Capítulo 1. En guardia
—¿Cómo está?
Tyler alzó los ojos para encontrarse con la
mirada inquieta de 305.
—Baird dice que la herida está sanando bien.
—Pese a sus palabras, no pudo evitar lanzarle una mirada preocupada al úrsido.
396 era uno de los therians más intimidantes
que había visto, probablemente el que más miedo había inspirado en la
instalación entre técnicos y médicos e incluso entre algunos de su propia
especie. Había oído que, al principio, intentaron hacer pruebas de cría con él,
pero que las hembras estaban tan aterrorizadas que habían aullado y pataleado
hasta que los guardias las habían sacado de allí.
No es que pudiera culparlas, 396 era un úrsido
que superaba los dos metros, ancho de espaldas y puro músculo. Como todos los
de su raza, tenía mucha presencia con su enorme cuerpo, aunque había sido su
coloración albina la que había causado cierto rechazo entre los de su propia
especie. 305 había confesado una vez que su aspecto parecía antinatural para
muchos de los suyos y que, salvo los machos con los que había convivido, el
resto había procurado mantener las distancias.
De hecho, 305 era su única visita recurrente. Sky,
antes conocida como 306, también iba a preguntar por él de vez en cuando, pero
nadie más había ido a verlo. Tyler lo lamentaba profundamente, a pesar de que
hasta a él le infundía respeto, incluso estando dormido.
305 gimió.
—Sí, pero no se despierta.
Él suspiró mientras observaba una vez más el
informe. Todos los resultados daban señales de que 396 se estaba recuperando
poco a poco, pero, aun así, no despertaba. 305 se había trasladado a su
habitación cuando Vane acordó que sería buena idea que se quedara con él por si
despertaba de repente y se asustaba, así 305 podría tranquilizarlo y evitar que
se hiciera más daño en las heridas.
—Hay que tener paciencia —le dijo despacio—.
Estuvo a punto de morir. Puede que su cuerpo se esté recuperando, pero tal vez su
mente no lo está haciendo. Necesita algo más, una razón para seguir viviendo.
Los ojos de 305 se llenaron de lágrimas.
—Por fin somos libres. Los dos soñábamos con
esto. ¿No es suficiente?
Tyler le dedicó una pequeña sonrisa.
—Pero él no lo sabe. Ha estado inconsciente
desde que lo atacaron. Deberías decírselo tú.
305 parpadeó.
—¿Puede oírnos?
—No es seguro, pero podría ser. Cuéntale lo que
ha pasado, dile que sois libres y las cosas que estás aprendiendo —dicho esto,
se le ocurrió una idea—. No has podido ir a ninguna de las clases que están
haciendo mis compañeros, ¿verdad?
El úrsido dejó caer los hombros.
—No. No quería que 396 despertara y se
asustara. Quería ser quien le dijera que por fin somos libres.
Tyler asintió.
—¿Te parece bien si envío a Missy aquí? Es la
hembra que os está enseñando a leer y escribir. Si sabes leer, aprenderás
muchas cosas que podrás contarle a 396. Tal vez eso le ayude a despertar, puede
que haya algo que encienda su curiosidad. O puede que escuchar tu voz baste.
305 asintió con firmeza.
—Lo que sea para que se recupere.
Tyler asintió y apuntó en su agenda del móvil
hablar con Missy. Mientras tanto, el úrsido ya había empezado a contarle a 396
cómo habían sido liberados: que, para la sorpresa de todos, había sido otro
grupo de humanos quienes los habían ayudado, que ahora les estaban enseñando
cosas sobre el mundo exterior, que tenían un lago en el que podría bañarse y
praderas blancas por las que correr.
Él esbozó una pequeña sonrisa antes de
retirarse en silencio. El tono de 305 se había animado al empezar a contar lo
que harían cuando despertara. El pobre úrsido estaba tan preocupado por su
amigo que ni siquiera había salido con el resto de therians a explorar el lago
y sus alrededores, aún no había tenido la oportunidad de revolcarse en la nieve
ni de jugar con la pelota, o simplemente disfrutar de un apartamento propio,
con una cama mejor que la que disponía en la enfermería.
Ya fuera de la habitación, se rascó el mentón
mientras comprobaba la dosis de Aclepsis, la medicina que creó para ayudar a
los therians a recuperarse más rápido. En su día, se aseguró de que no pudiera
ser usada con humanos para contribuir lo menos posible con Mercile, para que no
pudiera sacar ningún beneficio de ella. Tampoco es que fuera muy difícil, la
composición química de los therians era tan distinta a la humana que el
Aclepsis era más similar a un veneno de destrucción celular para ellos que una
cura eficaz. Calculaba que solo un veinte por ciento de la población mundial
podría sobrevivir a su medicamento.
Pero, al menos, sus investigaciones pudieron
servir para mantener a algunos therians con vida.
Estaba preguntándose si acaso debería cambiar
las dosis para ayudar a 396 a despertar cuando un profundo gruñido a sus
espaldas lo sobresaltó. Se dio la vuelta y se encontró con otro úrsido, una
bestia de dos metros, grande y corpulenta, que lo asesinaba con sus ojos
oscuros.
—¿Puedo ayudarte? —preguntó con cautela.
El therian arrugó la nariz.
—Tú eres el técnico que está engañando a 305.
Tyler se olía lo peor. Retrocedió un paso y cogió
sus informes con una sola mano, dejando caer los brazos.
—No es cierto. Intento ayudar a 396…
El úrsido golpeó la pared, haciéndole callar.
—Deja de mentirle. 396 ya está muerto, no va a
volver. Solo lo estáis usando para que 305 confíe en vosotros. Pero cuando se
dé cuenta de la verdad, vendrá con nosotros. Vengará su muerte —dijo mirándolo
fijamente.
Eso sonaba a amenaza. Sin embargo, no era como
si Tyler no se lo esperara, el propio Vane ya les había advertido que no todos
confiarían en ellos desde el principio, sino que sería un proceso que llevaría
tiempo y mucha, mucha paciencia por su parte.
No todos serían como 345.
Así que inspiró hondo y clavó sus ojos en los
suyos.
—Comprendo que aún no confiéis en nosotros.
Pero piensa en esto: no os estamos haciendo pruebas ni sacando sangre, tampoco
os sedamos y nadie os está golpeando. Coméis bien y ya no estáis metidos en
jaulas, os dejamos libres por todo el hotel, seguro que has visto a algunos
caninos y felinos corriendo por…
De repente, el úrsido rugió y lanzó una enorme
mano en forma de garra hacia él. Tyler se agachó y rodó por el suelo haciendo
una mueca. Tenía que evitar golpearlo incluso si era en defensa propia, no
podía permitir que un ataque justificara las razones por las que algunos
therians desconfiaban de ellos. Lo último que necesitaban era un conflicto.
El úrsido lo asesinó con la mirada, sus rasgos
deformados por la rabia, se irguió e hizo amago de abalanzarse sobre él, pero,
de repente, unas manos enormes lo agarraron por los hombros y lo lanzaron
contra la pared.
—¡¿Qué está pasando aquí?! —bramó 305,
dirigiéndose al therian.
Este lanzó un gruñido, mirando todavía a Tyler
como si deseara tener su cuello entre sus manos. 305 le gruñó con fuerza.
—Te he hecho una pregunta.
El úrsido lo miró por el rabillo del ojo, sin
querer perder de vista al humano.
—Solo le advierto.
305 cruzó los brazos a la altura del pecho.
—No es necesario. Tyler está de nuestro lado.
Ayudó a salvar a 396.
Al escuchar eso, el rostro del otro therian se
suavizó y por fin miró al otro úrsido.
—305, él ya no…
305 bajó los brazos y tensó el cuerpo,
adelantándose un paso. Levantó el labio superior para mostrar sus enormes
colmillos.
—Él aún respira. Aún está luchando por
sobrevivir. Y lo conseguirá.
El úrsido apretó los labios. Sus ojos mostraban
lástima cuando lo miró.
—No lo hará. Intentan engañarnos, como siempre
—dicho esto, su mirada se endureció y fulminó con ella a Tyler una vez más
antes de dar media vuelta y marcharse con pasos firmes y rápidos.
305 gruñó una última advertencia antes de
acercarse a Tyler.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó mientras le
ofrecía la mano.
Tyler la aceptó y dejó que lo ayudara a
levantarse.
—Sí. Gracias.
El úrsido echó un vistazo al lugar por donde se
había marchado el otro therian.
—No pensé que diría esto de uno de los míos,
pero tendrías que haberlo sedado. Algunos de los nuestros todavía tienen
problemas para confiar en vosotros.
—Intentamos evitarlo —admitió Tyler con un
suspiro.
305 frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Si ya es bastante difícil que confíen en
nosotros, imagina lo que pensarán si les hacemos daño o los sedamos —dijo
mientras dejaba caer los hombros—. Jamás creerán en nuestra palabra.
El therian lo miró apenado.
—Pero ¿cómo vais a defenderos entonces?
Tyler esbozó una sonrisa que no le llegó a los
ojos.
—Esquivándolos, supongo. Ya pensaremos en algo
—dicho esto, le tocó el brazo—. Menos mal que estabas aquí. Gracias por
ayudarme. Te veo mañana.
305 se quedó mirando a Tyler mientras se
dirigía por el pasillo hacia la salida de la enfermería. La impotencia, una
emoción que no creía que volvería a sentir ahora que era libre, lo inundó. No
era justo que aquellos que los habían salvado sufrieran por su propia gente.
Les debían la libertad, ¿cómo podían amenazarlos y atacarlos después de eso? Comprendía
que tuvieran sus dudas después de todo el daño que les habían hecho los
humanos, pero las suyas habían desaparecido no solo porque Baird y Tyler habían
mantenido con vida a 396 y le estaban ayudando a curarse, sino porque, desde la
ventana de la habitación donde descansaba su amigo, podía ver a los demás.
Veía a los caninos haciendo equipos para jugar
y a los felinos paseando por el lago, algunos incluso se metían a nadar en él a
pesar del frío. Cuando Sky iba a verlo, le contaba todo lo que los humanos
habían preparado para ellos, le hablaba de las clases que impartían para
enseñarles cosas del mundo exterior. Tammy, la mujer que venía a traerle la
comida, siempre le llevaba algo diferente para que lo probara y parecía
realmente feliz cuando encontraba algo que le gustaba, y Baird, el médico que
estaba atendiendo a 396, le había consolado cuando su amigo estaba crítico y le
había enseñado lo que era la música, hasta se la dejaba puesta porque, según
él, la música curaba las heridas del alma.
Se había dado cuenta de que su confianza en
ellos no había sido un error. Solo necesitaba que los demás lo vieran también.
Apretó los puños mientras entraba de nuevo en
la habitación de 396. Lo observó con un nudo en la garganta. No le gustaba
alejarse de él en su estado mucho tiempo, pero se lo debía a los humanos que
los habían liberado.
Trust salió contento junto a Night, Fury y
Slade de la clase de Jessie. Era una de sus favoritas porque les enseñaba qué
era y para qué servía todo lo que había en sus apartamentos. Sobre todo,
agradecía que les hubieran enseñado a usar la bañera. Adoraba el agua caliente.
También habían aprendido a mantener limpios sus apartamentos, aunque ella había
repetido una y otra vez que tuvieran mucho cuidado con los productos de
limpieza debido a sus olores fuertes, siempre les instaba a usar pañuelos para
cubrir su nariz y les había pedido que no estuvieran solos las primeras veces
que lo hicieran.
—Me encantan los radiadores —dijo Fury con una
enorme sonrisa—. Creo que es el mejor invento de los seres humanos.
Slade se rio entre dientes.
—¿Mejor que la comida? Creo que desde que
estamos aquí no he repetido dos veces lo mismo, aunque me encanta la carne.
—El beicon es fantástico —gruñó Night con
satisfacción.
Trust le sonrió.
—¿Es necesario que vengas a estas clases?
Pensaba que Vane te había enseñado.
—Me enseñó algunas cosas, pero no todo. No tengo
ni idea de usar esa aspiradora —dicho esto, hizo una mueca—. La odio.
—Esa cosa es ruidosa —coincidió Slade.
—Pero no deja polvo —suspiró Fury—. Me gusta
eso, no quiero estornudar todo el tiempo.
—Poneos auriculares —dijo Trust—. Vane nos
enseñó a conectarlos a la televisión la semana pasada.
Fury resopló.
—Night, respeto a tu compañero, pero sus clases
son difíciles.
Night soltó una risilla.
—Te frustras demasiado rápido.
—Estoy de acuerdo —coincidió Slade—. El macho
de Night es el que mejor nos explica las cosas y no se pone nervioso cuando le
preguntamos algo. Siempre sabe qué decirnos y cómo. Tiene mucha paciencia.
Night hinchó el pecho con orgullo.
—Es muy inteligente.
—El más inteligente —admitió Trust, sonriendo
ampliamente—. Nos sacó de ese lugar como si nada. Los médicos no pudieron hacer
nada contra él.
—Sí, sí, Vane es genial —gruñó Fury— pero yo
sigo sin comprender cómo hago para que los auriculares reproduzcan lo que hay
en la televisión.
—Esta noche iré a tu casa y te enseñaré —se
ofreció Slade con una sonrisa—. Dara ha dicho que esta noche hacen un
documental sobre lobos que a los caninos nos podría interesar. Podemos verlo
juntos. —Al decir eso, su rostro se iluminó y miró a Night y Trust—. ¿Queréis
venir?
Él asintió de inmediato.
—Podemos cenar juntos.
Night, sin embargo, sacudió la cabeza.
—Me quedo con mi compañero. Tiene trabajo y
quiero ayudarlo.
Fury hizo una mueca.
—Tu Vane siempre está muy ocupado por nuestra
causa. Me siento un poco culpable, ya ha hecho mucho por nosotros.
Night se encogió de hombros.
—Dijo que hasta que nosotros nos adaptemos, él
tendría mucho trabajo, pero que después nos dejaría a nosotros a cargo. Quiere
enseñarnos a organizarnos por nuestra cuenta, pero, para eso, antes tenemos que
aprender lo más básico.
—Entonces, esforcémonos —dijo Slade con un
asentimiento—. Así, ellos tendrán tiempo de compañeros y podrán venir con
nosotros. Ethan dice que el descanso es muy importante.
Night les sonrió, agradecido. Trust estaba a
punto de decirle que, si necesitaban cualquier cosa, podían contar con él,
pero, en ese momento, un olor familiar inundó sus fosas nasales y se giró.
Alzó las cejas al ver a 305 esquivar los grupos
de therians que estaban esperando la siguiente clase. Tenía una expresión de
inquietud que lo puso alerta, sobre todo porque era raro que abandonara la
habitación de 396.
—305, ¿va todo bien? —le preguntó Night con una
nota de aprehensión en la voz. Fury, Slade y él se acercaron para encontrarse
con el úrsido.
—¿396 está bien? —preguntó Trust, casi con
miedo a saber la respuesta.
305 suspiró.
—Sigue igual. Baird dice que sus heridas están
sanando bien, pero no se despierta —dicho esto, arrugó la nariz y miró a Night
y a Trust—. Os buscaba a los dos porque quiero que habléis con Vane y porque
creo que Trust debe saberlo.
Este avanzó un paso con el cuerpo tenso.
—¿Qué ha pasado?
—Un úrsido ha atacado a Tyler.
Al escuchar eso, sus músculos se abultaron y
lanzó un aullido de rabia que llamó la atención de algunos therians. Los
caninos, impulsados por su instinto, se acercaron de inmediato para saber qué
estaba pasando.
—¿Está herido? —preguntó entre dientes. Le
arrancaría los brazos por haber tocado a su macho.
Por suerte, 305 movió la cabeza a un lado y a
otro.
—No llegó a tocarlo. Tu macho es rápido.
Trust se relajó un poco.
—¿Está bien? ¿Estaba asustado?
—No olí miedo en él, pero soy yo el que está
preocupado —admitió 305 mientras miraba al grupo de therians que se había
reunido a su alrededor—. Tyler dijo que no podía devolver el golpe ni aunque se
estuviera defendiendo. Los humanos quieren que todos nosotros confiemos en
ellos y por eso ni siquiera pueden defenderse. Por suerte, ocurrió frente a la
habitación de 396 y pude intervenir, pero no sé qué habría pasado si hubiera
llegado a estar solo.
Trust tocó el brazo de 305.
—Gracias.
Él asintió solemne y le palmeó la mano.
—Tu Tyler está ayudando a 396, se lo debo. Pero
tenéis que hablar con Vane para que haga algo. Esto podría repetirse.
—Ya ha ocurrido.
Todos se giraron hacia Midnight, antes conocida
como 312. Varias hembras caninas la seguían con cara de pocos amigos.
—¿Qué ha pasado? —le preguntó Night.
—A Norm lo amenazó ayer un felino —gruñó ella
con los puños apretados—. No quiso decirme quién era porque cree que no
tendríamos que pelear entre nosotros, pero yo no estoy de acuerdo. —Un gruñido
amenazador escapó de sus labios—. Norm es mi compañero ahora. Los nuestros
tendrían que saber lo que pasa cuando se ataca a una de nuestras parejas. —Levantó
el labio superior, mostrando los colmillos—. Pienso hacerle sangrar por
asustarlo.
Night asintió con gesto sombrío.
—Vamos a ir a hablar con Vane. Midnight, ven
con nosotros —dicho esto, se dirigió a 305—. Gracias por avisarnos.
Él asintió.
—Si necesitáis algo, sabéis dónde encontrarme.
—¿Cómo es que has dejado solo a 396? —le
preguntó Slade.
—Sky ha ido a verlo y le he pedido que se quede
con él mientras estoy aquí —dijo haciendo una mueca—. Voy a volver ya. No
quiero que se despierte sin estar yo allí —dicho esto, dio media vuelta y se
fue.
Trust se giró hacia Night con un gruñido
impaciente.
—¿Dónde está tu compañero?
—En el despacho. Iremos tú, yo y Midnight
—dicho esto, se dirigió al resto de caninos—. Los demás podéis seguir con las
clases.
—Night, espera —intervino Fury. Tenía la
mandíbula apretada—. ¿Qué pasa si esto les ha ocurrido a otros humanos?
Trust arrugó la nariz con rabia.
—¿Piensas que le ha podido pasar a tu Ellie?
Fury soltó un gruñido.
—Ella ha estado actuando normal, así que creo
que no, pero tal vez les haya pasado a otros.
Night frunció el ceño.
—No lo creo. Vane me lo habría dicho si hubiera
algún problema entre nuestras razas, trabajamos juntos para que todos podamos
convivir en paz. —Sin embargo, echó un vistazo alrededor, deteniéndose en las
caras de los caninos. Pudo ver la preocupación en ellos—. Pero estad atentos a
vuestro olfato. Si algún humano huele a miedo, acercaos con cuidado y
preguntadle, recordad que muchos de ellos no están acostumbrados a nosotros y
los asustamos. Usad las palabras que nos enseñó Missy.
Los caninos asintieron sin pestañear. Los
felinos que había alrededor también lo hicieron. Al fin y al cabo, todos los
therians que iban a las clases de los humanos lo hacían porque tenían, al
menos, una pequeña esperanza de que realmente eran libres y que los humanos de
allí querían ayudarlos. Algunos ya habían empezado incluso a acercarse a ellos,
aunque solo fuera por curiosidad.
Y, si era cierto que eran libres del todo, no
había uno solo que quisiera que resultaran heridos. No después de lo que habían
hecho por ellos, de lo que estaban haciendo.
Después de eso, Trust siguió a Night junto a
Midnight fuera de la sala de conferencias que se usaba para dar las clases y
cruzaron el vestíbulo para dirigirse al despacho donde trabajaba Vane,
precedido por un amplio pasillo cubierto de una alfombra roja con motivos
geométricos dorados.
Antes de llegar a su despacho, había un
escritorio donde una mujer tecleaba en un ordenador. Era delgada y menuda, pero
a todos los therians les llamaba mucho la atención su largo cabello rojo y
rizado, que llevaba suelto hasta la mitad de la espalda. Unos bonitos ojos
verde oscuro les sonrieron al ver a Night.
—Hola, Night, ¿necesitas…? —Su rostro palideció
al ver que los tres caninos tenían expresiones de clara amenaza en sus
rostros—. ¿Qué ha pasado?
—Perdona, Zandy, necesitamos hablar con Vane
ahora —dijo Night con un tono más bajo de lo normal—. Es una emergencia.
—Claro.
Ella lo llamó por teléfono mientras los miraba
inquieta. Trust, pensando que tal vez la estaban asustando, se apresuró a
decir:
—No nos temas, nuestra ira no es por ti.
Zandy esbozó una diminuta sonrisa.
—Es bueno saberlo —comentó. Entonces, se sobresaltó y agarró el
teléfono con las dos manos—.
Vane, ¿estás ocupado? Night está aquí con dos caninos y dice que es urgente.
Sí, ya mismo —dicho esto, colgó al mismo tiempo que les hacía un gesto con la
mano—. Pasad.
Trust tuvo que contener el impulso de no ir por
delante de Night. Estaba preocupado por Tyler. Le habría gustado ir de
inmediato con él a ver cómo estaba, pero 305 le había dicho que no había olido
su miedo y que no estaba herido, así que quería saber lo que pensaba hacer
Vane. Después de eso, iría a verlo y a asegurarse de que estaba realmente bien,
hasta se quedaría con él si se lo permitía para que ninguno de su especie le
hiciera daño.
Se sintió un poco mejor cuando entraron en el
despacho de Vane. Era espacioso y de paredes de un color azul muy claro. Dos de
ellas estaban cubiertas por estanterías casi vacías, solo había unos cuantos
archivadores en los estantes del medio a la derecha, mientras que la que
quedaba frente a ellos tenía una gran ventana con vistas al lago. El escritorio
de Vane era de madera y enorme, lo suficiente como para que cupieran dos
grandes ordenadores y un portátil. Trust todavía no sabía usarlos, pero había
visto a los humanos haciéndolo y le impresionaba la velocidad a la que iban sus
dedos. Vane les había dicho que, en cuanto supieran leer bien y escribir,
empezaría a enseñarles cómo usarlos.
El compañero de Night estaba recostado en el
escritorio, frente a ellos. Pese a que no pertenecía a su especie, la mirada
feroz en sus ojos hacía que a veces Trust dudara de su naturaleza humana.
Incluso para su gente, su presencia resultaba intimidante.
—¿Hay algún herido? —fue lo primero que
preguntó.
Night sacudió la cabeza.
—No, pero parece que algunos humanos están
recibiendo amenazas de algunos de los nuestros.
Vane estrechó los ojos.
—¿Quiénes?
—Tyler —se apresuró a decir Trust con el pulso
acelerado—. 305 nos ha dicho que un úrsido se ha peleado con él. Tuvo que
intervenir para que no le hiciera daño.
Midnight avanzó entonces un paso.
—Y a Norm lo amenazó ayer un felino. No quiso
decirme quién era.
La frente del humano se arrugó durante un
momento antes de dirigirse a su compañero.
—¿Ha habido algún otro incidente parecido?
—No que nosotros sepamos. ¿Tú sabes algo?
—No. Mi personal me lo habría dicho si hubiera
ocurrido algo así. Estos problemas deben tratarse rápido para que se solucionen
cuanto antes.
—Tyler le ha dicho a 305 que no podéis
defenderos —dijo Trust, sintiendo cómo la angustia bajaba hasta su estómago.
Esa idea lo horrorizaba—. Que, si lo hacéis, algunos de los nuestros no
confiarán en vosotros.
Vane suspiró.
—No le falta razón. Podríais perder vuestra
confianza en nosotros si os golpeamos, aunque sea en defensa propia.
—Lo entenderíamos —dijo Midnight.
—Puede que vosotros sí, pero ¿qué hay de los
que están más recelosos? Me imagino quiénes están detrás de esto y mi peor
miedo es que ese recelo acabe por convertirse en violencia, lo último que
quiero es que nadie salga herido. ¿Pensáis que los úrsidos y esos felinos no
llegarán a atacar si uno de nosotros os hiere? Solo les daríamos más motivos
para que se vuelvan agresivos.
Trust maldijo en su fuero interno. Él tampoco
quería que los humanos y los suyos se atacaran entre sí, pero, tal y como lo
estaba diciendo Vane, daba la sensación de que Tyler no podría defenderse por
su cuenta. Y ese úrsido podía volver a por él.
Apretó los dientes con fuerza al imaginar una
escena en la que su pequeño macho se enfrentaba a él. Los úrsidos eran los más
grandes y los más fuertes de los suyos, incluso aunque Tyler tuviera la
oportunidad de defenderse, sus golpes apenas le harían nada a uno de ellos.
Habían sido los sujetos de prueba preferidos para la resistencia, habían
aguantado las peores palizas de todos y habían enfrentado a caninos y felinos
drogados que los habían atacado con toda la furia que tenían, y, aun así,
habían logrado sobrevivir. Puede que 396 estuviera ahora postrado en una cama,
pero, había sido capaz de defenderse de tres felinos drogados sin hacerles daño
y había oído que, en una ocasión, dejó fuera de combate a cinco caninos él
solo.
Con un gruñido, dio un paso al frente.
—Entonces, nosotros los protegeremos.
Night se sobresaltó y lo miró con los ojos muy
abiertos, igual que Midnight. Él gruñó.
—¿Qué? Norm es el compañero de Midnight y
sabéis cómo me siento con Tyler. Esos úrsidos y felinos no lucharán contra
nosotros.
Midnight esbozó una terrible sonrisa.
—No me parece mala idea. Estoy deseando que ese
felino vuelva a por mi pareja —dijo mientras flexionaba los dedos y les daba
forma de garras—. Me aseguraré de que no vuelva a montar ninguna hembra.
Vane, que no parecía muy sorprendido, miró a
Night.
—¿Crees que lucharían con ellos?
Night había ladeado la cabeza y observaba a los
dos caninos con atención.
—Creo que no. Si quieren hacer daño, se lo
harán a los humanos. Ellos son su gente.
—Y supongo que si lo que quieren es convenceros
de que nosotros somos los malos, haceros daño sería contraproducente
—reflexionó Vane en voz alta. Trust y Midnight lo miraron confundidos. El macho
humano les sonrió—. Significa que no les ayudaría en su objetivo, en todo caso,
haría que los vuestros se enfadaran con ellos.
—Eso es cierto —dijo Midnight cruzándose de
brazos—. No hemos salido de nuestras jaulas para pelear entre nosotros. Pero
dudo que ellos lleguen hasta ese punto.
—Desde luego, no creo que te hagan daño a ti
—comentó Night esbozando una media sonrisa—. Nuestras hembras se negarían a que
las tocaran.
—Por no decir que Breeze los haría pedazos
—añadió Trust con una mueca.
—Está bien —dijo Vane con un asentimiento y
llevando la mano al teléfono—. Voy a llamarlos para que me expliquen lo que ha
ocurrido. También voy a llamar a Ellie y a Rick.
Night frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Parece que estos therians han ido a por las
personas que antes trabajaban para Mercile —respondió Vane con un profundo
ceño—. Quiero saber si ellos dos han tenido algún incidente.
—Fury dijo que Ellie estaba bien —dijo Trust.
El macho humano asintió.
—Aun así, no voy a arriesgarme. Voy a ponerlo
con ella para que la proteja. Algo me dice que estará de acuerdo.
Los tres caninos sonrieron al escuchar eso.
Sabían que Fury estaba ansioso por reclamar a Ellie, pero, al igual que Tyler,
había estado muy ocupada ayudando a los therians que habían estado en la
enfermería tras el rescate. Ahora, la pequeña mujer no tendría escapatoria.
—¿Sabéis quién podría proteger a Rick?
—preguntó Vane mientras se ponía el teléfono en la oreja.
—Brass se lleva bastante bien con él —dijo
Trust—. Una vez apartó a un grupo de guardias que lo estaban apalizando por
matar a uno de ellos y lo llevó corriendo al médico. Este no quería atenderlo,
pero Rick lo amenazó con la pistola. Brass siente que le debe la vida.
Vane hizo un breve asentimiento y habló un
momento con Zandy. Le ordenó llamar primero a los humanos y luego le pidió que
enviara a alguien a buscar a Fury y a Brass.
Trust gruñó con impaciencia, siendo coreado por
Midnight. Night puso cada una de sus manos en sus hombros.
—Tranquilos, resolveremos esto muy pronto.
—Así es —dijo Vane, que rodeó el escritorio y
tecleó algo en uno de los ordenadores grandes—. Voy a cambiaros a la zona de
las cabañas. Estaréis al lado de donde vivimos Night y yo y cerca los unos de
los otros.
Trust iba a preguntar por qué no podían
mantener a los humanos en sus apartamentos, pero, entonces, la puerta del
despacho se abrió. Rick y Tyler fueron los primeros en entrar. Ambos jadeaban y
Rick estaba un poco sudoroso, parecía que habían ido corriendo hasta allí.
Aun así, sus ojos fueron directos hacia Tyler.
Le echó un vistazo rápido a su cuerpo para asegurarse de que no veía heridas y
sus fosas nasales no detectaron rastros de sangre. Eso lo calmó, aunque no
evitó que fuera hacia él con decisión.
—Tyler —lo llamó con cierta brusquedad. Se
maldijo a sí mismo en su fuero interno. Había planeado mil veces cómo iba a
acercarse a él en cuanto tuviera la oportunidad, había estado hablando con
Night y Max sobre cómo hacerlo y conseguir que aceptara ser su compañero.
Su tono duro no era una buena forma de empezar,
menos con su tono de voz grave. Era consciente de que podía asustarlo, Missy
decía que los humanos eran más suaves a la hora de hablar y que no estaban
acostumbrados a las voces más profundas y fuertes de los therians.
Por otro lado, Tyler se sobresaltó al
identificar a 345. Apenas lo había visto desde que fue liberado y no pudo
evitar sonrojarse al ver los cambios en él.
El más evidente era que le había crecido el
pelo. Aunque lo llevaba corto, era espeso y lo llevaba algo desordenado, igual
que el resto de therians, que aún no acababan de aprender a peinarlo, aunque lo
curioso era que le quedaba muy bien. Su color era idéntico al del pelaje de un
lobo pardo, con mechones en su mayoría castaño claros, casi pelirrojos, pero
tenía algunos más oscuros y unos pocos incluso rubios. El efecto que creaban al
caer sobre sus brillantes ojos dorados era surrealista, parecía haber salido de
una película de fantasía.
Además, se había hecho más grande. Pese a que
antes ya era musculoso, había sido producto de las drogas que Mercile le había
suministrado para hacerle fuerte durante su crecimiento. Ahora, en cambio, se
veía más natural. Tenía la espalda más ancha y los brazos más voluminosos,
aunque su cintura seguía siendo estrecha, dándole una figura esbelta con el
torso un poco más amplio que antes.
Sus grandes manos lo agarraron por los hombros.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó en un tono
de voz suave que casi lo distrajo de la pregunta.
¿Eh?
—305 nos ha contado lo que ha pasado —le dijo.
Al escuchar eso, se tensó y se giró hacia Vane,
que lo miraba con cara de pocos amigos.
—Tendrías que haberme informado de inmediato.
Rick frunció el ceño y lo miró.
—¿Qué ha pasado?
—No me hizo daño —se apresuró a decir—. Es
natural que algunos se sientan recelosos de nosotros, tú mismo lo dijiste.
Vane volvió a rodear el escritorio para estar
frente a todos y cruzó los brazos a la altura del pecho.
—Sí, lo dije, igual que dije que quería ser el
primero en enterarme de si surgían estos problemas —replicó con mala cara antes
de señalar a los caninos—. Y resulta que tienen que venir ellos a expresar su
preocupación por vosotros para que yo sepa lo que está pasando.
Tyler agachó la cabeza y apretó los puños.
—Pero no ha pasado nada malo. Estoy bien.
—Porque 305 te protegió —gruñó Trust, un poco
enfadado—. No trates de proteger a ese úrsido. No se lo merece.
Él lo encaró con los hombros hundidos.
—Tampoco merece un castigo.
Vane levantó las manos con rapidez.
—Cálmate. Aquí nadie ha hablado de castigos.
Pero esto es muy grave —dicho esto, se giró hacia Rick—. ¿Hay algo que quieras
contarme?
El hombre miró a Tyler dubitativo.
—¿Un úrsido te atacó?
—No estoy herido.
—Sabes que no es eso lo que he preguntado —dijo
con un suspiro antes de clavar sus ojos en Vane—. Me disculpo. Ayer un úrsido
me asaltó cuando cerraba el gimnasio. Dijo que ahora no fingiera ser amable con
ellos después de todo lo que los humanos les habíamos hecho. Solo fue una
amenaza y no llegó a atacarme, por eso lo dejé pasar. No esperaba que otro
intentara hacer daño a Tyler.
Vane soltó un gruñido.
—Os pedí expresamente que me notificarais estas
cosas.
—Todos esperábamos amenazas de los therians que
todavía no confían en nosotros.
—Pero tengo que saberlo, ¡maldita sea! —maldijo
Vane, lanzándoles una mirada de reproche a ambos hombres—. Empiezan siendo solo
avisos y amenazas, pero eso puede derivar en algo más y nos es imposible
saberlo porque aún no están listos para hablar con Joy.
Night frunció el ceño.
—¿Quién es Joy?
—Una mujer que puede ayudaros a curaros la
mente —dijo Vane—. Ella mejor que nadie podría determinar si esos úrsidos y
felinos van a acabar volviéndose violentos, pero aún no estáis listos para
hablar con ella —dicho esto, señaló a Tyler—. Hoy Tyler no ha resultado herido,
pero ¿qué pasará la próxima vez?
En ese instante, la puerta del despacho volvió
a abrirse. Trust, Night y Midnight fueron los primeros en alarmarse al oler el
fuerte aroma del miedo, mientras que Tyler y Rick palidecieron al ver que Norm
y Zandy entraban en la sala sujetando a una Ellie encogida y con el rostro tan
pálido como el de un fantasma.
Vane corrió hacia ella.
—¿Qué le ha pasado?
—No lo sé —dijo Norm—. Venía hacia aquí y la he
encontrado acurrucada en un pasillo.
—Ellie —la llamó Vane a la vez que la cogía por
los brazos con delicadeza. Su tono de voz ahora era muy suave—. Ellie,
tranquila, estás a salvo. Dime si estás herida.
—Creo que no —dijo Night mientras olfateaba el
aire—. No huelo sangre.
Sin embargo, Ellie lloriqueó y le mostró las
muñecas. Todos se horrorizaron al ver unas marcas moradas.
Midnight rugió.
—Dime quién te lo ha hecho, Ellie. Va a sangrar
por esto.
Trust se arrodilló junto a ella.
—¿Ha sido uno de los nuestros? No tengas miedo
de decirnos quién ha sido, no permitiremos que vuelva a acercarse a ti.
—Fury va a querer matarlo por esto —gruñó
Night—. Le ayudaremos a darle caza.
—Silencio todo el mundo —ordenó Vane con
fuerza—. Ella no necesita más violencia ahora —dicho esto, se dirigió a la
mujer con el mismo tono suave de antes—. Ellie, no pasa nada. Ven a sentarte
conmigo, Zandy te traerá algo caliente, ¿de acuerdo? —Mientras decía esto,
intercambió una breve mirada con la pelirroja, que asintió y se fue corriendo.
Vane la ayudó a sentarse en un sillón que había en una esquina y se arrodilló
frente a ella—. Mírame, Ellie.
Ella obedeció temblorosa. Tenía los ojos llenos
de lágrimas. Vane le frotó los hombros.
—¿Te ha hecho algo más? ¿Te ha golpeado en
algún otro sitio? —La mujer sacudió la cabeza y cerró los ojos con fuerza,
tratando de contener las lágrimas. Vane le apartó con cuidado los mechones de
la cara y se las limpió—. Está bien, no pasa nada. Vamos a solucionar esto.
—¡ELLIE!
Todos los humanos salvo Vane se sobresaltaron.
Fury y Brass entraron corriendo en la estancia. El rostro del primero se tensó
al ver a la pequeña mujer encogida en el sillón de Vane.
—Ellie —la llamó, llegando hasta ella de un
salto. Vane le dejó espacio para que la abrazara—. Ellie, ¿qué ha pasado? ¿Ha
sido alguien de mi gente?
Ella sollozó y asintió. Fury apretó los labios
e intercambió una furiosa mirada con Trust y Midnight, que asintieron. Ellos le
ayudarían a cazar al que había hecho daño a su compañera y le harían pagar por
lo que había hecho.
En ese momento, Zandy entró con una taza en la
mano.
—Te he preparado un chocolate, Ellie —dijo con
una diminuta sonrisa—. Es lo único que te he visto tomar.
Ella trató de devolverle la sonrisa y Vane
señaló a Fury.
—Dáselo a Fury. Fury, ayuda a Ellie a
tomárselo, ¿de acuerdo? Está temblando y no quiero que se queme los dedos.
El canino obedeció sin pensar y ayudó a su
mujer a tomárselo. Mientras tanto, Vane le lanzó una mirada a Rick y Tyler, que
agacharon la cabeza. Suspiró.
—Bien. Ya sé lo que os ha pasado a vosotros
dos. Norm, ¿quieres decirme lo que pasó ayer con ese felino?
Norm se encogió y miró de reojo a Midnight, que
se cruzó de brazos.
—Díselo.
—No fue nada…
Un músculo en el cuello de Vane palpitó.
—¿Y esto te parece nada? —preguntó señalando a
Ellie.
Los hombros de Norm se hundieron.
—Me arrinconó en mi despacho y me dijo que me
alejara de sus hembras, que no tenía derecho a robarlas.
Midnight gruñó:
—Nosotras escogemos con quién estar.
Norm le frotó el brazo.
—Lo sé, pero también lo entiendo. Vosotras sois
pocas en comparación a los machos, es normal que piensen que deberíais… Bueno,
elegirlos a ellos.
Midnight arrugó la nariz, pero pasó un brazo
por la cintura de su compañero y apoyó la cabeza sobre la suya.
—Ya no estamos encerradas ni nadie nos obliga a
estar con machos a los que no queremos. Si queremos estar con un humano, lo
estaremos. Es nuestra decisión, Vane dijo que no había problema, que podemos
amar a quien queramos.
—Y así es —asintió Vane, poniéndose en pie
mientras se frotaba la nuca y soltaba un suspiro—. Escuchad, los cuatro —dijo
mirando a Ellie, que seguía entre los brazos de Fury. Ella lo miró—. Comprendo
que hayáis pasado unos años muy duros. Habéis tenido que ver cómo muchos de los
therians morían sin que pudierais hacer nada porque os habrían matado o
descubierto que estabais ayudando al doctor Therian a sacarlos de allí.
Entiendo que, ahora que no tenéis que esconderos, queráis protegerlos a todos.
Tyler apretó los puños, pensando en todos
aquellos machos que habían muerto ante sus ojos, sufriendo los efectos de las
drogas que su departamento había creado, el Aclepsis incluido, por culpa de la
mala dosificación, por los efectos secundarios, por la composición incompleta o
sencillamente enloquecidos por aquellas que nublaban sus mentes.
Era cierto, estaba cansado de ver cómo les
hacían daño sin poder hacer gran cosa por ellos. Había podido evitar algunas
muertes gracias al Aclepsis, pero también había provocado muchas otras cuando
lo estaba desarrollando. Pese a sus intentos por mantenerlos con vida durante
los experimentos, pese a sus bajas dosificaciones, pese a todas las
precauciones y cuidados que impuso, la verdad era que su medicamento había
provocado más muertes que salvado vidas.
Miró a sus compañeros. Rick había cerrado los
ojos con fuerza. Seguro que pensaba en todos aquellos machos a los que estuvo
supervisando en las pruebas de resistencia y que habían muerto delante de él
sin que pudiera mostrar el más mínimo asomo de debilidad. Norm trataba de
contener las lágrimas mientras Midnight lo abrazaba. Había visto morir a tantas
mujeres en su sala a pesar de todos sus esfuerzos que el mero recuerdo lo
desmoronaba. Ellie, acurrucada en Fury, solo asintió mientras lloraba. Ella
había estado días sin dormir en un intento porque todos los therians que iban a
la enfermería se recuperaran. No siempre lo habían logrado, sobre todo las
mujeres. Algunos machos que habían sido sometidos a las drogas para que
lucharan entre sí o los que venían de las pruebas de resistencia tampoco se
recuperaron.
Vane los observó con detenimiento.
—Comprendo lo que sentís por ellos, pero debéis
entender lo grave que es esto. Si esos therians empiezan a atacar a otras
personas, muchos no querrán seguir trabajando para ayudarlos, les tendrán
miedo. Y no puedo permitirme contratar a cualquiera para esto. Ahora tenemos un
equipo en el que confío. Si no hacemos las cosas bien ahora, después será
demasiado tarde. No habrá segundas oportunidades, ¿lo entendéis?
Tyler asintió, sintiéndose estúpido por haber
ocultado el incidente con ese úrsido. Sí, él conocía a los therians y sabía por
qué actuaban de ese modo, pero las personas que trabajaban para Vane no tenían
por qué entenderlo. Comprendía que toda esa gente había aceptado ese trabajo
porque era Vane quien se lo ofrecía, era con él con quien tenían una relación
de confianza, no con los therians.
Norm se apartó de Midnight un momento.
—Pero, Vane, ya has visto que son muy
protectores con algunos de nosotros —dijo mirando a su compañera—. Amo a
Midnight, pero no quiero que se enfrente a su propia gente por mí.
Vane se sentó en el reposabrazos del sillón de
Ellie mientras respondía.
—Pero en eso consiste lo que estamos haciendo,
Norm. El objetivo de todo esto es que puedan organizarse por sí mismos. No son
del todo humanos, no podemos esperar que actúen como a nosotros nos gustaría. Así
que debemos respetar sus reglas, sean las que sean, siempre y cuando permitan
la convivencia entre nuestras especies, si eso es lo que desean —dicho esto,
observó a los caninos allí presentes—. Y tengo la sensación de que quieren
justo eso. Trust me ha pedido que os asigne a un therian como guardia personal,
creen que no habrá más ataques si saben que estáis con ellos y yo estoy de
acuerdo. Voy a trasladaros a las cabañas y os seguirán en vuestro día a día
hasta que esos therians se calmen.
—Espera, Vane, ¿qué pasa con sus clases? —le
preguntó Norm—. No pueden perderlas, las necesitan.
—Hablaré con todos para que hagan unos apuntes.
Estoy seguro de que tendréis un hueco libre por las tardes para ayudarlos a
aprender lo que necesitan. —dijo mientras regresaba frente a su ordenador—. Además,
estoy seguro de que vuestros guardianes pueden aprender mucho de lo que hacéis
y no dudo de que en vuestro tiempo libre los acompañaréis a hacer sus
actividades.
Norm le lanzó una mirada dubitativa a Tyler y
Rick. Sin embargo, los dos ya habían tomado una decisión y Rick señaló con la
cabeza a Ellie.
Vane continuó:
—He enviado a Lauren y Amanda a preparar
vuestras cabañas. Estaréis todos juntos y viviréis muy cerca de donde estamos
Night y yo, así podremos ayudaros si pasa algo —dicho esto, miró a Brass—.
Brass, me han dicho que te llevas bien con Rick, por eso he pensado que podrías
ser su guardia. ¿Te parece bien o prefieres que envíe a alguien más?
Brass dio un paso junto a Rick.
—Me salvó la vida, estoy en deuda con él.
—Mierda, Brass, ya te he dicho que no fue nada
—replicó Rick.
Brass le sonrió.
—Para mí significó mucho porque hoy soy libre
gracias a ti. No te preocupes por mis clases, tu trabajo en el gimnasio es
divertido y me pondré más fuerte, así las hembras se abalanzarán sobre mí.
Rick puso los ojos en blanco.
—Todo sea por un buen polvo.
El comentario hizo reír a Ellie y todos se
giraron para mirarla. Vane le dedicó una cálida sonrisa.
—¿Mejor, Ellie?
Ella asintió.
—Sí, gracias.
—Vas a estar bien, Ellie —le prometió Fury—. Me
quedaré contigo y no dejaré que vuelvan a hacerte daño.
—Vosotros dos quedaos —pidió Vane con
suavidad—, Ellie aún tiene que contarme lo que ha pasado. El resto, id a
recoger vuestras cosas. Lauren y Amanda irán a buscaros a los apartamentos
humanos en cuanto vuestras cabañas estén listas.

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