Capítulo 4. Derritiendo el hielo
Naruto se dejó caer en el sofá junto a Kurama cuando
por fin terminaron de recogerlo todo. Había pasado poco más de una hora desde
que la fiesta había acabado y todos se habían marchado, todos a excepción de
sus amigos… y Sasuke.
Se sonrojó un poco al recordar cómo se había ofrecido
a quedarse y ayudarle a limpiar la estancia, aunque hizo una mueca al pensar en
su “amiga”. Evidentemente, a la señorita pija no le gustó la idea de quedarse
(pues Sasuke y ella habían ido en el mismo coche), debió de creer que el
apellido Uchiha era demasiado importante como para deshonrarlo haciendo tareas
de limpieza, por no decir que a ella no le habría hecho ni pizca de gracia
ensuciar su pomposo vestido. Sin embargo, no le costó darse cuenta de que lo
último que le apetecía a Sasuke en esos momentos era pasar más de media hora
encerrado en un coche con ella, sobre todo después de la discusión que habían
tenido.
Por fortuna, Kiba acudió muy oportunamente al rescate:
le dijo a Sakura que cogiera el coche que habían alquilado y que él mismo llevaría
a Sasuke al hotel. Casi le entró la risa al ver cómo el Uchiha miraba a su
amigo como si acabara de sacarlo del mismísimo infierno.
La mujer no se atrevió a protestar, más que nada
porque Kurama estaba delante y no quería montar una escena delante del director
de Biju S. A. y puede que futuro socio de Corporaciones Uchiha… Por no decir
que no le gustaba la forma en que la miraba, con esa diabólica sonrisa y un
brillo malicioso en esos raros e intimidantes ojos rojos. Así que decidió
marcharse, tanto por él como por los perros de Naruto, a los que no había visto
pero que sabía que estaban en alguna parte y no quería averiguar de mala manera
dónde.
Después de que ella se marchara, Kurama dividió las
tareas de tal forma que los tres cotillas de sus amigos no estuvieran
revoloteando alrededor de él y Sasuke, así que ellos dos estuvieron fregando
los vasos, jarras y bandejas de tentempiés mientras que el resto recogía el
comedor y volvía a poner los muebles en su sitio. Una vez más, los dos crearon
una especie de burbuja, como si no hubiera nadie más aparte de ellos, en la
cual siguieron hablando e incluso hubo un momento en el que, bromeando, le tiró
agua a Sasuke, que contratacó buscándole las cosquillas… por lo que terminaron
un poco abrazados… muy cerca…
Naruto cogió un cojín, lo estrelló contra su cara y
soltó un gemido. ¿Qué demonios estaba haciendo?, ¡prácticamente había estado
coqueteando con él! Sabía que no debería estar haciendo nada de eso… pero…
echaba tanto de menos tener a alguien en su vida, no una persona cualquiera,
sino alguien con quien conectara, alguien que le entendiera. Y con Sasuke se
sentía de esa manera.
—Solo por curiosidad —comentó Kurama de repente, que
había encendido la tele y estaba buscando el canal donde hacían Vikingos—,
¿tan horrible soy que prefieres morir asfixiado con un cojín antes que hablar
conmigo sobre tu apasionado encuentro con Sasuke Uchiha?
—No ha sido apasionado.
—No, es cierto, solo había tanta tensión sexual que
hasta Kiba se ha puesto rojo.
—¡No ha habido nada de eso tampoco! —replicó Naruto,
que se había sonrojado.
Kurama se acomodó entonces en el sofá para poder
mirarlo de frente. Su expresión era seria esta vez.
—Naruto, está bien si te sientes atraído por él.
—No, yo no…
—Naruto —lo interrumpió el pelirrojo, acercándose un
poco más para cogerle el mentón, obligándolo así a mirarlo—, sé que amabas a
Saki, que probablemente él fuera el amor de tu vida. Puedo comprender que sea
difícil para ti seguir adelante después de lo que le pasó; fue trágico, pero tú
mejor que nadie sabe que estas cosas pasan. ¿No crees que él querría que
rehicieras tu vida?
—Si eso implica estar con otro hombre, no —respondió
Naruto con convicción, recordando con una pequeña sonrisa lo celoso que era.
Kurama puso los ojos en blanco.
—¿Y crees que le habría gustado verte ser infeliz por
su causa?
Su sonrisa se desvaneció y lo miró con cara de pocos
amigos.
—Yo no soy infeliz.
—Pero tampoco eres feliz del todo. Tienes esa
insoportable mirada triste en tus ojos, y a veces te oigo sollozando.
Naruto no pudo evitar sentirse avergonzado y culpable
al mismo tiempo. Sabía que Kurama no era idiota y que era consciente del dolor
que llevaba acompañándolo durante dos años. Sin embargo, no había esperado que
le escuchara llorando, había procurado hacerlo en momentos en los que se
suponía que él no se enteraría. No quería que nadie se preocupara por él, su
problema era solo suyo y era su responsabilidad superarlo por su cuenta… Lo
malo era que, en el fondo, no quería renunciar a lo que había sentido por él,
había sido la persona más especial en su vida después de…
Entonces, Kurama, en un acto poco habitual en él, se
acercó más a Naruto y tiró de él para abrazarlo con fuerza. Este le devolvió el
gesto envolviendo su cintura y enterrando el rostro en su gran pecho. La voz
del pelirrojo fue más suave cuando le dijo:
—Eres alguien muy importante para mí, Naruto. Mi único
deseo en esta vida es que seas feliz.
—Lo sé.
—Y estoy seguro de que Saki querría lo mismo para ti,
¿o no?
Naruto suspiró, sabiendo la respuesta.
—Sí.
—Entonces no rechaces esta oportunidad. Es evidente
que a ese hombre le gustas, ¿te sientes atraído por él?
—… —Quería decir que no, pero Kurama siempre había
sabido cuándo mentía—. Sí.
—Bien. —El pelirrojo se separó y colocó ambas manos en
el rostro del joven para que lo mirara a los ojos—. Escúchame atentamente,
porque esto es lo que vas a hacer: mañana, irás a cenar con el Uchiha, no
pierdes nada por conocerlo; tómate las cosas con calma si eso te hace sentir
mejor, prueba a ver si te sientes a gusto con él, aunque ya me he dado cuenta
de que conectáis bastante bien, y si para entonces te sigue gustando su
compañía, continúa viéndole. Va a quedarse aquí una temporada para hacer negocios
conmigo, así que no te preocupes por el tiempo que tenéis juntos. ¿Entendido?
Naruto se debatió un momento. Su cabeza le decía que
no debería hacerlo, que no era una buena idea… Pero lo cierto era que quería
pasar más tiempo con Sasuke. No era tan tonto como para no darse cuenta de que
habían conectado al instante, de lo bien que se había sentido con su compañía,
la cual lo reconfortaba y aliviaba el vacío que tenía en el corazón desde hacía
dos años. Tampoco se le había pasado por alto la atracción (sí, Kurama tenía
razón al decir que había habido tensión sexual, mucha, pero nunca se lo
reconocería), aunque no era de extrañar, Sasuke era muy atractivo: le sacaba
unos cuantos centímetros de altura, tenía un cuerpo musculoso, con una espalda
ancha por la que le encantaría pasar sus uñas mientras le follaba y unos brazos
fuertes que le habían erizado la piel cuando le había abrazado con ellos al
intentar hacerle cosquillas. Su piel era un poco pálida, pero no tenía un
aspecto enfermizo, más bien le recordó al mármol, dándole a Sasuke un aspecto
más fuerte. Los rasgos de su rostro eran afilados y varoniles, y estaban
enmarcados por su cabello, negro y brillante como la noche, con algunos
reflejos azules si la luz incidía sobre ellos, y sus ojos, pese a ser tan
oscuros, le habían mirado con una calidez que lo habían derretido por dentro.
Se mordió el labio inferior, indeciso. Eso no le gustó
nada a Kurama.
—Naruto, no te estoy dando a elegir.
Al oír eso, el rubio lo miró con rabia.
—¿Vas a obligarme a cenar con él?
—No, vas a ir por voluntad propia porque el señor
Uchiha ha sido extremadamente generoso al donar siete mil dólares al hospital…
Estoy seguro de que no se enfadará si le dices que vas a cancelar tu cita con
él ni que tampoco retirará la donación, pero ¿no crees que sería una grosería
rechazarlo después de lo que ha hecho por nuestra ciudad?
Naruto miró al sonriente pelirrojo con ganas de
estrangularlo. Conocía bien a Kurama y sabía que sus palabras no eran más que
un intento de manipulación… pero, maldita sea, odiaba cuando lo que decía era
totalmente cierto. No podía darle plantón a Sasuke después de lo que había
hecho… y, encima, había salvado a Blue esa mañana.
—Te odio —declaró.
Kurama ensanchó su sonrisa.
—Tiendo a causar esa emoción.
—Como el miedo —se burló Naruto.
—Y eso me encanta —dicho esto, se levantó del sofá
mientras que el rubio resoplaba y se dirigía a la nevera—. Pero, volviendo a
tus problemas amorosos…
—Yo no tengo problemas de ese tipo —gruñó.
Kurama regresó con dos cervezas y dejó una en la
mesita que había frente al sofá, delante de Naruto.
—Problemas amorosos, emocionales o simplemente
ausencia de sexo, llámalo como te haga sentir mejor —dijo, encogiéndose de
hombros. El doncel fue a replicar, pero su compañero no le permitió hacerlo—.
Sigo pensando que sería bueno para ti salir con alguien. No te estoy pidiendo
que te cases con él, obviamente no te lo permitiría sin conocer hasta el último
trapo sucio que pueda tener escondido por ahí, pero igualmente puedes disfrutar
con él durante el tiempo que se quede aquí, ¿no crees? —comentó Kurama como
quien no quiere la cosa, pese a que había adoptado un tono sugerente muy, muy
sutil, del que Naruto no se dio cuenta.
Y, gracias a eso, cayó de lleno en la trampa. El
pelirrojo conocía muy bien a Naruto y, pese a que no se lo hubiera dicho, sabía
que quería estar con Sasuke, había notado el anhelo en sus ojos cuando habían
estado juntos. Pero, al mismo tiempo, era consciente de lo cabezota que podía
llegar a ser y se había empeñado en no tener a un hombre en su vida, así que
solo había tenido que darle una excusa para poder tener las dos cosas: estar
con Sasuke y al mismo tiempo sugerirle que solo sería durante un tiempo limitado.
—Está bien… —aceptó Naruto con una diminuta sonrisa—.
Supongo que no pasa nada si es solo por unos días.
La sonrisa de Kurama se ensanchó. Ah… Naruto lo
conocía muy bien pero a veces no podía evitar caer en sus trucos; en lo
referente a mentiras, manipulaciones, artimañas y juegos sucios, él era el más
cabrón de todos y no tenía reparos en usarlos si tenía que hacerlo. ¿Eso quería
decir que le gustaba utilizar eso con una de las personas a las que más quería?
Claro que no. Sin embargo, no sabía muy bien por qué, Naruto se empeñaba en
seguir sufriendo… y eso no podía permitirlo.
El día en que nació, les juró a Minato y a Kushina que
él siempre velaría por su bien si algún día les ocurría algo. Realmente no
esperó que eso fuera a pasar, tal vez había altas probabilidades con Kushina,
que había sido una agente de la ley y estaba expuesta a un peligro constante,
pero no esperó que ambos fallecieran al mismo tiempo y mucho menos en un
accidente de tráfico.
Por eso, un año atrás, había decidido que lo
solucionaría todo. Sin importar lo que tuviera que hacer ni quién saldría
herido por el camino, siempre que no fuera el doncel al que había protegido
desde el día en que lo sostuvo en sus brazos siendo un bebé.
Y si todo salía como tenía previsto, no solo
conseguiría que él fuera feliz, sino que, además, se vengaría del bastardo hijo
de perra que lo arruinó todo.
Contento porque su plan estaba siguiendo su curso,
volvió a arrastrar al rubio a sus brazos y le dio un beso en la cabeza, algo
que sorprendió un poco a Naruto, ya que raras veces él daba muestras de cariño,
pero no dijo nada al respecto.
—Así me gusta. Y ahora, tómate una última cerveza
conmigo mientras veo si los vikingos llegan al Mediterráneo.
Naruto puso los ojos en blanco, pero se recostó en el
pecho de Kurama y posó los ojos sobre la pantalla azul, dando inicio a la
canción de la serie.
Sasuke fulminó con la mirada la entrada principal del
hotel, desconfiado. Algo le decía que Sakura estaba esperando a que volviera
para retomar la discusión de antes y, aunque no era ningún cobarde, no le
apetecía discutir otra vez, era lo único que había estado haciendo con ella
desde que llegaron a Nome.
La noche en casa de Naruto había sido muy agradable, a
pesar de que solo estuvieron hablando y fregando. Sintió la misma conexión que
percibía en sus recuerdos, lo fácil y natural que era conversar con él, y eso
que no era una persona especialmente sociable. Además, cuando había estado
limpiando los vasos y Naruto le había salpicado con agua con afán juguetón, él
había podido abrazarlo por la cintura, al principio buscando las cosquillas que
sabía que tenía en los costados… Pero, luego, al percatarse de lo cerca que
estaban el uno del otro…
Sonrió complacido al recordar cómo el doncel se había
sonrojado, a pesar de que sus ojos azules reflejaban fielmente la misma pasión
que él sentía. Saber que él aún lo deseaba le hizo sentirse más seguro en sus
planes de conquista, pero no por ello iba a confiarse. Era probable que en el
pasado le hubiera herido y, aunque cuando habían estado juntos Naruto no había
dado muestras de estar receloso con él, era muy consciente de que tal vez solo
había bajado un poco la guardia, eso no le aseguraba que sería sencillo hacer
que confiara en él de nuevo.
Por ahora, era mejor ir despacio y con buena letra,
debía demostrarle que realmente quería hacer las cosas bien y que no volvería a
hacerle daño. La cena que tendrían al día siguiente era una buena forma de
empezar a conocerse; su rubio parecía haber ganado mucha madurez en esos dos
años, aunque sospechaba que en el fondo seguía siendo el mismo chico travieso,
cariñoso y alegre del que se había enamorado. Solo necesitaba ganarse su
confianza de nuevo, ese era el paso más importante.
—¿Piensas quedarte ahí parado toda la noche?
Se giró para mirar a Kiba, que le había llevado en
moto desde la casa de Naruto.
—Puede ser —dijo, haciendo una mueca al recordar lo
que le esperaba ahí dentro.
El hombre levantó una ceja.
—¿Tan horrible es el hotel?
—No, pero mi compañera de trabajo sí lo es.
—Ah… La pija pomposa.
Él frunció el ceño, aunque se le escapó una sonrisa.
—¿Pija pomposa?
—Hay que estar hecho de cierta pasta para venir aquí
—comentó Kiba, encogiéndose de hombros—. Ella no la tiene, solo hay que ver
cómo se vistió esta noche. Creo que me dio algo al corazón cuando vi el escote
de encaje que, por mucho que me guste, solo me dice que carece de sentido
común, y a mí me gustan las mujeres con ese rasgo.
Sasuke sonrió.
—Ya somos dos.
El otro hombre le guiñó un ojo.
—Bueno, mañana por la noche cenarás con un doncel con
algo de cabeza.
—¿Tienes algún consejo que darme?
—Sí, ni se te ocurra criticar el ramen ni las
películas de Jackie Chan, esas dos cosas son sagradas para él. No querrás verle
enfadado, créeme, yo cometí el error de decirle que el ramen no era para tanto
y no sé cómo acabé enterrado hasta el cuello de nieve. Y eso que él estaba… —De
repente, Kiba se tapó la boca con una mano. Tenía los ojos muy abiertos.
Sasuke frunció el ceño.
—¿Qué?
—No, nada. Solo recuerda lo que te he dicho: ramen,
Jackie Chan, sagrados. ¿De acuerdo?
El Uchiha estaba un poco confundido por ello, pero lo
dejó pasar.
—Está bien.
—Y, ¿qué harás con la pija? —preguntó el otro, un
tanto aliviado. Había estado a punto de arruinarle la cita a Naruto. Muchos
hombres de Nome, pese a estar interesados en el doncel, nunca le habían
propuesto nada al saber con quién vivía y lo que significaba tener una relación
con él. Todos se echaban atrás al comprender que ser su pareja acarreaba una
importante responsabilidad y Kiba no quería que Sasuke saliera huyendo, era el
primer hombre que veía que le gustaba a su amigo y estaba convencido de que, si
le diera una oportunidad, vería que merecía la pena.
Sasuke endureció sus rasgos.
—Le dejaré claro cuál es su sitio. —Era cierto que no
le apetecía nada discutir con ella, pero tampoco era un cobarde. Su vida
personal no era asunto suyo y no iba a dejar que siguiera entrometiéndose en
ella.
—¡Así se habla! —exclamó Kiba, dándole una fuerte
palmada en la espalda que por poco lo tira al suelo nevado—. Uy, perdona,
hombre. Es la costumbre, en mi familia somos un poco brutos —se disculpó,
rascándose la nuca algo avergonzado.
Sin embargo, a Sasuke no le molestó. Le gustaba la
gente de Nome; eran algo duros y curtidos debido a los largos años que habían
pasado sobreviviendo al clima pero, como había dicho Kiba, había que estar
hecho de cierta pasta para vivir allí. Aun así, seguían siendo gente bastante
amable y cariñosa, familiar era la palabra, no había más que
ver en cómo las personas de la fiesta de Kurama le habían aceptado con tanta
rapidez.
—Tranquilo, no tiene importancia.
—Así me gusta, tío duro, tú sí que tienes pasta para
estar aquí —dicho esto, le dio un puñetazo amistoso en el hombro y después le
hizo un gesto de despedida con la mano—. En fin, te veo mañana en el
restaurante.
Sasuke levantó una ceja interrogante, pero luego
recordó que Kiba también había sido uno de los solteros subastados y sonrió.
—¿Con la señora Rose? —preguntó, pensando en lo que
Naruto le había dicho.
Este suspiró.
—Sí, con la señora Rose. Es una mujer encantadora,
pero me gustaría más si no me sobara tanto el culo.
No pudo evitar reír al imaginarse la escena de una
señora mayor y bajita apretando los glúteos del hombre. Al verlo, Kiba resopló
y se subió de nuevo en su moto.
—Genial, otro más que se burla de mí.
—Mira el lado bueno, no puede tocarte si estás
sentado.
El de cabello castaño reflexionó un momento y le
sonrió.
—Tienes razón —dicho esto, encendió el motor del
vehículo y le guiñó un ojo—. Nos vemos mañana, y mucha suerte con Naruto.
Sasuke lo vio adentrarse en la ciudad, pensando que,
después de todo, necesitaría algo más que suerte si quería reconquistar a su
doncel. Entonces, una gélida ráfaga de viento se levantó, arrastrando la nieve
y alborotándole el cabello. Se encogió dentro de su gabardina y caminó hacia el
hotel; no podía postergarlo más, debía enfrentarse a Sakura y dejarle claro que
no quería que se inmiscuyera en su vida personal, al fin y al cabo, ellos solo
tenían una relación profesional.
Al entrar, miró disimuladamente hacia los sillones que
había en la recepción. Frunció el ceño con sospecha al no ver a Sakura allí; o
había desistido de esperarle y se había ido a dormir a su habitación (cosa que
esperaba aunque no creía probable) o había ido al baño en un momento. Fuera
como fuera, él no iba a perder el tiempo allí plantado y, en cierto modo, sería
un alivio si por ese día no volvía a discutir con ella, así que se metió en el
ascensor y subió a su habitación. Justo cuando metió la llave y la giró en la
cerradura, escuchó la puerta de enfrente abrirse.
Cerró los ojos un momento.
—Sakura —saludó con cierta tensión en la voz. Está
bien, cuanto antes terminara con esto, antes podría dejar de preocuparse por
ella.
Se dio la vuelta y la miró. Llevaba puesto un albornoz
y, por sus mejillas sonrojadas y expresión avergonzada, no parecía que quisiera
pelear. Sin embargo, Sasuke no terminó de fiarse del todo, si bien era cierto
que a ella no le gustaba discutir con él por miedo a sufrir más rechazos por su
parte, no hacía mucho le había plantado cara por haber pujado por Naruto. Por
eso, en esos momentos no estaba muy seguro de qué pensar.
—Has vuelto tarde —comentó ella, retorciéndose un
mechón de pelo.
—Sí —dijo simplemente. Sabía lo que le estaba preguntando,
si se había retrasado porque se había acostado con Naruto y, aunque no había
sido así, Sakura no era quién para preguntarle algo tan íntimo.
Esta estuvo a punto de hacer una mueca, pero se
contuvo a tiempo.
—Yo… quería disculparme —soltó antes de inspirar hondo
y mirarlo con aparente timidez—. Sé que mi actitud no ha sido la apropiada para
este viaje y te pido perdón por ello. También lamento todas las cosas que te
dije, no estuvo bien.
… Tras unos segundos más de duda, Sasuke decidió que
Sakura había recapacitado un poco y había regresado a su actitud anterior, una
que consistiera en no provocarlo para tener más oportunidades con él, pese a
que no las tenía. Porque hiciera lo que hiciera, él nunca podría quererla; no
era solo por Naruto, había estado dos años pensando que el poseedor de esos
ojos azules era producto de su imaginación y, aun así, no había querido nada
con ella. Como ya le había dicho al doncel esa misma noche, lo único que veía
ella en él era lo que quería ver. No sabía nada sobre él, no le conocía lo más
mínimo.
—Está bien, Sakura —suspiró. No la estaba perdonando
del todo, pero tampoco le apetecía iniciar una nueva disputa—, pero que no se
vuelva a repetir —le advirtió.
—Claro —asintió ella, mordiéndose el labio.
Por si acaso, a Sasuke se le ocurrió algo para que
ella no volviera a interferir.
—Cuando vuelvas a Japón, explícale el malentendido con
Kyubi a Fugaku y dile que a partir de ahora yo me haré cargo de las
negociaciones. —Contuvo las ganas de esbozar una media sonrisa. Sakura ya no
tenía ninguna excusa para quedarse en Nome, no tenía otro remedio que marcharse
para seguir trabajando con su padre.
Más tranquilo sabiendo que dentro de poco estaría
fuera de su vista, se despidió de ella con un seco buenas noches y
se adentró en su habitación, directo a la cama. Había sido un día muy largo,
con demasiadas emociones y mucha información nueva que tenía que asimilar. Sin
embargo, había merecido la pena: había sido capaz de recordar y había
encontrado al doncel al que amaba, a la persona de ojos azules que le había
perseguido durante dos años.
Por primera vez desde que se despertó en aquella cama
de hospital y descubrió que era incapaz de reconocer a su familia o a sí mismo,
se sintió emocionado de verdad. No es que hubiera sido exactamente infeliz en
esos dos años, pero tenía la impresión de que tampoco tenía la vida que había
querido: había aprendido a amar a su madre y a su hermano, y apreciaba a sus
amigos, pero aborrecía su trabajo y la relación con su padre era más bien fría
aunque, curiosamente, eso no le importaba demasiado. Había llegado a la
conclusión de que su padre no merecía la pena, no después de darse cuenta de
sus intentos de manipularlo aprovechando su falta de recuerdos.
Pero ahora podía remediarlo todo: estaba empezando a
recordar gracias a Naruto, así que había una posibilidad de que, a partir de
él, encontrara su vocación… y, por supuesto, quería hacerlo con el doncel como
su pareja. Solo necesitaba que le diera una oportunidad.
Una vez en el dormitorio, se cambió con rapidez,
ansioso por descansar un poco y, al mismo tiempo, deseando que llegara el día
siguiente para conocer un poco más al rubio y acercarse a él. En cuanto su
cabeza tocó la almohada, se quedó profundamente dormido y, una vez más, soñó
que alguien le acariciaba los mechones de su cabello mientras le cantaba
suavemente. Sin embargo, en esta ocasión, sabía a quién pertenecía esa hermosa
voz, pues no hacía mucho lo había visto tocando las cuerdas de una guitarra.
Por otro lado, Sakura hizo una mueca mientras se ponía
el pijama y se preparaba para dormir. Se había dado cuenta de que su actitud no
había sido la correcta para un viaje de negocios, Sasuke era muy profesional y
comprendía que ella tendría que haber sido más inteligente, centrándose solo en
el trabajo cuando la situación lo requiriera… y seducirle durante su tiempo
libre. También tendría que haber cerrado la boca en lo referente a ese estúpido
doncel, por mucho que le desagradara. Sabía que el hijo menor de Fugaku era
propenso a tener relaciones esporádicas, por lo que ese paleto no era más que
un pequeño entretenimiento, alguien con quien saciar una necesidad básica, su
Sasuke era demasiado inteligente como para tener nada serio con alguien como
él.
O eso era lo que su razón le decía, ya que todavía la
inquietaba el hecho de que hubiera reconocido que ese doncel le gustaba, pero
trataba de convencerse de que únicamente era algo físico. Lo que tenía que
hacer era dejar que Sasuke se cansara de ese rubio al mismo tiempo que ella
trataba de acercarse a él, de seducirlo, hasta que se diera cuenta de que estar
con ella era la mejor opción porque, de hecho, lo era. Tal vez no provenía de
una buena familia, sus padres eran de clase media pero, desde luego, nadie
podía negar que había trabajado muy duro para llegar hasta donde estaba, en uno
de los puestos más importantes de Corporaciones Uchiha, por no decir que su
labor allí era inmejorable. También era cierto que no era la mujer más
despampanante con la que podría salir, pero lo compensaba con su inteligencia
y, además, sería una buena madre, cariñosa pero estricta, después de todo sus
hijos serían Uchiha y se aseguraría de que fueran triunfadores. Otra ventaja es
que ella era una mujer y no un doncel, Fugaku aprobaría su relación, ya que
apreciaba el trabajo que hacía para él.
Solo tenía que ser paciente… y vigilar a ese doncel.
Su lado más emocional todavía estaba molesto porque Sasuke prefiriera acostarse
con ese salvaje antes que con ella; había tenido un montón de oportunidades
para tenerla en su cama, y si fuera por Sakura, jamás saldría de ella. No
quería creer en la posibilidad de que pudieran tener algo serio, al fin y al
cabo, su hombre era demasiado sofisticado y elegante para estar con alguien
como él… Sin embargo, había algo en esa situación que no le gustaba, sentía como
si se le estuviera escapando algo y no sabía qué era.
De todos modos, no importaba. Seguiría su plan y, si
ese paleto se atrevía a meterse en medio, lo haría pedazos.
Al día siguiente, Sasuke se sentía más despejado y con
las ideas más claras. Le habría gustado ir a buscar a Naruto y pasar algo más
de tiempo con él, pero no quería agobiarlo. Anoche habían conectado a pesar de
que por la mañana el doncel parecía un poco receloso y no quería tentar a la
suerte haciendo que se sintiera acechado. No debía ser impaciente, esa noche
cenaría con él, podrían hablar y conocerse mejor.
Dedicó toda la mañana a hacer memoria acompañado de la
música de Kitsune. En su último recuerdo, descubrió que había tenido tres citas
con Naruto y que también consiguió que se convirtiera en su novio una semana
después de eso, de modo que intentó recordar a partir de ahí, imaginado los
posibles escenarios, esperando a que su mente encontrara algo que le fuera
familiar.
Y lo logró, consiguió recordar las veces que salieron
juntos: la tarde que pasaron tomando un helado y paseando por el parque, el día
que estuvieron en la playa y comieron juntos, la noche en la que los imbéciles
de los amigos del ex de Naruto entraron en su casa para agredirlo, la primera
vez que hicieron el amor, cómo se distanciaron un poco después de que Sasuke le
pidiera salir en serio en un ataque de celos, su reconciliación, el viaje a
Nara y cómo se convirtieron en pareja. Fueron muchas cosas juntas que le hicieron
feliz y le entristecieron al mismo tiempo, pues no comprendía cómo pudo hacer
daño en algún momento a su doncel después de todo lo que habían compartido, del
amor que había sentido hacia él entonces aun sin ser consciente de sus
sentimientos. Sin embargo, recordó la decisión que tomó de romper con él por
culpa de aquel estúpido compromiso con Karin y para contentar a su padre y se
enfadó consigo mismo. ¿Realmente fue lo bastante idiota como para hacer algo
así?
Pensó un poco, tratando de hacer una cronología con lo
que recordaba: conoció a su rubio en julio, poco después de terminar las clases
de su tercer año en la universidad; después tuvieron las tres citas y una más
en la que se convirtieron en novios; luego, tenía ese recuerdo en el que Naruto
empezó a enseñarle a tocar el piano, el mismo donde decidió que debía romper
con él, y por último…
Un momento.
Algo no encaja. El primer recuerdo que tuvo fue del
cumpleaños del doncel, cuando le regaló a Blue. Eso fue en octubre, supo
instintivamente, y podía confirmarlo porque los dos llevaban ropa abrigada.
Entonces… ¿no llegó a cortar con él? Por un lado, eso
era bueno, al final no sería tan tonto como creía, pero… ¿Eso quería decir que
le habría ocultado lo de Karin?
Por mucho que se devanó los sesos tratando de recordar
algo al respecto, no le vino nada a la mente. Decidió dejarlo estar cuando
empezó a tener dolor de cabeza; siempre podía intentarlo en otro momento y,
además, había algo que quería comprobar. Gracias a sus nuevos recuerdos
pertenecientes a la cuarta cita, había descubierto que tal vez le gustaba la
historia y la arquitectura, parecía sentir una especial devoción por la figura
histórica de los ninjas.
Sin pensarlo mucho, navegó por Internet y buscó todos
los artículos que encontró sobre los períodos antiguos de Japón, desde el
establecimiento del sistema imperial en el siglo VIII hasta la era Meiji,
prestando especial atención a las batallas de los samuráis y a la posible
intervención de los ninjas. Y, de repente, se vio enfrascado en la lectura,
ávido de más información, casi se le pasó la hora de comer por culpa de eso.
Por la tarde, buscó el libro que le regaló Naruto en
su veinticinco cumpleaños, una novela histórica sobre ninjas, y empezó a
leerlo. Se sintió atrapado en la trama desde el principio, realmente disfrutaba
con esas cosas y sentía mucha curiosidad por contrastar la novela con los
hechos reales, por no decir que tenía ganas de buscar libros de historia para
saber más.
Se sobresaltó cuando la alarma de su móvil sonó,
marcando las siete. Apagó el portátil y fue a ducharse, donde se tomó su tiempo
para relajarse y calmar sus nervios antes de decidir lo que se pondría. En una
situación normal, habría ido con un traje elegante, pero estaban en Nome y no
era tan idiota como para ir en camisa a diez grados bajo cero o más (tal y como
había hecho Sakura la noche anterior), así que optó por unos pantalones de pana
negros y un jersey gris de cuello alto que tenía una cremallera. Por supuesto,
no podían faltar las botas de nieve, los guantes, la bufanda y su gabardina.
Puede que no fuera lo más elegante del mundo, pero serviría para la cena y,
además, por lo que sabía de Naruto, era una persona sencilla que, desde luego,
valoraba más a alguien que no se arriesgaría a morir de frío en un estúpido
intento por impresionarle.
Se tomó unos minutos más para asegurarse de que estaba
tranquilo; solo tenía que actuar con normalidad y ser él mismo, estaba seguro
de que podía conseguir conectar con él como la noche anterior, lo único que
debía evitar era emocionarse demasiado si veía algún indicio que concordara con
sus recuerdos. Ante todo, debía ser paciente y ganarse su confianza, se repitió
una y otra vez.
En cuanto consideró que estaba listo, bajó a recepción
y esperó a que Naruto llegara. Vio a través de los cristales que en el cielo ya
reinaba la noche más oscura, del cual caían pequeños copos de nieve que al día
siguiente pasarían a formar parte del manto blanco que cubría las calles. Estas
estaban prácticamente vacías, aunque no le sorprendía; a esas horas, no era
prudente pasar mucho tiempo fuera, ni aun estando abrigado.
Entonces, vio pasar un todoterreno de color rojo que
se detuvo frente a la entrada del hotel. La puerta del piloto se abrió y vio
que Naruto bajaba del gran vehículo. Poco dispuesto a que pasara frío, Sasuke
salió del edificio y fue hasta él al trote. Al verlo, el doncel le dedicó una
tímida sonrisa y le hizo un gesto con la cabeza para que se subiera al coche.
—Hola —le saludó en cuanto estuvo dentro. ¡Joder!,
veinte segundos en la calle y ya estaba helado.
El rubio rio al ver que se frotaba las manos.
—Hace frío, ¿eh?
Sasuke puso los ojos en blanco.
—¿En qué lo has notado?, porque por la nieve no será…
Naruto soltó una carcajada y puso el coche en marcha.
Conducía despacio para evitar que las ruedas se deslizaran sobre la fría
superficie, por lo que se tomaron su tiempo en llegar al restaurante mientras
hablaban.
—Al final te acabas acostumbrando —le dijo,
encogiéndose de hombros—. ¿Cómo te ha ido el día?
—Ocupado —reconoció Sasuke, sonriendo.
—¿Mucho trabajo?
—No exactamente… He descubierto que me gusta la
historia.
Naruto frunció un momento el ceño y preguntó con mucha
suavidad:
—¿Es… por tu memoria? —Sasuke le miró con una
expresión interrogante, un poco sorprendido. El doncel no tardó en explicarse—.
Cuando nos conocimos, dijiste que no te acordabas de nada, que tuviste un
accidente.
—Sí, así es —afirmó el Uchiha, recordando lo
desorientado, confuso y asustado que se había sentido al despertar en aquella
camilla en el hospital.
—Lo siento —le dijo Naruto, tocándole un brazo.
Sasuke lo agradeció poniendo su mano sobre la suya y
dándole un apretón. Casi al instante, el rubio cambió de tema con cierto
nerviosismo.
—Así que te gusta la historia. Cuando estaba en el instituto,
no había manera de que pudiera aprobar un examen, demasiadas fechas y nombres
que recordar —resopló antes de sonreír con nostalgia—, pero me gustaba escuchar
en clase, era como si me contaran una novela épica.
No pudo evitar sonreír al comprender lo que había
hecho; le había costado muy poco darse cuenta de que ese era un tema delicado
para él y había decidido desviar rápidamente la atención a otra cosa. Su rubio
era realmente una buena persona y, en ese momento, lo quiso un poco más de lo
que ya lo hacía.
—Entonces, te gustan las novelas épicas.
Naruto asintió con entusiasmo.
—Las de fantasía, sobre todo.
—Ya veo.
—¿Y tú? ¿Tienes algún hobby?
—Me gusta tocar el piano.
—¿En serio? —le preguntó el rubio con los ojos
brillantes.
Él asintió e hizo una mueca.
—Sí… pero no soy un gran músico, estoy aprendiendo
todavía. Pero es algo que me gusta, me relaja. —Tras una pausa, sonrió—.
También soy voluntario en una protectora de animales.
Naruto curvó los labios hacia arriba al recordar cómo
se había portado con Blue.
—Te gustan los perros. —Era más una afirmación que una
pregunta.
—Mucho.
El doncel le dedicó una sonrisa de disculpa.
—Me habría gustado que vieras mi equipo de perros,
pero es peligroso ir en trineo por la noche, incluso aquí.
—¿Por el frío?
—Sí. Los perros de trineo están diseñados para
aguantar este clima, pero imagínate ir a treinta quilómetros por hora con
viento y a temperaturas bajo cero. Al llegar aquí estaría hecho un cubito de
hielo.
Sasuke sonrió con diversión.
—No es necesario que arriesgues tu vida para enseñarme
a tus perros.
El rubio le dio golpe amistoso en el brazo.
—No eres tan guapo —replicó, burlón, algo que le hizo
reír.
En el trayecto, él también le preguntó por sus
aficiones, descubriendo con satisfacción que eran las mismas que recordaba:
adoraba a Jackie Chan, tal y como Kiba le dijo, pero también sentía debilidad
por Tom Hanks y las películas basadas en hechos reales; era un gran fan de
Tolkien y Martin, aunque sus novelas favoritas seguían siendo Los doce
reinos de Fuyumi Ono, en gran parte porque le gustaba la forma en la
que los protagonistas evolucionaban, aunque reconoció que tal vez se sentía
atraído por los libros debido a la cultura japonesa y china que contenían, le
hacían sentirse más próximo a la historia. Otra de sus grandes pasiones eran
las artes marciales, que practicaba con su amigo Lee, el cual, curiosamente,
era familia política suya debido a que salía con su primo, y, por último, como
Sasuke ya sabía, le encantaban los perros, aunque lo de los trineos era nuevo.
En sus recuerdos, Naruto aún sabía poco sobre ese deporte y menos aún sobre
adiestrar a los animales para ello y, ahora, en cambio, estaba enseñando a los
niños. Sin embargo, parecía que el rubio llevaba ya algún tiempo viviendo en
Nome, por lo que tampoco le sorprendería que hubiera aprendido allí.
Llegaron al restaurante sin percances y corrieron a
refugiarse del frío en la recepción. Una vez dentro, Sasuke le echó un vistazo
al local: era un lugar bastante amplio, con lámparas de luces doradas que
hacían que el techo se viera de dicho color y que la iluminación fuera tenue e
íntima; había dos hileras de mesas, unas junto a las ventanas, permitiendo ver
así el paisaje blanco, y otras al lado de las paredes, las cuales, en vez de
sillas, tenían unos sofás acolchados de color rojo, cuyos respaldos de madera,
hechos en un semicírculo, proporcionaban todavía más discreción a las parejas.
Cada mesa tenía dos manteles, uno azul claro debajo de otro rojo, a juego con
los sofás y las sillas, mientras que el resto del mobiliario era de color
caoba, simulando la madera, y sobre la superficie de las mesas había un
elegante y fino jarrón con una rosa acompañada por un par de ramos de miosotis,
unas pequeñas flores azules que hacían juego con el mantel inferior y que eran
uno de los símbolos de Alaska.
—Parece muy agradable —comentó Sasuke.
Naruto asintió.
—Y la comida está muy buena.
—¿Ya habías venido aquí? —le preguntó después de que
un camarero (un doncel que le hizo un buen repaso a Sasuke) los guiara hasta su
mesa, situada en el rincón más alejado a la entrada, dándoles así el doble de
intimidad.
—Kurama me invita a comer aquí de vez en cuando
—respondió el rubio mientras tomaba asiento.
Sasuke ya se había dado cuenta el día anterior,
durante la fiesta, de que el director de Biju S. A. y el doncel parecían tener
una relación muy estrecha, hasta el punto de que el primero le había regalado
una casa al segundo. Si bien Kyubi, a pesar de su… curiosa y extraña
personalidad, parecía una buena persona, nadie era tan caritativo con alguien
en concreto a menos que hubiera algún tipo de relación.
—¿Puedo preguntarte algo?
Naruto lo miró un momento con cautela antes de
asentir.
—Sí.
—El señor Kyubi y tú parecéis tener una relación muy
estrecha, y me preguntaba si es que sois amigos desde hace mucho tiempo o si
sois familia —comentó, pensando de repente en el parecido que compartían ambos,
por no decir que, por los recuerdos que había recuperado, sabía que Naruto
tenía un hermano mayor.
Aunque… ahora que lo pensaba, los dos se habían
presentado con apellidos distintos.
El rubio se relajó un poco y sonrió.
—Mis padres conocieron a Kurama cuando él era joven.
Pasaba por una etapa muy dura y ellos le ayudaron. Al nacer yo, le pidieron que
cuidara de mí si a ellos llegaba a ocurrirles algo. —En ese punto, sus ojos se
llenaron de tristeza—. Murieron cuando yo tenía doce años en un accidente de
coche.
Sasuke se inclinó sobre la mesa y alargó la mano para
darle un apretón en el brazo.
—Lo siento mucho.
Naruto le sonrió y colocó su mano sobre la suya.
—Gracias. El caso es que Kurama se ocupó de mí. Nos
llevamos más de diez años de diferencia, así que es como una especie de padre y
hermano mayor al mismo tiempo. De todas formas, lo conozco desde que tengo uso
de razón, así que siempre ha sido como de la familia para mí.
Él le sonrió.
—Me alegro por ti.
El camarero regresó entonces; hizo una mueca de
decepción al verlos cogidos de la mano, pero lo ocultó y les preguntó qué
querían de beber. Tras unos momentos en que Naruto le interrogó acerca de qué
vino prefería, pidieron uno tinto dulce, ya que al rubio no le gustaban los que
eran muy fuertes.
Después de eso, empezaron a mirar la carta.
—¿Qué hay de tu familia, Sasuke?
Él levantó los ojos, analizando las reacciones del doncel,
buscando cualquier pista de que sus recuerdos coincidían con su Naruto aunque,
por ahora, todos parecían hacerlo.
—Están mis padres y mi hermano mayor. —Sonrió al
pensar en su querida madre e Itachi, algo que a Naruto no le pasó por alto, a
juzgar por la forma en que curvó los labios hacia arriba.
—Estáis muy unidos —dijo, dándolo por hecho.
Ante ese comentario, no pudo evitar hacer una mueca.
—Con mi madre y con Itachi, sí —rectificó, pensando en
su padre.
Esta vez, el rubio le observó de una forma extraña;
parecía preocupado a primera vista, pero Sasuke reconoció en el fondo de sus
ojos una emoción oscura.
—¿Tienes problemas con tu padre? —preguntó en un tono…
peligroso. Sin embargo, al darse cuenta de lo que había hecho, sacudió la
cabeza y bajó los ojos—. Perdona, eso ha sido indiscreto.
Él esbozó una media sonrisa. No le importaba, Naruto
podía preguntarle cualquier cosa que quisiera, aunque… debía reconocer que no
esperaba una reacción tan intensa e inquietante ante la mención de Fugaku, lo
cual le dejó un tanto intrigado. ¿Era posible que se hubieran conocido en algún
momento? Si había sido así, no le cabía la menor duda de que el encuentro no
fue nada agradable.
—No te preocupes. Lo cierto es que nuestra relación
es… bastante fría —terminó diciendo. No se le ocurría ninguna otra forma de
definirla.
El doncel se inclinó un poco hacia delante, parecía
muy interesado en esa parte de su vida. Aunque aún no sabía a qué venía ese
interés, decidió complacer su curiosidad con la esperanza de que sus
expresiones le dieran alguna pista sobre lo que ocurría.
—¿Puedo… preguntar por qué?
Sasuke no estaba seguro de que fuera una buena idea
hablarle del incidente de Karin, sobre todo teniendo en cuenta que ese podía
ser el motivo más que probable por el que rompieron. Pero, por otro lado,
hablar de ella y examinar las reacciones de Naruto también podría ayudarle a
averiguar qué pasó entre ellos.
Tras pensar en las palabras adecuadas, comenzó:
—Al parecer, antes de perder la memoria, yo estaba…
prometido con alguien. —Naruto asintió, sin dar muestras de estar enfadado o
dolido. Él continuó, arrugando la nariz con desagrado—. Mi padre es dueño de
una empresa y pensó que sería una gran idea comprometer a su hijo menor con la
hija de otro magnate de los negocios para convertirlo en su socio. —Hizo una
pausa, frunciendo el ceño—. No lo recuerdo, pero mi hermano me explicó que, en
algún momento, yo mismo corté el compromiso.
El rubio asintió otra vez. Parecía un poco confuso,
pero no le interrumpió.
—El caso es que, después del accidente en el que perdí
la memoria, mi padre llevó a esa mujer e intentó hacerme creer que aún estaba
prometido con ella.
—¡¿Quéeeee?! —chilló Naruto, poniéndose en pie.
Tenía el rostro enrojecido y las facciones tensas, por
no decir que sus ojos azules, ahora estaba seguro, destilaban ira asesina.
—¡¿Pero qué clase de padre haría algo así?! ¡¿En qué
diablos estaba pensando?! ¡Esto no es el siglo dieciocho, ya no vendemos a la
gente a cambio de dinero, tierras o…!
Sasuke se levantó y cogió a Naruto por los brazos para
calmarlo. No podía importarle menos si armaba un escándalo, lo que le
preocupaba era que al doncel le diera algo por semejante estallido de rabia.
—Naruto, calma, no pasa nada.
—¡¿Cómo que no pasa nada?!
Antes de que pudiera proceder a recitar una larga
retahíla de insultos, Sasuke le contó el final de aquel maldito episodio de su
vida.
—Itachi la echó de casa y se enfrentó a mi padre antes
de que yo tuviera tiempo de asimilar nada. De todas formas, en el estado en el
que me encontraba, jamás me habría casado con ella.
El rubio cerró la boca y, poco a poco, se sentó, como
si temiera que un movimiento mal ejecutado desatara su ira de nuevo. Esta vez,
Sasuke se quedó sentado a su lado en el sofá, masajeándole un hombro con la
esperanza de que eso le ayudara a calmarse. Podía ver a través del jersey azul
eléctrico de Naruto que tenía los músculos muy tensos y, por muy sexy que le
pareciera eso, en esos momentos le preocupaba el estado del doncel.
—Lo siento —se disculpó este con la nariz arrugada—,
es que no me cabe en la cabeza cómo un padre puede hacerle tal cosa a su hijo,
y encima aprovechándose de que pierde la memoria… Es un… —se interrumpió a sí
mismo al darse cuenta de que había estado a punto de insultar al padre de
Sasuke delante de él.
Sin embargo, al Uchiha no parecía importarle mucho.
—¿Bastardo? Puedes decirlo, yo también lo pensé en su
momento.
Naruto esbozó una media sonrisa por el comentario,
pero luego la borró.
—Lo siento mucho por ti.
Sasuke se encogió de hombros.
—Tuve a mi madre y a mi hermano para evitar que mi
padre hiciera otra de las suyas, y a estas alturas ya no puede manipularme. No
te preocupes.
Poco después de eso, el camarero regresó con las
bebidas y les preguntó si ya sabían lo que iban a tomar. Naruto pidió unas
chuletas de cerdo y Sasuke un plato de salmón. Una vez solos, decidieron
cambiar a otro tema para que el primero se calmara un poco; el varón habló un
poco sobre su aburrido trabajo, contándole al rubio las intenciones de su padre
por conseguir una asociación entre Corporaciones Uchiha y Biju S. A., y la
extraña petición de Kurama de que solo negociaría con él. Eso hizo que una
sospecha se asentara en Naruto, aunque no le dijo nada a Sasuke, pero se
prometió hablar con el pelirrojo en cuanto regresara a casa sobre ello.
A lo largo de la noche, fueron llegando otras parejas
formadas por los solteros subastados por Kurama y sus respectivas parejas, por
lo que Tenten y Kiba se pasaron a saludar y, de paso, a cotillear un poco y
averiguar cómo iban las cosas entre esos dos. No vieron, sin embargo, a Lee,
aunque a Sasuke no le extrañó debido a que Naruto le había explicado no hacía
mucho que salía con un pariente suyo. Al pensar detenidamente en ello, le entró
la curiosidad por el resto de su familia y le preguntó al respecto.
Naruto dejó escapar un resoplido.
—Uf, lo cierto es que somos bastantes —dicho esto,
miró a algún punto inconcreto de la pared y frunció el ceño, concentrándose—. A
ver, mi madre era la mediana de tres hermanos y la única chica, está mi tío
Nagato, que es el mayor, y mi tío Yahiko, que es el pequeño. Este se casó hace
unos años con mi tía Konan. —Hizo una pausa—. Luego, mi padre también tenía dos
hermanos pequeños, unos gemelos, mis tíos Yashamaru y Karura. Ella se casó y
tuvo tres hijos, pero falleció al nacer mi primo Gaara, así que no llegué a
conocerla. Su marido no quiso saber nada de mi familia después de eso, así que
tampoco pude interactuar mucho con mi tío Yashamaru, pero recuerdo que era muy
amable y afectuoso. Falleció cuando yo tenía seis años en un derrumbamiento,
salvando a Gaara. Después de eso, no volví a saber nada de su familia hasta un
año después de la muerte de mis padres; su padre también había muerto y mis
primos Kankuro y Temari, que ya eran adultos, me pidieron que me quedara con
Gaara una temporada hasta que pudieran encontrar un trabajo que les ayudara a
mantenerlos. No fue fácil al principio, pero acabamos haciéndonos muy buenos
amigos.
Sasuke sonrió al notar el aprecio con el que hablaba
de sus parientes. Le alegraba saber que, pese a la muerte de sus padres, aún
tenía una gran familia a la que quería.
—Él es quien está saliendo con Lee —continuó Naruto—,
se conocieron hace dos años, cuando yo vine aquí, y seis meses después,
empezaron a salir.
—De modo que la familia crece por momentos —comentó,
un tanto divertido.
El rubio asintió y se mordió el labio, nervioso de
repente. Iba a preguntar qué ocurría, pero antes de que pudiera hacerlo, el
doncel prosiguió.
—Y hace poco más de un año… se nos unió alguien más.
—¿Quién?
Naruto se removió inquieto en su asiento, sin estar
seguro de cómo decírselo. A decir verdad, no tenía ni idea de cómo iba a
reaccionar Sasuke, la mayoría de hombres que se interesaban por él tendían a
huir cuando se enteraban… De hecho, le gustaba usar esa excusa para
ahuyentarlos.
Sin embargo, no quería que Sasuke huyera. Él no. Por
eso permaneció unos segundos indeciso, maldiciéndose en silencio por no saber
cómo abordar un tema tan delicado. Al final, decidió que una imagen vale más
que mil palabras y buscó una foto en su móvil antes de enseñársela.
Sasuke tomó el aparato y clavó sus ojos en la
pantalla.
Su corazón dejó de latir al ver lo que había. Y lo que
significaba. En la foto, había un sonriente Naruto tumbado en el sofá de lo que
reconoció como su casa y, en sus brazos, sostenía a un niño que tendría
alrededor de un año. Era una cosita redondita y adorable, con la piel
ligeramente tostada, a juego con un revoltoso y corto cabello negro como la
noche, tenía tres diminutas marquitas en cada mejilla, unos ojos azules
idénticos a un cielo despejado y una sonrisa sospechosamente parecida a la del
doncel que lo tenía en brazos.
Necesitó unos largos momentos para asimilar lo que
veía.
Naruto tenía un hijo.
Le costó un minuto entero poner su mente a trabajar,
analizando lo que eso quería decir y cómo se sentía al respecto. Por un lado,
estaba dolido y se sintió un poco traicionado al darse cuenta de que su rubio
había estado en los brazos de otro hombre, a pesar de saber que, si le había
hecho daño en el pasado, Naruto no se habría quedado esperándole, era evidente
que habría intentado olvidarlo y pasar página.
Por un instante, se le pasó por la cabeza que tal vez
él era el padre de ese adorable niño, pero la desechó casi al instante. Naruto
no le habría ocultado algo así… ¿verdad? No. Él era demasiado noble para eso,
incluso aunque hubieran roto se lo habría dicho para que fuera consciente de
que iba a ser padre, puede que incluso le habría ofrecido tratar de llevarse
bien en el caso de que él hubiera querido formar parte de la vida de su hijo.
No, no podía ser su niño a pesar del cabello negro,
había millones de personas que tenían el pelo de ese color. Además, no veía
ningún otro rasgo suyo en ese bebé, lo cierto es que era como una copia en
miniatura de Naruto.
En cuanto decidió que no podía echarle nada en cara al
rubio por haber estado con otro, pensó en qué sentía por ese pequeño.
Una extraña oleada de calidez le invadió el pecho al
observarlo en brazos de su padre. No, no podía odiarlo o sentir rencor alguno
hacia esa criaturita ni aun siendo el hijo de otro, ante todo, era el bebé de
Naruto y él sería totalmente incapaz de hacerle ningún daño o desearle siquiera
algún mal. La verdad era que, si las cosas salían bien y él conseguía recuperar
al doncel, no le importaría en absoluto tratar a ese niño como si fuera suyo,
lo querría de todas formas, más aún siendo la viva imagen de la persona a la
que amaba.
Se le escapó una hermosa sonrisa que no le pasó
desapercibida a Naruto, que parpadeó, un poco sorprendido.
—¿Sasuke? —lo llamó, dubitativo.
—Es… lo más tierno y adorable que he visto en mi vida
—confesó, dedicándole una gran sonrisa que lo dejó un poco embobado—. ¿Cómo se
llama?
El rubio sacudió la cabeza para salir de su
ensimismamiento y poder responder. Aun así, seguía algo sorprendido porque el
Uchiha no hubiera salido corriendo al ver que tenía un hijo.
—Saki —contestó, siendo incapaz de no sonreír al
pensar en él.
Sasuke le devolvió el móvil y comentó:
—Lo has tenido muy joven, ¿no?
—Con veintidós años —suspiró Naruto—, no fue algo
planeado, pero no pensé ni un solo instante en abortar. —Se dio cuenta de que
el varón estuvo a punto de preguntar algo, pero se contuvo en el último
momento. Esbozó una amarga sonrisa—. Estás pensando en el padre, ¿verdad?
Él asintió. Kurama había subastado al doncel como
soltero, lo cual quería decir (para su inmenso alivio) que ese hombre ya no
estaba con Naruto… Aunque no necesariamente se encontraba fuera de su vida, al
fin y al cabo, tenían un hijo juntos.
Sin embargo, al ver el profundo dolor en los ojos
azules del rubio, supo que no iba a gustarle la respuesta, por muy celoso que
pudiera estar de ese hombre.
—Él… tuvo un accidente —dijo, bajando la cabeza con el
rostro contraído por el sufrimiento—. Lo perdí antes de poder decirle que
estaba esperando un hijo suyo.
Era peor de lo que había creído y, muy a su pesar,
lamentó su muerte. Dolía un poco ver lo mucho que Naruto había amado al padre
de Saki, pero no tenía nada que ver con cómo se le encogió el corazón al sentir
su dolor por la pérdida, era como si fuera capaz de percibir sus emociones como
si en realidad fueran suyas. Y odiaba verlo sufriendo, era demasiado doloroso
para él.
Decidido a tratar de hacerle sentir mejor, volvió a
sentarse a su lado y lo abrazó por la cintura con un brazo, mientras que su
mano libre fue a su cabeza para que la recostara sobre su pecho. Naruto no se
resistió en ningún momento, ni siquiera cuando él empezó a acariciarle el
cabello intentando consolarlo.
—Lo siento mucho, Naruto.
—Gracias —le dijo antes de soltar un suspiro—. Supongo
que fue mejor así. A veces me pregunto cómo habría reaccionado si hubiera
llegado a decírselo y me da miedo creer que nos habría rechazado, a mí y a
Saki. Después de todo, éramos muy jóvenes y un hijo era mucha responsabilidad.
Sasuke estuvo a punto de decir que habría sido un
imbécil de haber hecho algo así, pero se mordió la lengua antes de hacerlo. Ese
hombre había sido importante para su rubio y no iba a insultarlo estando
muerto. Además, no quería herirle, no ahora que empezaba de cero con él.
—No te calientes por eso, estoy seguro de que te
quería mucho y de que habría amado a vuestro hijo también.
Naruto levantó la cabeza y se separó un poco de él,
solo lo justo para poder sonreírle y, para su absoluta sorpresa, darle un beso
en la mejilla. Un instante después, supo que se había puesto rojo hasta las
orejas por la forma en que le ardía la cara.
—Eres un buen hombre, Sasuke —le dijo Naruto, un poco
sonrojado también.
A partir de ese momento, Sasuke ya no se movió del
lado de Naruto y le preguntó por el pequeño Saki, por quien ya sentía cariño
solo por la forma en que parecía hacer feliz al doncel. Este le contó que desde
que había descubierto cómo gatear, se había convertido en un trasto y que
probablemente saldría a él en carácter, a juzgar por el comportamiento que
había observado hasta ahora, pero era pronto para decir nada ya que solo tenía
un año. Al preguntarle dónde estaba, puesto que anoche no lo vio en la casa y
dudaba que hubiera estado por allí durmiendo con todo el ruido que había,
Naruto le contó con mala cara que Kurama le había convencido para que lo dejara
con su tío Yahiko y su tía Konan, puesto que desde que era padre no había
tenido tiempo para sí mismo y, según el pelirrojo, le hacía falta. Sin embargo,
eso no lo convenció y se negó a separarse de su hijo siendo tan pequeño, hasta
que se enteró de que, tras más de tres años intentándolo, su tía no podía
concebir; así que, para ayudarles a pasar el mal trago, aceptó que se quedaran
unos días con Saki. Eso pareció hacerles muy felices y, de paso, Naruto
aprovechó para adelantar cosas en su trabajo y salir con sus amigos.
Después de pedir el postre, Sasuke se disculpó y fue
un momento al baño. A pesar de haber hablado de su distante y gélido padre y
descubrir que Naruto tenía un hijo con otro hombre que había fallecido, tenía
la sensación de que la cena no estaba siendo tan horrible como parecía; el
rubio ya no mostraba la cautela que había percibido al principio e incluso le
había dado un beso en la mejilla.
Sonrió al pensar en ello mientras se miraba al espejo.
Entonces, no supo exactamente por qué, reparó en los baños que había tras él.
Toda la estancia era roja y blanca, con un banco de mármol negro muy elegante y
pilas de color plata, estando los urinarios al fondo, mientras que las puertas
que conducían a los inodoros estaban revestidas del mismo color burdeos que el
resto de la sala.
Había algo que le era… familiar.
Me metí casi corriendo en el cuarto de baño y me apoyé
en una pila antes de quitarme la corbata a base de tirones, sacarme la camisa
de los pantalones y desabrochar los tres primeros botones. Después, me eché
agua en las manos y me lavé la cara, esperando que eso me enfriara lo
suficiente como para no arrojarle la botella de vino a la cabeza de mi padre.
Estábamos a mediados de diciembre y yo ya había
terminado los exámenes del primer cuatrimestre de mi cuarto curso en la
universidad, de modo que mis vacaciones de cara a las fiestas navideñas ya
habían empezado. Yo ya tenía planeado ir al piso de Naruto para quitarme el
estrés de los dichosos estudios a base de largas y profundas embestidas contra
su redondo y firme trasero (sí, puede que sea un poco pervertido cuando se
trata de él, pero hacía casi dos semanas que no lo veía y tengo ciertas
necesidades, por no decir que ese diablillo se las habría ingeniado de todas
formas para atarme a la cama… otra vez), pero no, mi padre debía tener la
brillante idea de quedar con mi futura esposa y su familia para estrechar
lazos… Es decir, para empezar a hacer negociaciones entre su empresa y la de
los Hebi.
Así que esa noche nos habíamos reunido para cenar los
Uchiha, mi prometida y su padre y director de Empresas Hebi, Orochimaru. Si
ella me parecía únicamente repelente, no quiero ni contaros lo que opinaba de
su progenitor; había algo en él que me daba mala espina, y no era solo esa
escalofriante sonrisa que destilaba maldad la miraras por donde la miraras,
tenía… No sé cómo explicarlo, pero el aura de su alrededor hacía que mis
instintos gritaran para que me alejara lo más rápido posible de él.
Y no soy el único. Mi hermano tampoco se fía de ese
hombre; nunca me dijo por qué, pero Itachi era muy inteligente y observador,
por no decir que él veía más a Orochimaru que yo, por lo que supuse que habría
visto algo raro o que no le había gustado. De todas formas, no indagué más en
ello, si mi hermano no me lo contaba, era porque aún no había nada seguro.
El caso es que estábamos cenando en un restaurante de
lujo todos juntos: mi padre hablaba animadamente con Orochimaru acerca de
futuros negocios mientras que Itachi solo aportaba algo a la conversación
cuando mi padre le preguntaba, ya que parecía más interesado en vigilar
cualquier movimiento sospechoso de nuestro invitado; mi madre charlaba con
aparente amabilidad con Karin, ya que ella no aprobaba mi matrimonio con ella y
aún tenía la esperanza de que me enamorara pero, por desgracia, Mikoto Uchiha también
provenía de una familia estricta y la habían educado para que fuera una buena y
obediente esposa, por lo que poco podía hacer por mí (aunque yo nunca se lo
echaría en cara, era una madre fantástica y sería incapaz de reprocharle nada,
no cuando lo ha dado todo por Itachi y por mí), y, mientras tanto, yo
permanecía prácticamente en un silencio sepulcral, más atento a intentar evitar
que Karin me acariciara la pierna por debajo de la mesa para llegar a un lugar
que reservaba exclusivamente para Naruto.
Si ya estaba bastante agobiado de por sí, la cosa
empeoró cuando Orochimaru empezó a prestarme atención y me preguntó cómo me iba
en la universidad; respondí con monosílabos siempre que pude o con frases
cortas, aunque enmudecí cuando su hija dijo lo ilusionada que estaba con
nuestra boda, a lo que mi padre añadió que éramos una buena pareja y que
seríamos tan felices como mi madre y él.
Nunca había sentido tanta rabia como la que sentí en
ese momento hacia mi padre. Falso de mierda, lo único que le importaba era la
puta empresa y o bien mi felicidad era del todo irrelevante para él o es que
tampoco me conocía lo suficiente como para saber que aborrecía a las chicas
como Karin.
En aquel momento me sentí tan violento que me disculpé
con cierta brusquedad y, sin esperar al permiso de Fugaku, me marché directo al
cuarto de baño, donde estaba ahora, tratando de serenarme y reunir fuerzas
suficientes para aguantar aquella jodida cena. Me apoyé contra una pared y
deseé que Naruto estuviera conmigo. Él siempre lograba arrancarme una carcajada
sin importar cuál fuera la situación, su presencia me calmaba y, de una forma u
otra, hacía que las cosas parecieran más fáciles.
Llevé mi mano al bolsillo, tocando mi móvil. Era
simplemente tentador llamarlo para escuchar su voz y hablar con él, al menos me
soltaría alguna chorrada que me haría reír y me ayudaría a calmarme.
De hecho, no me parecía una mala idea.
Iba a coger el móvil cuando escuché a alguien abriendo
la puerta del baño. Levanté la cabeza por inercia, aunque fruncí el ceño con
desconfianza al encontrarme a Karin allí, sonriéndome como una gata que había
acorralado a un ratón. Arrugué la nariz al ver cómo se relamía los labios.
—Vaya, Sasuke, veo que te has preparado para mí —dijo
con voz melosa, casi como si fuera un ronroneo, a la vez que señalaba mi
camisa.
Al mirarme, recordé que me había quitado la corbata y
había desabotonado mi camisa de la rabia que llevaba encima. Me incorporé y la
miré con cara de pocos amigos.
—No me he preparado para nadie. —“Y menos aún para
ti”, añadí en mi fuero interno.
Sin embargo, ella no le dio importancia y se acercó a
mí contoneando las caderas.
—No creía que fueras a ser tan respetuoso conmigo,
sobre todo teniendo en cuenta lo que dicen de ti. —… ¿Eh? ¿Qué respeto? ¿De qué
coño me está hablando?—. Sé que antiguamente los novios esperaban hasta la
noche de bodas para tener sexo, pero estamos en el siglo veintiuno y no hay
necesidad de esperar un año más.
Un momento, ¡un momento!, ¿cómo que tener sexo? ¡¿Yo
con ella?!
—Karin, no voy a acostarme contigo —dije alto y claro
para que ella comprendiera el significado completo de esas palabras.
Ella hizo un mohín.
—¿Por qué no?
—Porque no quiero acostarme conmigo.
Sus ojos rojizos llamearon de rabia.
—Eres mi prometido.
—A la fuerza, yo no quería este matrimonio.
De repente, me miró con malicia y sonrió. Me importaba
muy poco lo que fuera que estuviera tramando, así que hice amago de rodearla
para dirigirme a la salida, pero ella me cogió por la camiseta y me empujó
contra la pared. Le lancé una mirada asesina.
—¿Qué crees que estás haciendo? —le pregunté en un
tono claramente amenazador. Sin embargo, Karin no pareció intimidada en lo más
mínimo y metió una mano por debajo de mi camiseta, haciendo que yo me
revolviera y la cogiera por la muñeca con fuerza para detenerla—. Te lo
advierto, quítame las manos de encima —casi le gruñí, preparado para usar la
violencia si era necesario; a mí nadie me toca de esa manera, ¿quién coño se
cree que es?
Ella aprovechó que estaba atento a las manos para
besarme con ferocidad. Enfurecido por lo que estaba haciendo, la mordí sin
miramientos en el labio y la aparté de mí con un empujón. No me gusta usar la
fuerza con mujeres, pero por todos los dioses que si me vuelve a poner las
manos encima no respondo de mí.
—No vuelvas a tocarme —le advertí iracundo, sintiendo
cómo todos mis músculos se tensaban.
Karin me miró con rabia.
—Eres mío, Sasuke Uchiha. Más vale que no te resistas.
Yo bufé.
—No me amenaces, no puedes conmigo.
Esta vez, ella sonrió.
—¿Y qué crees que ocurrirá si empiezo a gritar y a
pedir ayuda? Le diré a todo el mundo que intentaste violarme.
¿Violarla, yo? Más quisiera ella.
—No tienes pruebas.
—No me hacen falta —dijo ella, señalando la corbata y
mi camisa, que durante el forcejeo se había abierto más y dejaba gran parte de
mi pecho al descubierto—. Has dejado la corbata doblada sobre el banco y tienes
la camisa abierta, eso parece premeditado. Además, ¿a quién creerán?, ¿a una
pobre chica indefensa y aterrorizada o a un hombre fuerte y furibundo?
Será zorra la muy hija de perra…
Karin se irguió y levantó la cabeza con altanería.
—Imagina lo que la prensa hará contigo, o con tu
familia: “El hijo menor de Fugaku Uchiha, el director de la prestigiosa empresa
Corporaciones Uchiha, es detenido por las autoridades tras el intento de
violación de Karin Hebi, hija de otro empresario, en unos baños mientras ambas
familias cenaban juntas”. —La muy puta sonrió al oírlo, como si fuera su
canción favorita—. Tú podrías acabar en prisión y tu familia quedará arruinada
después de esto.
Mi sangre hirvió cuando mencionó a mi familia. Una
cosa es que fuera contra mí, y otra muy distinta es que amenazara a mi hermano
y a mis padres.
—Déjales en paz —le advertí, pese a que era muy
consciente de que no estaba en posición de exigir nada.
Karin ensanchó su sonrisa.
—Pues será mejor que me folles y que yo me quede muy
satisfecha. Porque si no, destruiré a los Uchiha.
—Mmm… Intento de violación, extorsión… Sigue, sigue,
échale más leña al fuego.
Tanto Karin como yo nos giramos hacia la tercera voz
que había hablado. Esta ya me había sonado extrañamente familiar, pero me quedé
con la boca abierta cuando descubrí quién estaba recargado contra la puerta del
baño, impidiendo que nadie entrara o saliera.
¿Qué diablos estaba haciendo Naruto ahí?, ¿y por qué
demonios llevaba el uniforme de los camareros del restaurante?
Puesto que yo estaba demasiado confundido para poder
decir nada, fue Karin quien le gritó:
—¡Lárgate de aquí!
Naruto se encogió de hombros y guardó el móvil que
había estado sosteniendo con una mano.
—Vale, de todas formas ya tengo las imágenes que
quería —dicho esto, le dedicó una cruel sonrisa—. “Karin Hebi extorsiona al
joven heredero de Corporaciones Uchiha para violarlo”, ¿cuánto crees que me
pagarán las revistas por esa exclusiva?
El rostro de la mujer se volvió blanco. De no haber
estado tan… desorientado por toda la situación (Karin intentando tener sexo
conmigo, Naruto apareciendo de repente aquí disfrazado o vestido o lo que sea
de camarero) me habría reído de buena gana de la cara que puso.
—N-no… ¡No tienes pruebas!
Sin tan siquiera inmutarse, el rubio presionó un botón
del móvil y nos enseñó la pantalla; no podía ver bien el vídeo desde donde
estaba, pero el audio se escuchaba a la perfección. Naruto y su dichoso móvil
habían grabado todo lo ocurrido.
Al percatarse de ello, Karin se abalanzó sobre él,
pero al doncel le bastó con apartarse un paso hacia un lado y después hacerle
una zancadilla para que cayera torpemente al suelo. Como escena cómica aún
tenía su punto, pero como pelea, era lo más patético que había visto.
La mujer se sentó con torpeza y miró a mi rubio con
expresión calculadora.
—Si borras ese vídeo, te daré todo lo que quieras.
Ahora que estaba más despejado y empezaba a asimilar
lo que estaba pasando, pude relajarme y disfrutar del espectáculo. Naruto se
llevó los dedos índice y pulgar al mentón, como meditando su oferta. ¡Ja!, casi
era convincente y todo.
—Mmm… Es que… lo que me interesa no me lo puedes dar
—comentó, mirándome de arriba abajo con una sensual sonrisa—. Hola, guapo —me
saludó.
Ah… Con que me está incluyendo en el juego. Vale,
puede ser muy divertido.
Le devolví la sonrisa y le guiñé un ojo.
—¿Qué tiene para mí un doncel tan sexy?
Karin palideció al ver el rumbo que estaba tomando la
situación, más aún cuando Naruto empezó a acercarse a mí con el móvil en la
mano.
—La clave de tu salvación, ¿qué me darías a cambio?
Para entonces, ya estábamos muy cerca el uno del otro
y pude envolver mis brazos alrededor de su cintura. Mis manos descendieron
juguetonas hasta su firme trasero y lo acariciaron con ansia, apretándole las
nalgas de vez en cuando. Nunca me cansaría de tocar esa parte de su cuerpo y, a
decir verdad, dudaba que pudiera cansarme algún día de él.
Porque lo amaba. Con locura y pasión. Nadie podría
jamás ocupar el lugar que se había hecho en mi corazón, nadie podría
complementar mi alma como lo hacía la suya. Y, cuando lo miré a los ojos, volví
a tener esa seguridad de meses atrás, la convicción de que, fuera quien fuera
el dios, ser o criatura que estuviera ahí arriba, de alguna manera había creado
a Naruto para mí o, en todo caso, nos había creado como dos partes de un todo,
como unas piezas incompletas si no estaban juntas.
Mi novio comprendió a la perfección las emociones que
cruzaban por mis ojos en ese momento y, aprovechando que estaba de espaldas a
Karin, me dijo moviendo los labios que me amaba también, pero después me
pellizcó discretamente e hizo un imperceptible movimiento con la cabeza
señalando a mi prometida, dándome a entender que debíamos seguir con el juego.
Divertido, dije en un tono de voz grave y un tanto
ronco:
—Haré realidad hasta las más oscuras y escandalosas
fantasías que tengas en mente. —Y eso lo dije totalmente en serio; cuando esta
cena terminara, iría a su casa y le haría el amor como nunca por lo que acababa
de hacer por mí.
Naruto me sonrió con picardía y, prácticamente a
cámara lenta, para que Karin pudiera verlo bien, me tendió su móvil. En el
instante en el que estuvo en mi poder, el rostro de esta se volvió blanco como
la cera y tembló. Me fue imposible no sonreír de pura satisfacción.
—Bueno, bueno, ¿a cuántas revistas debería enviar este
vídeo?
—A todas —me ayudó mi sexy doncel con una maliciosa
sonrisa—, y también a los periódicos, les encantan los escándalos sobre gente
importante cometiendo crímenes, y más aún si hay sexo de por medio.
—¿Debería ponerlo en YouTube también?
—Tendrías que estar haciendo eso ahora mismo.
A medida que hablábamos, Karin parecía estar viendo
cómo cavábamos su propia tumba y la preparábamos para enterrarla, viva. No
tenía intención de hacer nada de lo que decíamos Naruto y yo, aunque reconozco
que me vendría bien guardar ese vídeo para asegurarme de que no intentara nada
contra mi familia. No tendría que haberme amenazado con hacerles daño, a ellos
no. Y como se atreviera a hacer algo sospechoso, usaría la grabación y todo lo
que tuviera contra esa zorra.
Esta me miró aterrada y suplicante.
—Sasuke, por favor, no hagas eso, te lo suplico.
Bien, ya la tengo a mi merced.
—Haremos un trato: si regresas ahora mismo a la mesa
con los demás, sin mencionar nada de esto, yo me replanteo si enviar este vídeo
o no. ¿Entendido?
Ella asintió con vehemencia, se levantó con torpeza y
huyó del baño. En cuanto nos quedamos solos, Naruto y yo nos miramos y
empezamos a reír a carcajadas. Tiré de él para darle un fuerte abrazo,
profundamente agradecido por haber evitado que mi familia fuera víctima de la
prensa.
—Eres la persona más increíble que he conocido nunca,
Naruto —le dijo besándole el cuello.
Él soltó una risilla.
—Por eso sales conmigo.
Me separé un poco, solo lo suficiente como para poder
mirarle a los ojos.
—Tienes un don de la oportunidad que me sorprende,
¿qué hacías aquí?
Mi novio se encogió de hombros.
—Me has enviado un mensaje diciendo que ibas a cenar
con tu distante padre y con tu tediosa prometida; eso me ha sonado a “sácame de
este calvario, por favor” y he venido a rescatarte. Me alegro de haber llegado
a tiempo.
—¿Y qué haces vestido así? —pregunté, señalando la
indumentaria de camarero, consistente en una camisa blanca bajo un chaleco
negro a juego con los pantalones largos, un poco ajustados, y la pajarita que
llevaba alrededor del cuello (ese era el uniforme de los camareros donceles, ya
que los hombres llevaban corbata y sus pantalones no eran tan ajustados).
Naruto resopló.
—Esto es un restaurante de pijos, no iban a dejarme
entrar así como así, por lo que he… engañado a un camarero para que me dé uno.
Entrecerré los ojos al oír eso último.
—¿Cómo que le has engañado?
—Soy un adorable y sexy doncel, Sasuke, solo he tenido
que parecer un poco tímido e inocente y si hubiera querido lo habría dejado en
pelotas en la mismísima calle. —Al ver mi ceño arrugado, me besó suavemente en
los labios—. No te enfades, ni siquiera ha habido coqueteo, solo le he pedido
que me deje entrar y un uniforme, ya está.
Él siguió besándome hasta que se me pasó el pinchazo
de celos y, después, siguió haciéndolo al notar cómo mi lengua se introducía en
su boca, buscando la suya. No podía enfadarme con él, no después de haberme
salvado de esa puta y mucho menos si me besaba de esa manera tan pasional. Lo
cogí por la cintura y lo levanté para llevarlo contra la pared, donde apoyé su
espalda y después me pegué a él, queriendo sentir las curvas de su cuerpo con
el mío. Sentí sus manos aferrando mi cabello, dándome a entender que me quería
más cerca y yo profundicé el beso mientras que con un brazo rodeaba su cintura
para mantenerlo cerca de mí y con la mano libre buscaba su entrepierna. Al
acariciarla, Naruto gimió en boca y se estremeció.
—Sasuke… ¿aquí? —me preguntó cuando me separé un poco
para mordisquearle el labio.
Gruñí, sabiendo que no podíamos hacerlo en los baños
de un restaurante, en cualquier momento podía entrar alguien y no me hacía
ninguna gracia que otros hombres vieran a mi sexy rubio desnudo.
Dejé de tocarlo, pero lo abracé igualmente y apoyé mi
frente en la suya.
—Te deseo —le dije.
Él me dio un beso suave.
—Y yo a ti. ¿Vas a tardar mucho en venir a casa?
—No, nos estábamos tomando el postre… —Entonces, se me
ocurrió una brillante idea. Ya sabía lo que debía hacer con ese vídeo—. Naruto,
necesito que me envíes ese vídeo a mi móvil.
Este frunció el ceño ante el repentino cambio de tema,
pero no tardó en intuir que estaba tramando algo y levantó una ceja.
—¿Qué se te ha ocurrido?
—Tú hazlo y regresa a casa, te lo contaré todo allí,
¿de acuerdo?
Naruto accedió y después yo salí de los baños con una
sonrisa prepotente. Al llegar a mi mesa, mi padre exigió saber qué estaba
haciendo pero, sorprendentemente, pasé de él como si nada y, tras echarle un
vistazo a una Karin que se encogió cuando mis ojos se clavaron en ella, me
dirigí a Orochimaru.
—Señor Orochimaru, le importaría que habláramos un
segundo en privado.
Él ladeó la cabeza, extrañado e interesado al mismo
tiempo. Mi familia me miró con el ceño fruncido, sabiendo que yo nunca me
quedaría con ese hombre a solas, incluso mi padre debía ser consciente de que
me desagradaba. Aun así, Orochimaru me siguió hasta un rincón un poco apartado
del resto de mesas.
—¿Y bien, joven Uchiha? ¿A qué debo este inesperado
placer?
Sin decir ni una palabra, le puse el vídeo. No puedo
negar que me regocijé un poco cuando esa irritante sonrisa desapareció de su
rostro y fue sustituida por una expresión de pura rabia contenida. No sabes la
bronca que te espera en casa, Karin.
Cuando la grabación terminó, el hombre levantó sus
ojos amarillos hacia mí.
—¿Qué es lo que quieres?
Esbocé una media sonrisa; Orochimaru era plenamente
consciente de lo que era capaz de hacer con esas imágenes y no sería nada bueno
para su empresa. En el mundo de los negocios, y más aún si la prensa va detrás
de ti, era importante mantener una reputación, y no solo la tuya, sino también
la de tu familia; así como mi padre no habría podido permitirse que Karin
fingiera que yo había intentado violarla, Orochimaru no podría tolerar que su
hija tuviera cargos penales. Los clientes no querían estar relacionados con
alguien en cuya familia hubiera criminales, el expediente de esta debía ser
completamente limpio, y lo mismo ocurría con los socios empresarios, ninguno
daría la cara por ti si tu mujer era una alcohólica o tu hijo un adicto a las
drogas.
Eso conllevaba perder ganancias y, eventualmente, a la
ruina de la empresa. No quiero ni pensar en lo que le habría pasado a mi
familia si Naruto no hubiera estado ahí para impedir que Karin llevara a cabo
su plan.
Pero ahora yo tenía el control y sabía exactamente lo
que iba a pedirle a Orochimaru.
Tras llegar a un acuerdo, ambos regresamos a la mesa.
El hombre le lanzó una mirada asesina a su hija, la cual se estremeció al
comprender que le había enseñado el vídeo. Por otro lado, mi madre parecía
confundida, Itachi me miraba extrañado y mi padre nos observaba a Orochimaru y
a mí con cierta rabia. Seguro que le frustraba no saber de qué habíamos estado
hablando, a lo mejor incluso temía que yo hubiera fastidiado sus planes de
negociar con él.
—¿Puedo saber de qué ha estado hablando mi hijo con
usted? —casi le exigió mi padre a Orochimaru. ¿Veis?, frustración por no saber
qué ha pasado.
El hombre enmascaró su rabia con una pequeña sonrisa
que pretendía ser amable.
—Hemos estado comentando su compromiso con mi hija,
señor Uchiha.
Mi madre y mi hermano me miraron todavía más
confundidos, mientras que mi padre no estaba seguro de si eso era bueno o malo.
Por otra parte, Orochimaru siguió hablando:
—Tras reflexionar sobre los argumentos que ha
presentado su joven hijo, he decidido… —Me miró un momento y yo asentí con
seriedad, dándole a entender lo que ocurriría si no lo hacía— cancelar el
compromiso.
Se hizo un silencio tenso en la mesa, aunque eso no
evitó que viera las diferentes reacciones que hubo: a Karin pareció que alguien
le había tirado un jarrón de agua encima, mi padre tenía los ojos muy abiertos
y, aunque no pude estar seguro del todo, me dio la impresión de que palideció
un poco, mi madre sonreía ampliamente y creo que contenía las ganas de
aplaudir, e Itachi estaba muy sorprendido y contento a la vez.
—… ¿Disculpe? —dijo mi padre con mucha lentitud,
fulminándome con la mirada.
Sé que esto va a sonar muy irrespetuoso, pero me
habría gustado poder enseñarle mi dedo medio a mi padre. Ya está bien de
utilizarme para su propio beneficio, no iba a casarme con Karin ni con ninguna
otra niña rica para que él tuviera ventaja en sus negocios, no soy la marioneta
de nadie.
Orochimaru se encogió levemente de hombros, como si
quisiera ser casual pese a que yo sabía lo que iba a decir.
—He pensado que tenemos confianza suficiente como para
negociar sin necesidad de poner a nuestros hijos en medio. Un matrimonio
concertado no nos asegura que uno de los dos no vaya a echarse atrás, al fin y
al cabo, vuestro joven hijo o Karin siempre pueden divorciarse una vez
finalizados los trámites de nuestro contrato, por lo que, ¿qué sentido tendría
que se casaran?
—Bien dicho —dijo Itachi, al cual se le veía muy
animado de repente.
Pese a que me di cuenta de que mi padre quería debatir
esos argumentos, no pudo hacerlo. Yo ya sabía que no se arriesgaría a discutir
con Orochimaru por miedo a fastidiar la relación laboral que habían iniciado,
así como sabía que este no aceptaría ninguna sugerencia por parte de Fugaku
para volver a poner en vigor mi compromiso con Karin, no a menos que quisiera
que enviara el vídeo a los periódicos y que fuera a la policía para demandarla.
Después de eso, terminamos el postre entre risas (al
menos, mi madre, mi hermano y yo), nos tomamos una última copa y, al fin, nos
despedimos de la familia Hebi. En cuanto se iban hacia la puerta, vi que Naruto
salía del baño vestido con su ropa y que dejaba disimuladamente el uniforme de
camarero sobre la barra antes de dirigirse a la entrada. No pude evitar sonreír
un poco, le había dicho que se fuera a casa pero, obviamente, se había quedado
para asegurarse de que yo estaba bien.
Pasó por delante de Karin y Orochimaru. Este último se
paró en seco, algo que me llamó la atención, y vi que estaba mirando a Naruto.
Sus ojos no dejaron de seguirlo con el ceño fruncido. No me gustó la forma en
que lo observaba, no era lasciva pero había algo… raro.
—Sasuke.
Me distraje cuando oí que mi padre me llamaba. Me di
la vuelta y vi sus facciones tensas y el brillo furioso de sus ojos. Aun así,
curiosamente, no sentía miedo. Lo cierto era que me sentía bastante tranquilo y
listo para enfrentarlo.
—¿Sí, padre? —pregunté con calma.
—¿Qué es lo que has hecho?
—Hacerle saber que es una soberana estupidez utilizar
un matrimonio como seguro para poder hacer negocios con él. El señor Hebi es
consciente de que yo no quiero casarme y hoy es muy fácil conseguir el
divorcio.
Fugaku arrugó la nariz.
—¿Por qué querrías divorciarte de ella? Su familia es
rica y poderosa, es perfecta para ti.
—Es perfecta para tus beneficios, es muy distinto
—repliqué, sorprendiendo a toda mi familia—. No dejaré que sigas usándome para
hacer negocios, así que olvídate de comprometerme con alguien, porque si lo
haces, te aseguro que la cosa acabará muy mal para ti y para tu empresa.
Mi padre parpadeó y su rostro enrojeció.
—¿Te atreves a amenazarme?
—Solo te estoy advirtiendo.
—¿Qué formas son esas de tratar a tu padre? ¡Tienes
que ser respetuoso!
—¡Te trataré con respeto cuando tú hagas lo mismo
conmigo! —bramé, harto de toda esta gilipollez—. Si quieres que me case con
alguien, primero me lo sugieres y después me dejas elegir, ¡no me vendas al
mejor postor! ¡Soy tu hijo, no una mula a la que cambias por cinco monedas!
—dicho esto, di media vuelta y salí del restaurante sin molestarme en coger mi
chaqueta.
Una vez más, me quité la corbata y la metí en mi
bolsillo antes de desabrochar algunos botones y sacar la camisa de mis
pantalones. Hacía un poco de frío, pero con la adrenalina apenas lo notaba.
Además, me sentía orgulloso de mí mismo; por fin, había sido capaz de plantarle
cara a mi padre, y no me había ido tan mal como siempre había creído. Pero si
había podido imponerme en esto, eso significaba que podía hacer otras cosas:
dejar mi carrera y buscar mi verdadera vocación que, gracias a Naruto, empezaba
a tener una idea de qué era lo que quería hacer con mi vida, y también podría
formalizar mi relación con él, presentárselo a mi familia.
Como si hubiera oído mis pensamientos, mi hermano
apareció con su coche a mi lado. Me abrió la puerta del copiloto y se asomó,
sonriéndome.
—Así te vas a resfriar, hermanito. Deja que te lleve.
Subí sin pensarlo demasiado e Itachi condujo hacia
alguna parte. No dijimos nada durante todo el trayecto hasta terminar en un
parking solitario, donde él apagó el motor y giró su cuerpo para encararme.
—¿Quieres hablar de lo que ha pasado? —me preguntó con
suavidad.
Apoyé la cabeza contra el respaldo.
—Creo que he llegado a mi límite, Itachi —confesé—.
Estoy cansado, de todo: ese estúpido compromiso, la carrera, mi miedo al
rechazo de nuestro padre… Toda la vida lo único que he querido ha sido que él
se sintiera orgulloso de mí y… —me detuve un segundo, buscando las palabras que
expresaran lo que sentía.
—¿Sí? —me animó a continuar mi hermano.
—Ahora… Ahora me he dado cuenta de que no es tan
importante —dije, sintiendo una gran convicción dentro de mí, dándome cuenta de
lo ciego que había estado—. Mi vida es solo mía, soy yo quien va a vivirla y no
otra persona. Lo que de verdad importa es que me sienta orgulloso de mí mismo,
que sea feliz a mi manera.
De repente, Itachi me dio un fuerte abrazo. Me costó
un poco por la sorpresa, pero al final correspondí su gesto.
—Ahora soy yo quien está muy orgulloso de ti, Sasuke.
Sabes que hagas lo que hagas, siempre tendrás mi apoyo.
—Lo sé, y te estoy muy agradecido por ello.
Estuvimos así unos segundos más y luego Itachi fue el
primero en separarse, tan solo para darme un puñetazo amistoso en el hombro
(debía de estar realmente contento por lo que había pasado, ya que no había
hecho algo así desde que éramos adolescentes).
—¡Esto hay que celebrarlo! —declaró, arrancando el
coche—. ¿A dónde quieres ir? Te invito a unas cervezas, brindaremos porque
vuelves a estar oficialmente soltero.
Bueno… Eso no era del todo cierto… Y, ahora que
pensaba en eso, se me ocurrió que era un buen momento para hacer una cosa.
—Conozco el sitio perfecto —dicho esto, empecé a
guiarle por las atestadas calles de Tokio, pues a esas horas todo el mundo
estaba saliendo en dirección a una fiesta u otra, hasta un edificio que se
había convertido en un segundo hogar para mí.
Mi hermano frunció el ceño al ver que no estábamos
cerca de ningún bar.
—¿Dónde estamos? —me preguntó.
Yo le sonreí.
—Ven, quiero que conozcas a alguien.
Los ojos de Itachi brillaron. Soy muy consciente de
que hacía meses, concretamente desde mis primeras citas con Naruto, que él
sospechaba que me estaba viendo con alguien. Durante todo este tiempo había
sido paciente y comprensivo conmigo y no había indagado mucho en el tema, así
que creo que ya era hora de compensarle por ello. Puesto que yo tenía llaves de
casa de mi novio (por cortesía del imbécil de su ex) abrí sin problemas la
puerta principal y, después de subir los tres pisos, también la cerradura que
conducía a la que ahora era mi segunda casa. Detrás de mí, casi podía sentir
cómo Itachi se removía en su lugar, emocionado por conocer a mi “novia” (él
creía que estaba saliendo con una chica, debido a que mi padre odiaba a los
donceles).
Una vez dentro, invité a mi hermano a pasar y dejé las
llaves en un bol.
—¡Estoy en casa! —grité, siendo recibido al instante
por un borrón negro y peludo que se lanzó sobre mis piernas—. Hola, Blue, ¿cómo
está mi cachorrita?
Ella ladró alegremente moviendo la cola. Ahora tenía
dos meses y era un pequeño trasto que no paraba quieta ni un solo instante.
Intentó lamerme la cara a base de graciosos saltitos y luego fue a olfatear los
pies de Itachi; al no conocerlo, se apartó de él con la cola entre las piernas
cuando este hizo amago de acariciarla.
—Tú actúa como si no estuviera aquí —le recomendé a mi
hermano—. Vendrá a olerte de vez en cuando y al final se acostumbrará a ti.
—Así que por fin tienes ese perrito que pedías todos
los años por Navidad cuando eras pequeño —comentó él, sonriendo.
Yo me encogí de hombros.
—Se la regalé a Naruto hace dos meses por su
cumpleaños.
Mi hermano frunció el ceño.
—¿Naruto?
—Ese soy yo.
Sonreí al ver a mi sexy doncel acercándose a nosotros
desde su dormitorio. Itachi lo observó un poco confundido, al menos hasta que
Naruto fue hacia mí para darme un beso de bienvenida, entonces fue cuando puso
esa expresión de: “oh, ahora lo entiendo todo”.
Los presenté y mi novio nos ofreció unas cervezas, que
bebimos en el salón mientras mi hermano nos hacía un extenso interrogatorio
acerca del tiempo que habíamos estado juntos, cómo nos conocimos, cuándo
empezamos a salir (aunque él ya se hacía una idea, después de todo, fue Itachi
quien me ayudó a preparar mi cuarta cita)… En fin, supongo que eran las
preguntas habituales que se les hacía a una pareja.
Nos quedamos hablando los tres hasta altas horas de la
madrugada, con una pequeña Blue que, tras intentar captar nuestra atención
durante un rato, finalmente se quedó dormida en el regazo de Naruto. Me di
cuenta de que Itachi estaba encantado con mi rubio y supe que tenía su total
aprobación. Incluso cuando llegó el momento de despedirnos, me preguntó dónde
podía encontrar uno así, lo cual me hizo reír antes de decirle que no lo haría,
ya que mi Naruto era único en el mundo… y que tenía la gran suerte de que me
hubiera escogido a mí.
Sasuke necesitó unos minutos para poder asimilar tanta
información. Temiendo que entrara alguien en cualquier momento y lo pillara en
un estado tan confuso, se metió en uno de los receptáculos que contenían los
inodoros y cerró la puerta tras él antes de apoyarse en esta. Necesitaba
calmarse y pensar.
A juzgar por la conversación que habían tenido él y
Naruto después de que Karin los dejara solos en esos baños, su rubio parecía
saber que ya estaba prometido con ella pero, aun así, seguían siendo pareja. Y
por si eso fuera poco, logró cancelar su compromiso con ella. ¿Eso significaba
que no rompieron por Karin? ¿Por qué, entonces? ¿Y por qué Itachi, si conocía a
Naruto, no le había hablado nunca de él? Es más, ¿por qué ninguno de sus
amigos, Hinata, Shikamaru e incluso su primo Sai, que sabían de la existencia
del rubio, no le había mencionado nunca?
¿Por qué Naruto actuaba como si no se conocieran?
Se sentó en el váter y hundió el rostro entre sus
manos. Cuanto más recordaba, más confundido estaba. ¿Y si en realidad todo eran
imaginaciones suyas? ¿Y si volvía a tener ese síndrome de desconfianza de la
memoria? No, no creía que fuera posible, había demasiadas cosas que cuadraban:
supo su nombre antes de que se lo dijera, conocía sus aficiones, Blue lo
reconoció e incluso Naruto pronunció su nombre sin tan siquiera decírselo en un
momento de descuido.
Necesitaba tranquilizarse, no podía salir y volver con
él en su estado actual. Echó la cabeza hacia atrás hasta recostarse contra una
pared e inspiró y expiró. Volvió a hacerlo, lentamente, una vez más. Luego,
otra. A medida que respiraba, los latidos de su corazón se ralentizaban y era
capaz de pensar con más claridad. No podía rendirse ahora, debía seguir cerca
de Naruto, ganarse de nuevo su confianza y, quizás, con el tiempo, entendería
lo que ocurría. Puede que incluso él mismo se lo dijera antes de que lo
recordara, si le demostraba que lo amaba con sinceridad y que no volvería a
hacerle daño.
Una vez se sintió dueño de sí mismo y de sus
emociones, salió de nuevo del baño y se encontró con una extraña escena: todos
los presentes en el restaurante observaban a una pareja que bailaba en el
pasillo que formaban las dos hileras de mesas; no era otra que Tenten y Lee
(Sasuke no sabía cuándo este último había ido allí, aunque supuso que se habría
pasado para ver a sus amigos), quienes bailaban al son de la canción de Cold de
Maroon 5, interpretada ni más ni menos que por Naruto, acompañado por Kiba, que
cantaba las partes de Future con su voz más grave y varonil. Se le escapó una
carcajada incrédula al comprobar que toda la gente hacía palmas y que los del
restaurante incluso habían subido la música para ayudar a Naruto y a Kiba a
cantar y a Lee y Tenten a bailar.
Encogiéndose de hombros, se unió a la multitud y
disfrutó de la dulce voz del rubio, que seguía pareciéndole extrañamente
familiar, como si la hubiera oído en otra parte, así como observó cómo sus
amigos danzaban con maestría en el pasillo, sin importarles lo más mínimo estar
en mitad de un restaurante, aunque, para ser sinceros, a nadie parecía
importarle en absoluto. En cuanto terminaron, todos aplaudieron y uno de los
encargados del local gritó algo sobre una ronda gratis para todo el mundo.
Poco después, Sasuke se encontró con Naruto, que
regresaba a su mesa. Al verlo, le sonrió y casi fue trotando hacia él.
—¡Sasuke! Te has perdido lo mejor.
—La verdad es que lo he visto todo —dicho esto,
frunció el ceño—. No es que no me haya gustado, pero ¿puedo saber a qué ha
venido eso?
Naruto puso los ojos en blanco.
—Joe, el dueño del restaurante, nos ha dicho que si
cantaba una canción y Tenten y Lee bailaban invitaría a todos los clientes a un
chupito gratis. Todo el mundo me ha hecho presión de grupo y he tenido que
aceptar —dijo, encogiéndose de hombros—. Era eso o me habrían descuartizado, el
alcohol gratis es muy valorado aquí.
Sasuke rio.
—¿Es que eres famoso?
—Algo así, fui al karaoke con Kiba y los chicos y
mucha gente me vio cantando. —Rodó los ojos—. Ahora en las fiestas me toca
hacer de cantante, incluso estoy pensando en cobrarles por eso —bromeó.
Después de eso, se les unieron en la mesa Kiba y
Tenten con sus respectivas parejas, la señora Rose y un hombre algo tímido, así
como Lee, para tomarse los chupitos todos juntos. Fue extraño, pero Sasuke se
sintió inmediatamente integrado en el grupo, tal vez por el carácter amistoso y
familiar de los ciudadanos de Nome, tanto fue así que incluso se quedó con
ellos a tomarse unas cuantas rondas más de chupitos (Naruto y Lee fueron los
únicos que no bebieron más, el primero porque luego tenía que conducir y el
segundo porque, al parecer, se ponía violento estando borracho). Fue muy
divertido escuchar las anécdotas que soltaban, cada cual más cómica, ridícula y
vergonzosa que la anterior, y más aún ver cómo la señora Rose, pese a su edad,
era capaz de tumbar a Kiba, Tenten y su acompañante bebiendo.
Era de madrugada cuando Naruto lo llevó de vuelta al
hotel. Sasuke había bebido, no lo suficiente como para estar borracho, pero sí
lo justo para no dejar de agarrarse el estómago mientras reía por culpa de las
recreaciones que hacía el doncel sobre cómo la señora Rose violaba verbalmente
a Kiba.
—Las cosas que podría haber hecho con ese cuerpo tuyo
si fuera más joven —se burlaba Naruto con una voz aguda—, te habría cabalgado
como un semental y tú habrías relinchado como una yegua en celo —esto último
fue incapaz de decirlo sin echarse a reír. Sasuke no pudo hacer otra cosa que
doblarse de la risa.
—¿Y la cara que puso Kiba? Parecía que estaba
estreñido —y volvió a soltar unas estruendosas carcajadas que fueron
acompañadas por el rubio.
Ya cuando lograron tranquilizarse un poco, este le
miró con ojos risueños.
—Me lo he pasado genial.
Sasuke le sonrió.
—Yo también.
Naruto lo observó un momento. Por la expresión que
apareció en su rostro, fue como si acabara de mandar algo al diablo.
—¿Por qué no vienes mañana a mi clase de trineo? Te
gustaría y yo podría presentarte a mis perros. Seguro que Blue querrá volver a
verte y, además, creo que te debo un paseo. Después podríamos comer y yo te
enseñaría la ciudad.
El varón levantó una ceja a la vez que esbozaba una
lenta sonrisa. ¿Eso había sonado a lo que él creía?
—¿Me estás proponiendo una cita?
El doncel, por primera vez desde que lo conocía, le
dedicó esa sonrisa pícara que tantas veces le había dedicado en sus recuerdos y
que lo volvía loco.
—No lo sé. ¿Quieres que lo sea?
Sasuke le devolvió la sonrisa al mismo tiempo que se
acercaba un poco más a su rostro. Tal y como esperaba, el rubio no retrocedió,
no estaba para nada intimidado o incómodo con su cercanía, al contrario, sus
ojos llameaban de pasión y deseo, igual que la noche anterior, cuando habían
acabado abrazados por accidente mientras fregaban.
—Me gustaría mucho —dijo en un tono de voz bajo y un
poco ronco.
Naruto se acercó un poco más, hasta rozar su nariz con
la suya y sentir el aliento del otro en los labios.
—Entonces, es una cita —declaró, sonriendo—. Mañana a
las diez. A las nueve te mandaré la ubicación.
—Bien —dicho esto, y aprovechando que el rubio tenía
la guardia baja, Sasuke se inclinó y le dio un beso rápido en la mejilla—. Nos
vemos mañana, Naruto —se despidió del sonrojado doncel, que no había esperado
eso.
Se bajó del Jeep y empezó a caminar hacia la entrada
del hotel. Pese a que era de madrugada, aún estaba muy oscuro y seguía haciendo
un frío terrible, pero aun así, Sasuke sentía una agradable calidez en el
pecho. Había conseguido una cita con Naruto, era una pequeña victoria, y se
sentía muy feliz por ello.
—¡Sasuke!
Se giró a tiempo de ver al rubio corriendo hacia él.
Frunció el ceño, preguntándose qué ocurría, pero este desapareció cuando
Naruto, sin darle ninguna explicación, tiró de él para besarlo apasionadamente.
Pese a la sorpresa inicial, correspondió al beso y devoró esa boca que
resultaba tan familiar, que le supo a mañanas de besos y risas y a sensuales
noches entre las sábanas. Envolvió su cintura con un brazo mientras que la otra
mano fue a su cabello, aferrando algunos mechones, sabiendo que eso volvía loco
a Naruto; y no se equivocó, su sexy doncel le recompensó con un suave gemido y
una lengua traviesa que buscó la suya antes de enlazarse en un húmedo abrazo,
como dos amantes que no se hubieran visto en mucho tiempo. Solo se separaron
cuando ambos necesitaron coger aire, e incluso entonces, sus labios se quedaron
rozándose mientras jadeaban, dándose algún que otro beso ocasional.
Sasuke abrió la boca para decir algo, no sabía muy
bien qué, tal vez solo quería saber qué significaba ese beso para él pero,
antes de poder hacerlo, Naruto le dio otro beso y le dedicó una sonrisa sincera
que lo dejó un poco embobado.
—Hasta mañana —y regresó corriendo a su coche.
Se quedó quieto mientras el Jeep desaparecía entre los
copos de nieve que aún caían del cielo, tratando de asimilar lo que había
sucedido. Y cuando lo hizo, no pudo evitar sonreír ampliamente.
No muy lejos de allí, escondidos tras una esquina,
Tenten y Lee se abrazaban mientras daban saltitos de alegría. Los dos, junto a
Kiba, habían seguido a la pareja con la vana esperanza de que ocurriera algo
entre esos dos, pese a que sabían que era muy pronto. Por eso casi se habían
puesto a chillar de la emoción al ver que era Naruto quien daba el primer beso,
y más aún uno tan apasionado.
—¿Lo habéis visto? ¿Lo habéis visto? —repetía Tenten.
Aún le costaba creer que su rubio amigo se hubiera decidido a ir tan rápido. Siempre
pensó que, tras la muerte de Saki Senior, avanzaría muy despacio en una
relación, pero eso no mataba la alegría que sentía en esos momentos por lo que
había visto.
—¡Naruto vuelve a experimentar la pasión de la
juventud! ¡Así me gusta, Naruto! ¡Deja salir al tigre que llevas dentro!
—gritaba Lee con ojos llameantes, presa de la emoción.
Kiba, que tenía los brazos cruzados, asentía con una
sonrisa arrogante.
—Yo ya intuí algo con ese Sasuke, sabía que a Naruto
le gustaba.
—¿Creéis que habrán quedado para salir? —les preguntó
Tenten a sus amigos.
—Uno no da un beso así si no quiere volver a ver a
alguien, seguro que algo harán.
—Podríamos turnarnos para vigilarlos —propuso Lee,
sacando una pequeña libreta donde apuntaba las cosas que debía hacer (dado su
carácter olvidadizo) o que le parecían interesantes—. Mmm… Yo mañana debo ir al
aeropuerto, tendréis que ir vosotros dos y aseguraros de que los avances son
satisfactorios.
—Yo puedo ir a la clase de Naruto —se ofreció Kiba—,
como iré con Akamaru, no sospechará.
—Maravilloso —asintió Lee, apuntándolo todo.
—Yo lo tengo difícil —reconoció Tenten, haciendo una
mueca—, ahora estoy sola en la armería y no podré verlos hasta la noche.
—No hay problema, yo me ocupo —dijo una voz profunda y
varonil.
Lee volvió a asentir sin dejar de escribir.
—Perfecto, Kurama. Entonces, por la noche… —se calló
de repente y, junto con Kiba y Tenten, se giró muy lentamente hacia su
izquierda, donde vieron al imponente hombre sonriéndoles con malicia.
—¡Kurama! —gritaron los tres, encogiéndose un poco.
—¿De dónde demonios sales? —preguntó Kiba.
—Algunos expertos afirman que del mismísimo infierno
—bromeó el pelirrojo, aún sonriendo de ese modo escalofriante. Antes de que
ninguno pudiera decir que se dejara de bromas y que les dijera la verdad,
Kurama borró su sonrisa y ladeó la cabeza—. Si me permitís un consejo, no me
preocuparía tanto por nuestros tortolitos, pero sí hay algo que requiere
nuestra atención con urgencia.
Los chicos fruncieron el ceño. Sabían que si lo decía
Kurama, y más aún con ese tono calmado y frío, no se trataba de ninguna
tontería.
—¿El qué? —cuestionó Kiba.
El pelirrojo señaló una esquina del hotel, donde
vieron a una mujer que se acurrucaba dentro de un abrigo que tenía toda la
pinta de ser caro y que calzaba unas botas que no eran en absoluto para la
nieve, observando a Sasuke, que estaba entrando en el edificio con una gran
sonrisa en el rostro. Poco después, la mujer también entró.
Tenten abrió los ojos como platos.
—¿Es la compañera de Sasuke?
Kiba soltó un gruñido.
—Esa pija pomposa quiere aguarnos la fiesta —dijo
antes de hacer crujir los nudillos de sus dos manos—. Veo por dónde vas,
Kurama. No podemos permitir que esa arpía se interponga, llevo demasiado tiempo
esperando a que mi amigo tenga pareja.
—¿Y qué podemos hacer? —preguntó Lee.
—Secuestrarla y dejarla en los páramos helados de las
montañas para que los lobos devoren su cuerpo —declaró Kurama, recuperando su
siniestra y escalofriante sonrisa. Los otros tres lo miraron en completo
silencio, un poco… bueno, muy asustados. El pelirrojo, esta vez, les dedicó una
mirada inofensiva que ninguno se tragó ni por un instante—. Era una broma.
Vosotros id tras ella y aseguraos de que no estropea nada y yo me encargo de la
artillería pesada.
—¿Artillería pesada? —preguntó Tenten.
Kurama se encogió de hombros como si nada.
—Cuanto menos sepáis, mejor —y volvió a sonreír.
Los chicos solo pudieron imaginarse a Kurama llevando
el cadáver de Sakura hacia el puerto para que se hundiera en el fondo del mar.

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