Capítulo 3. Acordes de piano y guitarra
Sasuke siguió a Kurama por las escaleras en dirección
a la planta baja, donde tenía lugar la fiesta. A medida que bajaba, el sonido
enérgico de la guitarra y una dulce voz masculina eran cada vez más altos,
logrando llamar su atención. De algún modo, esa voz le resultaba muy familiar,
estaba seguro de haberla oído no hacía mucho; así que, en cuanto pudo, se asomó
por la barandilla para ver quién cantaba…
Desde luego, desde que había llegado a Nome no había
dejado de tener sorpresas: primero se encontraba con Naruto, el cual resultaba
ser la persona que él creía que era imaginaria; después, descubría que este se
encontraba en la fiesta de Kurama y que, además, su amiga tenía pensado
emparejarlo con él; luego, el director de Biju resultaba ser mucho más
inteligente y… extraño de lo que creía, despachaba a Sakura y le pedía que se
quedara más tiempo en la ciudad, y, finalmente, encontraba a Naruto en una
esquina de la casa, tocando la guitarra y cantando Sing de Ed
Sheeran.
Y, vaya, ¡cómo cantaba! Se movía de un lado a otro al
son de la guitarra, la cual no fallaba ni una sola nota bajo sus habilidosos
dedos, al igual que aguzaba o bajaba su entonación, acorde con la canción. Lo
mejor de todo es que la multitud se congregaba muy cerca de él, bailando y a
menudo haciendo los coros o cantando con él.
No pudo evitar soltar una especie de carcajada
sorprendida. Era simplemente increíble y disfrutaba viéndolo allí, tan relajado
y feliz mientras cantaba y tocaba, se le veía tan cómodo que era como si
hubiera nacido para eso.
Y, mientras se apoyaba en la barandilla para
observarlo con tranquilidad, algo en su cabeza se iluminó.
Solté un suspiro de alivio cuando logré salir de mi
casa sin que mi madre descubriera a dónde iba. Sabía que a ella le parecía muy
sospechoso que, durante la última semana, hubiera pasado tan poco tiempo en
casa, a lo que yo respondía que solía ir a ver a alguno de mis amigos,
normalmente Hinata y Shikamaru, aunque procuraba decir que solía pasar las
noches en casa de Sai, no fuera que se hiciera una idea equivocada… aunque,
después de esta conversación, estaba totalmente seguro de que mi madre ya conocía
la verdad.
Desde hace una semana, soy el novio oficial de Naruto.
El muy diablillo me había hecho trabajar duro para convencerlo, si bien había
necesitado tres semanas para lograr las tres citas, me hizo falta otra más para
conseguir que fuera algo serio, es decir, un mes entero. Si hubiera sido otra
persona, no habría sido tan difícil, habría bastado con decir: “sal conmigo
ahora”, y la chica o doncel habría chillado de alegría o se habría desmayado.
Pero, una vez más, Naruto era la excepción. Ese era el
motivo por el que me gustaba tanto, y también la razón por la que, por primera
vez, quería intentar algo serio con alguien.
Tengo que reconocer que las tres citas no fueron
fáciles para mí, sobre todo porque, desde el primer día, había sentido mucha
curiosidad por tenerlo en mi cama. Naruto era pícaro y travieso, y juro que se
burlaba de mí con esos comentarios tan calientes que me dedicaba justo cuando
yo tenía la guardia baja. Sin embargo, la expectación, el hacerme esperar,
formaba parte de su encanto… y, sinceramente, valió toda la pena del mundo.
Aun así, cuando le ofrecí salir juntos en serio,
Naruto no estaba muy convencido. Él ya sabía que yo no era necesariamente la
clase de persona que mantenía relaciones que duraran más de una noche y, la
verdad, no lo culpaba. Su primera relación le decepcionó mucho, y temía que yo
siguiera el mismo camino que esa persona. Sin embargo, tras una semana más, y
viendo lo mucho que me había esforzado todo el mes que habíamos pasado juntos,
accedió a darme un voto de confianza. Por ahora, llevábamos muy poco tiempo y
era pronto para decir si nuestra relación sería muy sólida, pero de momento
estábamos bien así y los dos queríamos ver hasta dónde llegaríamos.
Los únicos que sabían de mi relación eran mis
cómplices Hinata, Shikamaru y Sai. La primera, como mi mejor amiga, se había
ilusionado mucho al oír que estaba intentando tener una relación seria por
primera vez y, por supuesto, se había ofrecido a cubrirme las espaldas con mis
padres y mi hermano; Shikamaru, como cabía esperar, había mascullado que me
cansaría enseguida de él, pero aun así dijo que me cubriría si le necesitaba, y
por último, Sai se mostró rápidamente interesado en mi relación y lo primero que
se le ocurrió decir (al muy idiota) fue que Naruto tenía que ser muy bueno
follando como para que quisiera conservarlo, seguido de un: “¿puedo acostarme
con él?”, con lo que consiguió un buen mamporro en la cabeza. Después de eso,
comprendió que yo iba muy en serio y prometió ayudarme a ocultar mi noviazgo a
mi familia.
No es que no quisiera contárselo, simplemente, quería
esperar un poco para hacerlo. Itachi se pondría contento al saber que por fin
me implicaba en una relación y mi madre se volvería loca de alegría si le decía
que tenía pareja, razón de más para esperar a ver cómo nos iba a Naruto y a mí
antes de que ellos se hicieran demasiadas ilusiones. Si después de unos meses
los dos seguíamos juntos, se lo diría.
En cuanto a mi padre… Bueno, él era otro cantar, y la
persona a la que más temía contarle que salía con Naruto. Porque, en lo
referente a los donceles, mi padre tenía la mentalidad de un hombre del siglo
dieciocho.
En aquella época, y durante cientos de años atrás, los
donceles habían sido el foco de odio de la sociedad. Con su apariencia
básicamente masculina pero con la capacidad de quedarse embarazados, habían
sido considerados como seres antinaturales, sobre todo por varios grupos
religiosos y, en consecuencia, perseguidos brutalmente para su extinción. En
esos tiempos, muchos aprendieron a hacerse pasar por hombres o mujeres, según
su aspecto, aunque la mayoría preferían lo primero debido a que ellos tenían mucha
más libertad y privilegios. Aun así, a principios de siglo diecinueve,
empezaron a ser aceptados, aunque se les concedieron los mismos derechos que a
las mujeres, que no eran muchos debido a la sociedad machista del momento, pero
al menos no hubo más ejecuciones. Básicamente, eran totalmente dependientes de
un varón, primero de un familiar o tutor y después de un marido; y si no era
así, los donceles solo podían acabar en los prostíbulos.
Sin embargo, a finales de ese siglo y durante la
primera mitad del veinte, mujeres y donceles se unieron para reclamar la
igualdad. Les costó mucho esfuerzo y sacrificio, pero gracias a eso, en la
actualidad tenían los mismos derechos que los varones y existían leyes
especiales para protegerlos.
Por desgracia, aún había gente que creía que los
donceles deberían volver a limitarse a casarse, tener hijos y dedicarse por
completo a sus maridos, mientras que otros más extremistas, como mi padre,
pensaban que esa clase de personas eran… en fin, una ofensa a la naturaleza.
No quería ni pensar en qué haría si se enterara.
Bueno, sabía que habría gritos y que me diría que debía cortar esa relación de
inmediato, antes de que la familia de Karin se enterara.
Caminé en dirección a la casa de Naruto mientras
pensaba en eso último. Sabía que no estaba bien salir con otra persona estando
prometido, pero yo no sentía nada por esa chica ni ella tampoco por mí. En realidad,
no creía que ninguna mujer o doncel me hubiera querido realmente; todos estaban
cegados por mi atractivo y mi actitud un tanto fría y distante, no se habían
molestado en conocerme de verdad. Tal vez las chicas con las que había estado
estuvieran decepcionadas de que no volviera a ponerme en contacto con ellas
después de una noche de sexo, pero estoy seguro de que no les había dolido.
Además, yo advertía que solo buscaba una relación física, nada más, y de hecho,
esa es la reputación que tenía en ese momento, la de un mujeriego.
Karin no era muy diferente a todas las demás, salvo
que, como estábamos prometidos, esperaba que yo tuviera algún interés romántico
en ella con el tiempo. Creía que yo me convertiría por arte de magia en el
hombre de sus sueños, como si pudieran moldearme para ser alguien que no era.
Ella amaba la imagen que tenía de mí, no al hombre que era realmente.
Por otro lado, Naruto sí me conocía, y por eso mismo
no había aceptado ser mi pareja al principio. No es que él pensara que yo era
una mala persona por ir de cama en cama, para él cada uno tenía unas
necesidades diferentes y, en consecuencia, relaciones distintas, simplemente
defendía que uno debía dejar las cosas bien claras y no herir a nadie. Sin
embargo, eso no quería decir que creyera que alguien que había estado pasando
de una amante a otra pudiera tener una relación seria de la noche a la mañana.
Era normal que desconfiara de mí, aunque tuvo que reconocer que yo me habría
cansado rápido de él teniendo en cuenta todo lo que me había hecho esperar para
acostarme con él.
Estaba tan concentrado en mis reflexiones que no me di
cuenta de que ya había llegado a casa de Naruto. Suspiré, dejando todas mis
inquietudes encerradas en un cajón de mi mente; mi novio era muy receptivo y no
quería que se preocupara, no me apetecía hablarle de mi padre y mucho menos
quería que se enterara de que estaba prometido.
Aunque, tarde o temprano, tendría que decírselo. Mi
corazón se encogió ante la idea; sabía que si quería que mi padre estuviera
orgulloso de mí, tendría que romper en algún momento con Naruto y seguir
adelante con la boda. Él me gustaba mucho, lo suficiente como para evitar
hacerle daño… pero, aun así, no quería decírselo, todavía no. Quería estar un
poco más con él.
No soy más que un egoísta.
Sacudí la cabeza y llamé al timbre, tomando una
decisión: aún me quedaba un mes de verano, ese sería el tiempo que pasaría con
Naruto. De esa forma, ninguno de los dos se encariñaría demasiado con el otro y
él no saldría herido cuando rompiera la relación. Además, mi Naruto era fuerte,
lo superaría rápido y me olvidaría.
Eso me dolió.
—¿Sí?
La voz de mi novio me sobresaltó y aligeró mi corazón
a la vez.
—Sasuke.
Sin decir nada más, Naruto abrió la puerta y yo pasé dentro. Fui directo al tercer piso y me encontré con que la puerta de su casa ya estaba entreabierta para que entrara. Incluso antes de pasar, escuché la melodía de un piano; no era muy rápida, sino más bien ligera y, a medida que avanzaba, se volvía intensa, con un toque épico que le confería fuerza.
Me adentré en el apartamento, no muy sorprendido al
escuchar las notas, aunque atraído por la música de todos modos. Tal y como
sospechaba, encontré a Naruto frente a un piano de pared, el cual tocaba con
los ojos cerrados y el ceño ligeramente fruncido, parecía muy concentrado.
Dejé mi mochila sin hacer ruido en el dormitorio y
después me apoyé en el marco de la puerta del comedor, observándole con
curiosidad. Desde nuestra primera cita, sabía que Naruto iba al conservatorio
de música, y que uno de sus sueños era componer sus propias canciones para
bandas sonoras, aunque me confesó que tampoco le importaría tocar en uno de
esos restaurantes o bares que incluía música en directo.
Recuerdo haberle dicho que era difícil dedicarse a la
música, y mucho más triunfar, pero él me dijo que si no lo intentaba, era
seguro que jamás lo conseguiría. De todas formas, tuve que reconocer que Naruto
tenía mucho talento, con veintiún años, tocaba el piano, el violín, la guitarra
acústica y la eléctrica, y la batería, además de que sabía utilizar todas las
máquinas presentes en un estudio de grabación.
Yo lo admiraba, tanto por su decisión de cumplir su
sueño como la pasión que mostraba por su profesión, bastaba verlo una sola vez
tocando para saber que amaba lo que hacía. Y, una parte de mí, le envidiaba por
ello: se dedicaba a lo que realmente le gustaba sin miedo al fracaso, a que
alguien lo juzgara o se lo impidiera.
Era libre.
Y cuanto más tiempo estaba con él, más ansiaba ser
libre yo también. Deseaba tener el valor de enfrentarme a mi padre y decirle
que no quería formar parte de su empresa ni de ninguna otra. Aún no sabía lo
que quería ser, a qué dedicarme, pero imaginaba la vida que se esperaba que
tuviera y me sentía desdichado.
De repente, la música se detuvo. Miré a Naruto, que
estaba anotando algo en unos papeles a la vez que movía los labios, como si
estuviera meditando en voz alta. De vez en cuando tocaba una tecla o hacía unos
acordes y después volvía a tomar apuntes.
Curioso, me acerqué por detrás y le abracé por la
cintura mientras apoyaba el mentón en su hombro. Él se giró y me dio un beso
rápido.
—Perdona, Sasuke, dame un segundo.
—¿Qué estás haciendo?
—Componiendo.
Fruncí el ceño.
—Sabía que querías componer, pero creía que no lo
hacías aún.
—Y no lo hacía. Esta es mi primera canción.
Ladeé la cabeza y me deslicé a un lado para sentarme
junto a él.
—¿Puedo oírla?
—No está terminada, solo tengo la introducción con el
piano y quiero añadir cuerda y un poco de percusión…
Sonreí al ver lo concentrado que estaba. Aun así,
había apartado las manos del piano para acariciarme los brazos. Le besé en la
mejilla mientras seguía murmurando para sí mismo lo que necesitaba para
completar la canción.
—Me alegra que hayas empezado a componer. He oído lo
que estabas tocando antes y era genial. Seguro que cuando la tengas terminada
será preciosa.
Naruto se apoyó contra mi cabeza con un pequeño
sonrojo.
—Gracias —dicho esto, me dio un beso un poco más largo
en los labios. Aproveché la ocasión para profundizar el beso buscando su lengua
con la mía, esperando que eso nos condujera al dormitorio, sin embargo, Naruto
se apartó antes de que tuviera oportunidad de hacerlo. ¡Maldición!—. ¿Quieres
intentarlo?
Me separé lo justo para poder mirarlo. Tenía una
sonrisa divertida que me dio mala espina al instante.
—¿El qué? —pregunté con cierta cautela.
Naruto señaló el piano con un movimiento de cabeza.
—Ni hablar —repliqué, apartando los brazos de mi novio
e irguiéndome.
Este resopló al mismo tiempo que ponía los ojos en
blanco y pasaba las piernas por encima del banco del piano, para seguir sentado
pero esta vez encarado a mí. Me abrazó por la cintura para que no escapara y
apoyó el mentón en mi vientre de forma que pudiera mirarme.
—Eres aburrido, Sasuke.
—Yo no sé tocar eso.
—Nadie sabe hasta que le ponen delante de un piano, yo
te enseño.
—Naruto…
—Venga, no tengas miedo, no muerde —añadió con una
risilla y mirándome con picardía—, a diferencia de mí.
No pude evitar sonreír. Puse una mano en su mejilla y
le acaricié esas tres marquitas que tenía de nacimiento.
—Me gusta que me muerdas.
—Hombre, si quieres inventamos algo para que el piano
muerda.
Bufé por su sugerencia.
—Sabes que no me refería a eso.
Naruto se rio y se levantó, poniendo sus brazos
alrededor de mi cintura para pegar mi cuerpo al suyo. En un acto instintivo,
coloqué mis manos en sus caderas, disfrutando de sus curvas y de cómo Naruto
deslizó sus manos por mi pecho, acariciando cada músculo de mi torso hasta
colocar los brazos alrededor de mi cuello.
Nos quedamos muy cerca el uno del otro, con nuestros
labios rozándonos. Naruto empezó a darme besos suaves, cortos y húmedos en la
boca, de vez en cuando sacando su lengua para acariciarme el labio inferior.
Dios, él sabía muy bien cómo seducirme.
—Quítame el pantalón —me ordenó entre besos.
Obedecí sin pensarlo dos veces: le desabroché el botón
y le bajé la cremallera para que la prenda se deslizara hacia abajo, donde
acabó enganchada en sus rodillas. Como recompensa, Naruto me lamió el lóbulo de
la oreja.
—Baja las manos —susurró en mi oído.
—¿Hasta dónde? —pregunté con voz ronca.
Sentí la sonrisa de Naruto contra mi piel.
—Sabes muy bien dónde las quiero.
Sí, lo sabía, y no dudé en meter las manos bajo sus
bóxers y alcanzar sus nalgas. Mi novio tenía el mejor trasero del mundo; firme,
cálido y suave. Masajeé su carne, apretando de vez en cuando su piel con mis
dedos, notando cómo los músculos de esa zona se contraían, respondiendo a mis
caricias. Al mismo tiempo, Naruto empezó a contonearse contra mí muy
lentamente, frotando su miembro duro contra el mío, provocándome una dolorosa
erección.
Yo también me movía contra él, buscando el mayor
contacto posible entre nosotros. Mis manos se movían sin control sobre su
trasero mientras mi lengua exploraba con avaricia cada rincón de su boca, a lo
que Naruto me respondía con besos apasionados y cogiéndome los mechones de la
nuca con fuerza, sabiendo lo mucho que me gustaba que hiciera eso.
Ya me estaba preparando para quitarle la ropa interior
cuando Naruto rompió el beso con suavidad. Aun así, gruñí como protesta e
intenté volver a capturar su boca, poco dispuesto a parar, pero él puso un dedo
en mis labios.
—Méteme un dedo —me ordenó con un jadeo antes de
retomar el beso con voracidad.
¿Quién demonios podría negarse a algo así? Sin dejar
de devorar esa boca traviesa, deslicé una mano por sus nalgas hasta encontrar
lo que tanto ansiaba tomar. Rodeé su entrada con un dedo, gimiendo al sentir
que ya estaba húmedo; Naruto siempre estaba listo para mí, eso me volvía loco y
me hacía sentir muy deseado.
Sin querer hacerle esperar mucho, le penetré
suavemente, disfrutando de lo estrecho, mojado y caliente que estaba. Mi novio
respondió a la embestida con un jadeo de placer, separando brevemente su boca
de la mía, momento que aproveché para mordisquear su labio inferior antes de
buscar su cuello y succionar juguetonamente la piel de esa zona, sabiendo que
eso le encantaba. Su reacción fue gemir más alto y morderme en la base del
cuello, haciendo que esta vez yo perdiera un poco más de control y volviera a
penetrarle, esta vez con más fuerza. Naruto siguió moviéndose contra mí,
animándome a ser más duro. Otra razón por la que deseaba con lujuria a ese
doncel: no siempre quería que fuera delicado, a menudo me exigía que fuera
apasionado y descontrolado, y no tenía que estar preocupado por si era
demasiado intenso o por hacerle daño. Si lo hacía, Naruto no tenía ningún
problema en morderme más fuerte de lo habitual, devolviéndome el favor.
Me estaba empezando a plantear inclinarlo sobre el
piano para hacerle el amor de una vez cuando Naruto volvió a interrumpir el
beso. Se lo permití, esperando a que me diera una nueva orden que estaba
ansioso por cumplir.
—¿Me quieres, Sasuke? —preguntó contra mi boca, sin
dejar de acariciar mi cuerpo con el suyo—. ¿Quieres hacérmelo? —gimió y me
mordisqueó el cuello.
—Sí —respondí sin necesidad de pensarlo.
Noté que sonreía, aunque no le di mucha importancia.
—¿Y qué harías a cambio?
—Cualquier cosa.
Y… ahí cometí mi error. Naruto me cogió de las muñecas
y apartó mis manos de él mientras me sonreía con malicia.
—Pues intenta tocar el piano.
… Fue como si me cayera un cubo de agua fría encima.
Muy fría. Miré a mi novio con ira asesina.
—No puedes manipularme con sexo.
Naruto me soltó encogiéndose de hombros y se agachó,
de forma que pudiera ver a la perfección su irritante y bonito trasero.
—No hay problema, podemos ir a dar una vuelta, cenar
en Ichiraku y después ver una película aquí tranquilitos.
… Miré un momento hacia mi erección, luego su hermoso
y caliente cuerpo y después imaginé la estampa que acababa de describirme.
Refunfuñando, me senté en el banco del piano y me crucé de brazos.
Naruto sonrió complacido.
—Pues parece que sí puedo.
—No me hables —gruñí. Encima de dejarme duro como una
piedra y humillarme con esa vil manipulación, aún se cachondeaba de mí.
Mi cruel pareja se sentó a mi lado y me abrazó por la
cintura a la vez que lamía y mordisqueaba mi cuello. Debería apartarlo pero, ¿a
quién quiero engañar?, yo era la última persona que deseaba alejarse de él
cuando hacía eso.
—No te pongas así, Sasuke —me dijo suavemente antes de
apoyar la cabeza en mi hombro—. Escucha, sé por qué estás estudiando una
carrera que no te gusta, y si quieres seguir así, es cosa tuya, ya eres lo
bastante mayor como para saber qué te conviene. Pero, al menos, deberías tener
un hobby, hacer algo que realmente te guste aunque solo sea para desahogarte.
Bajé la vista hacia él estrechando los ojos.
—Ya hago algo que me gusta.
Naruto me lanzó un resoplido muy poco elegante.
—El sexo no cuenta.
—Si es contigo sí.
Mi novio puso los ojos en blanco.
—Mira, no quiero sonar pesimista, pero nada nos
asegura que vayamos a seguir juntos para siempre, así que yo no puedo ser un
hobby —dicho esto, me lanzó una mirada de pocos amigos—. Y, para que conste, es
un poco ofensivo considerar a tu novio como una forma de entretenimiento. Se
supone que estamos juntos porque nos gustamos y tal.
Al darme cuenta de mi error, le devolví el abrazo y lo
estreché contra mi cuerpo.
—Perdona.
Naruto suspiró y levantó la cabeza para mirarme.
—Me gustas, ¿vale?, lo suficiente como para que me
preocupe por ti y, aunque no quieras admitirlo, sé por la cara que pones cuando
hablas de tu brillante carrera que no te interesa lo más mínimo. Así que puedes
probar a tocar el piano, a cocinar, o a hacer centros de mesa, qué sé yo. Pero,
por tu bien, encuentra algo que te apasione, Sasuke. Por favor.
… Sinceramente, me quedé sin palabras. Era difícil
hablar cuando alguien llegaba a una parte tan profunda de ti mismo, una persona
que no fuera de tu familia y que no sentía ninguna obligación por ayudarte,
sino que lo hacía de forma genuina.
Ahí estaba la razón por la que había querido salir con
Naruto. Él me conocía de verdad y se preocupaba por mí; incluso sabiendo que
tal vez llegaría un día en que cada uno seguiría su propio camino, intentaba
ayudarme.
Por eso me dolía tanto pensar en que, dentro de un
mes, tendría que despedirme de él. No quería hacerlo, no cuando… no cuando
empezaba a enamorarme de él.
Incapaz de expresar lo que sentía, le besé con
ternura, esperando que Naruto se diera cuenta de lo importante que era para mí
lo que acababa de hacer. Él me correspondió con la misma suavidad, con el mismo
sentimiento. Creo que lo había hecho. Y cuando nos separamos y miré en esas
profundidades tan azules como el cielo, supe que así había sido, y que no era
necesario que dijera nada.
Naruto me sonrió y me dio un beso rápido,
acariciándome una mejilla antes de apartarse un poco, lo justo para señalar el
piano.
—Bueno, si quieres que retocemos desnudos en mi cama,
vamos a tener que empezar —comentó, dando por finalizado nuestro momento. De
todos modos, ya nos habíamos dicho todo lo que necesitábamos decir con ese beso
y esa mirada—, ¿o has cambiado de opinión? —me preguntó con esa picardía que
tanto me gustaba.
De nuevo, el ambiente se hizo más ligero, cosa que
agradecí. No soy una persona muy emocional o sensible y me resulta difícil
saber qué hacer en situaciones como esas. Así que volví a centrarme en nuestro
trato y sonreí.
—Para que conste, si intento tocar esta cosa, ¿después
podré hacerte lo que quiera?
—Todo lo que pase por esa retorcida y pervertida mente
tuya —prometió Naruto.
Miré las teclas del instrumento con desconfianza. ¿Por
qué algo me decía que eso no podía acabar bien? Sin embargo, merecía la pena
hacer un poco el ridículo con tal de tener a ese rubio doncel a mi merced.
—Está bien —suspiré—, empieza a enseñarme.
Por fortuna, Naruto no me pidió nada especialmente
complicado, tan solo me hizo tocar las teclas para que me familiarizara con el
instrumento y que escuchara con atención todos los sonidos. De hecho, él
aprendió a tocar siendo un niño a base de escuchar a su padre, relacionando las
teclas con las diferentes notas musicales, pese a que entonces ni siquiera
sabía sus nombres.
Tuve que reconocer que aprender con Naruto era
divertido, nada que ver con los serios y estrictos profesores particulares que
me había puesto mi padre de pequeño. Me animó a jugar y experimentar con las
teclas; sí, sonaba francamente mal, muy mal, pero al menos me reí mucho con la
experiencia.
—Adelante, dilo —le dije cuando decidimos parar para
encargar algo de cenar—, soy horrible.
—Hombre, espantoso creo que se adapta
más a lo que le has hecho al pobre piano de mi padre —coincidió Naruto, aunque
por la forma en que sonreía, supe que solo era una broma—. Pero al menos hemos
sacado algo bueno de todo esto.
—¿Y qué es?
—Para empezar, que tú te has divertido y que yo me he
podido reír un rato. —Solté una carcajada ante eso último—. Y más importante
aún; cuando las generaciones futuras pregunten si los Uchiha eran tan perfectos
como todo el mundo cree, podremos decir que cometían errores como cualquier
otro mortal.
Yo rodé los ojos.
—No tienes ninguna prueba de ello.
Entonces, Naruto me dedicó esa sonrisa traviesa que
adoraba y me enseñó su móvil. Yo palidecí.
—No es verdad.
—Claro que sí. Lo he grabado todo, todo y todo.
—¡Pero serás…! —maldije e intenté atraparlo, pero
Naruto previó mi reacción y saltó a un lado, esquivándome con una carcajada. No
estaba exactamente enfadado, solo un poco avergonzado porque el doncel tuviera
la prueba de que yo, un Uchiha, había sido incapaz de arrancarle una nota
decente a un piano.
La persecución no duró mucho de todas formas porque,
sin darme cuenta, Naruto me guio al dormitorio. Una vez ahí, supe que él no
tenía escapatoria, pero era yo el que estaba equivocado, ya que mi novio no
tenía intención de huir. En vez de eso, se quitó la camiseta y me la lanzó a la
cara, dejándome aturdido unos segundos.
Él me sonrió con picardía.
—Tú has cumplido tu parte del trato y ahora yo tengo
que cumplir la mía —dicho esto, se quitó los pantalones y se subió a la cama,
mostrándome deliberadamente su firme trasero y mirándome con lujuria por encima
del hombro.
Fue increíble lo rápido que olvidé ese dichoso móvil.
Sasuke tragó saliva, emocionado ante el recuerdo. Así
que por Naruto él aprendió a tocar el piano. Tal vez no se convertiría en
músico profesional, cierto, pero al menos disfrutaba con eso, le ayudaba a
relajarse y le hacía genuinamente feliz.
—¿Ve algo que le guste?
Se giró hacia Kurama, que le observaba con esa sonrisa
divertida que le ponía de los nervios, como si supiera exactamente lo que
pasaba por su cabeza.
No contestó al principio, después de todo, su interés
en Naruto era algo privado. Sin embargo, no contaba con que, mientras
recordaba, se había quedado muy quieto con la vista fija en el rubio doncel,
por lo que a Kurama no le costó mucho saber a dónde iban sus pensamientos.
Este subió un par de escalones hasta quedarse a su
lado y dirigió sus rojos ojos hacia el guitarrista.
—Naruto Uzumaki, nuestro anfitrión —declaró antes de
echarle un trago a su whisky.
Al oír eso, Sasuke lo miró con el ceño fruncido.
—¿Anfitrión? Creía que esta casa era su propiedad.
Kurama se encogió de hombros.
—Bueno, la casa la compré yo, pero fue un regalo para
Naruto.
Sasuke necesitó un segundo para asimilarlo. ¿Naruto
era amigo íntimo de Kurama?, después de todo, nadie le regala una casa a otra
persona a menos que la relación fuera tan próxima.
—¿Y eso? —indagó con un pelín de molestia. No se había
parado a pensar en que tal vez Naruto salía con otra persona, y esperaba
fervientemente que no fuera así. Puede que no tuviera ningún derecho, pero eso
lo ponía muy celoso. Y el hecho de que Kurama pudiera ser su amante solo hacía
que sus planes de conquista se complicaran aún más.
El pelirrojo le palmeó un hombro.
—Oh, no se preocupe, señor Uchiha, le aseguro que mi
relación con Naruto es puramente fraternal —le dijo. Eso le alivió, pero
también le inquietaba el hecho de que ese hombre se hubiera dado cuenta con
tanta facilidad de lo que pensaba—. Es más, es mi soltero de oro para la
subasta —añadió con su característica sonrisa maliciosa.
Esta vez, Sasuke no pudo evitar sonreír.
—No me diga. —Era una oportunidad perfecta para
acercarse al doncel—. Aún no me ha dicho qué ocurre exactamente con el soltero
y el que puja por él.
—Ofrezco una cena romántica en el mejor restaurante de
Nome, por supuesto —dicho esto, Kurama le miró levantando una ceja—. ¿Le
interesa?
—Puede ser.
—Me alegra saber que tiene buen ojo, señor Uchiha.
—Hizo una pausa en la que su sonrisa desapareció. Ahora observaba a Naruto con
una emoción que Sasuke no pudo identificar, pero era algo parecido a la
tristeza—. ¿Sabe?, ese chico es una de las dos personas a las que más aprecio
en este mundo. Teñiría el mar de Bering de sangre por él —dicho esto, le miró a
los ojos con seriedad—. No sé si comprende lo que quiero decir.
Sasuke asintió.
—No he venido aquí para herir a nadie. Y menos a
Naruto.
Algo brilló en los ojos de Kurama, como si fuera la
respuesta que estaba esperando. Por primera vez, le vio esbozar una sonrisa
suave.
—Me alegra oírlo, señor Uchiha —y, de nuevo, la
diversión regresó a sus rasgos, devolviéndole ese aspecto ligeramente similar
al de un zorro—. En fin, tengo una subasta que presentar. Si me disculpa,
estaré impaciente por ver cuánto está dispuesto a pujar.
Sasuke vio bajar a Kurama las escaleras con una
elegancia casi felina y mezclarse entre el gentío con la misma gracilidad. Él,
por otro lado, se quedó donde estaba, ya que desde las escaleras tenía una
visión perfecta sobre Naruto, quien terminó la canción y todo el mundo le
aplaudió. Se dio cuenta entonces de que este intercambió una mirada con Kurama
y asintió, dejando su instrumento en manos del doncel de ojos saltones y pelo
al estilo tazón que había visto antes con Tenten. Después, siguió a Kurama junto
a otros hombres, mujeres y donceles hacia una pared, donde el pelirrojo empezó
a apartar a la multitud para que hicieran un hueco.
—¡Sasuke!
El susodicho cerró los ojos un momento al reconocer la
voz de Sakura. Se giró y se la encontró a su lado, todavía con ese vestido
puesto. ¿Por qué tenía que esforzarse tanto?, ¿no se había dado cuenta ya de
que no tenía ningún interés en ella?
—¿Cómo ha ido la reunión con el señor Kyubi? —le
preguntó, un tanto inquieta. Se había dado cuenta de que había metido la pata
al ir con Sasuke, pero ella solo había cumplido órdenes de Fugaku.
—No ha ido mal —respondió el Uchiha, casi sonriendo
ante la idea de quedarse más tiempo en Nome—. Está dispuesto a considerar
unirse a nosotros.
La cara de Sakura se iluminó. Pues claro, Sasuke era
brillante, era evidente que encontraría una manera de convencer al señor Kyubi.
—¿En serio?
—Sí, pero tengo que permanecer más tiempo en Nome y
asistir a más reuniones. Tú puedes regresar a Japón, ya que las negociaciones
se llevarán a cabo en privado entre él y yo —dijo Sasuke con tono profesional,
aunque en el fondo le producía una enorme satisfacción poder librarse de
Sakura.
La cara que puso esta fue un poema. El alivio
desapareció por completo y le sustituyó la decepción y la desesperación. Ella
no podía separarse de Sasuke todavía; sabía que en el trabajo no tendría
ninguna oportunidad con él puesto que ya lo había intentado muchas veces, así
que ese viaje era la única manera de seducirlo. Estaban solos en el hotel de
una ciudad gélida y en mitad de la nada, ¡no había otra cosa que hacer en ese
maldito lugar aparte de acurrucarse juntos delante de una chimenea y dejar que
la cosa fuera a más!
Además, estaba también esa odiosa mujer, la de los
horribles moños que se había enganchado del brazo de Sasuke y que se le había
insinuado para buscarla luego.
No, ni hablar. No iba a regresar a Japón, no podía
desaprovechar esa oportunidad. Ya se inventaría algo para poder quedarse.
En ese momento, la potente voz de Kurama resonó en las
paredes gracias al micro que había estado usando antes Naruto para cantar. Se
había subido a un taburete para que todos le vieran y, con un gesto de la mano,
hizo callar al gentío.
—Bueno, damas y caballeros, deben de estar disfrutando
de la fiesta a lo grande, porque acaban de informarme de que las existencias de
alcohol se han agotado —dijo con una sonrisa, como si la situación le pareciera
graciosa.
Todo el mundo grito un sí alegre a la
vez que levantaban las jarras o las copas. Kurama asintió.
—Perfecto. Pues, ya que estamos, aprovechemos la
ocasión para darle las gracias a nuestro anfitrión que, a pesar de saber que se
lo dejaríamos todo hecho un asco, nos ha ofrecido su hogar como punto de
encuentro. ¡Adelántate un paso, Naruto! —lo llamó el pelirrojo, haciendo que el
doncel avanzara un poco con una sonrisa avergonzada. La multitud lo vitoreó y
le silbó, logrando así que Naruto se rascara la nuca. Kurama siguió hablando—.
Ahora, pongámonos serios un momento. Todos sabemos que con la última nevada, el
hospital de nuestro amigo Howard ha sufrido muchos daños, demasiados como para
que la junta pueda repararlo todo y, como dicen en Juego de Tronos, “se acerca
el invierno”. Puede que esto no sea Invernalia pero, seamos sinceros, hasta los
caminantes blancos morirían congelados aquí.
Todo el mundo asintió fervientemente, esta vez un poco
más serios, a pesar de que muchos tenían las mejillas rojas por el alcohol.
Kurama los observó atentamente con seriedad.
—Caballeros, solo tenemos dos hospitales en Nome, y
todos sabemos lo que pasa en invierno: la gente enferma y tanto nuestros
conciudadanos alasqueños como nuestros queridos invitados extranjeros, sobre
todo deportistas amantes de la nieve, tienden a romperse algo. —Tras un sí rotundo
por parte de la multitud, el hombre prosiguió—. Aquí convivimos con este clima
porque todos nos ayudamos, ¿no es así? —La gente asintió con vehemencia.
Sasuke vio fácilmente por dónde iban los tiros. No se
trataba únicamente de la salud de la gente de Nome, también tenía que ver con
el turismo de la ciudad: la mayoría de la gente soñaba con unas vacaciones
paradisíacas en playas hawaianas, por lo que Nome, con sus largos y gélidos
inviernos, no era precisamente el primer destino. Sin embargo, había pistas de
nieve y carreras de trineo para los amantes de los deportes de invierno, y las
auroras boreales siempre eran muy populares. Para los ciudadanos era importante
que los turistas tuvieran asistencia sanitaria, no sea que después los
comentarios negativos afectaran a los ingresos.
Tal vez sonaba materialista, pero era la realidad.
Toda población se sostenía en la actualidad gracias al turismo, o al menos, en
gran medida. Eso generaba mucho empleo y dinero y, en consecuencia, que una
ciudad prosperara. Sasuke todavía no conocía muy bien a Kurama, pero por la
forma en que él escogía con quién hacer negocios, intuía que solo quería hacer
lo mejor para Nome, y la reparación del hospital, aparte de la asistencia
sanitaria para los turistas, también era importante para los habitantes. El
clima era cruel y las temperaturas muy bajas, pero la gente debía seguir su día
a día y eso podía ocasionar accidentes y, más frecuentes todavía, enfermedades
a causa del frío.
Se viera por donde se viera, le parecía evidente que
Kurama solo quería ayudar.
Se distrajo cuando volvió a escucharlo hablar.
—Así que, damas y caballeros, para echar una mano a
nuestros compañeros médicos y enfermeros, quisiera dar inicio a esta gala
benéfica que puede que también “beneficie” a más de uno —añadió con picardía,
haciendo que muchos soltaran una carcajada—. ¿Y qué mejor inicio que con
nuestro anfitrión? ¡Vamos, Naruto!, sube aquí.
El doncel se subió al taburete y la gente le aplaudió
y le lanzó todo tipo de halagos, algunos un poco subidos de tono por culpa del
alcohol, pero Naruto no lo tuvo en cuenta. Iba vestido con un jersey negro que
resaltaba su pecho musculoso y se ajustaba a la figura curvilínea de su cintura
y sus caderas, y llevaba unos vaqueros azules que se ceñían a su trasero y sus
muslos de forma pecaminosa, finalizando su atuendo con unas botas de nieve
oscuras, que parecía llevar todo el mundo en esa casa.
Sasuke sonrió con pesar; le echaba de menos, a pesar
de los pocos recuerdos que tenía sobre ellos. Aún le quería, y haría todo lo
posible para recuperarlo. Pero, para eso, debía empezar por conseguir esa cena
y acercarse un poco más a Naruto. Inspiró hondo y se inclinó sobre la
barandilla, preparándose para la puja.
Kurama, junto a Naruto, apoyó una mano en su cadera y
preguntó:
—Bueno, ¿quién quiere empezar?
—¡Cincuenta dólares! —gritó alguien, un hombre.
La gente soltó una carcajada, incluido el propio
Naruto, mientras que el pelirrojo ponía los ojos en blanco.
—Fingiré que no he oído eso, Bill, sobre todo porque
sé que has sido tú quien ha abusado del alcohol de nuestro anfitrión. —El tal
Bill rio de buena gana, seguido por la gente. A juzgar por el ambiente, parecía
que todo el mundo en esa casa se conocía bastante bien—. ¡Vamos, caballeros!,
todos sabemos que Naruto es uno de nuestros donceles más hermosos y también el
más difícil, teniendo en cuenta que creo que ha rechazado a toda la población
masculina —dicho esto, la multitud rio, sabiendo que era totalmente cierto.
Naruto solo esbozó una media sonrisa incómoda,
recordando el motivo por el que no quería a un hombre en su vida. Para él, solo
había habido una persona, y ya no podía recuperarla.
Poco a poco, la gente empezó a pujar sumas de tres
números, bastante bajas a opinión de Sasuke, quien sabía que Naruto merecía
mucho más que eso. Aunque, pensándolo bien, aquella gente probablemente no
podía permitirse gastarse demasiado, cosa que por un lado le vino bien, ya que
eso le aseguraba que él ganaría esa subasta. Más tranquilo, pensó en una cifra
que pudiera ayudar al hospital, después de todo, el dinero le sobraba y
prefería gastarlo en una buena causa que en algo lujoso. De hecho, el único capricho
caro que se había permitido había sido el piano con el que aprendía a tocar.
—¡Quinientos setenta y cinco dólares, damas y
caballeros! —exclamó Kurama a la entusiasmada multitud—. ¿Alguien ofrece
seiscientos? ¿Nadie? —Tras una mirada rápida a los que habían pujado, inició la
cuenta atrás—. ¡Quinientos setenta y cinco dólares a la una!, ¡a las dos…!
—¡Siete mil dólares! —gritó Sasuke.
Sakura pegó un salto y lo miró como si se hubiera
vuelto loco, mientras que todos los presentes en aquella estancia se giraron a
la vez, buscando a la persona que ofrecía tanta cantidad de dinero.
Naruto, al reconocerlo, se sonrojó violentamente y
bajó la vista. ¿Qué diablos estaba haciendo Sasuke en la fiesta Kurama?, ¿quién
lo había invitado? Más le valía a Kiba que esto no fuera cosa suya porque de lo
contrario su querida y varonil moto de nieve acabaría pintada totalmente de
rosa.
Por otro lado, Kurama le sonrió a Sasuke con
satisfacción.
—¿Ha dicho siete mil dólares?
Este le devolvió la sonrisa.
—Sé que esa cifra es insultante para este doncel,
aunque creo que no hay bastante dinero en el mundo que pueda hacerle justicia
—dijo mirando a Naruto, cuyas mejillas enrojecieron aún más por el halago—,
pero espero que sea suficiente para ayudar al hospital.
La gente empezó a silbar y a exclamar cosas que
indicaban claramente que estaban encantados con ese flirteo, aunque el más
destacado fue Kiba, que también estaba entre los solteros subastados, el cual
chilló:
—¡Naruto, te has puesto rojo! —y se rio ruidosamente,
siendo acompañado por sus amigos Tenten y Lee.
El susodicho lo fulminó con la mirada, prometiéndose
ir esa misma noche a su casa para profanar su amada moto.
En cambio, Kurama, complacido por el rumbo que estaban
tomando las cosas, se dirigió hacia alguien que estaba entre la multitud.
—¿Tú qué opinas, Howard?
Un hombre alto y delgado buscó a Sasuke con la mirada.
—¿Cómo te llamas, forastero?
—Sasuke Uchiha.
Howard asintió y levantó su jarra de cerveza con una
sonrisa.
—¡Por Sasuke! —gritó, siendo coreado por todo el
mundo, que brindó a su salud. Sasuke supuso que eso quería decir que su
aportación había sido de mucha ayuda.
Kurama, que sabía que nadie daría una cifra más alta,
dio por finalizada la subasta de Naruto, a quien sonrió con malicia y le indicó
que fuera a charlar con su “novio por una noche”. Este le lanzó una mirada de
pocos amigos.
—Disfrutas con esto, ¿verdad? —le preguntó el rubio
cuando pasó por su lado.
El otro hombre no respondió, solo observó cómo iba
hacia las escaleras con seriedad. Sus ojos tenían un brillo decidido, estaba
dispuesto a terminar con aquella tontería de una vez por todas, no le importaba
lo que tuviera que hacer para que Naruto volviera a ser feliz, aunque durante
el proceso tuviera que sufrir un poco.
—Es por tu bien, Naruto —murmuró, sabiendo que no
podía oírle—. Todo lo que hago siempre es por tu bien.
—Sasuke, ¿podemos hablar un momento? —le llamó Sakura
antes de subir hasta el primer piso, taconeando el suelo con evidente
indignación.
Él suspiró, pero la siguió de todas formas. Cuando la
vio abrir una habitación y entrar en ella, Sasuke fue casi corriendo hasta la
puerta; ¿qué coño hacía metiéndose en una habitación ajena?, ¿acaso creía que
estaba en su casa o qué?
—Sakura, sal de ahí ahora —exigió, mirando nervioso la
estancia.
Era evidente que se trataba del cuarto de alguien:
todas las paredes de madera tenían un par de cuadros de paisajes, que Sasuke
pudo identificar como pertenecientes a Japón, Escocia y Estados Unidos; a su
izquierda, lo primero que vio fue una cómoda que sostenía una televisión y un
par de fotografías, seguido por un estrecho armario; enfrente, había una
ventana estrecha, pero que ocupaba toda la pared, dándole un toque moderno, y a
la derecha destacaba una gran cama con sábanas de color rojo oscuro con caracteres
japoneses junto a una mesita con una lámpara de noche y una fotografía. Todos
los muebles eran de un tono rojo burdeos, lo cual armonizaba muy bien con la
madera, dándole cierto aire elegante que le recordó al despacho de Kurama. Tal
vez la había decorado él mismo, después de todo, fue él quien compró la casa.
Sin embargo, Sakura estaba demasiado enfadada como
para pensar en que estaba invadiendo la intimidad de otra persona, o peor aún,
que podría estar en el mismo dormitorio de Kurama Kyubi.
—¿Qué demonios haces pujando por ese imbécil? —le
preguntó Sakura casi con un grito.
Sasuke se tensó por el insulto dedicado a Naruto. Ah,
no, por ahí no pasaba; podía soportar que ella se sintiera atraída por él y que
fuera un poco pesada en ese aspecto, pero no consentiría que dijera cualquier
cosa ofensiva sobre su doncel, sobre todo cuando no le conocía de nada.
Se acercó a ella hasta que sus cuerpos casi se
rozaron, pero no era algo erótico, cualquiera que los viera se daría cuenta de
que era una clara amenaza.
—En primer lugar, Naruto no es ningún imbécil y tú no
tienes que ir insultando a nadie, y menos a personas que no conoces, y,
segundo, pujaré si me da la maldita gana porque soy un adulto y gano mi propio
dinero, ¿está claro?
En otra situación, Sakura se habría encogido y habría
accedido de inmediato, pero estaba demasiado furiosa; no le cabía en la cabeza
que Sasuke hubiera pagado tal cantidad de dinero por un idiota cuya perra la
había atacado.
—Su perra es una salvaje, ¡se me tiró encima!
Sasuke se pinzó el puente de la nariz, pidiéndose
paciencia.
—Ya hablamos de eso esta mañana, Blue actuó así porque
tú empujaste a Naruto.
Sakura entrecerró los ojos, dándose cuenta de algo en
lo que no se había fijado hasta el momento.
—¿Por qué le llamas por su nombre?, no sois amigos ni
nada.
—Aquí no tienen tantas formalidades como en Japón
—respondió Sasuke con naturalidad. No pensaba decirle la relación que había
tenido con Naruto, no era asunto suyo—. Por si no te has fijado, esa amable
gente que ha brindado por mí me ha llamado por mi nombre apenas un segundo
después de conocerme.
Ella no terminó de tragárselo, pero tuvo que reconocer
que ahí tenía razón. De todas formas, seguía sin gustarle que hubiera gastado
tanto dinero en ese paleto, pues sabía que él jamás habría hecho algo así por
ninguna mujer o doncel. Durante el año que habían trabajado juntos, nunca le
había visto salir con nadie, y le preocupaba que de repente estuviera tan
interesado en alguien.
—Te gusta, ¿verdad? —le acusó.
Sasuke no lo pensó dos veces.
—Pues sí.
Ahí, Sakura palideció. Había esperado que Sasuke, con
lo orgulloso que era, lo negara en redondo, de modo que el hecho de que lo
hubiera reconocido tan abiertamente era alarmante. Ella había intentado que se
fijara en ella desde hacía un año, mientras que a ese pulgoso lo conocía de
solo cinco minutos, ¡cinco minutos!, ¡y ya le gustaba! No iba a permitirlo, y
pensaba usar su mejor carta.
Contuvo las ganas de sonreír.
—¿Y qué dirá tu padre cuando se entere de que has
donado siete mil dólares para estar con ese doncel? —Sabía que Fugaku entraría
en cólera, toda la empresa conocía su aversión hacia los donceles. Además, era
el padre y el jefe de Sasuke, no podría negarse a mantenerse alejado de ese
imbécil. ¡Ja!, era simplemente perfecto.
Sin embargo, no contaba con lo que Sasuke dijo a
continuación:
—Me importa una mierda lo que piense, por mí puedes
decírselo.
… En pocas palabras, Sakura se quedó blanca como la
cera.
—Pe-pero…
—Por cierto, me habría bastado dar seiscientos dólares
por Naruto para ganar la subasta, pero di esos siete mil para ayudar al
hospital —añadió Sasuke cruzándose de brazos.
Sakura enrojeció de rabia.
—¡Esa gente no es tu problema!
—No, pero si estuviera en su lugar, también me
gustaría que me echaran una mano. Y como puedo permitírmelo, les ayudo.
—Tu padre no te paga para que vayas haciendo obras de
caridad a unos extraños.
—No, me paga para que haga mi trabajo, cosa que al
menos yo hago, teniendo en cuenta que tú te has estado tomando este viaje de
negocios ¡como una especie de vacaciones para ligar! —acabó gritando. Ya está,
lo había dicho, pero es que ya no podía aguantarlo más. Sakura no había hecho
más que presionarlo: con sus estúpidos intentos de estar con él, el incidente
de Blue, la tonta discusión que estaban teniendo ahora, ¡y ese maldito vestido!
Ya tenía bastantes cosas en la cabeza como recuperar a Naruto y llegar a un
acuerdo con Kurama, no necesitaba estar más nervioso y ella lo estaba
agobiando.
Antes de que nadie pudiera reaccionar a sus palabras,
alguien carraspeó a sus espaldas. Naruto estaba apoyado en el marco de la
puerta con los brazos cruzados en una pose de tío duro (cosa un tanto extraña
en un doncel, pero a él le quedaba como un guante), mirándolos con mala cara.
—No podéis estar aquí —dijo, adentrándose en la
habitación.
Sakura, que también estaba de los nervios por la
discusión, le señaló furiosa con un dedo.
—¡Lárgate!
Naruto entrecerró los ojos y tensó los músculos.
—Esta es mi habitación, así que la que se larga eres
tú.
La mujer resopló y puso los brazos en jarra en actitud
altanera.
—Esto es propiedad del señor Kyubi.
El doncel se acercó más a ella. Sasuke, sabiendo que
Naruto era la última persona en la Tierra que se dejaría intimidar por nadie,
se apartó, dejándole paso. Pese a no ser un varón, el rubio era casi tan alto
como Sasuke y de figura atlética, por lo que podía ser inquietante si se lo
proponía. Y, de hecho, Sakura empezó a sentirse de esa manera en su presencia,
tal vez porque también percibió cierto parecido entre él y el señor Kyubi.
—Estás en mi casa —declaró Naruto en voz baja y
amenazante—, así que tienes dos opciones: o te vas de mi habitación por tu
propio pie, o yo mismo te echaré a la calle —dicho esto, la miró de arriba
abajo un momento—. No me será muy difícil, y a mis perros les gustará tener a
alguien con quien jugar. Te aseguro que Blue no se ha olvidado de ti.
Al oír eso, Sakura se encogió, recordando los blancos
y filosos dientes de ese perro negro. Se alejó de Naruto y se apresuró a salir
de allí, no sin que antes este le dijera:
—Por cierto, la próxima vez procura ponerte otra cosa.
No estamos en la playa.
Ella enrojeció enfadada, pero se fue de todos modos,
no queriendo que ese salvaje la dejara con los perros, aunque se prometió a sí
misma que se lo haría pagar caro.
Cuando Sasuke y Naruto se quedaron solos, este último
se quedó mirando la puerta con una ceja alzada.
—Menuda amiga tienes —comentó.
—No es mi amiga —replicó Sasuke con cierta dureza,
todavía agobiado con todo lo que estaba pasando. A pesar de eso, se dio cuenta
de la forma en la que había hablado y se pasó una mano por la cara, intentando
despejarse—. Lo siento, no era mi intención…
—Estás ofuscado —afirmó Naruto. Dudó un momento, pero
al final lo cogió de la muñeca con delicadeza y tiró suavemente de él para
llevarlo a la cama, donde lo instó a sentarse—. He oído parte de la
conversación mientras venía hacia aquí —explicó, un poco avergonzado por haber
escuchado pero, en su defensa, esos dos no habían sido muy discretos al hablar
tan alto e incluyendo un par de gritos.
Sasuke se pasó una mano por el pelo mientras Naruto se
sentaba a su lado.
—Lo siento, no quería fastidiarle la fiesta a nadie.
El doncel le sonrió con diversión y señaló la puerta,
donde se oía la poderosa voz de Kurama y a la gente chillando alegre por la
subasta.
—¿Oyes a esos escandalosos? Esa chica y tú
necesitaríais siglos para llegar a su altura —dijo, haciendo que Sasuke soltara
una risilla—. No te preocupes, nadie se ha enterado excepto yo. —Hizo una pausa
en la cual frunció un momento el ceño—. Ella está enamorada de ti, ¿sabes?
Sasuke esbozó una sonrisa que no le llegó a los ojos.
—Ella está enamorada de la imagen que tiene de mí. Es
distinto.
Naruto percibió cierta amargura en sus palabras.
—¿Por qué crees eso?
El otro hombre pensó en su primer día de trabajo en la
empresa de su padre. Si de por sí había sido desagradable el tener que
dedicarse a algo que claramente no le gustaba, el recibimiento por parte de
mujeres, donceles y algunos hombres, lo había hecho mucho peor.
—Sakura y yo somos compañeros de trabajo —comenzó—. El
primer día que entré al edificio, un montón de personas se quedaron mirándome
todo el tiempo, desde que entré por la puerta hasta el despacho, como si fuera
una especie de animal mitológico —dijo asqueado. No soportaba que lo miraran de
esa forma, como un trofeo a conseguir—. En la hora del descanso, más de la
mitad me invitó a comer, y ni siquiera sabían mi nombre. Entre ellas estaba
Sakura. —Bajó la mirada, un poco entristecido—. Solo ven al guapo, rico y
misterioso Sasuke Uchiha, el pobre hombre que perdió la memoria en un
accidente. Dan por supuesto que me enamoraré de ellas y que me convertiré en
una especie de príncipe azul. No saben nada de mí, por eso nunca he salido con
Sakura. Pierde el tiempo conmigo.
A Naruto le dolió saber eso. Sasuke era muy atractivo,
sí, pero la gente no tenía por qué quedarse solo en eso. Era una buena persona
que no merecía que la gente lo tratara de esa forma, como una especie de conejo
que hubiera que cazar, después de todo, esa mañana le había ayudado a defender
a Blue, y había donado siete mil dólares para el hospital. No, alguien como él
no merecía ese trato.
Incapaz de resistirse, le cogió la mano y se la
estrechó a modo de consuelo.
—¿Sabes?, me pasó algo parecido con mi primer novio
—le explicó, también sonriendo con pesar—. Al principio, parecía que todo iba
bien, pero una vez empezamos a conocernos mejor, me di cuenta de que él
esperaba de mí que fuera el típico doncel: afeminado, delicado, romántico hasta
rozar la cursilería… pero luego en la cama le convenía que fuera yo quien
llevara los pantalones —se quejó, hinchando un poco los mofletes con molestia,
cosa que hizo reír a Sasuke. Naruto le sonrió—. Nadie debería cambiar quién es
por otra persona.
Sasuke asintió. Naruto era perfecto tal y como era, no
entendía cómo ese idiota pudo querer cambiarlo.
—Por eso le dejaste —adivinó.
—Sí… Fue duro a su manera, el primer amor y todo eso,
pero a la larga fue mejor para mí —dicho esto, se rascó la nuca—. Aunque
entiendo que no a todos los varones les guste que un doncel no necesite ayuda
para defenderse, parece que eso hiere su orgullo masculino.
Él le estrechó la mano.
—Yo creo que es bueno que todo el mundo sepa
defenderse.
Y con eso logró que Naruto le sonriera divertido.
—¿Me estás diciendo que no te sentirías insultado si
yo te salvara de un atracador o algo así?
Le devolvió la sonrisa.
—Estoy seguro de que me quedaría con la boca abierta
—reconoció, recordando la paliza que ese doncel le dio a esos cuatro hombres
sin despeinarse—, y por supuesto, me sentiría muy agradecido.
—Mira por dónde, un hombre inteligente —bromeó Naruto.
—Por fin alguien que se fija en mi cerebro y no en mi
cuerpo —rio Sasuke, ganándose un golpe amistoso de Naruto en el hombro.
Entre ellos se creó una especie de burbuja en la que
solo estaban los dos. Durante el resto de la fiesta, estuvieron charlando en la
habitación de Naruto sobre cualquier tontería que se les pasara por la cabeza:
se burlaron de los estereotipos del hombre y el doncel perfectos para una
relación; hablaron un poco sobre sus respectivos trabajos, así fue como Sasuke
descubrió que Naruto se dedicaba a enseñar a los niños a ir en trineo y también
a dar paseos en el mismo a los turistas, momento en que él confesó que sentía
mucha curiosidad por los perros y el deporte, y el doncel le prometió
presentarle a sus amigos caninos y también a enseñarle lo básico para el
trineo; Sasuke alabó a Naruto por su actuación con la guitarra y este agradeció
su generosa aportación al hospital, pues era importante para la ciudad que
estuviera en perfectas condiciones antes de que las temperaturas cayeran aún
más abajo, y, por último, comentaron los detalles para la cena de mañana. En
vez de ser Sasuke quien recogería a Naruto, lo harían al revés, ya que el
Uchiha no tenía ni idea de dónde estaba el restaurante del que hablaba Kurama
y, además, sabía que el doncel no se tomaría bien que lo tratara según las
convenciones para mujeres y donceles.
Para ambos, estar el uno junto al otro era muy cómodo,
tan natural como respirar. Su relación era muy fluida y sencilla y sentían una
especie de conexión, como si alguien los hubiera moldeado el uno para el otro.
Y no eran los únicos que lo sentían, ya que tres
personas muy “curiosas” llamadas Kiba, Tenten y Lee, habían aprovechado que
Naruto había dejado la puerta abierta para acercarse sin ser vistos y escuchar
lo que decían. Y, a juzgar por sus sonrientes rostros, les gustaba mucho lo que
oían.
Kiba le dio un toquecito a Tenten en la pierna, ya que
él estaba agachado.
—¿Ves? Te dije que a Naruto le gustaba —susurró.
Tenten deseaba dar saltitos de alegría.
—Y Sasuke es perfecto para él. ¿Oís cómo hablan?, es
como si se les hubiera olvidado que hay una fiesta abajo, ¡me encanta!
Los ojos de Lee, por otro lado, llameaban de pura
emoción.
—¡Por fin hemos encontrado al yang de Naruto!, ¡la
persona con la que pasará la primavera de su juventud! ¡Síiiiiiiii! —esto
último lo dijo a voz en grito y con su puño en alto, haciendo que Kiba y Tenten
le taparan la boca apresuradamente.
—¡Chist!, que nos van a pillar —le reprendió Tenten.
—¿Has oído algo? —oyeron que preguntaba la voz de
Sasuke.
Los tres se pusieron tan tiesos como el palo de una
escoba.
—Debe de ser la señora Rose —dijo Naruto, quitándole
importancia—, lleva años tras Kiba y habrá ganado la subasta.
El aludido se sonrojó, un poco avergonzado. La señora
Rose era un encanto de mujer de setenta años que no tenía reparos en flirtear
con Kiba, llegando incluso a darle lo que ella llamaba una palmadita cariñosa
en el trasero.
—Mierda, ¿cómo lo ha sabido? —masculló el hombre.
—Se veía venir —dijo una nueva voz a sus espaldas que
los tres reconocieron.
Se giraron muy lentamente, encontrándose ni más ni
menos que a Kurama Kyubi apoyado en la barandilla de las escaleras con una
nueva copa de whisky en la mano. La sonrisa encantadora que les dedicaba les
provocó escalofríos, era como cuando tu padre te pillaba haciendo una
travesura.
Kiba y sus amigos se irguieron, intentando parecer lo
menos sospechosos posible.
—Hola, Kurama… —saludó este con la voz más aguda de lo
normal, un poco… asustado por la reacción de ese hombre. Toda la ciudad de Nome
y sus alrededores sabía que Naruto era algo así como el protegido de Kurama y
que este podía ser brutal si alguien se atrevía a hacerle siquiera un arañazo.
El pelirrojo señaló la pared que había tras ellos con
esa enorme sonrisa zorruna.
—Me alegra ver que os apasionan los paneles de madera
de la casa. Los escogí yo personalmente.
—Ah… —Kiba no estaba muy seguro de qué decir, porque
estaba bastante claro que ese hombre sabía exactamente lo que estaban haciendo
en esa pared.
—Son muy… eh… elegantes —dijo Tenten, mientras que Lee
asentía con rapidez.
Sin dejar de sonreír, Kurama tomó un sorbo de su
bebida.
—Para mí será un placer asesoraros en temas de
decoración. Sé que no es habitual en un hombre, pero adoro las reformas y
redecorarlo todo —dicho esto, señaló la planta baja con la cabeza—. Sin
embargo, creo que lo dejaremos para otro día. Me parece que la señora Rose te estaba
buscando, Kiba, sé un caballero e invítala a bailar. En cuanto a Lee, estoy
convencido de que todos estamos expectantes por verte en acción en el escenario
en compañía de Tenten.
—¡Sí, señor! —dijo Lee, haciéndole el saludo militar y
cogiendo de la mano a Tenten para llevarla a las escaleras—. ¡Vamos, Tenten!,
¡demostrémosles quién es la bestia verde de Huairou!
En cuanto los tres desaparecieron por las escaleras,
Kurama comentó para sí mismo con una gran sonrisa:
—Qué chicos tan divertidos —dicho esto, cogió las dos
cervezas que había junto a sus pies y fue a la habitación donde estaban Naruto
y Sasuke. Estos dos estaban tan enfrascados en su conversación que no se dieron
cuenta de que las dejó sin hacer ruido en la cómoda, ni tampoco de que juntó la
puerta para darles un poco más de intimidad.

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