Capítulo 19. Primera fase: Alianzas

 


—Vane, ya están aquí —le avisó Max, asomándose por la puerta de la habitación.

Él asintió.

—Hazlos pasar. El tiempo corre y no a nuestro favor, no ahora, al menos.

Su hermano asintió, pero se quedó en la puerta, dudando. Vane suspiró, haciéndose una idea de lo que le inquietaba.

—Ya sé que no estás de acuerdo.

—No los quiero aquí. A ninguno de los dos, y menos en esto.

—A mí tampoco me hace especial ilusión, pero es el modo más rápido y lo harán. Me lo deben.

Max hizo una mueca.

—Aun así, es una maldita mierda —repitió, pasándose una mano por el pelo antes de sacudir su brazo sano—. ¡Joder! ¡No quiero trabajar con ellos! ¡Me niego!

Vane endureció el gesto.

—¿Acaso me ves dando saltos de felicidad? ¿Crees que me gusta involucrarlos en esto? No, joder, claro que no quiero, pero Night y su gente necesitan un lugar para vivir y no tenemos nada preparado, ¡nada! Esos dos tienen lo que necesitamos, así que échales miradas de odio y amenázalos con abrirlos en canal como abran la boca, pero tendremos que aprender a tolerarlos. Por Night y su gente. ¿Está claro?

Su hermano gimió, llevándose la mano a los ojos para frotarlos un poco.

—Está bien, está bien. Puedo hacerlo. Es solo que…

—Lo sé —dijo Vane, recostándose en la cama con una mueca de dolor. El brazo le molestaba de nuevo, pero no quería enfermeras ni médicos en su habitación hasta que hubiera acabado de hablar con todos—. Son las últimas personas a las que llamaría para esto, pero no tenemos tiempo para encontrar a alguien de confianza. Shawn es bueno en lo que hace, pero hasta él necesitaría unos días para recabar toda la información. Además, lo necesitamos en otro sitio y tiene que prepararse bien.

Max movió la cabeza a un lado y a otro.

—Todavía no me puedo creer que lo vaya a hacer… ¿Crees que estará bien?

Vane asintió con firmeza.

—No vi duda en sus ojos cuando me dijo que podía hacerlo. Confío en él y en sus capacidades.

—Joder, estoy orgulloso de él. Y de ti —añadió, mirándolo con un brillo especial en los ojos—. Y de lo que estamos a punto de hacer. Siento que… es lo correcto. Que es nuestra forma de redimirnos por todo lo que hicimos. Como dijo Shawn.

Él tragó saliva, pensando en su extraño rencuentro con Vic en el Más Allá. O lo que fuera.

—Yo también.

Max inspiró hondo y dio la vuelta.

—Te traeré a esos dos. Espero que todo vaya bien —masculló mientras desaparecía tras la puerta.

Vane suspiró, acomodándose en la cama. Odiaba verse obligado a utilizar una nueva estrategia, más precipitada, más arriesgada, donde tantas cosas podían salir mal… Pero no tenía otra opción. Si no eran rápidos, Mercile reforzaría demasiado su seguridad y ellos no tendrían más remedio que hacer mucho ruido para abatirlos y no quería eso. Más ruido implicaba más rehenes muertos y más de sus hombres heridos. Y, en el hipotético caso de que todo fuera bien y rescataran a todo el mundo, un aluvión de policías y prensa estaría fuera de la instalación, haciendo preguntas que el mundo no estaba preparado para conocer.

El ruido de la puerta lo alertó de que era el momento de ponerlo todo en marcha.

Sus invitados entraron.

Curiosamente, no se tensó al verlos. No es que se alegrara de que estuvieran allí, pero el dolor parecía haber remitido.

Eso lo alivió. Las cosas serían más fáciles así.

—¡Dios mío, Vane! —exclamó Jeremy, corriendo hacia él. Por una vez en su vida, no iba especialmente arreglado, solo llevaba un jersey, unos vaqueros y unas zapatillas. Eso y su pelo revuelto le dijeron que había salido de casa con lo primero que había encontrado—. ¿Te encuentras bien? Cuando Dylan nos llamó contando lo que había pasado y que estabas en el hospital… Pensé… Pensé que…

Anthony llegó a su lado y le frotó los hombros, tratando de calmarlo.

—Ya está, Jeremy. Vane es duro de roer, ¡míralo! Tiene la misma impasibilidad en la cara de siempre.

Él alzó una ceja.

—Deduzco por tu forma de tocar a Jeremy que estáis juntos, ¿verdad?

Ambos se miraron un segundo, como si dudaran. Vane gruñó:

—¿Sí o no?

—Sí —respondió finalmente Anthony, aunque lo hizo con la cabeza agachada—. Vane, lo siento mucho. Todo esto ha sido mi culpa y…

—Genial, una gilipollez menos con la que tratar —lo interrumpió. No le interesaban sus disculpas. Ya se habían dicho todo lo que tenían que decirse, ya sabía que los dos se sentían mal por lo que le habían hecho y bla bla bla… No le importaba. Ahora ya no. Por fin, lo había superado, ya no le dolía, gracias a Night. Él era lo realmente importante—. Sé lo que queréis decirme y sé lo que sentís, así que, ahorráoslo. No os he pedido que vinierais por eso.

Jeremy avanzó hasta quedarse al borde de la cama. Sus ojos delataban preocupación.

—¿Tú estás bien? Me dijeron que te habían disparado en el pecho. No irás a… —su voz se apagó, incapaz de expresar su miedo.

Vane tuvo que admitir que, pese a todo lo que había ocurrido entre ellos, Jeremy tenía razón. Le quería, a su manera. No tanto como a Anthony, pero todavía se preocupaba por él. Eso le resultó reconfortante y, aunque dudó, se inclinó para apretarle la mano con el brazo bueno.

—Me pondré bien, no te preocupes.

Tanto Jeremy como Anthony se quedaron anonadados al ver su gesto amistoso.

—Vane…  —murmuró el primero.

—¿Esto significa que… nos perdonas? —preguntó Anthony, emocionado.

Vane inspiró hondo, meditándolo. Ya no sentía resentimiento. No le gustaba lo que le habían hecho, ni mucho menos, pero ya no le dolía la infidelidad. Además, estaba muy cansado para seguir sintiendo rencor.

Y se había enamorado de Night.

No tenía sentido seguir discutiendo por algo que ya no podían cambiar y que, ahora, ya no importaba.

—He pasado página —dijo con cuidado, eligiendo bien sus palabras—, así que… ya no importa lo que pasó.

Anthony y Jeremy se miraron, incrédulos. Vane, un poco incómodo, apartó la mano de la de su ex, pero este se la agarró y se la estrechó, mirándolo como si le hubiera quitado una enorme carga de encima.

—Gracias. Gracias, Vane.

—¿Eso significa que…? —empezó a preguntar Anthony, dubitativo—. ¿Que podríamos… volver a ser amigos?

Al escuchar la última palabra sí se tensó. Perdonar no significaba que todo pudiera volver a ser como antes. ¿Cómo podía confiar, a pesar de que lo comprendiera, en que Anthony y Jeremy no volverían a traicionarle? Los dos habían sido personas importantes en su vida, las había querido como si fueran parte de su familia, pero ya no podía volver a verlos de ese modo. Los dos le habían hecho daño a sabiendas, le habían ocultado su antigua relación y, al final, Anthony, como un animal en celo, había marcado su territorio acostándose con Jeremy, dejando que los descubriera para que él no tuviera lo que había sentido que era suyo. Y Jeremy lo había permitido.

Los dos le habían engañado. ¿Y esperaba que actuara como si nada hubiera pasado?

Eso no.

Podía perdonar la infidelidad porque ya no importaba, pero esos dos no eran personas de su confianza, ya no. Ni siquiera habría recurrido a ellos, ni los habría vuelto a ver, de no ser porque los necesitaba. A su pesar.

Jeremy lo soltó y puso una mano en el pecho de Anthony.

—Anthony, ahora no es el momento. Dejémoslo así —dicho esto, le dedicó una sonrisa de disculpa. Vane inclinó la cabeza, un tanto agradecido por evitar el tema, y carraspeó.

—En realidad, os he llamado porque necesito vuestra ayuda.

Ambos hombres se sobresaltaron.

—¿Cómo? —preguntó Anthony, confundido.

—¿Por qué la nuestra? —interrogó Jeremy, extrañado—. No somos militares ni nos dedicamos a la seguridad —comentó, mirando su brazo herido y su pecho. La inquietud seguía en sus ojos—. Si tiene que ver con este incidente, ¿no sería más lógico pedirle ayuda a Aaron? Sigue siendo general, ¿no?

—He hablado con él, vendrá más tarde. Pero también os necesito a vosotros.

—¿Por qué? ¿Qué es lo que necesitas? —preguntó Anthony.

Vane se inclinó hacia su mesita, donde tenía su portátil, que Zane rescató de su casa, y se lo tendió a ambos.

—Echad un vistazo. Está todo preparado.

Pese a que ambos seguían confundidos y, ahora, un poco inquietos, Jeremy lo cogió sin dudar y puso en marcha el vídeo. El de Adam Therian.

Vane no dijo nada, se limitó a observarlos. Vio cómo al principio no comprendían nada de nada para, después, observar cómo sus rostros palidecían y sus facciones se deformaban en una mueca de horror. Jeremy se cubrió la boca con una mano cuando vio la pistola del doctor y Anthony se levantó de un salto, apartando la vista.

Cuando el vídeo terminó, este fue el primero en dirigirle la palabra.

—¿Es esto una puta broma?

Vane frunció el ceño.

—Tengo un brazo roto, me han disparado en el pecho y no me estoy riendo. ¿Tú qué crees?

—No puede ser real.

—La guerra tampoco parece real hasta que estás allí —dijo Vane con seriedad—. Todos los días veis noticias acerca de guerras en Asia, pobreza en los países del tercer mundo, desastres naturales que arrasan ciudades y nada parece real porque no te está ocurriendo a ti. Porque en tu entorno todo está bien. Pero estas cosas pasan, todos los días. Y esto está ocurriendo aquí, en el polígono industrial.

—Oh, Dios mío… —murmuró Jeremy, claramente afectado.

Anthony apretó los puños.

—Y tú quieres meternos en esto. Joder, ya nos has puesto en peligro solo por enseñarnos ese vídeo.

Vane lo fulminó con la mirada.

—Créeme, si de mí dependiera, no os habría llamado ni por asomo. Todo iba bien hasta que nos descubrieron. Nos cogieron a Max, a Ethan y a mí.

—¿Cómo? —exclamó Jeremy. Sus ojos destilaban miedo.

—Mis hermanos y mi antigua unidad nos salvaron de milagro. Ahora ellos saben que asaltaremos su instalación, así que no tengo tiempo para hacer las cosas como quería. Eso significa recurrir al último recurso.

—¡Nosotros no somos como tú, Vane! —gritó Anthony—. No sabemos pelear, no sabemos usar un arma, no tenemos gente que pueda protegernos.

—No son tan poderosos como crees —afirmó Vane—. Una vez acabe con ellos, no tendrán recursos ni gente que pueda haceros daño, ni a vosotros ni a esa gente que está retenida. Yo sé lo que hago.

—Y estás dispuesto a arriesgar nuestras vidas —masculló Anthony—. Por un segundo había creído que nos perdonabas de verdad, pero ahora creo que todo era una jugarreta para meternos en esto, para tu venganza.

Vane apretó los puños y lo asesinó con los ojos.

—El que hace eso eres tú, Anthony. Lo hiciste conmigo y también con Jeremy, ¿no es así? Desde que volvisteis a encontraros le hiciste sentir culpable por haberte abandonado y, en cuanto a mí… Ya lo sabes. No soportabas que yo estuviera con el hombre al que amabas.

Anthony retrocedió un paso con la mirada gacha.

—Eso es un golpe bajo.

—No sois mis personas favoritas en este momento, pero no consiento que me insultes insinuando que pondría en peligro vuestras vidas por una estúpida infidelidad.

—¡Basta! —exclamó Jeremy, levantándose de un salto del sillón desde el que había estado viendo el vídeo—. Esta discusión ni nos ayuda ni nos lleva a ninguna parte —dicho esto, miró a Anthony—. Vane ya le ha dado un cierre a lo que hicimos, acéptalo y da gracias porque nos haya dado la oportunidad de estar juntos, ¿o acaso no te has dado cuenta de que, a pesar de lo que le hemos hecho, ha tratado de que nosotros seamos felices de una vez? Ya hablamos de esto y me prometiste que no volverías a cometer errores a causa de tu orgullo. Empieza aquí —lo sermoneó, sorprendiendo un poco a Vane. Después, lo miró a él—. En cuanto a este… asunto… Lo haré —dijo con decisión, sobresaltando a los otros dos hombres—. Dime qué necesitas.

—¡Jeremy, no! —Anthony lo cogió por los hombros—. ¿Te has vuelto loco? Podría pasarte algo.

Jeremy lo observó con tristeza.

—Vane siempre ha sido independiente. Siempre han sido los demás los que recurren a él y nunca ha pedido nada a cambio, jamás. Es lo bastante fuerte y decidido para salir de sus problemas solo. —Hizo una pausa. Sus facciones se endurecieron—. Esta es la primera vez que me pide algo. Se lo debo.

—Si es por lo que pasó…

—No es solo por eso. Vane me dio el valor y la confianza para romper mi relación con mis padres. Me quiso a pesar de ser un blandengue que no sabe afrontar sus problemas y me dio la fuerza necesaria para levantar mi negocio. Me hizo mejor de lo que soy. ¿Y qué hice yo por él? Nada. Salvo hacerle daño. —Hizo otra pausa, bajando la vista—. Además, no me lo perdonaré si algo va mal y… y… —Tragó saliva—. No podré vivir con eso. —Alzó los ojos de nuevo—. Ni tú tampoco, Anthony. Antes, en el coche, cuando conducías como un loco, estabas tan preocupado como yo. Decías una y otra vez que matarías al cabrón que hubiera hecho daño a Vane como no saliera de esta. Sé que ahora estás asustado por mí, que no quieres que nos pase nada ahora que lo hemos resuelto todo, pero piensa en cómo te sentirás si las cosas van mal porque no le ayudamos.

Anthony tragó saliva. Miró un momento a Vane… y una miríada de emociones cruzaron sus ojos. Al final, inspiró profundamente y cogió a Jeremy de la mano con fuerza, como si necesitara su apoyo.

—Lo siento, Vane. Otra vez. Todo esto es…

—Estresante —terminó él con un suspiro—. La verdad, yo tampoco estuve bien cuando recibí ese vídeo.

Jeremy lo comprendió enseguida.

—Tú no pudiste elegir. Te dieron esta responsabilidad sin pedírtela, y sobre… ¿Cuántas? ¿Cientos de personas? Y, aun así, vas a hacerlo.

Vane esbozó una media sonrisa.

—No puedo hacer como si no hubiera visto nada. Yo no. No, cuando tengo más probabilidades de ayudarlos que otros. Cuando me he dedicado a hacer esto parte de mi vida. —Hizo una pausa—. Además, el hombre al que amo está ahí dentro.

—¿Qué? —exclamó Jeremy.

—¿Cómoooo? —preguntó Anthony al unísono. Los dos tenían los ojos muy abiertos.

Él puso los ojos en blanco.

—Sí, es 354, el mismo hombre que liberó el doctor y lo dejó en mi casa. Sí, sé que ha sido muy rápido y que no es del todo humano, no me importa lo más mínimo. No, el hecho de que sea parte animal no lo hace peligroso para mí cuando nos acostamos, o el hecho de que sea más grande, más fuerte, etcétera, etcétera. Y, ahora que he respondido todas vuestras probables preguntas, ¿podemos concentrarnos, por favor? Tengo muchas cosas que preparar y vosotros solo sois los primeros de esa larga lista.

Mientras que Anthony seguía con la boca abierta, como si no acabara de asimilarlo, Jeremy, al parecer incapaz de contener su emoción, le agarró la mano que estaba bien y se la estrechó con cariño.

—Me alegro mucho por ti, de verdad. Quiero que seas feliz.

Vane suspiró, pero le devolvió el apretón.

—Lo sé, Jeremy. No te preocupes.

Él asintió y retrocedió un paso.

—¿Qué podemos hacer por ti?

Vane se recolocó un poco en la cama, tratando de estar más erguido. Los miró con seriedad.

—Jeremy, ¿en qué estado está el hotel del Lago Jackson?

—¿El que estaba reformando? —preguntó este, alzando las cejas.

—Sí, ¿cómo lo llevas?

—Ah… Está… casi listo —respondió dubitativo—. Ya tenemos las autorizaciones para la luz y el agua, las habitaciones tienen todo lo que necesitan los huéspedes, la decoración fue aprobada la semana pasada…

—En otras palabras, ¿ya podría vivir gente allí?

Jeremy frunció el ceño.

—Bueno, sí… Pero sabes que ese hotel está habilitado para abrir en primavera y en verano, es cuando podremos hacer las actividades recreativas acuáticas. En invierno hace demasiado frío y no vendría nadie.

—Perfecto para nosotros —dijo Vane, clavando sus ojos en los suyos—. Escúchame bien, vamos a iniciar un rescate en pocas semanas, dos, si somos afortunados. No tenemos un sitio para ellos, no con el tiempo en nuestra contra y con tantos heridos. Necesitan un lugar donde descansar, donde recuperarse y vivir hasta que tengan un hogar definitivo. Tu hotel es el más cercano y no hay clientes, está lo suficientemente aislado como para que nadie los encuentre. Podremos trasladarlos hasta allí sin llamar la atención y estarán a salvo.

Jeremy boqueó un instante, luego, sacudió la cabeza.

—Veo por donde vas. Por mí no hay problema, Vane, lo que sea necesario para esa pobre gente, pero, como ya sabes, tengo una Junta e inversores que se preguntarán a qué viene esto…

—No es problema —afirmó Vane—. Antes de que acabe el día, saldrás de aquí con una orden firmada por el Ejército de los Estados Unidos en la que toma posesión temporal de tu hotel. A cambio, tus inversores recibirán una suma razonable por las molestias y, más importante aún, publicidad de un oficial de alto cargo afirmando que tu empresa colaboró diligentemente con el Estado para ofrecer refugio a víctimas de tráfico humano sin coste alguno. —Levantó las cejas—. El público os aclamará como héroes.

Jeremy se había quedado anonadado, pero, de pronto, parpadeó y frunció el ceño.

—¿Cómo demonios piensas conseguir todo es…? —Se quedó a medias. Sus ojos se abrieron. No podía ser—. ¿Has dicho que has llamado a Aaron?

—Lo he hecho.

Él hizo una pausa, meditando.

—¿Y él está dispuesto a hacer todo esto?

—Lo estará.

Los hombros de Jeremy cayeron.

—Vane…

Este apartó la vista, echando un vistazo al portátil.

—Créeme, aprobará todo lo que le diga.

Jeremy pareció dudarlo, pero, aun así, dijo:

—Si tú lo dices…

Él inclinó la cabeza.

—Gracias, Jeremy. De verdad.

Este esbozó una media sonrisa como respuesta. Podía ver que estaba preocupado y lo entendía a la perfección, al fin y al cabo, por mucho que Jeremy hubiese levantado su cadena de hoteles de la nada, estaba al servicio de los inversores e iba a utilizar un producto de la empresa para un fin personal, lo cual no sería bien visto por la Junta. No es que pudieran echarlo ya que él era el propietario, pero podrían quitarle mucho poder sobre los hoteles, que era justo lo que Vane necesitaba para la gente de Night.

Sin embargo, él ya lo tenía todo planeado. Aaron no tenía más remedio que darle ese dinero junto al resto de servicios que iba a pedirle. Después de todo, tenían pendiente una conversación muy seria.

Una vez aclarada la función de Jeremy, se volvió hacia Anthony, que le sonrió como cuando eran niños y estaba a punto de hacer alguna travesura.

—A ver si lo adivino, requieres mis servicios de construcción.

A Vane se le escapó una diminuta sonrisa torcida. Lo había pillado rápido.

—Quiero que tu empresa construya el hogar para esa gente. Tus empleados no los verán, se quedarán en el hotel del Lago Jackson hasta que el lugar sea habitable, así que puedes actuar como si fuera otro trabajo cualquiera.

Anthony levantó una ceja.

—¿Un trabajo cualquiera? Vane, si quieres un hogar para toda esa gente, van a ser… muchas casas, puede que haya que añadir un bloque de apartamentos por si acaso…

—Y un centro médico, un gimnasio, un restaurante, pistas de deportes… Puede que hasta pida un spa —se burló.

—Vane, es mucho dinero… —comentó Jeremy con preocupación.

—Que también pagará Aaron —respondió él.

A Anthony casi se le escapa una carcajada.

—Debes de tenerlo pillado por los huevos para que acceda a hacer una cosa así.

Vane se encogió de hombros.

—Digamos que posee una sustanciosa cuenta bancaria que, en estos momentos, no va a necesitar. Y, si hace falta, yo también pondré de mi bolsillo, pero prefiero reservarlo para comprar el terreno en el que vivirá toda esa gente.

—Ya veo —dijo Anthony. Su sonrisa se había desvanecido—. Yo también puedo rascarme los bolsillos si estamos apurados.

—No —replicó Vane, alzando una mano—. Tú solo céntrate en el proyecto. No voy a darte tanto tiempo para buscar en los bolsillos ni en ninguna otra parte.

El otro hombre frunció el ceño.

—¿Cuánto tengo?

—Dos años y medio, como mucho.

—¡¿Dos?! —se le escapó a Jeremy.

Sin embargo, Anthony sonrió lentamente.

—Una pequeña ciudad para unos pocos cientos de personas, ¿eh? —Cruzó los brazos a la altura del pecho—. Hecho. La tendrás.

—¡¿En dos años?! —exclamó de nuevo Jeremy.

—A mis chicos les va la caña y a mí los desafíos. Y me encanta la idea de construir una ciudad en pequeña escala —explicó Anthony, sin borrar la sonrisa de su cara.

—Sabía que te gustaría —añadió Vane un tanto divertido.

—¿Y dónde tendrá lugar esta hazaña de construcción?

Ante esa pregunta, él se recostó de nuevo en la cama con una mueca de dolor. El brazo izquierdo y el pecho le molestaban un poco cada vez que se movía, pero era incapaz de estarse quieto por el momento. Todo el tema de planificar el rescate y los siguientes pasos lo tenía un poco estresado y nervioso y su cuerpo le pedía movimiento, pese a que era lo último que necesitaban sus heridas.

—Aún no lo sé —respondió una vez apoyó la cabeza en la almohada—. Ash se encargará de escoger el lugar ideal. Se pondrá en contacto contigo una vez lo haya tramitado todo.

—¿Ash? —se sorprendió Jeremy.

—¿A él también vas a meterlo en esto?

—Dirigimos la empresa juntos y todo esto va a requerir mucho de mi tiempo. Se daría cuenta de que ha pasado algo y, a diferencia de mucha gente, le encantará estar en el meollo de este asunto —dicho esto, echó un vistazo a ambos hombres antes de buscar sus ojos—. No me gusta haberos metido en esto, pero os agradezco vuestra ayuda. Más de lo que pensáis.

Jeremy se llevó la mano al corazón.

—No lo hagas, esa gente necesita ayuda. Sospecho los motivos por los que parece que no quieres que esto se haga público y lo entiendo. Además, es lo mínimo que debemos hacer.

—Jeremy tiene razón —asintió Anthony, mirándolo con ojos culpables—. Eres… —se mordió la lengua antes de decir algo inapropiado—. Eres importante para nosotros y lo último que queremos es que te ocurra nada. Colaboraremos en lo que necesites.

Vane inclinó la cabeza.

—Con esto es más que suficiente. —En ese instante, sonaron tres golpes en la puerta. Él dejó escapar un largo suspiro—. Es todo por ahora, tengo otra visita. Estaremos en contacto.

Ambos asintieron y dieron media vuelta, dispuestos a marcharse. Sin embargo, Vane aún tenía algo pendiente.

—Jeremy, espera.

Tanto este como Anthony se detuvieron. Vane le lanzó una mirada significativa a este último y, pese a que mostró un poco de resistencia, al final optó por salir de la habitación, dejándolo a solas con su expareja.

Jeremy se acercó hasta su cama con el ceño fruncido.

—¿Qué ocurre?

Lo miró seriamente a los ojos para que viera que decía la verdad.

—No ha sido fácil para mí, pero quiero que sepas que iba en serio. Os perdono. Lo que hicisteis ya no tiene importancia, está en el pasado. Importa el ahora. Así que no quiero que salgas de aquí creyendo que me debes nada.

El otro hombre le respondió con una media sonrisa llena de amargura.

—Sabes que no es tan fácil.

—Lo sé. Yo he tardado mucho tiempo en perdonarme a mí mismo por la muerte de Vic, ya lo sabes. —Hizo una pausa y, esta vez, lo miró con tristeza—. Sé que no estás orgulloso de lo que hiciste y que te avergüenzas. Sé que sufres por lo que hiciste y ahora entiendo que, a pesar de tus sentimientos por Anthony, te sigo importando de algún modo que no necesitas explicarme. Déjalo ir, Jeremy. Yo lo he hecho. Y por si eso no es suficiente aliciente para que lo hagas —dijo mientras se reposicionaba otra vez sobre la cama—, quiero que recuerdes algo que no pareces tener en cuenta y que, sin embargo, para mí significó la diferencia entre lo que soy ahora y en cómo habría acabado.

Los ojos de Jeremy brillaron. Sabía a qué momento se refería.

—Oh, Vane, no. No hice nada esa vez.

A Vane se le escapó una pequeña sonrisa que no le llegó a los ojos.

—Intenté estrangularte durante una de mis pesadillas. Te golpeé mientras tenía otras. A pesar de eso, te quedaste conmigo. Te negaste a dormir en otra habitación. Estuve en mi peor momento y tú estuviste a mi lado, sin vacilar. Me ayudaste a seguir adelante y gracias a eso soy el Vane de ahora. Eso no lo olvidaré nunca —dicho esto, le sonrió, esta vez, de verdad—. Estamos en paz, ¿de acuerdo?

Jeremy, que tenía los ojos anegados de lágrimas, asintió.

—Vale —casi sollozó—. Lo intentaré.

—Bien. Nos vemos.

—Sí —dijo este, limpiándose los ojos y dando media vuelta—. Cuídate mucho, Vane.

—Descuida —murmuró cuando lo vio salir.

Se quedó cabizbajo, reflexionando sobre cómo se sentía. Lo cierto era que estaba… aliviado. Sentía que esa conversación había sido necesaria para acabar de cerrar la herida y, además, realmente los había perdonado. Si después de tantos años esos dos habían seguido enamorados, él no habría sido nunca suficiente para Jeremy, por mucho que este lo quisiera. Y, tal y como había dicho Night muchas veces, merecía algo mejor, alguien que pudiera quererlo con esa fuerza que parecía perdurar a través del tiempo.

Sí, lo mejor que podía haber hecho era dejarlo ir. Como le dijo Vic, el pasado está enterrado. No lo podía cambiar. No tenía sentido sufrir por ello.

Había que centrarse en el futuro.

En Night.

Tenía que sacarlo a él y a sus amigos de ese lugar cuanto antes.

En ese instante, Max asomó la cabeza.

—Eh, ¿cómo estás?

Vane se giró hacia él y sonrió.

—Estoy bien, de verdad.

Su hermano escudriñó su rostro, buscando cualquier signo de dolor en él. No tardó en relajar los hombros y suavizar sus rasgos.

—¿Podemos celebrar que el mono erecto y el conejito insaciable van a colaborar?

Vane arrugó la nariz.

—Sí, y ¿de dónde has sacado esos motes tan horribles?

—Es lo que les ha llamado Ash cuando Dylan y Kasey han impedido que les diga “cuatro hostias”.

Él frunció el ceño.

—¿No será dar?

Max levantó las manos.

—Su frase exacta ha sido: “Tengo que decirles cuatro hostias bien dichas a ese mono erecto traidor y al mentiroso infiel con cara de conejito insaciable”. ¿Cuál era su significado oculto? Nunca lo sabremos, por desgracia.

A Vane se le escapó una sonrisa. Ash era la única persona capaz de arrancarle una carcajada en los peores momentos imaginables. Aunque, en este en concreto, necesitaba que estuviera centrado.

—Que entre. Todavía tengo que hablar con Aaron.

Su hermano hizo una mueca.

—¿Seguro que quieres hacerlo hoy? Pareces agotado.

—No tenemos más tiempo y él ha venido expresamente hasta aquí desde Washington cuando se lo pedí. Además, cuanto antes hablemos con él, mejor. Es imprescindible para que Mercile haga exactamente lo que queremos.

Max dudó, pero finalmente asintió.

—Vale. Él será el más difícil, ¿verdad?

Vane bajó los ojos y pasó la mano sana por debajo de la almohada, acariciando un objeto frío, asegurándose de que seguía ahí y bien colocado.

—Depende de cuál sea su situación. Esperemos no estar en lo peor.

El otro hombre endureció el gesto, pero agachó la cabeza.

—Ojalá. —Hizo una pausa, inspiró hondo y dio un paso atrás—. Te dejo con Ash.

Él asintió y se acomodó en la cama, sujetándose el brazo izquierdo, que llevaba cuidadosamente vendado y colgado del cuello y parte del hombro para evitar moverlo demasiado. Se había negado a que se lo enyesaran, rotundamente. Porque, con el yeso, no podría moverlo llegado el momento.

Apenas unos segundos después, unos golpes lo alertaron de la presencia de su socio.

—¡Toc, toc! ¿Vane? ¿Estás visible?

Sonrió. Ash y sus extrañas entradas en escena.

—¡Pasa!

Este se asomó y le devolvió la sonrisa.

—Genial —dijo mientras entraba y cerraba la puerta tras él—, no llevas una de esas batas que habría dejado tu musculoso culo respingón al descubierto, provocándome un ataque de profunda atracción sexual hacia ti que habría arruinado nuestra bella amistad.

Vane esbozó una media sonrisa, divertido.

—El que tú lleves un horrible chándal no habría ayudado a que me sintiera del mismo modo por ti, desde luego —comentó.

La sonrisa de Ash se ensanchó.

—¿Tienes fuerzas para devolverme mis brillantes y escandalosas bromas? Zane exageraría cuando me dijo que te habían atacado —dicho esto, le ofreció la mano a modo de saludo y Vane la chocó antes de darle un apretón. Solo entonces, el rostro de su amigo denotó preocupación—. Ahora en serio, ¿cómo te encuentras?

Vane lo invitó a sentarse a los pies de la cama al mismo tiempo que respondía:

—Estoy bien, de verdad. Podría haber sido mucho peor. Suerte que Zane y los demás actuaron rápido.

—Y yo me reía de tus códigos de seguridad —farfulló, rodando los ojos—. “¿Para qué tanto protocolo militar? Estamos en Estados Unidos, no en Irán, aquí no pasará nada”. ¡Bah! —se burló—. Soy un ingenuo, como siempre, y, como siempre, tú tenías razón. —Entonces, frunció el ceño de repente—. Bueno, excepto en lo de mi chándal. Mi aspecto de por sí ya es un repelente natural para el gran público.

Vane sonrió, aunque movió la cabeza de un lado a otro.

Ash había nacido con albinismo, por lo que su aspecto, fuera adonde fuera, llamaba la atención. Tenía la piel de un tono tan blanco que parecía casi antinatural, como si fuera la misma proyección de una persona que hubiera fallecido, lo cual, unido a su cuerpo de complexión delgada, no lo ayudaba a dar una imagen más… saludable, por así decirlo, a pesar de que, gracias a su pasión por los deportes acuáticos, estaba en buena forma física. Del mismo modo, su cabello, que llevaba largo hasta los hombros y ondulado, poseía esa palidez extrema; no como si fuera rubio platino, sino blanco, sin más, enmarcando un rostro de facciones afiladas, mandíbula estrecha y nariz aguileña, haciendo una combinación un tanto surrealista con sus ojos, tan claros que prácticamente todo el mundo retrocedía al verlos, pues el borde oscuro de sus irises y las negras pupilas los hacían resaltar como las luces de neón en un callejón oscuro.

Curiosamente, sus clientes se quedaban un tanto parados al verlo la primera vez, en absoluto esperando que alguien con su aspecto se encargara de las relaciones laborales; sin embargo, su personalidad abierta y alegre, además de su extraño sentido del humor, lograba hacer que se sintieran cómodos enseguida. Por eso era él quien se encargaba de la parte pública de la empresa y no él.

—¿Qué ha pasado con eso de que eres igualito a Geralt de Rivia? —le recordó. Ash solía decir que era digno de representar a uno de sus personajes de novela favoritas.

Este sonrió de nuevo.

—Es verdad. ¡Vuelvo a ser hermoso otra vez! —Vane soltó una risilla, haciendo que Ash lo mirara con un brillo feliz en sus ojos—. Me alegro de que estés bien. De verdad. Cuando Zane me llamó supe que algo había ido mal. Pensé que volvías a tener pesadillas o que tenías una crisis, o que el par de bestias en celo que acaba de salir de esta habitación, y que no comprendo cómo osan pisar el mismo suelo que tú, te habían hecho pasar otro mal rato y estabas a punto de cometer un asesinato. Tenía la esperanza de que me hubieras llamado para ayudarte a encubrirlo.

Esta vez, a Vane se le escapó una carcajada. Sabía que a Ash le encantaría estar metido en un lío.

—Siento decepcionarte, pero sí que es verdad que estoy metido en algo… y que necesito tu ayuda.

Nada más pronunciar esas palabras, el rostro de Ash cambió. Todo rastro de sonrisa desapreció y, en sus ojos claros, apareció una emoción que los hacían aún más inquietantes de lo que ya eran de por sí.

—Claro, Vane. Lo que sea.

Él suspiró y señaló el portátil que estaba sobre el sillón en el que había estado sentado Jeremy para ver el vídeo. El mismo que tenía que enseñarle a Ash.

—En el portátil.

Su amigo, al escuchar su tono, alzó una ceja y le lanzó una mirada furtiva al ordenador.

—¿Seguro que quiero verlo? —preguntó, un tanto receloso.

Vane esbozó una amarga sonrisa.

—Si esperas una escena de asesinato, tortura o violencia, puedes estar tranquilo. Pero también te puedo asegurar que no es nada de lo que esperas.

Ash hizo una mueca.

—Bueno, menos mal que adoro las sorpresas —comentó, dirigiéndose al sillón y abriendo el portátil.

No dijo absolutamente nada mientras veía el vídeo. De hecho, Vane nunca lo había visto tan callado, sombrío y meditabundo. Su ceño fruncido denotaba preocupación, pero sus labios apretados expresaban rabia. Esperaba esa reacción, la indignidad por semejante acto de violencia y crueldad por meros fines lucrativos, pero creía que empezaría a gritar y a dedicar creativos insultos a Mercile, Polanitis y puede que incluso al doctor Therian.

Pero no. No abrió la boca hasta que el vídeo terminó. Solo entonces, cogió aire, cerró los ojos unos segundos, asintió para sí mismo y luego cerró el ordenador.

—Estoy bastante seguro de que sé la respuesta —comentó, abriendo los párpados para clavar sus ojos en los suyos. Hacía mucho tiempo que no veía tanta seriedad en ellos—, pero necesito oírtelo decir.

Vane asintió. No necesitaba que formulara la pregunta.

—Todo es real.

El pecho de Ash se hinchó, cogiendo aire de nuevo, como si necesitara acabar de asimilarlo.

—Vale, vale. —Hizo una larga pausa, frotándose el mentón, pensando tan rápido como podía. Al final, apartó la mano, sacudiéndola hacia el ordenador—. Y… ¿Lo tienes muy claro? ¿Estás totalmente convencido de todo este asunto?

—No estaría en el hospital de no ser así.

—Mmm… —Ash asintió, apartando la vista hacia un lado con el ceño fruncido, aún dándole vueltas. Medio minuto más tarde, se encogió de hombros y se levantó—. Entonces, vale. ¿Qué tengo que hacer?

Vane esbozó una media sonrisa. Sospechaba que se pondría de su parte, pero, aun así, reconocía que eso había sido muy rápido y con muchísimas menos preguntas de las que esperaba.

—¿Estás convencido, Ash?

Este alzó las manos con una sonrisa.

—Si tú me dices que estás al cien por cien en esto, yo estoy contigo hasta el final, colega. Ni lo dudes.

—¿No me harás preguntas?

Ash por poco suelta una carcajada.

—¿Bromeas? Pienso obligarte a soltar hasta el más mínimo detalle, pero el hecho de que estés en el hospital me hace pensar que las cosas se han jodido y que no tenemos tiempo para sentarnos a charlar largo y tendido, ¿no es así?

Vane esbozó una pequeña sonrisa. Tras tantos años trabajando juntos, Ash sabía muy bien cómo le gustaba planificar las cosas, su lista de prioridades. Lo cierto era que agradecía que esta conversación hubiera sido más corta, aún había mucho que hacer, y también el hecho de que hubiera tardado tan poco en decidirse.

—Ash, siento…

Su amigo, sin embargo, lo cortó con un gesto de la mano.

—Ya, ya, lo sé. Lamentas ponerme en peligro y todo eso, sí, ahórratelo. Vayamos a lo interesante y cuéntame cómo mi persona puede ayudar en este embrollo —dijo, sentándose a su lado en la cama. Sus ojos volvían a brillar, entusiasmados—. Sabes que me gusta el alboroto, así que cuéntale a tu querido amigo Ash cómo jodemos vivos a esos hijos de la putísima madre.

Vane puso los ojos en blanco.

—Todavía no te he contado la parte importante y que te concierne. Porque es evidente que vamos a tener que invertir dinero en esta nueva empresa.

Ash hizo un gesto despectivo con la mano.

—No me preocupa.

Él alzó una ceja.

—¿Qué hay de tu caro estilo de vida? Porque sabes que no podemos invertir el dinero de la empresa. Tendrá que salir de nuestro bolsillo, no sería justo para los que trabajan para nosotros.

El otro hombre se encogió de hombros.

—Lo venderé todo. Las casas, los coches, todo lo que no necesite. Solo quiero quedarme el apartamento de Nueva York, mi equipo de submarinismo y mi velero. El resto se va. Hasta venderé toda la ropa buena y los trajes.

Esta vez, Vane sí se quedó asombrado.

—¿En serio? ¿Así de fácil?

Ash se encogió de hombros, bajando la vista.

—Compré todo eso pensando que me ayudaría a llenar un vacío y ya sabes cómo terminó. Me lo quedé porque me lo podía permitir. No sabía muy bien qué hacer con ese dinero, ya lo sabes —dicho esto, alzó los ojos y sonrió de verdad—. Pero ahora por fin podré darle un uso noble. Así que no te preocupes.

Pese a que Vane seguía un poco anonadado, lo aceptó. Ahora, debía abordar otro tema un poco más delicado.

—De acuerdo.

—¿Y bien? ¿El siguiente paso?

—Night… Quiero decir, 354…

—¿Se llama Night? —lo interrumpió Ash, curioso.

—Fue el nombre que escogió cuando estuvo en mi casa.

Su amigo asintió con rapidez.

—De acuerdo, Night, el hombre lobo mutante que mencionaba el doctor y que te envió —dijo, como queriendo recordarse quién era y su relación con la información que había obtenido del doctor—. Sigue.

—Los rasgos de Night son distintos a los humanos por su ADN animal. Es más grande, fuerte, tiene colmillos y la nariz más plana, parecida a un hocico.

—Creía que esto era una historia de terror, no de hombres calientes —bromeó Ash, pero, al instante, se dio cuenta de lo que decía y sacudió la cabeza—. Perdón, ya me callo.

—En definitiva, es intimidante y tiene algunos comportamientos animales, gruñe, tiene tendencia a olerlo todo, aúlla. Apenas sabía nada de nuestro mundo cuando lo acogí en casa. —Hizo una pequeña pausa, agachando la cabeza con tristeza—. La gente no lo entenderá, tendrá miedo. Podrían considerarlo a él y a su gente demasiado peligrosos para vivir en sociedad.

Los ojos de Ash brillaron.

—Comprendo. Será como una película de humanos contra cualquier otra raza no humana que puede parecer agresiva pero que, en realidad, no tiene mala intención. No acabará bien, puedo verlo. Entonces… —Se llevó la mano al mentón, pensando—. ¿Habría que… esconderlos? —Frunció el ceño—. ¿Pero cómo? ¿Dónde?

Vane sonrió ampliamente.

—Ash, ¿no te acuerdas? Todos los problemas se resuelven comprando una isla privada.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Capítulo 40. Tormenta de llamas

Capítulo 41. Una ofrenda para los dioses

Mi lobo