Deja que llueva
Unos meses atrás, Fugaku se encontraba en la entrada del
hospital donde Naruto se recuperaba de su accidente. Sabía que no debería estar
allí, del mismo modo que sabía que no tendría que haber leído de cabo a rabo
todos los documentos que Itachi había encontrado sobre ese hombre.
Naruto Namikaze.
Tenía una mezcla de ascendencia de lo más interesante:
japonesa, americana e irlandesa. Se había criado prácticamente en Irlanda, pero,
al morir su padre, se vino a Japón con su madre, donde había pasado el resto de
su vida. Sus notas no eran nada del otro mundo, más bien entraban en la media
habitual de cualquier estudiante, pero se notaba que estudió mucho para poder
sacar unas buenas calificaciones que le permitieran acceder a la academia de
bomberos y tenía que admitir que en las pruebas físicas le había dejado
impresionado.
Después de eso, había dedicado su vida al cuerpo de
bomberos. Había visto su media de buenos resultados y había estudiado los pocos
fracasos que había tenido en su carrera profesional, en su gran mayoría, casos
en los que ya no se podía hacer nada o cuya decisión había que tomar tan rápido
que simplemente no había tiempo para pensarla detenidamente. Solo un par de
muertos aparecían en su expediente, gente a la que no pudo salvar y por la cual
había sufrido mucho a causa de la culpabilidad; el primero que murió le produjo
una leve depresión que por poco acaba con su vida cuando se negó a abandonar un
piso en llamas, sus compañeros tuvieron que agarrarlo y sacarlo antes de que él
también muriera.
Eso decía mucho de él. No era un hombre que se hubiera
metido en ese cuerpo para poder presumir de ser un héroe, sino que realmente
pensaba en las víctimas, en la gente a la que tenía que salvar, o, de lo
contrario, no se habría comportado de esa forma.
Por suerte, pudo superarlo y salir adelante, había
ayudado a mucha gente después, incluida la niña por la que ahora estaba
postrado en una cama.
Se removió un poco en el coche, sin estar seguro de qué
hacer. No quería invadir la intimidad de su hijo, había hablado en serio cuando
les había dicho a su mujer y a Itachi que lo mejor era esperar y que pasara por
esa fase con tranquilidad, pero, al final, tampoco había logrado refrenar su
curiosidad…
Y se moría de ganas por echarle un vistazo. No hablaría
con él, solo quería verlo con sus propios ojos, como si así pudiera hacerse una
idea de cómo era.
Justo cuando estaba a punto de salir del coche, vio al
sujeto de su curiosidad saliendo del hospital con una camiseta de manga larga y
unos pantalones de chándal que parecían de esos básicos que llevaban los
enfermeros y médicos residentes cuando tenían que pasar muchas horas en el
edificio.
Preocupado, salió del coche con rapidez y fue tras él con
el mayor sigilo que pudo. Tampoco es como si fuera muy difícil seguirlo, el
pobre hombre caminaba lentamente y con cierta dificultad, de hecho, cuando
llegó a la esquina del edificio, se apoyó contra la pared, como si necesitara
sujetarse.
Ahí no pudo aguantarse más. Sabía que no debería entrar
en contacto con él, pero era evidente que necesitaba ayuda.
—¿Puedo ayudarle? —se ofreció.
El rubio se sobresaltó y se dio la vuelta con brusquedad,
lo que le produjo una mueca de dolor. Fugaku fue rápidamente hacia él para
sostenerlo por los hombros con cuidado, pues no estaba seguro de hasta dónde
llegaban sus heridas.
—Señor, no tiene buen aspecto, debe ir al hospital.
—No, tengo que hacer una cosa.
—Puede esperar hasta que esté recuperado.
—No, no puedo, es importante.
Fugaku dudó unos momentos antes de ayudarlo a sentarse
sobre el suelo. Se agachó a su lado, por si necesitaba cualquier otra ayuda.
—Si quiere, puedo hacerme cargo de ese asunto.
Naruto lo miró un tanto sorprendido.
—¿Ayudaría a un desconocido?
Él se encogió de hombros.
—Si parece ser algo tan importante que no quiere ir al
hospital cuando claramente debería, sí.
El hombre le dedicó una amable sonrisa que hizo parpadear
un poco al patriarca Uchiha. Vaya, él nunca se había fijado en los hombres de
ese modo, pero podía entender que a su hijo le hubiera llamado la atención; era…
atractivo y atrayente de un modo que no sabía definir. Con esos ojos azules y
el cabello rubio, podía ser perfectamente un ángel que había caído herido del
cielo.
—Le estoy muy agradecido, pero me temo que en eso no
puede ayudarme.
—Soy un hombre de muchos recursos, pruébeme.
Naruto lo miró de arriba abajo y sonrió.
—A juzgar por su traje, no lo dudo.
Esta vez, Fugaku se sonrojó.
—Mis disculpas, no quería insinuar…
El otro hombre lo sorprendió riéndose.
—No se preocupe, no me ha ofendido. Verá, lo que necesito
está en mi casa y no creo que pueda encontrarlo en mitad de todo ese desorden.
Fugaku lo estuvo meditando unos momentos, dudando entre
si hacer lo que estaba pensando o si llevarlo directamente al hospital y hacer
que un médico lo examinara. Sin embargo, si Naruto había sido capaz de
escaparse una vez, ¿quién le aseguraría que no volvería a cometer otra tontería
similar? No podía contratar a alguien para asegurarse de que no salía de allí
hasta que estuviera recuperado, eso sí sería intervenir demasiado en la vida de
Sasuke, así que no tenía otra opción…
—En ese caso, permita que lo acompañe. Así me aseguraré
de que no se hace daño.
El rubio abrió los ojos como platos.
—¿Habla en serio?
—Eso que tiene que hacer parece algo importante y nada me
asegura que se quedará en el hospital si lo lleva allí. Tendré la conciencia
más tranquila si lo ayudo, pero debe prometerme que después permanecerá en el
hospital hasta su total recuperación.
El hombre levantó su mano derecha.
—Lo juro solemnemente. Gracias por su ayuda.
—No hay de qué —dicho esto, lo ayudó a ponerse en pie de
nuevo y lo llevó hasta su coche, donde le echó una mano para sentarse en el
asiento del copiloto.
Después de eso, Naruto lo guio por las calles de Tokio
hasta que llegaron a una zona donde había unos cuantos pubs, discotecas y bares
de noche. Frunció levemente el ceño.
—¿Vive aquí?
—Sí.
—¿Y cómo lo hace para dormir?
—Tengo el sueño profundo y de día es de lo más tranquilo.
Fugaku esbozó una media sonrisa, un tanto divertido. Al
poco rato, aparcó frente a un pub irlandés (cómo no), parecía que vivía en la
planta encima de este, y lo ayudó a bajar del coche y a ir hacia el local, que
a esas horas estaba cerrado.
Naruto se sacó una llave del bolsillo del pantalón y
abrió sin problemas, indicándole que lo llevara a las escaleras que había en la
parte de atrás. Fugaku obedeció sin rechistar y, con mucha paciencia, le echó
una mano (o dos) para subir escalón a escalón.
—Oiga, ¿de verdad no quiere que vaya yo a por eso? No
tiene buen aspecto.
Naruto negó fervientemente con la cabeza.
—No, es lo mínimo que debo hacer.
Fugaku no acabó de entenderlo, pero, viendo su
cabezonería, lo ayudó hasta que por fin llegaron a la puerta. Naruto la abrió
entre jadeos, se notaba que estaba agotado por el esfuerzo, e inmediatamente
después, temiendo que desfalleciera (el rubio era más alto y corpulento que él
y era consciente de que si podía sostenerlo era porque el hombre ponía de su
parte), lo condujo hasta el sofá, donde lo dejó con todo el cuidado que podía a
una mole de cien quilos.
Este le dedicó una sonrisa de disculpa.
—Lo siento, sé que soy grande.
Fugaku se derrumbó a su lado con un resoplido.
—No tiene importancia. —Hizo una pausa para coger aire—.
Por cierto, ¿qué es eso tan importante que tiene que hacer?
Naruto bajó un momento la vista hacia un colgante que
llevaba al cuello.
—Mi novio me hizo un regalo por Navidad. —Fugaku frunció
el ceño, sin estar seguro de qué tenía eso que ver con lo que tenía que hacer
ahora, aunque sintió curiosidad por saber lo que le había regalado su hijo—.
Fue algo importante para mí ya que nadie me había regalado algo así y me sentí
mal por no poder corresponder su gesto.
Le enterneció un poco ver que ese hombre parecía apreciar
mucho a Sasuke, hasta el punto de escaparse del hospital (suponiendo que
buscando un regalo para él), aunque no por ello era menos peligroso.
—No creo que a su pareja le haga gracia que se haya
escapado por eso.
—No, se pondrá hecho una fiera —rio—, y con razón. Pero
quiero corresponderle.
Fugaku asintió.
—¿Puedo saber qué le regaló?
Naruto se quitó el colgante que llevaba al cuello y se lo
tendió. Era un sencillo medallón dorado, con una cadenita y una placa redonda
donde había algo escrito:
Eres la lluvia que cayó sobre mí.
—No lo entiendo —admitió.
El rubio sonrió y recuperó su regalo.
—El día que conocí a Sasuke, le dije que el amor es como
la lluvia. No lo encuentras en un escaparate un buen día que decides
enamorarte, sino que cae sobre ti cuando menos te lo esperas. Que me diera esto
fue… —Se detuvo un segundo, como si la emoción le impidiera hablar—. Me dijo lo
que sentía por mí. No llevamos mucho tiempo juntos, pero confía en que lo
nuestro salga adelante, a pesar de que yo esté internado en el hospital y que
probablemente no vaya a salir hasta dentro de unos meses, me hizo saber que
estaría ahí, conmigo. Nadie ha hecho tanto por mí, por eso es importante para
mí poder corresponderle.
Fugaku no pudo contener una sonrisa al ver lo mucho que
quería ese hombre a su hijo. Sí, podía ser un poco estúpido por salir del
hospital de esa forma, pero comprendía por qué lo había hecho. Mikoto había
sacrificado tanto para poder estar con él que probablemente habría hecho alguna
tontería de haber estado en una situación similar.
—¿Y qué ha pensado regalarle?
Naruto sonrió e hizo amago de levantarse, esta vez con
mayor facilidad. Fugaku lo siguió de todos modos para ayudarle a andar al mismo
tiempo que echaba un vistazo rápido a la casa. Era bastante sencilla y no muy
grande, aunque tampoco demasiado pequeña, tenía lo necesario para vivir con
comodidad sin extravagancias y le pareció acogedora y cálida, en cierto modo le
recordaba mucho al hombre que vivía en ella.
Se sorprendió un poco cuando fueron a su habitación y el
rubio se dirigió la mesita de noche, de donde sacó una pequeña cajita oscura.
Le hizo un gesto para que se sentara a su lado en la cama y se acercó con
curiosidad.
—Esto era de mi madre —le contó, abriendo la caja, en la que
había un hermoso colgante con una piedra rectangular de color azul claro, con
uno de los extremos atravesados por una cuerdecita negra—. Mi padre se lo
regaló cuando supo que ella era la persona con la que quería pasar el resto de su
vida, igual que hizo su madre con su padre, y lo mismo durante un par de
generaciones más. —Hizo una pausa en la que se quedó un tanto pensativo,
acariciando la gema—. Sasuke es un empresario exitoso, tal vez hayas oído
hablar de él, se apellida Uchiha.
Fugaku esbozó una amplia sonrisa, incapaz de ocultarla.
—Hemos coincidido varias veces.
Naruto asintió y continuó:
—Puede comprar cualquier cosa que quiera, tiene dinero de
sobra para ello. Eso es un problema porque yo no puedo hacerle ningún regalo
que él no pueda obtener y de una calidad aún mejor. Por eso quiero darle este
colgante.
—¿No te preocupa que él no sea la persona indicada para
ti? —le preguntó, curioso.
El rubio negó con convicción.
—He estado con muchos hombres, he tenido varias parejas.
Tengo claro lo que quiero en una persona y jamás había conocido a alguien con
quien conectara tan rápido y por la que sintiera tanto en tan poco tiempo.
Fugaku volvió a sonreír. Ahora se alegraba de haber ido a
conocer a Naruto, se veía que era un buen hombre y que quería mucho a su hijo,
así él estaba mucho más tranquilo.
—¿Sabes una cosa? Cuando tenía más o menos tu edad, yo no
era un pez gordo. Venía de una familia humilde, mis padres trabajaron muy duro
para poder pagarme una educación y que pudiera ir a la universidad…
Así, el patriarca de los Uchiha entabló una amistosa
conversación con Naruto sobre cómo conoció a su esposa, una mujer de buena
familia y con un gran futuro por delante y que, aun así, lo dejó todo atrás por
él. Estuvieron hablando tanto rato que comieron juntos en la casa del rubio
como si fueran viejos amigos y, por la tarde, Fugaku lo llevó de vuelta al
hospital junto con el collar que le regalaría poco después a Sasuke, justo
después del sermón que este le echaría al rubio por haberse escapado.
Sasuke se quedó mirando fijamente a su padre cuando
terminó su relato. Por otro lado, Naruto solo estaba muy sorprendido, no había
esperado que aquel hombre tan amable que le había ayudado a conseguir el regalo
de su pareja fuera en realidad el padre de este, mientras que Itachi y Mikoto
estaban ligeramente molestos, ya que Fugaku los regañó por querer meterse en la
relación de Sasuke y luego iba él y hacía exactamente eso. Aunque, viendo la
expresión del menor de los Uchiha, se alegraban de no haber cometido ese error.
—A ver si lo he entendido bien —comentó Sasuke,
frotándose una sien—. Fuiste al hospital a conocer a mi novio sin preguntarme
ni decirme nada acerca de cómo me sentía yo con eso, y, encima, lo ayudas a
escaparse cuando estaba herido.
—Sasuke… —intervino Naruto, pero este le lanzó una mirada
asesina.
—No, Naruto. Fuiste irresponsable, ¿qué habría pasado si
te hubieras caído? Se te podrían haber abierto las heridas, estabas muy débil y
ya veo que mi padre tuvo que ayudarte y todo. —Naruto abrió la boca para
discutir, pero Sasuke se giró, encarando de nuevo a su padre. Ya tenía bastante
con él como para pelearse con el rubio otra vez por ese tema—. A todo esto,
¿cómo supiste siquiera que estaba saliendo con…? —Antes de terminar la pregunta
en voz alta, halló la respuesta. Solo había una persona a la que le hubiera
hablado de su pareja, de modo que se giró hacia Itachi, que se encogió ante la
mirada acusatoria de su hermano—. Tú.
—Sasuke, yo…
—¡Me espiaste!
—Solo quería echarle un vistazo a esa pareja tan
misteriosa, no creí que fuera para tanto…
—Pero luego se lo contaste a nuestros padres, porque
imagino que, si papá lo sabía, mamá seguro que también, ¿no? —dijo, mirándola.
Mikoto hizo amago de tocarlo para calmarlo, pero Sasuke
se apartó, levantándose del sofá y paseándose por la habitación al mismo tiempo
que se pasaba los dedos por el cabello.
Itachi lo observó con ojos dolidos.
—Tienes razón, te seguí un día hasta el hospital y os vi
a Naruto y a ti juntos. Entonces comprendí por qué estabas tardando tanto en
hablarnos de él y se lo conté a nuestros padres para que no les pillara tan de
sorpresa, así tú no tendrías que estar tan preocupado.
Sasuke le lanzó una mirada de pocos amigos.
—Pero era decisión mía cuándo presentarles a Naruto. ¿Por
qué tenías que meterte en medio? ¿Por qué todos habéis interferido?
—Cariño, solo estábamos muy ilusionados ante la idea de
que hubieras conocido a alguien especial y teníamos curiosidad —se explicó
Mikoto.
Sin embargo, Sasuke todavía estaba enfadado.
—¿Y eso os da derecho a ir a mis espaldas a conocer a mi
novio? ¿A evaluarlo? ¿A ver si es lo suficientemente bueno para mí? Ya no soy
un adolescente que está tan salido como para hacer tonterías cuando se trata de
relaciones. Ni siquiera creo haberlo sido alguna vez. ¿Por qué no podíais dejar
que hiciera esto a mi manera? Como bien habéis dicho antes, es mi vida y
tendríais que respetar mis decisiones —dicho esto, se fue furioso del salón.
Mikoto hizo amago de ir tras él, pero Naruto la detuvo
cogiéndola por los hombros con delicadeza y una mirada amable y comprensiva.
—Iré yo. No se preocupe, se calmará.
La mujer asintió y dejó que el rubio se internara
libremente en la casa, buscando a su pareja. La encontró fácilmente al ver una
puerta abierta que daba al jardín interior, rodeado por una tarima de madera,
de esas que tenían las casas japonesas tradicionales.
Sasuke estaba apoyado contra un poste, con los brazos
cruzados, observando la lluvia que había empezado a caer en algún momento
durante la conversación con Fugaku.
Se colocó al otro lado del poste, también con los brazos
cruzados.
—Siento haberme escapado del hospital ese día —empezó—,
pero sabes por qué lo hice.
Sasuke dejó escapar el aire despacio y se pasó una mano
por la cara.
—Lo sé, y fue todo un detalle por tu parte, pero…
—Estabas muy preocupado por mí —terminó el rubio por él,
yendo a su espalda para poder abrazarlo por la cintura—. Te llamaron diciendo
que había desaparecido y te llevaste un susto de muerte, por no hablar de que
tenías miedo de que me pasara algo con las heridas que tenía. Sé que fui
irresponsable y lo siento mucho —añadió, besándolo en la nuca.
Sasuke se dejó hacer y se apoyó contra el pecho de su
novio.
—Lamento haberte hablado así delante de mi familia. No ha
estado bien.
—Tienes temperamento y te ha molestado mucho, entiendo
que no tendría que haberme metido tampoco. No te preocupes —dicho esto, volvió
a besarlo en el cuello.
Sasuke se dio finalmente la vuelta para abrazar a Naruto,
refugiándose en su cuerpo.
—¿Por qué han tenido que hacer eso?
—Porque quieren que seas feliz. Sasuke, comprendo que
estés molesto, pero no lo han hecho con mala intención y tu padre fue muy
amable conmigo. No vale la pena seguir enfadado.
El otro hombre lo sabía, pero lo estaba. Sabía cuánto
había deseado su familia que encontrara a alguien de quien enamorarse, igual
que él. Pero esas no eran formas de inmiscuirse.
Aun así, también era consciente de que se estaba pasando
de la raya. Al final, nadie había salido herido salvo su orgullo.
—¿Mejor? —le preguntó el rubio, besándolo en la cabeza.
—Creo que sí. Gracias.
—Estoy para lo que necesites, amor.
Sasuke esbozó una sonrisa al escuchar el apelativo
cariñoso y lo miró.
—¿Sabes que es la segunda vez que me llamas así en un
día?
Naruto levantó una ceja.
—¿Y eso te molesta?
El otro hombre se sonrojó y apartó la vista.
—No.
El rubio esbozó una sonrisa divertida y luego lo besó
tiernamente en la mejilla, una y otra vez hasta llegar a sus labios, de los que
se apoderó un instante con pasión antes de soltarlo.
—Anda, regresemos con tu familia.
Sasuke suspiró y lo cogió de la mano para dejar que lo
llevara de nuevo al salón, donde se reunió con sus padres y su hermano.
Hablaron un poco y todo quedó perdonado; los tres juraron que no volverían a
hacer algo así y Sasuke se comprometió a no ocultarles nada importante
relacionado con su vida.
Poco después de eso, y cuando ya estaban a punto de
sentarse a cenar, llegó Izumi. Se encontraba un poco mejor de las náuseas y
había decidido ir para conocer a Naruto (sí, ella también estaba enterada
gracias al cotilla de su marido) y también para disculparse por el
comportamiento de Itachi, pero Sasuke no estaba enfadado con ella, así que le
fue fácil olvidar todo el asunto.
El resto de la velada concurrió con tranquilidad y
alegría, centrándose especialmente en el nuevo integrante de la familia, que
respondió a toda pregunta con una sonrisa y, en más de una ocasión, haciendo
que su novio se sonrojara, por lo que solía abrazarlo y besarlo en la cabeza o
la mejilla para que se le pasara la vergüenza, gesto que a todos los enterneció
y les provocó una gran felicidad, ya que nunca habían visto a Sasuke siendo tan
cariñoso como con ese rubio.
Sin embargo, cuando terminaron el postre, el menor se
puso serio.
—La verdad es que Naruto no es el único motivo por el que
os he hablado de cenar todos juntos.
La familia se quedó en silencio y lo observaron.
—¿Ha ocurrido algo, hijo? —le preguntó Fugaku.
Sasuke asintió con el semblante sombrío.
—Karin ha estado esta mañana en mi oficina.
—¿Qué quiere esa mujer de ti? —interrogó Mikoto con la
nariz arrugada. Se podía oler a quilómetros de distancia que la susodicha no
era en absoluto de su agrado.
El más joven de los Uchiha se removió nervioso.
—Veréis, la verdadera razón por la que rompí con ella fue
que me fue infiel con su jefe. —Sus padres abrieron los ojos como platos, pero,
antes de que pudieran decir nada, su hijo los detuvo con un gesto de la mano—.
Eso ya no tiene la menor importancia porque estoy con Naruto y me alegro de que
las cosas hayan salido así. El problema es algo más grave y nos afecta a todos:
Karin quiere aparecer en los medios diciendo que por culpa de nuestra ruptura
perdió a un hijo mío.
—¡¿Qué?! —casi chilló Mikoto.
—Será arpía la muy… —masculló Itachi.
—¡Hija de…! —ladró Izumi.
Fugaku fue el único que mantuvo la cabeza fría, pese a
que la situación lo enfurecía.
—¿Qué quiere a cambio?
—Un trato muy beneficioso entre mi empresa y la de su
jefe. Pretende convertir su cadena de hoteles en la mejor del país, o eso dice.
—No me cuadra, eso no se consigue de la noche a la mañana
y menos por obtener tus productos, hijo. No te ofendas.
Sasuke negó con la cabeza.
—No, ya lo sé, no tiene ningún sentido. Pero tengo tres
días para darle una respuesta y me preocupa que esté haciendo tratos con mis
competidores para amañar un juicio si decido ir a por ella. Tu bufete podría
salir perjudicado, papá, así como los negocios de la familia si esto sale mal.
Fugaku frunció el ceño.
—Desde luego, será un problema si esa mujer crea una
alianza con otros empresarios para ir a por nosotros. No es que no tengamos
posibilidades de ganar, también tenemos amigos, pero esto se hará muy largo y
prácticamente se convertirá en una guerra mediática que no nos dejará vivir en
paz.
—Eso había pensado.
—Ceder no es una opción —dijo Mikoto con los ojos
entrecerrados de un modo peligroso—. No consentiré que esa bruja se aproveche
de todo lo que has conseguido.
—La clave está en predecir todos sus movimientos
—argumentó Itachi, tocándose el mentón y con su mente brillante trabajando a
toda velocidad—. No es la primera en intentar esta artimaña. Hay una serie de
pasos en un juicio para demostrar que estuvo embarazada y, en todo caso, sería
difícil demostrar que el hijo era de Sasuke. Tiene que haber pruebas de su
infidelidad.
—La empresa de Karin lo sabía, pero no creo que
testifiquen contra la novia de su jefe. Tendrán miedo de perder su trabajo.
—Eh… Perdón por interrumpir.
Todos se giraron hacia Naruto, que no había tenido
intención de participar en esa conversación ya que él no tenía ni la menor idea
de cómo funcionaba ese mundo, pero, al escuchar el nombre de la mujer y caer en
que había estado esa misma mañana con Sasuke, había pensado que, tal vez…
—¿Qué pasa? —le preguntó su novio.
—¿Esa ex tuya se llama Karin Hebi?
—Sí.
—Pelirroja, piernas largas, gafas de intelectual…
Sasuke frunció el ceño. No era normal que Naruto la
conociera, a él le traía al fresco el famoseo y más aún si se trataba de
alguien con quien él se hubiera acostado.
—Sí.
El rubio palideció.
—Oh, mierda.
—Naruto, ¿qué pasa con ella?
Este lo miró horrorizado.
—Es la misma que flirteó conmigo esta mañana.
—¡¿QUÉEEEEEEEEE?! —exclamaron todos los Uchiha al
unísono, ni siquiera el propio Fugaku pudo contenerse.
—No hablas en serio —gruñó Sasuke, poniéndose rojo de
rabia. La muy puta le era infiel, intentaba sacar provecho de su relación para
hacer rico a su amante, le chantajeaba y, encima, ¡iba detrás de su novio!
¡Será zorra la muy hija de puta!
Naruto, al ver que su pareja estaba a punto de estallar,
lo envolvió con sus brazos.
—Tranquilo, Sasuke, tranquilo. Sabes que soy cien por
cien gay, a mí no me van los pechos ni las vaginas, prefiero tu… —Se puso rojo
al darse cuenta de lo que había estado a punto de decir delante de toda su
familia y sacudió la cabeza—. Ella no llamó mi interés en lo más mínimo, hasta
me dio asco que se restregara contra mí. Me dio una tarjeta antes de irse, pero
la tiré, estaba claro que no iba a llamarla.
—Pues yo creo que deberías hacerlo —comentó Itachi de
repente.
La pareja se giró bruscamente a la vez para mirarlo;
Naruto, incrédulo, y Sasuke, con un tic furioso en la ceja izquierda.
—¿Cómo has dicho? —preguntó muy lentamente.
Itachi se encogió de hombros.
—Pensadlo, ella tiene interés en Naruto, eso quiere decir
que sus sentimientos por su jefe son puramente económicos. Si le damos un cebo
más atractivo, tal vez esté dispuesta a quedar en algún sitio y a compartir…
una conversación.
Poco a poco, todos los miembros de la familia se
volvieron hacia Naruto, que se los quedó mirando uno a uno, asimilando lo que
Itachi estaba insinuando.
—Oh, no. Por favor, decidme que no me obligaréis a hacer
eso.
Karin terminó de retocarse el maquillaje en el coche y
colocó cada mechón de pelo en su sitio.
Al final, el americano la había llamado, por supuesto. Un
poco tarde, pero, teniendo en cuenta que iban a tomar una copa, era perfecto,
eso significaba que estaba interesado en que pasara la noche con él y, oh,
Dios, estaba muy segura de que quería tenerlo entre sus piernas hasta que
saliera el sol, ese hombre rezumaba sexualidad por cada poro de su piel.
Salió del coche y se echó un último vistazo. Se había
puesto un vestido negro de manga larga que dejaba sus hombros al descubierto y
que le llegaba a la mitad del muslo, cubriendo su tanga y su sujetador a juego
de encaje, así como el liguero que estaba sujeto a sus medias oscuras, por
encima de las cuales llevaba unas sexys botas negras que se ceñían a sus
piernas hasta la rodilla. Además, se había puesto lentillas para que se vieran
bien sus ojos y se había dejado el cabello suelto alrededor de los hombros,
aunque tenía pensado apartarlo de vez en cuando para que viera su cuello y
tuviera una buena visión de sus pechos turgentes, que asomaban un poco por
encima del vestido.
Sí, se sentía hermosa y sensual, ese hombre no podría
resistirse.
Entró en el club rezumando confianza y seguridad,
contoneando las caderas de tal forma que todos los hombres se giraban a verla.
Cómo le gustaba que la miraran así, sabiendo que podía elegir lo que quisiera y
decir que no a quien le viniera en gana, del mismo modo que podía tenerlo
comiendo de su mano al momento siguiente. La hacía sentirse poderosa.
Sus ojos vagaron por la zona de las mesas a la izquierda,
donde le había dicho que la estaría esperando. No fue difícil encontrarlo, no
con su altura y su pelo rubio, aunque, esta vez, fue ella la que quedó
embelesada y mojada al contemplar una vez más a ese sexy semental.
Iba vestido de forma sencilla, con una camiseta de manga
larga blanca que se ajustaba de un modo pecaminoso a su poderoso torso,
remarcando levemente su amplio pecho y sus deliciosos abdominales cuando se
giraba, sobre la que llevaba una chaqueta de cuero que le daba ese toque de
chico malo con el que quieres pasar una noche salvaje. Los pantalones eran
vaqueros y se ceñían a unos muslos fuertes que finalizaban en unas zapatillas
deportivas oscuras pero elegantes, a juego con la chaqueta. Seguía llevando el
cabello tan rebelde como esa mañana, como si quisiera incitarla a pasar las
manos por ese pelo mientras la jodía duro y rápido, y sus increíbles ojos
azules la recorrieron de arriba abajo antes de dedicarle una sonrisa pícara de
medio lado que por poco hizo que se le doblaran las piernas.
Oh, Dios, iba a ser el mejor sexo de su vida, lo
presentía.
—Hola —lo saludó. Oh, no, tenía la voz un poco seca.
Este se levantó con una elegancia predadora que la puso a
cien, le cogió la mano con delicadeza y la besó en el dorso.
—Hola. Estás preciosa.
Ella no pudo evitar sonrojarse. Su mano era grande y
cálida y tenía una voz profunda muy agradable.
—¿De verdad?
Su sonrisa se acentuó y la miró de arriba abajo otra vez
con lentitud.
—Ese vestido te queda de infarto.
Karin se sintió como si estuviera a punto de sufrir un
sofoco. ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios! ¡Esa noche iba a tener sexo caliente
con un cowboy!
Él la guio hasta la mesa y la invitó a sentarse a su
lado, muy cerca, al mismo tiempo que pedía dos copas, no sin antes preguntarle
a ella qué le apetecía. Mmm, todo un caballero. A ella le trajeron un
Cosmopolitan y a él un Bourbon. Muy americano.
—Bueno, Karin —empezó él—, me dijiste que hacía mucho que
trabajabas para el señor Uchiha.
Ella asintió mientras tomaba un sorbito de su copa.
—Así es.
—Una mujer leal, por lo que veo —la halagó.
Le sonrió encantada. Tenía que reconocer que era bueno
flirteando, sabía cómo querían ser tratadas las mujeres, hacerles sentir
cómodas y preciosas, y era encantador.
—Es mi trabajo.
El vaquero se acercó más a ella, hasta que sus piernas se
tocaron, y se inclinó sobre ella hasta que sus rostros estuvieron muy cerca.
—Y supongo que no hay forma… de convencerte de que me
ayudes. Quiero iniciar un negocio muy lucrativo con él y sé que también está
interesado, pero no me lo está poniendo fácil.
—Con Sasuke Uchiha nunca lo es —afirmó ella.
El hombre ensanchó su sonrisa y, de repente, sintió su
mano en su rodilla, acariciando lentamente su pierna hacia arriba.
—Pero tal vez tú seas… más abierta a entablar una
relación —comentó.
Ella notó que su sexo empezaba a palpitar cuando notó sus
dedos colándose debajo de su falda para rozarle el liguero. ¡Oh, Dios, sí!
Deseaba que metiera la mano bajo sus bragas y que frotara su clítoris allí
mismo, bajo la mesa, en mitad de aquel club.
—Tal vez —susurró con voz temblorosa.
Los ojos del americano brillaron y retiró la mano, muy a
su pesar.
—¿Qué te parece si charlamos mientras terminamos la copa
y luego te llevo a mi habitación de hotel? La cama es un poco grande para mí
solo… y creo que tú también tienes ganas de tener compañía.
Oh, claro que las tenía. Y no solo estaba pensando en
tener una gran noche de sexo con ese delicioso cowboy, sino que, si ese
hombre tenía todo lo que a ella le gustaba (un trabajo exitoso, dinero, buen
sexo) estaba muy decidida a sustituirlo por Bankotsu.
A la hora de comer del día siguiente, un hombre
elegantemente vestido con un traje impoluto traspasaba las puertas de la sede
de una de las empresas hoteleras más exitosas del país.
Con pasos firmes y rostro decidido, se dirigió a
recepción, donde preguntó por el despacho del director ejecutivo e informó de
su presencia tras dar su nombre, ante el cual, la mujer que lo atendía se
atragantó un poco. Cuando fue hacia el ascensor, no le hizo falta girarse para
saber que estaba llamando presurosamente a su jefe para decirle quién estaba a
punto de entrar por su puerta. Una vez en el ascensor, se miró en el espejo que
ocupaba la mitad superior de una de las paredes y se reajustó la corbata con
calma.
En cuanto el timbre anunció que había llegado a la planta
deseada, su mente estaba preparada para la ardua negociación que estaba a punto
de tener con el director de la empresa, y, sobre todo, estaba listo para jugar
tan sucio como su contrincante estuviera dispuesto a hacerlo.
En cuanto estuvo a las puertas del despacho, la
secretaria se apresuró en darle bienvenida:
—Señor Uchiha, no sabe cuánto nos halaga su visita.
Él esbozó una cordial sonrisa.
—Gracias. Espero no haber interrumpido su hora de la
comida. —No más de lo que estaba a punto de hacer.
—En realidad, ha llegado justo a tiempo.
—Me alegra oírlo, procuraré ser breve —y dicho esto, la
mujer le abrió la puerta del despacho, donde se encontró cara a cara con
alguien a quien no quería volver a ver, pero que, curiosamente, era su mejor
baza para vencer a Karin.
Bankotsu lo esperaba recostado cómodamente en su
escritorio, con los dedos entrelazados y una amplia sonrisa de superioridad en
la cara.
Pobre ingenuo. No sabía que estaba a punto de
destrozarlo.
—Señor Uchiha, es un placer recibirlo —dijo, haciendo un
gesto con la mano para ofrecerle el asiento que había justo delante.
Sasuke se sentó con total tranquilidad, cruzando una
pierna sobre la otra. Sí, se estaba poniendo cómodo para poder disfrutar del
espectáculo.
—Tengo entendido que viene a hacerme una oferta —comentó
Bankotsu con el tono de aquel que se hace el tonto, como si no estuviera al
tanto del plan de Karin para joderlo—, aunque, si le soy sincero, creía que se
haría de rogar.
—En realidad, he venido a hacerle una contraoferta —dijo
el Uchiha sin tapujos y totalmente confiado. Gracias a Naruto, lo tenía tan
pillado por los huevos que no podría ni andar por la calle erguido durante un
mes entero.
Bankotsu, tras un segundo de sorpresa, tuvo las pelotas
de soltar una risilla condescendiente en su cara. Uh, qué poco iban a durarle.
—Tendría que haber imaginado que no iba a rendirse sin
luchar. Sin embargo, señor Uchiha, permítame recordarle que no está en
situación de…
—Yo si fuera tú —lo interrumpió Sasuke sin dudar,
sonriendo con arrogancia—, no diría nada que pudiera hacer que me cabree. Al
menos, no sin antes ver el vídeo.
El otro hombre frunció el ceño.
—¿Qué vídeo?
Ya lo tenía todo preparado, solo tenía que desbloquear su
móvil y dejarlo sobre la mesa para que el pobre idiota viera el lío en el que
lo habían metido unas piernas largas y un par de polvos bien dados.
Bankotsu pulsó sobre la pantalla y parpadeó al ver a
Karin justo delante de la cámara, con las mejillas sonrojadas y una sonrisa
boba en la cara. Estaba muy sexy sin las gafas, con el pelo suelto y un vestido
negro de manga larga que dejaba al descubierto sus hombros.
El problema era que no recordaba haber estado con ella en
esa habitación, porque la reconoció enseguida como una de las suites básicas de
uno de sus hoteles.
—Entonces, ¿tenemos un trato, nena? —preguntó una voz
varonil que no conocía y que lo puso un tanto nervioso.
Ella sonrió y asintió lentamente, moviendo el cuerpo con
un ligero tambaleo. Le costó poco darse cuenta de que estaba borracha.
—Claro, vaquero.
—Bien. Primera pregunta, ¿cómo pensabas convertir el
hotel de tu jefe en el mejor de todos a nivel nacional?
Ella se pasó las manos por la cabellera mientras
respondía:
—A uno de los directores… lo pillé con una puta en la
cama y saqué fotos —hablaba despacio y con un tono alegre, con una sonrisilla
de suficiencia—. Pienso… ofrecerle una asociación. Ya es mayor, está muy
cansado… y no querrá que sus hijos se enteren de esto.
Bankotsu abrió los ojos como platos. ¡¿Qué!? ¡No! ¿Cómo
podía ser tan estúpida como para estar contando eso? ¿Cómo había podido beber
tanto que no le importaba revelar ante una cámara sus planes?
—¿Y qué hay de la otra empresa hotelera? ¿Otro truco
sucio? —No le hizo ni pizca de gracia el tono en el que dijo la última palabra,
ni tampoco la forma en que Karin se mordió el labio inferior al oírla.
—Pues… el director no tiene ningún trapito sucio que
pueda usar en su contra… pero… voy a… boicotear su hotel.
—¿Boicotear?
—Ya sabes… Intoxicar la comida, poner una plaga de
insectos en las habitaciones para espantar a los clientes… Esas cosas.
—¿Y qué pinta Sasuke Uchiha en todo esto?
Karin se apartó el pelo de uno de los hombros.
—Oh, verás… Sasuke dedica una parte importante de los
fondos de su empresa a la investigación y el desarrollo de tecnología. No le
basta con estar al día, sino que crea tendencias. Es muy ambicioso y sus
productos son de muy buena calidad.
—Buena calidad para el hotel, me imagino.
—Sí… Pero no negaré… que estoy resentida porque no
quisiera quedarse conmigo. Él era perfecto para mí, y, al final, tuve que
conformarme con Bankotsu.
Este arrugó el ceño al escuchar la forma en que se
refería a él. ¿Conformarse? Ella dijo que le parecía un mejor partido que el
Uchiha, que él tenía lo que ella necesitaba…
—Con que un poco de venganza, ¿eh?
Karin esbozó una amplia sonrisa.
—Ajá.
—Muy bien. Has cumplido tu parte del trato. Quítate una
prenda de ropa —ordenó con una voz sensual pero firme, que no admitía réplica.
Bankotsu palideció.
Karin, sin embargo, esbozó una amplia sonrisa.
—¿No deberías ser tú quien se desnudara? Yo he respondido
tu pregunta.
—Mi habitación, mis normas. Quítate el vestido.
El empresario se quedó con la boca abierta cuando vio
cómo su novia se quitaba el vestido con movimientos lentos e incitantes,
dejando a la vista su sujetador sin tirantes y unas bragas muy sexys unidas a
un liguero que sostenía sus medias. Estaba claramente encantada y eso empezaba
a cabrearlo.
—Tranquilo, vaquero. Puedo ser obediente cuando quiero.
—Eso tendrás que demostrármelo.
La mujer sonrió y lo miró con lujuria.
—¿Cómo?
—Sigue con el juego. Segunda pregunta, ¿qué pensabas
hacer si Sasuke Uchiha y tú llegabais a los tribunales? Porque dudo mucho que
estuvieras embarazada de él, ¿verdad?
—No —respondió Karin, sentándose en la gran cama cruzando
sus largas piernas con un movimiento elegante y fluido y recostándose con los
brazos hacia atrás, exhibiendo así sus voluminosos senos—. No quiero niños… Son
un incordio, jamás me habría quedado embarazada a menos que no tuviera otra
opción… Pero Sasuke tampoco estaba para la labor de tener hijos y se aseguraba
de que los dos estuviéramos protegidos en ese aspecto.
—¿Entonces? ¿Cómo pensabas demostrar que tuviste un
aborto y que el niño era suyo?
—Muy fácil. Un compañero de facultad trabaja en un
laboratorio y estaría muy dispuesto a hacerme cualquier favor con tal de…
sobarme un poco —dijo con una carcajada cargada de suficiencia—. El muy ingenuo
no conoce a muchas chicas y yo… Bueno… Siempre fantaseó conmigo. Le envié un
mensaje diciéndole que tal vez necesitaría un favor y le prometí que le pagaría
con creces… Y después le envié una foto de mis amigas —dijo, sonriendo pícara y
pasando los dedos por la curva de sus pechos en un ademán provocativo.
Sasuke disfrutó sobremanera observando cómo Bankotsu
apretaba la mandíbula con tanta fuerza que creyó que en cualquier momento
empezarían a chirriarle los dientes.
—¿Y qué ocurre con el aborto? —preguntó el hombre.
Karin rio coqueta.
—Hace algún tiempo estuve liada con un médico. Él todavía
sigue coladito por mí y de vez en cuando dejo que me saque a cenar y me haga
regalos… No le será muy difícil falsear unos resultados… —dicho esto, ella
ladeó la cabeza—. Creo que ya he contestado tu pregunta.
—Cierto —dijo el hombre con un tono de voz seductor—. El
sujetador, fuera.
Bankotsu apretó los labios con rabia cuando la pelirroja
se quitó la prenda de un tirón y lo lanzó lejos, y eso antes de poner las manos
sobre sus pechos y empezar a acariciarlos, rozando sus pezones erizados con los
dedos en una clara provocación.
—¿Por qué no vienes y me calientas un poco? Aquí hace
frío —preguntó ella, provocativa.
El hombre hizo un sonido similar a un ronroneo.
—Eres muy impaciente.
—Soy muy directa.
—Te pierdes la parte más divertida, la expectación.
Cuanto más te haga esperar, más mojada estarás —dijo con esa voz grave, cargada
de algo que Bankotsu identificó como deseo sexual, haciendo que le temblaran
las manos ira—. Teníamos un trato, gatita, y yo soy un hombre de palabra. Dime
lo que quiero saber y yo te daré lo que necesitas.
Karin le lanzó una sonrisa llena de excitación.
—Muy bien. ¿Qué más quieres saber?
—Las garantías que tienes de salir bien de todo este lío.
Si voy a participar en ello, quiero asegurarme de que estoy apostando por el
caballo ganador. —Un momento. ¡¿Cómo que participar en eso?! ¿Desde cuándo ese
extraño conocía a Karin y por qué ella lo había involucrado en sus asuntos?—.
Sé que Fugaku Uchiha tiene una horda de abogados que podrá demostrar que todo
esto no es más que una farsa, ¿cómo piensas engañarlos?
—Es cierto, los Uchiha son poderosos… pero no
invencibles. Hay mucha gente interesada en que su “reinado” caiga… Y estoy
segura de que harían un buen trato conmigo. Porque si Sasuke pierde el juicio
contra mí…
—Ellos ganan su clientela —adivinó el hombre.
—Exacto —sonrió la mujer.
Hubo un instante de silencio en el que Bankotsu, cegado
por sus celos, juraría que ambos se estaban lanzando miradas cargadas de deseo,
puesto que Karin seguía haciendo algún que otro movimiento coqueto e incitante,
como apartarse el pelo del hombro, tocarse un pecho o descruzando lentamente una
pierna para cruzar la otra de tal forma que dejaba a la vista su coño cubierto
por unas bragas de encaje que no dejaban gran cosa a la imaginación.
—Me parece… un plan aceptable —murmuró el desconocido con
aprobación—. Las medias, ahora.
Los ojos de la mujer brillaron y se quitó las medias
suavemente, deslizando los dedos por sus larguísimas piernas, quedándose
únicamente en bragas, haciendo que Bankotsu deseara con todas sus fuerzas
estampar el móvil contra la pared, sin embargo, quería ver hasta qué punto
llegaba ese desgraciado con ella.
—¿Ya he terminado de cumplir mi parte? —preguntó.
—Todavía no —respondió el hombre. Bankotsu estuvo a punto
de saltar en su silla cuando vio que la cámara se movía, como si el extraño se
hubiera levantado, y ahora se acercaba con lentitud hasta Karin, que no dejaba
de mirarlo con una sonrisa llena de anticipación—. Tengo una última pregunta.
¿Qué piensas hacer con Bankotsu? No me gusta compartir el botín.
Ante esa pregunta, todos los músculos de su cuerpo se
tensaron. ¿Qué?
La pelirroja soltó una risilla mientras se tumbaba en la
cama. La cámara se había movido como si el hombre estuviera sentado a
horcajadas sobre ella.
—No te preocupes por él… Para cuando esto acabe, yo seré
la directora de la empresa… Bankotsu está tan pillado por mí que me dará lo que
me pida… Y, una vez sus hoteles sean míos, ya no lo necesitaremos más… Seré
toda tuya.
Bankotsu palideció al comprender que, desde el principio,
Karin lo había engañado. Eso explicaba por qué lo evitó tanto las primeras
veces que se le insinuó, porque estaba con Sasuke Uchiha y su intención
principal era quedarse con él, pero, al ver que su relación no iba como ella
quería, tal y como le dijo la primera vez que fue a su cama y él le preguntó
por qué al fin había accedido a estar con él, se había conformado con tener que
estar a su lado para conseguir lo que quería hasta que había encontrado a ese
desgraciado, alguien a quien le había confiado todos sus planes sin pensárselo
dos veces, ¡hasta lo había hecho mientras se desnudaba para él!
—Bueno, has cumplido con tu parte del trato… —La voz de
ese cabrón lo puso en alerta de nuevo y observó con atención la pantalla, donde
solo se veía a Karin con una sonrisa emocionada y ojos vidriosos por el alcohol
y la expectación—. Ahora yo haré lo que te prometí. Quítate las bragas y date
la vuelta.
Le dolió y odió al mismo tiempo ver cómo ella cedía con
tanta facilidad, colocándose a cuatro patas y exponiendo su trasero con las
piernas abiertas, dejando a la vista su coño húmedo, listo para ser embestido.
—¿Así? —gimió Karin, produciéndole una oleada de rabia.
—¿Quieres que te joda así? —preguntó el hombre en voz
baja.
—Dios, sí.
—¿Por delante o por detrás? —Bankotsu estaba al borde de
perder su autocontrol, sobre todo cuando vio la mano del hombre en su pierna,
acariciándola con deliberada lentitud de abajo hacia arriba, como si fuera en
dirección a…
—Como tú quieras, vaquero —respondió la pelirroja sin un
ápice de vergüenza—. Móntame como te plazca, dejaré que me hagas lo que quieras…
Y, en ese instante, el vídeo se cortó. Bankotsu trató de
seguir viendo lo que sucedía después, pero no había más grabación que la que
había visto. Finalmente, su ira se desató y lanzó el móvil contra la mesa con
un grito, rompiéndolo en el acto y haciendo que Sasuke frunciera el ceño, sin
parecer demasiado afectado por ello.
—Me debes un móvil nuevo —se limitó a decir.
—¡ESA PUTA ME MINTIÓ! ¡ME UTILIZÓ!
—Sí, es lo suyo, pero no justifica que hayas roto mi
móvil —repitió Sasuke con total indiferencia.
Bankotsu, en cambio, se levantó bruscamente de la silla y
empezó a pasearse por su despacho mientras se agarraba del pelo con fuerza y
llamaba a Karin de todas las formas habidas y por haber.
El joven Uchiha, por otro lado, dejó que se desahogara,
paladeando su pequeña venganza por la humillación que le había provocado ese
gilipollas, por reírse de él mientras se tiraba a su ex y por sus aires de
superioridad cuando había entrado en el despacho.
Sin embargo, cuando Bankotsu estaba a punto de salir de
la estancia para buscar a la zorra que había estado jugando con él, Sasuke lo
detuvo con voz firme:
—No tan rápido, “Ban” —se burló utilizando el apelativo
cariñoso con el que Karin solía referirse a él.
Este se dio la vuelta con cara de pocos amigos.
—¿Qué quieres, Uchiha?
—Solo recordarte que el vídeo que acabas de ver demuestra
que tenías planteado incumplir unas cuantas leyes que podrían meterte en la
cárcel durante una década como mínimo.
El hombre palideció antes de mirar el móvil destrozado.
Sasuke le lanzó una escalofriante sonrisa.
—¿Crees que soy tan idiota como para darte el único
dispositivo en el que estaba un vídeo que demuestra que ibas a chantajear a
unas cuantas personas y a sabotear a tantas otras? Tengo copias de sobra para
reventar los medios de comunicación.
Bankotsu, al ser consciente de que estaba a su merced,
tragó saliva y fue hasta Sasuke con el temor asomando en sus ojos.
—Señor Uchiha, le juro que Karin fue la que lo planeó
todo, yo solo estaba…
—Pensando en su coño —le interrumpió Sasuke con cara de
pocos amigos. Era hora de acabar con aquella tontería—. Mira, me importa una
mierda de quién fuera la idea, los dos habéis intentado joderme y no hay nada
que me cabree más que me tomen por un pobre idiota al que pueden chantajear así
como así. Así que esta es tu última oportunidad de negociar conmigo.
El otro hombre agachó la cabeza, sabiendo que había sido
vencido.
—Haré lo que sea, señor.
—Bien. En primer lugar, no habrá ninguna asociación entre
tu empresa y la mía, jamás. No te prestaré ni un solo centavo y no quiero verte
cerca de mi edificio para pedir favores o cualquier otra cosa. No quiero saber
nada de ti, ¿queda claro?
—Sí, señor.
—No aceptaré ningún chantaje ni truco que emplees para
obtener algo de mí. Sospecho que me estás jodiendo otra vez y ese vídeo no solo
saldrá en todas partes, sino que acudiré a la policía diciendo que mi exnovia y
tú estabais compinchados para sacarme mi dinero. ¿Está claro?
—Sí, señor —respondió Bankotsu, obediente y asustado.
Sasuke asintió.
—De acuerdo. Una última cosa, yo si fuera tú, disuadiría
a Karin de plantarme cara en un juicio. Porque te juro que sacaré ese vídeo y
que no pienso encubrirte lo más mínimo. Los abogados de mi padre os harán
pedazos y te aseguro que ninguna empresa rival de mi familia te ayudará en
cuanto les enseñe las pruebas que tengo contra ellos. Así que haz lo que tengas
que hacer con ella, despídela o mándala al extranjero, sinceramente, me da
igual. Pero si ella hace cualquier cosa en mi contra, tú caerás con ella —y
dicho esto, se levantó con elegancia, se reajustó la chaqueta del traje y se
dirigió a la salida con total tranquilidad.
—Espera, Uchiha.
Él se detuvo y lo miró con una ceja alzada.
—¿Qué?
Las facciones de Bankotsu eran tensas cuando le preguntó:
—El hombre que grabó el vídeo… ¿llegó a hacer algo con
Karin?
Sasuke esbozó una amplia sonrisa.
—¿Tú qué crees? —y sin responder del todo a su pregunta,
se marchó.
Una enorme satisfacción lo invadió mientras entraba en el
ascensor y pulsaba el botón para bajar a la planta baja. Bankotsu estaba tan
jodido y acojonado por el vídeo que estaba bastante seguro de que no seguiría
con el plan de Karin, y, por si acaso, le pidió a Naruto que se asegurara de
ponerla en una situación lo bastante comprometida como para que ese idiota no
quisiera volver a verla ni en pintura, retirando así cualquier apoyo que
pudiera brindarle.
Y, aunque uno de los dos fuera a por él, ese vídeo
demostraba el chantaje. Nadie podría hacer daño a su familia después de que
enseñara ese vídeo.
Salió del ascensor al llegar a su destino y se dirigió a
la salida con paso firme, todavía saboreando la victoria, cuando vio a Karin
entrando en el imponente edificio. Llevaba la misma sonrisa que una gata
relamiéndose tras comerse un ratón, contoneando las caderas mientras andaba
vestida con un traje impoluto, nadie habría sospechado lo ebria que había
estado la noche anterior.
Al verlo, ladeó la cabeza y su sonrisa se desvaneció un
poco a la vez que fruncía el ceño, obviamente confundida por su presencia allí
y, tal vez, por su enorme sonrisa de pura satisfacción.
—Sasuke —lo saludó—, ¿qué te trae por aquí?
—Negocios —respondió, acercándose a ella con las manos en
los bolsillos.
Ella levantó una ceja y sus labios se curvaron de lado.
—Imaginaba que no cederías sin luchar. Por mí está bien,
pero no conseguirás nada. Bankotsu está de mi parte, da igual cuánto le
ofrezcas.
Sasuke le devolvió la sonrisa con arrogancia.
—Estás muy equivocada, no pienso darle absolutamente
nada. —En ese momento, vio a alguien acercándose a ellos, a la persona que, de
hecho, le había acompañado hasta allí para asegurarse de que todo iba bien. Su
sonrisa se ensanchó—. Es más, has sido tú quien me lo ha puesto en bandeja.
El ceño de Karin se acentuó, sin comprender qué quería
decir, y, entonces, alguien pasó por su lado, muy cerca de ella, y se colocó
junto a Sasuke. Abrió los ojos como platos al reconocerlo.
—Hola, gatita —la saludó Naruto.
La mujer se quedó totalmente en blanco, sin entender lo
que estaba pasando. Abrió y cerró la boca, como si estuviera a punto de decir
algo, pero el rubio la interrumpió:
—Oh, sí, quería devolverte esto. —Se sacó unas bragas del
bolsillo y se las dio—. Ya no me hacen falta, gracias al vídeo que grabé.
Karin parpadeó.
—¿Qué…?
—Mira por dónde —dijo Sasuke al ver que las puertas del
ascensor se abrían de nuevo—, ahí llega tu novio. A ver cómo le explicas lo que
estuviste haciendo con el vaquero —y dicho esto, Naruto y él se fueron, dejando
sola a la pelirroja con un furibundo Bankotsu que había pedido a la recepción
que lo avisaran en cuanto Karin entrara por su puerta, pues habían quedado para
comer y quería echarle en cara todo lo que le había hecho. Aunque, al ver cómo
ese hombre le devolvía unas bragas a su “novia”, empezó a verlo todo rojo y
prácticamente se abalanzó sobre ella, pues tanto Sasuke Uchiha como este se
dirigían a la salida, así que le costó poco adivinar que ambos habían estado
compinchados para sacarle a Karin sus planes. En definitiva, la culpa era de
esa puta que lo había manipulado desde el principio.
Por otro lado, Sasuke sonrió otra vez al escuchar cómo
ese idiota le gritaba a su ex. Ya estaba hecho; hicieran lo que hicieran esos
dos, estaba cubierto, y todo gracias a su novio, al que abrazó por la cintura
cuando salieron a la calle.
—Gracias, Naruto.
Este le devolvió el gesto, a pesar de que le dijo:
—Ya puedes estar agradecido, tuve que fingir que ella me
gustaba y dejar que se restregara contra mí —dijo con evidente desagrado—. Soy
cien por cien gay, Sasuke, no fue precisamente agradable, creo que bajó mi
libido para siempre…
Sasuke se colocó de cara a él y tomó su rostro entre sus
manos.
—¿Y si hago esto? —y lo besó profundamente, con todo el
amor que sentía por él. Sabía que para su rubio no había sido fácil montar
aquella función y, al principio, se había negado en redondo por él, porque no
había querido hacerle daño al tener que coquetear con su ex y encima grabar un
vídeo donde ella se desnudaba delante de él. No es como si le hubiera hecho
mucha ilusión tampoco, pero al final lo había convencido cuando le había dicho
que no se le ocurría otra forma de evitar un juicio largo y difícil que podría
perjudicarlos.
Su novio lo abrazó con fuerza de la cintura y sonrió al
sentir que su libido volvía a la vida.
—¿Qué decías? —le preguntó, divertido, cuando se
separaron.
Naruto le sonrió y lo besó de nuevo en los labios pero,
de repente, se separó con el ceño fruncido.
—¿Qué pasa?
—Estamos en mitad de la calle.
—¿Y qué?
El otro hombre dudó un momento antes de decir:
—La prensa rosa podría enterarse de lo nuestro.
Sasuke se relajó al comprender su temor y lo estrechó
contra su cuerpo sin un ápice de vergüenza.
—Que se enteren.
Naruto parpadeó.
—¿De verdad?
—No pienso tener una relación a escondidas contigo,
Naruto —le dijo con convicción y una suave sonrisa—. Te quiero, estoy orgulloso
de ti y no tengo por qué esconderlo.
Su rubio lo miró emocionado, aunque aún tenía dudas.
—¿Qué pasará con los periodistas? ¿No te molestarán?
Él puso los ojos en blanco.
—Oh, claro que lo harán, pero con el tiempo se les pasará
y nos dejarán en paz. Ni tú ni yo tenemos por qué cambiar nuestras vidas solo
porque ellos estén jodiendo, quiero poder salir por la calle cogidos de la
mano, abrazarte cuando quiera y besarte cada vez que quiera demostrarte lo
importante que eres para mí. Que la prensa diga lo que quiera, que se desquite
con esa exclusiva, pero nosotros seguiremos con nuestra relación.
Naruto le dedicó una enorme sonrisa llena de orgullo y
volvió a abrazarlo, enterrando una mano en su cabello y apretándolo contra sí.
—Te quiero, Sasuke.
Él también sonrió y lo besó en el cuello.
—Y yo a ti, Naruto.
Sasuke abrió la puerta de su casa tratando de hacer el
menor ruido posible. No había querido llegar tan tarde a casa, de hecho, ni
siquiera había querido acudir a esa reunión en el extranjero, pero era algo
importante y a lo que tenía que acudir en persona.
Cerró la entrada con llave y las dejó en el bolsillo de
su chaqueta, que se quitó y la dejó en el perchero de la entrada. Después, fue
directo al salón de la pequeña mansión que era su hogar desde hacía once años,
donde encontró lo que ya sospechaba, a Naruto profundamente dormido en el sofá,
esperándole.
Una tierna sonrisa se le escapó de los labios. A pesar de
que le había avisado de que llegaría tarde, su marido se había quedado ahí
tratando de aguantar el sueño para asegurarse de que volvía sano y salvo.
—No quería irse a la cama sin ti.
Sasuke se giró hacia la voz que acaba de escuchar con una
sonrisa. Satsuki estaba en el umbral del salón con los brazos cruzados y cara
de desaprobación.
—Hola, cariño —la saludó mientras se acercaba para
besarla en la frente.
—Bienvenido a casa, padre —le dijo ella mientras lo
abrazaba.
Satsuki era su hija adoptiva, suya y de Naruto. Su marido
la encontró escondida en un contenedor de basura cuando tenía siete años,
acurrucada y muerta de miedo. Tras llevarla al hospital y llamar a la policía,
descubrieron que la pobre había sufrido abusos desde hacía tiempo y que vivía
en una casa de acogida que prostituía a los niños, que los vendía con total
frialdad a los pederastas para que hicieran lo que quisieran con ellos.
Los dos se encargaron de ella durante una temporada,
mientras la policía trataba de resolver todos los cabos sueltos y se celebraba
el juicio. En aquel entonces, ella no decía ni una palabra, el trauma sufrido
era tan grande que no abría la boca salvo para comer. Sin embargo, con el paso
de los días, parecía sentirse más segura con ellos, especialmente con Naruto,
tal vez porque había sido la primera persona que la había tratado bien y que se
había preocupado por cuidarla y alimentarla. Con Sasuke fue un poco más
difícil, pero empezó a cogerle cariño cuando este descubrió que le gustaban los
libros y comenzó a leerle cuentos por las noches.
Para cuando Protección de Menores pudo hacerse cargo de
ella, Satsuki ya no quería irse. Fue la primera vez que habló, chillando que no
quería irse porque Sasuke y Naruto eran sus padres mientras se aferraba con
fuerza a los pantalones de este último. No hubo manera de convencerla de que
debía ir con la mujer que se encargaría de ella, y, después de todos los abusos
que había sufrido, no quisieron usar tampoco la fuerza. De modo que, mientras
Naruto se iba con la pequeña a su habitación para calmarla, Sasuke y la mujer
se sentaron a hablar de posibles opciones, entre las que surgió el tema de la
adopción.
Sasuke reconoció que la propuesta lo pilló con la guardia
baja, pero no le causó rechazo. Esa misma noche, cuando Satsuki se quedó al fin
dormida, habló con Naruto y ambos admitieron que se habían encariñado mucho con
ella y que, después de cinco años juntos, tal vez era el momento idóneo para
ser padres.
Y nunca se habían arrepentido de ello. Satsuki era una
niña maravillosa, inteligente, humilde y bondadosa; la vida con personas
egoístas que le habían negado toda posibilidad de tener una familia normal
había hecho que ella no fuera en absoluto caprichosa y que apreciara cada
vínculo que creaba, ya fuera con sus padres o con los amigos que hizo con el
tiempo.
Le devolvió el abrazo con fuerza.
—Siento haberme perdido tu cumpleaños.
Ella negó con la cabeza.
—No lo hemos celebrado al final.
Sasuke se separó y frunció el ceño.
—¿Y eso?
—Ni papá ni yo queríamos celebrarlo sin ti —dijo, bajando
la mirada—. Además, no me apetecía mucho.
Él levantó una ceja.
—¿Es por tu examen de mañana?
Ella se mordió el labio inferior, diciéndole que había
dado en el blanco. La acercó a él para envolver los brazos alrededor de su
espalda y que ella se apoyara en él.
—Es normal estar nervioso, cariño. Pero no tienes de qué
preocuparte, eres lista y vas a ser la primera de tu promoción, ya lo verás.
—¿Y si no valgo para esto?
Sasuke se separó lo justo para cogerle los hombros y
mirarla a los ojos con una cariñosa sonrisa.
—Claro que vales. Tú vales para lo que sea porque eres
inteligente, fuerte y te has esforzado mucho para este examen. Vas a ingresar
en la academia de policía y vas a ser una inspectora increíble. —Hizo una
pequeña pausa—. ¿Sabías que tu padre era un negado para estudiar?
Ella esbozó una pequeña sonrisa.
—Solía decirlo cuando yo hacía los deberes de niña. Le
aliviaba que yo pudiera apañármelas sola y que tú pudieras ayudarme.
Él también sonrió.
—Pero, aun así, él aprobó el examen para ingresar en la
academia de bomberos y se convirtió en un gran bombero. Y cuando ya no pudo
ejercer como tal, estudió mucho para pasar el examen de instructor, y también
lo logró. No te preocupes por mañana, lo harás muy bien —dicho esto, la besó en
la cabeza otra vez y la empujó suavemente hacia las escaleras—. Ahora a dormir.
Mañana, después de tu examen, celebraremos tu cumpleaños, ¿de acuerdo?
—Vale —dijo ella, más animada, besando a su padre en la
mejilla y subiendo las escaleras de vuelta a su habitación.
Sasuke sonrió y después se dirigió al sofá, donde se
sentó al lado de Naruto y se inclinó para darle unos cuantos besos en los
labios, a los que su marido respondió al poco tiempo, abriendo pesadamente sus
párpados y sonriendo al reconocerlo.
—Sasuke…
—Ya estoy en casa.
Naruto tiró de él para que se tumbara a su lado y también
poder abrazarlo, haciendo reír a Sasuke en voz baja.
—Bienvenido —murmuró, dándole un beso en el cuello—. ¿Ha
ido bien el viaje?
—Ha sido productivo —comentó él, acariciando su rostro—,
habría preferido quedarme con vosotros y celebrar el cumpleaños de Satsuki. Sé
que está nerviosa por el examen.
El rubio cerró los ojos y frotó su nariz contra la suya.
—No te preocupes por ella. Es una chica fuerte y
valiente, aunque esté nerviosa, se presentará mañana el examen y lo hará genial
porque ha heredado la inteligencia de su sexy, apuesto y elegante padre.
Sasuke puso los ojos en blanco, aunque sonreía.
—¿Cuál de los dos?
Su marido abrió los ojos y curvó los labios hacia arriba.
—Tú, por supuesto.
—Solo lo dices porque quieres follar —se burló él.
—Ups, me has pillado —dijo con un tono incitante antes de
besarlo profundamente. Sasuke se dejó hacer, apretándose contra el cuerpo de
Naruto y acariciando su rostro con cariño.
Incluso después de tantos años, todavía le costaba creer
que, por fin, hubiera hallado a la persona indicada para él, alguien a quien
amar y que le quisiera de verdad no por su apellido o su cartera, sino porque
apreciaba quién era, porque le respetaba y se sentía orgulloso de él. Puede que
no hubiera esperado que esa persona fuera un hombre, pero daba gracias todos
los días por haberse encontrado con Naruto en aquel pub y que, al final, todo
había resultado tal y como él decía.
El amor es como la lluvia. Cae cuando quiere, no cuando
tú quieres que lo haga. Así que ten paciencia y no te conformes con cualquiera
por comodidad, por miedo a estar solo o porque crees que no encontrarás algo
mejor. Solo espera, porque, al final, acabará lloviendo.
FIN

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