Capítulo 7. ¡Duelo por Naruto!
—Hoy estás que te sales, Lee —felicitó Sasuke mientras
jadeaba con una sonrisa.
Habían pasado unos días desde el incidente con Sakura
y todo había regresado más o menos a la normalidad. Hubo un momento muy tenso,
al principio, en el que el pueblo se enteró de que una extranjera había
profanado la morada de su dios protector, lo cual causó un gran revuelo a las
puertas del palacio, donde se exigió que la mujer fuera duramente castigada y
expulsada de inmediato por la grave ofensa. Aparte, también habían oído rumores
de que esta estaba cómodamente asentada en sus aposentos, en vez de estar en
una celda, lo que provocó un gran descontento y muchas protestas que la reina
apenas sí pudo contener.
Sin embargo, fue Naruto quien logró apaciguar los
ánimos. Se presentó en mitad de la multitud en vez de hacerlo desde los muros
del palacio para protegerse del furioso gentío, eso provocó un instante de
desconcierto entre los ciudadanos antes de dejarle un amplio espacio y guardar
silencio para escucharlo. Todo el pueblo amaba a su creador, era sabido por
todos que ayudaba a aquellos que lo necesitaban sin pedir nada a cambio, por lo
que a nadie se le habría ocurrido ponerle un dedo encima, incluso se habrían
lanzado a protegerlo con sus vidas del ataque de un enemigo.
Por eso, Naruto pudo explicarles con mayor detalle lo
ocurrido en el bosque: les contó que los sirvientes de Kurama fueron quienes
encontraron a la extranjera y aplicaron su propio castigo, perdonándole la vida
a cambio de un alto precio que se revelaría llegado el momento, pero que, por
ahora, estaba herida de gravedad y era incapaz de valerse por sí misma. Apeló a
los sentimientos de su pueblo diciendo que ellos no eran monstruos, que debían
demostrar que eran mejores que la extranjera que les había ofendido porque, de
lo contrario, no serían muy distintos a ella, lo cual logró ablandarlos. Naruto
aseguró y prometió que no quedaría sin castigo, pero pidió que esperaran hasta
que se recuperara de sus heridas.
Sasuke se sintió muy impresionado por eso, tuvo que
reconocer que su prometido sabía muy bien cómo manejar a sus ciudadanos, y se
prometió recordarlo para el futuro.
A decir verdad, Naruto no dejaba de fascinarlo; no era
solo la belleza física que había descubierto en él recientemente, era su forma
de ser, su carácter, su fuerza, su genuina preocupación por los demás, su
empeño en hacer todo lo que estuviera en su mano por su reino. Hacía que
deseara ser un mejor hombre, que se levantara por las mañanas con ganas de
esforzarse más en convertirse en alguien digno de gobernar a su gente a su
lado. Lo estimulaba, hacía que se sintiera… vivo, pero era una sensación distinta
a la adrenalina de un combate o al calor húmedo de un apasionado encuentro
sexual, era… diferente. Era como si le hubiera mostrado una buena razón para
vivir en aquel mundo, uno en el que solo había conocido la lucha por la
supervivencia, la hostilidad, el miedo, la avaricia, la crueldad.
Siempre se había preguntado si realmente merecía la
pena luchar por un lugar así, donde los hombres se mataban los unos a los otros
por obtener más riquezas, o más tierras, no importaba, la cuestión era
conseguir más. Su propio país no le había mostrado más que las ansias por
sobrevivir a los crudos inviernos, y sí, eso les había hecho más fuertes y
curtidos, pero también los había sumido en un estrés constante, una asfixiante
desesperación por estar preparados para las próximas nevadas, para ser más duros
para cuando la comida escaseara y el gélido temporal los asolara, obligándolos
a refugiarse encerrándose en sus casas.
Con Naruto, en el Reino del Fuego, había descubierto
un nuevo ambiente, uno más relajado y alegre que, inevitablemente, había
influido en su carácter. Ya no se sentía ahogado por la presión, lo que le
permitía ser más abierto y divertido, prueba de ello eran los piques constantes
entre su prometido y él, o que a veces bromeara sobre su hermano (de lo que
este se percató y que, de nuevo, le gustó bastante, pues era como si el niño
que fue Sasuke en su momento hubiera regresado), incluso se metía descaradamente
con Sai.
Todo eso había hecho que su atracción hacia Naruto se
reafirmara con fuerza… lo que causó ciertos conflictos dentro de él.
Lee esbozó una amplia sonrisa, contento por el halago.
—¡Gracias, alteza! —respondió con la efusividad que lo
caracterizaba—, uno debe estar preparado para proteger a la familia real, sobre
todo si vamos a tener tantos invitados extranjeros.
Ambos estaban entrenando en el patio de armas junto a
otros soldados que luchaban entre ellos por su cuenta. Debido al anuncio
oficial del matrimonio entre Sasuke y Naruto, el Reino del Fuego estaría a
rebosar de gente aparte de los reyes de otros países, por lo que la seguridad
había aumentado en los últimos días, preparándose para su inminente llegada en
masa. De hecho, el propio Itachi le había ofrecido a Tsunade los hombres de su
reino que le habían acompañado durante el viaje, dado que su hermano pequeño
era uno de los protagonistas del evento y, en consecuencia, un posible blanco.
La reina no tuvo problemas en aceptarlos.
En esos momentos, Lee era uno de los que estaba
entrenando duro para cuando llegara el momento, y Sasuke aprovechaba para
practicar con él. Ese día en concreto, el joven estaba especialmente en forma,
sus movimientos eran tan veloces que al Uchiha le costaba seguirlo.
Este dejó su espada apoyada en una pared y cogió una
toalla antes de humedecerla en un abrevadero para lavarse. Lee lo siguió para
imitar su ejemplo.
—Tiemblo solo de pensar en el pobre diablo que se
atreva a intentar algo contra Naruto —dijo Sasuke, sabiendo que su acompañante
lo mataría antes de que pudiera acercarse.
Lee lo miró serio un momento.
—En su defensa, últimamente está algo distraído,
alteza. ¿Ocurre algo?
Sasuke se tensó un poco. No esperaba que nadie se
diera cuenta de ello.
—No, solo me pone nervioso el anuncio. Odio esta clase
de actos.
El otro hombre no se lo tragó.
—No dudo de ello, alteza, pero discúlpeme si no creo
que esa sea la razón por la que tiene la cabeza en otra parte.
El Uchiha se quedó un poco impresionado por su
franqueza. Sin embargo, Lee no se caracterizaba por ser discreto, si quería
expresar algo, lo soltaba del mismo modo en que una catapulta lanzaría una
piedra.
Suspiró. Puede que no fueran íntimos amigos (en
realidad, el único amigo íntimo que tenía era Naruto), pero había llegado a
respetar a Lee como un rival digno de él y también reconocía que era un gran
guerrero. Además, había aprendido a apreciarlo por el fuerte vínculo de amistad
que tenía con Naruto, sabía que lo protegería con su vida si era necesario y
eso le agradaba, confiaba en él para que lo cuidara.
—Gracias por preocuparte, Lee, pero no es necesario.
Es algo que debo solucionar por mi cuenta.
—¿Es por la mujer del Reino del Hielo?
Sasuke hizo una mueca de desagrado. No había vuelto a
ver a Sakura desde que se vieron en el Bosque Sagrado, y tampoco es que tuviera
muchas ganas de interactuar con ella.
—No.
—¿Seguro? Comprendo que le puso en una situación
complicada.
El Uchiha frunció el ceño.
—¿Lo entiendes?
Lee asintió sin asomo de duda.
—Claro. Ella viene de su tierra natal y estoy seguro
de que la conoce, pero al mismo tiempo va a ser el rey de este país, y ella ha
quebrantado las leyes sagradas. Le pone a usted en un compromiso.
—… Es verdad —admitió Sasuke, apartando la vista—. No
creo que lo que ella hizo estuviera bien, pero es mi obligación como príncipe
del Hielo defenderla… y como futuro rey condenarla. —Hizo una pausa, cerrando
los ojos—. Pero no es eso lo que me preocupa.
—¿Y qué es? Déjeme ayudarlo si está en mi mano.
—No puedo decírtelo, no es… apropiado.
Para su sorpresa, Lee le dio un puñetazo amistoso en
el hombro.
—¡Vamos, alteza! Aquí está entre amigos.
Sasuke no pudo evitar esbozar una media sonrisa.
—Dices que estoy entre amigos, pero sigues usando un
título honorífico conmigo.
El joven levantó un dedo con seriedad.
—Puedo ser su amigo sin incumplir los protocolos
sociales, como debe hacer todo caballero. Así que seguiré llamándole alteza,
pero puede contar conmigo para cualquier cosa, yo sé que es usted alguien de
confianza.
Eso hizo que el otro hombre parpadeara.
—¿Lo sabes?
Lee sonrió.
—Veo la forma en la que mira a Naruto, cómo lo trata,
cómo lo defiende y protege. Para mí, eso es suficiente.
Sasuke frunció un poco el ceño, ya que no había
esperado una respuesta así, pero luego levantó una comisura del labio.
—Eres un buen amigo, Lee.
Este se encogió de hombros.
—Hago cuanto está en mi mano por ser la mejor persona
que puedo ser —dicho esto, le hizo un gesto para que se sentara con él en un
banco algo apartado del patio que les ofreciera un mínimo de intimidad del
resto de soldados que estaban practicando—. Ahora, cuénteme cuál es su
problema.
Al pensar en ello, se puso rojo hasta las orejas,
sintiendo una fuerte oleada de vergüenza.
—Es que…
—¿Sí?
—Tiene que ver con… Naruto.
—¡Pues razón de más para que me lo cuente! ¡Suéltelo!
A Sasuke le costaba mucho hablar de ello ya que le
daba mucha vergüenza tener que pedirle consejo a alguien en ese aspecto, pero
sabía que, si se lo contaba a Itachi, se sentiría mucho peor.
Por no hablar de Sai. Dioses, su primo se reiría de él
por toda la eternidad, incluso después de que ambos hubieran muerto ese cabrón
encontraría la manera de burlarse de él.
—Necesito que seas muy discreto con este tema —se
apresuró a decir a toda velocidad.
Lee estrechó los ojos con sospecha, fijándose en el
color de la cara de su futuro rey y en lo tímido que parecía haberse vuelto de
golpe.
Una maliciosa sonrisa se extendió por su rostro.
—Ah… ¿Problemas del corazón? —inquirió, arrimándose a
Sasuke y dándole pequeños codazos en un costado.
En respuesta, Sasuke se puso aún más colorado.
—¡No es eso!
—Pero está relacionado, ¿a que sí?
El que el Uchiha se quedara muy callado fue más que
suficiente para que los ojos de Lee brillaran.
—Muy bien, sé el tema general pero no el problema en
cuestión. ¿Es por el cortejo? ¿No conoce las costumbres de aquí? ¿No sabe cómo
ser romántico? No se preocupe, ¡los Lee somos conocidos por ser unos románticos
empedernidos! Así fue como mi padre conquistó a una de las más bellas mujeres
del reino, mi madre.
A Sasuke le incomodaba mucho hablar de esas cosas.
—No es eso.
—¿Entonces?
Tras asegurarse de que nadie los estaba escuchando, el
Uchiha se acercó al oído cotilla del otro hombre y le susurró su problema. Nada
más saberlo, Lee se llevó las manos a la boca y lo contempló sonrojado.
—¡Pero, alteza, yo creía que usted sabía de esas
cosas!
En un impulso, Sasuke le dio un golpe en la cabeza y
susurró molesto:
—¡Pues claro que sé! Pero nunca he… Yo no… No con
alguien que no supiera.
La verdad era que, desde que había descubierto la
atracción física que Naruto ejercía sobre él, había pasado las noches (y parte
de los días) imaginando cómo sería tener a su prometido en su cama. Sin
embargo, ese deseo carnal batallaba constantemente contra su miedo a hacerle
daño; sabía que él era virgen y, aparte, que le asustaba ese momento porque se
sentía inseguro acerca de su sexualidad debido a que era el único creador que
había en esos momentos. Y, a pesar de que parecía haberle infundido cierta seguridad
en su última conversación al respecto, el propio Sasuke estaba aterrorizado
porque nunca le había quitado la virginidad a nadie, simplemente escogía una
mujer que solía dejarle hacer lo que quisiera con ella.
Pero Naruto no era cualquiera, era su amigo y futuro
esposo, odiaría causarle dolor de cualquier tipo, y más aún uno en el que se
suponía que ambos debían disfrutar. Quería que su prometido experimentara lo
placentero que podía ser tenerlo como amante y, en cierto modo, la idea de ser
él quien le enseñara las distintas formas de complacerlo le resultaba de lo más
excitante. Sin embargo, antes tenía que superar la primera noche con Naruto,
una en la que, sin lugar a dudas, el rubio estaría asustado y nervioso, pese a
estar seguro de que confiaba en que no le haría daño… No a propósito, al menos.
Por suerte para él, su incomodidad no duró mucho
cuando Lee se centró en su problema.
—Ya entiendo. Le preocupa no ser lo bastante cuidadoso
con él, y el hecho de que Naruto sea un creador lo pone más nervioso, porque no
sabe lo que debe esperar.
Sasuke frunció el ceño, un poco impresionado por las
conclusiones de Lee.
—¿Cómo lo has sabido?
—No es usted el único al que le preocupa la noche de
bodas, alteza. Cuando yo y otros amigos de Naruto supimos sobre su compromiso,
nos preocupamos no solo por si acababan casándolo con un indeseable, sino que
también nos preguntábamos si tal vez lo pasaría peor por ser un creador, o si
acaso no tendría tantos problemas para su primera vez.
—¿Y llegasteis a alguna conclusión?
Lee se encogió de hombros.
—Naruto no ha estado con ningún hombre, así que no hay
forma de saberlo —dicho esto, le dio una palmada amistosa a Sasuke en el hombro
y luego le guiñó un ojo—. Pero no se preocupe, alteza, yo puedo darle algunos
consejos que podrían servir, sobre todo para hacer que Naruto se sienta más
cómodo con usted de cara a esa noche.
Pese a que a Sasuke le resultó humillante que otra
persona tuviera que aconsejarle sobre sexo, escuchó con atención a Lee. La
mayoría eran cosas que él ya suponía que podían ayudar a Naruto a que la
penetración fuera más cómoda y menos dolorosa para él, pero hubo algo que le
pareció sumamente curioso y en lo que no había pensado: en vez de esperar a la
noche de bodas para tener sexo, podía empezar un lento pero progresivo
acercamiento más íntimo con su prometido desde ya.
No se trataba de ir directo a por sexo, Lee se refería
a que podía aprovechar la amistad que ya existía entre ellos para abrazar o
acariciar a Naruto, de forma que este se fuera sintiendo poco a poco más cómodo
con su toque, con el contacto entre sus cuerpos, aunque hubiera ropa por el
medio. Le pareció una buena idea y encontraba cierta lógica en eso, además de
que, con el paso del tiempo, podría ir haciendo otras cosas como besarlo o…
tocarlo más íntimamente. Era como un sutil juego de seducción y, aparte de
encontrarlo excitante (ya que él nunca había tenido que esforzarse en conseguir
una mujer), creyó que era lo mejor para su prometido. Por supuesto, él siempre
respetaría los límites que le impusiera, jamás se le pasaría por la cabeza
obligarlo a hacer algo que le resultara incómodo.
—Gracias, Lee —dijo, estrechándole la mano—. Me has
ayudado mucho.
Este le dedicó una sonrisa que dejó al descubierto su
blanca dentadura y le mostró el pulgar.
—¡Estoy para serviros, alteza! Y no se preocupe, no le
diré nada a nadie sobre esto —dicho esto, señaló el patio—. Ahora que está más
tranquilo, ¿qué le parece si seguimos?
Sasuke sonrió mientras se incorporaba.
—Por supuesto, tengo que ganar la revancha.
Lee soltó una alegre carcajada y ambos recogieron sus
espadas. Sin embargo, cuando estaban a punto de empezar el combate, escucharon
que los soldados gritaban algo antes de empezar a formar filas y erguirse en
una posición firme, dejando paso a alguien a quien Sasuke no reconoció.
Era casi tan alto como él, tan solo lo superaba por
unos pocos centímetros, y su cuerpo atlético de torso amplio bastaba para
intimidar a cualquiera, sobre todo con esos andares tan rápidos y furibundos y
la mirada hostil de sus ojos aguamarina, enmarcados por los cortos mechones de
cabello rojo intenso.
Al mirarlo, apareció un brillo de reconocimiento a la
vez que un odio palpable.
—¿Sasuke Uchiha? —preguntó con una voz grave y
potente, llena de rabia contenida.
Él asintió, pero con el ceño fruncido.
—Sí. ¿Quién eres? —inquirió con cautela, intuyendo que
tal vez no quería saberlo.
Y hacía bien en ser cauteloso, porque el hombre se
quitó la capa que llevaba encima, tirándola al suelo antes de desenvainar su
espada y apuntarle con ella.
—Soy Gaara Sabaku, príncipe del Reino del Desierto. Te
reto a un duelo por la mano de Naruto Namikaze, príncipe heredero del Reino del
Fuego.
—¡¿QUÉEEEEEEEEEEE?! —gritaron todos los soldados,
olvidando por un instante su protocolo y llevándose las manos a la cabeza, Lee
incluido.
Sasuke, por otra parte, se había quedado igual de
sorprendido, pero no tardó en recomponerse y en hinchar el pecho en ademán
amenazador. ¿Quién coño se creía que era ese imbécil para reclamar a su
prometido?
—No sé por qué crees tener derecho a pelear por su
mano. El compromiso es oficial, por si no lo sabías.
Gaara arrugó la nariz con evidente desagrado.
—Es un compromiso forzado, sé que Naruto jamás se
casaría con alguien como tú.
Una vena empezó a latir en la sien de Sasuke. No, ese
no era el mejor día para cabrearlo; ya estaba bastante preocupado con el tema
de quitarle la virginidad a un creador como para que encima ese imbécil se
presentara en SU futura casa para reclamar a SU prometido.
Hizo amago de sacar la espada, pero Lee lo detuvo y se
interpuso entre ellos.
—Alteza, no. Gaara es un buen amigo de Naruto, él
odiaría verlos pelearse.
Eso jodió todavía más a Sasuke. Pese a que jamás lo
admitiría, ni siquiera a Lee, desde que se sintió atraído físicamente por
Naruto, había experimentado por primera vez en su vida algunas inseguridades
que nunca antes le habían supuesto ningún problema.
Para empezar, siempre se había sentido orgulloso de
seguir su propio camino, marcharse de su reino y navegar por todo el mundo en
busca de aventuras, no negaría que le gustaba presumir de ello y de la fama que
se había ganado por su cuenta, al margen de su propio apellido. Sin embargo,
Naruto había creído que era una falta de responsabilidad hacia su país y su
gente, por lo que Sasuke se había dado cuenta de que, si el creador hubiera
podido elegir libremente con quién casarse… jamás lo habría escogido a él.
Y eso dolía, más de lo que quería admitirse a sí
mismo.
El hecho de que, además, su prometido ni siquiera lo
considerara atractivo o hubiera pensado en él de un modo sexual, hacía que
aumentaran sus inseguridades. ¿Era lo bastante bueno para él? ¿Podría alguna
vez sentirse lo suficientemente digno? Mientras que él había estado en el mar
por su cuenta, Naruto había estado luchando sin descanso contra los consejeros
y procurando el bienestar de su pueblo, hasta había aceptado un matrimonio que
no deseaba en absoluto.
A diferencia de él, Naruto nunca había huido. Le había
plantado cara a los problemas con sus desafiantes ojos azules y les había
dicho: “cuidado con tocarme mucho los huevos porque os juro que os joderé
vivos”. Así era su prometido.
Así aspiraba a ser él, aunque no siempre creía que lo
lograría, pero seguía intentándolo.
Lo hacía para que Naruto no tuviera que estar casado
con un imbécil y un cobarde, quería demostrarle que estaba dispuesto a todo
para ser el buen rey que él creía que podía ser, como le había dicho una vez.
Así que lo último que necesitaba era tener a un “buen
amigo” de Naruto diciéndole que él jamás estaría a la altura. Un “buen amigo”
que, obviamente, quería algo más que amistad con el rubio.
Eso terminaba por cabrearlo, y mucho, pero, al mismo
tiempo, no quería disgustar a su prometido, por mucho que le jodiera ese
pelirrojo que creía que podía aparecer como si nada y reclamar algo que no le
pertenecía. De modo que apartó la mano de la espada y retrocedió un paso,
haciendo que Lee le sonriera con aprobación.
Reuniendo la poca paciencia que tenía, se enfrentó a
Gaara.
—Si tienes cualquier problema con el compromiso,
háblalo con la reina.
El pelirrojo lo miró con desprecio.
—Eres un cobarde.
Sasuke apretó los puños con fuerza. Sí, puede que para
algunas cosas lo fuera, pero, ¿para un combate? Ese no sabía lo que decía.
—Yo nunca huyo de un combate —replicó antes de sonreír
de lado con diversión—. Lo que ocurre es que no quieres hablar con la reina
porque te dirá que el compromiso ya está hecho.
Gaara estrechó un ojo de forma impulsiva, como si
fuera un tic. El Uchiha sonrió con malicia al darse cuenta de que había dado en
el clavo.
—¿Quién es el cobarde ahora?
—Tsunade hace lo que es mejor para el reino, y lo
respeto —dijo Gaara con seriedad, aunque no por ello dejó de lanzarle miradas
asesinas a Sasuke o de apuntarlo con la espada—, pero no es justo que Naruto
tenga que cargar contigo, se merece algo mejor. ¿Por qué no me lo dejas a mí?
Tú podrás volver al mar y follar con todo lo que se te ponga por delante y yo
cuidaré de Naruto. Lo amo.
Hubo algo en esa declaración que logró encenderlo, no
supo si era porque le había llamado putón descaradamente o por haberle dejado
claro sus sentimientos hacia su futuro esposo. No lo pensó demasiado, solo supo
que le hervía la sangre solo de pensar en ese gilipollas sobre el cuerpo
desnudo de Naruto.
Su mano fue hacia la empuñadura de su espada y la
apretó con fuerza, aunque todavía se resistía a desenvainarla. Odiaba a ese
imbécil, pero no quería que el rubio se enfadara con él por marcar sus botas en
su estúpido trasero.
—¿Y Naruto está de acuerdo? ¿Te has molestado siquiera
en preguntarle?
Gaara sonrió con suficiencia.
—No hace falta. Somos amigos desde hace mucho tiempo y
me quiere. Preferirá estar con alguien a quien conoce que con un extranjero que
solo lo joderá para tener hijos antes de buscar a una mujer.
Esa insinuación terminó de enfurecer a Sasuke.
—¿Crees que lo deshonraría de esa forma? Va a ser mi
esposo, ¡jamás mancillaría su honor!
—¡Tú no sabes lo que es eso! ¡Ni siquiera te importa
hacerle daño!
Ahí tocó una fibra muy sensible para Sasuke, que no lo
soportó más y desenvainó la espada, esquivando a Lee para lanzarse furiosamente
contra Gaara, que no dudó en responder al golpe.
Los soldados que había en el patio miraron nerviosos a
Lee, pues era el hombre de más alto rango. Este soltó una maldición; solo era
un capitán del ejército, no era nadie para ordenar, exigir o tratar de detener
a los príncipes, acabaría saliendo malparado.
Así que solo podía hacer una cosa. Les lanzó una
mirada significativa a los soldados para que tuvieran vigilados a Sasuke y
Gaara mientras él salía corriendo a toda pastilla a por la única persona que
sabía que podía pararlos.
Mientras tanto, ambos contrincantes luchaban
ferozmente entre ellos como si de una batalla a muerte se tratara. Gaara, que
desde la adolescencia había estado enamorado de su rubio amigo, había entrenado
un día tras otro a lo largo de los años para ser lo bastante fuerte como para
proteger a Naruto, queriendo demostrarle que sería un buen rey por él y que
daría su vida por la suya si era necesario, todo con tal de hacerle saber que
lo amaba y que haría lo que fuera por estar a su lado. De modo que tenía una táctica
de combate perfecta, con movimientos bien estudiados, sin desperdiciar uno solo
y, además, también contaba con la motivación suficiente como para pelear con
fuerza, negándose a la idea de perder al joven que había conquistado su
corazón.
Por otro lado, Sasuke era más mayor y tenía más
experiencia, no solo en los entrenamientos, sino en el campo de batalla real,
así que, si bien las técnicas que enseñaban a los jóvenes soldados eran
efectivas, el príncipe del Hielo había aprendido que no eran ni mucho menos
infalibles y, de hecho, había creado combinaciones propias entre su espada y
otras armas, o incluso con sus puños y patadas que, claramente, tomaron a Gaara
por sorpresa.
Sin embargo, tenía una desventaja: el príncipe del
Desierto venía preparado y fresco para el combate, mientras que él ya había
estado entrenando con Lee un par de horas y este le había reventado, por lo que
estaba más cansado y eso se notaba en su ritmo, lo cual aprovechó el pelirrojo
para ponerlo contra las cuerdas, aunque Sasuke a duras penas lograba quitárselo
de encima gracias a su creatividad y a que era capaz de reconocer los
movimientos que haría Gaara por la forma en que colocaba los pies y la espada.
Al final, lo que fue decisivo fue la motivación de
Sasuke. Gaara era fuerte y tenía sin lugar a dudas una buena técnica que había
perfeccionado con muchos años de entrenamiento, pero el Uchiha, aparte de su
intensivo aprendizaje bajo la severa mirada de su padre y su experiencia y
creatividad, estaba igualmente motivado y muy cabreado para luchar.
Era, simple y llanamente, ofensivo que hubiera
insinuado que a él le importaba un comino hacerle daño a Naruto. Podía llamarle
cobarde, putón y todo lo que quisiera, pero que no se atreviera a pensar que
sería capaz de causarle cualquier malestar a su prometido, fuera físico, mental
o emocional. Joder, sobre todo físico. Él podía haber actuado como un pirata o
un mercenario, ¡pero no era un puto animal!
Después de un montón de golpes en los que ambos
acabaron jadeando por el esfuerzo, Sasuke fingió que le fallaba una pierna para
acabar arrodillado en el suelo, momento que Gaara no dudó en aprovechar para
darle un golpe de gracia. Ahí cometió su error: tuvo que alzar la espada y
dejar desprotegido su flanco para coger impulso y fuerza, cosa que Sasuke
detectó de inmediato. Con el pie que tenía apoyado sobre el suelo, dio un
empujón suficiente para hacer rodar su rodilla sobre el suelo y encararse a su
contrincante al mismo tiempo que, como él, cogía impulso y fuerza, solo que él
logró, además, una velocidad que le permitió golpear con la espada el costado
del pelirrojo (no con el filo, pues no era su intención matarlo), haciendo que
se doblara por el dolor. Esos segundos de distracción le bastaron para
incorporarse y darle un fuerte mandoble al arma de su rival, lanzándola lejos,
antes de amenazarlo con su filo.
Sasuke había ganado el duelo. Los soldados lo
vitorearon, orgullosos de que su futuro rey hubiera vencido a pesar de sus
desventajas.
Este fulminó a Gaara con la mirada.
—He ganado. Naruto sigue siendo mío —dicho esto,
ignoró los ojos envenenados de su contrincante y se apartó de él, dándole la
espalda mientras se marchaba.
Eso fue un error.
El príncipe del Desierto no estaba dispuesto a
rendirse tan pronto, así que se abalanzó de nuevo contra Sasuke, a pesar de ir
desarmado. El otro hombre no lo vio llegar y, para cuando uno de los soldados le
avisó, ya era tarde. Al girarse, el puño de Gaara ya estaba en el aire, así que
solo pudo apartarse unos centímetros que tan solo evitaron que le diera de
lleno en la cara, en vez de eso, le golpeó directamente la oreja. Pero eso fue
aún peor, ya que había sido tan fuerte que lo dejó con el oído sangrando y
pitando, provocando que llevara instintivamente sus manos a la cabeza para
protegerse del punzante dolor, soltando su espada en el proceso.
Gaara no se detuvo, le dio un rodillazo en el estómago
que lo dejó por un momento sin aire y, sin querer darle tiempo para que se
recuperara, su adversario le dio un puñetazo tan fuerte en la cara que lo tiró
al suelo, haciendo que su cabeza rebotara contra el terreno pedregoso,
dejándolo aturdido por unos segundos. El pelirrojo aprovechó para ponerse a
horcajas sobre él para seguir golpeándolo en el rostro.
—No permitiré que arruines su vida —masculló,
levantando el puño.
Pero, de repente, una mano fuerte tiró de él y lo
apartó de Sasuke con brusquedad, echándolo de espaldas contra las frías piedras
del patio. Gaara se incorporó con un gemido y miró a quien le había
interrumpido. Su rostro se contrajo por la rabia.
—Esto es entre el Uchiha y yo. Apártate, Lee.
Este se mantuvo firme delante de Sasuke,
protegiéndolo.
—No recibo órdenes de ti.
—¿Acaso ya cumples las de ese tipo? Todavía no es tu
rey.
Las facciones del guerrero se endurecieron.
—No, pero cumplo las de los Namikaze, y el príncipe
exige que esto se detenga.
Al oír eso, Gaara se sobresaltó y miró directamente la
entrada al patio, por donde apareció el hermoso creador del que se había
enamorado corriendo.
Al pasar por el arco que precedía al amplio espacio de
entrenamiento, Naruto se paró en seco y dedicó un instante a estudiar la
situación: Gaara sentado en el suelo con varios golpes y la ropa desarreglada,
Lee interponiéndose en su camino, Sasuke tumbado con las manos sobre la cabeza
y una mueca de dolor.
Casi pudo sentir cómo la sangre huía de su rostro.
—¡Sasuke! —lo llamó antes de correr hacia él y
arrodillarse a su lado.
Pese a que su corazón latía desbocado al ver a su
prometido en ese estado, no dejó que sus emociones nublaran su juicio. Lee le
había dicho que se estaban batiendo en duelo por él, por lo que no podían
haberse hecho heridas graves, es más, no detectó ningún corte profundo ni
tampoco nada grave en el cuerpo de Sasuke. Sin embargo, se dio cuenta de que
tenía una fuerte contusión en la cabeza tras examinarlo un poco, y que también
estaba sufriendo a causa de la leve hemorragia que tenía en el oído.
Al ver que todos los soldados se estaban acercando a
él para ofrecer ayuda, apretó la mandíbula un instante y gritó:
—¡Todo el mundo atrás! —dicho esto, se giró un segundo
para mirar a Gaara, que se había incorporado y ahora se dirigía a él. La rabia
inundó cada recoveco de su cuerpo—. ¡Lee, vigílalo y que no se acerque!
El rostro del pelirrojo se volvió pálido e hizo amago
de avanzar.
—Naruto, yo…
De inmediato, Lee se interpuso entre él y su príncipe
con las facciones endurecidas.
—Quédate donde estás, Gaara.
Este le lanzó una mirada suplicante a Lee.
—Vamos, Lee, somos amigos desde hace tiempo, sabes que
yo no…
—Ya te lo he dicho antes, cumplo órdenes de los
Namikaze.
Mientras tanto, Naruto los ignoró y ayudó a Sasuke a
sentarse antes de dejar su cabeza contra su pecho para tener un lugar donde
apoyarse. Sus manos no abandonaban su cabeza.
—Sasuke, ¿cómo estás?
Este rechinó los dientes. Podía oír a Naruto, pero su
voz se escuchaba amortiguada y algo distorsionada.
—Mi oído… No deja de pitar…
El creador lo abrazó por el cuello con delicadeza y
puso los labios contra su oreja herida. Sasuke tuvo el impulso de apartarlo
para protegerse del dolor, pero Naruto lo detuvo con su suave voz.
—Tranquilo, no te haré daño, te lo prometo. —Hizo una
pausa para hundir una mano en su cabello, acariciando la zona que no tenía
herida por la contusión. Su tacto lo relajó casi al instante—. Sasuke, sé que
es difícil, pero necesito que apartes la mano de tu oreja.
Era cierto, el varón, en un acto instintivo, no quería
apartar la mano, pero entre la dulce voz de su prometido y sus tiernas
caricias, logró instalar una agradable sensación de calma y calidez en su pecho
que lo indujo a obedecer y retirar poco a poco sus dedos del oído.
Entonces, los labios de Naruto le rozaron la oreja,
provocándole un estremecimiento. Eran muy suaves, pese al dolor, deseó besarlos
y mordisquearlos.
—Shh… —susurró, dejándolo momentáneamente aturdido.
Poco a poco, el horrible pitido se fue apagando, de
hecho, Sasuke no pudo escuchar nada más, ni la discusión de Gaara y Lee, ni los
comentarios inquietos entre los soldados, ni el bullicio del palacio, ni los
relinchos de los caballos, ni siquiera el aleteo de las aves que había cerca.
Solo oía el suave siseo del rubio, que parecía estar induciéndolo en un estado
de completa calma, dejando su cuerpo laxo entre sus brazos, por lo que acabó
con el torso totalmente apoyado sobre él y los ojos cerrados, aunque todavía
estaba lejos de quedarse dormido.
Finalmente, Naruto se apartó un poco para mantenerlo
en sus brazos.
—Eso es. Mejor, ¿verdad?
Sasuke solo hizo un sonido de afirmación, ni siquiera
se molestó en asentir. El creador solo sonrió, aliviado por haber calmado su
dolor y, en parte, divertido porque nunca había visto a su futuro marido de esa
manera tan tranquila. Sin embargo, su sonrisa murió en cuanto reconoció la voz
del causante de todo ese lío.
—Naruto, dile a Lee que me deje pasar.
El Uchiha notó enseguida cómo todos los músculos de su
prometido se contraían a causa de la tensión. Podría haber intentado calmarlo,
pero apenas podía moverse a causa de lo que fuera que le hubiera hecho y,
además, una parte de él estaba encantada con que el rubio pareciera estar
furioso con Gaara.
El creador miró a los soldados y ordenó:
—Ayudadme a llevar al príncipe Sasuke a sus aposentos
—dicho esto, y mientras uno de sus hombres se acercaba, Naruto se volvió hacia
Lee—. Conduzca a su alteza hacia su habitación asignada.
Al escuchar eso, Gaara se sobresaltó un poco y miró al
rubio con cierta súplica.
—Espera, Naruto, tenemos que hablar.
Este bufó.
—Oh, y hablaremos, por eso no te preocupes. —Su tono
dejó muy claro que iban a tener una fuerte discusión por lo que había pasado—.
Pero en privado. Y después de que me haya asegurado de que mi prometido se
encuentra bien.
Sasuke no pudo contener una sonrisa, internamente
satisfecho y complacido de que Naruto prefiriera irse con él antes que arreglar
las cosas con el pelirrojo. Este se dio cuenta de ello y no pudo evitar
asesinarlo con la mirada. De acuerdo, era posible que se hubiera excedido un
poco con ese bastardo, ¡pero no podía permitir que el rubio acabara casado con
un canalla como él!
En el momento en el que había recibido la invitación
del anuncio de su compromiso, sintió que su mundo se desmoronaba. Había pasado
años entrenándose para poder pedirle formalmente la mano al que había sido
siempre su mejor amigo, sabía que dentro de poco cumpliría la mayoría de edad y
había esperado a ese momento para poder presentarse como un candidato fuerte,
había estado convencido de que tanto Tsunade como el propio Naruto habrían
aceptado, ya que se habían criado juntos y por la amistad que los había unido
durante tanto tiempo.
Por si eso no fuera poco, al ver con quién lo habían
forzado a casarse, fue poseído por una rabia visceral y una oleada de pánico.
Su hermoso y dulce creador no podía acabar con alguien como Sasuke Uchiha, un
hombre que había hecho lo que le había venido en gana y que además se había
tirado a cualquier cosa que pudiera moverse. Sabía también que era alguien frío
y distante, como todos los Uchiha, pero encima era un ser cruel y despiadado
que había vendido su brazo armado al mejor postor. ¡No tenía el menor sentido
de la moral o la responsabilidad! ¡No podía aspirar siquiera a dirigir un reino
a pesar de ser un príncipe!
Se dijo a sí mismo que no podía permitirlo, que tenía
que salvar a Naruto de la horrible vida que le esperaba al lado de alguien así.
Además, sería tan sencillo como convencerlo de cancelar su compromiso para
aceptar la vida que Gaara le ofrecía, con alguien a quien ya conocía, con quien
tenía confianza y que, sobre todo, lo amaba.
No, no podía dejar las cosas así. ¡Naruto tenía que
escucharlo!
Así que se zafó del brazo de Lee y caminó
resueltamente hacia el rubio, que estaba ayudando a Sasuke a incorporarse. Lo
cogió de un brazo, apartándolo de él con cierta brusquedad.
—¡Naruto, escúchame!
En el instante en el que el creador notó determinado
grado de hostilidad por la forma en la que le apretaba el brazo y le hablaba,
su lado más salvaje se apoderó de su mente y, sin poder controlarse, lanzó un
desgarrador rugido de advertencia que resonó en las paredes del patio, dejando
a todo el mundo paralizado, conteniendo la respiración, como si el menor
movimiento pudiera provocar algún tipo de masacre.
Gaara, que jamás había visto a su amigo de esa manera,
retrocedió, soltándolo y estremeciéndose al ver un extraño brillo rojizo en sus
ojos azules. ¿Qué era eso? Nunca había visto algo así.
Por otro lado, Sasuke, que intuía lo que estaba
pasando, despachó a los soldados de inmediato y ordenó con firmeza a Lee que
sacara a Gaara de allí. Sabía que Naruto no podía permitirse el lujo de que se
descubrieran sus poderes, menos aún en mitad del castillo, por eso necesitaba
que todo el mundo se fuera, para que no pudieran ver nada fuera de lo normal y,
aparte, esperaba que eso ayudara a su prometido a relajarse.
En cuanto todos se hubieron alejado lo suficiente,
Sasuke tomó entre sus manos el rostro de Naruto y lo obligó a mirarlo a los
ojos. Le preocupó un poco ver que, en esta ocasión, no era un simple fulgor
rojo lo que había en sus ojos, sino que sus irises estaban cambiando de color y
sus pupilas estrechándose.
—Eh, Naruto, tranquilo. Estoy bien, no ha sido para
tanto, el golpe en la cabeza me ha dejado aturdido y ya no me duele el oído.
Gracias a ti —añadió con una sonrisa—. Además, he estado mucho peor, esto no es
nada. Te lo prometo.
Tras unos segundos en los que Sasuke dudó de si había
logrado algo, poco a poco, el hermoso azul de los ojos de Naruto fue ganándole
terreno al rojo y sus pupilas volvieron a la normalidad, haciendo que Sasuke
suspirara de alivio.
—Eso es. Muy bien, Naruto.
Este soltó un resoplido, como si tratara de expulsar
así la ira que le quedaba.
—Lo siento —se disculpó.
Sasuke le acarició la mejilla y frunció el ceño,
preocupado.
—Tú no sueles enfadarte por algo así, no tan
fácilmente al menos. ¿Qué te ocurre?
Naruto sacudió la cabeza, mosqueado.
—Es… todo esto del compromiso, de hacerlo oficial. Me
tiene estresado y las cosas se van acumulando. Lo último que necesitaba era que
Gaara… —se calló de repente, apretando los labios con rabia.
El varón comprendió lo que quería decir. Era agobiante
saber que iban a tener a un montón de extranjeros a su alrededor que
mantendrían los ojos bien abiertos a todos y cada uno de sus movimientos,
evaluando su relación, su fuerza como pareja y futuros reyes del país. Por si
fuera poco, los consejeros también se habían puesto a revolotear en torno a
Naruto para recordarle los modales que debía presentar ante sus invitados… Por
no hablar de que habían sacado un tema delicado para el creador.
Los vestidos que debía ponerse.
Sasuke jamás había escuchado a su prometido tan
furioso, como una fiera sanguinaria a punto de despedazar a cualquier imbécil
que osara interponerse en su camino. Ese día, se juró a sí mismo no proponerle,
nunca, bajo ninguna circunstancia, que se pusiera un vestido, aunque solo fuera
para ver cómo le quedaba.
No quería morir por un poco de curiosidad.
Queriendo que se sintiera mejor, envolvió con cuidado
su cintura y lo animó a andar.
—Ey, no pasa nada. Vamos a un sitio tranquilo.
Naruto exigió que fueran a la habitación de Sasuke,
alegando que se había dado un buen golpe en la cabeza y que aún tenía que
tratar sus heridas. Al Uchiha no se le ocurrió contradecir a su explosivo
prometido, ya tenía bastante por hoy con todo lo que había ocurrido más el
estrés de aguantar lo que estaba por venir y, aparte, le gustaba un poco que
quisiera cuidar de él.
Una vez en el dormitorio, el rubio le ordenó que se
quitara la camiseta (cosa que Sasuke hizo con gusto, aunque no esperaba que
fuera a decírselo en ese contexto) y empezó a examinarlo minuciosamente.
Después de eso, Naruto se marchó un segundo a coger una pomada que tenía y le
preparó una toalla húmeda para el golpe de la cabeza.
No hablaron mientras el creador le trataba los golpes
y contusiones, más que nada porque este estaba concentrado en curarlo y él
intentaba no excitarse ante el contacto suave de su futuro esposo. Lo último
que quería era que notara su creciente erección y huyera de él, todo lo que
habían logrado avanzar en su relación se iría a la mierda solo porque él estaba
un poco cachondo en un momento inadecuado.
Así que, cuando vio que Naruto había terminado, se
recostó en la cama con la toalla húmeda alrededor de la cabeza, para que no le
doliera tanto la contusión, y le preguntó:
—Oye, sobre Gaara, ¿qué pasa con él?
Al ver que su prometido se tensaba, pensó que tal vez
no había hecho bien en intentar saciar su curiosidad.
—Lo siento, he sido indiscreto.
Naruto suspiró y negó con la cabeza.
—No te preocupes. Tú me hablaste de esa mujer y no
tenías por qué hacerlo —respondió mientras se sentaba a su lado en la cama.
Incapaz de contenerse al ver la tristeza en su rostro,
le acarició la zona baja de la espalda.
—Es distinto. Sakura entró en el Bosque Sagrado.
—Y Gaara te ha retado a un duelo cuando no tenía
ningún derecho a hacerlo. Además, esto es culpa mía.
Sasuke movió la cabeza a un lado y a otro y atrajo a
Naruto hacia él, obligándolo así a quedarse tumbado a su lado, solo que
apoyándose sobre sus codos.
—Nada de esto ha sido culpa tuya, ¿de acuerdo? Fue
ese… —Gracias a los dioses, se detuvo antes de poder soltar una palabra muy fea
referida a la pequeña polla de ese idiota—. Fue él quien vino a retarme. Tú no
hiciste nada.
El creador se miró las manos, todavía con una mirada
triste en los ojos.
—Hace mucho tiempo, el Reino del Desierto fue uno de
los que invadieron mi tierra para apoderarse de sus riquezas. La verdad es que
no los culpo, no sé si has estado alguna vez, pero allí apenas crece nada ni
tampoco hay mucha agua. —Sasuke asintió, haciéndole saber que le estaba
prestando atención, pero no interrumpió—. Cuando mi pueblo logró echarlos de
aquí, regresaron a su reino con lo poco que lograron salvar de su saqueo. Pero,
al poco tiempo, volvieron a quedarse sin agua ni víveres, su país empobreció y
el hambre los asoló. Buscaron ayuda en otros países, sin embargo, fueron
rechazados. El Reino del Desierto no tiene gran cosa que ofrecer aparte de
minas de hierro y poco más, nunca han sido poderosos a nivel económico, así que
todo el mundo creía que no merecía la pena malgastar sus recursos en ellos. Al
final, no tuvieron otro remedio que pedirnos ayuda a nosotros.
Sasuke abrió los ojos como platos, aunque eso no evitó
que apretara la mandíbula.
—¿Después de lo que os hicieron?
Naruto se encogió de hombros.
—Estaban desesperados, no tenían a nadie más a quien
recurrir. Si te sirve de consuelo, a ellos tampoco les hizo mucha gracia y no
dudaron en apresar a los emisarios que enviaron. Ni siquiera después de que les
explicaran la situación de su reino estaban muy seguros de si debían ayudarlos
o no. Por un lado, sentían compasión y comprendían por qué les hicieron tanto
daño hacía pocos años, pero, por otro, no podían simplemente olvidar las
oleadas de muertes que causaron, y todo lo que sacrificaron para poder echarlos
de sus tierras. Al final, decidieron ayudarlos, pero solo lo harían con una
garantía.
—¿Cuál?
—El Reino del Fuego es un país próspero, pero apenas
tenemos minas. Mis antepasados accedieron a darles los víveres que necesitaban
a cambio de hierro para hacer armas y armaduras, así como maestres que les
enseñaran a forjarlas. Aparte de eso, ellos mismos enviaron a agricultores que
fueran a instalar sistemas de cultivo adaptados a sus tierras, pero solo lo
harían si el rey, como muestra de buena fe, enviaba a sus hijos al Reino del
Fuego hasta que hubieran terminado y sus hombres regresaran sanos y salvos.
El Uchiha se quedó con la boca abierta.
—¿Hablas en serio? ¿Pidieron rehenes?
—No podían arriesgarse simplemente a darles lo que
querían sin más.
—¿Y el rey del Desierto aceptó?
—No tenía otro remedio, si no hacía algo, se quedaría
sin un reino que gobernar, así que entregó a sus cuatro hijos al Reino del
Fuego y envió su metal y a sus maestros. Mi país, por supuesto, cumplió su
palabra después de eso. Pasaron años hasta que por fin el país rival logró
recuperarse de su miseria y, para entonces, los príncipes rehenes eran casi
unos jóvenes adultos que se habían adaptado a nosotros y nos habían cogido
cariño. Cuando regresaron y el príncipe heredero ascendió al trono, firmó una alianza
con el Reino del Fuego y, en compensación por sus crímenes contra nosotros,
cada vez que uno de los príncipes alcanzaba la pubertad, se le enviaba a vivir
y estudiar durante unos años a nuestro país, como muestra de confianza y buena
voluntad. Desde entonces, ha sido algo así como una tradición.
Sasuke no tardó en ver por qué le estaba contando
aquello.
—Así que Gaara, en algún momento, convivió contigo.
—Naruto asintió, todavía con ese halo de tristeza a su alrededor—. Él se
enamoró de ti.
—Me lo confesó hace dos años, antes de volver a su
reino. Quería formalizar nuestra relación, así, cuando yo cumpliera la mayoría
de edad, me casaría con él.
El Uchiha observó con atención a su prometido,
cogiéndole del mentón para obligarlo a mirarlo. No tardó en adivinar el
desenlace de aquella historia, pero no comprendió el motivo.
—Tú lo rechazaste… ¿Pero por qué? En aquel entonces tu
abuela y tú ya estabais más que enfrentados con los consejeros, habría sido lo
mejor para ti.
Naruto apartó la mirada.
—Sí, habría sido lo más fácil para mí, pero
precisamente porque Gaara me ama, no podía casarme con él.
Sasuke frunció el ceño, hecho un lío.
—No… No lo entiendo. Os conocéis desde hace años y te
quiere, es más de lo que cualquiera en nuestra posición podría pedir.
—Yo también lo pensaba así durante un tiempo, hasta
que lo medité seriamente. Yo nunca había visto a Gaara como a algo más que un
amigo. No tenía sentimientos por él, pero él sí los tenía por mí, así que… Así
que supongo que él esperaba que, en algún momento, yo también me enamorara de
él. ¿Qué habría pasado cuando, tras estar casados durante años, yo siguiera
viéndolo únicamente como mi amigo? Habría hecho sufrir a Gaara, puede que
incluso habría despertado su resentimiento, su odio hacia mí tras darse cuenta
de que yo nunca lo querría como él lo hacía. ¿Tenemos que pasar el resto de
nuestras vidas cargando con eso? ¿Y cuando tuviéramos hijos, Sasuke? A ellos
también les habría afectado.
Este se quedó un tanto impactado por su explicación.
Una vez más, su prometido lo había impresionado con su sabia forma de pensar y
prevenir cosas a largo plazo, aunque había una cosa con la que no había
contado.
—¿Y no es posible que hubieras llegado a amarlo con el
tiempo?
Naruto esbozó una sonrisa amarga.
—Puede que sí, puede que no. Solo sé que, tras cinco
años viviendo juntos, él nunca me inspiró otra cosa que no fuera amistad. Vi
que era poco probable enamorarme, así que opté por no hacerle daño. Le pedí a
mi abuela que no tomara en cuenta a Gaara como pretendiente, que aceptaría a
cualquiera que ella creyera que fuera adecuado para mí.
—Y me tocó a mí —sonrió Sasuke.
Naruto le devolvió la sonrisa.
—Sí.
El Uchiha levantó la mano para acariciarle la mejilla,
aunque lo hizo con un poco de duda. Sin embargo, se sintió mejor al ver que su
prometido aceptaba su toque sin problemas.
—Lamento no ser la mejor opción para ti, Naruto.
Este frunció el ceño un momento, aunque luego le
dedicó una sonrisilla traviesa.
—Oh, vamos, no eres tan malo. Te sobra un barril de
arrogancia y tienes un ego que no sé cómo cabe en esta habitación, pero, aparte
de eso, eres bastante soportable.
Sasuke rio, reconociéndose abiertamente que le gustaba
que, a pesar de sus defectos, su prometido pareciera sentirse a gusto con él.
Prueba de ello era que aún no había retirado su mano de su rostro.
Eso le impulsó a decir algo que no era fácil para él,
pero necesitaba que Naruto lo supiera. Se la traía floja lo que el resto
pensara, pero quería estar seguro de que su amigo jamás dudara sobre él en eso.
—Puede que yo no te ame, pero… quiero que sepas… que
eres importante para mí.
La mirada del rubio se enterneció un poco.
—Y tú para mí, Sasuke —dicho esto, se inclinó para
darle un beso en la mejilla.
Sasuke no pudo evitar sonreír ante ese gesto. Puede
que no hubiera sido un beso en los labios, pero para él fue más que suficiente,
una pequeña victoria. Así que lo abrazó con un brazo por el cuello y lo atrajo
hacia su cuerpo para poder besarlo en la cabeza. Los mechones de su pelo
jugaron con su rostro, haciéndole cosquillas y tentándolo a hundir los dedos en
él, pero se contuvo. Sabía que era demasiado pronto para Naruto y, después de
la conversación que acababan de tener sobre Gaara, sabía que no era el momento
adecuado.
Poco a poco, se dijo a sí mismo, recordando los
consejos de Lee.
Entonces, Naruto volvió a apartarse un poco, lo
suficiente como para que Sasuke viera su mirada dubitativa. Ahora que lo
conocía mejor, pudo intuir rápidamente hacia dónde se dirigían sus
pensamientos.
—¿Vas a ir a hablar con Gaara?
—Debería hacerlo —suspiró el rubio. Sasuke lo vio con
tan pocas ganas de discutir otra vez que le dio un poco de pena.
—¿Pero quieres ir?
—… La verdad es que no.
Al escuchar eso, el Uchiha sonrió y, esta vez, fue más
atrevido al envolver ambos brazos alrededor de la cintura de Naruto para
pegarlo a su cuerpo, aunque este procuró evitar los lugares donde estaba más
golpeado.
—Pues no vayas.
—Pero…
—Ese tío aún estará caliente por lo que ha pasado y
tendrá ganas de pelea, confía en mí en eso. Tú ya estás bastante estresado
—dijo al mismo tiempo que empezaba a masajearle la nuca—, ya hablarás con él
cuando te sientas con fuerzas para afrontarlo. Hasta entonces, que se aguante y
se trague su rabia. Está en tu casa, así que no tiene derecho a reclamar
ninguna explicación.
Naruto vio la lógica en sus palabras y, además, tenía
razón. Entre que tenía que atender a los pocos invitados que ya había y tener
que aguantar, otra vez, el palabrerío de los consejeros, tenía los nervios a
flor de piel y no convenía hacerlo explotar, ya había visto lo que había
ocurrido cuando Gaara había intentado apartarlo de Sasuke a pesar de que había
dejado claro que no lo quería cerca por el momento.
Además, se había sentido un tanto decepcionado cuando
su amigo se había echado atrás al ver el fulgor rojo en sus ojos. Siempre creyó
que él más que nadie aceptaría esa parte de su naturaleza en el caso de que
decidiera contarle lo que era.
Pero no, el único que no había retrocedido había sido
Sasuke, hasta le había ayudado a calmarse, y eso que él tampoco sabía lo que
significaba que sus ojos cambiaran de color, la velada advertencia de lo que
estaba por venir si no lo dejaban en paz.
No, no tenía ganas de enfrentarse a Gaara. Prefería
quedarse con Sasuke hasta que se encontrara mejor. De modo que no opuso
resistencia cuando este lo abrazó contra su cálido y fuerte cuerpo, sino que se
apoyó en él procurando no hacerle daño.
—Está bien. ¿Te importa si me quedo un rato contigo?
Sasuke sonrió.
—Claro que no.
Y los dos se quedaron abrazados en silencio,
disfrutando de la mutua compañía y de unos minutos de calma antes de tener que
volver a enfrentarse al futuro anuncio oficial de su compromiso.
Por otro lado, en los pasillos del castillo, Mizuki se
paseaba meditabundo, analizando minuciosamente la escena que había contemplado
en el patio.
Tal y como esperaba, la llegada del príncipe Gaara
había supuesto una tormenta para Sasuke Uchiha. Evidentemente, esperar que lo
venciera en un duelo era mucho pedir, no es que un nuevo compromiso con el
Reino del Desierto fuera beneficioso para él pero, al menos, Gaara era más
fácil de manejar que Sasuke Uchiha, ya que lo conocía bien por los años que
había pasado en su país, lo que le habría permitido librarse de ese nuevo
matrimonio más fácilmente.
Sin embargo, por el momento eso no era posible, aunque
le seguía siendo útil por ahora. Estaba seguro de que, con un poco de su ayuda,
podría separar al creador del príncipe del Hielo y romper el vínculo que
parecía estar formándose entre ambos.
Además, aún tenía otra carta en la baraja, una
inesperada, pero que podía serle útil de todas maneras. Sin embargo, no estaba
lista para ser usada, por lo que esperaría a ver si podía utilizar a Gaara para
sus planes, además de otro trapo sucio para el Uchiha, antes de recurrir a
ella.
Esbozó una diminuta sonrisa de suficiencia. Si Naruto
creía que le venció aquella vez en el Bosque Sagrado, estaba muy equivocado.
Allí lo había pillado desprevenido, pero ahora sabía mucho más de lo que creía
y no dudaría en usar esos conocimientos en su contra para obtener lo que le
pertenecía.
Tarde o temprano, todo aquello que le prometió su
madre sería suyo.

Comentarios
Publicar un comentario