Capítulo 2. Escapada a Lemillion
Katsuki
escuchó a Izuku hablando con alguien durante tres minutos. Al parecer, esa
noche el local estaba cerrado salvo para un grupo de Omegas que eran amigos del
nerd, por lo que podrían tener privacidad. A Katsuki le preocupó que dichos
Omegas mostraran interés en él, pero Midoriya debió de entender su expresión
porque le aseguró que no los molestarían, de hecho, normalmente no permitían la
entrada a los Alfas en noches como esa, pero el dueño era amigo suyo e iba a
hacer una excepción con él.
En
fin, no perdía nada por probar. Dudaba que pudiera haber algo peor que la
fiesta de Pikachu. El que no apuesta, no gana.
—Listo,
tenemos el local —dijo Izuku antes de mirar las puertas de cristal—. Aunque
seguimos atrapados aquí. —Se rascó la cabeza—. ¿Cómo pasamos? No es como si
pudiéramos disfrazarte con mi ropa.
Katsuki,
que procuraba estar en un ángulo de visión desde el que no pudieran verlo desde
dentro, echó un vistazo con cuidado, tratando de pensar en algo. Entonces, la
Omega que había ido antes al balcón pasó lo bastante cerca como para que
pudiera verla durante unos segundos.
La
muy zorra.
No
iba a mentir, estaba contento de que Midoriya no pareciera interesado en joder
con él, pero no por ello había sido menos desagradable. Ojalá le hubiera dado
una bofetada. Había sido un detalle que pensara en él, pero la bofetada habría
sido mejor, mucho mejor. Mierda, habría pagado por verlo.
Al
menos, le diría a Pikachu que la zorra estaba vetada. No quería volver a verla
mientras estuviera en la ciudad.
A
menos que fuera para ver a Midoriya darle la bofetada. Joder, ahora no podría
dejar de pensar en ello. De verdad le había molestado, sobre todo teniendo en
cuenta que el nerd era el Omega más agradable que había ido a esa fiesta y que,
si tuviera que perder tiempo con uno, lo habría hecho sin duda con él.
Espera.
…
Ah… Sí. Joder, sí. Eso era perfecto.
—Tengo
una idea —dijo mirando a Izuku con una enorme sonrisa calculadora.
Este
debió de notar algo, porque hizo amago de retroceder.
—¿Qué?
Sin
dar ninguna explicación, Katsuki lo cogió de la mano.
—Tú
solo sígueme la corriente, cariño.
…
¿Eh?
Al
cerebro de Izuku le costó procesar, sobre todo, que alguien como Bakugo le
hubiera llamado “cariño” así sin más, aunque, en cuanto tiró de él para
meterlos de lleno en la cueva de lobos que era la fiesta y cómo todos se dieron
cuenta de que iban cogidos de la mano, comprendió la táctica y enmascaró su
sorpresa, siguiéndole el ritmo con naturalidad.
—¡Kats,
estás aquí!
Izuku
sintió que sus nervios florecían al ver cómo un hombre tan alto como Bakugo se
acercaba. Su pelo rojo erizado y ojos del mismo color no dejaban lugar a dudas,
¡era Eijiro Kirishima! ¡El bajista de Dynamight y uno de los principales
compositores de las canciones! Todo lo que había escrito le encantaba, era un
Alfa sensible y caballeroso, pero con carácter, y sabía captar la atención del
público. Durante el tiempo que estuvo soltero, ocupó el primer puesto del grupo
en lo referente a con quién se casarían los Omegas, y, por supuesto, fue el
primero en sentar cabeza.
—Peloraro
—lo saludó Katsuki con un movimiento de barbilla antes de señalar a Izuku con
ella—, me voy. Tengo cosas que hacer.
Eijiro
se quedó con la boca abierta al fijarse en sus manos unidas.
Kats,
su mejor amigo Kats, su mejor y malhumorado amigo Kats cogía firmemente a un
pequeño Omega de la mano. A un Omega. Kats.
Necesitó
unos cuantos segundos para poder recuperarse de la sorpresa, y, aun así, le
costó decir algo coherente.
—Ah,
esto… Umm, sí, claro. Disfruta —logró decir, todavía intentando encontrarle
sentido a la situación.
El
pequeño Omega le dedicó una tímida sonrisa y se despidió con la mano.
—Un
placer, Kirishima —le dijo antes de que Katsuki tirara de él.
—Ah,
¡gracias por tu apoyo! —le gritó Eijiro antes de poner los brazos en jarra y
sonreír.
Se
alegraba un montón por Kats. Después de lo de Yuko, no había querido acercarse
a un Omega ni en pintura. Esto le vendría genial para superarlo y poder
conectar de nuevo con el género opuesto.
Además,
el Omega no se parecía en nada a ella. Tal vez por eso lo había escogido a él
de entre todos los que había allí. Sí, seguro que sería bueno para él.
Por
otro lado, Katsuki no dejó de moverse, echando miradas hostiles a un lado y a
otro que los fanáticos debieron de comprender, ya que no se interpusieron en su
camino. Su tiempo de trabajar para ellos había terminado y ahora iba a
disfrutar un rato con un Omega, seguro que no querrían que los mandara a la
mierda por impedir que se fuera a follar.
Contuvo
una sonrisa. El plan era genial.
Entonces,
cerca de la salida, vio a la zorra. Tenía los ojos muy abiertos y parecía
congelada en su lugar mientras miraba a Midoriya.
¡Ja!
Chúpate esa. No había sido una bofetada, pero fue lo bastante satisfactorio.
Aunque no tanto como cuando la mujer apretó los brazos contra sus costados con
las manos convertidas en puños y los hombros tensos, lanzándole a Midoriya una
mirada asesina.
No
fue el único que la vio, Izuku también se había dado cuenta de la presencia de
la Omega, como para no hacerlo si estaba intentando fulminarlo con los ojos.
Era
cierto que su comentario de antes no lo había afectado. Él no había ido allí a
llamar la atención de Bakugo ni de ningún miembro de la banda, en realidad, ni
siquiera tenía interés en relacionarse con un Alfa más allá de la amistad.
Sin
embargo… Bakugo tenía razón. No tenía por qué ser tan desagradable, él no había
hecho nada malo, estaba tan tranquilo en el balcón sin molestar a nadie hasta
que ella había llegado para despreciarlo.
Pues,
¿sabes qué, Omega? Que te den.
Sin
pensar muy bien lo que hacía, le sacó la lengua, haciendo que la mujer abriera
la boca indignada e incluso hizo amago de dar un paso hacia él. Sin embargo,
las poderosas carcajadas de Bakugo la detuvieron.
Izuku
lo miró sobresaltado. ¿Lo había visto?
Aun
así, antes de poder preguntar, el batería lo sacó de la asfixiante sala y lo
alejó del montón de gente que había reunida en la entrada, que se les quedó
mirando sorprendida hasta que se perdieron tras una esquina. No se detuvieron
hasta el ascensor y, ni siquiera entonces, Bakugo dejó de reír.
—¡No
puedo creer que hayas hecho eso! —aulló de risa, agarrándose el estómago—. ¿Qué
eres? ¿Un crío?
Izuku
se cruzó de brazos, aunque se sonrojó un poco.
—¿Estabas
mirando?
—Claro
que lo hacía. Quería ver la cara de la zorra cuando me viera salir contigo
—dicho esto, se le escapó otra carcajada—, pero no esperaba que le sacaras la
lengua. Ha sido grandioso, casi tan bueno como una bofetada.
Izuku
relajó los hombros, sintiéndose un poco mejor al saber que no se estaba
burlando de él. Entonces, el timbre del ascensor sonó y los dos salieron a la
planta de las suites. Katsuki caminó con decisión, yendo directo a su
habitación con Izuku detrás.
—No
sé si servirá de algo que me disfrace —gruñó—. No sé cómo lo hacen, pero de un
modo u otro me reconocen, no importa lo que me ponga o la colonia que use.
Izuku
lo observó un momento de arriba abajo.
—¿Siempre
usas ropa tuya cuando te disfrazas?
—Sí.
El
Omega asintió.
—Ese
es tu error.
Katsuki
frunció el ceño.
—¿Ah?
—Tienes
que usar ropa que no sea de tu talla —dijo Izuku antes de señalarse la nariz—,
y si no es tuya y tiene el olor de otra persona, mejor. Los paparazzis
contratan a Alfas, Betas y Omegas con el olfato muy desarrollado para poder
identificarte aunque uses disfraces o incluso colonia. Seguro que ya saben qué
tipos de perfumes usas.
Katsuki
hizo una mueca.
—¿En
serio?
Izuku
olfateó un momento.
—Tienes
preferencia por los amaderados fuertes, ¿verdad?
Katsuki
se detuvo un momento y lo miró estrechando los ojos.
—No
serás periodista o algo así, ¿no? —preguntó con un tono más duro.
El
Omega notó el cambio. Dolió ver de nuevo sus ojos enfurecidos, pero no podía
culparlo. Ser perseguido constantemente por los medios era duro, y sabía que
algunos podían usar trucos muy sucios con tal de conseguir una exclusiva. Sin
irse muy lejos, un paparazzi lanzó cristales rotos en el jardín de la
casa de All Might, junto a la piscina, mientras la hija de su mejor amigo
estaba allí para que se cortara los pies y se viera obligado a salir para
llevarla al hospital.
Esa
clase de gente apestaba y podía comprender que Bakugo estuviera receloso de él.
Así
que lo miró y esbozó una sonrisa triste.
—No.
Soy dueño de una pequeña cafetería cerca del parque Odori. Pero, si te sientes
incómodo, podemos separarnos aquí. Sin rencores.
Bakugo
ladeó la cabeza, mirándolo fijamente, antes de relajarse de nuevo. Su rostro se
suavizó.
—Te
creo —dicho esto, una de las comisuras de su boca tiró hacia arriba—, tu
reacción de fanboy fue demasiado buena como para ser una actuación. Y
ese disco tuyo no se encuentra fácilmente.
Izuku
se puso rojo, cubriéndose las mejillas con las manos.
—Lo
siento, fui muy ruidoso.
Katsuki
soltó una risilla.
—Para
nada, nerd. Siempre es genial tener fans de verdad —dicho esto, puso los brazos
en jarra—. Ahora, a ver, maestro del disfraz, ¿cómo lo hacemos para salir de
aquí sin que se nos echen encima?
—Tienes
gente de seguridad, ¿no? —Katsuki asintió—. Llama al más grande para que nos
preste algunas cosas.
Katsuki
obedeció, hizo la llamada y se volvió hacia Izuku.
—Está
abajo conteniendo a los medios, pero, siendo como es, llegará en…
—¡Lleguéeeeeeeeee!
Izuku
dio un salto al ver a un enorme Alfa, probablemente el más alto que había visto
con sus más de dos metros, saliendo de una esquina y corriendo hacia ellos.
Maldita sea, no solo era grande, sino que era robusto y puro músculo, hacía
parecer pequeño incluso a alguien como Bakugo.
El
hombre de pelo rubio y ojos ambarinos, vestido con un traje impoluto, llegó
hasta ellos como una ráfaga furiosa de aire que se detuvo como un palo frente
al batería.
—¡Ya
estoy aquí, Katsuki! Dime qué necesitas —dicho esto, se fijó en Izuku, que lo
miraba con la boca abierta, y relajó su postura—. ¡Oh! Estás con un lindo
Omega, qué agradable sorpresa —dijo estrechándole las manos a Izuku y
dedicándole una amable sonrisa—. Me llamo Taishiro Toyomitsu, pero puedes
llamarme Taishi. Los amigos de Katsuki son amigos míos.
—Ah…
Mucho gusto —logró decir Izuku. Para ser de seguridad, le pareció un Alfa
bastante afable.
Katsuki
gruñó.
—Fat,
tenemos prisa.
Al
instante, Taishi se puso firme.
—Sí,
Katsuki. ¿Qué necesitas?
Este
señaló a Izuku, al que miró con una sonrisa desafiante.
—Vamos
a salir, y este de aquí cree que puede hacerlo sin que nos pillen.
Al
oír eso, Taishi frunció el ceño.
—¿Seguro
que quieres hacerlo por tu cuenta? Puedo pedirle a uno de mis chicos que me
cubra e ir con vosotros.
—No
pasa nada —dijo Izuku—, saldremos por la puerta principal sin problemas.
Taishi
lo miró con los ojos como platos y, Katsuki, con escepticismo.
—Ni
de coña —dijo este último.
Izuku
se cruzó de brazos.
—Tienes
mi palabra.
—¿Tanto
te lo crees, nerd?
El
Omega señaló su camiseta.
—Si
tuviera una de esas, la apostaría.
Katsuki
se miró la camiseta del concierto de All Might con el ceño fruncido, luego,
volvió a observar el rostro decidido del Omega.
—¿En
serio?
—Totalmente.
Yo no me jugaría algo así si no estuviera seguro.
Katsuki
esbozó una media sonrisa. Ah, mierda, esto se estaba poniendo emocionante.
—Está
bien, lo haremos a tu manera. —Al ver que Taishi estaba a punto de decir algo,
se giró hacia él—. Estarás en la puerta, vigilando por si acaso, pero no hagas
nada a menos que vengan a por nosotros. Quiero ver qué hace —dijo, sonriéndole
al Omega.
Izuku
fue hacia el Alfa con decisión.
—Necesito
una bufanda, la colonia que usas y una sudadera con capucha, cuanto más grande,
mejor.
Los
ojos de Taishi se iluminaron de repente.
—Oh,
ya veo. Enseguida —dijo antes de meterse en su habitación.
Katsuki
miró al Omega con interés.
—Entiendo
lo de la bufanda y supongo que la colonia es para esconder mi olor, pero, ¿la
sudadera?
Izuku
sonrió.
—Para
ocultar tu figura y tapar tu pelo —dicho esto, se contuvo de ensanchar su
sonrisa—. Además, haremos algo que no falla.
—¿El
qué?
—Tú
solo sígueme la corriente, cariño —le dijo el Omega, batiendo sus pestañas
hacia él.
Katsuki
soltó una carcajada.
—Rencoroso.
Tras
un instante de duda, Izuku sonrió divertido y le sacó la lengua, haciendo que
el Alfa estallara de risa.
—Ah…
Cada vez me caes mejor, nerd —dijo Katsuki mientras intentaba recomponerse—.
Esta noche promete ser interesante.
Izuku
relajó un poco más su postura al escuchar eso. Se alegraba por Bakugo. Los
momentos en los que uno podía estar tranquilo y divertirse eran importantes, a
veces, marcaban incluso la diferencia de tu estado de ánimo.
Esos
momentos podían ser un refugio en un mar de tormento. Podían impulsarte hacia
delante cuando la desesperanza te asolaba.
Sacudió
la cabeza, queriendo quitarse de encima sus oscuras reflexiones. Tenía una
importante escapada que planear junto a uno de sus ídolos, el hombre que
precisamente había creado sin saberlo un refugio para él.
Esa
noche, podía darle uno a cambio. No empezaría a cubrir siquiera la superficie
de la gran deuda que tenía por ello, pero, al menos, era algo que podía darle.
Así que tenía que estar centrado.
—¡Ya
lo tengo todo!
El
anuncio de Taishi lo reanimó y corrió a ver qué había traído mientras que
Bakugo todavía estaba intentando controlar las carcajadas que se le escapaban
de vez en cuando. Izuku esbozó una enorme sonrisa al desenrollar la sudadera.
—¡Es
perfecta!
Taishi
se cruzó de brazos con una expresión de pura satisfacción en el rostro.
—Lo
sé. Nadie sospechará lo más mínimo.
En
ese instante, la risa de Katsuki se había cortado. Estaba fulminando la prenda
con sus ojos rojos.
—Ni
hablar.
Izuku
le sonrió.
—¡Oh,
vamos! ¿Quieres salir un rato sin tener a periodistas encima? Esta es la
manera.
Katsuki
gruñó mientras contemplaba la sudadera. Era amarilla y tenía pintado en blanco
sobre el pecho la enorme cara redonda de un alegre perro con las orejas caídas
que sacaba la lengua. En la base, sobre el gran bolsillo para ambas manos,
había dos huellas del mismo color.
—…
Mierda —gruñó antes de arrebatársela a Taishi y señalar a Izuku—. Como hagas
una sola foto, te mataré, nerd. Y más te vale que esto valga la pena.
Izuku
intentó con todas sus fuerzas contener una sonrisa. Oh, Dios, lo intentó con
tanta fuerza que la voz le tembló por las ganas de echarse a reír.
—Tienes
mi pff… palabra —logró decir tras atragantarse una vez.
Katsuki
le gruñó, pero se puso la dichosa sudadera. Entonces, Fat le tendió la bufanda.
—No
olvides esto.
La
cogió e hizo amago de ponérsela mientras refunfuñaba algo sobre las cosas que
tenía que hacer para evitar a los putos paparazzi cuando se fijó en el
dibujo. La bufanda era de color café y estaba decorada con huesos blancos y
huellas de perro negras.
La
vena de su sien empezó a palpitar a la vez que escuchaba al maldito nerd y al
jodido Fat haciendo ruiditos de mierda que se parecían de un modo sospechoso y
muy molesto a risillas.
Se
giró hacia ellos.
—¡Callaos,
joder! ¡O a la mierda con esto!
Fat
se puso recto en el acto, pero Izuku rio alegremente al mismo tiempo que iba
hacia él y se ponía de puntillas para colocarle bien la bufanda. Katsuki iba a
replicarle, pero se detuvo al escuchar que decía:
—¿Y
qué hay de engañar a los periodistas? Tienes la oportunidad de pasar por
delante sin que te reconozcan lo más mínimo —le preguntó con una sonrisa
radiante que tenía poco que ver con la enorme vacilada que acababa de proponer.
Katsuki
no pudo contener una sonrisa. Lo cierto era que la idea de estar ante sus putas
narices sin que repararan en él le gustaba. Sería como una revancha por todas
las veces que lo habían pillado y había tenido que huir de ellos.
—Joder,
nerd, eres bueno —admitió. No era estúpido, sabía que ese pequeño Omega lo
estaba provocando, pero, mierda, quería hacer ese pulso con los paparazzi y
aplastarlos.
—Gracias
—dijo este, todavía con esa expresión angelical, mientras terminaba de cubrirle
el rostro con la bufanda y le colocaba la capucha. Estiró la mano hacia
Taishi—. Ahora, la colonia.
El
Alfa se la entregó e Izuku lo roció entero con ella. Olía a cítricos, en
especial a limón, Izuku tuvo que halagar la elección de Taishi, era un aroma
que tenía tendencia a devorar el resto, por lo que escondería bastante bien el
de Bakugo y cualquier perfume que hubiera utilizado antes. Además, tenía un
leve olor a humo de la fiesta de antes, lo que les facilitaría las cosas.
—Listo
—dijo satisfecho, echando un vistazo a su alrededor—. De ningún modo pensarán
que eres tú.
Katsuki
golpeó la palma de su mano con el otro puño.
—Bien.
Vamos a por los putos paparazzi.
Izuku
fue tras él y Taishi hasta el ascensor, donde este les pidió que esperaran un
minuto antes de ir hacia la salida para que nadie viera que iban juntos.
Mientras tanto, Izuku se puso su propia bufanda, subiéndola hasta el mentón, y
unas orejeras.
Una
vez en la recepción, Izuku se sobresaltó un poco al ver la cantidad de
periodistas que había allí a pesar de que era muy tarde y que el concierto
había terminado hacía unas horas.
—¿Por
qué hay tantos? —le preguntó a Bakugo después de que Taishi se adelantara para
ayudar a sus compañeros a contenerlos.
—Están
a la caza de alguna exclusiva —resopló—. Esperan tener la suerte de captar a
Pikachu liado con alguna grupi, a Peloraro siéndole infiel a su Omega o
a mí rompiendo algo o a alguien —dijo poniendo los ojos en blanco.
Izuku
frunció el ceño al escuchar eso último.
—Tú
nunca te has metido en peleas. O, al menos, no en público.
Bakugo
puso los ojos en blanco.
—¿No
lo sabes? Tengo mal genio.
El
Omega acentuó su ceño.
—Una
cosa es tener un carácter fuerte y otra es ser violento. Hay una gran
diferencia.
Katsuki
levantó una ceja, mirando a Midoriya mientras esbozaba una media sonrisa.
Parecía un tipo con cabeza, de los que no se dejaban llevar por las
apariencias. Bien, no aguantaba a los idiotas y, últimamente, tenía la
sensación de estar rodeado por ellos. Le hizo tener aún más ganas de escaparse
de allí para pasar un rato tranquilo con el Omega, parecía alguien interesante
y tenía buen gusto musical. No lo diría en voz alta, pero una parte de él
echaba en falta aquellas charlas con sus fans, con los… normales, por decirlo
de algún modo, los que realmente estaban interesados en su música y no en su
fama.
Así
que estaba dispuesto a hacer un rato el ridículo para tener eso, al menos, por
una noche. Por eso y por dar por culo a los periodistas. Y por respirar un
poco, estar tranquilo sin tener a un montón de buitres esperando sacar algo de
él.
—¿Listo?
—le preguntó el Omega, cogiéndolo del brazo.
Allá
iban. Ah, mierda, debía admitir que era un poco emocionante, algo diferente a
lo que solía hacer.
Fuera
como fuera, iba a ser divertido. Eso pensaba mientras dejaba que Midoriya lo
llevara hasta la entrada, donde los periodistas se agitaron como un nido de
hormigas ante la llegada de una comida suculenta. Eso lo irritó un poco, pero
no tardó en ponerse de buen humor.
Porque
no imaginaba lo bien que iba a pasárselo cuando el Omega, de repente, empezó a
gritar:
—¡Uuuuuaaaah!
¡Ha sido genial! —dijo emocionado, tirándole del brazo y dando saltitos, con
los ojos relucientes de una ilusión casi infantil—. ¡Kaminari estaba
espectacular! Era como si su voz inundara todo el estadio. ¡Piel de gallina,
cariño! ¡Piel de gallina! —siguió mientras pasaban la barrera de seguridad,
donde Taishi los dejó pasar. No los perdió de vista mientras se adentraban en
el mar de periodistas—. ¿Y Kirishima? ¡Cómo arrasaba en el escenario! Sero
estaba como siempre, ¿viste lo rápido que iban sus dedos? ¡Es que verlo en
directo es taaaaan espectacular! ¡Y Bakugo, cariño, Bakugo! —exclamó, tirándolo
aún más fuerte, como un niño pequeño emocionado ante el anuncio de un nuevo
juguete, y haciendo que Katsuki apretara los labios con fuerza para no echarse
a reír—. ¿Cómo puede ser aún más impresionante en persona? Creo que, si hubiera
tocado con más potencia, me habría arrancado los tímpanos, y, aun así, yo
habría estado feliz, ¡feliz! —dicho esto, se apretó contra su costado y
restregó su mejilla contra su brazo, tal y como haría un Omega enamorado—.
Estoy taaaaan feliiiiiiz. Mil gracias por acompañarme, cariño, eres el mejor.
Katsuki
tuvo que tragarse su ataque de risa. Joder, y él que creía que ese nerd no
podía ser más fanboy, pero eso era otro nivel y, mierda, era tan
gracioso. Realmente parecía un niño pequeño en Navidad. Aun así, lo mejor de
todo fue que los periodistas apenas los miraron durante dos segundos antes de
dejarles paso y mantener su vista fija en la entrada, esperando una oportunidad
para colarse o ver por algún casual a los integrantes de su banda.
¡Ja!
¡Jodeos, cabrones! Ahí lo tenían y, por una puta vez, no se daban cuenta. Las
ganas de enseñarles el dedo medio eran muy grandes, pero no iba a arriesgar su
plan y su cada vez más posible noche tranquila por vacilarles un poco.
En
vez de eso, dejó que el nerd hiciera su numerito durante un rato más mientras
se alejaban del hotel. Para entonces, Katsuki se llevó una mano a la boca para
esconder sus carcajadas, haciendo que a Midoriya le temblara un poco la voz,
contagiado por su risa. Al final, cuando doblaron una esquina para entrar en un
callejón, los dos se rieron a gusto.
—¡Joder,
nerd! ¡Lo hemos hecho!
—Te
dije que apostaba tu camiseta.
Katsuki
se tranquilizó y le lanzó una mirada divertida.
—Pero
yo no lo he hecho, así que sigue siendo mía.
El
Omega resopló, pese a que sonreía.
—Maldición
—dijo antes de echar a andar por la calle, haciéndole un gesto para que lo
siguiera.
Katsuki
fue tras él con una sonrisa de oreja a oreja, perdiéndose entre las calles de
Chuo, bulliciosas de gente que había salido a divertirse y algunas de las
cuales ya iban un poco cargadas de alcohol y de ánimos para ir a bailar, al
karaoke o a seguir bebiendo.
Para
él, fue agradable poder moverse entre tantas personas sin ser reconocido. Era
la primera vez en mucho tiempo.
—Así
que soy impresionante, ¿eh? —le dijo a Midoriya, que caminaba a su lado,
ligeramente por delante para guiarlo.
Este
asintió sin pensárselo dos veces con una sonrisa.
—Impones
mucho en el escenario y tu técnica es genial —dijo llevándose los dedos índice
y pulgar al mentón en una pose pensativa—. Debes de ser de los mejores baterías
del momento. Tienes instinto, sentido rítmico, velocidad y potencia, eres como
el Jon Bonham de la década.
Katsuki
Bakugo no era la clase de persona que se dejaba impresionar fácilmente. Sin
embargo, por segunda vez en una noche, ese Omega lo había golpeado en el
recóndito lugar en el que se ocultaba su lado más emocional.
Que
una persona pudiera compararlo con tanta naturalidad con el mejor batería de la
historia era demasiado hasta para él.
Se
llevó una mano a la nuca. Normalmente era consciente de lo genial que era, pero
incluso él sabía que tenía sus límites.
—¿No
crees que exageras?
Midoriya
frunció el ceño.
—Pero
te mueves parecido a él, aunque tu técnica me recuerda a la de Akira Jimbo.
Katsuki
parpadeó antes de esbozar una enorme sonrisa. Joder, ¿de dónde había salido ese
Omega?
—¿Qué
pasa contigo y los baterías de los setenta?
Este
ladeó la cabeza.
—¿Cuál
es el problema?
—Las
únicas personas que conozco que sepan tanto sobre música son gente de mi
gremio.
—Oh
—soltó Midoriya antes de llevarse una mano al pelo—. Bueno, yo estudié música.
Sin
pensar en lo que hacía, le dio un puñetazo amistoso en el hombro que sobresaltó
al Omega.
—Lo
sabía. Eres demasiado nerd para ser solo un aficionado. Dijiste que tocabas,
¿verdad? —preguntó, tal vez un poco más emocionado de la cuenta. Sin embargo,
realmente le gustaba hablar con alguien nuevo sobre música, siempre había una
perspectiva diferente o descubría algo interesante—. ¿Qué instrumento?
Izuku
se sonrojó, sintiéndose un poco tímido de repente. No se consideraba tampoco un
experto, simplemente, pudo dedicarle bastante tiempo y, además, siempre que
había estudiado, lo había hecho a fondo, concentrado y de forma meticulosa, de
modo que solo la música estuviera en su cabeza y nada más.
—Violín,
principalmente.
Los
ojos de Katsuki brillaron.
—¿Y
qué más?
—Pues…
Piano, chelo y guitarra acústica.
El
Alfa tenía los ojos brillantes mientras lo observaba.
—Realmente
eres un fanboy de la música, ¿eh?
Izuku
se rio, un tanto avergonzado.
—Supongo.
Katsuki
abrió la boca para preguntarle algo más, bien podría haber sido sus grupos
favoritos, los géneros que le gustaban o cómo es que no se dedicaba a la
música, parecía alguien competente por cómo hablaba, al menos, para ser
profesor y explicar conceptos teóricos, pero, entonces, el Omega se detuvo y
señaló hacia delante.
—Mira,
hemos llegado.
Él
también se detuvo y se quedó mirando la fachada del club. Pese a que era de
paredes lisas y un brillante tono negro que reflejaba las luces de neón de los
locales, tenía por encima un intrincado dibujo de líneas doradas que creaba
formas geométricas cuadradas o de estrellas de ocho puntas. En el letrero,
ahora apagado, se podía leer Lemillion sobre la silueta de un saxofón.
—¿Seguro
que está abierto?
—Sí
—respondió Izuku, adelantándose para llamar a la puerta—. En noches como esta,
Mirio siempre hace como que cierra para que nadie moleste —dijo antes de dar
dos golpes y retroceder un paso.
Katsuki
notó entonces que alguien los miraba. Se ajustó la bufanda sobre su cara y
luego bajó un poco más la capucha, procurando ocultarse.
Dos
hombres Alfas se acercaron a ellos al mismo tiempo que escucharon que la puerta
del club se abría. Eran jóvenes e iban bien vestidos. Parecían bastante
lúcidos, no detectó rastro de alcohol en su aroma. Sin embargo, caminaban muy
decididos en su dirección.
Por
un instante, temió haber sido reconocido justo cuando su noche tranquila
empezaba tan bien, pero no tardó en darse cuenta de que sus ojos estaban fijos
en el Omega.
—Ey,
¿está abierto? —preguntó uno de ellos mirando a Midoriya con una bonita sonrisa
y esparciendo feromonas sexuales. Una clara invitación.
Sin
embargo, el chico no les devolvió las feromonas y tan solo curvó los labios en
un gesto de disculpa mientras abría la puerta del local.
—Lo
siento, chicos, es noche de Omegas.
El
que había hablado hizo una mueca, claramente decepcionado, mientras que el otro
fulminaba a Katsuki con los ojos.
—¿Y
él puede entrar?
Entonces,
Izuku sonrió alegremente mientras cogía a Katsuki de la muñeca y lo arrastraba
hacia el interior del club.
—Pues
claro. Es el stripper.
Katsuki
se sobresaltó, pero, para entonces, ya estaban dentro del local e Izuku había
cerrado la puerta tras ellos, dejando a los Alfas de fuera con una expresión
que rondaba entre la sorpresa y la vergüenza.
Así
que pudo echarse a reír libremente.
—¿Un
stripper? ¿Yo? —preguntó con un aullido de risa.
Izuku
se llevó una mano a la cabeza.
—Lo
siento. Fue la mejor excusa que se me ocurrió.
Katsuki
recuperó un poco la compostura y levantó las cejas dos veces mirando al Omega
con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Tantas
ganas tienes de quitarme los pantalones, nerd?
—¡Que
no era eso! —replicó Izuku, rojo hasta las orejas, haciendo que Katsuki riera
más fuerte.
—Vaya,
veo que esta noche nos divertiremos con nuestro invitado.
Por
costumbre, Katsuki se puso alerta al escuchar una alegre voz masculina. El Alfa
plantado frente a ellos era apenas unos centímetros más alto que él, sin
embargo, tenía el doble de tamaño. No le extrañaría que fuera la seguridad del
local con su torso ancho y los musculosos brazos. Aun así, no era nada
amenazante, no con esa enorme sonrisa que les daba la bienvenida.
—¡Mirio!
—gritó Izuku saltando hacia sus brazos.
El
Alfa lo cogió al vuelo y lo levantó en el aire como si fuera un niño pequeño.
—¡Izuku,
qué alegría verte! ¿Cómo ha ido el concierto? —le preguntó mientras lo dejaba
en el suelo con cuidado.
—¡Aaaaah!
¡Tengo tantas ganas de contároslo todo! —dijo emocionado el Omega. Sin embargo,
se giró de repente y señaló a Katsuki, que estaba un poco alucinado por cómo
había sido ignorado por completo por el Alfa. No le ocurría muy a menudo—.
Pero, antes, te presento a Katsuki Bakugo. Es mi invitado esta noche.
Por
fin, el Alfa avanzó hacia él y lo saludó con una pequeña reverencia.
—Es
un honor conocerte en persona. Soy Mirio Togata, dueño del club. —Katsuki le
devolvió el gesto—. Me ha dicho Izuku que necesitaba un lugar tranquilo para
vosotros esta noche, así que estás en tu casa.
Katsuki
se sintió un tanto aliviado. El Alfa parecía ser consciente de quién era, pero
no iba a lanzarse sobre él como los lunáticos de la fiesta de Pikachu.
—¿Quiénes
están aquí? —le preguntó Izuku a Mirio.
—Pues…
—Mirio levantó los dedos a medida que los enumeraba—. Kaede, Yuma, Hinano,
Toka, Hinata, Ritsu y Tomo.
Para
la sorpresa de Katsuki, el Omega dejó escapar un gemido.
—Genial,
están todos los ruidosos.
Mirio
rio y le palmeó la espalda con tal fuerza que Izuku casi se cae hacia delante.
—Se
portarán bien, ya lo verás. Saben lo mucho que te gusta Bakugo.
Al
escuchar eso, el Alfa esbozó una amplia sonrisa.
—Así
que te gusto, ¿eh, nerd? Sabía que querías quitarme los pantalones.
Izuku
lo asesinó con la mirada, a pesar de que su cara era como un neón rojo.
—¡De
ninguna manera!
Mirio
se llevó las manos a la cara.
—¡No
me habías dicho que habías ligado! ¡Habérmelo dicho para preparar un ambiente
íntimo!
—¡Que
no es eso! —replicó Izuku, muerto de vergüenza.
El
Alfa le lanzó una mirada interrogante a Katsuki, cuyos ojos brillaban con
maldad.
—¿No
lo sabes? —le dijo a Mirio—. Parece que esta noche soy el stripper.
Mirio
abrió los ojos como platos y esbozó una enorme sonrisa.
—¿Izuku
ha dicho eso? —preguntó antes de echarse a reír.
El
Omega resopló, cruzándose de brazos e intentando matarlos con los ojos, aunque
el puchero que hizo y el sonrojo que apareció en sus mejillas en realidad solo
le hacían ver como un gatito cabreado y, por supuesto, eso hizo que los dos
Alfas rieran aún más fuerte.
—Os
odio —les gruñó antes de dar media vuelta e internarse en el local.
—¡Izuku!
¡No te enfades! —le pidió Mirio.
—¡Eso,
nerd! —gritó Katsuki tras ellos, todavía riéndose—. ¡Te dejo que me quites los
pantalones!
Escuchó
que el Omega le gruñía y eso le hizo reír otra vez más fuerte. Había valido la
pena seguir a Midoriya, se lo estaba pasando en grande y la noche no había
hecho nada más que empezar. Togata, a su lado, le palmeó un hombro cuando los
dos recuperaron la compostura y le preguntó que quería tomar.
Tras
responderle, se detuvo un momento a admirar el local. No era muy grande y las
luces tenues y cálidas le daban un ambiente íntimo y acogedor. Al fondo, había
un pequeño escenario con un piano de cola, un contrabajo, un teclado y una
batería, pero el saxofón era el único protagonista gracias al Omega que lo
tocaba con suavidad y cierta melancolía. Katsuki apreció con una sonrisa que el
sonido era muy bueno para ser un aficionado y que iba acorde con el estilo del
local.
Justo
enfrente, vio a Midoriya junto a una mesa llena de Omegas. Todos llevaban
collar y uno de ellos llevaba el olor de un Alfa. Estaban tomando unas copas y
saludaron al nerd con alegría.
—¡No
puedo creer que hayas traído a un Alfa! —dijo una las chicas.
—¡Y
nada menos que a Bakugo! —dijo otra dándole toquecitos en el costado con un
dedo—. Siempre hemos sabido que te gustaba, pero no pensaba que podrías
dirigirle la palabra.
Katsuki
vio con cierta diversión cómo el nerd enrojecía y decía con un gruñido:
—¿Podéis
comportaros por esta noche, por favor?
Uno
de los dos Omegas masculinos que había, un tipo que exudaba la palabra
“responsable” por todos los poros, le dedicó una sonrisa amable.
—Tranquilo,
Izuku, es noche de Omegas, así que será como si no estuvierais —dicho esto, se
dirigió a él con el mismo tono suave—. No se preocupe, señor Bakugo, nosotros
estamos a lo nuestro.
Sin
embargo, otro chico Omega pasó un brazo por los hombros de Izuku y le gritó:
—¡Pero,
por si no lo sabía, Izuku es ultrafan suyo!
Katsuki
esbozó una amplia sonrisa cuando Midoriya lo fulminó con la mirada y le dijo
que dejara de beber alcohol. Pese al cachondeo que había alrededor de su
persona, ninguno de los Omegas hizo amago de acercarse a él o querer nada más
que burlarse un poco de su amigo, así que se limitó a sentarse en una mesa
junto a la barra mientras el nerd acababa de saludar y pedir un mínimo de
discreción.
Cuando
volvió, ya se había puesto cómodo quitándose la dichosa sudadera y la chaqueta
de cuero, exhibiendo su orgullosa camiseta del concierto de All Might, con una
cerveza que le había traído Togata. A Midoriya, en cambio, y para su absoluta
confusión, le trajo un chocolate caliente.
—Siento
el alboroto —se disculpó con un suspiro, quitándose el abrigo y las orejeras.
Katsuki
sonrió, recostándose en el respaldo de la silla con la cerveza en la mano.
—No
lo hagas, tus amigos parecen divertidos y yo estoy tomando algo tranquilo. Has
cumplido.
El
Omega relajó su postura y guardó la bufanda y los guantes antes de sentarse.
—Pero
seguirás sin darme esa camiseta —dijo con una sonrisa traviesa.
Él
le devolvió el gesto, divertido.
—Ni
de coña, pero me gusta tu persistencia.
Midoriya
soltó una risilla mientras que Katsuki se reclinaba hacia atrás en una postura
más suelta y cómoda. Debía admitirlo, el sitio era agradable y tranquilo y la
compañía parecía la adecuada, por una vez en mucho tiempo.
Se
sentía bien. No tenía que estar a la defensiva, ni mantener las apariencias por
si algún periodista estaba al acecho de cualquier detalle que pudiera usar en
su contra. Nadie estaba buscando algo de él, solo pasaba el rato. Era
agradable.
Vio
que Midoriya apretaba las manos en la taza, como buscando calentarse. Él ladeó
la cabeza.
—No
sabía que en los clubs de jazz servían eso.
El
Omega esbozó una sonrisa cálida.
—No
lo hacen, pero Mirio hace excepciones con nosotros.
Katsuki
levantó las cejas.
—¿El
agua y los zumos no son suficientes?
Izuku
se rio por lo bajo.
—Para
nosotros, sí, pero no para él —respondió antes de señalar a sus amigos—. La
mayoría de nosotros lo conocimos fuera del trabajo. Le gusta mimarnos, tal vez
demasiado.
El
Alfa ensanchó su sonrisa.
—Pero
vosotros le dejáis hacerlo.
Izuku
se encogió de hombros.
—No
veo dónde está el problema.
Katsuki
se rio, le dio un sorbo a su cerveza y la dejó sobre la mesa, observando al
Omega.
—Entonces,
¿cuándo entraste en el mundo de la música? Debes de llevar bastante si sabes
tocar tantos instrumentos.
El
Omega se rascó la nuca.
—Empecé
a los seis años.
—¿Por
iniciativa propia o de tus padres? —preguntó, ahora apoyando los codos sobre la
mesa e inclinándose hacia delante.
Detectó
algo extraño en Midoriya, sus ojos hicieron un diminuto gesto que le recordó al
dolor, pero fue tan rápido y repentino que creyó haberlo imaginado.
—Mis
tutores insistieron en que sería bueno para mí, pero me alegro de haberles
hecho caso en eso —respondió antes de darle un sorbo a su chocolate.
Ah,
así que no había sido una ilusión, había visto algo raro. Por la palabra que
había usado al referirse a las personas que lo habían criado, no le costó hacer
suposiciones. Sin embargo, no era necesario seguir por ese camino, él sabía
cuándo estaba pisando un terreno minado.
—¿Y
no te detuviste? ¿Has seguido hasta ahora?
Supo
que había acertado con esa pregunta porque el nerd recuperó la sonrisa.
—No
dejé de estudiar hasta los veinte. Ahora sigo con la música, pero por mi
cuenta.
Katsuki
apoyó la cabeza en una mano.
—¿No
has pensado en dedicarte a ello? Son catorce años, no sé cuánto tiempo llevas
sin alguien que te ayude a seguir esa vía y tampoco te he escuchado tocar, pero
suele ser formación suficiente para crear un músico competente —dicho esto,
torció su sonrisa—. A menos que seas un inútil.
El
Omega imitó su gesto, pero movió la cabeza de un lado a otro mientras se dejaba
caer en el respaldo de la silla.
—Me
encanta la música, pero no quiero dedicarme a ello —dicho esto, frunció un
momento el ceño y lo miró con cierta timidez—. ¿Sería raro que dijera que es
algo muy personal para mí?
La
sonrisa del Alfa se volvió más suave, como si lo entendiera.
—Para
nada —respondió en un tono que parecía remarcar algo obvio—. Tal y como yo lo
veo, la música solo tiene sentido cuando es algo personal, cuando tiene un
significado para cada uno, no importa si es algo grande o una cosa sencilla.
Compartirlo o no con el mundo depende de cómo lo sienta cada uno. Si tú te
sientes bien con eso, entonces está bien, sin importar lo que digan los demás.
Midoriya
relajó su postura y esbozó una bonita sonrisa.
—Entonces,
creo que se quedará conmigo —tras decir eso, se rascó la cabeza—. Además, no
creo que pueda llevar bien eso de ser famoso. No sé cómo lo haces para tratar
con toda esa gente.
—Es
un precio a pagar, por desgracia —dijo poniendo los ojos en blanco, aunque no
tardó en sonreír—. Pero me encanta lo que hago y poder dedicarme a esto era lo
que yo quería. Odio a los paparazzi y a los extras que dicen ser fans
míos cuando solo quieren sacar algo de mí, no lo niego —dicho esto, su
expresión se iluminó y sus dedos tamborilearon sobre la mesa, como si estuviera
marcando un ritmo que solo sonaba en su cabeza—. Sin embargo, paso la mayor
parte de mi tiempo tocando y componiendo, en un estudio con los idiotas de mis
amigos —resopló con una sonrisa—. Los conciertos siempre son geniales, tocar en
directo es la hostia. Sé que muchos extras dicen esa mierda de: “¿para qué voy
a gastar un pastizal en ir a un concierto cuando puedo escuchar música en mi
casa siempre que quiera?”. ¡Bah! —soltó con un gesto despectivo de la mano—. No
tienen ni puta idea. No importa el cuidado que pongamos en nuestros discos, en
buscar el sonido perfecto en el estudio y darlo todo para que quede bien para
la maqueta, no…
—No
se siente de la misma manera —terminó Midoriya por él con los ojos brillantes.
Katsuki
golpeó la mesa.
—¡Exacto!
Lo entiendes.
—Es
que no suena igual —dijo apoyando los brazos en la mesa y gesticulando con las
manos de la emoción—. Kaminari tiene una voz que te atraviesa, pero el efecto
es mayor e impactante en directo. Además, como toca la guitarra al mismo
tiempo, resulta espectacular verlo moverse de esa forma en el escenario, la
gente no tiene ni idea de lo fácil que es que se te vaya el acompañamiento
mientras haces la voz principal. —Se inclinó un poco hacia delante y su sonrisa
se ensanchó—. Y todo el mundo subestima el bajo, pero Kirishima es
particularmente expresivo con él, nunca había oído nada igual, lo mismo pasa
con su voz, parece tener más sentimiento. O Sero, el teclado no tiene el mismo
estatus que el piano, pero la cantidad de sonidos que es capaz de hacer es tan
grande que su complejidad reside en ser capaz de tener el tono adecuado en todo
momento, y no es fácil de hacer en directo —tras decir esto, miró al batería
con ojos ilusionados—. Por no hablar de cómo suena tu batería, es como cuatro
veces más potente que en un disco, como si fueran explosiones.
—¿Verdad?
—rio Katsuki, cruzando los brazos con satisfacción—. Me encanta cómo suena
cuando toco al aire libre, es como si llenara todo el puto espacio.
—Pero,
aun así, tienes tanta técnica que no eclipsa el sonido de todo lo demás, así
que le das mucha potencia y ritmo a las canciones, es brutal.
—Lo
sé, soy un jodido genio, ¿verdad? —dijo con una enorme sonrisa.
Midoriya
levantó las cejas.
—¿Eso
que oigo es humildad? —se burló.
—En
estado puro, nerd —le devolvió Katsuki tomando el botellín de cerveza y dándole
un trago.
El
Omega le lanzó una media sonrisa divertida antes de aprovechar para darle un
sorbo a su chocolate. Después, apretó las manos contra la taza, como si
quisiera calentarse.
Entonces,
le soltó:
—¿Sabes
que es mi primer concierto?
Katsuki
dejó de beber al acto y lo miró con los ojos muy abiertos.
—Oh,
mierda.
—¿Qué?
—preguntó Midoriya sobresaltado.
—Nadie
me había roto el corazón como acabas de hacerlo tú. —El nerd soltó una
carcajada, haciendo que Katsuki esbozara una media sonrisa, pero no tardó en
dejar la cerveza en la mesa e inclinarse sobre ella—. Ahora, en serio, ¿nunca?
—No.
—Oh,
venga, entonces estás jodido. —El Omega ladeó la cabeza con expresión
interrogante, a lo que él respondió encogiéndose de hombros—. Has visto un
concierto mío, todo lo demás será mierda para ti a partir de ahora.
Midoriya
se rio otra vez.
—¡No
es cierto! Te mataría por ver a All Might en directo.
Katsuki
chasqueó la lengua con arrogancia.
—Nah,
eres mi fan número uno, me adoras, jamás serías capaz de hacer algo así, no a
tu ídolo.
El
nerd se lo quedó mirando intentando parecer serio, pero él le sostuvo la mirada
sin dejar de sonreír. Al final, el Omega sacudió la cabeza con los labios
curvados hacia arriba, como si estuviera pensando que no tenía remedio.
—Estaría
tentado —admitió—, pero es cierto, no sería capaz.
Katsuki
soltó una carcajada.
—¡Ahí
está ese amor incondicional por mí! Puede que al final te deje quitarme los
pantalones —añadió riendo.
El
nerd golpeó la mesa con las dos manos y el rostro enrojecido otra vez.
—¡No!
¡Deja de decir eso! —pidió escondiendo la cara entre las manos.
—Es
que tendrías que ver tu cara, nerd, es tan gracioso —dijo sin dejar de reír.
Creyó
escuchar a Midoriya quejarse y decir algo como que era un tipo cruel, pero el
sonido estaba amortiguado por sus manos, así que no pudo oírlo bien. No
importó, era divertido provocarlo. En cierto modo, era un poco adorable que le
avergonzaran sus bromas subidas de tono. No sabía qué edad tenía exactamente,
pero, por lo que había dicho antes, sospechaba que tenía más de veinte, aunque
juraría que menos de treinta, y, aun así, reaccionaba como un adolescente que
apenas había empezado a rozar el tema.
Era
tan gracioso.
Rio
cuando lo vio acusándolo con los ojos a través de sus dedos, como si le
recriminara que se estuviera burlando de él.
—Si
buscas un concurso de miradas asesinas, te aplastaré tan rápido que eso sí que
no tendrá gracia —le dijo antes de tomar otro trago de cerveza.
Por
fin, Midoriya dejó de esconderse y levantó las cejas.
—Eso
es cierto. Dabas un miedo terrible en el balcón.
Él
hizo una mueca.
—Ya.
Quería espantarte. Pensaba que eras otro bicho carroñero que husmeaba a ver si
podía conseguir algo de mí —dicho esto, su sonrisa regresó mientras lo
contemplaba—. Pero mi noche ha mejorado mucho desde que me encontré contigo.
—Alzó el botellín hacia él—. Brindo por eso.
Esta
vez, el Omega le sonrió feliz y con un pequeño rubor en las mejillas.
—Me
alegro mucho de que se arreglara el malentendido y que quisieras hablar
conmigo. Significa mucho para mí.
Por
un instante, Katsuki se quedó inmóvil, observándolo impresionado. Su expresión
era radiante, como si fuera el ser más afortunado del universo.
Él
podía entender ese sentimiento. El día que conoció a All Might en persona, fue
un gran impacto y, aunque no era la clase de persona que lo mostrara
abiertamente, estuvo tan emocionado, con el corazón martillando su pecho y la
sangre bombeando a una velocidad de vértigo en sus venas, que se sintió un poco
fuera de control.
Comprendía
esa admiración, y, aun así, sintió que la de Midoriya era diferente, más
intensa, pero no enfermiza, no era algo obsesivo ni un fanatismo que rayaba en
la locura. No sabía explicarlo, sin embargo, se sintió como algo parecido al…
¿agradecimiento? Sonaba muy pobre para eso, pero tampoco se atrevería a
llamarlo devoción, la cosa no iba por ahí. Era algo profundo, pero sin
malicia alguna.
No
tenía ni idea, pero, aun así, durante ese segundo, el Omega emitió luz propia y
una emoción tan pura que le costaba ponerle nombre.
Fue
mágico. Uno de esos momentos que se te quedan grabados en la memoria por lo
especial que fue, aunque no fuera capaz de explicar por qué lo había sido.
Entonces,
Midoriya cogió su taza para darle otro sorbo a su chocolate y el instante pasó.
Aun así, la expresión de Katsuki se suavizó y lo contempló apoyando la cabeza
en una mano. Como artista, haber experimentado algo así, tan nuevo e intenso,
siempre era increíble.
Definitivamente,
el Omega era lo más interesante que había en esa fiesta.
—Oye
—le dijo, reclinándose en la silla—, ya que has mencionado que matarías por un
concierto de All Might, yo tengo unos cuantos candidatos.
Midoriya
soltó una risilla.
—Seguro
que sí.
Y,
así, empezaron a hablar de cantantes, intérpretes y bandas, y, de ahí, pasaron
a los géneros musicales que a ambos les gustaban. El nerd, por supuesto, tenía
una noción bastante exacta de lo que le gustaba a Katsuki por las entrevistas
que había visto, pero se interesó en profundizar más para saber cómo había
influido en su trabajo o cómo lo habían inspirado. Por otro lado, al Alfa no le
sorprendió demasiado descubrir que a este le gustaba prácticamente todo, aunque
hubo sorpresas, como la música instrumental ambiental y la ópera. En serio,
¿cuánta gente había hoy en día que escuchara ópera? Midoriya le confesó que
empezó por sus clases de canto, para aprender técnicas de proyección y control
vocal.
Los
dos estaban enfrascados comparando técnicas tímbricas cuando Katsuki vio que se
acercaba uno de los chicos Omegas a Midoriya. Tenía el pelo corto oscuro y
vestía unos sencillos vaqueros y una camisa azul claro bajo la que llevaba un
jersey de cuello vuelto de color marino. Sus ojos azules estaban un poco
desenfocados y tenía las mejillas sonrojadas.
El
chaval se había pasado un poco con las copas.
Se
dejó caer sobre los hombros de Midoriya, que se sobresaltó mientras este lo
abrazaba por el cuello y frotaba su mejilla contra la suya.
—Zuuuuuzuuuuu,
me he pasado un pelín…
Katsuki
no pudo contener una carcajada.
—¿Zuzu?
¿Te llama Zuzu? —preguntó con un aullido de risa.
El
Omega se puso rojo hasta las cejas, pero, antes de que pudiera decirle nada, el
otro chico se dejó caer sobre él, casi aplastándolo contra la mesa. Katsuki
consiguió salvar su segundo chocolate caliente sin dejar de reír con fuerza.
—Tomo,
te dije que no te pasaras —lo regañó Midoriya pellizcándole un moflete y con
cara de exasperación. Era evidente que no era la primera vez que tenían esa
conversación.
El
tal Tomo esbozó una sonrisa bobalicona, ahora deslizando la cabeza hasta el
pelo del nerd, donde dejó caer el mentón con una expresión de felicidad
absoluta.
—Ya…
Pero estábamos hablando de Alfas calientes y se me fue la cuenta… —dicho esto,
se fijó un instante en Katsuki y lo saludó torpemente con la mano—. No se
preocupe, señor Bakugo, usted entra en el top cinco. Mejora mucho en persona,
por cierto.
Él
levantó una ceja.
—¿Solo
el top cinco?
Antes
de que pudiera exigir una explicación, Tomo empezó a balancearse de un lado a
otro con Midoriya, cuya expresión era la de alguien que se estaba preguntando
por qué demonios se relacionaba con ese tipo.
—Vamos,
Zuzu, necesito despejarme, toca conmigo.
Al
escuchar eso, tanto las cejas como las comisuras de los labios de Katsuki se
elevaron, mientras que el Omega se sonrojó.
—Pe-pero
no he traído mi violín y…
—Ritsu
ha traído el suyo —dijo Tomo, frotando las mejillas contra su pelo,
desordenándolo aún más si podía—. Quiero la última canción que compusiste, la
que tocamos juntos el mes pasado…
—Eh…
Es que… —Se removió nervioso entre los brazos de su amigo—. Estoy hablando con
Bakugo…
—Ah,
no —sonrió el batería, mirándolo con un brillo lobuno en los ojos—. Ni de coña
me pierdo esto.
Izuku
pasó del nerviosismo y la timidez al pánico absoluto en décimas de segundo.
¿Cómo
demonios iba a tocar y a cantar delante de Bakugo? ¡Él no estaba hecho para
hacer eso en público! Es decir, no es como si no lo hubiera hecho antes, pero
siempre había sido algo privado y disfrutaba tocando con sus amigos…
¡Pero
es que Bakugo estaba delante!
Se
llevó las manos al pelo, deseando con todas sus fuerzas que la tierra se lo
tragara, retroceder en el tiempo para evitar que Tomo se acercara o
estrangularlo en ese mismo momento. No sabía cuál de todas las opciones le
apetecía más, pero su cabeza era puro caos mientras se preguntaba cuál era la
salida más cercana a…
Entonces,
una mano sobre su hombro le hizo saltar en la silla. Al alzar los ojos, Bakugo
estaba a su lado, con esa irritante sonrisa divertida que lo llevaba
acompañando desde que escaparon al hotel.
Sin
embargo, sus dedos firmes en su hombro fueron reconfortantes de algún modo.
—Oye,
eres un obseso de la música, como yo —le dijo antes de poner los brazos en
jarra—. Lo único que quiero ver cuando estés en el escenario es esa pasión. El
resto que se joda. Pero como no vea ahí arriba a ese fanboy nerd con el
que llevo hablando toda la noche, esta vez sí tendré un buen motivo para
gritarte —dicho esto, le dio una palmada de ánimo en el brazo y señaló la
barra—. Voy a por otra cerveza. Relájate y disfruta, para eso es la música,
después de todo —le dijo con una sonrisa.
Izuku
se quedó mirando su espalda con las mejillas ardiendo y los ojos brillantes.
¿Cómo
podía ser tan genial?
—Ya
has oído a tu ídolo, ¡tira para arriba! —le dijo Tomo de repente, agarrándolo
del brazo para que lo acompañara al escenario.
Se
dejó llevar, todavía un poco atolondrado por la charla de Bakugo. Y parecía tan
cascarrabias en televisión. Bueno, tenía genio, de eso no había duda, pero
hablar con él había sido tan natural y emocionante… No había mucha gente con la
que pudiera compartir tanto sobre música y había disfrutado mucho de su
conversación, todavía quería seguir haciéndole preguntas y que le contara más
sobre sus influencias musicales o lo que le gustaba escuchar, o cualquier cosa
relacionada con el mundillo, ¡ni siquiera había preguntado por cómo era el
proceso de preparar un disco todavía!
Y
él había sido tan abierto respondiendo a todo… Y, ahora, esto.
Cuando
Ritsu le ofreció su violín, Izuku lo aferró con el corazón latiendo a toda
velocidad.
Maldita
sea. Después de lo que le había dicho, no podía no darlo todo en el escenario.
De
repente, se dio la vuelta para señalar a Tomo con un dedo.
—Tú
me lo has pedido. Si hago esto, iré con todo. Procura seguir el ritmo.
Los
ojos de su amigo resplandecieron y, de algún modo, su rostro se despejó.
Levantó los puños.
—¡Eso
está mejor, Zuzu! Me gusta cuando te enciendes —dijo mientras se arremangaba la
camisa—, me dan ganas de ir a tope, así que, ¡vamos a por ello!
Mientras
tanto, Katsuki se había sentado en la barra y le había pedido otra bebida a Togata.
Desde ahí, vio cómo el Omega que tocaba el saxofón les dejaba el espacio a Tomo
y Midoriya. Aunque no lo diría en voz alta, le alegró ver al nerd más relajado.
El pobre le había recordado a Denki en su primer concierto, había estado
congelado y tembloroso durante más de una hora antes de salir al escenario
hasta que Eijiro le recordó lo duro que habían trabajado para ese momento y que
aquella era su recompensa.
El
nerd no era un profesional, así que no tenía ninguna obligación de ser decente
y mucho menos impresionarlo, solo disfrutar de lo que hacía. Además, daba la
impresión de que, aunque se guardara su música para sí mismo, era habitual que
tocara allí con sus amigos. No debería sentirse cohibido porque él estuviera
delante.
Entonces,
Togata regresó mientras escuchaba a Midoriya afinar el violín. Le dejó la
cerveza enfrente.
—Bueno,
¿qué voy a escuchar?
El
Alfa se recostó en la barra y le guiñó un ojo.
—Es
mejor de lo que esperas, te lo prometo.
Ah,
así que el nerd era competente. No le extrañó. Después de haber estado hablando
con él, sabía que llevaba la música en las venas.
Tras
ver que el resto de Omegas dejaban las copas en la mesa y acercaban las sillas
al escenario para verlo, no tuvo dudas de que, al menos, llamaba la atención.
El público no miente. Si lo atraes, es porque tienes algo.
De
modo que se acomodó en el asiento, expectante. Ahora tenía mucha curiosidad.
El
tal Tomo se quedó en la batería, haciéndole sonreír, mientras que Midoriya se
plantaba en el centro del escenario, frente al micrófono. Se fijó en que no lo
miró a él ni a sus amigos, sino que mantuvo la vista baja, como si estuviera
concentrado en algo lejano.
Fuera
lo que fuera, cuando terminó, cerró los ojos y se acercó al micro.
Entonces,
el mundo se desvaneció.
La
canción empezó suave con él cantando a capella. Su voz era dulce y
melodiosa, pero el tono era firme y decidido. Si bien la voz de Denki te
atravesaba, la de Midoriya te envolvía, como un tierno abrazo que, antes de
darte cuenta, se había convertido en una telaraña que te atrapaba, pero no eras
capaz de verlo porque ya habías caído bajo su embrujo.
Y,
en el improbable caso en el que no hubieras caído en su hechizo, no importaba,
su voz fue cobrando fuerza con un lento crescendo, introduciendo además
trémolos y falsetes ejecutados con una perfección milimétrica en el estribillo y
una segunda y corta voz con el violín.
Entonces,
Tomo le dio ritmo con la batería. La voz de Midoriya se volvió más potente y
con más sentimiento, pero sin perder su suave melodía, como si quisiera liberar
toda su energía, pero la estuviera conteniendo en sus notas largas, que
variaban el tono y le permitían apreciar mucho mejor la impecable técnica vocal
del Omega. Después, el estribillo volvió a sonar, con el mismo tempo y
técnica de antes, pero con la batería de fondo, dándole su fuerza. Nada más
terminarlo, sin dar tiempo a respirar, la canción se volvió más rápida y rítmica,
como si estuviera a punto de estallar, acompañada por los golpes más intensos
de la batería, pero, al final, la energía quedó disipada en el aire, seguida
por el solo de violín, tan expresivo y cantarín como lo había sido la voz de
Midoriya.
Y,
justo después, el estribillo de nuevo, repetido dos veces, y, en la segunda
vuelta, estuvo acompañado por los inesperados coros de los otros Omegas y la
segunda voz del violín. La batería cobró aún más fuerza, la voz de Midoriya se
elevó, recuperó la energía y, por fin, estalló al final junto a la del violín.
Entonces,
silencio. Dos blancas para respirar, para asimilar ese instante donde
instrumentos y voz se habían entrelazado para alcanzar el clímax.
Y,
por último, el estribillo final, cantado con la misma voz suave del principio y
alargando la última nota.
En
otra situación, Katsuki se habría llevado las manos a la cabeza mientras rugía,
pero estaba paralizado. Todavía estaba asimilando lo que acababa de escuchar.
Togata,
a su lado, sonrió al ver su expresión.
—Es
bueno, ¿verdad?
¿Bueno?
¡¿Bueno?! ¡Bueno no empezaba ni a cubrir la superficie de lo que acababa
de presenciar, joder!
¿Por
dónde coño empezaba? Sus técnicas vocales tenían tanto nivel que harían sombra
a unos cuantos cantantes profesionales que conocía. ¿Qué demonios? ¡Ni Pikachu
podía combinar trémulos, vibratos y falsetes con esa naturalidad y
expresividad! ¡Joder! Había bandas que matarían por tenerlo de vocalista.
Con
esa técnica, ni siquiera necesitaba tener buena voz, y eso que la de Midoriya
no era mala. Tenía la tonalidad perfecta para cantar baladas de amor, pero es
que gracias a su habilidad vocal podía darle el efecto y la potencia que le
diera la jodida gana, por lo que su registro se ampliaba, ¡podía cantar lo que
fuera, joder!
Y
luego estaba el violín. Tenía buen dominio, y era un instrumento malditamente
agradecido si sabías tocarlo bien, así que sonaba precioso, pero no era eso lo
que le hacía querer llevarse las manos a la cabeza, ¡era el jodido hecho de que
podía cantar la voz principal y hacer una secundaria con el instrumento al
mismo tiempo! Es decir, no era un puto acompañamiento, y ya era difícil hacer
uno al mismo tiempo que cantabas, ¡es que era una puta voz distinta!
Ya
ni siquiera tenía que hablar de su expresividad. Un músico capaz de transmitir
sus sentimientos a través de la música era la hostia, aunque no fuera perfecto
tocando o cantando, podías llegar al público si eras capaz de meterte bajo su
piel.
Y
Midoriya llegaba. Y cómo lo hacía.
Mientras
interpretaba su canción, no quedó rastro del Omega aterrorizado por subir al
escenario en su presencia, sino justo el nerd que había conocido. Había estado
tan suelto y relajado, solo dejando que la música fluyera a través de él, igual
que cuando habían estado hablando, expresando lo que sentía. Le había
transmitido lo mismo que entonces, ese amor puro por la música, esa emoción
intensa que llenaba tu cabeza e inundaba tu pecho.
Su
pasión era tan palpable que era como si le hubiera acariciado la piel.
Joder,
su corazón aún le estaba aplaudiendo solo por ser capaz de transmitir algo así.
Togata
le acercó la cerveza.
—Toma
un trago antes de que te dé algo —le dijo con una carcajada.
Katsuki
obedeció, intentando recuperar la compostura.
—Joder.
—Fue lo único que pudo soltar.
El
otro Alfa soltó una carcajada.
—Veo
que te ha impresionado.
Por
fin, pudo soltar un gruñido.
—Si
alguien no lo está después de escuchar algo así, es que no tiene alma.
—Díselo
cuando venga —le pidió Togata con una amplia sonrisa—. Le hará mucha ilusión.
Eres su favorito, después de todo.
Eso
le hizo esbozar una media sonrisa.
—¿Lo
soy?
—Claro
que sí —rio Togata, observando al nerd con cierto orgullo—. Todo el que conoce
a Izuku, conoce a Dynamight, y, por supuesto, a ti. Solía cantar vuestras
canciones en el refugio, cuando cogió más confianza con los otros Omegas.
De
repente, Katsuki sintió como si le acabaran de dar una bofetada. Fue como si
hubiera estado flotando en una especie de sueño y alguien le hubiera lanzado
agua fría sin más, devolviéndolo a la realidad.
¿Qué
demonios había dicho?
—¿Has
dicho refugio?
Togata
percibió su tono y lo miró con las cejas alzadas. Debió de leer el horror en su
rostro, porque sus facciones se tensaron.
—Lo
siento. Pensé que Izuku te lo había dicho.
Él
sacudió la cabeza mientras recordaba todo lo que le había dicho desde que se
habían conocido.
Todo.
Incluso ese “me salvó la vida”.
Se
estremeció. Esa frase adquiría ahora un nuevo significado. Uno aterrador.
—¿Es
de un refugio de Omegas?
Togata
asintió, esta vez, con la tristeza empañando sus ojos.
—Sí.
Él y todos los Omegas que están aquí, salvo mi Tamaki. Por eso, esta noche es
Noche de Omegas.

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