Capítulo 2. Escapada a Lemillion

 


Katsuki escuchó a Izuku hablando con alguien durante tres minutos. Al parecer, esa noche el local estaba cerrado salvo para un grupo de Omegas que eran amigos del nerd, por lo que podrían tener privacidad. A Katsuki le preocupó que dichos Omegas mostraran interés en él, pero Midoriya debió de entender su expresión porque le aseguró que no los molestarían, de hecho, normalmente no permitían la entrada a los Alfas en noches como esa, pero el dueño era amigo suyo e iba a hacer una excepción con él.

En fin, no perdía nada por probar. Dudaba que pudiera haber algo peor que la fiesta de Pikachu. El que no apuesta, no gana.

—Listo, tenemos el local —dijo Izuku antes de mirar las puertas de cristal—. Aunque seguimos atrapados aquí. —Se rascó la cabeza—. ¿Cómo pasamos? No es como si pudiéramos disfrazarte con mi ropa.

Katsuki, que procuraba estar en un ángulo de visión desde el que no pudieran verlo desde dentro, echó un vistazo con cuidado, tratando de pensar en algo. Entonces, la Omega que había ido antes al balcón pasó lo bastante cerca como para que pudiera verla durante unos segundos.

La muy zorra.

No iba a mentir, estaba contento de que Midoriya no pareciera interesado en joder con él, pero no por ello había sido menos desagradable. Ojalá le hubiera dado una bofetada. Había sido un detalle que pensara en él, pero la bofetada habría sido mejor, mucho mejor. Mierda, habría pagado por verlo.

Al menos, le diría a Pikachu que la zorra estaba vetada. No quería volver a verla mientras estuviera en la ciudad.

A menos que fuera para ver a Midoriya darle la bofetada. Joder, ahora no podría dejar de pensar en ello. De verdad le había molestado, sobre todo teniendo en cuenta que el nerd era el Omega más agradable que había ido a esa fiesta y que, si tuviera que perder tiempo con uno, lo habría hecho sin duda con él.

Espera.

… Ah… Sí. Joder, sí. Eso era perfecto.

—Tengo una idea —dijo mirando a Izuku con una enorme sonrisa calculadora.

Este debió de notar algo, porque hizo amago de retroceder.

—¿Qué?

Sin dar ninguna explicación, Katsuki lo cogió de la mano.

—Tú solo sígueme la corriente, cariño.

… ¿Eh?

Al cerebro de Izuku le costó procesar, sobre todo, que alguien como Bakugo le hubiera llamado “cariño” así sin más, aunque, en cuanto tiró de él para meterlos de lleno en la cueva de lobos que era la fiesta y cómo todos se dieron cuenta de que iban cogidos de la mano, comprendió la táctica y enmascaró su sorpresa, siguiéndole el ritmo con naturalidad.

—¡Kats, estás aquí!

Izuku sintió que sus nervios florecían al ver cómo un hombre tan alto como Bakugo se acercaba. Su pelo rojo erizado y ojos del mismo color no dejaban lugar a dudas, ¡era Eijiro Kirishima! ¡El bajista de Dynamight y uno de los principales compositores de las canciones! Todo lo que había escrito le encantaba, era un Alfa sensible y caballeroso, pero con carácter, y sabía captar la atención del público. Durante el tiempo que estuvo soltero, ocupó el primer puesto del grupo en lo referente a con quién se casarían los Omegas, y, por supuesto, fue el primero en sentar cabeza.

—Peloraro —lo saludó Katsuki con un movimiento de barbilla antes de señalar a Izuku con ella—, me voy. Tengo cosas que hacer.

Eijiro se quedó con la boca abierta al fijarse en sus manos unidas.

Kats, su mejor amigo Kats, su mejor y malhumorado amigo Kats cogía firmemente a un pequeño Omega de la mano. A un Omega. Kats.

Necesitó unos cuantos segundos para poder recuperarse de la sorpresa, y, aun así, le costó decir algo coherente.

—Ah, esto… Umm, sí, claro. Disfruta —logró decir, todavía intentando encontrarle sentido a la situación.

El pequeño Omega le dedicó una tímida sonrisa y se despidió con la mano.

—Un placer, Kirishima —le dijo antes de que Katsuki tirara de él.

—Ah, ¡gracias por tu apoyo! —le gritó Eijiro antes de poner los brazos en jarra y sonreír.

Se alegraba un montón por Kats. Después de lo de Yuko, no había querido acercarse a un Omega ni en pintura. Esto le vendría genial para superarlo y poder conectar de nuevo con el género opuesto.

Además, el Omega no se parecía en nada a ella. Tal vez por eso lo había escogido a él de entre todos los que había allí. Sí, seguro que sería bueno para él.

 

 

Por otro lado, Katsuki no dejó de moverse, echando miradas hostiles a un lado y a otro que los fanáticos debieron de comprender, ya que no se interpusieron en su camino. Su tiempo de trabajar para ellos había terminado y ahora iba a disfrutar un rato con un Omega, seguro que no querrían que los mandara a la mierda por impedir que se fuera a follar.

Contuvo una sonrisa. El plan era genial.

Entonces, cerca de la salida, vio a la zorra. Tenía los ojos muy abiertos y parecía congelada en su lugar mientras miraba a Midoriya.

¡Ja! Chúpate esa. No había sido una bofetada, pero fue lo bastante satisfactorio. Aunque no tanto como cuando la mujer apretó los brazos contra sus costados con las manos convertidas en puños y los hombros tensos, lanzándole a Midoriya una mirada asesina.

No fue el único que la vio, Izuku también se había dado cuenta de la presencia de la Omega, como para no hacerlo si estaba intentando fulminarlo con los ojos.

Era cierto que su comentario de antes no lo había afectado. Él no había ido allí a llamar la atención de Bakugo ni de ningún miembro de la banda, en realidad, ni siquiera tenía interés en relacionarse con un Alfa más allá de la amistad.

Sin embargo… Bakugo tenía razón. No tenía por qué ser tan desagradable, él no había hecho nada malo, estaba tan tranquilo en el balcón sin molestar a nadie hasta que ella había llegado para despreciarlo.

Pues, ¿sabes qué, Omega? Que te den.

Sin pensar muy bien lo que hacía, le sacó la lengua, haciendo que la mujer abriera la boca indignada e incluso hizo amago de dar un paso hacia él. Sin embargo, las poderosas carcajadas de Bakugo la detuvieron.

Izuku lo miró sobresaltado. ¿Lo había visto?

Aun así, antes de poder preguntar, el batería lo sacó de la asfixiante sala y lo alejó del montón de gente que había reunida en la entrada, que se les quedó mirando sorprendida hasta que se perdieron tras una esquina. No se detuvieron hasta el ascensor y, ni siquiera entonces, Bakugo dejó de reír.

—¡No puedo creer que hayas hecho eso! —aulló de risa, agarrándose el estómago—. ¿Qué eres? ¿Un crío?

Izuku se cruzó de brazos, aunque se sonrojó un poco.

—¿Estabas mirando?

—Claro que lo hacía. Quería ver la cara de la zorra cuando me viera salir contigo —dicho esto, se le escapó otra carcajada—, pero no esperaba que le sacaras la lengua. Ha sido grandioso, casi tan bueno como una bofetada.

Izuku relajó los hombros, sintiéndose un poco mejor al saber que no se estaba burlando de él. Entonces, el timbre del ascensor sonó y los dos salieron a la planta de las suites. Katsuki caminó con decisión, yendo directo a su habitación con Izuku detrás.

—No sé si servirá de algo que me disfrace —gruñó—. No sé cómo lo hacen, pero de un modo u otro me reconocen, no importa lo que me ponga o la colonia que use.

Izuku lo observó un momento de arriba abajo.

—¿Siempre usas ropa tuya cuando te disfrazas?

—Sí.

El Omega asintió.

—Ese es tu error.

Katsuki frunció el ceño.

—¿Ah?

—Tienes que usar ropa que no sea de tu talla —dijo Izuku antes de señalarse la nariz—, y si no es tuya y tiene el olor de otra persona, mejor. Los paparazzis contratan a Alfas, Betas y Omegas con el olfato muy desarrollado para poder identificarte aunque uses disfraces o incluso colonia. Seguro que ya saben qué tipos de perfumes usas.

Katsuki hizo una mueca.

—¿En serio?

Izuku olfateó un momento.

—Tienes preferencia por los amaderados fuertes, ¿verdad?

Katsuki se detuvo un momento y lo miró estrechando los ojos.

—No serás periodista o algo así, ¿no? —preguntó con un tono más duro.

El Omega notó el cambio. Dolió ver de nuevo sus ojos enfurecidos, pero no podía culparlo. Ser perseguido constantemente por los medios era duro, y sabía que algunos podían usar trucos muy sucios con tal de conseguir una exclusiva. Sin irse muy lejos, un paparazzi lanzó cristales rotos en el jardín de la casa de All Might, junto a la piscina, mientras la hija de su mejor amigo estaba allí para que se cortara los pies y se viera obligado a salir para llevarla al hospital.

Esa clase de gente apestaba y podía comprender que Bakugo estuviera receloso de él.

Así que lo miró y esbozó una sonrisa triste.

—No. Soy dueño de una pequeña cafetería cerca del parque Odori. Pero, si te sientes incómodo, podemos separarnos aquí. Sin rencores.

Bakugo ladeó la cabeza, mirándolo fijamente, antes de relajarse de nuevo. Su rostro se suavizó.

—Te creo —dicho esto, una de las comisuras de su boca tiró hacia arriba—, tu reacción de fanboy fue demasiado buena como para ser una actuación. Y ese disco tuyo no se encuentra fácilmente.

Izuku se puso rojo, cubriéndose las mejillas con las manos.

—Lo siento, fui muy ruidoso.

Katsuki soltó una risilla.

—Para nada, nerd. Siempre es genial tener fans de verdad —dicho esto, puso los brazos en jarra—. Ahora, a ver, maestro del disfraz, ¿cómo lo hacemos para salir de aquí sin que se nos echen encima?

—Tienes gente de seguridad, ¿no? —Katsuki asintió—. Llama al más grande para que nos preste algunas cosas.

Katsuki obedeció, hizo la llamada y se volvió hacia Izuku.

—Está abajo conteniendo a los medios, pero, siendo como es, llegará en…

—¡Lleguéeeeeeeeee!

Izuku dio un salto al ver a un enorme Alfa, probablemente el más alto que había visto con sus más de dos metros, saliendo de una esquina y corriendo hacia ellos. Maldita sea, no solo era grande, sino que era robusto y puro músculo, hacía parecer pequeño incluso a alguien como Bakugo.

El hombre de pelo rubio y ojos ambarinos, vestido con un traje impoluto, llegó hasta ellos como una ráfaga furiosa de aire que se detuvo como un palo frente al batería.

—¡Ya estoy aquí, Katsuki! Dime qué necesitas —dicho esto, se fijó en Izuku, que lo miraba con la boca abierta, y relajó su postura—. ¡Oh! Estás con un lindo Omega, qué agradable sorpresa —dijo estrechándole las manos a Izuku y dedicándole una amable sonrisa—. Me llamo Taishiro Toyomitsu, pero puedes llamarme Taishi. Los amigos de Katsuki son amigos míos.

—Ah… Mucho gusto —logró decir Izuku. Para ser de seguridad, le pareció un Alfa bastante afable.

Katsuki gruñó.

—Fat, tenemos prisa.

Al instante, Taishi se puso firme.

—Sí, Katsuki. ¿Qué necesitas?

Este señaló a Izuku, al que miró con una sonrisa desafiante.

—Vamos a salir, y este de aquí cree que puede hacerlo sin que nos pillen.

Al oír eso, Taishi frunció el ceño.

—¿Seguro que quieres hacerlo por tu cuenta? Puedo pedirle a uno de mis chicos que me cubra e ir con vosotros.

—No pasa nada —dijo Izuku—, saldremos por la puerta principal sin problemas.

Taishi lo miró con los ojos como platos y, Katsuki, con escepticismo.

—Ni de coña —dijo este último.

Izuku se cruzó de brazos.

—Tienes mi palabra.

—¿Tanto te lo crees, nerd?

El Omega señaló su camiseta.

—Si tuviera una de esas, la apostaría.

Katsuki se miró la camiseta del concierto de All Might con el ceño fruncido, luego, volvió a observar el rostro decidido del Omega.

—¿En serio?

—Totalmente. Yo no me jugaría algo así si no estuviera seguro.

Katsuki esbozó una media sonrisa. Ah, mierda, esto se estaba poniendo emocionante.

—Está bien, lo haremos a tu manera. —Al ver que Taishi estaba a punto de decir algo, se giró hacia él—. Estarás en la puerta, vigilando por si acaso, pero no hagas nada a menos que vengan a por nosotros. Quiero ver qué hace —dijo, sonriéndole al Omega.

Izuku fue hacia el Alfa con decisión.

—Necesito una bufanda, la colonia que usas y una sudadera con capucha, cuanto más grande, mejor.

Los ojos de Taishi se iluminaron de repente.

—Oh, ya veo. Enseguida —dijo antes de meterse en su habitación.

Katsuki miró al Omega con interés.

—Entiendo lo de la bufanda y supongo que la colonia es para esconder mi olor, pero, ¿la sudadera?

Izuku sonrió.

—Para ocultar tu figura y tapar tu pelo —dicho esto, se contuvo de ensanchar su sonrisa—. Además, haremos algo que no falla.

—¿El qué?

—Tú solo sígueme la corriente, cariño —le dijo el Omega, batiendo sus pestañas hacia él.

Katsuki soltó una carcajada.

—Rencoroso.

Tras un instante de duda, Izuku sonrió divertido y le sacó la lengua, haciendo que el Alfa estallara de risa.

—Ah… Cada vez me caes mejor, nerd —dijo Katsuki mientras intentaba recomponerse—. Esta noche promete ser interesante.

Izuku relajó un poco más su postura al escuchar eso. Se alegraba por Bakugo. Los momentos en los que uno podía estar tranquilo y divertirse eran importantes, a veces, marcaban incluso la diferencia de tu estado de ánimo.

Esos momentos podían ser un refugio en un mar de tormento. Podían impulsarte hacia delante cuando la desesperanza te asolaba.

Sacudió la cabeza, queriendo quitarse de encima sus oscuras reflexiones. Tenía una importante escapada que planear junto a uno de sus ídolos, el hombre que precisamente había creado sin saberlo un refugio para él.

Esa noche, podía darle uno a cambio. No empezaría a cubrir siquiera la superficie de la gran deuda que tenía por ello, pero, al menos, era algo que podía darle. Así que tenía que estar centrado.

—¡Ya lo tengo todo!

El anuncio de Taishi lo reanimó y corrió a ver qué había traído mientras que Bakugo todavía estaba intentando controlar las carcajadas que se le escapaban de vez en cuando. Izuku esbozó una enorme sonrisa al desenrollar la sudadera.

—¡Es perfecta!

Taishi se cruzó de brazos con una expresión de pura satisfacción en el rostro.

—Lo sé. Nadie sospechará lo más mínimo.

En ese instante, la risa de Katsuki se había cortado. Estaba fulminando la prenda con sus ojos rojos.

—Ni hablar.

Izuku le sonrió.

—¡Oh, vamos! ¿Quieres salir un rato sin tener a periodistas encima? Esta es la manera.

Katsuki gruñó mientras contemplaba la sudadera. Era amarilla y tenía pintado en blanco sobre el pecho la enorme cara redonda de un alegre perro con las orejas caídas que sacaba la lengua. En la base, sobre el gran bolsillo para ambas manos, había dos huellas del mismo color.

—… Mierda —gruñó antes de arrebatársela a Taishi y señalar a Izuku—. Como hagas una sola foto, te mataré, nerd. Y más te vale que esto valga la pena.

Izuku intentó con todas sus fuerzas contener una sonrisa. Oh, Dios, lo intentó con tanta fuerza que la voz le tembló por las ganas de echarse a reír.

—Tienes mi pff… palabra —logró decir tras atragantarse una vez.

Katsuki le gruñó, pero se puso la dichosa sudadera. Entonces, Fat le tendió la bufanda.

—No olvides esto.

La cogió e hizo amago de ponérsela mientras refunfuñaba algo sobre las cosas que tenía que hacer para evitar a los putos paparazzi cuando se fijó en el dibujo. La bufanda era de color café y estaba decorada con huesos blancos y huellas de perro negras.

La vena de su sien empezó a palpitar a la vez que escuchaba al maldito nerd y al jodido Fat haciendo ruiditos de mierda que se parecían de un modo sospechoso y muy molesto a risillas.

Se giró hacia ellos.

—¡Callaos, joder! ¡O a la mierda con esto!

Fat se puso recto en el acto, pero Izuku rio alegremente al mismo tiempo que iba hacia él y se ponía de puntillas para colocarle bien la bufanda. Katsuki iba a replicarle, pero se detuvo al escuchar que decía:

—¿Y qué hay de engañar a los periodistas? Tienes la oportunidad de pasar por delante sin que te reconozcan lo más mínimo —le preguntó con una sonrisa radiante que tenía poco que ver con la enorme vacilada que acababa de proponer.

Katsuki no pudo contener una sonrisa. Lo cierto era que la idea de estar ante sus putas narices sin que repararan en él le gustaba. Sería como una revancha por todas las veces que lo habían pillado y había tenido que huir de ellos.

—Joder, nerd, eres bueno —admitió. No era estúpido, sabía que ese pequeño Omega lo estaba provocando, pero, mierda, quería hacer ese pulso con los paparazzi y aplastarlos.

—Gracias —dijo este, todavía con esa expresión angelical, mientras terminaba de cubrirle el rostro con la bufanda y le colocaba la capucha. Estiró la mano hacia Taishi—. Ahora, la colonia.

El Alfa se la entregó e Izuku lo roció entero con ella. Olía a cítricos, en especial a limón, Izuku tuvo que halagar la elección de Taishi, era un aroma que tenía tendencia a devorar el resto, por lo que escondería bastante bien el de Bakugo y cualquier perfume que hubiera utilizado antes. Además, tenía un leve olor a humo de la fiesta de antes, lo que les facilitaría las cosas.

—Listo —dijo satisfecho, echando un vistazo a su alrededor—. De ningún modo pensarán que eres tú.

Katsuki golpeó la palma de su mano con el otro puño.

—Bien. Vamos a por los putos paparazzi.

Izuku fue tras él y Taishi hasta el ascensor, donde este les pidió que esperaran un minuto antes de ir hacia la salida para que nadie viera que iban juntos. Mientras tanto, Izuku se puso su propia bufanda, subiéndola hasta el mentón, y unas orejeras.

Una vez en la recepción, Izuku se sobresaltó un poco al ver la cantidad de periodistas que había allí a pesar de que era muy tarde y que el concierto había terminado hacía unas horas.

—¿Por qué hay tantos? —le preguntó a Bakugo después de que Taishi se adelantara para ayudar a sus compañeros a contenerlos.

—Están a la caza de alguna exclusiva —resopló—. Esperan tener la suerte de captar a Pikachu liado con alguna grupi, a Peloraro siéndole infiel a su Omega o a mí rompiendo algo o a alguien —dijo poniendo los ojos en blanco.

Izuku frunció el ceño al escuchar eso último.

—Tú nunca te has metido en peleas. O, al menos, no en público.

Bakugo puso los ojos en blanco.

—¿No lo sabes? Tengo mal genio.

El Omega acentuó su ceño.

—Una cosa es tener un carácter fuerte y otra es ser violento. Hay una gran diferencia.

Katsuki levantó una ceja, mirando a Midoriya mientras esbozaba una media sonrisa. Parecía un tipo con cabeza, de los que no se dejaban llevar por las apariencias. Bien, no aguantaba a los idiotas y, últimamente, tenía la sensación de estar rodeado por ellos. Le hizo tener aún más ganas de escaparse de allí para pasar un rato tranquilo con el Omega, parecía alguien interesante y tenía buen gusto musical. No lo diría en voz alta, pero una parte de él echaba en falta aquellas charlas con sus fans, con los… normales, por decirlo de algún modo, los que realmente estaban interesados en su música y no en su fama.

Así que estaba dispuesto a hacer un rato el ridículo para tener eso, al menos, por una noche. Por eso y por dar por culo a los periodistas. Y por respirar un poco, estar tranquilo sin tener a un montón de buitres esperando sacar algo de él.

—¿Listo? —le preguntó el Omega, cogiéndolo del brazo.

Allá iban. Ah, mierda, debía admitir que era un poco emocionante, algo diferente a lo que solía hacer.

Fuera como fuera, iba a ser divertido. Eso pensaba mientras dejaba que Midoriya lo llevara hasta la entrada, donde los periodistas se agitaron como un nido de hormigas ante la llegada de una comida suculenta. Eso lo irritó un poco, pero no tardó en ponerse de buen humor.

Porque no imaginaba lo bien que iba a pasárselo cuando el Omega, de repente, empezó a gritar:

—¡Uuuuuaaaah! ¡Ha sido genial! —dijo emocionado, tirándole del brazo y dando saltitos, con los ojos relucientes de una ilusión casi infantil—. ¡Kaminari estaba espectacular! Era como si su voz inundara todo el estadio. ¡Piel de gallina, cariño! ¡Piel de gallina! —siguió mientras pasaban la barrera de seguridad, donde Taishi los dejó pasar. No los perdió de vista mientras se adentraban en el mar de periodistas—. ¿Y Kirishima? ¡Cómo arrasaba en el escenario! Sero estaba como siempre, ¿viste lo rápido que iban sus dedos? ¡Es que verlo en directo es taaaaan espectacular! ¡Y Bakugo, cariño, Bakugo! —exclamó, tirándolo aún más fuerte, como un niño pequeño emocionado ante el anuncio de un nuevo juguete, y haciendo que Katsuki apretara los labios con fuerza para no echarse a reír—. ¿Cómo puede ser aún más impresionante en persona? Creo que, si hubiera tocado con más potencia, me habría arrancado los tímpanos, y, aun así, yo habría estado feliz, ¡feliz! —dicho esto, se apretó contra su costado y restregó su mejilla contra su brazo, tal y como haría un Omega enamorado—. Estoy taaaaan feliiiiiiz. Mil gracias por acompañarme, cariño, eres el mejor.

Katsuki tuvo que tragarse su ataque de risa. Joder, y él que creía que ese nerd no podía ser más fanboy, pero eso era otro nivel y, mierda, era tan gracioso. Realmente parecía un niño pequeño en Navidad. Aun así, lo mejor de todo fue que los periodistas apenas los miraron durante dos segundos antes de dejarles paso y mantener su vista fija en la entrada, esperando una oportunidad para colarse o ver por algún casual a los integrantes de su banda.

¡Ja! ¡Jodeos, cabrones! Ahí lo tenían y, por una puta vez, no se daban cuenta. Las ganas de enseñarles el dedo medio eran muy grandes, pero no iba a arriesgar su plan y su cada vez más posible noche tranquila por vacilarles un poco.

En vez de eso, dejó que el nerd hiciera su numerito durante un rato más mientras se alejaban del hotel. Para entonces, Katsuki se llevó una mano a la boca para esconder sus carcajadas, haciendo que a Midoriya le temblara un poco la voz, contagiado por su risa. Al final, cuando doblaron una esquina para entrar en un callejón, los dos se rieron a gusto.

—¡Joder, nerd! ¡Lo hemos hecho!

—Te dije que apostaba tu camiseta.

Katsuki se tranquilizó y le lanzó una mirada divertida.

—Pero yo no lo he hecho, así que sigue siendo mía.

El Omega resopló, pese a que sonreía.

—Maldición —dijo antes de echar a andar por la calle, haciéndole un gesto para que lo siguiera.

Katsuki fue tras él con una sonrisa de oreja a oreja, perdiéndose entre las calles de Chuo, bulliciosas de gente que había salido a divertirse y algunas de las cuales ya iban un poco cargadas de alcohol y de ánimos para ir a bailar, al karaoke o a seguir bebiendo.

Para él, fue agradable poder moverse entre tantas personas sin ser reconocido. Era la primera vez en mucho tiempo.

—Así que soy impresionante, ¿eh? —le dijo a Midoriya, que caminaba a su lado, ligeramente por delante para guiarlo.

Este asintió sin pensárselo dos veces con una sonrisa.

—Impones mucho en el escenario y tu técnica es genial —dijo llevándose los dedos índice y pulgar al mentón en una pose pensativa—. Debes de ser de los mejores baterías del momento. Tienes instinto, sentido rítmico, velocidad y potencia, eres como el Jon Bonham de la década.

Katsuki Bakugo no era la clase de persona que se dejaba impresionar fácilmente. Sin embargo, por segunda vez en una noche, ese Omega lo había golpeado en el recóndito lugar en el que se ocultaba su lado más emocional.

Que una persona pudiera compararlo con tanta naturalidad con el mejor batería de la historia era demasiado hasta para él.

Se llevó una mano a la nuca. Normalmente era consciente de lo genial que era, pero incluso él sabía que tenía sus límites.

—¿No crees que exageras?

Midoriya frunció el ceño.

—Pero te mueves parecido a él, aunque tu técnica me recuerda a la de Akira Jimbo.

Katsuki parpadeó antes de esbozar una enorme sonrisa. Joder, ¿de dónde había salido ese Omega?

—¿Qué pasa contigo y los baterías de los setenta?

Este ladeó la cabeza.

—¿Cuál es el problema?

—Las únicas personas que conozco que sepan tanto sobre música son gente de mi gremio.

—Oh —soltó Midoriya antes de llevarse una mano al pelo—. Bueno, yo estudié música.

Sin pensar en lo que hacía, le dio un puñetazo amistoso en el hombro que sobresaltó al Omega.

—Lo sabía. Eres demasiado nerd para ser solo un aficionado. Dijiste que tocabas, ¿verdad? —preguntó, tal vez un poco más emocionado de la cuenta. Sin embargo, realmente le gustaba hablar con alguien nuevo sobre música, siempre había una perspectiva diferente o descubría algo interesante—. ¿Qué instrumento?

Izuku se sonrojó, sintiéndose un poco tímido de repente. No se consideraba tampoco un experto, simplemente, pudo dedicarle bastante tiempo y, además, siempre que había estudiado, lo había hecho a fondo, concentrado y de forma meticulosa, de modo que solo la música estuviera en su cabeza y nada más.

—Violín, principalmente.

Los ojos de Katsuki brillaron.

—¿Y qué más?

—Pues… Piano, chelo y guitarra acústica.

El Alfa tenía los ojos brillantes mientras lo observaba.

—Realmente eres un fanboy de la música, ¿eh?

Izuku se rio, un tanto avergonzado.

—Supongo.

Katsuki abrió la boca para preguntarle algo más, bien podría haber sido sus grupos favoritos, los géneros que le gustaban o cómo es que no se dedicaba a la música, parecía alguien competente por cómo hablaba, al menos, para ser profesor y explicar conceptos teóricos, pero, entonces, el Omega se detuvo y señaló hacia delante.

—Mira, hemos llegado.

Él también se detuvo y se quedó mirando la fachada del club. Pese a que era de paredes lisas y un brillante tono negro que reflejaba las luces de neón de los locales, tenía por encima un intrincado dibujo de líneas doradas que creaba formas geométricas cuadradas o de estrellas de ocho puntas. En el letrero, ahora apagado, se podía leer Lemillion sobre la silueta de un saxofón.

—¿Seguro que está abierto?

—Sí —respondió Izuku, adelantándose para llamar a la puerta—. En noches como esta, Mirio siempre hace como que cierra para que nadie moleste —dijo antes de dar dos golpes y retroceder un paso.

Katsuki notó entonces que alguien los miraba. Se ajustó la bufanda sobre su cara y luego bajó un poco más la capucha, procurando ocultarse.

Dos hombres Alfas se acercaron a ellos al mismo tiempo que escucharon que la puerta del club se abría. Eran jóvenes e iban bien vestidos. Parecían bastante lúcidos, no detectó rastro de alcohol en su aroma. Sin embargo, caminaban muy decididos en su dirección.

Por un instante, temió haber sido reconocido justo cuando su noche tranquila empezaba tan bien, pero no tardó en darse cuenta de que sus ojos estaban fijos en el Omega.

—Ey, ¿está abierto? —preguntó uno de ellos mirando a Midoriya con una bonita sonrisa y esparciendo feromonas sexuales. Una clara invitación.

Sin embargo, el chico no les devolvió las feromonas y tan solo curvó los labios en un gesto de disculpa mientras abría la puerta del local.

—Lo siento, chicos, es noche de Omegas.

El que había hablado hizo una mueca, claramente decepcionado, mientras que el otro fulminaba a Katsuki con los ojos.

—¿Y él puede entrar?

Entonces, Izuku sonrió alegremente mientras cogía a Katsuki de la muñeca y lo arrastraba hacia el interior del club.

—Pues claro. Es el stripper.

Katsuki se sobresaltó, pero, para entonces, ya estaban dentro del local e Izuku había cerrado la puerta tras ellos, dejando a los Alfas de fuera con una expresión que rondaba entre la sorpresa y la vergüenza.

Así que pudo echarse a reír libremente.

—¿Un stripper? ¿Yo? —preguntó con un aullido de risa.

Izuku se llevó una mano a la cabeza.

—Lo siento. Fue la mejor excusa que se me ocurrió.

Katsuki recuperó un poco la compostura y levantó las cejas dos veces mirando al Omega con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Tantas ganas tienes de quitarme los pantalones, nerd?

—¡Que no era eso! —replicó Izuku, rojo hasta las orejas, haciendo que Katsuki riera más fuerte.

—Vaya, veo que esta noche nos divertiremos con nuestro invitado.

Por costumbre, Katsuki se puso alerta al escuchar una alegre voz masculina. El Alfa plantado frente a ellos era apenas unos centímetros más alto que él, sin embargo, tenía el doble de tamaño. No le extrañaría que fuera la seguridad del local con su torso ancho y los musculosos brazos. Aun así, no era nada amenazante, no con esa enorme sonrisa que les daba la bienvenida.

—¡Mirio! —gritó Izuku saltando hacia sus brazos.

El Alfa lo cogió al vuelo y lo levantó en el aire como si fuera un niño pequeño.

—¡Izuku, qué alegría verte! ¿Cómo ha ido el concierto? —le preguntó mientras lo dejaba en el suelo con cuidado.

—¡Aaaaah! ¡Tengo tantas ganas de contároslo todo! —dijo emocionado el Omega. Sin embargo, se giró de repente y señaló a Katsuki, que estaba un poco alucinado por cómo había sido ignorado por completo por el Alfa. No le ocurría muy a menudo—. Pero, antes, te presento a Katsuki Bakugo. Es mi invitado esta noche.

Por fin, el Alfa avanzó hacia él y lo saludó con una pequeña reverencia.

—Es un honor conocerte en persona. Soy Mirio Togata, dueño del club. —Katsuki le devolvió el gesto—. Me ha dicho Izuku que necesitaba un lugar tranquilo para vosotros esta noche, así que estás en tu casa.

Katsuki se sintió un tanto aliviado. El Alfa parecía ser consciente de quién era, pero no iba a lanzarse sobre él como los lunáticos de la fiesta de Pikachu.

—¿Quiénes están aquí? —le preguntó Izuku a Mirio.

—Pues… —Mirio levantó los dedos a medida que los enumeraba—. Kaede, Yuma, Hinano, Toka, Hinata, Ritsu y Tomo.

Para la sorpresa de Katsuki, el Omega dejó escapar un gemido.

—Genial, están todos los ruidosos.

Mirio rio y le palmeó la espalda con tal fuerza que Izuku casi se cae hacia delante.

—Se portarán bien, ya lo verás. Saben lo mucho que te gusta Bakugo.

Al escuchar eso, el Alfa esbozó una amplia sonrisa.

—Así que te gusto, ¿eh, nerd? Sabía que querías quitarme los pantalones.

Izuku lo asesinó con la mirada, a pesar de que su cara era como un neón rojo.

—¡De ninguna manera!

Mirio se llevó las manos a la cara.

—¡No me habías dicho que habías ligado! ¡Habérmelo dicho para preparar un ambiente íntimo!

—¡Que no es eso! —replicó Izuku, muerto de vergüenza.

El Alfa le lanzó una mirada interrogante a Katsuki, cuyos ojos brillaban con maldad.

—¿No lo sabes? —le dijo a Mirio—. Parece que esta noche soy el stripper.

Mirio abrió los ojos como platos y esbozó una enorme sonrisa.

—¿Izuku ha dicho eso? —preguntó antes de echarse a reír.

El Omega resopló, cruzándose de brazos e intentando matarlos con los ojos, aunque el puchero que hizo y el sonrojo que apareció en sus mejillas en realidad solo le hacían ver como un gatito cabreado y, por supuesto, eso hizo que los dos Alfas rieran aún más fuerte.

—Os odio —les gruñó antes de dar media vuelta e internarse en el local.

—¡Izuku! ¡No te enfades! —le pidió Mirio.

—¡Eso, nerd! —gritó Katsuki tras ellos, todavía riéndose—. ¡Te dejo que me quites los pantalones!

Escuchó que el Omega le gruñía y eso le hizo reír otra vez más fuerte. Había valido la pena seguir a Midoriya, se lo estaba pasando en grande y la noche no había hecho nada más que empezar. Togata, a su lado, le palmeó un hombro cuando los dos recuperaron la compostura y le preguntó que quería tomar.

Tras responderle, se detuvo un momento a admirar el local. No era muy grande y las luces tenues y cálidas le daban un ambiente íntimo y acogedor. Al fondo, había un pequeño escenario con un piano de cola, un contrabajo, un teclado y una batería, pero el saxofón era el único protagonista gracias al Omega que lo tocaba con suavidad y cierta melancolía. Katsuki apreció con una sonrisa que el sonido era muy bueno para ser un aficionado y que iba acorde con el estilo del local.

Justo enfrente, vio a Midoriya junto a una mesa llena de Omegas. Todos llevaban collar y uno de ellos llevaba el olor de un Alfa. Estaban tomando unas copas y saludaron al nerd con alegría.

—¡No puedo creer que hayas traído a un Alfa! —dijo una las chicas.

—¡Y nada menos que a Bakugo! —dijo otra dándole toquecitos en el costado con un dedo—. Siempre hemos sabido que te gustaba, pero no pensaba que podrías dirigirle la palabra.

Katsuki vio con cierta diversión cómo el nerd enrojecía y decía con un gruñido:

—¿Podéis comportaros por esta noche, por favor?

Uno de los dos Omegas masculinos que había, un tipo que exudaba la palabra “responsable” por todos los poros, le dedicó una sonrisa amable.

—Tranquilo, Izuku, es noche de Omegas, así que será como si no estuvierais —dicho esto, se dirigió a él con el mismo tono suave—. No se preocupe, señor Bakugo, nosotros estamos a lo nuestro.

Sin embargo, otro chico Omega pasó un brazo por los hombros de Izuku y le gritó:

—¡Pero, por si no lo sabía, Izuku es ultrafan suyo!

Katsuki esbozó una amplia sonrisa cuando Midoriya lo fulminó con la mirada y le dijo que dejara de beber alcohol. Pese al cachondeo que había alrededor de su persona, ninguno de los Omegas hizo amago de acercarse a él o querer nada más que burlarse un poco de su amigo, así que se limitó a sentarse en una mesa junto a la barra mientras el nerd acababa de saludar y pedir un mínimo de discreción.

Cuando volvió, ya se había puesto cómodo quitándose la dichosa sudadera y la chaqueta de cuero, exhibiendo su orgullosa camiseta del concierto de All Might, con una cerveza que le había traído Togata. A Midoriya, en cambio, y para su absoluta confusión, le trajo un chocolate caliente.

—Siento el alboroto —se disculpó con un suspiro, quitándose el abrigo y las orejeras.

Katsuki sonrió, recostándose en el respaldo de la silla con la cerveza en la mano.

—No lo hagas, tus amigos parecen divertidos y yo estoy tomando algo tranquilo. Has cumplido.

El Omega relajó su postura y guardó la bufanda y los guantes antes de sentarse.

—Pero seguirás sin darme esa camiseta —dijo con una sonrisa traviesa.

Él le devolvió el gesto, divertido.

—Ni de coña, pero me gusta tu persistencia.

Midoriya soltó una risilla mientras que Katsuki se reclinaba hacia atrás en una postura más suelta y cómoda. Debía admitirlo, el sitio era agradable y tranquilo y la compañía parecía la adecuada, por una vez en mucho tiempo.

Se sentía bien. No tenía que estar a la defensiva, ni mantener las apariencias por si algún periodista estaba al acecho de cualquier detalle que pudiera usar en su contra. Nadie estaba buscando algo de él, solo pasaba el rato. Era agradable.

Vio que Midoriya apretaba las manos en la taza, como buscando calentarse. Él ladeó la cabeza.

—No sabía que en los clubs de jazz servían eso.

El Omega esbozó una sonrisa cálida.

—No lo hacen, pero Mirio hace excepciones con nosotros.

Katsuki levantó las cejas.

—¿El agua y los zumos no son suficientes?

Izuku se rio por lo bajo.

—Para nosotros, sí, pero no para él —respondió antes de señalar a sus amigos—. La mayoría de nosotros lo conocimos fuera del trabajo. Le gusta mimarnos, tal vez demasiado.

El Alfa ensanchó su sonrisa.

—Pero vosotros le dejáis hacerlo.

Izuku se encogió de hombros.

—No veo dónde está el problema.

Katsuki se rio, le dio un sorbo a su cerveza y la dejó sobre la mesa, observando al Omega.

—Entonces, ¿cuándo entraste en el mundo de la música? Debes de llevar bastante si sabes tocar tantos instrumentos.

El Omega se rascó la nuca.

—Empecé a los seis años.

—¿Por iniciativa propia o de tus padres? —preguntó, ahora apoyando los codos sobre la mesa e inclinándose hacia delante.

Detectó algo extraño en Midoriya, sus ojos hicieron un diminuto gesto que le recordó al dolor, pero fue tan rápido y repentino que creyó haberlo imaginado.

—Mis tutores insistieron en que sería bueno para mí, pero me alegro de haberles hecho caso en eso —respondió antes de darle un sorbo a su chocolate.

Ah, así que no había sido una ilusión, había visto algo raro. Por la palabra que había usado al referirse a las personas que lo habían criado, no le costó hacer suposiciones. Sin embargo, no era necesario seguir por ese camino, él sabía cuándo estaba pisando un terreno minado.

—¿Y no te detuviste? ¿Has seguido hasta ahora?

Supo que había acertado con esa pregunta porque el nerd recuperó la sonrisa.

—No dejé de estudiar hasta los veinte. Ahora sigo con la música, pero por mi cuenta.

Katsuki apoyó la cabeza en una mano.

—¿No has pensado en dedicarte a ello? Son catorce años, no sé cuánto tiempo llevas sin alguien que te ayude a seguir esa vía y tampoco te he escuchado tocar, pero suele ser formación suficiente para crear un músico competente —dicho esto, torció su sonrisa—. A menos que seas un inútil.

El Omega imitó su gesto, pero movió la cabeza de un lado a otro mientras se dejaba caer en el respaldo de la silla.

—Me encanta la música, pero no quiero dedicarme a ello —dicho esto, frunció un momento el ceño y lo miró con cierta timidez—. ¿Sería raro que dijera que es algo muy personal para mí?

La sonrisa del Alfa se volvió más suave, como si lo entendiera.

—Para nada —respondió en un tono que parecía remarcar algo obvio—. Tal y como yo lo veo, la música solo tiene sentido cuando es algo personal, cuando tiene un significado para cada uno, no importa si es algo grande o una cosa sencilla. Compartirlo o no con el mundo depende de cómo lo sienta cada uno. Si tú te sientes bien con eso, entonces está bien, sin importar lo que digan los demás.

Midoriya relajó su postura y esbozó una bonita sonrisa.

—Entonces, creo que se quedará conmigo —tras decir eso, se rascó la cabeza—. Además, no creo que pueda llevar bien eso de ser famoso. No sé cómo lo haces para tratar con toda esa gente.

—Es un precio a pagar, por desgracia —dijo poniendo los ojos en blanco, aunque no tardó en sonreír—. Pero me encanta lo que hago y poder dedicarme a esto era lo que yo quería. Odio a los paparazzi y a los extras que dicen ser fans míos cuando solo quieren sacar algo de mí, no lo niego —dicho esto, su expresión se iluminó y sus dedos tamborilearon sobre la mesa, como si estuviera marcando un ritmo que solo sonaba en su cabeza—. Sin embargo, paso la mayor parte de mi tiempo tocando y componiendo, en un estudio con los idiotas de mis amigos —resopló con una sonrisa—. Los conciertos siempre son geniales, tocar en directo es la hostia. Sé que muchos extras dicen esa mierda de: “¿para qué voy a gastar un pastizal en ir a un concierto cuando puedo escuchar música en mi casa siempre que quiera?”. ¡Bah! —soltó con un gesto despectivo de la mano—. No tienen ni puta idea. No importa el cuidado que pongamos en nuestros discos, en buscar el sonido perfecto en el estudio y darlo todo para que quede bien para la maqueta, no…

—No se siente de la misma manera —terminó Midoriya por él con los ojos brillantes.

Katsuki golpeó la mesa.

—¡Exacto! Lo entiendes.

—Es que no suena igual —dijo apoyando los brazos en la mesa y gesticulando con las manos de la emoción—. Kaminari tiene una voz que te atraviesa, pero el efecto es mayor e impactante en directo. Además, como toca la guitarra al mismo tiempo, resulta espectacular verlo moverse de esa forma en el escenario, la gente no tiene ni idea de lo fácil que es que se te vaya el acompañamiento mientras haces la voz principal. —Se inclinó un poco hacia delante y su sonrisa se ensanchó—. Y todo el mundo subestima el bajo, pero Kirishima es particularmente expresivo con él, nunca había oído nada igual, lo mismo pasa con su voz, parece tener más sentimiento. O Sero, el teclado no tiene el mismo estatus que el piano, pero la cantidad de sonidos que es capaz de hacer es tan grande que su complejidad reside en ser capaz de tener el tono adecuado en todo momento, y no es fácil de hacer en directo —tras decir esto, miró al batería con ojos ilusionados—. Por no hablar de cómo suena tu batería, es como cuatro veces más potente que en un disco, como si fueran explosiones.

—¿Verdad? —rio Katsuki, cruzando los brazos con satisfacción—. Me encanta cómo suena cuando toco al aire libre, es como si llenara todo el puto espacio.

—Pero, aun así, tienes tanta técnica que no eclipsa el sonido de todo lo demás, así que le das mucha potencia y ritmo a las canciones, es brutal.

—Lo sé, soy un jodido genio, ¿verdad? —dijo con una enorme sonrisa.

Midoriya levantó las cejas.

—¿Eso que oigo es humildad? —se burló.

—En estado puro, nerd —le devolvió Katsuki tomando el botellín de cerveza y dándole un trago.

El Omega le lanzó una media sonrisa divertida antes de aprovechar para darle un sorbo a su chocolate. Después, apretó las manos contra la taza, como si quisiera calentarse.

Entonces, le soltó:

—¿Sabes que es mi primer concierto?

Katsuki dejó de beber al acto y lo miró con los ojos muy abiertos.

—Oh, mierda.

—¿Qué? —preguntó Midoriya sobresaltado.

—Nadie me había roto el corazón como acabas de hacerlo tú. —El nerd soltó una carcajada, haciendo que Katsuki esbozara una media sonrisa, pero no tardó en dejar la cerveza en la mesa e inclinarse sobre ella—. Ahora, en serio, ¿nunca?

—No.

—Oh, venga, entonces estás jodido. —El Omega ladeó la cabeza con expresión interrogante, a lo que él respondió encogiéndose de hombros—. Has visto un concierto mío, todo lo demás será mierda para ti a partir de ahora.

Midoriya se rio otra vez.

—¡No es cierto! Te mataría por ver a All Might en directo.

Katsuki chasqueó la lengua con arrogancia.

—Nah, eres mi fan número uno, me adoras, jamás serías capaz de hacer algo así, no a tu ídolo.

El nerd se lo quedó mirando intentando parecer serio, pero él le sostuvo la mirada sin dejar de sonreír. Al final, el Omega sacudió la cabeza con los labios curvados hacia arriba, como si estuviera pensando que no tenía remedio.

—Estaría tentado —admitió—, pero es cierto, no sería capaz.

Katsuki soltó una carcajada.

—¡Ahí está ese amor incondicional por mí! Puede que al final te deje quitarme los pantalones —añadió riendo.

El nerd golpeó la mesa con las dos manos y el rostro enrojecido otra vez.

—¡No! ¡Deja de decir eso! —pidió escondiendo la cara entre las manos.

—Es que tendrías que ver tu cara, nerd, es tan gracioso —dijo sin dejar de reír.

Creyó escuchar a Midoriya quejarse y decir algo como que era un tipo cruel, pero el sonido estaba amortiguado por sus manos, así que no pudo oírlo bien. No importó, era divertido provocarlo. En cierto modo, era un poco adorable que le avergonzaran sus bromas subidas de tono. No sabía qué edad tenía exactamente, pero, por lo que había dicho antes, sospechaba que tenía más de veinte, aunque juraría que menos de treinta, y, aun así, reaccionaba como un adolescente que apenas había empezado a rozar el tema.

Era tan gracioso.

Rio cuando lo vio acusándolo con los ojos a través de sus dedos, como si le recriminara que se estuviera burlando de él.

—Si buscas un concurso de miradas asesinas, te aplastaré tan rápido que eso sí que no tendrá gracia —le dijo antes de tomar otro trago de cerveza.

Por fin, Midoriya dejó de esconderse y levantó las cejas.

—Eso es cierto. Dabas un miedo terrible en el balcón.

Él hizo una mueca.

—Ya. Quería espantarte. Pensaba que eras otro bicho carroñero que husmeaba a ver si podía conseguir algo de mí —dicho esto, su sonrisa regresó mientras lo contemplaba—. Pero mi noche ha mejorado mucho desde que me encontré contigo. —Alzó el botellín hacia él—. Brindo por eso.

Esta vez, el Omega le sonrió feliz y con un pequeño rubor en las mejillas.

—Me alegro mucho de que se arreglara el malentendido y que quisieras hablar conmigo. Significa mucho para mí.

Por un instante, Katsuki se quedó inmóvil, observándolo impresionado. Su expresión era radiante, como si fuera el ser más afortunado del universo.

Él podía entender ese sentimiento. El día que conoció a All Might en persona, fue un gran impacto y, aunque no era la clase de persona que lo mostrara abiertamente, estuvo tan emocionado, con el corazón martillando su pecho y la sangre bombeando a una velocidad de vértigo en sus venas, que se sintió un poco fuera de control.

Comprendía esa admiración, y, aun así, sintió que la de Midoriya era diferente, más intensa, pero no enfermiza, no era algo obsesivo ni un fanatismo que rayaba en la locura. No sabía explicarlo, sin embargo, se sintió como algo parecido al… ¿agradecimiento? Sonaba muy pobre para eso, pero tampoco se atrevería a llamarlo devoción, la cosa no iba por ahí. Era algo profundo, pero sin malicia alguna.

No tenía ni idea, pero, aun así, durante ese segundo, el Omega emitió luz propia y una emoción tan pura que le costaba ponerle nombre.

Fue mágico. Uno de esos momentos que se te quedan grabados en la memoria por lo especial que fue, aunque no fuera capaz de explicar por qué lo había sido.

Entonces, Midoriya cogió su taza para darle otro sorbo a su chocolate y el instante pasó. Aun así, la expresión de Katsuki se suavizó y lo contempló apoyando la cabeza en una mano. Como artista, haber experimentado algo así, tan nuevo e intenso, siempre era increíble.

Definitivamente, el Omega era lo más interesante que había en esa fiesta.

—Oye —le dijo, reclinándose en la silla—, ya que has mencionado que matarías por un concierto de All Might, yo tengo unos cuantos candidatos.

Midoriya soltó una risilla.

—Seguro que sí.

Y, así, empezaron a hablar de cantantes, intérpretes y bandas, y, de ahí, pasaron a los géneros musicales que a ambos les gustaban. El nerd, por supuesto, tenía una noción bastante exacta de lo que le gustaba a Katsuki por las entrevistas que había visto, pero se interesó en profundizar más para saber cómo había influido en su trabajo o cómo lo habían inspirado. Por otro lado, al Alfa no le sorprendió demasiado descubrir que a este le gustaba prácticamente todo, aunque hubo sorpresas, como la música instrumental ambiental y la ópera. En serio, ¿cuánta gente había hoy en día que escuchara ópera? Midoriya le confesó que empezó por sus clases de canto, para aprender técnicas de proyección y control vocal.

Los dos estaban enfrascados comparando técnicas tímbricas cuando Katsuki vio que se acercaba uno de los chicos Omegas a Midoriya. Tenía el pelo corto oscuro y vestía unos sencillos vaqueros y una camisa azul claro bajo la que llevaba un jersey de cuello vuelto de color marino. Sus ojos azules estaban un poco desenfocados y tenía las mejillas sonrojadas.

El chaval se había pasado un poco con las copas.

Se dejó caer sobre los hombros de Midoriya, que se sobresaltó mientras este lo abrazaba por el cuello y frotaba su mejilla contra la suya.

—Zuuuuuzuuuuu, me he pasado un pelín…

Katsuki no pudo contener una carcajada.

—¿Zuzu? ¿Te llama Zuzu? —preguntó con un aullido de risa.

El Omega se puso rojo hasta las cejas, pero, antes de que pudiera decirle nada, el otro chico se dejó caer sobre él, casi aplastándolo contra la mesa. Katsuki consiguió salvar su segundo chocolate caliente sin dejar de reír con fuerza.

—Tomo, te dije que no te pasaras —lo regañó Midoriya pellizcándole un moflete y con cara de exasperación. Era evidente que no era la primera vez que tenían esa conversación.

El tal Tomo esbozó una sonrisa bobalicona, ahora deslizando la cabeza hasta el pelo del nerd, donde dejó caer el mentón con una expresión de felicidad absoluta.

—Ya… Pero estábamos hablando de Alfas calientes y se me fue la cuenta… —dicho esto, se fijó un instante en Katsuki y lo saludó torpemente con la mano—. No se preocupe, señor Bakugo, usted entra en el top cinco. Mejora mucho en persona, por cierto.

Él levantó una ceja.

—¿Solo el top cinco?

Antes de que pudiera exigir una explicación, Tomo empezó a balancearse de un lado a otro con Midoriya, cuya expresión era la de alguien que se estaba preguntando por qué demonios se relacionaba con ese tipo.

—Vamos, Zuzu, necesito despejarme, toca conmigo.

Al escuchar eso, tanto las cejas como las comisuras de los labios de Katsuki se elevaron, mientras que el Omega se sonrojó.

—Pe-pero no he traído mi violín y…

—Ritsu ha traído el suyo —dijo Tomo, frotando las mejillas contra su pelo, desordenándolo aún más si podía—. Quiero la última canción que compusiste, la que tocamos juntos el mes pasado…

—Eh… Es que… —Se removió nervioso entre los brazos de su amigo—. Estoy hablando con Bakugo…

—Ah, no —sonrió el batería, mirándolo con un brillo lobuno en los ojos—. Ni de coña me pierdo esto.

Izuku pasó del nerviosismo y la timidez al pánico absoluto en décimas de segundo.

¿Cómo demonios iba a tocar y a cantar delante de Bakugo? ¡Él no estaba hecho para hacer eso en público! Es decir, no es como si no lo hubiera hecho antes, pero siempre había sido algo privado y disfrutaba tocando con sus amigos…

¡Pero es que Bakugo estaba delante!

Se llevó las manos al pelo, deseando con todas sus fuerzas que la tierra se lo tragara, retroceder en el tiempo para evitar que Tomo se acercara o estrangularlo en ese mismo momento. No sabía cuál de todas las opciones le apetecía más, pero su cabeza era puro caos mientras se preguntaba cuál era la salida más cercana a…

Entonces, una mano sobre su hombro le hizo saltar en la silla. Al alzar los ojos, Bakugo estaba a su lado, con esa irritante sonrisa divertida que lo llevaba acompañando desde que escaparon al hotel.

Sin embargo, sus dedos firmes en su hombro fueron reconfortantes de algún modo.

—Oye, eres un obseso de la música, como yo —le dijo antes de poner los brazos en jarra—. Lo único que quiero ver cuando estés en el escenario es esa pasión. El resto que se joda. Pero como no vea ahí arriba a ese fanboy nerd con el que llevo hablando toda la noche, esta vez sí tendré un buen motivo para gritarte —dicho esto, le dio una palmada de ánimo en el brazo y señaló la barra—. Voy a por otra cerveza. Relájate y disfruta, para eso es la música, después de todo —le dijo con una sonrisa.

Izuku se quedó mirando su espalda con las mejillas ardiendo y los ojos brillantes.

¿Cómo podía ser tan genial?

—Ya has oído a tu ídolo, ¡tira para arriba! —le dijo Tomo de repente, agarrándolo del brazo para que lo acompañara al escenario.

Se dejó llevar, todavía un poco atolondrado por la charla de Bakugo. Y parecía tan cascarrabias en televisión. Bueno, tenía genio, de eso no había duda, pero hablar con él había sido tan natural y emocionante… No había mucha gente con la que pudiera compartir tanto sobre música y había disfrutado mucho de su conversación, todavía quería seguir haciéndole preguntas y que le contara más sobre sus influencias musicales o lo que le gustaba escuchar, o cualquier cosa relacionada con el mundillo, ¡ni siquiera había preguntado por cómo era el proceso de preparar un disco todavía!

Y él había sido tan abierto respondiendo a todo… Y, ahora, esto.

Cuando Ritsu le ofreció su violín, Izuku lo aferró con el corazón latiendo a toda velocidad.

Maldita sea. Después de lo que le había dicho, no podía no darlo todo en el escenario.

De repente, se dio la vuelta para señalar a Tomo con un dedo.

—Tú me lo has pedido. Si hago esto, iré con todo. Procura seguir el ritmo.

Los ojos de su amigo resplandecieron y, de algún modo, su rostro se despejó. Levantó los puños.

—¡Eso está mejor, Zuzu! Me gusta cuando te enciendes —dijo mientras se arremangaba la camisa—, me dan ganas de ir a tope, así que, ¡vamos a por ello!

Mientras tanto, Katsuki se había sentado en la barra y le había pedido otra bebida a Togata. Desde ahí, vio cómo el Omega que tocaba el saxofón les dejaba el espacio a Tomo y Midoriya. Aunque no lo diría en voz alta, le alegró ver al nerd más relajado. El pobre le había recordado a Denki en su primer concierto, había estado congelado y tembloroso durante más de una hora antes de salir al escenario hasta que Eijiro le recordó lo duro que habían trabajado para ese momento y que aquella era su recompensa.

El nerd no era un profesional, así que no tenía ninguna obligación de ser decente y mucho menos impresionarlo, solo disfrutar de lo que hacía. Además, daba la impresión de que, aunque se guardara su música para sí mismo, era habitual que tocara allí con sus amigos. No debería sentirse cohibido porque él estuviera delante.

Entonces, Togata regresó mientras escuchaba a Midoriya afinar el violín. Le dejó la cerveza enfrente.

—Bueno, ¿qué voy a escuchar?

El Alfa se recostó en la barra y le guiñó un ojo.

—Es mejor de lo que esperas, te lo prometo.

Ah, así que el nerd era competente. No le extrañó. Después de haber estado hablando con él, sabía que llevaba la música en las venas.

Tras ver que el resto de Omegas dejaban las copas en la mesa y acercaban las sillas al escenario para verlo, no tuvo dudas de que, al menos, llamaba la atención. El público no miente. Si lo atraes, es porque tienes algo.

De modo que se acomodó en el asiento, expectante. Ahora tenía mucha curiosidad.

El tal Tomo se quedó en la batería, haciéndole sonreír, mientras que Midoriya se plantaba en el centro del escenario, frente al micrófono. Se fijó en que no lo miró a él ni a sus amigos, sino que mantuvo la vista baja, como si estuviera concentrado en algo lejano.

Fuera lo que fuera, cuando terminó, cerró los ojos y se acercó al micro.

Entonces, el mundo se desvaneció.

La canción empezó suave con él cantando a capella. Su voz era dulce y melodiosa, pero el tono era firme y decidido. Si bien la voz de Denki te atravesaba, la de Midoriya te envolvía, como un tierno abrazo que, antes de darte cuenta, se había convertido en una telaraña que te atrapaba, pero no eras capaz de verlo porque ya habías caído bajo su embrujo.

Y, en el improbable caso en el que no hubieras caído en su hechizo, no importaba, su voz fue cobrando fuerza con un lento crescendo, introduciendo además trémolos y falsetes ejecutados con una perfección milimétrica en el estribillo y una segunda y corta voz con el violín.

Entonces, Tomo le dio ritmo con la batería. La voz de Midoriya se volvió más potente y con más sentimiento, pero sin perder su suave melodía, como si quisiera liberar toda su energía, pero la estuviera conteniendo en sus notas largas, que variaban el tono y le permitían apreciar mucho mejor la impecable técnica vocal del Omega. Después, el estribillo volvió a sonar, con el mismo tempo y técnica de antes, pero con la batería de fondo, dándole su fuerza. Nada más terminarlo, sin dar tiempo a respirar, la canción se volvió más rápida y rítmica, como si estuviera a punto de estallar, acompañada por los golpes más intensos de la batería, pero, al final, la energía quedó disipada en el aire, seguida por el solo de violín, tan expresivo y cantarín como lo había sido la voz de Midoriya.

Y, justo después, el estribillo de nuevo, repetido dos veces, y, en la segunda vuelta, estuvo acompañado por los inesperados coros de los otros Omegas y la segunda voz del violín. La batería cobró aún más fuerza, la voz de Midoriya se elevó, recuperó la energía y, por fin, estalló al final junto a la del violín.

Entonces, silencio. Dos blancas para respirar, para asimilar ese instante donde instrumentos y voz se habían entrelazado para alcanzar el clímax.

Y, por último, el estribillo final, cantado con la misma voz suave del principio y alargando la última nota.

En otra situación, Katsuki se habría llevado las manos a la cabeza mientras rugía, pero estaba paralizado. Todavía estaba asimilando lo que acababa de escuchar.

Togata, a su lado, sonrió al ver su expresión.

—Es bueno, ¿verdad?

¿Bueno? ¡¿Bueno?! ¡Bueno no empezaba ni a cubrir la superficie de lo que acababa de presenciar, joder!

¿Por dónde coño empezaba? Sus técnicas vocales tenían tanto nivel que harían sombra a unos cuantos cantantes profesionales que conocía. ¿Qué demonios? ¡Ni Pikachu podía combinar trémulos, vibratos y falsetes con esa naturalidad y expresividad! ¡Joder! Había bandas que matarían por tenerlo de vocalista.

Con esa técnica, ni siquiera necesitaba tener buena voz, y eso que la de Midoriya no era mala. Tenía la tonalidad perfecta para cantar baladas de amor, pero es que gracias a su habilidad vocal podía darle el efecto y la potencia que le diera la jodida gana, por lo que su registro se ampliaba, ¡podía cantar lo que fuera, joder!

Y luego estaba el violín. Tenía buen dominio, y era un instrumento malditamente agradecido si sabías tocarlo bien, así que sonaba precioso, pero no era eso lo que le hacía querer llevarse las manos a la cabeza, ¡era el jodido hecho de que podía cantar la voz principal y hacer una secundaria con el instrumento al mismo tiempo! Es decir, no era un puto acompañamiento, y ya era difícil hacer uno al mismo tiempo que cantabas, ¡es que era una puta voz distinta!

Ya ni siquiera tenía que hablar de su expresividad. Un músico capaz de transmitir sus sentimientos a través de la música era la hostia, aunque no fuera perfecto tocando o cantando, podías llegar al público si eras capaz de meterte bajo su piel.

Y Midoriya llegaba. Y cómo lo hacía.

Mientras interpretaba su canción, no quedó rastro del Omega aterrorizado por subir al escenario en su presencia, sino justo el nerd que había conocido. Había estado tan suelto y relajado, solo dejando que la música fluyera a través de él, igual que cuando habían estado hablando, expresando lo que sentía. Le había transmitido lo mismo que entonces, ese amor puro por la música, esa emoción intensa que llenaba tu cabeza e inundaba tu pecho.

Su pasión era tan palpable que era como si le hubiera acariciado la piel.

Joder, su corazón aún le estaba aplaudiendo solo por ser capaz de transmitir algo así.

Togata le acercó la cerveza.

—Toma un trago antes de que te dé algo —le dijo con una carcajada.

Katsuki obedeció, intentando recuperar la compostura.

—Joder. —Fue lo único que pudo soltar.

El otro Alfa soltó una carcajada.

—Veo que te ha impresionado.

Por fin, pudo soltar un gruñido.

—Si alguien no lo está después de escuchar algo así, es que no tiene alma.

—Díselo cuando venga —le pidió Togata con una amplia sonrisa—. Le hará mucha ilusión. Eres su favorito, después de todo.

Eso le hizo esbozar una media sonrisa.

—¿Lo soy?

—Claro que sí —rio Togata, observando al nerd con cierto orgullo—. Todo el que conoce a Izuku, conoce a Dynamight, y, por supuesto, a ti. Solía cantar vuestras canciones en el refugio, cuando cogió más confianza con los otros Omegas.

De repente, Katsuki sintió como si le acabaran de dar una bofetada. Fue como si hubiera estado flotando en una especie de sueño y alguien le hubiera lanzado agua fría sin más, devolviéndolo a la realidad.

¿Qué demonios había dicho?

—¿Has dicho refugio?

Togata percibió su tono y lo miró con las cejas alzadas. Debió de leer el horror en su rostro, porque sus facciones se tensaron.

—Lo siento. Pensé que Izuku te lo había dicho.

Él sacudió la cabeza mientras recordaba todo lo que le había dicho desde que se habían conocido.

Todo. Incluso ese “me salvó la vida”.

Se estremeció. Esa frase adquiría ahora un nuevo significado. Uno aterrador.

—¿Es de un refugio de Omegas?

Togata asintió, esta vez, con la tristeza empañando sus ojos.

—Sí. Él y todos los Omegas que están aquí, salvo mi Tamaki. Por eso, esta noche es Noche de Omegas.


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