Nuestro nombre
Sasuke
Uchiha estaba que echaba humo.
Sabía
que no era culpa de la empresa y que él tenía responsabilidades hacia ella,
pero ¿a quién demonios se le ocurre planificar una reunión de negocios cuando
faltaban pocas semanas para Navidad?
Al
parecer, a sus amigos europeos.
Los
Hoteles Uchiha se habían estado extendiendo durante los últimos años fuera del
país, llegando hasta Estados Unidos y, no hacía mucho, habían llamado la
atención de algunas empresas hoteleras europeas, de modo que sí, habían estado
reuniéndose con ellos durante aquel último año, sin embargo, se suponía que él
ya estaba de vacaciones y que, de hecho, sus empleados deberían de estar
disfrutando también de ellas, pero no, los suizos tenían prisa por tener ya un
contrato redactado con su empresa.
Él
no debería estar en la sede de la empresa, vestido con un incómodo traje
(odiaba los trajes, era incómodo llevarlos y se sentía muy poco lobo con ellos
puestos), esperando a recibir a unos suizos que se creían el puto culo del
mundo y que los demás no tenían nada mejor que hacer.
Él
debería estar en el hospital.
Con
Naruto.
Su
último embarazo fue muy duro, el más difícil que había tenido. A partir de los
seis meses, su cansancio fue en aumento y apenas tenía apetito, pero aun así se
esforzó por comer bien para que el bebé estuviera sano y andaba un poco todos
los días, aunque a veces lo único que podía hacer era pasearse por la casa, ya
que un día que salieron por el bosque para hacer una parte de su camino
habitual, Naruto desfalleció y Sasuke tuvo que llevarlo corriendo al hospital.
El noveno mes, le costaba mucho levantarse de la cama, pero lo hacía por su
cachorro tanto como podía.
Sin
embargo, este no nació.
Preocupados,
fueron al médico, quien les dijo que a veces era normal que los niños se
retrasaran y que le dieran un poco más de tiempo. Obedecieron las indicaciones,
pero su inquietud no desapareció, aunque el doncel trató de estar lo más
tranquilo posible y no estresarse para que no le afectara a su hijo. Sasuke
intentó hacer lo mismo y ocultar sus temores, tanto por su compañero como por
el resto de sus cachorros, que percibieron que algo andaba mal y no quisieron
separarse mucho de su padre embarazado; los más mayores insistieron en hacer
turnos entre ellos para cuidarlo y que no estuviera solo y, a veces, Sasuke y
Naruto se despertaban con Saki y Miko con ellos, que aunque no entendían aún lo
que ocurría, sabían que estaba pasando algo con su progenitor.
Minato
y Kushina se quedaron con ellos durante esos meses para ayudar a Sasuke con
Naruto y los niños. Lo cierto es que el lobo lo agradecía, su presencia lo
tranquilizó un poco, pues sabía que podía contar con ellos para cuidar de sus
cachorros y su compañero las pocas veces que tenía que salir para trabajar.
El
décimo mes pasó y tuvieron que regresar al médico de nuevo, esta vez asustados
porque el bebé no parecía querer nacer. Le hicieron unas cuantas pruebas a
Naruto para asegurarse de que no le pasaba nada al niño y que estuviera bien,
todas dijeron que estaba sano y bien formado, estaba listo para nacer. Al
final, su doctor programó una cesárea para sacarlo unas semanas después. No
podían esperar más o sería perjudicial para él y para el doncel.
Sin
embargo, pocos días después, Sasuke se despertó en mitad de la noche sobresaltado
por el desgarrador grito de Naruto. Su compañero se retorcía mientras se
agarraba el vientre.
Minato,
Kushina y los niños también lo oyeron y fueron corriendo a la habitación.
Sasuke aún recordaba a Saki y Miko llorando en los brazos de sus suegros,
asustados, y a sus tres hijos mayores tratando de consolar a Naruto y
suplicándole que aguantara mientras él lo llevaba en brazos hasta el coche. No
los dejó ir con ellos, le pidió a Minato que se quedara allí y los cuidara a
todos, que trataran de descansar hasta el día siguiente y que él los llamaría
en cuanto tuviera noticias.
Fue
a toda velocidad a urgencias y, a pesar de ello, le pareció el viaje más largo
de su vida. Naruto había estado a su lado, aferrando su vientre con ademán
protector, la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados con fuerza, tratando
de no gemir de dolor, aunque a veces se le escapaba algún grito por culpa de
las contracciones. Al llegar al hospital y bajar del coche, Sasuke olió la
sangre. Un vistazo rápido a las piernas de Naruto y se dio cuenta de las
manchas rojas que mojaban la tela de sus pantalones.
Nunca
en su vida había estado tan aterrado como en ese momento.
Fueron
atendidos de inmediato; pusieron al doncel en una camilla y se lo llevaron al
quirófano. Sasuke quiso ir con él, pero no le dejaron entrar.
Fue
un duro golpe para él.
Le
prometió a Naruto que si las cosas iban mal, estaría ahí con él y su hijo, que
procuraría que no les pasaría nada... y, en cambio, lo único que pudo hacer fue
quedarse en la sala de espera, sentado mientras rezaba todo lo que sabía para
que su compañero y su cachorro salieran de esta sanos y salvos.
Fue
una noche muy larga. A veces no podía estar sentado y se paseaba en círculos
delante de la puerta que conducía a la sala de operaciones, otras se quedaba de
cara a la pared, apoyando la frente en esta, desesperado por no saber lo que
estaba ocurriendo, ya que sus sentidos no recogían nada desde allí, solo
alcanzaba a escuchar los susurros tensos de los médicos y el fuerte olor a
químicos que quemaba su nariz, impidiendo que pudiera identificar el olor de su
compañero, y algunas volvía a sentarse y enterrar su rostro entre sus manos,
diciéndose a sí mismo que los dioses no podían ser tan crueles para hacerle
eso, arrebatarle primero a su manada, enviarle a un ángel rubio para salvarle
la vida y luego quitárselo. No sabía lo que haría si lo perdía. Ahora ya no
podría saltar delante de un coche, tenía a sus cachorros, era incapaz de
abandonarlos... pero era consciente de que, sin Naruto, una parte de él moriría
para siempre.
No
se dio cuenta de que ya era de día hasta que Minato llegó al hospital. No había
estado seguro de si llevar a Kushina y los niños, pues él aún no le había dicho
nada sobre su hijo y su nieto y no quería que los más pequeños se asustaran más
de lo que ya estaban; habían pasado muy mala noche y había tenido suerte de que
se quedaran dormidos del cansancio para que él pudiera salir sin que estos
insistieran en ir con él. Sasuke lo agradeció y dejó que el hombre lo
consolara.
Poco
después, salió el médico que había atendido a Naruto. Llevaba una bata limpia,
pero Sasuke aún podía oler la sangre de su compañero en él. Se estremeció,
esperando con el corazón en un puño que le dieran las noticias.
Ambos
estaban bien. Naruto y el cachorro.
A
Sasuke por poco le fallan las piernas del alivio.
El
médico les explicó que tuvieron que hacer una cesárea de emergencia porque el
niño no había estado en una buena posición para nacer y, aparte, el doncel
perdió mucha más sangre de la que esperaban, por lo que, tras sacar al bebé,
tuvieron que intervenirlo de inmediato. El pequeño estaba sano, no tenía ningún
problema y había sido trasladado a una sala para tenerlo en observación, y
Naruto se encontraba fuera de peligro, pero estaba todavía muy débil a causa
del duro embarazo y necesitaba muchos cuidados y reposo, además de unas cuantas
transfusiones de sangre hasta que estuviera recuperado, y también mucho hierro.
Para
Sasuke, eso era suficiente. Lo único que importaba era que los dos estaban
bien.
Decidió
ver primero a su compañero, que era el que había estado más en peligro, solo
para asegurarse de que estaba bien. Estaba inconsciente y se le veía cansado y
más delgado que antes de quedarse embarazado, pero parecía estar bien. Eso sí,
se prometió a sí mismo darle bien de comer para que recupera su peso habitual y
que cuidaría de él. Se quedó un rato con él, acariciándole el cabello y el
rostro, poco dispuesto a separarse tan rápido de él después de lo que había
ocurrido mientras que Minato llamaba a Kushina para informarla de que todo
había salido bien y que ya podía traer a los niños. Solo cuando ellos llegaron,
pudo dejar a Naruto, solo porque sus padres se quedarían con él mientras iba a
ver a su sexto hijo por primera vez junto al resto de sus cachorros.
Estaba
en la sala de los bebés y, por el momento, no podían entrar, pero al menos las
enfermeras tuvieron el detalle de acercar su camita hasta ellos para que
pudieran verlo. Como siempre que veía uno de sus cachorros nada más nacer, a
Sasuke le invadió una poderosa oleada de ternura y amor paternal que sacudió su
pecho, dándole ganas de aullar. Sus hijos también se mostraron muy ilusionados
e impacientes por poder acariciarlo y frotarse contra su cuerpo para que
tuviera su olor, marcándolo así como un miembro de su manada.
Una
de las enfermeras le preguntó por el nombre del bebé para poder registrarlo,
sin embargo, lo cierto era que Naruto y él no lo habían decidido aún, cuando el
embarazo se puso difícil, estaban tan preocupados y concentrados en que todo
fuera bien para el niño que se les olvidó ponerse de acuerdo. Le pidió a la
enfermera que, por ahora, dejara en su etiqueta Sasuke Uchiha para poder
diferenciarlo de los demás bebés y que dejara los formularios del registro para
más tarde, ya que no quería ponerle un nombre sin Naruto.
Estuvieron
poco tiempo con el benjamín de la camada, pues los cachorros estaban un poco
inquietos por su padre doncel y querían verlo y asegurarse de que estaba bien,
así que entraron silenciosamente en su habitación, encontrándolo junto a sus
abuelos, todavía inconsciente. Sin embargo, Sasuke les aseguró que su papi ya
estaba bien y que solo necesitaba mucho descanso antes de regresar a casa. De
hecho, Naruto estuvo dormido todo el día, hasta bien entrada la noche. El lobo
tuvo que pedirles una vez más a sus suegros que cuidaran de los niños y que los
llevaran a casa mientras que él se quedaba por si su doncel despertaba.
Y
así fue. Sasuke no recordaba a qué hora exacta fue, pero sí que era de
madrugada y que fue el gemido de su compañero lo que le hizo abrir los ojos de
golpe, encontrándose a su rubio medio despierto con una mueca de dolor. Se
había levantado de un salto y había ido a su lado de inmediato.
—Ey,
tranquilo, tranquilo, estoy aquí —le dijo, cogiéndole una mano y con la otra
acariciando su cabello.
Naruto
parecía confundido y algo desorientado.
—Sasuke...
—Estás
en el hospital —le explicó, pasando sus dedos por su mejilla y sonriéndole,
profundamente aliviado porque estuviera despierto—. Tuviste a nuestro cachorro,
está bien. Los dos estáis bien.
Al
rubio le costó un poco, pero finalmente digirió lo que le estaba diciendo y
logró esbozar una feliz sonrisa.
—¿De
verdad?
—De
verdad —dicho esto, lo besó suavemente y lo abrazó con cuidado, procurando no
hacerle daño—. ¿Cómo te sientes?
—Muy
cansado. ¿Qué ha pasado?
Sasuke
se estremeció al recordar la sangre que le había manchado el pantalón.
—Te
hicieron una cesárea de urgencia para salvar al bebé, no estaba en una buena
postura para que pudieras parirlo por tu cuenta. Él estaba bien... pero tú
perdías mucha sangre. Tuvieron que operarte rápidamente. Tendrás que pasar una
temporada aquí con transfusiones de sangre, y el médico mencionó que
necesitarías hierro también.
—Pero
nuestro hijo está bien, ¿verdad?
El
lobo se apartó y le sonrió, acariciando su hermoso rostro para calmarlo.
—Es
fuerte y sano. Es precioso.
—Quiero
verlo.
—Ahora
te lo traeré —prometió, besándolo en la frente antes de salir de la estancia y
dirigirse adonde estaban los bebés. Habló con la enfermera que estaba de
guardia; normalmente no sacaban a los niños de noche, pero Sasuke le contó lo
que había sucedido y se lo pidió como favor. La mujer se compadeció de la
pareja y comprendió lo importante que era para el doncel tener un primer
contacto con su hijo, así que accedió con la condición de que no tardaran
mucho.
Cuando
regresó a la habitación de Naruto con su cachorro en brazos, sonrió al ver la
reacción de este al ver por primera vez a su bebé. Era un pequeño varón con los
rasgos de su padre doncel, incluidas las marquitas de las mejillas y el
revoltoso cabello, pero su piel era pálida y tenía los ojos y el pelo oscuro
como su otro padre. Con cuidado, lo dejó en los brazos de su compañero y luego
se sentó a su lado, recostándose a su lado y pasando un brazo por sus hombros,
mientras que con su otra mano abrazaba a su rubio y su cachorro.
El
doncel no podía parar de sonreír mientras contemplaba al pequeño que lo
observaba a su vez con curiosidad.
—Hola,
chiquitín. Siento que no nos hayamos visto antes, pero ha sido un poco difícil
traerte al mundo, ¿sabes? Yo soy tu otro padre, y te quiero muchísimo —le dijo,
dándole un beso en la cabeza.
A
Sasuke se le escapó un ronroneo al ver la tierna escena.
—¿Cuál
es su nombre? —le preguntó Naruto.
Él
esbozó una media sonrisa.
—No
le he puesto ninguno, no podía hacerlo sin ti.
Su
compañero le dedicó una de esas dulces sonrisas que solo esbozaba para él y
tiró del cuello de su camiseta para buscar sus labios. Sasuke se los concedió
sin pensárselo dos veces, después de todo lo que había pasado Naruto para poder
dar a luz a su último cachorro, pensaba tenerlo muy mimado durante varios años
para compensar lo que había tenido que soportar por su culpa.
—Gracias,
Sasuke. ¿Habías pensado en alguno?
—Esta
vez, decídelo tú. Te lo has ganado.
Naruto
sonrió, pero no dijo un nombre inmediatamente, sino que se quedó pensativo
mientras acunaba a su pequeño cachorro, al cual se le estaban cerrando los
ojos. Sasuke no pudo evitar pensar con una ligera sonrisa que sería tan
dormilón como su padre doncel. Mientras este seguía pensando en un nombre, el
lobo se dedicó a repartir cariñosos besos entre el rubio y el pequeño,
agradeciendo en silencio a los dioses que hubieran escuchado sus súplicas y no
le hubieran arrebatado a ninguno de los dos.
—Ya
lo tengo —dijo el rubio de repente.
Sasuke
levantó una ceja, intrigado.
—¿Y
bien?
El
rubio le sonrió.
—Tu
nombre.
Él
frunció el ceño.
—¿Sasuke?
¿No será un poco confuso?
Naruto
soltó una risilla y le acarició la cara.
—No.
Tu otro nombre, el verdadero. —Sasuke se quedó muy callado, mirándolo
fijamente. Aun así, el rubio levantó una ceja—. Llevamos más de ocho años
juntos, Sasuke, ¿no crees que es hora de que me lo digas?
Este
entrecerró los ojos y apoyó el mentón en la cabeza de su compañero.
—Naruto,
no tiene importancia. Ahora soy Sasuke.
—No
era necesario que conservaras el nombre que yo te puse, te lo dije.
—Lo
sé, no lo hice por ti... No del todo. El lobo que era cuando perdí a mi familia
murió con ellos. Tú me diste una razón para seguir, una nueva vida que venía
con un nuevo nombre —explicó, mostrándole la pulsera que le regaló Naruto
durante su primera Navidad juntos, la que anteriormente había sido un collar de
perro, el primer obsequio que le había dado el rubio, y que para él había
representado siempre la esperanza de una nueva vida con el doncel al que
amaba—. Mi otro nombre murió también, Naruto. Ya no significa nada para mí.
Este
le acarició una mejilla.
—Tu
otro nombre no tiene por qué ser parte de tu pasado, del dolor que sufriste por
la pérdida de tu manada. —Sasuke cerró los ojos con fuerza. Naruto lo conocía
tan bien que había adivinado muy fácilmente lo que su nombre implicaba para
él—. Podría ser tu futuro. Podrías conservar esa parte de ti en nuestro hijo.
Sasuke
contempló a su cachorro. ¿Podría estar en paz si le daba a su hijo el nombre
con el que nació? ¿El nombre de alguien que ya estaba enterrado junto a su
familia? ¿El nombre del lobo que había dejado de ser?
No
estaba seguro. En cierto modo, sentía que eso le daría mala suerte a su hijo.
—¿Eso
es lo que quieres? —le preguntó a su compañero, indeciso.
Naruto
le besó en la mejilla.
—Es
nuestro cachorro, Sasuke, esto es cosa de dos. Si no quieres que le pongamos tu
nombre, no lo haremos. Pero no quiero que sigas sintiéndote culpable por lo que
le ocurrió a tu manada. —El lobo lo miró con los ojos como platos,
sorprendido—. Soy tu esposo, te conozco, y sé que te sientes en parte culpable
por haber sobrevivido cuando ellos no lo hicieron, por eso enterraste tu
nombre. Date una oportunidad de perdonarte por estar teniendo una vida
maravillosa, sé que a ellos les alegraría si pudieran verte ahora.
Sasuke
esbozó una pequeña sonrisa sincera y besó a su rubio.
—Mi
Naruto... siempre tan intuitivo. —Apoyó un instante su frente en la de su
esposo y suspiró—. Tienes razón. Les encantaría ver que por fin he sentado
cabeza y formado mi propia familia. Está bien, le daré mi nombre a nuestro
cachorro, pero yo seguiré siendo Sasuke. Hablaba en serio cuando te he dicho
que, para mí, ese nombre significa la vida que tengo ahora junto a ti.
Naruto
le dedicó una de sus hermosas sonrisas.
—No
esperaba menos de ti. —Lo besó con dulzura, un tanto orgulloso de él. Cuando se
separaron, le pellizcó el moflete con suavidad y una sonrisa maliciosa—.
Suéltalo ya, ¿cuál es el nombre?
Sasuke
esbozó una media sonrisa divertida.
—¿Y
si es un nombre feo?
—No
me lo creo, seguro que tu madre te puso uno precioso.
Era
verdad. A ella siempre le encantó ese nombre.
Se
inclinó sobre su cachorro, acariciándole la cabeza.
—Su
nombre será...
—Señor
Uchiha.
Sasuke
volvió a la realidad cuando el señor Hiroshi le llamó con cierta de inquietud.
Era el director ejecutivo de los Hoteles Uchiha, y el hombre que realmente
dirigía toda la empresa desde la muerte de su hermano; gracias a él, podía
permitirse tener una vida muy familiar y estar casi siempre junto a su
compañero y sus cachorros. Era un buen hombre y lo apreciaba mucho, pero ese
día estaba demasiado malhumorado como para ser amable con nadie.
—¿Ya
han llegado los suizos? —gruñó.
—Precisamente
de eso quería hablarle, señor. Resulta que no son los suizos.
Él
se giró para encarar al anciano con el ceño fruncido.
—¿Qué?
—Es
otra empresa hotelera alemana. Nos han mentido.
Aspiró
aire profundamente, intentando que no le saliera pelaje por todas partes. ¿Qué
coño se creían que estaban haciendo?
—¿A
qué viene esto? ¿Qué está pasando?
—Creemos
que están intentando conseguir el trato que hicimos con los suizos. Su
representante legal está aquí e insiste en hablar con usted, dice que puede
convencerlo de aceptar su oferta.
Sasuke
volvió a inspirar hondo y volvió a contemplar la ciudad de Kioto desde la
ventana mientras se frotaba una sien. Genial. Naruto estaba en el hospital,
pasando por una dura rehabilitación, y él tenía que lidiar con otra empresa que
intentaba adelantarse a los suizos. Esto demostraba que él no estaba hecho para
los negocios, no tenía paciencia, como policía solo tenía que cazar y evitar
ser cazado, aquí tenía que guardar las buenas maneras... cuando lo único que
quería hacer era dejar salir su lado animal y rugirles a todos para que se
pusieran de acuerdo de una maldita vez. Él no tenía por qué estar aguantando a
ese atajo de humanos codiciosos, debería estar cuidando de su pareja y sus
cachorros.
Pese
a que Naruto salió airoso del complejo parto, necesitó un par de meses para
ponerse bien del todo; empezando con las numerosas transfusiones de sangre
hasta que dejó de necesitarlas, y eso al mismo tiempo que sus órganos internos
se recuperaban mientras eran sometidos a una rigurosa y constante vigilancia.
Sin
embargo, las cosas no terminaron ahí, y era la razón principal por la que
Naruto aún estaba en el hospital.
El
rubio y él tuvieron que hablar de que el primero se operara para evitar un
nuevo embarazo. Puesto que los anticonceptivos humanos no eran suficientes para
proteger al doncel del esperma del lobo, era necesario que fuera esterilizado
si no querían que se quedara en cinta de nuevo, y después de aquella terrible
experiencia, Sasuke estaba muy seguro de no querer arriesgar de ningún modo la
vida de su compañero. Así que ambos se pusieron de acuerdo y aprovecharon la
estancia en el hospital para llevar a cabo la operación. El médico recomendó
que Naruto pasara una temporada en su casa haciendo su vida diaria y
disfrutando de su nuevo hijo antes de tener que volver a pasar por el
quirófano, por eso le dio fecha para noviembre, antes de las vacaciones de
Navidad y tiempo de sobra para estar con su familia.
Por
supuesto, todos estaban encantados de que le rubio regresara a casa junto al
nuevo miembro de la manada, sobre todo los cachorros, que no pararon quietos de
la alegría, especialmente los mayores, que mostraron un marcado afán protector
hacia su padre doncel y su pequeño hermano. Sasuke pudo estar un poco más
tranquilo ahora que todo había pasado, sin embargo, una oscura inquietud se
había instalado en su corazón, por lo que siempre estaba pendiente del estado
físico y emocional del doncel, temía que los médicos hubieran pasado algo por
alto y que, de repente, lo perdiera.
A
medida que llegaba el momento de la operación, ese miedo creció, por mucho que
Naruto trataba de calmarlo, él seguía asustado ante la posibilidad de perderlo.
Por eso, a pesar de que la operación se llevó a cabo sin ninguna complicación y
que el rubio estaba respondiendo bien al tratamiento, odiaba tener que estar
lejos de él por si le necesitaba.
Su
negra mirada se oscureció.
—Muy
bien. Acabemos con esta tontería —dicho esto, miró a Hiroshi—. ¿Alguna
recomendación para hablar con el representante? Después de todo, usted es el
empresario, no sé por qué quiere negociarlo conmigo, no soy un hombre de
negocios y creo que todo el mundo ya lo sabe, yo solo firmo lo que creo que sea
conveniente para la empresa.
El
amable anciano posó una mano sobre su hombro. Hiroshi apreciaba a Sasuke, lo
admiraba por haber tenido el valor de asumir algunas responsabilidades de la
empresa de su hermano y conocía la dura situación por la que había pasado su
esposo, comprendía que estuviera nervioso, se suponía que aquellas vacaciones
eran para que pudiera relajarse con su familia.
—Es
usted un hombre cauto e inteligente, señor Uchiha. Hablen con tranquilidad, vea
lo que le ofrece y luego háblelo con nosotros para que podamos asesorarle, al
fin y al cabo, usted es el socio fundador y nosotros respetamos sus deseos y
los de su hermano para nuestros hoteles. Y recuerde, no firme nada si no le
convence su trato.
Sasuke
resopló.
—No
lo haría sin consultarlo con vosotros, Hiroshi. No permitiré que usen mi falta
de conocimientos para dañar lo que construyó Itachi.
El
hombre inclinó la cabeza.
—¿Le
acompaño a la sala de reuniones?
—Sí,
claro.
Fueron
juntos por los pasillos que conducían a dicha estancia. Por el camino, muchos
de los empleados se detenían para saludarlos, sobre todo a Sasuke, y le
deseaban que su esposo se mejorara pronto. Eso lo dejó un tanto confuso.
—Es
usted muy apreciado en nuestra empresa, señor Uchiha —le explicó Hiroshi.
—Pero
apenas me ven.
—Gracias
a usted, muchas de estas personas siguen teniendo un trabajo tras la muerte de
su hermano, y uno que les gusta y en el que se sienten muy a gusto —dicho esto,
hizo una pausa y preguntó con delicadeza—. ¿Cómo se encuentra su esposo?
Sasuke
dudó un segundo antes de responder:
—Está
bien. Algo dolorido por la operación, pero los médicos dicen que se pondrá
bien.
Hiroshi
detectó enseguida su tono de incertidumbre.
—Sin
embargo, usted está preocupado.
—...
Sí —reconoció finalmente.
—¿Es
por el último parto que tuvo?
El
hombre lobo estaba un poco anonadado porque estuviera tan bien informado, pero
asintió.
—Sí.
—Es
normal que esté preocupado, pero no deje que ese miedo controle su vida. Estoy
seguro de que su familia percibe su malestar, y eso, a la larga, puede ser
perjudicial; su esposo podría pensar que usted no confía en su palabra cuando
le dice que está bien y sentirse ofendido, lo cual podría derivar en
discusiones que afectarían a sus hijos. Es difícil al principio, pero debe
permitir que su pareja lo tranquilice y disfrutar de tenerlo a su lado.
Sasuke
se quedó impresionado por sus palabras. Lo cierto era que no había pensado en
ello, y lo último que quería era que Naruto se preocupara por él, o que sus
cachorros lo pasaran mal por su culpa, sobre todo después de lo mal que lo
pasaron durante el último embarazo.
—Hiroshi,
es usted un hombre sabio.
El
anciano soltó una carcajada y le palmeó el brazo con afecto. Era un tanto
cómico ver eso, ya que el director era un hombre muy bajito y Sasuke le sacaba
más de una cabeza.
—Ah...
Señor Uchiha, no soy sabio, soy viejo y he visto muchas cosas, la experiencia
es lo que habla, hijo.
El
lobo sonrió. Su padre solía decir algo parecido, le pareció curioso, y fue un
alivio poder pensar en él sin que doliera tanto como antaño.
—Ya
estamos aquí. Señor Uchiha, le presento a la representante legal de la compañía
hotelera alemana Jager S. A., Karin Uzumaki.
Sasuke
se tensó al escuchar ese nombre. Al alzar la vista, ahí estaba ella. Incluso
llevando un elegante traje de trabajo estaba impresionante; llevaba una
chaqueta oscura de un par de botones que ocultaba una camisa blanca y que iba a
juego con la ajustada falda que le llegaba hasta las rodillas, pero que dejaba
a la vista sus preciosas y largas piernas, y que finalizaban en unos bonitos
pero profesionales zapatos de tacón negro; el cabello lo llevaba recogido en
una coleta baja que caía por uno de sus hombros, y se había colocado unas gafas
oscuras que le daban un aire interesante e inteligente. Era como la típica
secretaria cachonda a la que sus jefes querían follar.
Sin
embargo, el hombre lobo solo podía pensar en estrangularla. El animal que
llevaba dentro no olvidaba la terrible ofensa que le hizo al querer sustituir
el olor de su Naruto con el suyo, de haber sido una loba, habría tratado de
matar a su compañero para que él estuviera libre y poder seducirlo. De hecho,
entre los hombres lobo eran habituales las peleas entre dos de ellos si ambos
deseaban reclamar a la misma pareja. Karin tenía la suerte de ser humana,
porque si fuera una amenaza real para su esposo, no habría dudado en matarla
para evitar que le hiciera cualquier daño.
En
su momento, le dijo a Naruto que no era peligroso para los humanos.
Error.
Era
muy peligroso para aquellos que fueran una amenaza para su manada.
La
mujer, al verlo, esbozó una deslumbrante sonrisa y se acercó con los brazos
abiertos.
—Sasuke,
qué agradable volver a verte.
Este
la fulminó con la mirada y retrocedió un paso. No quería que lo tocara.
—No
puedo decir lo mismo, Karin —gruñó. Sabía que no era de buena educación tratar
de ese modo a alguien con quien ibas a hacer negocios pero, sinceramente, se la
traía floja; por eso mismo él no estaba hecho para ser empresario, ¡maldita
sea!, esa es la razón por la que solo se quedó como socio fundador en vez de
ocupar el lugar de su hermano.
La
prima de Naruto soltó una risilla. Estúpida, ¿es que no se daba por aludida o
qué?
—Oh,
vamos, Sasuke, si lo dices por aquel malentendido, fue hace nueve años.
El
lobo frunció la nariz con desagrado. Sí, la última vez que se vieron fue en
aquella cena navideña en la que tuvo la desgracia de conocer a la puta con la
que el ex de Naruto lo engañó y, la verdad, se alegraba de que después de eso,
no hubiera vuelto a aparecer en ninguna reunión familiar. Al parecer, Nagato
tuvo una conversación con ella acerca de los problemas que le había causado a
Naruto, y esta, como cabía esperar, discutió con él; le dijo que no era una
niña y que podía valerse por sí misma, además de que nunca había sentido que
fuera parte de la familia, a pesar de que fueron ellos quienes la acogieron
cuando su padrastro se negó a mantenerla tras averiguar que era hija de otro
hombre. Poco después, Karin recibió una buena oferta laboral por parte de la
empresa alemana para la que ahora trabajaba y se fue a dicho país, donde había
pasado los últimos años.
Naruto
y él estuvieron muy aliviados de no tener que volver a tratar con ella. En
realidad, gran parte de la familia se alegró de que se fuera. Nagato fue el
único que sintió que no había actuado como un buen padre, pero también era
consciente de que Karin ya era bastante mayor como para haber podido inculcarle
unos valores distintos y tuvo que aceptar que, en realidad, nunca tuvieron una
relación padre e hija muy próxima, por lo que, apesadumbrado, la dejó en paz
para que hiciera su vida como creyera conveniente, después de todo, ya era
adulta y capaz de cuidarse sola.
Sin
embargo, Karin decidió volver cuando su empresa le habló de involucrarse con
los Hoteles Uchiha. No pudo evitar recordar a Sasuke Uchiha, el novio de su
primo, al que ya le quitó su pareja una vez, y pensó que sería una gran
oportunidad para volver a intentar seducirlo, dando por sentado que ya hacía
mucho que se habría cansado del insignificante doncel y que tendría vía libre.
No le importaba el incidente que tuvo con el varón cuando se conocieron, lo
achacó a que debía de ser de los pocos hombres fieles a sus relaciones que
había conocido, lo cual le venía como anillo al dedo, nunca mejor dicho, pues
tenía pensado lograr mantener al Uchiha a su lado para siempre; no había
conocido a nadie tan sexy y rico en su vida, y estaba decidida a obtener un marido
así, era la única manera de que sentara la cabeza.
Por
eso mismo, había ido en solitario a buscarlo y había pedido expresamente
reunirse con él a solas.
Hizo
amago de volver a acercarse a él, pero la mirada cautelosa de este la disuadió.
De acuerdo, haría las cosas a su manera, su objetivo era que se sintiera cómodo
con ella en primer lugar.
—Escucha,
te pido disculpas por lo de aquella vez. Fui inmadura, lo sé, pero la gente
cambia.
Sasuke
frunció los labios y apretó los puños. ¿Por quién le tomaba?, ¿por un imbécil?
Su actitud podía ser más agradable y profesional que antaño, pero a él no lo
engañaba; bajo el sofocante olor de su asquerosa colonia (los cambiantes
odiaban los perfumes, debido a su sensible olfato, les quemaba la nariz y por
eso preferían los olores naturales), podía olfatear un ligero aroma a lujuria.
No,
ya estaba harto de eso, harto de que las mujeres y los donceles se le tiraran
encima como si fuera un pedazo de carne. Si su sentido del olfato fuera mejor,
sabrían que estaba emparejado con Naruto y que además tenía una gran camada
esperándole en casa. Así que no, gracias, no quería saber nada de cualquiera
que tuviera interés sexual en él.
—No
acepto tus disculpas —masculló, desafiándola con la mirada.
Tanto
Karin como Hiroshi se quedaron un poco parados ante su declaración. Este último
ya sabía que Sasuke no era de los que se andaban por las ramas y que tampoco
era de los que aguantaban tonterías pero... vaya, eso era nuevo, aunque ya
había sospechado que este conocía a la mujer y que, al parecer, no se llevaban
bien.
Por
otro lado, Karin se puso algo nerviosa, ya que no esperaba ese trato. Sin
embargo, se recuperó rápidamente de la impresión y buscó un nuevo plan para
alcanzar su objetivo.
—Lo
entiendo... y no volveré a sacar el tema. Sin embargo, permite que te muestre
el trato que te ofrece mi empresa. Ambos somos adultos y podemos mantener una
simple conversación de negocios sin necesidad de montar una escena.
Sasuke
la contempló con desconfianza. Su instinto le decía que debería echarla de ahí
sin tan siquiera escuchar lo que ofrecía, sin embargo, la empresa que fundó su
hermano era importante para él y no quería decepcionar a Hiroshi y toda la
gente con la que trabajaba, así que inspiró hondo y dijo:
—Muy
bien.
Señaló
la sala de reuniones y la invitó a pasar, a lo que Karin sonrió y entró
moviendo casualmente las caderas, pero Sasuke no se fijó y se centró en cambio
en Hiroshi, que le preguntó si deseaba que no le molestaran mientras estuviera
con ella.
—Hiroshi,
no tenga reparos en interrumpir cuando crea necesario —resopló, a lo que el
anciano asintió y después lo dejó a solas con la representante para seguir con
su trabajo.
El
lobo cerró las puertas de la estancia e invitó a Karin a sentarse con un brusco
gesto de la cabeza. Odiaba tener que mostrarse caballeroso con ella, pero
cuanto antes empezara, antes podría perderla de vista.
—En
fin, ¿qué tiene tu empresa que pueda beneficiar a Hoteles Uchiha?
Por
suerte para él, la pelirroja fue directa a exponerle lo que los alemanes
ofrecían si les cedía a ellos el contrato que tenía pensado firmar con los
suizos. Puede que Sasuke no se hubiera formado en empresariales, pero en los
nueve años que llevaba trabajando con Hiroshi y sus asesores, había aprendido
lo suficiente como para saber qué le convenía. Los alemanes no le ofrecían un
mal trato, en absoluto, el problema era que los suizos fueron los que llegaron
primero y le hicieron una oferta muy razonable y que convenía a ambas empresas.
Aun así, quería hablarlo antes con la Junta por si acaso, pese a que intuía que
compartirían su opinión, de modo que, cuando la pelirroja terminó de hablar, le
dijo:
—Muy
bien. Lo consultaré con la Junta y les llamaremos.
Desde
luego, no era la respuesta que Karin esperaba.
—Pero...
es un buen trato.
Sasuke
asintió, pero no tuvo problema en enumerarle las razones por las que no iba a
firmar nada por el momento.
—Sí,
así es, pero los suizos fueron los primeros en contactar con nosotros,
presentar unos términos que son más que razonables y, además, no me molestan a
mí ni a mis empleados cuando están de vacaciones —añadió esto último con
molestia. Sí, todavía estaba cabreado porque había tenido que separarse de su
pareja para tener que aguantar a una mujer de la que no quería saber nada.
Karin
se levantó de su silla y se puso a su lado para mostrarle unos papeles. El lobo
arrugó la nariz cuando su olor le quemó las fosas nasales y se apartó un poco.
—Sin
embargo, nuestros hoteles tienen un reconocimiento mayor; un contrato con
nosotros aumentaría sus beneficios.
—Es
por una cuestión de educación, no de dinero, en el ámbito económico vamos
bastante bien y podemos permitirnos cierto riesgo con los suizos que, por
cierto, sus índices de turismo son más altos que en Alemania, y eso significa
más gente que viene de fuera y más gente que se aloja en hoteles.
La
pelirroja se mordió el labio inferior, sabiendo que eso era cierto. De hecho,
ya era consciente antes de ir allí que no sería fácil conseguir el contrato de
los suizos cuando sus fuentes la informaron de que el trato estaba casi
cerrado... pero ella sabía que Sasuke no era un hombre de negocios, por eso le
había pedido solo a él la reunión... y por eso, había dejado sus piernas
desnudas y llevaba un diminuto tanga debajo de la falda.
Tratando
de ser lo más casual posible, se acercó más a Sasuke, inclinándose sobre la
mesa para ofrecerle una bonita vista de su trasero y que su falda subiera unos
centímetros por sus piernas, exponiendo sus muslos.
—Aun
así... sigo pensando que ambos nos beneficiaríamos mucho de este acuerdo...
El
hombre lobo apretó la mandíbula.
Basta.
Lo que estaba haciendo era pasarse de la puta raya.
Una
cosa era tener una conversación profesional de negocios, hasta podía soportar
durante un rato tener el olor de su maldita lujuria cerca, pero otra cosa muy
distinta era que pusiera prácticamente su coño en su cara, el cual exudaba el
jodido aroma de su humedad.
Mierda,
qué asco.
Puede
que a un varón normal eso lo pusiera cachondo, pero Sasuke era un hombre lobo,
era monógamo por naturaleza, así que el único olor que podía ponerlo duro era
el de su pareja cuando estaba en necesidad.
Sin
pensárselo dos veces y harto de esa estúpida situación, arrastró su silla hacia
atrás y se levantó para alejarse de su asfixiante aroma.
—Ya
está bien de esta tontería. No voy a firmar nada y no pienso joder contigo —le
gruñó.
Karin
tuvo la decencia de parecer avergonzada.
—Yo
no estaba...
—Sí,
sí lo estabas, y desde el principio, ¿acaso crees que soy idiota? No va a pasar
nada entre nosotros porque estoy casado.
Ella
hizo una mueca. Casado. Mierda.
Bueno,
aún podía arreglarlo.
Se
sentó sobre la mesa, apoyándose sobre sus brazos y separando un poco las
piernas para atraer su mirada.
—No
me digas... ¿y cómo llevas la rutina? Ya sabes... He oído que puede volverse
aburrido y nadie te juzgaría si quisieras divertirte un poco... —comentó,
quitándose las gafas y soltándose el pelo antes de recostarse un poco más sobre
la mesa y abrir más las piernas, de forma que pudiera mirar bajo su falda.
Sin
embargo, aquella mirada negra y fría nunca abandonó su rostro.
—Lo
diré de otro modo, estoy felizmente casado y, aunque estuviera soltero, jamás
consideraría acostarme con una zorra como tú.
Al
oír esa palabra, los nervios de Karin se crisparon y se irguió, enfadada.
—No
soy ninguna zorra.
Sasuke
resopló.
—¿Quién
lo diría cuando estás ahí sentada abriéndote de piernas para conseguir un buen
trato?
La
pelirroja saltó de la mesa y se enfrentó al lobo, furiosa.
—No
necesito acostarme con nadie para eso, soy inteligente y muy buena en mi
trabajo.
El
lobo esbozó una media sonrisa cruel.
—¿Seguro?
Yo no diría que follar con mi jefe me hace bueno en lo que hago.
El
rostro de Karin enrojeció de indignación.
—¿Insinúas
que me he vendido como una vulgar puta para conseguir mi puesto?
—Una
vulgar puta, sí, es una definición perfecta para ti.
Ella
lo asesinó con los ojos.
—No
eres nadie para hablarme así. ¿Acaso crees que tu mujercita es una santa? Puede
que al principio estuviera contenta contigo, pero seguro que después se puso de
rodillas para chupársela al primero que quiso metérsela como la perra que es.
La
sonrisa de Sasuke desapareció y una peligrosa emoción brilló en sus ojos.
—No
vuelvas a insultar a mi esposo.
—¿O
qué? —lo desafió Karin, sonriendo con altanería—. ¿Vas a azotarme? ¿Eso es lo
que te pone?
Nunca
en su vida Sasuke había deseado tanto matar a una mujer que se le hubiera
insinuado. Ya era irritante que siempre que iba solo se le tiraran encima como
si fuera perfectamente normal lanzarse sobre un hombre, por no decir lo mucho
que le molestaba que las mujeres y los donceles coquetearan con él cuando
Naruto estaba delante, como si lo consideraran insignificante o no pudieran
creer que estuvieran juntos. Bueno, sí, a Sasuke a veces le costaba aceptar que
había logrado conquistar al doncel a pesar de no ser humano, pero le enfurecía
que los demás pensaran que no era lo bastante atractivo para él cuando su rubio
era lo más bello, dulce y tierno que había visto junto a sus preciosos
cachorros. ¿Y ahora tenía que soportar que esta perra en celo lo insultara y
dejarla pensar que le ponían sus guarradas?
Por
ahí no pasaba, ni de coña. Nadie le faltaba al respeto a su compañero, menos
aún después de todo el esfuerzo que había hecho al llevar a sus hijos lobeznos
en su vientre.
Estaba
al borde de sacar su lado más salvaje cuando Hiroshi irrumpió de pronto en la
estancia, evitando que cometiera un asesinato bestial, nunca mejor dicho.
El
hombre lo miró un tanto dubitativo, notando la agresiva tensión del ambiente.
—Eh...
¿Llego en mal momento?
—En
absoluto —respondió Sasuke, fulminando a Karin con la mirada—. Esta mujer ya se
larga de aquí.
La
pelirroja lo miró sin dar crédito. Ni la señorita Uzumaki, ni nuestra invitada,
ni hostias, acababa de despacharla del modo más borde que se le podía haber
ocurrido. Sin embargo, antes de poder discutir por ello, Hiroshi sonrió y se
hizo a un lado.
—Bien,
porque acaba de recibir una visita inesperada —dicho esto, el invitado entró.
Karin
se quedó con la boca abierta mientras que el rostro de Sasuke se iluminaba. Sin
dudarlo, fue hacia el rubio doncel que acababa de entrar y lo estrechó
amorosamente entre sus brazos mientras enterraba su nariz en su cuello.
—¡Naruto!
—dijo, sorprendido y alegre por verlo fuera del hospital—, ¿qué haces aquí?
Este
sonrió feliz al mismo tiempo que correspondía el fuerte abrazo de su lobo.
—Me
han dado el alta. Quería darte una sorpresa.
De
inmediato, Sasuke lo revisó de arriba abajo y luego tomó su rostro para mirarlo
fijamente a los ojos.
—¿De
verdad estás bien? ¿Te duele algo? ¿Sientes molestias, mareos o cansancio?
—preguntó, recordando con cierta alarma todos los síntomas del duro embarazo.
Afortunadamente,
Naruto, comprensivo, le sonrió cálidamente y le acarició el cabello mientras su
otra mano le frotaba el pecho.
—Estoy
bien, me siento genial. Te lo prometo.
El
primer instinto de Sasuke fue hablar con el médico que lo había atendido para
que se lo confirmara, pero recordó el consejo de Hiroshi y se dijo a sí mismo
que tenía razón. Él confiaba ciegamente en Naruto, solo que tenía un miedo
atroz a perderlo... pero debía fiarse de su palabra. Conocía a su pareja, él
sabía lo mucho que lo amaba y su instinto animal le dijo que si algo iba mal,
sería el primero al que pondría al corriente.
De
modo que sonrió y lo atrajo de nuevo a sus brazos.
—Me
alegro.
Como
si el doncel conociera su malestar, se apoyó en él sin dejar de acariciarlo.
—Todo
irá bien, Sasuke. Ya lo verás.
Esta
vez, pudo sentir alivio de verdad y dejó que su compañero lo calmara... hasta
que una chillona y molesta voz los interrumpió.
—¡¿Te
has casado con Naruto?! —gritó Karin, sin dar crédito a lo que estaba viendo.
No era posible que esos dos siguieran juntos, alguien como Sasuke tendría que
haberse cansado enseguida del mediocre de su primo, no era más que un pobre
idiota idealista que se ganaba la vida vendiendo las chorradas que pasaban por
su cabeza y, además, no tenía ni una pizca de atractivo sexual. ¿Qué diablos
había hecho para atarse a Sasuke?, ¿acaso estaría con él por lástima? Recordó
entonces que, en aquella cena de Navidad, el apuesto hombre mencionó que Naruto
le había salvado la vida... Ah, claro, ya lo comprendía...
Por
otro lado, Sasuke abrazó a su compañero con afán protector y le gruñó con
fuerza, sobresaltando un poco a Hiroshi y haciendo que el rubio le frotara el
pecho, un tanto inquieto. No quería que el lobo revelara su verdadera
naturaleza delante de su prima, no confiaba en ella para mantener su secreto a
salvo y lo último que deseaba era que los humanos volvieran a perseguir a la
gente como él... o sus hijos. Sabía que sería capaz de matar a cualquiera que
tratara de hacerles daño, a cualquiera de ellos.
—Pues
sí, y muy felizmente —rezongó, controlando su gruñido tras oler el miedo de su
compañero. Le costó poco adivinar el motivo y tuvo que reconocer que tenía
razón, debía mantener sus instintos a raya en ese lugar.
Karin
le sonrió a su primo con suficiencia. Al parecer, no le había prestado mucha
atención al gruñido poco humano que había soltado Sasuke.
—Vaya,
primito, qué suerte tienes.
—Sí,
mucha —reconoció él, observándola con desconfianza.
Ella
se acercó un paso, provocando que el hombre lobo se tensara, listo para
defender a su pareja si era necesario.
—Y...
¿cuánto tiempo lleváis casados?
—Casi
siete años.
—Vaya,
es mucho tiempo, mi enhorabuena... aunque, no creo que duréis. Después de todo,
los matrimonios por lástima no lo hacen.
Naruto
no pareció sorprendido por su comentario, pero Sasuke se enfureció.
—¿Qué
quieres decir? —gruñó entre dientes, notando que empezaba a crecerle el pelaje
en la espalda.
Karin
se encogió de hombros.
—Está
claro que te sientes obligado hacia él por ayudarte hace nueve años, eso fue lo
que dijiste durante aquella cena navideña. Sientes lástima por él y por eso
decidiste cuidar de él para agradecerle lo que había hecho por ti.
Sasuke
notaba cómo su pelaje ascendía poco a poco hasta cubrir sus hombros. ¿Por qué
demonios estaba aguantando esto? Ese era su edificio y podía llamar a seguridad
para que la echaran y prohibirle la entrada para siempre.
De
hecho, era una idea magnífica. Se giró para decirle a Hiroshi que contactara
con los de seguridad pero, entonces, Naruto se deshizo de su abrazo y se plantó
frente a Karin con los brazos cruzados.
—¿Quieres
decir que Sasuke preferiría estar contigo? —dijo con una carcajada, mofándose
abiertamente de ella—. Karin, no has tenido nunca una relación estable con
ningún hombre, no eres más que un buen polvo para ellos. No das para mucho más
que un par de folladas.
Karin
se quedó mirándolo helada, en absoluto esperando ese insulto; Hiroshi por poco
se atraganta y Sasuke solo sonrió orgulloso por ver cómo su pareja se defendía.
Siempre le había gustado eso de Naruto, tal vez no era tan fuerte físicamente
como una loba o un lobisón pero, desde luego, a su afilada lengua no le ganaba
nadie... Bueno, solo él cuando lo besaba, pensó con una sonrisa traviesa.
—Eso
no es cierto, soy yo la que los deja a ellos.
Naruto
esbozó una media sonrisa arrogante.
—Porque
no eres capaz de manejarlos. Si no puedes con ellos, ¿cómo vas a poder con
Sasuke? Es inteligente, fuerte, cariñoso, rico, guapo... Podría escoger a
cualquier mujer o doncel que quisiera, ¿por qué tendría que conformarse con
alguien que no sería capaz de manejar todo lo que es y lo que tiene?
—¡Yo
sí podría manejarlo! —exclamó Karin, sonriendo con altanería. ¿Con quién creía
que estaba hablando el imbécil de su primo? Por supuesto que podía quedarse con
un hombre adinerado y atractivo, ella era una mujer muy sexual y se aseguraría
de que no se aburriera de estar en la cama con ella, así lo mantendría a su
lado.
El
doncel pareció meditarlo y luego se encogió de hombros.
—Muy
bien, pues adelante —dicho esto, se dirigió hacia la puerta de la sala.
Karin
sonrió triunfal, convencida de que había logrado que su primo se hiciera a un
lado para darle vía libre con Sasuke, mientras que este contemplaba con una
ceja alzada a su compañero, al que conocía demasiado bien como para creer que
lo abandonaría. Por otro lado, Hiroshi solo sonrió afablemente al doncel al
mismo tiempo que le abría caballerosamente la puerta de la sala; entonces,
Naruto ronroneó:
—Chiiiiicoooooos...
La
pelirroja palideció cuando cinco niños entraron corriendo y se abalanzaron
sobre Sasuke, el cual empezó a reír a la vez que se arrodillaba en el suelo,
importándole muy poco que se le pudiera manchar el traje, y abría los brazos
para recibir a sus revoltosos cachorros, que no dejaban de chillar contentos.
De algún modo, se las ingeniaron para conseguir quedarse abrazados los unos
sobre los otros mientras que Naruto entraba en la sala el carrito donde yacía
el menor de los niños, el cual tenía los ojos muy abiertos, sin duda alguna por
el escándalo, y miraba a todas partes, curioso por escuchar a sus hermanos
gritando.
—¡Te
echábamos de menos, papá! —dijo el cariñoso Narumi.
—¿Por
qué no estabas en el hospital con papi? —lo medio regañó Kurama, haciendo un
puchero—. Dijiste que lo cuidarías.
—Vuestro
padre tenía que trabajar, niños, y yo estoy bien —explicó Naruto con calma al
mismo tiempo que cogía al bebé en brazos y señalaba a Karin—. Por cierto,
quiero presentaros a alguien. Se llama Karin y quiere ser vuestra mamá.
La
mujer se quedó blanca como la cera.
¡¿Mamá?!
¡¿Sasuke tenía seis hijos?! ¡No podía ser! Los hombres como él no tenían críos
babosos y llorones para cambiarles los pañales, tenían mansiones, casas en la
playa, coches y modelos paseándose desnudas delante de ellos, ¡no unos
puñeteros niños!
Sin
embargo, le entró cierto pánico cuando los niños reaccionaron ante la palabra y
se quedaron mirándola fijamente.
—¿Qué?
—preguntó Menma con los ojos entrecerrados.
—¿Papi?
—llamó Saki a su padre doncel con cara de estar asustado, igual que Miko, que
miraba estresada a sus padres y a la desconocida.
Por
otro lado, los trillizos fulminaban a la pelirroja con sus ojos. Pese a que no
eran conscientes de ello, los lobeznos que tenían dentro entendían, gracias a
su sentido del olfato, que sus padres se pertenecían el uno al otro, pues ambos
compartían siempre sus esencias, era raro de por sí que Sasuke no oliera a
Naruto y viceversa. Por tanto, sentían que meter a una tercera persona... no
estaba bien. Además, para ellos, Karin era una extraña que no tenía ningún
derecho a entrar en su casa, en su territorio, que solo pertenecía a su pequeña
manada, y mucho menos a interferir en la amorosa relación de sus padres.
Menma,
que hacía tiempo parecía haberse convertido en el alfa de la camada,
intercambió una mirada con Kurama y Narumi, que asintieron con la cabeza. Al
instante, saltaron de los brazos de su padre, dejándolo con Saki y Miko, y se
abalanzaron sobre las piernas de Karin para tironearle de la falda, la chaqueta
y la camisa, dejándola un poco aturdida ante el inesperado ataque.
—¡Tú
no eres nuestra madre! —declaró Menma con firmeza, sacudiendo su chaqueta hasta
el punto de que hizo saltar uno de los botones. Es lo que tiene ser un pequeño
hombre lobo.
—Tenemos
a nuestros padres, ¡no te necesitamos! —replicó un enfadado Kurama que tiraba
casi con rabia de la camisa, sin ser consciente de que sus cortas pero afiladas
uñas estaban agujereándola.
—¡Nunca
sustituirás a papi! —chilló Narumi, que empezó a rajar sin darse cuenta la
falda.
Naruto,
sin dejar de sonreír, totalmente divertido por la cara de pánico que tenía su
prima, fue hacia ella y dejó al más pequeño de sus hijos en sus brazos.
—Aquí
los tienes. Venga, manéjalos.
El
bebé, que también había heredado los genes lobunos de su padre varón, se sintió
muy nervioso al ser consciente de que estaba con alguien cuyo olor le era del
todo extraño. Siendo tan pequeño, no podía soportar que lo sostuviera o tocara
alguien que no fuera de su manada, básicamente sus padres y sus hermanos, y
también sus abuelos porque habían estado con él desde que tenía sentido del
olfato y reconocía su aroma, pero los demás le daban miedo, el cual lo invadió
al sentir que esa persona que lo sostenía lo hacía de un modo extraño, una
persona a la que no conocía. Su lado animal lo interpretó como que estaba con
un depredador y no dudó en empezar a chillar y patalear, llamando desesperado a
sus padres.
Karin
contempló al bebé totalmente aterrorizada y estiró los brazos, queriendo
alejarlo de ella, a lo que Naruto respondió agarrando rápidamente a su pequeño
hijo y acunándolo contra su pecho. Este, al volver a sentir la esencia de su
padre doncel y reconocer sus tiernos brazos, se calló de inmediato y se
acurrucó en su pecho, aferrándose a su ropa.
—Niños,
volved con vuestro padre —dijo el rubio en un tono suave pero firme.
Menma
y los demás miraron mal a la pelirroja, pero obedecieron a su progenitor y
regresaron con su padre, el cual también estaba disfrutando mucho con aquel
espectáculo. En sus brazos, estaban un Saki y una Miko un tanto temerosos, como
sus hermanos, no querían a la extraña con ellos, querían a su papi.
Ahora
fue el turno de Naruto de mostrarse altanero.
—¿Lo
ves? Tú no tienes nada que hacer con un hombre como Sasuke, no eres más que una
aprovechada arpía superficial —dicho esto, bajó mucho la voz y cubrió la cabeza
de su hijo para que tampoco pudiera oírle. Su sonrisa desapareció, siendo
sustituida por una expresión amenazadora—. No vuelvas a acercarte a mi marido,
sucia perra, o la próxima vez no te echaré a los niños encima, pero te juro que
tú y yo tendremos algo más que unas palabras subidas de tono, ¿lo has
entendido?
Karin
tragó saliva, pero asintió. Ver a alguien tan pacífico y dulce como solía ser
su primo comportarse de un modo tan agresivo le puso la piel de gallina, además
de que era un poco siniestro ver que llevaba a su bebé en brazos al mismo
tiempo que la amenazaba con partirle la cara.
Después
de eso, Naruto sonrió como si nada hubiera pasado y le dio la espalda para
dirigirse a sus hijos y a su esposo, el cual se mordía el labio para contener
la risa por la expresión que había puesto Karin.
—Buenas
noticias, niños, Karin no va a ser vuestra mamá y ahora mismo nos vamos todos a
casa a ver una película. ¿Alguien más tiene hambre o soy el único al que le
apetecen unas palomitas?
—¡Palomitaaaas!
—chillaron sus hijos.
La
familia Uchiha se marchó de aquella sala, debatiendo qué película querían ver
mientras que Karin se quedó allí, desarreglada y desorientada por la confusa
situación, con Hiroshi, el cual le pidió amablemente que abandonara las
instalaciones y que comunicara a su empresa que ya se pondrían en contacto con
ellos para hacerles saber si les interesaba su trato, a pesar de que ella ya
sospechaba que, después de lo ocurrido, Sasuke no querría tener nada ver con
ella. Eso le costaría muy caro en su trabajo.
Por
otro lado, Sasuke y Naruto acababan de meter a los niños en el coche y se
juntaron detrás del maletero para tener un momento a solas. El primero encerró
en sus brazos a su doncel y lo besó profundamente, el cual le correspondió
hundiendo las manos en su cabello, sabiendo lo mucho que eso le gustaba.
—¿Sabías
que Karin estaba en la sala conmigo? —le preguntó cuando se separaron, aunque
no dejaron de abrazarse.
Naruto
le sonrió con diversión.
—Hiroshi
me informó en cuanto llegué y supe que tenía que ir a rescatarte. Por eso dejé
a los niños fuera.
Sasuke
esbozó una media sonrisa y frotó su nariz con la suya.
—Tienes
una mente maquiavélica muy sexy.
—Lo
sé —admitió Naruto, levantando la barbilla con orgullo, haciendo que su marido
soltara una risilla y lo besara de nuevo en la boca, devorándolo.
El
rubio se dejó hacer con un suave gemido. Hacía unos cuantos meses que no tenían
relaciones sexuales; primero por los problemas del embarazo, después porque él
se estaba recuperando del duro parto y porque Sasuke y él decidieron no tener
más hijos a causa de su salud, y las últimas semanas por la operación en la que
ya se había quedado estéril. Así que estaba deseando tener a su sexy hombre
lobo desnudo sobre su cuerpo, ronroneando para él mientras le hacía el amor
lentamente, torturándolo y al mismo tiempo disfrutando de sus suaves y
profundas embestidas, no quería que la primera vez después de tanto tiempo
fuera algo rápido, necesitaba sentirlo dentro de su cuerpo durante horas.
Aun
así, tuvieron que separarse cuando sus hijos los llamaron. Ambos se sonrieron
con cariño, se dieron un beso y luego se fueron con sus cachorros a casa.
Unas
semanas más tarde, en la casa de Kioto de los Uchiha, reinaba la calma tras una
gran fiesta para despedirse de un año y dar la bienvenida a otro. Sasuke,
recostado sobre un cómodo sillón, contemplaba con una tranquila y feliz sonrisa
el panorama que había ante él: Miko dormía acurrucada en los brazos de un
adormilado Minato, Saki también había caído frito hacía un buen rato en el
regazo de su abuela, la cual roncaba suavemente, y los trillizos se habían
apelotonado en un extremo del sofá tras pasarse las primeras horas del nuevo
año gritando, jugando y saltando. Por otro lado, él acunaba en sus brazos a su
cachorro más joven, el cual, a pesar de todo el ruido, prácticamente se había
quedado dormido después de que Naruto le diera de comer.
Escuchó
desde ahí cómo su rubio se despedía en voz baja de sus primos, los cuales se
habían quedado a cenar con ellos esa noche de celebración. Después, oyó la
puerta cerrarse con un leve chasquido antes de percibir los gruñidos de las
cerraduras al engancharse firmemente a la puerta, Sasuke se aseguró de que su
hogar fuera un lugar seguro para su doncel y sus futuros cachorros cuando
construyó la casa con ayuda de unos amigos cambiantes, los cuales entendieron
perfectamente su necesidad de proteger a su familia.
Sonrió
cuando Naruto regresó al salón. Su compañero estaba especialmente hermoso esa
noche; se había puesto unos pantalones negros que se ajustaban perfectamente a
sus preciosas piernas y a ese redondo trasero que lo volvía loco, los cuales
finalizaban en unas botas de pelo muy cucas de color gris claro, de esas que le
gustaban a su doncel; se había puesto un jersey azul eléctrico que resaltaban
su cabello dorado y sus preciosos ojos, de cuello vuelto y largo, de forma que
le llegaba a la mitad del culo y cuyas mangas ocultaban una parte de sus manos,
haciéndole ver totalmente adorable; se había dejado el cabello suelto, por lo
que los mechones más cortos enmarcaban su bello rostro de suaves y dulces
facciones, mientras que los más largos caían sobre sus hombros y descendían por
su esbelta espalda, y en su cuello podía verse todavía el colgante de oro que
le había regalado tantos años atrás con una luna de plata. El día en que se
casaron, utilizaron sus respectivos collares como anillos de boda, a ambos les
pareció adecuado y un tanto gracioso.
Al
verle, Naruto le dedicó una de esas sonrisas sinceras y cálidas que solo le
dirigía a él y a sus hijos y fue hacia él para darle un beso cariñoso en los
labios.
—Creo
que es momento de acostar a los niños.
—Sí
—accedió Sasuke, levantándose con cuidado para no despertar al bebé—. ¿Te
encargas tú de los demás?
—Sí,
tranquilo.
Se
fue sigilosamente del salón, escuchando a su rubio despertando a sus suegros
para que le ayudaran a acostar al resto de los niños. Subió las escaleras sin
hacer ni un solo ruido y luego entró en la habitación del bebé; por ahora se
quedaba solo para que pudiera dormir tranquilo, pero cuando fuera más mayor,
seguramente compartiría habitación con Saki y Miko hasta que estos entraran en
la pubertad, edad difícil para un hombre lobo, pues era cuando empezaban a
transformarse y a ser más conscientes de sus instintos depredadores, pero
Sasuke estaría con ellos para ayudarlos a pasar por esa fase.
Cuando
estaba a punto de dejarlo en la cuna, el pequeño gimoteó un poco y volvió a
acunarlo contra su pecho al mismo tiempo que ronroneaba suavemente para
calmarlo y le frotaba la carita con su nariz, mostrándole así su profundo
afecto. Al poco rato, su cachorro se tranquilizó y volvió a dormirse, momento
en que lo dejó con cuidado en la cuna y lo arropó, contemplándolo con una
intensa ternura.
Puede
que Naruto y él lo pasaran muy mal para poder traer a su pequeño al mundo, pero
había merecido la pena. Todavía le dolía pensar en el miedo que pasó cuando
creyó que podría perderlos a ambos, pero, al final, no había pasado nada malo y
su pequeña manada estaba intacta, sana y salva. Con él. Era todo cuanto
importaba.
Sonriendo,
acarició el rostro de su cachorro, al que Naruto le había puesto su nombre. Uno
que ya no le hacía tanto daño como antaño, y que había aprendido a amar porque
había adquirido un nuevo significado, uno de gran importancia para él y que
residía en el lobezno que ahora dormía profundamente.
—Me alegro mucho de que hayas nacido —le susurró, inclinándose para besarle en la pelusilla oscura que tenía sobre la cabeza—. Feliz año, Arashi.

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