Mi luna
—¡Cariño!
—chilló Kushina al ver a su querido hijo en la puerta de casa antes de
abalanzarse sobre él para darle un abrazo.
Naruto
le devolvió el gesto con una ligera sonrisa culpable. Tras su horrible ruptura
con Bankotsu, se mudó a Kioto para poner mucha distancia entre ambos y no tener
que aguantar cruzarse con él por la calle, pero eso también lo había alejado de
su familia, a la que no había visto durante varios meses.
Hizo
una mueca cuando su madre empezó a asfixiarlo. Esa mujer tenía una fuerza
inhumana...
—Mamá...
Me aplastas...
—Oh,
sí, perdona —dijo la mujer mientras se apartaba.
En
ese momento, apareció tras ella un hombre rubio de ojos azules que hizo sonreír
a Naruto.
—¡Papá!
—exclamó mientras se lanzaba a sus brazos. Minato lo acogió cálidamente en su
pecho y le revolvió el cabello con cariño.
—Hola,
hijo, ¿cómo te encuentras?
—Estoy
bien. —Al ver la mirada intensa de su padre, rodó los ojos—. En serio, estoy
bien. Si no fuera así, no habría venido. Además —añadió, hinchando el pecho con
orgullo—, ese imbécil no es nadie para echarme de mi propia familia.
—¡Así
se habla! —lo felicitó su madre a la vez que le daba una palmada en la espalda
que hizo que a Naruto se le escapara una mueca de dolor.
—Por
cierto, creía que vendrías acompañado —comentó Minato, mirando hacia la oscura
calle vacía.
Naruto
se frotó la zona donde su madre le había dado el manotazo mientras respondía:
—Ha
tenido un problema en el trabajo y se ha retrasado, pero vendrá.
Tres
días atrás, unos estúpidos vándalos adolescentes habían estado causando
problemas en el camping de Sasuke: rompiendo ventanas, entrando en las casas
para robar, incendiando contenedores... lo típico. En un principio, Sasuke lo
había dejado en manos de los guardias de seguridad de allí, como eran
adolescentes, no había querido involucrar directamente a la policía, pero la
cosa cambió cuando esos chicos estuvieron molestando a los niños que residían
en esa zona con sus familias, acorralaron a un grupo de tres pequeños, les
quitaron la ropa y los obligaron a volver así a casa; con el frío que hacía en
mitad de diciembre, los pobres se enfermaron, aunque no fue nada grave.
Sin
embargo, ahí Sasuke decidió tomar cartas en el asunto y rastrearlos por su
cuenta. Evidentemente, esos niñatos no tuvieron la menor oportunidad de escapar
y acabaron pasando una noche en comisaría. Ese día estaba pensando en si
denunciarlos o no, ya que los padres de los adolescentes se habían presentado
en la policía para discutir con Sasuke.
Pobrecillo,
su lobo no era especialmente paciente en ese aspecto, y además estaría de
malhumor por haber pasado varios días lejos de él.
Pese
a que llevaban solo un mes de novios, Naruto ya lo amaba con locura.
Tras
el incidente con los atracadores, Sasuke le había preguntado si quería seguir
viviendo en la casa que habían compartido o si prefería buscar un nuevo sitio.
A Naruto le dio pena tener que abandonar el que había sido su hogar durante
seis meses, porque había sido el lugar donde Sasuke y él habían convivido, sin
embargo, sabía que no volvería a sentirse seguro allí, que permanecería esa
sensación de incertidumbre, sobre todo por las noches, y no quería vivir con
miedo. Por lo que ahora estaban viviendo en el hotel de Sasuke, en su suite
(que más bien era como un pequeño apartamento), aunque Naruto ya le había
comentado vivir en una cabaña cerca del camping, pero lo suficientemente
aislada como para que Sasuke pudiera transformarse en lobo sin temer que alguien
pudiera verlo.
A
su novio le hizo muy feliz saber que tenía en cuenta sus necesidades, ya que
Naruto se había fijado en que, al menos una vez al día, su pareja salía hacia
el bosque para dejar salir su lado animal y hacer ejercicio; como hombre lobo,
estaba en su naturaleza correr y cazar, a menudo las cosas que comían eran
presas que Sasuke cazaba.
La
vida con él era más sencilla y apacible de lo que había pensado. Al parecer,
los hombres lobo tenían una fuerte necesidad de permanecer cerca de su pareja
en casi todo momento, motivo por el que Sasuke renunció a su anterior trabajo
persiguiendo criminales cambiantes y convertirse en socio fundador de la
empresa de su hermano, de esa forma, no tenía que ir al hotel todos los días,
sino presentarse a unas pocas reuniones y el poco papeleo que debía hacer podía
hacerlo en casa. Tampoco era como si él dirigiera el camping, era más bien el
propietario del terreno donde estaba, por lo que obtenía beneficios por
alquilar las cabañas rurales, pero también se había encargado de contratar
personas que se encargaran de dirigirlo y mantenerlo, ahí también era como una
especie de fundador, el jefe porque las tierras eran suyas pero realmente no
tenía que hacer gran cosa aparte de asegurarse de que todo estaba en orden,
aunque todos sus empleados lo respetaban igualmente. Naruto estaba convencido
de que, inconscientemente, percibían su naturaleza de macho alfa, y que por eso
nadie se atrevía a menospreciarlo.
El
caso era que le emocionó un poco que Sasuke hubiera preparado sus negocios de
manera en que no tendría que pasar mucho tiempo fuera, Bankotsu era abogado
fiscal y durante su relación había pasado la mayor parte del tiempo centrado en
su trabajo, incluso cuando había estado en casa se había sentido como si
estuviera solo.
Otra
cosa que le gustaba de Sasuke era que no criticaba su trabajo como escritor.
Sí, con sus estudios podría haberse sacado un doctorado y ser profesor de
literatura que, según Bankotsu, habría sido mucho más productivo y prestigioso
que ser un simple escritor, pero él quería dedicarse a algo que realmente le
apasionara y había tenido la gran suerte de que, con sus libros, le iba lo
suficientemente bien para vivir como quería. No sería rico, pero era
gratificante levantarse por las mañanas para trabajar en algo que te encanta.
Sasuke no le decía a qué tendría que haberse dedicado, sino que le apoyaba con
sus novelas y realmente mostraba interés en ellas, le sorprendió saber que
había leído todo lo que había escrito.
Cuando
no trabajaban, iban a hacer senderismo, al cine, o se quedaban en casa leyendo
o hablando mientras hacían maratones de series. Era cierto que Sasuke era
bastante casero, aunque tampoco debió de sorprenderle mucho puesto que, pese a
ser supuestamente un animal sociable, no le gustaba mucho la gente desconocida
y, de hecho, llegaba a mostrarse algo frío y distante con aquellos que no eran
de su confianza. Él le explicó que los lobos solo eran cariñosos con su manada
y que, como él había perdido a la suya, le resultaba muy difícil conectar con
extraños, además de que también estaba en su naturaleza ser muy territorial,
por lo que ni se le pasaba por la cabeza permitir que alguien en quien no
confiaba entrara en su casa o se acercara a Naruto. Sin embargo, con él era
cariñoso y detallista, le sorprendió de forma agradable que comprendiera que,
como escritor, necesitaba su "espacio" para escribir, por lo que
durante esos momentos aprovechaba para trabajar a su lado o era cuando decidía
ir a correr al bosque, pero el resto del tiempo solía estar muy pendiente de él
y lo que pudiera necesitar, Sasuke le explicó que era una cosa de lobos el
estar en sintonía con su pareja.
Además,
tenía la ventaja de que cuidaba de él ya que, las veces en las que se quedaba
inmerso escribiendo, se le olvidaba comer hasta que su estómago rugía
desesperado por alimento, por lo que era Sasuke quien se encargaba de la comida
y no tenía reparos en interrumpirlo para obligarlo a que comiera. Por si eso
fuera poco, el hombre lobo cocinaba bastante bien, a lo que este le confesó un
día que, antes de conocerlo, en realidad no tenía ni idea de cómo usar la
cocina, puesto que era policía y comía cualquier cosa rápida, pero que aprendió
porque había oído que a los donceles les gustaba que sus parejas varones
supieran cocinar y él tenía pensado conquistarlo.
¿Cómo
no iba a quererlo cuando había hecho mil cosas por él? Por eso Naruto decidió
vivir en mitad del bosque, para que Sasuke no tuviera que reprimir su lado
animal y porque se había dado cuenta de que la ciudad lo estresaba, y, además,
se había esforzado en aprender las cosas que su lobo necesitaba de él como
pareja y en acostumbrarse a algunas cosas; por ejemplo, para Sasuke era muy
importante el olor. Podía ser algo complicado para un humano, ya que no tenían
el sentido del olfato tan desarrollado, pero las parejas de hombres lobo se
frotaban continuamente para dejar su aroma en el otro por dos razones: la
primera era para advertir a otros que ya tenían una pareja, era una marca de
posesión, mientras que la otra era porque a ellos no les gustaba estar separados
y, con el olor de su pareja sobre su cuerpo y su ropa, les era más fácil estar
alejados de su compañero porque una parte de su esencia iba siempre con ellos.
Así que Naruto, cuando estaba en casa, solía llevar las camisetas de Sasuke sin
importar lo grandes que fueran (de todos modos, eran muy cómodas y a su novio
le encantaba cómo le quedaban), y antes de que él se fuera a alguna parte, se
restregaba contra él para dejar su olor en su cuerpo. Su lobo adoraba que
hiciera eso, y estaba muy agradecido porque fuera comprensivo con sus
costumbres y necesidades.
De
hecho, antes de que Sasuke se fuera al camping para resolver el problema de los
adolescentes, le había metido en la maleta una camiseta interior que llevaba a
menudo y que seguro que olía a él, para que así no sufriera demasiado por estar
lejos.
—Bueno
—comentó su padre, distrayéndolo de sus pensamientos y de lo mucho que él
también echaba de menos a Sasuke. Esas dos noches sin tener su cuerpo pegado al
suyo mientras dormía habían sido extrañadas, ya que se había acostumbrado a
tenerlo siempre cerca—, ¿por qué no esperamos dentro? Aquí hace frío.
Naruto
aceptó y se echó la bolsa de viaje al hombre mientras pasaba. Nada más poner un
pie, un montón de cabezas rubias, pelirrojas, y alguna que otra oscura, se
asomaron por el recibidor para verle. La casa de sus padres estaba a rebosar de
familias: sus abuelos Jiraiya y Tsunade por parte de su padre; los hermanos
mellizos de este, Yashamaru y Karura, la cual había traído a su esposo y a sus
tres hijos, Kankuro, Temari y Gaara; también estaban los hermanos de su madre,
Yahiko, que iba acompañado de su esposa Konan, y Nagato... que seguramente
había traído con él a su hija Karin y al gilipollas de Bankotsu.
A
decir verdad, la historia de Karin era un poco extraña. Al parecer, lo de
Nagato con la madre de esta fue algo esporádico, una relación de una noche,
pero ella se quedó embarazada y su tío no supo nada de su hija hasta muchos
años más tarde. Naruto no estaba muy seguro de lo que ocurrió, sus padres le
contaron que esa mujer estaba casada y que, al parecer, hizo pasar a Karin por
la hija de su marido, pero cuando su madre murió a causa de una enfermedad, el
hombre se negó a hacerse cargo de la joven de dieciséis años y la entregó a
Nagato.
Él
sospechaba que debió de enterarse de la infidelidad de su mujer y que no le
haría mucha gracia encargarse de la hija de otro hombre, a pesar de que había
sido su padre durante toda su vida.
Fuera
como fuera, Karin llegó a la familia siendo ya una niñata mimada. Muy guapa,
inteligente, pero mimada. Nagato había hecho lo posible por enderezarla, pero
solo la tuvo en su casa dos años en los cuales ya le costó bastante que le
respetara como figura paterna como para lograr algo más, después de eso, ella
se fue a la universidad y luego consiguió un buen trabajo y se independizó...
por lo que la influencia de su tío no le llegó. Tal vez si hubiera tenido más
tiempo podría haberla convertido en una Uzumaki como Dios manda, pero no fue el
caso.
Naruto
nunca se había llevado bien con ella, eran personas con valores demasiado
distintos y había procurado evitarla para que no acabaran discutiendo, pero no
habría imaginado que ella pudiera hacerle algo como robarle el novio.
En
fin, ya no importaba.
Abrazó
a todos sus familiares con cariño e ilusión, de verdad los había echado mucho
de menos. Cuando llegó hasta su tío Nagato, este le dedicó una sonrisa de
disculpa y lo abrazó fuertemente. Ahí estaba, el motivo por el que al principio
no quería ir a pasar la Navidad allí.
—Lo
siento mucho, Naruto.
—Nagato,
déjalo. No es culpa tuya.
Su
tío se separó, todavía sonriendo arrepentido, por lo que decidió ir directo a
por su primo Gaara. Los dos tenían la misma edad y siempre habían estado muy
unidos, casi se habían criado como hermanos.
—Hola,
Gaara —lo saludó, abrazándolo con fuerza.
Su
primo varón le devolvió el gesto con cariño.
—Naruto
—lo saludó antes de inclinarse en su oído y susurrar—. Si necesitas salir de
aquí, guíñame una vez. Si quieres que la zorra pelirroja y el capullo moreno
mueran, guiña dos. No te preocupes por la policía, mis hermanos nos cubrirán.
No
pudo evitar reír. Gaara siempre había sido un poco hermano mayor en lo que se
refería a los varones que salían con él, y le costó mucho aceptar a Bankotsu
como parte de la familia, por lo que, después de romper con él por las razones
obvias, había estado ansioso por tener la oportunidad de darle un buen
puñetazo.
—Oye,
estoy bien. Solo quiero pasar la Navidad con vosotros, así que ¿podemos
dejarlo?
El
pelirrojo dudó un momento, probablemente pensando que eso iba a ser difícil
teniendo en cuenta que la puta y el cabrón estaban en la casa, pero al final
asintió para que su primo pudiera estar tranquilo.
—Claro.
Cuenta conmigo para lo que quieras.
—Gracias.
—Realmente Naruto no quería hablar de su ex y lo que ocurrió entre ellos, era
cosa del pasado y ahora estaba con Sasuke, así que era una tontería centrarse
en eso cuando ya había pasado página.
Cuando
todo el mundo se tranquilizó tras la llegada del rubio doncel, unos cuantos
siguieron conversando mientras que los padres de Naruto, con ayuda de los
hermanos de Minato, terminaban de preparar la comida. Por otro lado, este se
quedó hablando animadamente con sus primos, los cuales le estuvieron contando
todo lo que habían hecho durante esos seis meses. Lo cierto es que le
sorprendió un poco que nadie le preguntara acerca de su acompañante, ya les
había dicho a sus padres que no iría solo a la cena y le sorprendía que ninguno
tuviera curiosidad sobre su novio.
—Oye,
¿cómo es que Sakura no está contigo? —le preguntó Temari con el ceño fruncido—.
Creía que vendría a cenar.
Naruto
frunció el ceño, confundido.
—¿Sakura?
No, ella está pasando la Navidad con sus padres y su novia. ¿Por qué la pasaría
aquí?
Sus
primos se miraron extrañados un momento, pero en el momento en el que Gaara
parecía estar a punto de abrir la boca para preguntarle algo, la cerró de
repente y apretó los labios, fulminando con la mirada a la persona que había
detrás de él, exactamente igual que sus hermanos.
A
Naruto le costó poco adivinar quién estaba tras él, por lo que pudo prepararse
para poner su mejor cara de indiferencia antes de darse la vuelta... y encarar
a Karin. Era sin duda alguna una mujer preciosa, más alta que la media de las
mujeres y donceles, con un cuerpo voluptuoso, piel pálida de porcelana e
intenso y brillante cabello rojo que hacía juego con sus ojos. Se había puesto
un impresionante vestido morado muy corto que dejaba sus increíbles piernas
decoradas con unas larguísimas botas negras a la vista, además de un largo
pañuelo transparente que usaba para cubrir sus hombros y parte de los brazos
desnudos.
Esta
le dedicó una sonrisa de superioridad.
—Hola,
primito, ¿cómo te va?
—Bien
—respondió él, seco.
Karin
parecía encantada por su actitud, a pesar de las supuestas palabras amables que
le dedicó a continuación:
—Mira,
siento mucho lo que ocurrió. La verdad es que siempre me sentí atraída por
Bankotsu y... Bueno, ya sabes cómo me miran los hombres, no pude resistirme
cuando él puso los ojos sobre mí. Espero que podamos solucionarlo y llevarnos
bien a pesar de todo. Ya sabes, sin rencores.
Naruto
se la quedó mirando unos largos momentos en silencio. La verdad, le daba
exactamente igual que esa zorra se acostara con Bankotsu, ya no sentía nada por
él... pero de ahí a pavonearse y cachondearse en su cara, ni de coña.
Probablemente ella esperaba que actuara como una persona normal y aceptara sus
disculpas porque era lo que dictaba el protocolo social, pero él salía con un
hombre lobo que se pasaba por el forro las normas humanas. Si Sasuke no
aguantaba a alguien, lo decía, y mala suerte si no te gustaba, pero era lo que
había. Y Naruto, casi sin darse cuenta, había adoptado un poco esa actitud al
pasar tanto tiempo con él, se había dado cuenta de que no tenía por qué tolerar
ciertas cosas.
Y
a la mierda si alguien le miraba mal por ello.
—¿Sabes,
Karin?, me suda la polla que te follaras a mi novio, en realidad, me has hecho
un favor al librarme de un cabrón infiel que no sabe controlar sus instintos
bajos, y hasta me habría sentido agradecido hacia ti si no fueras una zorra
insensible y cruel. De modo que te voy a dejar muy claro tu relación conmigo:
tú te quedas en una esquina y yo en la otra, es la única forma en la que nos
llevaremos bien.
La
pelirroja, y todos sus primos, se quedaron con la boca abierta al oírle hablar
así. De acuerdo, todos sabían que cuando Naruto se enfadaba tenía tan mal genio
como su madre, pero tampoco era de esas personas a las que les gustara las
discusiones y menos aún montar escenas, el doncel era tan buena persona que
odiaba incomodar a los demás o causarles problemas.
Todos
habían dado por supuesto que evitaría hablar lo menos posible con Karin y su
ex, que hasta les diría que estaba todo bien con tal de quitárselos de
encima... pero no. Le había lanzado una granada a su prima sin tan siquiera
avisar.
Esta
apretó los dientes al ser plenamente consciente de los insultos que le había
lanzado ese insignificante doncel sin despeinarse.
—¡¿Cómo
te atreves?! —gritó, llamando la atención del resto de invitados—. ¡Retíralo
ahora mismo o...!
—¡¿O
qué?! —bramó Naruto, tensando los músculos y ensanchando el pecho para parecer
más grande. Desde que lo habían atracado en su casa, le había pedido a Sasuke
que le enseñara a pelear, por lo que practicaban juntos todos los días y su
cuerpo se había fortalecido, volviéndose ligeramente más atlético... aparte de
que el lobo le había enseñado las tácticas de intimidación que empleaban los de
su especie, como parecer más grande, usar una postura amenazante y endurecer el
tono de voz—. ¿Vas a atacarme? ¡Adelante! Desde que te pillé con Bankotsu he
tenido tantas ganas de daros una paliza que aprendí a pelear, nada me haría más
feliz ahora mismo que inmovilizarte en el suelo, arrancarte ese vestido y
dejarte en bragas en mitad de la calle para que te pasees con tus botas por ahí
como la puta que eres —escupió mientras se inclinaba hacia delante y curvaba
los dedos en forma de garras para hacerle creer que estaba a punto de
abalanzarse sobre ella—. ¡¿Qué?! ¿Sigues queriendo que diga algo?
Karin
se quedó muda, igual que todos los demás. Le daba igual que lo hubieran visto,
es decir, se sentía un poco mal por los demás, por estropear la fiesta, y sobre
todo por su tío Nagato por cómo le estaba hablando a su hija, pero no iba a
consentir que se mofara de él en su cara y actuara como si pudiera hacerle daño
sin que él contratacara.
Como
decía Sasuke, a veces solo basta con hacerles creer que eres peligroso para que
te dejen en paz. Con montar una escenita una única vez, era suficiente.
A
juzgar por la expresión de Karin, parecía que había acertado.
—Bien,
pues si me disculpas, tengo que ayudar en la cocina —gruñó y se fue a paso
furioso hacia allí. En realidad, no tenía que hacerlo, pero necesitaba estar
lejos de Karin y de todas las personas que harían algún comentario sobre lo que
acababa de pasar, sabiendo que sus padres y los hermanos de su padre apenas
dirían nada.
Una
vez estuvo relativamente a salvo en la estancia, echó un vistazo rápido a lo
que había por hacer y se puso junto a su padre. Él era una persona tranquila,
que emitía un aura pacífica y relajada que los demás percibían y que tendía a
calmar el ambiente, que era justo lo que necesitaba en esos momentos.
Este
pasó un brazo por sus hombros.
—¿Estás
bien, hijo?
Naruto
asintió y se apoyó en su pecho.
—Necesitaba
hacer eso, no quiero pasar una mala Navidad por tener que aguantarla. —Hizo una
pausa y miró a su madre—. Solo me sabe mal por Nagato.
Su
madre le acarició el rostro.
—Cariño,
mi hermano es consciente de lo que hace su hija y también de que estás en tu
derecho a defenderte, todavía recuerdo cómo nunca se ponía de parte mía o de
Yahiko cuando nos peleábamos, era siempre imparcial. No te preocupes por él,
puede que hasta vea educativo lo que ha ocurrido para Karin —dicho esto, le
besó en la frente y todos volvieron a ponerse manos a la obra.
Permaneció
todo el tiempo en la cocina para evitar encontrarse con Karin otra vez, o peor,
con Bankotsu, sabía que ninguno de los dos se atrevería a entrar por miedo a la
furia de sus padres. Cuando llegó el momento de poner la mesa y sacar las cosas
al comedor, Naruto se quedó un poco más allí para enviar un mensaje a Sasuke.
Estaba tardando más de lo que creía y empezaba a preocuparse, no era normal en
él, sobre todo en un día como hoy.
—Hola,
Naru.
Se
le erizó el vello de la nuca al reconocer esa voz. Se giró muy despacio, casi
con cautela, para encontrarse precisamente a la última persona a la que quería
ver. Bankotsu estaba allí vestido elegantemente con una camisa blanca y
pantalones oscuros a juego con los zapatos. En otro tiempo, a Naruto le habría
parecido muy guapo, con esa figura atlética y delgada, la piel morena a juego
con sus ojos castaños y su cabello corto y negro bien peinado; sin embargo,
ahora que estaba con un sexy hombre lobo que parecía salido de una de sus
novelas románticas... era como mucho físicamente agradable, sin más.
Y
eso sin contar que era un imbécil incapaz de mantener la polla dentro de sus
pantalones. Eso definitivamente le quitaba el poco atractivo que le quedaba.
Le
devolvió el saludo con una simple inclinación de cabeza.
Este
se rascó la nuca, algo incómodo.
—Oye...
quería saber si... podíamos hablar un momento.
Naruto
resopló.
—Creía
que lo dejé muy claro cuando no respondí ni tus llamadas ni tus mensajes.
Bankotsu
hizo una mueca, como si no supiera qué hacer.
—Sí,
ya lo sé, pero... esperaba que me dejaras explicarme. Creo que es lo mínimo que
puedo hacer.
El
rubio guardó su móvil y se encaró a su ex cruzándose de brazos.
—No
hace falta, ya sé lo que vas a decirme: yo me negué a hacer esas estúpidas
dietas y a tener un entrenador personal para estar como esos donceles que salen
en esas revistas que tanto te gustan, tampoco te gustaba que fuera un escritor
cuando podría haber seguido estudiando para convertirme en un profesor
universitario, ni que no me gustara salir con tus amigos a beber y bailar, por
no hablar de que nunca accedí a hacer esas guarradas que tanto te ponen.
Bankotsu
enrojeció.
—No
son guarradas.
Naruto
se llevó una mano a la sien para masajearla.
—Está
bien, lo siento. No tengo nada en contra de las personas a las que les va ese
rol de amo y sumiso, pero comprende que a mí me hace sentir incómodo y que ni
siquiera siento curiosidad por eso.
—Y
lo entiendo... Lo entendía. —Hizo una pausa en la que parecía estar dudando y,
finalmente, masculló una maldición y se acercó a él para cogerlo por los
hombros—. Escucha, fue solo esa vez y fue un error, ¿de acuerdo? Tu prima vino
a casa y se me lanzó encima y...
Naruto
se zafó de él y lo empujó, mirándole con frialdad.
—Sí,
ya lo sé. Ella está muy buena y te puso duro, después de todo, es tu tipo.
Seguro que le gusta hacer las mismas cosas que a ti en la cama.
—No
fue así, Naruto. Intenté pedirte perdón, lo intenté de todas las formas
posibles, pero tú te negaste a hablar conmigo. Se suponía que íbamos a
solucionarlo...
No
quería seguir escuchándolo. Había estado varios años con Bankotsu, lo conocía
bien y sabía exactamente lo que había hecho.
—Sé
exactamente lo que hiciste; me dejaste unos días para que me enfriara, luego
fue cuando empezaron las llamadas y los mensajes, pensando en que si me
agasajabas a disculpas y regalos yo volvería contigo porque, después de todo,
eres demasiado bueno para alguien como yo y nadie más me querría como tú lo
hacías. Pero como pasé de ti, te sentiste ofendido y volviste a follar con
Karin. Por eso ahora estáis juntos.
Bankotsu
bajó la mirada, un poco avergonzado porque Naruto hubiera adivinado cada uno de
sus pensamientos.
—Lo
siento, ¿de acuerdo? Las cosas no tendrían que haber sido así, yo de verdad te
quería...
—Oye,
me da igual —lo interrumpió Naruto, harto de aquella conversación—. No me
importa cómo esperabas que salieran las cosas, después de lo que me hiciste no
me habría rebajado a volver a estar con alguien como tú, que además de
engañarme, me considera inferior por mi aspecto. Ahora lo pienso y me doy
cuenta de que merecía algo mejor, no tendría que haberme conformado contigo
después de todas las críticas que me hacías sobre mi físico, mi trabajo e
incluso las cosas que me gustaban. Te voy a decir lo mismo que a Karin, por si
no lo has oído, mantente en tu esquina y no te acerques a mí otra vez, si lo
haces, no retendré mis ganas de marcar mi puño en tu cara, ni tampoco impediré
que mi madre o Gaara lo hagan, ¿está claro? Te recuerdo que estás en la casa de
mi familia y que todos están de mi parte, así que déjame en paz.
Bankotsu
se quedó algo impresionado. Ya se había dado cuenta con la escena que le había
montado a Karin, pero esperaba que con él se mostrara algo más suave, después
de todo, habían estado juntos y se habían querido mucho... de hecho, sospechaba
que él todavía le quería.
—Está
bien, pero, por favor, mantén a Sakura lejos de mí.
Naruto
frunció el ceño, extrañado. Ya era la segunda vez que mencionaban a su mejor
amiga.
—¿Qué
demonios os pasa a todos con Sakura? No va a venir aquí, está con su familia.
Ahora
fue el turno de Bankotsu para estar confundido.
—Pero
dijiste que vendrías acompañado. Todos supusimos que vendrías con ella como...
ya sabes... apoyo moral.
Al
oír eso, el doncel enrojeció de pura rabia.
—¿Pero
tú te crees que estoy llorando por ti? Ha pasado más de medio año, Bankotsu, he
pasado página, Karin y tú me importáis una mierda, y aunque no fuera así, no le
habría pedido a Sakura que pasara de su familia por mí, yo me defiendo muy bien
solito. —Justo en ese momento, llamaron al timbre—. ¡Voy yo! —gritó Naruto,
quien le echó una mirada asesina a su ex antes de dirigirse rápidamente a la
puerta.
Que
él todavía lloraba por ese imbécil, ¡menuda chorrada! Era cierto que se sintió
traicionado y dolido al principio, después solo estuvo enfadado y algo
humillado, hasta inseguro debido a la infidelidad, pero tener a Sasuke con él
tanto tiempo... y cuando descubrió lo que era y empezaron a salir juntos... Era
la etapa más feliz de su vida y ni una sola vez había pensado de esa forma en
Bankotsu.
Cuando
abrió la puerta, su ira se esfumó y fue sustituida por una enorme sonrisa. Sin
pensárselo dos veces, se lanzó a los brazos del enorme varón que había en el
umbral de su casa, quien lo acogió en su pecho mientras lo estrechaba con
fuerza.
—Bienvenido,
Sasuke —lo saludó Naruto, feliz porque al fin estuviera allí.
—Te
he echado mucho de menos —susurró mientras hundía la nariz en su cuello e
inhalaba su olor—. Hueles tan bien... Gracias por meter tu camiseta en mi
maleta.
Naruto
se separó lo justo para mirarle a la cara y acariciar su hermoso rostro. Sus
ojos negros brillaban cálidos y felices mientras lo observaba.
—¿Te
ha ayudado?
Sasuke
esbozó una amplia sonrisa.
—Mucho.
De no haberla tenido creo que habría tenido que pasar al menos una noche
contigo.
—¿Ah,
sí? —inquirió Naruto, sonriendo travieso—. Entonces tal vez no debería haberla
puesto —dicho esto, se puso de puntillas para besar a su novio, quien le
devolvió el beso con dulzura y pasión, lamiéndole los labios y jugando con su
lengua.
Naruto
se había propuesto no hacer nada con Sasuke en la casa de sus padres, pero...
es que besaba tan bien... y lo había echado tanto de menos... Dios, no podría
resistirse si esa noche Sasuke empezaba a mordisquearle el hombro y pasar esas
grandes manos por su cuerpo...
—¿Naruto?
Se
separó de un salto cuando escuchó la voz de su padre cerca. Al darse la vuelta,
el pobre hombre estaba en la puerta, alucinando en colores al ver a su hijo
morreándose con un tipo enorme que parecía haber salido de una revista playboy
al que jamás había visto.
Naruto
se sonrojó un poco, no era su intención presentarle a Sasuke de esa forma.
—Ah...
Papá, este es Sasuke, mi novio.
—¿Novio?
Esta
vez, el doncel hizo un puchero.
—Os
dije que vendría acompañado, ¿recuerdas?
Su
padre se quedó un instante más confuso, intentando comprender la situación,
pero por fin pareció salir de su ensoñación y adelantarse un paso para
ofrecerle la mano a Sasuke.
—Oh,
sí, claro. Es un placer, Sasuke. Yo soy Minato...
El
lobo le devolvió el apretón afablemente.
—El
padre de Naruto —dijo con una leve sonrisa—. Su hijo se le parece mucho.
Minato
le devolvió el gesto.
—Me
lo dicen muy a menudo. Por favor, pasad, fuera hace frío.
Los
tres entraron la casa, Sasuke sin dejar de coger la mano de Naruto. Él supo
rápidamente que le costaría trabajo separarse de él, después de todo, habían
pasado tres días sin verse y su lado animal estaría irritado por tener que
dejar a su pareja desatendida durante tanto tiempo.
Kushina
fue la primera en ir a saludarlos... pero se quedó con la boca abierta al ver
al increíble semental que parecía estar muy unido a su hijo. Al parecer,
Bankotsu había acertado sobre eso de que todo el mundo esperaba a Sakura. Por
suerte, Minato reaccionó rápidamente y la cogió de la cintura para que acabara
de acercarse a los chicos.
—Cariño,
este es Sasuke, el novio de Naru —le explicó.
Aun
así, a Kushina todavía le costaba comprenderlo, por lo que solo atinó a
ofrecerle la mano. Sasuke la tomó con delicadeza y le sonrió con calidez.
—Es
un placer, Kushina, su hijo me ha hablado mucho sobre usted —dicho esto, su
sonrisa se volvió un tanto divertida—. Me dijo que era dura con los varones que
están con él, espero poder pasar su examen.
Naruto
y Minato rieron abiertamente, mientras que la mujer se puso tan roja como su
cabello. Después de eso, el doncel se llevó a su novio con el resto de su
familia para que los conociera, dejando a todo el mundo boquiabierto, mientras
que los padres del joven analizaban al varón de arriba abajo.
—Minato,
querido, sabes que te quiero con locura, ¿verdad?
El
hombre sonrió, sabiendo exactamente lo que quería decir.
—Sí,
cariño, y no te preocupes, a mí nunca me han gustado los varones en ese
sentido, pero tampoco soy ciego.
Ella
se cogió de su brazo y le dio un apretón.
—No
crees que nuestro Naru haya hecho algo como... fingir tener un novio para hacer
daño a Bankotsu, ¿verdad?
Minato
la abrazó por la cintura con una tranquila sonrisa.
—Nuestro
hijo no es así. Estoy convencido de que ese chico es su pareja.
—¿Y
por qué no nos dijo nada?
—Bueno,
él ya nos avisó de que vendría acompañado y recuerdo que se le notaba algo
nervioso por teléfono, la culpa fue nuestra por creer que todavía estaría
sufriendo por su ex después de más de seis meses.
Kushina
aceptó eso y volvió a contemplar a su nuevo yerno de arriba abajo.
—¿Y
qué opinas de él?
Su
esposo soltó una risilla.
—Que
con él aquí no necesitaremos la sartén para freír huevos.
La
mujer le dio un manotazo suave, aunque también sonreía por la broma.
—Aparte
de lo caliente que es.
Minato
se calmó y volvió a sonreír con calidez.
—Fíjate
en cómo trata a nuestro hijo; cuando habla con otras personas, lo coge por la
cintura y lo mantiene cerca de él, y cuando se mueven por la estancia, lo coge
siempre de la mano. De vez en cuando, lo vigila por el rabillo del ojo, está
calibrando sus reacciones, observa si se siente incómodo con alguien, evalúa su
relación con los demás. Además, cuando nos hemos dado la mano, me ha infundido
una extraña sensación de seguridad. Ese hombre me inspira confianza.
Para
Kushina, eso fue más que suficiente. Era cierto que ella era dura con los
novios de su hijo, sabía que Naruto podía ser un poco ingenuo a veces, era de
esa clase de personas que veía lo bueno de la gente... y también porque
valoraba mucho la opinión de su marido. Minato era inteligente y calaba a la
gente muy rápido, tenía una intuición especial para eso, así que si él le decía
que no tenía de qué preocuparse, ella le creía.
Por
otro lado, Naruto fue presentando a su novio a sus sorprendidos parientes, que
se quedaban mirando boquiabiertos a Sasuke, preguntándose de dónde diablos
había salido semejante hombre y cómo es que salía con el doncel rubio. No es
que pensaran que Naruto no era lo bastante atractivo, sino más bien que los
varones que parecían sacados de las revistas de solteros más codiciados solían
tener mujeres y donceles que fueran modelos o actores y cosas así.
Sin
embargo, los más sorprendidos fueron Karin y Bankotsu. Ninguno de los dos se
tragó que un semental así estuviera saliendo con el rubio, aunque la mujer no
pudo evitar sentir una punzada de envidia, es decir, ahí estaba su primo con el
hombre más sexy que jamás había visto, el cual no dejaba de tomar delicadamente
al doncel de la cintura con su musculoso brazo, mientras que Bankotsu apretó la
mandíbula, molesto porque ese farsante que se hacía pasar por el novio de
Naruto no dejaba de tocarlo y acariciarlo.
Como
si se pusieran de acuerdo mentalmente, ambos se acercaron para presentarse.
Karin fue la primera en hacerlo, exhibiendo su mejor sonrisa, contoneando las
caderas y sacando pecho descaradamente.
—Disculpe,
creo que no nos han presentado. Soy Karin, la prima de Naruto.
La
leve sonrisa que Sasuke les dedicaba a los primos de Naruto se borró de repente
y estrechó a su compañero contra sí con afán protector. Este no protestó, no le
apetecía seguir lidiando con su prima y con su ex, y confiaba en Sasuke para
deshacerse de ellos.
Este
la analizó de arriba abajo antes de fruncir la nariz con desagrado. No era la
reacción que Karin esperaba y, a decir verdad, Gaara y sus hermanos tampoco, la
mayoría de los hombres se quedaban algo deslumbrados cuando veían a la
impresionante mujer.
—Sé
quién eres —masculló, mirando la mano que le ofrecía con desprecio—, y no me
gustas.
Naruto
estuvo a punto de darle un buen morreo a su novio al ver la cara de despago de
su prima y, para qué mentir, la expresión que tenían en el rostro el resto de
su familia que se hallaba cerca. Oh, sí, eso iba a ser muy divertido.
Bankotsu
intervino en ese momento, cabreado más porque Naruto hubiera escogido a un
gilipollas borde para fingir que era su novio que por las duras palabras
dedicadas a su ahora novia.
—Eh,
un poco de respeto.
En
cuanto Sasuke vio al ex de su pareja, colocó a Naruto a su espalda con un brazo
curvado hacia atrás para mantenerlo pegado a su cuerpo. Ver al antiguo
pretendiente de su compañero lo puso muy posesivo y un tanto territorial, sus
instintos animales le gritaban que debía darle una paliza para demostrarle a su
pareja que era un macho más fuerte y que no debía perder el tiempo con él, pero
también era consciente de que no estaba en una manada de lobos, por lo que tuvo
que retener el impulso de hacerlo.
Por
suerte, Naruto comprendió rápidamente su reacción y lo abrazó por la cintura.
Eso lo tranquilizó lo suficiente como para no enzarzarse en una pelea, aunque
seguía queriendo demostrarle a su competidor que el doncel le pertenecía.
—¿En
serio tú vas a hablarme de respeto? —le gruñó a Bankotsu, quien captó el
mensaje a la primera. Enrojeció de rabia y fulminó a Naruto con la mirada.
—¿Se
lo has contado? —le recriminó con rabia.
Al
instante, Sasuke ocultó a su doncel tras su cuerpo y le gruñó a Bankotsu:
—No
vuelvas a hablarle en ese tono o te juro que te arranco la garganta con los
dientes.
El
otro hombre palideció y retrocedió. ¡¿Qué coño estaba pasando?! O ese tío
actuaba muy bien... o iba totalmente en serio y era realmente el novio de
Naruto. Eso le hizo sentirse muy mal, no era tan idiota como para no darse
cuenta de que ese hombre era cien veces más atractivo que él, por no decir que
le sacaba más de media cabeza de altura y que era puro músculo. ¿Qué diablos
hacía alguien como él con Naruto?
Por
otra parte, Gaara y sus hermanos se habían quedado con la boca abierta, aunque
todos coincidieron en que, pese a no conocer mucho al nuevo novio de su primo,
había empezado con buen pie para caerles bien.
Cuando
Sasuke se aseguró de que el otro varón no se enfrentaría a él, cogió a Naruto
de la mano y lo llevó adonde había dejado su maleta.
—Me
he dejado mis cosas en la puerta y no quiero que molesten, ¿me acompañas a
dejarlas a nuestra habitación? —le preguntó en voz bien alta para que Bankotsu
lo oyera. Naruto mentiría si dijera que no disfrutaba con aquella situación, le
encantaba que Sasuke fuera tan posesivo con él y, sobre todo, que su ex no
tuviera huevos necesarios para hacer frente a su lobo, así no tendría que estar
preocupado porque le dedicara más palabras hirientes.
Después
de eso, todos se sentaron a cenar y, cómo no, Naruto y Sasuke se convirtieron
de inmediato en el centro de atención.
—Cariño,
¿hace cuánto que estáis saliendo juntos? —preguntó Kushina, un tanto curiosa y,
también contenta porque su pequeño parecía haber encontrado a alguien mejor que
el imbécil que estaba sentado en un extremo de la mesa, donde lo había metido
ella expresamente para que no estuviera cerca de su hijo.
Naruto
respondió animadamente mientras comía.
—La
verdad es que solo llevamos un mes, pero nos conocemos desde hace siete meses.
Toda
la familia hizo cálculos a la vez, como si se hubieran puesto de acuerdo. A más
de uno les llamó la atención que ese fuera exactamente el tiempo que había
pasado desde que Naruto y Bankotsu rompieron, lo cual no le hizo ni pizca de
gracia a este.
—¿Y
cómo os conocisteis? —preguntó Gaara esta vez.
El
doncel miró un segundo a Sasuke, dubitativo, pero este le sonrió cálidamente y
le cogió la mano, acariciándole el dorso con cariño. Ese gesto no pasó
desapercibido a ninguno de los presentes, provocando que Karin se muriera de
envidia y Bankotsu apretara los dientes.
—La
verdad es... que toda mi familia murió poco antes de conocer a Naruto.
De
repente, el ruido de los cubiertos se detuvo, dando paso a un silencio tenso.
Más de uno tragó saliva, y Kushina no fue la única que se llevó las manos al
pecho.
—Lo...
Lo sentimos mucho —logró decir Minato, aunque se sintió un tanto estúpido
porque sabía que era una pobre condolencia para toda su familia.
Sasuke
asintió a modo de agradecimiento. Sabía que nadie iba a preguntarle, pero que
en el fondo querían saber qué ocurrió como para que su manada muriera, de modo
que respondió para evitar que Naruto tuviera que evadirlos después, estaba
seguro de que su doncel no respondería a algo tan privado.
—Hubo
un incendio en la zona en la que vivíamos. Fui el único que salió con vida.
—Ay,
cariño, lo siento muchísimo —le dijo Kushina, alargando una mano por encima de
la mesa para tocarle el brazo. Sasuke apreció el gesto y puso una mano sobre la
suya para hacérselo saber—. Tuvo que ser muy duro.
—Sí,
yo no... no estaba muy bien en aquella época, estuve a punto de cometer una
estupidez —dicho esto, una pequeña sonrisa asomó a su rostro y contempló a su
hermoso rubio—, pero Naruto apareció y me disuadió. Se podría decir que me
salvó la vida.
Pese
a que no lo dijo nadie en voz alta, la mayoría dejaron escapar un
"ooooohh" en su cabeza, mientras que Bankotsu pensaba que eso no era
más que un cuento que se había inventado ese capullo para ganarse la aprobación
de los padres de Naruto y Karin hacía morritos, disgustada y un tanto ofendida
porque un hombre tan sexy como Sasuke no la hubiera mirado ni una sola vez en
toda la noche, parecía que no era incapaz de despegar sus profundos ojos
oscuros de su primo doncel.
Naruto
escogió ese momento para acercarse un poco más a Sasuke y frotarle el pecho en
un claro gesto de consuelo antes de cambiar de tema. Sabía que lo ocurrido con
su manada todavía era algo delicado para su novio y que, como lobo, aún estaba
un poco afectado por su muerte.
—Nos
hicimos amigos después de eso —continuó explicando Naruto—. Como yo no conocía
a nadie en Kioto, pasaba la mayor parte del tiempo con él y... bueno, supongo
que es normal que nos volviéramos muy cercanos.
Sasuke
sonrió y se inclinó hacia su pareja para acariciarle el rostro con afecto.
—Y
hace un mes reuní el valor suficiente para decirle lo que sentía.
Esta
vez, Naruto se sonrojó, recordando el modo tan explícito en el que su lobo le
había confesado su amor. Toda la familia lo notó y más de uno sonrió con
picardía.
—Ya
veo que no pudiste resistirte a sus encantos —rio Jiraiya de buena gana.
—¡Abuelo!
—lo regañó Naruto, a punto de levantarse de la mesa, pero Sasuke lo abrazó por
la cintura y depositó un beso en su cabeza.
—No
te preocupes, fui yo el primero en caer rendido a tus pies, ¿recuerdas? —dicho
esto, le levantó el rostro y le dio un beso suave al que Naruto correspondió,
aunque seguía sonrojado.
Después
de eso, el ambiente volvió a aligerarse y todo el mundo continuó comiendo.
Kushina y Minato estaban encantados al ver que su nuevo yerno no se privaba de
nada y que tenía un buen apetito, además de que, a diferencia de Bankotsu, no
le decía a Naruto lo que debía comer y lo que no, simplemente se limitaba a
pasarle todo plato de comida que le pidiera y a servirle una buena razón,
estaba claro que a ese hombre no le interesaban las dietas en lo más mínimo.
—Y
dime, Sasuke, ¿a qué te dedicas? —le preguntó Minato, curioso.
Sasuke
se limpió con la servilleta antes de responder:
—Antes
era policía.
En
esta ocasión, ninguno de los parientes de Naruto pudo evitar decir ese
"oooohhh" en voz alta. Por un lado, les extrañó que alguien como él
no fuera modelo o algo parecido pero, por otro, su figura robusta y musculosa
indicaba que tenía la forma física necesaria para perseguir a los malos.
—Vaya,
eso es increíble —comentó Yahiko.
El
lobo se encogió de hombros.
—No
es para tanto.
—¿Y
cómo es que ya no lo eres? —preguntó Gaara, que se había dado cuenta de que
había hablado en pasado.
Sasuke
sonrió.
—Cuando
me di cuenta de que quería tener una relación con Naruto, decidí renunciar. Mi
trabajo era peligroso y no quería que él estuviera preocupado por mí todos los
días, no le habría hecho ningún bien. Además, como mi hermano me legó su
empresa y tenía una idea para montar un negocio, tenía bastante trabajo por
delante.
Al
pelirrojo le alivió saber que ese hombre no era solo una cara bonita que
buscaba ser un mantenido, sino que también trabajaba y era independiente, no le
gustaría que su primo tuviera que acarrear con otra persona más.
—¿Y
qué empresa es esa? —preguntó esta vez Karin, curiosa. Se había dado cuenta de
que la ropa de ese hombre era buena, y la idea de que además de guapo fuera
rico, le puso un poco cachonda.
Pese
a que Sasuke respondió, no se dignó a mirarla en ningún momento.
—Los
Hoteles Uchiha.
Al
oír eso, Minato por poco escupe la comida que tenía en la boca, Tsunade casi se
atraganta y más de uno dejó caer los cubiertos. Karin quiso chillar al haber
encontrado a su hombre perfecto, mucho más que Bankotsu, ya que tenía más
dinero del que podría gastar jamás y encima era un semental sobre el que no le
importaría cabalgar. Sin embargo, su novio estaba que echaba humo por las
orejas; no podía creer que Naruto estuviera saliendo con alguien que fuera un
mejor partido que él, puede que físicamente hubiera mejorado un poquito gracias
al entrenamiento al que lo sometía Sasuke, pero tampoco es que fuera lo más
sexy que había visto nunca.
—Los...
¿Los Hoteles Uchiha? —preguntó Minato para estar seguro.
Sasuke
asintió con una leve sonrisa.
—Mi
hermano era muy inteligente y se le daban bien los negocios.
—Y...
¿has dicho que tú querías montar tu propio negocio? —inquirió Kushina, un tanto
curiosa. Un hombre con su fortuna no necesitaba hacer nada más para ganar
dinero, por eso quería saber en qué había pensado.
El
hombre se rascó la nuca.
—La
verdad es que no es nada del otro mundo, solo he montado un camping rural para
las familias a las que les guste estar al aire libre y la naturaleza.
Últimamente estoy pensando en contratar guías para organizar excursiones y
hacer un parque con actividades para que se diviertan los niños.
—Así
que eres un hombre muy ocupado —rezongó Bankotsu.
Al
oírle, Naruto le lanzó una mirada de advertencia para que callara, pero este se
la devolvió con rabia. Al darse cuenta de eso, Sasuke se interpuso entre ambos
y clavó sus negros y amenazantes ojos en el otro hombre.
—¿Qué
quieres decir?
—Eres
el jefe de una empresa nacional exitosa y ahora diriges también un cuco camping
—explicó con desprecio antes de lanzarle una maliciosa sonrisa a Naruto, quien
lo estaba observando por encima del hombro de Sasuke—. Apenas tendrás tiempo
para pasarte por casa, ¿no?
El
rubio captó la indirecta a la primera. Siempre le había molestado que Bankotsu
pasara tanto tiempo fuera trabajando, cuando tenía algún paso, podía pasar
hasta un par de semanas sin verle el pelo siquiera y, aunque lo hiciera, su
cabeza estaba inmersa en un montón de papeleo.
Por
suerte, Sasuke fue el encargado de ponerle en su sitio, porque de haberlo hecho
Naruto, la cosa habría derivado en una fuerte pelea delante de su familia. Una
cosa era herirlo a él, pero si empezaba a hablar mal de su lobo, le cortaría
los huevos y los colgaría en el árbol de Navidad de su casa como trofeo.
—Primero,
ya he dicho que era policía, así que no soy la persona más adecuada para
dirigir una empresa, por eso solo soy socio fundador y formo parte de la Junta,
mi único trabajo es asistir a algunas reuniones para tomar decisiones
importantes y firmar un par de cosas. Lo mismo ocurre con el camping, la idea
fue mía pero tengo personas encargadas de las tareas administrativas, yo solo
soy el dueño de las tierras y me paso varios días para asegurarme de que está
todo en orden, así que puedo permitirme estar en casa con Naruto prácticamente
a tiempo completo y, aun así, gano más dinero en un año que el que tú obtendrás
en toda tu vida.
—Joder
—susurró Temari, sorprendida por el corte que le había hecho a Bankotsu, quien,
avergonzado, volvió a fulminar a Naruto con la mirada.
—¿Ya
estás contento? Traes aquí a tu supuesto novio y montas una escena.
—Has
empezado tú —replicó Naruto, arrugando la nariz—. Y no te atrevas a insinuar
que Sasuke es un tipo al que he traído aquí para que finja ser mi novio cuando
mi relación con él es mucho más real que lo que tú tienes con Karin.
—¡Oh,
vamos! Nadie sabía que tenías novio hasta hoy, y casualmente es la primera vez
que nos vemos desde que rompimos.
El
doncel se levantó despacio de la mesa.
—¿Quieres
decir que me estoy rebajando a darte celos? ¡¿A ti?!
—Estás
enfadado y dolido por lo que te hice, te sientes celoso de Karin y quieres
hacérmelo pagar con la misma moneda.
—¡¿Yo
celoso?! ¡Por favor!, ¡quédate con ella! ¡Preferiría ser un loco ermitaño que
vive aislado de la civilización con sus veinte perros antes que volver contigo!
—¡Pues
eso es lo que serás!, ¡porque alguien tan mediocre como tú jamás llamaría la
atención de tíos como tu supuesto novio! ¡Hasta en la cama eras aburrido!
Naruto
no tuvo tiempo de sentirse ofendido o herido por sus duras palabras, ya que, de
repente, Sasuke estaba en la espalda de Bankotsu. No se lo pensó dos veces en
cogerlo del cuello de la camisa y lanzarlo fuera de la silla, prácticamente
haciéndolo volar mientras lo ponía de pie en el suelo y apresaba su garganta
con un solo brazo, haciéndole una llave con la que podía estrangularlo
fácilmente. De hecho, Bankotsu boqueaba desesperado por la presión que Sasuke
ejercía sobre él.
—Te
dije que si volvías a dedicarle una mala palabra, te arrancaría el cuello
—murmuró con una voz grave y tenebrosa, haciendo que el otro hombre por poco se
meara encima.
Naruto,
sin embargo, dejó escapar un suspiro.
—Sasuke,
gracias por defenderme, pero no lo hagas. No por mí, ya sabes que no me importa
limpiar un poco de sangre, pero estamos en casa de mis padres y preferiría que
no les rompieras ningún mueble.
Kushina
se apresuró a intervenir alegremente:
—Por
mí no hay problema.
Sin
embargo, Minato, que era más razonable, miró tranquilamente a Sasuke con una
leve sonrisa.
—Suéltalo,
hijo, no merece la pena.
Sasuke
presionó un poco más la garganta de Bankotsu, pero después lo soltó. De haber
estado en una manada de hombres lobo, no habría dudado en matarlo por ofender a
su compañero, sin embargo, no quería causar una mala impresión en los padres de
Naruto y, además, estaba en su casa y debía respetar sus normas, por lo que
regresó junto a su doncel, quien lo abrazó por la cintura y le frotó la espalda
para calmarlo. No percibir el olor de su dolor terminó por tranquilizarlo del
todo; si ese cabrón le hubiese hecho daño a nivel emocional, lo habría sacado a
rastras a la calle para mostrarle lo que era el respeto.
Afortunadamente,
Sasuke no era el único alfa de la estancia, Minato se levantó de la mesa para
contemplar al ex de su hijo con una frialdad imponente y, a la vez, extraña en
él.
—Bankotsu,
te guste o no, esta es mi casa y Naruto es mi hijo. Si vuelves a insultarlo, no
solo te echaré de aquí y te prohibiré la entrada a mi hogar, sino que le pediré
muy amablemente a mi nuevo yerno que te enseñe modales en la calle. ¿Soy claro?
—S-sí,
señor —tartamudeó el otro varón, un poco atontado por toda la situación en
general.
Minato
asintió, satisfecho, y volvió a tomar asiento.
—Bien.
Ahora, olvidémonos de este incidente y disfrutemos de la cena.
Y
así lo hicieron y, es que, cuando Minato Namikaze dictaba una orden, se acataba
y punto. Kushina daba un miedo infernal cuando se enfadaba, pero su marido...
Él podía desencadenar el apocalipsis en la tierra como alguien se atreviera a
faltarle al respeto a su familia, más aún en su propia casa. De modo que Naruto
pudo estar tranquilo el resto de la velada; sus parientes le levantaron el
ánimo rápidamente y, con Sasuke a su lado para apoyarlo emocionalmente y
dedicarle continuas muestras de afecto y cariño, pudo olvidarse casi por
completo de la existencia de su ex y Karin.
Este
se sentía demasiado avergonzado y humillado como para tratar de vengarse de
Naruto y, además, a medida que avanzaba la noche, se dio cuenta de que cada vez
le parecía más convincente la relación que tenía este con el Uchiha. El varón
contemplaba al que una vez fue su doncel como si fuera su mundo entero, con una
adoración que le hizo sentirse aún peor, sobre todo porque esta era
correspondida por el rubio, que le devolvía al otro hombre cada caricia y cada
beso que este le daba. Una parte de él había creído que Naruto acabaría
volviendo con él, por eso había intentado disculparse, estaba convencido de que
él no podía aspirar a tener un novio mejor que él... por eso, cuando se había
negado a devolverle los mensajes y las llamadas, se sintió ofendido y se vengó
acostándose otra vez con Karin hasta el punto de salir con ella, esperando, en
el fondo, que los celos le hicieran volver a su lado.
En
cambio, su rubio había regresado con un sexy multimillonario. Le había
sustituido por el mejor partido que podía existir.
Por
otra parte, Karin pensaba todo lo contrario. No se le pasó por la cabeza ni una
sola vez que un hombre como Sasuke pudiera estar interesado de modo alguno en
Naruto, después de todo, ella era tan frívola que solo valoraba los aspectos
superficiales, y su primo, a sus ojos, no era ni de lejos tan sensual como
ella, por lo que pasó toda la noche intentando acercarse a él y coquetear
disimuladamente, no quería que su familia volviera a darle la charla acerca de
que lo que hizo con Bankotsu estaba mal. Sin embargo, el sexy hombre la evitó
todo el tiempo y apenas se separó del rubio, ignorando sus insinuaciones de que
estaba totalmente libre para él si la deseaba.
Por
supuesto, ella se lo tomó como un juego, uno muy excitante, ya que no estaba
acostumbrada a que los hombres la rehuyeran. Decidió esperar a más tarde, a
cuando estuviera a solas en su habitación... Entonces, convencería a Sasuke
para que se quedara con ella.
Tras
una larga cena que resultó ser agradable al final, beber un poco y, por qué no,
también bailar, todos se retiraron a sus habitaciones en la gran casa de los
Namikaze. Naruto había ido un momento al baño mientras Sasuke se cambiaba en el
dormitorio que compartían. La verdad era que le gustaba la familia de su
compañero, todos habían sido amables con él a pesar de la sorpresa inicial,
exceptuando, obviamente, a ese gilipollas que parecía creer que todavía tenía
algún derecho sobre su rubio.
No
entendía por qué Naruto se había conformado con un humano como él, todavía le
hervía la sangre al pensar en la forma en que lo había tratado, como si
estuviera arrastrándose para volver con ese imbécil que no había sabido valorar
lo que tenía. Además, le molestaba eso de que hubiera pensado que él no salía
realmente con el doncel, empezaba a estar harto de que, fuera adonde fuera, las
mujeres y los donceles se le lanzaran encima por creer que Naruto solo era su
ayudante o alguna gilipollez parecida.
Inspiró
aire profundamente y lo soltó despacio, tratando de relajarse mientras se
quitaba el jersey y la camiseta interior. Ya no importaba, todos parecían tener
claro que iba muy en serio con el rubio y que si alguien se atrevía a mirarlo
mal siquiera lo arrastraría a la calle para darle una lección, tal y como había
dicho Minato.
Además...
esa noche podría volver a dormir con Naruto. Eso terminó de borrar su malhumor
y se quitó los pantalones, quedándose en bóxers mientras rebuscaba en su maleta
la prenda que usaba para dormir.
En
ese instante, oyó que unos pasos extraños se detenían junto a su habitación.
Frunció el ceño porque sabía que no eran los de Naruto, reconocía su forma de
andar en todas partes, sobre cualquier superficie. Olisqueó profundamente,
tratando de captar el aroma que había al otro lado de la puerta, pero no hizo
falta que se esforzara tanto, ya que esa persona abrió suavemente la puerta y
se metió dentro.
Sasuke
se sintió un tanto agresivo de inmediato. Como lobo, entendía que el espacio en
el que estaba era el territorio que compartía con su pareja y que cualquier
otra persona que entrara en él no era más que un intruso al que debía echar.
Aun así, su reacción no habría sido tan brusca si se hubiera tratado de otro
que no fuera la prima zorra de Naruto; su asfixiante perfume le quemaba la
nariz.
—¿Qué
haces aquí? —le preguntó al mismo tiempo que se daba vuelta.
Karin
se había cambiado también de ropa, ahora llevaba un cortísimo camisón blanco
que no dejaba ni una sola de sus curvas a la imaginación, y que también
mostraba sus larguísimas piernas y parte de sus pechos. Cualquier hombre habría
babeado al verla en todo su esplendor... pero Sasuke no era solo un hombre, y
su entrada en ropa interior lo dejó helado como un témpano de hielo.
—No
puedes estar aquí —casi le gruñó. Esa puta pelirroja tampoco era de su agrado,
se había dado cuenta de que miraba a su compañero como si fuera un ser
insignificante, además de que había estado tras él toda la noche apestando a
lujuria.
Incluso
ahora lo hacía, y lo detestaba. La habitación que compartía con Naruto solo
debería oler a ellos dos, como mucho a los padres de su rubio, pero no había
lugar para una tercera persona que tuviera esos deseos por ninguno de los dos.
Karin
se mordió el labio inferior mientras paseaba la mirada por su cuerpo.
—Oh,
Dios mío, eres muy caliente. —Ella dio un paso hacia él, contoneando la cadera
para darle mayor sensualidad—. He pasado toda la noche fantaseando contigo,
imaginando cómo te verías sin ropa... pero esto... Mmm...
Sasuke
quiso gruñirle y mostrarle los colmillos, pero sabía que no era buena idea
mostrarle su auténtica naturaleza, por lo que tensó los músculos en ademán
amenazador, haciendo que ella jadeara... pero de excitación.
—No
te acerques más —le advirtió.
Karin
dejó escapar un gemido.
—Por
favor, no estoy para juegos, estoy muy mojada y necesito tenerte entre mis
piernas.
¿Juegos?
¿De qué coño le estaba hablando? ¿Por qué no se largaba de una maldita vez?
—Eso
no va a pasar —gruñó—. Estoy con Naruto.
Karin
soltó un bufido.
—Oh,
por favor, ¡déjalo ya! Ya sé que mi primo te ha pedido un favor para darle una
lección al idiota de Bankotsu, pero ahora no están aquí... Vamos... —dijo
mientras deslizaba los tirantes de su camisón por sus hombros, desnudando sus
pechos y dejando que la delgada prenda cayera por sus piernas, quedándose
cubierta únicamente por un diminuto tanga—. Dejaré que me hagas todo lo que
quieras. Soy toda tuya.
El
cabreo de Sasuke iba en aumento. ¿Qué diablos tenía que hacer para librarse de
ella y que le dejara a solas con su doncel? Había estado tres días separado de
él y lo único que quería hacer era acurrucarse junto a él y frotarse contra su
cuerpo para volver a quedar impregnado con su aroma.
—Oye,
te lo he dicho antes y te lo diré otra vez, no me gustas ni estoy interesado en
ti de ninguna forma. Naruto es mi pareja y yo no soy tan cabrón como ese
gilipollas con el que sales como para hacerle daño de ninguna manera. Ahora
lárgate de aquí y déjame a solas con mi novio.
Karin
se quedó confundida al principio, pero luego abrió los ojos como platos al
darse cuenta de que no era ningún juego y que hablaba en serio.
—¿De
verdad sales con mi primo? ¡Pero si ni siquiera es agradable a la vista!
Sasuke
tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para que no le brotara el
pelaje por todas partes. ¿Qué coño les pasaba a los humanos? ¿No eran capaces
de ver lo hermoso que era su compañero?, ¿por fuera y por dentro? Como hombre
lobo, había pasado toda la vida con sus congéneres, lobas y lobisones altos y
atléticos que, como él, parecían sacados de revistas de moda gracias a su
atractivo; por eso, para él Naruto fue un cambio agradable, era pequeño,
delgado y suave, además de que carecía de la agresividad sexual de los miembros
de su misma especie. Él era dulce y tierno, le daba placer sin exigirle nada a
cambio, por mucho que a Sasuke le gustara complacerlo en la cama. No solo eso,
Naruto le había aceptado y amado a pesar de ser diferentes, siempre tenía en
cuenta sus necesidades y trataba de adaptarse a sus costumbres lobunas, no le
había pedido en ningún momento que fuera más humano.
Lo
era todo para él. La razón por la que aún respiraba y vivía. ¿Cómo se atrevía
esa perra a decirle que su compañero era desagradable? ¡¿Quién se creía que
era?!
Dispuesto
a echarlo de una forma u otra, se acercó a ella hasta que casi la tocó,
ensanchó los músculos para ser más grande y dejó que su voz se entremezclara
con sus gruñidos para asustarla.
—Naruto
es más hermoso de lo que tú podrías llegar a ser en tu puta vida. Más vale que
no vuelvas a insultarlo en mi presencia, ya has visto lo que le he hecho a tu
novio.
Karin
resopló, todavía sin captar la amenaza.
—¡Oh,
por Dios! ¿Qué veis todos en mi primo? ¡No es nada comparado conmigo! —dicho
esto, y sin previo aviso, aprovechó la cercanía entre ambos para pasar las
manos por el increíble torso desnudo de Sasuke, quien echó a temblar al sentir
su contacto—. Yo te daré todo lo que quieras, Sasuke, solo dime qué te gusta y
cómo lo quieres.
Tocarlo
fue un error. Un grave error.
Los
hombres lobo, por naturaleza, eran monógamos, una vez escogían un compañero, el
amor que sentían por él duraba toda la vida, hasta que uno de los dos moría. No
eran capaces de fijarse en otros, para ellos, la infidelidad sería algo así
como renunciar a comer un sabroso y suculento ciervo como lo eran sus parejas
para engullir babosas. Les repelía la sola idea de tocar sexualmente a otra
persona, y se mostraban incluso agresivos con aquellos que no respetaban esa
unión que para ellos era sagrada.
Naruto
era el primer compañero que tenía Sasuke, por eso, este no fue capaz de
controlarse cuando Karin pasó las manos por su cuerpo, dejando ese sofocante
olor a colonia y deseo sobre él, intentando borrar el olor de su pareja.
Su
lobo lo percibió como que intentaba sustituir a Naruto. Y eso lo hizo aullar de
rabia.
Sin
pensar en lo que hacía, empujó a Karin con tal fuerza que la lanzó contra la
pared, haciendo que esta gritara más por miedo que por el impacto.
—¡NO
ME TOQUES! —rugió con todas sus fuerzas, agazapándose en el suelo a cuatro
patas en modo defensivo. La atacaría si volvía a acercarse, no permitiría que
nadie sustituyera a Naruto, antes la mataría.
De
repente, la puerta de la habitación se abrió de par en par, dando paso a un
asustado Naruto, que contempló sorprendido a Karin, que llevaba solo las bragas
puestas, y a un Sasuke que estaba especialmente agresivo. Sin embargo, no tenía
ningún miedo del lobo, ya que fue corriendo hacia él y se agachó frente a él
para acariciarlo.
Sasuke,
al reconocer a su compañero, logró recuperar el sentido común y darse cuenta de
que estaba a punto de transformarse. Odiaba tener el olor de esa mujer en su
cuerpo, no podía soportar que no fuera el aroma de su compañero el que no
estuviera sobre su piel, por eso sus emociones estaban tan cerca de la
superficie... igual que su pelaje. Sin saber cómo mantener el control de su
forma humana, se puso de rodillas y abrazó a Naruto, enterrando el rostro en su
pecho para que nadie más viera el pelo que empezaba a emerger de sus mejillas.
—¡Sasuke!
¿Qué te pasa? —le preguntó este, asustado.
—El
pelaje... —murmuró con voz inhumana.
Naruto
vio entonces que en su nuca también estaba creciendo largo vello negro. Lo
cubrió con sus brazos y le frotó la espalda, tratando de calmarlo.
—Está
bien, tranquilo, estoy aquí.
En
ese momento, llegaron también a la habitación sus padres, sus primos y
Bankotsu. Todos se quedaron un poco anonadados al ver a Karin prácticamente
desnuda y a Naruto tratando de consolar (o así lo interpretaron) a un Sasuke
que temblaba violentamente.
Naruto
no dudó dos veces en lanzar a su prima a los leones.
—¿Qué
le has hecho? —casi le gritó, furioso porque intuía que había intentado hacer
la misma jugarreta que con su ex.
Karin
boqueó, todavía aturdida por el golpe que la había lanzado contra la pared.
—Yo...
Yo...
—¿Pues
qué va a ser? —rezongó Temari—, que ha intentado colarse debajo de sus
pantalones.
Bankotsu
abrió la boca, pero la cerró al instante. No podía defenderla, estaba desnuda
en la habitación de Naruto, que ahora compartía con ese tipo al que cada vez
odiaba más. Sabía que Karin era un poco puta, ¡pero joder!, que se suponía que
salían juntos ahora.
Minato,
sin embargo, estaba más preocupado por Sasuke.
—Hijo,
¿Sasuke está bien? ¿Qué le ocurre?
—No
soporta que la gente le toque —respondió Naruto, sin dejar de acariciar a su
novio. Tenía que sacar a todo el mundo de allí, podía ver que Sasuke lo
intentaba, pero parecía inevitable que el pelo siguiera creciéndole, ahora por
la espalda—. Marchaos todos, yo le tranquilizaré.
—¿Estás
seguro, Naruto? —le preguntó Gaara, un tanto preocupado.
Naruto
se giró para mirarlos con seriedad, un tanto ofendidos porque pensaran que
Sasuke pudiera ser peligroso para él.
—Sí,
estaremos bien. Llevaos a Karin para que deje de ponerlo nervioso y dejadnos a
solas, yo me encargo de todo.
Su
familia obedeció cuando Minato dio el visto bueno, confiando en su hijo, sobre
todo porque no parecía tenerle ningún miedo a su pareja. Ayudaron a Karin a
levantarse y la dejaron con Bankotsu para que discutieran tranquilamente el
rumbo de su desastrosa relación, y luego se fueron todos a sus dormitorios. Una
vez estuvieron solos, Naruto levantó el peludo rostro de Sasuke y le sonrió.
—Ya
se han ido, déjalo salir.
Sasuke
gruñó suavemente cuando por fin pudo sacar su pelaje. No se transformó del todo
en lobo, pero se quedó como la primera vez que el rubio lo vio, como un hombre
cubierto de espeso pelaje oscuro, con largos colmillos y uñas más largas y
afiladas.
—Lo
siento —se disculpó Sasuke, todavía con la voz enronquecida debido a sus rasgos
animales.
Naruto
le acarició el pelaje de las mejillas y juntó su frente a la suya.
—No
pasa nada, nadie ha visto nada.
—Su
olor está sobre mí —gimió Sasuke, cerrando los ojos con fuerza—. No puedo
soportar oler a ella...
El
doncel comprendió el problema... y tardó poco en hallar la solución.
—Eso
se puede arreglar —susurró Naruto antes de coger su rostro entre sus manos y
besarlo con pasión.
Sasuke
no lo esperaba, pero gruñó complacido por la muestra de amor de su pareja y, en
consecuencia, su furia se evaporó junto a gran parte de su pelaje, quedándole
solo mechones de pelo en las mejillas, la espalda y los hombros. Las largas
uñas también desaparecieron, pero los colmillos siguieron ahí, sobre todo
cuando la traviesa lengua de Naruto los acarició incitantemente.
—Naruto...
—gruñó con la voz ronca, excitado.
—Mmm...
—gimió su sexy doncel contra sus labios—. Sasuke... Llévame a la cama...
Sasuke
no lo pensó dos veces; envolvió el pequeño cuerpo de su rubio en brazos y lo
levantó fácilmente, gruñendo bajo cuando sintió que Naruto rodeó su cuello con
sus brazos y su cintura con esas bonitas piernas que le encantaba acariciar
mientras hacían el amor. Lo condujo a la cama y lo depositó suavemente sobre
ella, colocándose sobre él sin abandonar su boca en ningún momento.
—Ah...
—suspiró su hermoso compañero contra sus labios—. ¿Te he dicho lo mucho que te
he echado de menos?
Sasuke
ronroneó al oírlo.
—Es
agradable escucharlo de todos modos —susurró mientras descendía por su cuello,
sabiendo lo sensible que era Naruto en esa zona. Este arqueó la espalda y pasó
sus dulces manos por la suya, hundiendo los dedos en su suave pelaje. El lobo
gruñó un poco más, le encantaba que hiciera eso, no solo por el placer físico,
sino porque demostraba que su pareja aceptaba por completo su lado animal y se
sentía cómodo con él.
—Pues
quiero que sepas que me sentía solo sin ti... —confesó el doncel sin dejar de
besarlo—. Echaba de menos tenerte así... en nuestra cama... ¿Sabías que pensaba
en ti cuando me tocaba?
Sasuke
se separó de repente y aspiró aire bruscamente, notando cómo le crecía más
pelaje en la zona baja de la espalda. Él también se había masturbado pensando
en su rubio, sobre todo en lo sexy y adorable que estaba al mismo tiempo cuando
se tocaba delante de él mientras gemía su nombre, suplicándole que le follara
de una vez.
Sabía
que lo que estaba diciendo era para provocarle... y funcionaba muy bien.
—Naruto...
Han pasado tres días. No me presiones.
Naruto
se mordió el labio inferior de un modo muy seductor. Sasuke gruñó y se inclinó
de nuevo para apoderarse de esa boquita que no dejaba de atormentarlo.
—No
te presiono... Solo te deseo —gimió, besándolo una y otra vez, enredando su
lengua con la suya sin inhibición alguna—. ¿Lo hueles, Sasuke? ¿Hueles lo
mojado que estoy por ti?
El
lobo gruñó más fuerte, haciendo retumbar su pecho. Le encantaba que Naruto le
hablara de esa manera, le gustaba oírle decir que era él quien lo excitaba,
quien lo volvía loco de placer. No dudó en olfatear el aire, se había vuelto
adictivo al olor de la humedad de su compañero y no perdía la ocasión de
dejarse envolver por ese dulce aroma... Sin embargo, al aspirar aire, percibió
el perfume de Karin, que aún permanecía en su torso. De pronto, volvió a
brotarle pelo por todas partes, cosa que Naruto notó.
—¿Qué
pasa?
—Es
su olor, aún lo tengo sobre mí —maldijo Sasuke.
El
doncel había creído que si lo distraía lo suficiente, tal vez dejaría de
notarlo pero, al parecer, su lobo necesitaba algo más, algo más... fuerte.
Sonrió ampliamente al pensar en otra solución.
—¿Dónde
te ha tocado?
—El
pecho —gruñó él, disgustado.
Naruto
lo empujó suavemente, haciendo que Sasuke se apartara un poco con el ceño
fruncido. No quería dejar de tocar a su compañero, necesitaba la intimidad con
él que no había podido tener en tres días, impregnarse de su olor otra vez.
—Túmbate
boca arriba —ordenó el rubio, sonriéndole con picardía.
Al
lobo se le puso dura de solo imaginar lo que pasaba por la cabecita de su
pareja.
—¿Qué
estás tramando?
Naruto
se puso poco a poco a horcajadas sobre Sasuke y lo empujó contra la cama. Este
obedecía dócilmente, pero se negó a dejar de abrazarlo, lo necesitaba cerca,
así que el doncel acabó tumbado sobre él.
—Confía
en mí, te gustará —dicho esto, lo besó profundamente durante unos minutos que
volvieron a relajar a Sasuke. Después, se sentó sobre su regazo y se quitó el
jersey y la camiseta interior, para el deleite del lobo, cuyo pecho retumbó al
contemplar la tostada piel de su precioso doncel, por no hablar de los rosados
y erguidos pezones que coronaban su torso y que parecían estar llamándole.
Todo
empeoró cuando Naruto se pasó una mano por el vientre, sonriéndole travieso.
—¿Echabas
de menos esto?
De
repente, Sasuke tiró de él para pegarlo de nuevo a su cuerpo y poder besarlo
otra vez. El rubio gimió en su boca y hundió las manos en el suave pelaje de
sus mejillas, acariciándole con una ternura que le llegó a lo más hondo de su
alma mientras que se frotaba sensualmente contra su torso, rozando su piel con
sus pezones, haciendo que su polla luchara encarnizadamente contra su ropa
interior.
—Ya
veo que sí —jadeó el doncel.
El
lobo lo estrechó contra su cuerpo, sin querer separarse de él ni un centímetro.
—Si
sigues haciendo eso, no podré ser suave, Naruto —le advirtió.
Este
se separó y le sonrió.
—¿Quién
dice que yo quiera que seas suave? —dicho esto, frotó sus caderas contra las
suyas, acariciando su miembro en el proceso, haciéndole gruñir de placer.
Después, él le besó otra vez, seduciendo su boca a compartir una dulce y
erótica danza—. Sé que ha sido duro para ti estar lejos, y que lo de la cena no
ha salido tan bien... por eso hoy lo haremos como más te guste. Fuerte. Rápido.
Duro. —Sasuke contuvo un rugido de triunfo y agarró las caderas de Naruto,
listo para darle la vuelta y arrancarle los pantalones para poder follarlo a
placer—. Pero antes, necesito que me dejes hacerte una cosa.
El
lobo resopló y acarició el hermoso rostro de su compañero mientras lo miraba a
los ojos.
—Eres
mi Naruto. Puedes hacerme lo que quieras. Siempre.
El
rubio le dedicó una de esas sonrisas cálidas y sinceras que lograban derretirlo
y le dio un último beso en los labios antes de bajar por su cuello. No parecía
importarle las zonas de pelo que tenía mientras pasaba la boca por su piel,
pero lo realmente interesante fue cuando bajó más abajo, hacia su pecho, donde
ya no tenía pelaje. Su curiosa lengua dejó un ardoroso rastro de fuego a su
paso, lamiendo y chupando, explorando su clavícula y bajando por sus
pectorales... donde Naruto mordisqueó sus pezones, haciendo que Sasuke tuviera
que aferrarse a las sábanas para no rugir de puro deseo. Su rubio no se
compadeció de él al ver sus reacciones, fue implacable y sus manos le
acariciaron los costados y los brazos mientras su boca no le daba tregua y
continuaba con su lenta tortura en dirección a su vientre adornado por los
abdominales. Él sabía que al doncel le encantaba tocar esa parte de su cuerpo,
por lo que los tensó para que pudiera disfrutarlo... para que los dos
disfrutaran de la experiencia.
Para
cuando Naruto se quedó satisfecho, había dejado al lobo temblando de necesidad
y anhelo por poseerlo. Volvió a sentarse sobre su regazo, sin sentir vergüenza
alguna al restregar su bonito trasero contra su gruesa polla, que ya palpitaba,
ansiosa por volver a sellar la unión con su compañero.
—¿Te
ha gustado? —le preguntó su pícaro doncel.
Sasuke
le lanzó un sexy gruñido de excitación y no dudó en apoderarse de su trasero
para inmovilizarlo. Si seguía moviéndose de esa forma sobre él, acabaría
arrancándole lo que le quedaba de ropa y lo follaría contra la primera
superficie estable sobre la que cayeran, le daba igual que fuera la cama o el
suelo.
—Sabes
que sí...
Naruto
sonrió y le señaló el pecho.
—¿Sigues
oliendo a ella?
El
lobo parpadeó, sin esperarse esa pregunta... pero lo comprendió todo cuando
olfateó y se dio cuenta de que su cuerpo volvía a estar impregnado con el aroma
de su compañero. Su lado animal gruñó feliz por ello y, de haber estado en su
otra forma, habría movido la cola a toda velocidad... Por suerte, ahora era
humano y no dudó en lanzarse sobre su doncel para comérselo a besos.
—Eres
el mejor compañero que podría tener —le dijo entre besos voraces que hacían
gemir al rubio.
—Y
tú el mejor novio del mundo —le correspondió Naruto antes de separarse y
sonreírle—. Te quiero, Sasuke.
Este
sintió una fuerte oleada de felicidad que lo recorrió entero. Pese a que
llevaban un mes juntos como pareja, era la primera vez que Naruto se lo decía
en voz alta. Aunque nunca había dudado de sus sentimientos, no desde que lo
aceptó cuando supo que era un hombre lobo y le permitió seguir formando parte
de su vida como algo más que un simple amigo.
Supo
que eso solo podía ser amor.
—Y
yo a ti, Naruto. Desde que comprendí que no ibas a dejarme solo en aquella
clínica y que cuidarías de mí sin importar que fuera un animal salvaje, te
quise. Gracias por darme una oportunidad —dicho esto, volvió a besarlo mientras
lo desnudaba.
Pasaron
las siguientes horas amándose con pasión, sin importarles demasiado el ruido
que pudieran hacer con la cama o con los agudos gritos de placer que soltaba
Naruto cada vez que Sasuke golpeaba con firmeza ese punto dentro de él que lo
hacía estremecerse de placer. Lo único que importaba era que estaban juntos,
nada más.
Al
día siguiente, sobre las nueve de la mañana, Sasuke fue de los primeros en
bajar a la cocina. Había pasado una noche estupenda, primero haciéndole el amor
a su compañero hasta que se quedó dormido acurrucado en su pecho, y luego él lo
había abrazado hasta que se le cerraron los ojos. Al estar tantas horas juntos,
su cuerpo volvía a oler como Naruto y el de su pareja también estaba lleno de
su aroma, por lo que su lado animal estaba contento por haberlo marcado como
suyo... en todos los sentidos.
Ahí
se encontró con Kushina, que cocinaba el desayuno animadamente. Al verlo
entrar, le sonrió con calidez.
—Buenos
días, Sasuke.
Este
le devolvió el gesto. Le gustaba la madre de Naruto, le recordaba mucho a él en
el carácter.
—Buenos
días, Kushina.
—¿Quieres
algo para desayunar?
—No
se preocupe, voy a hacerle gofres a Naruto.
La
mujer lo miró sorprendida.
—¿Sabes
cocinar y los gustos de mi hijo?
El
lobo frunció el ceño.
—Pues
claro, es mi novio y sé lo que le gusta comer.
—Y
yo que pensaba que los hombres como marido ya no existían... —comentó la
pelirroja con una sonrisa—. Espera, cariño, te daré lo que necesitas.
Ambos
estuvieron un rato cocinando en silencio, Sasuke concentrado en lo que hacía y
Kushina observándolo de reojo, vigilando si le preparaba gofres a su hijo a
desgana o como detalle. Le sorprendió darse cuenta de que el hombre parecía muy
acostumbrado a hacer ese desayuno y de que no tenía pinta de estar molesto por
tener que hacerlo.
—Vaya,
tienes práctica.
—Le
preparo gofres un par de veces a la semana, sobre todo si vamos a andar por las
mañanas o el día anterior estuvo deprimido porque le fallaba la inspiración.
Siempre consiguen animarlo.
Kushina
no pudo evitar sonreír un poco.
—Parece
que eres un poco amo de casa.
—Naruto
y yo nos repartimos las tareas, y cada uno cocina según el día que tengamos.
Por las noches solemos hacerlo juntos, es divertido —comentó con una pequeña
sonrisa. Lo primero que Naruto le enseñó a cocinar fueron esos bistecs con
salsa que tanto le gustaba comer cuando él todavía creía que solo era un lobo.
Siempre le estaría eternamente agradecido a su doncel por no darle de comer
pienso para perros, no estaba seguro de que hubiera podido aguantarlo y, por
suerte, Naruto intuyó que él estaría más acostumbrado a comer carne por haber
vivido en libertad.
La
mujer se sintió mejor al saber eso. Bankotsu nunca fue muy trabajador en casa y
prácticamente Naruto se vio obligado a hacerse cargo de todo.
—Me
alegra oír eso, la mayoría de los hombres no suelen ayudar.
—Bueno,
fui policía durante mucho tiempo y era bastante estresante. Con los trabajos
que tengo ahora tengo más tiempo libre y estoy más... relajado —dicho esto,
esbozó una sincera sonrisa—. Es agradable tener una vida más cotidiana después
de eso.
Sí,
a Kushina cada vez le gustaba más su nuevo yerno.
—¿Y
no lo echas de menos? Aunque sea un poco.
—Para
nada. Me gusta pasar tiempo con Naruto.
—¿Aunque
esté escribiendo la mayor parte del tiempo?
Sasuke
soltó una risilla y la diversión se asomó a sus ojos.
—Pone
caras cuando escribe. Puedo saber si está matando a alguien o poniendo una
escena subida de tono con solo mirar cómo teclea y se inclina sobre el
ordenador. Es fascinantemente divertido.
Kushina
no pudo evitar reírse. Era cierto, ya de adolescente, su hijo hacía eso cuando
empezó a escribir.
Después
de eso, se quedaron en silencio un poco más mientras cocinaban. Sasuke ya
estaba terminando de resarcir los gofres con chocolate caliente y Kushina
estaba haciendo un desayuno americano para todos mientras le daba vueltas a
algo que ocurrió anoche que la atormentaba.
—Sasuke...
¿puedo decirte algo?
—Claro
—respondió este sin reparos. Como hombre lobo que era, la familia de Naruto era
también su familia ahora, por tanto, cualquier cosa que pudiera hacer por
ellos, la haría.
—Yo...
siento lo que pasó anoche.
Sasuke
apartó la vista de los gofres y la miró con el ceño fruncido.
—¿Por
qué?
—Naruto
dijo que no te gustaba que te tocaran, y yo lo hice. Lo siento, no sabía que te
resultara tan incómodo.
—Kushina,
no me molesta que usted me toque.
Ella
frunció el ceño.
—¿Ah,
no?
Sasuke
negó con la cabeza y luego se quedó pensativo, preguntándose cómo podría
explicarle por qué se puso tan violento con Karin sin tener que revelarle su
secreto. Naruto y él lo habían hablado y habían decidido no decirles nada sobre
su verdadera naturaleza por el momento, ambos quedaron en esperar un par de
años para que vieran que Sasuke no era ninguna amenaza para él.
—Verá...
Me molesta que me toquen íntimamente. No sé si me entiende.
Kushina
lo captó a la primera.
—Sin
embargo, no parece molestarte que mi hijo te toque.
—Él
es mi novio y puede hacerlo. Los demás, no.
Y
así de simple. Un poco raro, pero a Kushina le valía y, además, le gustaba. Por
ahora, Sasuke tenía muchos puntos a su favor, no se parecía en nada a Bankotsu.
Hablando
del rey de Roma, el hombre lobo percibió su aroma en las escaleras y, a juzgar
por cómo sonaban sus pasos y que arrastraba algo contra el suelo, parecía un
poco enfadado.
Kushina
y él no tardaron en verlo vestido para salir y cargando su maleta. Llevaba el
pelo algo desaliñado y no parecía haber dormido bien teniendo en cuenta las
ojeras que marcaban unos ojos cansados. Dejó su equipaje con poco cuidado en
cualquier parte del comedor y luego se dirigió a la cocina, quedándose algo
parado al encontrarse con la madre y el novio de su ex. Ninguno de los dos lo
miraba de forma amable.
—Buenos
días —saludó de todas formas, aunque de mala gana.
Kushina
respondió con el mismo tono y Sasuke ni se molestó en hacerlo, de hecho, le
habría enseñado los colmillos si fuera otro lobo, por lo que decidió
concentrarse de nuevo en los gofres para rematar su obra con un poco de nata
sobre el chocolate. Bankotsu vio eso mientras se hacía un café y frunció el
ceño.
—¿Le
estás haciendo gofres a Naruto? —preguntó, un tanto incrédulo.
—Sí
—respondió Sasuke, gélido como una mañana de invierno.
—Engordará.
—A
él le gustan —replicó el lobo. Para un animal como él, era una soberana
tontería las dietas basadas en ensaladas, uno no debería privarse de comer lo
que le gusta, él jamás renunciaría a uno de esos chuletones con hierbas que a
Naruto le gustaba hacerle para cenar. Además, su rubio hacía ejercicio, le
encantaba andar por las montañas y también la natación, y estaba bastante
delgado, por lo que en cuestión de salud estaba como un buey y él no veía nada
de malo en que comiera gofres cuando le apetecieran.
—Pero...
—empezó Bankotsu, pero Sasuke lo interrumpió.
—Naruto
ya no es asunto tuyo, ¿de acuerdo? —gruñó, mordaz, fulminándolo con la mirada—.
No entiendo qué coño pasaba por tu cabeza como para creer que no es perfecto y
que no pasaría nada por follar con otra, pero el caso es que ya tuviste una
oportunidad y la desperdiciaste. Ahora es mío, ¿entendido? Yo me preocuparía
más por esa novia tuya que invadió mi intimidad anoche.
—¡Uuh!
—se le escapó a Kushina. Bankotsu la fulminó con la mirada, pero la mujer tenía
sangre Uzumaki, y su familia no se amedrentaba ante nadie, y menos en su propia
casa—. ¿Qué? Si tienes algún problema conmigo puedes dejar ese café donde está
y largarte.
El
hombre bajó de inmediato la cabeza y decidió terminarse la bebida caliente
antes de marcharse. Anoche tuvo una discusión muy fuerte con Karin por lo
ocurrido, la acusó de ser una zorra por querer liarse con el nuevo novio de
Naruto... y ella le devolvió la pulla diciendo que él no era mejor, después de
todo, fue él quien le puso los cuernos a su primo. El caso es que, fuera cual
fuera la relación que tenían, se había roto... y lo peor fue que, cuando pasó
por delante de la habitación de Naruto, lo escuchó haciendo el amor con ese
hombre, y parecía que ambos disfrutaban mucho.
Otro
duro golpe para su orgullo.
—Buenos
días... —se oyó un bostezo en la cocina.
Sasuke
sonrió al ver a su somnoliento doncel. Llevaba puesta una de sus enormes
camisetas, que solía ponerse para dormir y para dejarlas llenas de su olor para
él, por lo que las mangas ocultaban gran parte de sus manos y se le veía un
delicioso hombro. También llevaba unos pantalones de pijama que sí le venían
bien y unas zapatillas de ir por casa que parecían unas botas peludas para la
nieve. Con el cabello revuelto y sus ojitos medio dormidos, estaba adorable.
Fue
hacia él para darle un beso y abrazarlo brevemente.
—Buenos
días, dormilón.
—Mmm...
—respondió Naruto vagamente, lo que hizo que el lobo soltara una risilla.
—Ya
lo sé, no eres persona por las mañanas hasta que desayunas.
—Mmm,
mmm... —asintió el rubio.
—Entonces
menos mal que ya tienes tu desayuno —comentó Sasuke, apartándose para que
Naruto viera los gofres.
De
repente, terminó de despertarse del todo y corrió hacia su plato.
—¡Gofres!
Sasuke
y Kushina rieron alegremente al ver su reacción un tanto infantil. No le dio
mucho importancia, él era así y, además, había dormido poco por las veces que
había hecho el amor con Sasuke, por lo que iba un poco zombi y los gofres eran
más que bienvenidos para despertarlo y reunir fuerzas. Sin embargo, cuando
cogió su plato y se dio la vuelta, vio a Bankotsu. Puso mala cara al verlo.
—Oh,
mierda.
—Naruto
—lo saludó este—. Buenos...
Este
lo detuvo levantando un dedo.
—No
me hables. Soy muy feliz con mi desayuno y no me apetece que me lo estropees
abriendo esa bocaza, así que, si me disculpáis, me voy al comedor a comerme mis
gofres —dicho esto, se dio la vuelta, pero se dio cuenta de que Sasuke no tenía
su desayuno y se detuvo—. Perdona, Sasuke, estoy medio dormido y no me he dado
cuenta de que no te has hecho nada aún, ahora te hago algo...
—No
te preocupes, cariño, ya le he hecho yo un montón de beicon y huevos —dijo
Kushina, tendiéndole un plato enorme a Sasuke y guiñándole el ojo—. He visto
cómo olías el beicon antes.
Sasuke
se sonrojó un poco. Era inevitable, le encantaba la carne... Solo esperaba que
el gesto que había hecho al olfatear no se pareciera mucho al de un animal.
—Gracias,
Kushina.
—Es
un placer, id a desayunar tranquilos.
Naruto
y Sasuke decidieron hacerle caso. El primero, como había dicho, no tenía ganas
de empezar mal el día, ya era bastante borde sin desayunar como para que encima
soltara alguna gilipollez como la de anoche, mientras que el lobo ya sabía que
lo mejor era no molestar a su compañero recién levantado, el día en que recibió
un mensaje de voz de Bankotsu a primera hora al poco de que rompieran, le
recordó muchísimo a su madre cuando se enfadaba con él e Itachi por hacer
alguna travesura.
Se
sentaron uno al lado del otro y, cuando Sasuke fue a dar el primer bocado, el
rubio le dio un cariñoso beso en la mejilla.
—Gracias
por los gofres.
El
lobo ronroneó suavemente para que solo él le escuchara y lo besó en la cabeza.
—De
nada. Tú me alimentaste con bistecs y chuletones durante seis meses, ahora es
mi turno de darte de comer. Además, es Navidad, qué menos que hacerte tu
desayuno favorito.
Naruto
le regaló una de esas hermosas sonrisa sinceras. Entonces, se inclinó y buscó
algo en sus bolsillos que luego le tendió. Sasuke parpadeó al ver la cajita de
madera que tenía tallada un lobo aullando a la luna.
—Feliz
Navidad, Sasuke —dicho esto, dejó la caja en sus manos y le dio un beso dulce
en los labios.
Al
lobo le costó un poco reaccionar. No podía creer que su compañero le hubiera
hecho un regalo.
—Naruto...
Después de todo lo que has hecho por mí...
—¿Y
qué pasa con lo que has hecho tú por mí? —le preguntó Naruto con una leve
sonrisa acompañada de una caricia a su rostro—. Fuiste mi amigo cuando yo
estaba mal por lo de Bankotsu, me salvaste de esos hombres y eres todo lo que
siempre he querido, incluso con pelo y cola —bromeó y después añadió—. Te
quiero.
—Y
yo a ti —dijo Sasuke, emocionado, antes de darle otro beso profundo en la boca.
Después,
abrió la cajita con cuidado y miró lo que había dentro. Sus ojos brillaron al
reconocer lo que era.
—¡Mi
collar! —exclamó, muy contento.
Sí,
el lobo se había empeñado en conservar el collar que le regaló Naruto cuando
creía que era un animal y casi siempre lo llevaba puesto, a pesar de que el
doncel seguía pensando que era un poco ofensivo, pero si a Sasuke le gustaba,
él no era nadie para quitarle eso. Por eso, le había pedido unos días atrás que
se lo dejara por un tiempo y lo había convertido en una pulsera que rodeaba dos
veces la muñeca y, en la placa plateada donde estaba su nombre, había pedido
que grabaran algo.
—Mira
lo que pone.
Sasuke lo hizo... y sus ojos negros brillaron de un modo especial, como si estuviera a punto de llorar.
Ahora formas parte de mi manada y de mi vida. La mejor parte.
—Gracias.
Muchas gracias, Naru —logró decir con un nudo en la garganta, cogiendo a su
pareja para darle un fuerte abrazo—. Significa mucho para mí.
El
rubio le devolvió el gesto con fuerza, enterrando los dedos en su suave
cabello.
—Ya
no volverás a estar solo, Sasuke. Ahora tienes una manada muy grande. Puede que
no seamos lobos, aunque a veces nos comportamos como animales, pero siempre es
con cariño, ¿eh?
A
Sasuke todavía le costaba hablar. El día en que se despertó entre los restos de
la cabaña de su hermano y se dio cuenta de que era el único que había
sobrevivido, creyó que todo había terminado para él, que de ningún modo podría
salir adelante y seguir con su vida. Sin embargo, un ángel rubio lo había
recogido y cuidado de él sin pedir nada a cambio, solo por pura bondad, tocando
su corazón y abriéndose paso en él delicadamente, a base de caricias y dulces
palabras.
Naruto
era su mundo, y ahora estaba ansioso por pasar el resto de su vida con él.
De
repente, recordó lo que tenía escondido en la maleta para él y se separó.
—Enseguida
vuelvo.
El
rubio sonrió un poco cuando lo vio corriendo escaleras arriba. Conociéndolo
como lo hacía, estaba seguro de que había ido a por su regalo... y,
efectivamente, regresó con una delgada y larga cajita negra de terciopelo.
—Ábrela.
Él
lo hizo... y soltó una risilla al ver que era un collar, solo que la fina
cadenita era dorada y llevaba una media luna plateada con su nombre.
—Vale,
ya lo pillo, así los dos tenemos collar.
Sasuke
rio de buena gana.
—Dale
la vuelta.
Naruto obedeció, viendo que su lobo también le había grabado algo. Le parecía un poco gracioso que los dos hubieran pensado lo mismo.
En mi noche más oscura, tú fuiste la luz que iluminó mi vida.
Ahora
fue el turno del doncel de estar al borde de las lágrimas. Se frotó los ojos
con la manga de su camiseta y se lanzó a los brazos del hombre al que amaba.
—Gracias,
mi lobo.
Notó
que Sasuke sonreía antes de que lo besara en la cabeza.
—Gracias
a ti por ser mi luna.

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