cuales los mimaban y protegían (como eran cambiantes
lobo, no sentían envidia de sus hermanos menores, sino que debían cuidar de
ellos precisamente por ser más pequeños), pero también algo tímidos, lo que
despertaba ternura en cualquiera que posara sus ojos sobre ellos.
Y
ahora, Naruto estaba esperando su sexto hijo. Sasuke no podía ser más feliz ni
estar más orgulloso de él y sus cachorros, pero ya había decidido que este
sería el último niño que tendrían. Pese a que cada vez se quedaba embarazado de
menos hijos, cada parto había sido más duro que el anterior, y los meses que
pasaba en estado también eran más cansados para el doncel. Sasuke comprendió
rápidamente que el pequeño cuerpo de su rubio ya no podía soportar más
embarazos de cachorros, era demasiado para él, por eso le había pedido su
permiso para que le operaran nada más diera a luz a su último cachorro, no
quería que en el futuro su vida corriera peligro por darle más hijos. Naruto
estuvo de acuerdo, añadiendo con una sonrisa que con seis trastos en casa eran más
que suficientes.
Lo
cierto es que todo les iba bastante bien. Naruto había recibido una oferta de
una productora de cine para que hicieran una película basada en uno de sus
libros de fantasía, y los Hoteles Uchiha se habían extendido más allá de Japón,
llegando a Estados Unidos, y ahora en Europa parecían haber llamado la
atención. Sasuke también había tenido suerte con el camping, le gustaba a mucha
gente y lo había ampliado, haciéndolo más completo, por lo que todo el año
estaba lleno; en primavera y verano solían venir familias humanas porque hacía
buen tiempo pero, durante las otras dos estaciones, Naruto se sorprendió al
descubrir que iban cambiantes allí, ya que la zona estaba aislada y podían
cambiar de forma a placer, por lo que conoció no solo a otras manadas de hombres
lobo, sino también a hombres oso e incluso cambiantes de razas felinas. Y como
ellos vivían a pocos quilómetros de allí, sus hijos podrían crecer con gente de
su especie. Era perfecto.
La
vida les sonreía sin lugar a dudas.
—Te
dije que tendrías que haberte quedado en casa —lo regañó Sasuke con suavidad,
subiendo las manos por sus piernas desnudas para masajearle los muslos.
Naruto
hizo un puchero.
—Estoy
de cinco meses, todavía puedo andar un rato... y sabes que me hacía ilusión ver
la ciudad decorada.
Sí,
él lo sabía, y por eso no se había negado en redondo a que lo acompañara a
buscar regalos. Con un suspiro, acomodó su cuerpo entre sus piernas sin dejar
de presionar los puntos clave de su cuerpo para relajarlo.
—Ya
lo sé... pero también eres consciente de que cada embarazo es más duro para ti.
Solo quiero ser cuidadoso, cuando nacieron Saki y Miko te costó mucho y
perdiste el conocimiento nada más terminar de empujar. Me asusta lo que pueda
pasar en el parto.
Naruto
levantó sus pequeñas manos hacia él, indicándole que lo quería cerca. Sasuke no
dudó en obedecer, acostándose a su lado, nunca se ponía encima de él mientras
estaba embarazado, temía hacerle daño al bebé sin querer. Una vez tumbado,
acomodó a su doncel entre sus brazos, cubriendo sus piernas con una de las
suyas, a pesar de que la casa estaba lo suficiente caldeada como para que no
pasara frío, pero le gustaba envolverlo con su cuerpo. Una de sus manos fue
directa a su vientre, metiéndola por debajo de la camiseta para poder sentir a
su cachorro.
Naruto
le acarició el rostro con una sonrisa cargada de amor.
—Todo
irá bien, y si pasa algo, tú estarás ahí para ayudarnos a nuestro hijo y a mí
—dicho esto, le dio un beso dulce en los labios—. No te preocupes, estaremos
bien, ya lo verás.
Sasuke
asintió, solemne, prometiéndole con la mirada que él los cuidaría pasara lo que
pasara. Después, se inclinó sobre su rostro para besarlo tierna y
apasionadamente al mismo tiempo. Su compañero suspiró felizmente contra sus
labios y rodeó su cuello con los brazos, sacando su traviesa lengua para
seducir su boca. El lobo no se resistió a esa dulce tentación y sacó la suya
para que ambas se entrelazaran en una danza ya familiar. Aun así, su mano no
abandonó el abultado vientre de su esposo, sino que levantó más su camiseta
para dejarlo al descubierto y acariciarlo a placer.
Notó
que Naruto sonreía y se apartó un poco para interrogarlo con la mirada. Su
rubio soltó una risilla.
—Debes
de ser el único hombre del mundo al que le excita ver a su esposo gordo.
Sasuke
frunció el ceño.
—No
estás gordo, estás embarazado de mi cachorro —replicó antes de inclinarse sobre
su vientre y frotarlo con su mejilla al mismo tiempo que ronroneaba—. Verte
hinchado con mi semilla es una de las cosas más hermosas que he visto.
—¿Y
cuáles son las otras?
El
lobo le sonrió.
—Tú
y mis cachorros, por supuesto.
Naruto
lo miró como si le estuviera llamando zalamero,
pero luego sonrió y hundió los dedos en su cabello para acariciarlo, haciéndole
gruñir de placer.
—Si
no tuviéramos que bajar a cenar con los cachorros y tus padres te demostraría
ahora mismo lo sexy que me pareces, embarazado o no.
Su
esposo rio sin dejar de tocarle el pelo.
—Bueno,
esta noche puedes hacerlo.
Sasuke
esbozó una sonrisa traviesa, ansioso por tener a su doncel gimiendo en su oído
mientras le hacía el amor despacio, no quería ser brusco con él mientras
estuviera en ese estado tan frágil... pero cuando estuviera recuperado... Se
tragó el gruñido que estaba a punto de soltar y decidió pasar el tiempo que
tenían hasta la cena mimando su vientre y ronroneando para él mientras este
seguía jugando con los mechones de su pelo, tocándolo con ese cariño que le
había brindado desde que cuidó de él en aquella clínica hace ocho años.
Estuvieron
unos minutos así, hasta que Sasuke empezó a notar algo diferente en el aroma de
su compañero, un cambio que llamó su atención y lo sobresaltó, haciendo que
olfateara su vientre, tratando de percibir si había algo malo en su química
corporal, ya que los lobos, como los perros, tenían un olfato tan desarrollado
que podía notar esas cosas.
Sin
embargo, no era nada de eso. Hundió la nariz en su vientre, ronroneando más
fuerte. Naruto, que lo conocía muy bien, notó que había pasado algo y le
tironeó con suavidad de un mechón de cabello.
—¿Qué?
—Huelo
a mi hijo —dijo Sasuke, aspirando fuertemente—. Es muy leve, pero en unos días
su aroma se mezclará con el tuyo —dicho esto, levantó sus felices ojos oscuros
hacia su compañero—. Gracias, Naruto. Te quiero.
Su
esposo también parecía emocionado; él comprendía que los lobos se relacionaban
con su entorno mediante los olores, por lo que el percibir el aroma de su
cachorro, para Sasuke era un equivalente a que una persona viera por primera
vez una ecografía de su hijo ya completamente formado, era ese momento en el
que te dabas cuenta de que no era una broma o idea abstracta, sino que tu bebé
estaba realmente ahí dentro a la espera de nacer.
El
lobo besó efusivamente a su compañero, quien le acarició el rostro.
—¿Por
qué no llamas a los niños?, para que también lo huelan.
Sasuke
esbozó una sonrisa de pura felicidad.
—Tienes
razón —dicho esto, hizo amago de salir de la habitación, pero Naruto lo detuvo
cogiéndole del bajo de la camiseta.
Cuando
lo miró, estaba un poco sonrojado.
—Deja
que me ponga unos pantalones primero.
Sasuke
entendió rápidamente que no quería que sus padres pensaran mal por estar medio
desnudo y le ayudó a ponérselos. Después, salió de la habitación y llamó a sus
cachorros que, obedeciendo a su padre alfa, se presentaron inmediatamente ante
él, los más pequeños con un poco de torpeza y con curiosidad, mientras que los
tres lobitos más mayores tenían una expresión de preocupación.
—¿Papi
está bien? —preguntó Menma, que en esos años parecía haberse convertido en el
líder de la camada, dado que el resto de sus hermanos tenían tendencia a
seguirle.
Los
trillizos ya tenían una edad en la que comprendían que su padre doncel estaba
en un estado muy frágil, por lo que cuando Sasuke los había llamado, lo primero
en lo que habían pensado era en su salud.
Su
padre lobo se agachó para sonreírles.
—Sí,
se encuentra bien, no os preocupéis —los tranquilizó, acariciándoles el
cabello—. Veréis, ya podéis oler a vuestro hermano.
Tres
pares de ojitos azules brillaron de la emoción.
—¡¿En
serio?! —exclamaron al unísono antes de entrar corriendo en la habitación de
sus padres. Sasuke rio al imaginarlos saltando sobre su esposo para asaltar su
vientre, pero no le preocupaba que hirieran a su hermano aún no nato.
Por
otro lado, los pequeños Saki y Miko parecían totalmente confundidos, solo
tenían tres años y apenas hablaban, por lo que Sasuke cogió a su pequeña con un
brazo mientras que a su hijo lobisón lo tomó de la mano para llevarlo con su
compañero, el cual parecía incapaz de dejar de reír mientras sus otros tres
cachorros se habían arremolinado alrededor de su vientre para olfatearlo.
—¿Alguno
lo huele? —preguntó Narumi.
—Solo
huelo a los papás —dijo Kurama.
—Papá
ha dicho que nuestro hermano ya tenía aroma, seguid buscando —ordenó Menma, que
examinaba cada centímetro de piel del vientre de su padre doncel.
Sasuke
no pudo evitar reír mientras se acercaba.
—Es
un olor muy leve, no os preocupéis si no lo notáis, a lo largo de los días será
más fuerte —dicho esto, dejó a sus otros dos hijos sobre la cama y los instó a
ir con Naruto—. Dejad sitio a vuestros hermanos.
Los
trillizos obedecieron y vigilaron que no se hicieran daño ellos mismos ni al
bebé. Curiosamente, ellos sí parecieron notar el leve aroma de su hermano
pequeño, porque empezaron a ronronear y a frotar su cara contra su vientre.
Ahí, los otros cachorros se picaron y volvieron a olfatear, intentando detectar
al futuro miembro de su camada mientras Naruto les acariciaba el cabello con
cariño y Sasuke se sentaba junto a él, vigilando que los cachorros se
comportaran con una sonrisa divertida.
—¡Lo
encontré! —chilló Kurama, lleno de alegría.
—¡A
ver, a ver! —exigieron los otros dos, que prácticamente aullaron al notar por
fin el ligero aroma del bebé.
—Hola,
hermanito —lo saludó Menma, acariciando la tripita de Naruto—, yo soy Menma y
tengo muchas ganas de que nazcas para verte.
—A
veces somos un poco escandalosos —comentó Narumi, ronroneando—, pero nos
queremos mucho y también te querremos mucho, mucho, mucho a ti.
—Ya
verás, lo pasarás muy bien con nosotros y cuidaremos siempre de ti —añadió
Kurama.
En
ese momento, los finos oídos de Sasuke captaron un sollozo y alzó la vista,
encontrándose con Minato y Kushina en la puerta del dormitorio, a la cual le
caían lágrimas por las mejillas mientras su marido la abrazaba.
—Seré
una tonta, pero a mí estas escenas lobunas me emocionan.
—No
pasa nada, mujer, es normal. Después de todo, son nuestros nietos.
Sasuke
sonrió y luego contempló la escena que había frente a él: su compañero
embarazado de un nuevo cachorro y rodeado por el resto de su camada, que le
hablaba a su nuevo hermano y le profesaba muestras de afecto a él y a su
doncel, quien sonreía tranquilo y feliz.
Todavía
le costaba creer la gran suerte que había tenido. Le resultaba extraño pensar
que, a partir de la tragedia que asoló a su familia, encontró a la persona que
le daría la felicidad más absoluta... pero no se arrepentía de nada.
Sobreponerse a su dolor, decidir seguir viviendo un poco más para conocer a
aquel misterioso doncel que le había salvado, era lo mejor que había hecho
nunca.
Puede
que su manada muriera, pero ahora tenía una nueva. Una a la que amaba por
encima de todo, y que no cambiaría por nada.

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