Afrodisíaco
—Abre
la boquitaaa…
Sasuke
fulminó con la mirada a Sai, que intentaba dar de comer a Naruto. En esos
momentos, lo odiaba con todas sus ganas, aunque le consolaba ver que el rubio
también observaba al otro integrante masculino de su grupo como si quisiera
arrancarle la mano que sostenía los palillos.
Aun
así, seguía queriendo partirle la cara. Una buena hostia acompañada de una
colorida y gráfica amenaza de muerte bastarían para que no volviera a
revolotear alrededor de Naruto como si fuera su… novio.
Las
entrañas le ardieron solo de pensarlo y sintió el impulso de levantarse, coger
a Sai del cuello de la camisa y lanzarlo por los aires. Muy lejos.
Sin
embargo, no lo haría. No tenía derecho a hacerlo.
Miró
a su compañero rubio con angustia. Desde hacía una semana, apenas habían
intercambiado más de dos palabras y solo lo habían hecho cuando no tenían más
remedio. Además, Naruto le había estado evitando a propósito; intentaba
ocultarlo, pero la discreción no era su fuerte.
Y
no lo culpaba.
—¡Mierda,
Sai! No estoy inválido, ¡déjame en paz! —replicó Naruto.
—Pero
los amigos se cuidan los unos a los otros.
El
rubio apretó los labios, dejó su tazón en la mesa y pagó su parte.
—No
tengo hambre, me voy a casa.
Todos
miraron a Naruto como si se hubiera vuelto loco. Naruto Uzumaki, el amante
incondicional del ramen, ¿estaba dejando su plato sin terminar? Sus amigos lo
miraron preocupados, sabiendo que o bien estaba enfermo o que le pasaba algo
malo, y, teniendo en cuenta su comportamiento de los últimos días, todos
apostaban por lo segundo.
Sai
frunció el ceño.
—Naruto,
deberías comer…
Este
le lanzó una mirada asesina antes de marcharse a paso rápido de Ichiraku.
Aparte de Sai y Sasuke, se encontraban todos sus compañeros de promoción y el
equipo de Gai. Solían quedar todos juntos al menos una vez al mes si se lo
permitían sus misiones. Aunque, esta vez, hubo una razón de peso para reunirse:
no había uno solo que no se hubiera dado cuenta del extraño comportamiento de
Naruto, últimamente estaba muy callado, más distraído de lo habitual y evitaba
pasar mucho rato con nadie a menos que le obligaran a ello. Sakura había tenido
que amenazarlo con darle una paliza como no fuera a cenar con ellos esa noche y,
por eso, ella era la que estaba más cabreada con Sai, al que le dio un golpe en
la cabeza.
—¡¿Pero
qué demonios te pasa?! ¿Tienes la menor idea de cuánto me costó convencer a
Naruto para que viniera? Quise hacerlo por las buenas al principio, pero luego
no me dejó más remedio que amenazarlo, y, dado su estado de ánimo, no creo que
fuera buena idea hacerlo.
Sai
se frotó la cabeza con una mueca de dolor.
—Pero
leí en un libro que, cuando un amigo está triste, hay que cuidar de él.
—¡Naruto
no necesita que le den de comer! —bramó Sakura, al borde de destrozar a su
compañero. Sai le caía bien, pero era exasperante que malinterpretara los
libros que leía sobre relaciones sociales o cuando se los tomaba al pie de la
letra.
Shikamaru
se llevó una mano a la cara.
—Se
suponía que esta tenía que ser una cena como cualquier otra, teníamos que
levantarle el ánimo, no cabrearlo.
Sai
agachó la cabeza.
—No
era mi intención. Solo intentaba ser un buen amigo…
—Pff.
Sí, claro.
Todos
se giraron para mirar a Sasuke, que se había sentado en el extremo opuesto al
de Naruto.
Kiba
frunció el ceño.
—¿Qué
hay de ti? ¿Sabes qué le pasa a Naruto?
Sí
lo sabía, pero Naruto y él juraron no contárselo a nadie aparte de la Quinta
Hokage, y eso de por sí ya fue bastante vergonzoso. Aún agradecía que fuera su
compañero quien se ofreciera a contarle lo ocurrido, él jamás habría sido capaz
de hacerlo.
—¿Por
qué iba a saberlo? —preguntó, intentando aparentar indiferencia, a pesar de que
fue consciente de que su voz sonó molesta.
—Pues
porque eres su mejor amigo —dijo Neji, extrañado.
Sasuke
notó un pinchazo de dolor en el pecho y apartó la vista. Tal vez habían sido
mejores amigos, pero ahora… Ahora ni siquiera hablaban. Naruto no lo quería
cerca y él tampoco se atrevía a intentar que las cosas fueran como antes, tenía
demasiado miedo de lo que su compañero pudiera decirle… o de su reacción.
—No
me ha dicho nada —musitó finalmente.
Shikamaru
no tardó en darse cuenta de que ocultaba algo. De hecho, desde el principio
había sospechado que Sasuke sabía por qué Naruto estaba tan raro, pero no lo
había compartido con nadie. No creía que fuera algo grave, de ser así, el
Uchiha no habría dudado en decírselo a alguien para proteger a Naruto, pero eso
dejaba otras opciones y no estaba seguro de si eso era mejor o peor.
—Sasuke,
¿tiene algo que ver con lo que pasó en la misión?
Al
escuchar esa última palabra, este se tensó por completo. Shikamaru supo que
había dado en el clavo, Naruto había estado muy raro desde que los enviaron a
todos a una misión para proteger a un señor feudal mientras regresaba a su tierra
tras una visita al País del Fuego. Durante el camino, les atacaron numerosos
ninjas y se llevaron a Sasuke y a Naruto; estuvieron dos semanas en paradero
desconocido, hasta que Kakashi logró localizarlos con ayuda de su equipo de
perros. Desde entonces, el rubio parecía otra persona.
—Nada
—gruñó Sasuke al fin, levantándose de su asiento y pagando su comida, también a
medio terminar. Pensar en lo que Naruto y él pasaron, en lo que les hicieron,
le había hecho perder el apetito. Se fue antes de que nadie le hiciera más
preguntas, no le gustaba que lo interrogaran y menos aún sobre algo que pesaba
tanto sobre su conciencia.
—¡Sasuke!
Se
detuvo cuando oyó que Sakura lo llamaba. Apreciaba a su compañera, pero en esos
momentos no estaba de humor para más preguntas.
—Sakura,
no voy a… —empezó, pero ella le interrumpió.
—Por
favor, escúchame un momento. —Su voz cargada de preocupación le impidió darle
la espalda, por lo que esperó, mirándola con cautela—. No te voy a pedir que me
digas lo que le pasa a Naruto. Si lo sabes y ninguno de los dos dice nada, por
algo será, pero…
—¿Pero?
Ella
lo miró con tristeza.
—Habla
con Naruto. Haz que vuelva a ser el de antes.
Sasuke
tragó saliva y bajó la vista.
—No
querrá hablar conmigo.
—Pero
eres el único con el que hablará, eres su mejor amigo.
—Creo
que ya no lo soy —admitió, abatido.
Era
difícil, para alguien tan orgulloso como él, reconocer que Naruto se había
convertido en alguien muy importante. No, no era solo eso, su compañero era la
persona que más le importaba en el mundo. Puede que discutieran a menudo, pero
los dos eran muy diferentes y tenían personalidades muy fuertes, era inevitable
que estuvieran en desacuerdo, pero incluso eso le parecía un poco gracioso, ya
que solían pelearse por tonterías y cosas pequeñas. Sin embargo, también habían
tenido sus momentos: habían llegado a un punto en su amistad en la que eran
capaces de abrirse el uno al otro, Sasuke incluso le había hablado de su
familia y Naruto de lo solo que se había sentido durante tanto tiempo. Además,
siempre podían contar el uno con el otro, pasara lo que pasara, hasta serían
capaces de sacrificar sus vidas si fuera necesario.
Aun
así, Sasuke había subestimado sus sentimientos y lo había notado desde que Naruto
se había alejado de él. Últimamente sentía el peso de la soledad como no lo
había experimentado desde que era niño, tras la muerte de su clan. Él tenía un
carácter difícil, siempre había sido consciente, y le costaba conectar con
alguien, en parte porque sus compañeros no entendían por qué él era tan serio y
distante, mientras que Naruto había entendido, tal vez desde la primera vez que
lo vio, que él tenía miedo de querer a alguien como quiso a sus padres o su
hermano, para después perderlo.
La
comprensión era el pilar de su relación. Los dos habían estado solos, entendían
el dolor del otro y también cómo su carácter se había formado en base a eso.
Sasuke intentaba alejar a todo el mundo, mientras que Naruto hacía todo lo
contrario. Por eso, este podía lidiar con su personalidad, se había adaptado a
ella y era consciente de cuándo necesitaba su propio espacio y cuándo podía
acercarse lo suficiente como para molestarlo, todo con el fin de que se
sintiera cómodo con él. Al final, ese entendimiento silencioso los había
convertido en mejores amigos.
Pero
ahora que el rubio se había alejado, sentía que volvía a estar solo. Y, esta
vez, no lo soportaba. Lo echaba mucho de menos y solo quería que volvieran a
estar juntos como antes, a pesar de que sabía que no tenía ningún derecho a
pedir algo así, no después de lo que le había hecho.
Sakura,
al ver el dolor que destilaban las palabras de Sasuke, fue a abrazarlo. Cuando su
compañero no se apartó como haría normalmente, se preocupó mucho. Debía de
estar lo bastante mal como para aceptar su abrazo.
—No
creo que sea así, Sasuke. Naruto te aprecia mucho y, a pesar de lo que le pasa
ahora, sigue haciéndolo.
Sasuke
dudó un poco antes de reconocer:
—Naruto
está así por mi culpa. Pasó… algo en la misión.
Sakura
se apartó y frunció el ceño.
—¿Qué…?
—Le
hice daño, Sakura.
—No
porque quisieras, de eso estoy segura. —Al ver que su compañero no estaba muy
convencido, puso una mano en su mejilla—. Y seguro que Naruto también lo sabe.
—Sonrió un poco—. Ve a hablar con él y dile cómo te sientes, lo entenderá.
Sasuke
lo pensó un momento. La verdad era que no quería seguir como estaba hasta
ahora, quería recuperar a su amigo o, al menos, intentarlo.
Así
que siguió el consejo de su compañera y se dirigió a casa del rubio. Lo cierto
es que no estaba muy seguro de si Naruto llegaría a perdonarlo por lo que
ocurrió entre ellos. No, después de eso.
Cuando
esos ninjas los atacaron, la mayoría fueron directos a por Naruto, tal vez
porque era quien empleaba los clones y su mayor dificultad. En un momento de
descuido, le pincharon con una aguja que probablemente contenía un sedante y se
lo llevaron, lo cual los dejó muy confusos a todos. ¿No se suponía que iban a
por el señor feudal? Sasuke, Sakura, Sai, Neji, Lee, Kiba y Shikamaru fueron
tras ellos mientras que los demás se quedaban con su cliente, por si acaso era
alguna estrategia para separarlos. Sin embargo, a Sasuke le preocupó que, de
algún modo, aquello fuera en realidad una trampa para llevarse al jinchuriki del
Zorro de Nueve Colas, después de todo, no sería la primera vez que ocurría;
Akatsuki, aun después de su disolución en la Cuarta Guerra Ninja, aún podía
tener aliados que quisieran el poder de Naruto, especialmente ahora que tenía
un poco de chakra de cada biju y podía invocarlos a placer.
Por
desgracia, la trampa no terminó ahí. Los ninjas los esperaron y lo sedaron a él
también. Horas más tarde, despertó solo en una habitación que parecía ser
subterránea, que solo contaba con una cama y un baño consistente en un retrete
y una manguera para lavarse. Por otro lado, no estaba atado, pero tenía un
símbolo en el pecho, una técnica ninja para sellar su chakra. Al poco rato,
abrieron la puerta y lanzaron a un Naruto inconsciente, al que Sasuke llevó a
la cama y lo inspeccionó para asegurarse de que estaba bien. Gracias a los
dioses, no parecía herido de gravedad, pero vio varias marcas de agujas que no
le gustaron. Era como si le hubieran inyectado muchas cosas, como si fuera
algún tipo de experimento.
Cuando
su compañero despertó, sus temores se confirmaron. Naruto no se encontraba
bien, su cuerpo ardía y, según él, tenía los sentidos embotados y le costaba
pensar. Sasuke hizo lo que pudo por cuidar de él; trató de bajar su temperatura
con la manguera y le ayudó a comer, pero cada determinado tiempo volvían a llevárselo
y regresaba en peor estado y con más marcas de agujas.
En
algún momento, Naruto descubrió lo que le ocurría y su respuesta fue mantenerse
lo más alejado posible de él, le pidió que no se acercara de ninguna manera,
que solo lo haría peor para él. Sasuke no lo entendió al principio, pero
respetó su decisión, aunque fue duro verlo sufriendo acurrucado en la cama,
hecho un ovillo y abrazándose a sí mismo. Los días siguientes, o eso creía ya
que no había forma de calcular el tiempo en esa habitación, siguió la rutina:
se llevaban a Naruto para pincharle y después este se quedaba tiritando en la
cama, solo que, en esas ocasiones, su amigo regresaba con algún golpe en la
cara. Algo le dijo que, fuera lo que fuera lo que intentaban hacer con él, no
estaba dando resultado.
Aun
así, un día en que Naruto empezó a jadear, Sasuke no pudo evitar acercarse para
ver qué le ocurría y descubrió lo que su compañero intentaba ocultarle. Naruto
estaba muy excitado, sexualmente. Lo supo por su rostro sonrojado, las pupilas
dilatadas y su miembro erecto, sus pantalones no eran suficiente para
esconderlo. Su amigo le dijo que le estaban dando afrodisíacos muy potentes y
que por eso no quería estar cerca de él, cada vez le resultaba más difícil
tenerlo en la misma habitación. Incluso le pidió que no le dejara hacerle nada,
que lo golpeara si era necesario, ya que Naruto también tenía sellado su chakra
y sabía que el Uchiha era más diestro que él en el cuerpo a cuerpo.
Este
cumplió con su petición, aunque le dolía ver al rubio resistiéndose,
aferrándose a todo el control que pudiera. Una vez le dijo que podía aliviarse
aunque estuvieran en la misma habitación, que respetaría su intimidad, pero
Naruto se negó, le dijo que eso solo lo haría mucho peor de lo que ya era.
Y
así siguieron las cosas… Hasta que los ninjas se impacientaron. Tras darle su
dosis a Naruto, cogieron a Sasuke y le inyectaron otro afrodisíaco, uno más
suave que los que le daban al jinchuriki, ya que el chakra del
Zorro de Nueve Colas quemaba con más rapidez los medicamentos, pero lo bastante
potente como para nublar sus sentidos.
Por
desgracia, dio resultado. Sasuke perdió el control y no pudo evitar tocar a
Naruto, y, una vez lo hizo, el rubio tampoco pudo resistir más tiempo. Tuvieron
sexo una y otra vez, desesperados y afectados por las drogas, hasta que ninguno
de los dos fue capaz de moverse. Los ninjas repitieron el proceso día tras día,
al parecer satisfechos, y los dos jóvenes siguieron teniendo relaciones, tal
era la dosis que solo paraban para comer y dormir, apenas tenían un minuto
entero para recuperar algo de sentido común.
Afortunadamente,
Kakashi los encontró y los sacó de allí. Sasuke tuvo el presentimiento de que
él sabía lo que había pasado entre Naruto y él, pero nunca dijo nada. Por otro
lado, su compañero y él apenas hablaron durante el regreso a casa; Sasuke
estaba impactado por haber tenido relaciones con Naruto, y se sentía
avergonzado y culpable por no haber sido tan fuerte como él, porque el rubio
había aguantado hasta que él lo tocó. Era doloroso darse cuenta de que no había
podido protegerlo, aunque fuera de sí mismo. En cuanto a Naruto… Se estremecía
solo de pensar en cómo se sentía, probablemente… violado. Por él.
Solo
le habló para pedirle que no le dijera a nadie lo que había pasado y que él se
lo contaría todo a la Hokage. A su vez, Sasuke quiso preguntarle si estaba bien
y si le había hecho daño, ya que Kakashi tuvo que llevarlo en brazos el primer
día de regreso a la villa y los dos siguientes estuvo cojeando, pero no se
atrevió a hacerlo.
Y,
desde entonces, su mejor amigo le había evitado. La verdad era que no lo
culpaba, él mismo se sentía horrorizado por lo ocurrido… y por lo que sentía
desde entonces.
Porque
desde que hizo el amor con él, no lo veía como antes. Nunca se había fijado en
lo hermoso que era su compañero, en su suave piel tostada que contrastaba con
su rebelde cabello, dorado como el sol, y con sus ojos azules, tan claros como
el cielo despejado, los más bonitos que había visto nunca. También tenía un
cuerpo muy sensual, erótico; era atlético y esbelto, no tenía la figura muy
musculosa o robusta, y le llamó la atención las curvas de su cintura, que
delineaban unas caderas curiosamente femeninas, pero que no le quitaban un
ápice de belleza al rubio.
Además,
cuando estuvieron drogados, Naruto había sido… Le avergonzaba lo excitado que
se sentía solo de pensarlo. Su compañero hacía mucho ruido cuando habían tenido
relaciones y no había tenido reparo en decirle las cosas que quería que hiciera
con él o lo que le gustaría hacerle. Mierda, ¡incluso le lamió ahí abajo! ¿Cómo
demonios no iba a fantasear con él después de hacerle eso? Cada vez que se
masturbaba, cosa que no había hecho nunca hasta lo que ocurrió entre Naruto y
él, imaginaba al rubio pasando la lengua por su miembro, chupando mientras
gemía suavemente y le preguntaba cómo le gustaba más. O pensaba en cómo se
había puesto sobre su regazo y le había montado sin piedad, o en cómo se puso
sobre sus manos y rodillas y le pidió que se la metiera. Joder, había pasado
horas jugando con su sensible trasero, conocía todos sus puntos erógenos y
sabía perfectamente lo que le gustaba y cómo quería que se lo hicieran.
Para
él, Naruto ya no era solamente su mejor amigo. Quería tenerlo entre sus brazos
cada noche, que le dejara tocarlo no porque estuviera drogado, sino porque
también sentía algo por él, algo profundo y que iba más allá del deseo sexual.
Porque no se sentía tan unido a nadie como a su mejor amigo y el tener
relaciones había despertado algo en él, un sentimiento de posesividad que
aparecía cada vez que el imbécil de Sai actuaba como si tuviera derecho a
cuidarlo o protegerlo, o cuando alguna chica lo miraba sonrojada o le daba un
buen repaso de arriba abajo. Siempre que ocurría eso, quería abrazar a Naruto y
decir que era suyo y le pertenecía, por lo que nadie más tenía derecho a
acercarse a él o tocarlo. Pero no podía hacerlo, porque probablemente él le
odiaba.
Se
hundió un poco más en su miseria, porque así era como se sentía desde que su
amigo le evitaba. Era miserable y desdichado. Pero, aunque Naruto jamás le
quisiera como él lo hacía, al menos, quería recuperar su amistad. Quería que le
permitiera estar a su lado y formar parte de su vida.
Y
estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de que eso ocurriera.
Naruto
enterró la cara en la almohada, cerrando los ojos con fuerza mientras trataba
de recuperar un poco de calma. Su estado emocional no era el mejor como para
que Sai cuestionara su capacidad de cuidarse solo. ¡Joder!, había pasado toda
su vida en sin nadie que lo cuidara, ¡claro que podía ocuparse de sí mismo! ¡No
necesitaba a nadie! ¡A nadie!
O
de eso trataba de convencerse.
Desde
que habló con Tsunade sobre la última misión, estaba muy asustado. Era muy
consciente de que la situación le superaba, pero no se atrevía a hablar con
nadie. Bueno, con quien necesitaba hablar realmente era con Sasuke, después de
todo, lo que estaba pasando le afectaba, sin embargo, no conseguía reunir el
valor suficiente como para decirle…
Pegó
un salto cuando alguien llamó a la puerta. Frunció el ceño, ya que no esperaba
a nadie, aunque no tardó en sospechar que serían Sai o Sakura. Su malhumor
regresó al instante. No quería hablar con nadie ni esforzarse en aparentar que
no le ocurría nada y, como intentaran que regresara con ellos a Ichiraku,
usaría una técnica de espacio-tiempo para materializarse en el Monte Myoboku,
al menos sus amigos tardarían tres meses en llegar hasta allí y podría estar
tranquilo.
Abrió
la puerta con brusquedad, listo para gritarle a quienquiera que fuera que
quería estar solo, pero enmudeció cuando se encontró con un par de ojos negros
que conocía muy bien. Su cuerpo se estremeció y sintió que la cara le ardía,
por lo que bajó la cabeza, esperando que no se diera cuenta del efecto que
provocaba en él.
—Sasuke
—saludó en voz baja, sin atreverse a mirarlo.
—Naruto
—dijo este con su voz grave, aunque sonó extrañamente suave, algo muy raro
viniendo de su compañero.
Se
atrevió a mirarlo de reojo, momento en que se dio cuenta de que el Uchiha no
llevaba su habitual máscara de indiferencia, sino que sus facciones estaban
ensombrecidas por la inquietud.
Eso
lo puso alerta. Su sonrojo desapareció y lo miró directamente a los ojos.
—¿Qué
ocurre?
Sasuke
dudó un momento antes de decir:
—¿Podemos
hablar?
Naruto
asintió y se hizo a un lado para dejarle pasar. Al Uchiha le sorprendió un
poco, la verdad era que esperaba que el rubio le negara la entrada y le dijera
que no tenían nada que decirse, pero que le permitiera acceder a su casa le dio
un poco de esperanza sobre arreglar las cosas.
Fueron
al salón y se sentaron en el sofá, un poco separados ya que los dos aún se
sentían un poco incómodos respecto a estar cerca, pero se sentaron uno frente
al otro.
—¿Ha
pasado algo, Sasuke? —le preguntó Naruto, preocupado por cómo estaba actuando
Sasuke.
Este
se quedó callado un momento, pensando en las palabras que iba a usar.
—Solo
necesito hablar contigo.
Naruto
frunció el ceño, pero asintió.
—Está
bien.
—Yo…
Quiero pedirte perdón. Por lo que… pasó en la misión. Yo no quería hacerte
daño, pero esa cosa que me pusieron me volvió loco y te vi en la cama y vi tu
cuerpo y solo pude pensar en acariciarte. Entonces, tú te diste la vuelta y
gemiste cuando te toqué. Perdí el control sobre mí mismo y lo siento mucho,
porque sé lo que estabas sufriendo para no ceder a las drogas y por mi culpa
todo se fue a la mierda. Sé que eso no es excusa pero lamento mucho haberte
hecho daño y…
—Sasuke,
Sasuke, para —le pidió Naruto, poniendo ambas manos sobre su pecho.
Sasuke
lo miró con desesperación.
—No
quería hacerte daño. De verdad.
—Lo
sé —dijo el rubio con suavidad, frotándole el pecho para que se calmara. Ese
contacto hizo que el Uchiha recuperara un poco el control de sí mismo. Era
agradable que Naruto lo acariciara. Este se inclinó un poco para mirarlo a los
ojos—. Sasuke, no tienes que disculparte, sé que no querías hacerme daño, no
fue culpa tuya.
El
Uchiha lo miró con confusión.
—¿Qué?
Naruto
apartó las manos de su pecho, cosa que Sasuke lamentó, pero no hizo nada por
detenerlo y se fijó en las mejillas rojas de su compañero. Era evidente que esa
conversación le incomodaba, sin embargo, el rubio hizo un esfuerzo para
sincerarse con él.
—Nos
drogaron, Sasuke, la culpa fue de esos ninjas. Yo ya estaba cerca de mi límite,
así que, aunque a ti no te hubieran tocado, yo habría acabado haciendo algo
tarde o temprano —dicho esto, lo miró con arrepentimiento—. No sabía que te
sentías tan mal por lo que pasó. De haberlo sabido, te habría asegurado que sé
que no querías herirme, que la culpa de todo aquello la tuvieron las drogas y
que no fue para nada tu culpa.
—Entonces,
¿no me odias? —preguntó Sasuke, sintiendo que se le quitaba un peso de encima.
Naruto
lo miró como si hubiese soltado el peor insulto imaginable.
—Claro
que no. ¿Era eso lo que…? —No pudo terminar de hablar, ya que Sasuke, en un
impulso, se acercó a él y lo abrazó con fuerza.
El
rubio parpadeó, un poco sorprendido. Era la primera vez que el Uchiha lo
abrazaba y, por supuesto, no iba a desaprovechar esa oportunidad, así que le
devolvió el gesto con fuerza, queriendo transmitirle todo lo que sentía por él,
incluyendo lo que había desatado aquella maldita misión.
Desde
que fueron rescatados por Kakashi, Naruto había entendido por fin por qué las
mujeres iban tras Sasuke con tanto ahínco. No podía negar que era muy atractivo.
Con el paso de los años, su cuerpo se había fortalecido y no había un solo
trozo de piel que no fuera puro músculo. Tenía una figura ligeramente robusta,
con las espaldas más anchas en contraste con su cintura estrecha, fuertes
brazos y musculosas piernas. Su piel, pálida y lisa, lejos de hacerle parecer
enfermo, daba la impresión de que Sasuke hubiera sido cincelado en mármol, duro
y fuerte; tenía un hermoso cabello negro brillante, con unos reflejos azules
cuando la luz incidía sobre ellos que le intrigaban, y, a pesar de su mirada
oscura, normalmente fría e impasible, sus ojos negros se volvían cálidos cuando
estaba con él, más suaves. Además, se estremecía cada vez que los imaginaba
observándolo con lujuria y pasión.
Trató
de no pensar en ello. Su cuerpo ardía cada vez que recordaba lo que habían
hecho en aquella celda, cada vez que pensaba en las manos de Sasuke acariciando
sus piernas, en su boca mordiendo y lamiendo cada rincón de su cuerpo, en cómo
le había poseído una y otra vez. Sabía que no tendría que haberse sentido tan
bien, sobre todo porque los dos habían estado drogados y no era normal que no
le importara que Sasuke le hubiera desvirgado, no de ese modo. Pero no lo hacía
y, peor todavía, quería volver a estar bajo su cuerpo, quería que volviera a
mordisquearle el cuello mientras se hundía lenta y profundamente en su cuerpo,
quería que volviera a decirle al oído lo mucho que le gustaba follarlo y que le
encantaba lo húmedo y estrecho que era.
Por
eso no había podido estar cerca de él en toda la semana. Cada vez que se
decidía a hablar con él, sentía cómo su entrada se humedecía. Era tanta su
vergüenza que siempre acababa huyendo, intentando que, estando lejos de él, su
corazón se calmara y dejara de sonrojarse. Sin embargo, no había sido capaz de
hacerlo y, ahora, estando abrazados, le resultaba más difícil no rememorar
todas las veces en que Sasuke había envuelto sus brazos alrededor de él
mientras hacían el amor.
Por
eso mismo, él fue el primero en apartarse, sintiendo lo rojo que estaba.
—No
te odio, Sasuke —dijo, tratando de centrarse en la conversación y no en lo que
sentía cuando tenía a su amigo cerca—. No te guardo ningún rencor por lo que
pasó, así que deja de martirizarte por eso.
Sasuke
se sintió mucho mejor al saber que Naruto nunca había sentido resentimiento
hacia él, que todavía le quería como su amigo. Sin embargo, eso lo dejaba con
una nueva duda: si no había estado actuando tan extraño por su culpa, por lo
que ocurrió entre ellos, ¿qué le pasaba? Sabía que era algo relacionado con la
misión, pero no estaba seguro de qué. ¿Las drogas fueron demasiado fuertes y
ahora tenía algún efecto secundario? ¿Y si estaba enfermo? ¿Y si se estaba
muriendo?
Al
pensar en esa posibilidad, envolvió a Naruto con sus brazos en ademán
protector. Este fue a protestar, notando cómo su cuerpo seguía reaccionando al
toque de Sasuke, pero, antes de poder hacer nada, este le preguntó:
—Entonces,
¿qué te pasa? ¿Por qué has estado tan raro esta semana?
El
rubio se estremeció. Sabía que tarde o temprano iba a tener que hablar con
Sasuke sobre ello, pero tenía miedo. No solo por la situación, sino también por
cómo reaccionaría su compañero. Aun así, no podía retrasarlo más, Tsunade le
daría una respuesta mañana y se estresaría aún más si Sasuke no sabía la verdad
para entonces.
—Sasuke,
hay… Hay algo que no sabes sobre mí.
El
Uchiha se sintió como si esas palabras fueran la confirmación de sus peores
temores.
—¿Te
estás muriendo? ¿Es por esas drogas que te pusieron? —Si era por eso, encontraría
la celda donde tenían a esos bastardos y los torturaría hasta que le dijeran
como curar a Naruto, y, después, les daría una muerte muy lenta y muy dolorosa,
suplicarían que acabara con sus vidas antes incluso de que él se propusiera
darles el golpe final.
Naruto,
una vez más, colocó sus manos sobre el pecho de Sasuke y lo acarició, en un
intento por calmarlo. No fue exactamente efectivo, aún quería la sangre de esos
ninjas, pero le gustaba que el rubio lo tocara.
—No,
Sasuke, no tiene nada que ver. Bueno, sí, está relacionado, pero… Quiero decir
que es algo que tengo desde hace mucho tiempo pero que no era un problema hasta
que nos drogaron.
Sasuke
frunció el ceño, sin entender nada.
—Explícamelo.
Todo —exigió.
Naruto
se removió un poco, incómodo ante lo que iba a decir. Además, se había dado
cuenta de que Sasuke lo había rodeado otra vez con los brazos y que, en esta
ocasión, no parecía querer soltarlo.
—Verás…
Yo… —Sacudió la cabeza y empezó de nuevo—. Cuando nací, parecía que era un
varón, pero, tras los primeros reconocimientos médicos, el Tercer Hokage
descubrió que yo… era un… era un… hermfrdta.
—¿Qué?
—preguntó Sasuke, ya que la última palabra la había dicho en un tono de voz tan
bajo que no la había entendido.
—…
Hermafrodita —consiguió decir Naruto tras armarse de valor—. ¿Sabes lo que es
eso?
Sasuke
asintió.
—Un
ser que tiene órganos masculinos y femeninos.
—Así
es.
El
Uchiha lo miró detenidamente un momento, extrañado.
—¿Tú
tienes órganos femeninos? —Recordaba muy bien el cuerpo desnudo de Naruto y
podía asegurar que no había visto nada que le recordara a una mujer. Aunque,
ahora que lo pensaba… Sus caderas…
—Dentro
de mi cuerpo, sí —reconoció
el rubio, un poco cohibido. Esperó a que Sasuke reaccionara de alguna manera o
que le preguntara algo, pero solo se limitó a observarlo en silencio. Para
Naruto, eso fue más que suficiente. Conocía tan bien a Sasuke que sabía solo
con mirarlo lo que pensaba o sentía y le alivió darse cuenta de que no lo
juzgaba por su sexo. Además, también comprendió que estaba esperando a que le
contara el resto de la historia—. Normalmente, los hermafroditas solo tenemos
un órgano estéril o los dos, pero después de que yo uniera mi chakra con Kurama…
Bueno, se podría decir que, de algún modo, su chakra curó mi esterilidad e hizo
que mis órganos femeninos se volvieran fértiles.
Sasuke
se tensó un poco al entender con esas pocas frases lo que Naruto quería decir.
—¿Estás
diciendo que puedes quedarte embarazado?
El
rubio bajó la mirada, aunque no antes de que viera un asomo de duda en ellos.
—Más
o menos.
—Explícamelo.
Naruto
soltó un suspiro.
—Se
suponía que solo Tsunade, Shizune y yo conocíamos esta información, ¿de
acuerdo? Obviamente, yo no tenía planeado quedarme embarazado pronto, por lo
que decidí no hacer exámenes médicos para ver las posibilidades que tenía. Pero
alguien debió de ver esos informes por error o qué se yo y… —La voz del rubio
se fue apagando poco a poco hasta que cesó por completo.
A
Sasuke le preocupó que Naruto no continuara, además de que fuera incapaz de
mirarlo a los ojos. Poco dispuesto a permitir que se viniera abajo, le levantó
la cara con una mano y la mantuvo ahí, tanto para evitar que intentara
esconderse como para poder tocarlo. No pudo evitar acariciarle la mejilla.
Esperaba que eso pudiera reconfortarlo.
—No
tengas miedo, Naruto. Puedes hablar conmigo, de lo que sea.
El
rubio lo miró con tristeza.
—Esos
ninjas que nos secuestraron… Lo hicieron por mí. Uno de ellos era el enfermero
que vio mi informe. Por eso nos drogaron, Sasuke, querían hacerme más fértil.
El
Uchiha sintió que se tensaba de nuevo, comprendiendo de repente el objetivo de
haberles dado drogas afrodisíacas. La ira lo consumió.
—¿Querían
que te dejara embarazado? —preguntó lentamente—. ¿Por qué?
Naruto
soltó una carcajada amarga.
—Por
nuestra genética. Tú eres un Uchiha y yo un jinchuriki.
El
otro joven lo meditó un momento antes de decir:
—Entiendo
que quieren mi Sharingan, pero no comprendo qué tiene que ver que seas un jinchuriki.
Tus hijos no pueden heredar el chakra del Zorro, ¿no?
—No,
si así fuera, yo al nacer habría dado indicios de tener su chakra, pero no fue
así. Sin embargo, existe la creencia de que los hijos de los jinchuriki tienen
más facilidad para convertirse en portadores de biju.
Sasuke
parpadeó.
—¿Y
eso es verdad?
El
rubio se encogió de hombros.
—Yo
apenas tenía una hora de vida cuando sellaron a Kurama dentro de mí y no hubo
ningún problema. Puede que fuera porque mi madre había sido su anterior jinchuriki,
o puede que también se debiera a que mi padre solo encerró la mitad de su
chakra en mí.
Sasuke
tuvo un mal presentimiento acerca de eso.
—Entonces,
esos ninjas querían que tuviéramos hijos con posibilidades de despertar el
Sharingan y que además tuvieran una predisposición genética para convertirse
en jinchuriki, ¿me equivoco?
Naruto
se removió un poco y bajó la mirada.
—No.
La
furia invadió al Uchiha. No solo le habían obligado a tener sexo con Naruto,
sino que además pretendían quitarles a sus hijos de haberlos tenido para crear
algún tipo de ejército o arma de gran calibre.
—Hijos
de puta —masculló.
—Lo
siento —susurró Naruto con voz lastimera.
Su
ira se apagó en un instante y se concentró en su amigo, levantándole la cabeza
de nuevo. Vio la culpa en sus hermosos ojos azules, cosa que no le gustó.
—Escúchame
bien, tú no tienes la culpa de esto, ¿de acuerdo? No quiero que te sientas mal
por esos bastardos, no se lo merecen, ¿me oyes?
Su
rubio le recompensó con una sonrisa. Fue pequeña, pero sincera.
—Gracias,
Sasuke —dicho esto, lo abrazó.
No
dudó ni un segundo en devolverle el gesto, envolviéndolo en sus brazos. Era
agradable volver a estar tan cerca de Naruto, no solo en el plano físico, sino
también en el emocional. De haber sabido antes todo eso, no se habría mantenido
alejado, sino que habría estado a su lado para ayudarlo. Ya era bastante jodido
descubrir que unos bastardos enfermos intentaban dejarlo embarazado como para
añadir que querían quitarle a sus hijos.
Al
pensar en eso, se estremeció al pensar en una posibilidad.
—Naruto,
sé que esto es difícil para ti, pero necesito saber algo.
Este
se separó un poco para mirarlo a la cara, pero no deshizo el abrazo. Eso le
gustó.
—¿El
qué?
—Tú…
¿Tú estás…? —No se sentía cómodo preguntando eso, pero necesitaba saberlo, al
fin y al cabo, les afectaba a los dos.
Sin
embargo, Naruto entendió lo que quería decir y suspiró.
—Tsunade
me hizo una prueba, mañana lo sabremos seguro —dicho esto, notó que su cuerpo
se estremecía.
Sasuke
lo abrazó fuertemente para reportarle seguridad.
—Tranquilo,
no pasa nada.
—¿Qué
haré si estoy embarazado, Sasuke? —le preguntó el rubio, temblando—. Solo tengo
diecisiete años, no soy más que un crío inmaduro que apenas tiene la menor idea
de lo que hay que hacer con un niño, no sé qué necesita ni qué hacer para
cuidarlo… Ni siquiera tuve padres o familia. ¿Cómo demonios voy a actuar como
tal si ni yo sé lo que se siente el ser hijo de alguien? ¿Qué voy a…?
—Naruto,
para —ordenó Sasuke con firmeza.
Este
lo miró con desesperación.
—Sasuke,
yo no…
El
Uchiha sostuvo su rostro con una mano, obligándolo a mirarlo. Sus ojos negros
ardían de determinación.
—No
harás esto solo, Naruto —le dijo, esta vez acariciándole la mejilla con una
ternura que derritió al rubio—. Yo estaré contigo en todo momento, antes y
después de que nazca el bebé. Cuidaré de los dos, podrás contar conmigo siempre. —Al ver la sorpresa
en su compañero, su mirada se oscureció—. ¿Creías que no me haría cargo de nuestro
hijo? ¿Que te dejaría de lado y actuaría como si nada hubiera pasado?
Naruto
bajó la mirada, avergonzado.
—Tú
no pediste un bebé.
—Ni
tú tampoco, Naruto —lo sermoneó Sasuke, molesto porque sabía a dónde iban sus
pensamientos—, lo que pasó no fue culpa tuya —dicho esto, lo estrechó contra su
cuerpo y enterró una mano en su cabello—. Ninguno de los dos quería que pasara
esto, pero, si estás embarazado, yo estaré contigo pase lo que pase. Te lo
prometo.
El
rubio lo miró con emoción y, sin previo aviso, le dio un beso en la mejilla.
—Gracias,
Sasuke —y lo abrazó con fuerza.
Sasuke
no pudo contener una sonrisa mientras lo estrechaba contra sí. En ese preciso
instante, era feliz. Naruto nunca lo había odiado, solo había estado asustado
por toda la situación a la que se enfrentaba; aún lo quería en su vida, a su
lado, y ahora lo tenía entre sus brazos y además había conseguido un beso suyo.
Sí,
podía ser un poco tonto, pero le gustaba estar así. Estaban solos y abrazados
en el sofá, intercambiando muestras de afecto. Ojalá pudiera ser así siempre,
ojalá él y Naruto pudieran…
Cerró
los ojos con fuerza y hundió el rostro en el hueco de su cuello. Olía muy bien,
a canela y manzanas, aunque no tenía ni idea de cómo podía tener un aroma tan
delicioso dado que siempre estaba comiendo ramen, pero eso no impidió que le
rozara la piel con la nariz, disfrutando de su dulce esencia. En un momento
dado, no pudo resistirse a acariciarle con los labios, anhelando poder tocarlo
como realmente deseaba…
Y,
entonces, notó cómo la piel de Naruto se erizaba y su cuerpo se tensaba.
Sasuke
se quedó paralizado. Reconocía esa reacción, ¿cómo no iba a hacerlo cuando
había dedicado esos días a rememorar una y otra vez las cosas que su rubio y él
habían hecho mientras estaban apresados? Queriendo estar seguro de que no eran
imaginaciones suyas, rozó un beso en su garganta y notó encantado cómo Naruto
se estremecía entre sus brazos.
Su
corazón palpitó con fuerza. Puede que no fuera el único que sentía que había
algo especial entre ellos, puede que aún tuviera la oportunidad de estar con
Naruto, pero, esta vez, haría las cosas bien. No habría drogas, ni estarían
encerrados, ni nadie los obligaría a estar juntos. Lo conquistaría, y empezaría
por seducirlo. Recordaba muy bien lo que le gustaba a ese rubio travieso y
sensual, lo había hecho gemir y retorcerse durante horas bajo su cuerpo…
Más
seguro de sí mismo, volvió a besarlo en la base del cuello, suavemente, como si
fuera una simple muestra de afecto, y contuvo una sonrisa al percibir cómo
Naruto se removía un poco, aunque parecía no querer separarse tampoco. Decidido
a averiguar hasta qué punto sentía algo por él, siguió besándolo en el cuello,
ascendiendo por su dulce piel hasta su garganta.
—Sasuke
—murmuró Naruto, haciendo amago de separarse.
Sin
embargo, él no iba a permitirlo, no si existía la posibilidad de que lo viera
como algo más que un amigo. De modo que lo apretó contra su cuerpo y puso sus
labios en su oreja.
—Quieto
—ordenó con firmeza. Cuando habían estado drogados, él había sido un poco
dominante con Naruto y a él le había encantado. Había obedecido cada orden suya
dócilmente, gimiendo excitado, y sabía que lo había disfrutado cuando había
estado sobre su cuerpo, follándolo de todas las formas que se le ocurrían, ya
fuera restringiéndolo o no, su rubio le había suplicado por más.
Sonrió
al darse cuenta de que Naruto se estremecía ante su tono de voz y que volvía a
permanecer inmóvil. Eso es, solo tenía que cerrar los ojos y dejárselo todo a
él, se encargaría de que cada beso y cada caricia fueran tan placenteros que no
querría volver a apartarse de su lado.
No
perdió el tiempo, no quería que Naruto recuperara la lucidez y creyera que lo
que estaban haciendo era malo, o que su amistad valía más que lo que había
realmente entre ellos. Puede que hubieran descubierto sus sentimientos de un
modo horrible, pero eso no quería decir que fueran insanos o siniestros, o
cualquier otra cosa malvada. Puede que él no fuera un santo, pero lo que sentía
por su rubio era puro, aunque estuviera mezclado con lujuria. Y Naruto… Naruto
no tenía ni una pizca de maldad dentro de él, a pesar de lo que la aldea había
pensado durante muchos años, a pesar de la soledad que lo había perseguido
durante toda su vida. Él se había convertido en un ser de luz que lo había
salvado de la oscuridad: evitó que se fuera con Orochimaru y estuvo a su lado,
apoyándolo, cuando mató a Itachi y se enteró más tarde de lo que había ocurrido
realmente con su clan.
Se
merecía todo lo que pudiera ofrecerle, aunque no fuera gran cosa, solo su
corazón, su alma y su cuerpo. Todo lo que era y tenía, le pertenecía ahora. De
modo que no podía dejar que Naruto pensara que lo que sentían era algo perverso
por cómo había empezado. Debía demostrarle que era algo dulce y cálido, con sus
momentos de pasión, por supuesto, pero no era solo físico, sino profundo y
emocional.
Así
que continuó besándolo, esta vez usando su lengua para dejar un húmedo rastro
de fuego por su cuello, haciendo que este temblara entre sus brazos, pero, en
esta ocasión, no se apartó, sino que sus manos se aferraron a sus hombros
mientras dejaba escapar un suspiro suave de placer. Gruñó un poco, saboreando
el triunfo y enterrando una mano en el cabello de Naruto para echar su cabeza
hacia atrás y que le diera total acceso a su garganta. Su futuro amante no se
resistió lo más mínimo, incluso vio que estaba un poco sonrojado, sin duda
alguna por sus besos.
Aprovechó
el control que tenía sobre él para descargar su pasión en la piel sensible de
su cuello; besó, lamió, chupó y mordió todo cuanto hubiera a su paso,
asegurándose de marcarlo para que todos supieran que ese rubio ya estaba
cogido. La sola idea de que esas chicas lo persiguieran o que Sai volviera a
estar detrás de él para “cuidarlo” lo llenaba de furia y de un sentimiento de
posesividad muy fuerte, hacía que quisiera coger a Naruto y llevarlo a un lugar
donde pudieran estar solos para siempre, sin nadie que los molestara para
poseerlo una y otra vez, demostrándole que le pertenecía. Por suerte, esa
sensación desapareció rápido después de que su rubio gimiera su nombre en un
momento en el que le mordisqueó debajo de la oreja, haciendo que su polla se
hinchara. Dioses, había fantaseado muchas veces con volver a escuchar los
eróticos sonidos que hacía cuando follaban, pero la realidad era mucho mejor
que la imaginación.
—Sasuke…
Ah… Mmm… —murmuraba en voz baja, apretándose contra su cuerpo.
—Eso
es, gime para mí —gruñó él antes de morderlo, haciendo que a su rubio se le
escapara un grito ahogado de placer que lo puso aún más duro.
Naruto
no solo gimió para su deleite, sino que, además, empezó a frotarse contra su
cuerpo. Sasuke habría rugido de puro deseo si no fuera porque su primer
instinto fue marcar duramente su cuello y agarrarlo de las nalgas para
apretarlas y animarlo a seguir moviendo sus sensuales caderas de arriba abajo
sobre su miembro. El rubio chilló otra vez ante la ardiente sensación de tener
los dientes de Sasuke sobre su piel, sabiendo que al día siguiente tendría una
marca roja muy visible, pero no le importaba. Lo único que importaba era que él
también le deseaba, contra todo pronóstico, pero lo hacía, era imposible
ignorar la erección contra la que se estaba restregando desvergonzadamente.
Estuvieron
así durante unos minutos, acariciándose por todas partes, rememorando el cuerpo
del otro de un modo tan íntimo como intenso, sumiéndolos en una neblina de
deseo que los dejó jadeantes y ansiosos por volver a perderse en la dulce
agonía de la pasión y la lujuria, dejándose llevar por los placeres que solo el
otro podía proporcionarle. Sin embargo, se resistieron a rendirse aún, había
cosas que debían tratar y, por eso, al cabo de un rato, ambos se separaron,
solo lo suficiente para poder mirarse a los ojos.
Ninguno
necesitaba palabras para decir lo que había en su corazón, siempre les había
bastado con una mirada para entenderse. Ambos se desnudaron ante el otro,
negándose a ocultar por más tiempo lo que sentían: Naruto, totalmente
sonrojado, le mostró a Sasuke con una tierna timidez el fuerte vínculo que
hacía tiempo que los unía y que se había reforzado tras la última misión,
convirtiéndose en algo más, una dulce mezcla de amor y deseo que todavía lo
ponía un poco nervioso; mientras que Sasuke no dudó en dejar ver el hambre
cruda que lo consumía, pero no era una mirada únicamente lasciva, había un
fuerte sentimiento protector tras su lujuria, un anhelo profundo de no solo
poseer el cuerpo de su rubio, sino también de conquistar su corazón.
Los
dos se sintieron aliviados y felices al ver que sus mudas emociones eran tan
clara y sinceramente correspondidas, y se abrazaron con fuerza, enterrando sus
rostros en el hueco del cuello del otro, aspirando el aroma de su pareja y
disfrutando del contacto físico tan íntimo que compartían.
—Naruto…
—murmuró Sasuke, estrechándolo contra sí—. No sabes lo mucho que te echaba de
menos.
El
rubio sonrió un poco. El Uchiha nunca había sido de los que se abrían
fácilmente y expresaban lo que sentía, por eso sabía lo importante que era que
lo hubiera hecho esa vez y él no dudaría a la hora de corresponderle, quería
que supiera lo mucho que lo quería también.
—Y
yo a ti, Sasuke —admitió, separándose para acariciar su rostro. Vio cómo
cerraba los ojos y se entregaba a los dulces roces de sus dedos—. Siento que
creyeras que pensaba mal de ti después de la misión, es que… Me ponía muy
nervioso cuando quería hablar contigo.
—¿Por
esto? —le preguntó él al mismo tiempo que deslizaba sus manos por su torso, una
por la espalda y la otra por su pecho, la cual se coló bajo su camiseta para
acariciar su plano vientre. Naruto no pudo evitar arquearse contra él, se
sentía demasiado bien volver a tener sus grandes manos varoniles sobre su piel
desnuda.
—Sí
—gimió.
Los
ojos de Sasuke se volvieron voraces al contemplar la reacción de su rubio. Dejó
que su mano subiera hasta sus pezones, gruñendo encantado al notarlos duros y
erguidos, como si quisieran llamar su atención. Bien, pues lo habían logrado a
la perfección.
—Yo
también pensaba en ti, en esto —admitió con la voz ronca por el deseo, sin
dejar de tocar eróticamente a su amante—, en lo que hicimos cuando nos
drogaron. Sé que no estuvo bien lo que nos hicieron, pero no podía dejar de
soñar con tenerte otra vez bajo mi cuerpo, de hacerte lo mismo.
Naruto
lo miró con sus ojos llameantes de pasión.
—No
me gusta lo que nos hicieron, pero no me arrepiento de lo que hicimos.
Sasuke
sintió que se le quitaba un peso de encima cuando escuchó esas hermosas
palabras. Se alegraba de que no hubiera ninguna clase de resentimiento por lo
que habían hecho, eso habría complicado su relación, pero ya no tenía que
preocuparse, a Naruto le gustó lo que hicieron.
—Yo
tampoco, pero habría deseado que las cosas fueran de otra manera —dicho esto,
cerró los ojos y volvió a abrazar a su pareja, metiendo ambas manos bajo su
camiseta para sentir su piel suave y cálida, la misma que lo había enloquecido
en aquella celda por el deseo ardiente de sentirse envuelto por ella—. No sabes
lo mal que lo pasé al creer que me odiabas. Creía que te había perdido, que no
querrías volver a saber nada de mí.
Naruto
se apartó entonces de él. No mucho, solo lo suficiente para tomar su rostro
entre sus manos y que lo mirara a los ojos.
—Yo
nunca podría odiarte, Sasuke. Eres… —Hizo una pausa, tragando saliva ante lo
que estaba a punto de decir—. Eres la persona a la que más quiero en este
mundo, la que lo significa todo para mí. No importa lo que pase, yo siempre
estaré contigo —y dicho esto, lo besó en los labios.
Sasuke
gimió y le correspondió sin pensarlo. La boca de Naruto era dulce y suave, le
transmitía todo el amor que afirmaba sentir por él. No estaba seguro de si
alguien como él, que escogió un camino oscuro y solitario para poder cumplir su
venganza, merecía a ese rubio, pero era demasiado egoísta como para renunciar a
su corazón, a todo lo que le ofrecía sin reservas. Lo único que podía hacer era
esforzarse y dar lo mejor de sí para hacerle feliz cada día, para que nunca se
arrepintiera de haberlo escogido a él.
Eso
significaba que tenía que hacer las cosas bien… Empezando por esto.
Se
separó de Naruto, dejándolo un poco confundido, pero le sonrió y le cogió de la
mano, ayudándole a levantarse antes de guiarlo por el apartamento.
—Sasuke,
¿a dónde vamos?
—A
tu habitación —respondió.
—¿Por
qué? —preguntó Naruto cuando ya estaban entrando en la pequeña estancia.
Sasuke
lo soltó y fue a encender la lamparita de luz y echar las cortinas, no quería
que algún mirón que pasara cerca viera lo que estaba a punto de hacer con su
rubio. Una vez todo estuvo como quería, se volvió hacia un sonrojado Naruto, que
probablemente ya había adivinado lo que tenía intención de hacer.
Se
acercó a él y lo tomó por la cintura, pegando su cuerpo al suyo y mirándolo con
seriedad.
—Esta
vez no hay drogas. Nadie nos está obligando a hacer esto —dicho esto,
entrecerró los ojos y le acarició el labio inferior—. Será como nuestra primera
vez y no quiero que sea un simple calentón en el sofá. Tiene que ser en tu
cama. —Entonces, una sonrisa pícara se asomó en su rostro—. Ahora, desnúdate
—ordenó, apartándose un poco para dejarle espacio.
Naruto
enrojeció, no solo porque quería que se quitara la ropa delante de él, sino por
lo que estaba haciendo; Sasuke quería que fuera especial para los dos, aunque
no lo hubiera dicho con esas palabras, pero era evidente cuando se había tomado
la molestia de llevarlo hasta allí y cerrarlo todo para tener intimidad.
Además, conocía a su compañero desde hacía muchos años, jamás había mostrado
interés romántico o sexual en nadie, así que sabía que lo que estaba haciendo
no era ningún numerito para tenerlo entre sus piernas. Le importaba de verdad. Solo
tenía que recordar su estado cuando había ido hasta su casa, ofuscado y
temeroso porque le odiara.
Si
él había sido capaz de abrirse a él de ese modo, y de prepararlo todo para
ellos, él podía desnudarse ante sus ojos. Es más, ya habían estado desnudos
antes, y muy juntos, pero en aquella ocasión las drogas no le habían dejado
sentir vergüenza.
Tragó
saliva y se quitó la camiseta, procurando no buscar sus ojos, aunque tampoco le
hacía falta para sentir su ardiente mirada sobre su cuerpo, devorándolo. Se
atrevió a encontrarse con esos orbes negros como una noche sin luna, y ahí
estaban, comiéndose sus pezones como si fueran el manjar más delicioso sobre la
faz de la tierra. Eso le hizo sentirse más confiado y, lentamente, enganchó los
dedos en la cinturilla de los pantalones, cogiendo también la de su ropa
interior, y se los bajó despacio por las caderas, dejando que se deslizaran
después por sus piernas desnudas, quedándose arremolinados en sus pies.
Sasuke
se sentía arder ante la innata sensualidad de su amante. Había comenzado a
quitarse la ropa con una timidez que le resultaba adorable, pero luego había
notado su cambio de actitud a uno más seductor y provocativo que, joder, le
había puesto a mil. Era una de las cosas que más le atraían de Naruto, era
tierno y sensual a la vez, lo volvía completamente loco. Y ahora que lo tenía
desnudo ante él, mostrándole su cuerpo, sentía que perdería el control en
cualquier momento, llevaba demasiado tiempo deseándolo y fantaseando con estar
juntos en la misma cama, desnudos y gimiendo por las olas de placer que se
provocaban el uno al otro.
Aguanta,
todavía no, se dijo a sí mismo, recordándose que esa sería su primera vez sin
drogas. No quería estropearlo todo solo porque estuviera caliente como el
infierno, quería que fuera especial para Naruto y que recordara aquel momento
como algo dulce, no como sexo salvaje. Ahora tendrían todo el tiempo del mundo
para eso. Pero, en esa ocasión, quería que fuera una experiencia tierna y
cariñosa, por muy salido que estuviera.
—Súbete
a la cama —ordenó con una voz tan grave que no se reconocía a sí mismo.
Naruto
le lanzó una mirada de pura lujuria y fue hacia él despacio, contoneando las
caderas de un modo tan erótico que casi pudo oír cómo su polla gritaba de
frustración, anhelando librarse de los pantalones que la oprimían.
Su
sexy rubio se plantó frente a él, a escasos centímetros de su cuerpo, y apoyó
las manos en su vientre. Aspiró
aire entre dientes cuando las sintió colarse bajo su camiseta para acariciar
sus abdominales,
que se contrajeron ante el delicado roce de sus dedos.
—Ven
conmigo —murmuró su amante en voz baja antes de lamerle el labio inferior.
Él
gruñó, absolutamente cautivado por su travieso compañero y le agarró las
caderas, sintiéndose muy tentado a descender hasta ese trasero al que se había
vuelto adicto.
—Pronto
—gruñó. Necesitaba un momento para calmarse, por eso quería que Naruto se
adelantara, lo último que deseaba era ser un bruto con él—. Tengo que quitarme
la ropa antes —puso como excusa.
Sin
embargo, a Naruto no le bastaba eso, así que le dio un beso húmedo a Sasuke,
metiéndole la lengua para acariciar la de él y tentarlo a permanecer justo
donde estaba. Por supuesto, el varón no pudo resistirse a la seductora danza de
su boca y le correspondió al instante, estrechando su cuerpo contra el suyo y
bajando sus manos hasta sus nalgas, que masajeó con pasión. El rubio no pudo
contener un gemido al sentir que su entrada se estaba mojando, solía ocurrir
cada vez que se había encontrado con Sasuke, pero esta vez la sintió palpitar
de necesidad, probablemente porque al fin iba a hacer sus fantasías realidad.
Aprovechando
que Sasuke parecía estar muy distraído con su boca y su culo, cogió el bajo de
su camiseta y se la subió, queriéndolo tan desnudo como él, había echado de
menos su cuerpo duro y fuerte y quería volver a sentirlo frotándose contra el
suyo. Al saber lo que quería, su amante levantó los brazos y le ayudó a
quitarse la dichosa prenda antes de volver a apoderarse de su boca con avidez.
Naruto le cedió todo el control, sabía lo mucho que le gustaba dominarlo y,
¿para qué mentir?, resultaba que esa faceta de Sasuke en la cama lo excitaba
muchísimo. Por supuesto, había disfrutado las muchas veces que lo había
montado, que lo había atado a la cama y jugado con su polla hasta que este se
había librado de sus ataduras y abalanzado sobre él para castigarlo de un modo
salvaje y apasionado, pero había algo en su forma de controlarlo que le gustaba.
No lo sometía, más bien… Lo seducía hasta que se rendía a él. Recordaba muy
bien el delirio sexual en el que se había sumergido cuando su amante le había
metido los dedos hasta el fondo, una y otra vez, hasta que había accedido a
obedecerlo, o que le había masturbado, ya fuera con sus manos o con su boca.
Fuera
como fuera, se había sentido bien y quería repetirlo. Sabía que Sasuke también
quería, pero se estaba conteniendo por alguna razón, tal vez porque ya tenía
algo pensado, sin embargo, no deseaba que se abstuviera de hacer con él lo que
quisiera, esa barrera ya la habían pasado hace mucho, a pesar de que hubiera
sido contra su voluntad.
Por
eso se había atrevido a tentarlo.
Queriendo
llevarlo más lejos, dejó que sus manos pasearan por su torso, arrastrando las
uñas por su espalda en primer lugar, haciendo que Sasuke gruñera y lo besara
con una ferocidad digna de un animal salvaje al mismo tiempo que clavaba sus
dedos en su culo con deseo, haciéndole gemir. Ah… Él quería esos dedos en otra
parte de su cuerpo que estaba mojada y anhelante de atención y sabía cómo
conseguirla.
Sin
dudarlo, abrió más la boca para su amante, dejando que le hiciera el amor con
su lengua y gimiendo sonoramente, era consciente de lo mucho que le gustaba oír
sus gemidos de placer, tampoco es como si le costara mucho hacerlo ya que le
encantaba la forma en la que lo tocaba. Después, deslizó las manos por su
pecho, delineando cada abdominal tenso y ascendiendo hasta sus pectorales,
donde se detuvo para arañar suavemente sus pezones.
Sasuke
lanzó un gruñido fuerte y, de repente, lo agarró por la cintura y lo empotró
con la pared. No le hizo daño, sabía que él nunca lo haría a propósito, pero
fue suficiente para que fuera plenamente consciente de su necesidad por
follarlo. Para él estaba bien, mejor que bien, lo deseaba. No opuso resistencia
cuando su amante empezó a morderle de nuevo el cuello, dejando marcas, ni
tampoco al sentir sus dedos jugando con sus pezones, que le dolían por el deseo
de que los chupara. Aun así, eso no lo distrajo de su objetivo y bajó las manos
hasta sus pantalones. Se los desabrochó con rapidez, liberando su miembro, que
notó duro y listo para embestirlo, y luego los dejó caer hacia abajo.
El
varón le agarró de repente un muslo y lo levantó sin esfuerzo, pillándolo
desprevenido y haciendo que se desequilibrara, pero Sasuke estaba preparado
para eso y lo sujetó, impidiendo que se hiciera daño.
—Envuelve
la pierna alrededor de mi cadera —ordenó.
Naruto
se mordió el labio inferior, notando que su entrada se humedecía, y obedeció,
pensando que iba a follarlo contra la pared. Sin embargo, Sasuke solo lo
penetró con un dedo sin previo aviso, aunque eso no evitó que chillara a causa
del placer.
Su
amante le sonrió con picardía.
—¿Creías
que no sabía lo que estabas haciendo? —preguntó en un tono sugerente,
embistiéndolo esta vez con dos dedos, disfrutando al ver cómo su rubio echaba
la cabeza hacia atrás, soltando otro grito de puro gozo—. Si querías correrte
solo tenías que pedírmelo, Naruto —dicho esto, se inclinó sobre su oído,
lamiéndole el lóbulo de la oreja—. Te haré todo lo que quieras, te daré todo lo
que quieras… Así que, dime, ¿qué quieres? —ronroneó, penetrándolo una vez más
con los dedos.
Naruto
le arañó la espalda seguido de un agudo grito de éxtasis. Joder, le encantaba
sentir sus uñas sobre su piel, era como si le estuviera pidiendo que lo follara
ya. Bueno, en realidad, era eso lo que quería, por eso lo había estado
seduciendo, pero, aun así, le gustaba torturarlo un poco.
—A
ti… Solo te quiero a ti —gimió su rubio.
Su
respuesta lo dejó paralizado.
Lo
había dicho, en voz alta.
—¿Sasuke?
—lo llamó Naruto, frustrado porque había dejado de tocarlo.
—Dilo
otra vez.
—¿Qué?
—preguntó, confuso.
Sasuke
lo miró seriamente a los ojos.
—Repite
lo que has dicho.
Naruto
comprendió a lo que se refería y sonrió. Tomó el rostro de su compañero, amigo,
familia y ahora amante entre sus manos, y le dijo:
—Te
quiero, Sasuke.
Este
notó cómo se le oprimía el pecho. Por un instante, su corazón dejó de latir
antes de echarse a golpear frenético sus costillas, se le formó un nudo en la
garganta y una oleada de emoción lo embargó, haciéndole temblar levemente.
Él
también lo amaba.
Más
de lo que nunca había amado a nadie, lo era todo para él.
Quiso
decírselo, quiso que supiera que era lo más importante para él, la forma en la
que había cambiado su vida por completo. Sin Naruto, habría acabado perdido en
un mar de tinieblas. Se habría rendido al odio que lo consumía y a saber dónde
habría terminado, tal vez en las garras de Orochimaru, puede que en las de
Akatsuki, quién sabe. Pero no pudo hacerlo, las palabras se le quedaron
atascadas en la garganta, ahogadas por la emoción.
Queriendo
expresar de algún modo lo que sentía por él, lo cogió por las caderas y lo
levantó sin miramientos para llevarlo a la cama, haciendo que Naruto,
sobresaltado, envolviera sus brazos y piernas alrededor de su cuerpo. Él gruñó,
notando cómo su polla palpitaba adolorida por tener su suave cuerpo contra el
suyo, abrazándolo íntimamente. Podría haberlo follado ahí mismo, de pie, o
contra la pared, pero eso no reflejaría sus sentimientos por su rubio, era
demasiado crudo, por muy placentero que fuera, y quería mostrarle que lo que
sentía era algo más profundo que una simple conexión física.
Así
que lo condujo a la cama y lo depositó suavemente en el colchón, colocándose
encima para besarlo con ternura, gimiendo al sentir cómo la lengua de su amante
buscaba la suya para enlazarse en una danza íntima, suave y húmeda. Devoró sus
labios al mismo tiempo que su cuerpo descendía sobre el de Naruto para
frotarse, admirando su piel tersa y cálida, disfrutando de las caricias que le
dedicaba a su espalda y a los mechones de su cabello, donde enterró sus dedos,
como si quisiera acercarlo a él. No le negó su deseo y se tumbó sobre él,
gruñendo excitado al notar que su rubio abría las piernas para dejarle espacio
entre ellas, exponiendo su dulce entrada a su miembro henchido.
—Naruto…
—murmuró, enterrando su rostro en el hueco de su cuello para darle un largo
lametón en la garganta—. Más despacio.
Este
le respondió presionando más sus nalgas contra su polla, haciendo que por fin
rozara su humedad. Gruñó al sentir lo mojado que estaba y no pudo resistirse a
meter la punta en su interior, jadeando al percibir lo mojado que estaba,
perfectamente preparado para él.
—No
—gimió Naruto, mirándole con ojos cargados de deseo—. Sasuke, por favor, ahora.
Él
gimió, sabiendo que no podría negarse a una petición así, sobre todo cuando
había estado soñando con ese momento y su rubio se lo pedía con ese tono de voz
tan sexy, lleno de necesidad, las mejillas sonrojadas, los pezones erguidos y
su cuerpo tan dispuesto. ¿Cómo podría decirle que no, cuando estaba tan listo
para él? Cerró los ojos y se reposicionó sobre él a la vez que lo besaba
profundamente, haciéndole el amor con la lengua y enredando sus dedos en su
cabello. Naruto murmuró su nombre y arrastró sus manos por su rostro, sus
hombros, sus brazos, su torso, hasta llegar a su trasero, apretándolo para
animarlo a embestirlo.
Lo
hizo con una sola embestida, soltando un jadeo. Su polla se deslizó fácilmente
en su húmedo y estrecho interior, dándole una ardiente acogida y apretándose a
su alrededor como si no quisiera que se alejara jamás. Naruto se arqueó contra
él, gimiendo muy fuerte, recordaba lo sensible que había sido en aquella misión
a sus caricias y lo fuerte que había sentido el sexo, por eso era genial follar
con él, sus reacciones siempre lograban ponerlo aún más duro de lo que ya
estaba.
Movió
las caderas, separándose lentamente de él, haciendo que gimoteara y le
suplicara que regresara. Y lo hizo, lo penetró de nuevo con firmeza, provocando
que su hermoso rubio gritara de placer.
—¡Aaaah!
¡Sasuke!
—Suave,
Naruto, suave —lo arrulló él, saliendo de su cuerpo para regalarle una fuerte
embestida que lo hizo chillar de nuevo. Le encantaba verlo así, sumido en las
garras de la lujuria, y saber que él era el único que podía hacerle sentir de
ese modo, ser el único que podía poseerlo en cuerpo y alma. Se inclinó para
mordisquearlo debajo de la oreja y murmurar—. Llevo deseándote mucho tiempo y
quiero tenerte así durante horas, gimiendo mi nombre y suplicando que te folle
una y otra vez. Así que solo déjame a mí y disfruta de esto —dicho esto,
continuó con el lento vaivén de sus caderas.
Naruto
no opuso la menor resistencia, se limitó a hacer lo que Sasuke le decía y a
dejarse llevar por las crestas de placer que lo asolaban. Su amante le hizo el
amor despacio y sin prisas, aunque sus embestidas eran firmes y posesivas, lo
suficiente como para llevarlo tan cerca del orgasmo que acabó suplicándole al
varón que lo golpeara más fuerte. Sin embargo, este parecía estar determinado a
torturarlo y dejarlo temblando de deseo y necesidad, devorando su boca,
marcando su cuello con los dientes y chupando sus pezones cuando más se
descuidaba. El rubio lo aceptó todo y se entregó a él, disfrutando muy a su
pesar de cada erótica caricia, hasta que al fin lograba llegar a un orgasmo que
se alargaba deliciosamente, pues Sasuke no dejaba de penetrarlo sin cesar con
lánguidas embestidas que volvían a sumirlo en una sensual agonía.
—Aaaaaah…
Sí, Sasuke… Mmm… —gimió cuando se corrió de nuevo, sintiendo que su cuerpo
tiritaba y que su entrada estaba tan mojada que hasta la humedad se escurría
por sus nalgas. No podía importarle menos, solo existían él, Sasuke y el
placer.
Este
ronroneó con los ojos entrecerrados por la lujuria, rozándole los labios
entreabiertos con un pulgar.
—Eso
es, Naruto, me encanta verte así.
—Más…
—gimoteó, moviendo las caderas contra las de Sasuke, intentando que lo golpeara
más profundo—. Más fuerte…
Sasuke
gruñó complacido al ver el estado de éxtasis en el que se encontraba su rubio y
cómo pedía que lo follara más duro. Sabía que si lo hacía no podría contenerse,
su polla ya estaba palpitando por la necesidad de correrse, le sorprendía no
haberlo hecho ya dado el tiempo que había estado separado de su rubio.
Se
inclinó y le mordisqueó el labio inferior, ya hinchado por sus besos. Aun así,
su Naruto gimió encantado y sacó la lengua para tentarlo a unir sus bocas en
otro húmedo beso y, si lo hacía, esta vez perdería el control.
—Todavía
no —dijo con firmeza, pese a estar jadeando por el deseo—. Quería que fuera
especial y mi idea es darte muchos orgasmos antes de eso… ¿Qué tal unos cinco
más? —preguntó con una maliciosa sonrisa antes de golpear ese sexy trasero con
fuerza, haciendo que tanto él como su hermoso amante gimieran al unísono, con
fuerza. Joder, su entrada estaba tan resbaladiza que daba igual lo estrecho que
fuera, podía deslizar su polla por ella al ritmo que quisiera, lento o rápido,
eróticamente lánguido o ardientemente duro. Apretó los dientes, conteniendo la
necesidad de correrse ya dentro de él.
Naruto
gimoteó:
—Sasuke,
por favor… No podré soportarlo.
—Claro
que sí, claro que puedes, mira. ¡Mmm! —gruñó al penetrarlo solo un poco más
rápido, buscando ese punto dentro de su rubio que lo hacía clavarle las uñas en
el culo.
En
efecto, su joven pareja gritó su placer a los cuatro vientos, derramando su
humedad sobre su polla. Ah, mierda, se sentía genial. Un poco más y podría…
Volvió
a ralentizar el ritmo, contemplando el rostro de Naruto, totalmente rojo y con
los ojos entreabiertos, mirándole con una pasión arrolladora, suplicándole que
acabara con aquella erótica tortura y, al mismo tiempo, deseando que
continuara.
—¿Lo
ves? Solo te faltan cuatro —se burló de él, controlando que pudiera aguantar
ese tiempo.
Naruto
fue a replicar, pero, antes de que pudiera decir nada, lo besó ferozmente a la
vez que volvía a golpear duramente sus nalgas. Sabía que estaba tan excitado
que tardaría muy poco en alcanzar la cima de nuevo. Aunque su miembro dolía
como el infierno, merecía la pena si lograba que su ardiente pareja tuviera la
primera vez que merecía, una llena de orgasmos que culminaran con sexo salvaje
y frenético.
Gimió
sonoramente cuando notó que se corría sobre su polla; no solo sentía su humedad
ahí, también la notaba en sus nalgas y ahora en sus muslos, estaba tan excitado
que hacer que llegara al clímax tres veces más sería pan comido, le bastaría
con unas pocas embestidas duras y seguidas, le haría gritar tan alto y con
tanta fuerza que el edificio retumbaría. Sin embargo, él estaba a punto,
necesitaba recuperarse un poco antes de…
Por
desgracia para él, Naruto tenía otras ideas y lo agarró del culo sin
miramientos. Entonces, golpeó sus nalgas contra sus caderas al mismo tiempo que
empujaba su trasero contra él para que la penetración fuera muy profunda y
dura.
Sasuke
soltó un alarido de deseo, tensando todos los músculos de su cuerpo.
—¡Sí,
Sasuke, así! ¡Fóllame! —lo animó su rubio.
No
pudo resistirse más. Impulsó sus caderas con fuerza dentro y fuera de su
entrada entre gemidos, dejándose llevar por el primitivo instinto de poseerlo,
demostrarle que era suyo, que ahora le pertenecía. Naruto se dejó hacer, sin
soltar sus nalgas en ningún momento, ayudándolo a embestirlo y mostrándole el
ritmo que quería. Cuando se adaptaron el uno al otro, Sasuke le cogió una mano
y entrelazó sus dedos con los suyos, galopando más fuerte sobre él, sintiendo
cómo su entrada apretaba su polla, signo de que estaba a punto de correrse.
Aguanta…
Aguanta…
—¡Aaaaaaaaah!
—aulló Naruto cuando alcanzó la cima con una violenta ola de calor.
Sasuke
se dejó ir en ese instante, aflojando por completo el poco control que le
quedaba y derramando su caliente semilla en el interior de su rubio. Gimió un
poco, tembloroso por la fuerza del orgasmo, y se dejó caer sobre su amante, que
lo recibió con el brazo que tenía libre, ya que su otra mano aún estaba
entrelazada con la suya.
Ambos
se quedaron así unos minutos, jadeando, recuperándose del intenso encuentro
sexual. Naruto le acariciaba la espalda a Sasuke y este enterró su rostro en el
cuello del otro, dándole pequeños besos cargados de afecto.
Al
cabo de un rato, el Uchiha fue el primero en separarse con cuidado, procurando
no hacerle daño al rubio. Este echó en falta rápidamente el calor de su cuerpo
cuando se levantó de la cama y desapareció unos instantes de la habitación, tan
solo para regresar con papel para limpiarlos a ambos. Naruto no pudo evitar
sonreír al ver el cuidado con el que quitaba los restos de sus orgasmos,
sonrisa que se amplió aún más cuando su pareja se acurrucó en su espalda,
abrazándolo después de cubrirlos con las sábanas.
Iban
a pasar su primera noche juntos. No tendría que volver a despertarse y ver que
estaba solo, sino que Sasuke estaría con él.
Correspondió
su abrazo y se pegó a su pecho, sintiéndose en paz y tranquilo por primera vez
en mucho tiempo, tal vez por primera vez en su vida. Cerró los ojos, dispuesto
a dormirse…
—Ahora
eres mío —declaró Sasuke de repente con firmeza—. ¿Lo entiendes?
Naruto
sonrió, sabiendo que eso era lo más parecido a una declaración de amor que
podría sacarle. Se dio la vuelta, sin apartar los brazos de Sasuke y le dio un
beso corto en los labios.
—Yo
también te quiero.
Las
facciones del Uchiha se relajaron y un brillo feliz apareció en sus ojos,
seguido de una de esas escasas sonrisas sinceras que rara vez veía, pero que
solían estar reservadas para él. Este se inclinó y le devolvió el beso antes de
estrecharlo contra su cuerpo.
—Todo
irá bien, Naruto —susurró en su oído mientras le acariciaba el vientre—. Yo
estaré a tu lado, pase lo que pase.
Ya
lo sabía. Ahora sí.
Naruto
abrió la puerta de la casa con toda la suavidad de la que era capaz y se asomó
para echarle un vistazo rápido, temiendo que Sasuke se encontrara allí.
Al
final, después de aquella fatídica misión, no se quedó embarazado, lo cual fue
un gran alivio para él y, hasta cierto punto, también para el Uchiha, aunque
este le admitió en secreto que la idea de tener un hijo de ambos le había hecho
ilusión.
De
todas formas, eso les permitió mantener una relación durante ocho maravillosos
años, los últimos dos los habían pasado en un feliz matrimonio. Cuando
empezaron a salir juntos hubo altibajos, por supuesto; ambos tenían
personalidades muy fuertes y estaban acostumbrados a estar solos y hacer las
cosas a su manera, por lo que era inevitable que discutieran de vez en cuando.
Las peleas más fuertes que tuvieron siempre acababan con uno de los dos
saliendo de la casa con un buen portazo, ambos necesitaban su espacio para
pensar y enfriarse.
Sin
embargo, jamás pasaban más de un día separados. En el fondo, eran conscientes
de que necesitaban al otro, de que no eran capaces de romper su relación porque
se amaban demasiado, así que, al día siguiente, normalmente al anochecer, uno
de los dos buscaba a su pareja, se reconciliaban y hablaban con más calma para
tratar de llegar a un acuerdo.
Puede
que no todo fuera un camino de rosas, pero esas peleas les ayudaron a ver hasta
qué punto podía llegar el otro, conocer los límites que tenían y, con el tiempo
y la llegada de la edad adulta, ambos lograron alcanzar un buen equilibrio.
Gracias a Naruto, Sasuke dejó de ser tan cerrado y asumir que tenía que hacerlo
todo solo, que aceptar ayuda no era como admitir una debilidad. Seguía siendo
bastante independiente y reservado, pero, con su rubio, siempre mostraba su
lado más afectuoso, le decía más a menudo lo que sentía y le confesaba sus
inseguridades. Por otro lado, Naruto aprendió de su pareja a ser más reflexivo
y maduro, más cauto en las misiones para que sus compañeros no estuvieran tan
preocupados por él, aunque no había perdido ni un ápice de hiperactividad ni
esa sonrisa que alegraba a todo aquel que la veía.
Sin
embargo, ese día en concreto, el rubio estaba convencido de que Sasuke le iba a
echar una bronca que haría explotar la casa, tendía a ser su reacción cuando
tardaba en volver de una misión. Había aceptado una de infiltración en el País
del Viento como una operación conjunta con la Villa de la Arena, lo había hecho
sobre todo para ayudar a Gaara, que había pedido expresamente a Naruto ya que,
con su técnica de Clones de Sombra, no tendría que preocuparse por estar en
inferioridad numérica en territorio enemigo y, además, era lo bastante poderoso
como para estar solo ante una banda entera de ninjas renegados, por no hablar
de que contaba con el apoyo de los nueve Biju, a los que podía invocar sin
problemas.
Se
suponía que iban a ser tres meses fuera, pero él había tardado dos semanas más
debido a cierto inconveniente. Si Sasuke ya odiaba que no lo enviaran a una
misión de ese tipo con él, que se retrasara más de lo previsto lo habría puesto
hecho una fiera por culpa de la preocupación. Naruto lo conocía lo bastante
bien como para saber que gritarle furioso era su forma de reaccionar ante el
miedo a perderlo y lo entendía, por eso intentaba llegar siempre a tiempo. Pero,
en esta ocasión, había sido imposible, no había previsto ni por un instante lo
que ocurría y tuvo que retrasarse un poco más.
Aguzó
el oído, a la espera de escuchar el grito iracundo de su marido… pero nada.
Tampoco percibía su chakra, sin embargo, no se fiaba del todo sin usar el Modo
Ermitaño, ya que a Sasuke se le daba muy bien camuflarse y ocultar su
presencia.
Cerró
la puerta con mucho cuidado y se adentró despacio en la casa que compartían,
esperando que apareciera en cualquier momento de la nada y lo inmovilizara de
algún modo para echarle una reprimenda. Sin embargo, respiró tranquilo al ver a
Takeru sobre el respaldo del sofá. Sasuke siempre dejaba a uno de sus halcones
en casa si tenía que salir para que le avisara de que había llegado.
—Hola,
Takeru —lo saludó, rascándole en el cuello.
El
ave inclinó la cabeza a un lado, aceptando las caricias.
—¿Estás
bien, Naruto? ¿Estás herido?
—Ya
estoy curado.
—Entonces
sabes que Sasuke se va a echar sobre ti como si fuera un león, ¿verdad? Al ver
que no regresabas estuvo a punto de fugarse de la villa para ir a buscarte,
Kakashi y Sakura lo retuvieron de milagro y Tsunade tuvo que encerrarlo hasta
que recibieron tu mensaje de que ibas a retrasarte. Estaba muy preocupado por
ti.
El
rubio se sintió culpable al saber lo mal que lo había pasado su esposo, pero
esta vez había un buen motivo y no quería que le gritara.
—Ve
a buscarlo y dile que estoy bien, yo me encargaré de él —suspiró—. Pero no
tengas mucha prisa, déjame unos minutos para que me prepare.
—Está
bien. Buena suerte con él —le deseó Takeru antes de abrir las alas y salir por
la ventana que Sasuke había dejado abierta para que pudiera salir sin problemas
a avisarle.
Naruto
no perdió el tiempo, sabía que el Uchiha era muy rápido y que llegaría en menos
de un minuto en cuanto el halcón le hubiera informado de su llegada, así que
dejó la mochila en el recibidor y subió corriendo las escaleras a la vez que se
deshacía de su ropa, dejándola tirada en cualquier parte. Sí, Sasuke también se
quejaría de eso, pero no podía detenerse a recogerla si quería librarse de sus
atronadores gritos.
Llegó
a la ducha y cerró la puerta, aunque no se molestó en echar el pestillo, su
marido la rompería con una patada igualmente, pero puso el agua caliente y echó
la cortina. Una vez esta empezó a caer sobre él, provocándole un suspiro de
placer (necesitaba un buen baño y relajarse después de una misión tan larga),
se colocó en posición para recibir a su furiosa pareja: apoyó las manos contra
la pared, inclinando su cuerpo de forma que su trasero estuviera alzado, siendo
lo primero que vería Sasuke al entrar, y separó los muslos como una clara
invitación para que se uniera a él para algo más que lavarse.
Sonrió
un poco, sabiendo que no podría resistirse a eso, no cuando habían estado tanto
tiempo separados. Incluso después de ocho años juntos, la química sexual que
había entre ellos no había disminuido demasiado y Sasuke se ponía especialmente
ansioso cuando regresaba de una misión peligrosa, como si necesitara tocarlo
para estar seguro de que era real y que estaba sano y salvo en sus brazos.
Bueno…
Pues eso era justo lo que iba a darle.
Para
reforzar su invitación, chupó dos de sus dedos y luego los usó para dilatar su
entrada con cuidado, después de todo, hacía más de tres meses que no había
tenido relaciones sexuales y dudaba que su marido pudiera calmarse lo
suficiente como para ser suave con él. Queriendo estar tan mojado como fuera
posible, cerró los ojos y pensó en la última vez que estuvieron juntos al mismo
tiempo que se tocaba lentamente. Sasuke siempre era muy… detallista, por
decirlo de algún modo, antes de irse a una misión. Podía pasar horas jugando
con él y marcando su piel, como si no quisiera que lo olvidara.
Como
si él pudiera hacer algo así. Si a pesar de la horrible experiencia en aquella
misión de hace tantos años no pudo olvidar a Sasuke, su cuerpo, sus besos, sus
caricias, mucho menos iba a poder hacerlo a esas alturas. La última vez, su
ardiente marido usó su lengua en su entrada durante toda la tarde, dejándolo
tan mojado que estuvo suplicando que lo follara. Y cuando lo hizo…
—¡Mmm!
—gimió, incapaz de contener un escalofrío de placer al recordar la intensa
sensación de su polla llenándolo, poseyéndolo. Ya había renunciado a tratar de
reprimir un poco lo fuerte que sentía el sexo con él, ya lo intentó una vez, al
poco de salir, por una tonta cuestión de orgullo que solo hizo enfadar al
Uchiha y le ocasionó un día entero de eróticas torturas.
Dios,
cómo deseaba repetir aquello. Le hizo gritar tantas veces que al día siguiente
estaba afónico, por no hablar de la leve cojera que tuvo y por culpa de la cual
estuvo fulminando con la vista al que era entonces su novio, que, por cierto,
sonreía orgulloso cada vez que trataba de matarlo con los ojos.
¡BLAM!
Naruto
pegó un salto cuando sus ensoñaciones fueron interrumpidas por un golpe
ensordecedor. Supo instintivamente que venía del piso de abajo, por lo que solo
podía ser…
—¡NARUTO
UCHIHA! ¡MÁS TE VALE QUE TENGAS UNA BUENA EXPLICACIÓN A POR QUÉ HAS ESTADO
QUINCE PUTOS DÍAS BRINCANDO POR AHÍ! ¡¡¡PORQUE TE JURO QUE TE DARÉ LA PALIZA DE
TU VIDA SI NO ES ASÍ!!!
Mierda,
Takeru se había quedado corto al decir que estaba hecho una fiera. Hacía mucho
que no lo escuchaba tan enfadado, desde que discutían cuando empezaron a salir
juntos, pero, aun así, jamás le había gritado de esa manera.
No
te acobardes, sigue con el plan, se dijo a sí mismo, por lo que se
penetró a sí mismo con más fuerza, pensando en las deliciosas embestidas que le
dedicó su esposo la última vez que estuvieron en esa misma casa, en la cama. Se
mordió el labio al sentir que estaba más húmedo, ni siquiera las pisadas
fuertes e iracundas de Sasuke hicieron que su deseo de volver a estar bajo su
cuerpo se enfriara.
¡PLAM!
Derribó la puerta del baño, tal y como había esperado.
—¡¿Y
TÚ QUIERES SER HOKAGE?! —rugió mientras el Uchiha andaba hacia la bañera—. ¡SI
NI SIQUIERA ERES CAPAZ DE LLEGAR A TIEMPO A TU PROPIA CASA!, ¡¿CÓMO COÑO
ESPERAS… que… tú…?! —su voz se fue apagando cuando corrió la cortina a un lado
de un tirón y se encontró con la erótica escena que le dedicaba su esposo.
Ahí
estaba su rubio, con su cuerpo desnudo y resbaladizo por las gotas de agua que
caían por su piel, apoyado contra la pared, con los muslos abiertos en una
clara demanda por llamar su atención, exhibiendo su redondo y firme trasero y
penetrando su dulce entrada con sus dedos.
La
sangre fue directa a su polla, que se hinchó dolorosamente y se rebeló contra
sus pantalones, anhelando ocupar el lugar que le pertenecía. Había estado más
de tres meses separado de su Naruto, echándolo de menos, sobre todo en la cama,
cuando no lo había tenido a su lado para acurrucarse en su espalda mientras lo
abrazaba y besaba, por no hablar de la preocupación que lo había atenazado cada
día, preguntándose si estaría bien y si sería descubierto, si le necesitaba
para cubrirle las espaldas.
Al
ver que no regresaba y que no había noticias sobre él, el miedo se apoderó de
él. Naruto comprendió tiempo atrás que él lo pasaba muy mal cuando no estaban
juntos en una misión, eso había hecho que fuera bastante puntual en ese
aspecto, o que al menos le comunicara que iba a retrasarse añadiendo que se
encontraba bien y que no se preocupara, que volvería pronto.
Pero
esa vez, no hubo nada, y se temió lo peor. Por eso intentó fugarse de la villa
para ir a buscarlo, necesitaba saber que estaba sano y salvo, o al menos que no
corría peligro mortal. Sin embargo, Kakashi se olió que intentaría algo así y
entre él y Sakura le tendieron una trampa para encerrarlo después en el
calabozo, como si fuera un vulgar criminal. Ellos trataron de tranquilizarlo,
pero no hubo manera de conseguirlo, él solo quería llegar hasta Naruto y matar
al desgraciado que le hubiera puesto las manos encima.
Pocos
días después de eso, llegó una carta de la Villa de la Arena, informando que
Naruto estaba bien, aunque tardaría más tiempo del previsto en regresar. Eso no
lo ayudó, que fuera Gaara quien le hubiera informado de la situación y no su
propio marido lo puso muy nervioso y se enfureció, a pesar de que prometió que
no trataría de volver a irse de la villa sin permiso. De hecho, esas dos
interminables semanas estuvo pensando todo el tiempo en lo que le haría a su
estúpido rubio cuando regresara, la bronca que iba a echarle encima por muy
aliviado que estuviera de que no le hubiera pasado nada grave. Y ahora,
mientras estaba entrenando, Takeru le informaba de que Naruto había llegado y
que estaba bien, lo cual significaba que era hora de su merecido castigo.
Sin
embargo, toda su furia se había evaporado al ver a su hermoso rubio bajo la
ducha, masturbándose y gimiendo suavemente. Este lo miró por encima del hombro
con el rostro un poco sonrojado y los ojos brillantes de deseo.
—Sasuke…
—ronroneó este con ese tono de voz tan sexy que siempre lograba hechizarlo—. Te
he echado de menos. Por favor, te necesito…
Sasuke
logró resistirse durante tres segundos exactos. Tres segundos en los que trató
de convencerse de que Naruto merecía un castigo por lo que le había hecho
pasar, uno que no implicara sexo, ya que ambos disfrutaban demasiado de eso.
Sin
embargo, pasado ese tiempo, lo envió todo a la mierda y se arrancó la ropa con
rapidez, dejándola tirada donde fuera. ¿Qué más daba? Lo importante era que su
rubio había vuelto y que estaba sano y salvo, por no decir que parecía muy
dispuesto a demostrarlo.
Y,
joder, deseaba esa demostración, llevaba meses anhelando tenerlo así otra vez.
Naruto
se mordió el labio inferior para no sonreír al ver que su plan había funcionado
y que su marido se había metido en la bañera con él, cerrando la cortina y
colocándose justo en su retaguardia. Menos mal.
Jadeó
por la sorpresa cuando apartó la mano de su trasero y la apoyó en la pared,
entrelazando sus dedos. Sentir su cuerpo caliente y desnudo contra su espalda y
su otra mano sobre su entrada, comprobando lo húmedo que estaba, le hizo gemir
de pura satisfacción.
—Parece
que has olvidado que este es el lugar de mi polla —gruñó Sasuke en su oído con
esa voz ronca que hacía que se le erizara toda la piel.
Él
sonrió.
—Y
de tus dedos y de tu lengua… —le recordó.
Notó
la sonrisa de su marido en su oreja.
—El
caso es que tu culo es mío —dijo con firmeza, apretando una de sus nalgas. El
rubio gimió suavemente por la acción, era muy sensible en esa zona y siempre le
había encantado que clavara sus dedos ahí—. No puedes tocarte a ti mismo.
—No
recuerdo ninguna queja aquella vez que te recibí en la cama… —comentó antes de
soltar un jadeo de sorpresa y placer, pues su esposo acababa de introducir un
dedo en su interior.
Gimió
fuerte, adorando la sensación de ser penetrado por él. Sasuke sabía cómo
tocarlo para que lo sintiera de un modo intenso.
—Cierto.
Me pongo muy duro cuando te veo masturbándote —admitió el Uchiha al mismo
tiempo que sacaba su dedo y colocaba la punta de su miembro en la entrada del
rubio—, pero esta vez no habrá juegos previos. Te deseo.
—Y
yo a ti —le dio su consentimiento. Naruto tampoco quería esperar, necesitaba
sentirlo dentro de él.
Sasuke
cumplió su deseo sin dilación; lo penetró profundamente de una sola y fuerte
embestida, haciéndole gritar al sentir cómo golpeaba su punto más sensible. No
fue una unión delicada, ni tampoco quería que lo fuera. Ambos necesitaban ese
momento de pasión frenética y salvaje, ese instinto primitivo que los inducía a
sentirse el uno al otro, era su forma de comprobar que estaban realmente bien,
sanos y salvos tras una misión y, sobre todo, juntos. De modo que Naruto se
dejó llevar por el deseo y aceptó todas y cada una de las ardientes
penetraciones de su marido, gimiendo y gritando cada vez que se encontraba
enterrado en lo más hondo de su ser, haciendo que la sangre hirviera bajo su
piel y lo condujera a un poderoso orgasmo que le dejó las rodillas débiles.
Sasuke
no estaba mejor que él, también jadeaba por la rápida unión, siempre era así su
primer encuentro sexual tras tanto tiempo separados, los dos necesitaban
descargar sus emociones y el deseo satisfecho los dejaba más relajados y con la
tranquilidad de que estaban bien y en los brazos del otro.
Mientras
se recuperaban, el Uchiha lo abrazó por los hombros y hundió el rostro en el
hueco de su cuello, dándole un beso tierno que le hizo sonreír.
—…
Siento haberte gritado —murmuró.
Naruto
amplió su sonrisa y le acarició los brazos. Eso también era habitual. Sasuke
podía ser muy duro cuando le echaba la bronca, pero, cuando se le pasaba el
miedo y el enfado, se daba cuenta de que se había pasado con él, de que tal vez
le había hecho sentir mal, así que se acurrucaba en su espalda, lo abrazaba y
besaba y le pedía perdón.
—Siento
haberte preocupado, no era mi intención.
Sasuke
lo perdonó fácilmente con otro beso en el hombro y luego se tumbó en la bañera
mientras Naruto la llenaba. Eso también era un ritual habitual en ellos; si no
podían ir juntos a una misión y pasaban mucho tiempo separados, al regresar a
casa, y después del sexo desenfrenado, se tomaban un largo baño mientras
hablaban de las cosas que habían ocurrido y que el otro se había perdido. Una
vez estuvo listo, el rubio se recostó en el pecho de su marido, permitiendo sin
problemas que lo abrazara de nuevo por los hombros.
—¿Vas
a contarme lo que ha pasado? —preguntó Sasuke con suavidad.
Naruto
apoyó la cabeza en su hombro y le cogió las manos para acariciarles el dorso
mientras hablaba:
—Todo
fue bien, nada que no hubiera hecho antes. El primer mes desconfían de mí, pero
al segundo parecía que las cosas seguían el curso que habíamos determinado. Yo
era fuerte, así que el líder de los ninjas renegados me quería cerca, puesto
que logré vencer a sus hombres sin problemas.
—Por
supuesto —comentó Sasuke con una nota de orgullo en la voz. Que reconociera su
fuerza era algo que siempre le hacía feliz.
—Pero
el tercer mes empecé a sentirme enfermo —reconoció Naruto con el ceño fruncido,
notando cómo el cuerpo de su esposo se tensaba. Se apresuró en darle un beso en
el pecho para calmarlo—. No te preocupes, no es nada grave, pero tuve que
adelantar la operación con Gaara porque no quería pelear estando en bajas
condiciones. Salí herido, pero nada de qué preocuparme excepto porque poco
después me puse muy enfermo.
—¿Qué
te ocurría?
Naruto
se mordió el labio y sonrió mientras bajaba las manos de Sasuke por su cuerpo,
dejándolas en su vientre. Este al principio no cayó en lo que quería decir,
pero no tardó en notar que el estómago de su esposo estaba diferente,
ligeramente abultado y redondo.
Se
quedó paralizado al comprenderlo.
—Naruto…
¿Estás…?
Este
le dedicó una sonrisa de disculpa.
—Por
eso no pude volver antes. Empecé a sospechar lo que ocurría y le pedí a Gaara
que me llevara con alguien de total confianza para comprobarlo. Enhorabuena,
papá —le dijo antes de besarlo en los labios.
Sasuke
necesitó unos segundos para asimilarlo, pero, cuando lo hizo, su rostro se
iluminó y abrazó a su esposo al mismo tiempo que lo llenaba de besos felices.
Naruto rio alegremente, dejándose mimar y muy contento por la reacción de su
pareja. Hacía algún tiempo que Sasuke y él habían hablado de intentarlo ahora
que estaban casados y tenían una vida estable, pero las misiones habían evitado
que lo probaran en serio… o eso habían creído los dos.
—Gracias,
Naruto. Muchas gracias.
—Más
te vale estar agradecido teniendo en cuenta que me voy a pasar unos seis meses
siendo el conejillo de indias de Tsunade. Quiere tenerme muy controlado para
asegurarse de que todo va bien con el bebé.
—Todo
irá bien porque yo estaré contigo —le prometió Sasuke, mirándolo con intensidad
y acariciando su vientre amorosamente—. Siempre.
Él
ya lo sabía. Puede que sus vidas no hayan tenido un buen comienzo; ambos habían
estado solos, vagando perdidos en la oscuridad de sus propios miedos y odios,
pero, al final, se habían cruzado en el camino, se habían encontrado y lo
habían recorrido juntos, descubriendo que la otra persona no había resultado
ser un incordio, un rival, un amigo o un hermano… Sino la parte de sí mismos
que les faltaba para estar completos. Desde entonces, no habían vuelto a andar
en soledad, se tenían el uno al otro para afrontar lo que fuera.
Y,
ahora, se unía a ellos una tercera persona.
—Lo
sé.
Sasuke
lo besó en la cabeza y lo estrechó con fuerza.
—Te
quiero, Naruto.
—Y
yo a ti —le correspondió, acurrucándose en su pecho.
—Y
a este pequeñajo también —añadió el hombre, sin dejar de dedicarle suaves
caricias a su vientre—. No dejaré que os pase nada, nunca.
Naruto
esbozó una enorme sonrisa.
—Te
estás volviendo un sentimental, Sasuke.
De
repente, este lo cogió en brazos y lo levantó sin miramientos, de tal modo que
Naruto tuvo que agarrarse a su cuello para evitar caerse.
—Pues
sí —admitió el Uchiha sonriendo abiertamente—, admito que estoy feliz por
tenerte a ti y a nuestro hijo. Es más, te lo voy a demostrar.
—¿Sasuke?
—lo llamó Naruto cuando su marido salió con él de la bañera y los condujo, aún
mojados, hasta la habitación, donde lo lanzó a la cama sin más, haciendo que él
hinchara los mofletes, molesto—. ¡Oye! ¡Trátame con más cuidado, que estoy…!
—se calló cuando su esposo se abalanzó sobre él con una sonrisa que era
cualquier cosa excepto inocente. No pudo evitar sonrojarse y que su cuerpo
reaccionara a su contacto.
—No
te preocupes, Naruto —le dijo sin dejar de sonreír—. Pienso mimarte durante
mucho, mucho tiempo.
Fin

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