Nuestra noche
—Feliz
año, Arashi.
Naruto
contempló con una sonrisa cómo su lobo acostaba al menor de sus hijos.
Su
padre ya había acostado a los gemelos y su madre le había ayudado a llevar a
los trillizos a su cuarto; ninguno de los cinco se había quejado, estaban tan
cansados que apenas abrieron los ojos cuando los metieron en la cama. Ahora,
los únicos que faltaban para ir a dormir eran él y Sasuke... pero, antes,
quería hacer una cosa para su lobo.
Su
marido se alejó de la cuna de su cachorro y se dio la vuelta para sonreírle. No
estaba sorprendido porque los hubiera estado observando, seguramente le habría
olido y oído. Una vez salió de la habitación, cerró la puerta con mucho cuidado
y se abrazaron.
—Un
gran día, ¿eh?
—Y
cansado —admitió Naruto, enterrando su rostro en el amplio pecho de su esposo.
Este
lo besó en la cabeza y le acarició la espalda de abajo arriba.
—Pues
vamos a la cama.
Él
esbozó una sonrisa; le encantaba que Sasuke le abrazara, era tan alto y grande
que cuando lo hacía se sentía protegido y seguro, su lobo siempre le producía
esa sensación de tranquilidad, desde el día en el que lo salvó de aquellos
hombres. Con él a su lado, sabía que todo iría bien, que él estaría ahí para lo
que necesitara.
—Espera
—le dijo, levantando la cabeza para mirarlo—, quiero que vayamos a un sitio.
Sasuke
frunció el ceño, confuso.
—¿A
dónde?
—Ven.
—Lo cogió de la mano y lo condujo de nuevo a la planta baja.
Una
vez allí, fue hacia la puerta principal y salieron de la casa. El hombre lobo
estaba extrañado pero, tal y como sospechaba Naruto, le siguió sin decir nada,
confiando en él. No se alejó mucho de su hogar, solo unos pocos metros, hasta
un gran tronco caído en el que se sentaba para ver jugar a sus hijos, del cual
tuvo que quitar un poco de nieve antes de tomar asiento junto con Sasuke.
—¿Qué
hacemos aquí? —le preguntó este, pasando los brazos a su alrededor—. Te vas a
resfriar.
Él
le cogió las manos y se las estrechó.
—Quiero
que te transformes.
Sasuke
lo miró sin entender.
—¿Qué?
¿Ahora? ¿Aquí? Hace frío, Naruto, y no quiero que te pongas enfermo.
—Sasuke
—lo interrumpió él, acariciándole los dedos—, sé que, como cambiante, necesitas
cambiar de forma cada poco tiempo, pero también que sientes que debes estar
pendiente de mí como pareja. —Hizo una pausa, dedicándole una sonrisa un tanto
culpable—. Han sido unos meses muy duros para los dos, pero especialmente para
ti. Tu lado animal te hace ser más empático, no solo estabas sufriendo por lo
que pudiera pasarme, sino que también sentías mi dolor. No te has separado de
mí desde lo del embarazo, siempre cuidándome y velando por mi bienestar, alerta
por si me pasaba algo. Apenas has cambiado en ese tiempo y sé que eso te
estresa.
—Tú
me necesitabas —dijo Sasuke, acariciando su rostro—. Te prometí que estaría
aquí para ti.
—Y
lo has estado —le sonrió Naruto, apretando su mano contra su mejilla antes de
darle un beso en la palma—. Has cumplido tu promesa. Estoy bien, nuestro hijo
está bien. Nos has cuidado a los dos, nos has cuidado a todos. Ahora es mi
turno para cuidarte, y sé que necesitas ser un lobo salvaje ahora mismo.
Sasuke
lo miró un tanto dubitativo. Era cierto que su lado animal estaba muy irritado
porque apenas había podido rendirse a sus instintos más primitivos: correr,
saltar, cazar. Sin embargo, había podido soportarlo porque su compañero le
había necesitado, su lobo quería cuidar de él y de sus cachorros, era algo que
llevaba en su genética, la naturaleza lo había creado así, por lo que había
renunciado a transformarse mientras Naruto estuviera herido. Pero tampoco veía
estrictamente necesario que lo hiciera ahora, no a esas horas de la noche con
el frío que hacía y estando su doncel expuesto.
—Puedo
hacerlo mañana —declaró.
Sin
embargo, Naruto se cruzó de brazos y le lanzó una mirada desafiante. Soltó un
suspiro, sabiendo que cuando su compañero se ponía cabezón, no había manera de
convencerlo. Lo cogió por los hombros y pegó su frente a la suya.
—Si
me transformo ahora y te quedas por aquí, ¿me prometes que irás a casa a por un
abrigo? Hablo en serio cuando digo que no quiero que te resfríes, ya has estado
bastante tiempo en un hospital y odio verte allí.
Naruto
le sonrió, contento.
—Lo
prometo.
—Bien.
—Sasuke se separó un poco y se quitó la pulsera que siempre llevaba encima, la
que hace tantos años había sido el collar que le había regalado Naruto. La dejó
en sus manos y las besó—. Guárdamela. No me gustaría perderla.
—Tranquilo
—dicho esto, le plantó un beso en la mejilla y regresó a la casa para buscar un
abrigo. Por supuesto, se quedaría con Sasuke el tiempo que necesitara para
liberar su lado salvaje, lo conocía demasiado como para saber que, si se metía
dentro con los niños, solo estaría un par de minutos fuera y luego regresaría
rápido con él para estar seguro de que estaba sano y salvo, mientras que si se
quedaba en el bosque con él, este estaría dando las vueltas que necesitara a su
alrededor, pudiendo vigilarlo al mismo tiempo.
Lo
cierto era que se sentía un poco culpable por todo lo que había sucedido. Sabía
que lo del embarazo estaba fuera de su control, de hecho, ni él ni Sasuke
esperaron que el nacimiento de Arashi fuera a ser tan difícil ni mucho menos
que llegaría a estar en peligro pero, al final, todo había salido bien. Sin
embargo, desde ese momento fue muy consciente del miedo de Sasuke, un profundo
temor a perderlo que tal vez tuviera que ver con el dolor que padeció cuando
murió su manada. Desde entonces, apenas lo había dejado solo y, si lo hacía,
nunca era por mucho tiempo, había estado muy pendiente de su estado físico y,
por supuesto, como él había estado tan débil, Sasuke prácticamente se había
encargado de todos sus hijos salvo de Arashi, al que solía tener él en brazos
por si necesitaba comer.
Le
estaba muy agradecido por ello, por haber estado a su lado en unos meses tan
duros para él, encargándose de todo, pero también sabía que su marido no era
del todo humano, y que no podía ser bueno para él mantener esa forma tanto
tiempo, necesitaba ser un lobo también. Así que, ¿qué mejor forma de empezar el
año que cuidándolo? Lo amaba más que a nadie en el mundo, sin contar a sus
lobeznos, y quería que fuera tan feliz como lo era él, y para ello, debía dejar
que fuera un animal salvaje cuando lo necesitaba.
Llegó
a casa y se puso el abrigo más gordo que tenía, sabiendo que sería el único que
Sasuke aceptaría, era un lobo un tanto sobreprotector, pero él entendía esa
necesidad y no quería ponerle las cosas más difíciles de lo que ya lo habían
sido. Guardó cuidadosamente la pulsera que le regaló en uno de los bolsillos
con cremallera para que no se le cayera y luego regresó al tronco, donde estaba
la ropa de Sasuke. Sonrió al saber que ya había adoptado su otra forma y que
estaría corriendo por ahí cerca, de modo que se sentó en el árbol caído y puso
la ropa de su marido sobre sus piernas, tanto para evitar que estas se
mancharan como para que le dieran un poco más de calor.
Después,
admiró el paisaje que había a su alrededor. Siempre le había encantado la
montaña y el bosque, y le gustaba mucho vivir en un lugar relativamente
aislado, era tranquilo y no tenía que preocuparse por si sus revoltosos hijos
hacían demasiado ruido, además, así se criaban en mitad de la naturaleza, como
Sasuke, y el día en que pudieran transformarse como él, no tendrían que
esconderse. Miró hacia el cielo que, como en esa zona no había contaminación
lumínica, se podía apreciar claramente el océano estrellado que centelleaba
alrededor de una hermosa luna, la cual hacía resplandecer la blanca nieve que
cubría los árboles, algunos desnudos y otros que conservaban su vegetación
incluso en invierno. Sonrió, no importaba qué época fuera, ese lugar siempre le
parecía precioso, nunca se cansaba de recorrer aquellos bosques con su familia.
Entonces,
le pareció escuchar algo. Giró la cabeza hacia un lado, pero solo llegó a ver
unos arbustos temblando, como si algo los hubiera pasado rozando, hecho que
confirmó al fijarse en la estela que había dejado algo en el suelo nevado.
Otro
ruido, a la izquierda, pero cuando se volvió, no había nada salvo otro surco en
la nieve. Esbozó una amplia sonrisa juguetona.
—¿Quieres
jugar, Sasuke? —preguntó al mismo tiempo que se agachaba para hacer una bola de
nieve. Sabía que nunca le daría a Sasuke con ella, era demasiado rápido para
él, pero lo hacía solo por jugar con él.
Se
quedó de pie en mitad de los árboles con la bola en la mano y aguzando el oído,
tratando de detectarlo, sin embargo, cada vez que creía escucharlo, Sasuke ya
había desaparecido de nuevo entre los arbustos. Estuvo un par de minutos así,
siendo el objeto de burla del lobo, el cual era tan veloz y sigiloso que le
resultaba muy difícil seguirlo solo con escucharlo. Pero, de repente, oyó unas
rapidísimas pisadas amortiguadas por la nieve a su derecha y se giró, tan solo
a tiempo de ver al enorme animal negro saltando para darle un lametón en la
cara que lo llenó de babas.
—¡Sasuke!
—se quejó, a pesar de que sonreía.
El
lobo aterrizó elegantemente sobre sus cuatro patas y corrió en círculo antes de
plantarse frente a él y agazaparse, moviendo la cola y con la lengua fuera.
Estaba claro que quería jugar.
Y
Naruto no se lo negó.
Estuvieron
corriendo por los alrededores de la casa, persiguiéndose el uno al otro,
rodando por la nieve, Sasuke dándole babosos lametones cada vez que podía,
sabiendo que eso fastidiaba a su esposo, y este se los devolvía tirándole bolas
de nieve siempre que lo tuviera lo bastante cerca. Llevarían alrededor de una
media hora así cuando Naruto corrió de vuelta al tronco, seguido por el veloz
lobo, cuyas patas hacían salpicar la nieve a su imponente paso.
Por
supuesto, lo cazó con facilidad y lo tiró al suelo. Naruto rio mientras este le
daba la vuelta, instante en el que se dio cuenta de que Sasuke ya no era un
lobo, sino un hombre recubierto enteramente de pelaje, con enormes colmillos y
uñas afiladas, cuyos negros ojos lo contemplaban divertidos y felices.
Cualquier otra persona habría estado aterrorizada, pero Naruto solo le devolvió
una alegre mirada y tomó su peludo rostro entre sus manos para besarlo. A él no
le importaba su aspecto, o que no fuera del todo humano, ni siquiera que
marcara su territorio con su orina, lo amaba profundamente y removería cielo y
tierra por verlo con la expresión de pura felicidad que tenía ahora.
Sasuke
le correspondió amorosamente, con esa mezcla única de dulzura y pasión que solo
podía darte alguien que te quisiera de verdad. Sus labios acariciaron los suyos
con suavidad y su lengua poseyó su boca, invitando y seduciendo a la suya para
unirse a su húmeda danza, que marcaba el inicio de una noche ardiente entre las
sábanas.
Se
separaron perezosamente y Sasuke rozó su mejilla con el dorso de los dedos, con
cuidado de no hacerle daño con sus largas uñas.
—A
veces me cuesta creer que sea real —le confesó, contemplándolo como si fuera el
ser más especial que hubiera visto nunca—, pienso que tal vez haya muerto junto
a mi familia y que todo esto solo es una alucinación.
Naruto
le apartó el largo cabello de la cara y tomó su rostro entre sus manos.
—Pues
es real. Los dos estamos aquí, juntos, tenemos unos cachorros maravillosos... y
te quiero. Te quiero muchísimo, Sasuke.
Los
ojos del lobo brillaron al mismo tiempo que su pelaje se retiraba, dejando paso
a su forma humana.
—Y
yo a ti, Naruto. No hay un solo día en el que no agradezca que me salvaras... y
que sigas aquí. —Se inclinó para besarlo más profundamente, de un modo íntimo y
sensual que hizo que Naruto se estremeciera de la mejor manera y que su cuerpo
estallara en llamas, a pesar de estar sobre la nieve. Sasuke lo notó y
descendió por su garganta, lamiendo cada centímetro de piel disponible antes de
volver a ascender por un lado del cuello hasta su oreja, mordiéndole el lóbulo
y provocando que soltara un jadeo—. Tenías razón. He estado tan pendiente de tu
salud que no me he fijado en nada más, como en las ganas que tenía de volver a
correr y jugar contigo, o de lo bien que hueles cuando estás excitado —murmuró
en su oído, lamiéndole debajo de la oreja, provocando que Naruto gimiera y que
Sasuke ronroneara complacido—. Joder, Naruto, hasta ahora no me había dado
cuenta de que había pasado tanto tiempo.
Él
no podía hablar, estaba demasiado centrado en esos labios que dejaban rastros
de fuego sobre su cuello, en sus manos que le acariciaban el rostro y en los
dedos que jugaban con su cabello. Sasuke tenía razón, había pasado demasiado
tiempo, incluso cuando él salió del hospital tras la operación en la que lo
esterilizaron, no pudieron hacer nada: los niños estaban muy entusiasmados
porque al fin su papi estuviera recuperado, Arashi necesitaba atención y,
además, estuvieron muy ocupados con las fiestas navideñas y después organizando
Fin de Año. No habían ido más allá de los besos y las caricias, por eso, ahora
mismo estaba más húmedo de lo normal y se sentía arder bajo el caliente cuerpo
de su hombre lobo.
Sasuke
repartió suaves mordiscos por todo su cuello, sabiendo que era una de sus zonas
más sensibles y que le encantaba que hiciera eso, haciéndole gemir en voz baja
y que se aferrara a su baja espalda, clavándole los dedos en el pelaje que le
había vuelto a salir y pasando sus uñas por su piel, ascendiendo hasta sus
hombros, a los cuales se aferró mientras susurraba su nombre.
El
lobo gruñó profundamente, excitado.
—Ya
he jugado bastante contigo siendo un animal. Ahora quiero hacerlo como hombre
—declaró, poniéndose en pie junto al rubio. Entonces, este se dio cuenta de que
en sus mejillas y cuello también tenía pelaje. Le deseaba mucho—. Vamos a casa,
no puedo esperar para hacerte mío.
Naruto
tembló de deseo. Le habría gustado pedirle que lo follara allí mismo, sobre la
nieve, pero tampoco quería que Sasuke se resfriara y corrió a por su ropa, que
le ofreció con el rostro sonrojado. Este sonrió al ver a su adorable doncel con
las mejillas rojas y se inclinó para susurrarle al oído:
—Si
no hiciera tanto frío, te habría inclinado sobre el tronco y te la habría
metido hasta el fondo, una y otra vez, despacio, hasta que me hubieras
suplicado que te follara fuerte y rápido.
El
rubio se estremeció mientras Sasuke lo abrazaba fuertemente y volvía a pasar la
lengua por debajo de su oreja. Se le escapó otro gemido, no podía evitarlo, se
ponía muy húmedo cuando su lobo chupaba o mordía sus zonas más erógenas, y eso,
unido a que hacía mucho que no tenían sexo... Lo necesitaba, ahora.
—Sasuke,
por favor... —jadeó, frotándose contra su cuerpo, sintiendo su miembro duro
contra el suyo.
El
lobo gruñó y se apartó, cogiéndolo de la mano para guiarlo rápidamente de
vuelta a casa. Una vez allí, Naruto se apresuró en cerrar la puerta con llave
y, cuando se dio la vuelta, Sasuke le dedicó una sonrisa traviesa antes de
levantarlo en brazos y llevarlo hacia su dormitorio mientras reían en voz baja
y el rubio aprovechaba su ventajosa posición para plantar húmedos besos en el
cuello del lobo, el cual gruñó de puro deseo al mismo tiempo que le brotaba
pelaje por esa zona.
—¿Te
he puesto nervioso? —se burló antes de mordisquearle la oreja.
Para
entonces, habían llegado a su habitación y Sasuke la acababa de cerrar con el
pie.
—Me
has puesto duro, que es distinto —le dijo con la voz ronca, tumbándolo en la
cama con suavidad y colocándose él encima. Naruto sonrió cuando Sasuke gateó
hasta él, de ese modo tan elegante en el que se movían los depredadores, como
si le estuviera acechando. Sin embargo, no tenía miedo, nunca lo tendría de su
lobo, a pesar de que tenía toda la intención de comérselo. Cuando se inclinó
para darle un profundo y apasionado beso, él suspiró y pasó sus manos por su
vientre, buscando el borde de su jersey para quitárselo. Notó que Sasuke
sonreía contra sus labios—. Siempre tan impaciente, Naruto.
Él
hizo un puchero que al lobo le resultó adorable.
—Ha
pasado mucho tiempo, Sasuke, no me juzgues.
Este
acarició su rostro con cariño.
—No
era una queja, compañero —ronroneó—. Sabes que estoy aquí para cumplir todos
tus deseos —dicho esto, se sentó sobre sus rodillas, procurando no hacerle daño
a Naruto, que aún estaba bajo su cuerpo, y se quitó el jersey y la camiseta,
dejando su torso al descubierto.
El
rubio no pudo evitar admirar a su sexy marido. No importaba los años que
pasaran, Sasuke se veía tan perfecto como el primer día que lo vio, a pesar de
que los cambiantes eran tan mortales como los humanos, sin embargo, su lobo
seguía siendo igual de bello: su largo cabello conservaba ese brillo negro que
hacía que la luz reflejara destellos azules en él, no se había vuelto de un
oscuro lacio, y le seguía quedando bien llevarlo hasta los hombros; su rostro
varonil también era tan atractivo como entonces, con sus facciones simétricas,
algo afiladas, pero indudablemente masculinas, con esos ojos negros tan
profundos, fríos y distantes, que solo mostraban calidez cuando lo miraban a
él; con sus anchas espaldas, pecho amplio y grandes brazos, parecía invencible,
y sus músculos bien definidos, sobre todo sus increíbles abdominales, harían
babear a cualquier mujer o doncel que se parara a mirarlo, la verdad era que no
le sorprendía que estos se le lanzaran encima con la esperanza de conseguir una
cita con él.
Pero
era suyo.
Y
su lobo solo tenía ojos para él, se lo había demostrado en múltiples ocasiones,
incluso cuando la inseguridad había podido con él hasta llegar a pensar que
Sasuke era demasiado bueno para estar con alguien como él.
Acarició
su vientre, anguloso por los impresionantes músculos, disfrutando de cómo estos
se contraían bajo su caricia, haciéndole sonreír.
—¿Te
he dicho alguna vez que eres perfecto?
Sasuke
sonrió y volvió a colocarse sobre su cuerpo para lamer y mordisquear su cuello.
—Varias
veces, pero es agradable oírlo —dicho esto, lo miró felizmente a los ojos y le
acarició una mejilla como si fuera lo más preciado para él, hacía que Naruto se
sintiera la persona más afortunada del mundo—. Además, se necesita a alguien
perfecto para estar con una persona perfecta.
Naruto
levantó una ceja.
—¿Yo
te parezco perfecto?
Los
ojos de Sasuke brillaron con malicia.
—Vamos
a verlo.
De
repente, el lobo lo cogió por la cintura y giró en la cama, llevando a Naruto
con él y haciéndole reír, de forma que este quedara encima del varón. Después,
Sasuke los incorporó a ambos hasta quedarse sentados sobre la cama, de forma
que el rubio estaba a horcajadas en su regazo, mientras que el hombre estaba
sobre su trasero con las piernas estiradas y los brazos alrededor de la cintura
de su esposo.
Sin
mediar palabra, empezó a desnudarlo. Ambos se besaron durante todo el proceso,
con calma, pero siendo poseídos por la pasión que los había asaltado desde que
habían estado en el bosque; aun así, no se rindieron todavía a ella, antes
querían compartir ese amor tierno que solo habían sentido por su pareja, nunca
por otra persona, a base de suaves caricias y dulces besos, los cuales
amenazaban con volverse intensos y salvajes, pero los dos se contenían,
sabiendo que aún no era el momento de abandonarse a su lujuria, que debían
esperar un poco más. Sasuke le quitó ese jersey que hacía tan adorable a
Naruto, siguiéndolo una camiseta interior de manga larga un tanto ajustada, que
no ocultaba las sensuales curvas de la cintura de su doncel, y después, este le
ayudó a deshacerse de sus botas, los calcetines, los pantalones y la ropa
interior.
El
lobo ronroneó al contemplar a su hermoso compañero.
—Sí,
eres perfecto —dijo con satisfacción, acariciando su bello cuerpo de arriba
abajo.
Naruto
se miró un momento con el ceño fruncido.
—¿A
pesar de esto?
Sasuke
observó lo que señalaba con gesto sombrío. En un lado del vientre de Naruto,
había una larga cicatriz blanca, la marca que había dejado la cesárea que le
hicieron para sacar a Arashi.
No
lo dudó a la hora de decir:
—Sigues
siendo perfecto. Eso solo demuestra el sacrificio que hiciste para poder darme
otro cachorro —dicho esto, lo atrajo hacia su pecho para abrazarlo y lo besó en
la cabeza—. Sé que los dos lo pasamos muy mal, pero no me arrepiento de haber
tenido a Arashi. Es mi hijo, y lo quiero tanto como a los demás.
—Lo
sé. Yo siento lo mismo —suspiró, dejando que el cálido cuerpo de su marido lo
calmara—. Es que... —se calló. No quería hablar de eso. Ahora no.
Sin
embargo, Sasuke no era de la misma opinión.
—¿Qué?
—Nada.
No importa.
El
lobo le levantó el rostro con una mano para que lo mirara a los ojos.
—Acabamos
de empezar el año, Naruto. No voy a permitir que haya algo que te preocupe
—dijo mientras lo acariciaba lentamente—. No hay necesidad de que me ocultes
nada, sabes que haría lo que fuera por ti.
El
doncel lo miró pensativo, tocándole los mechones largos de cabello.
—A
veces... me cuesta creer que me escogieras a mí.
Sasuke
levantó las cejas y sonrió.
—Naruto,
llevamos nueve años juntos y tenemos una gran camada de cachorros, ¿y dudas de
tu capacidad para retenerme a tu lado? —Pegó su frente a la suya y le dio un
beso esquimal—. Antes de conocerte, jamás me planteé tener un compañero. Ya te
conté que solo follaba con quien me apetecía, ninguna loba o lobisón me gustaba
lo suficiente como para querer formar una familia, pero luego te conocí. —Se le
escapó una pequeña risilla—. Puede que al principio te tuviera un poco de manía
y te encontrara molesto, sin embargo, tú siempre regresabas a la clínica para
cuidarme, a pesar de que solo era un animal salvaje... y me enamoré de ti. A
los pocos días, ya me tenías rendido a tus pies.
Naruto
cerró los ojos y dejó que las manos de Sasuke vagaran por su cuerpo mientras
sus labios recorrían su sien y descendían por su mejilla.
—Lo
recuerdo. Pero tenías tanto donde elegir... y, al final, te quedaste conmigo.
El
lobo se separó un poco de él para mirarlo a los ojos con suspicacia.
—Espero
que esto no tenga nada que ver con lo que dijo Karin hace semanas.
El
rubio bajó la vista, avergonzado. Sabía que era una gilipollez dejarse influir
por lo que dijera la imbécil de su prima, pero era algo a lo que le había dado
vueltas alguna que otra vez y, sinceramente, le parecía increíble, en el buen
sentido, que Sasuke se hubiera quedado con él y no con alguien de su especie, o
con un humano más... acorde a su físico, por decirlo de algún modo.
Al
lobo no le gustó nada su silencio y soltó un suspiro, lo cual entristeció a
Naruto.
—¿Te
ha molestado?
—...
No —respondió Sasuke mientras lo acomodaba sobre su regazo y lo recostaba
contra su pecho para abrazarlo—, pero, a veces, me cuesta entender por qué no
te ves como yo lo hago. Supongo que es por la cultura que tenéis los humanos.
Valoráis demasiado vuestro físico, y además del modo equivocado. Naruto, si yo
quisiera a alguien como Karin, me habría quedado con una loba de mi manada. Ya
has visto cómo somos los cambiantes, todos altos y atléticos, debido a nuestra
genética y a que hacemos mucho más ejercicio que vosotros porque cazamos, es
algo que está en nuestra naturaleza, y no puedes cazar si no estás en buena
forma. He pasado toda mi vida entre personas como las que salen en vuestras
revistas de moda y estética, y estoy cansado de eso —dicho esto, lo miró con
ternura—. Por esa razón, me gustas tanto; eres pequeño, delicado, suave. Las
lobas y los lobisones son más agresivos y exigentes durante una relación
sexual, pero tú no me muerdes o me arañas para ordenarme que te haga correrte,
solo lo pides... —Hizo una pausa en la que esbozó una sonrisa traviesa—.
Además, ellos no se preocupan tanto por dar placer a los varones, y tú me has
hecho un par de cosas que me encantan —dijo, mordisqueándole la oreja, haciendo
jadear a Naruto.
—¿De
verdad?
—¿Te
atreves a dudarlo? ¿Tengo que recordarte cómo concebimos a los trillizos?
—murmuró, haciendo que el rubio se sonrojara—. Ninguna loba me había hecho eso
nunca, ya te lo dije. Me volviste loco.
Naruto
se mordió el labio inferior, sonriendo. Sí, era muy consciente de lo mucho que
le gustó a Sasuke que lo montara tras chupársela, dado que pasó el resto de la
noche de bodas haciéndole el amor como la bestia salvaje que era.
Y
no, no era una queja, en absoluto. Aunque al día siguiente no pudo andar,
mereció la pena.
—Lo
sé.
Sasuke
ronroneó, satisfecho.
—El
físico no es lo único que cuenta, Naruto, lo sabes mejor que nadie, después de
todo, tus historias son sobre eso. Me enamoré de ti por cómo eras por dentro,
un doncel dulce y valiente con un gran corazón, que me salvó la vida cuando
otros me habrían dejado tirado en la carretera para que muriera, que me cuidó y
acogió cuando no tendría que haberse preocupado por un animal salvaje y que me
aceptó a pesar de saber lo que era —dicho esto, dejó que su pelaje saliera por
todas partes y sonrió—. ¿Crees que Karin se habría quedado conmigo cuando me
hubiera visto con tanto pelo? Habría salido chillando de miedo.
Naruto
sonrió y pasó los dedos por sus mejillas, ahora mullidas y suaves por su
pelaje.
—A
mí me gusta tu pelaje.
Sasuke
le devolvió el gesto y dejó que este retrocediera dentro de su piel.
—Y
por eso te amo, Naruto. Sabes lo que soy, no intentas que sea más humano, al
contrario, te molestaste en tratar de entender mis necesidades y mis
costumbres. Mira lo que has hecho hace un momento, has salido a la calle con
este frío solo para asegurarte de que adoptaba mi forma animal, porque sabías
que necesitaba hacerlo —dicho esto, contempló su vientre con un ronroneo—.
Incluso forzaste tu cuerpo para que pudieras traer al mundo a nuestros
cachorros, aun sabiendo que podía ser peligroso para ti. Ni siquiera pensaste
en abortar cuando el embarazo de Arashi se complicó. —Tomó su rostro entre sus
manos y volvió a mirarlo como si su sola existencia fuera un milagro,
haciéndole sentir como si fuera muy especial—. ¿Crees que cualquier otra
persona habría hecho algo así por mí? Es impensable en un humano, y en una loba
o lobisón, ellos no habrían corrido ningún peligro por tener a mis hijos porque
son como yo, pero nunca se habrían molestado en complacerme, no está en
nuestra... cultura. Normalmente es el hombre el que tiene que tiene que
impresionarles. Tú eres todo lo que quiero, incluso cuando no sabía que quería
algo como esto —cuando terminó de hablar, lo besó en los labios, apoderándose
de su boca y de su capacidad para pensar, aunque todavía se sentía conmovido
por sus palabras.
Era
cierto, Sasuke siempre le había amado tal y como era, sin importar cuántas tías
buenas o donceles sexys se le echaran encima, él los rechazaba como si nada y
se frotaba contra él para asegurarse de que aún tenía su olor encima. Maldita
sea, hasta habían tenido hijos juntos, ¡seis! ¿Cómo había podido dudar cuando
estaba claro que quería estar con él? Karin era una perra que solo le había
hecho recordar sus temores de cuando Sasuke y él empezaron a salir juntos,
temores que se desvanecieron el día en el que su lobo le pidió que se casara
con él y fuera su compañero.
Su
marido tenía razón, debía dejar de pensar en su físico, porque estaba claro que
a su lobo le encantaba... Lo sabía por cómo sus manos avariciosas recorrían su
cuerpo, bajando desde su rostro por su cuello, pasando por los hombros, los
brazos, los costados, sus nalgas y sus muslos. Él le correspondía con pasión,
dejando que sus lenguas se unieran y enterrando los dedos en el pelaje de su
espalda, sabiendo lo mucho que le gustaba que le arañara suavemente con las
uñas. Tal y como sospechaba, el hombre lobo soltó un feroz gruñido de
excitación.
—¡Sí,
Naruto!
Él
sonrió, sintiéndose más confiado al oírle gruñir así. Entonces, se le ocurrió
una idea y su sonrisa se volvió traviesa; deslizó las manos por los hombros de
Sasuke y luego las dejó en su pecho para empujarlo hacia atrás. Como esperaba,
su marido obedeció con docilidad, siempre le dejaba hacer lo que quería con él.
Su
mirada negra lo quemó, haciendo que su entrada se humedeciera aún más. Sin
apartar sus ojos de los suyos, le desabrochó los pantalones, que aún llevaba
puestos, y se los quitó despacio, dejando que su lobo comprendiera poco a poco
lo que estaba a punto de hacer. Su pecho vibró cuando lo dejó desnudo y gateó
por la cama para volver con él, poniéndose a cuatro patas para hacer lo que
tenía pensado.
—Naruto...
—ronroneó, excitado.
Él
se lamió los labios.
—Tranquilo,
Sasuke, solo voy a comerte.
De
repente, le salió pelaje en las mejillas y el cuello, lo cual le dijo que la
idea le gustaba... además de que su polla se había alzado como si quisiera
llamar su atención.
—Soy
tuyo, lo sabes.
A
Naruto se le ablandó un poco la mirada, sintiendo una oleada de ternura.
—Lo
sé —y sin decir más, se inclinó y se apoderó del miembro de Sasuke.
El
gruñido bestial que trató de contener su marido le dijo que su idea había hecho
furor. Con deliberada lentitud, usó su lengua para lamerle la punta, gimiendo
suavemente, sabiendo que eso pondría a Sasuke al borde. Este se sentó de un
salto, apoyándose en un brazo mientras que con la otra mano le aferraba el pelo
con fuerza, aunque no la suficiente para hacerle daño. No se asustó, sabía que
su lobo jamás haría nada que pudiera herirle.
—Joder,
Naruto, vas a matarme... —gimió.
—Esa
es mi intención —murmuró él antes de seguir con su tarea, deslizando su boca de
arriba abajo sobre el duro miembro de Sasuke, quien no podía dejar de gemir,
jadear y gruñir al mismo tiempo que le acariciaba el cabello o lo apretaba,
haciéndole saber lo mucho que le gustaba que se la chupara.
Cuando
se la dejó lo bastante húmeda con su saliva, aceleró el ritmo, moviendo su boca
más rápido, provocando que los gruñidos de su lobo se profundizaran, haciéndose
más roncos por el placer. Supo que estaba a punto de correrse, por lo que pasó
las manos por sus piernas, desde las rodillas hacia arriba, clavándole los
dedos en los muslos hasta que alcanzó su trasero y le dio un buen apretón a la
vez que se metía su virilidad en la boca, tan profundo como pudo.
Su
lobo apartó la mano de su cabello para enterrar los dedos en las sábanas,
conteniendo un aullido mientras su cuerpo se estremecía por la intensa ola de
placer que lo arrasó. Naruto limpió los restos de su orgasmo y luego se apartó,
lamiéndose los labios y esbozando una sonrisa triunfal al ver todo el pelaje
que le había salido a Sasuke, no solo en la cara y el cuello, sino también en
los hombros y la espalda.
Este
le lanzó un gruñido suave, excitado.
—Tu
turno —dijo con la voz enronquecida, apenas sonaba humano.
Aun
así, eso no impidió que Naruto temblara de anticipación y gateara de nuevo
hasta colocarse a horcajadas sobre su regazo. Su sexy marido envolvió su
cintura con un brazo, pegándolo a su cuerpo, haciendo que los pezones del rubio
se erizaran, mientras que su otra mano se deslizaba lentamente hacia sus
nalgas. Le dio un fuerte apretón a una de ellas, provocando que el doncel
jadeara y se arqueara contra el torso de Sasuke, el cual ronroneó complacido al
ver su reacción, y, después, pasó un dedo entre ellas, comprobando lo mojado
que estaba.
Naruto
jadeó, fuerte, pero Sasuke lo besó para acallarlo.
—Lo
sé, mi luna, puedo oler lo húmedo que estás y lo mucho que me necesitas... pero
tienes que guardar silencio. Sabes que me encanta hacerte gritar cuando te hago
el amor, pero están los niños y tus padres y no queremos que se lleven un
susto, ¿verdad?
El
rubio gimoteó, sabiendo que no podría soportarlo.
—No
sé si puedo...
—Bésame
o muérdeme el hombro, ¿de acuerdo? —dicho esto, le metió un dedo hasta el
fondo. Por poco abrió la boca para chillar de placer, pero Sasuke lo vio venir
y se apoderó de su boca, metiéndole la lengua para poseer la suya. No pudo
hacer otra cosa que gemir y dejarse dominar, temblando de placer ante la idea
de que su lobo usara sus habilidosos dedos con su entrada—. Esto es como la
primera vez que te hice el amor... pero tranquilo, esta vez no habrá juegos. Te
deseo demasiado como para hacerte esperar, así que... ¿cómo lo quieres?
Naruto
ni lo dudó.
—Rápido,
duro —jadeó, mordiéndose el labio para no soltar un gemido cuando Sasuke retiró
lentamente los dedos de su interior. La sensación era deliciosa y una tortura a
la vez, necesitaba correrse, sabía que esta vez sería muy rápido—. Por favor,
Sasuke, date prisa.
Él
le sonrió, travieso.
—Te
lo he dicho antes, estoy aquí para cumplir todos tus deseos —dicho esto, volvió
a meterle los dedos con fuerza, haciendo que Naruto tuviera que pegar sus
labios a su cuello, cubierto de suave pelaje, para no tener que gritar de puro
gozo.
Después
de eso, perdió todo contacto con la realidad; solo era consciente de Sasuke, de
sus sexys gruñidos y suaves ronroneos de satisfacción, de su ronca voz que le
decía lo mucho que le gustaba verlo excitado y gimiendo desesperado, de los
fuertes músculos de su torso que se contraían contra su cuerpo, de su piel
caliente, de su brazo que lo mantenía inmovilizado, de sus dedos que no dejaban
de hacerle el amor con dureza, provocando que se corriera una y otra vez,
volviéndolo loco.
—Aaah...
Sasuke... Aaaaaaahh... —gimoteaba contra su garganta, tratando de guardar
silencio.
Su
lobo volvió a penetrarlo con fuerza, mandándolo al borde de un nuevo orgasmo.
—¿Qué?
¿Qué quieres, Naruto? —gruñó este con la voz ronca.
—Tu
lengua... —logró decir antes de jadear, sabiendo que estaba a punto de alcanzar
el clímax.
—¿Esta?
—se burló su marido, lamiendo lánguidamente su cuello al mismo tiempo que lo
embestía sin piedad.
—¡Sí!
—casi chilló cuando una oleada intensa de placer se apoderó de su cuerpo. Con
esta, ya iban cinco veces, y estaba para el arrastre; sentía su cuerpo
tembloroso, el corazón muy acelerado, la respiración agitada y su entrada nunca
había estado tan mojada y palpitante, anhelando que Sasuke lo follara de una
vez.
—¿Qué
quieres hacer con ella, Naruto? —ronroneó su marido, muy complacido por lo
sensible que estaba a su toque—. Sabes que haré lo que quieras, cualquier cosa
que me pidas, solo tienes que decírmelo.
Naruto
no podía más, se sentía en llamas por haber llegado al cielo tantas veces y
porque Sasuke no dejaba de penetrarlo con los dedos, esta vez con más suavidad,
pero su ritmo cardíaco se disparó a la vez que estos se aceleraban, volviendo a
embestirlo con frenesí. No quería agotarse antes de hacer el amor con su lobo,
necesitaba sentirlo dentro de él con desesperación pero, antes de eso, quería
una cosa, una única cosa a la que su marido y él eran adictos desde la primera
vez que lo hicieron.
—Fóllame
con tu lengua —suplicó, abriendo instintivamente las piernas.
Sasuke
contuvo el aire de repente y su pecho vibró con fuerza, reteniendo un gruñido
de lujuria.
Antes
de darse cuenta, Naruto ya estaba tumbado en la cama con el hombre encima de
él, que le contemplaba con ojos brillantes y la boca entreabierta, dejando al
descubierto sus largos colmillos. Su pelaje aún seguía ahí, indicándole las
ganas que tenía de cumplir ese capricho en particular.
—Sobre
tus manos y rodillas. Ya —ordenó.
Él
obedeció dócilmente, colocándose en posición y separando bien los muslos para
mostrarle su entrada. Notó que Sasuke ponía los brazos entre sus piernas,
apoyándose sobre los codos para cogerle las caderas, de esa forma lo mantenía
quieto y bloqueado, evitando que fuera a ninguna parte e inmovilizando la parte
inferior de su cuerpo; Naruto tendía a apartarse instintivamente cuando hacían
eso, era demasiado intenso y, por mucho que le gustara, su cuerpo parecía creer
que colapsaría si seguía así.
Todo
pensamiento racional desapareció cuando lo sintió. La lengua húmeda de Sasuke
acariciando su entrada, tanteándola y probándola, seguida de un fuerte gruñido
que la hizo vibrar contra su piel e incrementar el placer. Naruto se estremeció
entero y, jadeando, agarró la almohada para llevarla a su cara, sabiendo que
esta vez no podría contener sus gritos. La mordió justo en el instante en el
que su lobo metió la lengua dentro de él, paladeando su mojada y caliente
esencia, haciéndole gemir largamente contra la almohada y aferrándose a ella.
Sasuke le embistió sin piedad, hambriento y voraz, sabía que a su especie le
encantaba probar el sabor de sus parejas y, al parecer, el animal que llevaba
su marido dentro adoraba devorarlo sin censura, como si su placer aumentara el
suyo, o como si pudiera sentirlo en su propia carne como un reflejo de lo que
le hacía. En cualquier caso, ambos disfrutaron de la experiencia, Naruto
chillaba sin cesar y el hombre lobo gruñía fuertemente, lamiendo y chupando a
su compañero, queriendo darle lo que tanto ansiaba y prepararlo para lo que
estaba a punto de hacer.
El
rubio volvió a llegar a la cima con un agudo grito que quedó amortiguado por la
almohada mientras temblaba. Cuando estuvo un poco más tranquilo, apartó por fin
la boca de ella para poder jadear libremente, tratando de recuperarse.
Mientras
tanto, Sasuke cubrió su cuerpo con el suyo, ronroneando y frotando su mejilla
contra su hombro.
—¿Estás
bien? —le preguntó con esa voz ronca tan sexy, más cercana a un gruñido animal
que a otra cosa.
—Sí
—jadeó—, ¿y tú?
—Estoy
duro por ti —admitió, frotando su polla contra sus nalgas, haciendo gemir a
Naruto.
Este
echó la cabeza hacia atrás para acariciarle una peluda mejilla con la nariz. El
lobo ronroneó encantado y correspondió su gesto con cariño.
—¿Y
a qué estás esperando? Yo también te necesito.
Sasuke
gruñó y, sin previo aviso, lo embistió con fuerza. A Naruto se le escapó esta
vez un grito ahogado, pero su marido le tapó la boca con cuidado, procurando no
cubrir su nariz y no hacerle ningún daño, pese a que a él también le costaba
contener un aullido de placer.
—Shh...
Perdóname, mi luna, sé que te mereces mucho más que esto después de todo lo que
has pasado... pero te necesito tanto... Saborearte siempre me vuelve loco, solo
puedo pensar en follarte... La próxima vez pasaré tantas horas lamiéndote que
luego no podrás tenerte en pie... y luego pasaré otras cuantas más haciéndote
mío... y esa vez, no impediré que grites, sabes que me encanta oírte gemir así
para mí. —Hizo una pausa para morderle el lóbulo de la oreja al mismo tiempo
que lo penetraba suavemente, pero con firmeza—. Muerde mi mano si lo
necesitas... y no te contengas... Quiero que te corras sobre mi polla tantas
veces como necesites.
Naruto
gimió fuerte, pero obedeció y le mordió la mano, aunque intentó no hacerle
mucho daño. Sin embargo, a veces le resultaba difícil recordar que podía
herirlo, ya que, poco a poco, Sasuke fue aumentando el ritmo, gruñendo en su
oído, sintiendo cómo su palpitante miembro entraba y salía sin descanso,
poseyéndolo con una pasión que iba creciendo en ambos, envolviéndolos en una
neblina de deseo que les impidió pensar en nada más que salvo en el placer que
sentían y que a Naruto lo consumió cuando su lobo golpeó con frenesí su
trasero, perdiendo el control.
—Aaah...
—gimió Sasuke cuando el interior de su compañero se contrajo por el orgasmo,
aferrándose a su polla y mojándola—. Eso es, Naruto, quiero que te dejes
llevar.
Este,
tras correrse, recuperó un instante de cordura para reconocer la postura en la
que estaban; ambos a cuatro patas, con Sasuke sobre él. Así era como los
hombres lobo hacían el amor con sus parejas, se notaba que su marido había
necesitado mucho dejar salir su lado animal.
Sin
embargo, faltaba una cosa.
Sin
pensárselo dos veces, echó la cabeza a un lado, ofreciéndole su cuello.
Su
lobo no pudo contenerse y lo mordió. Bueno, no clavó sus afilados colmillos en
su piel, pero lo sujetó para que no se moviera; era por dominación, no para
causarle dolor, por eso, no se asustó. Sasuke nunca le haría daño, simplemente
formaba parte de él y, mientras se quedara quieto y dejara que el lobo tomara
el control, no tenía de qué preocuparse, es más, ya lo habían hecho otras veces
y no había pasado nada grave.
Este,
excitado a más no poder por la postura y la sumisión de su pareja, que le había
cedido todo el control en un claro gesto de confianza absoluta, movió las
caderas aún más rápido contra las nalgas de su doncel, ahora a un ritmo caótico
y descontrolado, salvaje y primitivo. Era su animal el que había tomado el
control de su cuerpo y ahora, enloquecido por el delicioso aroma de la humedad
de su compañero y de su mojada, caliente y estrecha entrada, lo poseía a
placer, entrando y saliendo de su cuerpo, queriendo sentirlo temblar bajo él
una vez más, escucharlo gritar su nombre y que se estremeciera de lujuria en
sus brazos.
Perdidos
en su propia pasión, fueron arrollados por ella sin oponer resistencia, siendo
Naruto el primero en acabar tumbado boca abajo en la cama, jadeando agotado.
Sasuke, también tembloroso, sonrió y ronroneó suavemente sin salir de él y
profesándole tiernas muestra de afecto frotando su mejilla contra la suya. Tal
y como esperaba, el rubio le sonrió con esa dulzura que tanto amaba y le
correspondió, besándole el suave pelaje de esa zona que ahora empezaba a
retroceder.
Cuando
estuvo más recuperado, salió del interior de su compañero con suavidad y fue a
la mesita de noche para coger una toallita y limpiarlos a ambos; después, se
tumbó en la cama, a su lado, y lo atrajo hacia su cuerpo para abrazarlo. Naruto
no tardó nada en acurrucarse en su pecho, haciéndole sonreír.
—¿Satisfecho?
Vio
que su doncel sonreía.
—Mucho
—respondió, mirándole con esos preciosos ojos azules, brillantes de felicidad.
Sasuke
le acarició el rostro con todo el amor que sentía. ¿Cómo había podido pensar
Naruto que no era hermoso para él?, con esas mejillas sonrojadas por la
actividad carnal, ese sexy pelo revuelto tras hacer el amor con él, su cuerpo
desnudo entrelazado con el suyo... y ese rostro angelical, tan dulce y tierno
que solo podía pertenecer a esos míticos seres alados que venían del cielo.
—Así,
como te ves ahora, eres hermoso para mí. Y también cuando estás en pijama, o
cuando llevas ropa de deporte, o de fiesta, incluso esa vez que jugamos en el
barro con los niños y acabamos todos sucios estabas hermoso para mí. Y si
alguna vez lo dudas... —añadió, sonriendo con malicia—, prueba a enseñarme tu
bonito culo y verás que eres muy capaz de retenerme a tu lado para siempre.
Naruto
le sonrió con sinceridad y se acercó a él para besarlo en los labios.
—Está
bien, ya lo he entendido. Pero tendré en cuenta lo de enseñarte mi trasero.
Solo para comprobarlo —dijo, guiñándole un ojo.
Ah,
tenía un compañero de lo más travieso.
Sin
pensárselo dos veces, le dio un cariñoso beso en la boca y luego lo instó a
regresar a su pecho para que durmiera. Pese a que le gustaría volver a hacerle
el amor, ya era muy tarde y tenían cinco niños y un recién nacido que cuidar
pero, pronto, los niños regresarían a la guardería y Minato y Kushina volverían
a Tokio, dejándolos a solas con Arashi... el cual, no entendería por qué sus
padres gritaban y aullaban cuando cumpliera su promesa de hacerle el amor a
Naruto durante muchas, muchas horas.
Pero,
por ahora, descansarían...
—Sasuke
—lo llamó el rubio de repente—, te quiero.
Él
sonrió y lo estrechó entre sus brazos, que era el lugar donde debía estar, del
mismo modo que él había encontrado su hogar en los de su luna, la misma que
había iluminado la oscura noche que era su vida y que, ahora, parecía más
cálida y bella que nunca.
Una
noche que les pertenecía.
Y
que no dejaría escapar por nada.
—Y
yo a ti, Naruto.
Fin

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