Capítulo 3. Por venganza
Trust
gruñó al mismo tiempo que se posicionaba delante de Tyler. Vio por el rabillo
del ojo que Slade lo cubría por un flanco, al igual que Justice y Tiger. Brass
también avanzó un paso en ademán protector, ocultando a Rick con su enorme
cuerpo, mientras el resto de los machos se movía alrededor, atentos, con los
brazos bajados y los dedos a punto de curvarse. Como él, se preparaban para
pelear.
Sin
embargo, las hembras tenían otra idea.
Breeze
fue la primera en avanzar hacia el grupo de felinos y úrsidos con las manos en
forma de garras y los colmillos al descubierto. Sunshine iba apenas un paso por
detrás de ella y Sky y Monarch a los lados, con el cuerpo ligeramente inclinado
hacia delante, como si se prepararan para hacer un placaje.
—¡Hombre! ¡Más jugadores!
Trust casi se sobresaltó al escuchar la potente
voz de Zane. Se había apartado un poco de ellos para quedar a la vista del
grupo. A Trust no le gustó, parecía demasiado expuesto, a pesar de que el
humano parecía muy tranquilo.
Las hembras se detuvieron al escucharlo hablar
mientras que los machos dirigieron su vista hacia él. El odio era evidente en
el modo en que enseñaron los colmillos y arrugaron la nariz. Su líder, 377, no
mostró los dientes, pero bastaba una mirada a sus ojos grises para saber que
compartía el sentimiento de sus compañeros.
Era probablemente el felino más grande de los
que había en el hotel con sus dos metros de altura y complexión musculosa. Las
espaldas y las extremidades eran fuertes, pero su cintura más estrecha le daba
la apariencia ágil y elegante habitual en los felinos. Durante los cuatro meses
que habían estado liberados, le había crecido el pelo y lo llevaba largo hasta
el mentón y algo desgreñado, ya que se había negado a aprender a lavarlo o
dejado que los humanos lo hicieran. Su color era gris oscuro, pero las puntas
eran negras, lo que hacía un extraño contraste con su piel clara y le daba un
aspecto aún más fiero a sus ojos. Como de costumbre, su rasgo más llamativo era
la larga cola de espeso pelaje moteado que se movía, inquieta y erizada, tras
sus piernas.
—No te dirijas a mí, humano —le advirtió a
Zane.
Este jugueteó con la pelota que habían usado
para el partido.
—Solo quería invitaros al juego. Venga, lo
pasaréis bien. —Pese a que su tono era despreocupado, Trust percibió la cautela
en sus ojos y en su expresión corporal. Tampoco confiaba en que no fueran a
atacar.
Esta vez, 377 le enseñó los colmillos.
—Conozco bien vuestros juegos.
—Pues yo no reconozco el tuyo.
Trust y los demás miraron a Breeze. Sus
orificios nasales se agrandaban con cada respiración y aún tenía los dedos
convertidos en garras. Sunshine y Monarch gruñeron a su lado mientras que Sky
no apartaba los ojos de los tres úrsidos.
377 ocultó los dientes y su mirada se suavizó.
—Solo intento mantenernos a salvo.
—¿Atacando a Ellie? —gruñó Breeze—. Es pequeña
y débil, ¿qué amenaza representa para nosotros?
El felino arrugó la nariz.
—Todos los humanos son pequeños y débiles. Por
eso usan las mentiras contra nosotros. ¿O acaso crees que es la primera vez que
usan a una técnica para engañarnos?
—Ellie siempre cuidó de todos nosotros —dijo
Sunshine—. Hizo todo lo posible por salvar a los que acabábamos en la
enfermería.
—Lo sabrías si ella hubiera cuidado de ti
—intervino Monarch—. Fue buena con nosotros.
—Los que hacíamos pruebas de resistencia la
conocemos bien —intervino Harley antes de señalar a Moon y a Brass—. Ella nos
sanó muchas veces.
—Vamos, 377 —maldijo Tiger—. Entiendo tu
recelo, pero estás yendo demasiado lejos. Nunca habíamos estado como ahora, los
humanos no dejarían sueltos a tantos de nosotros así sin más, con tanta
libertad.
377 bufó.
—¿Libertad? ¿A esto lo llamas libertad?
—preguntó señalando el hotel—. ¿Qué me dices de esos muros? No es más que otra
prueba. Seguimos siendo prisioneros.
—Esos muros son para protegeros.
Trust se giró hacia Tyler, que salió de detrás
de él y avanzó unos pasos hacia el grupo. Lo permitió, pero se quedó pegado a
su espalda, vigilando en todo momento los movimientos de los felinos y úrsidos.
Slade, Sword, Justice y Tiger fueron con él. Por el rabillo del ojo, vio que
las hembras se tensaban, preparadas para atacar.
La cola de 377 se sacudió.
—No puedo creer que os hayáis dejado engañar
cuando tenemos a los técnicos ante nuestras narices.
Trust gruñó y volvió a ponerse delante de
Tyler, impidiendo que avanzara más.
—Tyler no es como ellos. Me salvó varias veces
de una técnica.
—Y Rick me salvó la vida de unos guardias —dijo
Brass. Había avanzado hasta ellos junto a los otros machos. Rick se mantenía a
su espalda, pero, como Zane, estaba vigilante.
Sky también dio un paso adelante.
—Norm trató de salvarnos a todas las hembras. —Su rostro era la imagen de la rabia más pura—. ¿Dudas de nosotras? Él recibió más palizas de los guardias por
protegernos que cualquiera de vosotros.
377 soltó un gruñido breve.
—Puede que os salvaran a vosotros, pero, ¿qué
pasó con los demás? ¿A cuántos de los nuestros dejaron morir a cambio?
—377 —intervino Justice de repente. Parecía el
más calmado de todos, pese a la seriedad en su rostro—, no creo que pudieran
hacer gran cosa contra todos los demás humanos. A nosotros nos necesitaban para
sus pruebas, pero ellos no les hacían falta. Los habrían matado si se hubieran
delatado.
377 desvió la mirada hacia el porche desde
donde otros therians observaban la escena. Tanto Fury como Midnight estaban de
pie y listos para unirse a una pelea, pero Ellie lo agarraba de la cintura y
Norm mantenía agarrada la mano de su compañera.
—Pues yo veo al médico flacucho muy vivo. Si
había recibido una paliza por vosotras, ¿no tendrían que haberlo matado
también?
—Necesitaban a Norm —intervino de nuevo Tyler.
No intentó apartarse de Trust esta vez, pero, aun así, este procuró permanecer
delante de él.
377 ladeó la cabeza.
—¿Y por qué?
Tyler se enfrentó a su dura mirada. Trust tuvo
que darle crédito por no oler el miedo en él.
—Creían que él podía hacer que vuestras mujeres
quedaran embarazadas. Por eso lo mantuvieron con vida.
El felino le enseñó los dientes.
—¿Y a cuántas mató durante ese proceso?
Midnight aulló y apartó a Norm antes de
lanzarse a por el grupo de 377. Dos de los felinos se adelantaron para
detenerla, pero, de repente, una sombra los rebasó y tiró a Midnight al suelo.
Justice gruñó mientras trataba de inmovilizarla.
—No, Midnight. Esto no es bueno para nuestra
gente.
Midnight soltó un fuerte gruñido. Se revolvió
contra Justice, pero este la mantuvo contra la nieve.
—Suéltame, Justice.
—Nos liberaron para salvarnos —susurró
Justice—, no para que siguiéramos muriendo. Si haces esto, alguien acabará
herido o peor. Sé que es difícil, pero no debemos luchar entre nosotros.
Midnight resopló mientras gruñía.
—Algunos ya lo están haciendo.
El rostro de 377 se crispó.
—Solo lucho contra los humanos.
—Uno de los tuyos atacó a mi compañero, ¡cabrón!
—gritó Midnight, revolviéndose de nuevo.
—¡Cálmate, Midnight! —pidió Justice, haciendo
todo el uso de su fuerza para inmovilizarla.
377 arrugó la nariz.
—No deberías haberte unido a él. Ni sentir
simpatía por su especie. No olvides lo que nos hicieron.
—Si estamos aquí, es precisamente por lo que
hicieron.
Trust alzó la cabeza y relajó un poco su
postura al ver a Night en el porche.
Los caninos y felinos que contemplaban la
escena le dejaron paso mientras andaba con aire despreocupado hacia 377. Los
dos felinos que habían hecho amago antes de detener a Midnight se agazaparon y
uno de los úrsidos se colocó delante de 377, pero este lo apartó con un brazo.
—Relajaos. 354 es de los nuestros.
Night hizo una mueca al escuchar su número.
—Ahora tengo un nombre.
—Los nombres son para los humanos.
—Entonces, ¿cómo deberíamos llamarnos? Los
números nos los pusieron los humanos. ¿Vas a aceptar eso de ellos?
377 soltó un gruñido breve. Trust, al ver a su
amigo a tres pasos del felino, inclinó el cuerpo hacia delante y se preparó
para correr, pero Night le hizo un gesto con la mano sin mirarlo. Lo obedeció,
pero permaneció alerta, al igual que el resto de caninos. De repente, todos
ellos, incluidas las hembras, estaban muy nerviosos por su peligrosa cercanía.
Su corazón se desbocó un poco cuando Night
avanzó hasta estar a un paso de 377. Si daba uno más, podrían tocarse.
El felino puso mala cara.
—Yo no acepto nada de los humanos.
Night levantó una ceja.
—¿De veras? Yo te veo muy cómodo en la
habitación que te asignaron los humanos y la ropa y la comida que te dan,
aunque no les permitas acercarse.
—Es solo temporal —resopló 377—. Hasta que
podamos salir de aquí.
El rostro del canino se tensó.
—Ahí fuera hay muchos más humanos que los que
había en la instalación, 377. Si sales, acabarás muerto.
—Así que admites que los humanos son peligrosos
—dijo el felino con satisfacción.
Night frunció el ceño.
—No soy estúpido. Soy consciente de la amenaza
que representa su especie para nosotros, pero también sé que algunos de ellos
son buenos —dicho esto, abrió los brazos—. Mira a tu alrededor y dime que esto
no es más de lo que soñabas cuando pensabas en ser libre.
377 movió la cabeza de un lado a otro.
—Solo es otro de sus trucos.
—Jamás nos habrían dejado sueltos a todos
juntos.
—Quieren ganarse nuestra confianza.
—Eso es cierto, pero solo para poder ayudarnos.
377 gruñó con fuerza y dio un paso más,
golpeando su pecho contra el de Night. Trust y los caninos aullaron una
advertencia e hicieron amago de lanzarse sobre él, pero Night los detuvo de
nuevo con la mano, aunque sus ojos no abandonaban a 377.
—Ese al que llamas compañero es muy listo. Nos
da aquello con lo que soñamos para conseguir lo que quiere.
Al escuchar la mención a Vane, Night levantó el
labio superior.
—Vigila lo que dices de mi macho, 377.
Este esbozó una amarga sonrisa.
—Me duele mucho ver cómo te ha engañado para
que hagas lo que quiera, 354. Y lamento aún más cómo te sentirás cuando le des
lo que quiere, cuando esas muertes caigan sobre tus hombros.
Night gruñó y dio otro paso, empujando el pecho
del felino. Trust se agazapó, su pecho vibraba por contener los gruñidos. Y no
era el único. Brass, Harley, Moon y Sword también estaban a punto de saltar,
igual que Breeze y otros caninos que se habían acercado al ver a Night tan
cerca de 377.
El compañero de Vane le lanzó una mirada
asesina al felino.
—¿Quieres una pelea? —Su tono dejó clara la
amenaza.
377 se sobresaltó y retrocedió dos pasos.
Apretó los puños, pero bajó la vista.
—Por supuesto que no.
—Bien, entonces ya estás tardando en irte.
El felino alzó la mirada hacia él. Sus ojos se
endurecieron.
—¿Me echas? Creía que aquí era libre —dijo con
sarcasmo.
Night gruñó más fuerte. Los caninos lo
corearon.
—Lo eres. Pero te irás si quieres seguir
respirando —le advirtió, tensando los músculos—. El único motivo por el que no
te he arrancado la garganta es porque sé lo que eso provocaría en nuestra
gente. Pero vuelve a decir una mala palabra de Vane y todo lo que te hicieron
los humanos te parecerá una tontería en comparación con cómo pienso matarte.
377 lo observó con atención durante un largo
momento, y, después, asintió.
—Ya he dicho lo que quería decir. Vámonos —les
dijo a sus compañeros.
Aun así, ningún canino abandonó su postura de
ataque hasta que desaparecieron.
Trust miró un segundo a Tyler para asegurarse
de que estaba bien. Pese a que era consciente de su tensión, no olió miedo, así
que se acercó a Night, que miraba en la dirección por la que había desaparecido
377 con su grupo. Habría podido oler su rabia desde el otro lado del lago.
—¿Estás bien? —le preguntó.
Night dejó escapar un gruñido bajo.
—Nada que no pueda manejar.
—Tal vez sí tendrías que haberle arrancado la
garganta —comentó Harley, que se acercó a ellos junto a Moon, Brass y Sword—.
Ese sigue convencido de que todo esto es una trampa.
Su amigo dejó escapar un suspiro.
—Preferiría evitar las peleas en la medida de
lo posible.
—Pues no lo está poniendo fácil —dijo Midnight,
que también se acercó, aunque no sin antes lanzarle una mirada asesina a
Justice, que alzó las manos.
—En el fondo, sabes que es lo mejor para
nuestra gente.
Ella le gruñó.
—No lo habría matado —dijo cruzando los brazos.
Él le sonrió.
—Solo lo habrías mutilado lo suficiente para
que no pudiera moverse.
Ella se encogió de hombros.
—Así no causaría más problemas, ¿no es así?
Night le palmeó la espalda.
—No creo que eso detenga a los demás.
—¡Eh, Midnight!
Todos se giraron hacia Fury, que sostenía a
Norm por los hombros mientras Ellie le tocaba con cuidado la cabeza. Al
instante, Midnight y los demás corrieron hacia él.
—¡Norm! —gritó ella.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Rick con la misma
expresión de asombro que tenían los demás.
Fury hizo una mueca mientras Midnight se
arrodillaba frente a su compañero.
—Creo que lo apartaste muy fuerte. Se golpeó en
la cabeza contra el suelo.
La hembra palideció y le cogió las manos.
—Lo siento mucho, Norm. No quería hacerte daño.
—No pasa nada —logró articular su compañero—.
Estoy perfectamente.
—La forma en que arrastras las palabras no dice
lo mismo, Norm —comentó Tyler con una media sonrisa antes de girarse hacia la
mujer rubia—. ¿Cómo lo ves, Ellie?
—Está bien. Nada que una pastilla para el dolor
y un poco de hielo no puedan solucionar.
Mientras Midnight seguía disculpándose, Tyler
frunció el ceño ante el tono contenido de Ellie y se fijó en ella con atención.
Parecía más o menos normal, teniendo en cuenta la tensión de antes. Un poco
pálida y mantenía los labios ligeramente apretados. Sin embargo, al fijarse en
sus manos, frunció el ceño.
—Ellie, ¿estás bien?
Todas las cabezas se giraron en su dirección.
Ella asintió.
—Sí, no es nada.
Fury frunció el ceño.
—Hueles a miedo. Pensaba que era por 377.
¿Seguro que estás bien? ¿Te vuelven a doler las heridas? ¿Necesitas que te vea
un médico?
Tyler convirtió las manos en puños al ver el
modo en que Ellie se estremecía al escuchar su número.
—¿Fue él? ¿El que te atacó?
Ellie alzó la cabeza hacia él con los ojos muy
abiertos. Rick soltó una palabrota y los therians gruñeron.
—Tal vez sí tendríamos que haberlo mutilado
—dijo Breeze con un gruñido.
—Fury, ¿estás bien? —le preguntó Trust.
Su rostro era la viva imagen de su nombre. Dejó
a Norm en brazos de Midnight muy despacio mientras se levantaba. Ellie lo cogió
de la mano.
—Fury, por favor, no. Quédate conmigo.
Night puso una mano en su hombro.
—Tu compañera te necesita. No puedes dejarla
sola para ir a cazarlo. Además, recuerda lo que dijo Vane.
Fury apretó los labios, pero sus dedos
envolvieron con cuidado la mano de Ellie y resopló.
—No voy a cazar a nadie. Me quedaré con Ellie.
Se hizo un silencio extraño entre ellos. La
mayoría de los therians que se habían reunido a su alrededor no comprendían la
decisión de Fury, pero, en secreto, la agradecían. Lo último que querían ver
ahora que eran libres era un enfrentamiento a muerte entre los suyos.
Fury abrazó a Ellie y Midnight hizo lo mismo
con Norm. Ambos, igual que Tyler, pensaban en lo que su presencia había
desencadenado en el hotel y se preguntaron si habían hecho lo correcto al ir
allí. Habían querido estar con los therians, ayudarlos a adaptarse, para expiar
un poco de culpa tras haber formado parte de Mercile aun sin quererlo, pero,
ahora, no estaban seguros de si habían hecho lo mejor para ellos.
Era evidente que la presencia de los humanos en
sus vidas no haría las cosas fáciles, pero, tal vez, podrían haberlo sido un
poco más si ellos no estuvieran allí. Si se hubieran mantenido lejos de ellos.
—Buf —resopló Rick de repente—. Creo que hemos
aguantado bastante tensión por hoy. —Puso los brazos en jarra y se aclaró la
voz—. Propongo que el equipo Therian se tome una merecida cena en mi casa.
Tyler hizo una mueca.
—¿Crees que es el mejor momento?
—Sí, creo que es justo lo que necesitamos —le
dijo, mirándolo con intensidad.
Se observaron durante un instante y, después,
Tyler asintió.
—Está bien. ¿Norm, Ellie?
Ella asintió mientras que Norm dejaba escapar
un suspiro cansado.
—Por favor.
Rick sonrió de repente.
—Genial. Daos una ducha y os espero en mi casa.
Yo me ocupo de encargarlo todo.
—¿Y yo no estoy invitado?
Rick alzó una ceja al ver a Zane subiendo los
peldaños del porche con el material del partido bajo los brazos.
—Tú no has hecho nada.
Zane se encogió de hombros.
—Vane me dio instrucciones de no intervenir si
ellos son capaces de manejarse y, sinceramente, creo que lo han hecho bastante
bien. —Les guiñó un ojo a Justice y a Night—. Bien hecho, chicos. Me temo que
esto forma parte de ser libre también.
Justice esbozó una pequeña sonrisa.
—Vane ya dijo que no sería fácil.
—Me alegro de que lo tengáis en cuenta —dicho
esto, le dio un empujón amistoso a Night—. Night, estoy orgulloso de ti, macho.
Cada día te pareces más a Vane.
Este sonrió de repente.
—Gracias. Hago lo que puedo.
—¿Sabes qué más puedes hacer? Invitar a tu
cuñado a cenar con vosotros ya que estos cabrones nos marginan.
—Siempre eres bienvenido a casa.
—Joder, eso me ha llegado al corazón. Hoy te
has ganado una barbacoa de primera, cuñado. Vas a alucinar cuando comas carne
de verdad.
A Trust se le escapó una pequeña sonrisa.
Escuchar hablar a Zane siempre le resultaba divertido, a pesar de que aún había
palabras que no entendía.
Sin embargo, se le borró cuando un olor amargo
llegó a sus fosas nasales. Se giró de inmediato y lo siguió hasta Tyler.
—¿Estás bien? —le preguntó, un tanto alarmado
por el aroma de su dolor. Lo miró de arriba abajo para asegurarse de que no
estaba herido y olfateó el aire de nuevo. No había sangre.
Tyler intentó sonreírle.
—Sí, no es nada.
Trust frunció el ceño.
—Ya no estás en Mercile. No tienes que
mentirme.
Su macho se sobresaltó y lo miró. No estaba
seguro de qué vio en sus ojos, pero sus hombros se hundieron y suspiró.
—No me gusta ser responsable de esta situación.
El ceño de Trust se acentuó.
—Tú no eres el culpable de esto. Es normal que
haya desconfianza hacia los humanos.
—Tal vez no. Pero la presencia de unos técnicos
no mejora las cosas —dijo con amargura antes de alejarse de él y seguir a Rick
y Brass.
Trust caminó tras él. Tenía la nariz arrugada.
—Ellie y tú nunca lo fuisteis para mí.
Cuando despertó, tenía los músculos
entumecidos. Sin embargo, eso no le impedía sentir las pelotas doloridas. Soltó
un gruñido. Mataría a Thorton a la menor oportunidad que tuviera. Puede que él
muriera después, cuando lo castigaran, pero aceptaría con gusto entregar su
vida si a cambio podía partirle el cuello a esa hembra.
—¿Estás despierto, 345?
Giró la cabeza con brusquedad, pero se relajó
al reconocer los rasgos delicados de Brower. Era la única humana buena que
había conocido en su vida. Las hembras con las que había compartido pruebas le
habían dicho que había un médico llamado Norm que las protegía y que tenía
prohibido hacerle daño, pero no había coincidido con él.
Sin embargo, no era la primera vez que veía a
Brower. Eran raras las ocasiones en las que no la veía cuando acababa en la
enfermería y jamás olvidaría cómo la conoció. Había sostenido la mano de una de
sus hembras mientras esta exhalaba su último aliento. Pese a que había estado
al otro lado de la estancia, había podido escuchar su llanto desconsolado y
cómo otro técnico le gritaba por llorar la muerte de un animal.
Ninguno de los suyos hablaba mal de ella y, las
veces que lo había tratado, había sido cuidadosa y dulce con él.
—Hola, Brower —la saludó con voz pastosa.
Ella le dedicó una pequeña sonrisa mientras
pasaba un paño por los arañazos de sus brazos. Escocía, pero no se quejó.
Brower era siempre muy delicada.
—¿Qué te han hecho? —murmuró. Él sabía que no
le permitían hablar con ellos, pero, ahora, estaban solos en la enfermería con
la excepción de algunos machos y hembras inconscientes.
Contuvo un gruñido para no asustarla.
—Thorton.
Ella arrugó la nariz al escuchar el nombre.
—Esa puta. —La esencia de su rabia llegó a su
nariz con bastante rapidez, mezclada con dolor. Le sorprendió ver sus ojos
llenos de lágrimas.
—¿Qué pasa, Brower?
La pequeña mujer se limpió los ojos con el
brazo.
—Hace unos días mató a una de vuestras mujeres.
—La noticia le dolió, pero no estaba sorprendido. No era la primera vez, ni
sería la última—. Su prueba no salió bien y enfermó. Al saber que no iba a
superarlo, la dejó con su compañero para que la viera morir.
345 apretó los puños y gruñó.
Le partiría los brazos y las piernas. Le
arrancaría la garganta en nombre de su compañero.
—¿Cuál es el número de su compañero?
—378. Es un felino. ¿Por qué?
Porque, la próxima vez que la viera, la mataría
por él. Sabía que eso no le devolvería las ganas de vivir, pero, al menos,
moriría en paz sabiendo que su hembra había sido vengada. Thorton volvería a
por él, así que tenía más probabilidades de acabar con ella, aunque fueran
escasas. Tendría que romper sus retenciones de algún modo o lograr que se
acercara lo suficiente a su boca para poder matarla, pero, de algún modo, haría
que sucediera.
Escuchó una puerta abrirse y cerrarse y un olor
conocido llegó a su nariz. Parpadeó al reconocerlo.
—Señorita Brower. —Sus oídos confirmaron lo que
le decía su olfato.
Era el técnico que había apartado a Thorton de
él. Había oído su nombre, pero no lo recordaba.
Tenía una estatura normal y era delgado. Como
muchos técnicos, no parecía muy fuerte. Su piel blanca y sus rasgos suaves no
ayudaban a darle un aspecto más feroz. Además, su nariz era pequeña y un poco
plana, aunque no como la de su gente, no cabía duda de que era humano. Aun así,
había algo inquietante en sus ojos grises, de mirada gélida, que parecían aún
más claros y brillantes bajo los mechones negros que caían por su frente.
Brower se limpió los ojos una vez más y se giró
hacia él. Su cuerpo se tensó.
—¿Quién eres?
—Tyler Cooper. Soy el técnico encargado de 345.
¿Cómo se encuentra?
Ella frunció el ceño.
—Creía que Beatrice Thorton era su encargada.
—Ya no —respondió, haciendo que 345 parpadeara
sorprendido y que Brower se sobresaltara—. La han transferido a otras tareas,
así que yo cubriré su puesto —dicho esto, metió las manos en los bolsillos—.
¿Cómo está? ¿Puede regresar a su jaula?
Brower apretó los labios y apartó la mirada
para seguir tratando las heridas de 345. Este notó su rabia.
—En cuanto termine de limpiar las heridas de
sus brazos, podrás sedarlo y llevártelo.
—Entonces, yo me ocupo. —Brower abrió la boca
para protestar, pero Cooper la interrumpió—. El doctor Therian te está
buscando. Tiene algo importante que decirte.
345 observó a Brower. Ella parpadeó y frunció
el ceño, mirando al técnico.
Algo cambió en su forma de mirarla. Sus ojos ya
no eran fríos, pero había intensidad en ellos, como si quisiera decirle algo
sin palabras. Las cejas de Brower se juntaron, como si estuviera confundida.
Aun así, dejó el paño a su lado y se alejó despacio de ellos, lanzándole
miradas furtivas a Cooper. Este ni siquiera la miró; se sentó a su lado y cogió
el paño para seguir limpiando sus heridas.
345 no apartó la vista de él. No podía. Pese a
que no le dedicó la más mínima atención, sus manos se movieron con cuidado y
delicadeza sobre sus heridas. Solo eran arañazos, pero los trató como si fueran
puñaladas o balazos. Le recordó a Brower.
Parpadeó al pensar en esa comparación.
¿Era eso posible?
Olfateó en su dirección. No era tan fuerte como
antes, pero el aroma de su dolor seguía ahí.
—Sigues sufriendo.
Cooper ni siquiera pestañeó. Su atención no se
apartó de su tarea.
345 frunció el ceño. El técnico no era como
ningún humano que hubiera conocido antes. La mayoría, disfrutaban haciéndole
daño, ya fuera a base de golpes o usando a su gente y aquellos que le
importaban contra él. Otros, le tenían miedo, a él y a los guardias, médicos o
técnicos que había a su alrededor. Aun así, no se preocupaban por los suyos,
solo querían sobrevivir un poco más y hacían lo que fuera necesario para ello:
las pruebas, los golpes, las drogas… Incluso miraban a otro lado cuando
abusaban de su gente. Solo les importaban sus propias vidas.
Y, muy pocos, eran como Ellie. Solo dos, que él
supiera.
Sin embargo, Cooper no se comportaba como ella.
No del todo. Lo ignoraba, pero, aun así, su toque le recordaba al de la hembra.
No le hacía daño. Antes, tampoco se lo había
hecho y hasta había apartado a Thorton de él. Sus dedos eran suaves y delicados
sobre su piel.
Buscó sus ojos. Su mirada clara era firme y
decidida. Su cuerpo no parecía fuerte, pero vio su determinación en ellos.
Había mucha fuerza en su interior. Y, sin embargo, no encontró la frialdad de
antes. No vio crueldad, miedo, desprecio u odio en ellos.
Su frente se alisó y parpadeó.
—Eres como Ellie.
Esta vez, su mirada se encontró con la suya.
Por un momento, vio sorpresa, pero enmascaró sus emociones al instante, se dio
cuenta al instante. Su gente también lo hacía, habían tenido que aprender para
no revelar sus debilidades ante sus captores.
Sin embargo, su voz sonó dura.
—Te equivocas —dicho esto, apartó de nuevo la
vista. Aun así, sus manos siguieron sanándolo con delicadeza.
—Tu toque es suave —dijo. Quería tener la
esperanza de que había uno más. Un buen humano. No se comportaba como Brower,
pero tampoco como ninguno de los demás humanos de ese lugar—. Me estarías
haciendo daño o apestarías a miedo. Pero huelo tu dolor, como el de ella.
Cooper, de nuevo, no se inmutó.
—No soy como los demás, eso es verdad —admitió
despacio, sorprendiéndolo un poco—. Pero descubrirás que, conmigo, las cosas
funcionan así. Tú no me das problemas y yo no te causo más dolor del necesario.
No esperes que te defienda o que impida tus pruebas, no es cosa mía ni me
importa.
345 frunció el ceño de nuevo.
—No te creo.
El técnico apartó el paño de él y se levantó.
—Cree lo que quieras, pero así van a ser las
cosas ahora.
—¿Y Thorton?
Cooper lo miró a los ojos. No pudo ocultar la
rabia en ellos.
—Ya no puede tocarte.
Por un segundo, su mente se quedó en blanco.
¿No volvería a hacerle daño? ¿Estaba a salvo de
ella? ¿Por qué? A los humanos no les importaba su gente, no tenían valor para
ellos más allá de las pruebas, ella misma se lo había dicho; si no servía para
preñar a una hembra, lo enviarían a las pruebas de resistencia. Lo golpearían
hasta dejarlo medio muerto o lo drogarían para que luchara con otros machos.
Así que, ¿por qué alejarían a Thorton de él?
Una idea lo atravesó. Miró a Cooper con los
ojos muy abiertos.
—Me protegiste.
De repente, Cooper golpeó la cama en la que se
encontraba. No le hizo daño, solo dejó las manos a ambos lados de su cabeza y
se cernió sobre él. Se dio cuenta al instante de que procuró mantenerse lejos
del alcance de sus dientes.
—No digas estupideces.
345 estrechó los ojos.
—Un humano me habría golpeado por decir algo
así.
—Yo soy humano, 345. Nunca lo olvides.
Él alzó la cabeza todo lo que le permitían las
retenciones.
—Un humano cruel me llamaría animal o perro. No
por mi número. Eso solo lo hace Brower.
Algo dentro de él se tambaleó cuando vio en sus
ojos que vacilaba. Una nueva emoción apareció en ellos, algo que no supo
definir, pero que le recordó de nuevo a Brower. Era preocupación y algo más.
Sin embargo, fue suficiente para él.
—Eres como ella —afirmó.
Esta vez, Cooper no replicó. Solo lo observó
durante un largo rato. Después, se retiró poco a poco, apartó la vista de él y
se irguió.
—Si Thorton regresa —susurró sin apenas mover
los labios—, díselo a ella o a mí. A nadie más.
345 se quedó congelado, incapaz de decir nada
mientras se quitaba los guantes y se marchaba a paso rápido de la enfermería.
Aún le costaba creerlo. No se comportaba como
Brower, pero hacía lo mismo que ella.
Un buen humano. Uno que lo había salvado de
Thorton, al menos, por ahora.
Sin embargo, eso fue más que suficiente para
él.
Tyler dejó escapar un largo suspiro cuando
entró a la cocina a dejar los platos.
Debía admitir que Rick había hecho un gran
trabajo levantando el ánimo. Ellie había llorado de la risa mientras contaba
anécdotas sobre sus tres traviesos sobrinos y Norm parecía haber olvidado por
completo el golpe de la cabeza. Los therians, además, hacían una excelente
labor, aun sin saberlo, con su infinita curiosidad, haciéndoles preguntas sobre
su mundo cada dos por tres.
Sin embargo, a Tyler le costaba entrar por
completo en el ambiente. Seguía dándole vueltas a si había sido lo mejor
quedarse en el hotel. Era consciente de que Vane lo necesitaba para hacer más
dosis de Aclepsis y enseñar a su equipo de farmacéuticos a crearlas, pero
empezaba a pensar que podría haberlo hecho sin necesidad de tener contacto con
los therians. Puede que con Rick hubiera sido más complicado; había sido
exmilitar y después guardia de seguridad, pero estaba convencido de que habría
algún puesto donde no habría estado expuesto a los therians.
En cuanto a Norm y Ellie…
Suspiró. Era más complicado. Ellos tenían
vínculos muy fuertes con Fury y Midnight.
Tal vez la situación era inevitable.
—¿No te cansas de darle vueltas?
Tyler se giró y vio a Rick dejando más platos
sobre la encimera de la cocina. Después, fue a la nevera.
Él hizo una mueca.
—¿No estás siendo muy despreocupado? No es
propio de ti.
Rick se encogió de hombros mientras sacaba dos
cervezas. Le tendió una.
—Solo porque he llegado a la conclusión de que
esto era inevitable.
Tyler torció los labios.
—¿Por Norm y Ellie?
—No solo por eso —dijo antes de echarle un
largo trago a su bebida. Miró el salón donde comían los demás mientras
hablaban—. Con o sin nosotros, habría therians que no podrían aceptar a los
humanos de todas formas. —Se encogió de hombros—. 396 habría estado herido de
muerte de todos modos y los úrsidos habrían pensado que los estamos engañando.
Por no hablar de todas las cosas que les han hecho en ese lugar, a todos. Los
caninos mezclados con lobos están de parte de Night por ese rollo del macho
alfa, pero, ¿los demás? —Resopló y sacudió la cabeza—. Esto iba a pasar.
—¿Pero no crees que nuestra presencia ha
agravado la situación? —insistió Tyler.
Sin embargo, Rick volvió a mover la cabeza a un
lado y a otro.
—Solo la ha acelerado, y, si quieres mi
opinión, es mejor que haya sido ahora que dentro de seis meses.
—¿Por qué?
Esta vez, el exmilitar lo miró a los ojos.
—Vane aún está buscando un hogar para ellos.
Una vez lo encuentre, estará muy ocupado supervisando las obras y asegurándose
de que tienen todo lo que necesitan para vivir que no podrá estar al tanto de
todo. Ahora puede centrarse en este conflicto y ayudarnos a encontrar una
solución.
Tyler dejó caer los hombros. No acababa de
estar convencido del todo, pero le dio parte de la razón. En esa situación,
prefería tener cerca a alguien como Vane para resolverla.
—Eso es verdad.
Rick sonrió.
—No te preocupes, seguro que tú también habrías
llegado a esa conclusión tarde o temprano, agente.
Tyler no pudo evitar curvar los labios hacia
arriba en una media sonrisa dudosa.
—Supongo que no voy a librarme de esta
conversación.
La sonrisa de Rick desapareció.
—¿Tan duro es?
—En realidad, no. —Le dio un trago a la cerveza
y se lamió los labios antes de hablar—. FBI.
Su amigo abrió la boca.
—No jodas.
Tyler sacudió la mano.
—Relájate, no era agente de campo. Trabajé para
el departamento de armas químicas.
Rick dejó la cerveza en la encimera y se llevó
las manos a la cabeza.
—¿Que me relaje? ¡Eres el puto Stanley
Goodspeed!
A él se le escapó una sonrisa esta vez.
—Te puedo prometer que no es tan emocionante
como en la película.
—Espera, un momento —dijo, levantando un dedo—.
¿El FBI sabía que había algo jodido con Mercile?
—No. —Todo rastro de diversión desapareció del
rostro de Tyler. Sus ojos se endurecieron—. Dejé la agencia tras la muerte de
mi padre.
Su amigo se irguió y le apretó un hombro.
—Lamento oír eso.
—Apareció colgado en la casa en la que me crie
—dijo con palabras rápidas, como si soltarlas de ese modo fuera menos doloroso.
Tomó un sorbo de cerveza, arrugó la nariz y sacudió la cabeza—. Y, antes de que
digas nada, no, no se suicidó. Era policía y llevaba décadas tras Mercile.
Encontró la instalación de Wyoming y lo mataron antes de que pudiera decirle
nada a nadie. Sin embargo, encontré su investigación mientras recogía sus
cosas. La había escondido bajo el suelo, en un lugar donde de pequeño yo guardaba
mis objetos más preciados; cosas de mi madre, sobre todo, y algunos juguetes y
peluches. Me llamó la atención que hubiera puesto una estantería justo encima.
Que yo supiera, era el lugar donde guardaba algunos de nuestros recuerdos
juntos.
Rick frunció el ceño. No apartó la mano de su
hombro.
—Tuvo que ser duro.
Tyler apretó los labios.
—Nunca me dijo ni una palabra, pero… Creo que
quería protegerme.
—¿Por eso entraste en Mercile?
—Me preparé antes de hacerlo. Eché mi
currículum en su empresa y me debían algunos favores en el FBI, así fue cómo
conseguí llegar hasta la instalación de Wyoming.
—¿Por qué nunca se lo dijiste al FBI? —le
preguntó su amigo, confundido—. Si tenías contactos que te permitieron llegar
hasta allí, ¿no habría sido más fácil salvar a los therians entonces?
Tyler sacudió la cabeza.
—Créeme, fue mi primera opción —dicho esto,
miró a Rick con intensidad—. Adam sabía quién era yo y por qué estaba allí.
¿Por qué crees que no dijo nada tampoco?
Vio cómo la mente del exmilitar ataba cabos con
facilidad. Palideció.
—Mierda. Hay alguien metido en el ajo.
—Si Polanitis tenía a alguien en el Ejército,
podía tener a otros en todas partes. —Bajó los ojos y tomó otro trago—. Yo fui
afortunado. Mi amiga en el FBI me creó una identidad falsa antes de conseguir
que sus contactos me instalaran en Wyoming. Por eso, sea quien sea el topo del
FBI, no sospechó de mí.
Rick frunció el ceño.
—¿Y no podemos usar a esa amiga tuya para
encontrar al topo?
—Kat ya está en ello. Ahora trabaja para Vane.
—Eso es bueno —musitó su amigo, jugueteando con
su botellín de cerveza—. Esto aún no ha acabado.
Tyler apretó los labios.
—Solo es el pistoletazo de salida, ¿verdad?
El otro hombre asintió despacio.
—Wyoming es solo el primer tramo de la carrera.
—Bebió de su cerveza y esbozó una sonrisa que no le llegó a los ojos—. Sin
embargo, antes de preocuparnos por eso, tenemos que arreglar lo que está
pasando aquí. Si no lo hacemos, habremos perdido la carrera antes de llegar al
siguiente tramo.
Tyler alzó los ojos y observó a los therians.
Midnight reía de buena gana tras haber comentado que Norm le parecía adorable
con su pequeño tamaño mientras que este, enfurruñado, le decía a Brass que no
era tan bajito, aunque Ellie no estaba de acuerdo a juzgar por la forma en que
trataba, sin mucho éxito, de esconder sus carcajadas. Fury reía por lo bajo con
los brazos alrededor de su compañera y Trust trataba de proteger a su amigo
humano diciendo que no era su culpa que su especie fuera defectuosa, causando
una nueva oleada de carcajadas.
Tyler apretó los puños. Si perdían la carrera,
la victoria de Wyoming no serviría para nada.
Y no estaba dispuesto a permitir que eso
ocurriera.
Trust esperaba que la noche en la cabaña de
Rick y Brass ayudara a Tyler a alejar las malas sensaciones de aquel día. Sin
embargo, no hicieron más que empeorar. Y no solo las suyas, había detectado un
ligero aroma de dolor en Rick que, aun así, había desaparecido conforme
avanzaba la noche.
Pero el de Tyler, no. Su macho había estado
sufriendo pese a que había tratado de ocultarlo.
Tanto él como Fury, Midnight y Brass se habían
dado cuenta, por supuesto. Podía intentar mentir a Ellie y a Norm, pero no a su
olfato. Y, aunque habían tratado de cambiar su ánimo a mejor, nada había
funcionado.
Eso lo apesadumbraba. No quería que Tyler
sufriera, no por su causa. Había entendido que se sentía culpable por lo que
estaba ocurriendo, pero él mejor que nadie sabía lo duro, lo difícil que había
sido para su macho mantener a su grupo a salvo sin parecer sospechoso.
377 y su grupo de felinos y estúpidos úrsidos
podían meterse su recelo por el culo. Puede que Tyler y los demás no pudieran
ayudar a toda su gente, pero, al final, eran libres gracias a ellos. Si no
hubieran liberado a Night, Vane no los habría encontrado.
Y se negaba a que Tyler se sintiera mal por
ello.
Así que llamó suavemente a la puerta de su
habitación y, cuando le dio permiso para entrar, lo hizo ocultando toda señal
de inquietud y esbozando una pequeña sonrisa.
Tyler estaba sentado en la cama, con la espalda
recostada contra la pared. Vio de reojo que había una carpeta a su lado, pero
no le dio importancia.
—Trust, ¿qué puedo hacer por ti?
Él mantuvo la sonrisa en su sitio, pese al
amargo olor que inundaba la habitación.
—Dara nos ha dicho que hacen un documental esta
noche que a los caninos nos convendría ver. Quería saber si lo verías conmigo.
Su macho intentó devolverle la sonrisa, pero no
le llegó a los ojos.
—Me gustaría mucho, Trust, pero esta noche
estoy un poco cansado.
Él ya esperaba esa respuesta, así que, en
cuanto escuchó ese “pero”, se acercó hasta la cama y se sentó de un salto a los
pies de Tyler, que se sobresaltó. Se maldijo en silencio por no haber usado
movimientos más lentos, la mayoría de humanos se asustaban.
—Estás siendo cabezota —dijo con el ceño
fruncido. Todo asomo de sonrisa había desaparecido de su rostro—. Lo que ha
pasado no ha sido culpa tuya o de Ellie y los demás. Deja de sufrir por ello.
El dolor no ayuda a superar un problema.
Tyler parpadeó.
—¿Qué…?
Antes de que pudiera formular la pregunta,
Trust se tocó la nariz.
—El olfato no miente, Tyler. No deberías
olvidarlo.
Esta vez, cuando su macho esbozó una media
sonrisa, sí le llegó a los ojos.
—Se me olvidó. He pasado algún tiempo alejado
de vosotros —dicho esto, se llevó una mano a la frente e hizo una mueca—, y,
ahora que no estamos en la instalación, he bajado la guardia. Lo siento si mis
emociones te incomodan.
Trust gruñó, sorprendiéndolo. Sin embargo,
estaba enfadado.
—Me ofendes. Solo quiero ayudarte a aliviar el
dolor. Haz lo que tengas que hacer, pero no lo guardes en tu interior, acabará
haciéndote daño. ¿Quieres luchar?
Tyler lo miró con los ojos muy abiertos.
—¿Qué? ¿Luchar?
—Algunos de los nuestros estaban muy enfadados
cuando llegamos aquí. Habían perdido a un amigo o alguien cercano hacía poco y
les dolió que no fueran liberados a tiempo. Otros querían hacer daño a los
humanos solo para que los mataran. Odiaban la idea de haber sobrevivido cuando
sus amigos no lo habían conseguido. Night les hizo luchar contra él y algunos
seguimos su ejemplo. Les ayudó a sacar la rabia y el dolor que llevaban dentro.
Unos pocos lo hicieron durante algún tiempo y les ayudó.
—¿Y Vane permitió eso?
Trust se encogió de hombros.
—Nadie nos detuvo.
—¿Alguien salió herido?
—No peleamos en serio —dijo rápidamente—.
Algunos fueron un poco duros y unos pocos acabamos con arañazos y algún
mordisco, pero no fueron heridas graves —dicho esto, le sonrió—. Yo sé que no
me harías daño, así que no debes estar preocupado.
Tyler hizo una mueca que ensanchó su sonrisa.
—Creo que no es mi estilo.
Trust se acercó un poco más hasta que casi rozó
sus pies y se inclinó hacia delante.
—¿Prefieres hablar? Night y yo lo hacíamos cuando
estábamos encerrados.
Su macho arrugó un poco el ceño mientras lo
miraba. No supo qué vio, pero suavizó sus rasgos.
—Trust.
—¿Sí? —preguntó, queriendo que supiera que le
dedicaba toda su atención.
—No me has preguntado por qué trabajé para
Mercile.
Él ladeó la cabeza.
—¿Debería hacerlo?
—¿Y si lo hice por dinero? Ahora que entiendes
sobre nuestro mundo, ¿eso no te molestaría?
—No lo sé. ¿Lo hiciste por dinero?
El ceño de Tyler se acentuó.
—No.
Trust sonrió.
—Entonces no me molesta.
—¿Y si era alguien que disfrutaba viendo cómo
hacían daño a otras personas?
—Sé reconocer a las personas crueles y tú no
eras una, no mientras estuviste en la instalación, de eso estoy seguro.
Una sonrisa bailó en los labios de su macho.
—Eres demasiado confiado.
—Solo contigo —sonrió él. Después, se apoyó
sobre sus manos y rodillas y se acercó a Tyler. Este cruzó las piernas para
dejarle espacio y Trust se sentó sobre sus talones. Muy despacio, tomó sus
manos entre las suyas. Su corazón aleteó cuando Tyler no las apartó—. Puedes
decirme lo que sea. No me enfadaré. Puede que aún no lo sepa todo sobre este
mundo, pero puedo tratar de entenderlo. Si me lo explicas.
Por fin, Tyler dejó de esconder sus emociones y
sus rasgos mostraron tristeza. Cuando le apretó las manos, él le devolvió el
gesto para consolarlo, para hacerle saber que estaría con él, pasara lo que
pasara.
—Mercile mató a mi padre —soltó.
Trust no estaba muy seguro de qué respuesta
esperaba. No podía pensar en Tyler como un mal macho, a pesar de que Jessie les
había explicado que, a veces, las personas necesitadas o que se sienten
acorraladas podían hacer cosas malas. También les había dicho que las malas
personas podían volverse buenas a veces, y a la inversa.
No era capaz de imaginar a Tyler como un hombre
malvado o haciendo algo horrible, pero habría entendido que eso podía haber
pasado.
Sin embargo, eso encajaba más con el macho al
que amaba.
—¿Por qué? ¿Tu padre trabajaba allí también?
Tyler movió la cabeza a un lado y a otro.
—No, pero descubrió su instalación y lo mataron
antes de que pudiera decirle nada a nadie. Mercile lo mató para que no pudiera
encontraros. —Alzó la vista y lo miró—. ¿Sabes lo que es un policía?
Trust asintió. Había aprendido algunos oficios
humanos con Missy.
—Su trabajo es proteger a la gente. Hacen
cumplir las leyes.
—Mi padre era uno.
Le dolió saber eso.
—Tu padre intentó protegernos y murió por ello.
—Le apretó las manos a su Tyler—. Lo siento mucho. Yo no tengo padres, pero sé
lo que es perder a un ser querido.
—Fue muy duro —admitió su macho, bajando los
ojos. De repente, un olor picante llegó a su nariz. Furia—. Mercile hizo que
pareciera que se había quitado la vida él mismo.
—¿Cómo se hace eso? —preguntó, un tanto
confundido.
Tyler sacudió la cabeza.
—Te lo explicaré en otro momento. Lo único que
debes entender es que lo hicieron así para que otros policías no los
investigaran y quedaran sin castigo. —Trust asintió, comprendiendo su ira—.
Pero por eso fue tan duro para mí. Cuando encontré la caja donde había guardado
información sobre Mercile fue como si… —Hizo una pausa y tragó saliva—. No lo
sé. Me derrumbé en ese instante y, al mismo tiempo, lo único que deseaba era la
sangre de su asesino.
Trust se irguió sin soltar las manos de Tyler.
Ahora lo entendía.
—Por eso intentaste matar a Polanitis. Él mató
a tu padre.
Tyler asintió.
—Hizo más que eso, pero… Sí. Fue una de las
razones.
Él frunció el ceño y le acarició el dorso de la
mano.
—Tendrías que haberlo hecho. Tenías derecho.
Su macho le dedicó una sonrisa torcida poco
convincente.
—No más que tú o cualquiera de los tuyos.
Trust ladeó la cabeza al pensar en ello.
Era cierto. Sabía que Polanitis fue uno de los
que creó su especie junto al doctor Adam Therian, pero también que fue su idea
la de llevar a cabo las pruebas a escondidas de su colega. Su encierro, las
torturas y las muertes en la instalación fueron obra suya.
No conocía a ningún macho o hembra que no
tuviera derecho a matarlo. No, una única muerte no sería suficiente castigo
para todo lo que había hecho.
—¿Está vivo? —le preguntó.
Tyler asintió.
—Sí. Vane lo tiene encerrado en una celda.
Se imaginó a ese humano metido en una jaula
similar a la que él había habitado durante toda su vida.
—¿Saldrá algún día?
En esta ocasión, los rasgos de Tyler de
suavizaron.
—Lo dudo mucho. Y, aunque lo hiciera, Vane no
tardaría en encerrarlo de nuevo. O matarlo, si ve que no hay más opción.
Trust meditó esa idea y asintió para sí mismo.
—Me parece un buen castigo para él. Solo una
muerte no habría bastado para lo que nos hizo a todos.
—Pienso lo mismo.
Ambos se quedaron en silencio. Trust intentaba
imaginar las desdichas de Polanitis en una celda, preguntándose si Vane lo
tendría desnudo en su celda y alimentándolo con filetes crudos como hicieron
con ellos, obligándolo a hacer sus necesidades en un cubo y a dormir en una
manta raída y deshilachada sobre el suelo.
Pero, entonces, miró a Tyler. Le había dicho
que estaba satisfecho con el castigo de Polanitis, pero no lo parecía. Olores
amargos y picantes se entremezclaban en el ambiente. Seguía dolido y enfadado.
—Creo que no te he ayudado —dijo desanimado.
Tyler le apretó las manos, pero no le miró.
—Supongo que necesito algo de tiempo.
Trust inclinó la cabeza y lo miró con atención.
—¿Seguro que estás bien con el castigo de
Polanitis?
Su macho se tomó unos momentos para responder.
—Sigo queriendo matarlo. Pero sé que la
decisión que ha tomado Vane es la correcta.
Ladeó la cabeza, frunciendo el ceño al recordar
algo.
—Tyler.
—¿Qué?
—Estuviste mucho tiempo en la instalación con
nosotros, ¿verdad?
—Tres años, ¿por qué?
—¿No tuviste ninguna oportunidad de matar a
Polanitis durante ese tiempo?
Tyler hizo una mueca.
—Claro que la tuve. Varias veces, de hecho.
—¿Y por qué no lo hiciste?
Su macho lo miró a los ojos. No supo definir lo
que había en ellos, era emoción y algo más. Tal vez resignación.
—Si lo hubiera hecho, habría tenido que escapar
y a vosotros os habrían trasladado. Entonces, os habría perdido la pista y no
habría podido hacer nada para ayudaros.
Trust sintió que se hundía.
—¿Renunciaste a tu venganza por nosotros?
Tyler le dedicó una diminuta sonrisa. Esta vez,
era sincera.
—Era lo que debía hacer.
—¿No te arrepientes?
—No me lo habría perdonado nunca si os hubiera
perdido.
Trust tragó saliva.
Cuando había estado en la instalación, la
venganza lo había sido todo para su gente. La única razón por la que sobrevivir
un día más. Mata a todos los médicos, técnicos y guardias que puedas y, de
algún modo, habrás vengado a uno de los tuyos. A 350, uno de los primeros
machos con los que convivió aparte de Night. Lo destinaron a las pruebas de
drogas y fue asesinado sin querer por un úrsido joven que solo intentaba
defenderse.
A 349, el otro macho con el que convivieron
antes de la llegada de Slade a su celda. Se negó a montar a una hembra enferma
y los guardias lo golpearon hasta que fue llevado a la enfermería. No volvieron
a verlo.
A 362. El primer macho al que amó y con el que
convivió antes de que Fury ocupara su lugar. Lo llevaban a las pruebas de
resistencia. Lo golpeaban un día tras otro hasta que no podía más. Pasaba mucho
tiempo sin verlo después de cada prueba y sufría preguntándose si volvería. Un
día, no lo hizo. Perdió las ganas de vivir entonces, pero el deseo de venganza
lo ayudó a sobrevivir día tras día, jurándose que mataría a cada guardia que
pudiera, a cada médico y cada técnico, a todos aquellos que los metieron en jaulas
y que los obligaron a hacer esas pruebas.
La venganza había sido importante para él. Una
razón para aguantar y lo que lo había impulsado a seguir adelante. Sin ella, no
habría vivido el tiempo suficiente para conocer la libertad.
No estaba seguro de lo que significaba ese
sentimiento para Tyler. No sabía si también lo había ayudado a sobrellevar la
muerte de su padre, si había tirado de él para continuar con su vida, aunque
solo lo llevara a matar a alguien.
Pero, sea como sea, el hecho de que hubiera
renunciado a ella por su gente era importante para él.
Con mucho cuidado, tomó a Tyler por la cintura
y lo arrastró hacia sus brazos. Notó su sorpresa, pero no trató de apartarlo.
Lo abrazó y enterró la nariz en su pelo. Su aroma era fresco y ligero, le
recordaba al de algunas frutas que había olisqueado en la cafetería, aunque no
sabría decir a cuál. Sin embargo, era agradable, tanto como tener su pequeño y
cálido cuerpo contra el suyo.
—Gracias, Tyler. Por todo —susurró.
Notó que, tras unos segundos, su macho apoyaba
la cabeza en su pecho y le rodeaba la cintura con los brazos. Lo apretó un poco
más contra sí.
—Trust —dijo al cabo de un rato.
—¿Sí?
—¿Vemos ese documental?
Él sonrió. El olor amargo se había aligerado.
—Claro.
Trust estaba mucho más tranquilo mientras veía
las letras que indicaban el final del documental.
Al final, Tyler no había llegado a verlo
entero, pero fue porque se quedó dormido en el sofá. Supuso que, después de
todo, sí estaba un poco cansado.
Sonrió cuando lo escuchó resoplar con suavidad
antes de darse la vuelta y acurrucarse bajo la manta. Estaba seguro de que era
la primera vez que veía a un humano dormido y se movían más de lo que había
imaginado. Su gente solía quedarse muy quieta, sin apenas hacer ruido, casi
como si tuvieran miedo de que los humanos les hicieran daño si los escuchaban.
Estaba pensando en llevar a Tyler a su
habitación cuando un ruido sordo en el techo llamó su atención. Se levantó de
un salto y alzó la vista, aguzando el oído a la espera de escuchar algo más.
Sin embargo, no hubo nada.
Aun así, la inquietud lo embargó y apagó la
tele y la lámpara de pie que tenía al lado para quedarse a oscuras. No despertó
a Tyler, no quería preocuparlo en caso de que solo fuera una rama que se movía
por el viento o cualquier otra cosa.
Se agazapó y se movió silencioso por la cabaña
en calcetines. Había descubierto que los zapatos eran ruidosos, por lo que no
se los puso. En cambio, los calcetines eran silenciosos y calientes, supo que
no lo delatarían.
Una nueva serie de ruidos sordos lo sobresaltó.
Se abalanzó sobre la puerta y salió al exterior con un gruñido y las manos en
forma de garra. Una enorme sombra se alzó a su derecha y saltó sobre ella.
—¡Mierda! —maldijo una voz.
Trust se detuvo antes de golpearlo. Aun así, le
dio un pequeño empujón y se habría caído de no ser porque la sombra lo agarró y
lo ayudó a ponerse en pie.
—Menudo susto me has dado —le dijo.
—¿Brass? ¿Qué haces aquí?
El canino arrugó la nariz y tensó las
facciones.
—377 ha estado en nuestras cabañas.
Trust se irguió de inmediato. Sus músculos se
abultaron.
—¿Qué?
—Midnight y Rick están protegiendo a Ellie y a
Norm mientras Fury ha ido a asegurarse de que no hay más de su grupo. Yo le he
perseguido hasta aquí —dicho esto, gruñó y giró la cabeza hacia el lago—. Pero
ha huido. Será idiota, pero es rápido y se mueve bien por los tejados.
Trust soltó una maldición y olisqueó el aire.
Captó su olor de inmediato. Se agachó y olfateó el suelo. Había estado en su
porche, junto a la ventana, antes de huir por las escaleras.
—Habrá olido que estoy aquí.
—Nos ha olido a todos aquí —dijo Brass,
inspeccionando la negrura, como si esperara verlo en cualquier momento.
De repente, los dos escucharon un golpe sordo a
su lado. Se pusieron en guardia, pero no tardaron en reconocer el aroma de
Fury. Era picante y el canino gruñía con fuerza.
—Venía solo —dijo—. Tendría que haberlo
perseguido contigo, Brass.
Este le sonrió.
—Midnight y Rick no habrían podido solos contra
los úrsidos y felinos que iban con 377 esta mañana.
Fury soltó otro gruñido.
—Lo sé. Pero no me gusta que sepa que mi Ellie
está aquí.
Brass se encogió de hombros.
—Sabíamos que lo acabaría descubriendo. Lo
importante es que sepa que nuestros amigos humanos no están solos.
—Ahora lo sabe —dijo Trust con cara de pocos
amigos—, pero volverá. Esperará a que los dejemos solos.
—Cosa que no pasará —dijo Fury apretando los
puños.
Trust gruñó su acuerdo y Brass asintió.
—De todos modos, tendremos que informar a Vane.
—Ya sabe lo que está pasando.
Los tres se giraron y una nueva figura oscura
apareció. Se relajaron un poco al reconocer su aroma.
—Night.
Este subió las escaleras del porche. Sus rasgos estaban endurecidos por la ira.
—Yo también he escuchado a 377. Vamos, Vane os está esperando.

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