Alfa puro
—Tu padre está
preocupado por ti y no puede venir hasta que haya borrado todo rastro de esos
Alfas.
Sasuke frunció el
ceño.
—Shisui, no puedo
irme —dijo mirando brevemente a su compañero—. Si Naruto es el líder de su
clan, no puede abandonar a su manada así como así, debo quedarme con él para mi
celo.
—No te preocupes,
volverás a tiempo para eso, pero primero debes recuperarte de tus heridas.
Su Alfa apretó los
labios y lo estrechó contra sí con fuerza. Sasuke podía notar su tensión.
—Sasuke puede
recuperarse perfectamente en mi casa —replicó—. Además, lo último que necesita
en estos momentos son más vuelos largos.
Shisui gruñó en
respuesta.
—No te ofendas,
Naruto, te estoy muy agradecido por haber encontrado a mi cuñado y haberlo
salvado, pero ahora mismo necesita estar con su padre. Ya es bastante malo que
no esté en su casa, que se encuentre en un entorno extraño, como para añadir
además a un desconocido cuidando de él. Fugaku y yo estaremos a su lado, Sasuke
se sentirá mejor con su familia, y, cuando esté a punto de entrar en celo, lo
llevaremos de vuelta aquí.
—¿Estás insinuando
que no soy digno de confianza para cuidarlo? —preguntó Naruto muy despacio,
claramente ofendido—. Soy su compañero.
—Sí, pero no te
conoce, ni Fugaku ni yo tampoco. Solo queremos estar seguros de que Sasuke se
recupera de esto.
El Omega, viendo
que su destinado estaba a punto de abalanzarse sobre Shisui, puso una mano
sobre su amplio pecho, esperando que su toque pudiera calmarlo. Naruto desvió
sus ojos del Uchiha y los centró en él. Se relajó un poco y permitió que lo
acariciara a la vez que volvía a relajarse en el asiento, dándole vía libre
para que se hiciera cargo de la situación. Eso le gustó.
Buscó los ojos de
Shisui en el espejo retrovisor.
—Shisui, no voy a
ir a Nueva York, me quedaré con Naruto.
—Sasuke… —empezó
este, pero él no le dejó continuar.
—Es una tontería
marcharme cuando me quedan pocos días para el celo, perdería dos días enteros
con ese viaje. Naruto es mi destinado, tiene todo el derecho a ocuparse de mí,
estaré bien —dijo con firmeza.
—Lo sé, lo
entiendo, pero no lo conocemos, tu padre preferiría…
—Mi padre estaría
encantado de saber que mi destinado quiere cuidarme. Además, Naruto te ha
ayudado a encontrarme sin exigir nada a cambio y ha sido él quien me ha
salvado. ¿Qué más necesitas saber sobre él?
—Solo creo que te
sentirías mejor en un entorno más familiar que con alguien a quien apenas
conoces…
—Es mi compañero.
Acabo de encontrarlo, Shisui, lo último que quiero es separarme de él.
—Lo sé y lo
entiendo…
—No. Deja de decir
que lo entiendes porque no tienes ni puta idea —gruñó Sasuke, enfadado—. Itachi
y tú habéis estado juntos desde siempre, tú no has tenido que recorrer medio
mundo con la esperanza de encontrar a tu destinado y darte de bruces con una pared
una y otra vez, creyendo que jamás lo encontrarás o que, cuando lo hagas, ya
estarás acoplado con otra persona. Ahora, por fin, estoy con él y estoy a punto
de entrar en celo, así que estoy muy caliente y ansioso porque me folle, de
modo que si tienes algún problema con que me quede en su casa, puedes parar el
coche, bajar y ver si tienes huevos para pelear conmigo.
Un silencio pesado
se hizo en el auto mientras seguían su marcha por la carretera, pero fue roto
poco después cuando Naruto dejó escapar un silbido. Sasuke lo miró alzando una
ceja y su compañero le sonrió y le guiñó un ojo antes de volver a ajustar su abrazo
sobre él.
Shisui no dijo
nada más hasta que llegaron al territorio de Naruto. Sasuke se había dado
cuenta de que se encontraba en mitad del bosque, aislado de toda civilización,
y, por tanto, estaban a salvo de la mirada de los humanos. Unas cabañas rurales
se alzaban por toda la zona, grandes y hogareñas, hechas de madera y con
distintos diseños. Había árboles y arbustos por doquier, pero parecía que los
jaguares se habían tomado la molestia de despejar varios caminos para andar,
por lo que parecía un pequeño jardín dentro del propio pueblo.
Naruto salió
primero para reunirse con sus ejecutores, a los que dio un par de órdenes antes
de regresar al coche para ayudar a Sasuke a bajar, seguido de Shisui. Este no
volvió a abrir la boca para pedirle al Omega que fuera con él a Nueva York,
pero siguió al Alfa hasta su casa. Sin embargo, el líder del clan tenía
planeado una larga intimidad con su destinado, de modo que se cruzó de brazos
en la puerta después de que Sasuke entrara.
El otro Alfa lo
miró con cara de pocos amigos.
—¡Oh, venga! Es mi
cuñado, tengo que estar con él.
—Creo que Sasuke
ya ha dejado claro que quiere quedarse conmigo.
—Sí, pero…
—Mira, Shisui,
llevo doscientos años esperando a Sasuke —dijo Naruto con una sonrisa cansada.
No le apetecía seguir discutiendo con su futuro concuñado—. Voy a darle los
mejores cuidados del mundo, y, sí, si él está tan caliente como dice, voy a
follarlo muy fuerte y a hacerle gritar muy alto, de modo que no quiero público
—dicho esto, le cerró la puerta a un Shisui boquiabierto con los labios
curvados hacia arriba con suficiencia por su reacción.
Sasuke lo estaba
esperando en el salón, todavía ataviado únicamente con una manta que lo cubría
hasta por debajo de las rodillas. Parecía estar echando un vistazo a su casa.
Naruto se acercó
unos pasos para poder observarlo a placer. Le encantaba que fuera alto para ser
Omega, y atlético, fuerte. Alaska no era lugar para débiles, el clima era duro
y no tenía piedad para nadie, menos aún para Omegas delicados y quisquillosos.
Por suerte, Sasuke era cualquier cosa excepto un niño mimado; no se había
quedado temblando en su rincón mientras había estado secuestrado, sino que les
había plantado cara a esos Alfas, incluso había intentado matar a su líder.
Eso decía mucho de
él. Lo admiraba.
—¿Te gusta mi
casa?
Sasuke se giró y
le sonrió.
—Es acogedora.
Cálida.
Naruto se sintió
un tanto aliviado. Llevaba tanto tiempo viviendo como un Alfa soltero que temía
que su compañero se sintiera como en una cueva para cavernícolas.
—Ahora es tuya
también. Puedes cambiar cosas si quieres —dicho esto, hizo una pequeña pausa—, quiero que seas
feliz aquí.
El Omega parpadeó,
un tanto sorprendido.
—Gracias, eso es
muy considerado.
Naruto avanzó
hacia él a paso lento, escogiendo cuidadosamente sus palabras, no quería que
Sasuke se sintiera atrapado u ofendido. Deseaba de corazón que se quedara con
él, llevaba mucho tiempo solo, apesadumbrado por no haber encontrado a su
compañero y temeroso porque hubiera llegado tarde y escogido a otro Alfa en vez
de a él, sobre todo porque, al ser el líder de un clan, no podía simplemente
marcharse y buscarlo por su cuenta.
Llegó hasta Sasuke
y lo cogió por las caderas con cuidado.
—Como yo dirijo
una manada, no puedo irme contigo a Japón, eso significa que tendrías que
quedarte aquí conmigo. Soy consciente del sacrificio que eso conlleva,
renunciarías a toda tu vida allí para estar a mi lado, a tu clan, a tu familia.
Así que quiero ponerte las cosas tan fáciles como sea posible.
Sasuke pegó su
cuerpo al suyo y posó sus manos sobre su pecho.
—Naruto, desde que
era adolescente quería aparearme con mi compañero destinado. Veía lo felices
que eran mis padres y mi hermano con Shisui y no quería tener que conformarme
con otro Alfa. —Hizo una pausa para mirarlo y acariciarle una mejilla. Naruto
ronroneó de gusto—. Quiero estar aquí, y quiero estar contigo.
El jaguar gruñó y,
sin pensarlo demasiado, se apoderó de la boca de su Omega. Sus labios eran
finos y suaves y se abrieron para darle total acceso a su lengua, la cual no
dudó en internarse en su cálido interior para explorarlo a placer. Envolvió sus
brazos alrededor de su cintura y lo estrechó con fuerza, pasando una mano por
su espalda, de abajo arriba hasta llegar a su cabello; estaba enmarañado, pero
no le importaba, le agarró los mechones de la nuca con cuidado para poder mover
su cabeza a placer y controlar el beso. Su Omega se lo permitió con un gemido y
rodeó su cuello con los brazos, dejando caer la manta que llevaba encima. Saber
que lo tenía desnudo hizo que Naruto gruñera más fuerte e hiciera descender su
otra mano hasta sus redondeadas y perfectas nalgas. Sasuke jadeó cuando pasó un
dedo entre ellas, comprobando si estaba tan húmedo como parecía… y así era,
estaba preparado para él.
Se apartó de su
boca con un gruñido de frustración.
—Deberías comer
algo, Sasuke.
Este esbozó una
sonrisa traviesa.
—Estoy de acuerdo
—coincidió, bajando las manos por su pecho y su vientre, haciéndole gruñir de
pura lujuria, hasta que sus dedos llegaron a sus pantalones.
Naruto sonrió con
picardía.
—Descarado —lo
acusó, cogiéndole suavemente las manos para apartarlas.
Sasuke gimió una
protesta.
—Te deseo. Ahora.
El Alfa ronroneó,
complacido por sus palabras, e inclinó la cabeza para frotar su mejilla contra
la suya.
—Yo también,
Sasuke, pero no sería un buen compañero si no empezara por darte de comer y
prepararte un baño caliente, sé que lo necesitas —dicho esto, le
mordisqueó el labio inferior y sonrió—. Después, me ocuparé de ti.
El Omega levantó
una ceja.
—¿Me harás gritar
muy fuerte?
La sonrisa de
Naruto se amplió.
—¿Has oído mi
conversación con Shisui?
—Sigo teniendo un
oído muy fino, aunque no pueda transformarme.
Los labios del
Alfa cayeron hacia abajo y frunció el ceño.
—He olido la
droga, pero no sé qué es —dicho esto, olfateó su cuello—. ¿Necesitas que te
examine un médico?
Sasuke negó con la
cabeza.
—Tranquilo, solo
impide que altere mi química corporal, ni siquiera puedo sacar mis garras o
colmillos —explicó,
mostrándole las manos y sus cortas uñas, tratando de sacar sus garras sin éxito—. Saldrá de mi
sistema antes de que acabe el día, solo necesito comer, bañarme… y a ti.
La sonrisa de
Naruto regresó a su rostro y le cogió las manos para besarle los dedos.
—Me tendrás, mi
Omega, pero lo primero es lo primero, vamos a darte algo de comer —dicho esto, miró
sus muñecas con mala cara, viendo los grilletes que aún colgaban de estas.
Antes, habían roto las cadenas para que dejara de estar atrapado en la viga,
pero no le habían quitado los grilletes—. También llamaré a un amigo para que te
quite esto. No quiero romperlas como antes y hacerte más daño.
—Está bien
—accedió Sasuke, permitiendo que su Alfa recogiera la manta y la envolviera a
su alrededor antes de guiarlo a la mesa de roble del comedor, cuya gruesa pata
parecía ser el gran tronco tallado de un árbol. Le gustaba ese diseño.
Después, Naruto
desapareció unos minutos en la cocina mientras el Omega volvía a echar un
vistazo a la amplia estancia que era el salón. Toda la casa estaba hecha de
madera clara, dándole un aire muy acogedor que aumentaba la elegante chimenea
hecha de piedra oscura, había un gran sofá en forma de ele de color rojo
burdeos sobre una alfombra de distintos tonos castaños y marrones con formas
geométricas doradas, y también un mueble de tono vengué que sostenía la
televisión. Frente a la mesa donde estaba sentado, había una estilizada
estantería del mismo tono oscuro que el mueble que contenía libros, películas y
discos, además de algunas pequeñas esculturas hechas de madera, y en las
paredes habían colgado lo que parecían ser grandes fotografías del paisaje de
Alaska, aparte de alguna otra donde reconoció a Naruto con otras personas que
supuso que eran amigos o gente del clan.
Era tan… diferente
del lugar donde había vivido siempre. Tanto él como Itachi se habían criado en
la casa de sus padres, una mansión tradicional japonesa que, si bien no era
exactamente fría, sí tenía una apariencia más recta, con un aire más respetuoso.
Después de todo, los japoneses se caracterizaban por tener unas normas de
comportamiento más estrictas que en otras partes como, por ejemplo, América. La
casa de Naruto, a diferencia de la suya o la de sus padres, era desenfadada,
cálida y acogedora, daba la sensación de que estabas entrando directamente en
su círculo más íntimo. Era bastante agradable, le hacía sentirse aceptado, y el
hecho de que su compañero le hubiera dado la bienvenida con los brazos
abiertos, acentuaba aún más esa sensación.
Sí, estaba seguro
de que pronto podría sentir esa casa como si fuera suya.
Un delicioso aroma
a carne estofada inundó sus fosas nasales, haciendo que olvidara la casa y que
su estómago rugiera como el animal hambriento que era en esos momentos. Giró la
cabeza y vio que Naruto llevaba en sus manos un gran plato humeante. Su Alfa le
sonreía con cierto arrepentimiento.
—Lo siento, son
las sobras de mi cena de ayer, pero es lo más rápido que tenía para hacer,
bastaba con calentarlo. A menos que prefieras otra cosa…
Sasuke sacudió
rápidamente la cabeza.
—Podría comerme
una ardilla cruda ahora mismo.
La sonrisa de su
compañero se hizo más ligera y le dejó el plato delante junto a una cuchara. Se
lanzó directo a devorar la sabrosa carne de alce cubierta de un caldo caliente
con un toque de verduras, nunca había probado algo así, pero casi gimió al probar
el primer bocado y agradeció con creces que su destinado hubiera sido tan
rápido. Este le dejó también un vaso y una jarra de agua por si quería beber
antes de pasar un brazo por sus hombros y besarlo en la cabeza.
—Voy a llamar a un
amigo para que te quite esos grilletes y a preparar el baño, ¿de acuerdo?
Sasuke hizo una
pausa para asentir y presionar su rostro contra su pecho. Nunca había
necesitado que nadie cuidara de él, era fuerte y muy capaz de valerse por sí
mismo, pero, en ese instante, se sintió profundamente afortunado porque Naruto
estuviera allí con él, encargándose de todo. Sería un imbécil si dijera que no
había sentido miedo con esos Alfas, no tanto por la tortura física, eso lo
habría soportado, sino por la idea de verse acoplado con ese Orochimaru. Pensar
en que tal vez ese desgraciado lo habría retenido para siempre, que lo habría
violado una y otra vez hasta dar a luz a sus cachorros, a los que sin duda le
habría arrebatado para que fueran tan retorcidos como él o para usarlos a su
antojo, había hecho que se encogiera su corazón. Antes habría preferido
quitarse la vida, eso era mucho mejor que permitir que ese hijo de puta hiciera
daño a sus crías.
Ese estrés lo
había dejado agotado, lo cierto era que se sentía más débil de lo que quería
aparentar por fuera, y su destinado había tenido razón al decir que primero
necesitaba comida y un baño. Como felino, odiaba estar sucio, y, encima,
todavía tenía sangre pegada al cuerpo de cuando Orochimaru lo había atacado. En
otras palabras, se sentía demasiado cansado como para hacer nada por su cuenta
y también ansiaba el contacto físico de alguien que no quisiera dañarlo, de
alguien que se preocupara por él y lo quisiera. Por eso, Naruto no podría haber
aparecido en mejor momento, lo necesitaba.
—Gracias por todo,
mi Alfa —susurró.
Este sonrió y lo
abrazó, besándole el cuello.
—Estoy aquí para
ti, Sasuke, solo para ti —dicho esto, se separó un poco y le dio un tierno beso
en los labios antes de acariciarle las mejillas—. Sigue comiendo, yo me encargo
de todo —y tras esas palabras, le sonrió y se alejó para llamar por teléfono.
A los pocos
minutos, llegó a la casa un ejecutor alto y delgado, de corto cabello rubio y
ojos azules que tenía una afable sonrisa. Saludó alegremente a Naruto como si
fueran amigos de toda la vida y luego este lo guio hasta donde se encontraba
Sasuke, que en esos momentos estaba terminando con las sobras del estofado de
alce.
—Sasuke, este es
Fye, mi ejecutor principal y mi consejero de mayor confianza. Estaba con
nosotros cuando te sacamos de esa cabaña. Fye, ya conoces a Sasuke.
—Tu compañero
—añadió este, dedicándole una respetuosa inclinación de cabeza al Omega—. Es un
honor, Sasuke. Me alegro de que la Gran Madre os haya unido al fin.
—Es un placer
—dijo Sasuke, devolviéndole el gesto.
Una vez
presentados, Naruto le pidió a Fye que le quitara los grilletes a su compañero
mientras él iba a preparar el baño. En cuanto los dejó solos, el ejecutor se
puso manos a la obra sacando unas ganzúas que, sin duda, servían para forzar
cerraduras. Sasuke le tendió una de sus muñecas para facilitarle la tarea.
—¿Te encuentras
mejor, Sasuke? —le preguntó amablemente el Alfa mientras trabajaba.
—Sí, gracias.
—Eres un Omega
fuerte, encajarás muy bien con nosotros —le dijo, sonriéndole—. No te asustes
por ser forastero, nuestra manada es bastante extrovertida y nos gusta
relacionarnos con los demás, ya has visto que no tenemos problemas con los
otros clanes en ese aspecto.
Sasuke se removió
un poco antes de preguntar algo que le tenía un poco preocupado.
—¿Tendré problemas
con… los amantes de Naruto?
Para su sorpresa,
Fye soltó una risilla.
—No te preocupes,
Naruto nunca se ha acostado con nadie de nuestra manada. Solía decir que no
quería que su destinado se sintiera incómodo cuando tuviera que vivir aquí.
Aunque no te mentiré, algunas Alfas se enfadarán porque te haya encontrado,
muchas estaban ansiosas por ser acopladas por un Alfa puro.
El Omega frunció
el ceño.
—¿Qué quieres
decir?
Fye logró abrir
uno de los grilletes y se lo retiró suavemente. Sasuke hizo una mueca,
adolorido, pero no se quejó.
—Los dos padres de
Naruto eran Alfas, pero la Gran Madre los emparejó. Estaban destinados a estar
juntos.
Sasuke se quedó
con la boca abierta. Era extremadamente raro que dos Alfas fueran compañeros,
igual que dos Omegas, o cualquiera de los dos con Betas, pero no imposible,
aunque las probabilidades eran muy bajas.
—¿De veras?
—Sí, eran de
manadas distintas, pero nada más verse supieron que se pertenecían el uno al
otro. La manada de Kushina se puso furiosa, ya sabes que dos Alfas solo pueden
tener un hijo, y eso con suerte, por eso no querían que se uniera a Minato,
había un Omega sin compañero que había aceptado acoplarse con ella porque era
la futura líder de su manada, pero Kushina se negó y fue desterrada del clan.
Por suerte, los padres de Minato aceptaron su relación, para ellos no había
nada tan sagrado como el vínculo entre dos destinados, y acogieron a Kushina.
Por desgracia, eso causó tensión con su manada y nos vimos obligados a
marcharnos para evitar una guerra.
Sasuke asintió y
ladeó la cabeza.
—¿Así fue cómo
acabasteis en Alaska?
—Sí, nuestro clan
no era débil, pero el de Kushina tampoco. Una batalla habría sido perjudicial
para ambos bandos. Por eso nos fuimos al norte, más allá de Estados Unidos, ya
que en Alaska había muchos territorios desocupados y supusimos que podríamos
instalarnos sin problemas.
—¿No fue así?
—A los cambiantes
lobos y osos no les hizo mucha gracia —respondió Fye mientras continuaba
maniobrando con el otro grillete—. En aquella época no éramos tan amigos como
ahora, pero el hecho de que Minato y Kushina fueran dos Alfas los puso en
ventaja sobre los otros clanes. Aquellos líderes que vinieron para tratar de
echarnos se las vieron con dos jaguares poderosos que se protegían el uno al
otro o que podían separarse sin provocar disputas por el liderazgo en un clan;
uno podía salir fuera de su territorio para ocuparse de asuntos del exterior
mientras que el otro mantiene el orden en la manada.
Sasuke tuvo que
reconocer que eso era una ventaja. Normalmente, el líder de un clan debía
permanecer dentro de su territorio para guiar al resto y evitar las disputas,
puesto que había otros Alfas de naturaleza dominante y a veces eran inevitables
las peleas, por eso mismo respondían ante otro Alfa más fuerte, el líder. Este
no solía salir de su clan a menos que fuera totalmente necesario, ya que el
resto de Alfas podrían tener la tentación de tomar el liderazgo, lo cual derivaría
en combates sangrientos dentro de la propia manada, que se decantaría por un
bando o por otro.
Esa era la razón
por la que un Alfa necesitaba un compañero: los Omegas en general no eran tan
fuertes como sus destinados, pero tenían la capacidad de segregar unas hormonas
especiales que destilaban un olor dulzón que calmaban los ánimos, así, el Omega
se hacía cargo de evitar el desorden en una manada mientras su Alfa estaba
fuera. Había veces en el que las disputas eran demasiado fuertes como para que
se calmaran con las hormonas, por eso el líder designaba a los ejecutores Alfas
más fuertes para proteger a su compañero, ya que estaba en su naturaleza
proteger a los Omegas. De ese modo, si este no era capaz de detener una
batalla, los ejecutores lo hacían por él, manteniendo de esa forma el
equilibrio en una manada.
Pero si había dos
Alfas, la cosa era diferente. Ambos tenían muchísima más libertad de
movimiento, ya que la continua presencia de un líder Alfa tranquilizaba a los
cambiantes y los mantenía unidos. Y no había nada tan fuerte como una manada
unida.
—Al final tuvieron
que toleraros —adivinó Sasuke.
—Sí, los líderes
tenían compañeros Omegas o no tenían, así que no podían permitirse muchas
visitas a nuestro clan y menos todavía una guerra. En aquel entonces, el
invierno estaba al caer y una pelea en esa época era un suicidio, pero lo que
fue clave para nuestra aceptación, fue que el clan de lobos de Kiba se vio
arrasado por un alud tras una tormenta de nieve. Pidieron ayuda por radio con
la esperanza de que otra manada de lobos los ayudara, pero fuimos nosotros
quienes recibimos el mensaje. Minato se compadeció de ellos y llevó a parte de
sus ejecutores para tratar de quitar toda la nieve que fuera posible y evacuar
a tantos cambiantes como pudieran. Tuvimos que llevarlos a nuestro clan, donde
Kushina ya les había preparado el albergue para que descansaran y también mucha
comida. La madre de Kiba, que era la líder entonces, dijo que estaría siempre
en deuda con nosotros e intercedió por nuestra manada con los clanes de lobos
para que fuéramos aceptados, de ese modo, estábamos bajo su protección.
—Así que, si los
osos querían echaros, tendrían que luchar también contra todos los clanes de
lobos.
—Exacto —coincidió
Fye un segundo antes de soltar el otro grillete. Lo retiró con cuidado de la
muñeca de Sasuke y lo dejó junto al otro.
El Omega, sin
embargo, aún no había satisfecho su curiosidad.
—Entonces, a pesar
de que Minato y Kushina eran destinados, ¿solo pudieron tener a Naruto?
Fye esbozó una
triste sonrisa.
—Sí, y la verdad
es que les costó bastante tiempo que Kushina se quedara en cinta. El embarazo
fue muy duro para ella, pero se negó a rendirse, estaba empeñada en tener un
hijo. Por eso Naruto es tan especial, Sasuke, no es simplemente el hijo de dos
Alfas, sino de dos Alfas destinados, por eso es más grande que los jaguares
normales. Para nuestro clan fue como una señal, era como si la Gran Madre nos
estuviera diciendo que ese chico había nacido expresamente para dirigirnos.
Sasuke esbozó una
sonrisa, un tanto orgulloso de su compañero.
—Sus padres
estarán orgullosos de él. Tengo ganas de conocerlos.
La mirada del
ejecutor se volvió sombría.
—Minato y Kushina
siempre estuvieron orgullosos de su hijo.
El Omega se dio
cuenta de que hablaba en pasado y palideció un poco.
—¿Murieron?
Fye asintió,
contemplándolo con curiosidad.
—Parece una broma
cruel que Naruto te haya encontrado en un secuestro, ya que su madre murió en
una situación muy similar a la que has pasado tú.
Sasuke frunció el
ceño.
—¿Qué quieres
decir?
—Unos Alfas
secuestraron a una Omega de uno de los clanes de osos. Kushina fue la que los
encontró junto a sus ejecutores, pero ellos los estaban esperando y fueron
emboscados. Aun así, Kushina logró matarlos a todos y devolver a la Omega a su
hogar, pero sus heridas eran demasiado graves y murió sin que el clan pudiera
hacer nada por ella. Al ser Minato su destinado, ya sabrás lo que le pasó.
El Omega se
estremeció.
—Perder su vínculo
con ella fue demasiado para él.
—Logró aguantar un
año antes de que la tristeza lo consumiera. Naruto solo tenía cincuenta años
entonces y era demasiado joven para liderar el clan. Creemos que Minato duró
tanto tiempo porque tenía miedo por su hijo, él sabía que muchos Alfas querrían
aprovechar su juventud para desafiarlo y apoderarse de la manada.
Sasuke sintió un
escalofrío. Con cincuenta años, un cambiante ya hacía algún tiempo que era
adulto, pero seguía siendo demasiado joven e inexperto como para dirigir un
clan. Podía imaginarse a su compañero más joven, siendo rodeado por muchos
Alfas deseosos de ocupar su posición.
—Sin embargo,
Naruto es vuestro líder.
—Minato y Kushina
fueron unos líderes extraordinarios y muchos de sus ejecutores les éramos
leales, por lo que protegimos a su hijo de los ataques traicioneros. Naruto
también contaba con el apoyo de los clanes de lobos, ya que la manada de Kiba
no solo tenía una deuda con nuestra manada, sino también con Minato porque fue
él quien decidió acudir en su ayuda. Además, la Omega osa que rescató Kushina
era la destinada del líder de un clan, que también juró lealtad a Naruto para
hacer honor al sacrificio que su madre hizo por su compañera. En consecuencia,
los osos también se pusieron de su parte. De ese modo, evitamos una guerra
interna en la que nos habríamos matado los unos a los otros.
—Pero no podíais
evitar los desafíos individuales —comentó Sasuke—. Naruto era un adulto y
estaba obligado a pelear para defender su posición, nadie podía ayudarle en
eso.
En esta ocasión,
Fye hinchó el pecho con orgullo.
—Naruto no solo
era más grande que el resto de Alfas, también tuvo un desarrollo muy rápido.
Tenía mucha facilidad para entrar en contacto con su animal interior, eso le
permitió aprender más rápido a usar sus sentidos, sus habilidades, y también a
pelear. No necesitó ayuda de nadie para vencer a aquellos que osaron
desafiarlo, tanto yo como el resto de ejecutores solo intervinimos cuando otros
Alfas trataban de atacarlo en grupo, eso era rastrero y teníamos el derecho de
proteger a Naruto en esa situación.
Sasuke asintió.
—Ahora comprendo
por qué Naruto se lleva tan bien con los otros clanes.
—Es un buen líder,
todos le queremos y le respetamos. Nuestra manada es próspera y nuestra
relación con el resto de clanes se ha afianzado gracias a él, todos saben que
pueden pedirle ayuda a Naruto y que este removerá cielo y tierra para echarles
una mano. Se ha ganado su puesto como dirigente, por eso ya nadie lo desafía y
por eso ha tenido tantas pretendientes.
El Omega
entrecerró los ojos, molesto.
—Eso lo has dicho
antes, pero sigo sin entender por qué las Alfas precisamente lo quieren como
compañero.
Fye soltó una
risilla.
—Piénsalo, Naruto
es un Alfa puro, hijo de dos Alfas destinados. ¿Qué ocurriría si Naruto se
acoplara con otra Alfa?
Sasuke gruñó:
—Otro Alfa puro.
El ejecutor
recogió los grilletes y se incorporó en toda su estatura.
—Yo siempre he
creído que para que eso ocurra, la compañera de Naruto tendría que ser otra
Alfa. Los cambiantes como él son únicos, milagros que solo se ven una vez en la
vida. De todos modos, ya no importa —añadió, sonriéndole—, porque te ha
encontrado.
El Omega no pudo
evitar sonreír, contento porque hubiera ocurrido. La verdad era que las
pretendientes de su compañero no le preocupaban, el vínculo entre dos
destinados era prácticamente indestructible, uno de los dos tendría que cometer
una auténtica traición para que se rompiera y, aun así, eso podría matarlos a
ambos. No, Naruto no miraría a ninguna de sus hembras Alfas dos veces, sobre
todo si nunca se había acostado con ellas para que él no se sintiera incómodo,
era algo muy dulce por su parte. Además, si esas zorras trataban de acercarse
demasiado, se las verían con sus garras… aunque primero tendría que
recuperarse.
Entonces, escuchó
los pasos de su compañero en las escaleras. No tardó en aparecer en el salón,
sonriéndole.
—Veo que ya eres
libre —comentó antes de mirar a Fye—. Gracias por venir. Sé que también estás
cansado del rescate.
El ejecutor le
guiñó un ojo.
—No es ninguna
molestia, después de todo, mi deber es servirte a ti y a tu compañero —dicho
esto, levantó una mano a modo de despedida—. Os dejo descansar.
En cuanto los dejó
solos, Naruto se acercó a Sasuke, pasando un brazo por sus hombros y besando su
sien.
—¿Te has quedado
con hambre?
Sasuke negó con la
cabeza, mirando su plato prácticamente reluciente por haber devorado hasta la
última gota de caldo.
—No, estoy lleno.
Naruto sonrió y lo
cogió de la mano.
—Entonces, tu baño
está listo.
—¿Vas a bañarte
conmigo? —le preguntó el Omega con una sonrisa sugerente.
Su Alfa se la
devolvió y pegó sus labios a su oído.
—¿Acaso creías que
no lo haría? —susurró antes de mordisquearle el lóbulo de la oreja, haciendo
que se le escapara un gemido y que su húmeda entrada volviera a palpitar,
ardiendo de necesidad—. Vamos.
Sasuke lo siguió
dócilmente por las escaleras, sin prestar demasiada atención a los pasillos ni
al resto de habitaciones que tenían la puerta abierta, estaba deseando tener a
su Alfa desnudo y preparado para aliviar sus necesidades más básicas.
No tardaron mucho
en llegar al cuarto de baño, la única estancia que, en vez de estar recubierta
de madera, lo estaba de azulejos oscuros con líneas irregulares blancas, aunque
la verdadera sorpresa fue descubrir que Naruto había dejado la luz apagada
(pues no había ventanas en esa sala), resaltando así los dos pequeños montículos
de velas aromáticas que había en el suelo, a ambos lados de la enorme bañera
que ya estaba llena de agua y espuma.
—¿Qué…? —empezó
Sasuke, que se había quedado con la boca abierta.
Naruto se rascó la
nuca, un tanto avergonzado.
—Bueno, no hemos
tenido el encuentro más romántico del mundo y pensé que esto podría suavizarlo
un poco, al menos. —Hizo una pausa en la que se pudo notar que estaba
nervioso—. ¿He sido demasiado cursi?
El Omega negó con
la cabeza y se puso de puntillas para besar a su compañero en los labios.
—Es un detalle que
te preocupes por estas cosas. Nunca esperé tener un Alfa que hiciera algo así
por mí. Gracias.
Naruto se inclinó
y le devolvió el beso, tomando su rostro entre sus manos.
—Haría cualquier
cosa por ti, Sasuke. Lo que sea —dicho esto, esbozó una sonrisa traviesa y sus
dedos se deslizaron por su cuello hasta terminar sobre sus hombros—. Y ahora,
vamos a quitarte esa manta y a bañarte.
La tela cayó al
suelo de un solo movimiento, dejando desnudo a Sasuke. Este permitió que su
Alfa lo examinara con detenimiento, examinando sus heridas, frunciendo el ceño
cuando reparó en las más recientes, las de los costados y el cuello.
—¿Te duele mucho?
—le preguntó, preocupado.
Él le acarició el
rostro para calmarlo.
—No es nada que no
pueda soportar.
Naruto soltó un
gruñido bajo y amenazador, pero Sasuke no se asustó, sabía que su rabia no
estaba dirigida a él. En cambio, se pegó a su cuerpo y lo abrazó, frotándose
contra él para hacerle saber que estaba bien y que se encontraba sano y salvo.
Su compañero lo envolvió con sus fuertes brazos de inmediato.
—Tendría que
haberle dado una muerte lenta y dolorosa a ese cabrón por lo que te ha hecho.
—No podías
permitirte darle la oportunidad de que me cogiera como rehén, Naruto, habría
sido muy peligroso para mí y os habría dejado indefensos. Por eso actuaste tan
rápido, hiciste lo correcto.
Su Alfa lo besó en
la cabeza.
—Aun así, me
habría gustado que sufriese más.
—A mí también
—reconoció Sasuke, levantando la mirada—, pero ya no importa, porque estoy
contigo.
Los ojos de Naruto
brillaron con emoción antes de apoderarse de sus labios. Él se dejó hacer,
cerrando los párpados y permitiendo que su compañero lo devorara a placer,
barriendo su boca con su ávida lengua mientras sus manos se movían hambrientas
por todo su cuerpo, explorando su espalda, enredándose con su cabello,
acariciando sus muslos. Cuando por fin le clavó los dedos en las nalgas, un
jadeo salió de sus labios. Su entrada todavía estaba mojada y pedía a gritos la
atención de su destinado, necesitaba que aliviara el fuego que se había creado
en su bajo vientre y que ahora volvía a extenderse por cada centímetro de su
piel.
Ansioso por sentir
a su Alfa, le agarró el bajo de la camiseta y tiró hacia arriba; este le ayudó
a quitársela pasándola por encima de su cabeza antes de lanzarla a la otra
punta de la estancia y volver a encerrarlo en sus brazos mientras su boca se
hundía en su cuello, en la zona que no estaba herida, para llenarla de besos y
eróticas caricias de su lengua que le dejaron las piernas temblorosas, mientras
que sus dedos curiosos exploraron con lujuria su musculoso pecho, disfrutando
de cómo estos parecían tensarse a su paso. Cuando bajó sus abdominales, gimió
al sentir que otra intensa oleada de humedad asaltaba su entrada; no podía
evitarlo, Naruto tenía el vientre más duro que jamás había tocado, lo excitaba
y estaba deseando pasar su lengua por esos músculos.
De repente, su
Alfa soltó un gruñido de deseo y se apartó. Sus hermosos ojos azules se habían
oscurecido por la lujuria.
—A la bañera, ya
—ordenó en un tono de voz bajo y ronco que hizo estremecer a Sasuke.
No dudó en
obedecer, aunque necesitó la ayuda de su compañero para meterse. Su cuerpo aún
estaba dolorido y no pudo evitar hacer una mueca cuando levantó las piernas
para entrar en la bañera. Tampoco pudo contener el suspiro de placer que soltó
al sentir el agua caliente sobre su piel; como cambiante felino, odiaba estar
sucio y agradeció en silencio que Naruto se hubiera empeñado en bañarlo, además
de que, como pantera, le encantaba el agua. El rubio lo sostuvo suavemente por
los brazos mientras lo ayudaba a bajar hasta quedar recostado en uno de los
extremos de la bañera. Estaba tan a gusto que cerró los ojos un momento.
—¿Se siente bien?
Entreabrió los
párpados para encontrarse con el bello rostro de su Alfa. Este le sonreía con
afecto.
—Se siente genial
—dicho esto, se fijó entonces en el hombro izquierdo de Naruto, que estaba
ensangrentado, y el miedo le hizo palidecer al recordar el horrible mordisco
que le había dado Orochimaru durante la pelea—. ¡Por la Diosa! ¿Estás bien? —Se
sentó de un salto y le tocó los bordes de la herida, examinando el daño.
Naruto le cogió la
mano con delicadeza y la besó.
—Tranquilo, parece
peor de lo que es. Se curará. —Hizo una pequeña pausa en la que le dedicó una
divertida sonrisa—. Por eso quería que nos bañáramos, supuse que te sentirías
más cómodo si hacíamos el amor cuando los dos estuviéramos limpios.
Aun así, Sasuke se
sentía inquieto. Recordar la batalla con ese malnacido le hizo darse cuenta de
que su compañero también necesitaba cuidados.
—¿Tienes más
heridas?
Sin decir nada,
Naruto se levantó y se dio la vuelta, mostrándole la espalda. En la zona baja,
muy cerca de los costados, tenía largos y profundos arañazos que todavía
sangraban, Orochimaru había procurado desgarrar tanta carne como fuera posible.
Lo que le había hecho a Sasuke en los costados no tenía ni punto de comparación
con eso, pues al Omega lo quería vivo, tan solo le había clavado las uñas para
que le soltara el cuello cuando lo había atacado, pero a Naruto, en cambio,
había intentado matarlo, por lo que los cortes eran más graves.
La furia consumió
a Sasuke, deseó tener a ese hijo de puta delante para poder arrancarle la piel
a tiras.
—Mierda, Naruto
—maldijo.
—No te preocupes,
no es tan grave. Uno de mis ejecutores me echó un vistazo, solo necesito
curarlas y descansar.
El Omega no
desconfiaba de su compañero, pero, aun así, le dolía ver que estaba herido por
su culpa. Quería ayudarlo a sanar.
—¿Tienes más?
El rubio
desabrochó los pantalones y se los quitó. Por un instante, Sasuke se quedó un
tanto embobado contemplando la gran erección de su destinado; tenía una polla
grande y dura, que prometía sentirse de lo más placentera si le ofrecía su
trasero para que lo follara fuerte y rápido. Le habría gustado poder hacer eso,
sin embargo, su distracción terminó cuando se fijó en la sangre que manchaba
uno de sus muslos. No era tan grave como las heridas de los costados o el
cuello, pero odió ver las marcas de uñas que le había hecho Orochimaru al
intentar librarse de su Alfa cuando lo había inmovilizado en el suelo.
Sin pensarlo dos
veces, señaló la bañera con un gesto firme de la cabeza.
—Voy a limpiarte y
a curar tus heridas. Métete —ordenó.
Naruto soltó una
risilla, pero fue hacia él para obedecer.
—Sí, mi Omega.
Sasuke le enseñó
los dientes mientras su destinado se sentaba detrás de él.
—No tiene gracia.
Ese bastardo te ha hecho daño —añadió, sintiéndose mal por ello. Naruto ni
siquiera sabía que él era su compañero cuando fue a buscarlo, y, aun así, había
arriesgado su vida por él, resultando herido.
Su Alfa tiró de él
para pegar su espalda a su musculoso pecho y abrazarlo por la cintura. Sus
grandes brazos lo consolaron un poco, del mismo modo que lo hizo el cariñoso
gesto de su destinado cuando frotó su mejilla contra su hombro.
—Ha merecido la
pena —susurró, estrechándolo con fuerza contra sí—, ahora estás en mis brazos.
—Sasuke se estremeció. Era lo más bonito que le habían dicho en su vida—. Y si
me hubieran dicho que para poder tenerte tendría que soportar mil zarpazos más,
los habría recibido gustoso.
—Naruto… —murmuró
el Omega antes de dar media vuelta y sentarse a horcajadas sobre su destinado
para besarlo. Su Alfa dio la bienvenida a sus labios en un beso que, en esta
ocasión, fue más tierno y afectuoso, lleno de un amor que estaba creciendo en
ambos.
Sin dejar de
intercambiar muestras de cariño, se lavaron el uno al otro. Sasuke le quitó
toda la sangre a Naruto, así como las capas de polvo y tierra que había
acumulado durante el combate con Orochimaru, mientras que el Alfa le dio un
cuidado más completo a su Omega, puesto que había estado tres días sin poder
limpiarse. Primero, se deshizo de toda la sangre para poder ver bien sus
heridas, asegurándose de que no fueran graves, y luego le frotó la piel con los
dedos para quitarle toda la suciedad acumulada. Durante el proceso, masajeó
suavemente todos sus músculos, empezando por los hombros y la espalda, sumiendo
a Sasuke en un estado relajado que, poco a poco, se fue calentando, ya que
Naruto tuvo que continuar por su pecho, donde se tomó su tiempo para acariciar
cada línea de sus fuertes pectorales y sus suaves abdominales, jugando vilmente
con sus pezones hasta que estos se pusieron duros bajo sus traviesos dedos.
—Alfa… —suspiró el
Omega, encantado por las caricias.
Su compañero
ronroneó en su oído.
—Shh… Solo te
estoy lavando, mi Omega —dijo con una sonrisa antes de pellizcar con cuidado
uno de sus pezones, provocando que Sasuke arqueara la espalda, ofreciéndole su
pecho para que siguiera.
—Y una mierda
—jadeó este.
Naruto soltó una
risilla antes de lamerle el cuello y deslizar sus manos hacia abajo muy
lentamente, logrando así que el Omega se retorciera por la expectación,
sabiendo hacia dónde se dirigían sus dedos.
—No puedo evitarlo
—reconoció el rubio sin dejar de provocar a su destinado con sus lánguidas
caricias—. Eres hermoso, Sasuke, siento curiosidad por tu cuerpo, por saber lo
que te gusta. ¿Prefieres que pare? —le preguntó antes de usar sus colmillos
para arañar con mucha suavidad el hombro de Sasuke, quien gimió fuerte por la
deliciosa sensación que le producían sus caninos sobre su piel.
—¡No! Sigue, por
favor —suplicó. Jamás lo había hecho ante un Alfa, pero estaba demasiado
caliente como para ser orgulloso y su entrada le dolía.
Naruto gruñó
complacido y sus manos se apoderaron un instante de sus caderas antes de bajar
hacia sus muslos, que masajeó firme y eróticamente con los dedos, haciendo que
Sasuke echara la cabeza hacia atrás para gemir con fuerza, ansiando tener esas
manos en otras zonas de su cuerpo que sin duda alguna harían que alcanzara la
cima.
—Por favor, mi
Alfa… —gimoteó, apoyando las manos en los bordes de la bañera y los talones en
el suelo de esta para poder mover sus caderas hacia adelante y hacia atrás,
frotándose desinhibidamente contra la dura polla de su compañero.
El rubio gruñó,
excitado por la reacción de su Omega.
—Lo que quieras,
mi Omega —dicho esto, una de sus manos acarició el muslo de Sasuke, ascendiendo
por él hasta que, por fin, se envolvió alrededor de su henchido miembro.
Este gritó cuando
Naruto lo acarició de arriba abajo a un ritmo suave, pero no muy lento. Eso le
gustó demasiado, la mayoría de sus amantes no solían masturbarlo así, y, los
pocos que lo habían hecho, simplemente habían empezado a tocarlo demasiado
rápido, algunos incluso le habían hecho daño, por lo que se habían ganado un
buen mordisco como castigo. Su Alfa no había dado por supuesto que estaba lo
bastante excitado como para buscar directamente su orgasmo, sino que lo
tanteaba primero al mismo tiempo que lo provocaba y seducía, jugaba con él a la
vez que le proporcionaba grandes dosis de placer. Era delicioso, y no dudó en
mover las caderas al compás de sus caricias, tanto para hacerle saber que le
encantaba cómo lo tocaba como para seguir frotándose contra su erección. No era
el único que sabía jugar.
Se mordió el
labio, satisfecho y caliente cuando su compañero volvió a gruñir de pura
lujuria. Aun así, este no se apartó de él, también parecía gustarle su forma de
provocarlo.
—Con que tengo un
Omega juguetón entre manos, ¿verdad, Sasuke? —murmuró con esa voz grave y ronca
que tanto lo excitaba. Se estremeció cuando lo mordisqueó debajo de la oreja y
su otra mano se deslizó hacia arriba, buscando uno de sus pezones para frotarlo
con el pulgar, acentuando el placer.
—Sí… —gimió,
moviéndose un poco más rápido, pidiéndole así a su compañero que le llevara a
la cima de una vez.
Pero Naruto no se
lo concedió. Aún no.
—Estás listo para
correrte, ¿no es así? —dicho esto, le dio una embestida rápida a su miembro con
la mano que le hizo chillar de placer antes de que esta regresara al ritmo
anterior. Sasuke se quedó tembloroso y jadeando pesadamente, de no haber estado
en el agua, la humedad de su entrada ya habría estado escurriéndose por sus
muslos; eso le sorprendía un poco, ya que jamás había estado tan excitado, y
menos todavía por tener a alguien masturbándolo.
—¡Sí! Sí, por
favor —gimoteó.
Naruto le dedicó
un sexy gruñido antes de clavar suavemente los colmillos en su cuello, en la
parte que no estaba herida. De nuevo, Sasuke lanzó un largo gemido de
necesidad, su lado animal estaba deseando ser mordido y marcado por su
compañero.
—¿Y cómo quieres
correrte, Sasuke? —le preguntó en voz baja, besando la zona en la que había
estado jugando con sus caninos, ascendiendo por su garganta hasta su oreja,
donde se entretuvo para chuparle el lóbulo o mordisquearlo a placer—. ¿Quieres
que te toque despacio, lento, torturándote hasta que te corras… o te gusta
rápido y duro?
Sasuke ni lo dudó.
—Rápido, duro
—jadeó.
Su Alfa ronroneó
en su oído, complacido por su respuesta, y no se hizo de rogar. Sus dedos
subieron y bajaron frenéticamente sobre su duro y necesitado miembro, dándole
grandes oleadas de placer que lo arrasaron por dentro, haciendo que el fuego
que había tenido retenido todo ese tiempo explotara y que el éxtasis lo
asolara, haciéndole gritar de puro gozo.
Estaba terminando
de correrse, jadeando por el intenso orgasmo, cuando Naruto tiró suavemente de
él para atraerlo de nuevo a sus brazos, envolviéndolo amorosamente con ellos,
antes de plantar tiernos besos en su hombro y su cuello. Sasuke cerró los ojos
y se recostó en su pecho, disfrutando de la paz que sentía su lado animal ahora
que había experimentado la poderosa química sexual con su pareja destinada. Todavía
estaba algo irritado por no haber sellado la unión entre ambos, pero eso no
sería posible hasta que entrara en celo, por lo que, de momento, se conformaba
con ser satisfecho por el Alfa.
El rubio le
acarició una mejilla con el dorso de los dedos.
—Mucho mejor, ¿a
que sí? —susurró con suavidad.
Sasuke levantó
perezosamente la vista hacia su destinado. Había perdido el brillo de deseo en
sus ojos, siendo sustituido por uno feliz que se reflejaba también en su
sonrisa. Era muy guapo cuando lo miraba así, le hacía sentirse el Omega más
afortunado del mundo.
—Gracias, Naruto.
Lo necesitaba.
Este lo besó
tiernamente en la cabeza.
—Estás a punto de
entrar en celo, es normal que estés más caliente de lo normal, y, como buen
compañero que soy, es mi obligación procurar tu bienestar sexual —añadió con
diversión.
Sasuke no pudo
evitar resoplar, aunque también sonreía.
—Sí, obligación,
claro. Lo que querías era meterme mano.
Naruto lo miró con
cara de cachorrito. Se veía adorable.
—Solo soy un pobre
Alfa cachondo que acaba de encontrar a su compañero. Ten un poco de compasión.
No pudo evitar
reír un poco, haciendo que el rubio, inmediatamente, sonriera, al parecer
contento por haber provocado esa reacción, y después lo estrechó entre sus
brazos mientras lo besaba, juguetón, en la espalda. Sasuke soltó una carcajada,
divertido y encantado por esa faceta de su destinado; los Alfas de su manada no
se comportaban así, todos eran más como él, serios, rectos y respetuosos, la
época de hacerse bromas entre ellos terminó en la adolescencia. Sin embargo, a
Naruto no parecía importarle demasiado ser un adulto, se lo pasaba en grande
tomándole el pelo y chapoteando en el agua como un niño pequeño, y, la verdad,
le encantaba. En el fondo, siempre había encontrado a sus amantes bastante
aburridos.
Entonces, mientras
él fingía querer librarse de sus brazos, notó de nuevo su dura erección y cayó
en la cuenta de que él no se había corrido. Se detuvo en seco y echó la cabeza
hacia atrás para buscar sus ojos.
—¿Qué pasa? —le
preguntó Naruto, que paró al ver que él ya no jugaba.
—Tú no te has…
—empezó, haciendo amago de envolver sus manos alrededor de su polla.
Sin embargo, su
Alfa le cogió delicadamente las muñecas y negó con la cabeza.
—No te preocupes
por mí.
—Pero… —intentó
replicar, pero su compañero puso el pulgar en sus labios y luego los acarició
despacio, mirándolo con cariño.
—Ya habrá tiempo
para eso —le dijo con dulzura antes de cogerle un mechón de pelo y tironear de
él con una sonrisita—. Aún no te he lavado el cabello.
Sasuke se lo tocó
e hizo una mueca de disgusto al notarlo tan enredado y enmarañado. Vale, eso
era un poco asqueroso, no entendía cómo a su Alfa no le había importado tocarlo
antes con lo sucio que estaba. Su cara hizo que este se riera entre dientes.
—Anda, ponte de
espaldas y déjame a mí.
Él dudó un poco
antes de obedecer.
—Nadie me había
lavado el pelo desde que era niño.
Sintió la mano de
Naruto en su nuca, masajeándola. Cerró los ojos, disfrutando de las suaves
caricias que le regalaban sus dedos.
—¿Te molesta que
lo haga yo? —preguntó con suavidad.
Sasuke lo meditó
un momento.
—No. Pero creía
que los Alfas no hacían esa clase de cosas.
Su compañero se
inclinó hasta apoyar el mentón en su hombro.
—Por suerte para
ti, a mí me gusta dedicarte esta clase de cuidados, creo que es algo íntimo y
que los dos podemos disfrutar —dicho esto, le dio un beso en la mejilla y se
apartó, sin dejar de masajearle el cuero cabelludo con una mano.
Sin embargo, en
vez de empezar a lavarlo, escuchó cómo quitaba el tapón de la bañera, haciendo
que el agua fuera bajando.
—¿Por qué has
hecho eso? —interrogó. Le gustaba estar sumergido en agua caliente.
Naruto señaló el
líquido con el ceño ligeramente fruncido.
—No se ve porque
hay espuma, pero el agua se ha ensuciado por habernos limpiado la sangre y
todas las capas de polvo y tierra que teníamos. Voy a usar la alcachofa para
terminar de lavarte.
Sasuke asintió y
volvió a ponerse de espaldas a su Alfa, notando con pesar que apartaba su mano
de su cabeza para encender la alcachofa. A los pocos minutos, ya tenía la
cabeza echada hacia atrás, permitiendo que su destinado le mojara el cabello
mientras acariciaba mimosamente sus mechones antes de enjabonarlo, dándole otro
masaje más largo que lo dejó completamente relajado. Naruto tenía razón, se
sentía como si estuviera compartiendo algo muy íntimo con él y era muy
agradable, le gustaba que le dedicara ese tipo de atención. Cuando terminó de
aclararle el pelo, le puso suavizante y le peinó el cabello con los dedos antes
de volver a mojarlo. Una vez hubo terminado, acarició su larga cabellera con
delicadeza.
—Tienes un pelo
precioso, Sasuke —le dijo, frotándolo entre sus dedos.
Él sonrió y se dio
la vuelta, sentándose a horcajadas sobre su regazo. Su Alfa se lo permitió y
rodeó su cintura con los brazos.
—Tu turno —dijo
cogiendo la manguera.
Naruto sonrió como
si fuera un niño pequeño.
—¿Quieres lavarme
tú también?
Asintió, un poco
sonrojado ya que no recordaba habérselo hecho a nadie en su vida. Aun así,
quería que su compañero experimentara la misma ternura y cariño que él le había
dado con esa simple tarea. Este no opuso ninguna resistencia y apoyó su cabeza
en su pecho mientras Sasuke repetía el proceso; disfrutó acariciando los
indomables mechones dorados de su cabello, que parecían poco dispuestos a
dejarse desenredar, pero, con paciencia y habilidad, logró someterlos a sus
suaves caricias, logrando que Naruto ronroneara al mismo tiempo que plantaba
besos en su torso, a veces lamiendo sus pezones con afán juguetón, ganándose un
sermón de Sasuke que solamente le hacía reír por lo bajo antes de volver a
recostarse en él y dejarse hacer.
Cuanto terminó, el
Alfa lo miró claramente feliz, haciendo que se sintiera orgulloso y contento de
su trabajo.
—Gracias, Sasuke,
nadie me había lavado el pelo desde mi madre.
La mención de su
progenitora hizo que su corazón se encogiera. Acarició su hermoso rostro,
debatiéndose entre si debía decirle que sabía lo de sus padres o no. Al final,
se decantó por ser sincero, después de todo, era su destinado y no quería
mentirle.
—Tu ejecutor me ha
hablado de ella.
Naruto no pareció
sorprendido.
—Lo sé, escuché
parte de la conversación mientras iba a buscar las velas.
Sasuke hizo una
mueca de preocupación.
—¿No te molesta?
Su Alfa le sonrió
y le dio un beso en los labios.
—Eres mi Omega, no
tengo secretos para ti, y, de todos modos, lo habrías sabido tarde o temprano.
Él lo contempló
con tristeza y lo abrazó con fuerza.
—Siento mucho lo
que les pasó, Naruto.
Este le devolvió
el gesto y hundió una de sus manos en su cabello.
—No lo hagas,
Sasuke. Mi madre murió haciendo lo correcto, estoy orgulloso de ella, y mi
padre no habría sido un verdadero compañero si no la hubiera seguido. Fue duro
ver lo mucho que sufría su pérdida, pero agradecí que quisiera quedarse conmigo
un poco más para asegurarse de que estaría bien. No podría haber pedido más
—dicho esto, se separó un poco para tomar su rostro con una de sus grandes
manos, observándolo con tristeza—. Cuando me hablaron de ti, no pude evitar
recordarlos, por eso no dudé en hacer todo lo que estuviera en mi mano para
recuperarte, aunque tuviera que morir en el intento.
—Menos mal que no
ha sido así —dijo Sasuke.
Naruto sonrió.
—No tenía
intención de morir, menos aún después de darme cuenta de que eras mi compañero.
Tengo planeado pasar cientos de años contigo.
El Omega sonrió,
la idea sonaba bastante bien y estaba deseando empezar una nueva vida con su
compañero. Cuanto más lo conocía, más le gustaba Naruto, lo cual era un tanto
curioso porque no se parecía en nada a los amantes que había tenido. En el
fondo, siempre había creído que su destinado sería alguien similar a ellos,
serio y educado, algo comedido y respetuoso con él al principio por ser
desconocidos, que tal vez lo tratara también como a un delicado Omega, ya que
la mayoría de ellos solían ser sumisos y dulces, muy dedicados a sus Alfas, que
se dedicaban a tareas que no implicaran la violencia, puesto que la mayoría de
ellos eran pequeños y no tan fuertes como el resto de sus congéneres.
Sin embargo,
Naruto lo trataba con una confianza y calidez que le hacía sentirse aceptado y
bienvenido en su vida, no había un trato más distante ni tampoco cauteloso por
ser hijo de otro líder, simplemente, había conectado con él como lo que
realmente era, su pareja destinada. Además, tenía ese aire travieso y juguetón
que tanto le gustaba, como si fuera un cachorro que estaba entrando en la
adolescencia, y ya había demostrado que era cariñoso con sus cuidados y que lo
protegería con su vida si era necesario. No podía haberle pedido a la Gran
Madre un Alfa mejor.
Se inclinó para
frotar su mejilla, mostrándole su afecto al mismo tiempo que lo besaba en el
cuello, sintiéndose completo por primera vez en su vida. Sonrió cuando Naruto
no dudó en abrazarlo y en acariciarle la espalda, por lo que continuó dejando
besos sobre su piel hasta que notó dos perforaciones.
Inquieto de
repente, se apartó, observando con el corazón encogido la herida que le habían
dejado los colmillos de Orochimaru durante el combate. Era la prueba de que su
Alfa había estado dispuesto a morir por él, y, aunque apreciaba mucho que
Naruto estuviera tan dispuesto a defenderlo, le dolió ser tan consciente de ser
la causa por la que había arriesgado la vida.
Queriendo
compensarlo, sacó la lengua y lamió la zona con cuidado. La saliva de los
cambiantes tenía propiedades curativas que ayudaban a acelerar la
cicatrización, así que era habitual verlos lamiéndose los unos a los otros
después de un combate. Naruto sonrió con ternura y ladeó la cabeza para darle
acceso completo a su Omega, permitiendo que cuidara de sus heridas. Eso también
fue importante para Sasuke, ya que en su clan los Alfas eran demasiado
orgullosos para consentir que sus compañeros cuidaran de ellos, algunos lo
consideraban hasta una muestra de debilidad, pero el suyo, en cambio, ahí
estaba, recostado en la bañera y acariciándolo mientras se encargaba de él.
Cuando consideró
que la herida ya estaba bien, se apartó de su compañero y ordenó:
—Date la vuelta.
Naruto le sonrió
con diversión.
—Sí, mi Omega.
Sasuke le devolvió
la sonrisa, que desapreció cuando su compañero hizo lo que le pedía; estaba
arrodillado y con las manos apoyadas en la pared, dándole una increíble visión
de su enorme espalda y su musculoso trasero, que le dieron ganas de morder. Era
la clase de culo que le gustaría aferrar mientras le follaban con fuerza.
Se mordió el labio
inferior. Quería tocarlo, pero no sabía si a Naruto le molestaría, después de
todo, los Alfas eran dominantes por naturaleza y preferían tener el control de
la situación durante el sexo, había sido uno de los motivos por los que Sasuke
había discutido mucho con sus amantes, no siempre le había hecho gracia que
estos trataran de restringirlo durante sus relaciones.
El rubio, que en
esos momentos olía el ligero aroma de la lujuria de su compañero, lo miró por
encima del hombro y le sonrió con picardía.
—Vamos, Sasuke, no
seas tímido.
Este se sobresaltó
un poco.
—¿No te importa?
Naruto le guiñó un
ojo.
—Eres mi
destinado, puedes tocarme cómo y dónde quieras.
Sasuke no pudo
evitar gruñir, complacido. Se acercó a él hasta que pegó su cuerpo al suyo. Como
era más bajo, su vientre se presionaba contra sus duras nalgas y el resto de su
torso contra su amplia espalda. Ronroneó al ser consciente de su piel caliente
y sus fuertes músculos, acariciándolos con sus manos, disfrutó de cómo se
contraían bajo su toque como una erótica sinfonía de poder y sensualidad.
Aun así, eso no lo
distrajo de lo que realmente le importaba, curar a su destinado. Se inclinó
sobre su cuerpo y empezó a lamer los horrendos arañazos que tenía en los
costados, con mucho cuidado por si le hacía daño. Naruto no se quejó, pero se
tensó un poco cuando pasó la lengua por sus heridas. Sasuke se dio cuenta de
que le dolían más de lo que quería demostrar, y, queriendo aliviarlo, puso una
de sus manos en su espalda y la otra sobre su pecho para acariciarlo. Eso
pareció calmar un poco a su Alfa, que se relajó poco a poco y empezó a
ronronear, encantado por sentir sus dedos delineando cada angulosa línea de sus
omóplatos, o por cómo jugaba con sus enhiestos pezones, que se habían fruncido
para reclamar su atención. No lo pensó dos veces y le dio lo que quería,
pasando las uñas por ellos, haciendo gruñir al rubio y que el poderoso aroma
del deseo inundara la estancia, burlándose de su nariz y de su propia entrada,
que se humedeció de nuevo como un fiel reflejo de la pasión de su compañero.
Mientras le curaba
la herida, se tomó su tiempo para explorar a conciencia su espalda y su torso,
incapaz de no sorprenderse por sus grandes pectorales y por los aún más sexys
abdominales, que parecían estar perfectamente marcados para que él los tocara a
placer. Naruto gruñía o ronroneaba, encantado por las caricias y por el dulce
olor que desprendía su Omega, al parecer caliente y ansioso porque volviera a
poner las manos sobre su ardiente cuerpo para calmar su necesidad. Y lo haría,
claro que sí, le había encantado oír sus gemidos y que le suplicara que le
hiciera correrse, y había disfrutado cumpliendo sus caprichos. Pero, por ahora,
permitiría que su compañero terminara de curarle las heridas, después de todo,
no era tan estúpido como para contradecirlo cuando estaba preocupado por su
estado físico. Además, quería demostrarle que no lo trataría como a un Omega
sumiso y delicado, sabía que la gran mayoría era así, pero no su Sasuke. Todavía
no se conocían mucho, pero habían hablado lo suficiente como para darse cuenta
de lo orgulloso y fuerte que era y lo último que haría sería faltarle al
respeto insinuando que no era capaz de cuidarlo. De modo que permitió que
siguiera tratando los cortes de garras y colmillos que tenía con su deliciosa
la lengua y que lo distrajera del escozor con sus dulces manos.
Cuando Sasuke
consideró que ya había sido suficiente, pasó al otro costado. Una vez más, su
Alfa se tensó un poco por el dolor, pero él ronroneó para calmarlo al mismo
tiempo que deslizaba sus dedos hacia abajo, hacia su trasero. Sin dudarlo, le
dio un firme apretón, clavándole las uñas, haciendo que Naruto lanzara un
gruñido de deseo que le puso el vello de punta.
—Sasuke… —dijo con
esa voz ronca tan sexy.
—Tranquilo, ya te
tengo —susurró antes de seguir lamiéndole y masajear sus fuertes nalgas. Su
Alfa respondió jadeando fuerte y moviendo sensualmente sus caderas hacia
adelante y hacia atrás, imitando el movimiento de alguien follando lentamente a
su amante, sin prisas, saboreándolo. Gimió ante la sola idea de ser embestido
así y su entrada empezó a palpitar, adolorida—. Naruto…
—Deja que me
encargue de ti, mi Omega —pidió su compañero con impaciencia—. Huelo lo mojado
que estás, lo mucho que me necesitas. Te prometo que te daré todo lo que
quieras, Sasuke, te haré todo lo que te guste.
—Aún no —gruñó él
y, sin previo aviso, agarró la polla de su destinado con ambas manos.
Este rugió de
placer con tal fuerza que Sasuke juraría que las paredes temblaron. Se habría
sentido orgulloso de sí mismo si no fuera porque su intensa respuesta lo puso
aún más mojado que antes, además de que su compañero, consumido por la lujuria,
empezó a mover más bruscamente las caderas, tratando de frotar su pene contra
sus manos con más rapidez.
Por desgracia, eso
impedía que Sasuke pudiera curarle bien la herida.
—Cálmate un poco,
mi Alfa, así no me dejas ayudarte —lo arrulló.
Naruto soltó un
gemido, pero ralentizó el ritmo de sus embestidas hasta que volvió a esa danza
lenta y sensual que tanto lo seducía. Lo recompensó apretando un poco más su
miembro y acariciándolo con más firmeza, haciéndole gemir y gruñir.
—Falta poco, mi
Alfa, aguanta ahí —le ordenó antes de seguir lamiendo su herida, dejando que su
saliva lo ayudara a cicatrizar.
Su destinado
obedeció, a pesar de que Sasuke se dio cuenta de que lo que realmente quería
era frotarse más rápido contra sus manos para poder correrse; notaba su polla
dura como una piedra y parecía tener pulso propio, como si palpitara acorde con
su propia entrada. Probablemente, debía de dolerle, pero necesitaba que
siguiera así un poco más, era su forma de distraerle del dolor de sus heridas
mientras las curaba con la lengua.
Cuando al fin
estuvo seguro de que era suficiente, se apartó y soltó a Naruto.
—Date la vuelta
—casi gimió, ansioso por darle el placer que tanto ansiaba.
Su compañero lo
hizo con rapidez, sentándose de nuevo y recostándose contra la bañera, apoyando
la cabeza y sus grandes brazos en los bordes al mismo tiempo que habría las
piernas para él, exponiendo su dolorido miembro.
Sasuke no tuvo que
pensarlo dos veces, se inclinó sobre sus muslos y lo tomó en su boca. Era la
primera vez que hacía algo así, ya que era una de esas cosas que se había
prometido a sí mismo que solamente haría con su destinado, por mucho que sus
amantes se lo habían suplicado, pero eso no le impidió saborear a Naruto entre
gemidos, sorprendido y fascinado por la esencia de su pasión, por lo increíble
que se sentía al tenerlo dentro y tocarlo de ese modo tan íntimo. No pudo
evitar de preguntarse si se sentiría así de lleno cuando lo hiciera suyo.
Por otro lado,
Naruto respondía a sus caricias con fuertes gruñidos, echando la cabeza hacia
atrás y flexionando todos los músculos, siendo asaltado por una oleada ardiente
de deseo. No había esperado que su Omega fuera a chupársela, y mucho menos de
esa forma tan desinhibida, como si fuera lo mejor que hubiera probado nunca.
Incapaz de retenerse, agarró el cabello de Sasuke por aferrarse a algo, en un
intento por permanecer quieto y no golpear esa dulce boca con sus caderas, pues
era consciente de que era grande y temía hacerle daño si se movía con demasiada
brusquedad. Estar a su completa merced, siendo víctima de las intensas y
húmedas caricias de sus labios y lengua, provocó que se corriera con fuerza a
los pocos minutos, rugiendo de puro éxtasis.
Sasuke gimió al
sentir cómo su compañero se estremecía a causa del orgasmo y chupó su esencia,
en absoluto asqueado, más bien se sentía orgulloso por haber provocado una
reacción tan poderosa en él. Lo limpió cuidadosamente al mismo tiempo que
sentía sus dedos tocándole el pelo con cariño, para después deslizarse hasta la
última herida que tenía en el muslo. Esta no pareció causarle ningún dolor
cuando la lamió, al contrario, lo escuchó ronronear amorosamente mientras
pasaba sus manos por su cabello, su nuca, sus hombros y la parte superior de su
espalda. Cuando se quedó satisfecho con sus cuidados, se irguió y miró al rubio,
que tenía una mirada lasciva en sus ojos.
Tembló
involuntariamente, apretando las nalgas en un intento de aliviar el ardor de su
entrada.
—Tu turno, mi
Omega —dijo Naruto en ese tono bajo y ronco que parecía augurar un intenso
encuentro sexual—. Ven aquí —lo tentó.
Él gimió y fue
hasta él, sentándose a horcajadas sobre él. Uno de los brazos del Alfa rodeó su
cintura, pegándolo a su duro cuerpo, haciendo que se agarrara a sus hombros,
mientras que su mano libre acarició una de sus nalgas con lentitud, haciendo
que se mordiera el labio, pues se hacía una idea de lo que iba a hacer.
—Ladea la cabeza
—ordenó, confundiéndolo por un instante—. Tú también estás herido. ¿Pensabas
que no iba a curarte? —le preguntó antes sentir cómo le clavaba los dedos en la
piel de su trasero.
Sasuke gimoteó por
la sensación, anhelando que lo follara con ellos.
—Alfa… —suplicó,
poseído por la lujuria.
Naruto gruñó
complacido al mismo tiempo que se inclinaba para lamer las marcas de colmillos
que tenía en el cuello, las más recientes que le había hecho Orochimaru. El
Omega no pudo evitar estremecerse otra vez, ya que esa era la zona donde su
destinado debía morderlo para marcarlo como suyo. Nunca antes le había gustado
tanto que lo tocaran ahí, aunque supuso que era precisamente porque era su
auténtico compañero quien lo estaba acariciando.
—Tranquilo, mi
Sasuke —ronroneó su Alfa contra su cuello, pasando la lengua sin cesar por ese
lugar tan sensible y erógeno que lo estaba poniendo aún más caliente—, te
prometí que me haría cargo de todas tus necesidades y es lo que pienso hacer.
Entonces, le metió
un dedo, despacio.
No importó, Sasuke
chilló y abrió las piernas tanto como pudo, dándole la bienvenida a sus suaves
embestidas. Naruto se internó en él poco a poco, tanteándolo y torturándole de
un modo placentero que lo hacía gemir y suplicar, estaba muy mojado y solo quería
que lo aliviara otra vez.
—Por favor… Por
favor, Naruto.
Este gruñó,
excitado.
—¿No te hago daño?
—No —jadeó cuando
su Alfa retiró su dedo de su interior. Sin embargo, gritó cuando le metió dos
dedos con un movimiento más brusco, provocando que el fuego estallara en su
bajo vientre—. ¡Sí!
—Rápido y duro,
¿verdad? —adivinó con la voz ronca.
—¡Sí! —chilló otra
vez cuando su Alfa lo embistió otra vez sin piedad. Clavó las uñas en sus
hombros, presa del deseo, y trató de balancear sus caderas contra su mano, pero
el otro brazo lo tenía inmovilizado, procurando mantener el control sobre él.
Eso lo puso aún más húmedo y buscó los labios de Naruto para besarlo entre
gemidos—. Por favor. Por favor, mi Alfa, por favor, fóllame.
Este le metió la
lengua sin miramientos, barriendo el interior de su boca, al mismo tiempo que
sus dedos le hacían el amor a su ardiente trasero a un ritmo más rápido que
hizo que le fallaran las rodillas y dejara de sostenerse sobre ellas,
apoyándose por completo sobre el cuerpo de su compañero, a quien rodeó con los
brazos y contra el que se arqueó, ofreciéndose. Naruto gruñó, satisfecho por su
entrega.
—Si hago que te
corras, luego me dejarás curarte sin rechistar, ¿entendido? —le dijo en un tono
más brusco, casi dominante, pero Sasuke sabía que era porque volvía a estar
excitado, olía su deseo y era muy consciente de cómo su polla presionaba de
nuevo contra su vientre, acariciando la suya.
Aun así, su voz
seguía siendo como sexo puro en sus oídos.
—Sí, lo prometo
—juró con un jadeo.
—¿Seguro?
—jugueteó Naruto, sacando los dedos de su interior, provocándole un incómodo
vacío por unos instantes, antes de volver a ser llenado por ellos con una
fuerte embestida que lo hizo gritar.
—¡Sí! ¡Sí, Alfa!
Su compañero
ronroneó, complacido.
—Bien.
Fue lo único que
dijo antes de follar su culo con los dedos. Rápido, duro. Tal y como había
prometido, tal y como a Sasuke le gustaba. Lo único que pudo hacer fue
aferrarse a su compañero y chillar, dejándose arrastrar por las intensas
embestidas de placer que se acentuaron cuando este le arañó la piel del cuello
con los colmillos, justo en el lugar en el que debía marcarlo durante el celo,
haciendo que el animal que llevaba dentro se volviera loco y rugiera de
necesidad, ansiando ser reclamado.
En pocos minutos,
tuvo un fuerte orgasmo que lo dejó jadeando sobre su Alfa, que lo abrazó y
ronroneó para calmarlo al mismo tiempo que lo acariciaba y lamía sus heridas
para curarlo. Sasuke, todavía un poco sensible por el toque de su compañero y
por estar tan cerca del celo, se estremeció ante el roce de su lengua, pero
inclinó igualmente la cabeza a un lado para permitir que tratara los cortes que
le había hecho Orochimaru. En el fondo, deseaba que esas marcas desaparecieran
lo antes posible.
Sin embargo,
Naruto aún no había terminado con él.
Mientras lo
curaba, sus manos volvieron a masajear sus nalgas y sus traviesos dedos rozaron
de nuevo su entrada casualmente, deslizándose entre sus nalgas seductoramente,
haciendo que tardara muy poco en humedecerse de nuevo. Estando a punto de
entrar en celo, era muy fácil provocar su necesidad sexual, especialmente
estando con su destinado. Aun así, Sasuke no se quejó, sino que se dedicó a
gemir suavemente cosas incoherentes, el nombre de Naruto o murmurar lo mucho
que le gustaba que lo tocara.
El Alfa disfrutó
viendo a su Omega en estado de necesidad a la vez que cerrada con su saliva las
heridas de su cuello, donde se entretuvo algún tiempo, ya que el jaguar que
llevaba dentro ansiaba acoplarlo, a pesar de que eso no sería posible hasta que
Sasuke entrara por completo en celo. También se ocupó de sus tiernos hombros,
sus duros pezones que parecían ansiar su lengua, los costados, donde ese cabrón
le había clavado las uñas y ambos lados de las caderas, en los que le había
mordido profundamente, pero él procuró pasar un buen rato lamiéndolos para que
pudieran cicatrizar cuanto antes.
Durante ese
tiempo, jugó con la dulce entrada de su destinado, acariciándola, esparciendo
su humedad a su alrededor para procurar una mejor penetración, y, de vez en
cuando, metiendo uno o dos de sus dedos en una lánguida embestida. No podía
evitarlo, su Omega tenía un aroma cálido y dulzón que anunciaba la llegada del
ardiente celo, lo ponía duro y hacía que solo pudiera pensar en tocarlo.
Pero lo primero
era lo primero, quería que las marcas de ese desgraciado que había osado tocar
a su compañero desaparecieran, le cabreaba la idea de que otro Alfa le hubiera
dejado cicatrices, sobre todo con la intención de hacerle daño, de violarlo y
forzarlo a un acoplamiento.
Cuando terminó con
la parte delantera, se separó de Sasuke y lo contempló. Aún le costaba creer
que la Gran Madre le hubiera bendecido con un destinado tan hermoso: era alto
para ser Omega, y también atlético, esbelto y fuerte a la vez, una deliciosa y
atrayente mezcla que le hacía babear. Podía admirar los ondulados y elásticos
músculos de su cuerpo bajo su piel blanca, que, lejos de parecer enfermiza, se
veía firme y suave, todavía bañada por gotas de agua que le encantaría limpiar
con su lengua. Tenía el cabello largo por debajo de los hombros, de un precioso
negro brillante con hermosos reflejos azules que lo fascinaban, tan suave que
se moría por frotar su mejilla y sus dedos contra sus mechones, que enmarcaban
un rostro de rasgos finos, no delicados, pero sí elegantes, además de unas
mejillas que en esos momentos estaban sonrosadas por la lujuria y unos bellos y
cálidos ojos negros que tenían un brillo febril. Y, por si eso fuera poco, su
Omega tenía una enorme fuerza de voluntad, no se había amedrentado ante los
Alfas que lo habían secuestrado, les había plantado cara con valentía y no se
había derrumbado cuando todo había pasado.
Hermoso, valiente,
fuerte y apasionado. Jamás se habría atrevido a pedir tanto en un compañero,
pero estaba feliz porque fuera Sasuke.
Embargado por la
emoción, acarició su rostro, a lo que este respondió cerrando los ojos y
presionando su mejilla contra su palma con un ronroneo. Naruto se lo devolvió
mientras lo besaba suavemente en los labios.
—¿Te duele algo?
—le preguntó con dulzura, sin dejar de tocarlo.
—Estoy bien
—respondió su Omega con un tono suave como la seda. Tenía una voz melodiosa,
era agradable al oído, con un punto seductor que parecía querer incitar a los
Alfas a tratar de dominarlo durante el sexo. Eso lo volvía loco, le daban ganas
de atarlo a su cama, vendarle los ojos y jugar con su cuerpo hasta que le
suplicara que lo follara… otra vez.
En ese momento,
Sasuke abrió los párpados, como si hubiera oído sus pensamientos, y se mordió
el labio inferior de un modo que le pareció adorable al mismo tiempo que
frotaba su pecho contra el suyo, provocándolo con sus pezones. Por poco gruñó,
le gustaba esa faceta de su compañero.
—Te deseo otra
vez.
Él esbozó una
maliciosa sonrisa y le mordisqueó los labios.
—Me prometiste que
dejarías que te curara las heridas sin rechistar.
—Ya lo has hecho
—respondió con un jadeo, probablemente porque no había podido resistir más la
tentación de volver a masajear sus nalgas.
—Solo por delante…
falta por detrás —dijo con una gran sonrisa a la vez que deslizaba un dedo por
su entrada, metiéndolo hasta el fondo.
Sasuke le
recompensó con un largo gemido.
—Aaaah… Alfa…
—Aún no he acabado
contigo, mi Omega —gruñó Naruto, excitado—. Date la vuelta y apoya las manos en
la pared.
El Omega gimoteó
como protesta, poco dispuesto a separarse de él, pero el Alfa no era tan
paciente y, con cuidado, lo levantó con facilidad de la bañera, cogiéndolo en
brazos para dejarlo de cara a la pared, poniéndolo de nuevo de rodillas, con
las palmas contra la fría y húmeda pared por el vapor, de forma que su cuerpo
quedara inclinado hacia delante, dándole una perfecta visión de su trasero.
—Naruto… ¡Aaaaah!
—Sasuke gritó cuando su compañero le metió dos dedos hasta el fondo con
firmeza. Estaba muy caliente por las anteriores caricias que le había dedicado
y que él había recibido gustosamente, no podía negar que su Alfa sabía muy bien
cómo tocarlo… y cómo provocarlo. Joder, no podría soportarlo si seguía jugando
con él de esa manera—. Sigue, por favor —pidió, necesitando correrse otra vez.
El rubio ronroneó
al mismo tiempo que colocaba su cuerpo sobre el suyo. No pudo evitar jadear al
sentir su duro torso contra su espalda, contrayéndose en una demostración de
poder y sensualidad que hizo que su lado animal gimiera, aunque lo que
realmente lo dejó tembloroso fue que frotara su dura polla contra sus nalgas,
de vez en cuando acariciando su húmeda entrada con su punta, amenazando con
penetrarlo. Por un instante, su miembro se internó lentamente en él, metiéndolo
lo suficiente como para dejarlo con ganas de más, antes de retirarse y dejarlo
con un incómodo vacío en su interior.
—¡Fóllame, Alfa!
—exigió, incapaz de resistirse más.
Naruto pegó sus
labios a su oído y susurró:
—Teníamos un
trato, Sasuke. Aún no estás curado.
—Me da igual, te
necesito —jadeó.
Notó que su Alfa
dudaba. Aprovechando la situación, restregó sus nalgas contra su polla,
tratando de que lo penetrara. Oyó que Naruto gruñía y que presionaba su fuerte
pecho contra el suyo, inmovilizándolo en la pared, haciendo que se pusiera aún
más caliente; su lado Omega ansiaba ser dominado y sometido por un poderoso
Alfa que fuera digno de él, su compañero, especialmente durante el celo, por lo
que otra oleada de humedad lo asaltó, haciéndole gemir.
—Quieto, Omega —le
ordenó Naruto—. Sé que antes dije que me ocuparía de todas tus necesidades,
pero estás herido y no quiero que estés aún más dolorido después…
—No me importa
—dijo Sasuke, echando la cabeza hacia atrás para mirarlo con deseo—. Me duele
por ti. Por favor, mi Alfa.
Vio en los
hermosos ojos de su jaguar que había logrado ablandarlo, lo cual se confirmó
cuando se inclinó para apoderarse de sus labios. No fue un beso tan ansioso y
apasionado como antes, sino más dulce, cariñoso y suave, como si le estuviera
diciendo con su boca lo importante que era para él y lo mucho que se preocupaba
por su bienestar.
Nadie lo había
besado así nunca. Ni siquiera sus amantes.
Naruto se separó
despacio de él a la vez que le acariciaba las caderas.
—No te dejaré a
medias, Sasuke —le prometió, haciendo que su corazón se acelerara y que las
rodillas le temblaran—, no soy tan cruel para hacerte algo así, menos aún
cuando tu celo está tan cerca, pero lo haremos a mi manera. Y por la Diosa que
voy a curarte esas heridas de todas formas.
—¿Qué…? —empezó a
preguntar, confundido por sus palabras, sin embargo, fue incapaz de hilar un
pensamiento coherente cuando los dedos de su Alfa volvieron a penetrarlo con
fuerza, deslizándose fácilmente por su húmeda entrada, haciéndole gritar de
puro gozo.
Fue levemente
consciente de los movimientos que hacía Naruto tras él, colocándose de tal
forma que tuviera libre acceso a su baja espalda, que empezó a lamer con
cuidado. Supo entonces que estaba tratando las otras marcas que le había hecho
el cabrón de Orochimaru en esos tres días, pero, por suerte, las penetraciones
de su Alfa hicieron que se olvidara rápidamente de ese malnacido, tan solo
podía sentir los pulsos de placer que enviaba por todo su cuerpo, provocando
que su temperatura corporal saltara por los aires y que sus entrañas se
incendiaran a causa del orgasmo que se estaba formando en su interior.
A los pocos
minutos, estaba corriéndose con fuerza, sin embargo, Naruto no parecía tener
intención de acabar tan rápido con él, ya que sus dedos siguieron embistiéndole
suavemente, alargando su orgasmo y excitándolo de nuevo, logrando que, al poco
tiempo de haberse recuperado un poco, volviera a estar gimiendo de necesidad,
ansiando un nuevo orgasmo. Su Alfa, consciente de eso, le dio lo que quería al
mismo tiempo que seguía curando los cortes que le quedaban, uno en la parte
trasera de un muslo, donde estuvo especialmente sensible ante el roce de la
lengua de Naruto, llegando a correrse dos veces.
Aunque no tuvo
nada que ver con lo que sintió cuando su destinado llegó a la última marca, que
tenía en la nalga derecha. Todavía recordaba con una opresión en el pecho cómo
Orochimaru se la había hecho el primer día. Él todavía estaba muy sedado y
apenas pudo hacer un ridículo intento por resistirse cuando ese desgraciado lo
desnudó, pasando sus frías manos por su cuerpo, antes de atarlo y darle un
mordisco en el trasero, tan solo para probarlo un poco antes de que entrara en
celo. Había sido duro para él que lo marcara entonces y por primera vez, además
de en un lugar tan íntimo.
Naruto pareció
percibir su cambio de ánimo, porque volvió a ponerse sobre su cuerpo para
abrazarlo y frotar su mejilla contra su hombro.
—Tranquilo, mi
Sasuke, estoy aquí y estamos juntos. Lamento no haberte encontrado antes de que
te marcara de esa forma, pero, te prometo que, después de esto, esa cicatriz
desaparecerá —dicho esto, lo besó en el cuello, en la zona donde debía
reclamarlo como su compañero—. Pronto serás mío y la única marca que tendrás
será la mía.
Sasuke giró la
cabeza para poder besarlo y su Alfa le entregó sus labios sin rechistar.
Intercambiaron un beso intenso pero suave que él mismo rompió para acariciarle
la nariz con la suya.
—Siento haber
pensado en eso cuando estamos…
—Shh… —Naruto lo
interrumpió y lo estrechó un instante contra sí—. No debes preocuparte por eso,
es normal después de todo lo que ha pasado. Ahora, voy a curarte eso y después
descansaremos, ¿de acuerdo?
Él asintió y alzó
el trasero, dispuesto a permitir que su destinado acabara de curarlo. Sin
embargo, no esperó que este colocara ambos brazos entre sus piernas,
separándolas más, y curvarlos para abrazar sus caderas, impidiendo así que
pudiera mover la parte inferior de su cuerpo. Entonces, su lengua lamió la zona
más carnosa de su nalga, donde tenía la herida.
Una nueva ola de
calor lo golpeó, haciendo que se mordiera el labio intentando no gemir, pero
fue inútil. Estar totalmente a merced de su Alfa mientras este lo lamía en un
lugar tan íntimo le hizo arder, y su entrada, que ya estaba bastante mojada por
los anteriores orgasmos, palpitó de nuevo exigiendo alivio. Naruto pasó un buen
rato jugando con su trasero, bueno, curándolo, pero Sasuke no pudo evitar
sentirlo como si quisiera seducirlo otra vez, sobre todo porque sus fuertes
brazos le impedían cerrar las piernas como acto reflejo a alguna de sus más
calientes caricias, que le provocaron suaves jadeos.
Cuando creyó que
ya había acabado, estaba tan ansioso porque volviera a follarlo con sus dedos
que estuvo a punto de suplicárselo otra vez, pero no hizo falta; su Alfa movió
su lengua hacia un lado, mordiendo y chupando con cuidado su piel sensible,
como si le estuviera advirtiendo de lo que venía a continuación, sumiéndolo en
un estado de expectación que envió eróticos escalofríos por su espalda,
provocando en esta ocasión que animara a su compañero a hacer lo que creía con
gemidos fuertes y continuos que pretendían seducirlo.
Su táctica se vio
recompensada cuando, al fin, Naruto pasó la lengua entre sus nalgas, lamiendo
su húmeda entrada. Chilló por el inmenso placer que le produjo esa sensación,
tratando de contonear sus caderas para frotarse contra su lengua, pero su Alfa
era fuerte y a duras penas logró mover sus brazos unos centímetros. Su
compañero gruñó:
—Joder, Sasuke,
eres delicioso.
—Hazlo otra vez
—jadeó este, en cambio, demasiado ansioso para pensar en otra cosa.
Naruto no jugó
esta vez con él y lo penetró lentamente con la lengua, viendo hasta dónde podía
llegar. Sasuke lanzó un largo gemido, inmerso en su pasión.
—Aaaaaah… Sí, así…
Su compañero
apretó el agarre que tenía sobre él y clavó sus dedos en sus nalgas para
abrirlas, dejando su entrada totalmente expuesta. Él cerró los ojos con fuerza,
disfrutando como la pantera en celo que estaba a punto de ser cuando su Alfa lo
embistió una y otra vez con una lengua implacable que parecía estar deseosa por
follarlo. Cada vez sus envites eran más duros y rápidos, haciendo que las
palpitaciones de su interior se intensificaran y que su humedad se escurriera
hacia afuera, siendo lamida sin dilación por Naruto, que chupaba como si fuera
lo más exquisito que hubiera probado nunca.
La cosa se puso
más interesante cuando este se puso a gruñir, haciendo vibrar su lengua al
mismo tiempo que esta alcanzaba un ritmo más duro y frenético, provocando que
se corriera con tal fuerza que se le escapó un rugido animal, dejándolo tan
tembloroso que ya no pudo sostenerse sobre sus manos y rodillas, dejándose caer
en los brazos de su destinado, que empezó a ronronear para tranquilizarlo
mientras lo abrazaba y acariciaba.
Poco después, su
compañero lo cogió con cuidado en brazos y lo sacó de la bañera. Sasuke estaba
tan agotado que solo atinó a dejarse llevar, permitiendo que Naruto lo sentara
en su regazo y lo secara amorosamente con una toalla. Sus manos gentiles y su
cuerpo cálido hicieron que se le cerraran los ojos, por lo que no fue
consciente de que lo había llevado a su habitación hasta que sintió un mullido
colchón bajo su cuerpo.
Suspiró del gusto al
tener por fin una cama y se hizo un ovillo, sintiendo cómo su Alfa lo envolvía
con sus brazos y lo atraía hacia su pecho. No lo pensó mucho, se acurrucó en él
y dejó que el sueño lo arrastrara.

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