Capítulo 2. Aprender a convivir

 


Tyler echó un último vistazo al armario para asegurarse de que no se había dejado nada de ropa. Tras quedarse satisfecho, revisó el dormitorio y se llevó el libro que estaba leyendo y la fotografía sobre su mesita. Miró un momento la imagen en su mano y esbozó una diminuta sonrisa.

Lo había logrado. Había cumplido con la última voluntad de su padre. El deseo de su madre… Bueno, estaba en ello. Eso le costaría un tiempo, pero si había conseguido hacer pagar a Mercile por lo que les hicieron y liberar a los therians, podía conseguir eso también. Solo necesitaba que confiaran en él y, entonces, podría contárselo todo.

Lo único que lamentaba era que no pudieran verlo.

Metió la foto con cuidado en la bolsa junto al libro y regresó al salón con la bolsa colgada al hombro. Allí aún tenía cajas llenas de libros que no había tenido la oportunidad de ordenar y su equipo de artes marciales. Hizo una mueca al pensar que tendría que hacer varios viajes para poder llevárselo todo a la cabaña.

El sonido de alguien llamando a su puerta lo distrajo y fue a abrir. 345 estaba al otro lado con una gran mochila a la espalda y una bolsa en la mano. Cuando le sonrió, sintió que sus mejillas ardían.

—Hola, Tyler. Ya estoy preparado.

—Hola, 345 —lo saludó y se hizo a un lado para que entrara—. Pasa, estoy terminando.

—Trust —dijo él, frunciendo el ceño—. Escogí un nombre.

Tyler parpadeó mientras cerraba la puerta y le dedicó una sonrisa de disculpa.

—Perdona, había oído que muchos de vosotros habíais escogido un nombre, pero no sabía el tuyo. —Una sensación de calidez inundó su pecho al pensar en el motivo por el que eligió ese nombre—. Es un buen nombre.

La expresión del therian se relajó y volvió a sonreír mientras hinchaba el pecho.

—Mi nombre me da orgullo.

Tyler sonrió.

—Te enorgullece. —Trust ladeó la cabeza con ojos curiosos. A Tyler le gustó el modo en que brillaban, ansiosos y emocionados por aprender—. Enorgullecer es una palabra para expresar que te sientes orgulloso de algo.

—Enorgullecer —dijo el canino despacio, como probándola. Luego, lo miró a él como si buscara su aprobación. Cuando asintió, Trust volvió a sonreír con satisfacción—. Me gusta aprender cosas nuevas.

—Entonces, supongo que disfrutas de tus clases —dijo mientras se acercaba a una de las cajas llenas de libros y la colocaba cerca de la entrada.

Trust lo observó.

—Me gustan mucho. ¿Necesitas ayuda?

Tyler esbozó una media sonrisa.

—La verdad es que sí.

Trust dejó sus cosas en la entrada y lo ayudó a mover las cajas mientras le hablaba de sus clases. De momento, los therians no estaban estudiando todas las que habían preparado para ellos, pero Vane había optado porque empezaran por lo básico antes de ofrecerles más cosas. De ese modo, el propio Vane les enseñaba a utilizar diferentes objetos tecnológicos como la televisión, auriculares y lo que podía de los móviles que él había configurado para que pudieran apañarse sin necesidad de leer hasta que aprendieran. También quería enseñarles mecanografía y cómo usar un ordenador en cuanto supieran escribir.

Por otro lado, Ethan les enseñaba a cuidarse correctamente, daba clases muy básicas de nutrición para que supieran qué debían comer y les aconsejaba para que hicieran ejercicio y descansaran bien cada día. A muchos de los therians les había hecho una lista con imágenes de alimentos que debían consumir para que recuperaran toda su fuerza tras su cautiverio.

Luego, estaba su amigo Rick, que les estaba enseñando a usar las diferentes máquinas del gimnasio y hacía rutinas con ellos para que estuvieran en forma, y Jessica Dupree, una joven que había formado parte del equipo militar de Vane. Se había ofrecido a darles clases a los therians sobre cómo realizar las tareas domésticas y explicarles algunas costumbres humanas, como llamar a la puerta o dar la mano, a Tyler le había sorprendido que algunos de ellos se la hubieran ofrecido cuando se habían presentado y le habían dado las gracias por liberarlos. Jessie había expresado su deseo de darles clases de cocina, pero, como la gran mayoría de los apartamentos no tenían, Vane y ella habían decidido esperar al traslado a la isla para hacerlas.

Por último, había tres mujeres más dándoles clase: Missy Anderson, Dara Clark y Faith Green.

Missy era una escritora de novela romántica bastante reconocida a pesar de que prefería mantenerse en el anonimato y era la encargada de enseñarles a leer y escribir. También quería que leyeran algunas novelas para que experimentaran el placer de la lectura y, si lo deseaban, crear con el tiempo un club dedicado a ello.

Dara Clark era veterinaria y había sido la encargada de explicarles a los therians que eran una mezcla entre animales y humanos. Ahora se dedicaba a hablarles de los animales con los que estaban relacionados para que pudieran apreciar algunas de sus habilidades y rasgos de personalidad. Gracias a ella, muchos habían querido saber con qué animal compartían su genética y habían permitido que les hicieran pruebas de ADN.

En cuanto a Faith Green, era bióloga y, de momento, se dedicaba a mostrarles diferentes ecosistemas del mundo para que aprendieran lo que eran las montañas, los ríos, los mares, los desiertos… Todo lo que podían encontrar en documentales de naturaleza que les recomendaba. Su intención era enseñarles lo más básico de la biología en el futuro y, puesto que su especialidad era la botánica, también a cultivar huertos por su propia cuenta una vez llegaran a la isla.

Para entonces, podrían enseñarles muchas más cosas. Tyler se había ofrecido a darles clases de matemáticas y química más adelante. Las matemáticas eran básicas, pero Vane quería que se centrara por ahora en crear más dosis de Aclepsis para tenerlas de reserva por si algún therian estaba herido. También estaba trabajando con Ted Treadmont, médico jefe de farmacia, para que su equipo aprendiera a hacerlo y a dosificarlo de forma correcta en los therians.

—Parece que la mayoría de los caninos somos lobos —le decía Trust cuando terminaban de colocar las cajas junto a la entrada. Sus ojos dorados brillaban cuando hablaba—. Dara nos enseñó imágenes de ellos. Son hermosos.

Tyler esbozó una sonrisa que no le llegó a los ojos. Recordó los informes que habían pasado por sus manos sobre algunos therians. Sí, la gran mayoría de los caninos eran lobos o coyotes, solo unos pocos eran chacales. Les habían dicho que su ADN era más fácil de conseguir. Por otro lado, nunca había visto un therian con genes de perro o zorro. Adam le contó que la mayoría de perros eran demasiado amigables y que los zorros eran pequeños. Lo que Polanitis quería eran soldados grandes, fuertes y peligrosos. Sin embargo, también fue un arma de doble filo, ya que precisamente esos rasgos hicieron que los therians no estuvieran muy dispuestos a obedecerlos.

Punto para ellos.

—Son grandes rastreadores. Por eso vuestro sentido del olfato es mejor que el de los felinos y los úrsidos.

Trust frunció el ceño al escuchar su tono apagado.

—¿Estás bien?

Tyler intentó sonreírle, pero hasta él se dio cuenta de que fue muy forzado.

—No es nada, un mal recuerdo.

Vio tristeza en los bellos ojos dorados de Trust. Se acercó a él y puso las manos sobre sus hombros.

—Sé que todo lo que hiciste en Mercile fue para ayudarnos a ser libres. No tengas miedo de hablar conmigo si lo necesitas. Hicieras lo que hicieras, entiendo que fue necesario para que no te mataran.

Tragó saliva al ver que lo decía en serio. Había confiado en él desde que lo salvó de esa mujer. Aún recordaba el modo en que lo miraba cada vez que entraba en su celda después de aquello, esos ojos llenos de esperanza. En aquel entonces, a una parte de él le aterraba que pudiera delatarlo sin quererlo, pero, otra, temía no ser capaz de ser digno de aquella confianza.

Pero, al final, lo habían conseguido. Eran libres.

Él sacudió la mano y trató de sonreír de nuevo.

—No es nada, me acordé de que vuestros informes indicaban con qué animal estabais mezclados.

Se alegró al no ver dolor en los ojos de Trust. Solo ladeó la cabeza.

—¿Informes?

—Son unos papeles en los que hay información.

—¿Qué clase de información?

—Sobre todo nos decían en qué estado estaba vuestra salud.

Los ojos del canino brillaron de repente.

—¿Son como los que tiene Ethan? Me enseñó el mío cuando me hizo una lista para mis comidas, pero no pude entender lo que me explicaba.

Tyler se relajó al ver que no estaba enfadado.

—La mayoría de las personas no entienden las palabras de esos informes. Es necesario estudiar muchos años para comprenderlas —dijo mientras se sentaba en el sofá. Invitó a Trust a tomar asiento junto a él mientras esperaban a que llegaran Lauren o Amanda para llevarlos a su cabaña. El otro hombre se sentó a su lado, bastante cerca, pero sin llegar a invadir su espacio.

—¿Nosotros podríamos aprender?

Él se encogió de hombros.

—Con mucho tiempo y paciencia, claro que sí. Pero ahora es mejor que os centréis en lo básico.

Trust lo miró con curiosidad.

—¿Tú nos darás clase?

—Más adelante, pero sí.

—¿Qué nos enseñarás?

—A usar los números. Es algo muy útil para el día a día.

Los ojos del canino se estrecharon un momento.

—¿Por qué no nos estás enseñando ahora?

—Estoy ocupado creando el medicamento que os ayuda a curaros más rápido. Quiero hacer suficiente para que podáis usarlo en caso de emergencia.

Trust asintió. De repente, una sombra de tristeza apareció en su rostro.

—¿396 podrá recuperarse?

La sonrisa de Tyler también murió.

—Su cuerpo se recuperará. Es su mente la que nos preocupa.

—¿No podéis curarla?

No respondió de inmediato. No era algo fácil de explicar.

—Siempre es más difícil —dijo al final—. Y, a menudo, depende más de la persona que está enferma que de los médicos. Depende de lo fuerte que sea 396.

Trust frunció el ceño, pero asintió.

—Creo que lo entiendo —dicho esto, hinchó el pecho—. 396 es el más fuerte de mi gente y ahora es libre. Estoy seguro de que se recuperará.

Esta vez, Tyler sonrió un poco.

—Yo también tengo fe en él.

Trust curvó los labios hacia arriba y lo observó con ojos brillantes.

—Estás haciendo mucho por él.

Él sacudió la cabeza. Hacía tiempo que consideraba que ayudar a los therians era su deber, y, ahora que eran libres, era un trabajo que hacía con mucho gusto. Además, no había tenido una gran vida a la que renunciar cuando se trasladó a Wyoming para trabajar en Mercile. Lo cierto es que, después de la muerte de su padre, no había sido muy sociable.

Unos golpes suaves en la puerta llamaron su atención. Ambos se levantaron, pero fue él quien abrió la puerta. Sonrió al ver a una mujer menuda de cuerpo curvilíneo con el pelo rubio recogido en un moño y tiernos ojos azules.

—Hola, Lauren.

Ella le devolvió la sonrisa. Lauren Henderson era una de las administradoras de Vane y se había ocupado de repartir los apartamentos tanto a humanos como a therians. Cualquier problema que hubiera en una habitación, ella era la encargada de resolverlo. También tenía entendido que estaba trabajando en el proyecto de la Isla Therian que Vane tenía entre manos, supuso que ayudaba también con las viviendas.

—Hola, Tyler —dicho esto, le sonrió tímidamente a Trust—. Encantada, me llamo Lauren. Voy a enseñaros vuestra cabaña.

Trust se apresuró a ofrecerle la mano.

—Mucho gusto. Mi nombre es Trust.

Ella parpadeó, pero se la estrechó.

—Guau. Missy y Jessie están haciendo un gran trabajo.

Tyler soltó una risilla mientras que Trust fruncía el ceño.

—No lo entiendo. ¿Ha hecho una broma?

Él movió la cabeza a un lado y a otro.

—No, está impresionada con lo rápido que aprendéis.

El canino ladeó la cabeza.

—¿Impresionada es sorprendida? —preguntó con un asomo de duda.

—Sorprendida para bien —rio Lauren—. Cuando llegasteis aquí apenas decíais dos palabras y lo único que hacíais era gruñirnos. Ahora sois más amables. Y más educados que muchos humanos.

Trust sonrió al escuchar el halago.

—Somos mejores que los humanos —nada más decir esto, su sonrisa murió y miró a Tyler—. Pero tú eres un buen humano. Lauren también.

Ella rio y sacudió la mano, quitándole importancia.

—No te preocupes, no nos hemos ofendido —le dijo Tyler intentando no reír.

—Bueno, ¿estáis listos para ver vuestra cabaña? Brass y Rick están esperando y Amanda ya se ha ido con Norm y Midnight.

—Sí —respondió antes de indicarle a Trust que cogiera sus bolsas. Tyler se echó la suya al hombro y señaló las cajas con una mueca—. Tendré que hacer varios viajes. Tengo unas cuantas cosas por aquí.

—Yo te ayudo —se ofreció Trust, que fue a coger una de las cajas.

—No te preocupes —dijo Lauren poniendo los brazos en jarra—. Rick tiene cajas también. Quise ofrecerle mi ayuda, pero están llenas de pesas y no puedo con ellas. ¿Puedo ayudarte a ti?

Tyler le indicó con un dedo que se acercara y le tendió la caja que contenía su equipo de artes marciales.

—Vaya, apenas pesa —se sorprendió ella.

—Solo tiene guantes, manoplas y paos.

—¿Qué es eso? —preguntó Trust mientras cargaba con facilidad una caja llena de libros.

Tyler le sonrió.

—Luego te lo enseño.

Los ojos del canino brillaron, relucientes de curiosidad.

Salieron del apartamento y se reunieron con Brass y Rick frente a los ascensores. Tyler, Rick y Lauren cogieron uno, pero los therians prefirieron bajar por las escaleras. Ellos no dijeron nada. Ya desde el primer día, todos mostraron su desagrado hacia el cómodo mecanismo y se negaban a usarlo. Vane les pidió que no los forzaran a que los probaran. No era muy difícil adivinar a qué les recordaba aquel espacio pequeño y cerrado.

Una vez abajo, Lauren los llevó fuera del hotel y les señaló un coche. Rick y Tyler cargaron las cajas en él antes de volver al ascensor para coger más. Cuando Trust y Brass bajaron, Lauren les dijo dónde estaban y los dos caninos echaron una carrera a ver quién llegaba primero, haciéndole reír.

Necesitaron dos viajes más para terminar de cargarlo todo. Los therians, que habían repetido el mismo juego las dos veces, se apoyaron en el coche.

—Quiero la revancha —gruñó Brass, haciendo que Trust soltara una carcajada.

—No te preocupes —le dijo Rick mientras abría la puerta del monovolumen—. Vas a estar en el gimnasio conmigo, te voy a poner tan fuerte que ni sudarás cuando vuelvas a hacer eso.

Brass sonrió ante la idea y miró al otro canino.

—¿Has oído eso?

Trust le dedicó una sonrisa que dejó al descubierto sus colmillos.

—Pero ahora he ganado yo.

Tyler no pudo evitar curvar los labios ante el buen humor de los therians. Le hizo estar un poco menos inquieto por los ataques que habían sufrido y la expectativa de que volvieran a ocurrir. Puede que ellos tuvieran razón y que su presencia fuera suficiente para que los demás confiaran en ellos, solo necesitaban un poco más de tiempo.

Su entusiasmo al estar en un coche por primera vez también hizo que el ambiente fuera muy ligero. Rick, Lauren y él disfrutaron de cómo miraban maravillados por las ventanas el rodeo que hicieron por el lago. Las cabañas estaban un poco alejadas del hotel, separadas por las casetas que se abrirían en verano para las distintas actividades acuáticas y sus respectivas zonas, destacando un pequeño puerto donde había amarradas algunas barcas.

En cuanto llegaron, dejaron el coche aparcado frente a la cabaña más cercana y Lauren procedió a mostrarles las suyas.

—Esta es la de Vane y Night. Tyler, Trust, la vuestra es la de la izquierda y la de Rick y Brass la de la derecha. Midnight y Norm viven detrás vuestra y Fury y Ellie estarán tras la de Vane.

Tyler dudó antes de preguntar:

—¿Sabes algo de Ellie?

Lauren frunció un poco el ceño.

—Vane no me ha dicho mucho. Solo sé que Amanda los recogerá cuando termine con Norman y Midnight.

Él asintió y Lauren les abrió primero la cabaña a Rick y Brass y luego a ellos. Todas eran de madera rojiza, con dos plantas y techo triangular hecho con láminas de pizarra. Cuando entraron en su interior, Tyler apreció el espacioso salón unido a una cocina abierta y moderna con barra de desayuno. Los muebles de madera oscura como la mesa y las sillas tenían un diseño con decoraciones vegetales bastante elegante, el sofá y el sillón eran de color burdeos y una gran alfombra de pelo situada entre la televisión y los asientos era dorada con manchas irregulares de color marrón. El diseño le recordaba a la piel de un jaguar. Junto a las escaleras, había un baño.

Lauren les dijo que en el piso de arriba tenían tres habitaciones y otro baño. Después de eso, entre Trust y él descargaron todas las cajas que tenían y despidieron a Lauren.

—Bueno, ¿qué te parece? —le preguntó a Trust, que miraba su alrededor con curiosidad.

—Es más grande que mi apartamento. Me gusta.

—Me alegro —dijo antes de señalar sus bolsas—. ¿Qué te parece si colocamos primero nuestras cosas y luego comemos algo?

Él asintió con entusiasmo y subió las escaleras casi corriendo. ¿Cómo demonios podía tener tanta energía después de las carreras que había hecho con Brass?

Fuera como fuera, Tyler eligió la habitación al lado de la que había escogido Trust. Lo escuchó abriendo y cerrando puertas mientras él hacía lo mismo. No le costó mucho guardar y ordenar su ropa y sus zapatos, pero no estaba muy seguro de qué hacer con sus libros. En dos años, tendría que trasladarse de nuevo a la isla, no estaba seguro de si merecía la pena que los ordenara demasiado…

Unos golpecitos en su puerta abierta lo sobresaltaron. Se giró y vio a Trust.

—Ya he terminado. ¿Puedo ayudarte?

Él le sonrió y le hizo un gesto para que se acercara. El otro hombre se sentó a su lado y observó el libro que le tendía.

—¿Missy os ha explicado lo que son las novelas?

Trust asintió.

—Dicen que son historias inventadas para entretener —dijo cogiendo el libro. Lo examinó con curiosidad y trató de leer el título con el ceño fruncido—. ¿Qué historia cuenta?

—Las novelas de asesinatos me encantan.

El canino abrió mucho los ojos.

—¿Asesinato? ¿Trata de matar gente?

Tyler hizo una mueca.

—Ah… No es así del todo. —Arrugó la frente, pensando en cómo explicarse—. No encuentras placer leyendo cómo matan a alguien, sino descubriendo quién es el asesino y de cómo acaban encerrándolo.

Los ojos de Trust brillaron.

—Encerrarlo es importante si ha hecho algo malo —dijo como si recitara algo que hubiera aprendido hace poco.

Tyler asintió.

—Sí, así es.

El canino se quedó pensando un momento antes de decir:

—Entonces… ¿Una novela de asesinato podría ser cómo Vane nos encuentra y encierra a Mercile?

Él esbozó una media sonrisa que no le llegó a los ojos.

—Bastante parecido, sí —dicho esto, miró entre los libros de la caja que tenía delante, deseando alejar los recuerdos que ambos tenían de Mercile—. Seguro que tengo algo por aquí que pueda leerte. Así verás cómo es.

De repente, Trust sonrió con entusiasmo.

—¿Me leerías?

—Podemos hacerlo antes de ir a dormir.

—Gracias.

Después de eso, Tyler decidió usar algunos de los cajones libres del armario para guardar sus libros. Le pidió a Trust que se los fuera pasando mientras él los organizaba un poco. No todo eran novelas de asesinato, tenía bastantes libros que documentaban casos reales y unos cuantos más sobre matemáticas y química que pensaba usar en sus clases.

Trust curioseó todo lo que pudo con interés, observando las portadas de los libros y tratando de leer los títulos a veces, pero la gran mayoría eran complicados para él y comprendió que había muchos nombres y apellidos humanos que no conocía. De vez en cuando le hacía preguntas a Tyler que le respondía con calma y una sonrisa, como cuando abrió la caja de su equipo de lucha y le explicó que eran protecciones para proteger su cuerpo mientras practicaba. Le había preguntado si les enseñarían a luchar también y, cuando respondió que Vane tenía muchas clases preparadas para ellos si deseaban aprender, se sintió emocionado.

Abrió la última caja esperando que fueran más libros, pero encontró un montón de carpetas, papeles y le pareció que fotografías. Con cuidado, sacó una y vio que, debajo, había una foto de una cuerda. Era gruesa y tenía la forma de un círculo alargado. Missy les había enseñado lo que eran las fotografías, pero nunca había visto una de ese tipo. Las que les habían enseñado mostraban amigos y familia reunidos, comidas o paisajes, con colores muy vivos que le habían fascinado. Esta parecía muy apagada y la imagen de la cuerda no le gustó, le recordó a las restricciones que había usado Mercile con él.

—¿Qué es esto? —le preguntó, mostrándole la foto.

Tyler se giró para mirar, pero, de repente, el color en su cara se desvaneció. Parecía enfermo. Un aroma amargo lo golpeó con tal fuerza que lo dejó paralizado un instante. Por eso no pudo reaccionar cuando el macho humano le arrebató la foto con rapidez y la metió dentro de la caja junto a la carpeta. Le sorprendió un poco que la cerrara, sin sacar las cosas que había en su interior, y que la guardara en el rincón más profundo del armario. Era como si no quisiera verla.

—No es nada importante —le dijo en un tono endurecido.

Su voz no podía esconder lo que su olor revelaba.

—¿Por qué estás sufriendo?

Vio cómo Tyler se quedaba paralizado. Su rostro palideció y vio el dolor en sus ojos.

Sin pensarlo dos veces, se levantó de un salto y fue hacia él. Lo rodeó con los brazos con mucho cuidado, dándole tiempo a apartarse si no deseaba su contacto. No lo hizo. Permitió que lo estrechara contra su cuerpo.

—Yo… No… —balbuceó Tyler. Notó que se estremecía—. No puedo… hablar de eso. Aún no.

—Está bien —susurró Trust, abrazándolo con fuerza y apoyando el mentón en su cabeza—. A nosotros tampoco nos gusta hablar de lo que pasamos en Mercile —dijo, sintiendo el corazón encogido al pensar en lo que esa técnica le hizo pasar cuando lo drogaba—. Pero nos consolamos los unos a los otros. Yo te consolaré, Tyler.

Se relajó un poco cuando notó que su macho le devolvía el abrazo y hundía la cabeza en su pecho. Su pequeño gesto de confianza lo llenó de una alegría agridulce; estaba feliz de que le permitiera tocarlo y aliviar su dolor, pero lamentaba que estuviera sufriendo. Se suponía que debía distraerlo del ataque del úrsido, demostrarle que iban a estar bien juntos en su nueva casa y que sería un compañero que le haría feliz.

Echó un vistazo furtivo al armario donde estaba la caja. No entendía por qué Tyler guardaba algo que le producía dolor, pero no quería preguntar. Su deber era reconfortarlo y protegerlo. De haber sabido cómo hacerlo, le habría proporcionado alimento él mismo antes de distraerlo con alguna actividad, pero, por ahora, eso estaba fuera de su alcance.

Paciencia. Era un macho fuerte y aprendía rápido. Solo necesitaba aprender un poco más para poder cuidar de él.

Cuando Tyler se separó, sus mejillas estaban un poco sonrojadas.

—Gracias. Y… siento que vieras esto.

Trust se puso serio.

—Puedes mostrar debilidad delante de mí, Tyler. Jamás la usaría en tu contra.

Él hizo una mueca al escuchar eso.

—Lo sé, no quería decir eso. Me refería a que no quería ponerte incómodo.

El otro hombre frunció el ceño.

—¿Por qué iba a estarlo? Tengo ropa caliente, no estoy hambriento ni cansado y ahora vivo contigo —esto último lo dijo con una gran sonrisa. Tyler no pudo evitar devolvérsela.

—No importa. Gracias por consolarme.

Escuchó que Trust gruñía con suavidad. No sintió miedo, reconocía ese sonido, lo hacía a menudo cuando lo tocaba. Sus mejillas ardieron al recordar esas situaciones.

—Tu cara está roja —le dijo mientras acariciaba uno de sus pómulos. Sintió calor hasta en las puntas de las orejas.

—Mmm… —No sabía muy bien qué decir a eso o qué justificación dar. Siempre se había puesto nervioso cuando se trataba de Trust. En la instalación, él lo había observado con intensidad y llegó un punto en el que dejó claro que le gustaba su toque. Cuando estaba a punto de ser liberado, le recordó que tenían algo pendiente y que lo perseguiría. Sin embargo, en el hotel, había estado tan ocupado atendiendo a los heridos y creando más dosis de Aclepsis para casos de emergencia que no había tenido la oportunidad de ir a verlo. Tampoco quería molestarlo, deseaba que disfrutara de su libertad y que aprendiera todo lo que podía, que experimentara cosas nuevas…

Había pensado que era mejor que pasara por todo eso con su gente, no con él. En Mercile, no había tenido opciones ni se le había permitido elegir. Pero, ahora, tenía la oportunidad de hacerlo.

Y tal vez no lo escogería a él. Su relación allí ya había sido bastante extraña.

Ahora, no tenía ni idea de en qué punto estaban ni lo que sentía.

Aunque, pensándolo bien, debía de importarle lo suficiente como para haberse ofrecido a ser su guardián. O puede que solo estuviera agradecido por haberle ayudado.

Agh, estaba pensando demasiado.

Sacudió la cabeza y señaló la puerta.

—¿Te parece bien si vamos a comer al restaurante del hotel? —le preguntó, deseando despejar su mente y limitarse a disfrutar del tiempo que estuviera con él—. No soy muy buen cocinero.

Trust ladeó la cabeza, al parecer confundido. Sin embargo, en vez de preguntarle por el cambio de tema, asintió y procedió a contarle todas las comidas que había probado hasta el momento. Tyler lo escuchó con una sonrisa, feliz de, al menos, poder saber lo que había estado aprendiendo y experimentando hasta ahora, aunque no hubiera formado parte de ese proceso.

 

 

Trust estaba muy satisfecho mientras salían del hotel. Tyler había recuperado el buen humor y él había tenido la oportunidad de tenerlo a su lado toda la tarde y conocer, al menos, sus gustos en cuanto a la comida.

Resultaba que no le gustaba mucho la carne, pero adoraba el pescado. Mientras que él había devorado dos muslos de pollo dorados con patatas al horno, su macho había optado por un plato de trucha asalmonada en salsa de mantequilla y una pequeña ensalada. Le había contado que conseguían el pescado del propio lago y que, al estar fresco, su sabor era mejor. Trust lo había probado y admitió que estaba bueno, pero seguía prefiriendo la carne.

Luego se habían reunido con Rick, Brass, Midnight y Norm en la cafetería, donde sus amigos habían intercambiado opiniones sobre las cabañas. Midnight había declarado que a partir de ahora viviría allí con su pareja porque la casa era más grande y podrían estar los dos juntos, además de que le encantaba tener el lago y una zona boscosa tan cerca. Brass dijo que eso estaba bien para los compañeros, pero que él prefería quedarse con su apartamento, que era más fácil de limpiar.

Al poco rato, vieron aparecer a Ellie con Fury pegado a ella como si fuera su sombra. Todos se levantaron para preguntarle cómo estaba, llamando la atención de otros therians y humanos de la cafetería. Ellie estaba más tranquila ahora que había hablado con Vane y que Fury se quedaría con ella, pero la noticia de su ataque por parte de un felino alarmó a los otros therians de alrededor, que juraron que sangraría por haberle hecho daño. Sin embargo, ella les pidió que no hicieran nada, que no quería que pelearan entre ellos. Era evidente que Fury no estaba de acuerdo, pero no dijo nada de ir a cazar al felino. Fuera como fuera, Trust supo que la noticia acabaría llegando a oídos de todos, incluidas las hembras.

En ese momento, casi había podido oler la furia de los machos recelosos. Breeze y las demás no dejarían que las tocaran después de enterarse de eso. Ya estaban bastante enfadadas porque hubieran intimidado a Norm, el único humano que había tratado de protegerlas en Mercile, al menos, de forma abierta, sin ocultarse como habían hecho Tyler y Rick. Si se enteraban de lo de Ellie, la situación solo empeoraría; ella era más pequeña y débil que ellas, bastaba con un mal movimiento para herirla. Además, ella no hizo otra cosa que cuidar de todos cuando estaban heridos, tenía un buen corazón.

Muchos therians se habían ofrecido a acompañar a Fury para su protección cuando ella había ido buscar un café, pero él lo había rechazado diciendo que no quería asustar más a su mujer y que no creía que esos machos se atrevieran a un enfrentamiento con ellos. Trust y Brass estuvieron de acuerdo, pero agradecieron el ofrecimiento de sus amigos.

Después, habían ido todos juntos al gimnasio con Rick para su hora de ejercicios. Los machos recelosos nunca habían entrado a ninguna clase o actividad que realizaran los humanos, por lo que Trust y sus compañeros pudieron realizar su rutina relajados, sin preocuparse por sus protegidos. De hecho, los vieron intentando que Norm realizara alguno de los ejercicios con ayuda de Tyler y bajo la mirada divertida de Ellie. Él se sintió avergonzado por no ser capaz de levantar unas mancuernas de siete quilos, pero los therians sabían que ese pequeño y escuálido macho se había enfrentado a los guardias por sus mujeres a pesar de su escasa fuerza. No pudieron sentir otra cosa que no fuera respeto por él.

Ahora que habían terminado sus ejercicios, la gran mayoría de therians se estaba reuniendo en el exterior, en la gran pradera nevada que precedía al lago. Otros, como Fury y Ellie, habían cogido sillas para sentarse en el porche y observar el espectáculo habitual que organizaba Zane antes de la cena y de que el sol se hundiera en las montañas.

—¡¿Quién quiere ganar hoy el partido?! —gritó el Hagel con su atronadora voz alegre. Los caninos que se habían reunido para jugar aullaron, los felinos rugieron y las úrsidas bramaron. Zane asintió con una gran sonrisa de satisfacción—. ¡Así me gusta, hostia! ¡Eso es tener ganas de divertirse!

Trust estaba muy emocionado. Uno de sus momentos favoritos del día era jugar a la pelota con Zane. Era cierto que, para su gente, hablaba un poco raro y a veces les costaba entender lo que decía, pero la mayoría lo encontraban muy divertido. Gracias a él, y con un poco de iniciativa por parte de Night, se habían aficionado a sus actividades y muchos de los suyos participaban todos los días.

El poder compartir esa experiencia con Tyler solo lo hacía aún mejor. Estaba tan ansioso que tenía que contenerse para arrastrarlo hacia la pista.

—Eh… Mejor te espero con Fury y Ellie —le dijo de repente.

Él lo miró con el ceño fruncido.

—¿No te gusta jugar? A Zane le encanta.

Vio que su macho se removía en el sitio, mirando a sus compañeros con la duda bailando en sus ojos.

—Es que… Esto es para vosotros.

De repente, le vino a la cabeza una conversación que tuvo con Night cuando le pidió consejo para poder acercarse a Tyler. Le contó cómo a Vane le había preocupado que su gente no lo aceptara o que pensara que él estaría mejor con uno de los suyos.

Ni hablar. No iba a dejar que pensara eso.

Lo cogió de la mano sin previo aviso y lo acercó a la pista.

—No seas un coñazo y ven a jugar.

—¡Trust! —jadeó Tyler.

Él se detuvo y frunció el ceño.

—¿Lo he dicho mal?

—¿Missy te ha enseñado eso?

—No, Zane.

Al escuchar eso, su pequeño humano puso cara de pocos amigos y le lanzó una mirada asesina a Zane.

—¡Zane! —lo llamó con un grito, haciendo que este lo viera y esbozara una deslumbrante sonrisa.

—¡Tyler! ¿Vienes a jugar? ¡Estupendo! ¡Vas con el equipo de Trust!

Tyler sacudió la cabeza y lo señaló con un dedo acusatorio.

—¡No he venido por eso! ¿Qué demonios les estás enseñando a los therians?

Zane golpeó su balón de fútbol americano con la mano libre y levantó los brazos, sacando músculo.

—¡A divertirse y asegurarme de que Rick los está poniendo como toros!

—¡Me refiero a las palabrotas! —le gritó Tyler a la vez que se acercaba a Zane. Trust le soltó la mano a regañadientes, pero fue tras él.

El hombre se encogió de hombros.

—Aprenden por sí solos, son muy listos —replicó. Tenía la voz tan potente que a esa distancia no necesitaba gritar.

—Pues modera tu vocabulario cuando estés con ellos.

Zane estrechó los ojos.

—Eres un coñazo.

Trust rio con fuerza, divertido por la cara que puso Tyler y feliz por haber usado bien la palabra. Este lo miró con las cejas fruncidas.

—¡No tiene gracia!

Él lo ignoró y miró a Zane.

—Entonces, puede jugar con nosotros, ¿verdad?

El rostro del hombre se iluminó de nuevo.

—¡Pues claro! —dicho esto lo señaló—. ¡Quiero ver esas nalgas tensas por el esfuerzo!

Tyler hizo una mueca.

—No debería jugar…

—¿Por qué? —preguntó Zane.

—Si tú no juegas, yo tampoco —dijo Trust cruzando los brazos sobre el pecho.

Al oír eso, Tyler se giró hacia él.

—No, Trust, juega, por favor.

Él sacudió la cabeza.

—Dije que te protegería. No saldrás de mi vista.

—Pero yo no debería…

—Deja de balbucear y mueve tu culo a la pista o le pediré a Trust que lo haga —le advirtió Zane levantando las cejas un par de veces.

Trust sonrió al ver que Tyler se sonrojaba mientras lo miraba.

—Y lo haré. Quiero que juegues conmigo. Por favor.

Vio que el rostro de su macho se ponía aún más rojo. Zane, a su lado, le dio un par de codazos suaves.

—Venga, hombre. Se supone que esto va de que nos llevemos bien y eso. Ya han tenido relación con nosotros en sus clases, ya se acercan a hablarnos y se interesan por nosotros. Es un buen comienzo —dicho esto, le dio una palmada a Trust en el brazo—. Anda, Trust, pregúntales a tus amigos si les importa que Tyler juegue. A ver si así se calma.

Él sonrió y se alejó corriendo un par de metros antes de que Tyler se quejara. Mantuvo sus oídos atentos a cualquier sonido a sus espaldas, negándose a dejar desprotegido a su macho, aunque dudaba que los que le habían atacado a él y los demás hicieran nada con tantos de los suyos alrededor.

Así, se reunió con los que iban a jugar el partido. Entre ellos, estaban Slade y los felinos Justice y Tiger, que antes habían tenido los números 300 y 333.

—¡Trust! —lo saludó Slade con una sonrisa—. Pensaba que ya no ibas a venir a jugar —dicho esto, su expresión se ensombreció y miró de reojo a Tyler—. Ya sabes, por todo eso.

Justice se acercó con el ceño fruncido.

—¿Están todos bien? Hemos oído lo de Ellie.

Tiger resopló.

—Nuestras hembras están furiosas. Hoy no pienso dejar que me alcancen, me golpearán más fuerte de lo normal para desahogarse por no poder ir tras ese felino.

Trust levantó las manos para tranquilizarlos.

—Por ahora está todo bien. —Les explicó con rapidez la solución a la que habían llegado con Vane y luego les preguntó si les importaba que Tyler jugara con ellos.

Slade sonrió emocionado.

—¿Quiere jugar? No tiene que preguntarnos, ¡que venga!

—A nosotros sí nos gustan los humanos —dijo Justice con amabilidad—. No vamos a hacerle daño.

Tiger soltó una risilla.

—Habla por ti, tengo intención de hacerle un placaje como lo vea con la pelota.

Trust se tensó al oír eso y le gruñó:

—No le hagas daño o pelearemos.

Él levantó las manos al escucharlo.

—Tranquilo, solo me refería a un placaje amistoso. Seré suave —dijo observándolo—. Es más bajo que los guardias que nos golpeaban y no tiene tanto cuerpo. Tendremos cuidado.

Se relajó al saber que sus amigos serían cuidadosos y se giró hacia Tyler.

—¡Ven! —lo llamó.

Slade hizo un gesto con la mano para que se acercara.

—¡Vamos! ¡No te morderemos!

Con cierta timidez y un empujón poco discreto de Zane, Tyler se unió a ellos. Todos lo saludaron con el mejor comportamiento que habían aprendido de Missy y Jessie, procurando que no se sintiera intimidado. Pese a que lo recordaban de cuando había trabajado en Mercile, muchos se dieron cuenta, tras ser liberados, de que nunca había hecho daño a uno de ellos y que incluso los había protegido bajo excusas como la de que eran “valiosos” para Mercile. No se dieron cuenta de ello hasta que Trust les contó lo que había hecho por él y 305 les dijo cómo había estado cuidando de 396 y de los heridos tras el rescate. Gracias a él, Breeze se había recuperado por completo y tenían fe en que el úrsido lo haría también.

—¿Hay sitio para dos más?

Todos se giraron al ver a Brass y Rick. Tyler parpadeó, pero Trust sonrió. La idea de que más humanos se unieran a su juego lo entusiasmó.

—Zane dice que cuantos más mejor —dijo Harley, un canino que se había unido al juego.

Rick esbozó una amplia sonrisa y señaló con un dedo a Tyler.

—Me debes una explicación, así que voy a patearte el culo por no haber confiado en mí, agente.

Trust frunció el ceño al no reconocer la palabra. La había oído en Mercile antes, pronunciada con temor por parte de técnicos, médicos y guardias, pero no entendía el significado. Sin embargo, Rick no lo había dicho como si fuera algo malo.

Su macho le dedicó una sonrisa de disculpa.

—Te lo contaré. Lo prometo.

—¡Bien! —los interrumpió Zane dando una palmada—. ¡Vamos a hacer los equipos! Slade, Justice, Tiger, Breeze, Sky, Trust y Tyler a un lado. Harley, Moon, Monarch, Sunshine, Sword, Brass y Rick en otro. Voy a daros los chalecos.

Trust y su equipo se pusieron los de color verde y el resto los de color naranja. Después, Zane se acercó a la mitad del campo y pidió a los miembros más altos del grupo que se acercaran. El juego consistía en conseguir el balón y traspasar la línea del equipo rival, marcada con banderitas, cada una del color del equipo. Se podía pasar el balón o correr con él y los rivales podían hacer placajes para conseguirlo o interceptar un pase. Zane les había dicho que era una mezcla de dos deportes muy populares en su país.

Los dos miembros más altos de cada grupo eran, cómo no, las úrsidas. Sky y Monarch se gruñeron con una sonrisa de anticipación. Estaban tan emocionadas como los demás.

Zane se puso entre las dos y mostró la pelota, de forma ovalada y marrón.

—¿Preparadas? —Las dos volvieron a gruñir, haciéndole sonreír—. ¡A jugar! —gritó lanzando el balón al aire.

Monarch fue la que lo alcanzó con un rugido de victoria y se lo lanzó a su equipo. Harley lo interceptó y corrió veloz por la nieve con Moon a su lado, separados por varios metros de distancia. Ambos se movían como si uno fuera la sombra del otro. Como Night y Trust o Slade y Fury, habían pasado gran parte de su vida conviviendo en la misma celda y se conocían muy bien el uno al otro.

Justice se abalanzó sobre Harley dando un salto muy largo que lo pilló por sorpresa. Lo derribó, pero no antes de que le pasara el balón a Moon. Sin embargo, Tiger ya lo estaba esperando y el canino se dio la vuelta para lanzárselo a Sunshine. Slade corrió hacia ella, pero la felina lo esquivó dando un elegante salto hacia arriba mientras soltaba una carcajada. Por desgracia para ella, Breeze la estaba esperando y, cuando aterrizó, la derribó en el suelo.

—¡Monarch! —gritó Sunshine antes de lanzar el balón, que acabó sobre la nieve.

La úrsida se lanzó a por él, pero Sky también estaba de camino. En vez de coger la pelota, ambas chocaron. El sonido fue estremecedor. Aun siendo hembras, las úrsidas eran casi tan fuertes como sus machos y podían competir sin muchos problemas con los caninos y los felinos.

Trust aprovechó la situación y cogió el balón. Monarch lo vio de reojo y trató de agarrarlo, pero Sky aprovechó que había movido su cuerpo a un lado para derribarla. Mientras tanto, él voló sobre la nieve, tan rápido como podía. Habían descubierto que la mayoría de los caninos eran muy rápidos sobre la nieve y tanto él como Breeze y Slade aprovecharon esa ventaja para abalanzarse sobre la línea del equipo contrario.

Sin embargo, Harley, Moon y Brass también estaban allí y contaban con Sword y Rick de refuerzo.

Brass se lanzó a por él, pero le pasó el balón a Slade, y este a Breeze en cuanto vio que Harley iba a placarlo. Escuchó su maldición cuando lo derrumbó en la nieve. Breeze trató de pasársela de nuevo cuando Moon bloqueó su camino, pero, entonces, Sword saltó y la agarró.

Al aterrizar, sin embargo, Tyler lo esperaba y le quitó el balón de un manotazo.

Sword se abalanzó sobre él al instante, pero este ya había lanzado de nuevo el balón.

—¡Justice!

El felino de pelo negro lo agarró con un salto y se lanzó junto a Tiger, Breeze y Trust a por la línea de meta. Moon y Brass trataron de alcanzarlo, pero Trust golpeó a Brass en el hombro y lo tiró al suelo mientras que Breeze se abalanzó con un aullido sobre Moon. Sword regresó al ataque y alcanzó a Justice, que le pasó el balón a Tiger, a quien estaba esperando Rick. El felino pelirrojo sonrió confiado y saltó por encima de su cabeza, pero el humano lo estaba esperando y se adelantó para agarrarlo del pie y lanzarlo al suelo para quitarle el balón.

—¡Tiger, aquí! —gritó Tyler a su espalda.

Tiger lo vio y le lanzó la pelota. Tyler la cogió al vuelo y se abalanzó sobre la línea, pero Sunshine se había recuperado hacía un rato y había ido corriendo a defender la línea. Trust vio cómo Tyler hacía el gesto de pasársela y se preparó, pero la hembra lo vio también y se interpuso en el pase. Sin embargo, el balón no llegó a volar. Tyler lo devolvió a su pecho y siguió corriendo, pasando de largo a Sunshine, que le había dejado el camino libre al tratar de interceptar el pase.

Así, Trust gritó triunfal cuando su compañero se tiró tras la línea de meta. Su equipo aulló y rugió y fueron corriendo a reunirse con él. Trust lo estrechó entre sus brazos mientras aullaba feliz y escuchaba cómo su Tyler reía, celebrando con ellos la victoria.

El equipo contrario también fue junto a ellos. Los ojos de Sunshine brillaban mientras miraba a Tyler.

—¿Qué ha sido ese movimiento? Creía que se la ibas a pasar a Trust.

—¡No vale hacer fintas, Tyler! —se quejó Rick.

Tyler buscó con la mirada a Zane, que también se acercaba a ellos.

—¡Claro que vale! Los chicos tienen que aprender estas tácticas para que el juego sea más complicado. Aprenderán a correr y a pensar al mismo tiempo.

Trust se sorprendió cuando Tyler le sonrió a Rick con un gesto burlón.

—Eres un mal perdedor, Rick.

El otro macho le lanzó una mirada que pretendía ser de pocos amigos, pero Trust entendió que era una broma porque no podía evitar sonreír.

Tyler no intentó salir de sus brazos mientras sus amigos le preguntaban qué era una finta y cómo se hacía para ponerlo en práctica en el próximo juego. Él sonreía, emocionado y con los ojos brillantes, mientras hablaba con ellos y Rick y Zane intervenían para añadir algún detalle.

Eso era lo que quería. Que pudieran vivir todos juntos y ser felices en libertad. Lamentó que no hubiera ninguno de los úrsidos y felinos que desconfiaban de los humanos para ver ese momento. Este juego podría haberles convencido de que podían convivir en paz.

De repente, escuchó un coro de gruñidos. Al alzar la vista en busca de su origen, le sorprendió reconocer a algunos de ellos. Había tres úrsidos y cinco felinos. Y todos parecían tener ganas de pelear.


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