Capítulo 4. Dosis


 

—Así que ya ha ido a vuestras cabañas —dijo Vane con aire pensativo.

Tyler luchó contra el impulso de apretar los puños.

Había sido muy repentino que Trust lo despertara de golpe para marcharse a la casa de Vane. Aún estaba medio dormido y le costaba pensar cuando le había explicado junto a Brass lo que había pasado. Eso lo había espabilado.

Lo sabía. Sabía que 377 los encontraría con facilidad y se daría cuenta de que Trust y los demás estaban con ellos, pero, aun así, no evitaba que se sintiera intranquilo.

No tanto por él, ni siquiera por Rick. Sino por Ellie y Norm.

La idea de imaginarlos solos contra 377 era demoledora. No aguantarían ni un latido de corazón. Sabía que Fury y Midnight morirían luchando hasta el final para protegerlos, lo había visto antes en las instalaciones, pero, aun así, si 377 lograba sortearlos y llegar hasta ellos, no habría combate.

Dos únicos y rápidos golpes era todo lo que necesitaba para acabar con ellos.

Algo lo tiró de la manga del jersey y se giró para encontrarse con Trust. Parecía preocupado, otra vez.

Debería dejar de hacer eso. Rick tenía razón, lamentarse no serviría para avanzar. La realidad era que ya estaban allí y el conflicto llamaba a su puerta, así que debía pasar página y centrarse en lo que podía hacer ahora para arreglar la solución. No quería que Trust siguiera preocupándose por él ni tampoco ser una carga para Vane.

El canino debió de detectar el cambio en él, no supo si por su olfato o porque la expresión de su rostro se habría endurecido, pero el caso es que relajó los hombros y le dedicó un asentimiento antes de mirar al frente.

Tyler lo imitó y observó a Vane. Tenía los ojos entrecerrados.

—Vino solo y no hay nadie herido. Solo quería observar —dijo con un tono extraño en la voz—. Para ser alguien tan cegado por su odio a los humanos, no ataca sin pensar.

—¿Eso es bueno? —preguntó Brass con el ceño fruncido.

Vane se rascó la nuca.

—Creo que es una buena señal.

Night, recostado en la pared que había tras el escritorio donde estaba su compañero, cruzó los brazos.

—No tiene intención de hacernos daño. Al menos, no a nosotros.

—Eso significa que no atacará a la ligera —comentó Rick antes de dejar escapar un suspiro—. Eso es un punto a nuestro favor.

Vane miró a Trust con una pequeña sonrisa.

—Tu idea funciona por ahora —dicho esto, sus rasgos se endurecieron—, pero no bajéis la guardia. Volverá. Mañana por la noche, lo más seguro.

Fury gruñó.

—Esto no me gusta. Es peligroso.

Vane le lanzó una larga mirada.

—Me he enterado de que fue él quien le hizo daño a Ellie. ¿Debo estar preocupado por ti?

Ellie se adelantó un paso de inmediato. Su mano aferraba la de Fury.

—Fury no irá tras él. Solo atacará si es una amenaza. —Alzó la cabeza para mirarlo y su pareja le apretó la mano soltando un gruñido breve. Ella miró de nuevo a Vane—. Los dos entendemos lo importante que es esto. Y lo importante que es hacer las cosas bien ahora.

Tyler la miró de reojo, pero se distrajo con el suspiro de Vane. Se pinzó el puente de la nariz antes de levantarse y apoyarse sobre el escritorio.

—Night.

Su pareja se irguió al instante.

—Dime, compañero.

—Tú conoces la situación, pero no estás implicado personalmente. Dime tu opinión.

Night no dudó cuando respondió:

—No peleará contra nuestra especie. Lo dejó claro esta tarde durante el partido y retrocedió cuando sintió que yo estaba dispuesto a pelear. —Hizo una pequeña pausa y su tono de voz se volvió más triste—. Creo que es uno de los machos a los que drogaban. Probablemente mató a algunos de los nuestros bajo sus efectos. No querrá hacerlo ahora.

Tyler sintió un repentino dolor en el pecho, pero trató de apartarlo a un lado. No era el momento, ahora no. Lo supo porque Vane le echó una mirada rápida antes de continuar. Sus ojos se pasearon por Trust, Brass, Fury y Midnight.

—¿Podréis hacer esto? Sé que para algunos de vosotros es personal, pero quiero que entendáis las consecuencias.

Brass frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Fury gruñó de nuevo.

—Hay que evitar que nos peleemos entre nosotros. Nuestra gente no quiere ver eso.

Midnight lo imitó.

—No me gusta eso. ¿Se supone que debo quedarme de brazos cruzados si atacan a mi Norm?

—No —respondió Vane—, pero no quiero que seáis vosotros quienes empecéis la pelea. Si lo hacéis, los vuestros podrían sentirse inclinados a creer que es una trampa que hemos tendido los humanos y se unirán a 377.

La canina miró a Fury con la nariz arrugada.

—Por eso no has ido a cazarlo a pesar de lo que le hizo a Ellie.

Este gruñó más fuerte.

—Entiendo cómo se siente 377. Yo también dudé mucho de los humanos, me negué incluso a creer a Night cuando nos habló de todo esto. —Respiró hondo y soltó el aire despacio antes de mirar a la mujer—. No le perdono lo que le hizo a mi compañera, pero quiero lo que Vane nos ofrece. Una vida tranquila en libertad con Ellie y mi gente. Hacer daño ahora a 377 no me ayudará a conseguirlo.

Midnight lo observó durante un minuto entero antes de bajar la vista hacia Norm, que le dio un apretón en la mano. Ella gruñó.

—Mierda.

Fury esbozó una sonrisa carente de alegría.

—Yo pensé lo mismo.

La canina alzó los ojos, clavándolos en Night.

—Espero que tengas razón —dicho esto, su mirada se desvió hacia Vane—. Quiero lo que nos ofreces también. Me contendré, a menos que ataque a Norm.

Vane asintió y se dirigió a Trust.

—¿Trust?

Tyler buscó sus ojos. Parecía tan decidido que se le erizó el vello de la nuca.

Hizo que se sintiera un poco orgulloso. Pese a que llevaba poco tiempo en libertad, y pese a todo lo que había sufrido, le dio la impresión de ser un hombre capaz de todo.

—Lo mismo que Fury y Midnight. Te doy mi palabra —y su tono fue tan solemne, que Vane ni siquiera lo vigiló un instante para asegurarse de que decía la verdad.

En vez de eso, se giró hacia Brass.

—Supongo que puedo estar tranquilo por ti.

Él alzó las manos.

—Le debo la vida a Rick, pero no estamos vinculados. Puedo controlarme.

—Au, eso ha dolido —soltó este de repente, haciendo que Tyler resoplara y que Ellie y Norm soltaran una risilla.

Brass le palmeó la espalda.

—Tranquilo, macho. Encontrarás un compañero casi tan guapo como yo.

Night y Trust rieron abiertamente, mientras que a Midnight y Fury se les escapó una carcajada.

Vane también sonrió mientras se dejaba caer en la silla.

—Bien. Ahora que todos lo tenemos claro y que nos hemos relajado, a la cama.

Norm se sobresaltó.

—¿Acabas de tratarnos como a niños?

—Trabajo desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche para que todo esto funcione y este asunto me ha pillado cuando ya estaba durmiendo —dijo Vane muy despacio mientras le lanzaba una mirada de pocos amigos a Norm—. Se me permite ser condescendiente con los que tendrían que haberme dicho desde el principio cuál era el problema. ¿No crees?

El doctor se encogió.

—No he dicho nada, señor.

—Ya me parecía. Ahora, fuera, a dormir.

Todos salieron enseguida, en especial los therians, que no querían privar al compañero de Night de más sueño, conscientes de todo lo que había hecho y seguía haciendo por ellos. A Tyler le pareció un poco tierno, pero se dio prisa por salir. Trust, cómo no, le cogió el ritmo con facilidad.

—Me alegro de que estés mejor —le dijo en voz baja.

Tyler supo a qué se refería.

—Creo que solo necesitaba desahogarme. —Entonces, le sonrió—. Hablar contigo me ayudó.

A Trust se le iluminó el rostro y, de repente, lo abrazó. Se sonrojó, pero le devolvió el gesto con una pequeña sonrisa y le palmeó la espalda para que lo soltara.

—Vamos, no quiero que mi guardián se resfríe. Hace frío ahora.

De repente, el canino se irguió y se puso serio.

—Tienes razón. No quiero que te enfermes —dicho esto, lo cogió de la muñeca y casi lo arrastró a paso rápido en dirección a su cabaña. Eso le hizo reír.

—Trust, no puedo andar tan rápido como tú.

Este se detuvo de inmediato y se giró hacia él.

—Te llevo en brazos.

Tyler tuvo que reír otra vez. Se sintió un poco mal por ello, sabiendo que solo estaba preocupado por su bienestar, pero es que estaba tan serio…

—Relájate. Estamos al lado y yo aguanto bien el frío. —Se soltó de su agarre y, esta vez, fue él quien lo cogió con suavidad por la muñeca—. Ven, yo marco el ritmo.

Vio que Trust relajaba un poco los hombros, por lo que supuso que estaba bien.

—¿Hay humanos que aguantan bien el frío? —lo escuchó preguntar a su lado.

Él sonrió.

—Algunos mejor que otros. Pasa lo mismo con vosotros. Los úrsidos y la mayoría de los caninos tenéis resistencia al frío.

Trust ladeó la cabeza y lo miró con ojos brillantes.

—En los humanos, ¿por qué es?

A Tyler se le curvaron los labios. Le gustaba su curiosidad.

—En mi caso, debe ser la sangre —dijo con una risilla.

—¿Tu sangre? —Ahora, parecía confundido.

—Lo siento, ha sido un mal chiste.

—Un chiste es una broma, ¿no? Explícamela. Quiero aprender.

Para entonces, llegaron a la cabaña. Tyler buscó las llaves mientras que Trust olfateó ruidosamente alrededor. Supo por qué lo hacía.

—¿Es seguro? —preguntó antes de abrir.

Trust asintió. Ahora parecía tranquilo del todo.

—No huelo que haya estado aquí.

Tyler entró y encendió la luz. Un vistazo rápido le dijo que 377 no había entrado por otra parte, o ya les habría atacado. Además, Trust entró con la misma tranquilidad, por lo que no debía de olerlo en la casa y él dudaba de que los therians supieran cómo ocultar su olor por el momento.

—No, lo olería si estuviera aquí —le confirmó con una sonrisa, como si hubiera oído sus pensamientos.

Tuvo que sonreír.

—Siempre me sorprende vuestro olfato. A veces me da envidia.

Trust arrugó la nariz.

—Cuando estaba en Mercile no me gustaba tenerlo. Todo hacía arder mi nariz —dicho esto, su rostro se iluminó—. Pero ahora que estoy aquí, me encanta. La comida huele bien y me gusta el olor de los árboles por la mañana.

Tyler se sentó en el brazo del sofá.

—¿Eres feliz aquí? —No pudo evitar preguntarlo.

Él se acercó y se arrodilló para que pudiera mirarlo a los ojos sin levantar la cabeza. Sus increíbles irises dorados parecían tener luz propia.

—Mucho. Por eso, quiero que esto funcione. Quiero que estemos juntos, todos. Mi gente y los que nos salvaron. Quiero poder estar contigo.

… Tyler estaba seguro de que su corazón se saltó un latido. ¿Había oído bien? Y, aunque lo hubiera hecho, ¿qué significaba eso? ¿Lo decía solo porque lo había salvado o quería decir algo más? Después de todo lo que pasó entre ellos en Mercile y lo que le dijo antes del rescate, pensó que tal vez no era el único que había sentido algo, pero…

Antes de que pudiera preguntar qué quería decir, Trust se movió rápido y lo lanzó al sofá. Se quedó tumbado de espaldas mientras que él, de un salto, se sentó a su lado, mirándolo desde arriba.

—Ahora, explícame la broma. Quiero aprender.

Tyler se llevó una mano a la frente, fingiendo apartarse el pelo para esconder un sonrojo.

No debería darle vueltas a eso, no tenía sentido. Trust había sido un prisionero toda su vida, por no hablar de que eran especies diferentes.

Él lo sabía mejor que nadie. Los therians eran directos y contundentes. Cuando se trataba de su pareja, no era diferente. Simplemente iban a por ella y punto. Las hembras siempre podían rechazarlos si no sentían un vínculo con los machos, pero ellos no se andaban con rodeos. Así que, si Trust sintiera algo más que gratitud por él, ya lo sabría.

Algo dentro de su pecho se hundió.

Mierda. No tenía derecho a sentirse así, ninguno. No se lo merecía después de lo que había hecho en Mercile, aunque todo hubiera sido para rescatar a Trust y a los demás.

No justificaba los sacrificios que hizo.

—¿Tyler?

Las manos de Trust sobre las suyas lo sorprendieron. Al apartarlas, vio que su ceño volvía a estar fruncido.

—Tyler, ¿qué pasa? Huelo tu dolor.

Joder con el olfato.

Tenía que pensar rápido y recuperarse.

—Lo siento. Me acordé de mi madre.

Trust apretó los labios.

—¿Murió con tu padre?

Él movió la cabeza de un lado a otro.

—No. Fue durante el parto de mi hermano. Yo era pequeño.

Trust le apretó las manos.

—Lo siento.

Tyler sacudió la cabeza. Lo apreciaba, pero no quería tocar ese tema. No estaba preparado.

—La broma de antes era por ella —dijo, solo para llevar la conversación a otra parte—. Venía de un país muy frío. ¿Sabes lo que es un país?

El canino asintió, aunque frunció el ceño.

—Sí, pero no me los sé.

—No importa. Ella pensaba que aquí éramos muy blandos cuando llegaba el invierno. Todos solíamos ponernos chaquetas gordas mientras que ella solo llevaba una sudadera cuando salía a la calle —El recuerdo le hizo sonreír.

Trust imitó su gesto.

—Era una hembra dura.

—Ni te lo imaginas. —Sintió un pinchazo de dolor. De niño, su madre le parecía una superheroína. Siempre lucía fuerte y orgullosa y afrontaba cualquier problema con una sonrisa. Él la adoraba, creía que no había nada que pudiera con ella.

Hasta que se quedó embarazada.

Un pinchazo de dolor lo atravesó, pero lo ignoró.

—Lo de la sangre es… —Hizo una pausa, pensando cómo explicárselo—. Hablamos de tener la sangre de alguien cuando estamos emparentados con esa persona. Padres y hermanos, normalmente. La broma era que, como mi madre aguantaba bien el frío, y yo soy su hijo, también lo llevo bien.

Trust abrió mucho los ojos.

—¿Tienes las habilidades de tu madre?

Tyler no pudo evitarlo. Soltó una carcajada.

—No, nada te garantiza que tu hijo vaya a tener las mismas habilidades o defectos que tú. Por eso era una broma.

—Entiendo —dijo Trust con un efusivo asentimiento. Entonces, sonrió—. Es un poco complicado, pero me gusta aprender.

—Tómatelo con calma, Trust. Los humanos hemos tenido muchos años para aprender, pero vosotros lleváis poco tiempo.

Trust sacudió la cabeza.

—Tenemos que esforzarnos. Tú, Vane y los otros humanos habéis hecho mucho por nosotros. Sabemos que trabajáis duro porque aún no entendemos este mundo, así que nosotros también debemos hacerlo para que podáis descansar.

A Tyler se le escapó una sonrisa.

Los therians eran maravillosos. No era justo lo que les habían hecho, no se lo merecían. Por eso, él trabajaría lo que hiciera falta, igual que hacía Vane.

Además, Rick, Ellie, Norm y él tenían mucha culpa que expiar. Harían lo que fuera por ellos.

Aun así, Trust y los demás querían esforzarse para que no tuvieran que trabajar tanto.

Eso era bonito por su parte, aunque no hiciera falta, pero seguía siendo un detalle.

Le dio unas palmaditas en una de las manos y luego las soltó para levantarse de un salto.

—Hablando de descansar, deberíamos dormir —le dijo sonriendo—. Mañana vas a seguirme todo el día y te aseguro que soy un hombre ocupado.

Trust también se levantó. Tenía los ojos brillantes y sonreía, casi parecía un niño en Navidad.

—Lo estoy deseando.

 

 

Trust solo había ido a la enfermería una vez, cuando los liberaron, para asegurarse de que se encontraba bien antes de dejarlo libre por el hotel. Sin embargo, sabía que no era un lugar al que le gustara ir a menudo.

Era un edificio de dos plantas, pero no muy grande. En la planta baja estaba la recepción y tenían una sala de radiología más otras dos en las que habían tenido que improvisar para convertirlas en mesas de operaciones de urgencia, mientras que arriba habían hecho un laboratorio, una sala de consulta y las otras dos eran habitaciones para los enfermos.

Una de ellas era en la que estaban 396 y 305. El úrsido de pelo oscuro no se separaba de él desde que lo liberaron. Dormía en una cama a su lado, vigilando que su amigo siguiera sano y salvo.

Trust lo admiraba por ello. Pese a que le dijo a Tyler que ahora estaba feliz de tener buen olfato, los olores de aquel lugar le recordaban a la instalación en la que había estado preso. Desinfectante y químicos. Eran tan penetrantes que le costaba detectar cualquier otro aroma. Podía oler a Tyler y al médico porque los tenía cerca, pero, en aquel lugar, difícilmente podría detectar cualquier otra cosa con su nariz.

—¿Cómo estás? —le preguntó a 305, sentándose a su lado en la cama mientras Tyler le administraba a 396 su dosis diaria.

305 suspiró.

—Igual, supongo. Me alegro de que 396 siga con nosotros, pero quiero que despierte pronto —dicho esto, esbozó una pequeña sonrisa—. Hoy vendrá Missy a darme clases. Al menos estaré entretenido un rato y 396 tendrá un poco más de compañía.

Trust le devolvió el gesto.

—Ya verás que despertará.

305 asintió.

—Baird dice que lo peor fue cuando llegó. Dice que su vida no corre peligro y que lo que le pone Tyler le está ayudando a recuperarse adecuadamente.

Él frunció el ceño.

—¿Y por qué no despierta?

El rostro del úrsido se tensó un poco. Pudo ver la inquietud en sus ojos.

—Temen que sea su mente.

—Aún no lo sabemos con seguridad.

Trust se giró hacia Baird. No era un macho muy alto y, aunque era un poco ancho de espalda, no parecía ser muy fuerte. Tenía la piel pálida, con una nariz cubierta de pecas que se extendían bajo sus amables y cálidos ojos azules. Aun así, lo que más le llamaba la atención era su pelo. Era de color zanahoria y, pese a llevarlo corto, era espeso y se curvaba en graciosos e hipnóticos rizos.

El médico debió de darse cuenta, porque le sonrió y se inclinó.

—Vamos, tócalo.

Trust ni lo pensó. Extendió la mano y pasó los dedos por los rizos. La textura hizo que se sobresaltara y puso la otra mano sobre su cabeza.

—¡Es como blandito!

Baird rio de buena gana.

—Creo que quieres decir esponjoso.

305 volvió a sonreír.

—¿Verdad que sí? —le dijo a Trust—. Es agradable tocarlo. Baird me deja hacerlo cuando estoy triste.

Al oír eso, el canino se detuvo y apartó las manos.

—Lo siento. No he pedido permiso.

Baird soltó una risilla y se irguió, colocando sus rizos en su sitio.

—Ya te lo había dado yo cuando me he inclinado —dicho esto, su rostro se suavizó—. No os preocupéis por la mente de 396 por ahora. Todavía estamos haciendo pruebas para asegurarnos de que no es su cuerpo.

—¿Qué tipo de pruebas? —preguntó Trust. No le gustaba esa palabra, pero sabía que no eran las mismas que les hacían en Mercile. 305 jamás lo habría permitido y él estaba siempre junto a 396.

Baird frunció el ceño y sus ojos se perdieron en algún punto. Trust se había dado cuenta de que los humanos lo hacían mucho cuando pensaban en un modo de explicarles algo difícil.

—Le sacan sangre, saliva y otras cosas para ver si hay algo raro en su cuerpo —se adelantó 305. Le dedicó una sonrisa tranquilizadora—. No le hacen daño y Baird me ha enseñado un poco lo que está buscando. Hay muchos números en esos papeles y el objetivo es que algunos no sean muy altos o bajos.

Trust supo a qué se refería. Ethan también le había enseñado los suyos y le había explicado lo que tenía que comer para que los suyos estuvieran normales.

—De todos modos, hay mucho sobre vosotros que todavía no sabemos —dijo Baird con una expresión más seria—. Vuestro cuerpo es diferente al nuestro, así que es importante que revisemos todos los medicamentos que os ponemos —dicho esto, se giró hacia Tyler, que ya estaba recogiendo su material y guardándolo en un maletín—. Vuestros datos nos fueron de mucha ayuda.

El corazón de Trust se aceleró un poco. Así que Tyler, Norm, Rick y Ellie también les ayudaron con eso. Una ola de calidez fluyó por su pecho.

Aun así, su macho suspiró.

—No lo suficiente. Los médicos de Mercile eran unos desalmados y se pasaron de dosis muchas veces.

—¿Qué es una dosis? —le preguntó Trust.

—Es la cantidad de una medicina —explicó Tyler mientras apoyaba una mano en la cadera—. Las medicinas son buenas y funcionan siempre que usamos la dosis adecuada en una persona. Muy poca podría no tener efecto y mucha podría ser dañina para el cuerpo —dicho esto, miró a 305—. Lo de la mente es solo una posibilidad, pero tampoco es algo seguro. Baird y yo estamos trabajando para asegurarnos de que no es ninguno de los medicamentos que le estamos aplicando. —Entonces, se dirigió a Baird—. Hablando de eso, ¿tenemos los resultados de su actividad cerebral?

Este asintió.

—Todo normal. No es su cerebro.

—¿Qué más opciones hay?

—Tuvo un paro cardiorrespiratorio durante su operación. Las pruebas indicaron en su momento que estaba bien, pero quiero comprobarlo de nuevo. Si no es eso, revisaré su sistema nervioso. —Puso una mano sobre su hombro—. No te preocupes, hay muchas causas para que esté así. Las veremos todas y encontraremos lo que le ocurre.

Tyler asintió y Trust volvió a sentir esa calidez envolviéndolo. Ver a los dos humanos esforzarse tanto por 396 lo conmovía y le hacía creer que de verdad conseguirían que despertara. Si su vida no corría peligro y su cuerpo se estaba recuperando, solo era cuestión de tiempo que lo hiciera.

No lo conocía personalmente, pero había escuchado a otros machos hablar sobre él. Todos aseguraban que había sido el más fuerte de Mercile y que los guardias le tenían más miedo a él que a cualquier otro de su especie. De hecho, incluso su propia gente le temía. 305 también le había dicho que tenía mucha fuerza de voluntad, al menos, cuando se trataba de luchar por sobrevivir y enfrentarse a los guaridas, médicos y técnicos, y que tenía confianza en que su mente aún no estuviera rota.

Él quiso pensarlo también. Después de todo, Tyler y Baird aún estaban haciendo esas pruebas para asegurarse de que su cuerpo funcionaba bien y 305 conocía a su amigo mejor que nadie. Todo saldría bien, tenía fe en ello.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Tyler se despidió del doctor y de 305. Él también lo hizo, recordando lo que Jessie les había enseñado, y luego siguió a su macho hacia el laboratorio.

 

 

Trust ya había visto instrumentación médica antes cuando lo llevaban con los médicos a hacerle pruebas, pero nada como aquello. En tres mesas alargadas, había todo tipo de recipientes con formas extrañas, algunos ordenadores y máquinas que no lograba identificar. Al fondo, había una pizarra, en la que Tyler empezó a escribir.

—Trust, sé que debes de tener mucha curiosidad, pero ten cuidado cuando te acerques a todo lo que hay en la sala. La gran mayoría es frágil.

Él se quedó muy quieto en su sitio. Sí que tenía curiosidad, pero tampoco quería romper nada. Había muchas cosas por todas partes y él era un macho grande. Le daba un poco de miedo golpear algo sin querer.

Tyler se giró hacia él y, al ver que estaba tenso, sonrió.

—Tampoco es para que te pongas así. Ven.

Cogió una silla y lo atrajo a una esquina. Trust fue de inmediato, contento por tener un lugar donde no podría romper nada.

—Me temo que hoy no podré saciar tu curiosidad —le dijo Tyler rascándose la nuca—. Voy a hablar con personas que estudian lo mismo que yo y no entenderás ni una palabra.

Trust ladeó la cabeza.

—¿No podré aprender nada?

—Me temo que, para esto, no. Son de esas cosas que tienes que estudiar durante mucho tiempo —dicho esto, frunció el ceño—. Ah, mierda, seguro que podríamos haber traído algo para que estudiaras algo de alguna de tus clases.

Trust frunció el ceño.

—No es buena idea.

Tyler parpadeó.

—¿Por qué no?

—Te estoy protegiendo —dijo muy serio—. Aún no sé leer, así que, si quisiera aprender algo, necesitaría ponerme los auriculares. Con eso no podría escuchar bien si se acerca 377 o alguno de su grupo. No quiero que me tomen por sorpresa.

Un amago de culpa se asomó en la mente de Tyler, pero la desechó a un lado. Había acabado con eso, era un problema que debían solucionar ahora, tal y como dijo Rick. Así que, en vez de regodearse en la culpa, debería encontrar otras opciones.

—¿No hay nada que no puedas hacer sin auriculares? Me sabe un poco mal que estés aquí sin aprender nada.

Trust esbozó una sonrisa carente de alegría.

—No es como si en mi jaula hubiera aprendido mucho, Tyler. —Entonces, le sonrió de verdad—. Me hace feliz que te preocupes por mí, pero estaré bien.

Tyler contuvo una mueca al recordar que los therians no habrían hecho gran cosa en sus jaulas aparte de hablar entre ellos, recuperarse y esperar a la siguiente prueba. Supuso que, para Trust, estar simplemente sentado sin hacer nada debía de ser mucho mejor en comparación con todo aquello. Al menos, estaba allí por voluntad propia.

—Si hay algo que pueda hacer o que necesites, házmelo saber.

—Vale.

—Y no te preocupes por la gente que vendrá. Ellos están menos acostumbrados a tu gente, así que no te sorprendas si se ponen nerviosos o están un poco asustados de ti.

Trust asintió y relajó tanto su postura que se encorvó un poco.

—Intentaré no asustarlos.

Tyler soltó una risilla y lo cogió por los hombros para que recostara la espalda.

—Me alegro de que no quieras que te tengan miedo, pero así te harás daño en la espalda. Ponte cómodo. Solo suaviza tu tono y saluda como te han enseñado.

Trust hizo una pausa, como si lo estuviera memorizando, antes de asentir de nuevo.

—Voz suave y saludar como dice Jessie. Lo tengo.

Tyler le palmeó el hombro.

—Tranquilo, lo harás bien y será solo un momento. Ya lo verás.

 

 

Tyler había tenido razón en todo. La mayoría de los humanos que entraron en el laboratorio actuaron como si le temieran o estuvieran nerviosos por su cercanía, pero, aun así, hicieron el esfuerzo de saludarlo. Todos le dijeron que había sido muy valiente y que se alegraban de que ahora estuviera allí, sano y salvo. A Trust le pareció un detalle y comprendió que eran buenos humanos que estaban para ayudarlo, aunque les intimidara un poco. Por eso, él actuó tan suave como pudo, y tuvo la sensación de que funcionó, porque casi todos parecieron relajarse después de la presentación.

Aun así, hubo algunos que se mostraron más confiados con él, como Ted Treadmont. Le gustó que no mostrara miedo ante él y que su apretón de manos hubiera sido firme y amistoso. También le dio la sensación de que era el líder de aquel grupo de científicos, por la forma en que todos lo trataban.

Sin embargo, no había uno solo de ellos que no pareciera estar fascinado por Tyler. Al principio, temió que pudieran tener interés en su macho, pero no tardó en darse cuenta de que, en realidad, parecían atónitos por lo que había hecho con su medicamento.

Tal y como Tyler le había dicho, no entendió una sola palabra de lo que hablaron, pero todos los humanos parecían no hacer más que una pregunta tras otra. Por sus expresiones sorprendidas y casi ilusionadas, Trust sospechó que lo que Tyler había creado era algo increíble y excepcional.

Hizo que se sintiera un poco orgulloso. Su Tyler era un buen humano, y, además, inteligente. Iba a tener que esforzarse mucho para demostrarle que sería un gran compañero para él.

También le hizo pensar que, a pesar de que Tyler había trabajado para Mercile, al final, había sido su medicamento el que había salvado a muchos de los suyos. Sabía que su macho no estaba orgulloso del tiempo que pasó con los técnicos, ni de permitir que les hicieran todas aquellas pruebas, pero él entendía que había estado esperando la oportunidad para liberarlos. Y, al final, lo que había hecho les había permitido sanar y vivir lo suficiente para conocer la libertad.

—Entonces, ¿se podría crear una versión para seres humanos?

Esa pregunta llamó su atención, sobre todo, porque la había entendido.

Miró a Tyler, sintiendo un poco de curiosidad. Este frunció el ceño, como si algo lo hubiera molestado.

—Dudoso. Los therians fueron creados con determinados químicos que, más tarde, asimilaron en sus cuerpos, por lo que son más resistentes que los humanos a una gran cantidad de drogas. De hecho, y como sabéis, necesitan dosis más grandes que nosotros de medicamentos para que tengan efecto en ellos.

Treadmont levantó una mano.

—Entonces, ¿no hay ninguna posibilidad?

Tyler dudó un momento y, después, suspiró.

—Tal vez haya una posibilidad con dosis muy pequeñas y administradas cada poco tiempo, pero no lo recomendaría a menos que no hubiera ninguna esperanza de salvar a una persona tras una operación —dicho esto, se llevó una mano a la nuca—. Además, creé el Aclepsis con esos químicos a propósito para que no se pudiera usar en seres humanos.

—¿Por qué motivo? —preguntó una mujer—. Habría sido un avance científico importante.

Trust frunció el ceño. Todavía sentía curiosidad, pero no le gustaba el modo en el que Tyler se removía y apartaba la vista, como si algo lo molestara, aunque no olía ira o dolor.

Al final, respondió, pero lo hizo arrastrando las palabras, como si no quisiera decirlas.

—No quería que Mercile se aprovechara de eso —admitió despacio—. Ya era bastante malo que el ejército estuviera financiando todo aquello como para que la empresa se hiciera aún más poderosa con un fármaco como ese. Si hubiera crecido demasiado, tal vez Vane no habría tenido fuerza ni influencia suficiente para rescatarlos.

Su respuesta pareció apaciguar al resto de humanos, porque enseguida le preguntaron algo que Trust no entendió sobre componentes y fórmulas y Tyler siguió hablando, más tranquilo que antes.

Sin embargo, él agradeció el cambio de conversación, porque necesitaba un minuto para asimilar lo que Tyler había hecho.

Trust había entendido, desde que Night regresó a su jaula y le contó que había estado fuera, por qué Tyler había tenido que permitir algunas pruebas. De haberse expuesto, lo habrían matado, y ninguno de ellos sería libre ahora. Seguirían muriendo un día tras otro en sus jaulas.

Era doloroso y triste, pero lo entendía, y no culpaba a Tyler por ello. De hecho, Tyler lo había salvado de aquella técnica, se había arriesgado por él, así que sabía, mejor que nadie, que había actuado en su defensa siempre que había podido y que los había protegido desde las sombras cada vez que surgía una oportunidad.

Sin embargo, no sabía que también se había opuesto a Mercile de ese modo. Entendía que ellos habían sido sujetos de prueba para crear soldados fuertes y mejores que los humanos, Vane les había dado una clase sobre ello junto a Ethan para que entendieran lo que les habían hecho y por qué. Había comprendido también que el papel de Tyler era mantener con vida a tantos sujetos como fuera posible, de ahí el desarrollo de su medicamento.

Pero no tenía ni idea de que, al mismo tiempo, había luchado contra Mercile al crear uno que no pudieran usar los humanos. Había aprendido lo importante que era el dinero y sabía que sus captores los habían retenido con ese objetivo en mente. Si hubieran descubierto que Tyler había cambiado ese medicamento a propósito, para que no les resultara útil, lo habrían matado.

Se le hinchó el pecho, un poco emocionado y orgulloso. Ahora tenía aún más ganas de aprender todo lo que pudiera, sobre su mundo y sobre Tyler. Quería encontrar el modo apropiado de darle las gracias, porque, esta vez, sintió que las palabras eran muy poca cosa en comparación con lo que había hecho por su gente.

Necesitaba hablar con alguien sobre cómo acercarse más a él.

 

 

—Parece que todo va bien.

Trust miró a Brass, que estaba a su lado mientras Rick preparaba las máquinas del gimnasio para el entrenamiento diario. Detrás, estaban Ellie, Norm y Tyler hablando.

—¿No los has olido cerca? —le preguntó en voz baja.

Brass arrugó la nariz.

—No a los que reconozco del grupo de 377, y, si había alguno al que no conociera, no ha hecho nada sospechoso.

—En mi caso igual —dijo Fury.

Midnight hizo una mueca.

—No me gusta. No me creo que esos idiotas hayan desistido tan rápido solo porque 377 nos viera anoche con ellos.

Trust frunció el ceño.

—Yo tampoco.

—Todavía queda la mitad del día —señaló Brass—. Permanezcamos alerta.

Fury asintió con un gruñido.

—Yo me quedo en la fila de atrás para estar cerca de Ellie. —Miró a Midnight y a Trust—. Supongo que vosotros dos vendréis también. Brass, ¿te quedas delante?

Este se encogió de hombros.

—Qué remedio. Tengo una deuda que cumplir. Lástima que no sea mi compañero como los vuestros, os envidio.

—Aún estás a tiempo de conquistarlo, Brass —dijo Midnight con una amplia sonrisa.

Él le enseñó los dientes.

—Me gustan las hembras.

—No hay nada de malo en que te gusten los machos —replicó Trust con un gruñido.

Brass se sobresaltó y agachó la cabeza.

—Perdona, Trust. Solo decía que no me interesan los machos y que sería más agradable estar todo el día pegado a mi compañera. No quería hacerte daño.

Este le dio un apretón en el hombro.

—No importa. Pero Tyler no es mi compañero.

—Aún no —dijo Midnight en un tono más amable—. No sé a qué estás esperando. Agárralo, cógele del culo y dile que es tuyo.

Fury la golpeó amistosamente en el costado.

—Los humanos no son tan agresivos como nosotros. Mi Ellie se asustaba mucho cuando le gruñía al principio, pensaba que estaba enfadado con ella en vez de saber que me gustaba. Tuve que dejar de hacerlo un tiempo, hasta que aprendió que gruño cuando estoy excitado.

Midnight se encogió de hombros.

—A mí me funcionó con Norm.

Fury puso los ojos en blanco.

—No sé cómo el pobre no salió corriendo.

La canina sonrió ampliamente.

—Soy la mujer de sus fantasías más húmedas.

—¿Qué significa eso? —preguntó Brass—. No recuerdo esa expresión en clase.

Midnight sacó pecho.

—Que soy la única mujer a la que querría montar.

—¿Como una compañera? —preguntó Trust.

—Algo así, por lo que entendí.

El canino frunció el ceño.

—Yo quiero ser eso para Tyler —dicho esto, arrugó la nariz—, pero no quiero asustarlo.

—Tú hazme caso —dijo Fury—. Acércate a él primero, averigua qué clase de compañero quiere y luego conquístalo.

Trust lo meditó un momento. Sonaba como un plan más sólido que el de Midnight, aunque debía admitir que le gustaría que fuera tan fácil como había sido para ella. Sin embargo, sabía que Tyler podía interpretarlo mal, igual que Ellie, y por nada del mundo quería que huyera de él.

Decidido, seguiría el consejo de Fury.

—Eh, ¿qué hacéis ahí? El entrenamiento va a empezar ya.

Los cuatro se giraron y se encontraron con Slade y Tiger.

—Me estaban aconsejando —explicó Trust.

—¿Sobre qué? —preguntó Tiger.

—Compañeros.

Slade se sobresaltó, pero el felino puso los ojos en blanco y alzó las manos.

—No me interesa. Bastante tengo ya con las clases como para perseguir a una hembra. Me voy delante.

Brass se fue con él y el resto se quedó en la última fila. Trust echó un vistazo atrás para asegurarse de que Tyler estaba bien y lo encontró dando puñetazos al aire. Frunció el ceño cuando se fijó en que sus movimientos eran mucho más rápidos y fluidos de lo que esperaba. Supo de inmediato que sabía golpear, aunque no parecía demasiado fuerte como para noquear a alguien como él.

Norm, a su lado, parecía tratar de imitarlo, pero no tardó mucho en tambalearse sobre sus propios pies, haciendo reír a Ellie.

—Eh —susurró Slade a su lado.

Se giró sin dejar de mover el brazo derecho en círculos, calentando los músculos.

—¿Qué?

—A mí sí me interesan esos consejos de compañeros. ¿Qué te han dicho?

Trust ladeó la cabeza mientras cambiaba de brazo.

—¿Te interesa una humana?

Slade asintió.

—La doctora Trisha. ¿Te acuerdas de cuando nos rescataron y 377 nos atacó? Yo acabé herido y me llevaron con ella. Se ha estado ocupando de mí desde entonces.

—¿No le hiciste saber tu interés?

Slade sonrió.

—Le dije que era una mujer preciosa y que me encantaría tenerla debajo de mí durante semanas.

—¿Cómo se lo tomó?

—Me exigió que fuera bueno y que no me moviera mucho mientras me curaba. Pero tenía la cara muy roja y olí su excitación. Le gusto.

—Me alegro por ti.

—Aun así, no ha aceptado estar conmigo —dijo con una mueca—. No lo entiendo. Puede que al principio no pensara en convertirla en mi compañera, pero ahora sé que la quiero. No sé si… la ofendí sin querer, ¿sabes? Cuantas más clases nos da Jessie, más siento que lo jodí de algún modo. Y quiero arreglarlo.

Trust sintió el impulso de darle un apretón en el hombro, pero se contuvo. No quería que Rick les llamara la atención. En vez de eso, decidió que darle una posible solución era mejor.

—¿Por qué no hablas con ella y le pides perdón?

Slade frunció el ceño.

—No sé si he hecho algo mal o no.

—Díselo. Aún estamos aprendiendo sobre ellos y seguro que entenderá que no querías ofenderla. Dile que lo sientes si has hecho algo malo con ella y que te explique cómo hablarle del modo correcto.

Su amigo lo pensó durante un segundo y asintió.

—Lo haré. ¿Qué más me aconsejas?

Mientras terminaban de calentar, Trust le susurró lo que le había dicho Fury y ambos acordaron intentar acercarse a sus respectivos compañeros para hablar sobre las relaciones humanas. A Trust le consoló un poco saber que no estaba solo en el mar de dudas que era su camino para llegar a Tyler, y se sintió mejor sabiendo que había alguien más recorriendo ese mismo sendero.

En cuanto acordaron llamarse para comunicarse cómo habían ido sus avances, Rick anunció que era el momento de ponerse a las máquinas. Él todavía se sentía un poco incómodo con algunas, pero sabía que eran necesarias para mantenerse en forma por el momento y Ethan les había insistido mucho en que las hicieran hasta que se recuperaran por completo. Dijo algo sobre su masa muscular y algo llamado fibra, pero no entendió nada de nada. Sin embargo, sabía que el humano lo hacía por su bien, así que obedecía.

Además, de algún modo, aunque acababa un poco cansado, se sentía bien al mismo tiempo. Si había algo en lo que había confiado siempre, era en su propio cuerpo, así que eso no podía ser malo.

Estaba pedaleando, siguiendo el ritmo de Rick, cuando un olor le llegó a la nariz.

Felinos. Y no unos cualquiera.

De un salto, bajó de la máquina y se acercó a la zona en la que estaban Tyler, Norm y Ellie. Fury ya estaba ahí y Midnight iba justo a su lado con las manos en forma de garras y gruñendo. También supo, por el repentino silencio, que el resto de sus compañeros había dejado el ejercicio y que estaban atentos.

No importaba, él solo tenía ojos para los felinos. Eran tres y tenían cara de pocos amigos. Sus ojos de pupilas rasgadas fulminaban a Tyler y Norm, principalmente.

Se colocó delante de Tyler por puro instinto y gruñó una advertencia.

—¿Os podemos ayudar?

Trust casi suspiró de alivio al escuchar la voz de Night. Había olvidado que iba con ellos a todas las clases, los entrenamientos y los partidos. El resto de su tiempo libre lo pasaba con Vane, pero, la mayor parte del día, estaba con los therians.

El del centro, uno de pelo castaño con mechones dorados, clavó sus ojos en él.

—¿Es cierto lo que hemos oído? ¿Que esos técnicos comparten su espacio con algunos de los nuestros? ¿Cómo habéis podido permitirlo?

Night se cruzó de brazos.

—Nadie les obligó. Lo eligieron ellos.

Los tres los miraron con una absoluta confusión.

—¿Por qué?

Trust se adelantó un paso, aunque agarró a Tyler del costado para mantenerlo cerca. Él lo entendió y se pegó a su espalda. Ese gesto lo calentó por dentro. Confiaba en él para protegerlo.

Tenía que conseguir que esto saliera bien.

—Pensadlo desde nuestra perspectiva por un momento —les pidió. Los felinos no dijeron nada, pero lo observaban. Tenía su atención—. Imaginad, solo mientras hablo, que realmente somos libres. Que esto no es otra prueba ni un truco de los humanos. Pensad que estamos fuera de nuestras jaulas y que no vamos a volver, que los técnicos, médicos y guardias que nos encerraron allí han desaparecido y que no nos harán más daño. Si eso es cierto, significa que estos humanos que están con nosotros fueron los que nos salvaron. No solo eso, arriesgaron sus vidas para sacarnos de allí —dijo con una convicción que lo inundó de pies a cabeza—. ¿No creéis que tendríamos una gran deuda con ellos? Merecen nuestra protección y nuestra amistad.

Los felinos se miraron entre ellos de nuevo. El corazón de Trust se aceleró al ver duda en sus ojos.

Vamos, necesitaba un empujón más, algo para que cedieran, aunque solo fuera un poco.

—Si tuviéramos la oportunidad de ser libres, ¿no la aprovecharíais?

La voz de Night fue suave y cálida cuando lo dijo, como si te envolviera. Trust dio gracias en silencio porque estuviera allí.

El felino del centro lo miró, tragando saliva.

—¿Tan convencido estás?

Night asintió.

—No tengo ni la más mínima duda.

Los tres felinos se removieron un poco. Luego, miraron a Trust.

—¿Confías en ellos?

Él se irguió y alzó la barbilla para que pudieran ver bien sus ojos. Quería que supieran que no mentía.

—Con mi vida y la de mis amigos.

Los otros tres se miraron entre ellos otra vez. Parecían deseosos de querer creer en ellos, pero todavía tenían miedo. No es como si pudiera culparlos.

—¿Por qué no os quedáis a probar esto? —preguntó Brass.

Todos se giraron hacia él. El canino le dio unos toquecitos a las máquinas.

—Sirve para que nuestros cuerpos se recuperen —dicho esto, señaló el centro—. No hace falta que habléis con los humanos, solo haced lo que hacemos los demás. Probadlo y ya está. Luego, algunos irán a la cafetería a tomar algo. Id con ellos y ved el partido que hacen los nuestros con otro humano.

—¡Sí, hacedlo! —dijo Tiger con voz alegre—. Los partidos son divertidos, lo pasaréis bien.

—¡Veníos! —los animó Harley.

—Como dice Brass, no hace falta que interactuéis con los humanos —añadió Justice con su voz suave y calmada—. Quedaos con nosotros. Dejad que os enseñemos lo que hemos aprendido aquí. Más tarde, podréis juzgar si lo que decimos es verdad o no.

Trust tragó saliva, expectante. La idea de Brass era brillante, supuso que por eso ni Rick ni Tyler habían intervenido para tratar de convencerlos de que no eran una amenaza, temiendo que pudieran retroceder.

Habría jurado que vio cierto atisbo de esperanza en sus ojos dorados conforme el resto de su gente los animaba a probar las máquinas del gimnasio, prometiendo que no era tan complicado y que sería una experiencia nueva y para nada dolorosa. Contempló, con el corazón acelerado, que volvían a consultarse entre ellos con la mirada y que, esta vez, parecían más decididos.

El del centro abrió la boca para decir algo…

—¿Qué hacéis aquí?

Trust sintió cómo se le erizaba la piel al reconocer esa voz. Gruñó al darse cuenta de que no había captado su olor con rapidez y apretó a Tyler contra su espalda. Sintió sus manos en los costados, como si quisiera impedir que entrara en una pelea.

No lo detendría si era 377 el que trataba de golpear primero.

El felino clavó sus ojos grises en los tres felinos, que agacharon la cabeza.

—Solo queríamos hablar con ellos. Saber por qué los protegían.

377 alzó la vista y la paseó entre Trust, Fury, Midnight y Brass. Arrugó la nariz, pero no dijo nada. Se limitó a dar media vuelta.

—Nos vamos de aquí.

Los tres felinos obedecieron, pero el del centro, el del pelo castaño con mechones dorados, los miró un momento de soslayo antes de seguir a sus compañeros.

—Mierda, los teníamos —maldijo Midnight en cuanto desaparecieron por la puerta.

Fury soltó un gruñido de frustración que Trust coreó junto a otros therian.

Habían perdido una valiosa oportunidad.

 

 

A Tyler le costaba concentrarse, y no era solo por lo que había ocurrido aquella mañana, también tenía que ver con los pies de Norm golpeteando el suelo con tanta fuerza que la mesa temblaba.

Suspiró con más fuerza de la que esperaba, haciendo reír a Rick.

—Norm —dijo este.

—¿Qué? —replicó, seco.

—Tus nervios van a echar a perder la paciencia de Tyler.

Como si despertara de un sueño, su amigo se sobresaltó y alzó la vista hacia él. Tyler señaló los papeles que tenía delante.

—Deja de comerte la cabeza y céntrate en tu trabajo. ¿No tienes que revisar a todas las therians hasta asegurarte de que ya no hay drogas fertilizantes en su sistema?

Norm dejó caer los hombros.

—Es verdad. Perdón. Es que… me fastidia.

—Poco a poco, lumbreras —le dijo Rick, pasando por su lado para revolverle el pelo—. No es como si fueran a cambiar de un día a otro —dicho esto, sonrió de repente—. Además, nuestros chicos lo han llevado muy bien. Te digo yo que esos tres felinos tenían dudas.

Ellie se sentó al lado de Norm y le frotó el brazo.

—Debemos tener un poco de paciencia. Fury y los therians son fuertes. Lo acabarán resolviendo. —Entonces, sonrió de repente—. ¿Qué son unos meses o un año más en comparación con lo que hemos aguantado?

A Tyler se le escapó una sonrisa. Que Ellie, que había sufrido el ataque más agresivo, estuviera tan tranquila, le hizo sentirse orgulloso. Supuso que estar viviendo con Fury la haría sentir bastante más segura.

Aparte, debía de darle algo de razón. Lo que estaba ocurriendo ahora no era ni la mitad de jodido que los tres años que pasó fingiendo en Mercile que no le importaba una mierda lo que ocurriera con los therians. La situación lo tenía tenso, y era cierto que estaba impaciente porque las cosas fueran bien, pero ya sabía de antemano que no todo sería tan bonito en su cabeza.

Sin embargo, era cierto que los therians lo habían sabido manejar bien. Night había estado increíble, como cabía esperar del lobo alfa, y Trust lo había hecho muy bien; había estado tranquilo, sin atacar, había esperado hasta entender cuál era la situación y había visto una oportunidad que podría aprovechar. Eso decía mucho de él, del hombre en el que podía convertirse en cuanto aprendiera más sobre su mundo.

Volvió a bajar la vista hacia sus informes mientras Rick regañaba en broma a Norm por no estar trabajando a la vez que este se quejaba porque no tuviera nada que hacer. Tras la comida, y el partido habitual que jugaban los therians con Zane, se habían reunido todos en la cabaña de Ellie y Fury para que sus guardianes recibieran sus clases. Ahora mismo, los cuatro estaban con Missy repasando el abecedario y aprendiendo a leer las letras.

Tyler se concentró en las tablas que tenía delante. Eran listas de cantidades de químicos, que se combinaban en diferentes dosis dependiendo del peso y la altura de los therians. Mañana quería que Ted y su equipo empezaran a familiarizarse con los diferentes componentes para asegurarse de que calculaban muy bien las cantidades…

De repente, unos números llamaron su atención.

… Un momento.

Esa fórmula… Tal vez… Tal vez podía mejorarla.

Se irguió en la silla y rebuscó entre sus papeles la lista de efectos secundarios. Ya no la consultaba tanto como cuando estaba experimentando con el Aclepsis, pero le gustaba tenerla siempre encima por si acaso.

—Tyler, ¿está todo bien? —Escuchó la voz de Ellie, pero le hizo un gesto para que le dejara pensar.

396 había estado muy grave cuando lo rescataron. Pese a que tenía arañazos y mordiscos por todas partes, lo peor habían sido dos golpes terribles en la cabeza. Baird había asegurado que su operación fue complicada y que el postoperatorio habría sido crítico de no ser por el Aclepsis.

Por eso usó la dosis más alta que podía darle a alguien de su tamaño. Necesitaba que el medicamento actuara rápido para salvarle la vida y que sus heridas cicatrizaran cuanto antes. Sin embargo, ahora ya estaba fuera de peligro, por lo que… Si lo estaba calculando bien…

Alzó la vista y se dio cuenta de que Ellie, Rick y Norm lo estaban mirando. Él alzó una mano.

—Norm, papel y lápiz.

Él se apresuró en dárselos y Tyler empezó a hacer operaciones con la tabla delante. 396 medía dos metros veinte y pesaba ciento cuarenta y siete kilos. Su dosis seguiría siendo alta incluso para un therian, pero, rebajando los corticoides y la alantoína… Puede que incluso pudiera reducir el nivel de heparina, pero debía mantener el interferón alfa-2beta…

No estaba seguro de cuánto tiempo estuvo haciendo cálculos, sin embargo, al terminarlos, se sintió terriblemente cansado, aunque eufórico. Le pasó sus notas a Norm.

—Échale un vistazo. Corrígelo si ves algo raro.

Norm cogió los papeles y tamborileó con los dedos sobre la mesa mientras murmuraba los cálculos en voz baja. Por otro lado, él se recostó en la silla y se llevó las manos a la cara, frotándose los ojos. Una extraña calidez a su espalda llamó su atención y se dio la vuelta, encontrándose con Trust, que lo miraba con ojos interrogantes.

—¿Qué pasa? —le preguntó moviendo los labios, como si entendiera de algún modo lo importante que era ese momento.

Tyler le hizo un gesto para que esperara y, casi al instante, escuchó a Norm decir:

—Mierda, Tyler. Esto es brillante.

Se levantó de un salto y fue hacia él, inclinándose sobre sus cálculos.

—¿Lo ves correcto?

—Lo he calculado dos veces.

A Tyler se le escapó una palabra en ruso y abrazó la cabeza de Norm, dando gracias por tener a un maldito genio en su bando.

Recogió sus notas, entusiasmado, y, al darse la vuelta, se dio cuenta de que los otros tres therians y Missy también lo estaban mirando. O les había interrumpido o había terminado la clase, no estaba seguro, pero, en ese momento, tampoco importaba.

Fue hacia un confundido y expectante Trust. No era su intención, pero lo cogió por un brazo, presa de la emoción. En vez de apartarlo, este lo tomó por los hombros.

—¿Qué ocurre?

—Sé lo que le pasa a 396 —dijo, sonriendo—. Y sé cómo hacer que despierte.


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