Mi manada
Naruto
se despertó perezosamente, no queriendo renunciar al nido caliente que había
construido con la manta y colocándose en posición fetal sobre la enorme y
mullida cama en la que estaba. Sin embargo, poco a poco, su conciencia rememoró
los acontecimientos de anoche y, al fin, abrió los ojos y se sentó de un salto,
notando que el otro lado de la cama estaba vacío.
—Eh,
ya estás despierto.
Se
giró hacia la entrada al dormitorio, donde vio al imponente hombre lobo todavía
medio desnudo... y sosteniendo una bandeja que, por el olor, supo que llevaba
gofres.
—¿Me
has comprado gofres? —preguntó ilusionado.
Sasuke
sonrió.
—No,
los he hecho yo.
...
Si ese hombre lobo ya le parecía sexy antes, ahora era una especie de dios
erótico para él.
Este
dejó la bandeja sobre Naruto y luego se sentó a su lado mientras desayunaba.
—¿Cómo
estás hoy? —le preguntó.
El
rubio le sonrió.
—Estoy
muy bien, no me duele nada. ¿Qué hay de ti? —inquirió, preocupado al recordar
la descarga eléctrica que recibió—. ¿Te duele mucho?
Sasuke
esbozó una sonrisa socarrona y le mostró el costado que tenía herido. Anoche
había sido una enorme mancha oscura, pero ahora solo tenía unos pequeños restos
azules.
—Te
dije que me curo rápido.
Guau,
era bastante impresionante. Entonces, recordó que tenían una conversación
pendiente acerca de eso.
—Sasuke...
—empezó, pero este le interrumpió.
—Sí,
es una habilidad de hombre lobo. También tengo sentidos más agudos, y soy más
fuerte y más rápido gracias a mi lado animal. No, la luna llena no tiene nada
que ver con mi transformación, como ya has podido comprobar, puedo hacerlo
cuando quiera, excepto si recibo una descarga eléctrica, como me ocurrió ayer.
Las balas de plata duelen, igual que cualquier bala, en realidad da igual el
material del que estén hechas, son tan efectivas conmigo como podrían serlo
contigo, salvo que yo soy más resistente —dicho esto, miró divertido a Naruto,
que se había quedado con la boca abierta—. ¿Alguna otra pregunta?
El
rubio no respondió inmediatamente, sino que se quedó pensativo un segundo,
meditando qué quería saber.
—¿Cuál
es vuestro origen?
—No
es muy distinto al de los humanos, vosotros descendéis del simio y nosotros de
los lobos, solo que por alguna razón, nosotros conservamos la capacidad de
cambiar, es algo que está en nuestra genética. Nuestros científicos aún lo
están investigando.
—¿Sois
muchos?
—¿Hombres
lobo? No tantos como los humanos, procuramos vivir en manadas pequeñas y en
lugares aislados para mantenernos ocultos, en el pasado ya nos perseguisteis y
por poco nos exterminasteis, pasó mucho tiempo hasta que por fin logramos
convertirnos en un mito y preferimos seguir así por ahora.
Naruto
asintió y buscó ávidamente más cosas que preguntar.
—¿Hay...
otras criaturas?
—Aquellos
a los que llamáis cambiantes, sí. ¿Vampiros y brujas?, no. Eso es cosa de
vuestra imaginación. También hay algunos animales a los que vosotros
consideráis demonios que son reales, pero viven pacíficamente en lugares muy
remotos o que son inaccesibles para los hombres, así que es difícil que deis
con ellos y, aunque lo hagáis, al final siempre creéis que la persona que los
ha visto está loca.
Naruto
se quedó pensando en ello un momento y se removió un poco, incómodo ante algo
que cruzó su cabeza.
—¿Sois...
peligrosos? Para nosotros.
Sasuke
levantó una ceja.
—¿Crees
que yo voy a hacerte daño?
—No.
—Ahí
tienes tu respuesta —dicho esto, dejó escapar un suspiro y se acercó más al
doncel para envolver su cintura con un brazo—. Naruto, nuestras vidas no son
muy distintas a la tuya, solo vivimos en sitios aislados porque nos gusta
transformarnos a placer y para evitar ser descubiertos pero, aparte de eso,
somos bastante parecidos. Como los humanos, hay muchos cambiantes buenos y
algunos malos que nos ponen en peligro. Es cierto que, por nuestra genética,
somos más fuertes que vosotros, pero no vamos por ahí devorando personas ni
haciéndoles daño porque sí. Aquellos que los ponen en riesgo también son
perseguidos por mi gente, yo me dedicaba a eso antes de conocerte.
Naruto
abrió los ojos como platos.
—¿Eras
como una especie de policía?
—Sí
—respondió, hinchando el pecho con orgullo—, era el más fuerte de mi manada.
En
ese momento, el rubio se dio cuenta de un par de cosas que le hicieron sentirse
confundido. Si Sasuke tenía una manada, ¿por qué se había quedado con él?
También había dicho que era policía antes de conocerlo, ¿significaba que había
renunciado por él?
—¿Y
por qué no estás con tu manada?
Ante
esa pregunta, la mirada oscura de Sasuke se volvió triste y dolida. El lobo le
quitó la bandeja, ya vacía, y tiró de él para subirlo a su regazo y abrazarlo
con fuerza. Naruto se dejó hacer, pero su actitud lo dejó extrañado.
Tras
unos segundos en los que Sasuke dudó, finalmente confesó:
—Mi
manada murió hace seis meses.
No
era la respuesta que el doncel esperaba, de hecho, se tensó un poco al oír eso
y, instantes después, rodeó el cuello de Sasuke con sus brazos para darle
consuelo.
—Lo
siento mucho.
El
lobo dejó escapar un tembloroso suspiro.
—Fueron
unos humanos. Incendiaron el bosque donde vivíamos, querían hacerlo para tener
los permisos necesarios para construir allí unas casas rurales para ricos, no
sabían realmente que alguien viviera allí. Yo fui el único que sobrevivió.
Naruto
se estremeció por la terrible historia. No podía ni imaginar lo duro que tuvo
que ser para Sasuke, ver cómo toda su familia, toda la gente a la que conocía,
iba cayendo asfixiada o presa del fuego sin poder hacer nada. Lo estrechó con
más fuerza mientras se le anegaban los ojos de lágrimas.
—Lo
siento. Lo siento mucho, Sasuke, de verdad.
—Lo
sé, tranquilo —murmuró este, frotándole la espalda—. No pasa nada.
Naruto
se apartó para besarlo en la frente y mirar esos profundos y negros ojos, en
los cuales aún vio dolor por su pérdida, pero este parecía mitigado por una
emoción más cálida.
—¿De
verdad estás bien?
Sasuke
le dedicó una sonrisa sincera.
—Sí,
gracias a ti.
Eso
hizo que el rubio exclamara, sorprendido:
—¿A
mí? ¡Pero si encima te atropellé con mi coche!
—No
fue culpa tuya.
—Bueno,
desde luego no era mi intención golpearte a sesenta quilómetros por hora, pero
tampoco es como si...
Sasuke
lo interrumpió cogiendo su rostro entre sus manos y obligándole a mirarlo a los
ojos. Esta vez, sus orbes negros eran tristes.
—Naruto,
vi tu coche. Fui yo quien se lanzó delante.
...
No, él no podía asimilarlo. No podía creer que Sasuke hubiera intentado...
—Sasuke...
Tú no...
Este
cerró los ojos con fuerza y se llevó la mano de Naruto a su mejilla, como si
necesitara desesperadamente su contacto. Él dejó sus dedos ahí y no dudó a la
hora de acariciarlo, queriendo consolarlo.
—Soy
un lobo, Naruto, estoy diseñado para vivir en manada —le explicó Sasuke—. Sin
mi manada, no soy nada. Perdí las ganas de vivir al darme cuenta de que estaban
todos muertos: toda la gente a la que yo protegía, mis compañeros, mis amigos,
mis padres, mi hermano, mi cuñada, mis sobrinos... No quería vivir sabiendo que
ellos ya no estaban y que no volvería a verlos, para mí no tenía sentido. Así
que fui hasta la carretera y esperé a que pasara el primer coche. Fuiste tú.
—Oh,
Sasuke... Lo siento.
Este
lo contempló de un modo que Naruto no supo definir, pero fue tan intenso que no
logró apartar la mirada. Después, el lobo le acarició el rostro.
—No
lo hagas. Me salvaste, Naruto. Cuando me desperté en la clínica y comprendí lo
que había pasado, pensé que era una broma de mal gusto por parte del destino
que hubiera vuelto a sobrevivir. Te odié al principio, ¿sabes? —reconoció con
una sonrisa irónica—, te detestaba porque habías interferido en mis planes y
encima no me dejabas en paz, era como si los dioses quisieran torturarme un
poco más. Pero, por mucho que te gruñía y te enseñaba los dientes, tú nunca te
marchabas, siempre volvías al día siguiente para contarme tu vida o cualquier
tontería que te hubiera pasado —continuó, esta vez con diversión, pero luego su
mirada se volvió tierna—. Hasta que llegó un momento... en el que odié que te
fueras de mi lado. Descubrí que aguardaba ansioso el mañana para volver a ver
tus ojos, escuchar tu voz y sentir tus dedos en mi pelaje... —dicho esto,
hundió el rostro en el hueco de su cuello mientras estrechaba su cuerpo contra
el suyo—. Dios, la primera vez que dejé que me acariciaras habría aullado de
felicidad si no hubiera estado tan débil.
Naruto
estaba un poco sorprendido por la confesión de Sasuke, pero también muy
emocionado. Le alegraba saber que había evitado que su amigo se quitara la vida
o que hubiera seguido hundido en un pozo de agonía; tampoco es como si pudiera
culparlo, él habría estado destrozado si toda su familia hubiera muerto de un
modo tan horrible, pero... Es que... la idea de que Sasuke dejara de existir...
le partía el corazón.
Apartó
ese pensamiento a un lado, repitiéndose que él estaba allí, que se encontraba
entre sus brazos y que ahora estaba bien. Sonriendo por ello, deslizó sus manos
hasta su cabello y enterró los dedos en él, acariciándolo como lo habría hecho
si estuviera en su forma animal. El lobo tembló ligeramente y su pecho vibró a
causa de un profundo gruñido de satisfacción.
—Joder,
Naruto, me encanta.
Este
soltó una risilla.
—Siempre
gruñes así cuando te hago esto. Pero ahora suenas como un lobo de dos metros.
Sasuke
se separó de él con una sonrisa y pegó su frente a la suya.
—Me
diste una nueva razón para vivir. Ahora tú eres mi manada.
El
rubio arrugó el ceño, un poco preocupado.
—¿Preferiste
quedarte conmigo como mascota antes que vivir en libertad en el bosque?
—Naruto,
no soy tu esclavo, soy feliz y libre en tu casa, ni siquiera me pones correa.
Él
señaló el collar, que Sasuke todavía llevaba puesto alrededor del cuello.
—Pero
te puse collar, ¿no es ofensivo?
—Si
me lo pones tú, no. Si me lo pone otro... Bueno, digamos que se habría quedado
sin mano.
Naruto
sonrió un poco, pero seguía sin entenderlo.
—No
comprendo por qué te quedaste conmigo, ¿qué hay de tu bosque? ¿No es tu casa?
—Allí
ya no hay nada para mí, y te recuerdo que, como te gusta el senderismo, vamos
mucho a la montaña juntos, tampoco es como si me tuvieras todo el día encerrado
en tu casa, hasta me llevas a tu cafetería favorita y a comprar comida —dicho
esto, ajustó su abrazo y contempló con calidez sus ojos—. No soy infeliz
contigo. Soy un hombre lobo, así que odio las discotecas, tan aglomeradas de
gente, con un montón de ruido que hiere mis oídos y, puede que tú no lo notes
tanto, pero esos sitios apestan a sudor, alcohol y otros fluidos que no quieres
saber. Me gusta el aire libre y correr por el bosque, pero eso ya lo hago
contigo, y también me gusta estar en tu casa, ver películas y leer contigo, o
hacerte compañía mientras estás escribiendo, es relajante y agradable. —Hizo
una pausa en la que le sonrió con cierta diversión—. No debes pensar en mí como
en un humano, aunque ahora lo parezca, probablemente no me gusta la mayoría de
cosas que les gusta a los hombres que conoces. Ya ves que soy muy casero.
Mmm...
Era algo curioso, pero podía aceptar eso. La verdad era que Sasuke siempre
había parecido ser genuinamente feliz con él.
—¿Y
qué hay de tu trabajo como policía?
—Ya
no ejerzo, dimití —admitió Sasuke encogiéndose de hombros, como si no fuera
nada del otro mundo.
Naruto
lo miró con sospecha.
—¿Para
quedarte conmigo?
—En
parte sí, pero también para ocuparme del negocio que me legó mi hermano.
—Pero...
¿a ti te gusta ser policía?
Sasuke
frunció el ceño ante la pregunta y se quedó callado, reflexionando en silencio.
Él no lo interrumpió y se dedicó a frotarle los hombros casi inconscientemente.
Le gustaba tocarlo, era parte de la relación que habían tenido cuando Sasuke
era un lobo y, de todos modos, a él parecía gustarle su tacto también.
Finalmente,
el varón alzó la mirada hacia él.
—Era
un trabajo respetable, se me daba bien y me gustaba mantener a mi manada a
salvo... pero ahora ya no lo quiero. A veces tenía que pasar mucho tiempo fuera
de casa, y ahora que me quedo contigo, eso era un problema. Así que renuncié y
decidí invertir mi tiempo laboral en la empresa de mi hermano y en un negocio
particular que he montado. Es parte de la razón por la que no me fui inmediatamente
contigo a casa, necesitaba hacer algunas cosas antes de regresar a tu lado.
—¿Hablas
de cuando te fuiste al bosque?
—Sí
—asintió Sasuke, bajando la vista con tristeza—. Tenía que darle un funeral
digno a mi manada y avisar a sus familiares —dicho esto, endureció el gesto—,
también quería asegurarme de que los humanos que provocaron el incendio pagaran
por lo que habían hecho, ahora están en la cárcel.
Naruto
le acarició el rostro con suavidad, tratando de consolarlo. Sasuke cerró los
ojos y presionó su mejilla contra la palma de su mano, reconoció ese gesto como
que le gustaba y que quería más, solía hacerlo también cuando era un lobo.
—Eso
está bien —susurró, sin saber muy bien qué más decir. Decidió que era mejor
cambiar de tema, no quería que Sasuke siguiera triste por su manada—. Entonces,
¿a qué te dedicas ahora?
—Mi
hermano tenía una cadena de hoteles, entre los cuales está este.
Naruto
abrió los ojos como platos.
—¿Me
estás diciendo que el hotel es tuyo?
—Sí
—respondió con sencillez, encogiéndose de hombros—. Como soy el único familiar
vivo, su negocio pasó a ser mío, pero como yo no tengo ni idea de dirigir una
empresa, cedí los cargos de director ejecutivo a la junta, así que yo solo soy
socio fundador. Solo me ocupo de vigilar que la empresa va como habría querido
mi hermano y que todo esté en orden, el trabajo pesado es para ellos.
—Por
eso todo el mundo te conoce aquí, ¿no?
—Sí,
están agradecidos porque no vendí los hoteles a una empresa rival, he oído que
el que la dirige es un capullo y mi hermano no habría querido eso para sus
empleados, los apreciaba mucho —dicho esto, hizo una pausa en la que acarició
distraídamente los hombros y brazos del rubio—. También usé parte del dinero
que me dejó en montar un camping para familias en el lugar donde vivía mi
manada. —Hizo una mueca—. No quería hacerlo porque sería parecido a lo que esos
humanos hicieron... pero esos cabrones se aseguraron de que esa zona quedara
muerta, apenas volverá a crecer nada. No quería que parte del bosque se
desperdiciara y... pensé... que si mi manada fue feliz allí... tal vez otras
personas puedan serlo también en ese lugar.
—Seguro
que sí —aseguró Naruto y lo besó otra vez en la frente. Sasuke respondió
abrazándolo y enterrando el rostro en su cuello, parecía que le gustaba poner
la nariz en esa zona para olisquearlo y, aunque se le hacía un poco raro,
supuso que sería una cosa de hombre lobo, ya que cuando Sasuke era un animal
tendría a olfatearlo todo—. Entonces, ¿qué vas a hacer ahora?
El
hombre lobo se apartó para fruncirle el ceño.
—¿Qué
quieres decir?
El
doncel apartó la vista, un tanto triste.
—¿Te...?
¿Te irás a vivir cerca del camping? ¿O vivirás aquí, en el hotel? —Él esperaba
que fuera la segunda opción, así lo tendría más cerca de él.
Sasuke
se apartó y lo observó con una expresión totalmente extraña en el rostro.
—Naruto...
después de todo lo que te he contado, ¿todavía no sabes qué es lo que quiero?
El
corazón de este se aceleró porque, en el fondo, creía saber la respuesta...
pero su cabeza no estaba segura, no podía comprender por qué alguien como
Sasuke tendría el menor interés en quedarse con él cuando podría estar viviendo
libremente en mitad del bosque, teniendo bajo su poder una importante cadena de
hoteles, un negocio propio y, seguramente, a todas las mujeres y donceles
hermosos que quisiera, tan solo tenía que recordar como esa perra enfermera se
había restregado contra él.
—Sasuke,
yo... No puedo ofrecerte gran cosa...
Este
parpadeó y, lentamente, sonrió.
—Y
sin embargo, me has dado más de lo que crees —murmuró mientras acariciaba su
rostro como si fuera lo más valioso del mundo para él. Le hizo sentirse muy
especial. —. Parece que diga lo que te diga no vas a creerme... tendré que
convencerte de otra manera —añadió, sonriendo con malicia.
De
repente, Sasuke inclinó la cabeza y pasó su húmeda lengua por su cuello, desde
la base hasta la oreja, donde atrapó su lóbulo y lo chupó antes de
mordisquearlo, juguetón.
—Aaaaah...
—gimió, sonrojándose y aferrándose a los hombros de Sasuke. No podía evitarlo,
había pasado mucho tiempo desde la última vez que alguien le habían tocado así
y, de todos modos, no podía, ni en el fondo quería, resistirse a Sasuke.
Porque
lo sabía. Sabía lo que sentía por él, pese a que todavía le costaba entender
por qué.
El
lobo soltó un gruñido complacido.
—Ah...
No sabes las ganas que tenía de hacerte gemir así.
—Sasuke...
—Shh...
—susurró Sasuke en su oído mientras le lamía por debajo de la oreja, haciéndole
temblar—. He pasado meses viendo cómo te desnudabas delante de mí, cómo te
bañabas... y cómo te tocabas. —El rostro de Naruto se encendió al escuchar eso.
Oh, mierda, ¡se había masturbado delante de Sasuke!—. ¿Creías que estaba
dormido? No me perdí ni el más mínimo detalle, Naruto, me encantaba ver cómo te
ponías a cuatro patas sobre la cama y te metías los dedos hasta el fondo... —A
Sasuke se le escapó un fuerte gruñido—. Joder, lo único que quería hacer era
transformarme y follarte fuerte, darte lo que tanto querías. Anoche tuve que
contenerme, a pesar de que el olor de tu humedad me volvía loco, pero hoy nada
va a pararme. Sé que también me deseas, los lobos olemos algunas emociones, ¿lo
sabías?, como el miedo, la rabia, el dolor si es lo bastante fuerte... y la
lujuria. Ahora mismo puedo oler lo mojado que estás... —Las manos de Sasuke
fueron a sus nalgas y le dio un suave apretón que le hizo gemir de puro deseo.
Era cierto, ya estaba húmedo por la necesidad de tenerlo dentro—. Así que hazte
a la idea de que ninguno de los dos saldremos de esta habitación hasta que seas
mío, y cuando digo "mío", me refiero a que te des cuenta de que ahora
formas parte de mi vida. La mejor parte —dicho esto, se apoderó de su boca y lo
besó con pasión.
Naruto
gimió contra sus labios y rodeó su cuello con los brazos, dejándose llevar y
aparcando sus inseguridades a un lado. Sasuke le quería a él, y punto. No había
nada más que entender, ni nada más que importara.
Se
olvidó de todo cuando Sasuke le acarició los labios con la lengua, seduciéndolo
para que le dejara entrar en su boca. El rubio lo permitió sin dudarlo y dejó
que la suya saliera a su encuentro, invitándolo a acariciarlo y explorarlo,
mientras deslizaba sus dedos hacia su cabello, hundiéndolos en la mata de pelo
oscuro tal y como sabía que a él le gustaba. La respuesta del lobo fue un
profundo gruñido que retumbó en su pecho, haciéndolo vibrar.
—Joder,
Naruto... —susurró Sasuke contra sus labios antes de devorarle la boca, esta
vez con avidez y deseo, desentrañando los misterios escondidos en los rincones
más recónditos de su boca, despertando la pasión de sus labios y tentando a su
lengua a unirse a una dulce y erótica danza. Naruto tardó poco en cederle todo
el control sobre su cuerpo, Sasuke era dominante y él lo deseaba demasiado como
para tratar de mostrarse desafiante, e incluso así, tal vez no se habría
resistido, le gustaba esa faceta suya en la cama.
De
repente, las manos del varón lo levantaron con suma facilidad, colocándolo a
horcajadas sobre su regazo, y le arrancó los bóxers de un único movimiento. El
doncel jadeó por la sorpresa, pero antes de que pudiera decir nada, Sasuke pasó
un dedo entre sus nalgas, acariciándole su húmeda entrada. Naruto echó la
cabeza hacia atrás y gimió fuertemente, haciendo que Sasuke gruñera lascivo.
—Mmm...
—ronroneó, sonriendo travieso—. Deseaba hacer esto desde la primera vez que te
vi tocarte. Mírame, Naruto, quiero que me digas cómo quieres que te lo haga
—dicho esto, le dio unos toquecitos a su entrada, haciéndole gemir más fuerte.
—Sasuke
—jadeó, retorciéndose ante sus caricias—, por favor...
Este
gruñó suavemente y pasó un brazo alrededor de sus caderas para pegarlo
totalmente a su cuerpo e inmovilizarlo. En ningún momento dejó de tocar su
entrada, esta vez rodeándola con el dedo, burlándose de él y llenándolo de
anticipación.
—Nunca
podría decir que no a esto... —murmuró, besándole los labios—. Pero puesto que
no me has dicho cómo te gusta, tendré que improvisar.
Y
sin previo aviso, Sasuke introdujo un dedo. Fue lento y suave, pero llegó hasta
el fondo, haciendo que Naruto gimoteara cuando se retiró y volvió a penetrarlo
a un lánguido ritmo, torturándole.
—Aaaaaah...
Sasuke... Por favor...
Este
volvió a gruñir, excitado por los gemidos que soltaba su rubio y por cómo le
suplicaba.
—¿Me
dirás ahora cómo quieres que te lo haga?
—Rápido...
Fuerte... —jadeó el doncel.
El
pecho de Sasuke tembló de nuevo por un gruñido complacido. Recompensó la
respuesta de su presa metiéndole el dedo un poco más duro, haciéndole gritar,
para luego regresar a un ritmo lento y erótico. Notó que Naruto trataba de
mover las caderas, anhelando alcanzar la cima, pero procuró que su brazo lo
mantuviera inmovilizado.
—Sasuke...
—lo llamó su doncel.
—Así
es como yo me sentía cuando te tocabas —gruñó en su oído, rozándole
ocasionalmente con los labios y la lengua—. Habría hecho cualquier cosa con tal
de poder darte placer, pero si lo hacía, corría el riesgo de que huyeras de mí.
Aun así, me gustaba verte, me excitaba observar cómo introducías un dedo con
lentitud, humedeciéndote y torturándome, antes de meter un segundo y luego
acelerar el ritmo hasta que te corrías. Quiero que sientas eso, Naruto, la
dulce tortura a la que me sometiste durante meses, te prometo que lo
disfrutarás.
Y
sin darle tiempo a que lo convenciera de que le hiciera correrse de inmediato,
metió el segundo dedo y siguió penetrando su húmeda entrada suavemente,
disfrutando de sus fuertes gemidos mientras sus muslos apretaban sus piernas y
sus manos se aferraban a su cabello, haciéndole gruñir de placer.
Dejó
que pasaran largos minutos en los que sumió a su presa a una deliciosa agonía,
contemplando cómo sus dedos poseían ese trasero que lo había estado volviendo
loco y permitiendo que la fragancia de Naruto, mezclada con el fuerte olor de
su humedad, inundara sus fosas nasales; el olor de su lujuria era tan fuerte
que casi podía paladearlo en su lengua. De hecho, hacía meses que fantaseaba
con meter la cara entre sus nalgas y saborearlo, la sola idea de probarlo e
imaginar su sabor había hecho que pasara algunas noches en el baño,
masturbándose mientras soñaba con el día en que por fin se presentaría ante su
rubio y lo seduciría despacio hasta acabar en su cama y demostrarle lo hábil
que era para el sexo.
La
noche anterior se había jodido todo su plan por culpa de esos hijos de puta. Se
suponía que confesarle su secreto a su linda presa tendría que haber sido algo
delicado y que había planificado bien, pero esos cabrones tuvieron que
fastidiarlo y Naruto había tenido que verlo en plan agresivo y a media
transformación.
Había
estado aterrado ante la posibilidad de que huyera, de que le tuviera miedo. En
vez de eso, le había ocultado de la policía y había mentido por él, le había
protegido y salvado otra vez.
Sus
esperanzas de tener un futuro con él regresaron con fuerza, sobre todo tras ver
cómo Naruto se mostraba posesivo con él y oler su excitación cuando le había
estado poniendo la pomada. Por supuesto, él no le había prestado la menor
atención a esa zorra, no le interesaba lo más mínimo y quería demostrarle a su
presa que él no sería como el capullo de su ex y que iría a follar a otra, y
también se había asegurado de tratar sus heridas para que viera que cuidaría
que él, que sería un gran compañero que siempre estaría pendiente de su
bienestar. Ahora, debía hacerle ver que era capaz de satisfacer sus necesidades
más salvajes y primarias. E iba a disfrutar haciéndolo.
Incapaz
de esperar más, aumentó el ritmo de las penetraciones, golpeando más fuerte y
duro, provocando que su rubio soltara sonidos incoherentes de puro placer y que
echara a temblar. Estaba cerca, lo sentía, y eso hizo que su lado más animal
anhelara con desesperación ponerlo a cuatro patas y mostrarle que era suyo, que
ahora le pertenecía tanto como su corazón a él. Reprimiendo esos instintos, le
mordió el hombro desnudo con cuidado de no clavarle los dientes y le metió los
dedos hasta el fondo, gruñendo salvajemente al escuchar su grito de total
satisfacción y sentir la oleada de humedad que mojó sus dedos.
El
orgullo lo golpeó fuerte al darse cuenta de que su hermosa presa estaba
temblando. No retiró los dedos de su interior, siguió dándole embestidas muy
suaves a su dulce trasero para relajarlo un poco del orgasmo sin que dejara de
estar excitado, y le besó suavemente el cuello hasta alcanzar sus labios, que
presionó con ternura.
—¿Mejor?
Naruto
lo miró con los ojos nublados por el placer y con esa cálida y sincera sonrisa
que hacía revolotear su corazón. Cuando él tomó su rostro entre sus manos y lo
besó con dulzura, su animal aulló de alegría y la felicidad se esparció por
todo su cuerpo.
Era
tan diferente a las lobas y los lobisones (hombres lobo donceles). A ellos les
gustaba que los varones lucharan entre ellos para impresionarlos, normalmente
querían un lobo fuerte para protegerlos a ellos y a sus crías; también eran más
agresivos durante el sexo, mordían y arañaban, y exigían ser satisfechos, rara
vez eran ellos los que se ofrecían para satisfacer a los hombres. A él nunca le
había molestado eso, de hecho, le había gustado mostrar su fuerza y tener a un
feroz compañero sexual que le ordenara que le follara hasta ser incapaz de
aullar...
Hasta
que conoció a Naruto.
Con
él no quería ser agresivo, aparte de que era consciente de que el doncel era
más frágil que él, no sentía la necesidad de someterlo, tal vez porque era
demasiado tierno y dulce y no tenía un ápice de mala leche en la cama, como
estaba comprobando. Además, le encantaba que le tocara y le acariciara mientras
le daba placer, había sido muy consciente de sus manos en su pelo, le encantaba
que hiciera eso y Naruto lo sabía. Apreciaba mucho que también pensara en lo
que le gustaba, nadie lo había hecho antes.
Le
devolvió el beso con cariño y luego lo estrechó contra su cuerpo.
—¿Has
disfrutado?
—Sí,
mucho —le sonrió Naruto.
Sasuke
soltó un gruñido suave al ver el brillo feliz en sus hermosos ojos azules.
Entonces,
sin avisarle, sacó los dedos de su cuerpo y lo agarró por la cintura para
tumbarlo en la cama. Oyó que Naruto reía mientras lo abrazaba, agarrándose a él
para no caerse (aunque Sasuke jamás lo habría permitido); eso también era nuevo
para él, nunca se había reído durante una relación sexual, era refrescante y
agradable, había algo más que lujuria... había un sentimiento más profundo.
Contento
porque su rubio parecía haberle aceptado por completo, se inclinó y lo besó
tierna y apasionadamente mientras le quitaba la camiseta y lo dejaba por fin
desnudo. Su antes tímido doncel, recorrió su espalda con las manos y descendió
hacia su trasero, enganchando sus pantalones para quitárselos.
Jadeó
y se separó de Naruto por la sorpresa, el cual volvió a sonrojarse.
—¿He
hecho mal?
Sasuke
sonrió.
—No,
claro que no —respondió, besándolo una y otra vez—. Puedes hacerme todo lo que
quieras, Naruto. Soy todo tuyo.
Naruto
gimió suavemente y terminó de quitarle los pantalones con su ayuda. Después,
sintió cómo sus pequeñas y suaves manos recorrían su cuerpo desnudo con
curiosidad y deseo, mientras sus labios correspondían sus besos antes de
explorar su cuello, sus hombros y su clavícula. Sasuke lo aceptó todo entre
gruñidos complacidos, disfrutando por completo de la nueva experiencia... hasta
que su rubio, tras acariciar sus muslos, envolvió sus dedos alrededor de su
polla y los deslizó de arriba abajo.
Se
le escapó un gruñido salvaje que asustó a Naruto.
—Lo
siento, ¿te he apretado mucho?
Sasuke,
tembloroso, lo cogió por las muñecas e inmovilizó las manos de su sexy doncel
por encima de su cabeza. Su miembro todavía palpitaba adolorido por la intensa
caricia.
—No,
Naruto... pero, por favor, no hagas eso.
El
rostro de su hermoso rubio se contrajo por la decepción.
—¿No
te gusta?
El
lobo gruñó y lo besó con pasión.
—Al
contrario, me encanta. Pero estoy muy excitado y no quiero perder el control
contigo, podría hacerte daño sin querer.
Naruto
se relajó y le devolvió el beso.
—Sé
que no me harás daño... Déjame tocarte.
...
Era tentador. Muy tentador... sobre todo porque nadie le había hecho eso antes
y se había sentido increíble. Sin embargo, él ya había planeado aquella velada,
y quería que fuera algo especial para su rubio por todo lo que había hecho por
él.
Lo
besó otra vez en los labios y pegó su frente a la suya.
—Te
lo agradezco... y te prometo que, cuando acabe esto, dejaré que me hagas todo
lo que quieras. Pero ahora necesito tenerte a mi manera, quiero hacerte algunas
cosas —confesó, besándolo esta vez más profundamente.
Naruto
no protestó y se dejó hacer, para su inmensa satisfacción, por lo que dejó
libres sus manos para que estas volvieran a vagar por su cuerpo. Mientras
tanto, su boca realizó un descenso por su cuello, lamiendo y mordisqueando su
sensible piel, provocándole suaves suspiros de placer, hasta que por fin llegó
a su pecho y su lengua tanteó sus pezones. Se le escapó un gruñido al ver a su
sexy doncel arqueando la espalda, le gustó saber que había encontrado una zona
muy erógena y no dudó en chuparle un pezón, haciendo que su rubio hundiera las
manos en su pelo, agarrándole algunos mechones para acercarlo más, como si le
estuviera pidiendo que siguiera, así que se dedicó a mimar esa parte de su
cuerpo con la boca y la lengua, llegando incluso a mordisquearlo, momento en
que le arrancó un grito de placer.
No
podía más, necesitaba verlo correrse otra vez.
Se
separó de él, haciéndolo gimotear, lo besó largamente en la boca y luego
murmuró contra sus labios con la voz enronquecida:
—Date
la vuelta.
Su
pecho retumbó al ver que su rubio obedecía, se tumbó boca arriba y permitió que
él lo colocara como quería; le levantó las caderas hasta que se apoyó sobre las
rodillas, pero no dejó que se pusiera a cuatro patas, sino que mantuvo su pecho
contra la cama. Así, tenía una visión perfecta del trasero de Naruto, con los
muslos separados y las nalgas abiertas, mostrándole esa entrada rosada y mojada
que parecía estar llamándole... Una fantasía hecha realidad.
No
pudo evitar gruñir con fuerza, aunque al hacerlo temió que Naruto se asustara,
pero cuando este giró la cabeza y le sonrió, supo que su rubio confiaba lo
bastante en él como para saber que no le haría daño sin importar cómo de animal
sonara.
—Perdona
—se disculpó de todos—, gruño cuando estoy excitado.
Este
se sonrojó un poco.
—Lo
imaginaba, lo estás haciendo mucho. Además, suena diferente según tu estado de
ánimo.
Le
sorprendió un poco que se hubiera dado cuenta de eso, la mayoría de los humanos
creían que un gruñido siempre era señal de agresividad. Pero su Naruto era
inteligente y observador, lo sabía por los libros que escribía, no se quedaba
solo con el lado más superficial de una persona o una situación, profundizaba
más, queriendo ver qué había debajo de la piel.
Volvió
a gruñir, esta vez con más suavidad, mientras le acariciaba los muslos. Su
pequeño rubio jadeó y él aspiró el aire cuando su nariz detectó el aroma de su
lujuria. Era adictivo, quería perderse en él a la vez que lo follaba, pero aún
no... aún quería hacer una cosa más, algo con lo que fantaseaba.
—Para
mí es importante que sepas que jamás te haré daño —murmuró, sin dejar de
tocarlo, esta vez ascendiendo hasta sus nalgas... y acariciando su entrada,
jugando con ella. De inmediato, Naruto tensó los músculos de las piernas, pero
no las cerró, las mantuvo abiertas para él. Eso lo puso duro.
—Lo
sé —jadeó.
—Bien...
Ahora no mires.
A
su doncel se le escapó un gemido, pero le hizo caso y apoyó la cabeza en la
cama.
—¿Qué
vas a hacer?
Sasuke
no pudo evitar sonreír con malicia.
—Eres
curioso, ¿eh? —comentó al mismo tiempo que le penetraba con un dedo. Gruñó
satisfecho al escuchar su fuerte jadeo—. Es una sorpresa, algo que sé que no te
ha hecho ningún hombre.
—¡¿Qué?!
Al
escuchar el tono de alarma de Naruto, cubrió su cuerpo con el suyo y lo
presionó un poco contra la cama para evitar que huyera. Con un brazo, lo abrazó
por la cintura y le acarició el cuello con la nariz para tranquilizarlo.
—No
tengas miedo, no es nada raro. No quiero que pienses que es algún rollo sexual
de hombre lobo, no quiero tener sexo contigo así, algún día te lo explicaré.
—La sola idea de follar a Naruto como si fuera un lobisón le asqueaba un poco,
igual que odiaba la idea de que su adorable humano fuera agresivo con él en la
cama, a él le gustaba que fuera suave, dulce, tierno. No lo cambiaría ni por
asomo por una loba o un lobisón.
Se
calmó un poco cuando notó que su cuerpo se relajaba y dejó de hacer presión,
pero continuó acariciándolo y abrazándolo, le gustaba demasiado tocarlo y ya
había pasado muchos meses conteniéndose como para detenerse ahora.
—Entonces,
¿qué es? —le preguntó con un tono inseguro.
Sonrió
y le mordisqueó la oreja, sintiéndose mucho mejor al sentir cómo el doncel se
estremecía bajo su cuerpo.
—¿Recuerdas...
que una noche... me contaste todas las fantasías sexuales que tenías?
Naruto
volvió a tensarse, pero supo que no era por miedo, sino por vergüenza, a juzgar
por el adorable sonrojo que cubrió todo su cuerpo.
—Oh,
no —maldijo.
—Oh,
sí —gruñó Sasuke antes de lamerle la oreja. Tal y como esperaba, su rubio gimió
y se contoneó un poco contra él, haciendo que él ronroneara complacido—. Tengo
un propósito que cumplir antes de que termine el año, ¿quieres saber cuál es?
—le preguntó en voz baja y seductora antes de mordisquearle el cuello.
—¿Cuál?
—jadeó Naruto.
Sasuke
sonrió y susurró en su oído:
—Hacer
realidad todas y cada una de esas fantasías que tienes en tu cabecita.
—Ronroneó, excitado por cómo su rubio se estremeció y cómo el aroma de su
pasión inundaba la habitación, cada vez más fuerte. Le encantaba saber que era
tan capaz de despertar su deseo y de un modo tan salvaje, podía oler lo mojado
que estaba y su necesidad de que le diera placer. Dispuesto a dárselo, se
apartó lentamente de él, ascendiendo por su cuerpo, dejando que su piel rozara
la suya—. Lo que voy a hacer ahora... es cumplir una de ellas... Confía en mí y
relájate.
Fue
plenamente consciente de cómo el doncel temblaba, expectante. Sin querer
hacerle esperar más, y sin poder aguantar más tiempo, se inclinó tras su
cuerpo, apoyando los codos dentro de sus piernas para mantenerlas bien
separadas, agarró sus muslos para evitar que se alejara de él y, después,
deslizó su lengua por su entrada.
Su
pequeño y caliente humano lanzó una mezcla entre grito y gemido y se sacudió a
causa del placer. Fue tan intenso que su primer impulso fue apartarse, pero
Sasuke, ahora que por fin había probado su dulce y adictivo sabor, no tenía
intención de dejarlo escapar, por eso apretó suave pero firmemente sus muslos,
como una advertencia para que no fuera muy lejos.
—No
te vayas, Naruto —le pidió con una voz casi inhumana. Su lado animal estaba
cerca de la superficie, a los lobos les encantaba lamer a sus parejas, quedar
impregnados con su olor y su sabor, y eso era justo lo que ansiaba. Además,
cada vez que Naruto se había tocado y había olisqueado sus humedad, se le había
hecho la boca agua con tan solo pensar en cómo se sentiría si lo probaba, a qué
sabría.
Ahora
lo sabía. Y era mil veces mejor de lo que había soñado.
Los
jadeos de su rubio lo distrajeron y le ayudaron a mantener el control.
—Sasuke...
Se siente...
—Fuerte,
¿verdad? —ronroneó y, incapaz de resistirse más, volvió a lamer su entrada,
gruñendo salvajemente al volver a inundar su paladar con aquel delicioso sabor.
Naruto también gritó, presa del placer—. Joder, Naruto, me encanta verte así...
Solo de pensar en cómo te sentirás cuando te folle con mi lengua me pongo
duro...
Al
oír eso, su doncel se tensó y lo miró por encima del hombro.
—¡Espera!,
no podré soportarlo...
Sasuke
sonrió con malicia y le masajeó el interior de los muslos, sabiendo que eso lo
excitaría. Su teoría se confirmó cuando notó cómo sus piernas temblaban.
—No
tienes que soportar nada, Naruto —le dijo con más suavidad, aunque su voz aún
sonaba muy ronca—. Solo déjate llevar y disfruta —dicho esto, y antes de que su
pequeño compañero pudiera replicar, volvió a inclinarse sobre su trasero y lo
penetró con la lengua.
Por
un instante, perdió el contacto con la realidad; su Naruto estaba muy mojado, y
era irresistiblemente caliente y estrecho, más que cualquier loba o lobisón que
hubiera probado nunca. Deslizó su lengua más adentro, tanto como pudo,
disfrutando del fuerte sabor de su placer y los eróticos gritos que se le
escapaban cada vez que se retiraba y volvía a embestirlo. No tardó mucho en
conseguir que se corriera; él sabía muy bien lo mucho que les gustaba a los
donceles que un varón mimara esa zona de su cuerpo, la más sensible de todas, y
encima era la primera vez que alguien se lo hacía a Naruto. Se sintió muy
posesivo al darse cuenta de que él era el primero en darle placer de esa forma,
en saber que ni siquiera el imbécil de su ex había sido capaz de satisfacerlo
en ese aspecto, el muy idiota nunca mostró interés en ninguna de las cosas por
las que su rubio sentía curiosidad.
Pero
él era diferente. Los lobos hacían cualquier cosa por sus parejas, estaba en su
naturaleza estar muy en sintonía con sus necesidades, por no decir que podían
oler las emociones. Así que, si Naruto estaba triste, él lo consolaría y le
ofrecería un hombro en el que llorar y su apoyo incondicional, si estaba
furioso con alguien, le ayudaría a enterrar su cadáver si era necesario (a
pesar de que sabía que su doncel era demasiado bueno para hacer daño a
alguien), si cualquier gilipollas le hería física o emocionalmente, lo haría
pedazos, y si en algún momento percibía el olor de su lujuria, lo follaría
contra una pared hasta que estuviera completamente satisfecho.
Por
el momento, le demostraría que era muy capaz de satisfacer sus necesidades. Al
principio, él tenía que pelear para cortejar a una loba o un lobisón pero, con
el paso de los años, ganó fama entre ellos por ser un gran amante y resultó
que, al final, eran ellos los que luchaban entre sí para llamar su atención.
Así que se sentía confiado en su experiencia para complacer a Naruto, lo único
que temía era descontrolarse y ser demasiado brusco con él, era consciente de
que su rubio era un frágil humano y lo último que quería era hacerle daño sin
querer.
Por
eso se estaba tomando su tiempo antes de hacerle el amor, quería que estuviera
muy preparado para él. De modo que, en cuanto Naruto terminó de correrse,
retiró su lengua y le metió dos dedos hasta el fondo con una única embestida,
haciéndole chillar otra vez, luego los retiró y lo penetró con la lengua otra
vez. Jugó con su sensible y excitada entrada un buen rato, combinando los dedos
y la lengua en un ritmo frenético, una caótica danza que dejó a su pequeño
doncel retorciéndose en la cama y arañando las sábanas mientras que él gruñía
salvajemente, haciendo vibrar su lengua para darle más placer y con la polla
hinchada por el deseo de follarlo.
Cuando
se corrió otra vez, supo que estaba al borde de su autocontrol, y que no podría
volver a darle placer sin que su lado animal tomara las riendas, por lo que se
apartó del rubio y se arrodilló sobre la cama, preparado para su próximo
movimiento.
Por
otro lado, Naruto sentía que en cualquier momento colapsaría; sus piernas
temblaban tanto que no comprendía como podía mantener su trasero en alto, su
corazón latía fuertemente contra sus costillas, notaba su piel en llamas y
nunca en su vida había estado tan mojado, caliente... y satisfecho. Era el
mejor sexo de su vida, y eso que Sasuke todavía no le había follado. Quería que
lo hiciera; pese a que estaba un poco más tranquilo por los increíbles orgasmos
que le había dado, aún quería sentirlo dentro de él.
Las
grandes y varoniles manos de Sasuke le acariciaron los costados antes de
levantarlo con delicadeza. Naruto se dejó hacer, permitiendo que lo colocara de
rodillas sobre su regazo y apoyó su espalda contra su pecho. No tardó en sentir
sus manos explorando su plano vientre antes de ascender por su pecho mientras
su nariz le frotaba el cuello. Se había dado cuenta de que lo hacía mucho,
debía de ser algo propio de lobos para mostrar afecto.
Esa
era otra cosa que amaba de Sasuke, no solo tenían sexo, sino que también le
brindaba cariño, le demostraba que no era solo algo físico, que para él era
mucho más importante que eso. El cerdo de Bankotsu nunca se molestó en hacer
algo así.
Queriendo
corresponderle, levantó una mano y la echó hacia atrás para poder acariciarle
una mejilla, notando de repente una suave mata de pelo. Sorprendido, giró la
cabeza para poder mirarlo, dándose cuenta de que a Sasuke le había crecido
pelaje en las mejillas y en parte del cuello. Este le dedicó una mirada
culpable.
—Lo
siento, me crece cuando estoy muy excitado. Dame un segundo para que me
calme...
Naruto
negó con la cabeza y volvió a tocarle el pelaje. Era suave y agradable al
tacto, se sentía diferente de cuando era un lobo completo, entonces era más
áspero y grueso, creado por la naturaleza para proteger al animal del tiempo
atmosférico.
—Sasuke,
no me importa.
Este
parpadeó, sorprendido.
—¿De
verdad?
Él
le sonrió cálidamente.
—Eres
mi Sasuke. Seas hombre o lobo, tengas pelo en la cara o no, sigues siendo mi
Sasuke... y te quiero tal y como eres.
Vio
en sus hermosos orbes negros que había logrado emocionarlo antes de que se
inclinara y lo besara profunda y tiernamente. Naruto le devolvió el beso con la
misma dulzura al mismo tiempo que seguía acariciando los mechones de su rostro
con cariño.
—Gracias
—murmuró contra sus labios—. Significa mucho para mí.
Naruto
le besó otra vez y luego frotó su nariz contra la suya.
—Solo
te pido que no te conviertas en lobo cuando lo hagamos, ¿vale? Eso ya es
demasiado.
Sasuke
soltó una risilla y correspondió su gesto.
—No
te preocupes, mi especie suele tener sexo en forma humana, es más placentero.
Me crecerá pelo en la cara y la espalda como mucho.
—Entonces
está bien. —Naruto lo aceptó sin problema y después rio un poco—. En cierto
modo es una ventaja, así sabré cuándo estás excitado.
Su
lobo ronroneó y le mordisqueó la oreja.
—Llevaba
mucho tiempo deseando tenerte así... —dicho esto, le besó suavemente la curva
del cuello, ascendiendo poco a poco hacia su mentón—. Te recompensaré por
esto...
—Sasuke,
no tienes que...
—Quiero
hacerlo —lo interrumpió este. De repente, le separó las rodillas con las suyas,
dejando su trasero sobre su regazo, contra el cual notó el duro miembro de
Sasuke, que se frotaba incitantemente contra sus nalgas, como si se burlara de
él. Después, colocó sus brazos hacia atrás para rodearle el cuello—. Además, te
he dicho que cumpliría todas tus fantasías antes de que terminara el año... por
lo que tenemos que ir eliminando unas cuantas.
Naruto
jadeó al reconocer cuál de todas sus fantasías pensaba hacer realidad. Una vez
más, el deseo se apoderó de su cuerpo mientras su sexy hombre lobo jugaba
vilmente con sus pezones, sumiéndolo en un intenso anhelo por ser follado.
Incapaz de esperar, frotó sus nalgas contra el miembro de Sasuke.
—Sasuke,
por favor...
Este
gruñó en su oído, haciendo que su piel se erizara.
—Como
quieras.
Sus
manos abandonaron su pecho y fueron hacia abajo, dejando un rastro de fuego
sobre su piel, hasta que una de ellas alcanzó entre sus piernas y envolvió su
pene con cuidado. Jadeó y trató de mover las caderas, ansiando sentir sus
caricias sobre esa parte, pero Sasuke usó su otro brazo para rodear su cintura
y mantenerlo pegado a su cuerpo. Instintivamente, apartó sus brazos del cuello
de su amante, pero este lanzó un profundo gruñido.
—Deja
tus manos donde estaban.
—Pero...
Los
dedos de Sasuke se movieron sobre su duro miembro, interrumpiendo lo que quiera
que iba a decir para soltar un largo y agudo gemido.
—¿Lo
ves? —ronroneó contra su oreja antes de lamerla—. Ya te tengo, te prometí que
haría realidad tus fantasías y estoy a punto de cumplirlo... ¿Quieres que lo
haga? ¿Quieres que te folle así?
—¡Sí!
—jadeó Naruto, incapaz de sentir otra cosa que las caricias de Sasuke sobre él
y desesperado porque le hiciera suyo de una vez.
Lo
oyó gruñir fuerte, y le pareció notar que le crecía más pelo una de las
mejillas. No importaba, no mientras acabara dentro de él.
—Pues
mantén las manos donde las he puesto antes... y te juro que no te haré esperar
más. Yo tampoco puedo contenerme más —añadió antes de morderle en el cuello.
Esta
vez, gritó. No le había clavado los dientes, pero la sensación de sus largos
colmillos sobre su piel sensible le produjo un calambrazo de placer. Sin dudarlo,
volvió a echar los brazos hacia atrás, rodeando su cuello y hundiendo los dedos
en su espeso cabello negro, acariciándolo como sabía que le gustaba.
Su
recompensa fue un feroz rugido que sonó más a animal que a humano, seguido de
una fuerte embestida que alcanzó el punto más erógeno de su ser, haciéndole
gritar de puro gozo. Después de eso, no fue capaz de hilar un pensamiento
coherente, solo podía sentir cómo su lobo lo poseía con fuerza mientras lo
masturbaba sin piedad, logrando que se corriera prácticamente al instante e,
incluso así, siguió follándole con pasión, añadiendo grandes dosis de éxtasis a
su potente orgasmo, por lo que alcanzó una vez más la cima entre gritos de
placer.
Se
perdieron el uno en el otro, en el calor de su unión que sellaría su destino
para siempre, uno en el que ambos se mantenían juntos, en el que se pertenecían
el uno al otro sin restricciones ni prejuicios. Sasuke era todo lo que Naruto
había soñado para él alguna vez, incluso sin ser humano, y el lobo había
encontrado en ese doncel algo que no buscaba pero que era justamente lo que
necesitaba, un amor tierno y sincero, alguien que lo amara pese a las
diferencias entre ambos.
Cuando
el rubio se corrió por tercera vez, Sasuke se dejó llevar por la lujuria y
aulló mientras derramaba su caliente semilla en el interior de su compañero.
Tras un par de embestidas más, se sentó sobre sus rodillas y atrajo a Naruto
contra su cuerpo, abrazándolo con fuerza y hundiendo el rostro en el hueco de
su cuello para aspirar el dulce aroma de su deseo ya satisfecho. Se puso a
ronronear cuando este pasó las manos por su nuca y sus hombros para después
bajar por sus musculosos brazos y devolverle el abrazo como pudo.
—¿Ya
lo has comprendido? —le preguntó Sasuke mientras jadeaba—. ¿Ya sabes lo que
quiero?
Naruto
le sonrió.
—Sí.
—¿Y
te parece bien? —El rubio asintió y el lobo lo estrechó fuertemente contra su
pecho mientras le besaba la cabeza—. Bien. Ahora tú eres mío y yo soy tuyo. Vas
a ser muy feliz conmigo, Naruto, te lo prometo.
Este
giró la cabeza y le dedicó una dulce sonrisa.
—Me
has hecho feliz durante estos meses, Sasuke. Sé que nos irá bien.
El
lobo dejó escapar un suave gruñido y lo besó profundamente. Todavía tenían
algunos detalles que aclarar, había cosas que Naruto necesitaba saber de los
hombres lobo, pero tenía la seguridad de que Sasuke era mil veces mejor que
Bankotsu y, si había sido genial vivir con él siendo solo su compañero, no le
cabía la menor duda de que como novio iba a ser mucho mejor.

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