Epílogo. Therians
—Vamos,
chicos. No pasa nada.
Night
sonrió con orgullo cuando Trust fue el primero en saltar sobre la nieve. Abrió
mucho los ojos, maravillado cuando vio sus pies hundidos en ella, y rio.
—¡Está
fría! —dicho esto, hundió las manos enguantadas en el manto blanco, cogió un
puñado de nieve y se la llevó a la nariz, olfateándola.
Fury
y 373 también saltaron sobre la nieve. 300 y 333 les siguieron, este último
incluso rodó por ella mientras reía con fuerza.
Otros
caninos y unos pocos felinos también empezaron a andar e incluso correr por la
suave pradera que se extendía desde el hotel hasta el lago. Todos interactuaban
con el entorno con curiosidad y algunos, como sus amigos, hasta reían felices.
Echó
una ojeada a las ventanas de la sala común. Todavía quedaban unos cuantos que
seguían recelosos, en su gran mayoría felinos, unos pocos caninos y todos los
úrsidos, exceptuando las hembras que se habían unido a ellos en la nieve.
Lamentó
que 305 no estuviera con ellos. Él era la razón por la que los machos úrsidos
aún mantenían las distancias con los humanos. Desde que fueron rescatados, no
había abandonado la habitación de 396, vigilando y protegiendo su descanso, a
la espera de que se recuperara. Pese a que no era agresivo en absoluto con los
hombres de Vane, insistía en permanecer junto a su amigo hasta el final. Le
había contado que habían compartido jaula desde que eran niños y, de todos los
machos con los que había convivido, era el único que había sobrevivido. Por eso
tenían un vínculo tan fuerte, era muy parecido al que él compartía con 345, que
ahora había adoptado el nombre de Trust.
Al
menos, la gran mayoría de caninos les habían dado una oportunidad, al igual que
la mitad de los felinos, gracias a la influencia de 300, que era conocido en la
instalación por ser un macho inteligente que a menudo entreveía los trucos de
los humanos. Si él confiaba en Vane, muchos de su especie también lo harían.
Es
más, había unos cuantos que ya habían escogido un nombre y muchos de los
presentes estaban pensando cuál ponerse. Como todavía no conocían mucho sobre
el exterior, querían esperar hasta saber más.
Junto
a las puertas del hotel, sentados con una taza de café en las manos, estaban
Vane y Max. Night levantó una mano para saludarlos y su compañero le respondió
con una sonrisa y saludando.
—¿Cómo
es tener un compañero humano, Night? —le preguntó Trust, que se había acercado
a él. Todavía sonreía y tenía un brillo feliz en sus ojos.
Supo
rápidamente a lo que se refería y se encogió de hombros.
—No
son tantas diferencias como creíamos. Lo más notable son los sentidos, pero a
Vane no le resulta molesto.
—¿Qué
hay de montarlo? —preguntó con curiosidad—. ¿Es muy diferente de las hembras?
Night
ladeó la cabeza y frunció el ceño.
—Para
mí es más placentero, pero hay que ser más cuidadoso.
—¿Y
el mordisco? —En esta pregunta, la preocupación surcó sus ojos—. A los médicos
y técnicos les resultaba repulsivo.
Él
se encogió de hombros.
—A
Vane no le molestó cuando lo hice —dicho esto, sonrió ampliamente—. Dijo que
estaba más atento a otras cosas.
Los
ojos de Trust se iluminaron.
—Ya
veo.
—¿Cómo
van las cosas con Tyler?
Su
amigo dejó caer los hombros y suspiró.
—No
he podido verlo desde que nos rescataron. Pregunté por él y dijeron que estaba ayudando
a los médicos con las drogas que nos ayudan a sanar. Parece que está muy
ocupado.
Night
frunció el ceño. Recordaba bien el olor de Tyler cuando había estado cerca de
Trust y los había visto interactuar. El macho humano le había permitido a su
amigo tratarlo como si fuera su compañero, estaba seguro de que sus
sentimientos eran correspondidos.
—¿Quieres
que hable con Vane para que podáis veros?
Trust
lo pensó un momento y, después, sacudió la cabeza.
—Me
dijeron que estaba trabajando para salvar a 396. Podré verlo después —dicho
esto, lo miró con cierta inquietud—. Me gustaría saber cómo acercarme a él. Uno
de nosotros sabría de inmediato que lo quiero como compañero por mi olor y mi
comportamiento, pero no sé cómo hacérselo ver a un humano. —Ladeó la cabeza y
echó un vistazo a Vane—. ¿Cómo lo hiciste tú?
Night
sonrió y señaló a Max con la cabeza.
—El
hermano de Vane me ayudó. Habla con él, seguro que te ayudará.
—¡Buenos
días a todos! —se escuchó de repente la atronadora voz de Zane. Todos los
caninos y felinos se sobresaltaron y lo miraron con los ojos muy abiertos. El
hombre les mostró un balón de fútbol—. ¡Hoy vais a aprender lo que es la
diversión! ¿Veis este balón? ¡Quitádmelo si podéis! — Y así, sin más, echó a
correr entre risas.
Trust
frunció el ceño.
—¿Está
bien?
Night
soltó una risilla.
—Es
un juego.
—¿Juego?
Él
sonrió mientras se agazapaba.
—Sígueme
y verás —dicho esto, se lanzó tras Zane.
Trust
parpadeó, pero también fue tras él.
Al
mismo tiempo, en la terraza del hotel situada junto a las puertas que daban a
la pradera del lago, Vane reía con ganas mientras su hermano se agarraba el
estómago. Estaba al borde de las lágrimas.
—Zane
es demasiado impaciente —dijo el mayor de los Hagel, a pesar de que seguía
riendo.
Max
se limpió los ojos.
—Sí,
pero parece que le funciona —comentó señalando a los caninos que lo
perseguían—. Night ha aunado fuerzas para cazarlo.
—Como
una manada de lobos —reflexionó Vane con una sonrisa—. Por eso lo escogió el
doctor. Los suyos le siguen. Tal vez tiene que ver con sus instintos animales,
puede que lo reconozcan como el macho alfa.
—Si
es así, fue muy inteligente de su parte.
La
sonrisa de Vane decayó.
—Ojalá
se hubiera quedado con nosotros.
La
de Max desapareció.
—Ojalá.
Le habría encantado ver esto.
Vane
contempló cómo Zane esquivaba a duras penas los ataques de los caninos
dirigidos por Night. Hizo un comentario acerca de que así nunca ganarían a un
humano en una pelea. Al escuchar eso, los felinos se unieron y algunas hembras
felinas y úrsidas también se animaron a participar.
—He
pensado en darles su apellido como nombre.
Max
frunció el ceño.
—¿Qué?
—No
podemos referirnos a ellos como la gente de Night. Él no es su líder, aunque
creo que los caninos lo elegirán como su representante cuando creemos el Consejo.
Su
hermano se quedó pensativo un momento y, luego, sonrió.
—Therians.
Me gusta.
Vane
también curvó los labios hacia arriba.
—¿Sabes
qué es lo más curioso? Que es una palabra que viene del griego. Teriántropo
significa parte bestia y parte humano.
Max
ensanchó su sonrisa.
—Muy
curioso. Y parece apropiado para ellos.
—¡Noooooooooo!
—aulló Zane de repente.
Los
dos rieron de nuevo al ver cómo su hermano era aplacado por 306. La úrsida
rugió triunfal mientras levantaba por encima de su cabeza el balón y aclamaba
su victoria sobre el humano.
Pese
al grito de Zane, se levantó rápido y empezó a explicarles cómo jugar por
equipos. Ahora, todos los therians escuchaban con atención y un brillo alegre
en los ojos.
La
mirada de Max se detuvo un momento en Night. La inquietud ensombreció sus ojos.
—¿Vas
a decírselo?
Las
facciones de Vane se tensaron un instante. Se relajó de inmediato, temiendo que
su compañero lo mirara y se diera cuenta.
—Todavía
no.
—No
le gustará que le mientas cuando se entere.
—No
tengo intención de ocultárselo —confesó, agachando los ojos—. Solo… Quiero que
disfrute de esto con los suyos. Al menos unos días más. No estamos preparados
para el siguiente asalto.
Los
ojos de Max ardieron, decididos.
—Pero
lo estaremos.
—Sí
—coincidió Vane, apretando los puños—. Los rescataremos a todos. Hasta el
último de ellos.
Fin
Próximamente…
Trust

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