Déjame conocerte
Y, una semana más tarde, ahí estaba Sasuke, mirando con
los nervios a flor de piel el pub irlandés Konoha, mentalizándose para lo que
estaba a punto de hacer.
No habían sido los siete días más fáciles de su vida, ni
muchos menos. Tras su intenso encuentro sexual con Naruto, lo estuvo culpando
durante las primeras cuarentaiocho horas de lo que había ocurrido entre ellos,
negando de todas las formas posibles que hubiera disfrutado de lo que habían
hecho y diciéndose que solo había accedido porque estaba muy borracho y que era
un estúpido rubio que se había aprovechado de su estado para joderlo.
Al principio, le funcionó estar tan enfadado y resentido,
especialmente porque le dolía el trasero cada vez que andaba o se sentaba,
aunque no por ello pudo borrar el recuerdo de su cuerpo sobre el suyo, de su
boca, sus manos y su polla haciéndole el amor como nadie lo había hecho antes.
Aun así, trató de olvidarlo centrándose en cosas del trabajo, en salir con sus
amigos a cenar o llamar a su familia para ir haciendo planes para las
Navidades. Además, hubo algo que le ayudó a alimentar su ira, y fue que Karin,
al día siguiente de su alocada noche, le envió un mensaje diciéndole que tenía
que irse a un viaje de negocios con su jefe.
De negocios y una mierda.
Eso por poco lo hizo explotar, llamarla por teléfono y
decirle dónde podía meterse sus supuestos negocios, pero, al final, su orgullo
se impuso y se dijo a sí mismo que no quería que pensara que su infidelidad le
había hecho tanto daño que lo había puesto histérico. No, cortaría con ella
como tenía que hacerlo, en persona y con frialdad. Lo suyo no había significado
gran cosa para él, sobre todo cuando… Cuando por fin había encontrado a alguien
con quien había conectado de verdad.
La furia no dura eternamente y, con el paso del tiempo,
su mente lo traicionó haciendo que rememorara una y otra vez la noche que había
pasado con ese divertido y sexy rubio. Recordó lo mucho que había disfrutado
hablando con él, cómo había reído al bailar en sus brazos y lo bien que se
había sentido al hacer el amor con él, lo dulce y considerado que fue al
principio, y lo apasionado y seductor que fue al final. Pensó en que nunca se
había sentido tan cómodo con nadie, ni tan atraído, no solo físicamente, sino a
nivel emocional.
Le costó un poco aceptar su nueva sexualidad, pero no
tuvo más remedio que hacerlo al darse cuenta de que echaba de menos a Naruto.
Trató de no hacerlo, sabía que sería una estupidez volver a verlo cuando lo
abandonó a la mañana siguiente de hacer el amor con él, era el equivalente a
darle la patada en el culo a alguien. Así que siguió haciendo su vida, centrado
en el trabajo y preparándose para una ruptura formal con Karin antes de
informar a su familia y amigos de lo que había ocurrido.
Ese era el plan. Entonces, ¿por qué diablos estaba un
viernes por la tarde frente al pub donde sabía que vivía Naruto? Tal vez sentía
que le debía una explicación por desaparecer así. Tal vez, si lo veía bailando
con otro hombre, se convencería de que lo que hubo entre ellos no fue tan
especial como lo recordaba.
Eso le dolió más de lo que pensó.
¿En qué estaba pensando? Solo fue una noche apasionada,
seguro que para él no significó nada y que ya estaría haciendo reír a otro
hombre, uno que tendría muy claro que era gay y que no le dejaría tirado al día
siguiente.
No, no podía hacer esto. Tenía que volver a casa y
aclarar sus sentimientos, porque no era posible que pudiera sentirse de ese
modo por alguien a quien apenas conocía, solo estaba confundido por su
sexualidad y porque su vida amorosa era una mierda.
Así que dio media vuelta con brusquedad… Y chocó contra
un torso tan fuerte y tonificado que por poco cae hacia atrás si no fuera
porque unas manos grandes y viriles lo sujetaron. Alzó la vista para
disculparse y palideció al reconocer al hombre que lo sostenía en sus brazos, el
cual abrió los ojos como platos.
—¿Sasuke?
—… Hola. —Muy bien, Sasuke, eres un genio.
Naruto lo soltó en cuanto estuvo estable sobre sus pies y
lo miró confundido.
—¿Qué haces aquí?
—Yo… Eh… Ah… —Se pasó una mano por el pelo, sin saber qué
hacer. ¿Qué podía decir? Mira, eres el primer tío con el que me acuesto y
resulta que me gustó tanto que quería volver a verte y, tal vez, tomar un café.
Al ver que Sasuke no hacía otra cosa aparte de balbucear,
Naruto esbozó una pequeña sonrisa, pensando que era bastante gracioso y lindo
verlo tan nervioso. Sin pensárselo dos veces, se acercó a él hasta que estuvo a
punto de tocarlo, haciendo que este enmudeciera y lo mirara rojo como un
tomate, y le ofreció su mano.
—¿Quieres que hablemos?
El Uchiha tragó saliva, sin esperar lo más mínimo
semejante grado de amabilidad, y asintió, aceptando su mano. Una sensación
cálida lo embargó al sentir sus dedos cálidos sobre los suyos; eran largos y
fuertes, pero lo sostenían con delicadeza, sin transmitir el menor rasgo de
rencor por lo que pasó entre ellos o un mínimo resentimiento. Una parte de él
estaba esperanzada ante la idea de que no estuviera enfadado, de que tal vez
aún tenía una oportunidad de arreglarlo y puede que de conocerlo mejor. De salir
juntos, aunque solo fuera una vez, solo para volver a sentir lo que había
experimentado aquella noche.
Naruto lo guio al interior del pub sin soltarlo,
deslizándose hábilmente entre la multitud como si lo hiciera todos los días, lo
cual, probablemente, era así.
—¿Te importa si vamos a mi casa? —le preguntó el rubio
con una sonrisa dubitativa—. Tendremos privacidad y así podré dejar mis cosas
—añadió, señalando la mochila que llevaba colgada de un hombro. Seguramente
volvía de trabajar.
—No hay problema —respondió, aunque la idea de estar a
solas en su piso hizo que su pulso se acelerara. Se decía a sí mismo que no iba
a ocurrir nada entre ellos, que Naruto tenía su orgullo y que lo más probable
era que lo hubiera herido al desaparecer de esa forma, pero su corazón parecía
no estar de acuerdo ya que, a medida que subían las escaleras, su mente lo
traicionaba pensando en la primera postura que quería usar con él.
Una vez dentro de su casa, Naruto dejó la mochila contra
la pared de la entrada y lo invitó a pasar.
—Siéntate, por favor. ¿Te apetece tomar algo?
Sasuke lo miró incrédulo. ¿Qué demonios pasaba con él?
¿Por qué era tan amable después de que huyera como un cobarde? ¿Por qué
simplemente no lo había evitado y dicho que se largara, como ya había hecho
antes?
Eso lo puso de los nervios y lo encaró.
—¿Qué pasa contigo?
Naruto se sobresaltó.
—¿Qué?
—¿Por qué te portas así conmigo después de lo que hice?
Fui un cobarde que te dejó tirado a la mañana siguiente de haber hecho el amor
como si no valieras nada, ¡te traté como si solo hubieras sido un buen polvo!
¡Deberías estar enfadado y gritarme de todo! ¡Decirme que yo no pinto nada aquí
y que deberías partirme la cara…!
—Hombre, eso es un poco exagerado, ¿no crees? —repuso el
rubio, mirándolo con diversión.
Sasuke le devolvió la mirada echando chispas.
—No tiene gracia.
—Claro que la tiene, te estás echando tú solito la bronca
de lo que hiciste —dijo antes de ir hacia él con una amable sonrisa—, lo que me
dice que yo tenía razón. Eres una buena persona, Sasuke. Si no lo fueras, no
estarías sintiéndote tan culpable que has venido hasta aquí para darme
explicaciones.
El otro hombre se lo quedó mirando como si estuviera
chalado.
—Tú tienes un grave problema mental, ¿verdad?
Naruto soltó una carcajada.
—Me lo tomaré como un cumplido.
—Sí, estás mal de la cabeza.
—Solo soy realista, Sasuke —dijo, observándolo con cierta
tristeza en sus ojos—. No voy a negar que me dolió que te fueras sin dejar tu
número al menos, yo… Sentí que hubo algo especial entre nosotros y tenía la
intención de invitarte a desayunar, pero puede que solo fuera una impresión
mía. Imaginé que tú estabas pasando un mal momento con tu novio por eso de la
infidelidad, que bebiste un poco de más y que te acostaste conmigo por
despecho, y que, a la mañana siguiente, te sentiste avergonzado y huiste por
eso. —Hizo una pausa en la que bajó la cabeza. Ahora, su expresión era dolida,
aunque trataba de ocultarlo—. Aun así, a pesar de que sospechaba que había sido
eso, me mataba no estar seguro de lo que habías sentido al estar conmigo, una
parte de mí quería creer que también habías notado una conexión entre nosotros,
de modo que te busqué. Hasta que Iruka, el hombre que se ocupa del pub de mi
madre, me dijo quién eras.
Sasuke parpadeó.
—¿Qué?
Naruto lo miró como si él fuera algo inalcanzable y eso
le doliera.
—Tu apellido es Uchiha, ¿verdad?
—… Sí. —No estaba seguro de si le gustaba o no que el
rubio supiera quién era.
Sus ojos mostraron abatimiento.
—Eres un hombre que lo tiene todo, Sasuke. Diriges tu
propia empresa, eres famoso y tienes cien veces más dinero del que yo ganaré en
toda mi vida. Supe enseguida que alguien como yo no tenía ninguna oportunidad
contigo.
Hubo algo en ese comentario que lo molestó muchísimo.
—¿Qué quieres decir? —preguntó con cautela.
El otro hombre apartó la vista.
—Tengo una vida humilde. No es que me queje, me gusta mi
trabajo, me gusta mi casa y adoro el pub de mi madre, es mi hogar, después de
todo. Pero nunca saldré en las revistas, nunca tendré un coche impresionante ni
tampoco una isla en el Pacífico. ¿Qué podría ofrecerte yo que tú no tengas ya?
Sasuke se quedó en silencio unos segundos, asimilando lo
que acababa de oír. Después, apretó los labios y le dio un golpe en el brazo
que hizo saltar al rubio.
—¡Au! ¿A qué ha venido eso?
—A que eres más tonto de lo que pensaba.
Naruto frunció el ceño, un poco molesto.
—¿Y ahora por qué me insultas?
—Sé muy bien la clase de gente que hay en mi mundo
—rezongó Sasuke—. Muchos son imbéciles que creen que, por tener dinero, el
mundo entero caerá a sus pies solo con chasquear los dedos. Son personas
superficiales, egoístas y no dudan a la hora de aprovecharse de los demás. No
todos son así, pero muchos están dispuestos a hacer lo que sea necesario para
conservar su posición, por poco ético que sea —dicho esto, lo miró con rabia—.
¿Cómo te atreves a pensar que estás por debajo de ellos? ¿Tienes acaso la menor
idea de la mierda que tengo que tragar? Yo he trabajado duro toda mi vida para
estar donde estoy y me siento orgulloso por ello, pero eso no quiere decir que
me guste todo lo que conlleva. ¿Te crees que me gusta que las revistas estén al
acecho para conocer cada centímetro de mi vida? ¿Piensas que me gusta estar
entre los cien solteros más ricos del país? Lo único que me ha aportado eso es
atraer a gente que solo busca aprovecharse de mí, de tener alrededor personas
que solo quieren mi dinero cuando yo me lo he ganado a base de esfuerzo. Y,
cuando no tienen lo que quieren, no se lo piensan dos veces a la hora de
insultarme o intentar joder mi reputación. —Cogió a Naruto del cuello del
suéter y lo miró con cara de pocos amigos—. ¿Y tú te atreves a menospreciarte?
Sabías quién era y no has ido corriendo a algún periodista a venderle lo que
hicimos esa noche, ni tampoco has buscado chantajearme aun pudiendo ganar mucho
dinero. Encima crees que yo no tendría el menor interés por ti, lo cual es
jodidamente estúpido porque eres el hombre más amable, considerado, cariñoso,
divertido, dulce y…
—¿Piensas todo eso de mí? —preguntó Naruto. La tristeza y
el dolor habían desaparecido de su rostro, siendo sustituidos por la
estupefacción y la esperanza.
Sasuke se sonrojó, pero no apartó la mirada. Era todo o
nada, ahora o nunca.
—Yo también sentí una conexión contigo. Nunca me había
atraído nadie como lo has hecho tú. —Hizo una pausa, preparándose para
confesarle la importancia de su encuentro—. Hui esa mañana porque… Porque eres
el primer hombre con el que me he acostado.
Esta vez, Naruto lo miró como si se hubiera quedado en
blanco.
—… ¿Qué?
El Uchiha esbozó una pequeña sonrisa nerviosa.
—Sabes quién soy, pero no sabes que, en teoría, soy
heterosexual.
—¡Joder, no! A mí no me va eso de husmear en la vida
privada de los demás. —Se pasó una mano por el pelo, tratando de asimilar lo
que acababa de oír, antes de observarlo con detenimiento—. Entonces… ¿No eres
gay?
Sasuke se encogió de hombros.
—Siempre he salido con mujeres. Hasta que te conocí, no
me había fijado nunca en los hombres.
Naruto aún estaba intentando que esa información encajara
en su cabeza.
—Pero esa noche me dijiste que tu novio te era infiel.
—En realidad, solo dije que era un cornudo. Es mi novia
la que estaba jodiendo con su jefe —respondió como si no fuera realmente
importante. Porque, en esos momentos, ya no lo era—. Hacía tiempo que
sospechaba algo y ese día fui a comprobarlo. —Hizo una mueca—. Ya te dije que
no la amaba, pero fue humillante. Yo nunca le fui infiel con otra y me esforcé
porque las cosas funcionaran entre nosotros. Dos años de esfuerzo a la basura.
El rubio le cogió la mano y la acarició.
—Lo siento. Aunque no la quisieras, tuvo que ser duro.
—Ahora ya no tiene importancia.
Naruto asintió, aunque aún se veía algo confundido.
—¿Y por qué viniste conmigo? Podrías haber escogido a
cualquier mujer que hubieras querido, todas en el pub tenían las bragas mojadas
por ti, ¿por qué yo si soy un hombre?
—Porque nunca me lo había pasado tan bien con una mujer
como contigo —admitió Sasuke—. Nunca me había sentido tan a gusto con nadie, ni
tampoco tan unido. Yo… Sentía curiosidad y por eso fui contigo. El hecho de
estar un poco borracho me ayudó a no pensarlo demasiado y, la verdad, me
alegro. Al día siguiente me escapé porque estaba confundido y asustado, no
entendía por qué había hecho eso contigo y mucho menos por qué lo había
disfrutado tanto y…
—¿Te gustó? —preguntó Naruto con sumo interés.
Sasuke volvió a sonrojarse.
—Sí.
Él se acercó más, observándolo con ojos brillantes, hasta
que pegó su pecho al suyo. Sasuke por poco suspiró al sentir sus fuertes
músculos bajo el suéter.
—¿Te gustó más joder conmigo que con una mujer? —le
preguntó en un tono bajo y ronco, ese tan sexy que no había podido olvidar y
que hizo que se estremeciera de la cabeza a los pies.
—Sí —respondió sin dudar y un poco excitado.
La mano libre de Naruto fue a parar a su rostro, donde le
acarició la mejilla con el pulgar. Sus hermosos ojos azul claro no abandonaron
los suyos en ningún momento, observándolo con una arrolladora intensidad.
No se resistió cuando el rubio se inclinó para besarlo.
Se estremeció un poco al sentir su boca moviéndose lenta y eróticamente sobre
la suya, de forma suave pero incitante a la vez, con la clara intención de
tentarlo y seducirlo. Aunque no tendría que esforzarse tanto, Sasuke ya tenía
claro que no quería desperdiciar la oportunidad de conocer a Naruto, de ver qué
había entre ellos, así que aferró su suéter con ambas manos y le devolvió el
beso, acariciando su lengua con la suya mientras se le escapaba un gemido.
Joder, había echado de menos su boca caliente y húmeda, sus brazos fuertes
alrededor de su cintura, sus manos grandes acariciando su espalda. Sus cuerpos
acabaron fundidos en un abrazo íntimo, tan cerca el uno del otro que ambos
podían sentir el deseo de su amante. Aun así, ninguno se entregó a la pasión
todavía, ambos querían hacer las cosas bien esta vez, sin alcohol, sin
confusiones y sin malentendidos.
Naruto fue el primero en romper el beso con suavidad,
para disgusto de Sasuke, pero se le pasó de inmediato cuando el rubio le
preguntó:
—¿Quieres quedarte a cenar?
Él parpadeó.
—¿Me estás pidiendo una cita?
El rubio sonrió y asintió con entusiasmo, como si fuera
un niño pequeño. Le resultó adorable.
Se lamió los labios antes de decir:
—Me encantaría cenar contigo, Naruto.
Sasuke sonreía feliz y satisfecho por primera vez en
mucho tiempo. Aún estaba en casa de Naruto, tumbado en su cama, totalmente
desnudo, rodeado por sus brazos.
Era la mejor cita que había tenido en su vida.
Normalmente, cuando él salía con una mujer, la llevaba a un buen restaurante
donde charlaban: sobre la actualidad, de su muy lucrativo trabajo, a qué se
dedicaba ella, la cual se tiraba flores a sí misma y alardeaba del buen nombre
de su familia, a veces incluso hacía referencias sutiles a sus habilidades
sexuales, pero, en general, el tono de sus amantes era coqueto.
Después de eso, a Sasuke le resultaba muy fácil
convencerlas para que lo llevaran a sus casas donde acababan teniendo sexo. Sí,
todo era pan comido, sin embargo, encontraba a esas mujeres superficiales,
aburridas e insípidas, todos sus gustos eran refinados o al menos lo fingían
para gustarle, y no mostraban real interés en él. Al menos, no como persona. Parecían
más atentas a adivinar cuánto dinero tenía en su cuenta corriente o en
acariciar sus piernas con la suya, en mirarlo con ojos seductores o en comer de
un modo erótico para provocarle.
Eso estaba bien para follar, pero no para tratar de
conectar emocionalmente con alguien.
Sin embargo, con Naruto había sido totalmente distinto.
Hablaron con naturalidad de cualquier tontería que pasara por sus cabezas,
desde sus gustos en música hasta anécdotas vergonzosas de la infancia. El rubio
no le mentía para gustarle, solo expresaba lo que detestaba y lo que le
apasionaba, le contó que amaba a los animales, que le encantaba la música de Ed
Sheeran, que era adicto a las novelas de asesinatos y que su madre echó una vez
a su novio de casa porque los pilló teniendo relaciones íntimas. Sasuke no se
había reído tanto en su vida, ni tampoco hablado tanto en una noche, pues solía
ser más callado y le costaba relacionarse, pero, esa vez, no pudo evitar
hablarle de que le gustaban las películas y los libros biográficos, que sabía
tocar el piano y amaba la música instrumental, que adoraba a su familia, y que
la cita más vergonzosa que había tenido fue con una mujer que se sentó en la
mesa del restaurante donde cenaban y que se abrió el vestido mientras le exigía
que la jodiera.
No fueron a ningún sitio elegante, sino que se quedaron
en su casa haciendo una pizza casera, y el rubio disfrutó lo suyo manchándole
la cara de harina y tomate, a lo que Sasuke no dudó en contratacar. Y, sí,
terminaron hechos un desastre los dos, pero no les importó porque se lo pasaron
en grande jugando como dos niños.
Cuando terminaron de cenar, Naruto no dudó en besarlo. Él
no se resistió lo más mínimo, dejó que el rubio le desabrochara la camisa para
acariciarlo y que le bajara los pantalones para jugar con su miembro erecto. Lo
estuvo masturbando un buen rato, primero con su mano mientras lamía y mordía su
cuerpo, y luego con su boca, volviéndolo loco de placer. Y, después de eso, el
rubio lo cogió de la mano y lo llevó a su habitación, donde hicieron el amor
toda la noche. Naruto fue delicado con él la primera vez, quería compensarlo
por no haber sabido que era el primer hombre para él y quiso que fuera algo
especial.
Fue… tan dulce y tierno con él. Sasuke jamás había
sentido nada tan maravilloso como tenerlo sobre su cuerpo, embistiéndolo
despacio mientras lo besaba y le susurraba al oído lo sexy que era para él y lo
mucho que le gustaba estar en su interior y poseerlo.
Las otras veces fueron… más salvajes. Apasionadas. Naruto
lo animó a probar varias cosas ahora que estaba sobrio que le hicieron gritar y
que estaba ansiando repetir, por no hablar de que volvió a usar su corbata para
atarlo o vendarle los ojos. Fue genial. Y, cada vez que hacían el amor, el
rubio le hacía un masaje en las nalgas, arrepentido porque Sasuke admitió que
la otra vez estuvo muy dolorido. Eso le pareció muy dulce por su parte.
Ese día no estaba nada dolorido. Se sentía feliz y
completo mientras acariciaba las facciones relajadas de su amante con los
dedos, delineando sus pómulos, la fuerte línea de su mandíbula, sus labios
carnosos.
De repente, Naruto empezó a removerse a la vez que hacía
sonidos somnolientos. Sasuke sonrió, le parecía tan gracioso.
Tras unos pocos minutos remoloneando, el rubio abrió los
párpados, revelando sus increíbles ojos azules que, con la tenue luz del alba,
parecían aún más claros y brillantes.
—Buenos días —le saludó en voz baja, acariciando esta vez
los mechones de cabello que caían sobre su rostro.
Los ojos de Naruto chispearon felices al verlo.
—Buenos días —dijo, incorporándose un poco para besarlo
tierna y profundamente. Sasuke no pudo evitar tener los labios curvados hacia
arriba mientras sus bocas se dedicaban cariñosas muestras de afecto. Estaba tan
feliz después de una horrible semana que su malhumor y frialdad característicos
parecían haberse esfumado. Ahora, lo único que le apetecía hacer era quedarse
en la cama con su rubio.
Estuvieron un par de minutos besándose mientras se
acariciaban el uno al otro; Naruto, el rostro de Sasuke y, este, su ancha
espalda, todavía impresionado por sus duros músculos y hechizado por la forma
en la que se movían bajo sus dedos. Después de eso, el rubio se separó lo
suficiente para tumbarse a su lado, tan cerca de él que solo había unos pocos
centímetros entre sus labios, y usó una de sus manos para recorrer su piel de
arriba abajo, desde su hombro, pasando por su espalda y su costado, hasta las
nalgas.
—No has salido huyendo esta vez —lo picó Naruto con ojos
divertidos.
Sasuke levantó una ceja.
—Puedo irme si quieres.
Nada más oír esas palabras, el rubio sonrió con malicia y
envolvió todo su cuerpo a su alrededor. Él no pudo hacer otra cosa aparte de
soltar una risilla por su reacción.
—Puedes intentarlo, pero esta vez estoy despierto y soy
más grande y más fuerte que tú. Además —añadió, mirándolo con picardía—,
todavía puedo atarte otra vez a la cama.
El Uchiha se mordió el labio inferior.
—Estoy tentado a escaparme solo por eso.
Los ojos de Naruto relucieron, llenos de lujuria, y se
inclinó sobre él para atrapar su labio inferior y mordisquearlo con afán
juguetón. Sasuke rio y le dio un beso. Eso era raro en él, normalmente no era
muy afectuoso y mucho menos jugaba en la cama. Bueno, no de esa manera, pero
ese hombre tenía algo que le hacía abrirse con una facilidad increíble, que
sacara su lado más cariñoso y divertido.
Tras intercambiar una ronda de besos y risas, volvieron a
quedarse abrazados sobre la cama, acariciándose y mirándose con ternura, sin
acabar de decidirse a levantarse y mucho menos a separarse el uno del otro.
Mientras Sasuke acariciaba el pecho de su amante, le
asaltaron las dudas de que lo que iba a pasar ahora. Si Naruto hubiese sido
como las demás mujeres con las que habría salido, le habría bastado con decir
que lo recogería a una hora concreta para salir juntos otra vez pero, gracias a
Dios, no era así. Sin embargo, precisamente por eso no estaba seguro de cómo
plantear una segunda cita sin parecer arrogante, nunca había estado con alguien
que le gustara de verdad y tanto.
—¿Tienes planes para este fin de semana? —le preguntó de
repente el rubio con una sonrisa.
Sasuke se quedó un poco parado al principio, pero luego
le devolvió el gesto.
—La verdad es que no.
—Yo tampoco —comentó Naruto, guiñándole un ojo.
Y así, sin más, ya tenía una cita de cuarentaiocho horas
con el hombre que tanto le gustaba.
—Vamos, Sasuke, una gala benéfica no suena tan mal —le
dijo Naruto por teléfono.
Él puso los ojos en blanco mientras se ponía bien la
corbata.
—No es la gala benéfica en sí lo que me molesta. Estoy de
acuerdo con la causa y me siento orgulloso de poder ayudar, lo que me fastidia
son todos esos ricachones que solo quieren quedar bien con la prensa. ¿Tienes
la menor idea de cuántas de esas personas van a estar revoloteando alrededor de
mi familia?
—Me voy a arriesgar a decir que todas y cada una de
ellas.
—Exacto.
—Bueno, piensa que es el precio a pagar por esos niños
sin recursos a los que vas a poder brindarles una buena educación.
—Creía que el precio a pagar era el dinero —sonrió
Sasuke.
—Nooo. El precio a pagar es el verdadero sacrificio, lo
que te duele hacer, y, teniendo en cuenta que donar millones de yenes por esos
niños no te molesta, tu precio es aguantar a los indeseables.
Sasuke hizo una mueca y se miró en el espejo, viendo cómo
le quedaba el esmoquin.
—Ojalá pudieras venir. Habría sido más divertido contigo,
sueles desconcertar a esa clase de gente.
—Y a mí me encanta hacer que se sientan confusos. Desgraciadamente,
yo tengo trabajo y tú aún tienes que mentalizarte para decirle a tu familia que
te has cambiado de acera.
Se mordió el labio al escuchar eso.
—Lo siento, Naruto.
—No era un reproche, Sasuke —le dijo Naruto con un tono
suave y cariñoso, ese que ponía cuando le lanzaba esa mirada tierna que le
decía que él lo apoyaba en todo—. Entiendo que es una situación confusa para ti
y no me molesta, sé que se lo dirás cuando estés listo. Además, también creo
que deberíamos esperar a que esa novia tuya regrese de su viaje.
Sasuke gruñó al pensar en Karin. Llevaba ya dos semanas
de “viaje de negocios” con su jefe y todavía no había regresado, lo cual era
una mierda porque ya llevaba una semana saliendo con Naruto.
Y era más feliz que nunca. Por primera vez en su vida,
sentía que había encontrado una pareja de verdad y no una arpía que fuera en
busca de su apellido y lo que venía con él. El rubio no estaba en absoluto
interesado en su dinero, de hecho, se molestaba si intentaba invitarlo a algo,
decía que él había trabajado muy duro para ganarse su sueldo y que lo había
hecho para ser independiente, y eso Sasuke lo respetaba, y mucho.
Aparte de su escaso interés por su fortuna y su fama,
había que añadir que le gustaba la curiosidad que mostraba en él como persona,
que quisiera saber de sus gustos y hobbies y se atreviera a compartirlos con
él. También era una persona empática, podía detectar su humor con facilidad y,
curiosamente, siempre sabía cómo lidiar con él. No importaba lo malo que
pudiera ser, Naruto se las arreglaba sin problemas para arrancarle una sonrisa,
distraerlo o incluso lograr que aceptara sus abrazos y masajes, que solían
relajarlo hasta que el estrés desaparecía. A eso había que añadir su extraña
capacidad para sacar su lado más abierto y divertido, el hecho de que fuera un
hombre cariñoso, con una alegría contagiosa. Y también su fuerza de voluntad,
su carácter seguro y decidido, su valentía.
Sasuke había tenido la oportunidad de verlo una vez en el
trabajo, mientras ayudaba a evacuar un edificio en llamas. Parecía que fuera a
derrumbarse en cualquier momento, pero Naruto y sus compañeros no dudaron a la
hora de entrar y sacar al mayor número de personas posible. Era una faceta suya
que no había visto hasta el momento y se sintió muy impresionado y orgulloso.
Orgulloso porque ese hombre tan valiente arriesgara su vida por otros, a pesar
de lo preocupado que había estado todo el tiempo que había pasado en ese
edificio.
Era la persona más increíble que había conocido, y estaba
con él.
Por eso no quería esconderlo, no le avergonzaba estar con
un hombre, menos aún con Naruto, y le jodía que Karin no hubiera vuelto todavía
para dejar las cosas claras con ella. Él no era de los que rompía una relación
por teléfono, sobre todo si su pareja le había sido infiel. Quería mirarla a la
cara y decirle que lo suyo había terminado, que él no salía con mujeres que le
engañaban. Así, después de eso, podría decirle a su familia que ya no estaban
juntos, que había descubierto su nueva sexualidad y que había conocido a
alguien que le gustaba de verdad. Realmente no le preocupaba mucho la reacción
de sus padres y su hermano, sabía que lo aceptarían, pero era un poco incómodo
tener que reunirlos para hablar de eso y, antes, quería hacer las cosas bien.
Lo primero era romper con Karin. Si volvía.
Soltó un resoplido.
—Más le vale. Me debe al menos una explicación.
—Aún no me puedo creer que se fuera con otro. Puedes ser
un poco gruñón, pero, sin eso, serías el hombre perfecto —repuso Naruto antes
de hacer una pequeña pausa—. Aunque, puede que sea por eso. Tal vez el hombre
perfecto no deba existir. Todo el mundo iría detrás de ti y yo acabaría en la
cárcel por matar a alguien.
Sasuke sacudió la cabeza mientras sonreía por la película
que acababa de montarse. Siempre le hacía gracia.
—Con todas esas novelas de asesinato que lees, deberías
ser capaz de hacerlo sin que te cojan —le siguió la broma antes de mirarse una
vez más en el espejo. Asintió, decidiendo que estaba bien para la gala.
Después, le echó un vistazo a su reloj—. Oye, tengo que irme ya. ¿Te veré esta
noche?
—Por supuesto, es viernes y pienso mantener ese sexy
trasero tuyo muy ocupado a partir de las diez —le dijo en ese tono ronco que
hacía que su piel se erizara.
Esbozó una gran sonrisa.
—Procuraré no retrasarme, entonces.
—Más te vale, no me obligues a ir a buscarte, joder sobre
una mesa ante un montón de invitados generosos es de mala educación.
Él se mordió el labio inferior, excitado cuando una idea
acudió a su cabeza.
—¿Y follar sobre la mesa de tu comedor sería maleducado?
Naruto gruñó al otro lado de la línea. Dios, cómo le
gustaba ponerlo duro a distancia.
—Sasuke, no me tientes a ir a buscarte. Sé que llevas
puesto un esmoquin, y, si verte con traje ya me pone caliente, imagínate lo que
haré esta noche cuando te vea con eso puesto.
Eso era tentador. Mucho más que la gala benéfica. No es
que no quisiera ayudar a los niños, era una persona práctica y tenía más dinero
del que iba a gastar, por lo que tenía preferencia por usarlo en buenas causas.
El problema era que odiaba esas galas por toda la pompa
que conllevaba, era más bien un desfile de ricos que exhibían su fortuna. Sin
embargo, tenía que acudir, hacía tiempo que no veía a su familia y le había
prometido a su madre que asistiría. Además, Naruto no podía escaparse de su
trabajo.
Pero era divertido seducirlo.
—¿Quieres que te espere con la camisa desabrochada y los
pantalones abiertos? —le preguntó con un tono bajo y sugerente—. Llevo corbata,
por si quieres usarla.
—Grrr —gruñó su rubio, haciendo que se sintiera poderoso.
—¡Oh, venga ya! —gritó alguien de fondo—. ¡Sasuke, deja
de decirle guarradas a tu novio por teléfono o no podremos empezar a entrenar!
—Métete en tus asuntos, Kiba —replicó Naruto.
Sasuke sonrió. En el transcurso de la semana, había
conocido a los compañeros de trabajo de su pareja. Al principio, le preocupó no
encajar con ellos, era consciente de que era una persona seria y callada, le
costaba mucho relacionarse con los demás, pero su rubio le dijo que no debía
preocuparse, que eran tan charlatanes que no haría falta que abriera la boca, que
ellos llevarían la conversación solos.
Afortunadamente, así fue. La mayoría de ellos eran tan
escandalosos e hiperactivos como Naruto, sobre todo Kiba, aunque había otros
más tranquilos como Gaara y Shikamaru, con quienes congeniaba mejor por su
carácter. La verdad es que se sintió integrado enseguida y, curiosamente, muy
aceptado. Supuso que era por aquello que le escuchó decir a Kiba al resto del
grupo en tono confidente, que se alegraba de que su amigo estuviera saliendo
con alguien después de lo que le hizo el capullo de Genji.
Genji.
Naruto nunca le había hablado de él. No negaría que le
causaba un poco de curiosidad ya que él era bastante abierto a la hora de
hablar de cualquier cosa, pero solo llevaban una semana juntos, no podía
exigirle que se lo contara todo y tampoco le parecía educado preguntarle por
una conversación que escuchó a escondidas, aunque fuera sin querer.
Lo importante era que los dos estaban bien juntos.
—¿Qué pasa, Kiba? ¿Tienes envidia? —dijo en voz bien
alta, intentando que el otro lo oyera.
Al parecer, lo logró, porque Naruto soltó una risilla y
Kiba lanzó un gruñido.
—Ya os gustaría a vosotros que sintiera envidia. ¡Anda,
Naruto! Vamos a entrenar o vendrá Shikamaru a echarnos la bronca.
Se escuchó un poco de forcejeo que hizo reír a Sasuke, que,
para evitar que el rubio se metiera en un lío, se despidió rápidamente de él.
—Nos vemos luego.
—¡Hasta luego, Sasuke! —le dijo Naruto—. ¡Mierda, Kiba!
¡Quítate de encima! Sé que estoy muy bueno y puede que sea gay, pero tú no eres
mi tipo.
—¡Pero serás…! —y ahí se cortó la llamada, haciendo que
Sasuke soltara una fuerte carcajada. Desde luego, su vida se había vuelto más
divertida desde que tenía a ese rubio escandaloso como novio.
Novio.
Todavía sonreía como un idiota al pensar en esa palabra,
sobre todo porque estaba relacionada con Naruto. Puede que fuera tonto e
ingenuo porque era la primera vez que alguien le gustaba tanto, pero tenía
muchas esperanzas de que su novio fuera la persona ideal para él. Puede que
fueran personas muy diferentes, sin embargo, precisamente por eso parecían
compenetrarse tan bien. Era interesante explorar los puntos de vista del otro y
probar cosas nuevas, así como cada uno parecía compensar las flaquezas del otro.
Nunca se había sentido tan cómodo con nadie y ni siquiera con su hermano se
abría tanto como con Naruto. Además, jamás se había sentido tan feliz en una
relación como en esos momentos.
De hecho, cuando llegó al hotel donde se celebraba la
gala benéfica y se encontró con su familia, esta notó al más joven de los
Uchiha muy distinto, sin su expresión impasible y fría habitual, hasta sonreía
sutilmente y los saludó de un modo más cariñoso al habitual. Todos supieron
enseguida que ahí había gato encerrado.
—¿Cómo estás, cariño? —le preguntó su madre, que acarició
amorosamente el cabello de su hijo menor, quien, contra todo pronóstico, no se
apartó diciéndole que no lo tratara como un niño, sino que aceptó su gesto
afectuoso. Ver la melancolía con la que Naruto hablaba de sus padres había
hecho que Sasuke apreciara más el hecho de que su familia aún estuviera con él.
—Muy bien —respondió, esta vez sonriendo de verdad.
Mikoto intercambió una mirada con su marido, que también
estaba algo sorprendido ante el cambio de actitud de su hijo. Itachi, por otra
parte, decidió indagar en el misterio de forma sutil.
—Te veo muy contento, hermano. ¿Te ha pasado algo bueno?
Sasuke se maldijo mentalmente. No se había dado cuenta de
lo mucho que Naruto había influido en su carácter y por eso no había esperado
que se percataran de que algo había cambiado en su vida. Poco dispuesto a
hablarles de su novio todavía, su cabeza pensó a toda velocidad algo que fuera
medianamente convincente. Por desgracia, solo se le ocurrió una cosa.
—La verdad es que he tomado una decisión importante
—dijo, poniéndose un poco más serio.
Al instante, tanto sus padres como Itachi adoptaron la
misma expresión.
—¿Qué ocurre, hijo? —le preguntó Fugaku con cierta
inquietud. Temía que Sasuke hubiera decidido dar el gran paso con Karin tras
años de no encontrar a nadie decente con quien compartir su vida. Pese a que su
hijo trataba de ocultarlo, él era consciente de lo mucho que anhelaba tener una
pareja de verdad, no esas sanguijuelas con las que había estado saliendo que
pretendían chupar del bote hasta dejarlo seco.
Como abogado, Fugaku era un hombre inteligente que calaba
a las personas nada más verlas, ya eran muchos años de experiencia en el bufete
y olía a la gente que no era de fiar a distancia. Karin era buena fingiendo ser
una mujer normal y enamorada de Sasuke, y no dudaba de que, físicamente, se
sentía atraída por él, pero no se molestaba en ocultar que amaba las cámaras
que iban detrás de ella por su relación y la lujosa vida que tenía desde que
estaba con su hijo.
No quería eso para él, quería que encontrara a una buena
persona como Itachi había encontrado a Izumi. Los dos eran felices y él ya
estaba planeando pedirle que se casaran, tendrían una vida maravillosa.
Como quería que la tuviera Sasuke. Si resultaba que iba a
pedirle matrimonio a esa buitre aprovechada, le diría que era un error, aunque
eso causara una discusión. Su hijo era orgulloso, como cabía esperar de un
Uchiha, y no le sentaría bien su opinión, pero no quería que acabara atrapado
con una mujer que solo iba a hacerle daño y…
—Voy a romper con Karin —anunció Sasuke, sonriendo.
… O puede que no tuvieran ninguna discusión, después de
todo.
—¿En serio? —prácticamente chilló una emocionada Mikoto.
Ella tampoco tragaba a Karin. Como Fugaku, estaba segura al cien por cien de que
solo buscaba aprovecharse de su hijo cuando este merecía algo mejor. Así que,
sí, corrió a abrazar a Sasuke mientras lo cubría de besos—. No sabes lo
orgullosa que estoy de ti, cariño.
Este le devolvió el abrazo, aunque esa efusiva muestra de
afecto lo sorprendió un poco.
—Mamá, yo también estoy contento por eso, pero no hace
falta ponerse a bailar.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Itachi con curiosidad. Su
hermano había pasado dos años enteros aguantando a Karin, ¿por qué ese cambio
tan repentino?
Sasuke se encogió de hombros.
—Llevamos un par de años juntos, es cuestión de tiempo
que me pida que vivamos juntos y, la verdad, la idea me repele.
—Haces bien, hijo —Fugaku le dio su aprobación poniendo
una mano en su hombro.
Mientras sus padres le comentaban lo que realmente
pensaban de Karin, nada que Sasuke no supiera o sospechara ya, su hermano le
lanzó una de esas miradas que le decía “a mí no me la pegas” y le hizo un
discreto gesto con la cabeza para decirle que quería hablar con él en privado.
Él le dedicó un asentimiento pero, aun así, ambos tuvieron que esperar un rato
para poder quedarse a solas, pues, tal y como Sasuke había vaticinado, en
cuanto corrió la voz de que los Uchiha ya estaban en la gala, todo el mundo se
acercó a hablar con ellos de negocios: su padre se las vio con los otros dos
bufetes de abogados más importantes, que probablemente intentarían sobornarlo
para ganar más clientes; su madre estaba rodeada de diseñadoras que querían
saber su opinión para el próximo desfile importante de moda; Itachi charlaba
con algunos de los médicos importantes que trabajaban en los centros de
investigación que había creado en los últimos años, y Sasuke se vio atosigado
por un montón de empresas que querían comprar sus productos al por mayor y a un
precio más barato.
Sí, claro, como si fuera a ponerse a regatear un contrato
ya firmado, y menos en una gala benéfica. ¿No se supone que están allí
precisamente porque tienen dinero?
Por suerte, ambos hermanos lograron escaquearse de la
multitud y reunirse en un rincón escondido de la enorme sala de recepción donde
iban a hablar de la causa. Itachi fue el primero en hablar tras pasarle una
copa de champán, que Sasuke miró con el ceño fruncido.
—¿Desde cuándo te gusta el champán?
—No me gusta, pero es lo que nos han puesto para beber.
—Prefiero cerveza —gruñó Sasuke.
Itachi se encogió de hombros.
—Podemos ir al bar a buscar un par, pero antes quiero que
me cuentes qué ha pasado con Karin de verdad.
Él hizo una mueca.
—No lo vas a dejar pasar, ¿verdad?
Su hermano le sonrió.
—Sabes que no.
Soltó un suspiro, resignándose. Podría intentar persuadir
a Itachi de que lo ignorara por ahora, de que no era el momento de hablar de
eso, pero lo conocía demasiado bien como para saber que cuando se le metía algo
entre ceja y ceja, no paraba hasta que conseguía lo que quería.
—De acuerdo, pero no puedes decirle nada a nuestros
padres. No me apetece hablar del tema.
Itachi se puso serio y se lo prometió con la mirada.
—¿Qué ha ocurrido?
—Karin me fue infiel.
—¿Qué? —casi gritó, tapándose la boca al instante. Tras
asegurarse de que no había llamado la atención, volvió a centrarse en Sasuke—.
¿Lo dices en serio?
—Con su jefe —asintió él como si nada.
Sin embargo, al otro hombre le costaba creerlo.
—¿Pero en qué demonios está pensando? Recuerdo que estuvo
bastante tiempo detrás de ti y, siendo la primera que consigue una relación a
largo plazo contigo, ¿va y se acuesta con otro?
—Si pretendes que entienda su lógica, no lo hago, Itachi.
Entonces, este le lanzó esa mirada que no quería ver, la
de la lástima.
—Lo siento, Sasuke. Sé que no la amabas, pero estoy
seguro de que no fue agradable.
—En realidad, estoy agradecido —admitió, sin darle
demasiada importancia—. Fue el empujón que necesitaba para darme cuenta de que,
por mucho que lo intente, no voy a tener una buena relación estable si la otra
persona no es alguien que merezca la pena —dicho esto, esbozó una sonrisa
divertida—. El amor no es como ir a un escaparate y escoger una persona u otra,
sino como la lluvia, caprichoso. Llueve cuando menos lo esperas.
Itachi se lo quedó mirando pasmado unos minutos,
preguntándose de dónde había sacado Sasuke semejante frase. Y, entonces,
recordando sus sospechas anteriores, sonrió con malicia.
—¿Eso te lo dijo la persona con la que estás saliendo?
Pilló a su hermano con la guardia baja, ya que se
sobresaltó y hasta se sonrojó un poco. ¡Sasuke sonrojado! ¿Quién le diría que
volvería a verlo con rubor en las mejillas?
—No sé de qué estás hablando —rezongó este,
recomponiéndose.
Pero Itachi ya lo había puesto contra las cuerdas.
—Vamos, Sasuke, te conozco. Sé que lo de Karin tuvo que
herir tu orgullo y que probablemente te pusiste hecho una fiera, pero aquí
estás, resplandeciente y andando en una nube, sonriendo como un tonto
adolescente enamorado. No estoy seguro de por qué estás esperando a decírnoslo,
sabes que tanto yo como nuestros padres queremos que seas feliz y no nos
importará si no es millonaria o si no viene de buena familia, después de todo,
nuestro padre no lo era cuando conoció a mamá.
Sasuke, sabiendo que estaba acorralado, se rascó la nuca.
—No he dicho nada porque… —No podía decirle que le
gustaban los hombres, no en ese lugar y en ese momento, no estaba preparado, y,
además, todavía debía dejar las cosas claras con Karin—. Porque todavía no he
roto con Karin.
Itachi frunció el ceño.
—¿Y por qué no lo has hecho? No me creo que temas herir
sus sentimientos.
—Se fue de viaje con su jefe antes de que pudiera decirle
que sabía lo suyo. No quiero romper por teléfono, es de cobardes, y quiero que
me mire a la cara cuando le diga que sé que no es más que una zorra superficial
y aprovechada.
—Joder —masculló su hermano, que casi se atraganta con el
champán—. Veo que quieres decirle cuatro cosas.
—Sí. No podía deciros que estoy saliendo con alguien
cuando aún no he hablado con ella para decirle que lo nuestro se ha terminado.
—Entiendo —asintió Itachi, poniendo una mano sobre su
hombro en señal de apoyo—. Tranquilo, hermano, no diré nada. Pero quiero algo a
cambio.
Sasuke puso los ojos en blanco.
—¿Qué? —Se hacía una idea de lo que iba a pedirle.
—Háblame de ella —casi le rogó, poniendo ojitos de
cordero. No era algo que hiciera habitualmente, pero Itachi llevaba demasiado
tiempo esperando a que el corazón de su pequeño hermano fuera conquistado y
sentía muchísima curiosidad por su misteriosa mujer.
Sin embargo, Sasuke se negaba a ceder en ese aspecto.
—No.
—Oh, venga. Dime una cosa, solo una.
… Bueno, eso sí podía hacerlo.
—Trabaja en el departamento de bomberos.
Itachi no se lo esperaba y parpadeó.
—Guau, ¿en serio?
—Sí.
—¿Pero se queda haciendo papeleo o es de las que se mete
en el fuego cruzado?
Sasuke hinchó el pecho con orgullo.
—Fuego cruzado.
Su hermano sonrió con picardía.
—Vaya, hermanito, qué caliente.
—No tienes ni la menor idea. —Antes de que su hermano
abriera la boca para tratar de sonsacarle algo más, él se adelantó—. Ya tienes
lo que querías saber, ahora me toca a mí. ¿Cómo es que Izumi no ha venido
contigo?
El rostro de Itachi se descompuso por una mueca de
preocupación.
—Está enferma, ayer fuimos a cenar con unos amigos y
parece que algo le ha sentado mal. Quería llevarla al médico, pero ella me dijo
que no me preocupara y que se le pasaría. De todas formas, ya sabes que a ella
no le gusta demasiado estar entre esta gente, casi todos la miran por encima
del hombro —dijo con un gruñido.
Izumi no provenía de una familia rica o con un apellido
reconocido, era pediatra en uno de los hospitales de Itachi, por eso se habían
conocido. Ella era de las pocas mujeres que se había interesado en él como
persona y eso, por supuesto, llamó la atención de su hermano, que se atrevió a
pedirle salir a pesar de que él era más tímido para esas cosas. Ambos se
enamoraron locamente el uno del otro en la primera cita, aunque se tomaron las
cosas con calma durante su relación.
Sus padres la adoraron enseguida, y, aunque él no tenía
ningún problema con ella, debido a su carácter más distante, le costó un poco
más de tiempo cogerle la suficiente confianza como para considerarla de su
familia.
Sin embargo, los círculos sociales en los que se veían
obligados a moverse eran una mierda en general y, el resto, al saber que “no
era más que una doctora” (claro, curar enfermedades no tiene ningún mérito),
trató de cebarse con ella. No estaba seguro de si fue por diversión, si porque algunas
mujeres querían que les dejara paso libre con Itachi, o por qué santa
estupidez. Pero con la familia Uchiha acogiéndola bajo su protección, eso no
llegó a pasar. Aun así, Izumi seguía odiando esas reuniones y trataba de
evitarlas siempre que podía.
—¿Pues sabes qué? La envidio —admitió Sasuke.
Itachi se rio por lo bajo.
—Claro, ¿qué es una pequeña intoxicación alimenticia en
comparación con aguantar a los hipócritas?
—Yo sí que acabaré intoxicado como esto se alargue más
allá de las diez —comentó, pensando con expectación en que, a esa hora, ya
estaría medio desnudo sobre la mesa del comedor de su sexy rubio. Se puso duro
solo de pensarlo.
El otro hombre, que estaba bebiendo otro sorbo de champán
muy a su pesar y por eso no se percató de la pervertida expresión de su hermano
menor, siguió hablando:
—Mira el lado bueno, al menos esta noche no tendrás que
estar con…
—¡Saaaaaaasukeeeeee! —gritó una pelirroja que se abalanzó
sobre el más joven de los Uchiha para darle un efusivo abrazo.
Itachi abrió los ojos como platos, incapaz de reaccionar,
mientras que Sasuke estaba igualmente desorientado, sin entender nada de nada.
—¿Karin? —farfulló, confundido, a la vez que se la
quitaba de encima—. ¿Qué haces tú aquí? ¿No estabas en un viaje de negocios?
—Ya he terminado, y mira, justo a tiempo para acompañarte
a la gala benéfica —respondió, sonriendo y agarrándose de su brazo como si no
hubiera tenido a otro hombre entre las piernas—. Te he echado mucho de menos.
—Hizo amago de besarlo, pero Sasuke, entre alarmado y enfadado, giró la cara y
se las ingenió para deshacerse de sus brazos para empujarla hacia Mikoto.
—Karin, estamos en un evento oficial, compórtate y saluda
primero a mis padres. Yo voy en un minuto.
La mujer, en absoluto sorprendida por la gélida actitud
del Uchiha, asintió, guiñándole un ojo con coquetería.
—No tardes, mi amor —y dicho esto, se fue contoneando las
caderas.
Cuando se alejó, ambos hermanos se miraron con cara de “mierda,
estamos jodidos”.
—¿Qué hago, Itachi? —le preguntó Sasuke.
—No puedes romper con ella aquí —dijo este con el
semblante sombrío—. Los ricos quieren publicidad para esta clase de eventos y
hay cámaras por todas partes. Si montáis un numerito, estaréis en las portadas
de todas las revistas de cotilleos mañana a primera hora.
Mierda. Sasuke sabía lo que eso significaba; tendría que
fingir que todo iba bien entre ellos para ahorrarse un escándalo. No es que le
importara mucho lo que dijeran de él en las revistas, pero odiaba que la gente
se inmiscuyera en su vida privada y ser la comidilla de todos los empresarios
importantes de la ciudad. Estaba seguro de que, si trataba de romper con Karin,
ella armaría la de Dios y él perdería los nervios, probablemente acabaría
soltando lo de su infidelidad y, en ese caso, sí que no se quitaría de encima a
los periodistas de encima. Peor aún, puede que Karin utilizara eso para ganar
dinero en programas para hablar mal de él y pintarlo como el malo de la
película cuando era ella la que se había abierto de piernas para el primero que
había pasado cerca.
Si lo hacía, la prensa rosa se alimentaría de ese
escándalo durante años y no podría vivir tranquilo.
—Está bien —gruñó, mentalizándose para una horrible
velada muuuyyy larga.
Lo bueno era que, al estar en una gala benéfica, Sasuke
se vio obligado a hablar con mucha gente de negocios y a no prestar casi
atención a Karin. Además, poco después, el matrimonio Hirotaro, que eran los
anfitriones (y de las pocas buenas personas de verdad que había en ese mundo),
empezaron a hablar de la causa y de las familias que no tenían recursos
suficientes como para que sus hijos tuvieran una educación digna, así como que
habían creado además una beca con su nombre para que aquellos con mejores notas
pudieran pagar los estudios universitarios.
Lo malo era que, después de eso, vinieron las donaciones,
que daban un amplio margen para charlar durante un par de horas, donde Karin
aprovechó cada ocasión que tuvo para presumir de él ante los demás,
especialmente delante de otras mujeres, a las que miraba con una maldad y un
aire de superioridad que no había percibido antes en ella. También intentó
besarlo en varias ocasiones, pero Sasuke se las apañaba para apartarse o fingía
que se ponía a hablar de otra cosa. Sabía que ella estaba coqueteando con él,
que quería que la llevara al cuarto de baño para follar, pero eso no iba a
ocurrir. La idea de tener sexo con ella después de estar con Naruto le asqueaba
y aburría a partes iguales.
Después, vino la cena… y la cosa empeoró. Karin rozaba su
pierna cubierta por una delgada malla con las suyas de forma incitante, o
acariciaba sus ingles con la mano con la clara intención de frotar su polla.
Casi le dio un infarto cuando comprendió sus intenciones,
y pudo asegurar que Itachi se dio cuenta de lo que ocurría porque fingió
atragantarse con un trozo de sushi (o tal vez fue en serio a causa de la
sorpresa), brindándole así la oportunidad de apartarse de ella para ir a
ayudarlo. Se dio cuenta de que no estaba contenta con su falta de atención,
pero le importaba muy poco.
Cuando llegó la hora del postre, y viendo que iba un poco
justo de tiempo, se excusó en su mesa para irse al pasillo y poder llamar a
Naruto. Este no le cogió el móvil, seguramente porque aún no eran las diez y no
había terminado su turno, pero le dejó un mensaje en el que le decía que la
cena se había alargado un poco, pero que estuviera tranquilo, que iría a su
casa y que le compensaría por el retraso con creces.
Sonrió al pensar que su rubio se haría el ofendido con
esa sonrisa traviesa tan sexy que tenía y que le exigiría que lo complaciera
por la espera. Probablemente lo pondría de rodillas en la cama, lo ataría al
cabecero y le daría unos cuantos azotes.
Su buen humor regresó de inmediato y se dijo a sí mismo
que podía soportar a Karin durante un rato siempre y cuando Naruto jugara con
él en la cama.
—¡Sasuke! ¡Al fin te encuentro!
Hizo una mueca de fastidio al escuchar su voz, pero se
obligó a pensar en lo que haría con su novio esa noche para poder mantener su
fachada.
Se dio la vuelta y se congeló al ver que iba acompañada
de un hombre de piel morena, ojos marrones y cabello negro oscuro muy bien
peinado. También vestía con esmoquin, era evidente que estaba allí por la gala
benéfica.
Ambos llegaron hasta él sonriendo como si no ocurriera
nada.
—Sasuke, mi amor, ¿recuerdas a…?
—Bankotsu Shichininkai —dijo él, seco—. Es tu jefe.
El hombre esbozó una encantadora sonrisa.
—Es un honor que me recuerde.
“No te lo creas tanto”, pensó, irritado. Ya era bastante
jodido fingir que no ocurría nada con Karin, que no lo había humillado y
ofendido de la peor forma posible, sino que, ahora, también estaba allí el
maldito amante.
La noche empeora por momentos. Tendría que haber pasado
de la gala y esperar medio desnudo en casa de Naruto a que volviera, habría
sido un mejor plan.
Karin, al ver que Sasuke no devolvía el saludo y que, en
cambio, los miraba a ambos con cara de pocos amigos, se removió nerviosa, pero
se atrevió a llevar a cabo lo que había ido a hacer.
—Ejem… —carraspeó—. Como ya sabes, Ban dirige una cadena
de hoteles y está pensando en contratar tu empresa para adquirir todos los
productos electrónicos que necesitan los edificios.
Sasuke levantó una ceja. Esto tenía que ser una broma de
mal gusto.
—No me digas. Eso es mucho dinero —le advirtió al hombre.
Si pensaba reemplazar todas las televisiones, teléfonos, móviles y demás
productos para las habitaciones de sus hoteles y los objetos que utilizarían
sus empleados, era una suma muy alta.
Bankotsu le sonrió.
—Quiero lo mejor en mis hoteles.
—¿Y está dispuesto a pagar lo que valen? —replicó él, sin
fiarse ni un pelo. Ahí había algo raro.
Karin intervino otra vez.
—En realidad, estaba pensando que, como yo trabajo para
él, podrías hacerle un favor y rebajar el precio un treinta por ciento.
…
La expresión de Sasuke se mantuvo impasible, helada, pero,
por dentro, su cabeza gritaba: “¡¿PERO QUÉ COÑO SE HAN CREÍDO?!”
—No hablas en serio —le advirtió Sasuke a Karin,
endureciendo el tono de voz.
Ella se mordió el labio inferior.
—Vamos, Sasuke, sigue siendo mucho dinero y Ban te lo
pagará, solo necesita que seas un poco más indulgente. Él y yo somos compañeros
desde hace mucho tiempo y me ha tratado muy bien, me gustaría ayudarle y a tu
empresa no le afectará lo más mínimo. Hazlo por mí, cariño.
La expresión de Sasuke se crispó, revelando una diminuta
parte de la furia que trataba de contener desesperadamente, porque, si la
dejaba ir, perdería todo el control de sí mismo y les gritaría de todo a esos
dos.
Pensó en Naruto para tratar de relajarse, diciéndose que
él le diría algo como que su novia y su amante no merecían tal explosión por su
parte, que los tratara con indiferencia, como si fueran insignificantes pues,
en el fondo, realmente lo eran. Por muy ofendido que estuviera porque lo
estuvieran tratando como a un tonto, era cierto que no significaban nada para
él.
Así que inspiró profundamente, tratando de recuperar esa
frialdad por la que había ganado tanta fama. No, Sasuke Uchiha no se pondría
histérico porque una novia por la que apenas había sentido nada le hubiera
puesto los cuernos y ahora le estuviera sugiriendo hacer negocios con su amante
y, encima, proponiéndole una rebaja.
No, no se pondría histérico, pero sería implacable.
—No —dijo con un tono firme que no admitía réplica y,
después, los pasó de largo como si nada.
Karin se quedó un tanto parada, sin esperar en absoluto
la resolución de su novio. Era consciente de que sería duro, pero no imposible
si se lo pedía ella, después de todo, Sasuke había cedido a algunos de sus
caprichos en el pasado, así que, ¿por qué no este? No arriesgaría nada, al
contrario, solo ganaría mucho dinero y un nuevo contrato con una empresa
hotelera poderosa.
—¡Espera! —lo llamó, corriendo como podía tras él con los
tacones. El imponente hombre se detuvo, mirándola con frialdad—. ¿Ni siquiera
vas a negociarlo? Ban ha hecho mucho por mí…
Sasuke apretó la mandíbula mientras Bankotsu se
apresuraba en reunirse con ellos.
—Por favor, señor Uchiha, creo que sería muy beneficioso
para ambas partes…
—He dicho que no —interrumpió con fuerza, irguiéndose en
toda su altura y fulminando al otro hombre con sus negros ojos—. En primer
lugar, una empresa hotelera tan lucrativa como la suya no tiene necesidad de
ningún descuento. Segundo, yo no hago “favores” a nadie, ni siquiera a mi
familia. Si no me cree, pregúntele a mi hermano, con quien tengo un contrato
para vender mis productos a sus hospitales. Y, tercero, no hago tratos con los
que se acuestan con mi novia.
Tanto Karin como Bankotsu palidecieron, poniendo tal cara
de susto que Sasuke por poco sonríe, regocijándose, pero contuvo las ganas para
que siguieran teniendo miedo.
—¿Q-Qué estás diciendo, cariño? —tartamudeó la pelirroja,
tratando de recomponerse y cogiéndolo del brazo—. ¿Cómo puedes pensar eso? Yo
te quiero.
Él se apartó de ella. No fue brusco, pero tampoco dudó.
—Déjalo ya, Karin. Hace dos semanas, el viernes, fui al
hotel en el que se suponía que estabas trabajando hasta tarde. No sonaba
precisamente como si estuvierais hablando de negocios.
El hombre tragó saliva y empezó a sudar, mientras que
Karin hizo amago de acercarse a él otra vez.
—Sasuke, por favor, puedo explicarlo.
—No hay nada que explicar —replicó él—. Ninguno de los
dos estamos enamorados, era evidente que esto no iba a funcionar. Pero creo que
no me merecía que me engañaras de ese modo. —Hizo una pequeña pausa—. No voy a
avergonzarte delante de toda la gente de la gala, así que fingiré hasta que
salgamos del edificio que somos pareja, pero hazte a la idea de que hemos
terminado y que no quiero volver a verte —dicho esto, miró a Bankotsu con
frialdad, que se encogió—. En cuanto a ti, no te atrevas a proponerme negocios
jamás, ¿ha quedado claro?
Él asintió y Sasuke, sin esperar a que Karin lo alcanzara
de nuevo, se fue rápidamente por el pasillo.
Una pequeña sonrisa se extendió por su rostro. Ya estaba
hecho, había terminado con Karin después de dos largas semanas frustrado por no
poder cortar ese lazo que los unía y que lo había tenido molesto y enfadado.
Tenía que decírselo a su familia, probablemente su madre
se lanzaría a llenarlo de besos otra vez y hasta veía a Itachi capaz de hacer
un brindis y todo. Entonces, la próxima vez que los viera, los reuniría y les
diría que había descubierto que era bisexual y que había conocido a un hombre,
a un buen hombre. Les hablaría de Naruto, les contaría lo dulce y tierno que
era con él, que le hacía reír, abrirse a los demás y jugar como un niño
pequeño, que era desinteresado, valiente, y que le hacía feliz.
Y Naruto… Él seguro que se volvería loco de alegría
cuando le dijera que había terminado con Karin y que ya era oficialmente suyo,
solo suyo.
En ese instante, sonó su móvil. Esperando que fuera
Naruto, que acabaría de salir del trabajo y habría oído su mensaje, lo cogió
sin mirar el número y respondió sonriendo:
—Ey, Naruto. No te lo vas a creer…
—Soy Shikamaru —dijo su voz sombría.
De repente, su alegría se esfumó y fue sustituida por
algo frío que atenazó su pecho y se extendió por todo su cuerpo.
—Shikamaru, ¿va todo bien?
Su voz sonó triste cuando le dijo:
—No, Sasuke. Hubo un incendio complicado a última hora y
la casa estalló.
Tragó saliva mientras trataba de bloquear su mente. No
quería aceptar el por qué Shikamaru le había llamado para decirle aquello, no
quería que le dijera lo que más temía.
Y, aun así, necesitaba saberlo. Alargar la agonía solo
iba a hacerlo peor.
—¿Naruto?
—Está en el hospital.
—¿Está vivo? —Le costó preguntarlo, pero tenía que
hacerlo. Tenía que saber si había una mínima posibilidad de que se pusiera
bien.
—Sí, pero está en estado crítico. Pensé que querrías
saberlo.
Aún estaba vivo. Mal, pero vivo.
Luchó contra el miedo y se impuso su fuerte carácter,
animándolo a moverse. Pisó fuerte el suelo mientras echaba a correr hacia la
salida sin molestarse en despedirse de nadie o decirle nada a su familia. En su
cabeza, solo existía el pensamiento de que Naruto aún respiraba, de que aún se
aferraba a la vida. Mientras lo hiciera, él tenía una pequeña esperanza, su
rubio era fuerte y su voluntad más todavía, él podría sobrevivir si aguantaba.
“No me dejes ahora. Por favor, no te vayas ahora”,
suplicó mientras entraba en su coche y conducía a toda velocidad, dejando atrás
los vehículos que le pitaron en más de una ocasión.
Pero él no escuchaba otra cosa que no fuera el
desesperado latido de su corazón. Un corazón que sentía que se apagaría si
Naruto no salía de esta.

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