Capítulo 5. El inicio de la confianza
Era
noche cerrada cuando unos ruidos despertaron a Trust. Abrió los ojos de golpe y
se sentó en la cama de un salto, aguzando el oído.
Pasos
en el tejado. Eran suaves, pero, aun así, le sorprendió escucharlos con tanta
claridad. Los felinos eran los más sigilosos entre su gente, aunque, pensándolo
bien, nunca habían tenido que caminar por los tejados y, desde luego, no
sabrían que estos crujían bajo sus pies. Y, aunque lo supieran, los humanos no
eran capaces de escucharlos.
Pero,
pensándolo bien, seguro que ya habían olido que estaba allí.
Por
tanto, la pregunta era: ¿venían a atacar o solo a comprobar que se quedaban
allí?
Fuera
cual fuera la respuesta, tenía que vigilarlos y avisar al resto. Cogió su móvil
al mismo tiempo que se quitaba las sábanas de encima y deslizaba los pies hasta
el suelo sin hacer ruido. Vane había configurado sus aparatos electrónicos de
forma que pudieran reconocer sus contactos mediante las fotos de sus amigos,
así que solo tuvo que hacerle una llamada perdida a Night.
Los
refuerzos llegarían, aunque esperaba que no fueran necesarios.
Se
alejó de su habitación y bajó al primer piso, sin sorprenderse al oír los
suaves resoplidos de Tyler. Él no entendía todos esos números y símbolos raros
que había en aquellos papeles, pero se había mareado solo con verlos. Su macho
también parecía cansado después de hacerlos, aunque muy emocionado por lo que
había visto en ellos, la forma de despertar a 396.
No
iba a permitir que 377 y sus amigos lo arruinaran. Uno de los suyos tenía la
oportunidad de salvarse y conocer la libertad, 305 recuperaría a su amigo y los
dos podrían vivir tranquilos y a salvo con el resto de su gente.
Abrió
los pestillos tal y como Tyler le había enseñado, haciendo una mueca al
escuchar los chasquidos. Eso lo oirían. No creía que fueran a atacarlo sabiendo
que lucharía por Tyler, pero, por si acaso, comprimió su cuerpo, preparándose
para el golpe antes de abrir la puerta.
Sin
embargo, no llegó. Pudo salir al exterior sin llevarse ninguna sorpresa
desagradable, tan solo fue recibido por un viento frío y el olor de abetos y
pinos.
Y
por 377. Estaba sobre la barandilla del porche, apoyado en sus manos y las
puntas de sus pies. Su larga cola estaba erizada y tenía la nariz arrugada.
Trust
cerró la puerta a su espalda y la cubrió con su cuerpo.
—377 —lo saludó.
Este le dedicó una inclinación con la cabeza, a
pesar de su expresión molesta.
—Estás aquí, otra vez. Como los otros.
—Y no vamos a irnos hasta que estén a salvo.
El felino gruñó y saltó al suelo, pero mantuvo
la distancia con él.
—Solo quiero que nuestra gente esté bien y a
salvo. Con los humanos no lo estaremos. Todo esto es muy bonito, y sí, admito
que se han superado dejándonos sueltos por aquí, pero no olvides lo que siempre
han querido. Control —dijo con ojos acerados—. Eso les encanta, tenernos
comiendo de su mano. Nos dan lo que queremos para que hagamos lo que dicen.
Trust sacudió la cabeza, pero lo miró con
comprensión.
—Entiendo que desconfíes de ellos. Lo entiendo
de verdad. En otra situación, yo habría estado de tu lado, pero creo en lo que
ven mis ojos y lo que siente mi cuerpo. Nunca hemos estado mejor. Además, ¿por
qué nos liberarían de repente? ¿Y a todos juntos? ¿Acaso has visto guardias por
aquí?
—Están en los muros —gruñó 377.
—Sí, pero no entre nosotros. Nos dejan ir
adonde queramos, no estamos encerrados, tenemos buena comida y nos dan
conocimiento.
—Han cambiado de estrategia. No es la primera
vez.
—Pero sí la primera en la que no hay dolor,
377.
—¡Mientes! —Se envaró el felino, ahora
moviéndose de un lado a otro—. Nos llevaron con esos técnicos y nos pincharon.
Nos llevaron a todos a la enfermería, ¡nos hicieron más pruebas!
—Se aseguraban de que estábamos bien —replicó
Trust con los puños apretados—. Para muchos, fue solo esa vez, y a los heridos
los curaron en presencia de otros de los nuestros que estaban bien y que
podrían haber matado a los humanos de allí, pero no lo hicieron porque se
dieron cuenta de que solo querían ayudar.
—396 aún no ha salido de allí.
—Y 305 tampoco —le recordó—. ¿Crees que dejaría
que le estuvieran haciendo daño?
—El dolor le ciega.
—Y a ti el odio.
377 siseó y Trust le gruñó en respuesta.
Entonces, oyó pasos apresurados sobre la hierba y alzó la vista, del mismo modo
que el felino se giró, tan solo para encontrarse con Night y Brass.
El primero se adelantó unos pasos, mientras que
el segundo lo siguió de cerca.
—Buenas noches, 377.
—354, 310.
Brass gruñó con fuerza al escuchar su número,
pero Night le hizo un gesto tranquilizador con la mano.
—Respeta nuestros nombres, 377. Los escogimos
nosotros, no los humanos.
El felino bufó, pero saltó la barandilla y
caminó hacia Night.
—Si mantuvierais vuestros números, no
olvidaríais tan fácilmente lo que nos han hecho los humanos.
—Te aseguro que nadie lo ha olvidado —dijo
Night con firmeza—. Solo hemos decidido seguir adelante —dicho esto, su
expresión se ablandó—. Tenemos una oportunidad de vivir de verdad, no la
desaproveches.
—¿Y qué pasa con los que se quedaron atrás?
¿Eh? —replicó el felino con los puños y la mandíbula apretados. Sin embargo, no
se acercó más a Night, respetó su distancia.
Los ojos azules del canino delataron su
tristeza.
—No podemos hacer nada por ellos, 377. No
volverán, por mucho que hubiéramos querido que llegaran a ver todo esto. Pero
no querrían que nos quedáramos atascados en el pasado o que desperdiciáramos
esta oportunidad.
El dolor cruzó la mirada gris de 377. Sacudió
la cabeza y cerró los ojos con fuerza un momento. Cuando los abrió, había ira
en ellos.
—Yo no voy a olvidarlo. No se saldrán con la
suya —juró, arrugando la nariz—. Puede que estos humanos sean más inteligentes,
pero descubriré lo que están tramando y os demostraré que no es más que otro de
sus juegos. Ya lo veréis.
Tras decir esto, se marchó corriendo bajo la
atenta mirada de los tres caninos. Trust tenía el corazón en un puño. Podía
entender a 377, comprendía que sintiera que estaba traicionando a aquellos que
murieron al aceptar a los humanos, él mismo lamentaba que todos los amigos que
había perdido no hubieran llegado hasta allí. Pero, como decía Night, sabía que
ninguno de ellos le habría pedido que desperdiciara esa oportunidad, aunque
viniera de los humanos. También era cierto que él había conocido a algunos que
eran buenos, como Tyler y Ellie, por lo que le había sido más fácil aceptarlos.
Pero puede que 377, no. Tal vez había sufrido demasiado y sin ningún apoyo. Tal
vez todos sus amigos habían muerto.
—No sé si a él podremos convencerlo. —Brass
dijo lo que los tres estaban pensando—. Se aferra al pasado.
—No vamos a rendirnos —gruñó Trust.
Su amigo levantó las manos.
—Yo no he dicho que lo hagamos. —Brass lo miró
con tristeza—. Pero, ¿qué haremos si no cede? No podemos dejar que vaya por ahí
amenazando a los humanos, y no es justo para ellos que tengamos que estar
siempre vigilándolos. No es como una jaula, pero, en cierto modo, siento que
estarían restringidos también. No me parece bien.
Trust entendió lo que quería decir. Hicieran lo
que hicieran, tendrían una amenaza constante tras ellos, acechándolos. No
podrían hacer o ir adonde quisieran sin sentir esa tensión de estar a merced de
otro. No, no era como las jaulas en las que su gente había crecido, pero
tampoco era libertad.
Sin embargo, Night los sacó de sus funestos
pensamientos.
—Todavía es pronto. Acabamos de empezar con
este plan. Por ahora, nuestros humanos están a salvo, esa es nuestra prioridad
—dicho esto, se frotó el mentón—. Es cierto que no vamos a convencer a 377
ahora, pero los otros parecen más dispuestos a escuchar.
Trust recordó a los tres felinos que fueron al
gimnasio. Era cierto, tenían más dudas y los veía con más ganas de probar esa
libertad.
—Podemos centrarnos en ellos —propuso Night—.
Tal vez, si los convencemos a ellos, 377 los escucharía.
—Mierda, Night, cada vez hablas más como Vane
—dijo Brass, palmeándole la espalda.
Trust sonrió, un tanto orgulloso porque su
amigo se estuviera contagiando del ingenio de su compañero. Night también curvó
los labios hacia arriba, satisfecho por el halago.
—Todavía me queda mucho por aprender —dicho
esto, se puso serio de nuevo—. De todos modos, debemos dejar que sean ellos los
que se acerquen. Forzarlos les haría pensar que es un juego de los humanos, así
que hay que dejarles elegir.
—Entendido —dijeron él y Brass al unísono.
—Voy a informar a Vane de lo ocurrido y a
pedirle consejo sobre esto. Os avisaré de lo que me diga —dicho esto, se marchó
a su cabaña.
Brass también se despidió y Trust regresó al
interior de la casa. Los resoplidos somnolientos de Tyler le dieron la
bienvenida, asegurándole que no se había despertado.
Sabía que debería contarle lo ocurrido, pero
quería dejarlo descansar y, además, mañana irían a ver a 396. Necesitaba estar
concentrado y decirle lo de esta noche podría preocuparlo. No quería que lo
estuviera mientras se ocupaba del úrsido, era importante que lo ayudara cuanto
antes.
Decidió que, por el momento, podía esperar.
Ahora solo debería estar centrado en esa dosis. Él se preocuparía por
protegerlo.
305 estaba un poco confundido. Como todas las
mañanas, Tyler había ido a ver a 396, pero, en vez de ir a ponerle directamente
su dosis diaria para que se recuperara, le había pedido a Baird que saliera un
momento para hablar con él.
Eso lo inquietaba un poco. Ellos nunca habían
tenido problemas en hablar delante de él y no sabía qué quería decir el que no
lo hicieran ahora. ¿Había algo malo con 396 y tenían miedo de decírselo?
—Tranquilo —le dijo Trust con una sonrisa. Se
había quedado dentro con él—. Todo va bien, ahora te lo explicaran.
—¿Tú sabes qué pasa?
—Sí, y es algo bueno. No te preocupes.
305 se relajó, aunque quería saber cuál era la
buena noticia. Por suerte para él, Tyler y Baird no tardaron en volver a
entrar. El doctor parecía muy contento de repente, pero el otro macho tomó una
silla y se sentó frente a él. Había cierta emoción en sus ojos, aunque se dio
cuenta de que estaba intentando controlar su expresión.
—305, necesito que me escuches con atención.
—Él asintió, irguiéndose—. Creemos que ya sabemos por qué 396 no se despierta.
Al oír eso, el úrsido se sobresaltó.
—¿Qué le pasa? —preguntó ansioso.
—¿Recuerdas cómo estaba cuando llegó aquí?
Claro que lo hacía, no podría olvidarlo nunca.
Antes de que llegaran los humanos a la instalación, estaba seguro de que lo
perdería. Se le humedecieron los ojos.
—Sí. Estaba muy mal —dicho esto, miró a Baird,
sintiendo la misma gratitud cuando salió de aquella sala en la que estaba su
amigo para decirle que viviría—. Baird lo salvó.
—Es cierto —dijo Tyler frunciendo un poco el
ceño—, y entiendes que la medicación que le pongo es para ayudarlo a sanar,
¿verdad?
—Sí. Baird me enseñó sus heridas y cómo
disminuyen día a día.
—De acuerdo, ahora quiero explicarte algo que
necesito que entiendas. —305 puso toda su atención en él—. Como 396 estaba tan
mal, tuve que darle la dosis más alta que pudiera soportar para que estuviera
fuera de peligro.
—Fue imprescindible para salvarlo, 305
—intervino Baird—. La operación fue bien, pero era crucial que aguantara el día
siguiente.
El úrsido asintió.
—Recuerdo que me lo explicaste. Fue cuando me
hablasteis del Aclepsis. Dijisteis que lo ayudaría a sanar y así fue. Entiendo
que él está vivo gracias a eso.
—Así es, pero también tiene efectos secundarios
—continuó Tyler—. Las medicinas que son muy fuertes, como esta, pueden provocar
ciertas cosas negativas. En el caso de 396, la dosis es tan alta que lo
mantiene inconsciente.
305 abrió los ojos, pero se apresuró a
preguntar:
—¿Eso es malo?
—En realidad, no —dijo Baird—. Tu amigo está
bien, es solo que no puede despertar mientras esté usando el Aclepsis.
Al oír eso, el úrsido frunció el ceño.
—¿Eso quiere decir que, hasta que no se
recupere, no podrá despertar?
—Eso es decisión tuya, 305.
—¿Mía? —Él levantó las cejas, su corazón se
aceleró—. Pero yo no sé cómo curarlo, no sé qué sería lo mejor para que esté
bien. Yo no…
—Tranquilo, tranquilo —intervino Trust,
poniendo una mano sobre su hombro—. Escúchalos, te lo explicarán todo.
305 inspiró hondo y trató de relajarse. Tyler
se reacomodó en su silla y se inclinó hacia él.
—Lo primero, tienes que saber que 396 está
fuera de peligro y que se recuperará del todo. Una vez despierto, tendremos que
asegurarnos de que sus sentidos y su cuerpo funcionan bien, pero, en principio,
todo apunta a que podrá tener una vida como la de los demás fuera de la
enfermería. Hasta ahí, ¿lo entiendes? —Él asintió—. Ese resultado no va a
cambiar hagamos lo que hagamos, pero, ahora que sabemos lo que tiene
inconsciente a 396, tenemos dos opciones para seguir su tratamiento.
—¿Opciones? —repitió.
Tyler levantó un dedo.
—La primera, podemos mantener a 396 con esta
dosis hasta que haya sanado por completo. No despertará, pero se curará más
rápido. —Levantó otro dedo—. La segunda es que le rebajemos la dosis hasta
quitársela. Se recuperará más despacio, pero despertará antes.
305 arrugó la frente y bajó la vista, moviendo
los ojos a un lado y a otro, meditando qué hacer. Tyler y Baird esperaron
pacientemente hasta que este los miró de nuevo.
—Decida lo que decida, ¿él se recuperará?
—Sí —asintió Baird, dedicándole una cálida
sonrisa—. Por eso te pedimos que elijas tú por él. Eres su amigo más cercano y
lo conoces mejor que nadie. ¿Qué crees que él querría en esta situación?
¿Dormir hasta que sus heridas estén cerradas del todo o despertar antes y sanar
por su cuenta?
El úrsido parpadeó, conteniendo las lágrimas.
—Él querría saber que somos libres —dicho esto,
miró a Tyler—. Quítale el Aclepsis, por favor.
—Lo que tú decidas, lo haré —le dijo el macho.
305 se levantó de repente y se inclinó para
darle un fuerte abrazo.
—Gracias. Por esto y por todo.
Tyler le frotó la espalda.
—No tienes que darlas. Es nuestro trabajo.
Después de eso, 305 se separó y fue a abrazar a
Baird, que le devolvió el gesto sin tapujos. Al mismo tiempo, el úrsido
intercambió una mirada feliz con Trust, que también sonreía.
—Me alegro mucho por ti —le dijo.
—Tengo muchas ganas de que se despierte. Quiero
enseñarle el lago, le encanta el agua, y jugar con él a esos partidos que
hacéis. Quiero que venga a clases conmigo y que aprendamos juntos lo mismo que
vosotros.
Trust le dio un apretón en el hombro.
—Lo haréis pronto.
—¿Cuánto tardará en despertarse? —preguntó 305,
separándose de Baird y mirando a Tyler con ojos brillantes.
Este frunció el ceño antes de responder:
—No estoy seguro. La medicación tiene que
abandonar su sistema y estaremos rebajándole la dosis un par de días. Una vez
se la quitemos, podría tardar unos días más o una semana, depende de él.
305 esbozó una enorme sonrisa.
—Es más rápido de lo que pensé. Puedo esperar.
Una vez que la decisión estuvo tomada, Tyler le
puso a 396 una dosis más baja y habló con Baird y 305 sobre cómo podría
despertar por lo que había observado en otros pacientes, desde una sensación de
debilidad y cansancio fuertes a reacciones muy agresivas. Baird le preguntó si
sería necesario tener sedantes a mano, pero Tyler le dijo que, si 305 estaba a
su lado, tal vez no haría falta si conseguía hablar con él y calmarlo. 305 dio
su palabra de que evitaría que hiciera daño a nadie y que se ocuparía de su
amigo.
Tras eso, él y Trust siguieron con su rutina.
Fueron al laboratorio para la clase de dosificación a los nuevos farmacéuticos,
comieron en la cafetería y, después, se dirigieron al gimnasio. Una vez allí,
Tyler se reunió en la parte trasera con Norm y Ellie mientras que los demás se
preparaban para la sesión de Rick.
Trust se estaba riendo de cómo Norm se negaba a
ponerse los guantes que le ofrecía Tyler cuando escuchó que lo llamaban. Slade
apareció trotando hacia él con una enorme sonrisa.
—¿Qué pasa? —le preguntó.
Su amigo pasó un brazo por sus hombros y lo
condujo a la última fila para hablar mientras calentaban.
—Seguí tu consejo y anoche hablé con Trisha
—susurró.
Trust levantó las cejas.
—¿Y qué tal?
El canino esbozó una amplia sonrisa.
—Me ha perdonado y ha accedido a tener una cita
conmigo. Vamos a cenar juntos.
—Me alegro mucho por ti —le dijo dándole un
puñetazo amistoso en el brazo que le hizo reír por lo bajo.
—Gracias. ¿Qué hay de tu macho? ¿Has hablado
con él?
Trust esbozó una media sonrisa.
—No pude. Tyler encontró algo para ayudar a 396
y estuvo hasta tarde trabajando. —Slade alzó las cejas—. No quería molestarlo.
—Esa es una gran noticia —sonrió el otro
canino—. Pero, si ya ha terminado de trabajar, dile cómo te sientes y lo que
quieres.
—No sé —dijo Trust bajando la mirada—. Fury
dijo que Ellie tardó un tiempo en entender cómo se sentía por ella. No quiero
asustar a Tyler…
—Ellie no tenía ni idea de que Fury se sentía
atraído por ella. Tú le prometiste a Tyler que lo perseguirías una vez fuéramos
libres y todos sabemos que él se sentía atraído por ti —dicho esto, arrugó la
frente—. No digo que seas tan agresivo como lo seríamos entre nosotros, Trisha
dice que los humanos no son tan directos y que decirle a alguien con quien quieres
pasar tiempo juntos que te encantaría montarlo hasta morir es de mal gusto para
ellos… —De repente, sacudió la cabeza e hizo una pausa, como si buscara las
palabras correctas—. Lo que quiero decir es que los dos sabíais que había
atracción entre vosotros. Parece que los humanos son más tímidos para iniciar
una relación, así que sé tú quien le diga primero tus intenciones. Ahora estáis
viviendo juntos, es un momento perfecto para fortalecer el vínculo.
Trust echó un vistazo hacia atrás, viendo cómo
Tyler le enseñaba a Ellie a dar un puñetazo. Norm se reía de ella, a lo que el
otro macho respondió haciendo amago de darle un golpe, provocando el tropiezo
del primero y haciendo que los otros dos se rieran.
El anhelo creció en su corazón. Era cierto que
Tyler parecía cómodo viviendo con él, pero no era suficiente para él. No quería
seguir conteniéndose con su macho si tenía la oportunidad de estar con él
cuanto antes, quería que supiera que su promesa no había sido solo palabras
vacías, que no la había olvidado tras ser libre.
Night le había contado que Vane se había
sentido inseguro cuando le confesó sus sentimientos por primera vez, que pensó
que se iría con alguien de su especie en cuanto fueran liberados. ¿Y si Tyler
pensaba lo mismo? Porque él no habría olvidado su promesa, ¿verdad? Sin
embargo, tampoco la había mencionado. Cuando se encontraron, actuó con amabilidad,
pero, aunque dijo que lo estaría esperando…
Frunció el ceño. No le gustaban las
conclusiones a las que estaba llegando y, además, Slade tenía razón. Los dos
habían sabido cómo se sentían el uno por el otro y ambos se habían aceptado.
¿Qué sentido tenía esperar? No quería que Tyler creyera que había dejado de
tener sentimientos fuertes por él y, bajo ningún concepto, quería que los de su
macho desaparecieran.
Miró a Slade con decisión.
—Hablaré con él esta noche. ¿Cómo crees que
debería decírselo?
Su amigo le golpeó el hombro con cariño.
—¡Eso es! No te preocupes, no va a rechazarte
oliendo como olía cuando estaba cerca de ti. Solo tienes que…
—¡¿Quién quiere ganar el partido?! —gritó Zane
esa misma tarde, después de la sesión de gimnasio.
Como de costumbre, fue recibido por un coro de
aullidos, rugidos, bramidos y, por primera vez, los gritos de varios humanos.
Por petición de los therians, Tyler había accedido a unirse de nuevo junto a
Rick y algunos miembros de seguridad a los que había invitado Zane: Daniel,
Caleb y Trey.
Caleb y Daniel Expósito se presentaban como
hermanos, a pesar de que el primero tenía la piel tostada y claros ojos grises
y el segundo era de piel oscura y más bajo. Desconcertante, aunque supuso que
esa debía de ser la gracia, ya que sonrieron con diversión cuando anunciaron su
supuesto parentesco. Creía haberlos visto durante el rescate como la escolta
personal de Vane, pero no podía estar seguro. Además, se presentaron como parte
del equipo de suministros que se ocupaba de traer al hotel todo lo que necesitaban,
por lo que no creía que hubieran coincidido.
A Trey Roberts, en cambio, lo había visto más a
menudo patrullando junto a los muros de madera que bordeaban el hotel y no era
extraño encontrarlo con Zane en la cafetería. Era un tipo enorme y robusto,
podría haberse hecho pasar por un therian de no ser por sus rasgos humanos y el
pelo corto. Pese a sus facciones duras y viriles y que hasta su forma de
moverse gritaba que era militar, su rostro se suavizaba por su sonrisa fácil y
sus risueños ojos azules. Y, a juzgar por cómo seguía las bromas de Zane, supo
que tenía su mismo buen humor.
—¡Cuidado, señores! —gritó sonriendo—. Como nos
pillen, nos rompen.
Tyler y los humanos del grupo rieron, aunque
Trust, a su lado, gruñó. Él le dio un codazo amistoso.
—Relájate, estamos de broma.
Trust alzó las cejas.
—¿Hablar de romperos es bromear?
—Es una forma de decir que estáis fuertes, es
un halago. Sabemos que no vais a hacernos daño.
El canino parpadeó, pero sonrió.
—Sé lo que es un halago. Entonces, ¿solo
estamos bromeando?
—Totalmente —dijo Rick con una risilla.
Brass, que estaba reunido con ellos, también
esbozó una sonrisa y gritó:
—¿Habéis oído eso? Los humanos nos tienen
miedo.
—¡No veas cuánto! —le respondió Daniel
señalando a las hembras—. ¡Pero yo me cuidaría más de ellas! No hay nada más
peligroso que interponerse en el camino de una mujer feroz.
Las hembras rugieron en respuesta, aunque a
Tyler le costó poco identificar que estaban encantadas por el comentario.
Monarch, la úrsida rubia que ya era habitual de los partidos, señaló a Daniel
con una enorme sonrisa.
—¡El pequeño humano sabe de lo que habla!
Todos rieron, aunque eran las carcajadas de
Zane las que prevalecían en el campo.
—¡Bueno, bueno! Amigos humanos, si esto sigue
así tendremos que enseñarles dentro de poco el noble arte del pique previo a
empezar un partido.
—¡No les enseñes cosas raras, Zane! —se quejó
Tyler, pese a que sonreía.
No podía evitarlo, hoy estaba de muy buen
humor. Haber descubierto un remedio para 396 lo tenía un poco eufórico,
significaba que tenían una oportunidad de demostrarle a 377 y a los úrsidos que
no tenían malas intenciones. Además, parecía que tener a los therians como
guardianes estaba funcionando. No era la opción que más le habría gustado, pero
era efectiva; no estaban peleando entre ellos y Ellie y Norm estaban a salvo a
la vez con sus compañeros.
Zane formó los equipos con Tyler, Trust, Rick y
Brass junto a Tiger, Justice, Breeze y Monarch. Daniel y Caleb, en cambio, se
unieron a Harley, Moon, Snow, Book, Sunshine y Sky. Todos se recolocaron en sus
respectivas zonas y se juntaron en el centro para que Zane les recordara las
reglas cuando escucharon algunos gruñidos provenientes del público que solía
acudir a ver el partido.
Al girarse para ver qué ocurría, Tyler se
tensó. 377 caminaba hacia ellos seguido por el grupo de úrsidos y felinos que
solía acompañarlo. Reconoció también a los tres machos que fueron al gimnasio
el día anterior, parecían ser los más inquietos entre sus acompañantes, ya que
sus ojos viajaban entre lo que sospechó que eran sus guardianes, ellos y el
resto de therians. Le dio mala espina.
Y no era el único. Nada más verlos, los
therians de los equipos se interpusieron entre los humanos y 377. Sin embargo,
Zane fue el primero en abrirse paso con una sonrisa amistosa, pese a que Tyler
creyó ver cautela en sus ojos.
—¿En qué podemos ayudaros?
377 clavó sus ojos en él. No se molestó en
ocultar su desagrado.
—Queremos jugar.
Antes de que nadie pudiera decir nada, Breeze
gruñó:
—Y una mierda.
377 se giró hacia ella con una ceja levantada.
—¿No somos bienvenidos?
—No si vais a causar problemas —advirtió Brass.
El felino alzó las manos, dirigiéndose de nuevo
al humano.
—Algunos tenemos curiosidad. Decís que no somos
enemigos, que no nos haréis daño. Todo el mundo me ha insistido en que tu juego
es… divertido —dijo la palabra con desdén—. Vamos a probarlo.
Trust gruñó a su lado. Tyler no necesitaba que
hablara para saber que no le parecía una buena idea, pero estaba de acuerdo con
él.
No venían a jugar ni a intentar un acercamiento
para una tregua. Quería pensar que no iban a intentar un ataque directo, pero
no se le ocurría nada más. No le había dado la sensación de que 377 tuviera
dudas acerca de que los humanos eran un peligro para su gente, a pesar de que
los tres felinos que había tras él sí parecían incómodos con toda la situación.
Sin embargo, sabía que decirles que no era
desaprovechar una oportunidad. Había muchos therians alrededor y no podía
parecer que los discriminaban solo porque desconfiaban de los humanos. Era
normal que lo hicieran, todos lo sabían, y aún podía haber algunos que se
unirían a 377 pensando que los humanos apartaban de su camino a aquellos que no
los apoyaban. Podía generar que la brecha entre ambas especies se hiciera más
grande.
Por eso, no le sorprendió que Zane dijera:
—Claro.
—¿Qué? —gruñó Brass dando un paso amenazador
hacia ellos—. ¡No! Buscan pelea.
—Hay que darles la oportunidad —le dijo Rick,
cogiéndolo del brazo—. A lo mejor lo prueban y les gusta.
—Atacarán a los humanos en cuanto les demos la
espalda —Harley dijo en voz alta lo que todos pensaban.
377 lo miró con ojos brillantes.
—Los humanos querían que jugáramos con ellos.
Juguemos entonces.
Tyler quiso maldecir en su fuero interno. ¿377
lo había planeado sabiendo que no podrían negarse? Si era así, era más listo de
lo que había creído al principio.
Los únicos que se unieron al juego fueron 377,
dos úrsidos y otros tres felinos, entre ellos, uno de los que parecían
incómodos, un felino de pelo castaño con mechones rubios y ojos dorados de
pupilas ovaladas y que había llevado la voz cantante el día anterior.
Cuando se colocaron en sus posiciones, Tyler
intercambió una mirada con Rick, tan consciente como él y el resto de jugadores
humanos de cuál sería el panorama una vez empezara el partido o incluso a lo
largo de este, todo dependía de qué había planeado 377. De hecho, los therians
estaban bastante tensos, no solo los que participaban en el juego, sino también
los espectadores. Había una especie de atmosfera cargada que hacía que su
corazón latiera desbocado y que estuviera más atento a su alrededor que al frente,
donde Monarch y Sky estaban cara a cara, preparadas para coger el balón. Habían
intentado que fueran los dos úrsidos quienes hicieran el salto inicial, pero se
habían negado.
Tyler volvió a mirar por el rabillo del ojo a
Trust. Con lo protector que era, le sorprendía no tenerlo pegado a él, pero
sabía que también estaba atento al úrsido que tenía justo detrás.
Las situaciones de sus compañeros humanos no
eran diferentes, todos tenían a alguno de los amigos de 377 demasiado cerca
para su gusto. Sin embargo, estaban en minoría. Los úrsidos podían ser un
problema por ser los más fuertes de su especie, pero no podrían luchar bien si
tenían a cinco felinos y caninos encima.
Mientras su mente trabajaba analizando la
situación, buscando los entresijos del plan de 377 y pensando en el mejor modo
de defenderse, Zane lanzó la pelota con un grito, dando inicio al partido.
Y al caos.
El bramido a su espalda lo sobresaltó y se
giró, palideciendo al ver que ya tenía al úrsido encima.
Maldita sea, los felinos eran los más rápidos,
pero seguía siendo un therian.
Antes de poder pensar en una forma de
defenderse de esa mole de dos metros y músculos, Trust lo golpeó en el costado
con tal fuerza que lo lanzó al suelo. Le sorprendió, pero comprendió entonces
que había mantenido la distancia con él para poder coger carrerilla y aumentar
la potencia del impacto, consciente de que no ganaría una lucha de fuerza
física.
Le habría dado mérito por ello, pero estaba
demasiado preocupado como para no pensar en otra cosa que no fuera brindarle
apoyo. Trust se había subido sobre el úrsido para mantenerlo en el suelo, pero
no sería suficiente. Corrió dos pasos hacia él cuando Justice y Tiger pasaron
volando por su lado para saltarle encima y ayudarlo. Monarch fue justo tras
ellos.
Durante un momento, le tranquilizó ver que
tendrían ayuda para controlarlo, pero ese segundo de bajar la guardia le costó
caro. De repente, una fuerza brutal lo tiró sobre la nieve, aturdiéndolo. Pese
al mareo, pudo ver que los amigos de 377 que se habían mantenido fuera del
juego se habían unido a la pelea, por lo que muchos espectadores therians
también lo habían hecho y estaban tratando de separarlos. Vio de refilón a Fury
y Slade uniéndose a la refriega y que Ellie y Norm estaban siendo llevados al interior
del hotel por Midnight y otras hembras.
Con un gemido, se obligó a mirar al frente.
Sabía por experiencia que el mareo desaparecería en breve, así que tenía que defenderse.
Tenía a alguien encima, un felino, lo supo por su peso.
Estar abajo era una desventaja. Debía ganar
posiciones.
Sin pensarlo dos veces, hizo un puente con la
cadera. El felino sería más fuerte pero no sabía pelear, así que debía
aprovecharlo. Estaba encima, pero no tenía colocado todo su peso, por lo que fue
fácil lanzar su cuerpo hacia delante, obligándolo a apoyarse sobre sus manos.
Eso significaba que no podría golpearlo con los puños durante unos valiosos
segundos.
Era todo lo que necesitaba. Unos segundos para
crear una oportunidad de defenderse.
Por puro instinto tras años de entrenamiento,
le cazó la cabeza entre las manos y la pegó a su pecho. Desde ahí, todavía
podía golpearlo, pero sus puñetazos no tendrían mucha potencia. Además, como su
postura era mala, vio enseguida la forma para quedar arriba.
Puesto que estaba apoyado sobre sus rodillas,
empujó una de ellas con un pie y, de inmediato, los giró y se colocó en
montada: todo su peso abajo, contra el rival, las rodillas lo más próximas
posible a las axilas para impedir el libre movimiento de sus brazos y
apretándolas para incomodarlo tanto como pudiera.
Se llevó los brazos a la cara en posición de
guardia para protegerse de posibles puñetazos, pero no fue necesario. El felino
lo miraba con los ojos muy abiertos, sorprendido sin duda por haber escapado
tan fácilmente.
Entonces, lo reconoció. Era el del día
anterior.
—No luches, por favor —le pidió—. No quiero
hacerte daño.
El therian arrugó la frente.
—Eres mi enemigo. —Pese a lo que dijo, su voz
no tenía mucha convicción.
Tyler tragó saliva con el corazón acelerado. Ahí
había un felino que tenía la oportunidad de tener una vida libre y feliz con
los suyos, uno que parecía dispuesto a escuchar. Para ello, debía ser sincero.
Su especie valoraba la honestidad y todos sabían que él había trabajado para
Mercile, por lo que negarlo no tenía sentido. Debía ser sincero.
Pese a que iba en contra de todo lo que sabía
sobre pelear, bajó los brazos y liberó un poco el agarre de sus piernas para
darle más comodidad. Significaba exponerse, pero valía la pena correr el
riesgo.
El felino abrió los ojos, pero no atacó. Solo
se quedó mirándolo.
—No me gusta muchas de las cosas que hice en la
instalación —admitió—, pero, durante ese tiempo, estaba seguro de que os
matarían a todos si intentaba ayudaros. Lo siento —le dijo con los ojos
humedecidos—. Ojalá hubiera podido hacer más, ojalá hubiera podido sacaros
antes, pero ya no puedo hacerlo. Lo único que puedo ofreceros ahora es todo
esto —dijo señalando su alrededor antes de apuntar hacia sí mismo— y mi ayuda
para vivir en este mundo, si la queréis.
Los ojos dorados del felino estaban muy
abiertos y relucían. Tyler no sabía interpretar su expresión más allá de la
sorpresa, no tenía ni idea de qué pensaba, pero, al menos, no lo estaba
atacando.
De repente, un fuerte aullido resonó seguido de
gritos. Tyler desvió la vista y vio que el campo de nieve se había convertido
en una auténtica batalla con therians amontonados sobre los amigos de 377, la
gran mayoría machos, aunque había hembras como Breeze, Monarch, Sky y Sunshine
entre ellos. Tuvo la sensación de que había sido una lucha para contenerlos,
aunque vio que algunos tenían golpes en la cara e incluso algún rastro de
sangre.
Entonces, pensó en Trust y se puso en pie de un
salto, buscándolo con la mirada. Lo encontró no muy lejos de donde estaba a él,
a un par de metros sujetando el brazo del úrsido que había tratado de atacarlo
mientras Justice cogía el otro y Tiger estaba sobre él, con Monarch envuelta
alrededor de sus piernas. Se le cerró la garganta al ver que tenía un corte en
la mejilla y el ojo golpeado.
Aun así, al ver que todos tenían los ojos
clavados al frente, dio media vuelta. De repente, había un montón de guardias
uniformados rodeando el campo con pistolas de sedantes en las manos, aunque no
estaban apuntando a nadie, solo esperaban las órdenes de su superior.
Vane. Tenía los ojos entrecerrados mientras
analizaba el campo. A su lado, Night tenía la nariz arrugada y estaba inclinado
hacia delante con las manos curvadas como garras, casi esperando un ataque.
—Separaos, por favor. No hay necesidad de
seguir peleando —dijo Vane en voz alta y firme.
Poco a poco, los therians se soltaron y
guardaron distancia. Los caninos, ante la presencia de Night, tan solo miraron
con recelo a sus rivales, pero algunos felinos parecían inquietos ante los
guardias de Vane y muchos retrocedieron.
No fue el caso de 377. Dejó de resistirse a
Brass, Fury y Slade, con los que había estado peleando, pero se levantó como un
resorte para afrontar a Vane.
—Aquí los tenemos —dijo con una mueca de odio—.
Guardias que vienen a castigarnos.
Tyler palideció. Había creído que 377 solo
quería venganza y eliminar a los humanos que pudiera, pero tal vez lo había
subestimado. ¿377 había ido a ganar la guerra en vez de una batalla? ¿Había
sido consciente de que no podría ganar en aquel campo y, en vez de eso, había
buscado poner a los therians en contra de los humanos así? ¿Haciendo que
aparezca Vane con hombres armados como si fueran guardias?
Era como suscitar sus malos recuerdos, agitar
las peores emociones posibles para crear aún más caos. Los caninos estaban
controlados porque consideraban a Night el macho alfa y formaba parte de su
naturaleza, pero, ¿los felinos? Eran más independientes y podían reaccionar
mal.
Mierda. Si 377 lo había planeado así desde el
principio, tenían un gran problema.
Buscó con los ojos a Vane, seguro de que habría
visto la trampa y el plan detrás de aquella batalla, sin embargo, su rostro no
mostró ni una arruga de inquietud.
—Si quisiéramos castigaros ya os habríamos
pegado un tiro —dijo Vane con frialdad—. ¿Por qué arriesgarse a que nos
ataquéis todos juntos cuando sería más fácil heriros directamente? También
podría haber pegado un tiro al aire para detener esta locura, pero he supuesto
que la mayoría no tenéis buenos recuerdos de ese sonido. Lo último que quiero
es asustaros o haceros daño.
—¿Y qué son esas pistolas entonces? —replicó
377.
—Sedantes —respondió Vane en el acto, sin dar
tiempo a los therians a dudar—. Aquí no vamos a matar a nadie, pero no
permitiremos que os hagáis daño los unos a los otros, seáis humanos o no. En el
peor de los casos, os habríamos dormido y dejado en vuestra habitación con
alguien de los vuestros para asegurarse de que estáis bien y despertáis con
normalidad —dicho esto, se cruzó de brazos—. Sin embargo, tengo la esperanza de
que no sea necesario. Todos han dejado de pelear, así que espero no tener que
intervenir. ¿Y tú, 377?
Tyler sintió deseos de aplaudir a Vane al ver
que los felinos que se habían puesto nerviosos se tranquilizaban.
Ahora entendía que Vane y Night estuvieran tres
pasos por delante de los guardias y que estos mantuvieran las pistolas contra
su pecho en vez de estar apuntando. Desde el principio, no había querido crear
ninguna sensación de peligro a pesar de los uniformes de los guardias y que
iban armados. Sus respuestas veloces y sin un asomo de duda en la voz también
inspiraban confianza en los therians.
Aun así, 377 no tuvo reparos en acusarlo:
—Vosotros habéis provocado esto.
—Tengo entendido que has sido tú y tu grupo los
que habéis iniciado la pelea —dicho esto, Vane recorrió con la mirada a los
therians—. Los que habéis visto lo que ha ocurrido, ¿podéis confirmarme qué ha
ocurrido?
—¡Se abalanzaron sobre los humanos! —gritó
indignada Breeze.
—Lo hicieron nada más empezar el partido
—afirmó Slade.
Mientras otros therians afirmaban que había
sido 377 el que había atacado primero, Tyler notó una mano sobre su hombro.
Trust estaba a su lado y lo recorría de arriba abajo con ojos inquietos.
—Estoy bien —le dijo en un susurro—. Tú estás
herido.
El canino sacudió la cabeza y lo atrajo hacia
su pecho, envolviendo su cintura con un brazo y los hombros con el otro en
actitud protectora. Tyler le acarició los brazos para calmarlo. Quería llevarlo
a la enfermería para que lo curaran, pero no parecía grave y sabía que todavía
no podían moverse de allí.
No hasta saber cómo terminaría aquello, aunque,
teniendo en cuenta las voces que se alzaban contra 377, no pintaba bien para el
felino. La mayoría de los therians estaban enfadados e indignados por cómo los
humanos habían sido atacados sin provocación previa y, a su vez, los úrsidos y
unos pocos felinos de su grupo lo defendían, alegando que era justo lo que
querían los técnicos.
Una parte de Tyler se sintió mal por ellos,
sobre todo por 377. Pese a que desearía que no estuviera ocurriendo todo
aquello, entendía el porqué y le creía con firmeza que era loable que pusiera
todo su empeño en abrirle los ojos a su gente de lo que pensaba que estaba mal.
Sabía que sus intenciones eran buenas, pero, ¿realmente era necesaria esa
pelea? 377 debía de saber que su gente no querría un enfrentamiento con sangre,
por lo que no habría muertos, pero, aun así, no faltaban heridos. Leves, pero también
era la primera vez que los therians se enfrentaban entre sí de forma
consciente.
Eso tendría consecuencias.
—Esto es lo que los humanos quieren —declaró
377 fulminando con la mirada a Vane—, que luchemos entre nosotros.
Vane arrugó el ceño.
—Esto lo has provocado tú, 377, y, de todos
modos, me han dicho que ya había unas drogas que provocaban que os hacían lo
bastante violentos como para haceros daño los unos a los otros. ¿Para qué hacer
todo esto cuando bastaba con daros esas drogas?
—Control —replicó el felino con desprecio—. Eso
es lo que siempre hacéis. Buscáis cualquier forma para controlarnos. No es más
que otra prueba, otro de vuestros juegos.
—No me gusta decir esto, pero creo que era más
seguro para los humanos controlaros cuando estabais con cadenas —dijo despacio
y frunciendo la nariz.
377 le siseó.
—Podéis doblegar nuestros cuerpos, pero no
nuestra mente.
Tyler sintió a Trust tensarse. Se hizo una idea
de hacia dónde iban sus recuerdos y le frotó los brazos en un intento de
mantenerlo en el presente. Lo de Thorton fue hace más de dos años. Estaba
muerta, ya no podía hacerle daño. Se aseguró de ello.
Se forzó a apartar también esos recuerdos.
Debía centrarse en el ahora.
Vane seguía inmutable.
—Me encantaría saber cómo lo estamos haciendo
teniendo en cuenta que aquí no hay nadie que esté forzando a tu gente a hacer
nada que no quieran. Las clases, el gimnasio, los partidos, todo es voluntario.
—No podemos salir de aquí —le dijo señalando
los muros del hotel.
—Vosotros mejor que nadie deberíais saber que
hay humanos malvados. Yo y las personas que estamos aquí no queremos haceros
daño, pero sé que habrá otros que os verán como un peligro para ellos. No
quiero exponeros a eso. Quiero que estéis a salvo y protegidos mientras
aprendéis a organizaros por vosotros mismos, para eso son las clases.
—¡Mientes! —gritó un úrsido—. Usasteis a 396
para manipular a 305.
Tyler se sobresaltó y, antes de poder pensar en
lo que hacía, le lanzó una mala mirada al úrsido.
—¡Nosotros salvamos a 396! —le gritó furioso,
llamando la atención de todos. En ese instante, no le importó.
Recordaba el estado del úrsido cuando lo
sacaron de su última prueba. Los cabrones de los médicos de Mercile no
quisieron invertir su tiempo en él debido a que era un experimento fallido.
Un therian salvaje, como 377. Sus rasgos
animales eran más pronunciados, al igual que sus instintos, por lo que eran más
difíciles de manejar, incluso con drogas. Por ello, se les había considerado
sujetos fallidos y los habían destinado a sus pruebas más brutales, ya que no
serían una gran pérdida si morían.
A 396 no quisieron salvarlo tras su prueba,
pero Adam armó una escena a lo grande gritándoles que eran unos inútiles y unos
incompetentes incapaces de hacer su maldito trabajo. Amenazó incluso con
decirle a Polanitis que habían dejado morir un sujeto sin más, tirando unos
cuantos millones de dólares a la basura.
Al final, logró que lo estabilizaran lo
suficiente para aguantar hasta el rescate, pero fue Baird quien le salvó la
vida y arregló la chapuza que le hicieron esos bastardos. Tyler recordaba las
horas que pasó fabricando más Aclepsis aquella noche para salvarlo a él y a
todos los que estaban heridos de gravedad, pero, sobre todo, recordaba que
Baird, incluso después de la operación, apenas se movió del lado de 396 para
asegurarse de que sobrevivía al postoperatorio.
Había sido eso lo que había convencido a 305 de
que querían salvar a 396. Ver a Baird durante casi setenta y dos horas junto a
su amigo, durmiendo y comiendo en la misma habitación por si había cualquier
problema.
¿Cómo se atrevía ese úrsido a menospreciar eso?
—Tú no estabas allí —le dijo con el rostro
demudado por la ira—. Tú no estuviste tres días junto a su cama asegurándose de
que no moría. 305, sí, ¿y te atreves a decir que lo engañaron?
—305 siempre se ha preocupado por todos
nosotros —replicó el úrsido enseñándole los colmillos—. Es demasiado bueno y os
aprovechasteis de eso manteniendo moribundo a 396.
Tyler se envaró, pero Trust lo sujetó.
—Tyler, quédate aquí.
—¡396 no está moribundo! —le gritó, fuera de
sí—. ¡Nosotros lo salvamos! ¡Está bien y va a despertarse! ¡305 y él vivirán
libres mientras tú te refugias en tu odio como un maldito cobarde!
El úrsido bramó y se abalanzó sobre él,
empujando a los caninos y felinos que había a su alrededor. De repente, Trust
ya lo estaba protegiendo con su cuerpo, con un gruñido desgarrando su garganta,
pero no fue él quien lo detuvo.
Una sombra dorada se interpuso y le dio un
golpe rápido en el vientre, dejándolo aturdido por un instante. Los ojos
oscuros del úrsido se clavaron confundidos en el otro therian.
—¿Qué haces, 363?
Tyler se quedó con la boca abierta al reconocer
al felino que lo había golpeado antes. Se plantaba firme y orgulloso ante el
úrsido, impidiéndole acercarse a él y Trust.
—Eso —dijo 377, acercándose a ellos—. ¿Qué
estás haciendo?
363 se giró hacia el otro felino. Pese a que
era más grande, su voz no vaciló:
—Evitar que haya más sangre innecesaria.
—Es uno de los técnicos, 363 —replicó 377 con
desprecio, lanzándole una mirada de odio a Tyler que provocó que su corazón
diera un vuelco.
Fue más doloroso de lo que esperaba, y eso que
creía que estaba preparado para su rechazo. Se había equivocado.
No había sido buena idea convivir con los
therians, después de todo. Siempre formaría parte de lo que les hicieron, pese
a que se infiltró con otras intenciones y decidió quedarse para ayudarlos a
salir de allí. Al final, había contribuido a su sufrimiento y, también, a sus
muertes.
Ni siquiera pudo encontrar a 377 en la
instalación antes de…
Un abrazo cálido interrumpió la neblina que
amenazaba con inundar su mente. Trust lo acercó a su pecho en ademán protector,
pero supo por la forma en la que frotó su espalda que se había dado cuenta de
lo afectado que estaba.
Fue un precioso gesto que impidió que se
derrumbara allí mismo. Se aferró a él, a aquella noche en la que fue a
consolarlo y le dio las gracias por salvarlo.
Era cierto, ya no podía dar marcha atrás, si
no, todo ese dolor habría sido en vano. Lo único que podía hacer ahora era
seguir adelante y ayudar a los therians tanto como pudiera.
Que 377 lo odiara si quería. No iba a darlo por
perdido, no todavía. La prueba de que podía cambiar estaba justo delante de él.
363 lo miró de reojo. Todavía no era capaz de
descifrar su expresión.
—Ya lo sé. Fui a por él porque quería
asegurarme de hacer daño a alguien que se lo mereciera. —Trust le gruñó,
mostrándole los colmillos, pero 363 levantó una mano en señal de paz—. Lo
inmovilicé, pero él me dio la vuelta con facilidad. Estaba a su merced y, aun
así, no me golpeó, solo habló conmigo —dicho esto, apareció un brillo intenso
en sus ojos dorados—. Y creo en lo que me dijo.
377 retrocedió un paso.
—¿Qué?
El úrsido se colocó junto al felino y miró a
363 con la nariz arrugada.
—¿Cómo puedes creerle? Es un humano.
—Hago lo que 377 nos pidió, creer en nuestro
instinto. El mío me dice que no miente y, si no lo hace, significa que tal vez
seamos libres de verdad. Si es así, no quiero perder esta oportunidad.
377 apretó la mandíbula mientras que el úrsido
soltó un gruñido.
—Es un engaño, como el de 305.
—Él dice que está bien —dicho esto, 363 arrugó
la frente—. No conozco a 305, pero he oído hablar de él, dicen que es protector
y un buen macho, es respetado por los nuestros. No me parece alguien tan blando
como para caer en trucos humanos estando justo delante y con la vida de alguien
a quien aprecia en sus manos. —Se giró hacia Tyler—. Has dicho que va a
despertarse, ¿no?
Él asintió.
—Sí.
—¿Cuándo será eso?
—En una semana. Tal vez unos días más, o puede
que antes. Depende de él, pero lo hará.
363 dio media vuelta y enfrentó al úrsido.
—Creo que es una buena prueba para demostrar
que estos humanos son buenas personas. Mientras tanto, voy a ver qué hace
nuestra gente y por qué confían en ellos. Me parece mejor que esto —dijo
señalando a los therians heridos.
—No es más que otro de sus juegos —dijo 377 con
los dientes apretados.
—Tal vez, pero voy a correr el riesgo. No me
gusta lo que hemos hecho aquí, enfrentarnos entre nosotros para demostrar que
los humanos son el enemigo. No era necesario.
Tyler detectó movimiento por el rabillo del ojo
y se dio cuenta de que algunos felinos se estaban acercando a 363. Reconoció a
dos como los que acompañaban a 363 el día anterior, uno con el pelo gris rojizo
y ojos verde oscuro y el otro con un intenso color anaranjado oscuro, brillante
y colorido, sin duda con genes de tigre. Aparte de ellos, hubo otros cinco que
se les unieron poco a poco.
377 los contempló con los puños apretados.
—¿Esto es lo que queréis?
El felino tigre lo enfrentó con la mirada.
—363 tiene razón. A muchos no nos gustaba este
plan. Lo aceptamos porque pensamos que los humanos atacarían y eso abriría los
ojos de los nuestros, pero no ha sucedido.
El de pelo gris rojizo le dedicó una mirada
triste.
—Nos hemos negado a escuchar a nuestra gente.
Ellos no nos mentirían. Creo que, si ellos les han dado una oportunidad,
estaría bien probarlo. ¿Y si es verdad que somos libres?
377 clavó los ojos en cada uno de los felinos
que se habían unido a 363, chasqueó la lengua y giró sobre sus talones.
—¡Vámonos! —ladró sin mirar atrás.
Los úrsidos lo siguieron tras lanzarles miradas
fulminantes a Tyler. No dudaban de que 305 había sido engañado y que 396 seguía
al borde de la muerte, lo cual le sorprendía, teniendo en cuenta que ninguno
había ido a visitarlo, solo se limitaban a hablar con 305, a tratar de
convencerlo de que volviera con ellos. Tal vez eran solo imaginaciones suyas,
pero tenía la sensación de que habían abandonado al otro úrsido a su muerte.
Los felinos que aún quedaban en el grupo de
377, en cambio, dudaron un poco mientras contemplaban a aquellos que habían
decidido quedarse a darles una oportunidad a los humanos. 363 y sus dos amigos se
quedaron firmes en su lugar mientras que los otros se removían, aunque no
regresaron con ellos. Tyler tenía la esperanza de que alguno más se quedara,
pero no fue el caso. Tras intercambiar algunas miradas tristes, se marcharon
con 377 y los úrsidos.
Aun así, las cosas habían salido mejor para
ellos. Ocho felinos se integrarían a su nueva vida en libertad.
Justice fue el primero en darles la bienvenida.
Estos se disculparon por haberles atacado, pero los therians los perdonaron con
rapidez.
Tyler suspiró, dejando que toda la tensión
abandonara su cuerpo. Se sentía muy cansado de repente, pero aún tenía cosas
que hacer. Se giró en los brazos de Trust para mirarlo.
—¿Estás bien?
Este le sonrió.
—Solo son unos golpes. —Su sonrisa se borró de
repente y sus facciones se tensaron—. ¿Y tú? No pensé que ese felino te
alcanzaría, éramos muchos para defenderos y creí que estarías a salvo. Lo
siento.
Tyler sacudió la cabeza y le frotó los brazos.
—No te disculpes. Estoy bien y me has salvado
del úrsido, no sé si habría podido con él. Gracias.
Trust abrió la boca para decir algo, pero la
cerró de golpe y miró tras él. Tyler lo imitó y vio que Vane y Night caminaban
hacia ellos. El canino se detuvo un par de veces para decirles a sus amigos que
fueran a la enfermería, pero era evidente que Vane quería hablar con Tyler.
—Lo de 396, ¿es cierto? —le preguntó sin
tapujos.
Él asintió.
—Sí, lo descubrí anoche y esta mañana lo hemos
hablado Baird y yo.
—Así que despertará. Eso es bueno —dijo Vane
frotándose el mentón—. Apaciguaría a los úrsidos. Los felinos y caninos
confiaron más en nosotros al ver que los que estaban graves se recuperaban,
pero, por alguna razón, ellos nos siguen guardando rencor.
—Les molesta que 305 no esté con ellos —explicó
Trust—. Es como Night para los caninos.
Vane levantó las cejas y Tyler frunció el ceño.
—Pero los úrsidos siempre han sido más
independientes, como los felinos. Soportaban mejor el aislamiento y no han
mostrado comportamientos tan sociales como vosotros.
Trust se encogió de hombros.
—Los úrsidos son respetados por mi gente por
ser los más fuertes, pero 305 era además protector con todos. Las hembras le
tienen mucho aprecio y los machos reconocen su fuerza y buen carácter. No sé
cómo se sienten los úrsidos al respecto, pero sé que hubo discusiones porque
querían que 305 estuviera con ellos cuando llegaron aquí y él solo quería
quedarse cerca de 396.
Vane entrecerró los ojos.
—Deberíamos preguntarle qué está pasando ahí.
Parece más personal que algo relacionado con su genética. ¿Qué opinas, Tyler?
Este frunció el ceño.
—Los úrsidos estuvieron más aislados del resto,
Mercile lo quería así porque eran difíciles de manejar y querían controlar sus
vínculos afectivos. Apenas se relacionaron con otros caninos o felinos, así que
puede que durante mucho tiempo solo se hayan tenido entre ellos. Podría
preguntarle a 305, no creo que le importe contarme si hay algún problema.
—Hazlo e infórmame. Tal vez nos ayude a
entender mejor cómo se sienten.
Entonces, Night llegó hasta ellos y rodeó los
hombros de Vane con un brazo.
—No hay heridos graves —le dijo en voz baja.
—Así que la cosa ha llegado a las manos, pero no
a mayores —murmuró antes de soltar un suspiro y dirigirse a Tyler—. Dile a
Baird que me dé actualizaciones del estado de 396. Cuando despierte, los
úrsidos no podrán seguir acusándonos de engañarlos. A ver cómo reacciona 377.
Tyler tragó saliva.
—Ha sido listo, ¿verdad?
—Más de lo que pensaba —admitió Vane—. La
jugada no le beneficiaba, pero ha pensado dos pasos por delante, más allá de un
simple plan de venganza. Es inteligente, Tyler, si conseguimos que confíe en
nosotros, podría ser alguien muy valioso para su gente.
Él esbozó una media sonrisa, sintiendo una
punzada de orgullo, pero también de tristeza y cierta culpabilidad.
Ojalá que todo saliera bien. Ojalá este plan
funcione y 377 pueda empezar a vivir de verdad.
Trust observaba a Tyler mientras terminaba de
recoger el botiquín de primeros auxilios. Le había costado mucho convencerlo de
que no necesitaba ir a la enfermería y que solo tenía un par de golpes. No era
gran cosa para él, no en comparación con Mercile, y, teniendo a Tyler para
ayudarlo, prefería que los enfermeros y médicos disponibles ayudaran a su
gente, ya que Jessie aún no les había enseñado a usar lo que había dentro de un
botiquín.
Pese a que había logrado que su macho regresara
a casa con él, había estado muy callado y pensativo. No olió dolor en él, pero
se hacía una idea de hacia dónde iban sus pensamientos.
—Puedo ayudarte a repasar tus clases antes de
la cena, si quieres —le dijo Tyler mientras se ponía en pie para dejar la caja
en su sitio.
Sin embargo, Trust lo detuvo cogiéndolo del
brazo.
—Espera, Tyler. —Lo instó a sentarse de nuevo,
le quitó el botiquín para dejarlo a un lado y se colocó a su lado—. Sé que
estás disgustado por lo que ha pasado, pero no quiero que pienses que es tu
culpa. 377 y los otros solo necesitan más tiempo, como 363 y esos felinos —le
dijo con una sonrisa—. Gracias a ti, conocerán lo que es la libertad.
El humano soltó un suspiro.
—Lo sé. Soy consciente de que ayudé a sacaros
de ese lugar. Pero eso no borrará todo el daño que hice allí dentro.
Trust frunció el ceño, pero se irguió y dijo
con severidad:
—Más de cien vidas. Ese es el número de los
míos que has salvado, incluyéndome a mí. Entiendo que tú, Ellie, Rick y Norm os
sintáis culpables porque no pudisteis ayudarnos a todos, pero también sé que
los de Mercile os habrían matado de haber sabido que no estabais de acuerdo con
lo que hacían. Es duro, pero los muertos no pueden salvar a nadie.
Su macho le dedicó una mirada cálida, aunque
aún había cierta tristeza en su mirada. Se acercó más y puso una mano sobre la
suya para brindarle apoyo. Tyler la estrechó, agradecido.
—Es un buen número, ¿verdad?
Trust sonrió.
—Muy bueno. Arriesgaste mucho por nosotros,
pero, aun así, te quedaste. Lo valoro mucho, Tyler.
Este curvó los labios hacia arriba, pero su
frente se arrugó en un gesto de dolor. Lo confundió un poco.
—No me arrepiento de haberos sacado de allí, en
absoluto. Volvería a arriesgarme para hacerlo. Pero… No quita que hice cosas
horribles. El Aclepsis, por ejemplo.
—No estoy de acuerdo —gruñó el canino—. Tu
medicina ha salvado a 396 y a muchos de los nuestros.
—Sí, cuando estuvo perfeccionado, pero no
mientras lo creaba. Fue parte de las pruebas, Trust, usaron a los que estaban
heridos para que yo pudiera terminarlo. Algunos murieron.
Trust sacudió la cabeza y dejó su mano libre
sobre su espalda.
—Yo no entiendo de medicina. No sé hacer esas
drogas curativas que tú creas, pero sé leer a los humanos, mi gente tuvo que
aprender para sobrevivir. Yo he visto las reacciones de esos técnicos a los que
enseñas y puedo entender que has creado algo sorprendente, fuera de lo común
entre los tuyos. No tuvo que ser fácil para ti, y estoy seguro de que no
querías que mi gente sufriera cuando estabas haciendo algo que podía ayudarnos
a aguantar hasta liberarnos. ¿Me equivoco?
—Empecé con dosis pequeñas porque me daba miedo
que las grandes os mataran. Pero fue casi lo mismo. No fueron lo bastante
efectivas para curar a los más graves.
—Entonces, tú no los mataste. Ya estaban
heridos, otros les habían hecho daño. Intentaste salvarlos.
—Me estás justificando, Trust. Hubo otras dosis
y efectos secundarios que sí los mataron.
—¿Y a cuántos has salvado a cambio?
Tyler no le respondió, pero vio en sus ojos que
no le parecía suficiente. Queriendo que se sintiera mejor, deslizó las manos
hasta su rostro para que no apartara la mirada de la suya.
—No te pido que te enorgullezcas de todo lo que
pasó ahí dentro, solo que no te hagas daño a ti mismo y que no olvides lo que
has hecho por nosotros. Ninguna vida es reemplazable, es verdad, y por eso quiero
que recuerdes que muchos de los míos que estamos aquí seguimos vivos gracias a
ti, a esa medicina que creaste. Más de cien vidas, no lo olvides. Es un buen
número —dijo sonriendo.
Su macho tomó sus manos y las apretó a la vez
que cerraba los ojos con fuerza.
—Gracias.
Pese a lo que dijo, no se le escapó el dolor en
su voz. Le acarició el rostro, tratando de reconfortarlo.
—Sea lo que sea, suéltalo. Estoy aquí para ti,
Tyler.
Este abrió los ojos y lo miró. Trust no apartó
la vista, quería que supiera que tenía toda su atención.
Tras una pausa, cogió aire y le dijo:
—Provoqué la muerte de Thorton.
El recuerdo de la técnica que usaba drogas
sexuales en él cruzó su mente, pero contuvo las ganas de apretar la mandíbula.
Todavía sentía cierta vergüenza por lo vulnerable que le hizo sentir, por cómo
reaccionaba su cuerpo a ella a pesar de lo mucho que la odiaba, sin embargo,
ahora debía estar centrado en Tyler. Se estaba abriendo a él, esta vez, de
verdad, y quería ayudarlo, cerrar las heridas que pudiera tener y que dejara de
cargar con tanta culpa.
—Bien. Merecía morir. Me hizo daño a mí y a
muchos de los míos. Sé que incluso mató a algunas hembras. Todos deseábamos su
cuello. —Le acarició la mejilla con el pulgar—. No te sientas mal por ella.
—No es su muerte la que me atormenta —confesó
Tyler—, sino la del felino que la mató por mí.

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