Capítulo 5. Empezar de nuevo
Mientras Naruto regresaba a casa, estaba hecho un
matojo de nervios; las emociones fluían en su interior como un remolino, buenas
y malas, mezcladas caóticamente entre sí. Por un lado, estaba feliz; durante
dos años, se había negado a acercarse a ningún varón, para él solo había habido
un hombre en su vida y seguía creyendo que así sería siempre… pero Sasuke había
llegado a Nome y le había recordado lo mucho que anhelaba tener a alguien a su
lado, alguien por quien no solo se sentía atraído físicamente, sino con el que
también conectaba a nivel emocional. Sasuke había sido comprensivo con él
respecto a Saki, lo cual le había aliviado profundamente, era consciente de que
no muchos hombres están dispuestos a aceptar la responsabilidad que conlleva un
niño, pero Naruto no habría cambiado a su hijo por nada del mundo y menos por
un hombre, sin importar quién fuese.
Por otra parte, estaba furioso. No con Sasuke, sino
con Fugaku Uchiha. Sus dedos se aferraron al volante con fuerza mientras le
rechinaban los dientes. ¿Cómo había podido ese bastardo aprovecharse de esa
forma de su propio hijo? ¿Cómo se atrevía a manipularlo para sus propios fines?
Se suponía que…
Sacudió la cabeza y redujo la velocidad para aparcar
el coche junto a su casa. Sin embargo, no salió de allí, no todavía. Saber lo
que había hecho Fugaku con Sasuke generó serias dudas en él. ¿Y si se había
equivocado? ¿Y si cometió un error al marcharse? Creía que había estado
haciendo lo correcto, era la única razón por la que se había ido de Japón pero,
tal vez…
Permaneció cinco minutos ahí sentado, tratando de
pensar qué era lo mejor. No es como si en el Jeep hubiera tomado una decisión
razonable, le habían podido las ganas de estar con Sasuke y había actuado de
forma impulsiva, prácticamente por puro egoísmo… a pesar de que era muy
consciente de que él también lo deseaba. Lo había visto en sus ojos negros y no
había podido contenerse. Aunque, siendo honestos, tampoco había querido
hacerlo.
Meditó un buen rato, tanto sobre sí mismo como sobre
Sasuke, y tomó una decisión. No sabía si era lo mejor para los dos, pero sí le
parecía lo más correcto y justo, de hecho, no sabía por qué no había hecho
precisamente eso desde el principio. Satisfecho consigo mismo, salió del coche
y entró en la casa, siendo recibido al instante por sus perros; Blue, Hige y
Toboe fueron los primeros en ir corriendo a saludarle moviendo la cola y
lamiendo sus manos, mientras que Kiba y Tsume se quedaron un poco más atrás. Al
llegar a ellos, los dos lo olfatearon, dejaron que les acariciara la cabeza y
después regresaron al salón, donde vio a Kurama sentado en el sofá.
El pelirrojo se giró para mirarlo con una amplia
sonrisa. Naruto no sabía (ni lo sabría ahora por el momento) que este le había
seguido para vigilar que sus planes fueran según lo previsto, por lo que le
preguntó con una perfecta naturalidad:
—¿Cómo ha ido?
Naruto le devolvió la sonrisa, sorprendiendo
gratamente a Kurama, y fue a abrazarlo. Pese a que el hombre no era la persona
más cariñosa del mundo, nunca dudaba a la hora de devolverle un gesto cariñoso
al doncel que protegía, por lo que envolvió sus brazos alrededor de su cintura
y dejó que el rubio reposara la cabeza en su pecho.
—Gracias, Kurama —le dijo.
Este levantó una ceja. Bueno, bueno, la cosa iba mucho
mejor de lo que esperaba.
—¿Por qué?
—Por convencerme de cenar con Sasuke.
El pelirrojo le revolvió con ternura algunos mechones
de pelo.
—Intuyo por eso que ha sido una velada muy agradable.
Me alegro por ti.
Naruto se separó y le dedicó una sonrisa de disculpa.
—Tenías razón, Kurama. Tendría que haberme dejado de
tonterías y darme una oportunidad.
Sus palabras le produjeron una gran satisfacción, no
porque el doncel reconociera que había estado en lo cierto (obviamente), sino
porque parecía que estuviera dispuesto a intentar tener una relación con
Sasuke. A decir verdad, no había esperado que ocurriera tan pronto, sabía lo
cabezota que podía ser Naruto, típico rasgo de los Uzumaki, pero se alegraba de
que fuera así. Cuanto más rápido avanzara su plan, mejor; antes conseguiría que
el rubio tuviera la vida que merecía y que la persona que le había hecho daño
pagara por todo.
Cómo iba a disfrutar cuando ese momento llegara.
—¿Eso quiere decir que quieres intentarlo? —preguntó,
solo para estar seguro de que había oído lo que quería oír.
Naruto asintió.
—Sí.
Esta vez, Kurama sonrió con orgullo.
—Así me gusta —dicho esto, dio una palmada,
entusiasmado porque las cosas fueran bien—. ¡Esto hay que celebrarlo! —Sin
esperar a que Naruto pudiera replicar, fue a la cocina y sacó una cerveza para
el rubio y whisky para él. Regresó sin pérdida de tiempo y empezó a servir las
bebidas—. Y dime, ¿habéis quedado en veros otra vez o no tienes nada planeado?
—Nos veremos mañana —respondió el doncel, cogiendo el
botellín de cerveza—. Le prometí que le daría un paseo en trineo y comeremos
juntos.
—No hay nada que excite tanto a un hombre como galopar
por el hielo sobre un trozo de hierro tirado por perros —se burló Kurama, a lo
que Naruto respondió mirándole con cara de pocos amigos.
—Yo no me lanzo como si nada.
—No te juzgaré si lo haces, llevas dos años sin sexo y
excusaría totalmente cualquier perversión que quieras hacer con él… Pero más
vale que no vuelvas con marcas —dijo esto muy serio, advirtiéndole de lo que
ocurriría con una mirada letal en sus ojos rojos.
Pese a que Naruto sabía que la amenaza no iba dirigida
a él, tuvo el impulso de retroceder. Sabía de lo que Kurama era capaz si
alguien le hacía daño y realmente compadecía al idiota que se atreviera a
cabrearlo.
—No te preocupes, si Sasuke es estilo Christian Grey,
le diré que sus huevos no están a salvo cerca de mí —probó a usar el humor para
borrar aquella inquietante mirada.
Lo logró. Los ojos del pelirrojo chispearon de
diversión y esbozó su característica sonrisa maliciosa.
—Cómo lo sabes —comentó antes de levantar su vaso—.
Por empezar de nuevo.
Naruto brindó y tomó un sorbo de cerveza. Poco
después, le contó por encima cómo había ido la cena con Sasuke, de las cosas
que hablaron y de su trabajo en Corporaciones Uchiha. Eso hizo que el rubio
frunciera el ceño.
—¿Por qué es Sasuke quien negocia contigo? —preguntó
con cierta cautela.
Kurama probablemente se había dado cuenta de su tono
de voz pero, por alguna razón, lo ignoró. Eso hizo que desconfiara todavía más
de él, además de su encogimiento de hombros.
—¿Has oído hablar de Fugaku Uchiha?
El doncel dudó un momento antes de responder:
—Sasuke me ha hablado un poco de él. No me ha gustado
lo que he oído.
—Yo sí lo conozco; reuniones sociales para
empresarios, conferencias en el sector de tecnología y esas cosas, y puedo
decirte con total y absoluta seguridad que no es la clase de persona con la que
quiero trabajar. Así que tuve que recurrir a uno de los jóvenes Uchiha.
—¿Y por qué no a Itachi? Es la mano derecha de Fugaku,
según lo que me ha dicho Sasuke.
—Precisamente por eso tiene muy poco tiempo para
invertirlo en mí.
Naruto puso los ojos en blanco.
—Te conozco, Kurama, y nunca te ha hecho falta más de
una reunión para saber con quién puedes trabajar y con quién no, así que, ¿de
qué va esto en realidad?
El pelirrojo le dedicó una escalofriante sonrisa.
—Todo a su debido tiempo, Naruto.
Un pensamiento horrible cruzó la mente de este y abrió
los ojos como platos.
—No estarás pensando en hundir Corporaciones Uchiha,
¿verdad?
Kurama resopló.
—Me ofende que creas que voy a tirar por la borda las
vidas de miles de personas por puro placer. Puedes estar tranquilo, digamos que
tengo intención de… —Se quedó callado un momento, como buscando la palabra
adecuada. Cuando lo hizo, curvó los labios hacia arriba en una expresión
maquiavélica— mejorarla. Sí, ese es el término.
Naruto lo miró confundido.
—Aunque decidas hacerte socio de los Uchiha, no veo
cómo piensas hacer eso. Un contrato con ellos solo te garantizaría un
porcentaje de los beneficios por usar tus aplicaciones en sus productos,
realmente no tendrías ningún control sobre Corporaciones Uchiha en sí… ¿No?
Kurama Kyubi siguió sonriendo como si nada… lo cual
asustaba un poco al rubio.
—Ah, Naruto, hay otras formas. Tú no perteneces al
mundo de las empresas y por eso no eres consciente de lo que las personas son
capaces de hacer por conseguir un buen trato.
Al día siguiente, sobre las doce de la mañana, Lee
esperaba con impaciencia en el aeropuerto a que cierto hombre apareciera por
una de las salidas de la terminal. Tenía muchas ganas de verlo, no solo a nivel
personal, sino que estaba ansioso por darle la buena noticia, que Naruto por
fin estaba interesado en alguien.
Tras un par de desilusiones al ver a varios hombres
pelirrojos, por fin encontró al que esperaba. Sin pensárselo dos veces, fue
corriendo hacia él y se le echó a los brazos.
—¡Gaara! ¡Bienvenido a casa!
El recién llegado sonrió levemente por la cálida
bienvenida de su pareja y le devolvió el abrazo, aunque no con tanta efusividad
como el doncel. Cualquiera que los hubiera visto en otra situación habría
dudado de que fueran pareja. Gaara y Lee, por su forma de ser, eran muy
formales el uno con el otro y la única muestra de cariño que se profesaban en
público eran los abrazos y algún que otro toque pero, aparte de eso, nada más.
De hecho, muchos se sorprendían cuando decían que estaban juntos y soltaban
algún comentario sobre lo que durarían, pero a Gaara no le importaba. Ni Lee ni
él eran de los que se besaban delante de otras personas, solo delante de sus
amigos y en ocasiones especiales. Ellos estaban bien así y nadie tenía derecho
a juzgar su relación, punto.
—Me alegro de haber vuelto —comentó sin soltar a Lee.
Gaara era un arqueólogo especializado en egiptología,
por lo que a veces tenía que ir al extranjero por trabajo. No es que lo odiara,
al contrario, le encantaba lo que hacía, pero pasar tanto tiempo lejos de Lee y
Naruto no le gustaba. Incluso pidió un traslado hace un par de meses para
trabajar en el Museo Egipcio Rosacruz, en California. No es que estuviera al
lado de Nome, pero sí estaría más cerca y le sería más fácil ver a Lee. Sin
embargo, el proceso era lento y tenía la impresión de que aún pasaría medio año
viajando de un lado a otro por trabajo.
—¿Cómo estás? ¿Qué tal la academia? —le preguntó Gaara
a su doncel mientras caminaban hacia el aparcamiento.
—Soy joven y estoy lleno de energía, así que me
encuentro de maravilla —respondió Lee con su habitual optimismo, haciendo
sonreír a Gaara—. La academia va bien, este año se han apuntado otra vez muchos
niños a las clases de artes marciales.
Lee tenía, junto a su padre, una academia que hacía
las veces de gimnasio, en el cual había un par de personas dando clase de todo
tipo de artes marciales, además de boxeo y lucha libre. Se había vuelto muy
popular en Nome y el doncel y su padre siempre estaban hasta arriba de trabajo,
razón por la que Lee no podía acompañarlo cuando se iba al extranjero.
—¿Qué hay de ti? ¿Hubo problemas en la excavación?
Gaara mantuvo el rostro impasible, aunque Lee,
conociéndolo como lo hacía, vio una diminuta arruga en el puente de su nariz,
signo de molestia.
—Los obreros parecen poco dispuestos a entender que su
maquinaria puede dañar material de gran valor histórico.
—Es decir, habéis discutido con ellos otra vez.
—Sí.
—¿Y quién ha ganado la disputa?
La arruga desapareció y el rostro del pelirrojo se
suavizó.
—Los arqueólogos, por supuesto.
—Teniéndote a ti, no me sorprende. Das miedo cuando te
enfadas.
Gaara levantó una ceja.
—A ti no te doy miedo.
—Claro que no, porque yo siempre estoy de tu parte.
Eso le hizo sonreír abiertamente. Fue una de las
razones por la que se enamoró de Lee, él nunca le temía, sin importar lo
enfadado que pudiera estar. Tal vez porque, si le levantaba la mano (cosa que
no haría nunca), el doncel podía mandarlo a volar fácilmente por los aires.
Su sonrisa desapareció al pensar en un doncel rubio
por el que sentía gran cariño.
—¿Qué hay de Naruto? ¿Cómo está?
Lee se detuvo en seco y lo cogió del brazo antes de
mirarlo con ojos brillantes. Gaara no supo cómo interpretar eso.
—Creo que por fin empieza a superarlo.
El corazón del varón se aligeró al oír eso. Naruto era
una de las personas más importantes de su vida y odiaba ver la tristeza que le
había estado acompañando durante dos años.
—¿De verdad?
—Eso pienso. Llegó un extranjero a Nome, un japonés
llamado Sasuke. Naruto se siente atraído por él.
Al oír eso, Gaara apretó ligeramente los labios y sus
facciones se tensaron. Lee puso los ojos en blanco.
—Deberías alegrarte por él.
—Lo estoy. Es un gran paso.
—Lo estarás cuando dejes de sentir esa necesidad que
tienen los hermanos mayores de asustar a cualquier varón que se acerque a un
doncel de su familia. No lo hagas, Gaara, ha pasado mucho tiempo desde lo de
Saki Senior y creo que esta es la oportunidad que estábamos esperando para que
Naruto pase página.
Gaara trató de relajarse. Sabía que Lee tenía razón y
en el fondo se alegraba sinceramente de que Naruto se sintiera atraído por otro
hombre, pero… Seguía sintiendo que era responsabilidad suya asegurarse de que
su primo estaba en buenas manos, a pesar de que sabía que era muy capaz de
cuidarse solo.
—Me comportaré —prometió. Lee asintió, conforme—.
¿Cuándo lo conoceré?
Su novio esbozó una misteriosa sonrisa.
—Pronto. Muy pronto.
Horas antes, Sasuke se había quedado pegado a las
sábanas. Entre haber bebido la noche anterior y que se acostó tarde, estaba
demasiado cansado como para tener ganas de moverse de la cama. Más dormido que
despierto, empezó a dar vueltas sobre el colchón, soñando con Naruto,
preguntándose incluso en ese estado qué había hecho para que se separaran si el
rubio ya sabía que Karin era su prometida…
Frunció el ceño mientras su mente divagaba…
No tenía ganas de levantarme. Permanecí tumbado en la
cama, disfrutando de la visión que me ofrecía el cuerpo desnudo de Naruto
mientras enredaba los dedos en sus revoltosos mechones. Desde que estábamos
juntos, me gustaba contemplarlo por las mañanas después de pasar la noche
haciendo el amor; se le veía satisfecho y tranquilo, feliz. Solía acariciar la
línea de su columna y descender hasta su firme y suave trasero, para después
animarlo a despertarse de una forma muy sugerente.
Pero hoy era distinto. Hoy era el día en que debía
romper con él, y quería retrasar ese momento tanto tiempo como me fuera
posible. Podría seguir mintiéndole, de hecho, me sentía tentado a hacerlo, tan
solo para poder seguir con él… pero no lo haría. Naruto acabaría descubriendo
tarde o temprano que tenía una prometida y eso le haría mucho daño. Lo último
que quería era que saliera herido… Algo que tendría que haber pensado con más
detenimiento antes de proponerle salir juntos. ¿Qué demonios había hecho? Había
estado tan desesperado por estar con alguien que realmente me quisiera por
quién soy y no por mi apellido o el dinero de mi familia que no había tenido en
cuenta los sentimientos de Naruto. Cerré los ojos con fuerza y aparté mi mano
de su pelo para convertirla en un puño. No había sido más que un egoísta.
—Mmm… ¿Sasuke?
Abrí los párpados para encontrarme con la mirada
somnolienta del rubio. Estaba adorable con ese brillo perezoso en sus ojos azul
cielo, me daban ganas de achucharlo y llenarlo de besos.
—Buenos días —le dije con una sonrisa que no me llegó
a los ojos. Esa iba a ser la última vez que lo vería despertar a mi lado. Mi
corazón se encogió al pensar en ello.
Sin embargo, y a pesar de mi esfuerzo, no logré
engañar a Naruto. Perceptivo como era, notó de inmediato que algo iba mal y
frunció el ceño.
—¿Qué es lo que ocurre? —me preguntó, acercándose más
a mí para acariciar mi rostro.
“Nada”, quise decir. Pero no podía, no podía
retrasarlo más y hacerle daño. Dos meses no era mucho tiempo para una relación,
¿verdad? No el suficiente como para que me quisiera… tanto como yo lo quería a
él.
Dejé de fingir que estaba bien y lo abracé con fuerza,
hundiendo el rostro en su pecho. No quería cortar con él, ni siquiera estaba
seguro de ser capaz de hacerlo, sentía que caería al vacío si lo hacía. Por fin
me había enamorado. Nunca pensé que llegaría a hacerlo, pero ahí estaba,
totalmente a merced de un doncel fuerte y decidido, travieso y pícaro, amable y
cariñoso. No podía soportar verlo triste o deprimido por lo que quiera que
fuera y me mataba por hacer que se sintiera mejor, y cada vez que me lanzaba
esa sonrisa sincera que tanto amaba, me sentía el hombre más feliz de la
tierra. Al fin el gélido corazón de Sasuke Uchiha había sido conquistado, y por
alguien a quien no podía tener. Era tan jodidamente irónico.
—Sasuke, me estoy asustado, ¿qué pasa? —me preguntó
Naruto, frotándome la espalda con sus suaves manos y envolviendo su cuerpo
alrededor del mío, como si tratara de protegerme de algo. Ese gesto hizo que me
sintiera aún peor por lo que estaba a punto de…
No. No podía hacerlo. No podía romper con él. Así que
él tendría que hacerlo conmigo, era la única manera y, al menos, tendrá la
satisfacción de pisotearme durante el proceso. He oído que las parejas se
pelean por quién ha roto con quién, siempre quiere ser uno el que ha roto con
el otro, como si eso pudiera mejorar las cosas. Al menos, Naruto podría decir
que fue él quien terminó conmigo y con toda la razón del mundo.
—Sasuke, di algo, lo que sea —me suplicó mi futuro
exnovio. El tono tenso de su voz hizo que me lanzara de cabeza, sin querer que
sufriera más por mi culpa.
—Estoy prometido.
En el momento en que esas palabras salieron de mi
boca, el cuerpo de Naruto se tensó, haciendo alarde sin pretenderlo de sus
fuertes músculos. Dejó de acariciarme y se quedó completamente quieto, sin
emitir ningún sonido.
Antes de que pudiera echarme atrás en un acto de
cobardía, se lo solté todo. Nunca le había hablado directamente de mi relación
con mi padre, pese a que sabía que Naruto se hacía una idea de por dónde iba la
cosa, pero esta vez le expliqué con detalle la práctica falta de atención con
la que Fugaku Uchiha me había tratado desde que tenía uso de razón. Siempre
centrado en su trabajo, mi padre solo había tenido tiempo de ocuparse de la
empresa y de su hijo prodigio, Itachi. Cuando yo nací, resulté no ser tan inteligente
ni tan brillante como él, por lo que Fugaku debió de considerar que no merecía
perder el tiempo conmigo. Yo hice todo lo posible por estar a la altura, por
ser el hijo que quería y que estuviera orgulloso de mí, y solo lo conseguí al
acceder a la universidad y empezar a estudiar dirección de empresas.
En un vano intento por ganarme su afecto, seguí con mi
carrera a pesar de que la odiaba y también accedí a comprometerme con Karin. Me
aseguré de hacerle entender a Naruto que yo no tenía el más mínimo interés en
ella, ni como mujer y ni siquiera como persona, que el compromiso fue idea de
mi padre y Orochimaru para poder hacer negocios entre ellos. Soy consciente de
que cometí un error al permitir que mi padre gobernara mi vida de esta manera
pero, al mismo tiempo… Al mismo tiempo, no quiero que me rechace, que me diga
que está decepcionado y que ojalá no hubiera tenido a un hijo como yo.
Naruto lo escuchó todo en silencio. No me atrevía a
mirarle a la cara, así que no estaba seguro de cuál era su reacción a todo,
pero me tranquilicé un poco cuando volvió a acariciarme la espalda, creo que
intentando tranquilizarme, ya que no dejaba de barbotear las palabras, incapaz
de detenerme una vez había empezado a desahogarme.
En cuanto lo solté todo, me sentí extrañamente a
gusto. No me había dado cuenta de lo mucho que necesitaba desahogarme con
alguien. Sin embargo, la sensación de alivio solo fue momentánea, ya que Naruto
me preguntó:
—Entonces… ¿nunca la has tocado?
Volví a tensarme, preparándome para el final de esto.
El doncel acababa de dejar de acariciarme, pero aún no se apartaba de mí.
—Jamás —respondí. Al menos, en eso no mentía.
Lo oí suspirar y, ahora sí, se apartó de mí. Cuando lo
miré a los ojos, no parecía estar enfadado o herido, al contrario, estaba
extrañamente calmado.
—Sasuke… Yo ya sabía que estabas prometido.
… ¿Qué? ¿Cómo? ¿Desde cuándo? Quería preguntarle todo
eso, pero estaba tan sorprendido que, a pesar de que abría la boca, parecía
incapaz de soltar ningún sonido.
Aun así, tampoco hizo falta; Naruto se movió de la
cama para coger algo que había en uno de los cajones de su mesita de noche.
Tras rebuscar un poco, cogió lo que parecía ser una revista y me miró con
cautela.
—Hace un par de semanas, oí a unas chicas de mi clase
para entrenamiento de perros hablando sobre ti y tu inminente boda. Les
pregunté y me dieron esto. —Me tendió una de esas horribles revistas que se
dedicaban a espiar la vida amorosa de gente famosa y vi, en la portada, a mi
familia junto a la de Orochimaru. Por supuesto, Karin y yo salíamos en ella.
Miré a Naruto, interrogante, sin comprenderlo todavía. Él suspiró—. Mi primer
instinto fue ir a buscarte y darte tal paliza que la única forma en la que llegarías
a tu boda sería en silla de ruedas.
Hice una mueca, pero no me atreví a culparlo, tenía
todo el derecho a estar enfadado. Además, debo agradecer que aún sigo de una
pieza.
—Pero sabía que eso no cambiaría nada y me fui a
correr para enfriarme —continuó—. Cuando dejé de insultarte en todos los
idiomas que se me ocurrieron, me puse a pensar en todo lo que había pasado
entre nosotros. —Frunció ligeramente el ceño—. No entendía por qué insististe
tanto en salir conmigo, por qué te tomaste tantas molestias. Si solo querías un
polvo, podías buscar a Karin o a cualquier otra, sé muy bien cómo te miran las
mujeres y los otros donceles y cómo los observas tú a ellos y nada tenía
sentido. Me puse a investigar —dicho esto, hizo una mueca—. No es que las
revistas de corazón sean muy fiables, pero la buena noticia es que hay un
montón de fotos y entrevistas. Sé que no dejaste que te hicieran preguntas
sobre tu futuro matrimonio y, a las pocas que respondiste por obligación,
fueron cortas y desganadas. En cuanto a las fotos… —Ladeé la cabeza al ver que
trataba de contener una sonrisa—. Lo siento, es que cuando posabas con Karin tu
cara era como la de alguien que acaba de descubrir que tiene una enfermedad
venérea.
Yo tampoco pude contener una pequeña sonrisa.
—El caso es que llegué a la conclusión de que no
estabas metido en ese compromiso por voluntad propia. Intuí que tenía que ver
con tu familia, sobre todo con tu padre, pero no sabía qué ocurría exactamente
—tras decir eso, me cogió la mano y me la estrechó—. Siento que estés así con
él.
Le dediqué una mirada agradecida, pero aún había algo
que no entendía.
—¿Por qué has seguido conmigo si lo sabías?
Naruto resopló, sin mirarme. Me sorprendí al ver que
sus mejillas estaban rojas.
—Porque estoy enamorado de ti, idiota —respondió,
dejándome con la boca abierta. ¿Naruto me quería? Me sentí repentinamente
aliviado y feliz, podría haberlo besado hasta quedarme sin aire de no ser
porque me dio la espalda—. Pensé en darte una oportunidad para que te
explicaras. Había un límite de tiempo. Si lo hubieras pasado sin decírmelo,
habría roto de inmediato contigo. Hace unos días empezaste a actuar raro,
estabas muy nervioso y parecías desesperado por pasar todo el tiempo que
pudieras conmigo. Supe que ya tenías una fecha para contármelo.
—¿Por qué no me dijiste nada? —le pregunté, un poco
molesto. Podría haberme ahorrado todo este maldito sufrimiento si me lo hubiera
dicho.
Al oírme, Naruto se giró rápido. Solo tuve tiempo de
ver sus mofletes hinchados, algo que hacía cuando se enfadaba, y me dio un
“suave” puñetazo en el hombro.
—¡Ay!
—Tú podrías haberme dicho que estabas prometido,
podrías habérmelo explicado todo. Considéralo una venganza por lo mal que lo
pasé cuando me enteré. Estuve cuatro horas creyendo que eras igual que Genji,
que para ti solo era un culo prieto que follar.
Palidecí al comprender el daño que le había hecho. Él
tenía razón, aquí el malo era yo, no tenía ningún derecho a exigirle que me
contara algo cuando yo le había ocultado expresamente que estaba prometido con
otra persona. Sintiéndome culpable, me acerqué y lo abracé, dejando que
escondiera su cabeza en mi pecho.
—Puede que te haya ocultado algunas cosas, pero jamás
te he mentido sobre lo que hay entre nosotros. Lo de los helados, la playa, esa
cena en tu casa, el viaje a Nara, este último mes… Todo era de verdad. No eres
solo mi amigo o mi amante, eres mi novio y te quiero, ¿me oyes? No quiero que
dudes nunca de eso. Te quiero, Naruto.
Noté que se estremecía, pero el beso que me dio en el
pecho me hizo saber que lo había entendido y que el sentimiento era
correspondido. Eso hizo que me sintiera mejor y seguimos así durante un rato,
tumbados en la cama y con el doncel acurrucado entre mis brazos. Ambos
estábamos perdidos en nuestros pensamientos; no sé qué pasaba por la cabeza de
mi rubio, pero en la mía había emociones contradictorias. Por un lado, estaba
feliz, Naruto me amaba y parecía querer estar conmigo a pesar de estar
prometido pero, por otro… El problema estaba ahí, en la palabra prometido.
No importaba realmente lo que sentíamos, tarde o temprano yo me casaría con
Karin y conocía lo suficiente a mi doncel como para saber que él no se
rebajaría a ser el querido de nadie, por mucho que me quisiera.
Lo estreché con un poco más de fuerza contra mí. Él me
amaba, pero eso no implicaba que no fuera a dejarme. No podría echárselo en
cara pero, aun así, la idea me aterraba.
—Te propongo algo —me dijo de repente.
Nos separamos para mirarnos. Los ojos azules de Naruto
tenían un brillo decidido.
—¿Qué?
—Necesito que seas totalmente sincero conmigo. No te
mataré después si me dices la verdad —añadió con una ligera nota de diversión.
Yo asentí con solemnidad.
—No te he mentido antes y no lo haré ahora —dicho
esto, esbocé una sonrisa torcida—. No he olvidado lo que haces con los
genitales de los hombres a los que odias y prefiero seguir gustándote.
Él rodó un momento los ojos, pero me dedicó una
sonrisa pícara antes de volver a ponerse serio, por lo que yo también relajé mi
expresión.
—¿Quieres casarte con Karin?
—No —respondí de inmediato.
—¿Quieres que sigamos juntos?
—Por favor. —Mi padre me mataría si se enteraba de que
le había suplicado a un doncel, mientras que mi hermano se reiría de mí por el
resto de mi existencia, pero ahora mismo no me importaba.
Naruto escudriñó mis ojos un segundo y luego asintió
para sí mismo.
—La boda es dentro de dos años, ¿verdad?
—Sí.
Él inspiró hondo y soltó el aire despacio. Se estaba
preparando para decir algo muy importante para él, por lo que le di mi entera
atención.
—Si queremos que esto funcione, tendrás que cancelar
el compromiso a lo largo de estos dos años. —Abrí la boca para preguntar, un
poco sorprendido de que accediera a que siguiéramos juntos, pero él me detuvo
con un gesto de la mano y me miró con dureza—. Pero te lo advierto ahora, si te
acuestas con ella o la tocas, olvídate de mí, no me importará que lo hagas por
tu padre o por cualquier otra cosa. Soy flexible porque entiendo tu situación y
no quiero joderte más de lo que ya estás, pero tengo un límite. No lo olvides.
Yo asentí y Naruto continuó, esta vez con un tono de
voz más suave.
—Mi padre murió en aquel accidente. Él no volverá a
estar orgulloso de mí. —Sentí un nudo en la garganta al ver sus ojos nublados
por el dolor—. Yo nunca permitiría que perdieras a tu familia por mí, Sasuke,
sé lo que se siente y jamás me perdonaría hacerte algo así. Por eso, si me
dejas, te ayudaré a cancelar ese compromiso. Solo necesitamos pensar en algo.
Lo atraje de nuevo a mis brazos y lo besé en la
frente. Habían pasado muchos años, pero era consciente de lo mucho que le había
costado a Naruto superar la pérdida de sus padres. El día en que tuvieron el
accidente, se dirigían a su primera actuación como solista en un piano,
chocaron mientras iban al conservatorio donde estudiaba su hijo. Las últimas
palabras que les había dedicado fue: “No lleguéis tarde”. Al saber que habían
muerto, se sintió responsable, pese a que él no estuvo presente en el
accidente, ni tenía ningún modo de adivinar que aquello ocurriría.
Ahora entendía mejor que no quisiera causar un
conflicto entre mi padre y yo. Pero, aunque se lo agradecía, conocía lo
bastante bien a Fugaku como para saber que aquello no podía terminar de forma
amistosa. Si conseguía cancelar el compromiso, y lo haría de una forma u otra,
mi padre me guardaría rencor. Si no fuera su hijo, incluso podría jurar que
hallaría el modo de vengarse, pero no creía que mi padre intentara hacerme
ningún mal.
—Eres una gran persona, Naruto —le dije, acariciando
su rostro—. No te merezco.
Naruto se apartó para mirarme con esa sonrisa pícara
que tanto adoraba.
—Claro que no, me has ocultado que estabas prometido y
mereces ser castigado.
Levanté una ceja, sabiendo que estaba tramando algo… y
no pude evitar que mi miembro se sacudiera al pensar en la posibilidad de que
quisiera usar el sexo para vengarse de mí.
—¿En qué has pensado exactamente? —pregunté con cierta
cautela.
Él se apartó y rebuscó algo en los cajones antes de
mostrármelo. Mi pene se alzó de inmediato y tragué saliva; nunca me habían
hecho algo así, pero la sola idea de que Naruto quisiera esposarme a la cama y
hacerme lo que le viniera en gana con mi cuerpo me puso tan duro que creé una
tienda de campaña con las sábanas.
Por supuesto, mi erección no pasó desapercibida para
mi ardiente rubio, que observó mi virilidad con satisfacción.
—Sasuke, esto es un castigo, se supone que no tiene
que gustarte —me dijo, haciendo tintinear las esposas.
Yo le sonreí ampliamente.
—Y te aseguro que no estoy nada contento con esto, ¿a
quién le gusta que le torturen sexualmente?
Naruto rio y apartó las sábanas para colocarse encima
de mí. En menos de un minuto, ya me tenía encadenado a la cama y estaba
totalmente expuesto a él. El doncel me lamió el labio inferior a la vez que su
mano acariciaba mi pene. Se me escapó un largo gemido que le hizo sonreír.
—Después de esto, me suplicarás que vuelva a hacerlo.
Quise decirle que un Uchiha nunca suplicaba… pero no
pude hacerlo. Sabía muy bien que, cuando Naruto terminara conmigo, estaría
deseando repetirlo. Además, lo amaba y haría cualquier cosa por él, lo que
fuera con tal de hacerle feliz. Y, aunque aún no estaba preparado para ello,
sabía que lo dejaría todo atrás para estar con él.
Sasuke abrió los ojos al darse cuenta de que estaba
recordando otra vez. De repente, todo el sueño y el cansancio se esfumaron.
Ahora comprendía un poco mejor por qué Naruto había seguido con él a pesar de
saber lo de Karin, pero eso seguía sin responder a por qué rompieron. ¿Qué fue
lo que hizo para que tomaran caminos distintos? ¿Acostarse con Karin u otra
persona? Lo dudaba mucho pero, entonces, ¿qué…?
De repente, se sentó de un salto y buscó
apresuradamente su móvil. Eran más de las diez, ¡llegaba tarde a la clase que
daba Naruto! Soltando una maldición, lanzó las sábanas a un lado y corrió a
vestirse, cogiendo lo primero que encontró en el armario y que fuera abrigado.
Una vez más o menos arreglado, bajó con rapidez las escaleras (no tenía
paciencia suficiente para esperar al ascensor) mientras consultaba la ubicación
que le había mandado Naruto al móvil. Estaba a las afueras de Nome, pero no muy
lejos, sino en unas pequeñas colinas, situadas curiosamente cerca del camino
que conducía a la casa del rubio.
Sin molestarse en desayunar, atravesó el recibidor
prácticamente corriendo y fue directo al coche que había alquilado nada más
llegar. Fue ahí donde Sakura lo vio e intuyó, con desagrado, que iba a ver al
doncel, pues Sasuke nunca había llegado tarde al trabajo y dudaba que se
hubiera retrasado para una reunión con el señor Kyubi. De modo que se apresuró en
coger el coche que había alquilado el día anterior para poder seguirlo y ver
qué hacían esos dos.
Veinte minutos después, ambos llegaron al lugar donde
Naruto daba clases, aunque Sasuke estaba demasiado preocupado para darse cuenta
del coche que le había seguido. No quería darle al doncel la impresión de que
no estaba interesado en él, mucho menos después de haber avanzado tanto la
noche anterior; tenía la sensación de que le estaba dando una oportunidad y no
quería desperdiciarla. Al aparcar, vio a un montón de gente reunida entorno a
algo, que supuso que sería Naruto y los niños a los que enseñaba. Y, en efecto,
al unirse al grupo de adultos, todos padres que habían traído a sus hijos, vio
al rubio dando indicaciones a sus alumnos en un tono de voz suave y calmado,
ayudándolos a subirse a los trineos sencillos y más bajos de los que había
visto en la ciudad, probablemente adaptados para los niños. Se le escapó una
sonrisa tierna al ver que incluso acompañaba a los más pequeños, procurando que
no se cayeran cuando los perros tiraban del vehículo y se hicieran daño.
—Pero mira quién está aquí.
Sasuke se sobresaltó y vio a Kiba acercándose a él en
compañía de Akamaru.
—Hola, Kiba —lo saludó.
Este le dedicó una sonrisa divertida.
—¿Qué? ¿El alcohol se te subió mucho a la cabeza?
Naruto me ha dicho que vendrías a su clase y nos hemos extrañado cuando no te
hemos visto.
Palideció un poco al saber eso.
—¿Está enfadado? No era mi intención quedarme dormido.
Kiba soltó una carcajada.
—Tranquilo, ha supuesto que estarías cansado por lo de
anoche. No está enfadado e incluso se ha sentido un poco culpable por decirte
que vinieras a su clase, lo hizo un poco sin pensar.
Sasuke hizo una mueca.
—No quiero que se sienta así. Era yo el que tenía
curiosidad por los perros de trineo.
El otro hombre le palmeó la espalda.
—No te preocupes, luego tendrás oportunidad de
intentar manejar a sus bestias —dijo a la vez que señalaba a los animales. A
Sasuke no le costó reconocer a Blue, pero no conocía a los otros cuatro perros:
el más pequeño era pelirrojo y tenía las patas largas y un poco delgadas, le
dio la impresión de que aún era un cachorro a pesar de que había alcanzado el
tamaño de un adulto; el de color castaño era tan grande como Blue, aunque
parecía ligeramente más robusto, tal vez porque seguramente era un macho, y le sorprendió
un poco ver que controlaba constantemente dónde estaba la hembra; los otros dos
eran más grandes que el resto, había uno de color gris con una cicatriz en el
pecho que le daba un aspecto duro y algo aterrador, mientras que el otro era un
hermoso ejemplar blanco como la nieve, que le recordó más a un lobo que a un
perro.
Aun así, todos le fascinaban y estaba impaciente por
interactuar con ellos.
—Por cierto —Kiba interrumpió sus pensamientos—, ¿cómo
te fue anoche con Naruto? —le preguntó, dándole codazos suaves en el brazo y
sonriendo con picardía.
Sasuke también sonrió, pero con más suavidad.
—Muy bien. Nos estuvimos conociendo mejor. —Podría
haber dicho también que se besaron, pero le parecía algo demasiado íntimo como
para compartirlo con un amigo de Naruto. No sabía si él querría dar esa clase
de información, así que lo mejor era caminar sobre seguro.
—Ya veo. Trabajo, familia, hobbies y esas cosas, ¿no?
—Sí.
Kiba dudó unos segundos antes de preguntar:
—¿Te habló de Saki?
—¿De su hijo? Sí, claro. —No pudo evitar sonreír
tiernamente al recordar la carita del bebé. Cualquier resentimiento que pudo
haber albergado la noche anterior por Naruto al saber que tenía un hijo de otro
hombre, había desaparecido por completo. No podía culparlo por seguir adelante
con su vida y, por supuesto, ese niño no era responsable de sus celos—. Es la
cosa más tierna que he visto nunca.
El otro hombre se le quedó mirando con la boca
abierta.
—Quieres… ¿Quieres decir que no te importa?
Sasuke frunció el ceño.
—¿El qué?
—Que Naruto tenga un hijo.
—No.
Kiba se le quedó mirando con suma seriedad.
—Si Naruto y tú llegarais a tener algo serio, ¿no te importaría
criar al hijo de otro hombre?
—No. —Entendía muy bien a lo que se refería Kiba, pero
él no era así. Hizo una pausa, buscando el modo de explicar por qué no
rechazaría al bebé del doncel—. Mi padre viene de una familia conservadora; es
el típico hombre de negocios, pero se esperaba de él que se casara y tuviera
hijos. Digamos que no es un padre modélico —resumió. Kiba asintió, escuchando
con atención y en silencio—. Tengo un hermano mayor, es brillante y muy
inteligente, el heredero perfecto que cumple todas sus expectativas. Mi padre
nunca me lo ha dicho directamente, pero tengo la sensación de que él no quería
tener más hijos después de Itachi.
El otro hombre lo miró con compasión.
—Mierda, Sasuke, lo siento mucho. Eso es jodido.
Este se encogió de hombros. Era algo a lo que le había
estado dando vueltas desde que había recuperado parte de sus recuerdos y era
también la conclusión más lógica a la que había llegado, teniendo en cuenta el
trato que le había dado Fugaku.
—Creo que me tuvo por mi madre. —Pensar en ella le
hizo sonreír un poco—. Ella fue educada en los valores antiguos; casarse, tener
hijos, ser una buena esposa, dedicarse a las tareas del hogar y eso. Pero sé
que Itachi y yo lo somos todo para ella y que se enfrentaría a mi padre por
nosotros sin dudarlo. —De hecho, lo hizo. Después de que su padre le presentara
a Karin como su supuesta prometida e Itachi la echara de casa, Mikoto Uchiha lo
mandó a su despacho y, aunque no pudo oír muy bien lo que decían, sí estaba
seguro de que hubo un montón de gritos, y que Fugaku (increíblemente) perdió la
pelea. Si había algo de lo que estaba seguro, incluso sin tener recuerdos, era
que su madre renunciaría incluso al hombre al que amaba por él y por Itachi.
Miró de nuevo a Kiba, esperando que lo entendiera—. No lo recuerdo mucho, pero
mi padre siempre fue distante conmigo, mientras que mi madre lo dio todo por
mí. Yo no quiero ser como él, jamás trataría con frialdad al hijo de Naruto,
menos aún sabiendo que Saki debe ser tan importante para él como yo lo soy para
mi madre.
El otro hombre lo miró de una forma extraña, con los
ojos brillantes, antes de soltar una maldición.
—Es una de las cosas más tristes que he oído.
Sasuke se encogió de hombros.
—Ahora ya no me importa, procuro mantenerme alejado de
mi padre. No quiero ser como él, y menos todavía con un niño tan pequeño.
Prefiero ser la clase de padre con el que siempre soñé para mí.
Al oír eso, Kiba le dio un apretón en el hombro y le
dijo:
—Eres un tío legal, Sasuke.
—Gracias.
Se quedaron un momento en silencio, mirando cómo los
niños reían mientras los perros tiraban de los trineos baja la mirada atenta y
vigilante de Naruto.
Finalmente, Kiba dijo:
—¿Sabes? Mi madre es japonesa, por eso mi nombre,
Kiba, pero mi padre es inuit, de uno de los pueblos de esta zona. Por él, se
instaló aquí y formó una familia, tuvo primero a mi hermana y luego a mí.
Cuando yo era pequeño, nos dejó y regresó con su pueblo.
Sasuke lo miró con tristeza.
—Lo siento.
Él se encogió de hombros.
—Nunca supe por qué lo hizo, mi madre no ha vuelto a
hablar de él. El caso es que los padres son una mierda, pero las madres lo dan
todo por los hijos.
—Muy cierto —asintió—. ¿Has vuelto a ver a tu padre?
—Oh, sí. Cuando cumplí la mayoría de edad me ofreció
irme con él a su pueblo.
—¿Y qué le dijiste?
Kiba sonrió y le enseñó el dedo medio. Sasuke esbozó
una sonrisa torcida.
—Buena respuesta.
—Lo sé. Después le he visto de vez en cuando… pero no
intercambiamos más de dos palabras. Mi hermana es más amable, por eso de que,
al fin y al cabo, es nuestro padre, pero si te soy sincero, para mí no forma
parte de la familia.
Sasuke asintió y pensó en el hombre con quien Naruto
había tenido a Saki. No quiso preguntarle mucho anoche acerca de él ya que
parecía dolido por su muerte y lo último que quería era hacerle daño, pero
sentía un poco de curiosidad.
—Oye, Kiba —lo llamó, haciendo que este lo mirara—.
¿Cómo era el padre de Saki? Si puedes contármelo —añadió rápidamente.
El hombre frunció el ceño.
—No lo conocí. Cuando Naruto llegó a Nome, ya había
fallecido y él estaba embarazado de Saki. Lo único que sé que es murió en un
accidente, pero nunca ha querido contarle a nadie más sobre él, ni siquiera a
Kurama. De hecho, no sé ni su nombre.
—¿En serio? —preguntó Sasuke, un poco dolido. Odiaba
la idea de que Naruto hubiera sufrido por él hasta el punto de no querer hablar
de la vida que tuvo a su lado.
—Sí, todos le llamamos Saki Senior, por nombrarlo de
algún modo —respondió Kiba, encogiéndose de hombros. En ese momento, Akamaru
empezó a ladrar, llamando la atención de su dueño y de Sasuke. El primero se
tensó un poco, sabiendo perfectamente lo que le ocurría a su perro, pero se
relajó casi al instante y le sonrió a Sasuke—. ¡Es verdad! Tengo que ir a hacer
una cosa. Nos vemos más tarde, Sasuke, disfruta de tu cita con Naruto.
El varón le dio las gracias, un poco extrañado por la
actitud de Akamaru, que parecía querer guiar a Kiba a alguna parte, pero lo
dejó estar, confiando en que su dueño lo conocía lo suficiente como para saber
lo que ocurría.
En realidad, Akamaru era un perro inteligente y muy
bien entrenado, por lo que a Kiba no le había resultado difícil hacerle saber
que quería ser avisado si detectaba el olor de cierta entrometida que quería
arruinar sus planes de emparejar a su amigo rubio con un hombre que, al fin,
parecía gustarle. De modo que ahora se dirigía a sabotear a la pija pomposa…
Por otro lado, la clase de Naruto terminó sin
percances; este se despidió de los niños y habló un momento con los padres,
pues muchos estaban pensando en conseguir un perro para el trineo de sus hijos
y querían pedirle consejo al doncel. El joven profesor les aconsejó brevemente
con sus animales al lado, a veces señalando a uno u otro, y después los padres
se marcharon. Una vez solos, Naruto lo vio y le dedicó una sonrisa divertida
mientras iba hacia él.
—¿Alguien se ha quedado dormido?
Sasuke no pudo evitar sonrojarse un poco.
—Lo siento.
Él soltó una risilla y se paró delante de él, a
escasos centímetros.
—La culpa fue mía por citarte tan temprano. Perdona.
El varón negó con la cabeza y, en un acto reflejo, le
acarició la mejilla.
—No importa. —Al ver que lo estaba tocando sin
permiso, aunque fuera con los guantes (para su disgusto), retiró la mano con
rapidez, maldiciéndose mentalmente por ser incapaz de controlarse—. Lo siento.
Sin embargo, Naruto sonrió y, una vez más, lo
sorprendió dándole un beso. Fue suave y más rápido de lo que le habría gustado,
como un cariñoso saludo.
—No pasa nada —dicho esto, le cogió la mano con
confianza y lo llevó junto a sus perros—. ¿Quieres que te presente a mi equipo?
Sasuke asintió entusiasmado y se dejó guiar sin soltar
los dedos del doncel. Al menos, hasta que Blue lo reconoció y corrió a
saludarlo y a darle lametones por toda la cara. Él rio y le revolvió el pelaje
antes de que el rubio le mostrara al resto.
—Este es Toboe —le dijo, acariciando al perro
pelirrojo—. Es el más pequeño de la manada, me lo dieron hace unos nueve meses,
es prácticamente un cachorro pero ya tiene fuerza necesaria para ir en trineo.
—Luego, llamó al de pelaje castaño—. Y este es Hige. Es bastante tranquilo,
pero un poco travieso cuando le quitas la vista de encima. Hizo muy buenas
migas con Blue y tengo planeado emparejarlo con ella el año que viene.
Sasuke levantó las cejas.
—¿Vas a dejar que tengan cachorros?
—Sí. Quiero dedicarme a criar razas de perros de
trineo, están muy solicitadas aquí y Hige y Blue son perfectos para una
progenie de cachorros de husky siberiano. Además, los padres suelen preguntarme
dónde conseguirlos y dentro de poco se los podré vender yo mismo.
Visto así, era un buen negocio. Desde luego, Naruto no
podría vender los cachorros a profesionales del deporte pero, al menos, en Nome
haría algo de dinero y si, además, le gustaba dedicarse a eso, era perfecto.
El doncel señaló al perro gris, que se acercó con la
cola un poco erizada y observando al hombre moreno con desconfianza.
—Este de aquí es Tsume. No te acerques ni lo toques
hasta que tenga cierta confianza contigo. Es el más mayor, viene de otro hogar;
su dueño lo maltrataba por lo que me dijo Kiba, que fue quien lo recogió y me
lo dio a mí para que cuidara de él. Fue difícil ganármelo, pero al final lo
conseguí. Es más arisco y desconfiado que los otros, pero es un gran compañero
cuando te acepta. —Finalmente, se acercó al perro blanco—. Y este es Kiba, el
macho alfa.
Sasuke no pudo evitar sonreír con diversión.
—¿Kiba?
—También fue Kiba quien me lo dio, antes que a Tsume,
me pareció adecuado ponerle su nombre. Yo acababa de llegar a Nome y Kiba
tendría unos cinco meses, aún era un cachorro. Mi amigo confesó que creía que
tenía rasgos de lobo; no sé si es verdad o no, pero admito que resultó difícil
educarlo, era muy cabezota y su instinto para cazar es más fuerte que en los
demás. Sin embargo, es muy leal. Él es el que manda cuando yo o Kurama no
estamos en casa.
—Pensaba que sería Blue la que mandaría —confesó
Sasuke. Después de todo, Blue era la primera perra de Naruto.
Este movió la cabeza a un lado y a otro.
—No, ella es la mediadora. Los machos a veces tienen
problemas por dominación, sobre todo entre Tsume y Kiba, que son los más
dominantes. Blue se encarga de evitar que haya una confrontación física, es la
más importante de la manada, pese a no ser el alfa.
—¿Qué hay de Hige y Toboe?
—Hige es más sumiso, no tengo que preocuparme de que
él vaya a lanzarse sobre los demás, y Toboe es un cachorro aún, solo piensa en
jugar. Es pronto para saber si será dominante o no —dicho esto, le sonrió—.
Bueno, ¿listo para aprender?
Sasuke lo miró con los ojos como platos.
—¿Quieres que me suba al trineo?
—Y que los dirijas.
—¿Cómo voy a hacerlo si no sé nada?
Naruto puso los brazos en jarras y resopló con
diversión.
—Si no te subes al trineo, no aprenderás. Espero que
hayas traído ropa muy abrigada, para cuando caigas en la nieve —añadió mientras
llevaba a los perros a su propio trineo para atarlos.
Sasuke lo miró con cara de pocos amigos.
—¿Qué quiere decir eso de cuando me caiga?
No le costó mucho averiguarlo. Durante la hora
siguiente, Naruto le estuvo enseñando las órdenes básicas para poner a los
perros en marcha; la buena noticia es que el arranque lo llevó bien, aunque fue
un poco brusco logró mantenerse en pie. La mala, los giros lo pillaron por
sorpresa y acabó, tal y como había predicho el doncel, en la nieve, lo cual
provocó sus carcajadas.
Pero, con la terquedad propia que caracteriza a los
Uchiha, se levantaba y volvía a intentarlo, tratando de seguir los consejos de
Naruto para no caer… que no logró dominar en más de una ocasión, acabando con
dolor de espalda. El rubio se divirtió de lo lindo, eso sin duda, sin embargo,
para compensarle sus heridas de guerra, como las había llamado él con burla, le
compró una pomada que le vendría bien para el dolor muscular.
Después de eso, fueron juntos a comer en un bar, donde
siguieron conociéndose un poco, aunque esta vez fue el turno de Sasuke. Le
habló sobre el accidente aunque, a decir verdad, ni siquiera recordaba el coche
que se estrelló contra el suyo ni tampoco nada más hasta que despertó en una
camilla del hospital (procuró no hablar de los recuerdos que había recuperado
sobre Naruto y él, pues no creía que fuera el momento adecuado para eso, no
ahora que parecía que empezaban a salir juntos), así como le explicó que su
madre e Itachi le ayudaron durante todo el proceso de recuperación. Sí que le
dijo que se dio cuenta en su momento de que le gustaba tocar el piano y los
perros y que, recientemente, había descubierto que le encantaba la historia y
la arquitectura. Ante esto último, Naruto le preguntó que por qué no hacía
algún curso sobre una de esas cosas, algo que dejó a Sasuke pensativo. ¿Y si
esa era su vocación? La idea de estudiar la historia de Japón no le causaba
rechazo, al contrario, incluso le entusiasmaba. Podría incluso dejar su trabajo
en la empresa de su padre para dedicarse a investigar sobre algún período
concreto, puede que incluso tuviera la oportunidad de aprender más sobre la
figura de los ninjas y su relevancia en determinados hechos históricos.
Cuando los dos terminaron de comer, Naruto lo llevó a
conocer la ciudad, pasando antes por la clínica veterinaria de Kiba para dejar
allí su trineo, aunque Blue y los otros perros los acompañaron en su paseo,
caminando sueltos. La gente de Nome, totalmente acostumbrada a los animales, ni
se inmutaron al verlos andando libremente, siendo Toboe el que se adelantaba de
vez en cuando con afán juguetón, provocando a Hige o a Blue para que jugaran
con él, mientras que Kiba y Tsume mantuvieron cierta distancia con la pareja,
ya que aún no confiaban en el varón, pero se mantuvieron cerca por si el doncel
necesitaba de su protección. Por el camino, muchos se pararon a saludar a
Naruto y solían dirigirle una mirada sorprendida a Sasuke, pues era extraño ver
al rubio saliendo con alguien, aunque otros no dudaron en contemplarlo con ojos
pícaros y lanzarle indirectas que, en más de una ocasión, hicieron sonrojar a
Naruto.
También pasaron por la armería para saludar a Tenten.
La caza era otro deporte habitual para los ciudadanos de Nome, de la cual no
solo obtenían comida, sino también pieles. A Sasuke le sorprendió descubrir que
hasta Naruto sabía usar el rifle, aunque lo encontró lógico después de que este
le explicara que, como vivía en las afueras de la ciudad y cerca del bosque,
era relativamente frecuente que se acercaran animales salvajes como lobos u
osos, por lo que debía estar preparado para enfrentarse a ellos, pese a que
prefería ahuyentarlos antes que matarlos, pues la idea de matar a otro ser vivo
no le gustaba demasiado.
Su última parada fue la academia de Lee, aunque no
entraron en ella. Naruto le comentó que era el lugar donde entrenaba con el
otro doncel.
—¿Lee es bueno? —le preguntó Sasuke.
El rubio lo miró con los ojos muy abiertos.
—Lee es brutal con las artes marciales, no conozco a
nadie mejor que él… Bueno, excepto su padre y Kurama, claro.
—¡¿Kurama?! —exclamó el varón. No le había pasado
desapercibida la figura atlética del pelirrojo pero, al ser director de una
empresa, creía que no tenía tiempo suficiente como para entrenar tan duro como
para vencer a un especialista.
Naruto asintió e hizo una mueca.
—No estoy muy seguro de cómo aprendió, pero es
increíble verlo pelear. Cuando menos te lo esperas, estás tumbado en el suelo
tratando de averiguar cómo diablos te ha derribado. Lee nunca le ha ganado,
pero al menos su padre le da más guerra.
Sasuke resopló.
—Recuérdame que no le cabree.
—Creo que le caes bien, lo único que tienes que hacer
es procurar que eso siga así.
Por su bien, esperaba que sí.
—¡Eh, Naruto!
En ese momento, vieron a Lee y su padre Gai saliendo
del recinto y cerrando las puertas. El hombre mayor lo saludó con su habitual
alegría antes de echarle un vistazo a Sasuke y dar su aprobación mostrándole su
pulgar hacia arriba y su famosa sonrisa brillante.
Lee se despidió de él y luego fue corriendo hacia la
pareja hasta detenerse frente a ellos. A Naruto le costó poco saber que estaba
pasando algo cuando vio que sus ojos derrochaban emoción. Sin embargo, Lee,
siempre correcto y educado, le dedicó primero una inclinación de cabeza a
Sasuke.
—Sasuke, es agradable verte.
—Lee —saludó el hombre igualmente.
Después de eso, el doncel volvió a ser el joven
enérgico de siempre, enganchándose del brazo de Naruto, a quien ya no le
sorprendía su actitud.
—¡Kiba, Tenten y yo iremos a bailar esta noche!
¡Venteeeeeeee! —esto último lo dijo con un ligero tono lastimero que cesó
cuando miró a Sasuke—. Tú también estás invitado, Sasuke.
—Gracias, Lee.
Naruto casi podía ver cómo salían estrellitas de los
ojos de su amigo, como si fuera un personaje salido de un manga. Sin embargo,
estas desaparecieron cuando sus enormes ojos se posaron en él, con una mirada
que prácticamente lo obligaba a ir adonde él quisiera.
Suspiró.
—Iré…
—¡Genial! —Una vez obtenido lo que quería, Lee se
despidió alegremente de ellos y se marchó corriendo a casa, alegando que
formaba parte de su entrenamiento. Naruto no estaba seguro de cuándo ese chico
no estaba haciendo algo que no fuera entrenar, tenía la manía de autoimponerse
retos en cualquier situación y lugar…
—Tu amigo es… —empezó Sasuke, sin saber muy bien cómo
definirlo. La noche anterior ya había tenido la ocasión de comprobar que era
una persona un tanto peculiar, pero había bebido y tampoco le había prestado
demasiada atención.
—Hiperactivo y muy especial —terminó Naruto por él
antes de sonreír—. Pero también es la personificación del optimismo. —Hizo una
pausa y se revolvió, un poco incómodo—. Tras… perder al padre de Saki, yo lo
pasé bastante mal, y encima estaba embarazado. Es verdad que Kurama y mi
familia me ayudaron lo mejor que pudieron, pero fue Lee quien me sacó adelante.
—Esbozó una sonrisa—. Es imposible no reírse con él.
Sasuke le cogió la mano y le dio un apretón, a lo que
Naruto respondió apoyándose en su hombro.
—Lo siento, no debería haber hablado de él.
Le acarició los mechones rubios y le plantó un beso en
la cabeza.
—No te disculpes por eso, Naruto. Formaba una parte
importante de tu vida, lo acepto y lo respeto. —“Solo quiero que me dejes tener
un lugar a mí también”, añadió en su fuero interno. Era demasiado pronto para
decírselo pero, en algún momento, se lo haría saber. Para Sasuke, lo que había
entre ellos no era algo de un par de meses, quería compartir su vida con
Naruto, solo tenía que darle una oportunidad para que viera que podía ser una
buena pareja y, eventualmente, un buen padre para Saki. Como le había dicho a
Kiba, no tenía intención de excluirlo de su vida, él no era como Fugaku y lo
amaría como si fuera sangre de su sangre.
Naruto lo miró con una sonrisa y le devolvió el beso,
rozando sus labios brevemente.
—Eres una buena persona, Sasuke.
Él se encogió de hombros, sin darle demasiada
importancia, y le preguntó si, ya que iban a ir a bailar más tarde, terminaban
de pasar el resto del día juntos y cenaban en algún sitio antes de reunirse con
los demás. Naruto accedió, aparentemente contento por poder estar más tiempo
con él.
Horas más tarde, los primeros en reunirse delante del
local donde había quedado el grupo para bailar fueron Tenten, Lee y Gaara. Lo
de quedar había sido una excusa para poder ver a Gaara y darle una sorpresa a
Naruto sobre su regreso, además de que todos sabían que no habría traído a
Sasuke, bien porque este podía ser un poco sobreprotector o para evitar que se
hiciera ilusiones sobre su posible relación con el varón. El pelirrojo aún se
debatía consigo mismo; por un lado, estaba contento de que Naruto saliera con
otro hombre, pero, por otro, no lo conocía y era muy consciente del atractivo
de su primo, lo último que quería era que se aprovechara de él.
El siguiente en llegar fue Kiba, que parecía muy
contento mientras se unía a ellos.
—¿Qué has hecho? —le preguntó Tenten sin tapujos.
Este le dedicó una resplandeciente sonrisa.
—Resulta que la pija pomposa estaba esta mañana en la
clase de Naruto…
—¿Pija pomposa? —interrogó Gaara, frunciendo el ceño.
Lee procedió a explicarle con evidente indignación
cómo Sakura, una compañera del trabajo de Sasuke y muy interesada en él, no
dejaba de acosarlo a él y, recientemente, a Naruto, además de contarle sus
temores de que intentara separarlos de algún modo. Si bien Gaara no acababa de
estar de acuerdo con que su grupo de amigos hubiera trazado alguna especie de
plan para que su primo saliera con un desconocido, tampoco le hizo mucha gracia
que una mujer lo estuviera acosando.
—¿Y dices que esta mañana también estaba allí?
Kiba asintió.
—Akamaru me avisó y me encargué de que no pudiera
seguirnos durante el resto del día.
—¿Cómo? —le preguntó Tenten.
El hombre se sacó unas llaves de coche de su bolsillo
y las hizo tintinear. Lee y Tenten se quedaron con la boca abierta, mientras
que Gaara tenía las cejas ligeramente fruncidas, su expresión impasible apenas
cambiaba excepto por esos pequeños matices.
—¿Le has robado las llaves del coche?
—Mmm… Bueno… Ella se ha dejado el coche abierto con
las llaves dentro… así que tampoco debía importarle mucho.
Tenten parpadeó.
—Hay veinte minutos en coche desde Nome hasta el lugar
donde Naruto da clases, habrá tenido que llamar a una grúa para que la traiga
de vuelta…
—Y las grúas tardan como una hora o más en llegar
—añadió Gaara.
Kiba asintió con una sonrisa maliciosa.
—Tiempo de sobra para perder a nuestros tortolitos de
vista.
Lee soltó una carcajada.
—¡Muy buena, Kiba! —le felicitó, chocando los cinco
con él.
Tenten y Gaara pusieron los ojos en blanco, pero no
dijeron nada más al respecto. Por otra parte, la mujer no dejaba de buscar a la
pareja por todas partes.
—Hablando de ellos, ¿dónde están?
—Han venido esta tarde a la clínica a dejar a los
perros mientras iban a cenar —comentó Kiba—. No creo que tarden mucho.
Dicho y hecho, Sasuke y Naruto aparecieron por una
esquina cogidos de la mano. Este último frunció el ceño, mirando al pelirrojo
con extrañeza hasta que lo reconoció. Sonrió y fue corriendo hacia él para
darle un abrazo.
—¡Gaara! —gritó, contento.
Este envolvió sus brazos alrededor de su primo y lo
estrechó con fuerza. Naruto era, más que su primo, como un hermano para él y,
durante estos últimos dos años, su mayor preocupación. Odiaba pasar tanto
tiempo sin tenerlo cerca para asegurarse de que estaba bien. Cuando se
separaron y vio sus ojos azules, sintió que se le quitaba un peso de encima al
ver que estaban chispeantes de felicidad, sin esa sombra de dolor que solía
acompañarlo desde hacía tiempo. Ahora entendía por qué Lee y los demás estaban
tan entusiasmados con ese tal Sasuke, puede que le hiciera bien… pero no
confiaría del todo en él hasta estar seguro de sus intenciones.
—¿Cuándo has vuelto? —le preguntó su primo con cierto
reproche en la voz.
—Esta mañana. Era una sorpresa —añadió antes de mirar
al hombre de pelo y ojos negros, quien esperaba pacientemente un poco apartado
de ellos—. ¿No vas a presentarme a tu nuevo amigo?
Naruto estrechó los ojos con perspicacia, mirando de
reojo a Kiba y los demás, pero se abstuvo de regañarles en ese momento y cogió
de la mano a Sasuke para que se acercara al grupo.
—Gaara, este es Sasuke Uchiha. Sasuke, él es mi primo
Gaara Sabaku.
Ambos se estrecharon la mano con cortesía. A Sasuke le
había sorprendido ver al doncel corriendo hacia ese hombre, y habría sido
consumido por los celos de no ser porque había reconocido el nombre de su
primo, por lo que ahora se sentía tranquilo y tenía intención de ser lo más
educado posible con la familia del rubio. Por otro lado, Gaara decidió no
juzgar al otro varón hasta observar detenidamente su comportamiento y ver qué
pretendía exactamente con Naruto… También cabía la posibilidad de que su primo
no quisiera tener nada serio y Sasuke solo fuera alguien con quien desahogarse,
después de todo, sabía que el doncel no había tenido relaciones en mucho tiempo
y tenía derecho a satisfacer sus necesidades.
Sin embargo, en cuanto todos entraron al club a tomar
un par de copas, vio casi de inmediato que había química entre los dos. Su
primo parecía genuinamente feliz teniendo a ese hombre al lado, mientras que
este, para su inmensa sorpresa, lo contemplaba con una ternura que logró
ablandarlo un poco. Tal vez fuera cierto eso de que existía el amor a primera
vista…
Mientras Gaara empezaba a aceptar a Sasuke, este había
sido arrastrado por Naruto a la pista de baile. Lo cierto era que no recordaba
si sabía bailar o no, pero la idea de hacerlo lo ponía un poco nervioso.
—No te preocupes, yo te llevo —le había dicho Naruto
antes de mostrarle dónde colocar sus manos y envolver los brazos alrededor de
su cuello.
Justo entonces, empezó a sonar Shape of you de
Ed Sheeran y el rubio comenzó a moverse a un ritmo lento, pero constante,
haciendo que le resultara fácil, al cabo del rato, seguir los pasos. Sin
embargo, a lo que estuvo verdaderamente atento fue a la voz de su doncel, que
le cantaba suavemente al oído la letra de la canción. Sasuke podía asegurar que
no había nada más sensual que tener a Naruto entre sus brazos, moviéndose de
forma provocativa contra su cuerpo, mientras le cantaba rozando su oreja. Las
otras parejas que danzaban a su alrededor les proporcionaban cierta intimidad,
así como la semioscuridad del local, por lo que se atrevió a acariciar su
espalda de abajo arriba con una mano, con lentitud, hasta enredarla en los
mechones rubios de Naruto, quien se estremeció. Entonces, el doncel, sin dejar
de entonar la melodía, se frotó descaradamente contra su cuerpo y coló una mano
por debajo de su jersey, haciendo que se sobresaltara y se excitara al mismo
tiempo; sintió sus dedos explorando sin reparo ni vergüenza alguna sus duros
abdominales, mientras que su otra mano masajeaba su nuca.
El baile sensual al que lo estaba sometiendo el rubio
le pasó factura a Sasuke; tras dos años sin tener ninguna relación física y con
la fuerte atracción que sentía por Naruto, no tenía la resistencia suficiente
para mantener el control sobre sí mismo, por lo que, sin pensarlo demasiado se
apoderó de la boca del doncel y la devoró ávidamente, queriendo recordar cada
recoveco de ella, y buscando esa lengua traviesa que la noche anterior le había
dado la bienvenida. Naruto, por otra parte, no estaba mejor que Sasuke; tampoco
había tenido sexo con nadie desde que perdió a su novio, y entre su hijo
pequeño y su trabajo, apenas se había parado a pensar en sus necesidades. Pero
ahora que Sasuke le había besado, fue como si le hubiesen echado un potente
afrodisíaco. La verdad era que el varón besaba muy bien y encima parecía haber
perdido el control, eso le gustaba; saber que lo deseaba tanto que no podía
contenerse. Por si eso fuera poco, una de sus manos, la que había permanecido
en su espalda, bajó hasta su trasero y lo masajeó con cierta impaciencia,
primero una nalga y luego otra. También fue muy consciente de su virilidad, que
se delineaba por sus pantalones, y no dudó ni un momento en restregarse contra
ella, queriéndolo tan duro como fuera posible, quería que Sasuke se volviera
tan loco como él lo estaba en ese instante.
—¡Ejem!
La pareja se sobresaltó al oír una voz malhumorada
que, evidentemente, les estaba llamando la atención. No pudieron evitar
sonrojarse al darse cuenta de que prácticamente habían estado dando el
espectáculo delante de un montón de gente, aunque lo más perturbador era que
Kiba, Tenten, Lee y Gaara los estaban mirando. Los dos primeros estaban un poco
perplejos y avergonzados, el doncel los miraba con emoción y el pelirrojo no
parecía nada contento.
—Chicos… —dijo Kiba después de recomponerse y
aclararse la voz—, recordáis que Sasuke tiene una habitación en un hotel,
¿verdad?
Los dos apartaron la vista, totalmente rojos por
haberse abandonado de ese modo en público, sobre todo Sasuke, que no estaba
acostumbrado a perder el control de esa manera. Afortunadamente, Lee intervino
diciendo que qué hacían todos parados en una pista de baile y, sin pensárselo
dos veces, cogió a Sasuke y se lo llevó a bailar, intuyendo que le hacía más
falta a él que a Naruto despejarse. Así, este terminó bailando con su primo.
—No he podido evitar fijarme… —comenzó Gaara,
queriendo hablar de ese hombre con el rubio pero, al mismo tiempo, sin saber
muy bien cómo plantearlo— en que Sasuke y tú sois muy… íntimos.
Naruto levantó una ceja.
—¿En serio quieres actuar como un hermano mayor? Ya
tengo a Kurama para eso y le ha dado el visto bueno.
Este hizo una mueca.
—No es eso. Supongo que… quiero saber en qué sentido
estáis juntos. —Esperó que el doncel lo entendiera y no le obligara a decir si
eran amigos con derecho a roce o no, para él era muy incómodo.
Por suerte, el rubio le entendió.
—Por ahora, estamos saliendo.
Eso significaba que tal vez acabara siendo una
relación seria. Por un lado, eso le gustó a Gaara, significaba que Naruto
estaba dispuesto a salir adelante… Pero, al mismo tiempo, también podía salir
herido de aquello.
—No quiero verte sufriendo otra vez, Naruto —admitió.
Este le dedicó una media sonrisa.
—No depende de ti, ni de mí, ni siquiera de Sasuke.
—Lo sé.
—Tampoco es como si hubiéramos planeado un futuro
juntos. Ahora… solo quiero estar con él.
Gaara asintió. No podía decirse que estuviera
satisfecho por completo pero, por otro lado, tampoco es como si pudiera
intervenir. Su primo era un adulto muy capaz de cuidarse solo, sin embargo, no
podía evitar preocuparse por él. Lo había pasado mal tras perder a Saki Senior
y el embarazo fue muy duro para él, su vida como padre soltero tampoco fue
fácil, pero lo sobrellevó como mejor pudo y salió adelante. Aun así, tenía la
impresión de que no acababa de ser completamente feliz y, aunque esperaba que su
relación con Sasuke le ayudara, temía que, si las cosas salían mal, pudiera
terminar destrozado de nuevo. Y eso era lo último que quería.
En casa de Naruto, Kurama se hallaba en su despacho,
tecleando a toda velocidad unos códigos, totalmente concentrado. Por esa vez,
no había ido a echarle un vistazo a Naruto y Sasuke, le había confiado la tarea
esa noche a Kiba y los demás, así como asegurarse de que cierta mujer molesta
no interfiriera en sus planes.
De hecho, lo que debía hacer esa noche tenía que ver
precisamente con eso.
Sonrió con anticipación cuando su trabajo dio sus
frutos. Acababa de colarse en los archivos de ordenador de la compañía
telefónica con la que la señorita Haruno tenía el contrato de su móvil,
compañía a la que también pertenecían Sasuke y Fugaku Uchiha.
—Bueno, hora de trabajar —comentó para sí mismo,
moviendo los dedos a gran velocidad por las teclas, sabiendo que cuanto menos
tiempo estuviera dentro de esos archivos, más fácil sería borrar su rastro por
ellos. Siendo sinceros, la seguridad de esa compañía daba risa en comparación a
otros sistemas de seguridad que había pirateado, pero no iba a arriesgarse a
cometer un error.
En dos minutos, ya tenía acceso a los móviles de
Haruno, Sasuke y su padre. No le gustaba haber tenido que meterse en el móvil
de Sasuke, pero era necesario para borrar cualquier mensaje que pudiera dejarle
Fugaku Uchiha.
Lo último que quería, era que ese hombre interfiriera
como la última vez.
—Esta vez no, Fugaku Uchiha. A partir de ahora, el que
tiene el control de la situación soy yo.

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