Capítulo 23. Quinta fase: Extracción
Night
jamás pensó que llegaría a contemplar una escena como la que estaba
presenciando. En cuanto los caninos, felinos y pocos úrsidos que había en la
sala de los heridos accedieron a dar su confianza a los humanos que habían ido
a salvarlos, Ellie los liberó a todos, incluso a aquellos que estaban tan
débiles que no podían ni moverse de la cama, o a los más graves.
Después,
había entrado Dylan, se había presentado brevemente y les había explicado lo
que iba a ocurrir: primero, que los hombres que estaban a punto de entrar eran
asistentes que podían dar unos cuidados básicos a sus amigos y que los expertos que
podían salvarlos estaban fuera de las instalaciones, así que
necesitaba saber quiénes estaban más graves y que les ayudaran a transportarlos
con el mayor cuidado y rapidez posibles. Después, les hizo una pequeña
descripción de lo que verían, de que los médicos que había afuera no eran como
los de las instalaciones pese a que vistieran parecido, el tipo de preguntas
que les harían, los vehículos en los que subirían y que los llevarían a un
lugar seguro donde estarían todos a salvo y bien atendidos.
Night
pudo oler el miedo en el aire, pero la firmeza de 305 y de la úrsida ayudaron a
que todos los demás se mantuvieran en su sitio cuando los enfermeros militares
invadieron la sala. Dylan gritó órdenes para que atendieran de inmediato a 396,
a un felino que también estaba inconsciente y a la canina que se encontraba
débil. Al resto, Dylan los envió con los otros pacientes, que respondieron un
tanto confundidos a las preguntas que les hacían los humanos, poco
acostumbrados a que estos los escucharan y que parecieran preocupados por su
estado.
Aparte
de ellos, Ellie pasaba por todos y cada uno de los pacientes para asistir a los
enfermeros y darles un informe completo de su estado para que les resultara más
sencillo cómo actuar, y Tyler se había ido corriendo con Rick y el equipo de
Shawn a por todas las reservas de Aclepsis que pudieran llevarse del
laboratorio y trasladarlas a los camiones donde Ethan y su equipo de médicos
esperaban preparados para atender cualquier emergencia.
Mientras
tanto, él se mantenía al margen junto a 345, 373 y 322, contemplando a su gente
mezclándose con humanos de forma no violenta por primera vez en su vida.
—Es
increíble —dijo 373—. Nunca creí que esto pudiera ser posible.
—Ni
tú ni nadie —resopló 322, que no apartaba sus ojos de Ellie.
—¿Qué
haremos ahora? —preguntó 345.
—Aún
faltan muchos de los nuestros por liberar —respondió Night, señalando hacia
arriba con la cabeza—. Tendremos que convencerlos de que estos humanos no
quieren hacernos daño.
—Será
más difícil que aquí —dijo 322 con el ceño fruncido—. Arriba no hay heridos.
—Pero
tiene que haber alguien que esté preocupado por los que están aquí —dijo 373.
Night
contempló esa posibilidad. Era cierto que había sido la preocupación de 305 lo
que les estaba ayudando a sacar a su gente de ese sector y era probable que en
los otros ocurriera algo similar. Podían usarlo a su favor para convencer a los
demás para acompañarlos y que salieran de sus jaulas. Ver que no les ponían
restricciones podría darles la suficiente confianza en los humanos como para ir
con ellos sin hacer daño…
—¡Dylan!
—gritó un enfermero.
Tanto
este como Ellie corrieron junto al que había gritado. Night palideció al ver
que se trataba de 396. 305 estaba a su lado, pálido y claramente asustado.
—¿Qué
pasa? —preguntó la mujer.
—No
encuentro sus signos vitales.
—¿Qué
significa eso? —preguntó 305.
Ellie
lo miró con ojos llorosos mientras Dylan lo comprobaba.
—Que
se está muriendo.
305
tembló y se acercó más a su amigo. Dylan en cambio, soltó una maldición y
gritó:
—¡Camilla!
—dicho esto, se levantó—. Hay que llevarlo con los médicos ya.
—Necesitaremos
al menos seis hombres para llevárnoslo —dijo el enfermero que estaba a su lado.
—Yo
puedo ayudar —se ofreció 305.
Ellie
le tocó un brazo.
—No,
305. Aún no estás recuperado…
—Me
curaré. Puedo ayudar —dijo el úrsido, sin aceptar un no por respuesta.
—Yo
también. —La hembra úrsida se levantó de su camilla, alejándose de la enfermera
que la estaba examinando—. El médico dijo que mañana debía volver a mi jaula,
así que puedo hacerlo.
—Dejadlos
—ordenó Dylan— o no podremos moverlo lo bastante rápido. Luego nos ocuparemos
de sus heridas.
La
camilla llegó entonces y todos vieron con el corazón en un puño cómo se
llevaban a 396 con la inestimable ayuda de 305 y la úrsida. Después, sin perder
el tiempo, dos camillas más se llevaron al felino y a la canina, que, pese a
estar más estables, necesitaban atención médica. Finalmente, Dylan recibió el
informe completo de Ellie y los enfermeros y dio las gracias a los pacientes
por ayudarlos. Entonces, les dijo que era el momento de salir de allí y les
pidió que lo siguieran aquellos que pudieran moverse. A los que no, los
enfermeros les trajeron más camillas o sillas de ruedas.
Night,
al ver sus rostros asustados, les pidió de nuevo que confiaran en él. Les dijo
que lo que había fuera podía asustarles, pero que todo iría bien si seguían las
instrucciones de Dylan. Les prometió que iban a ser libres y que iban a
recuperarse.
Una
vez el sector se quedó vacío, tanto él como sus compañeros se quedaron un
momento a observar aquella gran estancia. Una sala llena de dolor, en la que
habían visto morir a muchos de los suyos, en la que habían sido testigos de
cómo sus amigos perdían la cordura o la voluntad de vivir. En la que se habían
dado cuenta de que, pese a ser más fuertes, pese a sus sentidos, estaban a
merced de los médicos y los técnicos. Era un lugar donde reinaba el dolor y la
impotencia, donde todos se habían desmoronado alguna vez.
Pero,
ahora, estaba vacío. Habían conseguido sacar a su gente de allí. Y, con un poco
de suerte, sería la última vez que uno de los suyos estaría en ese maldito
lugar.
—Chicos
—los llamó Zane con suavidad—. Tenemos que irnos. Aún no hemos acabado.
Night
se dio la vuelta sin mirar atrás de nuevo. Los demás le siguieron. 322 fue el
último en ir tras ellos, observando la camilla desde la que había visto a Ellie
por primera vez. Unos guardias lo habían apalizado después de romperle la nariz
al doctor Trent cuando fingió seguir drogado en un intento de escapar. No lo
consiguió, pero, tras su castigo, conoció a Ellie. Desde aquella camilla, fue
consciente de su amabilidad, de su preocupación por su pueblo, de la dulzura con
la que curaba sus heridas. Siempre fue buena con él y veló por su seguridad,
hasta el punto de impedir que un técnico lo violara.
Mientras
tanto, Zane ya había salido y había activado el intercomunicador.
—Charlie
para Alfa. El sector cuatro está limpio, los rehenes se dirigen hacia el
exterior. Pasamos al sector tres.
—Recibido,
Charlie —le respondió Vane—. Uno de nuestros colaboradores debería estar allí.
Deja a cuatro hombres en el sector para que recojan toda la información que
encuentren.
—Entendido,
Alfa —dijo Zane.
—Shawn y su equipo
se separarán de vosotros. Tengo un trabajo para ellos, ya han sido informados. ¿Tu equipo puede
proteger a Night y los demás?
—Sin
problema.
—Entonces,
quedan bajo tu cuidado. Mantenme informado.
—Recibido,
Alfa —dijo cortando la comunicación.
—Zane
—lo llamó Night—, ¿era Vane?
—Sí.
A medida que avanzamos, nos coordina dándonos órdenes y la información que
necesitamos. Ahora, debemos seguir. No podemos permanecer aquí cuando amanezca.
—¿Qué
ocurrirá si amanece entonces? —preguntó, inquieto de repente.
—Que
llamaremos demasiado la atención de otros humanos. Y eso no será bueno ni para
tus amigos ni para nosotros. Así que pongámonos en marcha, aún tenemos tres
sectores que limpiar —dicho esto, seleccionó de inmediato a cuatro hombres de
su equipo y les transmitió las instrucciones de Vane antes de ordenar la marcha
del resto de su grupo.
Esta
vez, se movieron más rápido por las escaleras hasta el piso superior. Las
puertas blindadas del tercer sector ya estaban abiertas de par en par y aún
podía verse a los hombres de Aaron llevándose a rastras a los guardias
inconscientes. 373 les gruñó, enseñando los dientes, aun sabiendo que no podían
oírlo.
—¿Qué
ocurrirá con ellos? —preguntó 322.
Zane
respondió antes de que Night pudiera abrir la boca.
—Les
hemos preparado sus propias jaulas.
373
esbozó una amplia sonrisa.
—Me
encanta la idea.
—¿Verdad
que sí? —Zane soltó una risita, pero, al segundo siguiente, se detuvo y aferró
su arma con fuerza—. ¡Viene alguien! ¡Charlie y Eagle, atentos!
Night
y sus compañeros se agacharon, tal y como les había enseñado Shawn, al ver que
todos los soldados levantaban sus armas, preparados para disparar. Night
escuchó lo que había oído Zane, pasos.
Muchos
pasos.
Pero,
a diferencia de Zane, él olió quiénes eran y se levantó.
—Zane,
espera. No son humanos.
—¿Qué?
—masculló este.
—Son
de los nuestros —dijo 345, también sorprendido.
Entonces,
vieron otra escena que ninguno de los cuatro se habría atrevido a soñar. Tras
una esquina, apareció de repente un macho humano, pequeño y muy delgado,
vestido con la indumentaria blanca propia de los médicos, seguido de un montón
de hembras de su especie. Todas estaban libres de cadenas o restricciones de
cualquier tipo y llevaban por encima batas de médico que les cubría la parte
superior del cuerpo hasta los muslos.
Al
ver a los hombres armados, todas gruñeron y se agazaparon. Una hembra canina
agarró al macho humano y lo protegió tras su cuerpo.
Night
y 322 fueron los más rápidos a la hora de saltar delante de Zane y los demás.
—¡No
ataquéis! —gritó—. ¡No os harán daño!
Zane,
al comprender lo que estaba pasando, ordenó a todo el mundo que bajara las
armas. Las hembras, aunque confundidas, relajaron su postura y la canina soltó
al humano. Este, al reconocerlo, sonrió.
—¡354,
estás bien! —dijo, acercándose al trote hacia él. La hembra canina, a la que
reconoció como 312, fue pegada tras él, mientras que las demás también le
siguieron, aunque con un poco más de reticencia—. Tyler me había dicho que
estabas sano y salvo, pero no te había visto desde que te sacamos de aquí y me
tenías un poco preocupado…
—Estoy
bien —respondió Night con el ceño fruncido, todavía confuso por la situación—.
¿Qué está pasando?
El
humano echó un vistazo a las hembras, luego a los soldados y se sonrojó.
—Bueno,
es que los soldados ya habían neutralizado a todos los guardias, así que dejé
salir a las chicas.
Night
miró a 312.
—¿Y
vosotras le habéis hecho caso?
Esta
asintió sin pensar.
—Norm
siempre ha cuidado de nosotras —dicho esto, lo observó un momento—. El primer
día que llegó aquí, tenía que hacerme las pruebas. Él estaba horrorizado y se
negó a hacerlas. Decía que no estaba bien y que me haría mucho daño, les gritó
al médico y a los técnicos que lo que hacían estaba mal. Le dieron una paliza
delante de mí. —Sus ojos dorados se clavaron en Night—. Él hizo todo lo posible
para que no sufriéramos y se enfrentaba a los guardias cuando nos violaban, a
pesar de que siempre lo golpeaban. Intentaba salvar a las nuestras —dijo,
apretando los puños—. Lloraba cuando perdía a una de nosotras.
Las
hembras, ya a espaldas de Norm, asintieron.
—Él
nos dijo que vendríais a sacarnos de aquí —dijo una enorme úrsida, que lanzó
una mirada de pocos amigos a los soldados—. Dijo que vendrían otros humanos
armados, pero que no debíamos tenerles miedo, que estaban aquí para liberarnos.
Nosotras confiamos en Norm…
—Y
podéis confiar en ellos también —aseguró Night con convicción—. A mí me sacaron
de aquí y ahora acaban de sacar a todos los heridos.
—¿Viste
a una canina? —preguntó una hembra de la misma raza con evidente preocupación—.
Un guardia intentó violarla y ella lo mató. La golpearon por ello.
Night
asintió.
—Sí,
los humanos la están curando. También había una úrsida, pero ella estaba
bastante mejor. Ayudaba a otro úrsido a llevar a uno de los nuestros que está
muy grave, un úrsido pálido.
—396
—susurró la úrsida. Sus ojos eran tristes.
—Harán
lo que puedan por él —prometió.
La
úrsida lo miró con el ceño fruncido.
—¿Los
otros úrsidos ayudaron a los humanos porque lo decidieron? —preguntó, echando
un rápido vistazo a las potentes armas de fuego que llevaban Zane y el resto de
soldados.
Night
asintió.
—305
estaba muy preocupado por 396 y aceptó confiar en los humanos a cambio de que lo
salvaran.
—¿Has
dicho 305? —preguntó una felina que avanzó un paso. Las otras, al escuchar su
número, también se sobresaltaron y le prestaron más atención.
Él
se limitó a asentir. Supuso rápidamente que 305 era uno de los machos a los que
llevaban a las pruebas de fertilización de las hembras para ver si podía
engendrar hijos.
Estas
se miraron entre sí un momento y susurraron palabras de preocupación. 312 las
hizo callar con un gruñido breve.
—Iremos
con los humanos. Norm siempre ha cuidado de nosotras y 305 ha confiado en ellos
—dicho esto, miró directa a Zane—. ¿Qué pasará cuando vayamos con vosotros?
Zane
se quitó el casco para que vieran su rostro. Night no supo si lo hizo para que
se le escuchara mejor, aun siendo consciente de los sentidos agudos de su
gente, o por si intuyó que mostrar su rostro las calmaría al poder
identificarlo.
—Si
alguna de vosotras está herida, la llevaremos con unos hombres que se ocuparán
de curarla. Si estáis todas en condiciones, os llevaremos a un vehículo, es una
máquina que sirve para transportar gente a gran velocidad a otro lugar. No os
preocupéis, no os separaremos, y el lugar al que os llevamos es un sitio seguro
donde podremos alejaros de otros humanos y donde estaréis con vuestra gente,
con todos ellos. Si estáis preocupadas por vuestros amigos heridos, os dejarán
verlos y estar con ellos en cuanto hayan terminado de curarlos —dicho esto,
sonrió—. ¿Suena bien?
312
parpadeó, un tanto sorprendida. Norm le tocó la espalda con delicadeza y le
sonrió.
—Te
dije que iban a ayudaros. Por favor, confiad en mí una vez más. Seréis libres
por fin.
La
hembra intercambió una mirada con el resto de sus compañeras. Estas parecían
más decididas que antes. Ella asintió.
—Está
bien, Norm.
Este
gritó de alegría moviendo un puño y luego la abrazó. Night levantó una ceja al
ver que ella lo rodeaba con un brazo. 312 vio su gesto y le sonrió.
—¿Celoso?
Él
soltó una risita.
—No
eres la única a la que le gustan los humanos.
Los
ojos de su amiga brillaron.
—¿El
humano que te salvó? ¿Ese tal Vane?
—¿Te
ha hablado de él?
—Norm
no habla de otra cosa desde hace días. Estaba muy emocionado.
Night
sonrió y observó al pequeño humano, que ahora se rascaba la nuca con un pequeño
sonrojo.
—Gracias
por llevarme con Vane, Norm —le dijo de corazón.
Este
sacudió la cabeza y sus ojos se volvieron tristes.
—Ojalá
lo hubiéramos podido hacer antes. Habríamos salvado a más de vosotros… —Su voz
se extinguió de repente y sus ojos se llenaron de lágrimas. 312 lo abrazó un
poco más y la úrsida puso una mano sobre su cabeza.
—Hiciste
todo lo que pudiste por ellas.
—No
te sientas mal, Norm —dijo una felina que estaba cerca.
A
Night se le hizo tierno el modo en que todas las hembras parecían apreciar al
pequeño macho. Ellas pasaban por las peores pruebas de todos, como demostraba
el hecho de que cada vez que uno de los suyos se encontraba con una de ellas,
les informaran de que algunas compañeras habían muerto, bien por las pruebas,
las violaciones, las palizas o incluso por uno de los machos cegados por las
drogas. Como él.
Ellas
nunca se lo habían dicho, pero sospechaba que fue lo que ocurrió una vez. Y
sabía que sus amigas lo callaban porque no querían que los machos se culparan,
eran conscientes de que ellos no habían tenido ningún control sobre sí mismos.
Aunque no por ello era menos doloroso.
—Lamento
interrumpir, pero debemos irnos —dijo Zane, mirando a Norm—. Aún quedan dos
sectores más.
Este
se sobresaltó y echó un vistazo a su alrededor.
—¿Y
Tyler y Rick?
—Han
ido a por medicamentos para ayudar a los heridos a sanar.
—Yo
también ayudaré —dijo.
312
miró a Night.
—¿Qué
es eso de los sectores?
—Que
aún hay más de los nuestros por liberar.
Su
frente se arrugó.
—¿Son
muchos?
—Todos
los machos —respondió 345—, salvo aquellos que estaban entre los heridos.
—¿Podemos
ayudar de algún modo? —preguntó la úrsida.
Night
miró a Zane, que se encogió de hombros.
—Vane
te encargó a ti esa tarea. Tú mandas —dicho esto, levantó el dedo índice—, pero
si vienen con nosotros, no pueden ser todas. Son un grupo demasiado grande, nos
hace vulnerables.
—Creía
que ya no quedaban enemigos —dijo 322 con el ceño fruncido.
—Se
supone que no, pero aún no hemos encontrado a Polanitis —gruñó Zane.
—¿Polanitis?
—preguntó 373.
—Es
el hombre que dirige todo esto. Todo lo que os ha pasado es por su culpa. Vane
no cree que tenga la fuerza necesaria para detenernos, pero no quiere correr
ningún riesgo.
345
lo meditó un momento y tocó a Night en el brazo.
—Nuestra
gente aprecia mucho a las hembras. Son pocas en comparación a nosotros y por
eso las protegemos. Creo que pueden ayudarnos a convencer a los demás de que
acompañen a los humanos.
373
asintió.
—Estoy
de acuerdo.
Night
imitó su gesto y se dirigió a Zane.
—¿Cuántas
pueden acompañarnos?
—Tres.
Al
escuchar la respuesta, se giró hacia 312.
—Necesitamos
tres hembras que tengan bastante influencia entre los machos para convencerlos
de que vengan con nosotros. Los humanos quieren ayudarnos, pero los nuestros
podrían atacarlos y ellos se verían obligados a defenderse.
—No
vamos a matar a nadie —añadió Zane con seriedad—, solo queremos llevaros a un
lugar seguro para vosotros. Pero si nos atacan tendremos que sedarlos y no
queremos llegar a eso. Queremos demostraros que estamos aquí para protegeros.
312
escuchó con mucha atención a Zane. Después, ladeó la cabeza con el ceño
arrugado, pensativa, y, por fin, asintió para sí misma y se giró hacia sus
compañeras.
—382
y 306, ¿me ayudáis?
Una
felina y la úrsida que había hablado antes se adelantaron.
—Quiero
la libertad que nos han prometido —dijo la felina—, y nuestros temperamentales
machos no van a fastidiarlo.
306
cruzó los brazos.
—Confiaremos
en vosotros. Por Norm, 305 y los machos que están aquí diciendo que podemos
hacerlo —dijo señalando a Night y los demás.
Zane
inclinó la cabeza.
—Os
lo agradecemos. Seremos dignos de esa confianza —prometió.
Entonces,
Norm se separó un poco de 312 y fue hacia Zane.
—¿Qué
debo hacer yo ahora? ¿Voy con las chicas en los camiones? Estarán más
tranquilas conmigo.
El
soldado clavó sus ojos azules en él con seriedad.
—Todavía
no. Aquí es donde se hacen las pruebas de fertilización, ¿verdad? Necesitamos
toda la información que tengas para asegurar el bienestar de las mujeres.
Algunos de mis hombres te ayudarán. Después, te llevaremos con ellas y podrás
explicarles cómo será el viaje y cómo se pueden sentir, ¿de acuerdo?
—¡Sí,
señor! —asintió Norm con rapidez y entusiasmo. Después, les pidió a 312, 306 y
382 que tuvieran cuidado y que siguieran las órdenes de Zane, y, al resto de
hembras, que no tuvieran miedo, que estaría con ellas en cuanto terminara allí.
De
ese modo, el equipo Eagle se ocupó de escoltar a las rehenes hacia el exterior
mientras que Charlie siguió avanzando escaleras arriba en compañía de Night y
los demás, que les explicaron a sus tres acompañantes cómo debían moverse y
actuar en caso de que hubiera un ataque. Por fortuna, no hubo ningún peligro
hasta que llegaron al siguiente sector, que había sido despejado por Delta,
donde Night se rencontró con Kasey, que se alegró mucho de verlo sano y salvo y
le aseguró, de nuevo, que Vane y Max no corrían ningún peligro y que Ethan
estaba más que preparado para salvar a su gente, igual que él.
Después,
se dividieron en grupos para ir más rápido por las jaulas, en cada una de las
cuales había un grupo de cuatro machos, como fue el caso de Night y sus amigos.
322 fue con 382, 345 con 306 y Night fue con 312 y 373. Gracias a la ayuda de
las hembras, la actitud pacífica de Zane y sus hombres y ver que más de los
suyos estaban libres, los machos fueron cediendo poco a poco y acabaron por
seguir a Kasey y sus hombres hasta los camiones. Además, saber que sus
compañeros heridos estaban ya en manos de los nuevos humanos fue un buen
aliciente para ir con ellos en un intento de protegerlos.
Night
solo esperaba que ese viaje y el lugar que había escogido Vane para su gente
fuera suficiente para mejorar su confianza en ellos.
De
todos modos, el éxito que tuvieron en ese sector los entusiasmó y les dio más
confianza para seguir con su plan. Estaban felices porque nadie había recurrido
a la violencia, ni los suyos ni los humanos, eso quería decir que su gente
estaba a salvo y que Zane y sus hombres mantenían su palabra y que, después de
todo, sí estaban de su parte.
De
esa forma, llegaron por fin al primer y último sector. De nuevo, se dividieron
para ir más rápidos y, al igual que antes, los machos, aunque les costaba un
poco al principio, al final acababan por hacer lo que Night y los demás les
pedían.
Por
fin, el grupo de Night, 312 y 373 llegaron a la última jaula que les quedaba.
Dentro, había cuatro machos felinos y, a diferencia del resto, les estaba
resultando muy difícil convencerlos de que fueran con Zane y los demás a pesar
de que ya habían salido de sus celdas.
—Vosotros
estáis fuera, nosotros también, los heridos, las hembras y otro grupo de machos
ya se ha ido y nadie ha salido herido —gruñó con impaciencia 373—, ¿qué más
necesitáis para creernos?
El
que más se resistía a confiar en ellos era 377. Era, sin duda alguna, el felino
más extraño que Night había visto nunca, verlo lo dejó muy impactado. Como 396,
sus pómulos eran más prominentes y su nariz más ancha y plana. Su piel era
clara, aunque no tan pálida como la del úrsido, y sus ojos grises tenían, como
todos los felinos, las pupilas ovaladas. Sin embargo, no había duda de que su
rasgo más característico era que tenía cola. Una cola larga y de pelaje espeso,
de color gris moteado. Estaba convencido de que, tanto él como los demás presentes,
necesitaron más de un minuto para acostumbrarse a sus constantes y nerviosos
movimientos.
Sus
otros tres compañeros, por otra parte, dudaban. Querían que su pesadilla
terminara de una vez, pero, al mismo tiempo, no podían ignorar del todo a 377.
312
cruzó los brazos a la altura del pecho.
—Puedo
asegurar que todas las hembras han salido sanas y salvas de aquí.
—¿Las
has visto hacerlo? —preguntó 377, paseándose de un lado a otro como un animal
enjaulado sin apartar la vista de ella. Parecía que no podía dejar de mirar la
bata blanca que Norm le había puesto para proteger su desnudez de los
soldados—. ¿Por qué llevas esa mierda puesta? Pareces uno de ellos.
312
levantó el labio superior, enseñando los colmillos.
—No
me insultes. Norm me lo…
—¡¿Norm?!
—bramó, enfurecido—. ¡¿Un humano?! ¿Cuándo aprenderéis la lección? ¿Cuándo os
daréis cuenta de que todos juegan con nosotros? ¡Lo único que quieren es
hacernos daño!
—Eso
no es cierto, 377 —dijo Night, intentando tranquilizarlo—. Fueron unos humanos
los que me sacaron de aquí, estuve fuera durante mucho tiempo, seguro que lo
has oído.
377
clavó sus furiosos ojos en él.
—¿Y
cuánto tiempo tardaste en volver a tu jaula?
Night
arrugó la nariz.
—No
fue un truco. Vi a los humanos enfrentarse entre ellos, ¡los que me salvaron
recibieron disparos!
—¡Mentira!
—gritó el felino, parándose en seco y resoplando—. ¡Todo es mentira! ¿Cuándo os
daréis cuenta? ¡Nos engañan! Usan sus trucos humanos para manipularnos y
hacernos daño una y otra vez —gruñó y echó un vistazo a su alrededor—. Puede
que quieran llevarnos a otro sitio, pero será uno peor. —De repente, sus ojos
reflejaron pavor, un miedo profundo y arraigado con uñas y dientes en su mente.
Night y los demás pudieron olerlo. Su cuerpo se estremeció—. Nos separarán.
Esta vez, nos dejarán solos. Nuestro único contacto con los nuestros será para
las pruebas. Nos obligarán a hacernos daño los unos a los otros…
—377,
cálmate —dijo el felino que estaba a su lado, un macho de ojos azul oscuro. El
número 300 estaba tatuado en su pecho—. No dejes que el miedo nuble tu mente.
El
otro felino se alejó de él de un salto. Lo fulminó con la mirada.
—¿Ahora
estás de su parte?
300
frunció el ceño.
—Ya
nos han llevado otras veces a lugares diferentes y siempre nos sedan y nos
mantienen atados. Es raro que cambien su forma de actuar. Y más raro aún
después de que 354 saliera de aquí —añadió, mirándolo de reojo—. Los médicos
tendrían más cuidado con nosotros después de algo así. No nos dejarían salir de
nuestras jaulas de esta manera —dijo contemplando sus manos desnudas de
cadenas.
377
gruñó de forma peligrosa. Los otros dos felinos se tensaron.
—Escucha
a 300 —dijo 312—. Es listo, entiende cómo actúan los humanos.
—Ellos
tienen razón —dijo el felino que estaba al lado de 300. Sus ojos eran muy
llamativos, de un azul intenso con bordes dorados en los irises. Llevaba el
número 333 marcado en el pecho—. 300 suele acertar en lo que se refiere a los
humanos. Escuchemos lo que tengan que decirnos.
—¡No
lo haré! —gritó 377, gruñendo—. ¡No me engañarán más! ¡No me obligarán a hacer
daño a nadie!
—Nadie
va a hacer daño a nadie —trató de tranquilizarlo Night, que se acercó un paso—.
Por favor, yo he estado fuera un tiempo, sin restricciones, ni drogas, ni
golpes. Estos humanos me cuidaron y me enseñaron el mundo que hay fuera de aquí
sin pedir nada a cambio. Solo tienes que…
—¡MIENTEN!
—rugió 377 antes de abalanzarse sobre él.
Él
se agazapó de forma instintiva y se preparó para recibir el golpe, pero, de
repente, algo chocó con 377 y lo tiró al suelo. Ambos se gruñeron y giraron en
el suelo, tratando de inmovilizar al otro.
—¡373!
—gritó Night, que se lanzó sobre ellos para intentar separarlos.
—¡377,
para! —lo llamó 333.
—¡Estás
haciendo justo lo que no querías hacer! —dijo 300 mientras agarraba uno de los
brazos de su compañero.
Mientras
todos intentaban separarlos, Night vio por el rabillo del ojo que Zane estaba
preparando una pistola de sedantes.
—¡No,
Zane! ¡Espera! —gritó. Quería que le dejara arreglarlo. Vane le había dicho lo
importante que era que los humanos no arremetieran contra su gente, para que
pudieran confiar en ellos. Era cierto que 377 no se lo estaba poniendo fácil,
pero no quería recurrir a los sedantes a menos que no tuvieran otra opción.
Zane
asintió y ordenó a todo el mundo que se mantuviera al margen. Sin embargo, se
dio cuenta de que se había quedado con la pistola.
Gruñó
cuando recibió un codazo en la cara por parte de 373. Él y 312 estaban
intentando contenerlo mientras que los otros tres felinos luchaban para
separarlo de 377. Sin embargo, este estaba fuera de sí, rugía con rabia, pero
de forma agónica, como si fuera su último ataque antes de morir.
—¡Joder!
¡No puedo con él! —maldijo 333.
—Night,
déjanos intervenir —le pidió Zane con seriedad. Night lo miró—. Le ocurre lo
mismo que a Vane. Así no podéis ayudarle.
—¿Qué
quiere decir? —preguntó 300.
Night
gruñó.
—Está
perdiendo su mente.
—Mierda
—masculló 333.
—¡Así
alguien acabará herido! —gritó 312.
Él
maldijo en su fuero interno. Se había confiado demasiado. Tendría que haber
sabido que habría alguno de los suyos que estaría al límite, no era la primera
vez que ocurría. Siendo así…
—¡Sédalo,
Zane!
En
un segundo, Zane ya estaba allí, y, con un movimiento rápido y preciso, pegó el
cañón de la pistola al cuello de 377 y disparó. A Night le sorprendió la
velocidad a la que se había movido para llegar hasta ellos y la facilidad con
la que se había ocupado de 377, le hizo preguntarse cuántas veces habría tenido
que hacer lo mismo con su Vane.
Un
sentimiento de tristeza lo atravesó, recordando su estado cuando tuvo aquella
pesadilla, su incapacidad para reconocerlo. Él ya estaba mejor, pero ¿qué
pasaría con 377? ¿Todavía estaban a tiempo de ayudarlo? ¿De sanar su mente?
Este,
por fin, se derrumbó y 373 se tranquilizó. Night le echó un vistazo rápido,
reparando en el mordisco en su brazo y su boca ensangrentada.
—¿Estás
bien?
Él
resopló.
—No
es nada.
Night
asintió y observó cómo los felinos se juntaban entorno a su compañero. La
preocupación era evidente en sus ojos y lo primero que hicieron fue comprobar
su respiración. Al sentirla, suspiraron de alivio y 300 miró a Zane.
—Gracias
por no matarlo.
El
hombre esbozó una pequeña sonrisa que no le llegó a los ojos. Night sospechó
dónde estaban sus pensamientos.
—Estamos
aquí para ayudaros. No queremos haceros ningún daño, aunque comprendo que os
resulte difícil de creer.
300
lo observó durante unos momentos más. Entonces, suspiró cansado y buscó los
ojos de Night.
—Quiero
creer en ellos. Tú has estado fuera y has convivido con los humanos. ¿Cómo fue?
Night
relajó los hombros y sonrió.
—No
fue fácil confiar en ellos al principio, estuve bastante receloso un tiempo.
Pero ellos me dieron buena comida, ropa con la que cubrirme, un lugar caliente
donde dormir cómodo y me sacaron al exterior sin cadenas, drogas y sin ningún
tipo de control sobre mí. —Se le formó un nudo en la garganta cuando recordó la
primera vez que vio el bosque. La primera vez que olió los árboles, la tierra
húmeda. La primera vez que corrió libre—. Es mucho mejor de lo que ninguno de
nosotros imagina. Por favor, dejad que os lo muestre.
333
y el otro felino miraron a 300. Este no lo meditó demasiado, asintió para sí
mismo y pasó un brazo de 377 por sus hombros. 333 imitó su gesto y, entre
ambos, lo levantaron.
—Iremos
con vosotros —dicho esto, sus ojos le echaron un rápido vistazo a su compañero
inconsciente—. ¿Qué pasará con él?
—Lo
mantendremos dormido hasta que lleguemos al lugar que será vuestro hogar.
—¿Hogar?
—preguntó 333 con el ceño fruncido.
Night
sonrió.
—Un
lugar que será nuestro. Donde viviremos.
300
parpadeó.
—¿Nuestro?
—Sí,
vuestro —dijo Zane, también sonriendo—. Será el lugar en el que dormiréis y en
el que podréis relajaros, también podéis comer allí si lo deseáis, aunque os
hemos preparado un área para que podáis comer todos juntos si lo deseáis.
Los
tres abrieron los ojos como platos.
—¿Todos
juntos? —preguntó el felino que aún no había hablado.
—Quieres
decir… ¿Todos nosotros? ¿Nuestra gente?
Zane
asintió con entusiasmo.
—Tendréis
muchas zonas en las que podréis estar todos juntos.
Los
felinos se miraron con los ojos brillantes, llenos de esperanza. 300 volvió a
mirar a Night.
—¿Esto
está pasando de verdad?
Él
asintió.
—Sí.
Todavía tenemos mucho que aprender sobre el exterior, pero, después de todo lo
que hemos pasado, será la parte fácil.
Al
escuchar eso, 300 volvió a mirar a Zane.
—¿Vosotros
nos enseñaréis?
Este
asintió.
—Ya
os lo he dicho, estamos aquí para ayudaros en todo lo que necesitéis.
Por
primera vez en su vida, 300 le dedicó una media sonrisa a un ser humano.
—Quiero
aprender.
—¡Esa
es la actitud! —aplaudió el hombre—. Y, ahora, ¿qué os parece si salimos de
esta mierda de sitio? No os preocupéis por 377, haremos que vayáis todos
juntos. Así, podréis estar con él cuando despierte. Se sentirá más tranquilo
con vosotros que con nosotros.
—Te
lo agradezco —dijo 300. Los otros dos felinos también dieron las gracias y
salieron de sus jaulas por su propio pie con mucho entusiasmo y los ojos
relucientes de esperanza.
Todo
el equipo Charlie los acompañó hasta las escaleras que conducían al piso de
arriba. Allí, Night se reunió con el resto de sus amigos: 322, 345 y las
hembras.
—¿Y
ahora qué hacemos? —le preguntó Night a Zane, que se puso serio.
—Vosotros
id a los camiones. Lo más importante es llevaros a vuestro nuevo hogar cuanto
antes para que estéis seguros. Nosotros acabaremos de recopilar toda la
información que haya aquí y… —De repente, se detuvo en seco y se tocó la
oreja—. Aquí Charlie, ¿qué ocurre?
Night
se sobresaltó al escuchar la voz de Vane.
—Shawn
y su equipo han encontrado a Polanitis. Envía a tu equipo con los rehenes y ve
con ellos. Max y yo vamos a entrar con Caleb y Daniel. Dylan y Kasey también
están en camino.
—Recibido
—respondió Zane antes de dirigirse a Night. Frunció el ceño al ver su expresión, los
labios apretados y la mandíbula tensa, pero no tardó en comprenderlo—. Todavía no me
acostumbro a que tengáis mejores sentidos.
—Quiero
ir con Vane —gruñó Night.
Zane
se encogió de hombros.
—Contaba
con ello —dicho esto, se puso serio—. Pero tus amigos deben ir a los camiones.
373 está herido y aún no tenemos a Polanitis bajo control.
—¿Crees
que es peligroso? —preguntó Night con cierta inquietud.
—Vane
teme que haga alguna locura ahora que ha visto que lo ha perdido todo. Los
hombres que se ven acorralados son los más peligrosos y él no quiere que tu
gente salga perjudicada.
Él
bajó la cabeza.
—Lo
entiendo. —Se giró y miró a sus compañeros—. Id con los humanos y haced lo que
os digan.
345
se adelantó un paso.
—No
quiero irme sin Tyler.
—Ni
yo sin Ellie —añadió 322.
Zane
se llevó una mano a la frente.
—Mierda…
No podéis venir todos, no sabéis cómo actuar, os pondríamos en peligro…
—Haremos
lo que nos digáis —prometió 345.
—Cualquier
cosa —asintió 322.
El
hombre los observó durante unos minutos. Ninguno de los dos amigos de Night
cambió un ápice su expresión, estaban decididos a quedarse en el lugar donde
habían sido torturados y encerrados hasta que sus compañeros salieran con
ellos. Al final, dejó escapar un suspiro.
—Vane
va a matarme. —Night sonrió. Zane lo vio y le gruñó—. No hagas eso, las
historias de amor me pueden —dicho esto, señaló a 322—. Dos de mis hombres te
acompañarán hasta la señorita Brower. Si ellos te dicen que te agaches, te
agachas, si te dicen que te escondas, te escondes, y si te dicen que corras,
corres como si te fuera la vida en ello, ¿lo entiendes?
—Sí
—dijo 322.
Zane
asintió y señaló a dos de sus hombres.
—Vosotros
dos, con él. Estamos en contacto. —Ambos asintieron y se llevaron consigo a
322, que les siguió con diligencia. Luego, el Hagel se dirigió al resto—.
Charlie, llevaos al resto. Dejad a las mujeres juntas hasta que llegue Norman
Spencer y que alguien atienda las heridas de 373. A partir de ahora, paso a
formar parte del equipo Alfa, ¿entendido?
—¡Sí,
señor!
Zane
puso a otro de sus hombres al mando del equipo Charlie y luego informó a Vane
de la situación. Pese a que no sonaba muy contento, acabó por aceptar la
decisión de su hermano y les ordenó que no se movieran de donde estaban. Al oír
eso, el corazón de Night se aceleró. Por fin podría ver a su macho.
345
puso una mano en su hombro y le sonrió.
—Al
fin podrás verlo.
—Solo
quiero que esté bien.
—Que
sí, hombre —dijo Zane, sonriendo—. Si no fuera así, no estaría dirigiendo todo
esto ni tampoco entraría aquí.
—¿Por
qué no lo ha hecho antes? —preguntó Night con cierta inquietud.
—Había
demasiados enemigos y Vane no quería arriesgarse a cometer un error debido a
sus heridas. Ahora, la instalación está despejada y el único que nos queda por
arrestar es Polanitis. En nuestro equipo hay gente de sobra que puede
neutralizarlo si fuera una amenaza.
—¿Crees
que lo es?
Zane
inspiró hondo y luego dejó escapar el aire despacio.
—Nuestro
mayor miedo era que hubiera dejado explosivos preparados para hacer explotar
todo el edificio. —Night se sobresaltó y se estremeció ante esa idea. También
pudo oler el miedo de 345—. Pero Vane lo descartó bastante rápido. Está
convencido de que no tiene intención ni las agallas para arrastrarnos a todos
con él. Sin embargo, tampoco quiere confiarse y prefiere capturar a Polanitis
vivo. Es una fuente importante de información.
—¿Qué
hay de lo que nos dejó Adam? —preguntó Night.
—¿Quién
es? —intervino 345.
Night
lo miró con tristeza.
—El
hombre que nos creó.
345
frunció el ceño, confundido.
—No
lo entiendo.
—Luego
te lo explico.
Zane
continuó:
—Sí,
el doctor Therian nos dio muchísima información que aún no hemos tenido tiempo
de analizar y estoy seguro de que, con la ayuda de Cooper y los demás, podremos
ocuparnos de vuestro bienestar, pero Vane quiere asegurarse de que ha eliminado
todo aquello que puede ser una amenaza para vosotros.
—En
otras palabras, que nadie fuera de aquí sepa de vuestra existencia.
Night
sintió que su corazón se detenía. Se giró con rapidez, mirando las escaleras.
Por ellas, Vane y Max bajaban vestidos con unos trajes negros idénticos a los
de Zane y sus hombres, con un cinto provisto de pistolas y cuchillos y los
cascos bajo los brazos.
—¡Vane!
—gritó Night, abalanzándose sobre él para envolverlo con sus brazos.
Vane
rio mientras se abrazaban. Ese sonido le provocó un nudo en la garganta. Eso y
sentir cómo sus brazos lo apretaban con fuerza contra él. Enterró la nariz en
su pelo y aspiró su aroma. No detectó signos de enfermedad, ni olores que le
dijeran que había sido drogado o que estaba herido. Parecía estar bien, sano y
salvo.
Se
le formó un nudo en la garganta.
—Vane…
—Ya
estoy aquí, Night —le dijo su macho. Sus manos enguantadas le acariciaron la
espalda en un intento de reconfortarlo. Se le llenaron los ojos de lágrimas.
Había llegado a pensar que nunca volvería a sentirlas sobre su piel, a sentir
el modo cariñoso y gentil en que lo tocaba. Se le escapó un sollozo—. Estoy
bien, no te preocupes. Y tu gente también lo está. Lo hemos logrado, Night, los
hemos salvado. Muy pronto estaréis a salvo en un lugar seguro.
Night
se separó un poco, solo lo necesario para poder mirarlo a los ojos.
—Sabía
que nos ayudarías.
Vane
sonrió y le acarició una mejilla.
—Pues
claro que sí. Soy tu compañero, ¿recuerdas?
Night
se quedó en blanco.
Su
compañero.
Vane
acababa de decirle que era su compañero. Que aceptaba sus sentimientos y los
correspondía. Que se pertenecían el uno al otro, para siempre.
—Vane…
—murmuró con la voz rota.
Este
tiró de él para abrazarlo con fuerza.
—Estamos juntos, Night. Ahora y siempre. Lo prometo.

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